JARED HACE CAER A JENSEN… 2

JARED HACE CAER A JENSEN

   ¿Qué carajos le pasa al canal Warner? ¿Cuándo harán por Supernatural lo que hicieron por Nikita o E.R? Transmitiéndola de lunes a viernes, a las ocho de la noche, tendrían lo máximo en audiencia. Y la serie sería apreciada en toda su grandeza. Al menos en todo lo buena que es. En fin, ¡esa gente! Bien, la siguiente historia es un Padackles. Un chico deja muchas cosas atrás en pos de un sueño y luego entiende que no había necesidad de sacrificar nada. Me gustan esos mensajes desde Brokeback Mountain. Si puedo, termino los otros. Por cierto, este relato NO ES MÍO. Tiene partes subidas de tono.

……

Titulo: I found, baby

Autor: River_sun

   -¡Es su culpa!

……

   Sintiéndose aturdido entra al sanitario, amplio, bien iluminado, aséptico. Se mira frente a un espejo y se ve conmocionado, sonrojado. Y solo. Dios, las manos de Jared… Esas manos que conocían su cuerpo, eran ahora enormes. Cierra los ojos y vuelve a estar en aquella cama estrecha, gimiendo, retorciéndose sobre el colchón mientras la mano de Jared, grande y cálida, recorría su torso metiéndose bajo la franela, bajando por su abdomen, haciéndole gemir. Recordaba el pulgar de Jared jugando con su ombligo, mareado, incapaz de creer que algo como eso pudiera ser tan erótico. Y esos dedos jugando con el elástico de sus pantaloncillos, cepillando con las yemas sus pelos púbicos, bajando…

   Abre el grifo y se rocía la cara con agua. Lo necesitaba. Ver a Jared le hacia cuestionarse toda sus reglas y creencias. Y le ponía semi duro. Pero no. Era un hombre joven decidido a triunfar, a llegar; y para lograrlo no dejaría que nada interfiriera. Ni el cansancio o los amigos. Ni el amor. Un día hizo su elección y ahora debía vivir de acuerdo con ella. Por doloroso que fuera. Qué no era el caso, ¿verdad? Jared era pasado.

   Nuevamente cierra los ojos y apoya la frente del frío cristal. Los dos en el autocine, casi adolescentes, tocándose a todas horas, llenos de fiebres y ganas. Besándose. No podía dejar de besarle, de morderle y oírle gemir que su boca era pecaminosa. Cuando le besaba, Jared se derretía entre sus brazos, todo blandito. En todas partes menos en su entrepiernas, donde su verga se alzaba dura, esperando el momento de ser tocada y apretada, como la suya misma. Eran momentos de locura sexual, de pasión. También el de las miradas felices del post coito, cuando Jared le llamaba hermoso. Y le decía que le amaba…

   Tan perdido está en sus pensamientos que cuando la enorme mano cubre su boca, halándole a un lado del lavamanos, y un pesado cuerpo cae contra su espalda aplastándole totalmente contra las frías baldosas de la pared, gime sorprendido y ligeramente alarmado. Esa mano la conoce, como el olor que llena sus fosas nasales, piensa todavía confuso; como reconoce la otra, la que cae sobre su estómago, metiéndose dentro del saco, acariciándole sobre la camisa. Pero lo que mejor recuerda es el cuerpo que le aprisiona y retiene, ahora más alto, firme, musculoso y cálido.

   Su propio cuerpo se eriza y se echa hacia atrás, sin pensarlo. Tan sólo desea sentirlo. Y lo siente, contra su culo se apoya la silueta semi dura de una verga que le quema a pesar de los dos juegos de ropas que los cubre.

   ¡Jared!

   -¡Pecoso hijo de puta! –le gruñe, ronco, con voz cargada de lujuria, pero también de enojo y otra cosa que Jensen no puede identificar. U olvidó. El más alto gruñe contra su oído.- Voy a darte la lección que has estado mereciendo desde hace tanto tiempo. 

   Y le aprisiona más con su cuerpo, frota su verga ahora erecta y palpitante contra el redondo trasero mientras atrapa la de Jensen sobre su pantalón, la cual se dispara también.

   Y Jensen sabe que está perdido.

……

   Jared le había mirado alejarse sintiéndose terriblemente molesto. E impactado. No había estado preparado para este encuentro. Ver a Jensen así, de cerca, casi oliéndole, le había afectado demasiado. Pero el pequeño rubio hijo de perra continuaba tan esnobista y terco como años atrás, cuando destruyó todos sus sueños y devastando su vida. Todavía puede recordar todo lo que lloró cuando el otro mató toda su felicidad. Se estremece, la ira es grande en él, pero también…

   Bien, ¿por qué tenía que ser tan educado con el rubio? ¡No se lo merecía! Jensen era un hombre implacable, capaz de sacrificarlo todo (a él, que tanto le amó), con tal de alcanzar sus sueños. No merecía más que unos cuantos gritos, y él tenía mucho que gritarle. Y echarle en cara. No debía controlarse únicamente porque…

   Tomando aire hincha su ancho pecho y le sigue. A reclamarle. Claro que si. Va a los sanitarios, perfecto. Abre, dispuesto a gritarle de entrada, pero debe detenerse. Mirarle así, ojos cerrados, frente apoyada del cristal… ¡se veía tan vulnerable en esos momentos! Su pecho se hincha ahora con nuevas emociones. Esas que siempre despertó el rubio en él. Le mira la nuca. Allí donde termina su cabello rubio oscuro, más corto de como lo llevaba antes. Eso le hace temblar. Esa nuca que había besado tanto… piel calida y llena de pequeñas pecas. Pecas que en noches de insomnio, cuando no podía creer la suerte de tener a Jensen en su vida, contó con sus labios. Aunque nunca terminó. Jensen, gimiendo y sonriendo adormilado, se volvía y le besaba suave, lento, tibio. Y se dormía entre sus brazos. Dios…

   No piensa, va y le cubre la boca con una mano, rudo, halándole hacia un lado y luego aplastándole contra la pared, aprisionándole con su cuerpo. Oye y siente su bufido contra la mano, el cómo se revuelve entre sus brazos, pero no le suelta.

   -¡Pecoso hijo de puta! –le gruñe ronco contra el oído.- Voy a darte la lección que has estado mereciendo desde hace tanto tiempo. 

   Dios, esa nuca… sus labios caen y si, está tibio, huele bien, a jabón, a loción. A Jensen. Le besa, lame y mordisquea, oyéndole gemir, sintiéndolo estremecerse. Sus labios atrapan el lóbulo de una de sus orejas, chupando antes de morderla. Joder, ¡sabía tan bien contra su lengua! Siente la verga tan dura que ya le palpita bajo el pantalón, frotándose con vida propia contra el culo de Jensen, y le encanta. Tenía años sin una calentura semejante.

   De manera lejana le oye gruñir contra su mano y la retira.

   -Jared, ¿qué estás…? –pregunta con esa voz ronca llena de lujuria, una que le hace saltar la verga bajo las ropas.

   -Dándote una lección, Ackles…

   Tal vez Jensen iba a decir algo más, como oponerse de frente y mandarlo al carajo, pero ya las enormes manos de Jared le rodean, metiéndose dentro de las solapas del traje y le acarician con fuerza, una hala la camisa de la que sale un faldón del pantalón y esa mano entra, tocando con ansiedad la piel suave y ardiente. Y ninguno de los dos sabe quien gime más, pero Jared siente que esa piel se eriza y contrae bajo su tacto y no desea dejar de tocarla jamás. Cuando la otra mano la acompaña y le recorren todo el bajo vientre, subiendo luego una de ellas hasta su torso, acariciando con el pulgar uno de sus pezones endurecidos, mientras la otra baja y atrapa la silueta de la verga del rubio bajo sus ropas, el más alto casi teme correrse. Es por la maldita forma en la que Jensen gime y se estremece. Frotándose contra él, el firme culo casi montado sobre su verga, buscándola ya.

   Las ropas estorban, el saco vuela, la camisa sigue el mismo camino y Jared babea ante el dorado y esbelto cuerpo desnudo de la cintura para arriba. Hambriento besa la base de su nuca, lame las vértebras, quiere morderle. Y Jensen gime. Sus manos no se cansan de tocarle, recorrerle, regocijándose en su tacto tan añorado de la pecosa piel.

   Pero Jared quiere más, mientras frota su verga de arriba abajo de ese trasero, atrapa los pezones y pellizca mientras le muerde la barbilla. Sus labios y lengua sienten la sombra de barba, algo que no estaba presente antes. Cierra los ojos, tocándole, lamiéndole, oliéndole, casi masturbándose contra su culo, recordando las largas noches de soledad, después de que el rubio le dejara. El llanto, la rabia. El deseo siempre presente. La sensación de que ya nunca sería feliz de nuevo.

   Se separa, jadeando. Jensen se vuelve, sorprendido, rojo y excitado. Tal vez temiendo que le dejara en ese momento, así de lujurioso. Pero las manos de Jared, que tiemblan un poco, van a su cuello, acariciándole, aferrándole, besándole con fuerza, atrapando su labio inferior entre los dientes y mordiéndolo, atrapando su lengua y chupándola. Se separa un poco y sus ojos recorren ese torso dorado, liso y pecoso que sube y baja, con tan sólo la corbata cubriendo algo de la excitante piel. Y es una imagen que le estremece de pies a cabeza.

   -Jared, esto es una locura. Estamos en un baño y…

   Jared no deja que prosiga, o se recupere. Su boca cae sobre su cuello y muerde, chupa y lame, disparándole el puso en la yugular. Jensen gime cuando esos dientes roen sobre su clavícula mientras las enormes manos recorren sus costados y la espalda. El castaño necesita probar un poco de esos labios pecaminosos, morderlos, oírle gemir bajo su boca, como antes, cuando no se cansaba de probarlos y saborearlos, convencido de que moriría feliz si fuera así. Y mientras le besa, le abre el pantalón y con movimientos enérgicos, soltándole por un segundo, los baja igual que los calzoncillos, obligándole a levantar las piernas.

   -Jared… -Jensen, casi mareado del deseo se da cuenta de que el otro le deja totalmente desnudo, a excepción del calzado y la corbata. Y, joder, estaban en un baño público, ¿acaso no lo entendía? Cualquiera…

   El más alto no le deja pensar y nuevamente le atrapa entre sus brazos y besa, sintiendo la verga del rubio palpitando contra su cadera, mientras sus dedos recorren con codicia la pecosa y dorada piel, buscando ese trasero redondo y tonificado, donde se clavan. Oírle gemir entre sus brazos, totalmente perdido de lujuria cuando le besa, muerde o toca, desnudo, mientras él aún estaba vestido, le provocaba espasmos en la verga. Lo tenía. Jensen era suyo en esos momentos. Y no le dejaría escapar.

   No pasa mucho tiempo antes de que Jensen esté semi recostado entre dos lavamanos, muy abierto de piernas, mientras un Jared todavía vestido, con la camisa abierta, situado entre ellas, le encula con fuerza, con rudeza, sacando y metiendo con rapidez su inmensa verga del muy abierto culo del rubio. Jared jadea con la boca abierta y ojos nublados de pasión cuando se la clava toda, empujando todavía más, sintiéndose deliciosamente apretado y halado, oyendo a Jensen gritar contra su oído, ronco, al tiempo que su culo se abre y cierra violentamente sobre su tranca, deseándola como ninguna otra cosa en este mundo.

   El rubio se bambolea con la fuerza de las embestidas, su rojo anillo se tensa cuando la nervuda y gruesa verga entra, reclamando su lugar, golpeándole una y otra vez la próstata, haciéndole temblar todo, tensarse contra el cuerpo del otro y desear todavía más. Toda su piel arde, erizada, deseando ser tocada. Se siente… vivo. Tiene que tocarle. Mete las manos bajo la camisa y le araña la espalda mientras sus caderas van y vienen como puede, buscando más de Jared. El cual le muerde la barbilla, le besa y lame todo, pareciendo hambriento de su sabor. Las enormes manos del castaño dejan sus costados y bajan a las nalgas del rubio, casi alzándole en peso, atrayéndole y alejándole rítmicamente sobre su tranca que parece más dura por segundos.

   -Oh, Dios… -gime ronco y lloroso Jensen, echando la cabeza hacia atrás, sin fuerzas, momento que aprovecha Jared para lamer lentamente su cuello.

   -¿Te gusta, Jen? ¿Recuerdas cuánto te gustaba que te jodiera así? –pregunta, ronco, mientras le mordisquea la barbilla.

   -Si, Jay… -se tensa y arquea la espalda.- Por favor… por favor… -suplica y Jared le mira fijamente.

   -Lo tendrás todo, bebé.

   E, increíblemente, Jared le alza totalmente en peso, arqueando un poco su cintura, sirviéndole de apoyo a Jensen, mientras se impulsa de adelante atrás, meciendo con fuerza su verga de un lado a otro dentro de las cálidas entrañas, haciendo ronronear ruidosamente al rubio.

   -Eso es, Jen, deja salir toda tu naturaleza… -ríe ronco Jared, cuando Jensen se rodea el cuello, apoyándose, alzando y bajando su culo sobre la dura tranca que le hace ver estrellas.- Saca a pasear a la perra caliente que eres.

   -Eres un cerdo. –le gruñe.

   -Y tú la cosa más caliente que he visto jamás. Maldita sea, Jensen, ¿por qué tienes que ser tan hermoso y sexy? –parece odiarle cuando le deposita nuevamente entre los lavamanos, echándole de espaldas, abriéndole más las piernas e intensificando sus embestidas.

   Las rojas nalgas de Jensen reciben las bofetadas de las caderas de Jared, así como las de sus bolas, cuando la gruesa barra rojiza entra y sale. Verle ahí, arqueando la espalda, cerrando los hermosos ojos verdes, todo rojo, con el dorado torso subiendo y bajando mientras de su propia verga dura manan enormes cantidades de líquidos espesos, obligan a Jared a tenderse sobre él, metiéndosela toda, empujando más, besándole y tragándose sus gemidos. Jensen responde y le atrapa el cabello, halándolo con fuerza. Echando tan sólo un poco su culo atrás, Jared saca unos tres centímetros de verga y vuelve a empujar, una y otra vez, y Jensen grita y se marea con las luces que estallan frente a sus ojos. Es más de lo que Jared puede soportar y le muerde un hombro. Necesita hacerlo.

   El rubio siente como tiembla, se tensa, nota como esa verga clavada en sus entrañas incrementa su temperatura, momento cuando Jared cae totalmente sobre él, todavía frotándose, masturbándole la verga con sus estómagos, gruñéndole con voz sucia lo muy puta que es y todo lo que desea hacerle por todas partes y en todas las posiciones y en cualquier lugar.

   Jensen grita cuando nota que el condón de Jared se llena con algo que parece lava dentro de su culo y él mismo se corre entre los dos cuerpos. Es tanta la fuerza del orgasmo que queda casi desmayado, respirando pesadamente por la boca. Jadean cara contra cara, mirándose. Para Jared no hay visión más hermosa, hasta que sonríe secamente al notar el momento exacto cuando el Jensen implacable ocupa el lugar del amante insaciable.

    Entendiendo cabalmente lo que acaba de hacer, Jensen se incómoda. Joder. Literalmente. Aunque, en verdad, no le parece tan grave. Hace tanto tiempo que no era tomado, poseído y llevado a un clímax así. Ladea el rostro y cierra los ojos cuando Jared se incorpora, saliendo de su culo, el cual ahora parece algo adolorido.

   -Estás totalmente bañado de semen. –oye a Jared. Jensen abre los ojos y se mira. Luego a Jared.

   -También tú. Lo siento. Creo que tenía esperma acumulada desde hace tiempo. –y en cuanto lo dice, se arrepiente, tomando asiento al mismo tiempo.

   -¿Tiempo sin citas? –es la pregunta inocente.- Ah, claro. Tu sueño… eso no deja mucho tiempo para nada más, ¿verdad?

   Jensen no responde ni le mira mientras baja, totalmente conciente de la mirada de Jared sobre su cuerpo desnudo. No puede detenerse por pudores ahora, se dice mortificado, tomando algunas toallas de papel, aseándose.

   -Es cierto. Mucho trabajo. –y calla.

   Jared le mira con extravío. Vulnerable, ahora. No era lo que había planeado cuando llegó a Nueva York. Oh si, iba a buscarle, pero no de esta manera. Pero verle… Dios, era tan hermoso y perfecto. ¡Tan injusto! Entrar al sanitario y tomarle con rudeza, obligarle a responder físicamente, había sido fácil. Sabía que lo lograría. Lo supo desde que vio las oscuras miradas de Jensen a sus brazos y manos. Jensen tenía hambre de caricias. O de él. Tal vez de cualquiera (y eso le produce acidez). Mientras el deseo, la pasión estuvo ahí, él podía imponerse. Acabada la lujuria, Jensen dominaba. Porque Jensen podía mirarle a los ojos y decirle que no era lo que esperaba, que debían continuar cada quien por su camino. Como hizo años atrás. Sin importar la debacle a su paso.

   Porque Jensen… y Jared traga saliva al pensarlo, mirando al piso, Jensen nunca le amó tanto como él si lo hizo. Por eso, ahora pasada la excitación, el rubio podía alejarse. Peor, mantenerse a distancia, en su mente, un cerco que nadie podía cruzar jamás. Apartándole nuevamente, quitándoselo todo. El hombre tiene que tragar, la sola idea era horrible. ¡Piensa, Jared, piensa, maldita sea!, se reprende; di algo para retenerlo, inventa algo para que siga hablándote. Haz algo para que tenga que mirarte. Perro no se le ocurre nada y siente ganas de llorar. Cosa absurda después de tan fabuloso sexo.

   -Jared… -la voz le trae a la realidad y alza el rostro, viéndose como un niño indefenso aunque no lo sabe.- ¿Te… Te gustaría cenar conmigo? –pregunta mirándole fijamente.

   Y a Jared se le va todo de la cabeza. El miedo de un segundo antes. La idea de caer de rodillas y suplicar un poco de atención. Aún sus planes revanchistas contra el engreído, pecoso y sexy rubio que le rompió el corazón.

   -¿Me… me estás invitando a salir? ¿Una cita? –la voz casi le falla, temerosa, preñada de esperanzas.

CONTINÚA … 3

Julio César.

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