Ah, pa’ greñero.
Comenzando el año, escuchando un resumen de las noticias relevantes del año pasado, supe que Rafael Nadal, el tenista español, había ganadola CopaDavis, contra el tenista argentino Del Potro. Precisamente en Argentina. La noticia me llamó la atención porque realmente siempre me ha resultado incomprensible el que a la gente le guste el tenis. Y más si es por televisión. Todavía ver muchachotas en cortos trajes, lanzando griticos extraños, tiene algo de interesante. Que no es el tenis, precisamente, ¿pero esto? Lo otro era la novedad. Nadal había ganado. Otra vez. Eso es tan sorpresivo como escuchar que el Barcelona le gano al Real Madrid.
Sin embargo a Nadal le recuerdo por otra dos cosas. Una es un comentario que hacía Mary montes, la genial narradora de noticias deportivas (cómo sabe de eso, sobre todo de béisbol). Ella siempre insistía que así como los diarios deportivos en la contraportada traían a una mujer en traje de baño, para variar deberían poner hombres. No en traje de baño (aunque, ¿a quién molestaría eso?), sino en sus atuendos deportivos. A ella se le caían las medias por Nadal y Federer. Y de Nadal y Federer es el otro cuento. Un relato de los llamados real person slash. Nadal y Federer habían jugado, Nadal había ganado, y de rodillas, en los vestuarios, Federer debía rendirle culto al ganador. No fue realmente un cuento muy bueno.
Pero si algo fuera a decir yo de Nadal, es que debería dejar de salir sin peinarse. Esas greñas de verdad le hacen un flaco favor. Me parece, a mí que no soy su fanático, ni me gusta el tenis, aunque reconozco que el tipo tiene su encanto (y sí aparece en una foto en speedos o trusa, me detengo a mirarla), que debería peinarse más. ¿O no?
Julio César.



