JARED HACE CAER A JENSEN

   Carajo, estoy tan molesto con la serie. ¡Mira que matar a  Cass! ¿Cómo pudieron hacerle eso a Dean? ¿Quitarle a quien tanto le quería? Bien. Bien. Seguramente será pasajero. Cass volverá en algún momento y será agradable ver a Dean entregarle su gabardina. Esa que recogió del lago y guardó con tanto sentimiento. En fin, aunque llevo varios trabajos de traducción, que son difíciles, cansones y molestos (al principio me parecen buenos y luego no), voy a presentar uno nuevo. Se ve ligero. Es un Padackles. Un chico deja muchas cosas atrás en pos de un sueño y luego entiende que no había necesidad de sacrificar nada. Me gustan esos mensajes desde Brokeback Mountain. Si puedo, termino los otros. Por cierto, este relato NO ES MÍO. Tiene partes subidas de tono.

……

Titulo: I found, baby

Autor: River_sun

   -¡Es su culpa!

……

   -Danni, ¿qué estamos haciendo aquí? ¿Qué hago yo aquí? Debería estar buscando esos tapices que… -Jensen Ackles suena mortificado mientras es literalmente arrastrado por su mejor amiga, una hermosa pelirroja, dentro de la sala de exposición.

   -No todo puede ser trabajo, Ackles. Hay que divertirse. Y no me recuerdes lo fabuloso que sería que consiguiéramos el contrato de Surprise. Lo sé. Pero hay que pasarla bien, de vez en cuando. Aunque te cueste entender el concepto.

   -¿Viendo acuarelas? Y yo no uso la palabra “fabuloso”. –alza una ceja, pero ella no le mira, sus ojos buscan y encuentran a alguien, un tío alto, de cabellos oscuros. Hermoso como una estatua griega.- Dios… -bota aire.

   -Cállate. ¡Es tan hermoso! –la joven casi ovula allí mismo.

   -Tom Welling lleva tiempo dándote calabazas, se la pasa para arriba y para abajo con el atractivo calvo aquel, cuyos ojos parecen puñales mientras te miran, y me invitó a cenar cuando discutíamos el contrato para decorar su apartamento, ¿eso no te dice nada?

   -Si, qué hablas demasiado. Con razón estás tan solo.

   -Pensé que era por mi obsesión con el trabajo. –se defiende.

   -Si, imagino que te gusta pensar que sólo es por eso. –sonríe levemente ella, mirándole fijo mientras ajusta su busto dentro del corto vestido.- Te informo que la mujer adecuada puede hacer milagros. Si para noche buena continuamos solteros y sin compromisos, te lo demostraré.

   -Paso sin ver. –bufa viéndola alejarse. Bien, qué tenga suerte. Aunque no lo merecía. Le arrastra hasta ese lugar donde no conoce a nadie y luego le deja solo.

   Bota aire mientras reconoce que la mujer tiene algo de razón, lleva tiempo sin suerte. Casi un mes sin siquiera un contacto furtivo en una barra. Pero es que tenía tanto trabajo (si conseguían el contrato para decorar el grupo hotelero…); se frota los ojos, sintiéndose agotado. Trabajaba de dieciocho a veinte horas diarias, igual que Danni y Steve, pero estos se las arreglaban para mantener una ficción de vida social. Él no podía. Sabía que era obsesivo pero no podía evitarlo. No podía fracasar con el negocio. Había mucho en juego, más de lo que nadie imaginaba. Nunca había contado a nadie acerca de todo lo que había dejado en su camino en busca del éxito. Por alcanzarlo no iba en citas, no tomaba tardes libre, ni cenaba fuera. Algunas veces ni cenaba. Y no era únicamente por mantener su bonito aunque chico apartamento en la parte sur de Manhattan.

   Llegó a tanto su afán por no hablar como no fuera de trabajo, y trabajar, que Danneel prácticamente le había torcido el brazo e insistido en arrastrarle al estudio donde Tom Welling mostraba sus acuarelas. Las cuales eran atractivas, tenía que reconocer, mirando fijamente un paisaje monocromático en verde oscuro, un atardecer sobre una laguna. Era lúgubre y hermoso. También… deprimente. O se lo parecía a él que ahora reparaba en los pequeños grupos de personas sonrientes y amistosas que hablaban y parecían encontrar grato el trabajo del artista. Dios, ¿cuándo se transformó en un ermitaño hosco? Bien, lo sabía, no era ningún secreto. Fue cuando…

   La boca se le seca y debe admitir que realmente su sequía de contacto humano debía ser más seria de lo que pensaba cuando su garganta se cierra y su corazón comienza a retumbar con fuerza en su pecho mientras mira al hombre que le da la espalda. Es alto, ancho de hombros, musculoso, eso se adivinaba fácilmente bajo la fina camisa blanca de mangas arremangadas. Su culo era… bien, se veía realmente bien. Casi da un paso al frente de las ganas que siente de pasarle la mano y comprobar si era tan firme como parecía. Pero eran esas manos grandes y fuertes las que atraparon su mirada. El hombre parecía afanado en secar con una ligera toalla una mancha de algo, seguramente alguna bebida volcada de la bandeja que estaba al lado.

   Vaya, Tom había contratado un grupo de camareros que parecían modelos. Pobre Danni.

   Necesita mirarle, se dice tragando grueso y medio sonriendo sin notarlo. Sus ojos brillan depredadores. Si el rostro armonizaba con ese cuerpo, debía ser un adonis. El hombre se medio inclina para recoger algo del piso y Jensen no sabe para dónde mirar, si a ese culo magnifico, la espalda ancha o el brazo que se flexiona un tanto mostrando un bíceps abultado. Un cuerpo así seguro no lo consiguió sirviendo bebidas, pero al rubio no le importa. Cuando el desconocido se pone de pie cae en cuenta de algo que no había notado (no se le podía culpar por distraerse en otras partes). Su cabello. Era abundante y…

   ¡Joder!

   El rostro le enrojece violentamente y da un paso atrás, casi temiendo ser víctima de una alucinación. Es cuando el otro sujeto se detiene en lo que hace, equilibrar tres copas en la bandeja, y se vuelve, con cierto gesto de extrañeza, presintiéndole. Si, el rostro era hermoso, masculino. Y en ese momento parece totalmente impactado.

   -¿Jensen? –grazna con voz ronca el más alto, y dos emociones juegan en su cara, la dicha y la mortificación.

   -Jared… -responde, sin fuerzas. Tenía que ser. ¡Coño!

   -¿Qué haces aquí? –pregunta el castaño, dando un paso al frente, deteniéndose turbado y cruzando los recios brazos sobre su pecho. Como si necesitara tenerlos ocupados. O amarrados.

   -Yo… vine con una amiga. Es mi hora de almuerzo, ¿qué haces en Nueva York? –¡estaba tan guapo! Más alto y musculoso. Más firme. Pero sin mostrar su eterna sonrisa. Una que él había llegado a amar. Y que, tal vez, había contribuido a destruir.

   -Viendo mundo. –se encoge de hombros.

   -¿Dónde te quedas?

   -Con amigos.

   -¿Qué hacías? –el rubio mira, sobre su hombro, hacia la mesita.

   -Derramé una copa y… -comienza a explicar, sereno, cuando se detiene y le estudia fijamente. Su tono es más seco.- Ya sabes, un trabajo de medio tiempo. Para ir al cine, comer una hamburguesa y cosas así.

   -Oh. –más parece una expulsión de aire.

   No ha cambiado nada, se dice Jensen decepcionado.

   No ha cambiado nada, se dice Jared, molesto. Pero nota la manera casi culpable como Jensen recorre su cuerpo, sus manos y antebrazos. Eso le hace sonreír. A Jensen, antes, le gustaba besar sus manos.

   -Te ves bien, Jen, aunque… ¿traje y corbata? ¿No es muy serio para un diseñador de interiores?

   -No decoro cafeterías. –se defiende, frunciendo un tanto las cejas.

   -Oye, no estoy criticando. –aclara, alzando sus manos y notando la mirada de Jensen en ellas.- Tan sólo digo que te ves bien de traje y corbata. Aunque siempre te has visto bien con todo, aunque sin nada puesto eras increíble.

   -¡Jared! –Jensen enrojece y su respiración se acorta un poco. La mirada del más alto es oscura mientras recorre su rostro, y el rubio no puede dejar de imaginar los dedos del otro recorriendo sus facciones mientras mordía su barbilla. Algo que a Jared le encantaba. Debía irse. Pero no podía. Dios, hace tanto que no se veían. Le sorprende lo mucho que le duele en ese momento.- ¿Estás bien?

   -¿Te interesa?

   -Jared… -no entiende porqué suena a súplica.

  -Estoy bien, Jen. De maravilla. ¿Y tú? ¿Has conseguido todo lo que querías cuando saliste de Richardson? Sacrificaste muchas cosas por tus sueños. –es un simple comentario que hace, o eso imagina, pero nota la tensión del rubio, quien le mira fijamente por tanto tiempo que comienza a inquietarle.

   -Fue un placer verte, Jared. De verdad. Me alegra saber que… Cuídate mucho, por favor.

   Le costó decirlo, el corazón martillaba con pesadez, pero era lo mejor. Jared era un sentimiento que había decidido no vivir, hace mucho tiempo. Le cuesta alejarse y no volverse, porque sabe que si lo hace le entrarán ganas de correr a su lado y tocarle. Dios, las manos le ardían de ganas. Una debilidad que no podía permitirse.

   Sintiéndose aturdido entra al sanitario, amplio, bien iluminado, aséptico. Se mira frente a un espejo y se ve conmocionado, sonrojado. Y solo. Dios, las manos de Jared… Esas manos que conocían su cuerpo, eran ahora enormes. Cierra los ojos y vuelve a estar en aquella cama estrecha, gimiendo, retorciéndose sobre el colchón mientras la mano de Jared, grande y cálida, recorría su torso metiéndose bajo la franela, bajando por su abdomen, haciéndole gemir. Recordaba el pulgar de Jared jugando con su ombligo, mareado, incapaz de creer que algo como eso pudiera ser tan erótico. Y esos dedos jugando con el elástico de sus pantaloncillos, cepillando con las yemas sus pelos púbicos, bajando…

   Abre el grifo y se rocía la cara con agua. Lo necesitaba. Ver a Jared le hacia cuestionarse toda sus reglas y creencias. Y le ponía semi duro. Pero no. Era un hombre joven decidido a triunfar, a llegar; y para lograrlo no dejaría que nada interfiriera. Ni el cansancio o los amigos. Ni el amor. Un día hizo su elección y ahora debía vivir de acuerdo con ella. Por doloroso que fuera. Qué no era el caso, ¿verdad? Jared era pasado.

   Nuevamente cierra los ojos y apoya la frente del frío cristal. Los dos en el autocine, casi adolescentes, tocándose a todas horas, llenos de fiebres y ganas. Besándose. No podía dejar de besarle, de morderle y oírle gemir que su boca era pecaminosa. Cuando le besaba, Jared se derretía entre sus brazos, todo blandito. En todas partes menos en su entrepiernas, donde su verga se alzaba dura, esperando el momento de ser tocada y apretada, como la suya misma. Eran momentos de locura sexual, de pasión. También el de las miradas felices del post coito, cuando Jared le llamaba hermoso. Y le decía que le amaba…

   Tan perdido está en sus pensamientos que cuando la enorme mano cubre su boca, halándole a un lado del lavamanos, y un pesado cuerpo cae contra su espalda aplastándole totalmente contra las frías baldosas de la pared, gime sorprendido y ligeramente alarmado. Esa mano la conoce, como el olor que llena sus fosas nasales, piensa todavía confuso; como reconoce la otra, la que cae sobre su estómago, metiéndose dentro del saco, acariciándole sobre la camisa. Pero lo que mejor recuerda es el cuerpo que le aprisiona y retiene, ahora más alto, firme, musculoso y cálido.

   Su propio cuerpo se eriza y se echa hacia atrás, sin pensarlo. Tan sólo desea sentirlo. Y lo siente, contra su culo se apoya la silueta semi dura de una verga que le quema a pesar de los dos juegos de ropas que los cubre.

   ¡Jared!

   -¡Pecoso hijo de puta! –le gruñe, ronco, con voz cargada de lujuria, pero también de enojo y otra cosa que Jensen no puede identificar. U olvidó. El más alto gruñe contra su oído.- Voy a darte la lección que has estado mereciendo desde hace tanto tiempo. 

   Y le aprisiona más con su cuerpo, frota su verga ahora erecta y palpitante contra el redondo trasero mientras atrapa la de Jensen sobre su pantalón, la cual se dispara también.

   Y Jensen sabe que está perdido.

CONTINÚA … 2

Julio César.

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