La siguiente historia es un Padackles. Un chico deja muchas cosas atrás en pos de un sueño y luego entiende que no había necesidad de sacrificar nada. Me gustan esos mensajes desde Brokeback Mountain. Si puedo, termino los otros. Por cierto, este relato NO ES MÍO. Tiene partes subidas de tono.
……
Titulo: I found, baby
Autor: River_sun
-¡Es su culpa!
……
-Jay… -jadea Jensen, cara roja y ojos brillantes cuando Jared le muerde y lame la barbilla.
No había mesura, mientras le muerde y chupa escandalosamente el cuello, recorriéndolo lentamente con la lengua, saboreándole, las enormes manos de Jared halan la franela hacia arriba, recorriendo cada pedazo de su torso con las manos, pellizcándole las tetillas y haciéndole gritar. Sus manos bajan y el cinturón y el pantalón no saben qué les ocurre. Pronto la prenda, así como el ajustado boxer van piernas abajo. Y mientras le desnuda, Jared le mira, le besa y muerde. Se alza y casi de golpe se quita la camisa, seguro de haber zafado más de un botón, su ancho y musculoso torso atrapa la codiciosa mirada de Jensen; baja y cuando las piles hacen contacto, estallan. Se besan y frotan mientras Jared le recorre los costados.
Con rudeza, alzándose un tanto, Jared le obliga a volverse sobre el sofá, deleitándose en su trasero redondo y firme, sonrosado. Cada mano atrapa una nalga y teme estar incendiándose. Las separa y sus pulgares van a la entrada del culo, suave, alisándole con sus frotes, disfrutando una vena cruel de los gemidos agónicos de Jensen, quien menea las nalgas incapaz de contenerse.
El rostro del castaño baja, bañando con su aliento ese culo que se estremece, y cuando oculta la cara entre las nalgas, mordiendo la suave entrada, Jensen prácticamente grita y suplica por algo. Echándolo más atrás, abriéndolo, rosado y titilante; Jared sabe lo que necesita y se lo da. Su lengua entra con voracidad y Jensen teme correrse allí mismo, mientras jadea, se tensa, arquea la espalda y menea su culo contra esa boca que no deja de explorarle, ruidosamente, todo saliva caliente mientras besa, succiona y penetra.
-Date la vuelta. –ordena Jared, izándose.
Jadeando, casi sin fuerzas, Jensen obedece lentamente. Agotado por tantas emociones y sensaciones.
Jared le recorre con la mirada, respirando pesadamente, desde su torso parcialmente cubierto, a su verga rojiza totalmente erecta. Y desea atraparla con su boca y lamer y lamer como antes, sentirla suave y dura, caliente y palpitante contra su lengua, hasta oírle lloriquear que no se detenga. Chuparle hasta sentir su carga golpeándole la garganta, cubriéndole la lengua, caliente, pastosa. Deliciosa. Pero…
Por un segundo lo recuerda todo. Todo el dolor que Jensen le causó y no puede moverse.
-Jay… -llama Jensen, jadeando, confuso. Esperando por su noche de placer, por su amante ahora paralizando.
Esos hermosos ojos verdes empañados de súplica y lujuria afectan al más alto, aunque duda un infinitesimal segundo. No lo hará, dejará a Jensen quemándose en su propio fuego de ganas. Tal vez después de la cena… pero verle tan rojo de mejillas, respirando superficialmente, totalmente excitado, con la confusión dando paso al entendimiento en su mirada, y su pesar al entender, es más de lo que puede soportar.
Jensen quería sexo. Ser amado y poseído, ¿quién era él para negárselo?
Cae sobre el rubio, besándole con pasión, casi gimiendo cuando sus lenguas se encuentran otra vez. Oír la ahora pesada respiración del rubio, así como su gemido de anhelo atorado entre sus bocas, termina de volarle los tapones. Ya no piensa.
Se retira nuevamente, atrapándole las piernas, apoyándolas sobre sus bíceps, sonriendo algo pomposo cuando nota que el rubio admira su bien formado cuerpo. Las alza un poco, levantándole todo y exponiéndole el tembloroso y rojo culo. Tan sólo tiene que echarse un tanto hacia adelanta y la punta de la larga verga roza de la cerrada entrada. Y quema, sabe que su miembro está sufriendo espasmos de expectación, reconociendo el viejo y añorado camino. La frota y Jensen jadea, rojo ladrillo, mientras gotas claras manan de su pene mojándole el plano abdomen.
Y Jared una vez más se detiene, sonriendo torvo, conteniéndose aunque a duras penas, las ganas de poseerle casi le asfixian, aún así tan sólo empuja la cabeza de su verga lo suficiente para abrirle un tanto, excitándole, sin penetrarle. Jensen jadea de frustración, meciendo sus caderas, buscándole.
-¡Hazlo ya, hijo de puta! –ladra, jadeando.
Sonriendo, el castaño se compadece y comienza a hundirle su dura verga, lentamente, palmo a palmo, sintiéndola salvajemente halada y apretada por las sedosas entrañas del rubio. Se la mete toda, hasta que sus pelos púbicos quedan bajo las rojizas bolas del otro, empujando todavía más, moviéndola en su interior.
Jensen grita ronco, arqueando la espalda, halando como puede de esa verga que lo tiene totalmente lleno y abierto; viéndose, en opinión de Jared, hermoso en su excitación y lujuria, gruñéndole que lo cabalgue con fuerza, que necesita que lo coja.
El mete y saca comienza lentamente cuando Jared retira unos centímetros de su barra y luego vuelve a enterrarla, bajando las manos y atrapando las duras nalgas de Jensen, halándole contra sí mientras empuja nuevamente su verga. El choque de las pieles es bien audible, rítmico, frenético. Cuando Jared le penetra de esa manera, con fuerza, Jensen tiembla y bizquea momentáneamente, indicándole que en uno de esos golpes le alcanzó la próstata. El castaño sabe dónde pegar ahora y lo hace, una y otra vez, la saca y la mete con brios, golpeándole con su glande cada vez, mientras Jensen ruge, babeando un poco, totalmente mojado de líquidos pre eyaculares, ahogándose y ardiendo de ganas.
Jared la saca casi hasta la punta y se detiene, Jensen tragando en seco, transpirado a pesar de lo agradable del ambiente, parece querer preguntarle algo, pero ya Jared se le mete, toda, tendiéndose sobre él y besándole con avidez, atrapando su lengua, chupándola, mordiéndole ese labio inferior que toda la vida le ha enloquecido. Le besa y lo penetra y Jensen tan sólo puede sentirse lanzado al espacio. El que su propia verga esté siendo masturbada por los dos estómagos al frotarse, tiene poco que ver cuando su mente queda en blanco, estallando mil luces tras sus parpados cerrados, al tiempo que siente como la verga de Jared se pone aún más dura, tiembla y es recorrida por el ardiente chorro de semen que llena el preservativo en sus entrañas.
Y en todo momento continúan besándose, sin cansarse, imposibilitados de saciarse. Pero necesitan respirar y jadeando uno contra el otro, quedan más cerca de lo que Jensen habría querido… en otras circunstancias.
-Fue… increíble. -jadea el rubio, sonriendo suavemente, cerrando los ojos.
-Siempre lo fue. –le recuerda Jared, aunque quiere morderse la lengua.
Jensen no responde. Ni se altera o molesta. Se siente demasiado bien, con Jared “fuera” de él, pero sobre él, cubriéndole con su cuerpo grande, pesado, sólido y vital. El rubio se siente relajado, en paz con el universo. Cuando el otro termina de acomodarse sobre su pecho, el rostro contra un lado de su cara, no le molesta. Todo pesar, incomodad o insatisfacción parecen cosas lejanas. Se siente tan bien que de hecho teme quedarse dormido.
-¿Jen? ¡Jen! –le llama perentorio el más alto, obligándole a volver en sí, aunque sonríe todavía con los ojos cerrados.
-¿Qué?
-No vayas a dormirte. ¿Y la cena? –suena casi alarmado.
Jensen ríe, no puede evitarlo, abriendo los ojos, feliz, y a Jared le parece que se ve igual a cuando contaba quince años, un adorable chiquillo pecoso.
-¿Arruinas el momento pensando en comida?
-Tú… Tú sabes que yo…
-Siempre piensas en comida. Eres un pozo sin fondo. Lo había olvidado. –y el comentario, aunque ligero, logra borrar un poco la sonrisa de Jared. Y todo vuelve a ser incomodo. Jensen le aparta como puede.- Ya casi todo está a punto. Debo ir a… asearme un poco y…
-Si, yo iré después.
……
La cena en una pequeña mesa para cuatro, es grata. Jared come con apetito. Bueno, como siempre, piensa Jensen, masticando un pedazo de carne. Llevan rato hablando. O más bien lo hace Jared. Con voz alegre, con risa en sus ojos y palabras. Jensen no sabe cómo lo hace pero sabe que es así, el castaño habla de su familia, de su casa. De sus padres retirados, dedicados a la jardinería y a visitar a sus nietos…
-Jeff lleva dos y otro viene en camino. Mamá está enloquecida de contento. Megan y yo pagamos por ello. Vive preguntándome… -se contiene por un segundo.- …Cuándo encontraré a alguien y sentaré cabeza.
Y calla, mordiendo un pedazo de asado que de repente ya no sabe tan bien. A su madre se le hacía difícil entender que ninguna de sus relaciones durara, o pasara a un siguiente nivel, que nadie pareciera perfecto. Discutiéndolo, una vez, ella dijo que entendía más de lo que imaginaba.
-No es tan complicado, querido. Ninguno es Jensen Ackles.
Pero, claro, Jensen no tiene por qué saberlo.
-¿Todavía viven en…? –parece costarle preguntar. Y Jared frunce el ceño aunque intenta no dejarse llevar por su genio siempre vivo.
-Claro. Ahora es su hogar. –le mira sobre los platos.- ¿Nunca hablas… de estas cosas con tu familia? ¿Acaso has vuelto alguna vez al pueblo?
-Yo, si… He ido. Y… no, no he preguntado… por nadie. Sabes que es complicado para mí. -confiesa, mirándole inescrutable. Jared deja el tenedor.
-¿Fuiste? ¿Cuándo? No lo supe. –Jensen no responde. Jared entiende: no quería que supieras.- ¿Alguna ocasión especial?
-Mamá y papá pasaban por malos momentos. Se están divorciando.
-Oh, lo siento.
-No. Está bien. La entiendo. Creo que nunca fueron felices. Al menos no mamá. Ella nunca… -toma del delicioso vino que ahora le sabe a vinagre.- Ella es demasiado buena para… –por un segundo sus ojos brillan esperanzados.- No sé, he estado pensando en traerla. Conmigo. No le gustan muchos las grandes ciudades pero creo poder convencerla. –Jared le estudia. Y entiende. Desea traerla porque la ama. Pero también para no estar tan solo.
-¿La encerrarás aquí? Me refiero a Nueva York. –aclara cuando Jensen frunce el ceño y recorre con la vista su bonita aunque pequeña estancia.
-Espero que si. Y si, necesito más espacio. Esto es muy chico. –por primera vez en varios minutos, sonríe esperanzado.- Estoy… estamos a punto de cuadrar un buen negocio. Toda una cadena hotelera. ¿Te imaginas? –resplandece.- Si lo logramos…-ahora si saborea el vino, seguramente también sus sueños. Hasta que repara en la mirada seria del otro.- ¿Qué?
-Lo haces de nuevo. Planear el futuro de todos. Ahora le toca a tu madre, ¿eh? Como… deseaste hacer con el mío. –por un segundo Jensen parpadea, desconcertado. Sintiéndose atacado.
-Hace muchos años que me arrepentí de ello, Jared. No debí pedirte hacer nada por mí. Lo lamento, de corazón. Sé que ha pasado mucho tiempo pero deseo que lo sepas, que lo siento. –endereza los hombros, la mirada se vuelve fría.
-Jensen… -jadea, sintiéndose idiota. No, joder, no quiere que Jensen le corra. No todavía.- No quiero discutir.
-Tampoco yo. –se apresura Jensen, levemente aliviado. De hecho tiene planes. Hablar un poco más, mostrarle algo de sus carpetas, preguntarle por… Coño, quiere más sexo. Desea que Jared le haga delirar con su cuerpo. Se pone de pie, dirigiéndose a la cocina.- ¿Deseas postre?
La mirada de Jared se clava en su culo, sonriendo, con tal intensidad que Jensen lo siente y le mira sobre un hombro.
-Me muero por más.
Y Jensen enrojece. Pero no de vergüenza, precisamente.
……
Jared yace de espaldas sobre la enorme cama, jadeando, sosteniendo a Jensen por las caderas mientras este, gimiendo y mordiéndose los labios, le cabalga, empalándose a sí mismo en sus idas y venidas sobre la erecta verga del castaño. El más alto tuvo que acceder a un papel más pasivo porque ya no podía más y Jensen aún quería. Llevaban horas en eso.
A hojarasca sobre sus caderas, Jensen sube y baja apretándole y Jared siente que se muere de puro gusto. Dios, Jensen era tan hermoso, estaba tan caliente y sabía tan bien cómo atraparle… Entre gemidos, sonríe. Imagina a Jensen tan sólo con unas botas vaqueras y un sombrero igual, subiendo y bajando sobre su tolete, como un sensual vaquero sobre su brioso potro, y le parece que con semejante imagen se haría rico vendiéndola a todo el mundo.
El rubio cae, totalmente empalado, temblando, estallando y cubriéndole el abdomen con su semen. Y es tan caliente sobre su piel, y ese rojizo tolete le quema tanto, y Jensen resplandece de tal manera al estar mareado en su orgasmo, que Jared debe correrse con él.
Sonriendo tontamente, mirada vidriosa y algo babeante, Jensen cae sobre él, y Jared lo rodea suavemente con sus brazos mientras intentan respirar y serenarse. Jensen, ronco, se disculpa por mojarle, pero Jared tan sólo puede reír entrecortadamente, moviendo una mano y untándose con el semen que va enfriándose, sintiéndolo bien, tan lleno de endorfinas como está. Dios, ¡qué follada!
-Joder… -Jensen traga aire, mirándole intensamente.- Has estado… -y lanza un bufido entusiasta.- Se ve que te has divertido bastante.
-Ey, yo no… -abre mucho los ojos. Mierda, lo último que desea es que Jensen crea… pero el rubio ríe, medio desmayado y lo besa suave, y al castaño todo se le olvida.
-Ya casi no recordaba qué tan buenos eran los orgasmos con otra persona.-susurra como si no se diera cuenta de lo que dice. Y Jared se pregunta sí ha extrañado el sexo, la compañía o a él en especifico. Mejor era no preguntar.
-No me puedo creer que tú no… -le alza el rostro enrojecido, pecoso y hermoso.- ¿Acaso están ciegos todos los hombres en esta ciudad?
-No he tenido tiempo, Jared. Y no se me hace fácil… tú sabes, salir y abordar gente. –se defiende, apoyando el rostro sobre su pecho. Para callar y no tener que decirle que no era tan bueno abordando gente para una sola noche de sexo. Lo único que buscaba a falta de tiempo para ocuparse por los sentimientos de otra persona.
-Jensen… ¿cuándo será suficiente? –su voz demanda, aunque sus manos le acarician. Es una oración extraña, pero el otro la entiende.
-Todavía falta, Jared. Ya te lo dije, quiero a mamá conmigo, pero no cuento con espacio. Ahora necesito un apartamento mayor.
-Pero… Está bien, eso lo entiendo. Pero en este dormitorio cabe algo más que una aventura. –es lo más lejos que se atreve a llegar. Y sabe que se excede cuando Jensen se tensa, apartándose a un lado, cayendo de espaldas.
-No busco una relación. Nada serio. No tengo tiempo. –la voz es más seca, mientras se aparta anímicamente. A Jared le parece que prácticamente ha salido del dormitorio sin dejar la cama.
-Y menos con un mesero, ¿verdad?
-¡Oye, no! Hay meseros con ambiciones. –aclara y Jared bota aire exasperado, toda la cómoda y grata modorra post coito acabada.
-Eres imposible.
-Soy la misma persona con la que hablaste esta tarde y hace… años, ¿de qué te sorprendes? –demanda sentándose.- Estoy cansado, Jared. Mañana será un día muy ocupado.
Jared, echado de espaldas, cómodo sobre una almohada le mira confuso, pero en la cerrada mirada verde, encuentra su respuesta.
-¿No puedo quedarme a pasar la noche? –demanda, casi horrorizado.
-Estoy cansado y no se me hace fácil dormir con… –acota. Y Jared quiere gritar.
-¡Bien! –estalla poniéndose de pie.
Brusco, recogiendo sus ropas a manotazos, Jared es seguido por la mirada de Jensen, quien se muerde los labios por el frío en el corazón que le provoca su enojo, por las ganas que siente de pasar la noche entre sus brazos (una necesidad a la que desea cerrarle la puerta en las narices), y los ojos vidrioso de lujuria al reparar en la ancha y recia espalda, los brazos musculosos y cruzados de venas, los pectorales abultados, la cintura estrecha, ese culo que…
Sin despedirse, hirviendo de frustración más que de enojo, Jared sale del dormitorio, odiando el encontrarse con el sofá donde se revolcaron horas antes (y que necesitaba una buena lavada). Dios, ¿por qué Jensen tenía que ser tan gilipollas?
-¿Jared? –le llama, a sus espaldas. No quiere responderle, no desea dejar de sentirse enojado.- Jared…
-¿Qué? -se vuelve, maldiciéndose por ser débil, allí estaba Jensen desnudo, dorado, pecoso, medio cubierto con una sabana alrededor de su cintura. Dios, las ganas de cruzar el espacio que les separa, tomarle en sus brazos y regresar a la cama para tocarle, lamerle y morderle, eran intensas.
-Yo… No te enojes. Sabes que…
-No quieres nada serio, me quedó muy claro. No hay problema. –gruñe, sin tranquilizarle en nada. Va hacia la puerta.- Buenas noches, Jensen. –le desea de manera intencionada. Tal vez sabiendo que el rubio no la tendría fácil. Como no la tendría él mismo.
-Te llamo, ¿okay? –tiene las bolas de proponer.
Y Jared desea, en verdad, mandarle al coño de su… (con el perdón de Donna Ackles), pero se desinfla.
-Claro. –abre y sale.
Y Jensen se siente como el propio cretino por sentirse dolido, ni un adiós, una sonrisa o un beso de despedida. Pero bueno, ¿qué le pasaba? Eran sus reglas, ¿no? Debía atenerse a ellas aunque en ese momento las odiara. Pero… era lo mejor, ¿cierto?
Jared siente muy distinto en esos momentos. Estaba enojado, mucho. Y muy decidido: si, Jensen Ackles iba a recibir su merecido.
CONTINÚA … 6
Julio César.
NOTA: ¿Han escuchado la expresión Jensen “pollo loco” Ackles?
Etiquetas: brokeback mountain, cara roja, gemidos, ojos brillantes

enero 6, 2012 a las 3:20 pm |
Gracias jc esperaba este relato que tanto me gusta jijijijiji y esta muy bueno
enero 8, 2012 a las 2:32 am |
Hola, Damian.
Pues la historia se pone mejor, es tierna y hasta medio romantica,lo más pesado de traducir es la parte… pícara. Le dedican mucho espacio. Pronto sabrás cómo comenzó el épico romance.
Nos leemos,
JC