MAS JUEGOS… AL SOL

octubre 25, 2014

RATÓN… AL SOL

MUSCULOSO EN TANGA AMARILLA

   Grande, musculoso, sexy y en tanga… mojarse en la playa y pasearse cubierto de gotitas de agua era una locura, así como sentir sobre sí todas las miradas… era lo que ese chico que conoció dos mese atrás en los vestuarios le exigía, mostrarse, ser visto, antes de ir, todo caliente, la verga casi afuera, a darle una manada tras una empalizada. Y la tragaba toda aunque el chico la tenía larga.

PAPI CON HILO DENTAL AZUL

   Ese maldito hilo dental que le compró su mujer le alborotaba el huequito (no tan chico, dicen entre risas, todos sus amigos); por suerte su joven hijastro, y los amiguitos de este, se lo calmaban metiéndole a veces hasta tres dedos. En plena orilla de la playa.

TIO CON HILO DENTAL AMARILLO

   Vicente es un hijo de perra obstinado, está decidido, colocando la pequeña y discreta cámara en su sitio, a demostrarles a las mujeres de los carajos de su equipo de futbol, que a estos les gustaban las cosas de maricos y se la metían a cualquiera por el culo cuando estaban bebidos. Claro, es bruto, con esa vaina puesta y la oferta de trabajárselas con su hueco, todas entenderían que no se resistieran. Eran hombres después de todo… y las putas los enloquecían. Y si, todos se la meterían allí mismo.

Julio César.

NOTA: Todas las imágenes han sido tomadas de portales gratuitos; me aseguran que estás también (no las encontré yo). Me dicen, y cuesta creer que la gente sea tan… osada, que muchas están en Facebook. Qué nadie se moleste, por favor. Aunque con esas pintas… seguro que esos carajos se divierten bastante, ¿no?

REGRESO A CLASES

octubre 25, 2014

SUPERNATURAL, ¡ESOS HIJOS DE…!

JARED AND JENSEN

   De vuelta.

   Amigos, estoy bastante descuidado con la serie, lo sé; también estoy al tanto que a muchos les molesta que inicie historias y no las termine. Qué pena. Debo confesar que estoy pensando, en serio, no traducir o interpretar trabajos ajenos. Creo que no entiendo bien la mentalidad norteamericana, hay cosas que me parecen absurdas. Tampoco soy bueno interpretando lo que las mujeres sienten. Algunos relatos me gustaron por sus conflictos, como el que titulé Jared hace caer a Jensen, o Jugando. También De Novios, que es tan graciosa, pero por lo general no me siento bien con tanto sentimentalismo. Historias como Correrías en Boston, o Dean vs Cass, si me gustaban, porque Dean Winchester era quien hacía sufrir, y perdí los archivos. Cuando llevó mis propios cuentos, puedo hacer con los personajes lo que quiera, y eso sí me gusta. Me deja margen de maniobra.

   Presento un Padackles, nunca he escrito uno, y este es medio ambicioso, pero sólo puedo escribir así. Revisándolo, sonreí, siempre comienzo igual, con una escena algo caliente y luego retrocedo. Este no es la excepción. Hace tiempo que quería crear algo al respecto, y un episodio de CSI me dio la idea: en una reunión de secundaria un grupo de personas se reencuentra con el pasado. Aquí pasa eso. Al final verán que se me pasa un poco la mano, pero ¿acaso no fue esa época de nuestras vida sino puras locuras?

   Aquí un chico algo nerd se topa con el más popular y todo comienza…

……

PADACKLES KISS

   Cuánto lo soñó…

……

   Es como siempre; molesto y enfurruñado, Jared Padalecki sube las escaleras a la carrera, se detiene frente a la puerta y abre violentamente, sin llamar.

   -¡Eres un hijo de puta! –ladra totalmente furioso.

   -Vete a la mierda, Jay. –es la indolente respuesta, tono burlón y chulo, una sonrisa ampliando los hermosos labios masculinos, su torso ancho y armónico brillante de transpiración, el pantaloncete blanco del uniforme de futbol americano abierto, las trenzas colgando, los castaños pelos púbicos, esos malditos pelos púbicos que le gustaba recorrer con sus dedos, mostrándose levemente, el bulto destacándose entre sus piernas…

   Le abofetea, Jared tiene que hacerlo, porque el otro era eso, una mierda. Le ve retroceder con el pecho agitado, cerrando los puños, ahogando un gemido de sorpresa y dolor, mirándole con ojos brillantes y terribles, llevándose el dorso de la mano a la boca que enrojece y sangra un poco. Y se le va encima. El insolente hijo de puta le rodea el cuello con sus brazos húmedos de sudor, halándole con fuerza, obligándole a bajar el rostro para encontrar su boca y cubrirla, la lengua cálida y reptante moviéndose contra sus labios, el cuerpo totalmente pegado al suyo, alzándose en peso y rodeándole las caderas con sus piernas.

   Ahora Jared lo tiene todo unido a él, esa boca enloquecedora tentándole, ese peso erizándole, abre la suya y la lengua entra, ávida, sabia, mórbida, algo salina por la sangre. Le besa, atrapa su lengua y se la chupa y el castaño alto siente que se muere, que todo le da vueltas mientras se las arregla para recorrerle la húmeda y ardiente espalda, bajando hacia las redondas y firmes nalgas sobre el uniforme blanco. El otro sabía encenderle siempre. Era su poder sobre él.

   Le besa también, tiene que responderle porque era imposible rechazar a ese maldito dios del sexo, su saliva, gemidos y aliento le enloquecían; jadea cuando los blancos dientes del otro muerden su labio inferior, haciéndole sangrar también, bebiéndolo todo con un ronco jadeo de lujuria. Totalmente erecto ya, doliéndole de lo dura que la tiene, le lleva hacia la mesa, sosteniéndole por las nalgas duras bajo la elástica tela, sentándole y metiéndose más entre sus piernas. Se besan, sus bocas se unen totalmente, sus lenguas se encuentran y sabe que no cambiaría ese instante de su vida por ningún otro, por muy maldito que el otro fuera. Le besa ahora mientras clava sus uñas en la transpirada espalda, siempre estaba así después de la práctica, la piel caliente, la respiración agitada, todos excitados al verle jadear por aire sobre la grama. La idea era odiosa, pensar en todos esos hombres que le deseaban, que se morían por entrar en sus calzoncillos. Se separa un poco cuando el otro mete las manos entre ellos, atrapa la parte superior de su camisa hawaiana y la abre violentamente, haciendo saltar los botones, y se unen otra vez, torso contra torso, piel sobre piel. Al castaño le enloquece sentirle tan húmedo, tan caliente, la piel de su espalda tan vibrante y joven bajo sus palmas.

   Totalmente excitado se separa y le muerde la barbilla lentamente, algo que le encanta al chico castaño, raspándole la mandíbula levemente sombreada por aquella pelusa amarillenta rojiza, oyéndole reír bajo; con la lengua le saborea, y aún más cuando baja por su cuello, recorriéndolo de abajo arriba, sobre su manzana de Adam, siguiendo la línea de la carótida, sintiéndola palpitar locamente bajo su paso. Oh, Dios, sabía tan bien, se dice al tragar. Escucharle ronronear, sentirle temblar de lujuria, le tiene a punto de correrse. Le acaricia y recorre el plano abdomen con la mano, bajando, metiéndola en la bragueta abierta, sintiendo el cosquilleo en la punta de sus dedos cuando recorre el nacimiento de los pelos púbicos, donde araña con sus uñas, amando tanto la sensación al hacerlo como los gemidos del otro cuando lo hace.

   Su mano lucha y la mete, encontrando la tela áspera del aún más transpirado suspensorio, y tocarlo le hace gotear la verga de ganas, pero cuando le atrapa el miembro, duro bajo la tela, una sensación increíble contra su mano, teme enloquecer. Casi tiene el cerebro frito. Lo atrapa en puño, y goza al oírle gemir, pero sufre porque no le alcanza la vida para tocarle. Mueve su puño de arriba abajo, masturbándole sobre la tela húmeda. Baja, inclinándose, olfateando en su entrepiernas, percibiendo su olor a sexo, soñando ya con tenerla en su boca, llenándosela, quemándole la lengua…

   -Si, baja, Jay… Chúpamela… -le oye ronronear, voz ronca y cargada de lujuria.

   Y no hay nada que Jared Padalecki desee más, se dije hincándose sobre una rodilla, admirando la deformación de aquella carpa bajo el pantalón deportivo cuando retira su mano, tocándola nuevamente sobre la tela, apretándola con su puño y frotándola otra vez. Quiere sacarla ya, sabe que la encontrara dura y pulsante, desea subir y bajar su puño sobre ella, sentirla en directo contra su palma, y ver llenar el ojete de líquidos claros y espesos antes de bajar su boca y recogerlos con su lengua… Si, lo quiere mucho, es lo único que le importa… Bueno, no solamente eso, también quiere saber quién es él, el chico dorado cuyo sudor ha saboreado. Eleva la mirada, quiere ponerle un nombre y…

   El timbre se oye una y otra vez, despertándole sobresaltando, y sobre su cama, casi sentándose, entendiendo a las mil quinientas lo que acaba de ocurrir. Jared Padalecki gime largamente, dejándose caer de espaldas. Dios, El Sueño (así, con mayúsculas), su sueño preferido, uno que de noche en noche le llega y ahora le interrumpían. El maldito timbre del teléfono no cesa y lo toma.

   -¿Si? –es brusco.

   -¡Niño, qué tono! ¿Interrumpo? –se oye una dulce voz de mujer, que luego se inquieta.- ¿Estabas con alguien? Ay, Dios, Jared…

   -No, no, Sandy, está bien. –le tranquiliza, medio sentándose echándose hacia atrás en la cama, metiendo los dedos dentro de su enmarañado cabello.- Acabo de despertar, es todo. –hay un silencio que le incomoda. Una vez, en medio de unas copas, le contó algunas cosas. Esperaba que Sandy no lo recordara.

   -Lo siento… -algo le dice que sí lo recuerda.- Pero voy saliendo para el colegio, debo dar una clase temprano, y le prometí a Chad que te sacaría una respuesta. –el malestar vuelve al joven.

   -No lo sé, Sandy, ¿crees que sea una buena idea? ¿Volver a Texas para un reencuentro escolar? Nunca fui popular, ni la pasé muy bien.

   -No es solamente eso. Está el homenaje al profesor Beaver. ¡Y deja de pensar en la secundaria como un tiempo de horror que te atrapará otra vez! Han pasado, ¿qué?, ¿doce años? Estaremos bien. Será seguro volver a la escuela. -asevera, pero Jared no sería un buen amigo de la joven mujer si no notara la leve nota de inquietud.- Además, volverás como un triunfador. Chad parece decidido a ir, pero no quiere hacerlo solo.

   -Te la pasas en Texas, ¿no le basta contigo? –hace un puchero, uno que sabe que ella casi puede ver.

   -No es lo mismo. Lo sabes. Si debemos enfrentar a lagartonas como Danneel Harris o Genevieve Cortese, aún yo necesitaré de todos mis amigos presentes.

   -Lo que necesitarás es antídoto contra mordeduras de serpientes, aunque te lo merecerías por ir y meterte en ese nido de víboras tú misma.

   -Jared…

   -Está bien, hablaré con Chad. Le llamaré para almorzar. No prometo más. –se apresura cuando ya adivina los chillidos de triunfo de su amiga.

   Poco después corta la llamada y deja el teléfono sobre la mesita. Recorre la amplia recamara, su dormitorio, lleno de todas las cosas que le gustan. Es un lugar que le hace feliz; tal vez con más aventuras románticas (sexuales, como aclara Chad), sería mejor, pero… En esos momentos no se siente muy feliz. Encoge sus largas piernas bajo las mantas y se las abraza con los brazos. Volver a Texas… No, no le agradaba la idea. Aunque el señor Beaver lo merecía.

……

   -No entiendo tu reticencia a ir. –se queja Chad Murray, mirado a la bonita camarera que les lleva una botella de vino a la mesa cuando se reúnen a almorzar.- Si a alguien le ha ido bien en la vida es a ti. Eres toda una celebridad, el joven escritor que más vende dentro de su generación… y la que vino antes. -finge recitar, probando la bebida.- Qué manera de decir que te leen los viejos.

   -Idiota. –sonríe Jared, acercando el plato de pastas.- ¿Qué vas a saber tú de literatura? Si no aparece en la Playboy…

   -Ya dejé de comprarla. Muchas letras. Muchos textos. No hay suficientes desnudos. –juega sonriendo leve, viéndose realmente guapo, reconoce Jared, que como gay, puede fijarse en esas cosas. El aire de chico malo de su amigo, sumada a su cara alargada, cabello rubio brillante, ojos azules verdosos, causaba estrago entre las féminas… Detalles que ahora si pueden apreciarse, no como cuando padecieron la secundaria.

   -No quiero ir, Chad. Ni Sandy. Tú tampoco. No nos fue bien. No nos irá bien.

   -¿Bromeas? Sandy está caliente, tú igual, y eres exitoso; yo soy el sueño de lujuria de todas en este local. –asegura con falsa modestia y Jared ríe, aunque admite que no está lejos de la verdad. Los tres se ven realmente bien.

   -¿Para qué quieres someterte a eso? Reunirse con un grupo de hijos de perra a quienes odiábamos y que nos atormentaron durante años, y que ahora quieren ver a los que han fallado, a los gordos y a los perdedores.

   -Y ninguno de nosotros lo es. Ni gordos, ni fracasados… Estas viviendo un bloqueo como escritor, pero…

   -¡No es un bloqueo! –se defiende, inquieto, el otro le mira fijamente y baja la vista.- Es posible que no sea un hueco en mi carrera. Tal vez… ya conté todo lo que necesitaba decir y todo terminó. –pone en palabras un temor que lleva padeciendo semanas, que no pueda escribir más.

   -¡Tonterías! Es un bache temporal. Eres muy joven para sufrir de eso. Y nadie sabrá que andas pasando una sequía. -el joven se detiene, mira el vino y a Jared le cuesta reconocer a su amigo alocado y algo promiscuo.- Tenemos que ir.

   -Sólo sabes decir eso. Estás de lo más críptico desde que recibiste la invitación. –se extraña.- ¿Quién te la envió este año?

   -Telfer, ¿le recuerdas? Paul Telfer, el chico bonito. -dudó en decirlo.- Está casado con Pauley Perrette, ¿lo sabías?

   -Lo sabía. Y que ella te encantaba y que te bebías los vientos por ella. ¡Tan loca! –sonríe leve.- Está bien, Chad, si es tan importante para ti, iremos. Aunque me parece extraña tu persistencia, sé que ya han tenido otras tres reuniones y nos han invitado a todas, y jamás te interesó, ¿por qué ahora si? -¿acaso Chad “sangre de horchata” Murray enrojeció?, frunce el ceño, debe haberlo imaginado.

   -Porque nos llegó el aviso de última invitación, si no aparecemos no llegará otra; además, habrá el homenaje al señor Beaver y… hay algo que me quedó pendiente. -y bebe, algo sofocado… recordando aquella boca vehemente y hambrienta que rodeó su verga, atrapándola toda, succionándola de una manera que cree jamás se ha repetido, doce años antes, robándole la paz.- ¿Y qué? ¿Quieres hacerme creer que no deseas reencontrarte con nadie, como cierto pecoso futbolista?

   -¡Claro que no! –se ofusca. Dios, eso es lo último que desea.

……

   Malhumorado, Jared Padalecki se encuentra una mañana abordando un taxi cargado de cosas rumbo al aeropuerto Kennedy, con destino final a San Antonio, Texas. Todo ha pasado muy rápido, no ha tenido tiempo de detenerse y plantearse si desea ir o no. Claro, desde un punto de vista humano, lo desea. Ver los lugares de su niñez y juventud, a muchas de las personas que dejó atrás… pero no a sus condiscípulos, la secundaria había sido una pesadilla. Una que le estigmatizó un poco. Pero Chad tenía razón, ya no era aquel espeluznante chico de cabellos sobre los ojos y que podía ocultarse tras un poste telefónico. Ahora era un triunfador, un reconocido escritor…O, bien, algo por el estilo.

   ¿Sería suficiente para enfrentar a toda esa jauría? ¿A…? Lo deja así, más ceñudo mientras sube al taxi y con no muy buenas maneras indica su destino. De ser un sujeto afortunado, un tornado habría estado arrasando Texas, o un terrorista habría llamado anunciando haber colocado una bomba en uno de los aviones y no habría partido, pero no tuvo suerte. Ocupando un lugar junto a una ventanilla en primera clase (insistió en ello aunque Sandy y Chad lo creyeron una tontería esnobista), mira al exterior. A su lado, su amiga bebe algo frío, mirándole con una sonrisa tonta.

   -Deja la mala cara, vas a pasarla bien.

   -Chad y tú no se cansan de decirlo. –gruñe, algo resentido, mirando hacia su amigo, acompañado de su bonita novia.- Él va con Sophia, a ti te espera tu novio. Yo me presentaré frente a todos como el fracasado que llega solo.

   -Con suerte no te notarán, como cuando estudiábamos con ellos. –ríe ella, divertida de su mala cara.- Deja de ser tan gruñón, no te queda.

   -¿Sabes?, casi espero que no me noten.

   -¿No tienes ni un buen recuerdo de todos esos días? -le reta ella, sonriendo contenida al verle enrojecer feo, sabiendo que algo hay, pero viéndole endurecer los labios en una delgada línea.

   -No lo suficiente para olvidar que Chad era Míster Magoo, siempre queriendo ligar chicas que se reían del “topo ciego”. Tú… -se azora.

   -Era la Ballenita Josephine. Lo recuerdo. –traga un poco afectada.- Pero ahora estoy divina.

   -Y yo era el Míster Palillo. –siempre le dolía recordar la de veces que entró a un salón de clases y dibujado en la pizarra estaba un monito con cabeza, una raya como cuerpo y otras cuatro para brazos y piernas. Y eso sólo fue una parte.

   -Todo es distinto ahora. Eres joven, guapo, triunfador y talentoso.

   -Eso lo leíste en la contraportada de mi libro, ¿no puedes inventarte algo propio si vas a animarme? –se burla y medio ríen, y su rostro cambia totalmente cuando lo hace, todo hoyuelos y dientes blancos  fuertes, ojos brillantes. Callan un rato.

   -¿Has pensado que…? –comienza tanteándole.- …¿Qué puedes encontrarle sentido a todo el pasado… y Al Sueño?

   -Sandy… -se agita.

   -¡Sólo digo! Aún sigues sin verle la cara, ¿verdad?, en tus sueños húmedos; y llevas años en eso. Pero sabes quién es. Lo sabes muy bien. Tal vez ahora…

   -¿Déjalo, si? –por un momento pierde el buen humor, mirando por la ventanilla otra vez.

   -Ay, Jared, la vida es demasiado corta para vivir tan lleno de hiel. Suelta un poco, amigo. Sé feliz.

……

   ¡Oh.Por.Dios!, se dice entrando al auditorio escolar, ¡los globos, las luces, la música!, todo era como en las fiestas cuando estudiaba allí. La gente, sin embargo, ha cambiado. Mucho, en algunos casos, para sólo doce años. Las mujeres se ven hermosas, muy arregladas, perfectas, como deseando mostrar que siguen siendo las bellas del colegio. Los hombres se veían algo más ajetreados, aunque claro, sin obesidades marcadas, calvicies totales o arrugas aún. Estaban, pensó cruel, a unos ocho años de eso todavía.

   Nada más entrar, todo elegante dentro de sus ropas sport, se presentó en la recepción donde una mujer que ni le miró le buscó en las listas.

   -¿Padalecki? ¿Seguro que eres de esta promoción? –le preguntó, alzando la mirada, sin reconocerle, sin reparar en esa postura, altura y musculatura que hacía volver las miradas femeninas, y una que otra masculina, las que le agradaban. No, ella (mira su nombre en el membrete, Ashley Olsen, increíblemente delgada, tanto que demacraba un poco sus facciones), enfrentaba a uno de los chicos invisibles.

   -Soy de la promoción y fui invitado. –entrega el sobre, mortificado. Había quedado en llegar con Sandy, el novio de esta, Chad y Sophia, para no entrar solo, pero se retrasó hablando con su madre.

   -No veo tu nombre, ni te recuerdo. –parece acusarle de querer colarse.

   Por Dios, ¿es que la mierda de la secundaria jamás terminaba? Ya va a discutir cuando es interrumpido por una voz a sus espaldas.

   -Es de esta promoción, Ashley. Es Jared, Míster Pitillo.

   La delgada mujer le mira nuevamente, como si acabara de abrir los ojos encontrándole ahí, riendo leve.

   -¿Míster Pitillo? ¡Claro! –y señala algo en su lista.

   -¿Todo bien, Pitillo? –pregunta el sujeto a sus espaldas.

   Ah, no, esa mierda no. ¿Le anotaron así? ¿Pitillo? Se vuelve furioso para comenzar un show, de gritos y reclamos, comenzando con ese sujeto que le identificó de esa manera, pero se topa con una leve sonrisa sardónica en unos labios llenos y sensuales, unos que parecen hacer juegos con unas adorables pecas y unas largas, muy largas pestañas enmarcando unos hermosos ojos verdes.

   Dios, el capitán del equipo de futbol, Jensen Ackles…

……

CHAD MICHAEL MURRAY

   No hay Padackles sin Chad Michael Murray, el siempre mejor amigo de Jared. Aquí asistirá a la reunión acompañado de su novia, pero esperando enfrentar una vieja pasión. Y va con mala leche por lo mal que fue tratado antes. Sabrán que nunca me ha parecido el gran actor, en La Casa de Cera, Jared Padalecki debió ser el protagonista.

SANDRA MCCOY

   Sandra McCoy, Sandy, la eterna novia de Jared en mil historias, o su mejor amiga cuando le sabe gay. Aquí es amiga. También ella tiene muchas cosas qué demostrar en esa reunión, aunque no esperaba lo que luego ocurriría.

CONTINÚA

Julio César.

CALIENTE

octubre 25, 2014

LA VENGANZA DEL MAL PADRINO

TIOS CALIENTES

   -Ni así se acaba ese fuego que le mata. Pero si el ardor estomacal se calma con leche, tal vez con mucha de mi leche…

Julio César.

AFLICION Y GOZO

octubre 25, 2014

LEY NATURAL

SUMISO Y TRAGON

   La dualidad de la vida a saborear…

   No hay momento como cuando ves en su cara la angustia, succionándola tenue, repasándola con su lengua, su mirada torturada… porque la ha probado y le ha gustado. Es la cara de quien se descubre a sí mismo, asustado y a un tiempo emocionado. Y sabe que tú lo sabes. Que entiendes que le gusta mamar. Es el transcendental momento cuando ambos asumen internamente que ya no es tu panita de parranda, tu camarada de borracheras, tu rudo amigo del alma, sino una perra ávida de huesos duros. Comprendes que su angustia viene de entender, mientras lo traga con bucheos y gemidos, que ya no podrá dejar de comerlos, que ya no es el hombre de antes. Pero lo gozas, el momento y lo que vendrá, ya que por un tiempo no querrá que se sepa, se cuidará, así que cuando el hambre apretara sólo la suya le saciará. Aunque, mientras le gruñes “trágatela toda, puta”, por dentro sabes que lo contarás y que llevarás a otros… Después de todo, aunque un tragón, le aprecias así que le ayudarás a que goce a plenitud su sexualidad. Que se coma las del mundo entero si es su deseo.

Julio César.

PROTAGONISTAS DE LA TELENOVELA FASCISTA

octubre 25, 2014

LA DEFENSORA Y LA TARJETA DE RACIONAMIENTO

SEXY BOY

Siempre engañando a los chicuelos ingenuos…

   Es notable cómo la gente degenera a simple vista, exhalando hasta mal olor, y cómo sus aberraciones no impactan. No convencen sus cuentos, disgustan sus tonterías, pero el mundo sigue girando; bien, si sobrevivió a Napoleón y Hitler, bien puede con estos. Hay que aclarar, por feo que suene, que esos son síntomas de sociedades enfermas, al igual que gripes a cada rato, dengue, chikungunya, pava y mal de ojo. En Venezuela, que pasa por momentos terribles porque la más cuantiosa fortuna ingresada por conceptos de precios petroleros elevados fue robada en su totalidad, hasta la bolsas donde venían los verdes billetes se llevaron, y ahora no hay cómo comprar medicinas o alimentos, y peor, el whisky medicinal para la tensión, el Presidente de la República viaja a las Naciones Unidas con una comisión gigantesca de familiares, amigos, asomados y gorrones, todos escandalosos, ramplones y ordinarios, y gastaron plata como pachás, parecían jeques árabes.

   Uno se preguntaba ¿a qué iba toda esa gente para allá?, (Estelita Morales no se lo pregunta, claro), y todos respondían “chico, viene diciembre, se fueron de ‘chopin’ a la Gran Manzana”, y es cuando se entiende tanto rastacuerismo e imaginamos la larga hilera de camellos cargados de suntuosas y costosas tonterías, todo cargado al erario nacional. Ah, pero cuando un diputado opositor señala el increíble despilfarro, este comienza a ser investigado como jefe de una banda que amenaza y mata gente del Gobierno. El Segundón al mando, el Patino del Presidente, chilla en el Parlamento que “ese hombre le asusta”, “que tiene miedo y debe encerrársele”. ¿Coincidencia?

   Una red informativa, Reuter, denuncia que un país petrolero, exportador, productor hasta hace poco como lo era Venezuela, ahora tiene que comprar petróleo ligero, aquí lo meten en un envase que dice ‘Made in Venesuela’ (mal escrito como suelen hacerlo los castristas), algo que se nos ocultaba, ¡que Venezuela tiene que comprar petróleo!, y en seguida saltan con aquello de que tienen las pruebas de una conjura mediática internacional con sede en el Tíbet, de la cual la agencia noticiosa es el centro, controlada como está por reptiles marcianos. O Álvaro Uribe Vélez (quien se les aparece en sus pesadillas, ¡le tiene un culillo!), no queda muy claro, ¡cambian tanto los cuentos! ¿Coincidencia también?

Julio César.

UN SUEGRO CONSIDERADO

octubre 25, 2014

PRIMITO PUTITO

UN HOMBRE, SU CHICO Y UN BATE GRUESO

   Ya podía con todo.

   Gabriel gime y se muerde los labios mientras su suegro frota la aceitada cabeza del bate contra su culo que se abre con gula insaciable. Mientras se lo mete, riendo, rotándolo en sus entrañas, sintiendo su esfínter abrazar la madera, lanza un ronco jadeo, más oyendo al hombre decir que ya vienen sus amigos, que todos se morían por meterle otra vez sus güevos calientes por todos lados. Y las palabras, las promesas, el bate metiéndose y metiéndose una vez vencida la resistencia, la visión del enorme oso que sonríe complacido teniéndole allí tan sumiso y entregado, es más de lo que el pobre chico puede soportar. No sabría decir cómo había comenzado la cosa, fue una noche, tomando con su suegro y varios amigos de este, veteranos policías también, cuando veían una porno y todos enloquecieron, estaban calientes, duros, sus toletes babeaban. Él era el más joven y bonitico, le cayeron encima, lo tocaron y desnudaron, y su suegro, por ser su suegro tenía ese derecho, se la metió toda de primero, cabalgándole duro, a fondo, con fuerza… haciéndole delirar de puro placer; teniendo, y disfrutando, que atender a los otros también.

   Ahora era la puta de sus fiestas, pero esos hombres andaban siempre tan ruines que no podían esperar por sus turnos, generalmente tres, una de ellas en su boca, y se la metían, por el culo, de a dos, para gozar más. Por suerte, el suegro, tan considerado como siempre, se lo trabajó, dilatándoselo debidamente. Y cerrando los ojos, dejándose caer, apretando y aflojando su culo sobre el bate, recuerda la primera vez que el viejo oso le metió la mano y el antebrazo hasta el codo. Dios, cómo le gustó.

Julio César.

PAGO

octubre 25, 2014

UN CHICO CON CEREBRO

DAD AND ME

   Siempre era una tentación.

   Su padre, al quedar su madre embarazada, había cumplido casándose y criándole, acallado todo su ser, negándose lo que era. Ahora, él, de tarde en tarde, llenaba ese vacío con amorosa ternura y atenciones.

-Espera… poco a poco, muchacho.

   -Silencio, carajo… y abre más ese coño para tu macho. Versia, pero si ya lo tienes mojado.

Julio César.

MARIANA JIMENEZ, SIN NADA QUE OCULTAR

octubre 25, 2014

   ¿Para el recuerdo?

MARIANA JIMENEZ MISS VENEZUELA

   Parece que aquello de “en una noche tan linda como está, cualquiera de ellas podría ganar”, quedará para el olvido. Otro cuento de los muchos mitos urbanos que controlan en mayor o menor medida nuestras vidas. Creo que ya no queda ninguna bonita aunque ingenua merideña, cruzando alguna plaza en un pueblito chico, que sueñe con llegar a la quinta Miss Venezuela y convertirse en soberana de la belleza, y con algo de suerte, en una Miss Mundo o Miss Universo. Ahora, las que ganan, ya vienen del mundo del modelaje. Llegan con maletas hechas.

DAYANA MENDOZA

   Pasó con la hermosa Dayana Mendoza, modelo reconocida, que terminó ganando la corona universal, dándose el curioso y no negaré que emocionante instante cuando le tocó entregar la corona  a otra venezolana. Pero nada más ganar Dayana el Miss Universo, dicen que desde Colombia, otros que desde Puerto Rico (ah, gente para farandulera), se dejaron colar unas fotos donde posaba desnuda. Con Mariana Jiménez, la actual “reina”, ocurre otro tanto.

MARIANA JIMENEZ DESNUDA Y BELLA

Ya desde la noche de su coronación habían comenzado los feos comentarios, que si era la favorita del Zar de la Belleza, Osmel Sousa, quien la impuso; qué si esto y qué si aquello. Lo cierto es que su triunfo fue reseñado como poco sorpresivo y muy esperado. Tal vez era la mejor del lote, por decirlo así, pero a muchos no convencía. ¿Es Mariana Jiménez una hermosa joven salida de alguna facultad, de alguna fábrica, dueña de algún negocio de comida, tejidos o tornillos? No, aunque comunicadora social, ya tenía pasado farandulero como reina de otros eventos, y modelo… Y ese pasado emergió para intentar amargarle el triunfo.

   No sabía yo nada de eso, porque no suelo seguir estos concursos, aunque si diré que me parece que Osmel Sousa ya no debería salir en público; el hombre tiene logros que mostrar, éxitos indiscutibles, pero no es una mujer como para ponerse con esos divismos desagradables, como su mención reciente a las concursantes negras. Veinte años atrás hizo un comentario al respecto, y posiblemente era cierto, que no ganaban, pero ahora, si es cierto que lo dijo, luce increíblemente necio. Ya tiene cierta edad, o se da su puesto o lo medican. Pues bien, todos hablaban del mundo secreto de la Miss que quedó al descubierto y buscando ver de qué hablaban todos, encontré esto en un populoso diario caraqueño, EL PROPIO. Disfrútenlo:

……

LA CHATA

MISS VENEZUELA Y LOS EMPELOTADOS

Resulta difícil quedarse como ¡mariposa de museo! y no opinar acerca de las fotos en cueros de MARIANITA JIMENEZ, MISS VENEZUELA. Según-gun esas fotos fueron realizadas para hacer un calendario en pro de una campaña contra el VIH, pero el calendario no se pudo realizar por los altos costos. Y bueno, como siempre pasa, una mano negra ¡ZUAS! se choreó las fotos y las puso a rodar en INTERNET… Y pues ese es el tema de la semana: ¿SON O NO SON ARTISTICAS LAS FOTOS DEL BOCHINCHE DE CARNE DONDE APARECE LA MISS VENEZUELA? Algo parecido pasó con DAYANA MENDOZA cuando ganó el MISS UNIVERSO. Los puertorriqueños que siempre están ¡picados! con las venezolanas formaron tremendo brollo hasta que el pana DONALD TRUMP tomó cartas en el asunto y, como principal vocero del certamen universal, declaró que las gráficas de DAYANA sí eran artísticas y además fueron tomadas para una carísima y exclusiva joyería, que no es el caso de la nueva reina… Según me apuntan mis rastris las gráficas se hicieron cuando ella fue la reina del deporte y el considerar o no artísticas a las fulanas fotuchas es criterio de cada quien… Lo que sí está claro es que se hicieron para una noble causa… Pero lo que yo digo es que cuando se va a participar en ese tipo de trabajo hay que estar muy clara y segura, porque es igualito que hacerse UN TATUAJE, aunque después te arrepientas y te lo borres con laser siempre la marquita queda. ¡Aprende Mariana!

……

MARIANA JIMENEZ, MISS VENEZUELA NUDISTA

   Me parece muy cierto, hay que tener cuidado con lo que se hace, o contarlo como parte del currículo para que nadie crea que se te puede atacar por ello. Las fotos son hermosas, y aunque realmente tienen mucho de sensualidad, son de buen gusto. No es explicita, pero si incitante… como la modelo del centro, metida en semejante sándwich. ¿Traerá cola las imágenes? No lo creo, más bien podría resultar contraproducente si alguien pensó en perjudicarla. No sólo se ve bien, el grupo también, sino que aparentemente fue por una causa que siempre es apoyada por todos.

   ¿Son estos concursos una vergüenza para las mujeres? No caeré en la tontería de asegurar que eso lo dicen todas aquellas que sienten no pueden competir con estas féminas en este o aquel terreno, aunque mucho parece haber (en el mundo hay verdaderas aberraciones en el trato hacia las mujeres, pero cosas realmente horribles, y pierden el tiempo en esto); como hago yo con el Míster Venezuela. Veo mal a esos tipos por meterse a esos eventos porque me choca la idea del “hombre coqueto”. Pero si, también tiene mucho que ver el que luzcan tan bien. Debí preocuparme más de mí.

Julio César.

DE AMOS Y ESCLAVOS… 10

octubre 24, 2014

DE AMOS Y ESCLAVOS                         … 9

HOT BLACK

¿Tanga o hilo? ¿Cómo lo quieres?

……

   Tarda casi veinte minutos en salir del apartamento del chico blanco, todo ajado, sudoroso, oliendo intensamente a esperma, en su lengua todavía el sabor de la de Hank y la suya propia. Da un paso fuera del apartamento, cierra la puerta a sus espaldas y se lleva un susto de muerte.

   -Mucho cachondeo, ¿no? –comenta, unos pasos más allá, el marido de la conserje, escoba en manos, ojos llenos de maldad y algo más.- ¡Vaya negro maricón que resultó! –casi ríe.

   -¿De qué coño hablas? –intenta fingir desconocimiento, incluso ira; el otro sonríe más, mirando hacia la puerta cerrada a sus espaldas.

   -De nada, amigo. De nada. –y ríe mientras se aleja barriendo.- Límpiate el mentón.

   Roberto traga en seco, pasándose las manos sobre la cara y luego el cabello grueso. Joder, ¿en qué estaba metiéndose? ¡Ese carajo sabía! Y las cosas que había hecho eran terribles. Debía terminar con toda esa mierda, ¡era un hombre, carajo! No podía convertirse en el sumiso y dócil juguete sexual de ese carajito insolente.

……

   Gregory Landaeta entra al amplio sanitario masculino, totalmente cerrado de ventanas, con baldosas blancas y paredes amarillas. Hay carajos que mean al tiempo que otros se lavan las manos. Algunos no lo hacen, salen tan panchos. Y mientras está ahí, de pie, la verga latiéndole dolorosamente dentro de sus pantalones, les ve ir y venir. Hombres como él, pero sin esa urgencia extraña que se le ha despertado. Mira el orinal de pared…

   Dos tíos mean sin hablar, los chorros son ruidosos. Entra al privado al lado, cayendo casi como un fardo sobre la tapa del inodoro, oyéndoles orinar, algo a lo que jamás le prestó atención antes. Pero bueno, nunca antes se había dejado tocar el culo, menos que otro sujeto frotara su verga de él, o… tocar él la de otro. Se estremece totalmente, asustado, inquieto, molesto y profundamente caliente. Si, recordarlo todo se la pone más dura contra la áspera y ajustada tela del jeans que le aprisiona sabroso y dolorosamente. Se la toca y el roce de su propia mano casi le hace gemir de puro placer. Oye voces, toses, meadas, lavados que se abren, agua que corre, y todo le marea. Le parecen sonidos eróticos, todavía no lo asocia a que son signos de personas que están cerca y pueden pillarle. Va cayendo hacia atrás mientras con manos febriles abre su bragueta, sacando de la suave tela del bóxer su enorme güevo negro, grueso, lleno de sangre y ganas. Y mirárselo así, sentir el frío del aire acondicionado, sabiendo que está en un sanitario donde podrían darse cuenta de lo que hace, todo tan prohibido y peligroso, casi le hace correrse.

   Sabe que no durará mucho, pero lo necesita de una manera casi febril, así que rodea el grueso, caliente y palpitante tronco con su mano, en puño, y lo sube y lo baja, arriba y abajo, apretando y aflojando un poco, masturbándose, y la sensación es mil veces mejor de lo que cree recordar jamás haber sentido. Cierra los ojos, deja que su cabeza ruede contra la pared metálica y se hace la paja mientras oye a otros carajos entrar y salir. Y mear. Una y otra vez. Gente que saca sus piezas y lanzan sus chorros de orina amarillenta, caliente y olorosa. Cuando le parece que la huele, de su tolete mana gran cantidad de jugos.

   Oye a dos sujetos hablar bajito, uno le cuenta al otro que salió con la puta de Susana, y comenta las cosas que esta le hizo con la boca. Las meadas, las risitas bajas, saber que eran tíos casi a su lado, le marean. Su mano sube y baja sabroso, dándose gusto, mucho, y sin embargo… Con una súbita inspiración lleva su mano libre a su plano abdomen, el roce le eriza, y la sube y baja, acariciándose, metiéndose dentro de la franela, subiendo más, llegando a sus tetillas duras, que al ser tocadas, allí, en ese sanitario donde se hace la paja al lado de otros tipos que mean, le parece la cosa más increíble del mundo. Su puño va y viene, frenético, con el pulgar se presionándose el ojete de su miembro, su otra mano aprieta duro una tetilla y tiene que morderse los labios para no comenzar a gemir de puro placer.

   Su mente gira de manera enloquecida, casi no es consciente de lo que hace. Y menos cuando recuerda a los tipos en el vagón, y como es su mente y es fantasía y en ese momento puede abandonarse a lo que quiere aunque le asuste o inquiete, se ve a sí mismo subiendo y bajando el culo sobre el güevo a sus espaldas, casi metido verticalizado entre sus nalgas redondas y dura, mientras el tipo le dice eso, que tiene un culo de locura. Al tiempo que frota la del otro bajo su pantalón, de manera entusiasta, la gente ocupada en lo suyo. Y el chico sentado que les miraba…

   Recordarle mirándole casi le hace saltar de la tapa del inodoro, teniendo que tensar las piernas para no temblar como gelatina y lograr retardar un poco más el goce. En su mente calenturienta, tanto que oscuros y pesados silbidos escapan de sus labios, el chico, en el Metro, saca su tolete y comienza a masturbarse, todo caliente, mirándole a él, excitado con la visión de su cuerpo grande, musculoso, sexy… siendo tocado, tocando y frotándose. Tiene que bailotear sus muslos de lo sabroso que siente cuando su puño va y viene sobre su güevo caliente, su otra mano de una tetilla a la otra, sabiendo o imaginando que el chico gozaba de verle.

   -¿Qué pasa ahí? –gruñe una voz antes de que la puerta del privado se abra y un joven y pecoso vigilante aparezca, quien abre mucho los ojos. Había entrado siguiéndole temiendo alguna conducta delictiva y… bueno, eso lo era, ¿no?- Pero, ¿qué coño…?

   -Yo… yo….

   Gregory casi salta sobre el inodoro, se ve totalmente alarmado, como tiene que estarlo todo el que es pillado haciendo aquello en un lugar público y para colmo por un vigilante. Nota la mirada curiosa del joven sobre su tolete atrapado, sobre su otra mano que sube dentro de su franela; no parece haber nada sexual en ello, tan sólo sorpresa y desconcierto. Y algo arde dentro del joven hombre negro, la mano bajo su franela sube, mostrando parte de su torso, del pronunciado pectoral, de la tetilla dura, pellizcándola, mientras el puño vuelve a sus movimientos, subiendo y bajando. Viendo aumentar la sorpresa del otro, quien no puede dejar de mirar, su propia lujuria aumenta a niveles escandalosos.

   Turbado, encontrando el espectáculo grotesco, pero a un tiempo fascinante, el joven vigilante duda, pero cierra la puerta. A sus espaldas. No quiere que nadie le encuentre mirando a ese tipo que se está haciéndose una paja, pero es que…

   -Te gusta que te vean, ¿verdad? –juega al malo, y su voz, la pregunta, hace que el otro jadee, esponjándose.- ¿Te sientas de noche en el balcón de tu apartamento a machacártela sabiendo que te miran? –tragando, Gregory niega con la cabeza, pero encontrando la idea increíblemente perversa y caliente.- Y el culo… ¿te pasas los dedos por el culo cuando sabes que te mira un tío de esos que gustan de llenar los huecos con su güevo? –niega otra vez, pero puede imaginarlo, no siendo tomado por un hombre, su agujero dilatado, abierto y muy lleno por la masculinidad de otro, pero si viéndole, y era enloquecedor.- Anda, enséñame el culo…

   Dios, Gregory se estremece violentamente, el otro, gay o no, tenía una mirada oscura, febril, y en su entrepiernas algo se levantaba. Homosexual o no, el sexo siempre llamaba. Soltando su tetilla, bajado más el jeans ajustado, ladeándose sobre la tapa del inodoro al montar un pie sobre el mismo, se masturba mientras enseña su raja peluda.

   -Acaríciate… -pide el chico, temblando. Él no era gay, pero…

   Y Gregory tiene que cerrar los ojos, no puede evitarlo, cuando sus dedos recorren la peluda raja íntima, tocándose la entrada del culo, y al hacerlo su verga mana más jugos. La punta de su índice recorre la entrada, sólo eso.

   -Puto. –oye bajito, y tiene que abrir los ojos, sonriendo complacido, tiene al chico súper caliente, ¿pero para qué? Él mismo no lo sabe. Tan sólo que…

   Echa la cabeza hacia atrás, brusco, y aprieta su verga para impedir un desastre de leche que llegue hasta el techo, soltándose de paso el culo, aún así corriéndose entre poderosos y deliciosos temblores de lujuria, un clímax intenso alcanzado porque estaba siendo mirado. Del ojete de su amoratada verga mana el río de leche, que no sata por la apretada, pero que sigue fluyendo, llenándolo todo con su poderoso olor a semen fresco.

   -¡Marico! –le gruñe el otro, acomodándose la gorra, cerrando la chaqueta sobre sus caderas y saliendo al tiempo que agrega.- Lárgate pronto.

   Desfallecido de gusto, insensible a las palabras, Gregory asiente, recostado de la pared… levemente preocupado. El carajo dejó la puerta entre abierta y un joven delgado, cara picada de acné, se asoma, ojos brillantes.

   -Joder, tío, ¿las chupas? –parece muy esperanzado.

……

   Como el mundo sigue girando, Roberto y Gregory deben regresar a sus vidas. Eso quiere decir al trabajo, a tratar con los colegas en el parada de taxis, con familiares, con amigos fuera de ese círculo… y alguna que otra chica que les busca. Gente del pasado. Uno no tan distante, emocionalmente, para Gregory, como sí para Roberto, quien sí ha cruzado ciertos límites. Ha mamado, ha tragado semen. Y le ha gustado y deseado. Mientras a Gregory le calienta recordar lo vivido, que le miraban, todavía preguntándose por qué, a Roberto la cosa le pegaba más. Porque ese muchacho que le controlaba le trataba como a un ser inferior, con desprecio, de manera autocrática. Y eso le gusta, ser tratado como un menor, un sujeto sometido a otro. Le gusta tanto que se oculta del otro.

   No quiere pensar en nada, quiere olvidar, así que evita a Hank, y al marido de la conserje. Sale con sus amigos, pero no puede ser como antes, algo que hace notar, molesto, Yamal, quejándose de lo extraño que andan ambos. Y lo decía un sujeto que cada miércoles desaparecía con una hermosa e impresionante catira que venía a buscarle. Y que jamás ha contado algo al respecto, como no sea mostrar una enorme sonrisa de satisfacción que le duraba hasta el sábado. Gregory y Roberto siempre han discutido qué tanto se divertía en la cama con la tipa esa.

   Como fuera, Roberto pensó que podía resistir. En el día, haciendo mil cosas, casi lo lograba. De noche era otra historia. Intentaba no pensar, evadirse, pero no pudiendo estar con nadie, no podía, realmente no conseguía ni siquiera imaginarlo, los recuerdos volvían. Poderosos. El chico diciéndole negro sucio, que se hincara, que se tragara su güevo… Cuando le decía con ese tono cruel, asegurándole como si lo supiera, lo mucho que le gustaría mamársela, le excitaba en segundos. Su propio tolete endurecía feo en la cama. Había algo en el trato, en el tono, en saber que le dominaba, que le calentaba. No podía negárselo. Era dar media vuelta en la cama, cerrar los ojos y sentir la textura lisa y fibrosa de la dura y caliente verga joven, muy blanca, contra su rostro, azotándole como hace un hombre que posee a su puto, mojándole, untándole con sus jugos, ahogándole con su aroma a machito joven. Y tragarla. No quiere, aprieta los dientes, pero tiene que reconocer que le encanta cubrir con sus labios gruesos el gordo tolete palpitante, uno que temblaba dentro de su boca cuando lo lamía, que le regalaba sus jugos, unos que tragaba con avidez mientras escuchaba que era un negro puto que gusta de los güevos blancos. Y el semen…

   Tragando en seco se tiraba de espaldas, su pecho subiendo y bajando, casi saboreándolo en ese momentos, disparo tras disparo de hirviente esperma, babosa, espesa… Totalmente deliciosa.

   Los días se le volvieron un infierno, andaba nervioso, molesto, huraño. Nadie sabía qué le ocurría. Dos veces había visto de lejos a Hank, quien le correspondió con indiferencia, mientras seguía con los ojos el culo de un carajo negro que vivía en las residencias de al lado. Indicándole que podía conseguir lo que deseaba en cualquier lugar. Que él, Roberto, no era tan especial. Y eso le atormentaba, irritaba y desesperaba. Pero, ¿qué hacer? ¿Sometérsele totalmente? Sabía lo que seguía, piensa estremeciéndose, intentando no temblar ante la imagen de la gruesa, larga, nervuda y palpitante verga del muchacho luchando contra su cerrado agujero negro, forzándolo, abriéndose camino, la pálida mole de carne desapareciendo en sus entrañas. Una idea que temía por muchas causas. Por lo que significaría, que ya no era un hombre (como si mamar güevo o tragar leche no lo dijera todo),  y el dolor que seguramente sentiría en su entrada. Sin embargo, y de eso estaba también muy consciente, el tiempo transcurría y se le agotaba. Hank le abandonaría.

   ¿Qué hacer?

……

   Ahora vivía extrañamente semi erecto, siempre, piensa Gregory, aún más consiente ahora de otras miradas sobre su cuerpo. Extrañándole que las que más busque fueran la de otros carajos; tíos que tenían que admitir que estaba buenote, tal vez con envidia. O deseo. La idea siempre le producía escalofríos. No era gay ni nada de eso (se repetía), pero…

   La cosa era a veces incómoda. Y peligrosa. Entraba en las duchas del gimnasio, a solas, medio morcillón, mirarse de pasada en el espejo siempre le producía ese efecto. Su cuerpo era sólido, esbelto, bien trabajado. Estaba bueno, pues. El agua corría sobre su enorme humanidad cuando notaba que alguien más entraba también al área, y aún con los ojos cerrados, dándole la espalda, podía sentirlo, la mirada ocasional sobre su ancha y recia espalda, en el agua que bajaba hasta cubrir y meterse entre sus nalgas redondas, firmes, paraditas. Algo leve, una mirada que lanzaría cualquiera a otro, en un espacio cerrado o apartado, para estar seguro de no estar frente a un delincuente, por ejemplo. Pero a Roberto le afecta, lo siente en el cosquilleos en sus bolas, volviéndose, mostrando su buen tolete medio morcillón aunque no tieso. Y reparaba en la mirada del otro, el sujeto ocasional, que de pronto notaba el cambio en el ambiente. Que aquel no era simplemente otro sujeto, sino uno atractivo, bien proporcionado, de güevo seguramente insolente por saberse de buen tamaño. Era un reconocimiento innato de un tío a otro, y que a él le gustaba demasiado.

   Aquel tío solía darle la espalda, otros le miraban con disimulo, lo notaba aunque aparentaba que no. Y estaban quienes miraban su cuerpo grande y oscuro, con más interés. Uno casi descarado, que le obligaba a volverse, erectándose, enjabonándose, su mano untada de espuma metiéndose entre sus nalgas, restregando, frotando, sabiendo que le mira, que ese sujeto le tiene los ojos clavados en la mano en su culo. Generalmente terminaba si alguien más entraba. La magia se rompía.

   Pero esos cambios los había notado. Los cambios en él. Deseaba ser mirado y admirado. Siempre fue así, pero ahora está peor. ¡Necesitaba llamar la atención! Casi no se atreve a decirlo, pero quiere calentar braguetas.

   ¡Necesitaba ropas nuevas!, se dijo esa tarde al terminar en el gimnasio, cuando casi estuvo a punto de masturbarse siendo mirado por un chicuelo que seguramente apenas llegaba a la mayoría de edad. El joven, mejillas rojas y ojos muy abiertos, le miró con tal calor, deseo y lujuria bajo la ducha, que le costó no llegarse junto a él, hacerle caer de rodillas y masturbarse para bañarle la cara de leche. Pero había más gente por ahí… No era uno de esos gimnasios que había escuchado en cuentos cuando se burlaba de los maricos. Pero así, todavía afectado, con toda esa testosterona dando vuelta en su torrente sanguíneo, decide que necesita un cambio. Tomó el taxi hacia el Centro, y por pura casualidad, cuando abordaba la zona desde la avenida Baralt, ve la unidad de Yamal deteniéndose frente a un motel horrible. Le vio salir, también a la espectacular catira que a veces le buscaba, parecía una gata de ojos brillantes de lujuria, lo notó a pesar de la distancia. Sonrió, vaya, su amigo debía hacérselo muy bien para que esa mujer estuviera ovulando ya.

   Pero no tiene tiempo para eso. Se detiene en el Centro Simón Bolívar, en un estacionamiento oscuro y con pinta de inseguro a pesar de todos los organismos públicos que funcionaban cerca, y fue a una cercana tienda amplia, de cosas para caballeros, donde atendían hombres que no acosaban con el “¿dese algo, señor?”, que molestaba tanto. Es ropa barata, pero de buenos cortes algunas, reconoce viendo los jeans, las franelas. Por pura casualidad se detiene frente a una enorme mesa-caja llena desordenadamente con ropa interior. Sus ojos caen sobre las prendas de colores llamativos, así que toma unos bóxer rojos, otros amarillos, algo casi ofensivo, pero que por lo corto y brillante le produjeron un escalofrío. Traga, se vería tan puto metido en una de esas vainas, hasta dudaba poder entrar. Repara en un sujeto cuarentón, algo obeso y bajo, con una fea chaquetilla azul que indicaba que era un vendedor. Se veía tan poco atractivo y tan poco en forma, que casi sintió pena por él.

   -¿Busca algo en especial? –le pregunta, voz opaca, aburrida. Ya está, pensó el joven hombre negro.

   -Estoy mirando. –es la respuesta que da todo el mundo, metiendo la mano, tomando un bóxer más corto todavía. Sus labios entre abriéndose, el tipo mirándole fijamente.

   -Es algo corto, pero en un cuerpo como el suyo, se vería increíble. –comenta el sujeto como si tal cosa y Gregory traga, estremeciéndose.- Sería todo un espectáculo. –continúa con el mismo tono neutro, metiendo también la mano dentro de las prendas.

   -¿Usted cree? –pregunta al fin, aunque sabe que no debió hacerlo. No seguir ese camino.

   -Si yo tuviera su cuerpo, usaría algo como esto, para pasearme así por toda la casa con todas las ventanas abiertas… -saca una vaina barata, sosteniéndolo entre sus índices, una pieza chillona en azul eléctrico, tipo bikini, notando el oscurecer de los otros ojos.- O esto, para parar el tráfico… -continúa, buscando otra vez y mostrándole ahora, del mismo material, una tanga blanca, pequeña.

   -Yo… no…-sonríe sofocado, nada más metiéndose en esa vaina se correría.- No creo que sea mi estilo…

   -Tonterías. Con ese cuerpo debe lucirlas. A todos se les alegraría la vista. Es casi un deber…

   -No creo que me quede… -intenta escaparse, ronco y con el pecho agitado, deseando tomar aquella vaina ya.

   -¿Por qué no se la prueba allá? –le indica y el corazón de Gregory late pesadamente.- Yo iré y le llevaré otras prendas que han llegado… Y veré cómo le quedan. Seguramente de manera regia.

   Todo Gregory se estremece feamente, sabiéndose atrapado, tomando con mano insegura la pequeña prenda, dirigiéndose al probador, sintiendo la mirada del obeso sujeto sobre su cuerpo. ¿Qué estaba haciendo? ¡Estaba perdido de puto!

……

   El calvo sujeto, lleno de tatuajes y piercing en cejas, nariz y un lado de la boca, parece mayor de lo que es realmente. El lugar es largo pero estrecho, el techo bajo y la iluminación indirecta en casi todas partes, lo hace ver algo chico y sofocante; desde la barra, donde habla con otros dos tíos, pelones también (por elección), mira tatuajes en folios, mientras otras personas recorren la especie de galería, viendo tatuajes y piercing en fotos de personas. Algunas realmente grotescas.

   -¿Galdo? –pregunta una voz estrangulada.- Vengo de parte de Hank… -el hombre, con mirada indolente, se vuelve hacia el joven hombre negro.

   -¿Eres la futura perra de Hank? Me dijo que vendrías, tal vez la semana que viene. Veo que tienes prisa por servirle. Eso es bueno, chico, que te mueras por satisfacer a tu hombre. –le dispara a boca jarrón, frente a los otros dos, que también le miran.

   Y Roberto desea caerse muerto.

CONTINÚA…

Julio César.

PELEON

octubre 22, 2014

OTRO DIOS DEL RAYO

DURO Y SEXY

   -¡Ven acá, hijo de puta! Voy a darte lo que te andas buscando…

Julio César.


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