Todo lo buenote es pa’ mí…
El salón de prensa estaba semi lleno de reporteros con caras serias, que miraban al Comandante con ojos de evaluador de cheques dudosos en un banco. El resto del público estaba repleto de grupos gritones vestidos de rojo que habían ensayado hasta el cansancio su espontánea reunión de apoyo.
-No soy yo. No soy yo, Takín quien quiere la reelección infinita. Es la historia la que me llama, es casi un llamado divino. Hay cambios necesarios y estructurales que deben realizarse y para los cuales es imprescindible que gobierne hasta caer de muerto, como tantas almas que se han sacrificado por el bien de la humanidad, como Stalin o Fidel, que en gloria esté… –mueve la cabeza de arriba abajo, convencido, con ojos sinceros, llenos de bondad, de comprensión, de raciocinio.- Y no será algo impuesto, será el pueblo quien me elegirá. Miren, aquí el Colegio Gobiernero Electoral en voz de su presidenta, ya me pasó los números que indican con cuánto ganaré dentro de dos meses; estas les serán dadas al término para que vayan publicándolas de una vez. –informa mientras junta sus manos en forma beática.- Todo muy legal y transparente, España, Brasil y Argentina no pierden detalle… -se oyen unos feroces susurros dentro de los periodistas, y eso lo altera un poco.- Señores, no soy un dictador, soy un pobre siervo de la Providencia. Es un derecho del pueblo decidir quién quiere que los gobierne, la soberanía reside en ellos, y yo los represento. A quien ellos nombran, lo que deciden, debe respetarse. –se golpea el pecho, mirando luego a la reportera peruana ponerse de pie.
-¿Y el Alcalde Mayor, Antonio Ledezma, o el gobernador de el Táchira?
-¡Esos son unos bellacos! ¡Son opositores! ¿Qué vagabundería es esa de que tengo que calármela? Tú eres un infiltrado. A ti te mandó el Alan desde Perú, ¿verdad? Fue él quien te mandó a joder. –grita descompuesto, enrojeciendo e hinchándosele las venas del cuello y las sienes.- La gente no puede ir votando por quién le de la gana. Claro que no, ¿cómo voy a reconocer yo, yo, el rey sol, tan cosa? Sí algún gobernador o alcalde no sale de la recua de halamecates que me ríen los chistes y hacen únicamente lo que se les ordena… -no se sabe de donde saca un pito y lo hace sonar estridente.- …pa’ fuera. Aquí nadie es indispensable o insustituible, aquí no manda sino quien digo yo… -grita y enfatiza dando unos golpecitos sobre su escritorio, mirando la sorpresa de todos, cayendo en cuenta.- Sólo yo digo quien gana; sólo yo que encano nuevamente al rey sol…
-¡Ahhh! –se deja oír en la sala, acompañados de los “así, así, así es como se gobierna” de la prensa española, argentina y brasileña, ganándose una sonrisa en mofletudo rostro del Comandante, Dios, cómo lo amaban…
Julio César.







