GAY DURO Y SUCIO

GAY DURO Y SUCIO                       SUCIO … 6

   Lo dicho, la violación fue el menor de los tormentos para el sargento Anderson (bueno, tal vez no el menor), ahora le toca padecer torturas horribles… que todavía no terminan. Este Abdul es realmente un sádico demente. Esta historia contiene situaciones que podrían resultar ofensivas para personas que les disguste leer acerca de violaciones, sadomasoquismo, bondagge y sexo no consentido. Aquí hay mucho de todo eso. Si es tu caso, no contiendes leyendo. Si, por el contrario, te interesa, disfruta de esta buena historia del amigo capricornio1965:

     EL SOLDADO AMERICANO… (7)

SOLDADO AMERICANO

   De soberbio soldado a sometido, ¡nunca lo imaginó!

……

   Mientras Steve “descansa”, como si eso fuera posible, parte de su destino en decidido por Abdul y el Dr. Farrel, quienes viendo como han logrado la primera fase de sometimiento del viril soldado americano. Despojándolo de su vello, una de sus características más distintivas como macho y que lo hacía lucir más masculino, están ahora decidiendo el futuro de otra parte viril; ya anularon la actividad de sus bolas, ahora les queda decidir sobre el miembro, ese largo y grueso tolete, del que cuelgan las neutralizadas bolas. El pene de Steve en estado flácido mide un poco más de 15 cm. y casi 3.5 de diámetro, sin circuncisión. Así que eso es lo primero que el Dr. Farrel, trata de resolver en el rebelde macho americano.

   -No hay esclavos que no estén circuncidados, Abdul. -le repite una y otra vez, el malvado y deshonesto médico a su jefe, tratando de que acepte que Steve sea sometido a la circuncisión lo mas pronto posible.- Además recuerda la argolla que vamos a colocarle, es necesario que su miembro sea circuncidado lo más pronto posible, no hay por que dejar pasar tiempo. Debe hacerse esta misma tarde.

   Abdul se queda pensando en lo que su asesor médico le esta sugiriendo. Realmente Farrel tiene razón, Steve necesita que su miembro sea el de un esclavo real, el prepucio debe ser removido: los esclavos no deben ocultar la cabeza de su miembro debajo de piel alguna. Además junto con el doctor Farrel ha decidido ponerle a Steve una argolla o piercing como les dicen en otras partes, así que debe de decidir lo mas pronto posible, ya que primero debe hacerse la circuncisión antes de los piercing.

   -Está bien, hazlo esta misma tarde; ordenare que te lleven a Steve, pero yo quiero estar presente, ¿entendiste? -le remarca la última frase para que no haya duda de cómo será el tratamiento que le darán a Steve en ese pequeño consultorio.

   -Se hará como tú digas, jejejejejeje… Iré a preparar todo para recibir a ese perro. -dice muy contento el Dr. Farrel mientras sale dejando a Abdul muy pensativo, quizá cavilando aún en el manejo que van a darle a Steve y que lo hará ser definitivamente otro; ya no podrá ser el arrogante macho, sino mas bien el sometido y puto americano. Su dulce y dócil esclavo, puesto en este mundo únicamente para servir a sus caprichos sexuales.

   Una leve sonrisa se dibuja en el delgado rostro de Abdul; sabe que Steve se sentirá más humillado, sus bolas ya estaban controladas, ahora trabajaran sobre su miembro, el que como todo buen esclavo debe mantenerse casi rígido definitivamente.

   Por su parte Steve, ajeno a todo lo que se decide hacer con su cuerpo, permanece aun tirado en el suelo de la jaula, sin poder levantarse, sin ni siquiera desear hacerlo. Esta aún dormido cuando siente que es levantado en vilo, por varios pares de fuertes brazos de los soldados.

   -¡¿Eh?! ¿A dónde me llevan? -pregunta aún atolondrado por lo que le pasa; nadie le responde, sólo es sacado de la jaula y llevado por largos pasillos hasta llegar a lo que supone es un consultorio médico.

   -Ya verás lo que te espera, perro americano. -responde al fin uno de los soldados que más odio siente por él musculoso macho. Lo trasladan hasta el consultivo, esperando las órdenes del Dr. Farrel quien llega en ese momento.

   -¡Vaya, vaya! Ya está aquí nuestro, “paciente”, perfecto. ¿Cómo van esas bolas? -le pregunta burlón a Steve, quien está sujeto por los soldados, manteniéndolo de pie. Eso le da la libertad a Farrel de tocar obscenamente las bolas del americano fingiendo examinarlas después de haberles colocado la liga de presión alrededor, pero buscando más que nada el humillar al rebelde soldado americano.

   -Te voy a matar, perro. -le grita Steve al sentir como sus bolas son examinadas con una fuerte presión por parte del doctor; forcejea tratando de liberarse, de soltarse de los brazos que lo sujetan, pero no lo consigue.

   -¿Aún rebelde, sargento? –le interroga con una sarcástica sonrisa, el demente doctor, quién al ver como Steve se revuelve por la humillación empieza a presionar más fuertemente las bolas, para causar dolor al americano. Presionándolas más duramente causando el dolor en la parte más sensible de cualquier hombre, aún más en Steve, quien con la fuerte presión que tiene en sus bolas y su indefensión física, lo colocan como un blanco perfecto del sádico sujeto.

   -Aghhhhhhhhh, aghhh… -el grito de Steve no se hace esperar, a pesar de ser uno de los soldados mejor entrenados, no puede dejar de sentir el intenso dolor que le provoca la fuerte presión de esas manos que parecen pinzas de acero tratando de “quebrarle” sus “güevos”.

   -Tranquilícese, Anderson. No tiene por que ponerse así. No quiero lastimarle. -le repite en un tono más condescendiente, mientras su cara dibuja una sonrisa burlona

   -Aghhhhhhh, aaghhhhhhh, mhmhm. -Steve trata de controlar el intenso dolor, de no darle la satisfacción de demostrar que está sufriendo, que le duele en exceso lo que le está pasando a sus bolas, pero conciente de que solo su inmovilidad lo liberará de esa tortura poco a poco va quedándose quieto dejando de forcejear, para que sus adoloridas pelotas puedan estar tranquilas al menos un tiempo.

   -Así me gusta, así está bien, sargento, siga así, buen chico. -le dice Farrel cuando ve que Steve deja de forcejear con los soldados que lo mantienen sujeto y él va aflojando la presión pero remarcando con sus movimientos que si vuelve a moverse la presión será mayor esta vez.

   -Aaahh, ahhhh. -gemidos de alivio se dejan oír de parte de Steve al sentir que sus bolas ya sólo tienen que soportar la presión de la liga y no la de los dedos del Dr. Farrel.

   -Colóquenlo en la mesa. -les ordena Farrel a los soldados, quienes suben entre cuatro el pesado cuerpo musculoso de Steve, casi 100 kilos de músculos sólido. Desnudo lo ponen boca arriba en la mesa de cirugía mientras siguen sujetándolo.

   -Listo Dr. Farrel. -dice uno de los soldados.

   -Atenle las piernas a las esquinas de la mesa, que no pueda moverlas. Mejor aún que el borde de la mesa quede en las rodillas del sargento.

   Así que en cuestión de minutos Steve está atado el borde de la mesa, que queda justo en la parte posterior de sus rodillas, así que sus musculosas piernas están flexionadas, para después ser sujetas manteniendo la separación entre sus muslos, ya que cada una de sus rodillas está sujeta a los ángulos de la mesa. Su gran miembro cae pesadamente sobre la parte superior de su muslo izquierdo.

   -¿Qué van a hacerme? –pregunta con algo de temor, más por la respuesta que puedan darle.

   -Sólo será cuestiones de manejo, sargento, no se preocupe. -le responde Farrel.- sujétenle la cabeza también, que no pueda incorporarse.

   Tomando una de las fuertes cadenas la unen al collar que Steve tiene en el cuello, y lo sujetan al extremo contrario de la mesa para poder mantenerlo recostado sin que pueda levantarse. Aún con los brazos inmóviles a sus espalda.

   -Los brazos pónganlos sujetos a los lados. -les ordena el doctor Farrel.

   Los soldados inmediatamente sacan la llave para liberar los fuertes brazos del solado y fijarlo a los lados de la mesa para que quede el cuerpo de Steve, en forma de “x”. Para evitar que mientras sus brazos están libres, Steve pueda forcejear, el doctor Farrel vuelve a tomarlo de las bolas presionándolas sin dañarlas, pero marcando que si hace cualquier movimiento por tratar de liberarse, sus bolas son las que pagarán las consecuencias. Steve capta el subliminal mensaje y permanece quieto, sin poder moverse, más bien por no exponer a sus bolas a sufrir las consecuencias de lo que le pueda suceder. Suda y está frío de temor.

   Los soldados terminan de poner los brazos de Steve fijos a la mesa, así que ya está indefenso, fijo firmemente en la mesa, boca arriba en espera de su suerte en manos de esos dementes. ¿Qué pensaran hacerle?, se pregunta una y otra vez, sin poder contestarse a sí mismo; sabe que no será nada agradable ni placentero, después de hacer sido desflorado por Abdul y de aprisionarle sus bolas de forma definitiva, lo que está por venir debe de ser algo más grave.

   El doctor Farell observa divertido mientras los soldado reducen a Steve a la impotencia física más aún al ver la cara de asombro del soldado (ese hermoso rostro, se dice excitado), que no sabe qué ocurre pero teme lo que le sucederá. Espera sólo la llegada de Abdul para poder dar comienzo a lo que tiene planeado para el musculoso macho. No es mucho el tiempo que tiene que esperar, la puerta se abre violentamente y es Abdul quien entra, esbozando otra sarcástica sonrisa al ver como Steve está reducido a la impotencia física en espera de ser circuncidado, aunque él no lo sabe aún.

   -Veo que ya tiene todo listo, doctor Farell.

   -Así es, usted me indica cuándo empezamos, señor. -responde de manera servil.

   -¿Qué me van a hacer? –vuelve a preguntar Steve.

   -Jejejejeje… -la risa burlona de Abdul le da a entender que lo que le espera será algo muy desagradable.- Sargento Anderson… -le contesta mientras avanza lentamente hasta la cara de Steve, quizá para poder observar más detenidamente la expresión del soldado americano cuando sepa que perderá su prepucio y que tendrá que cargar de ahora en adelante con algunos “accesorios” más en su atractivo cuerpo.- …usted es un esclavo y debe tener la verga como todos los esclavos.

   -¡¿Queee?! –deja salir entre sorprendido y algo extrañado.

   -Si, sargento Anderson, usted será circuncidado; los esclavos no deben ocultar su miembro a la mirada de su amo.

   -¿Qué? Noghhh… -se rebela al oír lo que va a pasarle; trata de forcejear, pero es inútil está fuertemente sujeto, sus movimientos son muy leves y no puede escapar a su destino, su miembro esta destinado a dejar de usar la “capucha” que mantiene lubricada la cabeza de su verga.

   -Si, Steve, tú eres mi esclavo, desde que te llene el culo con mi leche, alimentándolo de macho, te volviste mío, ¿no lo recuerdas PUTO AMERICANO? -se lo repite mirándolo fijamente a los ojos, recordándole que lo desfloró, que lo penetró salvajemente y que lo hará suyo cuantas veces lo desee y que hará con su cuerpo todo lo que se le antoje.

   -¡PUF! -Steve escupe el rostro de Abdul, ante el desconcierto de los presentes por la osadía del americano de hacer eso con su jefe.

   ¡PLAF! Un fuerte golpe se estrella en el varonil rostro de Steve como respuesta a su osada acción.

   -¡Perro! Esto lo vas a pagar muy caro.

   El doctor Farell está llevando a cabo la asepsia para poder remover el prepucio, está limpiando el área y desinfectándola para evitar posibles infecciones. Un procedimiento muy sencillo y rápido, pero cuando está por aplicarle la anestesia local inyectándosela alrededor del prepucio, es detenido por una mano de Abdul.

   -Sin anestesia, doctor, quiero que este perro sienta cuando le quita el capuchón.

   -Si, señor. -con alegría en la mirada, Farell cumple la orden. Su sadismo será halagado al máximo cuando escuche gritar a Steve mientras vaya cortando el excedente de piel.

   La mirada de Abdul se topa con la mirada desafiante del impotente soldado, quien aún en esa situación no deja de sentirse altivo y orgullos, tratando de demostrar que puede soportar eso y mas, al menos eso es lo que el cree. Mientras Farell prepara el instrumental las miradas de Abdul y Steve no se despegan la una de la otra; ambos están como imanes unidos por esa constante lucha de dominar y de rebelarse; de poseer y de resistirse.

   -Listo señor, vamos a empezar. -dice Farell mientras mantiene unas tijeras en su mano listas para empezar a cortar el prepucio de Steve.

   -Hágalo. -ordena Abdul, sin siquiera voltear a verlo, fija su mirada en los azules ojos de Steve.

   -Será un placer, señor. -responde feliz, el doctor.

   Steve aprieta las mandíbulas mientras su mirada se torna furiosa, al sentir como su miembro está ahora en manos del doctor Farell, quien después de enrollar su mano en el grueso miembro le da varias fricciones para poder lograr que presente una erección leve, después recorre el prepucio hacia atrás para descubrir el glande de Steve, sin conseguir que este deje ver alguna mueca de vergüenza o dolor. La mirada de Abdul permanece fija en la cara del soldado para no perderse detalle alguno cuando lo escuche gritar de dolor.

   -Iniciamos. -dice el doctor Farell mientras coloca las tijeras en el prepucio.

   Steve pasa saliva al sentir el frió del metal de las tijeras aprisionando primero el frenillo que une el prepucio con el glande, y como poco a poco van cerrándose las tijeras para separar primero el prepucio. La mirada de Abdul espera impaciente la reacción de Steve, el grito que le provocará ser circuncidado sin anestesia. Farell descarga un certero corte en el frenillo del prepucio, la sangre brota y un lamento, más que grito parece aullido, es ahogado por parte de Steve.

   -Aghhhhhhhhh, mmmghmmmmm, ngghnnnnn. -trata de no darles el place de oírlo gritar. El tratar de forcejear o moverse es intuí, todo su cuerpo está perfectamente sujeto con una precisión asombrosa que les permite manejarlo quirúrgicamente con toda la libertad del mundo. Trata de asimilar el dolor que le provoco ese primer corte, siente como la sangre escurre y moja parte de su miembro y sus bolas; como ahora está sin vello, puede sentir claramente como la sangre resbala.

   -Jajajajaja… Aun no empezamos, Anderson. -le dice Farell mientras continúa tomando con las pinzas el extremo del prepucio para separarlo del glande e iniciar la circuncisión del rebelde macho.

   Steve siente la presión de las pinzas en el prepucio, y como lo estira para hacer un corte perfecto y dejar definitivamente descubierto el glande del pene. Sabe que será doloroso pero espera poder resistir, no darles la satisfacción de gritar.

   -HÁGALO, FARREL. -ordena Abdul para apurar la tortura del macho americano.

   Todos los músculos del atlético cuerpo del americano están en tensión, sabe que su miembro es una de sus partes más sensibles así que será difícil soportar; su cuerpo ya bañado en sudor empieza a sentir como las frías tijeras se preparan para separar definitivamente su exceso de prepucio.

    -AGHHHHHHHHHHHH… AGHHHHHHHHHHHHH, AGHHHHHHHHHHHH… -el grito de Steve es imposible de ahogar debido al intenso dolor que padece cuando las tijeras van cortando lentamente el prepucio; Farrel lo hace lo mas lento posible para tratar de que el americano sienta más dolor.

   -¿Lo sientes, puto? ¿Te duele?

   -Aghhhhhhhhhhhhhh, aghhhhhhhhhh, aghhhhhhhhhhhh, ngggggggg… -Steve trata de moverse pero lo único que consigue es que el corte de su prepucio sea mas lento que antes. Farell ríe ante el sufrimiento del americano. Abdul disfruta como se revuelve Steve, toda su resistencia está siendo doblegada mientras está siendo circuncidado. Farell lentamente va recorriendo toda la circunferencia del miembro para ir desprendiendo el prepucio, mientras cada músculo de Steve se contrae; se nota como las venas de su cuello se dilatan por la desesperación de soportar el dolor del corte.

   -Tranquilo, americano, ya casi…

   -Aaghhhhhhhhhhhhh, aghhhhhhhhhhhh, ngghhhhhhhhhh… -por más esfuerzos que Steve hace por no gritar, estos resultan infructuosos; el dolor es intenso, lo doblega. Están transformándolo en un real esclavo, en un real puto, en el puto americano que estará a la disposición de Abdul y que lo someterá en todas su formas. Lo que Steve era anteriormente quedará en el olvido para dar paso al mejor esclavo que hay tenido el ejercito iraquí, la puta más caliente que aquellos hombres puedan conseguir. El culo más ávido de vergas babeantes, paradas de ganas por clavarse en sus carnes.

   Los pocos minutos que dura la cirugía le parece eternos a Steve, quien apenas puede reponerse. Queda exhausto después de que su prepucio es removido totalmente.

   -Aquí esta señor. -dice Farell, mientras le muestra el pedazo de piel que le ha quitado a Steve. Con una fría mirada sólo voltea un segundo para no perderse de la imagen del americano sufriendo.

   -Cauterízalo. -le ordena Abdul.

   -Con gusto , señor. -el doctor Farell toma el pequeño cauterizador, que es una especia de cautín diseñado para cauterizar pequeñas hemorragias, así que solo va pasándolo por el borde de piel para que la sangre deje de brotar por la herida.

   Steve siente que toda su entrepierna esta húmeda por la sangre que escurrió. El dolor de la cauterización es también intenso, fuerte, pero no tanto como el del corte, en unos cuantos segundos ha sido cauterizado todo. Así que después de esto, Farell empieza a frotar el miembro de Steve, tratando de que se erecte (estremeciéndose lujurioso al tenerlo en su mano), lo que es algo difícil tomando en cuenta que está adolorido, pero sabiendo que en esos momentos el culo de Steve está sensible por la sustancia que le aplicaron, así que es sólo cuestión de estimularle la próstata para poder hacer que se erecte. Es un trabajo que el perverso médico desea realizar, con todo e placer del mundo; el dedo penetra de improviso el indefenso culo del musculoso soldado.

   -Aaghh… -la inesperada invasión lo hace gemir por la brusquedad en su adolorido culo que fue violado apenas unas horas antes.

   -Colócale primero el piercing. -ordena Abdul a Farell, quien casi con un gesto de molestia tiene que sacar su dedo del fabuloso, redondo, duro y perfecto culo de Steve. Pero sabe que Abdul está en lo correcto, primero el piercing, luego podrá jugar con ese culo, tal vez su amo lo deje meter dos dedos, o pasarle la lengua al suculento manjar…

CONTINÚA SUCIO… 8 

Julio César.

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