MI PARRANDA DE SAN PEDRO

LOS REYES MAGOS…

LA PARRANDA DE SAN PEDRO

Dos cosas tiene Guatire que no las tiene otro pueblo…

la rica conserva’e sidra y la parranda de San Pedro.

   Aunque nací en Guarenas, me crié y eduqué en la cercana población de Guatire, en donde tengo familia todavía. Siempre me gustaron las tradiciones y costumbres de ese terruño, no tan hermoso ni pacífico hoy como en otros tiempos (ha faltado sensatez a la hora de elegir autoridades, aunque parecen no notarlo), pero también yo soy de otros tiempos. De las festividades “religiosas”, una de las que mejor recuerdo es la Parranda de San Pedro. Era yo muchacho cuando mi papá salía a la parranda y le regresaban en carretilla, viéndose que realmente había estado en una parranda. En el pueblo mucha gente se queja de que se toma la fecha como una excusa para que la gente beba aguardiente como loca, pero de alguna manera, como la retreta de Los Antaños del Studium, el 3 de mayo, se espera que eso ocurra eso. La gente sale en procesión de la imagen que es bailada en casi todas las calles del poblado, y mientras lo hacen, toman.

   La historia recogida por cronistas cuenta que entre las poblaciones de Guatire y Guarenas se sembraba caña de azúcar, y cada 29 de julio los esclavos celebraban el día del Santo, como patrón que les protegía y hacía abundantes las cosechas (idea tan extendida desde los inicios del mundo), festejos que comenzaron a tomar cuerpo en la hacienda “San Pedro”; la tradición cuenta que los esclavos se pintaban con betún los rostros y vestían con trajes de levitas y sombreros de copa que sus amos les regalaban (¿por qué una cosa y la otra?, vale la pena buscarlo). La otra costumbre, el hombre que viste de mujer viene del relato de María Ignacia, cuya hija enferma y ella le pide a San Pedro que la cure y cada año bailará y cantará en su día. Al morir la mujer, su marido toma su lugar, vistiéndose como ella y continuando la alabanza. La tradición nos llega con esa figura, el hombre vestido de fémina cargando un muñeco en sus manos, simbolizando eternamente a la niña salvada por la intervención de San Pedro.

PARRANDITA

   Por ser Guatire reconocida especialmente por tal festividad, se le toma como algo cultural, y hay charlas, velorios y actos con niños que bailan en honor de la imagen. Pero, personalmente, me gusta más la versión que mi difunta abuela nos relataba (con gran maestría, incluso bailando un poco, dejándonos con las bocas abiertas) cuando pasábamos, mis hermanos, primos y yo, largas temporadas en su casa. Contaba ella que estando la negra María Ignacia angustiada porque su hija había caído gravemente enferma, le rogó por un milagro al santo, y le ofreció como promesa que si se la curaba ella le bailaría y le cantaría en su día, todo el día, durante toda su vida. Y la niña se curó. Desde ese momento la negra María Ignacia salía quebrando sus caderas al son de los tambores, siendo retada por los hombres y venciéndolos con la fuerza de su danza cada 29 de julio, pero… cae enferma María Ignacia, y temiendo (como temía la gente de antes) que el santo creyera que no cumplía su parte del trato, su marido ocupó su lugar, tiznándose la cara y usando una de sus faldas floridas más conocidas, y bailó como nunca, todo para que San Pedro supiera que todavía se honraba el pacto. Y la tradición quedó, los niños tiznados, unos dicen que para simular negros, y el hombre que viste y baila acompañando la imagen.

   La estrofa expuesta más arriba es un pálido señalamiento de lo hermoso, auténtico y mágico que suena cuando se le canta, las mujeres meneando sus caderas, los hombres coreándolas (una dupla de danza impresionante), los tambores a toda mecha, la pequeña imagen casi tocando el suelo cuando es bailada de un lado a otro, acompañado con ese “Dos cosas tiene Guatire que no tiene otro pueblo…”, su conserva de sidra de la que no soy muy fanático, “y la parranda de San Pedro”. Me gusta pensar que es como nos contaba mi abuela, el recordatorio de un trato hecho por los hombres con los santos, una madre por la salud de su hija, pedido que fue escuchado y que todavía hoy, mi padre incluido y ahora mis hermanos, honran la palabra dada, hace mucho, por la negra María Ignacia.

Julio César.

NOTA: Lo sé, el nombre de esta entrada, cuentos y eso, lo ubico aquí por el relato de mi señora abuela, un bonito cuento que nos hacía sonreír y emocionar. Este año, me cuenta mi hermano Eduardo, se espera mucho sentimiento al recordar la partida física del Maestro Pepe.

NOTA 2: Es posible que no sea este el mejor espacio para hablar de estas cosas, pero no pienso abrir otro blog.

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