Pobre muchacho. Aunque generalmente se controla, no es fácil ser un policía motorizado con ese ajustado uniforme y tenerla siempre dura. Pero era ver a su teniente, con un pantalón más ajustado todavía, y ponerse caliente… Eso era irse al patio y caer y tocarse y gemir, pidiéndole al teniente, mentalmente, que le hiciera de todo. ¿Saben por qué digo pobre? Porque el teniente quiere darle, pero no sabe si el muchacho lo deje.
Si hay algo peor que un mal perdedor es un mal ganador. Y eso lo descubre Jerónimo cuando el maldito portero del otro equipo, para vengarse de su baile erótico después de marcarle un tanto, estaba a punto de clavarle varios goles hasta lo más profundo de su… red.
Sabía que le encontraría allí, esperando después de la carrera. El mejor, el macho alfa, el hombre dentro de la pista. Y a él, como vencido, sólo le quedaba caer de rodillas y someterse… Comenzando con pasar la lengua por todos lados. Bien mirado, piensa el vencido mientras ya va cayendo de rodillas y jadeando, esta era una de esas situaciones de la vida donde todo era ganar y ganar.
Julio César.


