CASS VS DEAN… 2

 CASS VS DEAN

   En esta historia que NO ES MÍA, Castiel ha decidido “castigar” a Dean por oponérsele en su lucha contra Rafael. Y lo hace, pero las cosas no le salen tan bien. ¿Que por qué me gusta el relato? Dean, despertando pasiones como siempre, es sometido, pero no es un juguete sin voluntad. También él hará sufrir a Castiel.

……

Titulo: The penitente’s Mark

Autor: yeya-wc

Tema: Dean/Cass

Estado: en proceso

Rating: PG-17

Resumen: Castiel castigará a Dean por oponérsele, y este sabrá porqué lleva su marca.

   -Cass… amigo, hermano… -intenta una sonrisa nerviosa. No sabe a dónde quiere llegar el ángel, pero le da miedo.

   -No, Dean. No soy tu hermano. –suena a bofetada, alza la barbilla y sus ojos relampaguean.- Nunca lo he sido. Nunca te he visto como tal. –le aclara.

   -¿Qué mierda hablas? Claro que eres mi hermano. Te quiero como tal. Hemos pasado por tanto juntos… –tiene que gritar, todo furor.- Mira, Cass, no sé qué tienes en mente, pero yo no le pertenezco a nadie. Ni a ti, ni al Cielo ni a nadie. Yo…

   -Dean… -exhala Castiel agotado, bajando la mirada, elevándola luego, acercándose rápidamente al rubio, tocándole con esa mano extrañamente cálida (¿Cass siempre la ha tenido así?), en el rostro, la otra sobre su torso, encima del corazón, y el mayor de los Winchester siente que cada nervio de su cuerpo es atravesado por una cálida corriente que le hace responder, casi deseando frotar la mejilla de esa mano.

   -¡Cass! –jadea temeroso. Castiel le estudia fijamente, sonriendo levemente.

   -No temas, Dean. ¿Recuerdas cuando le dije a Sam que acudía a tus llamadas porque entre los dos había una conexión más íntima? Es esto. Tu alma recuerda el toque curativo y generoso de mis manos. Ahora estás aquí, a salvo de todo, de los monstruos, demonios y peligros. Aún de Sam, llevándote siempre por amargos callejones emotivos. Nunca has tenido a nadie. Sólo a tu madre y ella murió muy joven. Fuiste sólo un soldado para tu padre y el guardián de tu hermano; nadie ha querido nunca anteponer su bienestar al tuyo, a pesar de que te has entregado por todos, buscando aprobación y afecto. Has deseado dar amor tantas veces, a tu manera, pero nadie ha querido aceptarlo. Ni siquiera Lisa. Has sufrido tanto, mi pobre Dean, has estado tan solo… Pero eso acabó.

   -No soy una cosa. –grazna, indefenso, molesto consigo mismo por no apartarse, por desear, en una parte de su cabeza, cederle el control a Castiel.

   -Eres mío; tan sólo eso. El humano que reclamé y quien me debe adoración. –los dedos se clavan un poco en Dean.- En los viejos tiempos la humanidad nos adoraba. La mayor bendición era ser visitado y servir a un ángel del Señor. Ahora ese honor es tuyo. Estás aquí para servirme y adorarme. –termina, con resolución.

   Y Dean tiene miedo, porque si, porque desea ceder. Pero…

   -No… no… déjame. –jadea Dean, ronco, dando un paso atrás y chocando con el borde de un mueble.- Yo no… no soy una maldita res. No puedes reclamarme por una marca.

   -¡Pero la tienes! –enfatiza. Su rostro es inexpresivo como siempre, pero en su mirada brilla la burla, en su tono la cruel diversión. Pensaba castigar a Dean Winchester, hacer que este se arrepintiera toda la eternidad por molestarle.- Mi marca está en ti y todos lo saben. –su mano vuelve a la mejilla pecosa del rubio, y aunque no quiere reconocerlo, tan sólo ver todo ello como una cruel broma, a Castiel le agrada eso. Tocarle. Reclamarlo para sí.

   -¡Vete a la mierda! –le grita Dean, agitado, sacando fuerza de flaquezas y empujando lejos la mano del ángel, mirando en todas direcciones; como rata acorralada echa a correr hacia la puerta. Las cual está cerrada. O pintada. O tan sólo la imagina. Joder. Siente unas ganas horribles de comenzar a patearla.

   -Dean, no lo hagas más difícil para ti. Lo digo por tu bien. –Castiel casi suena compasivo.- Sencillamente ríndete. -le aconseja, soplándole su aliento en el cuello al llegar rápidamente a su lado, olfateando suavemente el olor del cazador.

   -Muérete, Cass. –ladra volviendo el rostro y fulminándole con la mirada, todavía intentando hacer girar el picaporte.- No pienso quedarme aquí para oír tus desvaríos de intoxicado. En cuanto Sam se recupere de recordar su estadía en el Infierno vendrá por mí, revolverá cielo y tierra. –advierte.

   -Lleva dos semanas buscándote.

   -¿Qué? ¿Dos semanas? –se aturde.- No, no puede ser. Yo acabo de despertar y… -se ve terriblemente confundido, tanto que deja que Castiel tome sus manos, guiándole hacia la cama, antes de reparar en ello y detenerse.- ¡Suéltame! ¿Qué es eso de dos semanas? –exige saber.

   -Así como en el infierno un mes corresponde a un año de la superficie, aquí una hora son semanas en la tierra. En el Paraíso puedes vivir toda una eternidad en un día. En el mejor día de tu vida.

   -Él… Él me encontrará. Sam no… –jadea, terriblemente confuso, recorriéndolo todo nuevamente con la mirada, buscando qué romper en la cabeza de Castiel y poder huir.

   -Ni se te ocurra. –advierte con voz fría, mirada dura, la misma que mostró la noche que le exigió respeto o le devolvería al infierno.

   Y Dean traga saliva, intimidándose por un momento. Pero, respirando agitadamente, intenta recuperarse. Es Dean Winchester, carajo, el gran cazador, no dejaría que una cosa sobrenatural le retuviera. Sabe que tiene que intentar huir, el ventanal estaba medio abierto. Tal vez…

   Va a echar a correr en esa dirección, subiendo sobre la cama si fuera necesario. Pero no llega a montar un pie en la cama cuando una mano cálida y fuerte le atrapa la cadera, paralizándole.

   -Quieto. –oye la orden a sus espaldas, una que no puede ignorar. Esa mano recorre su cintura, los suaves dedos palpan el hueso de su cadera, erizándole la piel.

   Dean no puede entenderlo, debería alejarse, desoírle y subir a gatas a la cama, llegar al otro lado e intentar escapar, pero el roce de esa mano, segura de sí, que parece estar acariciando el lomo de un gatito o un cachorro, con propiedad, le debilitaba. ¡Se sentía tan bien!

   Castiel lo nota y su respiración se vuelve pesada.

   La otra mano cae también sobre la dorada piel, rodeándole, acariciándole firmemente el plano abdomen. Al paso de esa palma y dedos abiertos, Dean siente que la piel le arde, todo su cuerpo se estremece y debe hacer un esfuerzo sobrehumano para no jadear, o echar el cuerpo hacia atrás, apoyándose en Castiel, quien casi le arrincona, rindiéndose y dejándose hacer. La primera mano rodea su cintura, los dedos se hunden sobre el boxer, palpando su piel, y Dean traga grueso, deseando flexionar violentamente los dedos de los pies.

   -Cass… -era un susurro débil, todavía obstinado.

   -Silencio. –ordena el ángel, perdido en las sensaciones. Siente el temblor de la piel bajo sus manos, cuando su pulgar juega y entra en el ombligo de Dean, no puede evitar estremecerse también. Dean se tensa todo y Castiel desea morderle uno de los enrojecidos y pecosos hombros. Lo tiene. Dean es suyo.- Abre las piernas para mí. –exige sin consideraciones, sabiendo que irrita a Dean, en su masculinidad pero también en su mente, porque sabe que el rubio quiere resistirse aunque su cuerpo no.

   El cazador obedece, sorprendido de sí mismo pero imposibilitado de negarse. Castiel traga al ver esas nalgas musculosas, redondas y firmes abriéndose un tanto bajo el boxer blanco. Quiere ser frío (joder, ¡es el nuevo dios!), pero el pulso le tiembla de emoción. El dorso de su mano baja, sobando sobre la suave tela, empujando, metiéndose entre los glúteos. Qué firmes. Cómo queman. Dean casi salta, cerrando un tanto las piernas. Y el culo sobre sus dedos.

   -No, Dean, ábrete para mí. Muéstrame cuándo te gusta que te toque así. –repite, y el rubio quiere gritar de frustración cuando obedece.

   Cierra los ojos, totalmente enrojecido de vergüenza y rabia, cuando las dos manos de palmas abiertas caen sobre sus nalgas, acariciándole. Joder, no; no podía ser que Castiel deseara… cogerle, ¿verdad? Esto debía ser una broma enfermiza. Sí, seguro que era eso.

   -Quédate quieto, Dean. No te resistas. Déjate llevar. Tu cuerpo responde a su dueño, desea mostrarme cuánto desea ser mío, entregarse, rendirse. Someterse. Tú lo necesitas. Necesitas entregar tu voluntad, tu autodeterminación, tu albedrío. Deseas que te lleve de la mano, que decida que es lo mejor para ti. –informa en voz baja, susurrante sobre una de sus orejas, bañándole con el cálido aliento, cosa que hace gemir a Dean. O tal vez era el que el ángel estaba pegado a su espalda y lo que adivinaba entre sus piernas frotándose levemente de su culo, no era una banana o un estuche de monedas.

   -No, Cass, por favor… -pide, pero jadea cuando esos brazos le rodean la cintura, halándole, cuando ambas palmas le acarician con urgencia, notando por primera vez lo fuertes que parecen, los vellitos negros que los recorren, las venas marcándose. Podía sentir la solidez del otro contra su cuerpo y la voz murió en su boca.

   -¿Te disgusta, Dean? ¿No deseas que reclame lo que me pertenece? –pregunta, procaz, el ángel, los resecos labios acariciándole una oreja.- Dime que no, dime que me detenga y te dejaré ir…

   ¡Claro que lo diría! Dean jadea, animándose, era la oportunidad de terminar con toda esta mierda. Le diría que se fuera al coño y… Es cuando Castiel muerde el lóbulo de su oreja, lentamente, chupándole, luego, con la lengua, recorre todo el pabellón y azota la entrada de su canal auditivo. Y Dean Winchester gime, estremeciéndose poderosamente; esa caricia iba directamente a su verga, endureciéndosela, provocándole espasmos debajo del boxer. Deseaba ser tocado allí, que le acariciaran, que le masturbaran, pero también…

   Grita y se arquea hacia atrás cuando Castiel atrapa sus tetillas y aprieta, con fuerza, demasiada, mientras frota de arriba abajo su propia verga erecta de ese culo firme. Y Dean se marea, su propio culo va y viene buscando el roce con la dura verga; comprendiendo, aterrado pero también caliente, que lo desea, quiere que Castiel le haga todo lo que se le ocurra. Sabe que no podrá oponérsele.

   -Eres tan hermoso… -gruñe Castiel, casi molesto cuando atrapa entre los dientes ese lóbulo nuevamente, halándolo.- Tan jodidamente bello y deseable. Eres una trampa del demonio, Dean, puesto enla Tierrapara perder a ángeles y santos. Eres la tentación, el pecado… -sus manos recorren ese torso, ese abdomen, deseando abarcarlo todo, codicioso.- Y eres mío. Sólo mío. Y cuando termine contigo lo reconocerás así. Con felicidad y humildad, agradecido de mi posesión sobre ti. Te diré qué hacer, qué pensar, qué desear y te parecerá lo mejor del mundo, vivir sin responsabilidades u obligaciones. Esperarás con ansiedad por mi llegada, lloraras de felicidad por mis caricias, dormirás a los pies de mi lecho y te arrastras de ganas por él para llegar a mis brazos cuando te lo ordene.

   Sonaba horrible, todo lo que era Dean Winchester deseaba oponerse, pero cuando la mano del ángel atrapa finalmente su verga erecta y babeante sobre la tela del boxer, comprende que necesita eso; en ese momento lo único en lo que puede pensar es en cuánto desea revolcarse en esa cama con Castiel y permitirle hacer lo que deseara con su cuerpo. Quiere ser tocado, lamido y mordido. Joder, si, poseído.

   Y pensaba hacerlo. Era lo que el ángel deseaba. Castiel se aleja un tanto y Dean extraña su peso y calor. Coño, ¡extraña la dureza de su verga! Pero pronto salta cuando una mano del ángel baja por su espalda, los dedos rozan el boxer y entran. No saben exactamente quién gime, tal vez fueron los dos, se dice el cazador cuando esos dedos recorren su tersa piel caliente. Dios, una voz de rebeldía (muy parecido al tono de Sam) estalla en la cabeza del rubio. Cass estaba a punto de…

   -Tú lo quieres, Dean. –adivina Castiel, mordiéndole un hombro, lamiéndolo con un gemido ronco, como si fuera la cosa más deliciosa que ha probado en sus largos milenios de vida. Y tal vez lo era. Mientras sus dedos se clavan en la raja entre las nalgas, flotando sutilmente sobre la entrada de su culo, se dice que quiere recorrer cada centímetro de ese cuerpo con su lengua.- ¿Lo sientes, Dean? Todo tu cuerpo se estremece en la espera de ser llenado por mí. Es lo que debe ser, lo que es desde que marqué tus carnes. Una vez que seas mío te sentirás renacer, lleno, completo, saciado como nunca. –aclara, con soberbia y burla, pero también con deseo.

   -Por supuesto, hijo de perra. –todavía logra robarle fuerzas a la debilidad, a las ganas de dejarse hacer.- Seguro que lo mejor para mí es dejarme someter por ti, el permitirte convertirme en tu perra. –la voz le falla y los labios le tiemblan, pero aún así lanza su desafío.

   -Eres tan testarudo. –por primera vez Castiel parece perder la paciencia. Sin embargo, le gusta. Es un desafío. Enfrentará y vencerá a Dean Winchester. “Tu perra”, la frase todavía da vueltas en su cabeza. Y con el índice comienza a frotar la entrada de ese culo, sintiendo como el rubio se tensa, oyendo como jadea contenido. La falange se abre paso, cuesta, pero lo hace, y con ella comienza a acariciar la cerrada entrada de forma circular.

   -Oh, Dios, Cass…

   Dean enrojece todo, luchando por no gemir y pedir más, o, peor, echar el culo hacia atrás, buscando ese dedo cálido. Le debilita, todo, esa caricia y la cercanía del otro, arropándole con su aroma a campo, a día soleado de otoño, con ese calor que irradia como una hoguera. Una parte de su mente se rebela, le ordena que se aleje, sería fácil, dar dos bruscos pasos fuera de los brazos de Castiel, pero de alguna manera eso le sienta mal. Es como… Si, como si su cuerpo estuviera reconociendo el poder y el derecho que el otro tiene sobre él.

   -Eres mi perdición, Dean… -gruñe el ángel con resentimiento, mordiéndole un hombro, pegando la lengua de la cálida y deliciosa piel.- Debería estar castigando a los pecadores y a los impíos, purificando la tierra, haciendo llover el fuego de mi ira sobre los inicuos, y sin embargo aquí estoy… –al decirlo, casi sonríe con amargura, al tiempo que oye el gemido derrotado del rubio.

   El esfínter se relaja y abre, permisando la entrada, gritándole sin palabras que lo desea. Y Castiel, el nuevo dios todo poder, no puede resistirse al deseo del mayor de los Winchester, deslizando finalmente su dedo, sintiendo como se quema dentro del apretado y suave culo cuyo músculos se abren y cierran violentamente sobre él.

   El rubio cierra los ojos y transpira a mares mientras su torso sube y baja, dejándose caer contra Castiel, débil, apoyando un lado de su nuca de la frente del ángel. Ese dedo parecía conocer el camino, entraba lentamente, dilatando y frotando, penetrándole, una y otra vez, y estimulaba algo que le hacía ver estrellas. Un pensamiento oscuro llena su mente: ese parecía el lugar justo para el dedo del ángel, muy adentro de su cuerpo.

   -¿Te gusta así, Dean? Sé que si. Tu cuerpo te lo grita… Reconoce que me pertenece. –y con hambre abre su boca y mordisquea la mandíbula del cazador, recorriéndola con labios y lengua, mientras el dedo sale un poco y vuelve a entrar acompañado de otro, consiguiendo que un maullido ronco de lujuria escape de la boca del rubio.

……

   -¡Maldición! –grita frustrado Sam Winchester dentro del pentagrama, mientras las velas humean al suave viento de la noche.

   Había intentado invocar a Crowley, a pesar de la firme oposición de Bobby, pero no había resultado. El puto demonio se resistía a presentarse. O no podía. O Castiel ya se lo había cargado. Joder, pero necesitaba de alguien que le dijera exactamente dónde retenía el ángel a su hermano. Ya habían pasado dieciocho días, más de dos semanas en las cuales el mundo entero pareció sumido en señales, prodigios y portentos. Estatuas lloraban sangre, cruces de fuego se levantaban en los cielos al amanecer, gente de vida licenciosa había muerto a causa de lepras repentinas, fulminantes y resistentes a medicamentos. Muchos demonios habían sido destruidos; también cazadores que intentaron enfrentar a la nueva y terrible entidad.

   -¿Qué hacemos ahora? –pregunta Bobby, sintiéndose algo descolocado al no ser el hombre de las respuestas y propuestas. No le hizo ninguna gracia la manera en la que Sam enderezó los hombros y alzo la mirada. Ese muchacho estaba a punto de hacer alguna estupidez. En eso se parecía tanto a su hermano…

   -Invocaremos a los ángeles.

   -¿A Castiel?

   -No, a sus rivales. Deben existir todavía seguidores de Rafael. O ángeles independientes que vean en Castiel un peligro parala Creación.

   -Sam, Castiel…

   -Lo sé, Bobby. Se cabreará mucho con nosotros; tal vez nos la cobre con intereses. Pero no veo otra solución. –suena resuelto y desesperado.- Entiéndelo, Bobby, tiene a Dean… No puedo dejarle en sus manos indefinidamente. Y menos sin intentar algo. –sus ojos descienden.- No pude hacer nada por él cuando fue al Infierno por mi vida… No le fallaré otra vez.

   -Hijo, ¿qué crees que Castiel le esté haciendo?

   -Está muy molesto con él, por enfrentarle, por no creer en sus designios. También con nosotros, pero… tú sabes que con Dean es diferente… -se corta todo, pero reparando en la mirada clara del otro, se decide.- Castiel siempre ha sentido demasiado apego por Dean. La manera en la que siempre le mira, el cómo acude siempre a su encuentro, el cómo hacía cosas por él, siempre mirándole como esperando…

   -Gratitud. Afecto. –termina Bobby cuando Sam calla.

   -Sé que Dean sentía aprecio, y gratitud, pero sabes lo jodidamente parco que puede ser con las palabras o para mostrar sentimientos. No sé si Castiel lo entienda y eso es lo que me asusta.

   -Oh, vamos, Sam, ya lo has dicho. El angelucho gusta de tu hermano, y no sé si solamente como algo platónico, por eso me pregunto… ¿le hará daño?

   -A veces terminamos lastimando lo que más queremos, Bobby. Yo… lo hice cuando estaba con Ruby. –suena mal.- Por un instante casi le maté, con mis propias manos, y deseaba hacerlo. ¿Y si Castiel no puede controlarse? –mira el pentagrama. No, no pensaba dejar a Dean en sus manos. Dean no le pertenecía a Castiel. Dean era…

   -Bien, invoquemos a los putos ángeles.

   Los dos cazadores trazan nuevas líneas, recitan otros conjuros. Por un momento parece que no va a ocurrir nada, luego las luces parpadean. Frente a los dos hombres aparece una mujer delgada, morena, de cabello largo y recogido en coleta, de gafas y traje. Su mirada es dura.

   -Winchester… -hay desprecio en su voz. Sam y Bobby intercambian una mirada.- Tienen valor para invocar a los ángeles, después de todo lo que han desatado.

   -Era menester. Necesitamos…

   -¿Por qué imaginas que haríamos algo por ustedes? –pregunta una segunda voz, un hombre delgado, negro, de rostro afilado.

   -Es por Castiel. –vigila de uno a la otra. La mirada que cruzan los ángeles, le inquieta. Parecen levemente cabreados, en lo que cabe en sus rostros inexpresivos.

   -¿Qué pasa con él? Hace rato no se sabe nada de su paradero.

   -Tiene a mi hermano y… -nuevamente ese cruce de miradas. Y desaparecen.- ¡Esperen! ¡Oigan! Vamos, vuelvan. ¡Maldición! –ladra frustrado.

   -Ay, Sam, ¿qué habremos hecho? –gruñe Bobby, preocupado.

CONTINUARÁ … 3

Julio César.

4 comentarios para “CASS VS DEAN… 2”

  1. Alyson Dice:

    Siempre son un muy buen aporte tus traducciones..!! ya me habia topado con esta historia aunque hace ya uun tiempo (cuando solo estaba el primer cap.) casi no lo recordaba y al volverlo a leer me encantó! ( d nuevo!!) obviamente Dean/Cas son mi pareja no cannon favoritaaa….. aunq Sera y compañia hayan hexo q Cas salga del programa de la forma menos digna posible!!! grrrrr xq nos hacen sufrir asiiii???? O.O *se va a un rincón a llorar*
    …..JC de que pag. has sacado la historia? , ya está muy avanzada?? cruzo los dedos xq sí……..actualizarás pronto???? Xfaaa jjaja

    • Julio César Dice:

      Hola, amiga:

      Verás, hace tiempo entré a una página rec no sé qué cosa, todos eran historias en inglés sobre la primera vez que Jared y Jensen, como actores de Supernatural, descubren que se quieren. Dándole clic en uno de los autores llegué a una buena página, buscando los favoritos de ella encontré esos, la de Jared como un príncipe que se enamora de Jensen policía, la de Jared granjero y Jensen un vaquero, y otras. Me gustaron porque no eran los típicos cuentos donde Jensen debe renunciar a lo que es para que Jared sea feliz, como ese donde el castaño le exige deje de actuar en porno o se acaba lo que tienen y Jensen sale a hacerlo. Copié algunas cosas pero no he podido entrar nuevamente a la página. Ahora dice que fue borrada o aparece un chivo llorando. Lo siento. Intentaré presentar lo que tengo, aclarando siempre que los relatos NO SON MÍOS.

      Un saludo desde Caracas.

  2. Alyson Dice:

    ohhh… es un verdadera pena!! ya me estaba encariñando, miento ya me encariñé con “The penitente’s Mark” …entiendo que todaviía tienes caps. por publicar de esta historia??? *se emociona y tiene esperanza* igual seguiré bajando a ver q novedades traes en tus nuevos post… y es q SPN hay para rato….!
    un saludo desde Lima
    =)

    • jcqt1213 Dice:

      Si, tengo algunas lineas por ahí, pero si vieras el desastre que tengo por archivo. Además, hablar mal del gobierno me quita mucho tiempo. Te aseguro que lo continuaré, y sea la verdad que es porque te gusta, realmente no estoy acostumbrado a escribir porque alguien me siga. Tan sólo una que otra historia. Ya nos leemos…
      JC

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