DE CINE

CAJA PUTA

   Muchos deseaban meter la nariz… en sus asuntos.

   Mariana se molestó al verlo vestirse. Se supone que iba a una reunión de trabajo en la imprenta del diario, pero ella sabía que cuando usaba esa ropita interior, Rigoberto se iba de putas. Era un carajo tan mujeriego. Pero era inútil decirle nada. Sabía que si preguntaba o comentaba algo, lo negaría.

   Rigoberto tiembla mientras se mira al espejo. Anda caliente. Siempre le pasa con esa mierdita de calzoncillo… Ronco se despide de Mariana y acude a la cita de trabajo en el taller gráfico. Discuten y discuten. Casi no oye nada. Espera. Cerca de las once de la noche terminan y se niega a salir a tomar algo. No puede perder más tiempo. Detiene su carro en aquella fea y peligrosa esquina de el Centro y va hacia el algo destartalado y solitario teatro Jurín, donde desde las seis de la tarde, todo es porno. Del hétero, con mujeres tetonas que gritaban mucho. No le importa. Tiene su rutina.

   Entra, está oscuro, sólo la pantalla, donde dos catiras tetonas maman a un negro, proporciona algo de alumbrado. Hay muy pocos carajos. Todos disgregados como corresponde a tipos que han ido a ver porno. Recorre el lugar con la mirada, allí nota a un joven marino de cuello grueso, pasa tras él, ve como se soba una gran erección sobre el blanco uniforme. Rodea el pasillo y cae un asiento más allá, mirando la pantalla. El joven se molesta, tanto espacio y ese guevón caía junto a él que sólo quería sobarse el güevo caliente, aunque… inquieto nota como el carajo, viril y masculino, le mira la tranca. Ay, papá, marica a la vista, se dice el joven, entre molesto y más caliente. Lo mira, echón y grosero, sobándose, y Rigoberto sólo mira esa tranca bajo las ropas. Luego mira al joven y lentamente se pasa la lengua por los labios.

   Ardiendo el chico se saca una verga enorme, roja y gruesa, sonriendo. Y Rigoberto cae en la silla de al lado, con mano firme le soba la porra y le pasa la lengua desde la base. Está caliente, dura y tiembla. El chico gime cuando se la traga goloso, gimiendo con los ojos cerrados, a ese carajo le encantaba mamar güevos así, eso estaba claro mientras subía y bajaba, chupando, besándole la cabezota, azotándosela con la lengua, tragándola otra vez y metiendo la nariz en su bragueta. El chico gime, no es gay, pero ¿quién se resiste a una buena mamada? Sube y baja sus caderas, en esa sala de cine, cogiéndole la boca al viciosito ese. Ignora que otro tipo los mira, asombrado, escandalizado… y caliente. Ese tipo mira la boca subir y bajar, los labios rojos rozándose sobre el duro tolete… y quiere eso, que se lo mamen a él también. Se pone de pie, va junto al marinero, quien se tensa algo, y cae, sacándose la verga erecta.

   Rigoberto jadea dichoso, ¡dos güevos para él!, y mientras masturba con ganas el ensalivado güevo del marinero, toca el otro, tragándoselo en seguida. Esos carajos no se miran, ven al frente, pero luchan por guiar la nuca de Rigoberto de una verga a la otra. Y el carajo mama una, mama la otra, se llena la boca de güevos y sabe que es lo más rico que hay en el mundo. Esta casi agachado sobre su asiento, de una verga a la otra, cuando a sus espaldas unas manos abren su pantalón, bajándolo, y dos manos grandes y rudas soban sus nalgas, se meten dentro del calzoncillo y lo azotan. Grita ahogado cuando el calzoncillo baja y una lisa cabeza de güevo, caliente, se frota de su raja interglútea. Gruñe ahogado, con la verga del marinero en la garganta, cuando ese güevo se le clava en el culo, lento pero hasta el fondo, quemándolo. El tolete sale y entra, cogiéndolo, y ahora si que Rigoberto está en la gloria.

   Mama de uno a otro mientras lo cogen, se traga la leche del marinero que le grita tómatela todo, maricón de mierda, mientras nota como otros tres carajos lo rodean, con sus vergas babeantes, esperando su turno. Y lo tienen. Grita, suda y se estremece mientras mama toletes y dos o tres se turnan en su culo vicioso y caliente tan necesitado de machos.

   Es casi la una de la madrugada cuando satisfecho, y totalmente oloroso a semen, Rigoberto entra al pasillo que lleva a su apartamento. Casi saca sus llaves cuando la puerta de en frente al suyo, se abre y aparece Armando, el vecino, quien sonríe, con Víctor, otro vecino, a su lado.

   -Vecino, lo esperábamos… Pase y tome algo con nosotros. –invita Armando.

   -Lo siento, vecino, estoy cansado y…

   -Creí que o se negaba a un buche de leche. –sonríe Amando, burlón.- Víctor dice que lo vio en el cine protagonizaba La Perra más Puta de Caracas. –los dos sonríen.- Pase… ¿o le pedimos permiso a su mujer?

   -Bueno… está bien, pero una mamada y…

   -Ah, no, yo soy goloso. Quiero boca y culo. –termina Víctor, sobándose ya la evidente erección sobre su pantalón.- Y rápido, que mi mujer me espera…

POR LOS FANATICOS

Julio César.

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