LA LLAMA ARDE TODAVÍA

CARTAS QUE NO LLEGAN…

    El amor nació de todo eso…

 

   Los amigos de la hoguera continuaban allí, desperdigados entre la multitud, anónimos, discretos, parecidos externamente a todos, pero reales. Continuaban allí porque el poderoso sentimiento que los hermanó y marcó sus vidas no había nacido de algo hermoso, triste, nostálgico. No llegó de un momento de frustración o impotencia, o de recogimiento íntimo ante la presencia del poder de un amor tan grande. No surgió de una única situación, aunque una sonrisa de medio lado, pícara y enigmática, o aquella mirada intensa e inmensa como el cielo mismo dentro de una tienda tuvieron mucho que ver; pero no fue lo único. Ellos habían nacido de todo eso, de muchas cosas, del pedazo del secreto que tocó cada vida, del reconocimiento duro que cada uno tuvo que hacer de su existencia.

 

   Ya han pasado dos años desde que fue estrenada en Venezuela, y el tiempo lima asperezas; el sentimiento de pérdida, de melancolía, el dulce dolor de un amor tan poderoso no llevado a feliz término irán menguando, ha menguado (hasta que esos ojos cuajados de lágrimas miran las camisas), y la vida continúa, pero la belleza de la montaña con sus cielos fríos y sus verdes prados, la agonía de una separación que no se imaginó tan dolorosa, separación que llegaría una y otra vez, la rabia y las lágrimas amargas, saladas ante la partida irreparable del que ríe y sueña, la tristeza de la amarga soledad, de la frustración y el fracaso final, siempre estarán allí, para uno o muchos. Los amigos de la hoguera seguirán viviendo sus vidas creyéndolo todo en el pasado, olvidado, superado, mirando hacia atrás y diciéndose: “fui un poco tonto en esa época, ya no”, pero, de pronto, se los encontrará nuevamente.

 

   No sabrán cómo, cuándo o por qué, pero en un momento dado levantarán las miradas de repente, al creer haber oído su nombre pronunciado por el viento, por la nada, cuando se está a solas; o cuando entre a un cuarto vacío en una casa deshabitada, donde nadie más se encuentre, cuando la soledad sea ese compañero intangible pero real, reconociendo que siempre ha estado ahí; o cuando mire por una ventana, y arrugando la frente repare en que lleva mucho tiempo sin mirar el firmamento, sin notar sus colores que han ido cambiando; cuando caiga en cuenta, con insatisfacción, en cuánto tiempo de su vida ha transcurrido ya, negándose a hacer un balance de todo. Y puede que ocurra mañana, o dentro de algunos años, cuando crea que ya no recuerda.

 

   El sábado pasado, en el canal MGM, volví a verlos, obligado a mirar cada escena, allí donde no podía adelantar o saltar sobre las dolorosas, buscando únicamente aquellas que me gustan. Y los redescubrí. Soy un cuentista sentado alrededor del fuego, las sombras juegan sobre estas páginas mientras escribo creyéndome solo, pero sabiendo en verdad que unos cuantos andan por ahí. Los amigos de la hoguera fuimos marcados un día allí donde no podemos borrarlo: en los sentimientos, en el corazón… en el alma.

 

FUERON DE VISITA A LA MONTAÑA

 

Julio César.

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