-Se los dije…
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Las elecciones presidenciales del orgulloso pueblo hondureño llegaron, trascurrieron y triunfaron; ah, que molesto estaba Chávez ese domingo en su Jalándole al Presidente, no, digo, Aló, Presidente. No hubo sangre ni muertos en ese suelo como esperaba un grupito, con Zelaya y la cancillería brasileña a la cabeza. Seguro que si no úlceras, al menos les dio acidez. Repito, Chávez vociferaba cada demencia en ese programa dominical…
La gente estuvo a la altura del compromiso, para sorpresa y fastidio de tantos habladores de tonterías que se hacen llamar analistas y politólogos. Cuando el Presidente legítimamente electo decidió pasarse la Constitución Nacional por el forro para reformarla y mandar como un Castro o un Chávez cualquiera, y fue execrado del poder, el pueblo hondureño sabía a lo que se exponía: al ataque del club de presidentes, al cerco de la OEA en manos de Insulza, de Estados Unidos al estar a la deriva en política externa y a la europea sí del señor Rodríguez Zapatero dependía. Pero no les importó, siguieron en sus treces y este domingo pasado eligieron a un nuevo Presidente de la República, Porfirio Lobo, sin gritos ni histerias. Como gente seria y sensata.
Con una dignidad que muchos no comprenden (como dijo Alí Primera: el que vive en la oscurana con poca luz se encandila), ese pueblo dejó saber que no permitiría que nadie les dijera lo que debían pensar, sentir o hacer en su tierra; que elegirían un mañana pasando por encima de figuras patéticas como Zelaya e Insulza; y que ellos resolverían el problema que se habían creado cuando en primer lugar eligieron a un hombre de tan baja calaña como Zelaya. Para derrotar a este hombrecito que realmente llegó a asustar a esa gente, se unieron todas las tendencias y Poderes Públicos dentro del país, cosa que los que gritan “golpe militar” pasan por alto. El miedo a que Zelaya, para perpetuarse en el poder, abriera las puertas y entregara Honduras a Chávez, como Evo Morales entregó a Bolivia y en buena medida controló al Ecuador logrando incluso que cediera territorios a la guerrilla de las FARC, los obligó, como un solo hombre, a sacarlo del poder una mañana de domingo.
El mundo, que lleva cinco décadas cerrando los ojos frente a las aberraciones del régimen de Fidel Castro, los condenó, perdieron el reconocimiento de toda la comunidad internacional. La OEA y la ONU se cuadraron para dar foro a un hombrecito como Raúl Castro que pedía se cercara al pequeño país Centroamericano. Pero lo prefirieron todo, todo, a perder sus libertades, sus derechos, y el país, como temían que ocurriría si Zelaya se salía con la suya. Donde hay que concluir que en mentes de muchos, Hugo Chávez y su disparatada autocracia que persigue y encarcela, asusta bastante.
Ya Costa Rica, la sensata Costa Rica, ha reconocido las elecciones. Estados Unidos, que no hallaba como hacer para remendar el capote de cuadrarse con los que condenaban (es que ese Obama… hummm, para mí que Chávez lo puso ahí), lo ha hecho también. Aún se opone (cómo no) el grupo del Alba, los que se mueven por los dólares que Caracas pone a disposición de La Habana, con el PSOE a la cabeza en Europa y Brasil en Sudamérica. Pero la gracia le saldrá cara a Lula Da Silva y a la peligrosa Itamaraty, ahora tienen mucho que explicar… y deberán comerse a su Zelaya. Seguro lo harán con gusto, sarna con ganas, no pica. Claro, con lo traidores que son a lo mejor lo envuelven en una sábana y lo arrojan por un muro fuera de la embajada entrometida.
Salud por los hermanos de Honduras, se han librado del horror de los caudillos dementes y resentidos del siglo XIX, los del conuco y el paludismo, como en su momento se salvaron Perú y México.
Julio César.










