Este relato me lo envía por correo un conocido de la casa, LeRoy, y es bueno, aunque es una mala traducción que me tomará tiempo medio hilar. Este relato que NO ES MÍO, lo llevo más bien como una pequeña adaptación. Que el autor no se moleste, por favor. Bien, la trama: un chico muy joven sueña con ser físico culturista y se casa con la hija de un ex culturista, el cual termina convirtiéndole en el juguete sexual de todos los hombres. Disfrútenlo.
……
Título: Muscle Pussy
De: hgenyc9261@gmail.com
Todos quieren algo de él.
……
-Muchacho, te ves bien. Pareces un futbolista profesional.
-Gracias, señor. Es por las prácticas de lucha libre. ¿Bobby no le ha contado? Él y yo éramos compañeros de secundaria y del equipo de lucha, aunque él practicaba también con pesas. Nos hicimos buenos amigos, por eso fui su padrino de bodas. Aunque el resto de los amigos se molestaron, cada uno deseaba ser el padrino. –ríe el joven.- También usted se ve genial, señor. Bobby me dijo una vez que también practicaba con pesas, ¿no?
-Gracias, muchacho, así es. Incursioné hace tiempo en el culturismo. ¿Sigue tu papá dirigiendo la selección de lucha libre cuando no está en la pizzería?
-No, señor, es entrenador a tiempo parcial del equipo de lucha libra en mi universidad ahora. Siempre me pregunta por Bobby. Siempre dice que fue uno de los mejores luchadores que han pasado por sus manos. Una vez se enfrentaron y Bobby casi le derrota, aunque papá cuenta, riendo, que seguro le dejó ganar, porque aunque Bobby estaba de panza sobre la colchoneta y papá se le montó encima, sonreía. ¿Cómo está mi amigo del alma? He oído que ahora sólo se dedica al culturismo.
Mientras Pete cuenta su historia, Leo retira y desliza salvajemente su verga en el sedoso culo del joven culturista, metiéndosela hasta lo hondo nuevamente, dejándola allí, dura y caliente, palpitante y babeante, mientras se tiende sobre la espalda del muchacho.
-Ya veo, Bobby. Apuesto a que amabas eso, ¿verdad? –susurra en su oído, la verga temblando en su culo.- El enorme entrenador montado sobre tus nalgas redondas y turgentes, derrotándote, pegando y frotando la enorme verga sobre la raja de tu culo a pesar del traje de práctica. Imagino que soñabas con que apartara un faldón en una pierna de tu traje, exponiéndote el culo y metiendo la gorda y dura verga en tu hambriento, lampiño y titilante agujero de amor. Cogiéndote con fuerza, metiéndola y sacándola con buenos golpes al tiempo que te llamaba putita caliente mientras el resto del equipo miraba excitado, hasta que el entrenador disparaba su buena carga de leche caliente, llenándote a rebosar ese culito salvaje y el resto de los chicos se ponían en fila para atender, llenar y saciar nuevamente tu ardiente coño de hombre puto.
Bobby jadea, mareado por las imágenes que esas palabras conjuran, preguntándose sí sería cierto. Tal vez, ya desde entonces, deseaba ser una putica caliente que brindara placer a los hombres, aunque para esa época todavía salía con chicas, pocas, y en serio andaba con Alice.
¡Alice!
Por Dios, ¿qué le diría? ¿Cómo había podido traicionarla así? El pesar pasa cuando Leo le atrapa con una mano un mechón de cabellos, halándole hacia atrás, y con la otra le nalguea con fuerza, comenzando a cabalgarle de manera alarmante, casi derribándolo del gabinete, despertando nuevamente esas ganas horribles de ser llenado con güevos y semen en su interior.
-¿No te gustaría que tu amigo, Pete, te encontrará aquí siendo usada como la puta caliente que eres? ¿Imaginas que entre y te use también y les cuente a todos tus amigos y que vengan a darte como tanto te gusta? –le gruñe, bajito, Leo.
Y la sola idea hace que el muchacho grite ahogado, mareado, nuevamente sufriendo un orgasmo por su culo. Así de ávido estaba ya.
Si, había salido poco con chicas antes de Alice, pero él nunca había considerado… confuso no se lo explica, ni puede concentrarse mucho cuando Leo le clava su enorme verga hasta los pelos, azotándole con sus bolas.
Mientras gime y menea el culo, buscando más de esa tranca, de lo único que está seguro Bobby es de que la verga de su suegro, la de Tony y los amigos de estos, así como la mandarria que Leo tenía por miembro, habían golpeado un punto dentro de él que despertaba ecos y ondas de increíble placer y era algo que no deseaba que terminara jamás. Era como una droga, piensa mareado, apretando sus manos del borde del mueble mientras Leo se la clava y continúas empujando, de la que se había hecho adicto. Y mientras se deja llevar por las poderosas oleadas de placer, el muchacho reconoce que desea hacer realidad todas las cosas que Leo le gruñe, dejarse someter por su antiguo entrenador frente al equipo de lucha y luego repartirles culo a todos. Ir en cuatro patas de verga en verga. E incluso con Pete…
Perdido en sus pensamiento le sorprende Leo cuando la saca casi hasta la cabezota y luego le encula con rudeza. No puede evitar lanzar un ronco y agónico gemido de puro placer; uno de esos sonidos que le encantan a los hombres cuando cogen a otro y notan que este lo goza como una puta caliente.
-¿Escuchó eso, señor?
-No es nada, Pete. Sólo estamos viendo el partido por televisión. Bobby se encuentra en la cocina, ¿por qué no entras y tomas una cerveza? Así puedes verle. –responde Ben.
El rubio culturista casi jadea otra vez, apretando de manera imposible con su sensible culo la enorme verga de Leo. La idea de ser encontrado por su mejor amigo, Pete, siendo abierto de culo por la enorme verga negra del otro era exponerlo a que todos sus amigos lo supieran. Todos esos con quienes estudió, o practicó, muchos de los cuales, incluso, asistieron a su boda.
-Me encantaría, señor, pero aún tengo otras entregas por hacer. Dígale que dije hola. También que hace poco vi a algunos de los muchachos del equipo de lucha y todos preguntaron por él. Nunca me había dado cuenta de lo popular que era entre ellos.
-Se lo diré, Pete. Cuídate y mantente en contacto. Estoy seguro de que a Bobby e encantaría. –la puerta se cierra y el hombre regresa a la cocina con una caja de pizza en las manos.
Leo ni le ve al continuar su vaivén dentro y fuera del culo del muchacho de una manera desesperada, como si sentirlo rodeando, sobando y apretando su dura verga fuera la mejor cosa del mundo, mientras le retiene con sus manos y el rubio culturista se agarraba del mesón para mantenerse estable.
Bobby casi no escuchaba nada, ese roce estaba alzándole a las nubes nuevamente, ¿sería posible sufrir uno tras otro esos orgasmos con su culo? No lo sabe, pero desea descubrirlo, tanto que sus nalgas van y vienen frenéticamente cuando su culo ávido cae sobre la gruesa barra. Es cuando siente la mano de su suegro acariciándoselas.
-Joder, yerno, me salió tan puto… -medio ríe, ronco, acariciando la entrada de ese culo que se estremece cuando la gruesa barra lo atraviesa. Luego muestra la caja de pizza.- Voy a la sala a comer algo con Tony, creo que ya se duchó. Cuando terminen sus asuntos… -y le sonríe a Leo.- …Dejarle ese culo bien rebosado de semen a mi yerno… reúnanse con nosotros para comer algo.
-Estaremos allí en un momento. –responde Leo antes de que Ben salga de la cocina llevándose la pizza. Una vez a solas, Bobby gime al sentir nuevamente el rudo pistoneo de esa verga en lo más profundo de su culo.
-Coño, si, tú culo se siente tan cálido y apretado alrededor de mi verga que no deseo sacarla nunca. Has nacido para esto, Bobby, para dar culo. Dime, muchachote, ¿te gusta mucho mi verga de caballo?
-Oh, si… -gime el muchacho volviendo el enrojecido rostro sobre un hombro, totalmente mareado por los estremecimientos de su culo goloso.- Me encanta tu verga.
-¿Dónde?
-Bien clavada en mi culo.
-¿Dónde? –pregunta de nuevo.
-En… en… -enrojece, porque eso es someterse demasiado.- En… mi coño.
-Joder, si. –golpea con su verga y el chico rubio gime nuevamente.- ¿Dónde, Bobby? ¿Dónde te gusta, exactamente?
-En mi coño de puta. Me encanta tu enorme verga en mi afeitado coño de puta. –grita y jadea de placer, sometiéndose totalmente al macho.
-Eso es, maldita sea. Eres una chica calenturienta por güevos. Desde hace mucho quería tenerte así, bien ensartada en mi verga. Cuando te paseas en las exposiciones, afeitada, aceitada, con tus tangas que no contienen esas nalgas maravillosas… ¡Ahhh! Todos desean cogerte así, Bobby. Todos eso hombres sueñan con hacerte gritar como nena por sus vergas. –gruñe mientras la clava totalmente, temblando de pasión, llenando ese agujero vicioso y hambriento con una buena carga de semen caliente.- ¡JODER! Tómala toda, pequeña puta. ¡Toma toda mi leche!
En su temblar, el enorme hombre negro retrocede un poco, pero un Bobby gimiente, totalmente enloquecido, se echa un tanto hacia atrás también, apretando fuerte con su culo e impidiéndole salir, mientras sigue ordeñándolo con las paredes de su recto que parecen necesitar con urgencia toda esa esencia de hombre verdadero. Riendo, algo sorprendido, Leo se queda, bien enchufado hasta que suelta la última gota de esperma. Por ultimo, jadeando satisfecho, se retira. Del rojo y lampiño culo, ahora abierto, mana nuevamente semen. Y Leo sonríe, fascinado por la vista, lo que nada tiene de extraño. Coger a otro carajo era sublime, descargar las ganas y ver luego ese culo goteando leche era la gloria. Una palmada va a una de las enrojecidas nalgas.
-Vamos muchacho, a la sala. Con tu suegro y tu cuñado. –invita, saliendo, desnudo, todavía su verga erecta y untada de semen, siendo seguido por el jadeante culturista.
Cuando llegan a la sala, ya padre e hijo han terminado de comerse media pizza. Antes de saber qué está ocurriendo, Leo empuja a Bobby sobre el sofá, junto a Ben, tomando él mismo el otro lado. Sonriéndole, el hombre negro le atrapa las caderas obligándole a correrse hacia la punta del mueble, mientras le hace subir los pies sobre el mismo, exponiendo con toda claridad el ojete de su culo, el cual todavía mana algo de semen. Y mientras toma un pedazo de pizza con una mano, con la otra, el hombre negro acaricia y alisa los pliegues del culo del muchacho, incapaz de apartar sus manos de algo tan rico, abriéndolo. Ben, riente, toma una cerveza y con la otra mano va también a ese delicioso culo abierto, deslizándole un dedo hasta lo hondo, facilitado por las penetradas y la gran cantidad de semen. Pronto le acompaña un dedo de Leo.
-Por lo tanto, ¿qué estamos viendo? .-pregunta Leo, comiendo, mirando la televisión y compitiendo con Ben por ver quién clavaba más profundo su dedo en el cálido agujero del joven físico culturista que se estremecía y gemía contenido.
-Un juego universitario. –contenta Tony.- Nuestro equipo está jugando aquí, en la ciudad.
-Ey. –grita Leo, luchando ahora por meter dos dedos en el sedoso culo.- El mariscal de campo de ese equipo trabaja tiempo parcial para mí en el gimnasio, así paga sus estudios. –con esos dedos hurgando en su interior y rozando su próstata sensible, Bobby se fija en la pantalla, tal vez él conocía al fulano mariscal, pero tan sólo ve a un sujeto enorme como una mole de músculos en el ajustado uniforme.- Su nombre es Kent. Un tipo realmente grande. Ben, si tú y Bobby van esta semana a practicar un poco, pueden conocerle. Me gustaría… -dice mirando a Ben.- …Introducir a Bobby allí. Tú sabes, para hacer las cosas más interesantes.
-Genial. –responde Ben, con una cierta mueca de burla.- Nos encantaría, ¿no es así, hijito? –y los dos dedos que tiene clavados en el muchacho se abren y cierran, haciéndole gemir.
-Cla… Claro, suegro. –jadea, encantado real e inocentemente con la idea de ser entrenado por Leo y recorrer un nuevo gimnasio.
-Te encantará, muchacho, apuesto que serás muy popular allí. -ríe Leo, acompasando las metidas de sus dedos con las de Ben.
Todos miran el partido hasta que este llega al medio tiempo. Durante todo ese tiempo, Ben y Leo habían estado manoseando y penetrando el culo del muchacho, para quien había resultado no difícil, sino imposible, concentrarse en nada. Todo rojo de cara, jadeante, agradece mentalmente el medio tiempo y el que los dos hombres retiren sus dedos, dándole un descanso. Esa sensación de perenne calentura estaba matándole. Aunque… ahora extrañaba la manipulación de su joven y ávido culo.
-¿Saben que necesitamos? –sonríe Leo, macabro.- Nuestro propio espectáculo del medio tiempo.
-¿Si? ¿Qué tienes en mente? –pregunta Tony.
-Bobby, tiéndete de espaldas en el sofá y levanta una pierna sobre el respaldo, dobla la otra y apóyala en la mesita, muéstranos tu delicioso coño afeitado como modelo de revista porno.
La idea hizo que la verga de Tony saltara dentro de sus pantaloncillos, agarrándola y sobándola sobre la tela, mientras ríe. Ben, sonriendo con una extraña mirada en sus ojos, se pone de pie para hacerle espacio a su joven y emputecido yerno, bajando también sus pantaloncillos y dejando ver su dura verga ya en toda su plenitud, antes de dirigirse a su hijo.
-Tony, busca la cámara. Creo que sería bueno grabar para la posteridad las habilidades de tu yerno, ¿no lo crees? –y cruzan una mirada terrible.
Una grabación… Bobby estaría perdido.
CONTINÚA … 11
Julio César.
