Archive for 26 marzo 2009

ARROPADOS DE PATRIOTISMO

marzo 26, 2009

DE ARMAS TOMAR

ternura-de-hombres

   Sólo sería una vez, pero Mark bajaba la mano por más…

 

   Era un alto en la guerra. Steve y Mark se las habían visto canutas en el conflicto. Hubo un momento de miedo cuando pensaron, acorralados por los irregulares, que todo terminaría allí. Y Mark le susurró que tenía miedo de morir lejos de todo. Y Steve lo abrazó, por ese temor que brillaba en sus ojos, por su propio miedo. Pensaba que consolándolo, que borrando esa mirada de sus ojos, calmaría su inquietud. Y al atraparlo entendió cuándo lo quería, a ese tipo que siempre cuidaba de sus espaldas. Su hermano de armas. Salieron del sofocón, pero Steve no podía estar tranquilo; y cuando Mark lo invitó a llegarse al pueblo a tomar algo en esa habitación, algo le dijo que discutirían sobre mucho más. No hablaron, eran marines, tan sólo hubo lucha cuerpo a cuerpo, y disparos. Muchos disparos. Disparos abundantes, calientes y desesperados de dos guerreros que habían sentido su propia mortalidad. Fue una locura, algo que no se repetiría, cada uno lo sabía, pero…

 

   -Deja. Mark… -intenta, sin esforzarse, detenerlo.

 

   -Mañana volvemos al frente. –fue la respuesta; y el apretón. Y las ganas de luchar despertaron de nuevo.

 

DESPERTAR ENTRE AMIGOS

 

Julio César.

MIRA EL CARRITO

marzo 26, 2009

GALLY

alfa-8c-competizione

   Viviría gruñéndole a todos: ¡no lo toquen…!

 

   Hace poco una amiga compró un carro nuevo, o coche, como le dicen ellos (me pregunto, carreteras ¿no viene de carros?, ¿o será al revés?, pero en fin), y me dio curiosidad por ver algunos modelos. En una página de carritos ‘balurdos, encontré esta belleza, el Alfa Romeo 8c Competizione. Imagínense, un carro con nombre, apellido y número de identificación, seguro tiene partida de nacimiento registrada, ¿cuánto costará tanto lujo? Pero no se trata únicamente de que sea armonioso visualmente, el aparato es una verdadera bestia de potencia. Es capaz, al menos teóricamente, de alcanzar los doscientos ochenta y dos kilómetros por hora en tan sólo cuatro punto cinco segundos, ¿no es increíble? A todo el mundo le gusta eso en un carro, velocidad y potencia, pero, honestamente, tanto es como para inquietarse. Dígame si lo maneja un loco como mi hermano Miguel, que conduce montándose en la línea media de la vía, que habla y voltea a responderte, que se pega de otros carros por detrás y corre como un demente. Jame Bond debe usar uno como este, y conducir así también.

 

   Pues, esta belleza también viene en un modelo descapotable, el 8c Spider, considerado uno de los más lujosos y potente del mundo, con un motor V8. No manejo muy bien, por cuestiones largas de explicar, pero ya me imagino llegando a Tacarigua de la Laguna (poblado no muy bonito y algo mísero; no hay problema, nadie allí me lee), rugiendo el motor (es imaginado, dicen es silencioso), con mis lentes oscuros, el cabello al viento (se me notarían las entradas), con cara de suficiencia, la vía despejada a mis espaldas, con los otros carros muy atrás, y el cielo azul cobalto sobre mí, con el sol haciéndolo brillar… Ah, qué éxito sería. Claro, tendría que llevar mi propio policía en la maletera, como el Transportador, o de ahí salgo llorando en la parte trasera de un camión de cargas, preguntándome quien se lo llevó, mientras aparto a los cochinos que quieren hacerme confidencias de mataderos.

 

   No, fuera de juego, ¿no es una hermosa pieza por lo que vale la pena trabajar, soñando con poseerla? O al menos tener plata para esos gusticos. Sólo tal vez… no en este color.

 

GENTE CON LA QUE NUNCA ES SUFICIENTE

 

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… (14)

marzo 26, 2009

LUCHAS INTERNAS                         … (13)

nada-como-un-profesional

   El urólogo se divertía más…

……

 

   Al entrar en el elegante salón, Eric la vio en seguida. La mujer destacaba como una hermosa flor en medio de un desierto. Elegantemente trajeada de negro, Marsella Salas tomaba una copa sentada a la barra, rodeada de cuatro o cinco hombres, jóvenes todos, que rivalizaban por contarle la anécdota más divertida, la historia más inteligente. Todos querían llamar su atención. Ella ríe leve, con su tono ronco tan particular. Sus increíbles ojos parecen chispear, pícaros, inteligente y totalmente irreverentes. Se sabe una reina rodeada de zánganos, aunque zánganos muy atractivos. Eric cruza el salón y va hacia ella, saludándola, disculpándose por llegar tarde. La mujer lo evalúa, sin muchos reparos, según nota él. Es atractivo, se dice la mujer, pero no para alguien como ella. Una mujer de su calibre es capaz de clasificar y separar el trigo de la paja en un segundo, por lo que Eric quedó automáticamente descartado como zángano; aunque tal vez… sirviera para algo más, se dice Marsella, divertida para sus adentro.

 

   Con un aire indolente, la mujer se despide de su corte y precede al abogado hacia una mesa. Muchas personas se vuelven a mirarla, y de paso a él, preguntándose quién sería ese hombrecito que acompañaba a Marsella Salas, debía ser alguien, aunque no lo parecía. El joven sabía algo de la mujer, quien era una leyenda fabricada por ella misma. Y en vida. Cuando en los medios de comunicación venezolanos era tabú hablar de sexo, ella lo habló. Cuando Carlos Arturo Téllez se encontraba en pleno apogeo durante su primera presidencia, todo poderoso, todo crueldad y tortuosidad; ella lo encaró con aire ligero, desmintiendo que el hombre fuera un monstruos sexual, o de cualquier otra índole como no lo fuera por su falta de escrúpulos e inmoralidad.

 

   Inteligente, bella y esnobista, la mujer creía ciertamente que había gente mejor que otra. La prueba estaba en todas partes. Había tanto ranchos con parabólicas, tanta casas de cartón, llenas de muchachos sin estudios, rodeadas de basura, pero con mujeres viendo televisión y con celulares en la cintura, que era una firme creyente de que esa gente tenía nada más y nada menos que lo que merecía; y que no valía la pena preocuparse por ellas; que se podía sacar a alguien de un rancho, pero no al rancho de esa persona. Odiaba la vulgaridad, la grosería y la simplonería, por ello era una férrea enemiga de la gente del régimen. Para ella no eran más que delincuentes recién vestidos, gente de mal gusto, de mal talante e incapaz de aprender. Siempre serían basura inútil, independientemente de donde estuvieran o lo que robaran.

 

   Dada su personalidad chispeante, por un tiempo se dedicó a la política. Por afinidad se unió a los socialdemócratas, pero pronto se decepcionó de esa gente. Entró en el mundo de la televisión, pero le tenían miedo, por polémica, por insolente, por dura. Finalmente gravitó hacia la radio, donde desde hace años conduce un espacio ligero, pero feroz. Era una mujer de batallas, y las daba cuando sus enemigos eran poderosos, de tú a tú, sin miedo. Fue una de las primeras, además del viejo periodista Rafael Poletto (un hombre que tenía dos malas costumbres, tener razón siempre, y decirle a todo el mundo del mal que iban a morir), en enfrentar a la miss que un pueblo irresponsable casi hace presidente, acusándola de tonta con pretensiones de señora. Fue dura. Y fue atacada por eso. Desde el principio se opuso al régimen y al Presidente actual, a quien entendió loco, simple y llanamente. No necesitaba saber que era irresponsable, delictivo, corrupto, y malo, sobretodo eso, maligno; o que se atreviera a entregar el país a otra potencia, Cuba. Nada de eso era necesario para ella que vio su demencia mucho antes, y decidió enfrentarlo.

 

   Cuando el régimen era poderoso, ella denunció al otrora hombre fuerte, a don Luis Maquís, con el asunto del Colegio Nacional Electoral, y los guisos y desmanes de su hija dentro del organismo, con los que se perpetró el fraude de las elecciones del noventa y nueve. Fue atacada nuevamente, pero nada de eso la paraba. Al igual que las otras, Ercilia Poletto, Ibis Pachán y la Colombina, era dura como el diamante; y en un país donde las instituciones habían sido atadas de forma desvergonzada y criminal al régimen, ellas se convirtieron en la voz de un pueblo asfixiado. Los medios de comunicación, y en especial algunos periodistas, se vieron lanzados al ruedo, a la arena de batalla, por todo un pueblo que se sabía desarmado y abandonado por los Poderes Públicos. Pero no era una guerra fácil.

 

   Mientras toman asiento y piden algo de beber, Eric piensa en todo lo que esa mujer sabe, y siente un ligero temor. La mujer toma su copa, que llega con notable presteza, y lo mira fijamente.

 

   -Debo decirte que tenía mucho interés en conocerte. -su voz ronronea. Él sonríe confuso.

 

   -¡Oh!

 

   -No es un halago. Tenía interés por conocer al hombre que dirige La Torre. Pero debo decirte que por ustedes, sólo siento desprecio. Conocí las maneras del viejo Caracciolo, y las de tu padre. Son gente abominable. -lo desconcierta.

 

   -Supongo que todos los abogados tienen sus… cosas.   -la mujer lo mira fijamente.

 

   -Ay, cariño, me parece que de ti no voy a sacar nada. Tú no sabes nada de lo que allí pasa, ¿verdad? Creo que pierdo mi tiempo. -es fría.

 

   -Yo dirijo La Torre. -dice a la defensiva.

 

   -Tal vez Aníbal López y Ricardo Gotta te lo dejan creer; pero ¿será cierto? A ver, ¿qué sabes de la agenda Tiburón? -lo impacta. Él había oído hablar de eso, pero de forma oblicua, nunca nada claro. Y nadie comentaba nada de eso con él.

 

   -Sé que se trata de clientes especiales.

 

   -Es curioso. Tu padre no te dijo nada al dejarte la compañía. -es una afirmación.- ¿En verdad diriges la firma? Por ahí dicen que el detestable Franklin Caracciolo es quien manda. Es un hombre muy guapo, ¿verdad? -lo mira con ojos chispeantes, sonriendo al ver que el hombre se pone a la defensiva.- Oh, vamos, tienes que admitir que ese grandísimo hijo de puta es un hombre bello y hasta sensual. -lo dice exquisita, casi haciéndolo sonar bien.

 

   -He sido… algo relegado. -desvía el tema.

 

   -No te sientas mal. Sí tu padre no te contó nada de la agenda Tiburón, es mucho lo que te ocultaban. No podías triunfar, amor. No contra eso. -bebe y lo mira.- Es raro que te hallan apartado. -abre los ojos con burla y sorpresa.- ¡Por Dios, eres un idealista…! -suena como si descubriera en él algo muy tonto, un feo defecto.

 

   -Sé que existe lo que es correcto y lo que es incorrecto. Si eso me hace idealista…

 

   -¡Dios mío! -ríe en forma leve, mirándolo.- Cariño, que candor. -sus ojos se endurecen.- Es lógico que te apartaran. La agenda Tiburón representa lo más sucio y ruin del régimen. Enlaza a todo el que ha hecho su negocito con el proceso. Y mira que necesitan de protección legal. Son gente chapucera, ruin y torpe. Eso no sería grave, venezu3ela siempre ha estado a la merced de funcionarios ladrones e inútiles, si no fueran unos delincuentes peligrosos. -es tajante.- No se detienen ni ante una pila de muertos.

 

   -Eso suena duro.

 

   -Lo es cuando matas gente para defender tu status quo. Le han tomado el gusto a la plata y al poder, y se aferran como perros rabiosos a él. Y lastiman, hieren y matan… para conservarlo. Y no se van a detener por su cuenta, ni ante nada, así tengan que rematar el país a otros para que les asegure que sigan en sus puestos. ¡Son tan ridículos! -Eric siente miedo. Ella lo mira feroz.- ¿Qué querías preguntarme?

 

   -Yo… -se aclara la garganta y bebe.- …quería saber del diputado Guzmán Rojas y del general Bittar. -una sombra de profundo asco y desprecio cruza el bello rostro de la mujer.

 

   -Son el más acabado ejemplo de lo que te hablo. De lo ruin del régimen… y de los clientes de La Torre. El diputado es un viejo traficante de armas, aunque no tan viejo como indica su cabello blanco, sino las arrugas de vicio y disolución en su cara, que le vende a todo el mundo, incluyendo al hampa, y hay sospechas de que a la narcoguerrilla también; uno no lo diría viéndole el tamañito, el cabello canoso y los lentecitos, con su aire de doctor, siendo un militar retirado, pero es toda una basura. Hace unos mese un gobernador de la oposición reunió una plata y compró armas para las policías del estado. Pagó y pidió los permisos, pero el embarque fue confiscado en la aduana. Las armas fueron sustraídas y más de trescientas Glock desaparecieron… y terminaron en Fuerte Tuna, donde eran adiestrados delincuentes comunes como defensores del proceso, por asesores de la narcoguerrilla colombiana, la misma que mata militares y civiles en nuestras fronteras. Y el operador político, fue él.

 

   -¿Y los militares no lo saben?

 

   -Si, cariño, pero debes entender que los testículos ya no son como los de antes. El Fuerte Maricotas… -lo mira levemente incómoda por la frase.- Bien, lo digo en la acepción de… -medio ríe confusa.

 

   -…de poca hombría. -termina él, sombrío por lo que oye. A varios niveles.  Ella asiente.

 

   -Eso fue denunciado, muy bien sustentado, pero todo se trancó a nivel de La Fiscalía y la Policía Científica, por la gente que controla aún la poderosa tribu de La Torre. -parece acusarlo.- Todas esas armas están por ahí, en menos de quién sabe quien. En cuanto a esa basura de Arcadio Bittar… -toma de su copa, como queriendo eliminar un mal sabor de boca.- …es simple y llanamente un delincuente. No de ahora. Siempre ha vivido de la fama de su difunto hermano, un hombre honesto, pero eso como que no viene en los genes. Su fuerte son las aduanas, de donde desaparece desde containers con piezas de carros, hasta cargamentos de cocaína, que aparece transformada, por obra y gracias del general Arcadio Bittar, en sosa cáustica.

 

   -Pero… ¿cómo puede estar tan segura? Si hubiera pruebas…

 

   -Las hay. Soldados que ven y a los que mandan al quinto infierno. Gente que es asustada por abogados y policías… Gente que muere en extrañas circunstancias. Debes entender que estos chacales no son corruptos o ineptos. Son delincuentes. Hampa organizada. Y su gran corte de los milagros, es La Torre. Mira tú, ese cargamento de armas… cada vez que hay un atentado a la oposición, aparecen los mismos seriales. Las mismas armas. Hasta la misma gente implicada en cada caso. Todo a la vista, pero sin temor, porque la justicia está amarrada al Proceso.

 

   Eric calla, pálido. La mujer se intriga. Lo que le contó era feo, pero no para que pusiera esa cara. Tal vez al joven sí pudiera sacársele algo más. Tal vez sí sirviera para algo, se dice. Sus ojos, que brillan de forma elocuente, lo evalúan lentamente. Ahora son fríos. Calculadores. Se lo enviaría a… su enemigo, alguien que la contactó, y quien la preocupa.

 

   -Si quieres saber algo más, puedo ponerte en contacto con alguien. A mí… no me diría nada, pero tal vez a ti sí. Está resentido y tiene cuentas por cobrar. Recibí una llamada suya, pero sé que es una trampa. -dice molesta.- Quién sabe qué trama; pero si vas tú… tal vez se pueda sacar algo en limpio… -es evasiva y misteriosa.

 

   Él asiente, pero sintiéndose mal. Siente como sí el piso se moviera. Le parece oír pequeñas piezas metálicas que van cayendo en su lugar. Cada una parece encajar en la otra. Y el rostro de su madre, parece verse difuso, al fondo, como flotando sobre un pantano.

……

 

   En La Torre, por el piso quince, José se desplaza a toda carrera hacia una de las oficinas. No fue hasta terminar la sesión caliente de sexo con Jerry y Nelson que el hombre reparó en su pantalla. El Jefe quería verlo. Y desde hacía bastante rato. Debía estar furioso. Siendo un empleado de Seguridad y Vigilancia, José tenía muchos jefes; pero éste en especial, era el mayor. Era a él a quien se reportaba. Y para quien trabajaba. Para él espiaba y hacía cosas como las que hizo con Cecilio Linares y Eric Roche. Se mira en uno de los espejos de cuerpo entero y se acomoda los faldones de la camisa. Esperaba no oler mucho a sexo. La cosa fue bien caliente con esos dos. Se estremece. Toca y entra.

 

   -Lo siento, doctor. No vi su mensaje. Estaba de ronda y… -comienza a disculparse.

 

   -Déjate de cuentos, Serrano. -lo corta la fría voz de Aníbal López, quien lo mira con disgusto.- Ante tú tardanza fui a Vigilancia. Oí tu te a te con Jerry. La verdad es que ese muchacho salió atolondrado. -se dice molesto.- Pobre comadre Teresa. -lo mira duro.- Y tú deberías ocupar tu tiempo aquí, en lo que te pagan para hacer.

 

   -Pero es usted quien me manda a… -Aníbal cierra los ojos y el joven calla bruscamente.

 

   Aníbal era un hombre tortuoso, falto de escrupulosos y de miramientos en cuanto a lo moral. Que José, Jerry y Eric fueran patos y les gustara dar el culo, a él lo tenía sin cuidado. Los despreciaba en la medida en que odiaba a la gente débil; y ceder así a los impulsos era una muestra de debilidad en su mente fría. Pero José había sido un gran descubrimiento. El joven era… emprendedor. Había descubierto a Cecilio y lo acosó hasta hacerlo su amante. Ahora no sólo lo cogía cuando quería (se estremece de repudio al pensarlo), sino que también le sacaba información mientras le aporreaba el culo. Gracias a eso sabía que William Bandre había desaparecido después de los eventos de abril pasado. Y de algunos detalles de sus clientes, Guzmán Rojas y el general Bittar. También fue José quien le reveló algo que sospechaba, que Eric sentía debilidad por los hombres. Eso lo ayudó a entrarle a Frank. Sonríe al pensar en la apuesta que hay sobre la cabeza de Frank, para dominarlo y destruirlo finalmente. Seguramente el catire ignoraba sobre los enemigos que tramaban también contra él, así como contra Eric. El hombre aún tenía sus dudas sobre sí eso sería posible, pero cosas más extrañas habían sucedido ya…

 

   -¿Quería verme? -dice José, como llamándolo desde lejos.

 

   -Por supuesto, no pensarás que me quedé hasta esta hora para sentir el olor a culo que exhalas desde lejos. -es sereno, pero sonríe satisfecho al ver que el otro se encoge.- Ha llegado la hora de eliminar a Eric Roche… ya no lo quiero más aquí. -es frío, taimado. Sonríe en forma plena. José parece impresionado. ¿Acabar con Eric Roche?

……

 

   Ignorante de las fuerzas que se ponían en marcha para sacarlo de la firma familiar, llevándolo a otras tierras, donde amaría y sufriría, Eric se dirige hacia su apartamento. Cruza a velocidad más que considerable las esquinas y avenidas. Casi no repara en lo que hace. Sólo tiene una cosa en la mente: el rostro duro de Norma, exigiéndole esa mañana de abril que no se le ocurriera ir a la marcha que debía terminar en el Este, pero que continuó hasta el Centro, casi en Miraflores, el palacio presidencial, y que fue emboscada por asesinos que dispararon sobre la muchedumbre. El hombre pasa saliva, inquieto, asustado. Le parece ver a los pistoleros en las azoteas, ver a la gente que grita sorprendida, que corre desesperada, que pide ayuda a La Guardia Nacional, sólo para recibir los disparos de ésta, ordenado por el general Balandrí, y por Buñuel, el de Maracay. Le parece ver a la gente que sangra en las calles y las aceras, y que muere en medio del dolor, la desesperación y la angustia. Y en una de esas azoteas, le parece ver la figura de su madre, de Norma Cabrera de Roche.

 

   -No quiero que Irene o tú vayan a esa marcha. Y punto… -vuelve a oírla.

 

   Dura. Seca. Autoritaria. Tajante. Como sí supiera de antemano, que sería una emboscada, que la gente que marcharía sería asesinada. Se hablaba de una conspiración de la derecha para tomar el poder a la caída del Presidente. Esos días de abril se dijeron y cometieron tantas pifias jurídicas, que nadie las imaginó posible en gente que supuestamente era tan preparada. Pero el centro de la cuestión era la prohibición de su madre a que Irene o él fueran a la marcha, siendo que a todas asistían, y Norma lo sabía. ¿Cómo pensó ella que perderían esa, que ya en el amanecer de ese día, fue un día claro, soleado, bonito, parecía presagiar un suceso épico, algo justo y necesario? Pero la mujer se negaba a que fueran, don dureza

 

   -No quiero que Irene o tú vayan a esa marcha. Y punto…

 

   Eso fue lo que dijo, con su voz de mando. ¿Era acaso la voz de su madre, la voz de una asesina…?

                                                         ………………..

 

                                              – 2 -

 

   San Bernardino era el área de clínicas y consultorios por excelencia. Muchos buenos y afamados centros médicos quedaban por allí. En uno de ellos, el Consorcio Clínico, que según las malas lenguas pertenecía al expresidente Téllez, tenía su consulta Néstor Lobo, quien era el urólogo de moda. El hombre tenía tino, suerte, aire profesional y buen ojo. Todo eso unido a un impresionante curriculum que lo acreditaba como internista, cirujano con pasantía en el Hospital Militar; y un postgrado en un urológico de fama, le aseguraron el éxito. Estaba haciendo dinero. Pero quería más, como todo el mundo. Siguiendo una costumbre fija, fuera de ser tacaño como todos los médicos, invertía en todo, desde equipos médicos que le vendieran bajo cuerda, casi siempre metidos de contrabando al país en una maleta o una caja (nunca algo que supiera que era robado y menos de un hospital público), hasta especular con dólares. Por ello se asoció con el grupo, y aunque a veces se molestaba con Lucas Rondón por la forma en que dirigía la constructora, sabía que las cosas marchaban por esos lados lentas pero seguras. Aunque más rápido y con más ganancia sería mejor.

 

   El problema era el país. Como todo profesional al que le costó una bola y parte de la otra estudiar y formarse viniendo de una familia de clase media modesta, miraba con rabia como el Gobierno los atacaba, acusándolos de todos los males provocados por su propia imbecilidad. Había una política no explícita de salir de todos los profesionales y técnicos de Venezuela; de todo el que supiera sumar dos más dos. En las alturas del poder, alguien soñaba con un país de gente que temiera al rayo y al trueno, que contara con estampitas de santos como medida de protección contra atracadores o enfermedades, y que creyera a pie juntillas que el Gobierno no avanzaba porque le habían echado una brujería. Un país de ignorantes y  ciegos donde los tuertos mentales, reinarían. Él sospechaba que todo ese atraso medieval provenía del viejo dizque comunista Garcés Porta. Lo sabía arcaico, pero sobretodo, malo como todos los socialistas resentidos; un hombre llegado a la senectud sin lograr nada de valor, sin poder mostrar algo que dijera: miren, esto lo hice yo y resultó en un bien para todos. No, ese señor se pasó la vida buscando el poder sin encontrarlo, y ahora, viejo y degenerado mentalmente, se las ingeniaba para causar daños y maldades. Era típico de esos viejos que militaban en el comunismo, y en la Izquierda toda; inútiles que nunca aportaron nada bueno, pero que estaban prestos a causar males. Y eso aquí, en el resto de Latinoamérica o en Europa. No había lugar donde no la cagaran.

 

   Mientras se pone los guantes sentado tras su escritorio, mira al joven militar quitarse la ropa. No tiene un biombo, lo eliminó hace tiempo para su propia diversión. Le encantaba, deleitaba una vena maligna y perversa en él, ver a los carajos que  iban allí buscar donde desnudarse, sintiéndose pequeños e indefensos ante él al tener que hacerlo en su presencia; sobretodo si no esperaban el examen físico el mismo día de la primera consulta, siempre daba a entender que era una entrevista preliminar y los exámenes vendrían después. Pero era falso, sólo buscaba… sorprender.

 

   El médico medita en esos momentos en las muchas veces que él mismo ha pensado en irse del país. Con movimientos lentos calza cada dedo dentro del guante, preguntándose por qué no lo ha hecho ya. Con cierto sarcasmo se dice que todos los días se aprende algo de la gente, y de uno mismo. Él era un hombre cínico, hasta malintencionado como decían sus enemigos (y uno que otro amigo), pero cuidaba de los suyos, de la gente a la que quería o apreciaba; por eso en la última borrachera que agarró con el grupo les propuso que sí un día todo se ponía muy difícil, sí el país se volvía invivible para la gente decente y trabajadora, emigraran todos, con sus reales, sus peroles, sus familias y se fueran a Miami, por ejemplo. Todos juntos, como vecinos y amigos. Los… apreciaba, coño, y pensar en escapar de esa ratonera, dejándolos atrás, lo perturbaba.

 

   La idea no caló. Todos parecían dispuestos a quedarse y afrontar lo que viniera. Pero en fin, él los previno. Era un treintón exitoso, casado y bien situado en el ranking médico nacional. Y sin embargo… había cosas que ni eso remediaba. Sentía una desazón extraña, un sentimiento de futilidad con su vida, con su trabajo, con lo que era Caracas en esos momentos; sabía que era un malestar de pesimismo por el futuro. Mira al joven fornido que tiene en frente. El cadete duda, es alto, musculoso y de un tono de piel canela atractiva, se dice el hombre, sin que eso lo afecte en mayor manera. Le mira los desarrollados pectorales donde la cadena con las placas de identificación se balancea, y la cintura es estrecha. El joven lo mira, indeciso.

 

   -Pensé que la primera consulta era… sólo para abrir la ficha. -sonríe apenado.

 

   -Lo primero es lo primero. Para mí: el examen médico. -le sonríe profesional, tranquilizador.

 

   Ahora sabía que se llevaría una sorpresa cuando al final el ajustado pantalón verde oliva cayera. El joven dudaba mucho en quitárselo. Algunas veces se llevaba esas sorpresas. Tipos que iban sin saber del examen y vestían prendas íntimas de lo más curiosas. Y esa era una de las cosas que lo sorprendían de él, y que no comentaría con el grupo; ahora… le gustaba ver qué había bajos los pantalones. El cosquilleo malvado que sentía en el maldito tolete, que se le movía un poco al ver las tetillas, también era una sorpresa algo resiente. Y no muy grata.

 

   El joven duda aún, toma aire y abre el pantalón. Los ojos del médico van al pequeño triángulo invertido del cierre abierto. Hay una prenda suave, elástica, de color blanca allí, algo baja, dejando ver unos pelos púbicos revueltos. El pantalón baja y el carajo de piel canela, enrojece un poco. Lleva una mínima tanga blanca, con tiritas delgadas que suben por sus caderas. El tolete le abulta, colgando en reposo. Apenado se medio vuelve a dejar el pantalón sobre un sillón y Néstor, con una sonrisa, entiende el por qué de su vergüenza. La prenda íntima y sensual es un hilo dental que desaparece entre las nalgas firmes y musculosas. Hummm, piensa como relamiéndose el galeno, sonriendo en forma torcida, otro más. Esto sería interesante.

 

   -Es algo que… me regalaron en una fiesta. Una broma, ya sabe… -dice apenado el muchacho, metiendo los dedos en las tiritas de la tanga. 

 

CONTINÚA … (15)

 

 Julio César.

AH, LA SOLEDAD… UN APORTE DE LA GITANA…

marzo 26, 2009

MUJERES, ¿POR QUÉ TARDAN TANTO EN EL BAÑO?

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   “Cuando pienso en ti, aún en medio de la nada, no me siento solo…”.

……

 

   Recuerdo ese bolero, triste, de Rolando La Serie, o al menos es a él quien mejor se la he escuchado, que reza: “Hola, soledad, no me extraña tu presencia, hace rato te esperaba…”. Al parecer ella era parte de su vida. La soledad es extraña, muchas veces la buscamos como quien aspira a la paz, a estar en silencio, tranquilos… y otras veces pesa, agobia. Deprime. ¿Por qué es tan dual? Tal vez la soledad es como la gente, compleja. Veamos algo que mi amiga Marga, la gitana rubia con asuntos pendientes en Ibiza, y quien jamás ha bailado al taconeo sobre una mesa, reseñó en su página:

……

 

SOLEDAD

 

   La soledad me permite saber quién soy, sólo después puedo tener una verdadera relación.

 

   Se puede interpretar la soledad de dos maneras: estar solo o sentirse solo. Estar solo es un hecho común para todos. No siempre estamos acompañados. Esta experiencia de soledad se puede disfrutar mucho y suele ser muy constructiva. Cuando estamos solos podemos no hacer nada y sentirnos bien, descansar, disfrutar de la naturaleza, tomar sol, caminar, meditar o simplemente hacer lo que nos gusta sin interferencias de otras personas.

 

   Sentirse solos es diferente, porque uno se puede sentir solo también en compañía. El sentimiento de soledad está relacionado con el aislamiento, la noción de no formar parte de algo, la idea de no estar incluido en ningún proyecto y entender que a nadie le importamos lo suficiente como para pertenecer a su mundo. El sentimiento de no pertenencia nos lleva a la depresión, cuando además nos sentimos culpables de nuestra propia soledad.

 

   Es una ilusión creer estar acompañado porque en realidad la mayoría está sola.

No muchos saben lo que es una verdadera relación y crean vínculos que no lo son. Sólo una persona madura puede tener una relación verdadera, porque se ha liberado de las dependencias. La madurez es la capacidad de vivir la vida sin muletas ocasionales, es aprender a hacerse cargo de los propios problemas, reflexionando antes de actuar y haciéndose responsable de las consecuencias de las acciones, sin proyectar los errores en los demás. La relación no implica tener a alguien para eventualmente apoyarse, sino por el contrario significa interesarse por el otro y comprenderlo tratando de olvidarse de uno mismo.

 

   La dependencia crea vínculos dependientes con personas omnipotentes, intentando recrear la simbiosis madre-hijo, y ese tipo de relación patológica, que tiene carácter sadomasoquista, está destinada al fracaso. Recién cuando nos liberamos de las dependencias y nos olvidamos de nosotros mismos aprendemos a vivir, a no tener miedo y a ser libres, accediendo a la posibilidad de una verdadera relación. Si no hay desarrollo personal tampoco puede haber una relación duradera, porque el estancamiento produce aburrimiento.

 

   La intención vale más que el hecho en si mismo, porque no se trata de resultados sino de orientarse hacia el camino de la propia senda. Únicamente cuando estamos solos podemos ponernos en contacto con nosotros mismos. Esa oportunidad nos permite vernos y evaluar si realmente somos como queremos ser y si estamos haciendo lo que deseamos hacer; y si esa imagen no estuviera de acuerdo con nuestras expectativas, es el momento de preguntarnos, que es lo que estamos haciendo ahora para lograrlo.

 

   Transitar el propio camino es lo más importante y el principal propósito de nuestra vida y todo el universo conspirará para lograrlo.

 

http://psicologia.laguia2000.com

 

27/09/2008 19:37 | Agregar un comentario | Enviar un mensaje | Vínculo permanente | Ver vínculos de referencia (0) | Agregar al blog

……

 

   Buen, se puede concluir que la fuerza para continuar, para ser, está dentro de cada uno, así que cada quien debe hacerse cargo del peso de su vida, aunque suena feo dicho así. De verdad no entiendo bien el estar solo cuando no se desea. Sé de personas inteligentes, agradables, solventes y buena gente, que están solos, y hablo de la soledad de adentro, a quienes se les nota la angustia porque ‘no hay nadie en sus vidas’, y es algo que no comprendo, ¿cómo puede ocurrir? Está bien, algunos somos egoístas y jamás terminamos de tender el puente que permita a otros entrar en nuestros… no sé cómo decirlo, corazones, instalándose, siendo uno con nosotros; no lo hacemos porque da trabajo, o no se quiere perder lo que se tiene, o no se ama lo suficiente. Cada alternativa es triste en sí. ¿Pero no encontrar a nadie?

 

   Es increíble, pero hay quienes no parecen capaces de lograr una mirada de interés, una sonrisa de simpatía en otros. En algunos casos entiendo que la ansiedad lo estropea, hay hombres muy ansiosos por ‘poseer’ sentimentalmente a otras personas; hay mujeres que se hacen “amantes-dependientes”, que nos siguen, que callan, que exigen y sufren mirándonos como preguntando “¿De dónde sacas fuerzas para lastimarme tanto?”; y eso asusta. ¿Qué ocurre con tanta gente? Creo, como dice el artículo traído gentilmente por Marga a nuestra consideración, que la respuesta está en aprender eso, que la fuerza está en nosotros, que somos personas, seres, que existimos independientemente de dónde, o cómo, o con quién. Hay que aprender a conocerse, a reconocer los puntos oscuros; hay que intentar cambiar, por difícil que resulte… o por molesto que nos parezca.

 

NCIS… ¿REGRESARÁ?

 

Julio César.

AL SOL ES PEOR…

marzo 20, 2009

JAKE

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   Dulces privilegios…

 

   La hermosa mujer, en su atrevido traje de baño, pensaba que su acompañante aún se veía muy pálido. Él parecía distante, notando a un grupito que los mira.

 

   -Estúpidos muchachos, desearía que dejaran de mirarte de esa forma. Es obsceno. –suena el malestar en su voz.- Están devorándote con los ojos.

 

   -No te alteres, no están molestándome.

 

   -¡A mí sí! Seguro que están deseando que un rayo me fulminara y ocupar cada uno de ellos mi lugar junto a ti.

 

   -No exageres. Seguro te miran es a ti. Parecen algo… excitados.

 

   -¡No! Es a ti a quien miran así esos muchachos babosos, Jake. Tú lo sabes, aquí, en la piscina, en el restaurante. –recalca ella, exasperada.

 

BROKEBACK MOUNTAIN EN SEÑAL ABIERTA…

 

Julio César.

SÍ, TODOS LO QUERIAN…

marzo 20, 2009

DEPORTE DE LOS MUY DUROS

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   La gente lo deseaba para sí…

 

   ¡Todos los  querían! Los hombres y muchachos gritaban, enloquecidos, desde las gradas. Por él. Y él, solemne, se medio menea, ofreciéndoselo a todos, desatando gritos de jubilo, de ansiedad. De pasión. Hasta sus contrarios lo reconocían, deseándolo para ellos. Pero sí en la cancha desataba pasión, en las duchas, todo transpirado, jadeante, quietándose el uniforme y quedándose en suspensorio, todo era locura. Sus compañeros lo idolatraban con bocas secas y ojos ávidos. Y él, sonriendo encantadoramente, se enternecía, dejándose amar por todos ellos, ofreciendo siempre todos querían de su persona… su gran talento como jugador.

 

HUMMM… LA LUCHA LIBRE

 

Julio César.

HOMBRE DE ACCIÓN

marzo 20, 2009

GUERRA DEL GOLFO

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   Le daría lo que se merecía…

 

   Tengo un amigo, Renato, muy buena gente. Anda saliendo con una loca, Juana, la cual es parrandera, pero también malvada. He notado que lo obliga a ir a sitios raros donde el pobre tiene que verla bailando con otros, riendo y coqueteando. Y él lo hace porque la quiere. Hace una semana me invitó a salir con ella y un grupito… y la vaina fue de terror. Era un club de tipos nudistas. Renato estaba furioso pero aguantó estoico, mientras yo medio bailaba viendo a los bomberos en hilos dentales rojos. Uno de los carajos, grandote, guapote, sabrosón, le meneaba el paquete a Juana en la cara, y ella reía, y él se veía que disfrutaba al mortificar al tonto amigo de la loquita. Cuando se quitó todo, y se lo bailoteó a ella en la cara, de adelante atrás, Renato no aguantó más. Molesto alzó un dedo y lo apuñaló con él, lentamente, pero una y otra vez, torciendo un poco su dedo hacia abajo, y todo el mundo sabe que ese es el camino más corto a la próstata. Tanto me sorprendí que tomé esta fotografía. El carajote gimió de sorpresa y se congeló medio inclinado, como queriendo y no queriendo, pero tuvo que aguantarse la descarga de rabia de mi amigo, que ahora lo apuñalaba con dos y más tarde tres dedos. Juana, furiosa, se marchó con las amigas, mientras Renato le gritaba que era una loca y que ya hablarían cuando llegara a su casa. No se iría de allí hasta pasar a la trastienda a conversar con ese tipo. ¡Se lo merecía! Allí lo pondría por el suelo, lo metería en cintura, todo, duro y rudo, y lo bañaría con su furia caliente. Le dio y bastante. Y el tipo descubriría cosas sobre sí, por lo que cuando, más tarde, quise hablarle, sonrió de forma encantadora, haciéndome paso a la trastienda. ¿Renato y Juana? Salen juntos a divertirse ahora.

 

MOTIVANDO

 

Julio César.

YO SI SOY CAPITALISTA Y MATERIALISTA

marzo 20, 2009

CADA DÍA MÁS LIMITADOS

dinero

   Cada cierto tiempo surgen ideas que a mí me parecen francamente descabelladas, pero no sé si es porque el mundo se está volviendo loco o el demente soy yo. Actualmente en Venezuela, un gobierno que gasta más dinero del que han gastado los últimos ocho periodos constitucionales, y sin obras reales que mostrar (a Venezuela han entrado y desaparecido sin que nadie sepa decir en dónde o en qué, más de ochocientos  mil millones de dólares, ¡cosa más grande!), grita que ser rico es malo, que el estudio no puede ser visto como un medio para salir de abajo o superarse, o que el dinero es perverso (aunque les encanta acumularlo). A mí todo eso me produce como alergia, me pica la cabeza cuando lo escucho. Tal vez es que yo soy un producto degenerado de la llamada Cuarta República y no aprecio las maravillas de esta república de quinta que quiere homologar a Venezuela con la isla de Cuba.

 

   No voy a entrar en el detalle insignificante de que en Cuba, quien tiene una tripa de caucho se lanza a un mar encrespado y lleno de tiburones para escapar de la isla, con todo y el paraíso que es, según Fidel y la camarilla de delincuentes armados que someten al resto. Ah, gente malagradecida, y tanto que el tirano se esforzaba. Lo extraño es que nadie haga el viaje a la inversa. De Miami no parte ninguna lancha de gente escapando a Cuba. Claro, va gente como Robert Redford o James Cameron o Maradona, pero esos tienen fama y plata. Tal vez van a  darse un gustico exótico y tropical, a comprarse algo que es muy barato allí y que es más difícil de conseguir en otras latitudes, y muy perseguido por la leyes. Porque a eso deben ir ya que toda esa gente es lo suficientemente vieja como para no andar creyendo en las pendejadas de un pueblo feliz cercado por Estados Unidos. Algo van a buscar mientras les halan las barbas halagándolos, como a tantos viajeros europeos, casi todos hombres. Por cierto, y hablando de otra cosa, qué vaina con Europa y la pornografía y el abuso infantil, eso ya raya en lo alarmante… ¿verdad?

 

   Debo confesar que yo no veo lo maravilloso de pasar hambre, no sé a los demás, pero cuando no almuerzo me duele la barriga; andar descalzo no me llama la atención, la pobreza no me atrae, al contrario, me da grima, como a Fidel Castro y a la familia de Chávez. Definitivamente soy un cerdo capitalista, como los revolucionarios de mi país, lo confieso. Soy basura mercantilista igual a la gente de izquierda. Yo quiero una casa en la playa, con mi aire acondicionado, de donde salga y caiga en las aguas tibias del mar, sin presiones, sin angustias, gozándome en las sensaciones, rodeado de gente hermosa y semi desnuda en bikinis. Deseo ir a un club cercano y comerme un pescadito frito con una cervecita bien fría mientras oigo música acorde al momento, sin tener que ver muchachos lombricientos, con el hambre en las caras, velándome desde lejos, amargándome la comida (con razón los ocultan en Cuba, ¡son tan deprimentes!); para luego ir y arrojarme de cabeza en una piscina, con más cervezas al alcance de la mano.

 

   A mí, no sé si a los demás, me encanta comprarme pantalones y camisas, cuando son nuevas se sienten bien. No me gusta la ropa de colores desvaídos, con cuellos deshilachados, eso es ruina y llama más todavía. ¿Salir a la calle con un huequito en una franela bajo el brazo? Primero muerto que perder la dignidad. Yo quiero plata para comprarme botas nuevas, para viajar en taxi una tarde de lluvia o calor, para comprarme los libros que me den la gana, para visitar Mérida, para ir a Margarita. Quiero conocer el Vaticano así no me dejen entrar.

 

   Me gusta la idea de llegar a una tasca, sentarme a la barra y decirle al cantinero: esta ronda la pago yo, señalando a unos panas, en lugar de andar escondiéndome para no brindar nada. O: “mira, llévale otra copa a esa mujer en la esquina, en Angelina Jolie, ¿verdad?, ¿qué andará haciendo por aquí?”; y que me respondan: “si señor, está de visita y creo que preguntó por usted”. O: “caramba, ¿ese no es Jake Gyllenhaal?, dale lo que quiera que yo pago”. Quiero tocarme la cartera y saber que hay dinero y que si me da la gana tomo un teléfono y llamo a todos los panas, hago una parrillada en mi patio e invito a medio mundo, sin tacañerías, sin escatimar centavos, como se gastaba antes de esta pesadilla de ruina, o gastaba el que trabajaba al menos. En fin, a mí denme plata.

 

   ¿Que eso es malo y lo mejor es vivir en penurias? Bueno que los que así piensen que me dejen los reales aquí y se vayan para Cuba, un infierno así ya existe, ¿para que crear otro? Cada vez que hablo de plata con compañeros de trabajo que son chavistas, increíblemente todavía quedan, y comienzan a quejarse de lo que no pagan, yo los llamo traidores, que ellos deben dar el ejemplo y andar muertos de hambre dando lástima (y ya comienzan), mientras piden que a mí sí me paguen para que no siga hablando vainas del Gobierno. Pero no, el amor al líder, a la revolución, como que no llega a tanto; ah, pero como hablan pendejadas, debe ser por el ejemplo del Presidente, que para hacer cosas buenas no tiene tiempo ni lo deja la oligarquía o los norteamericanos, pero para hacer o decir  mariqueras, o dejarse chulear por un poco de hombres en el extranjero, está mandando a hacer.

 

   Venezuela esta volviéndose un desastre a ojo vista. Desde hace casi diez años mandamos cantidades horribles de plata para Cuba, ¡como nos jinetea esa gente! (el país parece estar condenado a mantener los barraganatos y amantes presidenciales), porque ellos iban a arreglar todo el sistema de salud del país, ¡cosa en la que llevan ocho años! Ahora el Gobierno nos sale con la carreta de babas de que van a intentar intervenir las clínicas privadas porque la gente sin recursos se muere en ambulatorios y hospitales, y no explican qué carajos andan haciendo entonces los cubanos; como no explican qué pasa con el azúcar que ya llevan seis años dizque produciendo esa gente aquí, pero que no hay en los mercados. Lo de la salud es tan desastroso, hay que aplaudir a tantos ministros, que lo cumbre es que aunque se tenga la plata, a veces hay tanta gente en las clínicas que no pueden atenderte porque son demasiados.

 

   Ir al mercado no sirve de nada, porque aunque se tenga el dinero, no hay esto o aquello, y da arrechera oír a los ministros encargados decir, alzados y hablando golpeado: si no hay mantequilla, coman margarina, coño. Como si en verdad uno tuviera que conformarse con lo que hay en una economía destruida por imbéciles que fueron advertidos, cuando comenzaron a poner la torta, que eso iba a ocurrir. Es por lo que creo que estos sistemas comunitarios, comunistas o socialistas o como quiera llamársele a estas idioteces, no sirven. Es mejor un hospital con médicos y recursos, a un Fidel con dólares haciéndole carantoñas y encerrándose durante horas con el Presidente. Es preferible un mercado con productos y que cada quien compre según le alcance la plata, a uno vacío donde hay que hacer colas y colas para compra un paquete de esto o un kilo de aquello, aunque eso los ilusione porque les recuerde a Cuba. En el fondo todo se reduce a algo que siempre dice mi señora madre: soy un mal pobre.

 

   Hace tiempo, saliendo de Caracas vía Maracay, me agarró una cola feroz dentro de un autobús lleno hasta el techo. Por mala suerte me tocó ir cerca de un grupito de guardias nacionales, unos muchachitos que ya venían medio ebrios, que planificaban un viaje a la playa con unas muchachas con quienes pensaban coronar la noche. Ninguno llevaba real, y riendo uno decía que esas comían sánguches de sardina y listo, y que eran de las que amanecían toda la noche despiertas tomando guarapita, esa mezcla de ron barato con jugo de naranja, que no había que gastar mucho en ellas. Yo pensaba para mis adentros: vaya, estos son todos unos príncipes; claro que más locas son las mujeres que salgan con tipos así. Y las hay. Para una salida así, es preferible quedarse en su casa. Dios, como habló esa gente durante ese viaje, para colmo llovía, yo creo que muchos habrían agradecido que nos cayera un rayo que los hiciera callar.

 

   Este es uno de los defectos más graves de los que adolece nuestra sociedad. Ese avance social que se traía hasta unos añitos atrás, que fue grande e impresionante aunque muchos no quieran o sepan verlo, se detuvo bruscamente, comenzando a retroceder. Muchos de nuestros padres conocieron la Venezuela del fogón y la leña, del pilón y el agua en tinajas. Sus hijos fuimos a la universidad y conseguimos empleos más o menos bien remunerados. Nuestros hijos, de siete y ocho años de edad, tienen la computadora y el celular. Pero junto a esa generación que era empujada a seguir y seguir, a superarse, de padres que buscaban que todo fuera más fácil y seguro para sus hijos, creció otra, la del muchacho que preña a la primera que se le cruza en el camino y hasta ahí llega, o la muchachita que no quiso estudiar, sino un marido que le diera nota, del que parió y luego se dio cuenta de que era un perfecto idiota y no servía para nada como se lo dijo todo el mundo, y como ella tampoco hace nada, pare de otro y otro, hundiéndose en el desencanto, el resentimiento, la miseria y la marginalidad.

 

   Son estos desequilibrios los que no permiten que un país como Venezuela, o cualquier otro en nuestra Latinoamérica, prospere, porque no hay clases responsables que se tracen como metas, indistintamente de los gobiernos que vengan o los grupos que controlen el poder, como un bien superior para la nación, la superación de esos problemas. Políticas para erradicar endemias, para generar riquezas, alimentos o seguridad ciudadana, deben ser metas comunes por encima de los gobiernos accidentales, pero para llevarlos acabo hace falta seriedad, disciplina y laboriosidad, y eso da flojera, así que todo lo dejamos como vaya saliendo; y les agarramos arrechera a países como Estados Unidos, Canadá o los europeos. Lógicamente el resultado no puede sorprender a nadie.

 

   Pero repito, soy capitalista, y a mí quien me interesa soy yo; lo mío no pretendo ni deseo compartirlo con el carajo que sólo preña a la mujer y no quiere trabajar mientras se fija en la hija de doce años del vecino. Soy egoísta, lo sé. Y lo mío es un estado mental, algo que como adulto yo decidí, nadie me lo dijo o me lo enseñó. Hace tiempo discutía con una colega de trabajo, Anita Requena, quien me porfiaba para hacerme hablar, o llevarme la contraría, o porque realmente creía esa tontería, que el dinero no hacía la felicidad. Y es cierto, pero creo que todo el mundo está de acuerdo en que es lo más cercano que hay; y si no la hace (la felicidad) tal vez la pueda comprar ya hecha, ¿no?

 

   Además, tampoco la pobreza, y mucho menos la miseria, hace la felicidad. Burlándome le dije que ya imaginaba mi vida dentro de veinte años, viejo y gordo, en mi casota en la playa, fría a fuerza de aire acondicionado, con un patio cercado, de blanca arena de playa, con un jacuzzi cuyas aguas caen en una piscina más abajo, todo bajo la sombra de dos palmera. Ahí estaría yo sumergido en esas aguas frías (nada de agua caliente), tomando cerveza y comiendo cochino frito, y que de repente leería la noticia en un periódico: ha muerto Anita Requena en medio de la más espantosa y deprimente miseria, vecinos comentan que el hambre la había vuelto loca en sus últimos días, cuando al parecer sólo comía gatos y no era muy feliz. Le dije que con pena suspiraría, cerrando el diario, tomando otro buche de cerveza y mordiendo un nuevo pedazo de cochino, y me diría: pobre diabla, murió como vivió…

 

HISTORIA Y “VERDAD”

 

Julio César.

¡ESE PAYASO!

marzo 20, 2009

HAMPA DESATADA

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   Dios, necesitaba de otro…

 

   Roberto, medio tomado aunque la fiesta era para su hijo y los niños del vecindario, atiende al enorme y fornido payaso que fue la atracción de la reunión. Con vocecita idiota, el hombre había hecho trucos, bailó y saltó, pero clavándole a Roberto una mirada intensa en todo momento, sobre todo al tiempo que gritó: “Niños, corran a esconderse. Vamos a esconderlo todo”. Gritando los niños corrieron, emocionados a ocultarse, y todavía esperan mientras Roberto tuvo que ayudar, entre sudoraciones y jadeos por el esfuerzo, a ocultárselo al payaso, quien lo desaparecía clavándolo duro. Y Roberto disfrutaba esa fiesta más que los niños, gimiendo como un bebito y mamando del globo como si necesitara su mamila también. El payaso, con sus manotas le acariciaba paternal la espalda, ocultando más y más sus… intensiones.

 

   -Te gustan hinchados por todos lados, ¿eh? Déjame llamar a dos socios más, esta fiesta no vas a olvidarla nunca… -promete el payaso, ronco y sensual.

 

GENTE MÍSTICA

 

Julio César.

PATRICIA POLEO XXX

marzo 20, 2009

SE FUERON TRES

patricia-poleo

   Por una entrada que escribí hace tiempo, y por una mala jugada del destino (para ella y para mí), alguien a quien admiro realmente fue requerida en mis espacios, pero por malas razones: Patricia Poleo. La entrada a la que me refiero era una titulada: “Patricia Poleo, por cosas así es que la odian”. Pues, quienes entraban indagando por su nombre lo hacían desde dos buscadores, uno decía “patricia poleo XXX”, y la otra (la más desagradable) “hija de patricia poleo, videoXXX”. Ah, qué arrechera agarré, aunque al pensar más en frío no debí molestarme. Cada quien busca lo que desea encontrar, y así yo como escribo cosas duras de la gente a la que desprecio, otros lo hacen de otros individuos. Entendí que si me molestaba con todas esas personas… actuaba como un chavista: sólo yo tengo derecho y razón y quienes no piensen igual deben ser barridos. Pues bien, aprovecho para aclarar que en ninguno de mis espacios encontraran jamás una mala palabra hacia Patricia Poleo. Jamás. De hecho, del grupito de reporteras y periodistas venezolanas a las que llamaban las chicas súper poderosas (que en comiquita eran tres, pero en Venezuela son cuatro), ella es una de mis preferidas… después de Marta Colomina (quien encarnaría a la mal geniuda Bellota).

 

   Patricia Poleo es hija de Rafael Poleo, un hombre que domina en sus escritos la política, la historia y la economía de una manera magistral, sabiendo usar esos recursos en artículos y editoriales memorables. Su hija, como hija de gato, heredó su instinto y caza ratón (y no hablo de Chávez únicamente). Pero Patricia es más brutal, más directa. Más dura. Es descarnada y hasta cruel en batalla contra sus oponentes. De antes y de ahora es enemiga de todo gobierno en el poder, vigilándolos, asechándolos, escarbando en las miserias de la corrupción. En tiempos de Carlos Andrés Pérez (un degenerado que uno creía era lo peor que le había pasado a este país… hasta la llegada de Hugo Chávez), esta mujer era seguida, grabada y espiada por los organismos de seguridad. Tal como ocurre actualmente. El mundo siempre gira y gira para caer en el mismo punto, lo que molesta es cuando hablan de cambio y de revolución. De aquellos días quedó un video caliente; Patricia Poleo fue encerrada en una celda de la DISIP… con el hombre que para el momento era su marido, padre de su única hija, Germania. Y por juventud y algo de tremendura la pareja tuvo intimidad en la celda (vamos a estar claros, ¿a quién no le habría gustado?). Por supuesto fueron grabados, como es práctica de todo gobierno porquería, y el video intentó utilizarse para amedrentarla. Al no lograrlo se difundió por algunos lados, aunque por suerte para ella, no existía el mercado escándalo de ahora. Ni los buhoneros tenían el negocio de quemar DVD como actualmente.

 

   El caso es que llegado Hugo Chávez al poder, siendo enfermo e incompetente, amén de corrupto como pocas veces se ha visto en este país acostumbrado a los malos gobiernos, Patricia Poleo se pasó con armas y bagaje a la denuncia, fiscalización e investigación. Fue ella quien mostró las fotografías de los militares venezolanos cargándole las maletas, humildes y sometidos, a coroneles del G2 cubano. Fue ella, junto a Ibéyise Pachecho, Marianella Salazar y Marta Colomina, quien mostró el video donde militares venezolanos se reunían con los narco guerrilleros de la FARC y se hacían llamar hermanos (momento cuando Uribe y los colombianos se hicieron los locos). Fue ella quien les dio aquella batuqueada, que todavía se recuerda, a los diputados chavistas en la Asamblea Nacional, cuando montaron el sainete de la comisión de la verdad para saber quién mandó a matar a la gente que marchaba hacia Miraflores el once de abril de dos mil dos. Fue ella quien descubrió a Vladimiro Montesinos en Venezuela, persiguiéndolo de tal manera que Chávez tuvo que reconocer que estaba y entregarlo al Perú. Pero fue cuando se lanzó tras la pista de los asesinos del fiscal Danilo Anderson cando se le tuvo realmente miedo, sobretodo cuando comenzó a publicar actas e informaciones al respecto, de las que el mismísimo Fiscal General dijo que eran “demasiados exactos”. Contra ella se utilizaron todas las trampas habidas y por haber. Primero se dijo que andaba rodando un nuevo video porno de ella por la red. La cosa llegó a tal extremo que en un programa de Napoleón Bravo, la mujer, toda risas, dijo que ese video era viejo y que el hombre que está allí era su ex pareja, padre de su hija, a quien ahora trata como a un hermano, y que el video era aburrido, mal iluminado, malo de sonido, y que ella misma no se veía tan bien como se veía Roxana Díaz en su video de esos días (ah, ¡ese video!).

 

   Como no pudieron dañarla por ese lado, se atacó a la hija. Acosta Carlez, un militar que ganó fama golpeando mujeres en Valencia, por la espalda, y erutando públicamente en televisión como burla a todo un país que tenía que calarse a semejante gorila porque contaba con armas, acusó a Patricia Poleo, por televisión, de ser una drogadicta, mujer de un famoso rufián (no el Contralor General de la República), el Hernancito, un bicho de rabo en uña que uno no entiende como salía cada tanto de prisión con la cantidad de muertos que cargaba encima. Dijo Acosta Carlez, el general eructo, que Germania, hija de Patricia, era hija de Hernancito. Así, por televisión, si pensar en el daño que semejante calumnia pudiera causarle a la menor. Y eso que las leyes venezolanas prohíbe expresamente lanzar ninguna noticia o información sin pruebas (parte de la Ley Mordaza), pero este hombre jamás fue llamado por fiscales, jueces o CONATEL a dar explicaciones. Él era revolucionario en esa época (tan chimbo resultó que al final ni Chávez lo quiso, excretándolo de su organismo). Lo curioso era que por esa época, Laureano Márquez, el humorista del diario TAL CUAL, enfrentaba un juicio por referirse a la mascota de la nieta de Chávez, con términos como “quién fuera la morocoya de Rosa Inés para vivir bien”. El comentario bastó para que tribunales del menor, fiscales, CONATEL y demás, se lanzaran a lavar el honor y honra de una niña por noticia criminis. Así funciona en regimenes barbáricos, de izquierda, la justicia, sin un asomo de vergüenza o disimulo.

 

   Cuando Patricia comienza sus artículos sobre la muerte de Anderson, que, repito, obligaron al mismo Fiscal Genera para la época, el patético Isaías Rodríguez, a investigarla por publicar informaciones “demasiados exactos”, se puso en marcha una de las operaciones más escabrosas de las que Venezuela ha tenida noticia jamás. Hugo Chávez, José Vicente Rangel (ex vicepresidente), Isaías Rodríguez, Luisa Ortega (actual Fiscal General) y un grupito dentro de la Fiscalía se buscó un testigo de la conspiración para matar a dicho Anderson, quien juró que Patricia Poleo, y otros, se reunieron en Panamá y planearon la muerte del fiscal asesinado. Que no se pudiera probar que Patricia conociera de vista o trato a dos de los conjurados, que jamás saliera de país por esos días a planear esa muerte en Panamá, o que el testigo estuviera preso en una cárcel colombiana para el día que dijo se reunieron, ha valido de nada. Contra la mujer continúa la acusación, sin pruebas, sin testigos, sin causa probable… pero permaneciendo allí, como una amenaza latente, para que jamás regrese al país del que tuvo que huir una noche.

 

   Pero nadie descansa, ni ella, ni esta gente. Continuando con su trabajo desde el exilio, la mujer no deja descansar a Chávez y a su gente en el rigor de sus vicios, por ello se le atacó nuevamente a nivel personal: en la persona de su hija, una beba de trece años para el momento. Dirigido desde las oficinas situacionales de Miraflores, bajo inspiración cubana, salió el video de una bonita moza morena sosteniendo relaciones más que amateur con hombres, bajo el título de “las andanzas de Germania Poleo, la hija de Patricia Poleo”, con una vaga insinuación de prostitución. ¿Imaginan semejante ataque contra el nombre y reputación de una niña de trece años, en un video con tal denominación en la red, al alcance de cualquiera? Aún sin ser encontrado o visto, está allí, presente para ser comentado a media voz, con burla, con rencor. Con odio. La verdad es que uno no puede ni imaginar el dolor que una mujer como Patricia Poleo, dura, curtida en mil batallas, pudo sentir al ser atacada así, en su hija, en su niña, en su logro más hermoso y puro. Que la moza en cuestión no se parezca a la niña, ni tenga cuerpo de niña, evita que desde los canales del Estado venezolano, y de los mil sitios Web controlados, se le atacara, con la basura que sale generalmente de esas bocas tarifadas.

 

   En la red, en mil sitios, leyendo sobre el incidente, se dice veladamente que todo fue obra de Desireé Santos Amaral, una mujer vieja, una reportera de toda la vida, combativa (o lo simulaba), a quien antes se le creyó decente, enemiga jurada de Carlos Andrés Pérez, de sus vicios y corruptelas, defensora de los derechos humanos y de la libertad de expresión, convertida ahora en parodia chillona, agresiva y vulgar de lo que antes condenó. Sin tapujos, o disimulo, alza el garrote que antes denunciaba, pero para ella, eso está bien. Verla una noche gritando, a la entrada de un hospital, que arrojaran a Alfredo Peña, alcalde metropolitano de la época, en el suelo y lo mataran, que lo mataran allí mismo (no es que me lo contaron, las escaneas aparecieron en televisión), fue dantesco. Su rostro, transfigurado por la rabia y frustración de saberse más vieja y menos sabia, era horrible. La mueca misma del odio demente. El mismo rostro (aunque más ajado, no lo plancha antes de salir), que mostró cuando fue al MERCOSUR a atacar a Leopoldo López, un hombre que fue impedido de competir por la alcaldía metropolitana porque el Contralor General de la Republica lo inhabilitó políticamente, aunque la Constitución sostiene claramente que únicamente después de ser condenado en un juicio una persona pierde sus derechos políticos. Verla gritar toda demente, temblorosa, que esa gente no eran inhabilitados políticos sino delincuentes, sin explicar por qué ningún juicio se llevaba al respecto, la retrató de cuerpo entero. Y no era una visión muy bonita (y aquí hago un alto, conozco mujeres cercana a los setenta que se ven bien, armónicas, arregladitas, la pobre Desireé parece que vive llevando sol y agua en el patio de su casa, si no estuviera algo gordita sería difícil diferenciarla del general Rojas Müller, quien parece una momia andante).

 

   Y es de ella de quien se sospecha que dirigió la maniobra contra la hija de Patricia Poleo, en una operación llamada Daniela (vayan a saber por qué), para lastimar a la dura reportera exiliada. Ahora, pasado los años, recordando su odio contra Carlos Andrés, uno debe detenerse un momento a pensar en si era cierto o no el rumor de que todo su odio venía de que Pérez no quiso nada con ella, por mal arreglada. Por decente y honorable sabemos que no fue. Ahora lo sabemos. En fin, suerte, Patricia. Lo siento por tu muchacha, pero llegará el día en que cada quién tenga que responder por sus acciones, ese día Desireé, y su operación Daniela (o “basura contra una niña”), responderá también.

 

EL PELLEJO SENSIBLE DE LA IZQUIERDA

 

Julio César.


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