CASS VS DEAN… 6

CASS VS DEAN                         … 5

   En esta historia que NO ES MÍA, Castiel ha decidido “castigar” a Dean por oponérsele en su lucha contra Rafael. Y lo hace, pero las cosas no le salen tan bien. ¿Que por qué me gusta el relato? Dean, despertando pasiones como siempre, es sometido, pero no es un juguete sin voluntad. También él hará sufrir a Castiel.

……

Titulo: The penitente’s Mark

Autor: yeya-wc

Tema: Dean/Cass

Estado: en proceso

Resumen: Castiel castigará a Dean por oponérsele, y este sabrá porqué lleva su marca.

   Está tan duro, Castiel lo sabe de manera marginal porque no puede concentrarse en nada mientras Dean ronronea entre sus brazos, agitándose un poco bajo el toque de sus manos, frotando su cuerpo del suyo, provocándole pequeños infartos cerebrales cada vez, con tales palpitaciones en su verga que sabe estallará sin hacer nada más. Era inconcebible, ¿cuándo y por qué su Padre había creado seres tan poderosos, sentimientos tan fuertes, sensaciones tan puramente placenteras? Pero es difícil pensar, no con Dean arqueado su espalda, apoyando la nuca en su hombro.

   -Eres mío, Dean Winchester. Mío para siempre. –le susurra en un oído, ronco de lujuria, posesivo y obsesivo.- Estarás a mi lado por toda la eternidad. –oculta la barbilla y los labios en la húmeda nuca del cazador, sus ojos brillando terribles.- Nadie nos separará jamás. Y pobre de quien lo intente.

   Lo siente. Y lo cumplirá. En toda su larga existencia nunca había sentido esto, necesidad, miedo, rabia, frustración, pero del otro lado estaba Dean. Y el rubio lo compensaba todo. Por él cambiaría todas las reglas y…

   No. ¡No! Desea llevar a Dean al dormitorio, cuya cama ya debe estar impecable, y reposar a su lado. No dormir, ya que no lo necesita. Tan sólo estar allí, rodeándole con sus brazos, acunándole, oyendo su respiración pausada, observando su rostro hermoso. Esperando que descansara, despertara y volver a probar su cuerpo, sus labios. Su amor. No hacer nada. No pensar o…

   Pero los lamentos son demasiados.

   Puede escuchar a todos enla Tierra, casi teme que en todo el universo. Oye trozos de conversaciones entre los ángeles, entre los demonios, los monstruos caminando sobre la tierra. Puede escuchar cada llanto de angustia, dolor y miedo. Y sobre todo lo que está ocurriendo justo ahora en el Medio Oriente, enla TierraSanta.Haberse presentado como el dios por esos lados parecía regresársele, o como diría Dean Winchester, era una mala idea que volvía para morderle el culo. En su nombre se habían lanzado a una nueva guerra. Armas, tanques, matanzas. Gente asesinando en nombre del nuevo dios. Puede oír a los otros, a las personas atrapadas en esa locura, que lloraban clamando al antiguo Dios. Al nuevo dios. Al que fuera.

   Deposita a un Dean totalmente seco, desnudo como merecía vivir una criatura tan perfecta, sobre la cómoda cama. Le ve gruñir, sonriente, acurrucándose entre las mantas, de medio lado, casi doblándose sobre sí en el centro mismo del enorme lecho donde debería reposar el ángel ahora dios. Pero no puede. Las explosiones y disparos son excesivamente ruidosas. Con furia parte. A repartir castigo.

   Lo que resultaría, como ya comprobaría, un error.

……

   Dean despierta con una sonrisa en los labios sintiéndose extrañamente agotado y descansado. ¡El sexo! Por un momento se congela, medio cubierto por la suave sábana que lograba crear puntos agradablemente cálidos sobre su piel. ¡Castiel! Castiel le… enrojece violentamente, avergonzado.

   Avergonzado porque su corazón bombea con fuerza y su entrepiernas parece más atento. Joder.

   Debería estar gritando de rabia y miedo por lo ocurrido, en plan ataque de histeria, pero la verdad era que… le había gustado mucho lo que Castiel le había hecho. La manera en la cual su cuerpo respondía a las caricias del ángel, deseando ser tocado, mimado… tomado, era perfecto. Parpadea sorprendido él mismo mirando el alto techo. Castiel le había dicho que era su dueño, que le pertenecía. Y en esas palabras había algo inquietantemente agradable. Atractivo. Muy atractivo.

   Sonriendo con una mueca se pasa los dedos por el cabello. Sabe exactamente qué es lo suena tan bien: dejar de luchar, de sufrir por cada decisión, dejar atrás la culpa por cada sacrificio que exige y se le exige. Castiel le había prometido paz, tranquilidad. Protegerle. Y eso había sentido la noche anterior.

   Toma asiento, diciéndose que no, que no puede. Pero la habitación es acogedora, la cama parece invitarle a permanecer en ella, reposando, sin hacer nada más. Repara ahora en una pequeña cocina y una mesa para dos. De allí parte un agradable aroma a café recién hecho, a jamón con huevos y tocino. Y sonríe, tiene un hambre canina y Castiel se ocupó de ello. Como había prometido ocuparse de todo. Genial, no tendría que cocinar. Ponerse de pie le hace notar que lleva nuevamente un boxer, este es gris claro, demasiado corto en las piernas (¡vaya con el angelucho!).

   No puede evitar una sonrisa, así como un sonrojo de vanidad, al captar su imagen en el espejo. Esa prenda interior le hacía verse… bien. Sexy. Era un hombre guapo, lo sabía como sabe que tiene que cazar monstruos y cuidarse de no morir o permitir que algo malo le ocurra a Sam. Es algo en lo que no repara ya hasta que nota interés y fascinación en los ojos de las mujeres, y uno que otro tipo aunque eso nunca le interesó (hasta Castiel, parece recordarle una voz en su cabeza). Eso estaba claro, ¿no? Era guapo, pero nunca imaginó que eso terminaría determinando su futuro. En realidad nunca creyó que seres sobrenaturales pudieran sentirse afectados. Aunque ya había ocurrido, esos poderes parecían congeniar con él, piensa mientras va a la cocina, como con Tessa, la segadora que vino por él; con aquella demonio en aquel pueblo de pecadores cuando estuvieron atrapados en el sótano; también estaba Anna. Incluso se llevaba bien con Crowley (a pesar de todo) y con Muerte, el jinete (aunque le acojona). Pero de ello a encontrarse de pronto como objeto de deseo de Castiel, el nuevo dios…

   Toma café con ganas y devora los alimentos con entusiasmo. Termina y lanza un jadeo de pereza, sobándose el estómago. Suspirando sin ganas lo recoge todo y mira hacia el ventanal. Otro hermoso día en ese paraje paradisiaco. Y le gusta. Pero…

   Sam.

   ¿Qué estaría haciendo su hermano? Buscándole, seguro. Y volviéndose loco. Lo sabe porque es lo que le pasaría a él. Sin embargo, por alguna razón, eso no logra inquietarle del todo (vagamente, mirando los platos sucios en el fregadero, se pregunta sí Castiel no estaría drogándole). Se vuelve hacia la cama y frunce ligeramente el ceño. Un enorme aparato de televisión está a los pies del lecho ocupando toda una pared. El colchón mismo se ve tan acogedor que desea sumergirse nuevamente entre las sábanas. El deseo de ir allí, echarse, medio cubrirse, cerrar los ojos y dejarse llevar por la pereza es una necesidad tan grande que debe soltar aire.

   Bien, ¿por qué debe resistirse? Da dos pasos, toma un control remoto y enciende el televisor, luego, con una idea repentina, mira el aparato refrigerador. Sonriendo todo chulo se pregunta si…

   Si, cervezas. Cass había pensado en todo. Y mientras saborea una, especialmente dulce, y oye noticias, se pregunta qué otras sorpresas le tenía preparadas el ángel. Es cuando repara en un armario empotrado en la pared, de puertas de madera rojiza. ¿Qué otras cosas guardaría allí? Ojala fueran sus ropas. Está bien, ir en calzoncillos no le preocupaba, Sam siempre le acusaba de ello, pero no era como para vivir eternamente así. Termina la cerveza cerrando de un portazo el refrigerador y va hacia el mueble, lo abre, curioso. La sonrisa todavía en su rostro.

   ¡Ese hijo de puta!

   El rostro le enrojece y una mueca de rabia cruza su rostro. No, es más que eso. Es… vergüenza, una humillación terrible. Mientras alarga una mano recuerda al ángel diciéndole con toda intensión que le pertenecía. Que era su dueño. Los ojos le arden de pura rabia mientras alza la correa. ¡Una correa para perros! Traga y mira con detenimiento el contenido del fulano gabinete. Tenía de todo. Más correas, de esas con las que se sacaría a pasear a un perro. Hay un platón para agua con el nombre “Dean”. Incluso un collar para el cuello. Lo toma con manos temblorosas. El hijo de perra (no, aparentemente la perra era él), había colocado una pequeña inscripción: Hola, por si me pierdo, le pertenezco a Castiel.

   -¡Maldito desgraciado! –ruge lanzando lejos las correas y el platón. Tiembla violentamente cuando mete manos y lo arroja todo por toda la habitación. Qué se creía ese hijo de…

   Rebusca en el gabinete. Nada de sus ropas. Levanta el colchón de la cama, arrojándolo al suelo, nada. Incluso revisa una pequeña puerta en la que no había reparado y que le llevaba a un espacioso y claro cuarto de baño. Lo mira confuso, algo intenta filtrarse en sus recuerdos…

   “-Eres mío, Dean Winchester. Mío para siempre. –le susurra en un oído, ronco de lujuria, posesivo y obsesivo.- Estarás a mi lado por toda la eternidad. –oculta la barbilla y los labios en la húmeda nuca del cazador, sus ojos brillando terribles.- Nadie nos separará jamás. Y pobre de quien lo intente.”

   Apretando los dientes sale de allí, rascándose furioso el cuero cabelludo. Es cuando comienza a reparar en las noticias, en la nueva guerra santa, el hombre que se llama dios y lanza castigos a ejércitos y poblados enteros. ¡Loco! Castiel se había vuelto loco.

   Se detiene jadeante, perdido, sin saber que hacer. Pero él es Dean Winchester, carajo. Su deber era luchar. Era el soldado de papá. Con mano firme recoge la blanca sábana y de manera no muy original se envuelve en ella y enfila hacia el ventanal que da al paraíso. En la entrada duda, sintiéndose repentinamente débil. Una parte de él desea quedarse. Como si salir fuera un error. O no debiera salir. Como que no debía escapar… de su dueño. No, joder, seguramente era…

   Con paso vivo regresa a la cocina, toma una pequeña olla llena de estofado, uno que huele particularmente bien (seguramente seguía hambriento y por eso dudaba), y haciendo malabares con la olla, una cuchara y la sábana, se lo termina con prisa. Luego atraviesa el ventanal, preguntándose a dónde puede ir.

……

   Sam apenas ha dormido o comido desde su último encuentro con Castiel, de quien tiene noticias al mirar la televisión de donde llegan confusos partes de prensa que informan de conflictos en el Oriente Medio, pero también de plagas y zonas que han estallado en llamas, precisamente asentamientos militares. El nuevo dios parecía muy ocupado repartiendo castigos como si estuviera de afán por alguna causa.

   -Sam, ¿todavía ahí? –gruñe Bobby, bajando las escaleras de su vieja casa.- ¿Has descansado algo? ¿Comido? ¿Meado siquiera?

   -Bobby… Bobby, mira… -jadea el menor de los Winchester con una sonrisa plena, y algo maniática, le parece al viejo cazador, mientras golpea con un dedo el texto de letras góticas de un libro aún más viejo.

   -¡Muchacho! –exhala tristemente exasperado.

   -No, mira… Aquí hablan de la interacción de ángeles con humanos, llevándoles mensajes y advertencias. No hablan de… tocar. No cómo Castiel hizo con Dean.

   -Bueno, seguramente Castiel debió aferrarlo por un hombro para sacar su alma del pozo de la condenación. Tal vez estaba atorado.

   -Si, pero no debió dejar una marca. –grita algo exasperado, volviéndose y señalando los libros, los muchos libros apilados por allí.- En ninguno hablan de eso…

   -Bien… -Bobby enrojece y tartamudea un poco.- Pudo ser, digo, que el angelucho… ya tenía sus fijaciones con Dean desde el principio.

   -Pero, ¿por qué? No le había conocido hasta ese momento y…

   -Lo que sea, Sam. El caso es que Dean tiene su marca.

   -Si, pero esta es de… -traga con disgusto.- …Propiedad.

   -¿En serio? ¿Realmente marcó a Dean como si se tratara de una res?

   -Quién sabe en qué estaba pensando exactamente el emplumado en ese momento. La cuestión es… -y casi jadea, como falto de fuerzas, algo febril.- …Que un ángel puede sacar un alma de la perdición, parece que ha sucedido varias veces… resucitarle incluso, pero no demandar posesión. Ni controlar. –eso desconcierta al viejo cazador.

   -¿Estás diciendo…?

   -Que sacarle del infierno, marcarle y resucitarle, fuera de gratitud, no conlleva otro… compromiso. O poder sobre el marcado.

   -Joder, Sam, eso suena aún peor, porque si Dean… está con él, es porque quiere.

   -¡No! –Sam parece genuinamente horrorizado.- Castiel debe haberse asegurado ese control de alguna otra manera… con algún oscuro y sucio conjuro, seguramente tramando ya sus pillerías futuras.

   -Sam, Cass no era así. No hasta la ingesta de almas.

   -Cómo sea. –le corta levemente ofendido de no encontrar solidaridad automática.- Creo que cuando Castiel revivió a mi hermano, dejó una bomba de tiempo en su interior. Y vamos a necesitar de alguien que sepa cómo desactivarla o que nos diga cómo hacerlo.

   -¿A qué te refieres? –Bobby se ve justamente confuso.- ¿Qué crees que dejó dentro de Dean? ¿Y desactivar? ¿En quién piensas?  –imaginar a Castiel dejando cualquier cosa dentro de Dean, le horroriza y hace arder las arrugadas mejillas.

   -¿Los ángeles tienen alma? –es la vaga respuesta pregunta.- No lo sé, pero creo que Crowley, el rey del cruce de caminos y señor del Infierno, puede saberlo. Y le conjuraré, quiera o no.

……

   Bien, tenia que reconocerlo, si había que escapar semi desnudo y descalzo por un prado, el paraíso era el indicado. Eso pensó Dean Winchester nada más atravesar el ventanal que daba al hermoso paraje. El sol, aunque en lo más alto en un cielo de imposible azul intenso (Cass!), no quemaba. Más bien parecía la caricia de los primeros rayos de un día templado. La grama era mullida, suave, sin sorpresas desagradables.

   Después de correr unos minutos, siempre temiendo que un rayo le fulminara, o apareciera Cass (no sabe que sería peor), el cazador se detiene un momento mirando hacia la vivienda ya lejana. El paisaje cambiaba sensiblemente más adelante, descendía entre árboles de frondoso troncos y altas ramas. También el terreno era más accidentado, y cuando el dedo gordo de su pie derecho dio de frente con una raíz aérea, saltando en una pierna maldijo utilizando todo su variado y colorido repertorio.

   En verdad no tenía ningún plan determinado cuando salió de la habitación (no, joder, de la bonita jaula que el ángel había levantado a su alrededor), más una vez entre las ramas, siendo todo algo más umbrío, alberga dos certezas… que está saliendo de los límites de la persona o ángel que soñó ese cielo… y que debe encontrar a Ash. Si, a ese extravagante hombre que les fue fiel en vida a Jo y Ellen, y que ya una vez les había ayudado a Sam y él cuando tuvieron que vivir la pesadilla de la cara oculta de la luna, escapando del hijo de puta de Zacarías. Le buscaría y… joder, ¿estaba vivo o muerto? ¿Era carne o tan sólo espíritu? Se toca, se siente real, pero eso no despejaba ninguna duda. La vez pasada había sido igual, parecía estar allí aunque su cuerpo carnal reposaba en una cama de motel, bañado en sangre.

   Bien, ya se ocuparía de eso cuando…

   -Winchester. –la voz, imperativa y dura, le detuvo con un  jadeo.

   Todo ojos, asegurando la sábana sobre su cuerpo, enfrenta a la mujer pelirroja que parece materializarse de la nada a sus espaldas.

   -¿Quién eres?

   -Un ángel del Señor.

   -¡Genial! –bufa el rubio, volviéndose bruscamente. Otro de esos seres había aparecido cortándole la retirada. Inquieto, sus instintos a tope, mira de uno a la otra, echándose de espaldas en un ángulo diferente.- ¿Saben por casualidad cómo salir de aquí? –intenta, vanamente, lo sabe, una respuesta afirmativa. La manera en la que esa mujer le miraba, con disgusto apenas controlado, no presagiaba nada bueno.

   -Así que eres la mascota de Castiel. –acota el hombre.

   -No por mi gusto. Los ángeles, ya sabes, son unos abusivos hijos de puta.

   -Cuida tu lengua, Winchester. –advierte la mujer, dando un paso hacia él.- Y no estamos de humor. Has costado vidas angélicas… Muchos de mis hermanos han muertos por ti, un simple y vulgar ser humano. Y no uno de los mejores. No obedeciste los designios del Padre y trastocaste los Cielos,la Tierray los Infiernos. –parece ir encolerizándose.- Has traído destrucción sobre todala Creación, Winchester… y es hora de que lo pagues. –y Dean traga saliva, mirando de uno a la otra, mientras se le acercan.

……

   -Dean. –es la primera palabra que sale de la boca de Castiel, al reaparecer en la solitaria pieza. Frunciendo un tanto el ceño, recorre el desorden.- ¡Dean! –se alarma.

   Eleva una mano y recorre el lugar, de la nada parece materializarse algo, una energía corpórea que va de un lago a otro arrojando cosas. Por un segundo temió que los ángeles se le hubieran adelantado y atrapado al cazador. Ahora sabía…

   -¡Dean! –siente un sofoco terrible de pesar.

   El cazador se había marchado, había aprovechado su partida y escapado. Dejándole. El rechazo era horrible, él, todo poder, capaz de destruirla Tierracon tan sólo desearlo, se sintió sobrepasado, miserable, dolido y no sabiendo exactamente qué sentir. Una poderosa y terrible emoción, que creyó ira, le dominó. Pero no era eso. Se sentía… abrumado, impotente. Abandonado. Él le quería tanto y…

   Palidece. El gabinete. Las correa. El collar de perro. Traga, dejándose caer de culo sobre el colchón que ha vuelto a su lugar. Dean había encontrado toda esa basura y se había cabreado. Una leve sonrisa de amargura y frustración se deja ver en su rostro inexpresivo. ¿Cómo pudo olvidarlo? Joder, ¡era el nuevo dios! No podía cometer errores como ese.

   Una vez destruido Rafael, todo poder, lleno de seguridad y confianza (no quiere pensar en Lucifer, orgulloso y prepotente), se había vuelto contra los cazadores que habían conspirado contra él. En especial contra Dean. Porque su falta de fe, la desaprobación que encontraba en su voz y ceño fruncido, su resistencia le había lastimado de una manera intensa y terrible, aunque su poder casi le había hecho olvidarlo. Pero ahora, por alguna razón, lo recordaba en toda su intensidad. Dios, cuánto había deseado que Dean le entendiera, se pusiera de su parte y dijera “confío en ti, Cass”. Pero el Winchester no hizo nada de eso, quiso detenerle. Se le enfrentó. Y sus palabras de desafío…

   Por ello quiso castigarle. Por un momento pensó en lastimarle físicamente, pero… no, no podía. Después se le ocurrió lo otro. Le costó recordar el profundo e íntimo vínculo que ambos compartían y entendió que podía dominarle así. El alma, cuerpo y voluntad de Dean terminarían rindiéndose a su presencia. Pensó en… someterle y humillarle, tenerle siempre desnudo y tembloroso de ganas por obedecerle y hacérsele querer, viviendo como un perro en cuatro patas, con una correa en su cuello y una cadena que le mantuviera cautivo a los pies de esa cama. Quería… someterle. Y lo intentó. Pero era Dean. Besarle y sentir su deseo, toda esa entrega poderosa de su naturaleza apasionada fue más de lo que pudo imaginar jamás. Nunca había conocido tal satisfacción, tal deseo incapaz de ser saciado por mucho que tomara de él. Y soñó con…

   Enrojece de vergüenza, nuevamente preguntándose sí no habría pecado de vanidoso, pero si, soñó con lograr con atenciones, los toques de sus manos y su interés, que Dean deseara quedarse con él por voluntad propia. Que decidiera por sí mismo continuar a su lado. Pretendía retenerle sólo el tiempo suficiente como para que entendiera que nadie daría tanto por él. Y por un segundo creyó que lo lograría. Desalentado, infinitamente triste, mira la correa de perro en su mano, ¿cómo pensó en semejante tontería? ¿Cómo pudo olvidar que toda esa basura estaba allí? Dean lo encontró, se molestó y…

   ¡Dean! ¡Los ángeles! ¡Le encontraron!

   Violentamente se pone de pie. ¡Dean corría peligro! Mira hacia el ventanal… y vacila. Mucho. Hasta que finalmente cae sentado otra vez. Todo debía consumarse.

   En su rostro compungido y pesaroso, elevado al techo como buscando una indicación, Dean habría reconocido a su ángel de la guarda. Castiel sufre porque recuerda cosas que parecían haber ocurrido miles de años atrás, cosas que había relegado al fondo de su mente desde que se transformó en el nuevo dios.

   Recuerda exactamente el momento cuándo se enamoró de Dean Winchester con una fuerza e intensidad tal que le abrumó y colmó de una felicidad nueva, salvaje e intimidante, una que le hizo jurarse que le protegería aún a costa de su propia existencia… Antes de olvidarlo todo.

   Y dolía. Dolía recordarlo todo. Pero era necesario. Era imprescindible que recordara todo lo ocurrido cuando le dio al joven y torturado cazador una parte de su propia gracia.

CONTINUARÁ … 7

Julio César.

NOTA: No pensaba escribir nada muy detallado sobre esta nueva etapa de Supernatural hasta que comience a ser transmitida por el Canal Warner, pero es necesario. Coño, ¡mataron a Bobby! Es increíble. Matar al verdadero padre de los Winchester, al gran Bobby. Esta debe ser una de las pocas series donde a los personajes principales los matan y sacan. A diferencia de Smallville o Héroes. Sin embargo… el capítulo estuvo intenso. Dean impaciente y lleno de odio, Sam queriendo distraerle. Está el detalle de la cerveza de Dean que desaparece, tal vez sea el indicio de que los productores van a dejar a Bobby como un fantasma alrededor de los Winchester. Fue notable la interacción entre Dean y Frank, ese viejo temático, paranoico y excéntrico con una gran historia (ese sujeto y Dean se lucieron juntos), por no hablar de la pequeña y ruda cazadora. Sé que pensarán que soy un maniático, pero aunque Sam estuvo bien con ella, Dean le sacó chispas. Él y la jovencita se veían increíbles; cuando la amenaza con revisarla buscando la navaja o cuando ella sale tras él del hospital con aquello gracias por decir adiós, estuvo genial. Ojalá reaparezca. Hace falta gente del lado de los “buenos”. Y todavía esperamos por Castiel.

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2 comentarios para “CASS VS DEAN… 6”

  1. Alyson Dice:

    Hola J.C.

    ¿Qué tal las vacaciones?

    Es mi primer review del 2012! Actualizaste tan rápido! thanks!, esta historia siempre me deja con ganas de saber que sigue después… Es el colmo que Castiel le pusiera todas esas cosas de perros y el colllar con eso de “Hola, por si me pierdo, le pertenezco a Castiel!” ja! Y ahora lo capturan los ángeles…Cas tienes que impedirlo!!

    ………….

    Ahora pasando a la serie, que buenos caps. nos han dado.

    El cap. 7×11 en general me gustó, tal vez fuera porque la larga espera del “hiatus” me dejó con la curiosidad a flor de piel. Creo que muy en el fondo si sabía que Bobby no la iba a librar tan fácil esta vez. Aunque igual no me pareció nada justo que se lo cargaran así. Pero de que regresa, regresa!

    Estuve leyendo otros “comments” referidos a la misteriosa -escena de la botella de Dean que se vacía sola-. Sí, muy muy raro todo el asunto. Pero a decir verdad yo no la pillé la primera vez q vi el cap. =s (roche total!) Lo que pensé fue q el casi-alcoholismo de Dean se había agravado un tanto más que ni él mismo se percataba de lo que tomaba. Obviamente no fue el caso. Bobby como fantasma?? Tengo mis dudas, pero con tal de que nos lo devuelvan, todo vale ¿no? Lo mismo que con Cas.

    También me gustó mucho la conversa que tuvo Frank con Dean. El pobre hombre tampoco la tuvo tan fácil por lo que le pasó a su familia pero allí está, siendo como él dice “profesional”, aunque paranoico y algo psicótico. Otra detalle que me sonó raro fue el hecho de que Dean durmió 36 h corridas, así de fácil??? ¿En serio? ¿Exageración de Frank? ¿Fue Bobby? ¿Fue Cas?

    Para mí la cazadora era como una versión joven de Dean en femenino. La adoré. Tan chula, tan dura, tan jerga como Dean. Y ahora parece que ella y el padre se retiran, bien por ellos. Y tal vez ella vaya a Stanford como Sam! La parte final, cuando Dean intenta sonreír… fue demasiado difícil de ver… y triste.

    El cap. 12 lo acabo de ver, Wow! no sé por dónde empezar, qué dinámico y refrescante, solo dos palabras, me encantó!

    Creo que Dean se veía increíblemente sexy con EL traje, el peinado y sombrero, tanto que la modista no aguantó y le plantó un beso de “buena suerte”. ja! buena con la tía, Dean! ¿Por qué los escritores la habrán hecho con un aire a la personalidad de Bobby?

    La reaparición de la Sheriff, gustó y le dio un poco del aire femenino (aunque diría también maternal) que últimamente escasea para los bro. Me gusto su interacción con Sam. También debe estar sintiéndose muy mal por lo de Bobby. Por el otro lado Elliot Ness me cayó súper simpático de inmediato. ¿Quién dice que los cazadores tienen que iniciarse en esa vida por alguna tragedia y venganza del tipo personal? ¿Quién dice que no pueden escoger esa vida por querer hacer la diferencia y hacer algo por los que corren peligro? Luego estuvo Dean con sus menciones de lo que pasará en el futuro, sus jergas incomprendidas, y su aspiración a ser uno de los “Intocables”, eso fue muy divertido.

    Y al final pero no menos importante está Cronos que si bien me dio un poco de pena por su historia de amor con una mortal, remató a los chicos soltando lo de futuro de “black gloo” cubriéndolo todo y por todas partes o algo así… quiero pensar que les está mintiendo o que Cas volverá justo a tiempo para evitar que algo así suceda, ¿no?!

    ….bueno ahora solo toca esperar a ver q sucede…
    … nos leemos pronto.. =)
    A.

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