Ayer, 23 de enero, se conmemora en Venezuela un año más de la caída de la anterior dictadura, por lo cual se celebra. Antenoche mi equipo de béisbol preferido, los aguerridos y gloriosos Navegantes del Magallanes, casi hicieron historia, cayeron, pero luchando bravamente, llevándose en los cachos a los Caribes de Anzoátegui. Sin embargo, del día de hoy sólo recuerdo aquella infausta noticia, la muerte del hombre que le dio vida al inolvidable Ennis del Mar…
Ayer, hace cuatro años, desperté como todos los días algo molesto de dejar mi lecho. Mientras cepillaba mis dientes escuchando a medias las noticias, alcancé a oír que había muerto el joven actor que hizo de hijo de Mel Gibson en El Patriota. Salí como en trance, preguntándole a una amiga que había amanecido conmigo que de quién hablaban. Ella, sentada ahí, tomándose un café, dijo con indiferencia que era el catire de nombre difícil que hizo de vaquero en esa película que tanto me gustaba. Así, como si tal cosa.
Resulta difícil explicarle a quien no entendiera mi obsesión del momento que comprenda cuánto me pesó y dolió aquella noticia. Citando de memoria palabras de otros, de una de las amigas de la hoguera, esa comunidad de seguidores que amamos la historia y le tomamos cariño a los vaqueros al punto de que se nos convirtieron en personas reales, conocidos de quienes supimos su triste, trágica y desgraciada historia de amor sin que pudiéramos hacer nada, recuerdo: cuando los paramédicos cargaban su cuerpo sin vida, ella lloraba por su hermanito muerto, ese al que nunca conoció en persona ni en vivo, que ignoraba que ella existía, pero al que tanto quiso; su hermanito que hacía películas, que vivía en Australia y era famoso.
Siempre me ha gustado escribir, un día soñé con publicar un libro antes de los cuarenta. Obviamente no soy tan bueno. O bueno, a secas. Pero cuando vi y sentí Brokeback Mountain, y encontré a los amigos de la hoguera con sus hermosos relatos, me dije yo también puedo hacerlo. Quiero hacerlo. Ha sido hasta ahora un largo camino, generalmente satisfactorio. Pero cuando Heath Ledger murió, pensé que todo había acabado. ¿Cómo seguir escribiendo sobre dos barcos solitarios que se encontraban en la noche llenándonos de esperanzas, dos lobos en una montaña compartiendo su soledad, dos vidas en una y esta sólo vivida a ratos? Pero el tiempo pasa, el dolor mengua. Me gustaría todavía escribir sobre la montaña, pero siento que ya no es tiempo. Y como yo, muchos han ido cerrando sus espacios. Mar del Norte, autora de un hermoso, realmente hermoso blog, se ha despedido. Imagino que como ella, muchos más. Pero aunque no escriba, no olvido.
Recuerdo el camino generalmente doloroso que llevaba a la montaña de los sentimientos encontrados, del amor recibido, de la negación porque la vida no es así. Un camino largo que termina con la muerte de un hombre que soñó saltar sobre las nubes, y de otro que a solas, viendo por una ventana las montañas lejanas, recuerda el momento exacto en la cual su vida se detuvo para siempre al lado de un camino donde un hombre se ahogó con su propia sangre. Un camino árido, pero extrañamente satisfactorio cuando nos congelamos en ese valle bañado por la luna, a la entrada de una tienda de campaña, a la luz y calor de una hoguera donde dos seres humanos hermosos hablaban y miraban el cielo estrellado, seguros tal vez de haber alcanzado el paraíso. Allí, los amigos de la hoguera tomamos asiento, y uno a uno fue contando una historia, divertidas unas, dolorosas otras, deseando que el amor triunfara sobre un destino ya escrito y se impusiera al final. Soñamos y nos gustó, y nadie quería bajar.
Ennis del Mar, con el llanto de la soledad, se nos trasformó en Heath Ledger, aunque no lo sabíamos. Éramos concientes de las miradas lejanas del vaquero en su montaña, como debe ser cuando se busca el ayer, de los silencios opresivos del hombre tan macho que no llora ni a solas, del que no pide auxilio y que sin mostrar debilidad carga a solas con el peso de sus penas. Ese era Ennis, pero también Heath. Con la partida del chico australiano la hoguera amenazó con apagarse. Los amigos lloraron un rato, después guardaron silencio. Pero no uno de olvido, era de respeto y cariño. El silencio sobre esas cosas de los sentimientos y el corazón que nos son tan valiosas pero imposibles de explicar a otros. La sonrisa leve de “esto es muy mío y no me lo quita nadie”.
De aquellos días tristes recuerdo que siempre me pregunté, ¿cómo estará Jake Gyllenhaal? Porque era imposible para mí pensar en uno sin asociar al otro. Mucha gente habló con disgusto de su silencio, de su alejamiento. Nunca pensaré nada malo de Jake, y buscando sobre su vida, encontré esto en jake-gyllenhaal-habla-sobre-la-muerte-de-heath-ledger:
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Jake Gyllenhaal habla por primera vez públicamente sobre la muerte de Heath Ledger
Elegantemente, Jake Gyllenhaal había eludido hasta el momento hablar sobre la muerte de Heath Ledger, uno de sus mejores amigos (no obstante cabe recordar que el actor es el padrino de la única hija de Ledger, Matilda), y pareja inolvidable en el clásico imperecedero de Ang Lee, ‘Brokeback Mountain’.
Con motivo del inminente estreno, sin embargo de la esperada ‘El Príncipe de Persia’, la publicación estadounidense GQ, ha puesto al protagonista de ‘Jarhead’ en portada y con la cabecera ‘Jake is Huge’ (Jake es enorme), le dedica al angelino las mejores páginas del magazine en un reportaje/entrevista ilustrado con fotos improvisadas tomadas en las calles de Nueva York. Durante el documento entrevista, Gyllenhaal habla de todo un poco, y cuando ‘Brokeback Mountain’ entra inevitablemente en la batería de temas, el nombre de Ledger surge y Jake habla sobre lo que su persona supuso para él y lo que su trágica muerte trajo a su vida personal, quedándose consigo para siempre.
‘Siempre admiré a Heath. Siempre estuve como enamorado de él. Ya sabes. Quiero decir, a veces era duro estar sentado con él. Conmovía… era conmovedor (…) Era muy sensible’
Con estas palabras, Gyllenhaal inicia un recorrido y traza con breves pinceladas, el carácter dulce y el suave carisma envolvente de su colega australiano, aunque decididamente destaca también que para el actor serio que era, sin embargo también era ‘alocadamente divertido. Oscuramente divertido pero divertido‘.
Después del rodaje de la película de Lee, que asegura que fue una experiencia mágica a la vez que dolorosa, ambos continuaron en contacto, comunicándose con frecuencia mes tras mes pese a que los compromisos profesionales los tenían a los dos separados.
Mientras filmada ‘Brothers’, el actor supo de la muerte de su amigo, quedando en completo estado de shock. Al preguntársele sobre las sensaciones que vivió en ese momento, prefiere no hablar demasiado sobre el tema: ‘Realmente no me gusta hablar sobre ello. Ese período de tiempo fue… fue realmente difícil‘.
Tras el terrible suceso, comenzó a ver su vida de un modo totalmente distinto: ‘La vida es algo que no entendía totalmente. Creo que me daba miedo. Tenía éxito en mi trabajo, el suficiente como para volver de vez en cuando (a rodar películas). Pero (tras la muerte de Ledger) me di cuenta de que era sólo trabajo. Y vi que lo demás es lo real‘, y confesando que está viviendo una etapa de inseguridad personal, algo que no considera en absoluto negativo, tras haber puesto punto final a su relación con Reese Whiterspoon, el actor acaba diciendo:
‘Me estoy dando cuenta de cuáles son mis puntos fuertes y mis debilidades. Estoy intentando descifrar qué soy… y que no soy‘
Suerte en la búsqueda, Jake G.
Categorías: Cine, Personajes
Tags: magazine, entrevista
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Palabras curiosas de un hombre refiriéndose a otro. Deben ir a la página original y leer algunos comentarios al respecto. Por mi parte, lo entiendo. Bueno, él conoció al Heath hombre, yo a quien recuerdo más es a Ennis del Mar, el sujeto duro y hasta torpe que un día dejó escapar su vida, vida misma que le hizo digno de compasión y de amor. Quise a Jack, odie por ratos a Ennis por él, y sin embargo siempre me identifiqué más con el hombre que deja pasar la oportunidad por no saber en su momento que era su momento, o por temor, o por comodidad.
Para terminar, y como ya he dicho antes, otros siempre tienen las palabras exactas que a mí me faltan, disfruten, si se puede usar esa palabra, de la última entrada de Mar del Norte…
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La hoguera se apaga
Ardieron hogueras sin noche,
buscamos caminos de montaña,
llegamos al claro de la luna,
soñando camisas, ovejas
y ríos de aguas claras.
…
No olvidamos el llanto,
la soledad amarga;
vivimos la vida a tragos
y ahora la hoguera se apaga.
…
Queda el corazón entero
que ha sufrido y amado
con lágrimas. Queda sin cantos
la sombra oscura de mi montaña.
…
Sin mirar atrás desciendo
un camino de amores,
un camino de trampas.
Más no puedo olvidar
que te quise como a nadie
hermosa y triste montaña.
…
Solo me queda el beso,
los caballos, la nana,
solo me quedas tú,
y tras de ti, nada…
posted by Mar del Norte at 9:09 AM 4 comments
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Vaya, ¿no es algo precioso? Son palabras escritas al viento, por decirlo así, el año pasado, y con ellas se podría recordar perfectamente al vaquero caído, el muchacho de Australia. Adiós, Mar del Norte; te confieso que escribo esto con un nudo en la garganta, ese que produce toda partida de amigos queridos, el presente siempre que termina un hermoso instante de poesía. Brokeback Mountain lo fue, lo es. También tu trabajo, Mar. Por mi parte no creo que pueda partir todavía. No todavía. Sería renunciar a demasiado. La montaña era triste, como dices, pero también hermosa, mucho, y no estoy listo para dejarla. A veces creo que me gusta la idea de nunca hacerlo.
Adiós, tú también, vaquero.
Julio César.





