CASS VS DEAN… 7

 CASS VS DEAN                         … 6

   En esta historia que NO ES MÍA, Castiel ha decidido “castigar” a Dean por oponérsele en su lucha contra Rafael. Y lo hace, pero las cosas no le salen tan bien. ¿Que por qué me gusta el relato? Dean, despertando pasiones como siempre, es sometido, pero no es un juguete sin voluntad. También él hará sufrir a Castiel.

……

Titulo: The penitente’s Mark

Autor: yeya-wc

Tema: Dean/Cass

Estado: en proceso

Resumen: Castiel castigará a Dean por oponérsele, y este sabrá porqué lleva su marca.

   Palidece. El gabinete. Las correa. El collar de perro. Traga, dejándose caer de culo sobre el colchón que ha vuelto a su lugar. Dean había encontrado toda esa basura y se había cabreado. Una leve sonrisa de amargura y frustración se deja ver en su rostro inexpresivo. ¿Cómo pudo olvidarlo? Joder, ¡era el nuevo dios! No podía cometer errores como ese.

   Una vez destruido Rafael, todo poder, lleno de seguridad y confianza (no quiere pensar en Lucifer, orgulloso y prepotente), se había vuelto contra los cazadores que habían conspirado contra él. En especial contra Dean. Porque su falta de fe, la desaprobación que encontraba en su voz y ceño fruncido, su resistencia le había lastimado de una manera intensa y terrible, aunque su poder casi le había hecho olvidarlo. Pero ahora, por alguna razón, lo recordaba en toda su intensidad. Dios, cuánto había deseado que Dean le entendiera, se pusiera de su parte y dijera “confío en ti, Cass”. Pero el Winchester no hizo nada de eso, quiso detenerle. Se le enfrentó. Y sus palabras de desafío…

   Por ello quiso castigarle. Por un momento pensó en lastimarle físicamente, pero… no, no podía. Después se le ocurrió lo otro. Le costó recordar el profundo e íntimo vínculo que ambos compartían y entendió que podía dominarle así. El alma, cuerpo y voluntad de Dean terminarían rindiéndose a su presencia. Pensó en… someterle y humillarle, tenerle siempre desnudo y tembloroso de ganas por obedecerle y hacérsele querer, viviendo como un perro en cuatro patas, con una correa en su cuello y una cadena que le mantuviera cautivo a los pies de esa cama. Quería… someterle. Y lo intentó. Pero era Dean. Besarle y sentir su deseo, toda esa entrega poderosa de su naturaleza apasionada fue más de lo que pudo imaginar jamás. Nunca había conocido tal satisfacción, tal deseo incapaz de ser saciado por mucho que tomara de él. Y soñó con…

   Enrojece de vergüenza, nuevamente preguntándose sí no habría pecado de vanidoso, pero si, soñó con lograr con atenciones, los toques de sus manos y su interés, que Dean deseara quedarse con él por voluntad propia. Que decidiera por sí mismo continuar a su lado. Pretendía retenerle sólo el tiempo suficiente como para que entendiera que nadie daría tanto por él. Y por un segundo creyó que lo lograría. Desalentado, infinitamente triste, mira la correa de perro en su mano, ¿cómo pensó en semejante tontería? ¿Cómo pudo olvidar que toda esa basura estaba allí? Dean lo encontró, se molestó y…

   ¡Dean! ¡Los ángeles! ¡Le encontraron!

   Violentamente se pone de pie. ¡Dean corría peligro! Mira hacia el ventanal… y vacila. Mucho. Hasta que finalmente cae sentado otra vez. Todo debía consumarse.

   En su rostro compungido y pesaroso, elevado al techo como buscando una indicación, Dean habría reconocido a su ángel de la guarda. Castiel sufre porque recuerda cosas que parecían haber ocurrido miles de años atrás, cosas que había relegado al fondo de su mente desde que se transformó en el nuevo dios.

   Recuerda exactamente el momento cuándo se enamoró de Dean Winchester con una fuerza e intensidad tal que le abrumó y colmó de una felicidad nueva, salvaje e intimidante, una que le hizo jurarse que le protegería aún a costa de su propia existencia… Antes de olvidarlo todo.

   Y dolía. Dolía recordarlo todo. Pero era necesario. Era imprescindible que recordara todo lo ocurrido cuando le dio al joven y torturado cazador una parte de su propia gracia.

   Cuando fue al Infierno por Dean Winchester no sabía qué pensar. Se le necesitaba, se hablaba de la misión que Dios tenia reservada para él, pero aunque obedecía como un buen soldado, el asunto no le impresionaba. Dean era tan sólo un ser humano, débil y lleno de imperfecciones como todos. Pensamiento que le atormentaba al segundo siguiente, bien mirada, la humanidad misma pasaba la prueba de Dios a los ojos de Castiel; había más bien que mal, más personas deseando hacer lo correcto que aquellos que se gozaban en la maldad y lastimando. Pero no eran mucho mejor que los animales, por ejemplo, los perros. Sin embargo admiraba esa obra de su Padre. Pero de ahí a ir al Infierno…

   No pudo evitar sentir penas por las incontables almas que vio retorcerse bajo el sádico castigo, colgando de ganchos o ardiendo en lagos de fuego. Muchos se lo habían buscado; actos, palabras y omisiones tras otras habían labrado las cadenas que ahora les sujetaban al castigo. Generalmente por codicia, lujuria o envidia, las grandes generadoras del odio y la violencia. Aún aquellos que como Dean, técnicamente, eran justos y pagaban penitencia por un incorrecto acto de amor. Y ese acto de amor, sacrificarlo todo por su hermano, era lo único que distinguía a ese humano en particular del resto de las almas atormentadas a ojos del ángel, ya que la vida misma del cazador no era ningún ejemplo de rectitud. Le encontró allí, en lo más profundo del Averno, sumergido en sangre y alaridos de dolor, cubierto él mismo de despojos, los de aquellos que había atado al potro de las torturas para librarse él mismo, cansado de treinta años de tanto sufrimiento.

   Era algo irreconocible entre los gritos de alrededor, el olor a muerte, la sangre seca y nueva cubriéndole, el cabello apelmazado, sus manos goteando aún con la sangre de sus víctimas (no, las víctimas de las propias culpas). Cuando se presentó en su verdadera forma, todo amanecer y energía, ese rostro resplandeció, y sus ojos, de extraña belleza, brillaron de horror. Dean le había reconocido como un ser de luz y gritó cerrando los párpados, cubriéndose el rostro, incapaz de soportarlo. Su presencia le enfrentaba al horror en el cual se había sumergido. Más tarde el Winchester no recordaría nada, ni su forma real ni sus palabras, las que le dirigió por primera vez: Dios te necesita, por ello serás salvado de la perdición.

   Y Dean Winchester gritó e intentó sumergirse en la miseria, escapando del ángel. Sus pensamientos llegaban en dolorosas oleadas: No soy digno de perdón ni de salvación. Dean Winchester estaba convencido de que por sus culpas, las cosas que había hecho bajo las órdenes de Alastair, merecía esa condenación. La idea de salir del pozo del sufrimiento, de ser llevado a otro lugar, uno donde no hubiera castigos, dolor y olvido, le parecía intolerable. Era un monstruo y merecía ese final. Fue cuando tuvo que tomarle con fuerza por un hombro, para arrancarle del fango de putrefacciones, halándole. Y oyó el grito de su alma, el llanto, el ruego de que le dejara continuar su castigo.

   Tan convencido de su maldad, de su bajeza, de no merecer misericordia, el alma luchó contra su agarre. Y Castiel deseó borrar todo ese dolor interno, toda esa culpa que parecía mucho anterior al Infierno. Su propia naturaleza parecía hervir en deseos de salvarle de sí mismo, de borrar todo ese pesar, el recuerdo de lo que había hecho en ese pozo, aunque sabía que no debía. Dean tenía que recordar el Infierno así le olvidara a él. Una idea terrible, intolerable. Dean nunca sabría de él, y sí el Cielo asignaba la misión de tratar con el humano a otro ángel, él mismo le perdería la pista. Incapaz de soportar tal posibilidad… le marcó. Lo hizo, para encontrarle después, mientras emprendía el ascenso.

   Entender que sería salvado, lo deseara o no, fue demasiado para Dean, quien perdió en conocimiento. Debió sostenerle y acunarle para que no cayera. Saliendo del Infierno, limpio de toda mancha, le vio como era, un hombre joven de rasgos delicados a pesar de su trabajo, las pecas cubriendo graciosamente su nariz, pómulos y mejillas, los labios carnosos entre abiertos y las largas pestañas aleteando sobre los párpados. Y Castiel, quien siempre admiró las obras de su padre desde un punto de vista de armonía y eficacia, debió reconocer que el Winchester era innecesariamente hermoso. Conocimiento que le turbó. Ahora debía rehacer su cuerpo e integrarlo a su alma, ¡pero esta estaba tan destrozada! Su mente. No creía, realmente, que Dean Winchester pudiera resistir el despertar a la vida con todas las culpas abiertas en su alma desollada. E hizo algo que no debió. Sus labios se unieron en un ligero roce a los del cazador y una terriblemente pequeña parte de su gracia se volcó en él. Dean se estremeció en sus brazos, sus labios se abrieron otro poco y se fruncieron como si esperara algo más. Y el ángel volvió a cubrirlos con los suyos, aunque sin prestar más de su gracia.

   Desde ese momento le cuidó y vigiló, pensando que era por la importancia de su misión, porque era el cazador que salvó, el alma que rescató. Tenía que ser por eso ¿no? El que su mirada se perdiera tantas veces en sus labios, sobre todo cuando los humedecía con su lengua, provocándole leves escalofríos, no quiso analizarlo. Pero no pudo engañarse mucho tiempo, lo que sentía era poderoso y no creía fuera su gracia vertida, ya que esa necesidad de cuidarle llegó antes. Dean Winchester, con su valor y arrojo, con su nobleza y coraje le había enseñado un mundo más amplio, aquel que se defiende y protege no sólo para uno mismo, sino por y para otros. Por Dean desobedeció cuando llegó el momento, cuando Satán se levantó en aquel convento y debía tomar el cuerpo de Sam. Por Dean se reveló contra el Cielo, peleó y mató a sus hermanos. Por Dean, por su causa, desbarató los planes del Padre y el Armagedn nunca se dio.

   Por Dean…

   Por Dean pecó de soberbia y vanidad, prestó oídos a demonios y mintió a sus amigos. Se convirtió en el nuevo dios, para acabar con los malvados, traer equilibrio… y que Dean Winchester estuviera a salvo. Al fin. Pero no pudo. Todo se torció y salió mal. Dean no se puso de su lado, Dean no le miró con gratitud o admiración (con devoción… con amor). No, conspiró contra él. Le enfrentó. Por eso debía castigarle. Y lo intentó. Pero, como siempre, el Winchester le sorprendió y venció en su propio juego. Debió convertirse en su esclavo devoto, su juguete obediente y sumiso, y aunque de cierta manera así había sido, también se le enfrentó. Cuando Dean se arrojó sobre él, buscando pasión, Castiel supo que estaba perdiendo la batalla. Era difícil concentrarse en controlarle y castigarle cuando el rubio ofrecía su boca, su cuerpo, sus caricias. Y eso le pareció suficiente.

   Pero no podía estar en paz. No con el puto mundo deseando aniquilarse en estupidez era imposible que se dedicara tan sólo al cazador, y eso que él lo único que deseaba era revolcarse en esa cama con el rubio por el resto de la eternidad. O cuando el desgraciado de Sam intentaba arrebatárselo. O los ángeles, como ocurría justo en ese momento, que amenazaban con destruirle en su guerra contra el nuevo dios.

   Ahora esto… Con profundo pesar mira los collares de perro y el platón de comida. ¿Cómo pudo olvidarlo? ¿Acaso no había hecho desaparecer todo eso cuando regresó con Dean de aquella ducha nocturna? ¡Alguien actuaba en su contra! Y su corazón de nuevo dios, entre el despecho y la frustración, se llena de cólera. Una que está pronta a derramarse.

……

   -¿Van a matarme? ¿A eso vinieron? ¿Dos poderosos ángeles llenos de angelicadezas para matar a un simple humano? Wow, me sentiría honrado si no fuera porque odio la idea de satisfacer a pendejos. –gruñe Dean, dando otro paso atrás, mirando de uno a la otra.

   -¡Humano infeliz! –ruge el ángel moreno.

   -Ni siquiera ahora eres conciente de tu falta. Has derruido el orden natural. –acusa la pelirroja.- Todos los planes que nuestro Padre había elaborado con paciencia y justicia para brindar nuevamente equilibrio ala Creación. Luciferse enfrentaría a Miguel, y la humanidad elegiría entre uno y otro; Lucifer no sería seguido por la mayoría que se mantendría fiel al Padre y todo el universo habría visto que el desafío lanzando por Satanás al rostro de Dios quedaba resuelto a su favor.

   -¡Iban a reducir a cenizas mi mundo! Millones iban a perecer para que ustedes satisficieran su necesidad de atenciones. –gruñe Dean, colérico, vigilándoles, sabiendo el peligro que corre.- Y no me arrepiento de haber desbaratado sus preciosos planes. –joder, ¿cómo escaparía de esos dos seres? Ya era bastante malo enfrentar a un ángel, ¿pero a dos? Y él sin armas. Ni siquiera para abrirse una herida e intentar alejarles con el sello enoquiano.

   -¿Te crees digno de actuar por encima de los planes de Dios, tú, una pobre criatura insignificante? –la mujer parece realmente sorprendida, pero Dean, semi desnudo, atrapando con puño de hierro el nudo de las sábanas que le cubren, alza el rostro desafiante.

   -Era mi derecho. Una vez Miguel me dijo que el libre albedrío era una ilusión, que enla Tierrase cumpliría como en el Cielo se decretó lo quisiéramos o no… Pero se equivocaba. Sam, Castiel, Bobby y yo no íbamos a permitir que tus hermanitos idiotas destruyeran nuestro hogar. Y así hicimos, y nuestra decisión, tomada por nosotros, sin el Cielo ni el Infierno, se dio. –Sonríe levemente chulo, diciéndose que si Sam le oyera, no le creería.- Dime, angelito, si triunfamos según nuestro albedrío, ¿derrotamos a Dios en sus planes o Él lo permitió?

   -¡Blasfemo! –ruge colérico el ángel moreno; la pelirroja parece levemente confusa.- Antes de terminar contigo te haré suplicar…

   -Por favor, si van a matarme háganlo ya y ahórrenme la charla. –más desafío. La mujer da un paso hacia él.

   -No morirás, Winchester. Nunca ha sido nuestra intensión. Te usaremos para negociar con Castiel. Le eres valioso…

   -Eres su perra, ¿no es así? No lo entiendo, ¿qué le pasó a nuestro hermano para que enloqueciera así? ¡Algo le hiciste! –acusa el moreno. Ni Dean ni la mujer le miran.

   -¿Me usarás de rehén?

   -No, morirás. –interrumpe el moreno, y dos ángeles más se materializan.

   -Lucien… esto no fue lo que… El Winchester no debe ser asesinado así. Nos guste o no es un guerrero, como nosotros. -la pelirroja parece desconcertada.

   -No intervengas, Sarah; Castiel pagará por lo que le hizo a Rafael. –responde tajante el moreno.

   Maldición, gruñe Dean e intenta correr mientras los ángeles se miran todo desafío, pero los dos recién llegados, una joven de cabellos negros, muy pálida, y un sujeto alto y robusto, desaparecen, reaparecen a sus costados y le atrapan.

   -¡Suéltenme! –ruge Dean, pero le retienen con manos de hierro.

   -Lucien, esto no es lo acordado.

   -Castiel pagará perdiendo algo que ama. –replica el moreno, y Dean, a pesar de lo apurado de su situación, rueda los ojos.- Los seguidores de Rafael me recompensarán cuando lleve tu corazón.

   El ángel se vuelve hacia el cazador, sonriendo leve, mostrando una espalda de ángeles, al tiempo que la pelirroja desenvaina la suya. La sonrisa muere en cuando los dos ángeles que retienen a Dean comienzan  temblar de manera convulsa, soltándole. Dean se aparta rápidamente, justo a tiempo de verles brillar al rojo vivo, mientras gritan y se desmoronan.

   El llamado Lucien y la pelirroja se vuelven, igual que Dean. Castiel…

   -Era lo que deseaba saber… -la voz es reposada, pero cargada de dura determinación. Mira a Lucien.- Irás a un lugar apropiado donde te interrogaré más tarde, y me dirás quiénes aún siguen a Rafael. Uno a uno les cazaré. –trona los dedos y Lucien desaparece en medio de un estallido blando, gritando. Se vuelve hacia Sarah, quien jadea.- Desobedecer en el peor pecado que se puede cometer contra mí, tu dios.

   El hijo de puta… ¡El grandísimo hijo de puta!, gruñe para sus adentros Dean, totalmente desconcertado; era como si no conociera a Castiel de nada. El ángel le había usado de carnada para llegar a los rebeldes.

   -No eres el Padre. –aún enfrenta ella, alzando la barbilla. Castiel alza un dedo y la mujer grita, a los ojos de Dean no escapa una luz blanca bajo la piel de su cuello que se va intensificando.

   -Cass, ¡no! –ruge.

   -Me ha desafiado.

   -No eres Dios. No puedes matar a tus hermanos sin mediar provocación, por no adorarte, entiéndelo, tampoco eres Lucifer.

   -Silencio. –advierte entre dientes.

   El ángel siente el poder de todas esas almas arder en su interior, como millones de pequeñas explosiones atómicas, llenándole, casi controlándole y obligándole a manifestarse dejando salir todo ese poder. Quiere destruir, arrasar, aterrorizar. Quiere que se le obedezca, sin rechistar, sin oposición. La mujer grita un poco más, sería tan fácil destruirla. Sonríe al casi visualizarlo.

   -Ella estaba en lo justo. Eres un monstruo que debe ser detenido. –lanza con desesperación el cazador.

   -Dean, tú no puedes culparme de… Esto lo hago por ti. Quieren lastimarte, destruirte.

   -No. No digas que lo haces por mí. Yo no importo, para ti sólo soy una cosa, un perro. Tu perra. –gruñe entre dientes al recordar esas correas y collares.- Todo lo haces movido por un enfermo complejo de inferioridad. Igual que Satán. Eras el menor entre tus poderosos hermanos que jugaron a la pelota contigo y…

   -¡Silencio! –ladra, pálido de furia, volviéndose hacia él, apuntándole con la palma de su mano.

   Dean siente que se ahoga y tose, sin sonido. Quiere gritar, insultarle, pero no tiene voz. ¡Castiel le había dejado mudo! Ahora le ve volverse hacia la mujer, quien, con un ramalazo de gratitud (gracias por intentarlo), le sonríe leve.

   No, joder. ¡No!

   No lo piensa, se pone de pie y corre saltando sobre unos arbustos que, lamentablemente, cubrían una pequeña pendiente por donde rueda y rueda, saliéndose de la sábana y golpeándose bastante. Si hubiera tenido voz, se habría escuchado su grito lastimero al golpearse el costado y sentir una costilla astillarse, o cuando su nariz choca de una raíz, astillándose, o por la rama que sobresale del suelo y le abre un feo tajo en un muslo. Cuando finalmente llega al fondo, mareado y horriblemente adolorido, le queda algo de lucidez para decirse que tal vez debió intentar otra cosa. Tan sólo espera que después de semejante aporreada la maniobra halla funcionado.

   -¡Dean! –ladra Castiel al verle volar sobre los arbustos, él había sentido su caída y primeros golpes. Desconcertándose. Y la pelirroja desapareció. Castiel se vuelve, ceñudo, mirando luego a la pendiente. ¡Maldito Winchester!

   -¿Era tu gran plan? ¿Medio matarte para permitirle escapar? –aparece en la cañada, frunciendo más el ceño al mirar lo magullado que está el cazador, el cual, sentado de culo, se lleva una mano al costado mientras lame y escupe la sangre que mana de su nariz. Alza la mano, concediendo favores- Puedes hablar ahora.

   Dean, mareado, saborea algo de su sangre, aunque escupe la mayor parte. ¡Había escapado! Una sonrisa jadeante, sangrante, satisfecha, se deja ver en su rostro. Bien, aunque, Dios, nada más tocarse le provocaba un dolor horrible.

   -Lo que hiciste no servirá de nada, como no sea lastimarte o retrasar su castigo. La encontraré. –el ángel informa.

   Joder, el rasguño en su muslo ardía de manera horrible. Bien, otra cicatriz. Otra condecoración.

   -No puedo permitir que me desafíen, Dean. Ni los ángeles, Sam, la humanidad o tú. Nadie. Soy el nuevo dios, ¿no lo entiendes?

   No, no podía desmayarse, debía resistir. Respira profundo, alejando la sensación de mareo y debilidad que nubla su mirada. Debía… si, cerrar la herida del muslo y regresar por la sábana y rodearse con ella el torso, tal vez eso le ayudaría a respirar mejor. Sam, tiene que buscar a Sam. ¿Le estaría buscando Sam? Claro, Sam siempre… Intenta ponerse de pie y no puede, se le doblan como si fueran de goma.

   -Mira como te has puesto. –acusa el ángel, acercándose y extendiendo su mano, para detenerse en seguida, frustrado y furioso.

   Dean le mira con disgusto, y temor, retrayendo su hombro, alejándose, mientras busca a tientas algo por el suelo, tal vez una rama o una roca. Para defenderse.

   -¡No te haré daño! –exclama Castiel, furioso. Y dolido.

   Claro, hijo de perra, por eso el collar y la cadena. Es lo que Dean se moría por gritarle.

   -¿Crees que lo haría? ¿Qué te haría daño? –exige saber, perdiendo la paciencia. Necesita que Dean diga algo. Cualquier cosa. Odia ese silencio. Si no responde por su voluntad, le obligará.

   Lentamente el cazador se pone de pie, o lo intenta, se tambalea sin poder enderezar de todo el tronco, mirando hacia un costado, y todavía intenta correr. Robándole fuerzas a su debilidad, da cuatro o cinco presurosos pasos, alejándose. Castiel oprime los labios y sus puños se cierran. Dean no le mira, tan sólo desea…

   Grita. No puede evitarlo cuando el estallido de luz en su cabeza es tan intenso. De su nariz parte una llamarada líquida de dolor que le congela poco antes de caer de culo y espalda, lastimándose más. Mareado, todo le da vueltas. Castiel, inexpresivo, las manos en los bolsillos del pantalón, le mira desde toda su altura. Inflexible. Duro.

   -No volverás a escapar de mí, Dean. Nunca más. Si así deseas que sean las cosas… así serán. –y la amenaza no puede ser más escalofriante.

CONTINUARÁ…

Julio César.

NOTA: Una amiga me dio la noticia. Según parece, ella que se ha vuelto fanática total del fandom de Supernatural, leyó no sé dónde que el año pasado, en noviembre, murió Harley, el perro de Jared Padalecki. Esa noticia hizo que recordara los fics que he leído donde el buen perro aparecía. Siempre le describían como un animal grande y atolondrado, travieso y algo bobo, de donde Jensen Ackles decía, en los fics, que era la viva imagen de su papá, Jared Padalecki. Qué pena.

2 comentarios para “CASS VS DEAN… 7”

  1. Alyson Dice:

    Hola J.C.

    Q tal?
    Ya imagino lo ocupado q debes haber estado, y aún así gracias!! por publicar tan rápido otro cap.. Oh mi dios! como adoro esta historia…. Pero esta vez Cas si flipó mal xq una cosa es que quiera someter a Dean con intensas sesiones de colchón (de las cuales no me quejo en lo absoluto…) y otra muy diferente es que comience a causarle dolor físico o lo lastime. u.u! a Dean! bueno ya se verá q pasa después…..

    Ahora sobre SPN, siiiii, xfin llegó EL día de estreno de la temporada 7. Cierto que ya hemos visto los caps. pero yo igual pienso sentarme frente a la tv. con canchita en mano y una caja de kleenex en la otra… Sera es tan cruel con nosotros!

    Ah bueno, y el último rumor que escuché sobre Jared es que aunque va a tomarse un break para ver a su baby no va a faltar a ningún cap. de la serie. bien no? Y otra, es que ya llegaron a Vancouver nuestro querido Misha!!! y Rachel Miner (la actual Meg). Y bueno sigo pensando q esta nueva season promete…

    Cuidate, Nos leemos pronto
    A.

  2. jcqt1213 Dice:

    Hola, A,

    cómo estás? verdad que es bueno que la serie esté ya en televisión? se había tardado como mucho. y es que ver supernatural no cansa.

    no vas a creerlo, pero tengo a dos amigas que están de cama con la noticia del bebé de Jared, una porque creo que habría preferido parirselo ella, la otra está como más loca. creo que en verdad estaba esperando que Jared dijera en cualquier momento que se divorciaba y volvía otra vez a Canadá con jensen, a vivir juntos.

    leiste los comentarios por el premio que recibió la serie? malditos envidiosos. ah, ya comentaremos mañana lo de Dean enfrentando a las amazonas… espero que sea bueno, desde el punto de vista de Dean. el pobre lleva tiempo sin acción.

    un beso,

    JC

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.