NOCHE DE HALLOWEEN

octubre 31, 2014

ANSIEDAD

HALLOWEEN GAY

   Arrodíllate ante él, que te espera en lo oscuro.

   Mientras por una puerta su mamá le regala caramelos a los pequeños, él le reparte su dulce a los papis que ya saben donde recogerlo; eso sí, destapándolo con los dientes. Les encanta pasar la lengua por ese hueso.

Julio César.

NOTA: ¿Harán sus fiestas o estamos tan viejos que ya lo vemos como algo malo? A veces hace falta perderse en una tontería si existe la promesa de pasarla bien aunque sea por un rato.

HOLA, MIS AMIGOS…

octubre 30, 2014

YO, JULIO CESAR

   Ah, aquellos días insustanciales.

   Tengo el blog descuidado, lo sé. Dos familiares algo malitos de salud me tienen ocupado. Y preocupado. Ya nos leemos.

Julio César.

LOS ACTIVOS DEL INCOMPETENTE

octubre 28, 2014

RESIGNACION

EL HILO DENTAL DEL EJECUTIVO

   Casi provoca que falle.

   -Ay, jefe, si le contara…

   Nada más entrar y verle, Jacinto Carrión supo que el muy idiota había perdido otra venta. El chico no servía para nada, como no fuera aceptar su responsabilidad. Sabía que si fallaba debía pagar. Y cómo lo hacía. El cincuentón, todavía preguntándose cómo un sujeto como él cayó en eso (viéndole el trasero lo entiende un poco mejor), va aflojándose la corbata, desabrochando su cinturón. Si, falló y merece un castigo, unos azotes, unas sobadas, tal vez una mordiditas o unos lengüetazos… de regaño. No, no podía despedirle a pesar de lo pirata que era. Ni estar mucho tiempo molesto con él tampoco, se dice cuando con la mano da la primera palmada, viéndole tensarse, oyéndole gemir y morder su labio inferior. Sabía perder.

Julio César.

DE TURISMO AL HOSTAL

octubre 28, 2014

NATURALEZA

UN CHICO ATADO Y SOMETIDO

  Su lugar…

   No puede evitar las ardientes lágrimas rodar por todo lo que fue antes, muy quieto, mientras le siente retirarse muy lentamente después de vaciarse, el hombretón lo hace así para que la sienta toda. No llora a gritos ya, no patalea, amenaza ni suplica; abatido, encerrado dentro de sí, va aceptando que ese es su lugar, su destino, un momento importante en la vida de todo chico tomado por un hombre fuerte para que sea su juguete. Había viajado a España con dos amigos para parrandear con las bellas gitanas, saltando a Brujas, y no sabe cómo despertó en ese lugar donde la gente hablaba idiomas extraños, amenazantes y gritados. Le ataron, amordazaron, azotaron, le obligaron a tomar cosas; mareado y caliente, recuerda que fue usado por varios. Y ahora, mientras le acaricia como quien mima a un perro dócil, el hombretón le susurra en mal español: Bienvenido al resto de tu vida, boy.

Julio César.

MAS JUEGOS… AL SOL

octubre 25, 2014

RATÓN… AL SOL

MUSCULOSO EN TANGA AMARILLA

   Grande, musculoso, sexy y en tanga… mojarse en la playa y pasearse cubierto de gotitas de agua era una locura, así como sentir sobre sí todas las miradas… era lo que ese chico que conoció dos mese atrás en los vestuarios le exigía, mostrarse, ser visto, antes de ir, todo caliente, la verga casi afuera, a darle una manada tras una empalizada. Y la tragaba toda aunque el chico la tenía larga.

PAPI CON HILO DENTAL AZUL

   Ese maldito hilo dental que le compró su mujer le alborotaba el huequito (no tan chico, dicen entre risas, todos sus amigos); por suerte su joven hijastro, y los amiguitos de este, se lo calmaban metiéndole a veces hasta tres dedos. En plena orilla de la playa.

TIO CON HILO DENTAL AMARILLO

   Vicente es un hijo de perra obstinado, está decidido, colocando la pequeña y discreta cámara en su sitio, a demostrarles a las mujeres de los carajos de su equipo de futbol, que a estos les gustaban las cosas de maricos y se la metían a cualquiera por el culo cuando estaban bebidos. Claro, es bruto, con esa vaina puesta y la oferta de trabajárselas con su hueco, todas entenderían que no se resistieran. Eran hombres después de todo… y las putas los enloquecían. Y si, todos se la meterían allí mismo.

Julio César.

NOTA: Todas las imágenes han sido tomadas de portales gratuitos; me aseguran que estás también (no las encontré yo). Me dicen, y cuesta creer que la gente sea tan… osada, que muchas están en Facebook. Qué nadie se moleste, por favor. Aunque con esas pintas… seguro que esos carajos se divierten bastante, ¿no?

REGRESO A CLASES

octubre 25, 2014

SUPERNATURAL, ¡ESOS HIJOS DE…!

JARED AND JENSEN

   De vuelta.

   Amigos, estoy bastante descuidado con la serie, lo sé; también estoy al tanto que a muchos les molesta que inicie historias y no las termine. Qué pena. Debo confesar que estoy pensando, en serio, no traducir o interpretar trabajos ajenos. Creo que no entiendo bien la mentalidad norteamericana, hay cosas que me parecen absurdas. Tampoco soy bueno interpretando lo que las mujeres sienten. Algunos relatos me gustaron por sus conflictos, como el que titulé Jared hace caer a Jensen, o Jugando. También De Novios, que es tan graciosa, pero por lo general no me siento bien con tanto sentimentalismo. Historias como Correrías en Boston, o Dean vs Cass, si me gustaban, porque Dean Winchester era quien hacía sufrir, y perdí los archivos. Cuando llevó mis propios cuentos, puedo hacer con los personajes lo que quiera, y eso sí me gusta. Me deja margen de maniobra.

   Presento un Padackles, nunca he escrito uno, y este es medio ambicioso, pero sólo puedo escribir así. Revisándolo, sonreí, siempre comienzo igual, con una escena algo caliente y luego retrocedo. Este no es la excepción. Hace tiempo que quería crear algo al respecto, y un episodio de CSI me dio la idea: en una reunión de secundaria un grupo de personas se reencuentra con el pasado. Aquí pasa eso. Al final verán que se me pasa un poco la mano, pero ¿acaso no fue esa época de nuestras vida sino puras locuras?

   Aquí un chico algo nerd se topa con el más popular y todo comienza…

……

PADACKLES KISS

   Cuánto lo soñó…

……

   Es como siempre; molesto y enfurruñado, Jared Padalecki sube las escaleras a la carrera, se detiene frente a la puerta y abre violentamente, sin llamar.

   -¡Eres un hijo de puta! –ladra totalmente furioso.

   -Vete a la mierda, Jay. –es la indolente respuesta, tono burlón y chulo, una sonrisa ampliando los hermosos labios masculinos, su torso ancho y armónico brillante de transpiración, el pantaloncete blanco del uniforme de futbol americano abierto, las trenzas colgando, los castaños pelos púbicos, esos malditos pelos púbicos que le gustaba recorrer con sus dedos, mostrándose levemente, el bulto destacándose entre sus piernas…

   Le abofetea, Jared tiene que hacerlo, porque el otro era eso, una mierda. Le ve retroceder con el pecho agitado, cerrando los puños, ahogando un gemido de sorpresa y dolor, mirándole con ojos brillantes y terribles, llevándose el dorso de la mano a la boca que enrojece y sangra un poco. Y se le va encima. El insolente hijo de puta le rodea el cuello con sus brazos húmedos de sudor, halándole con fuerza, obligándole a bajar el rostro para encontrar su boca y cubrirla, la lengua cálida y reptante moviéndose contra sus labios, el cuerpo totalmente pegado al suyo, alzándose en peso y rodeándole las caderas con sus piernas.

   Ahora Jared lo tiene todo unido a él, esa boca enloquecedora tentándole, ese peso erizándole, abre la suya y la lengua entra, ávida, sabia, mórbida, algo salina por la sangre. Le besa, atrapa su lengua y se la chupa y el castaño alto siente que se muere, que todo le da vueltas mientras se las arregla para recorrerle la húmeda y ardiente espalda, bajando hacia las redondas y firmes nalgas sobre el uniforme blanco. El otro sabía encenderle siempre. Era su poder sobre él.

   Le besa también, tiene que responderle porque era imposible rechazar a ese maldito dios del sexo, su saliva, gemidos y aliento le enloquecían; jadea cuando los blancos dientes del otro muerden su labio inferior, haciéndole sangrar también, bebiéndolo todo con un ronco jadeo de lujuria. Totalmente erecto ya, doliéndole de lo dura que la tiene, le lleva hacia la mesa, sosteniéndole por las nalgas duras bajo la elástica tela, sentándole y metiéndose más entre sus piernas. Se besan, sus bocas se unen totalmente, sus lenguas se encuentran y sabe que no cambiaría ese instante de su vida por ningún otro, por muy maldito que el otro fuera. Le besa ahora mientras clava sus uñas en la transpirada espalda, siempre estaba así después de la práctica, la piel caliente, la respiración agitada, todos excitados al verle jadear por aire sobre la grama. La idea era odiosa, pensar en todos esos hombres que le deseaban, que se morían por entrar en sus calzoncillos. Se separa un poco cuando el otro mete las manos entre ellos, atrapa la parte superior de su camisa hawaiana y la abre violentamente, haciendo saltar los botones, y se unen otra vez, torso contra torso, piel sobre piel. Al castaño le enloquece sentirle tan húmedo, tan caliente, la piel de su espalda tan vibrante y joven bajo sus palmas.

   Totalmente excitado se separa y le muerde la barbilla lentamente, algo que le encanta al chico castaño, raspándole la mandíbula levemente sombreada por aquella pelusa amarillenta rojiza, oyéndole reír bajo; con la lengua le saborea, y aún más cuando baja por su cuello, recorriéndolo de abajo arriba, sobre su manzana de Adam, siguiendo la línea de la carótida, sintiéndola palpitar locamente bajo su paso. Oh, Dios, sabía tan bien, se dice al tragar. Escucharle ronronear, sentirle temblar de lujuria, le tiene a punto de correrse. Le acaricia y recorre el plano abdomen con la mano, bajando, metiéndola en la bragueta abierta, sintiendo el cosquilleo en la punta de sus dedos cuando recorre el nacimiento de los pelos púbicos, donde araña con sus uñas, amando tanto la sensación al hacerlo como los gemidos del otro cuando lo hace.

   Su mano lucha y la mete, encontrando la tela áspera del aún más transpirado suspensorio, y tocarlo le hace gotear la verga de ganas, pero cuando le atrapa el miembro, duro bajo la tela, una sensación increíble contra su mano, teme enloquecer. Casi tiene el cerebro frito. Lo atrapa en puño, y goza al oírle gemir, pero sufre porque no le alcanza la vida para tocarle. Mueve su puño de arriba abajo, masturbándole sobre la tela húmeda. Baja, inclinándose, olfateando en su entrepiernas, percibiendo su olor a sexo, soñando ya con tenerla en su boca, llenándosela, quemándole la lengua…

   -Si, baja, Jay… Chúpamela… -le oye ronronear, voz ronca y cargada de lujuria.

   Y no hay nada que Jared Padalecki desee más, se dije hincándose sobre una rodilla, admirando la deformación de aquella carpa bajo el pantalón deportivo cuando retira su mano, tocándola nuevamente sobre la tela, apretándola con su puño y frotándola otra vez. Quiere sacarla ya, sabe que la encontrara dura y pulsante, desea subir y bajar su puño sobre ella, sentirla en directo contra su palma, y ver llenar el ojete de líquidos claros y espesos antes de bajar su boca y recogerlos con su lengua… Si, lo quiere mucho, es lo único que le importa… Bueno, no solamente eso, también quiere saber quién es él, el chico dorado cuyo sudor ha saboreado. Eleva la mirada, quiere ponerle un nombre y…

   El timbre se oye una y otra vez, despertándole sobresaltando, y sobre su cama, casi sentándose, entendiendo a las mil quinientas lo que acaba de ocurrir. Jared Padalecki gime largamente, dejándose caer de espaldas. Dios, El Sueño (así, con mayúsculas), su sueño preferido, uno que de noche en noche le llega y ahora le interrumpían. El maldito timbre del teléfono no cesa y lo toma.

   -¿Si? –es brusco.

   -¡Niño, qué tono! ¿Interrumpo? –se oye una dulce voz de mujer, que luego se inquieta.- ¿Estabas con alguien? Ay, Dios, Jared…

   -No, no, Sandy, está bien. –le tranquiliza, medio sentándose echándose hacia atrás en la cama, metiendo los dedos dentro de su enmarañado cabello.- Acabo de despertar, es todo. –hay un silencio que le incomoda. Una vez, en medio de unas copas, le contó algunas cosas. Esperaba que Sandy no lo recordara.

   -Lo siento… -algo le dice que sí lo recuerda.- Pero voy saliendo para el colegio, debo dar una clase temprano, y le prometí a Chad que te sacaría una respuesta. –el malestar vuelve al joven.

   -No lo sé, Sandy, ¿crees que sea una buena idea? ¿Volver a Texas para un reencuentro escolar? Nunca fui popular, ni la pasé muy bien.

   -No es solamente eso. Está el homenaje al profesor Beaver. ¡Y deja de pensar en la secundaria como un tiempo de horror que te atrapará otra vez! Han pasado, ¿qué?, ¿doce años? Estaremos bien. Será seguro volver a la escuela. -asevera, pero Jared no sería un buen amigo de la joven mujer si no notara la leve nota de inquietud.- Además, volverás como un triunfador. Chad parece decidido a ir, pero no quiere hacerlo solo.

   -Te la pasas en Texas, ¿no le basta contigo? –hace un puchero, uno que sabe que ella casi puede ver.

   -No es lo mismo. Lo sabes. Si debemos enfrentar a lagartonas como Danneel Harris o Genevieve Cortese, aún yo necesitaré de todos mis amigos presentes.

   -Lo que necesitarás es antídoto contra mordeduras de serpientes, aunque te lo merecerías por ir y meterte en ese nido de víboras tú misma.

   -Jared…

   -Está bien, hablaré con Chad. Le llamaré para almorzar. No prometo más. –se apresura cuando ya adivina los chillidos de triunfo de su amiga.

   Poco después corta la llamada y deja el teléfono sobre la mesita. Recorre la amplia recamara, su dormitorio, lleno de todas las cosas que le gustan. Es un lugar que le hace feliz; tal vez con más aventuras románticas (sexuales, como aclara Chad), sería mejor, pero… En esos momentos no se siente muy feliz. Encoge sus largas piernas bajo las mantas y se las abraza con los brazos. Volver a Texas… No, no le agradaba la idea. Aunque el señor Beaver lo merecía.

……

   -No entiendo tu reticencia a ir. –se queja Chad Murray, mirado a la bonita camarera que les lleva una botella de vino a la mesa cuando se reúnen a almorzar.- Si a alguien le ha ido bien en la vida es a ti. Eres toda una celebridad, el joven escritor que más vende dentro de su generación… y la que vino antes. -finge recitar, probando la bebida.- Qué manera de decir que te leen los viejos.

   -Idiota. –sonríe Jared, acercando el plato de pastas.- ¿Qué vas a saber tú de literatura? Si no aparece en la Playboy…

   -Ya dejé de comprarla. Muchas letras. Muchos textos. No hay suficientes desnudos. –juega sonriendo leve, viéndose realmente guapo, reconoce Jared, que como gay, puede fijarse en esas cosas. El aire de chico malo de su amigo, sumada a su cara alargada, cabello rubio brillante, ojos azules verdosos, causaba estrago entre las féminas… Detalles que ahora si pueden apreciarse, no como cuando padecieron la secundaria.

   -No quiero ir, Chad. Ni Sandy. Tú tampoco. No nos fue bien. No nos irá bien.

   -¿Bromeas? Sandy está caliente, tú igual, y eres exitoso; yo soy el sueño de lujuria de todas en este local. –asegura con falsa modestia y Jared ríe, aunque admite que no está lejos de la verdad. Los tres se ven realmente bien.

   -¿Para qué quieres someterte a eso? Reunirse con un grupo de hijos de perra a quienes odiábamos y que nos atormentaron durante años, y que ahora quieren ver a los que han fallado, a los gordos y a los perdedores.

   -Y ninguno de nosotros lo es. Ni gordos, ni fracasados… Estas viviendo un bloqueo como escritor, pero…

   -¡No es un bloqueo! –se defiende, inquieto, el otro le mira fijamente y baja la vista.- Es posible que no sea un hueco en mi carrera. Tal vez… ya conté todo lo que necesitaba decir y todo terminó. –pone en palabras un temor que lleva padeciendo semanas, que no pueda escribir más.

   -¡Tonterías! Es un bache temporal. Eres muy joven para sufrir de eso. Y nadie sabrá que andas pasando una sequía. -el joven se detiene, mira el vino y a Jared le cuesta reconocer a su amigo alocado y algo promiscuo.- Tenemos que ir.

   -Sólo sabes decir eso. Estás de lo más críptico desde que recibiste la invitación. –se extraña.- ¿Quién te la envió este año?

   -Telfer, ¿le recuerdas? Paul Telfer, el chico bonito. -dudó en decirlo.- Está casado con Pauley Perrette, ¿lo sabías?

   -Lo sabía. Y que ella te encantaba y que te bebías los vientos por ella. ¡Tan loca! –sonríe leve.- Está bien, Chad, si es tan importante para ti, iremos. Aunque me parece extraña tu persistencia, sé que ya han tenido otras tres reuniones y nos han invitado a todas, y jamás te interesó, ¿por qué ahora si? -¿acaso Chad “sangre de horchata” Murray enrojeció?, frunce el ceño, debe haberlo imaginado.

   -Porque nos llegó el aviso de última invitación, si no aparecemos no llegará otra; además, habrá el homenaje al señor Beaver y… hay algo que me quedó pendiente. -y bebe, algo sofocado… recordando aquella boca vehemente y hambrienta que rodeó su verga, atrapándola toda, succionándola de una manera que cree jamás se ha repetido, doce años antes, robándole la paz.- ¿Y qué? ¿Quieres hacerme creer que no deseas reencontrarte con nadie, como cierto pecoso futbolista?

   -¡Claro que no! –se ofusca. Dios, eso es lo último que desea.

……

   Malhumorado, Jared Padalecki se encuentra una mañana abordando un taxi cargado de cosas rumbo al aeropuerto Kennedy, con destino final a San Antonio, Texas. Todo ha pasado muy rápido, no ha tenido tiempo de detenerse y plantearse si desea ir o no. Claro, desde un punto de vista humano, lo desea. Ver los lugares de su niñez y juventud, a muchas de las personas que dejó atrás… pero no a sus condiscípulos, la secundaria había sido una pesadilla. Una que le estigmatizó un poco. Pero Chad tenía razón, ya no era aquel espeluznante chico de cabellos sobre los ojos y que podía ocultarse tras un poste telefónico. Ahora era un triunfador, un reconocido escritor…O, bien, algo por el estilo.

   ¿Sería suficiente para enfrentar a toda esa jauría? ¿A…? Lo deja así, más ceñudo mientras sube al taxi y con no muy buenas maneras indica su destino. De ser un sujeto afortunado, un tornado habría estado arrasando Texas, o un terrorista habría llamado anunciando haber colocado una bomba en uno de los aviones y no habría partido, pero no tuvo suerte. Ocupando un lugar junto a una ventanilla en primera clase (insistió en ello aunque Sandy y Chad lo creyeron una tontería esnobista), mira al exterior. A su lado, su amiga bebe algo frío, mirándole con una sonrisa tonta.

   -Deja la mala cara, vas a pasarla bien.

   -Chad y tú no se cansan de decirlo. –gruñe, algo resentido, mirando hacia su amigo, acompañado de su bonita novia.- Él va con Sophia, a ti te espera tu novio. Yo me presentaré frente a todos como el fracasado que llega solo.

   -Con suerte no te notarán, como cuando estudiábamos con ellos. –ríe ella, divertida de su mala cara.- Deja de ser tan gruñón, no te queda.

   -¿Sabes?, casi espero que no me noten.

   -¿No tienes ni un buen recuerdo de todos esos días? -le reta ella, sonriendo contenida al verle enrojecer feo, sabiendo que algo hay, pero viéndole endurecer los labios en una delgada línea.

   -No lo suficiente para olvidar que Chad era Míster Magoo, siempre queriendo ligar chicas que se reían del “topo ciego”. Tú… -se azora.

   -Era la Ballenita Josephine. Lo recuerdo. –traga un poco afectada.- Pero ahora estoy divina.

   -Y yo era el Míster Palillo. –siempre le dolía recordar la de veces que entró a un salón de clases y dibujado en la pizarra estaba un monito con cabeza, una raya como cuerpo y otras cuatro para brazos y piernas. Y eso sólo fue una parte.

   -Todo es distinto ahora. Eres joven, guapo, triunfador y talentoso.

   -Eso lo leíste en la contraportada de mi libro, ¿no puedes inventarte algo propio si vas a animarme? –se burla y medio ríen, y su rostro cambia totalmente cuando lo hace, todo hoyuelos y dientes blancos  fuertes, ojos brillantes. Callan un rato.

   -¿Has pensado que…? –comienza tanteándole.- …¿Qué puedes encontrarle sentido a todo el pasado… y Al Sueño?

   -Sandy… -se agita.

   -¡Sólo digo! Aún sigues sin verle la cara, ¿verdad?, en tus sueños húmedos; y llevas años en eso. Pero sabes quién es. Lo sabes muy bien. Tal vez ahora…

   -¿Déjalo, si? –por un momento pierde el buen humor, mirando por la ventanilla otra vez.

   -Ay, Jared, la vida es demasiado corta para vivir tan lleno de hiel. Suelta un poco, amigo. Sé feliz.

……

   ¡Oh.Por.Dios!, se dice entrando al auditorio escolar, ¡los globos, las luces, la música!, todo era como en las fiestas cuando estudiaba allí. La gente, sin embargo, ha cambiado. Mucho, en algunos casos, para sólo doce años. Las mujeres se ven hermosas, muy arregladas, perfectas, como deseando mostrar que siguen siendo las bellas del colegio. Los hombres se veían algo más ajetreados, aunque claro, sin obesidades marcadas, calvicies totales o arrugas aún. Estaban, pensó cruel, a unos ocho años de eso todavía.

   Nada más entrar, todo elegante dentro de sus ropas sport, se presentó en la recepción donde una mujer que ni le miró le buscó en las listas.

   -¿Padalecki? ¿Seguro que eres de esta promoción? –le preguntó, alzando la mirada, sin reconocerle, sin reparar en esa postura, altura y musculatura que hacía volver las miradas femeninas, y una que otra masculina, las que le agradaban. No, ella (mira su nombre en el membrete, Ashley Olsen, increíblemente delgada, tanto que demacraba un poco sus facciones), enfrentaba a uno de los chicos invisibles.

   -Soy de la promoción y fui invitado. –entrega el sobre, mortificado. Había quedado en llegar con Sandy, el novio de esta, Chad y Sophia, para no entrar solo, pero se retrasó hablando con su madre.

   -No veo tu nombre, ni te recuerdo. –parece acusarle de querer colarse.

   Por Dios, ¿es que la mierda de la secundaria jamás terminaba? Ya va a discutir cuando es interrumpido por una voz a sus espaldas.

   -Es de esta promoción, Ashley. Es Jared, Míster Pitillo.

   La delgada mujer le mira nuevamente, como si acabara de abrir los ojos encontrándole ahí, riendo leve.

   -¿Míster Pitillo? ¡Claro! –y señala algo en su lista.

   -¿Todo bien, Pitillo? –pregunta el sujeto a sus espaldas.

   Ah, no, esa mierda no. ¿Le anotaron así? ¿Pitillo? Se vuelve furioso para comenzar un show, de gritos y reclamos, comenzando con ese sujeto que le identificó de esa manera, pero se topa con una leve sonrisa sardónica en unos labios llenos y sensuales, unos que parecen hacer juegos con unas adorables pecas y unas largas, muy largas pestañas enmarcando unos hermosos ojos verdes.

   Dios, el capitán del equipo de futbol, Jensen Ackles…

……

CHAD MICHAEL MURRAY

   No hay Padackles sin Chad Michael Murray, el siempre mejor amigo de Jared. Aquí asistirá a la reunión acompañado de su novia, pero esperando enfrentar una vieja pasión. Y va con mala leche por lo mal que fue tratado antes. Sabrán que nunca me ha parecido el gran actor, en La Casa de Cera, Jared Padalecki debió ser el protagonista.

SANDRA MCCOY

   Sandra McCoy, Sandy, la eterna novia de Jared en mil historias, o su mejor amiga cuando le sabe gay. Aquí es amiga. También ella tiene muchas cosas qué demostrar en esa reunión, aunque no esperaba lo que luego ocurriría.

CONTINÚA

Julio César.

CALIENTE

octubre 25, 2014

LA VENGANZA DEL MAL PADRINO

TIOS CALIENTES

   -Ni así se acaba ese fuego que le mata. Pero si el ardor estomacal se calma con leche, tal vez con mucha de mi leche…

Julio César.

AFLICION Y GOZO

octubre 25, 2014

LEY NATURAL

SUMISO Y TRAGON

   La dualidad de la vida a saborear…

   No hay momento como cuando ves en su cara la angustia, succionándola tenue, repasándola con su lengua, su mirada torturada… porque la ha probado y le ha gustado. Es la cara de quien se descubre a sí mismo, asustado y a un tiempo emocionado. Y sabe que tú lo sabes. Que entiendes que le gusta mamar. Es el transcendental momento cuando ambos asumen internamente que ya no es tu panita de parranda, tu camarada de borracheras, tu rudo amigo del alma, sino una perra ávida de huesos duros. Comprendes que su angustia viene de entender, mientras lo traga con bucheos y gemidos, que ya no podrá dejar de comerlos, que ya no es el hombre de antes. Pero lo gozas, el momento y lo que vendrá, ya que por un tiempo no querrá que se sepa, se cuidará, así que cuando el hambre apretara sólo la suya le saciará. Aunque, mientras le gruñes “trágatela toda, puta”, por dentro sabes que lo contarás y que llevarás a otros… Después de todo, aunque un tragón, le aprecias así que le ayudarás a que goce a plenitud su sexualidad. Que se coma las del mundo entero si es su deseo.

Julio César.

PROTAGONISTAS DE LA TELENOVELA FASCISTA

octubre 25, 2014

LA DEFENSORA Y LA TARJETA DE RACIONAMIENTO

SEXY BOY

Siempre engañando a los chicuelos ingenuos…

   Es notable cómo la gente degenera a simple vista, exhalando hasta mal olor, y cómo sus aberraciones no impactan. No convencen sus cuentos, disgustan sus tonterías, pero el mundo sigue girando; bien, si sobrevivió a Napoleón y Hitler, bien puede con estos. Hay que aclarar, por feo que suene, que esos son síntomas de sociedades enfermas, al igual que gripes a cada rato, dengue, chikungunya, pava y mal de ojo. En Venezuela, que pasa por momentos terribles porque la más cuantiosa fortuna ingresada por conceptos de precios petroleros elevados fue robada en su totalidad, hasta la bolsas donde venían los verdes billetes se llevaron, y ahora no hay cómo comprar medicinas o alimentos, y peor, el whisky medicinal para la tensión, el Presidente de la República viaja a las Naciones Unidas con una comisión gigantesca de familiares, amigos, asomados y gorrones, todos escandalosos, ramplones y ordinarios, y gastaron plata como pachás, parecían jeques árabes.

   Uno se preguntaba ¿a qué iba toda esa gente para allá?, (Estelita Morales no se lo pregunta, claro), y todos respondían “chico, viene diciembre, se fueron de ‘chopin’ a la Gran Manzana”, y es cuando se entiende tanto rastacuerismo e imaginamos la larga hilera de camellos cargados de suntuosas y costosas tonterías, todo cargado al erario nacional. Ah, pero cuando un diputado opositor señala el increíble despilfarro, este comienza a ser investigado como jefe de una banda que amenaza y mata gente del Gobierno. El Segundón al mando, el Patino del Presidente, chilla en el Parlamento que “ese hombre le asusta”, “que tiene miedo y debe encerrársele”. ¿Coincidencia?

   Una red informativa, Reuter, denuncia que un país petrolero, exportador, productor hasta hace poco como lo era Venezuela, ahora tiene que comprar petróleo ligero, aquí lo meten en un envase que dice ‘Made in Venesuela’ (mal escrito como suelen hacerlo los castristas), algo que se nos ocultaba, ¡que Venezuela tiene que comprar petróleo!, y en seguida saltan con aquello de que tienen las pruebas de una conjura mediática internacional con sede en el Tíbet, de la cual la agencia noticiosa es el centro, controlada como está por reptiles marcianos. O Álvaro Uribe Vélez (quien se les aparece en sus pesadillas, ¡le tiene un culillo!), no queda muy claro, ¡cambian tanto los cuentos! ¿Coincidencia también?

Julio César.

UN SUEGRO CONSIDERADO

octubre 25, 2014

PRIMITO PUTITO

UN HOMBRE, SU CHICO Y UN BATE GRUESO

   Ya podía con todo.

   Gabriel gime y se muerde los labios mientras su suegro frota la aceitada cabeza del bate contra su culo que se abre con gula insaciable. Mientras se lo mete, riendo, rotándolo en sus entrañas, sintiendo su esfínter abrazar la madera, lanza un ronco jadeo, más oyendo al hombre decir que ya vienen sus amigos, que todos se morían por meterle otra vez sus güevos calientes por todos lados. Y las palabras, las promesas, el bate metiéndose y metiéndose una vez vencida la resistencia, la visión del enorme oso que sonríe complacido teniéndole allí tan sumiso y entregado, es más de lo que el pobre chico puede soportar. No sabría decir cómo había comenzado la cosa, fue una noche, tomando con su suegro y varios amigos de este, veteranos policías también, cuando veían una porno y todos enloquecieron, estaban calientes, duros, sus toletes babeaban. Él era el más joven y bonitico, le cayeron encima, lo tocaron y desnudaron, y su suegro, por ser su suegro tenía ese derecho, se la metió toda de primero, cabalgándole duro, a fondo, con fuerza… haciéndole delirar de puro placer; teniendo, y disfrutando, que atender a los otros también.

   Ahora era la puta de sus fiestas, pero esos hombres andaban siempre tan ruines que no podían esperar por sus turnos, generalmente tres, una de ellas en su boca, y se la metían, por el culo, de a dos, para gozar más. Por suerte, el suegro, tan considerado como siempre, se lo trabajó, dilatándoselo debidamente. Y cerrando los ojos, dejándose caer, apretando y aflojando su culo sobre el bate, recuerda la primera vez que el viejo oso le metió la mano y el antebrazo hasta el codo. Dios, cómo le gustó.

Julio César.


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