LUCHAS INTERNAS… 134

septiembre 2, 2014

LUCHAS INTERNAS                         … 133

BUTT BOY

   Esperando por lo que desea que llegue…

……

   Mientras el escándalo de las conspiraciones y contra conspiraciones sigue su curso en un país convulso, y Ricardo Gotta ve como merman sus fuerzas poco a poco, el juicio que los Caracciolo mantienen contra los Roche, sigue su marcha.

   Eric Roche sabe que alguien más lo impulsa, alguien muy poderoso, y no puede creer que se trate de Franklin. Mientras sale de la oficina de la fiscal que lleva el caso sobre el asesinato en abril de Roger Santos, el cual también sigue su camino, el joven se deprime. Nada se sabe aún de los asesinos ni de los asesinatos de ese mes. Era insólito. Mientras cruza el pasillo, oye una cantarina voz de mujer que ríe, de alguien joven, y pasando frente a una puerta, encuentra a un elegante y atractivo Edward Sanabria contarle algo a una mujer, bonita en verdad, que lo mira medio embobada. Edward, cosa rara en él, sonríe, viéndose realmente atractivo.

   El joven abogado siente emociones encontradas al verlo, a decir verdad venía con la firme y sana intensión de evitarlo. Desde que habló con él, dos días antes, no había vuelto a saber del hombre. Y tampoco de Jorge Ávalos, se dice con una leve angustia. ¿Dónde estaría? Mira como Edward, riente, como nunca reía frente a él, se inclina hacia la joven y dice algo que hace que ella chille pelando los ojos entre divertida y escandalizada. Eric siente un repeluzco de algo desagradable, que no puede identificar como celos ya que nunca los ha sentido. Pero no le gusta la forma en que ella mira a Edward, o éste a ella.

   -¿Desea algo? -le pregunta la joven, al toparse con su mirada. Edward se vuelve, viéndole fijamente y frunciendo el ceño. Eric enrojece.

   -No, nada. Gracias. -y sigue su camino, sintiéndose increíblemente tonto.

   -Roche, espera. -grazna tras él, Edward, alcanzándolo.- Quiero hablarte.

   -¿Para qué? -lo mira cansinamente.

   El otro endurece el rostro, lo toma por un brazo y casi lo empuja contra una puerta que se abre hacia una oficina pulcra, llena de libros y carpetas, sin adornos, cuadros o retratos. Eric lo mira todo, y a él, quien cierra la puerta a sus espaldas.

   -Es mi oficina. -aclara, extendiendo los brazos, abarcándola.- Mi nido.

   -Es fría. E impersonal. -lo mira y calla.

   -¿Cómo yo? -lo reta, acercándosele e inquietándolo.- ¿Qué pasa contigo, Eric Roche?

   -Nada, estoy bien. Todo está bien. -jadea, encogiéndose de hombros, sintiéndose vacío. Edward lo mira, lentamente lo atrapa por las solapas del traje y lo aplasta contra la pared, cerca de él.

   -Hace dos días me cortaste la nota cuando te invité a comer, casi diciéndome que no podías salir conmigo porque te acostabas con alguien, como si yo te hubiera propuesto tener sexo. -es duro, tajante, sonríe frío.- Y no era así, maricón. Sólo quería hablar, no sé, del pasado, de nuestros problemas, de tus problemas de la actualidad. Fuiste arrogante y soberbio, y ahora estás aquí, viéndote como mierda de perro pisada por un carro. ¿Qué pasó? ¿Malas noticias aquí? ¿No te gustó mi amiga? ¿Se te fue tu querer? -es burlón, por alguna razón tenía que ser cruel.

   -No es asunto tuyo, güevón.

   -¡Güevón! Eso es como tener el güevo grande, ¿acaso te preguntas cosas sobre mí? -lo reta.- Te lo pregunté una vez, y no respondiste, no con la boca al menos, pero si con el cuerpo. Eres homosexual y andas mal.

   -¿Qué pasa contigo, Sanabria? -le ladra casi en la cara.- Esas no son cosas de macho, si hablamos del beso que me diste. Compórtate como un hombrecito o la gente va a comenzar a hablar. -le ruge burlón, intentando alejarlo.- No creo que quieras que tus amigos hablen de ti, ¿verdad?

   Edward lo mira furioso, sus labios endurecen y su cara se pone roja. Siente unas ganas horribles de golpearlo, de borrarle la estúpida e insolente risita de un coñazo. Con un alarido ronco, de frustración, le aplasta las manos contra el pecho, empujándolo contra la pared. Su boca busca y cubre esa otra, insolente y tonta. No lo planeó, no lo quiso, pero así le salió. A veces, cuando ya no se podía hacer o decir nada más, o había que precipitar algo para saber si sería chicha o limonada, tenía que actuarse de esa manera. Y lo hizo. Estaba besando, metiéndole la lengua en la boca, a Eric Roche.

   Su cuerpo aprisiona el del otro, frotándose caliente y duro contra él, como ha besado desde los quince años cuando quiere sexo, mientras su boca lo bucea, lenta e implacablemente. Eric siente su calor, su urgencia y entiende que Edward, es de los que quiere como odia, con furia y pasión. Y siente como oleadas de cálido deseo lo recorren, a pesar de que el corazón le palpita asustado y la cabeza le grita que no ceda. Ni siquiera sabe que su lengua lentamente sale al encuentro de la otra, encontrándola, tintinando sobre ella, un toque leve que provoca un vendaval, viéndose atrapada y chupada ahora.

   Los dos hombres están muy atados, los puños de Edward sobre las solapas del traje del Eric, los puños de este descansando sobre sus hombros, muy juntos, mientras sus boca luchan mordelona y despiadadamente. Los dientes de Edward atrapan su labio inferior y lo muerden, halándolo. Las manos de Eric se abren sobre sus hombros, como si fuera a separarlo, pero sólo las deja allí, mientras su lengua emerge totalmente y es atrapada por la boca del otro, quien la hala y mordisquea en la propia.

   Lo sienten, cada uno nota como la propia sangre arde, como las respiraciones se espesan mientras salivas y chupetones son bebidos, como sus miembros responden, de manera inequívoca, encontrándose, chocando, provocándoles espasmos. La mente de Edward era una masa roja de lujuria, ¡estaba besando a ese hijo de puta!, y la idea le intoxicaba.

   El pomo de la puerta cercana gira, abriéndose ésta, en el instante en que los dos hombres se separan bruscamente. Una joven secretaria aparece, sonriente, sonrisa que cede un poco al mirar a esos dos hombres turbados, de miradas turbias, labios rojos y respiraciones pesadas, que la observan con culpa e inquietud. La joven no vio nada, pero en ese cuarto había… una electricidad muy rara.

   -Lo siento, señor, pero el doctor González quiere verlo. -mira turbada a Edward, quien asiente, sintiéndose nervioso. Por el rabillo del ojo ella nota como Eric se toca el labio inferior, enrojecido y adolorido.

   -Dile… -comienza, voz ronca y rota.

   -Dice que es muy, muy, muy urgente. –parece disculparse.

   -Bien. -se vuelve hacia Eric, tragando, ojos desenfocados tras sus anteojos.- Roche, tenemos que hablar… -grazna. Eric va a la puerta.

   -Debo irme, lo siento. –se apresura por el pasillo.

   -¡Te llamo! –insiste, sintiéndose molesto, con deseos de ir, atraparle, zarandearle y sacarle la promesa de un compromiso serio; carajo, qué tenían que hablar de lo que pasaba, ¿no?

   -Yo… Buenos días. -y más que salir, huye, dejando molesto a Edward que quiere llamarlo y retenerlo, y a la joven que se pregunta qué coño pasa allí.

   A Eric le gustó ese beso exigente y brutal, todo él respondió como una flama a la gasolina, incendiándose, ardiendo. Y por la oscura y sardónica mirada que notó en los ojos de Edward, entendió que el otro lo sabía. Que le había excitado. Siente ganas de darse un coñazo en la frente contra un muro, ¿cómo podía ser tan… puto? No encontraba otro adjetivo. Era increíble, adoraba a Jorge Ávalos… pero también le gustaba Edward Sanabria.

                                         ………………..

   Jorge Ávalos no podía llamar ni hablar con Eric Roche. Después de la noche de sexo con él, había quedado mal y deprimido. Al recordar esa noche, cuando durmieron (por llamarlo de alguna manera), juntos, todo le parecía extraño, incierto, aterrador. Le pasaba como una vez, de muchacho, cuando soñó que tenía sexo con su madre. Aún ahora recuerda lo embarazado e incómodo que se sintió al otro día de estar con Eric. El corazón le palpitaba con dureza, como si le costara latir, y su mente le gritaba que corriera y se fuera de allí, que se bañara con lejía y agua de batería para realmente quedar limpio. Que tenía que olvidarlo todo. Pero cuando Eric lo besó de despedida, cedió, todo se aflojó y la tenue caricia le pareció dulce y tierna, ¡viniendo de otro hombre! Estar con él, junto a él, lo debilitaba. Ahora entendía cuando hablaban de que fulano era pato y sentía debilidades por mengano. Así se sentía, débil, sin fuerzas.

   Ahora, alcanzado por la culpa de haber hecho lo que toda la vida había considerado malo porque… bueno, porque estaba mal, todo el mundo lo sabía, el joven se sentía sucio y enfermo, como si algo muy grande fallara dentro de él. Le gustó esa noche, le encantó estar con Eric Roche, su pasión, su ardor… y ser cogido por él. Aunque trinaba de rabia, asco y miedo, no podía ocultarse a sí mismo ese detalle. Y eso era precisamente lo peor de todo, que disfrutó ese momento, que se sintió vivo y consiente como nunca mientras era penetrado, llenado, por el abogado que susurraba cosas a su oído mientras se le metía en el alma con todo. No podía mentirse a sí mismo. No aquí, en la semipenumbra del taller mientras revisa un alternador. Eso le había gustado. Y mucho. El problema es que eso no debió pasar así. Debió ser él quien cogiera al marica ese, no al revés. Y no debió gozarlo. Al final él había resultado un marica mayor que Eric. Recordar como agitaba el culo, con frenesí, buscando una y otra vez su tranca dura y caliente, metiéndosela él mismo, casi lo hace llorar ahora.

   Su malestar y furia era notada por Hernán y Raúl, sus socios en el taller, quienes procuraban apartarse de su camino, tratándole con pinzas. Las cosas comenzaban a marchar más o menos bien para el joven trío de hombres, aunque entre ellos discutía la posibilidad o no de sumarse al paro cívico. Jorge no estaba convencido, Hernán decía que no, que para qué iban a ayudar a los ricos; pero Raúl era de la firme y casi maniática convicción de que debían hacerlo o serían peor que los transportistas, la gente del Subterráneo, los sidoristas, o los árabes y portugueses que medraban del momento, ¡y esa mierda jamás!

   Jorge los oía discutir al respecto, con calor, a veces de manera insultante de uno para con el otro, y sin embargo había entre ellos una… intimidad, una conexión que ahora entendía mejor. Pero nada de eso le importaba de verdad, el paro, el gobierno, lo que fuera, o la relación entre ellos, lo que agradecían, que ya comenzara a tratarlos con la indiferencia viril de antes. Había algo de liberador en el hecho de que Jorge, el amigo y socio, supiera lo que pasaba entre ellos a veces. Sexo lo llamaban, pero Hernán comenzaba a preguntarse sí tan sólo sería eso, ya que cuando Raúl discutía con Hernán, por el paro por ejemplo, y dejaba de dirigirle la palabra, eso lo afectaba mucho.

   Fuera de eso, apartando la tormenta en su vida por la entrada de Eric roche en ella (y en su culo), todo lo demás les salía bien. Demasiado bien, pensaba a veces, ante la cantidad de trabajo que les llegaba. Y los clientes siempre volvían. A veces, le parecía, que muchas veces. Sus camaradas decían que era por el buen trabajo que realizaban, pero sin embargo… ¡hummm!

   La verdad es que al taller le llegaba más trabajo desde que Hernán y Raúl aprendieron a mezclar, en ciertos casos, los negocios con el placer. Esa combinación, recomendada por un antiguo cliente, un carajo joven, catire y bien atractivo, era la esencia del poder del llamado Sindicato del Crimen, algo que los mecánicos desconocían. Esa era otra historia, una donde Eric Roche y Nicolás Medina se verían involucrados un día lejano, al atravesar nuevos y minados campos. Lo importante era el consejo del catire aquel…

   La forma de actuar era sencilla, y divertida, como ocurre ahora que Jorge, molesto y enfurruñado, había arrojado lo que hacía, con impaciencia, y se fue, incapaz de concentrarse en nada. Sus dos jóvenes socios revisan el motor de un Camaro nuevecito, inclinados junto a un hombre joven, delgado, con traje y corbata, con tipo de gerente bancario o de venta de hamburguesas, de cabello muy negro y fino, peinado con gelatina. Mientras inspeccionan el motor, tocando aquí y allá, el trío habla de béisbol, boxeo, mujeres y comida chatarra, hasta que Raúl comienza nuevamente con la cantaleta de la necesidad de sumarse al paro cívico.

   -Es lo único decente que se puede hacer, pana.

   -Deja la vaina tranquila. Tememos cuentas por pagar. -ruge Hernán, algo molesto.

   -Como todo el mundo. Y afuera hay un país que lucha parándose; que resiste deteniéndose. Mi abuela dice que si no se hace algo vamos a terminar como en Cuba.

   -Déjate de discursos y ve por los cables auxiliares. -ordena Hernán. Siempre lo inquieta cuando comienza a hablar así. Como ve que no se mueve, sino que va a discutir, su mano grande, y algo engrasada va a los fondillos de su jeans sucio y se hunde, lentamente, sabiamente, hondo, con ganas, palpándole el culo bajo la tela.- ¡Que te muevas, coño! -ordena, ante la mirada sorprendida del cliente.- Siempre se pone necio con eso del paro. –informa cuando, mal encarado, el otro se aparta.

   -Tal vez sienta que es su forma de luchar. -dice algo agudo el joven, mirando a Raúl que se aleja, ¡vaya metida de mano que le dio ese tipo!- Parece… buena gente.

   -Es una belleza. En calzoncillos más. -le sonríe Hernán, llevándose la mano a la nariz.- Y huele muy bien. -eso estremece al otro, quien se imagina cosas obscenas entre carajos, y de cierta forma, no le asusta, cosa que el gigantón nota.

   -Pobre flaco si se la clavas… -gruñe osado, recorriendo al otro con una mirada que intenta ser viril, como de un macho criticándolos.

   -Usamos lubricante de motor. -sonríe obsceno, cerrando el capote, encarándolo.- Vas a tener que dejarlo, bebé.

   -¡Lo necesito hoy! -gime el joven, mirando al otro limpiarse las manos de un trapito mugriento.

   -¿Por qué no vienes al mediodía? A esa hora podemos atenderte bien.

   -¿No están cerrados a esa hora? -no sabe por qué, pero se estremece.

   -Abriremos para usted señor… A esa hora usamos mucho lubricante de motor. -invita.

   -Bien. -grazna.- Tal vez pase por aquí. -responde vagamente, boca seca, corazón enloquecido en el pecho, preguntándose qué coño dice.

   Pero mientras sale, a pie del taller, se jura que por nada del mundo iría. Que tipos más raros, esos maricas eran un problema.

   Sin embargo, a las doce del mediodía, nervioso, de traje y corbata, atildado y arregladito, el joven golpea el cerrado portón, donde la puertica chica se abre, apareciendo Raúl, limpiándose las manos en un trapito. ¿Sería el mismo que usaba el otro?, se pregunta; pero no tiene tiempo para más. Raúl, sonriéndole pícaro y atractivo, lo evalúa con la mirada y echándose a un lado deja el hueco de la puerta, para que pase El carajo entra y Raúl le mira las nalgotas enfundadas en el buen traje, esperando que el tipo esté usando bikini. Le gustan en bikinis. El joven mecánico mira en todas direcciones de la calle, y cierra.

……

   Eric, aún confuso por toda la tormenta de sensaciones y sentimientos a los que se expuso frente a Edward, llega a la casona Roche. Su madre le mandó a llamar. Debía estar muy alterada desde el ataque sufrido en la calle. Ese ataque, así como la amenaza a Irene Guerra, fueron la gota que colmó el vaso de la paciencia del joven. Era más de lo que podía perdonarle a Ricardo Gotta, aunque él hubiera negado su autoría en todo eso. Al entrar en los jardines, donde Eleazar le dijo que estaba la doña, se sorprende gratamente al ver a su madre, risueña, contarle algo a Irene, la cual la mira con interés. No puede evitar observarlas con asombrado.

   -Que sorpresa. -exclama. Irene lo mira riente, parándose y yendo a su lado.

   -Eric. -lo besa fugazmente en los labios, algo rápido, sin consecuencias, pero agradable para el joven. ¡Lo había perdonado totalmente!

   -Menos mal que llegaste, Eric. Irene quiere viajar. -chismea Norma.

   -¿Qué? ¿Te vas? ¿Tú? – la mira desconcertado. Ella gime como apenada.

   -No estoy huyendo del país, ni de sus problemas. Las clases se suspendieron por el paro. Y mamá quiere que esté con ella en Boston. Llevo tiempo sin verla… y está preocupada por mí, y por todo lo que pasa en el país. -alega. Siente que tiene que explicarse. No escapa de su deber en las trincheras de lucha, ni de eso que ocurre entre ellos, un embarazo, pero su madre…

   La situación tendía a complicarse mucho. La falta de algunos víveres por la incompetencia del Gobierno, incapaz de entregar lo que la agroindustria le daba para suplir la escasez, era manifiesta, como lo era en todo. Y sin embargo, lo que más había calentado los ánimos de todos, opositores y oficialistas, era la escasez de cerveza. En algunos estados hubo hasta intentos de saqueos y manifestaciones para que ‘liberaran la cerveza’. Una de las marcas más populares, la del oso, fue especialmente exigida. Desde diversos puntos se alzaron voces reclamando la reaparición de la bebida. En Guatire, población cercana a Caracas, una reunión de curdos gritaba: oso, amigo, Guatire está contigo. ¡Así era Venezuela!

   -¿Es seguro… en tu estado? –Eric va a lo que le inquieta.

   -No es un tumor en el cerebro, o un soplo en el corazón. Puedo con un vuelo.

   -Es un embarazo. –le remarca.

   -La virgen María viajaba en burro, a punto de dar a luz. –le recuerda. Les mira.- Entiendo la preocupación, ¿okay?, pero estoy bien, no hay problema. Como no sea que en esta casa ya no ofrecen café.

   -Eleazar… -comienza Norma, algo pensativa.

   -Iba a los estacionamientos. –aclara el joven.

   -Iré por él. –se ofrece la joven.

   -Si quieres…

   -¡Yo puedo, Eric!

   En cuando Irene se ausenta, movilizándose como si estuviera en su casa, nota Eric, intrigadísimo, Norma le mira con ojos más pétreos y duros.

   -Estoy preocupada.

   -Será sólo un viaje…

   -No es por Irene. Es por nosotros. La cosa está mal para nosotros, Eric.

   -Lo sé, mamá.

   -Hijo, debes volver a La Torre, junto a Samuel y Aníbal. Las empresas no pueden quedar sin cabeza. La caída de Ricardo Gotta puede arrastrarnos a todos. Además, está el juicio…

   -El que Ricardo no mande no significa que no haya nadie. Está la rata de Frank.

   -Franklin Caracciolo no tiene cabeza en estos momentos para nada como no sea su complicadísima vida privada. -suena severa, mirando al jardín, ¿qué estaba pasando con los hombres, por Dios? Él la mira.- Ese es otro pura perdida…

   -¿De veras? -¿qué sabría ella? Inútil era preguntárselo. La mujer ocultaba bien sus secretos. Él ya lo sabía. En su fuero interno sentía que… quería volver a La Torre, a cortar rabos y orejas, lavando los establos de la mierda que Ricardo y Frank habían llevado. Quiere volver y luchar.- No sé si pueda…

   -Eric…

   -Mamá, no quiero discutir ni volver sobre lo hecho… -es algo duro.- Pero no es fácil para mí.

   -Las cosas importantes son así, siempre difíciles. ¿Te decepcioné? ¡Qué pena!, y lo digo de corazón. Pero ahora es ahora, y si no vuelves… tu padre deberá abandonar su bucólico retiro. Necesitamos tener nuestros ojos enfocados sobre lo que ocurra a partir de este momento. La Torre es la piedra angular de todo lo que tenemos, no podemos permitir que la despedacen.

   -Lo sé. Y deja a papá en paz. Hizo bastante. –mucho le hiciste hacer, lo piensa pero lo calla.

   -Entonces tienes que hacerlo tú. Regresar. Ese juicio contra nosotros, debes enfrentarlo. -oprime los labios.- Ya bastante daño nos hizo la publicidad regada por Ricardo, de que tu padre y yo… conspirábamos en abril. -su rostro se desencaja un poco y casi sonríe.- Aunque debo admitir que… me sorprenden algunas reacciones. Ayer pasó alguien frente a la reja y gritó que nos armáramos otra vez y lo tumbáramos de nuevo, que ayudáramos al país. -ríe levemente.

   Eric lo entendía, la gente odiaba al grupo que en abril botó la bola con lo del gobierno provisional. Pero en el fondo la gente estaba dispuesta a perdonarlos, porque parafraseando la propaganda aquella, un día sin el Presidente no tenía precio. Esos delincuentes jamás podrían imaginar hasta donde alcanzaba el odio y resentimiento que ellos mismos sembraron en la gente cuando diabólicamente intentaron dividir al país entre nosotros y ellos. Lo que sembraron iba a terminar volviéndoseles, seguramente acabando como siempre…

……

   Antes de que Eric regrese a su apartamento, después de acompañar a Irene a tomar un café, una nueva noticia conmocionó a la capital. Un grupo comando se había metido dos días antes en la residencia de los Salvatierra en Caracas, sometiendo al personal de vigilancia y a la servidumbre, volviendo la casa patas arriba, revisándolo todo, destrozando mobiliario y cristalería. Buscaban algo. Una domestica, con un marcado acento colombiano, asustada pero sólida, con ese firmeza que da la decencia y el leal proceder, contó que los hombres, dos, gritaban algo todo el tiempo.

   -¿Dónde están los papeles? ¿Dónde están los papeles del viejo Salvatierra? -repetía jadeando la empleada.

   Cuenta que lo revisaron todo, la biblioteca fue desmontada y encontraron una caja de caudales con documentos privados del ‘doctor’. La prensa mostró su extrañeza cuando preguntó por qué dejaron pasar dos días sin avisar nada. La mujer alegó que no pudieron comunicarse con el doctor, quien no estaba en el país y no querían tomar ninguna medida sin consultar con él. Que se llamó a la policía científica, pero que sólo vino la Dasnap, y los mantuvo prácticamente secuestrados mientras revisaron y revolvieron todo, más como buscando algo que recolectando evidencias.

   La prensa se preguntó una y otra vez qué buscaban allí los comandos y luego el Dasnap. En ciertas esferas, como las del viejo Rafael Poletto, Las Chicas Superpoderosas, el Napo o Nerio Bucarán, la sospecha de la carta, existencia atacada por el oficialismo y defendida por la oposición, cobró fuerzas, pero sin evidencias. Ese extraño robo fue un desastre para mucha gente. Ricardo Gotta estaba furioso, convencido de que Dagoberto Cermeño, o tal vez Juan V. Rojas estaban tras todo eso. Habían recuperado lo que tanto querían y él ya no les servía.

   Eric Roche en su apartamento maldijo y soltó toda clase de tacos. Para él, había sido Ricardo Gotta, quien ya tenía la carta nuevamente en su poder, algo muy parecido a lo que pensó Norma Cabrera de Roche, con una rabia fría y terrible. Ahora, para ella, Ricardo volvía a tener poder, debía destruirlo cuanto antes…

   Aníbal López estaba fúrico. Y Alirio Fuentes no podía dar crédito a lo que oía. Todas las operaciones montadas para lograr liberar ese papel, precipitando la caída del peligroso doctor Gotta, ahora se volvía agua de borrajas. Alguien había conspirado contra todos, traicionándolos. El Gobierno volvía a ser poderoso.

   Por su parte, el Presidente cayó en cama y las inyecciones y pepas estuvieron a la orden de día para intentar controlarlo. Juan V. Rojas, con su traje gris, su rostro inexpresivo por las fracasadas cirugías plásticas, con el melanoma devorándole la frente como la marca de Caín, se paseaba por la casona, preguntándose quién tenía ese documento. Dagoberto Cermeño, simple y superficial, esperaba que el nuevo dueño apareciera y pactaran. O lo destruirían.

   Salvatierra se vio en aprietos cuando el Gobierno quiso apretarle las clavijas sobre el robo del documento, pero él juró y rejuró que nada sabía. Esa noticia precipitó una reunión entre Eric y el alicaído Sam, en su apartamento. A Eric le sabía mal molestarle en esos momentos, pero tenía que hablar con él.

   Comenzaron discutiendo sobre la ubicación de Linda, mujer a la que parecía habérsela tragado la tierra.

   -Imagino que ya aparecerá. -dice el catire, dejándose caer en un sillón, en mangas de camisa. Callándose un lúgubre “viva o muerta”.- ¿Y tu visita?

   -¿No puedo estar preocupado por ti? –le imita, sentándose al frente. Notando el vibrar del celular, tomándolo y leyendo un mensaje de un número reciente: “Hola, quiero hablar”, y el corazón la late feo. Jorge. Al fin se comunicaba.

   -No me hagas reír que  no estoy de ánimos.

   -Mamá quiere que vuelva a la firma. –dice suavemente, mirándolo con afecto a pesar de sus palabras.

   -Creo que es lo mejor. Caído Ricardo, si es que termina de caer, Frank sería el siguiente al turno, y no conviene dejarlo actuar a sus anchas; no ahora que los tribunales están intentando quitarles todo a ustedes para dárselo a los Caracciolo. -se recuesta del sofá.- Aunque últimamente lo veo como… despreocupado. Creo que Frank anda con alguna putilla nueva que le tiene sorbido los sesos. No para en La Torre, y cuando le veo, silba de una manera asquerosamente feliz. ¡Hasta me saluda!

   -Mamá dijo algo parecido, pero con otras palabras -se inquieta por algo. Sam lo estudia y sonríe leve.- ¿Podrías avigorar en qué anda el hijo de perra ese? Me pregunto a quién podría querer una bestia como esa…

   El teléfono vibra, algo amoscado lo toma y el número de reciente data le desconcierta. Edward. El mensaje es escueto pero inquietante: “Debemos hablar”. Ay, coño…

CONTINUARÁ…

Julio César.

DESBORDADO

septiembre 2, 2014

SEDÍA

MUSCULOSO EN TANGA ROJA

   No lo entiende, en todas las competencia siempre le dan las más chicas, aunque ¡cómo le aplauden cuando sale!

Julio César.

YORDANO, SIEMPRE POR ESTAS CALLES

septiembre 2, 2014

DORIS WELLS: NOBLEZA

YORDANO, EXITOS

   ¿Qué Canal decía tener más estrellas que el cielo?

   La vida de una persona puede medirse, si hiciera falta, por todo aquello que dejó, y deja día a día, a otros, como contribución u obsequio. Un hombre es grande cuando su sola vida es referencia de toda una era.

   A pesar de lo que los necios sostienen, Venezuela no siempre fue este precario campamento a merced de la violencia y la carestía, de tener que robarse algo, o mendigarlo detrás de un camión, para ver qué comer. Una vez éramos un país, con sus problemas (sociales, políticos, económicos), que sin embargo producía, que exportaba, que levantaba hospitales, fábricas, viviendas, escuelas y empresas privadas. Uno, con sus reales, iba a un mercado y compraba lo que le daba la gana, en la cantidad que quisiera, limitado únicamente por la cantidad de dinero. O los hospitales podían atender una fractura de un brazo, sacar un apéndice o provocar un parto, sin que fuera un drama de ruleteos o morirse en una ambulancia. Viajar se veía limitado por el patrimonio propio, se conseguían los boletos aéreos, se compraban dólares y se partía, sin necesidad de estar vigilado y controlado por nadie. Ahora todo es azaroso, transitorio, caro y prohibitivo. Y hay quienes desean hacernos creer que ese pasado nunca fue, que todo era terrible y que es ahora que todo está bien, que esto es un éxito, o que no es responsabilidad de ellos el haber llegado a este desastre. Para quienes jamás quisieron trabajar, o aprender un oficio, la cosa siempre fue difícil. Y tiene que serlo. Es una ley de la vida.

   De ese mundo que no era perfecto pero donde teníamos cosas y no sólo materiales (profesionales que atendían gentes de otras partes que venían por la calidad; recibir inmigrantes huyendo de lugares horribles; la posibilidad de trabajar y prosperar con esfuerzo), Venezuela contaba con grandes televisoras. Dos eran las principales, VENEVISION y RCTV (TELEVEN llegaría luego), que hacían nuestra delicia compitiendo entre ellos para ver quién se ganaba el favor de los espectadores, competencia donde todos la pasábamos bien. ¿No era una locura ver a Freddy Krueger a las dos de la tarde, atormentando chicos mientras en el otro canal había chicas tetonas en bikinis matando gente? Claro, había quienes lo criticaban, que si la violencia y los antivalores, pero ahora hay gente que vomita odio, groserías, que presentan niños con armas o que justifican y defienden torturas en celdas policiales, eso me parece peor. Parte de la producción de esos canales televisivos eran las telenovelas, que se hacían como chorizos, más de una en las tardes, dos en las noches, con talento nacional, presentado calidad, una que hizo de nuestro trabajo uno muy reconocido a nivel mundial, cediéndose luego el paso a las mexicanas, colombianas y brasileñas cuando la temática se estancó.

YORDANO

   Fue con una de esas novelas, Amalia (mexicana, creo), a la una de la tarde en RCTV, cuando aparece aquel hombre flaco, alto y como vestía de oscuro lo parecía más, de cabello muy negro, mirada algo desenfocada, muy pálido y voz algo enredada, presentándose a toda Venezuela con su Manantial de Corazones.

   Aquello fue una locura. Todo el mundo la cantaba, y las muchachas le veían hasta guapo. Era Giordano Di Marzo Migani, mejor conocido como Yordano. Su fama fue tal que en uno de los mejore programas humorísticos del país, Radio Rochela, que se burlaba de todo el mundo y de todos hacia guasa (eliminado por Hugo Chávez Frías al cerrar RCTV, cuando se hizo mofa de su insania mental y sus tonterías efectista en lugar de trabajar), se anunciara que tendrían como invitado especial al intérprete de Amalia. Tuvieron una semana en eso y todo el mundo andaba DON KIKO MENDIVEpendiente de ver al flaco italianón. Todos esperaban por Yordano y como reí cuando, finalmente en el programa humorístico, anunciándose con un “y con ustedes, el interprete de Amalia”, salió el señor Kiko Mendive, un genial humorista y artista completo, cantando la vieja guaracha de Amalia Batista; mis hermanas gritaron de rabia. Así de amado era ya ese hombre joven, así de buena era Radio Rochela, así de alternativas habían. A pesar de lo que los necios sostienen ahora para satanizar el pasado, que las televisoras antes callaban cosas, Radio Rochela era el espejo distorsionado por lo grotesco de las acciones presentadas, de todo lo que ocurría en este país.

   Durante años, Yordano fue sumando éxitos y reconocimientos, aunque por alguna razón jamás alcanzó la fama internacional de Ricardo Montaner, Franco De Vita o el Ilan Chester mismo, aunque este siempre vivió en un eterno semi retiro. Muestras ellos hicieron del mundo su ostra, Yordano se quedó en Venezuela. Me gustó saber, en su momento, que se había casado con Marialejandra Martín (la adoro), y me entristecióMARIALEJANDRA MARTIN saber que se habían divorciado. Recuerdo a una joven cantante, de esas que surgían como hongos al lado de una pared sombreada en esos años cuando había dinero para invertir en lo que fuera, Azabache, que en un programa deportivo se burló un poco de su gagueo al hablar y todo el mundo la criticó. Ella comenzaba, debía demostrar que tenía talento, Yordano ya era un astro. Tal vez por eso fue que su voz se requirió cuando se necesitaba de un casi himno nacional como música acorde para una novela “social” que pasó al sistema democrático de Venezuela para ese momento, carcomido por la corrupción, invadido en tribunales e instituciones por la complacencia a don dinero, por el microscopio de la denuncia: POR ESTAS CALLES.

   Los necios de siempre, ignorantes de su propio ayer, alegan complicidad de toda la sociedad con la corrupción y sus dirigentes en el pasado; los más insensatos lo repiten como si se les hubiera ocurrido o fuera cierto únicamente porque otros lo dicen, pero allí estaba aquella telenovela que denunciaba las mafias judiciales, que hablaba del contubernio entre fiscalía, jueces y abogados defensores reunidos en tribus que arreglaban GLEDYS IBARRA POR ESTAS CALLEScualquier desastre por dinero; donde se habló de médicos que robaban hospitales para cubrir sus clínicas (ah, el eterno doctor Valerio, siempre recuerdo cuando le dicen que una viejita está muriendo y él ordena que le hagan rápido dos tomografías para cobrarlas); así como la visión ciudadana irresponsable de ir haciendo como vaya viniendo, sin preparase, sin planear, sin tener en cuenta los problemas actuales para prevenir los futuros (que siempre son peores, y para muestra, la revolución); así como la dupla delincuentes y policías corruptos; se nos enfrentó al termómetro de la carga ciudadana ante la incapacidad del estado para brindar seguridad y protección, la admiración que se le tuvo dentro de la novela a un policía que tomaba la justicia en sus manos, el Hombre de la Etiqueta, que mataba a los irrecuperables (hasta una canción se le hizo usando un estribillo de la del Zorro: el Hombre de la Etiqueta al corrupto castigará). Apareció Rodilla, el niño de la calle, el huele pega, jefe de una banda de delincuentes juveniles, una realidad que no se quería ver, que se fingía desde el estado que no ocurría, tan duro, tan crudo que se le llamó la atención al Canal y debieron matarle (una realidad que no desapareció, sólo se disimula con hipocresía farisea cuando vemos los promedios de edades de la gente que comete delitos horribles hoy en día, quince años después del proceso revolucionario, pero los necios no quieren ver una relación en eso, debe ser culpa de los sionistas).

APRENDE Y NO SERAS ESCLAVO

   ¿Recuerdan esas citas al final de cada episodio? Bien, a Rodilla le aplicaron la medida de “corte”, por la misma razón por la que “matan” a Roberto Moll, quien personificaba a un poderoso capo del narcotráfico colombiano (Pablo Escobar Gaviria), que se enamora de una valiente maestra que le enfrenta en un barrio donde se oculta y el cual controla, y por ella hace cosas buenas y en nuestra inversión cultural se le comenzó a ver como un héroe casi romántico, como lo era Escobar Gaviria en Colombia para tantos, y un organismo que medio controlaba los contenidos televisivos dijo que “eso no era conveniente”. Y no lo era, un delincuente es un delincuente independientemente del nombre que se ponga. El organismo habló, RCTV escuchó y el personaje desapareció. Porque antes, aunque el gobierno de Carlos Andrés Pérez odiaba la novela y el Canal, así como los que llegaron después con quienes también se metieron, contra RCTV y su POR ESTAS CALLES, se iba por un contenido, se les multaba y se les podía sacar del aire hasta por dos días (un reportaje horrible de ALERTA, sobre un manicomio cercano a Caracas, lo logró), incluso podían usar esa excusa para intentar frenar  que se les criticara y señalara por la más espantosa corrupción a la par de una incompetencia supina, pero hasta allí. Cerrar medios de comunicación para que no denuncien los delitos y la insania mental desde el poder, la locura de un hombre, eso llegó después, con el ahora muerto, comandante Chávez Frías, quien ordenaba cerrar canales porque a él le salía del forro y esa era la única razón que necesitaba un régimen enfermo. Corregir, intentar hacerlo bien, daba trabajo, lo mejor era cerrar el canal noticioso que señalaba los errores, sobre todo, si de paso, se asustaba a los demás. Es la diferencia entre democracia y autocracia, en ambos puede haber un incompetente, un ladrón o hasta un loco que piense que puede encerrar y matar a sus oponentes (como al pobre señor Franklin Brito), pero las instituciones controlan en uno de los casos, un fiscal puede enjuiciarle por ladrón a un Presidente felón; el primitivismo de la horda fascista entrega a la sociedad a la barbarie, con el otro.

YORDANO, CANTANTE Y GLORIA VENEZOLANA

   Bien, está convaleciente el señor Yordano, del mal que parece que caerá media humanidad, una enfermedad maligna, el síndrome mielodisplásico, un tipo de cáncer que ataca la medula ósea e impide que se creen glóbulos rojos; dolencia contra la que luchará a brazo partido, y con el favor de Dios, vencerá. Se someterá a un trasplante de médula ósea. Que todo salga bien. Las oraciones de todo un país le acompañarán, como tiene que ser con un ser humano decente, bueno y honesto. Su anunció publico, a través de CNN, conmovió a todos; como tiene que ser, el cáncer asusta demasiado. Encontré gente, ese día, que casi lloraba contándomelo. Porque se le quiere, desde hace muchos y muchos años, y porque hemos perdidos a muchos y no nos da la gana de decirle adiós a otro gran venezolano.

   Por cierto, que recuerdo uno de sus últimos trabajos, un homenaje a los muchachos que luchaban contra tanquetas, fusiles y grupos violentos armados para quienes sí no hay leyes ni jueces; cosa fea y criticada en Palestina pero permitida aquí. Ya la voz no le daba, pero conmueve su entrega.

   Suerte, Yordano, estaremos siempre contigo.

Julio césar.

FALTA DE COMUNICACION

septiembre 2, 2014

DETALLES QUE DESTACAN

MACHO SEXY

   “Joder, estoy molido; para llamar la atención de estos carajitos en este gimnasio tendré que pasearme en tanga”.

MUSCLE HOT

   “Coño, ni me mira. Para que me vea un papito así voy a tener que agacharme a recoger mis llaves usando un hilo dental”.

Julio César.

DE AMOS Y ESCLAVOS… 8

agosto 31, 2014

DE AMOS Y ESCLAVOS                         … 7

NEGRO MUSCULOSO EN TANGA DE LUNARES

  Buscando amo…

……

   En cuanto le dijo eso, que se pusiera el bóxer del otro, la verga de Roberto casi saltó de excitación, avergonzándose un tanto mientras el otro reía.

   -No te avergüences de responder como un puto, negro. Tu cuerpo sabe cómo quiere que lo traten. –martilló Hank, mirándole.

   Tomar de su chaqueta el bóxer que un chico en el gimnasio le arrojó a la cara, transpirado y caliente en ese momento, provocó que las manos le temblaran. Le costó tener la suficiente sangre fría para meter sus piernas dentro de la prenda, subiéndola. Todo él erizado. El roce contra su piel de la suave tela del calzoncillo de otro hombre, uno usado, era enloquecedor, ¿cómo no lo había probado antes? Claro, porque antes no hacía eso, someterse así. La prenda le quedó algo chica, muy corto en los muslos, sus pelos púbicos viéndose, el tolete abultándolo feo, mojándolo ya, y sus nalgas casi reventándolo por detrás.

   -¿Cómo lo sientes? ¡Sé sincero! –le advierte Hank, despojándose de la camiseta, dejando al descubierto el joven, esbelto y musculoso torso, casi lampiño a no ser por una hilera de castaños pelos claros que bajan del ombligo, el tatuaje en su hombro era extrañamente excitante.

   -Bien. –admite, jadeando ante la leve palmada en su cara.

   -¡Negro mentiroso!, ardes con calor de puta sintiéndola sobre tu cuerpo. Te sientes sucio y puto, tú mismo lo reconoces, y te excita. ¿Te gustó el tío? –se baja todo lo demás, incluyendo el bóxer, dejando al desnudo la larga, gruesa y rojiza verga blanca, mojada de saliva y jugos, las bolas colgando, los pelos púbicos no muy altos, los muslos levemente velludos… y una cruz gamada tatuada en su cadera izquierdo. Sonríe al notar la mirada de Roberto sobre la marca.- ¿Te gusta, negro? Si te portas como debes te marcaré una en una nalga. Bien, de rodillas. –le ordena, viéndole tragar ávido, ojos relucientes, cayendo inclinado, acercando los gruesos labios a su verga tiesa.- No, negro. –le detiene con una ruda palmada en la frente.- Es hora de que amplíes tu repertorio. A los hombres nos gusta que nuestros putos sean ingeniosos y juguetones, traviesos y que sepan complacer en todos los frentes. –culo pelado se deja caer en el sofá, muy abierto de piernas, la hermosa pieza de joder cayendo contra su ombligo.- ¡Chúpame las bolas!

   -Pe… Pero… -la mente de Roberto queda en blanco.

   -¡A trabajar, negro maricón! –le ruge, echándose hacia delante, rodeándole la nuca con una mano y tirando de él.

   Jadeando, Roberto termina metido entre sus piernas, casi en cuatro patas, el rostro ladeado, prácticamente aplastado contra las bolas castañas rojizas del otro hombre, elevando la mirada, sus ojos encontrándose con los del chico blanco que le domina… al tiempo que abre sus gruesos labios contra el rugoso cuero.

   -Vamos, negro de mierda, demuestra cuánto quieres satisfacer a tu señor…

   Corazón enloquecido, las fosas nasales sofocadas de bolas y su olor, Roberto obedeció, sus labios abriéndose y atrapando la joven piel, su lengua tocándolos, estremeciéndose de puro gusto y lujuria cuando le oye suspirar complacido, la mano tras su nuca firmemente sosteniéndole en su lugar.

   -Eso es, negro puto, lámelos. Recórrelos con tu lengua… Ahhh, si, se nota que te gusta. Anda, métetelo en la boca, succiona, bátelo contra tu lengua… Ahhh… -se tensa y casi salta del sofá cuando ve desaparecer su testículo derecho dentro de los gruesos labios, siendo amasado, chupado, mimado. Sus miradas enlazadas.- Si, así, puto; te ves tan bien arrodillado comiéndote mis bolas, es tu lugar, negro. Sigue, ¿lo sabes, verdad?, ahí se produce esa leche tan rica de hombre que te gustó beber hasta la última gota. Ahí hay más para ti, negro de mierda, pero tienes que ganártela, así que deja la pereza.

   Chupó uno, luego el otro, tragándolo, sorprendiéndose él mismo de lo mucho que disfrutaba sus palabras ofensivas, degradantes, casi gritadas, así como ese aroma fuerte de hombre que viene de la calle, por no hablar de la sensación de las bolas contra su lengua. Lo deja salir, buscando aire, y lengüetea de uno al otro.

   -Oh, sí, eso es… adóralos, chico. Trabájalos con tu lengua, te informo que a un hombre le gusta mucho cuando su puto, su marico caliente por sus atenciones, le lame las bolas. Si quieres ser un buen chico de los hombres blancos, debes saberlo. Sorpréndeme… -reta.- ¡Ahhh! –cierra los ojos por un segundo, sonriendo leve, los dos testículos apretados, lamidos y succionados dentro de la boca de labios gruesos del hombre más grande entre sus piernas.

   Con entusiasmo, por estar dándole todo ese gusto, idea que le era importante por alguna razón, Roberto, su boca muy ocupada, chupa los dos testículos mirando al bello rostro de Hank… Luego a su hermoso, largo, grueso, rojizo y nervudo tolete que pulsa con fuerza, con un hilillo de delicioso néctar colgando de su ojete. Y le avergüenza, mucho, las ganas que tiene de cubrir el glande con sus labios, tomar la gota con su lengua y llenársela con su sabor antes de tragarla. Y buscar más. Perdida toda vergüenza por el deseo que le posee, se moviliza un poco, succionando las bolas y rozando con su frente, brillante de oleosa transpiración, la magnífica pieza masculina, ganándose una risita de gusto y burla del carajito blanco.

   -Sé lo que quieres, negro mamagüevo, pero estando ahí, ocúpate de otra cosa… -le informa el joven, atrapándole la nuca, empujándole más abajo.

   Sorprendido, y caliente, Roberto entiende, y lentamente pasa la lengua de las bolas al mueble, cruzando sobre los pliegues que llevan a las nalgas, y del culo que se expone por la forma en que está sentado Hank. No queriendo pensar en lo que hace, el joven hombre negro cruza una y otra vez con la punta de su lengua sobre la entrada cerrada del poco velludo culo masculino.

   -Oooooh, sí, negro de mierdaaaaa… adóralo. Cómete mi culo, puto. –le ordena gritado, gozándolo, atrapándole ahora con las dos manos y reteniéndole sobre su agujero que titila salvajemente al paso de la húmeda, cálida y totalmente reptante lengua. Se tensa más cuando al estar detenido en un lugar, siente como el hombre intenta, de verdad, medio enrollando la lengua, penetrarle con ella.- Ohhh… -jadea casi desfallecido, sus dedos moviéndose tensamente dentro de sus zapatos, la caricia de esa lengua en su culo era demasiado buena para poder procesarla.- Eso es, negro de mierda… así, méteme la lengua, limpia bien a tu señor… -ordena gozoso, meciendo levemente las caderas de adelante atrás, sobre su boca, contra su lengua, oyéndole chasquear y chupar ávidamente.

   Fuera de ese apartamento, boca muy abierta, totalmente sorprendido y deliciosamente escandalizado, un hombre escucha, oreja pegada a la puerta, todo lo que ocurre. El marido de la conserje. Las voces, las órdenes. El “lame mis bolas”, “cómete mi culo”, le tienen duro a pesar de no ser gay ni gustarle aquello. ¿A quién estaría haciéndole todo aquello ese carajito aterrador? Lo que sigue le pone los pelos de punta…

   -Coño, negro de mierdaaaaa, si, ¡cómete mi cuuuuulo así! –lo grita, con dureza y hasta crueldad.- Sabía que te gustaría comer culo, como güevos y bolas, negro de mierda. Naciste para buscar esto. Y lo haces bien, te sale natural porque eres una puta que quiere un macho de grueso, largo y tieso güevo blanco para que lo meta en tu culo negro. –las palabras son increíblemente insultantes y poderosas.

   Roberto lo sabía, porque era escucharle y que de su miembro manara una gran cantidad de líquidos. Pero, un momento, ¿qué pasa? Él no era quien seguía el juego de nadie, ¿no? Separándose un poco, a pesar de la resistencia de Hank que no quiere que esa boca que succiona abandone su culo, como nunca lo quiere ningún hombre cuando tiene a otro carajo sometido haciéndole eso, con los pulgares toma los pliegues, halando, exponiéndole más de la entrada. Y la boca vuelve, con la lengua afuera, penetrando ahora sí, logrando que Hank gima y se tense todo, casi arqueando la espalda en el sofá. La siente, la móvil, suave y reptante lengua entrándole en el culo, azotando, acariciando, penetrando, lamiendo, mientras los gruesos labios, con leves sombras de barbas que raspan sus pliegues, se sellan sobre el agujero. Lo lame, se la mete, lo ensaliva y lo chupa, y Roberto, ojos cerrados, expresión suprema de gozo en lo poco que se ve de su rostro con las marrones bolas del chico sobre su nariz, casi se corre de gusto sabiendo que complace al carajito ese. Le estaba dando placer y eso le encanta, pero… Le come el culo y ve la rojiza verga agitándose sobre su frente prácticamente. La quiere, pero aguanta porque no le han dicho que la tome (aunque no sabe él mismo que es por eso), hasta que una gota espesa que forma un hilo de telaraña se desprende y cae sobre su frente, caliente, olorosa. Enloqueciéndole.

   Abandonando el culo de Hank, sube, todavía rozando la nariz, boca y barbilla de sus bolas, para recorrer con la lengua el rojizo y hermoso tolete de abajo arriba, recogiendo cualquier gotita que haya rodado, cayendo hambriento sobre la punta y tragándola, gimiendo ahogadamente por el placer más intenso que le recorre cuando su lengua se moja con esos líquidos maravillosos.

   -¡Negro puto, ¿quién te dijo que podías mamármelo?! –oye el regaño brutal, y sorprendido eleva la mirada para encontrar realmente molesto a Hank, quien cierra los muslos alrededor de su cuello, ahorcándole.- No puedes dejar de hacer nada que te ordene, ¿lo entiendes, puto de mierda? ¡Nunca! No eres más que una mierda nacida para obedecer. –le grita apretando más.- ¡Y no puedes tocarme si no te lo ordeno!

   Dios, estaba loco, piensa Roberto, realmente alarmado, sintiendo la presión alrededor de su cuello, pero no el muchacho. No, el loco era él, maravillándose de excitarse por sus muslos alrededor del cuello, por el tono con el que le hablaba. Por el sabor increíblemente delicioso de su verga… ¿Cómo pudo vivir tanto años sin probar una?

   Como con fastidio, Hank aparta sus muslos, mal encarado, dándole por la frente y apartándole de su güevo mojado.

   -¡Lárgate!

   -¿Qué? Oye…

   -Me molestaste, coño. ¡Vete! –le grita feo.

   Y Robert siente que se muere, caído de lado ahora en el suelo, frente al muchacho, la insolente verga balanceándose, todavía deseándola. Siente que se muere porque casi teme que va a echarse a llorar. No, no quiere irse así. No quiere que Hank esté molesto con él, quiere alegrarle. Quiere mamárselo con fuerza, chupar como un buen becerro hasta lograr que se corra para que se contente. O bien, quiere contentarle, pero también saborear esa leche. Y la admisión, saberlo, le ahoga.

   -Por favor, no… discúlpame.

   -Ve.te. –repite.

   -No, por favor; déjame chupártelo, por favor… Voy a contentarte. –y afuera un hombre le oye, bajito, asombrándose.

   -¡Eres una pila de mierda! Sal de mi casa. –Hank es duro y parece que va a ponerse de pie, pero cae cuando Roberto, de rodillas, le atrapa los musculosos muslos muy blancos con sus enormes y negras manos.

   -Por favor, señor, déjame chupar tu güevo. Quiere comérmelo hasta que te corras sobre mi lengua. –suplica, desesperado, no sabiendo qué hará si es rechazado. Ignorando que afuera alguien le oye, quedamente, boca muy abierta, aunque no le identifica todavía, tan sólo sabe que quien se la mamaba al carajito antipático era una verdadera puta.

   -Puto. Eres como todos. Todos los negros son así, codiciosos, lo quieren todo sin comprometerse o respetar las reglas. –es insolente, pero abre más las piernas.- Me molesta verte tan regalado y arrastrado… anda, sáciate, puto.

   No le enorgullece, en verdad, pero no puede importarle menos a Roberto cuando casi jadeante cae sobre la pieza. Sus labios gruesos y amoratados cubren la muy pálida cabeza, tragándola, va devorándola otra vez, centímetro a centímetro, apretándola con sus mejillas, rozándola con su lengua, esforzándose y haciéndola desaparecer toda, sintiéndose increíblemente feliz. Por la pieza pulsante dentro de su boca, llenándole de ganas, pero también por el tensar de Hank, quien gruñe de gusto. Sube teniéndola muy apretada, succionando feo, sin retirar los labios azota el glande y se lo come de nuevo, gimiendo quedamente de gusto al hacerlo, al tenerla otra vez.

   -Oh, sí, trágatela así, puuuuutaaaaa de mieeeeerda… -el tono ido de Hank era de dominante gozo cuando le grita. Atrapándole la cabeza con las manos le obliga a ir y venir con más rapidez.- Así, fuerte, chupa como una puta grande; chúpala como te morías por chuparla, negro de mieeeeerda…

   El cuadro es increíble, de jadeos, de succiones, de gruñidos de placer, uno mama con fuerza, su bocota amoratada subiendo y bajando sobre el blanco falo que abulta por momentos sus negras mejillas. Notándose en su rostro lo mucho que está gozando de mamar aquel güevo, el placer que siente de tenerlo dentro de su boca, contra su lengua, succionándola, dándole placer a su hombre al tiempo que saborea esas gotas que le saben a gloria mientras piensa que quien no ha saboreado una buena verga no sabe de lo que se pierde. Y el chico blanco, rostro altivo, gritándole de manera soez y vulgar que no es más que un negro puto, un negro puto que gusta de los güevos blancos. Era verle atraparle la nuca y mecer sus caderas, cogiéndole la boca mientras le  rugía “cométela, negro; chúpala, puto, chuuuuupalaaaaa”, clavándosela hasta la garganta. Todo giraba alrededor de Roberto mientras sorbía y apretaba con sus mejillas, lengua y garganta, perdido de gusto en la gloria.

   Cuando el tolete se pone duro enteramente, temblando luego y disparando chorros abundantes e hirvientes en su garganta, casi le hace correrse también dentro del bóxer de aquel tipo que se lo arrojó en el gimnasio. Hank, bondadoso, le permite retirarse unos centímetros y los últimos trallazos de semen caliente y espeso bañan y cubren su lengua, enloqueciéndole de lujuria, el sabor era intoxicarte, tanto que succiona y traga con desesperación; y mientras lo hace, sin notarlo, se corre dentro del bóxer, con espasmos violentos. Riendo, agitado, Hank si se percata, apartándole de un empujón, Roberto cayendo sobre la alfombra, respiración agitada, mareado y débil por el intenso placer de su clímax… Paladeando aún el sabor de esa leche en su boca. Los espermatozoides de ese chico. El semen de otro hombre. La esperma que tragó y disfrutó… La semilla de su hombre.

   -Eres tan puto. –parece acusarle desde arriba. De pie. Se miran a los ojos.- Sube al sofá, de rodillas… culo al aire, negro de mierda. Quiero ver lo que me pertenece… Quiero hacer usar de lo que es mío por derecho: tu coño negro.

……

   ¡Era una maldita locura!, no dejaba de pensar Gregory Landaeta, congelado y erizado, la boca seca, el corazón latiendo feo en su pecho… con ese sujeto, fuera quien fuera, pegando la pelvis de su culo, allí, en plena oscuridad de un vagón del Metro. ¡Y su verga! La notaba muy claramente, dura, caliente, totalmente parada, frotándose lentamente de sus nalgas redondas y firmes, mientras otro sujeto, al lado de ese, ¿vienen juntos o cada quien por su lado, le vieron y le atacaron?, no lo sabe, sólo que también está allí, tocándole, cuidándose de no rozar con el otro, como si le diera repulsa el contacto con el otro hombre… pero no con su nalga. Siente la mano caliente tocarle cuando el otro dejaba un pedazo libre. ¡Y lo hacían en ese vagón lleno de personas! Estaba rodeado de gente, y allí, frente a todos, uno le manoseaba, el otro frotaba una y otra vez, ahora de arriba abajo con un leve vaivén, la verga de su culo.

   Lo peor era que una idea le asaltó, erizándole más, haciéndole contener un jadeo pero hinchándole el pecho: ese carajo la tenía bien dura… por él. Su culo lo tenía así, cometiendo aquella locura. Sus nalgas. Lo otro, y lo cual era más desconcertante, era que no se apartaba. No, ya no intentaba detenerles, mirando su reflejo, ocultos los otros por su propia imagen, puede verse, muy quieto, rostro de piedra, las dos manos en el tubo, aunque…

   Mierda, era una locura. ¿Qué estaba pasándole? ¿Cómo podía excitarle tener a esos sujetos tocándole así?, pero era. Se estaba erectando bajo sus ropas y es perfectamente consciente de que se concentra en su región glútea, como para comprobar cada cambio, cada roce, cada sensación. El vagón se mueve, jura por Dios que se trata de eso, no de su culo yendo levemente de adelante atrás, refregándose de la pieza del otro macho, imaginando esa verga blanca totalmente parada, a lo largo dentro de las ropas del otro, frotándose de la raja de su culo bajo el jeans ajustado que lleva. No, no quiere pensar en eso, y no, no es que se mece y se frota del hombre a sus espaldas.

   Salen del túnel, la luz vuelve y con ella sus temores. Esos carajos no se apartan, ¡uno le frota con el güevo, el otro con la mano! El vagón de detiene y ahora si se apartan; el joven hombre negro baja la mirada hacia la pareja mayor sentada al frente, imperturbable al mundo… casi lamentándolo. Le sorprende y molesta sentirse un tanto decepcionado cuando la mano y la pelvis de esos sujetos se apartaron. Y eso le altera, no debería sentirlo. Joder, él no era ningún marica. Pero siente el hormigueo sobre sus nalgas, allí donde la dura verga y la mano firme le tocaban y frotaban. Su piel lo extraña. Se queda quieto. Mucha gente baja, otros suben. Un asiento se desocupa momentáneamente en el más externo de los dos que forman la ele con los que pegan de la pared del vagón. Y no lo toma. Se queda donde está viendo a un carajo joven que se sienta, audífonos al oído, morral al suelo, tomando un libro. Otro que se perdería en su mundo aparte y que no notarían si algo extraño…

   El vagón arranca, y vagamente cae en cuenta que debió bajar en esa estación, pero lo olvida por aquella mano que vuelve junto a la suya en el tubo. Joven, blanca, fuerte. Y cierra los ojos un segundo antes de sentirle nuevamente; aún antes de entrar al túnel, esa pelvis vuelve contra sus nalgas, y tiene que contener un jadeo, sabiendo que tiene la piel de sus glúteos totalmente erizados. Y, maldita sea, echa el culo un poco para atrás, abriéndolo, permitiéndole encajar a lo largo, y casi sufre un desmayo cuando lo nota, el sujeto empujándoselo. Un güevo que estaba bien tieso. Lo siente en toda su dureza, calor y hasta pulsadas. El tipo va de adelante atrás, frotándose, usándole para darse placer, manoseándole de manera vulgar dentro de un vagón lleno de gente, y la idea le marea. Tragando abre los ojos, las luces de seguridad forman sombras, y volviendo el rostro hacia un lado se encuentra con la mirada del chico que acaba de subir, ojos muy abiertos, boca también, el libro cerrado en su muslo; un chico que notaba perfectamente que ese otro sujeto estaba restregándole el güevo del culo, y que él se deja, que más bien lo buscaba.

   ¡El chico le había pillado!

CONTINÚA…

Julio César.

LOS WINCHESTER, LINDA Y LOS ANGELES CAPULLOS

agosto 31, 2014

SUPERNATURAL, ¡ESOS HIJOS DE…!

EL FANTASMA DE KEVIN

   Aunque cueste, a veces salen críticas…

   Soy un amante fiel de la serie Supernatural, de todas sus temporadas, pero a veces hay detalles que molestan, así como hay otros que exasperan un poco. ¿Tenía que morir Kevin? Eso se discutirá toda la vida, sobre todo teniendo en cuenta que los hermanos se medio reconcilian a los dos capítulos, o lo aparentan, trabajando juntos de nuevo. ¿Se pensó bien la trama de los ángeles? Pareciera que no. Y todo confluye en el 9×14 – Captives, donde lo bueno que se puede decir es que hay un cierre, la mamá de Kevin, Linda Tran, logra sobrevivir (por ahora) a su encuentro con los hermanos… ¡aunque perdió tanto!

DEAN

   Encontramos dentro del bunker el aire de hostil separación entre los hermanos. Ver a Dean sobre su cama, no se sabe si durmiendo o descansando, aunque uno no se explica cómo con el volumen de la música, así como toda la ropa puesta incluidas las botas, refleja a las claras que está distanciado de su hermano. Que vive un tormento interno y se aparta donde no pueda escuchar ni sus pensamientos, tal vez con un infantil “él tendrá que venir” (así de bueno es interpretando Jensen Ackles). Es cuando ocurren esos fenómenos electromagnéticos que los ponen en alerta rápidamente. Sam sale de su cuarto respondiendo a sus llamados y comprueba lo de las luces. Dean aparece: ¡el bunker está encantado! ¿No sonó genial? Deducen que como nada puede entrar debe ser un fantasma hogareño, alguien que murió allí, y como hasta ese entonces ningún Hombre de Letras se había manifestado tiene que ser alguien más reciente, y saben que se trata de Kevin. Mientras esperan contactarlo, por turnos, Dean le llama y suelta toda su amargura, el dolor de haberle fallado. Lo típico. Sam le oye y aparece Kevin. Este les informa que nadie ha podido subir al Cielo desde la caída de los ángeles, cosa alarmante, ¿y si todos enloquecen y se vuelven agresivos? Como sea, Kevin oyó en la red fantasma que su madre continúa viva y quiere que ellos, para variar, hagan algo por él y vayan a buscarla. Lo hacen, contactan a un fantasma femenino que les dice que la tenían encerrada en un depósito, junto a otros dos, por culpa de un hombre con acento inglés, y una de los otros prisioneros era Linda. Dean no sabe de quien hablaba, Sam le aclara el punto.

LINDA TRAN

   Aparentemente, investigando sobre la chica fantasma, que en un descuido de su carcelero escapa pero es recapturada y asesinada, saben que era la querida de un político importante, y que Crowley la mantenía retenida para controlar al hombre, como hizo con la mamá de Kevin. Dean, quien tiene sus asuntos con el Rey del Infierno, intenta contactarle y eso parece molestar a Sam, incluso que comente el “Crowley ordenó les retuvieran, no que les mataran”. Llegan a un depósito, hay dos chicos idénticos, los hermanos cazadores se separan y son atacados por los gemelos. Fue doloroso ver a Sam responderle a Linda Tran que Kevin está muerto. Ella quiere que le lleve con él, cuando le creía vivo y ahora que le sabe muerto (se lució la damita). Dean enfrenta a uno de los gemelos, que mató al otro para contactar al Infierno, el cual parece haber enloquecido, es un demonio a quien Crowley puso a vigilar a esa gente, sin lastimarles o matarles, y ahora le cuenta a Dean que eso era una tortura para un demonio joven lleno de maldad en sus venas. Cuando el cazador le hace saber que Crowley no vendrá, y que son amigos, pensé que sacaría un cuchillo, escaparía y le mataría, pero si no llega Sam, acaban con él. Atado, el chico demonio debe enfrentar su castigo, uno que llega de la mano de la severa señora Tran. Y me gustó. Como su encuentro con Kevin, y la partida con su hijo, quien todavía le dice a Sam que no le culpa, que no fue él quien le mató. Hubo mucho de triste y patético en saber que la señora Tran se lleva a su hijo, el joven profeta signado por todo ese pesar, para cuidarle de no enloquecer, como si todavía fuera un niño, aunque para las madres siempre lo somos. Es increíble pensar en todo lo que perdió Kevin, como antes lo hicieron Andy y Jo.

KEVIN Y LINDA FUERA DE LA SERIE

   De este final me gusta cuando Kevin les pide a los hermanos que se entiendan, estos dicen que lo intentarán, especialmente Sam, pero le miente. En cuanto salen, y Dean se vuelve hacia su hermano creyendo que hablaba en serio, este ya va saliendo.

SAM MIENTE

   Verle regresar a su cuarto, a la cama, a su música, fue insatisfactorio. Por cierto, que este detalle molestó a muchos, pero, contrario a la pasada temporada, hay que ponerse en el jugar de Sam.

CASTIEL CAPTURADO

   Lo otro del episodio fueron los ángeles. Castiel aborda a uno en un entierro y le amenaza, sabe que la muerta, Rebecca, era amiga de Metatron y quiere saber donde se encuentra este. El ángel le responde que ellos se habían separado de todos, incluido Metraton, y buscaban vivir en paz (Castiel, con su “otra facción”, puso el dedo en la llaga), pero que fueron exterminados por el gran asesino, Bartolomé. Para no hacer el cuento largo porque ya pasó hace tiempo, Castiel es sometido por dos ángeles y llevado ante Bartolomé, quien le abraza como su amigo. Juntos recuerdan su batalla contra Rafael, pero Castiel comenta que cuando se fue, él, Bartolomé, torturó y mató a los ángeles que dejó como prisionero. El otro le responde que era su trabajo, que a Castiel no se le dijo por lo mismo que muchas veces se le apartó de alguna maniobra, porque no obedecía. Los ángeles debían, sobre todas las cosas, obedecer, fuera cual fuera la orden y Castiel siempre fue reacio a ello.

CASTIEL Y BARTOLOME

   Pero ahora Bartolomé es quien imparte las ordenes, como bien señala Castiel, y le pide que se unan para vencer a otro de los ángeles, violento y terrorista (a uno de los suyos Castiel le trovó la gracia), e ir contra Metatron, derrotarle, regresar al Cielo e imponer un nuevo orden. Castiel no sabe qué responder hasta que le ve asesinar al ángel que estuvo en el funeral de Rebecca, luego de torturarle. Bartolomé es implacable e infame, quiere acabar con Metraton y regresar el Cielo, si, pero como único triunfador, el Gran Jefe, ¿otro Dios?, por eso matará a los ángeles reunidos en la otra fracción violenta, y a los grupos como el de Rebecca que quieren vivir en paz.

LA MUERTE DE BARTOLOME

   Castiel y él luchan, nuestro ángel le derrota pero no le mata, le da la espalda para irse y Bartolomé le ataca por la espalda. Sin embargo, nuestro ángel que bastante batallas ha librado junto a los Winchester, le espera y le mata. Sale de allí porque uno de los dos ángeles que le detuvo, impide que el otro ataque. Y frente a la tumba de Rebecca, Castiel se topa con ese ángel, que no quiere luchar sino seguirle. Castiel responde que no es un líder, el otro insiste en que si , y le seguirá, y que no es el único. Afligido el  ángel de la guarda de Dean mira que hay otros. Sus seguidores.

LAUREN TOM

   Okay, el capitulo tiene mucho para el análisis de nuestro programa en esta temporada, y aunque no fue un episodio relleno, ha evolucionado (la lucha de los ángeles), no fue uno de mis preferidos, exceptuando la participación de la excelente Lauren Tom, la señora Linda Tran. Lo primero es algo que amo y odio del programa. Aquí nadie está a salvo, todos, excepto los hermanos, pueden morir y desaparecer, desde John Winchester a Lilith, la segunda de Lucifer, e incluso este mismo; pero a veces parece exageradamente cruel el tratamiento a algunos personajes, resultando odioso. Debería ser confortante saber que pasa, hay series donde nadie desparece y terminan en un arroz con mango, como Smallville o Héroes, pero es duro. No es que se van de viaje, se casan y viven felices junto a un río cantarino (aunque no les presentan más), no, les matan. Ellen, Jo, Bobby (el gran Bobby) y ahora Kevin. Los productores son un tanto mezquinos y crueles. A la señora Tran le han dado un final, que no fue justo, se va, una mujer madura, sola, llena de pesares porque para colmo carga con el fantasma de su hijo que no puede ir al Cielo como merece. A otros han dado también un adiós, como aquella chica, Christie, aunque tuvo que pasar por la muerte de su padre. También Garth tuvo su conclusión, que no me gustó mucho. A Charlie le fue mejor, pero quedando fuera de la realidad. Ahora parte la señora Tran, o al menos no la han matado aún, pero no me alegró.

   Lo otro que ha sido un tanto insatisfactorio ha sido la trama de los ángeles. Creí que sería más interesante cuando cayeron, pero fuera de Metatron con su plan para convertirse en Dios, el resto parece halado por los cabellos. El enfrentamiento entre ellos parece absurdo, tal vez porque les hace ver muy lejos de la idea que tenemos de los ángeles, más bien parecen demonios con un complejo de superioridad, luchando por pasiones bobas como los antiguos dioses griegos y romanos. La aparición de Bartolomé fue interesante, también su plan para conseguir recipientes para los caídos, un líder militante, pero no se sabía qué tramaba, fuera de desear la muerte de los Winchester y Castiel. Era una trama más o menos buena hasta que aparece otra fracción, más violenta (lo dicho, qué ángeles). Las peleas a cuchilladas eran divertidas, pero alarmaba la cantidad de gente que estaban matando, es decir, daba la sensación de que los hermanos ya no podían salvar a los seres humanos de los entes mágicos.

   Eso por ahí, pero luego,  sin que se sepa cómo, parece acabar la guerra entre ellos con la llegada a la Tierra de Metraton. Y dio la sensación de que los escritores no tenían muy claro qué buscaban conseguir, cuál era el nudo de la trama, ni cómo continuarlo; con todo, los leviatanes tenían un por qué, un plan (aterrador), aunque fuera mal rematado al final. Con esta caída y la pelea entre los ángeles no se ve eso. Se siente que intentaron ese giro para ver qué pasaba, y según fuera quedando irían escribiendo, pero eso les dispersó. La trama no ganaba intensidad, ni preocupaba, más allá de lo violentos e irracionales que eran. Debe ser porque las cinco primeras temporadas sí fueron ideadas como un gran todo, que ahora no parece haber conexión o un plan especifico.

BARTOLOME

  Bartolomé si me agradaba como villano, tenía presencia, se veía mejor que Dick, el leviatán. Y viene y le mata Castiel. Esto estuvo mal por varias cosas. Primero, amamos a Castiel, en serio, y le queremos siempre en la serie… pero como angelito de la gurda de Dean. Verle pelear por su cuenta, un capítulo muy centrado en él, no queda bien. La cita fallida de la temporada pasada estuvo genial, pero acompañando a Dean a un burdel en la quinta fue infinitamente superior. El que fuera él quien matara a Bartolomé no habría estado mal si uno de los hermanos hubiera estado presente, como cuando atacaron a Dick, no de esta manera. Lo he expresado antes, nos gusta ver a los hermanos enfrentado el gran peligro, desafiando a Lilith, a Lucifer, a Zacarías, unos simples humanos venciendo los grandes poderes, fuera de que Dean siendo zarandeado, golpeado, atrapado por el cuello, siempre queda bien. Y Bartolomé, ese carismático personaje, aunque con una trama floja, jamás enfrentó a los hermanos. Ni una vez. Ni a su rival por el control de los ángeles. Mucho menos a Metatron, Abaddon o Crowley. Al personaje le desperdiciaron aún más miserablemente que a Dick, Eve, Zeus y otros grandes y poderosos seres. Bartolomé, y su grupo, desaparecen sin que se notara que fueran determinantes para nada, ¿qué lograron?, ¿qué hicieron? Repito, Metatron se ve mejor dibujado, no sólo por el actor que lo encarna, Curtis Armstrong, el eterno Cochinón de La Venganza de los Nerds, ya que Adam Harrington (Bartolomé), es un señor interprete. Falló el libro.

   No hacía falta ver lo que seguía para saber que ahora la acción “ángeles”, se concentraría entre Metraton por un lado, y Castiel por el otro. Cosa que me alegra, pero esa trama debe ir más ligada a los hermanos. Por suerte la temporada cuenta con Crowley y Abaddon, batalla de diablos que aunque no han tenido los enfrentamientos que ha habido entre ángeles (los demonios parecen más civilizados), es interesante. No sólo por el control final del Infierno, sino por los actores y personajes, si Mark Sheppard (Crowley), es bueno y carismático, como el mismo Misha Collins, Alaina Huffman (Abaddon), no se queda atrás. Es una de mis villanas favoritas, ni siquiera la odio (bueno si, un poquito, por matar a Henry).

   Por cierto, ¿sabe alguien el por qué de la poca atención que el Canal Warner le está dando a la serie si gusta lo suficiente como para continuar?

Julio César.

INOCENTES COMO BEBÉS

agosto 31, 2014

CERCANIA

UN CHICO EN TANGA MAJA

   Cuando el papá de su novia le invitó a ir a solas a playa Parguito, comprándole de paso esa tanga, no esperó verle eso afuera… ni tan tieso.

MUSCLE CATOON GAY

   No lo entiende, esos chicos siempre parecen ahogarse, le toca sacarles en brazos y aplicarles respiración boca a boca, ¿por qué entraban otra vez?

UN CHICO DESNUDO Y ATADO

   Joder, debió estar más pendiente; para tatuarse un “mami” en la baja espalda por aquel sujeto rudo y barbudo no debió dejarse desnudar ni amarrar…

TIOS COMPARANDOLAS

   Ahora, aunque no puede parar, se pregunta si será cierto que es la única manera exacta de medirlas entre amigos.

MILITAR HOT

   No lo entiende, le dejan ahí, así, dizque para hacer salir a los peligrosos insurgentes que llevan meses apartados de todo y todos, ¿por qué saldrían?

Julio César.

MUSCULOSO Y NECESITADO

agosto 31, 2014

ANSIEDAD

MUSCULOSO CON TRUSA EN CULO

   Cada vez mejor…

   Me encanta ver a mi vecino ejercitándose, con dedicación, posando y volviéndose a mirarme, sabiendo que amo como sus músculos crecen y endurecen, esperando encontrar aprobación en mis ojos. Sabe que me enorgullece cuando se prepara, todo para mí, porque mientras más se esfuerza, levanta pesas y se cuida, más mi puto caliente se vuelve. Parecía haber una relación directa, mayor masa muscular ganaba y más quería que lo usara para lo que yo deseara. Si otra persona le mira, o cuando compite, admirando todos los presentes ese corpachón, sonriente, feliz, me busca con la vista y entiendo que en ese momento lo único que desea es que le posea. Allí mismo, delante de todos. Era mío, pero también yo le pertenecía, ¿quién podría apartar semejante bocado?

Julio César.

NOTA: Qué difícil es escribir en primera persona, al menos en este tipo de cuentos. Muchos me han señalado que las historias serían mejor si fueran desde mi punto de vista, pero no es fácil… siento algo de vergüenza.

LA IDEA SECRETA

agosto 31, 2014

FELIZ DÍA, PAPÁ

CALLANDO

  Del dicho al hecho, qué cierto…

   ¿No les ha pasado que cuando un amigo va a una cirugía y te pregunta, nervioso, qué piensas le dices que todo saldrá bien aunque ya casi te huele a velorio? Igual con negocios, un conocido, todo ilusionado, te dice que venderá la casa, el carro y gastará los ahorros de toda una vida para comprar unos frijoles que tienen historia; uno piensa “qué idiotez”, pero muchos parecen sentirse tentados a decirle que sí, que se arriesgue. Porque si, es cierto, quien no arriesga no pierde, pero tampoco gana. Quién sabe, tal vez el éxito está allí… pero si el sujeto que vende los frijoles se ve arruinado, o salta cuando oye una sirena policial, hay que sospechar. ¡Qué son frijoles, coño! O si al cirujano que realizará la operación ya planteada le investigan por tantos pacientes muertos, me parece que algo debe decirse. Es casi obligatorio. Me pasa. Y no soy popular.

   Tengo un cuñado cincuentón, quien junto a mi hermana tiene la vida resuelta con un negocito donde arma muebles de madera, los pulen y venden. Mi cama es una maravilla, aunque es un mamotreto que causa dolores de cabeza cada vez que hay que moverla para algo; debo pintar el techo y todavía no me animo. Bien, el hombre no se sentía bien de salud, fue al médico y le encontraron algo en el corazón; se asustó todo, su padre murió de un infarto. El médico le dice que tiene que someterse a una intervención sencilla, algo casi rutinario, un marcapasos, pero él se angustia. Como hoy en día poner un marcapaso es como sacar un apéndice, hasta yo le digo que tranquilo, que todo saldrá bien. Que será un mal rato, unos incómodos días y luego recobrará su vida de siempre (si, lo sé, todos parecemos conocer a alguien que ha muerto en una apendicetomía, pero es raro). Mi hermana se desvive en mimos y murmullo de aliento (cosa nada fácil, es de las que toda verruga la confunde con un tumor), tranquilizándole en su día a día mientras llega la fecha. Que todo saldrá bien.

   Pues bien, mi cuñado quiere incursionar en el mercado de elaborar las partes de los muebles que vende, justo ahora cuando no hay material para nada, y hablando como mi hermana, quien le dice que ya no se lo tome tan en serio, pero le apoya, le comunica que va a pedir un préstamo bancario, y que como su esposa tiene que firmar el formulario. Ella lo tomó, lo firmó… y se quedó viéndolo, contándomelo luego, me dijo que se le subió la tensión. Iba a solicitar treinta millones de bolívares, que suena como a poco, pero con lo devaluado que está nuestra moneda en manos de estos genios de la imbecilidad que todavía esperar aplausos y reconocimientos (el Ministerio del Poder Popular para no se sabe muy bien para qué cosa de la Economía), es en verdad tres mil millones de bolívares de los de antes (la inflación nos está comiendo, para comprar pan hay que cargar una carretilla llena de reales), que aunque devaluados, son una cifra grande para un negocio donde todo el mundo, incluido yo, ve problemas.

   Me hizo gracia que viendo el papel, mi hermana olvidara todas sus buenas intensiones, dejando caer en velo de la preocupación real por su salud y le gritara: ¿Treinta millones de bolívares?, ¿tú eres loco? ¿Y si te mueres tengo que cargar yo con esa deuda?

   Dios, cómo reí escuchándola, aunque debió ser un duro momento, porque me contó que luego se sintió mal por él. Pero es así, es fácil poner pañitos a las situaciones, mentir y mentirse sobre los temores e inquietudes, pero siempre afloran. Y con razón, muchas veces.

Julio César.

COLMO DE MANIA

agosto 31, 2014

DULCE JUVENTUD

INDIFERENTE A UNA MAMADA!

   ¿En serio? ¿Una mamada y todavía revisando tus mensajes?

Julio César.


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