Farell, el diabólico médico toma su pedazo del pastel. Steve es suyo ahora, ¿podrá escapar? El demente galeno no parece dispuesto a permitir que suceda… y ya comenzamos a sospechar que el sargento Anderson jamás escapará de su prisión de lujuria. Esta historia contiene situaciones que podrían resultar ofensivas para personas que les disguste leer acerca de violaciones, sadomasoquismo, bondagge y sexo no consentido. Aquí hay mucho de todo eso. Si es tu caso, no contiendes leyendo. Si, por el contrario, te interesa, disfruta de esta buena historia del amigo capricornio1965:
EL SOLDADO AMERICANO… (17)

Ahora sabe que no hay escape de lo que siente…
……
Farrell se coloca frente al débil soldado, lo ve con aires de grandeza, de triunfo, de superioridad. Ha logrado someterlo, sabe perfectamente que tiene ante él a uno de los mejores elementos del ejército americano, al más arriesgado, al más rebelde, al más feroz, y ahora lo ha convertido en el más sexual, en el más sensible, en el más puto. Se regocija viéndolo suspendido, con las piernas desmadejadas sin poder sostener su propio peso, la marca de la mordida alrededor del pezón y la verga del prisionero dura aún, escurriendo líquido seminal que es secretado, líquido espeso que cuelga del meato, impregnando el piercing que tiene el sometido macho en el miembro.
-No tiene escapatoria, Anderson, sé lo que hago. -le dice mientras lo toma de los cabellos para hacer que levante el rostro y lo mire fijamente.- Le diré algo, no hay ningún antídoto para lo que le pasa, usted jamás volverá a ser el mismo, jejejejejejejeje. Además, y lo debe sabe, lo haré adicto al semen, Anderson. Haré de usted el más puto de los hombres. Lo quiera o no. Jejejejejejeje.
-¡Puff!, maldito. -sin tener otra forma de defenderse, Steve escupe la cara del malvado doctor, su ira y su excitación se mezclan, es algo imposible de discernir.
-¡Jejejejejeje! -lentamente Farrell se limpia el rostro y lo baja para que su boca se apodere nuevamente de uno de los pezones del soldado, para demostrarle cómo puede reducirlo a ser solamente un objeto sexual.– ¡Hmhm! -su voraz boca se apodera del sensible órgano.
-Nghhh -al sentir la húmeda y áspera lengua de agresor en el botón de su pezón la descarga es inmediata, la sensación es intensa y se expande por todo el cuerpo.
Su mente se nubla y lo anula de nuevo. Si Steve hubiera sido sometido a torturas físicas su resistencia sería mayor pero en esas torturas su cuerpo es su principal enemigo, su cuerpo lo traiciona y su miembro absorbe la energía, dejándolo inerme, indefenso, susceptible. Su verga se endurece más y babea más líquido por el deseo. Su cuerpo entero se entrega, se somete y disfruta, inconscientemente arquea la espalda, desea la viciosa boca, aunque después se odia por hacer eso. Su cuerpo responde, actúa como si fuera autónomo. Sólo actuara por el instinto, por el deseo, por el placer, por las sensaciones que experimenta. Steve desea que esa lengua siga succionando, que siga explorando su cuerpo, que siga dándole el placer que lo doblega, que lo esclaviza. Nada le importa en esos momentos, sólo sentir, únicamente ofrecer sus pezones para que sean usados y abusados. Gime y se estremece, las descargas son cada vez más intensas, las succiones también. La boca de Farrell da el mismo tratamientos a ambos pezones alternadamente, demostrando su punto mientras lo oye gemir por más, asentando que es uno de los mejores enemigos que ha estado frente al americano, uno de los mejores elementos que posee las técnicas mas efectivas para dominar, para someter, para esclavizar y adueñarse de la voluntad del enemigo.
Las sensaciones son cada vez más fuertes, la mente de Steve no puede siquiera pensar en cómo escapar, sus pensamientos se anulan ante el placer, el placer más puro e intenso que ha sentido quizá durante toda su vida. Lo anula el sentir que su cuerpo es sólo un objeto, un instrumento de satisfacción sexual al elevar las sensaciones al máximo, la excitación extrema el deseo. No razona, su cuerpo actúa con independencia, sin darse cuenta de que su cuerpo está siendo objeto de placer de otro hombre, de un enemigo, de un demente. Ya quizá todo sea inútil, la lucha el resistirse el luchar.
-Ahhhhhhhh… -súbitamente Farrell deja de succionar, y Steve, mareado y transpirado, lo mira suplicante, por más.- Ve cómo no puede resistirse, Anderson, jejejejejeje. -la arropa esa mirada dominante, arrolladora, triunfante sobre el agotado soldado que suspendido por las cadenas aún siente el placer inundando su cuerpo, sin saber qué decir sin siquiera poder responder.
Su verga lo hace por él, como sí dijera todo lo que él experimenta, el enrojecimiento del glande por la gran cantidad de sangre acumulada lo grita. Steve sólo atina abajar la mirada avergonzado por lo que su cuerpo dice, por lo que su miembro experimenta, por ver como sus pezones y todo su ser admite aún en contra de su voluntad y de su razón que era un puto.
-Tendré que salir un momento, Anderson, debo cubrir bien su escape. Que nadie sepa que está aquí. –le sonríe diabólico.- ¡Ahora es mío! – le dice mientras avanza hacia una de sus mesas de laboratorio buscando algo.
Steve piensa que sin ser estimulado podrá ganar algo de energías y tratar de escapar, de salir de ahí aunque no sabe después cómo podría vivir entre los suyos con esas sensaciones que están impregnadas a su personalidad. Pero no le importa. Escapará, no cometerá más errores. Sin embargo, Farell es muy astuto.
El doctor regresa con una pequeña máquina que es una especie de “ordeñadora”, con tres mangueras que terminan en una ventosa que succiona. La primera manguera se la une al miembro del soldado, el plástico dúctil se adhiere a todo el largo del miembro creando el vacío necesario para poder hacer la función de su succión. Es la única manguera que posee un contenedor para captar las secreciones que se produzcan; después une las otras dos mangueras a cada uno de los pezones, las terminaciones de las mangueras están diseñadas especialmente para adherirse a la piel sin permitir que se despegue o se zafe, todo esta perfectamente diseñado. Ambos pezones de Steve quedan prisioneros de esos artefactos, aunque sacude su cuerpo, no puede hacer nada. Trata de sacudir su cadera para que su verga quede libre pero es intuir, las tres mangueras están perfectamente unidas a su cuerpo.
-Jejejejeje, esto lo mantendrá sometido, Anderson, así me aseguraré de que no vuelva a escapar, nunca, jejejejeje. -la risa burlona se deja oír en todo momento.- Ahora conectamos esto a la máquina y la encendemos. -sus manos conectan las mangueras a la máquina y después de asegurarse que todo quedo en orden, fijamente la enciende.
-Nghhhhhhh… -Steve se contorsiona al sentir como sus pezones y su verga son succionados fuertemente. Su verga se endurece mas, en segundos, respondiendo mientras su pecho hierve en el deseo sexual de nuevo. Las sensaciones hacen que entrecierre sus ojos, casi poniéndolos en blanco, su resistencia por evitar que su cuerpo entre en un éxtasis permanente que lo doblega es casi inútil. Sus sensaciones lo agobian, lo inundan, lo dominan encendiendo su deseo, sus ganas de eyacular, de sentir. Las succiones son fuertes, intensas y continuas, además mantienen lubricados sus pezones y su verga. Steve siente que la fuerte succión hasta podría arrancarle los pezones y el miembro, pero sólo le da en cada acto un placer más intenso, más fuerte. Su cuerpo de debilita rápidamente y sus piernas flaquean más, dejando su cuerpo suspendido completamente a las cadenas en sus brazos, casi esta de rodillas ante la ausencia de fuerzas.
-¡AHHHHHHHHHH! –no puede evitar el gemido de placer.
-Y eso no es todo, Anderson, hay otra parte de usted que también es muy sensible y está ansiosa de disfrutar. -le dice mientras se coloca a espaldas del soldado.
-Aghhhh, nghhhhhhhhh. -el grito de rebeldía y de rabia se deja oír a pesar de todo al sentir como sus fuertes nalgas están tratando de ser separadas por una fuerte verga que intenta llegar a su ano.
-Es inútil toda resistencia, Anderson, su culo arde esperando por mi verga, y voy a enterrársela, he esperado este momento durante mucho tiempo, desde que usted fue capturado. Es un ejemplar magnifico y ahora es mi turno de tenerlo para mi solo. –lo atormenta diciéndole al oído, mientras empuja más y más su verga para separar esos dos duros y grandes globos de carne perfectos.- ¡Hmhm! -los intentos son más fuertes, más duros, las embestidas son mayores y la resistencia del musculoso soldado son menores, sus fuerzas se agotan.
-Nnnnggggggggggggghhhhhhhhh… -el rostro de Steve se contorsiona al sentir que no podrá evitar por más tiempo que su culo sea invadido de nuevo por la verga de Farrell, más aún al sentir que si esa verga se interna en sus entrañas, notará que su culo está ardiendo.
Farrell coloca su cara sobre el hombro del americano para hablarle al oído mientras sus embestidas son mayores.
-No pude resistirse, Anderson, usted será mío. -le dice al oído haciendo que Steve sienta el aliento de sus palabras mientras su culo empieza a sentir la punta de su verga que está durísima mientras los pezones y verga de Steve sieguen siendo sometidas a la fuerte succión que las mantiene sometidas, excitadas.
Steve siente como los labios de su ano empiezan a perder fuerza por la intensa presión de las embestidas, como sus anillo anal se abre poco a poco mientras el miembro de Farrell se interna poco apoco en sus entrañas. El calor en su culo es mayor ya que sus entrañas y sus pezones han sido inoculados con las mismas sustancias, así que la sensibilidad es también intensa al ser friccionadas las paredes de su recto. Su verga está cada vez más dura, la intensa succión no le permite que se torne flácida, así como sus pezones que lucen agrandados por la fuerte succión al vacío a la que están sometidos. Sus fuertes nalgas así como su esfínter anal, por fin son vencidos por las fuertes y constantes embestidas que Farrell le infringe.
-¡ASIIII, AHHHHH! -el grito de triunfo sobre el enemigo se deja oír, la conquista sexual sobre el macho, sobre el rebelde es una sensación inmejorable. Sentir como las entrañas de Steve aprietan su dura verga lo enloquece.
-¡Aghhhhhhhhhhhhhhhhhh! -el dolor más de humillación y vergüenza que de dolor físico, lo tortura cuando siente como ese miembro grueso, duro y caliente entra en sus cálidas entrañas, sintiendo como las expande desorbitadamente.
De un sólo movimiento la verga de su enemigo se adueña de su culo y lo somete al igual que las otras zonas de su cuerpo. El ardor intenso en su culo y el deseo se agrandan al sentir como su próstata es también frotada así como sus entrañas, las paredes de su recto se han sensibilizado a la presión, a la fricción, al deseo, provocando que el culo de Steve controle las sensaciones por completo. El éxtasis es el más intenso que el soldado haya experimentado en toda su vida. Su cuerpo es como una llamarada de placer, de intenso deseo, no le importa que sea su enemigo quien lo domine, quien lo posea, quien le llene el culo y lo someta de cualquier manera, su cuerpo arde.
-Si, Anderson, eso es… -grazna, triunfal y diabólico, Farell, al sentir como el culo de Steve parece hierro líquido, al verlo estremecerse, y subir y bajar su maravilloso culo de su verga.
-¡AHHHHH!
El fuego es tan intenso que Steve piensa que puede incendiarse y ser consumido por tales calores. Es peor que una perra en celo, más que cualquier hembra hambrienta, deseosa, es un macho que desea ser poseído, ser dominado, ser usado y abusado, ser penetrado, ser un objeto sexual de uso rudo. ¡Quiere más! ¡Desea muchas vergas para él! El placer en el culo, en la verga y en los pezones hacen que su cuerpo sude más y más, el brillo de sus músculos al estar cubiertos de sudor que acentúan el contorno de cada fibra muscular lo hace verse soberbio. Se dejan oír las obscenas palabras de dominio y superioridad que Farrell le dice mientras lo embiste mientras lo somete, mientras lo conduce a la locura del placer, del éxtasis, del sexo desenfrenado, es la mejor técnica de dominio sobre cualquier enemigo, sobre cualquier situación, más aún en Steve quien ve cada vez más lejano su escape, su victoria. Le enloquece el no poder librarse de lo que siente, de lo que disfruta, mientras su mente se rebela a las sensaciones sin que su cuerpo la escuche, sin que su cuerpo pueda unirse a la rebeldía de su mente. Sólo siente, sólo se deja, sólo se rinde ante el placer.
Las protestas se van haciendo menos mientras el deseo se intensifica y se agranda al igual que sus pezones y su culo. Su culo quiere más, más verga. Desea al macho obsceno que lo esclaviza. La grotesca imagen de Steve siendo succionado y penetrado mientras sus gemidos de placer y lujuria se dejan oír, y las contracciones de su cuerpo son cada vez mayores, dan la medida de lo que es. Un prisionero encerrado en una prisión sexual, con barrotes de deseo irrompibles que lo aprisionan y encarcelan su mente en ese cuerpo musculoso y sumiso ante el placer de ser poseído, de ser sometido de ser… esclavizado definitivamente.
Farrell continúa con las violentas embestidas mientras susurra al oído del americano las más degradantes palabras para un militar, para un enemigo caído prisionero usando las más bajas artimañas, sin estar en una guerra limpia, simplemente aprovechando la ambición de sus compañeros. Cada vez que el largo y grueso miembro da Farrell se interna entre las nalgas de Steve deslizándose por las paredes rectales estrechándolas amoldándolas a su dimensión, las descargas de placer que generan al rebelde macho son mas intensas. El placer entra por su culo y lo recorre, sus pezones y verga siendo succionadas lo conducen a una semiinconsciencia donde su mente divaga entre el placer y el dominio, su cuerpo fuerte, firme y resistente que siempre había podido ganar las más duras batallas, está perdiendo ahora la guerra contra una de las más duras vergas que se posesiona de su orificio anal, y más aún, que lo obliga a sentir deseo, placer, un placer intenso y dominante que inunda la mente y el cuerpo del soldado, dejándolo físicamente en las manos de su enemigo para que este haga con su cuerpo lo que desee, para que lo someta, para que lo posea una y otra vez, para que su culo sea nuevamente llenado de espumosa y densa leche varonil que es ahora tan indispensable para el nuevo puto.
-¡Ves, puto americano! SOY DUEÑO DE TU CULO, PERRO. -la tortura psicológica unida a la sexual son efectivas.
La verga de Steve eyacula una vez más y la recoge una manguera que está conectada a su erecto miembro, para sacarle toda la leche de sus grandes bolas y ser depositada en un contenedor, sin darle tiempo a que su verga se torne flácida. La succión aumenta haciendo que el deseo en el atlético prisionero no disminuya, sino todo lo contrario, su culo se vuelve insaciable, su cuerpo incansable y su mente se doblega ante las sensaciones. ¿Cómo evitarlo? ¿Cómo poder resistirse, si es lo que su cuerpo más desea? Ser poseído, ser cogido, violado, usado y abusado sexualmente es lo que hace que su cuerpo responda y se incendie de placer y orgasmos intensos que lo mantienen en un estado constante de docilidad, de excitación.
Apenas puede ubicarse en dónde está, con quién está y lo que le está pasando. Su deseo lo bloquea por completo, se siente perdido, derrotado, vencido sin aceptarlo cuando está consciente, pero cuando alguien toca su cuerpo, sus pezones, su culo, o su piel todo su ser se enciende de inmediato. Está perdido, su talón de Aquiles es su creciente excitación, su misma verga babeante jugosa, dura, sus bolas en constante y abundante producción y su culo que aprieta fuertemente la verga de Farrell para sentirla más, para gozar más la dura presencia. Cae en un laberinto de deseos torcidos y de imágenes placenteras que lo hace perderse, sin siquiera ser capaz de reaccionar ante las palabras humillantes de Farrell.
Desea hacerlo, demostrarle que aún es hombre, que aún es militar, que como americano no se dejará vencer tan fácilmente, pero su musculoso cuerpo suspendido por las cadenas unidas a los grilletes que están en sus muñecas, está inerme, desmadejado, inconscientemente arquea su espalda para que sus pezones sean mas fácilmente succionados y que su culo sobresalga para permitir que la verga lo ensarte una y otra vez.
Farrell, abusivo y aprovechando que está descansando su mentón casi en el hombro de Steve, aprovecha su posición para empezar a meter su lengua en la oreja del macho.
-¡Mhm! -gime con placer mientras hunde su lengua en el conducto auditivo del americano
-¡AGHHHHHHH! -la extraña sensación de experimentar como su oído es llenado de espesa saliva, mientras la lengua lucha por meterse en el conducto, lo marea y alarma.– ¡NGggggggggghhh! -la ansiedad que le provoca el rasposo apéndice entrando en su oído hace que trate de evitarlo inclinando su cabeza como tratando de proteger quizá unos de sus poco orificios vírgenes que le quedan aún, o que le quedaban porque Farrell lo sujeta fuertemente y sigue sometiéndolo a la erótica tortura.
El diabólico médico no pararía hasta oírlo gemir por se cogido, suplicando por atenciones… deseándolo con locura… y sabe que falta poco. Steve Anderson, sargento del ejército americano, estaba a segundos de ser un puto para siempre. Su puto.
CONTINÚA (no es mío)
Julio César.











