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LOS BEATLES ¿CONSPIRARON?

Noviembre 7, 2009

   De esto, sinceramente, no sabía nada. Debo confesar que… con excepciones (trago saliva, inquieto, antes de darlo a conocer) no escuchó casi nada de música en ingles. O en cualquier otro idioma. Para mí, disfrutar una tonada, es entender qué dicen. Sí, soy retrograda, simplista, elemental. Lo sé. Pero siempre ha sido así. Es lo que me gusta de la serie policial Cold Case (algo como Casos Fríos), al finalizar el episodio y darle a cada quien lo que merece, hay una tonada que suena (al oído) hermosa, y la canción es traducida para que sepamos qué dice. Y algunas letras son realmente bellezas.

   Es por ello que, aunque admiro y me gustan las tonadas de los legendarios Beatles, no sabía de esta conspiración: en sus inicios, uno de los miembros principales de la banda murió y su sustituido por otra persona que adoptó, para siempre, su nombre. Y aún lo hace. ¿No suena increíblemente fantástico? ¿Será cierto? No lo sé, el problema con las conspiraciones es que aunque la lógica diga algo, siempre hay ‘indicios’ que contradicen. Me divertí leyendo al respecto en ese magnifico blog La Caja Negra. Espero que les guste:

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Grandes conspiraciones del siglo XX: El caso William Campbell

DEADPAUL

   De los grandes complots que marcaron el siglo, ninguno es tan inquietante como el que vamos a recordar hoy. Ni la misteriosa muerte del Papa Juan Pablo I, ni el asesinato de JFK llegaron a sacudir los cimientos de nuestra civilización occidental como lo hizo la asombrosa confabulación que ocultó la muerte de uno de los integrantes del grupo musical más famoso del mundo: los Beatles.

   Hagamos memoria y recapitulemos:

   Paul McCartney muere en un terrible accidente de coche un día de noviembre de 1966.

   La discográfica de los Beatles, con la venia del resto del grupo, organiza un “concurso de dobles”, del que sale elegido un tal William Campbell, policía canadiense aficionado a la música, como sustituto del beatle muerto.

   Hasta aquí todo bien. Campbell no solo es idéntico físicamente a Paul; además canta como Paul, toca el bajo igual que Paul y es un compositor tan dotado como Paul. Solo que no es Paul. Es William.

   El caso es que el grupo empieza a dejar “pistas” en todos sus discos, que hacen referencia a la muerte del beatle, y esto desata una auténtica fiebre conspiranoica que dispara a cientos de miles de “mulders y scullys” de todo el mundo a la frenética búsqueda de claves secretas de la gran confabulación.

   Hasta unos 100 mensajes cifrados se han llegado a detectar en la obra del cuarteto, que aireaba de esta manera el secreto de la muerte de Paul. No quiero ni imaginar el terrible trauma, la increíble presión psicológica que este proceso debió suponer para el pobre William Campbell.

   Las pistas son tantas que sería imposible dar cuenta de todas, así que recordaremos las más llamativas.

   Las portadas de los discos: Están repletas de referencias a la muerte de McCartney. Los fans de todo el mundo las han analizado de forma harto más minuciosa que a la trayectoria de la bala que mató a Kennedy, sin duda alguna.

   En tres de ellas (Sgt. Peppers, Yellow Submarine y Revolver) hay una mano abierta encima de la cabeza de Paul. Esto, según la tradición india, señala a una persona que ha muerto recientemente.

   En la famosa portada del Sgt. Peppers, además, se escenifica claramente un funeral. Y en la tierra, debajo de las flores rojas que forman la palabra “Beatles”, vemos unas flores amarillas que dibujan la forma de un bajo (el instrumento de Paul). Si miramos con atención, veremos que las flores forman también la palabra “¿PAUL?”.

   En la contraportada, el falso Paul es el único de los cuatro que aparece de espaldas.

   La portada de Abbey Road también escenifica un cortejo fúnebre. La vestimenta de los cuatro nos sugiere que John va de predicador, Ringo de doliente, George de sepulturero y Paul, descalzo y con los ojos cerrados, de difunto. Es, además, el único que marcha con el paso cambiado y lleva un cigarrillo en la mano derecha (cualquiera sabe que McCartney era zurdo). La matrícula del coche de la izquierda no deja lugar a dudas: 28IF, es decir, Paul tendría 28 años SI (if) estuviera vivo.

   Sería ocioso ahondar aquí en las pistas contenidas en las letras de las canciones. Baste decir que prácticamente todas traen alguna referencia a la muerte de Paul. No es exagerado afirmar que algunas canciones han sido escuchadas más veces del revés que del derecho, en la inacabable tarea de desenterrar mensajes cifrados.

   En fin, a pesar de lo abrumador de las evidencias, William Campbell nunca ha llegado a ser oficialmente desenmascarado. ¿Mito o realidad? En la Caja Negra preferimos creer que así es como ha sucedido todo. Porque un complot de estas magnitudes es lo que les faltaba a los Beatles para ser, efectivamente, más grandes que Jesucristo (del que por el contrario se dice que no murió realmente en la cruz, que el crucificado era un doble y que Él se casó con María Magdalena, pero esto es ya otra historia).

21/04/2005 15:40 Enlace permanente. Tema: Grandes conspiraciones del siglo XX: El caso William Campbell Hay 48 comentarios.

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   Fascinante, ¿verdad? ¿Son reales esas pistas? ¿Fueron tremenduras del grupo que con visión más larga supo que desataría aún más interés? ¿Sólo coincidencias y hechos forzados por quienes quieren “creer”? No soy un fan de la famosa banda, por lo tanto debo conformarme con leer, disfrutar y comentar esta entrada. Pero de que fue interesante, lo fue.

Julio César.

NACIDO PARA ASUSTAR

Octubre 20, 2009

   Hay cuentos que a pesar de su sencillez, de incluso terminar antes de comenzar, son inquietantes. Espeluznante. Este es uno de ellos. Corto. Directo. Y aterrador. Antes de decir más, disfrútenlo:

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EL ESPANTAPÁJAROS

Por Carlos Manuel Cruz Meza.

Maquetación 1

   Ha nacido para el miedo.

   La solitaria figura se vislumbra sobre el campo, entre los sembradíos, mientras los pájaros que debe asustar se posan, tranquilamente, sobre el raído sombrero de palma.

   Se le puede observar desde la casa. Lleva años allí, con su cabeza de tela rellena de aserrín podrido y el cuerpo formado por dos palos y ropa vieja rellena de paja. Con los brazos en cruz y la cara burdamente fabricada con retazos de tela descolorida.

   Ha nacido para el miedo. E inspira sonrisa y lástima.

   Los niños, en verano, le tiran tierra y piedras. Los pájaros lo han cubierto de excremento, ahora seco y endurecido por los rayos del sol inclemente, que todas las mañanas cae sobre él.

   Hasta hoy, en que el cielo se puso negro, y el granjero recorrió el campo con el impermeable puesto, y al pasar junto a él se rió. Se rió mientras murmuraba, con alegría perversa:

   -A ver si la tormenta por fin te destruye, hilacho de paja.

   Eso fue el colmo.

   Por eso, cuando el granjero se fue a guarecer de la lluvia que se aproximaba y las primeras gotas cayeron sobre el ala sucia del sombrero, supo que había llegado el final. Eran años. Años de lluvia y viento. Años de excremento. Años de picotazos. Años de pedradas, sequías e inundaciones.

   Años de humillación.

   Abandona el poste con dificultades y camina trastabillando sobre sus piernas de madera, una más larga que la otra. Cruza el campo, con el cielo negro tras su espalda y la lluvia arreciando encima de la decolorada cabeza de paja. Va hacia la casa del granjero.

   Muchos años. Ha nacido para el miedo.

   Y piensa demostrarlo.

……

   Bueno, ¿verdad? a mí siempre me ha atraído la siniestra figura de los espantapájaros. Parecen cosa tonta. De ridículo. Pero jamás me han engañado. En ellos se oculta un horror absoluto, tras sus caras de trapo, sus ojos vacíos, sus bocas como una herida. Recuerdo una vieja película en televisión La Venganza del Espantapájaros, cuando a un tipo medio retardado lo buscan para matarlo y se disfraza de espantapájaros para ocultarse, pero lo descubren y lo matan. Su venganza fue brutal… y justa. Todos a quienes persiguió eran culpables. Estaba el Espantapájaros en la primera temporada de Supernatural. Totalmente maligno y aterrador. Pero el peor de todos, el que a mí, amante del suspenso, me asustó, fue el Espantapájaros en aquel sembradío de maíz en El Mensajero de Satanás, la segunda parte. Cuando esa cosa se vuelve hacia el muchacho y lo persigue, fue aterrador.

   Bien lejos con esos espantajos.

Julio César.

LOS CUARENTA ESTÁN AHÍ

Septiembre 17, 2009

AY, LOS CUARENTA

   -Ay de mí…

   Esta cifra, como alguna vez dije por ahí, inquieta. Es como demasiado tiempo. Si se multiplica por dos difícilmente podemos esperar seguir sumando. No es como los veinte. O los treinta. Personalmente, hace unos tres años, comencé a sufrir una crisis casi de identidad. Me cuestionaba quién era, qué había logrado y a dónde quería llegar. A los treinta y siete años de edad fui botado de una relación que creí estable, para matrimonio y más, y me sentí contento. Hasta entender que no tenía mucho de nada. Ni siquiera logros. Fue más o menos por la época cuando vi, por primera vez, Brokeback Mountain. Ya imaginarán cómo me fue. A mi malestar personal se unieron el pesar y la angustia por relaciones que se frustraban, y el miedo a un carajo que terminaba solo, sin nada como no fueran recuerdos.

   Creo que se me había adelantado la crisis de los cuarenta. No es fácil hablar de ese periodo en especial, como no sea un marasmo de días sin sentido, de depresión e insatisfacción (¡me veía tan reflejado en los personajes de esa película!); pero, como siempre ocurre, de alguna manera uno continua. Se adapta. Cambia. O lo simula. El caso es que hace poco leí esta reseña, en El Nuevo País, de uno de sus columnistas al que leo mucho. Un carajo mayor. Hablaba de forma ligera y algo superficial, de los cuarenta. No pude evitar sonreír, reconocí en mí mismo mucho de los síntomas: intranquilidad, el sentir que no había logrado nada, e incluso el deseo infantil de escapar, de cambiar de vida (pensaba en dejar mi trabajo de oficina para irme a vender pescado frito a orilla de una playa).

   A diferencia de otras lecturas al señor Rivieras, esta no fue tan fácil de digerir, pero aún así, disfrútenla.

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LA ARRECHERA COTIDIANA

Por Eduardo Riveros.

   ¡Crisis: cuántas imbecilidades se cometen en tu nombre! No hablo de la manoseada mutación económica; sino de la que afecta al ser humano. Desde siempre. Y han sido los hombres, los varones, los que mayor provecho o dolor le han sacado a esos saltos. Entre las más notables, respetadas, reconocidas, estuvo y, en parte continua, la Crisis de los Cuarenta. Hasta las familias esperaban con angustia el arribo de ese cambio. Tenían, por doquier, ejemplos de lo desastroso que podía ser el trance. Algunos se iban de sus hogares, con nuevas parejas, habitualmente más jóvenes, más ignorantes e inferior intelectualmente. Les hacían sentir, explican los expertos, superiores. La idea era cambiar una vida insatisfactoria. Barrer la rutina. Otros no seguían ese camino sino que dejaban el trabajo en busca de utopías, o de “hacer lo que siempre he deseado”. Con su tradicional talento, Somerset Maughamen, en “El filo de la navaja”, pone, finalmente, al triunfador Larry como taxista. Y es feliz.

   Con las mayores expectativas de vida, esas crisis no han desaparecido, se han trasladado a unos años más adelante. Y, multitudinariamente, se han unido las mujeres. Para ellas, antaño, sólo existían los conflictos hormonales naturales: menopausia, amenorrea. Ahora no. Tampoco ellas se sienten satisfechas con la vida llevada. Pero inteligentes, como siempre han sido más que los hombres, buscan el cambio no en la cama sino en lo profesional, en superación personal, estudian, logran masters y, con ello, un absoluto reconocimiento laboral, empresarial. En esa posición pueden elegir desde mejoras salariales hasta un compañero mejor que el que, también se dan los casos, abandonan en el camino.

   En esto las féminas también han igualado a los varones. Tradicionalmente el sujeto buscaba, para su desahogo, personas dependientes, subordinadas. Era más sencillo pedirles ‘travesuras’ sexuales, las que no se atrevían a solicitarle a la esposa, o ésta no les concedía. Con la independencia económica, mayor seguridad, ellas siguen ahora el mismo camino buscando también sujetos ‘dependientes’. Y los preferidos son los instructores de gimnasios. Estos muchachos tienen, hoy, un requerimiento inusitado. Aunque también los chóferes y guardaespaldas gozan de demanda. Y este fenómeno se ha llevado exitosamente a la televisión. ¿Qué otra cosa son “Mujeres desesperadas” o “Sexo en la ciudad”?

   En vista de todo lo anterior es que los especialistas dicen que ya no se debe hablar de ‘crisis’; puesto que estas se han transformado en vehículos de superación. Al menos para las mujeres.

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   La verdad es que el hombre es algo tajante, y hasta desagradable, en sus afirmaciones. Pero de que los cuarenta pegan, pegan, la sensación de vacío, de poca valía, nos atormenta. Es como una pared que por un momento te detiene, asusta, y la cual debes superar sintiéndote distinto. Yo llego el año que viene y ya llevo tres años padeciendo lo que se podría llamar una pre crisis.

Julio César.

DE MIEDO Y ASCO

Agosto 21, 2009

NIGHTMARE FUSELI

   Hay cuentos que resultan tan grotescos desde el punto de vista de lo cotidiano, que a uno le pica la piel al leerlos. Y con ganas de fumigar la casa. Son fascinantes aunque uno termina de leerlos con el rostro crispado. Deseando luego, por un momento, no haberlo leído. Este es uno de esos relatos. Bueno. Genial, diría. Pero ¿cómo no lo sería cuando se trata de un relato de esa alma atormentada que fue Horacio Quiroga? Recuerdo el primer relato suyo que leí, en el liceo (y hay a quienes no gustan las lecturas recomendadas allí), El Hijo. Ese aire de tormento, de demonios internos tan terribles como los externos, lo hace sumamente interesante. Seguro ya lo leyeron pero vale la pena otro vistazo, y a los que no, prepárense:

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EL ALMOHADÓN DE PLUMAS

Horacio Quiroga

   Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia. Ella lo quería mucho, sin embargo, a veces con un ligero estremecimiento cuando volviendo de noche juntos por la calle, echaba una furtiva mirada a la alta estatura de Jordán, mudo desde hacía una hora. Él, por su parte, la amaba profundamente, sin darlo a conocer.

   Durante tres meses -se habían casado en abril- vivieron una dicha especial.

Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese rígido cielo de amor, más expansiva e incauta ternura; pero el impasible semblante de su marido la contenía siempre.

   La casa en que vivían influía un poco en sus estremecimientos. La blancura del patio silencioso -frisos, columnas y estatuas de mármol- producía una otoñal impresión de palacio encantado. Dentro, el brillo glacial del estuco, sin el más leve rasguño en las altas paredes, afirmaba aquella sensación de desapacible frío. Al cruzar de una pieza a otra, los pasos hallaban eco en toda la casa, como si un largo abandono hubiera sensibilizado su resonancia.

   En ese extraño nido de amor, Alicia pasó todo el otoño. No obstante, había concluido por echar un velo sobre sus antiguos sueños, y aún vivía dormida en la casa hostil, sin querer pensar en nada hasta que llegaba su marido.

   No es raro que adelgazara. Tuvo un ligero ataque de influenza que se arrastró insidiosamente días y días; Alicia no se reponía nunca. Al fin una tarde pudo salir al jardín apoyada en el brazo de él. Miraba indiferente a uno y otro lado. De pronto Jordán, con honda ternura, le pasó la mano por la cabeza, y Alicia rompió en seguida en sollozos, echándole los brazos al cuello. Lloró largamente todo su espanto callado, redoblando el llanto a la menor tentativa de caricia. Luego los sollozos fueron retardándose, y aún quedó largo rato escondida en su cuello, sin moverse ni decir una palabra.

   Fue ese el último día que Alicia estuvo levantada. Al día siguiente amaneció desvanecida. El médico de Jordán la examinó con suma atención, ordenándole calma y descanso absolutos.

   -No sé -le dijo a Jordán en la puerta de calle, con la voz todavía baja-. Tiene una gran debilidad que no me explico, y sin vómitos, nada… Si mañana se despierta como hoy, llámeme enseguida.

   Al otro día Alicia seguía peor. Hubo consulta. Constatóse una anemia de marcha agudísima, completamente inexplicable. Alicia no tuvo más desmayos, pero se iba visiblemente a la muerte. Todo el día el dormitorio estaba con las luces prendidas y en pleno silencio. Pasábanse horas sin oír el menor ruido. Alicia dormitaba. Jordán vivía casi en la sala, también con toda la luz encendida. Paseábase sin cesar de un extremo a otro, con incansable obstinación. La alfombra ahogaba sus pasos. A ratos entraba en el dormitorio y proseguía su mudo vaivén a lo largo de la cama, mirando a su mujer cada vez que caminaba en su dirección.

   Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones, confusas y flotantes al principio, y que descendieron luego a ras del suelo. La joven, con los ojos desmesuradamente abiertos, no hacía sino mirar la alfombra a uno y otro lado del respaldo de la cama. Una noche se quedó de repente mirando fijamente. Al rato abrió la boca para gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor.

   -¡Jordán! ¡Jordán! -clamó, rígida de espanto, sin dejar de mirar la alfombra.

   Jordán corrió al dormitorio, y al verlo aparecer Alicia dio un alarido de horror.

   -¡Soy yo, Alicia, soy yo!

   Alicia lo miró con extravió, miró la alfombra, volvió a mirarlo, y después de largo rato de estupefacta confrontación, se serenó. Sonrió y tomó entre las suyas la mano de su marido, acariciándola temblando.

   Entre sus alucinaciones más porfiadas, hubo un antropoide, apoyado en la alfombra sobre los dedos, que tenía fijos en ella los ojos.

   Los médicos volvieron inútilmente. Había allí delante de ellos una vida que se acababa, desangrándose día a día, hora a hora, sin saber absolutamente cómo. En la última consulta Alicia yacía en estupor mientras ellos la pulsaban, pasándose de uno a otro la muñeca inerte. La observaron largo rato en silencio y siguieron al comedor.

   -Pst… -se encogió de hombros desalentado su médico-. Es un caso serio… poco hay que hacer…

   -¡Sólo eso me faltaba! -resopló Jordán. Y tamborileó bruscamente sobre la mesa.

   Alicia fue extinguiéndose en su delirio de anemia, agravado de tarde, pero que remitía siempre en las primeras horas. Durante el día no avanzaba su enfermedad, pero cada mañana amanecía lívida, en síncope casi. Parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas alas de sangre. Tenía siempre al despertar la sensación de estar desplomada en la cama con un millón de kilos encima. Desde el tercer día este hundimiento no la abandonó más. Apenas podía mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama, ni aún que le arreglaran el almohadón. Sus terrores crepusculares avanzaron en forma de monstruos que se arrastraban hasta la cama y trepaban dificultosamente por la colcha.

   Perdió luego el conocimiento. Los dos días finales deliró sin cesar a media voz. Las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala. En el silencio agónico de la casa, no se oía más que el delirio monótono que salía de la cama, y el rumor ahogado de los eternos pasos de Jordán.

   Alicia murió, por fin. La sirvienta, que entró después a deshacer la cama, sola ya, miró un rato extrañada el almohadón.

   -¡Señor! -llamó a Jordán en voz baja-. En el almohadón hay manchas que parecen de sangre.

   Jordán se acercó rápidamente Y se dobló a su vez. Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados del hueco que había dejado la cabeza de Alicia, se veían manchitas oscuras.

   -Parecen picaduras -murmuró la sirvienta después de un rato de inmóvil observación.

   -Levántelo a la luz -le dijo Jordán.

   La sirvienta lo levantó, pero enseguida lo dejó caer, y se quedó mirando a aquél, lívida y temblando. Sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos se le erizaban.

   -¿Qué hay? -murmuró con la voz ronca.

   -Pesa mucho  -articuló la sirvienta, sin dejar de temblar.

   Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente. Salieron con él, y sobre la mesa del comedor Jordán cortó funda y envoltura de un tajo. Las plumas superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror con toda la boca abierta, llevándose las manos crispadas a los bandos. Sobre el fondo, entre las plumas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca.

   Noche a noche, desde que Alicia había caído en cama, había aplicado sigilosamente su boca -su trompa, mejor dicho- a las sienes de aquélla, chupándole la sangre. La picadura era casi imperceptible. La remoción diaria del almohadón había impedido sin duda su desarrollo, pero desde que la joven no pudo moverse, la succión fue vertiginosa. En cinco días, en cinco noches, había vaciado a Alicia.

   Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan a adquirir en ciertas condiciones proporciones enormes. La sangre humana parece serles particularmente favorable, y no es raro hallarlos en los almohadones de pluma.

……

   ¿No fue repulsivo… y bueno? Es ese detalle de lo cotidiano, lo pequeño, lo presente (posiblemente) en cualquier lugar que puede terminar convirtiéndose en una horrible pesadilla. Creo que me inquietó mucho porque siempre he sentido asco y aprensión ante la idea de los ácaros en camas y almohadas. Saber de esa fauna microscópica rodeándome, moviéndose mientras duerno, me da escalofríos, porque ¿y sí en medio de ellos hay un monstruo?

Julio César.

CURIOSA LISTA DE COSAS GAY

Agosto 11, 2009

CLIO CAMPUS

   Esta entrada quedé debiéndola hace tiempo, de la página del amigo Gally, un argentino que escribe muy amenamente. Leyéndola uno no sabe sí intenta ser irreverente o arrojar luces, pero algunas cosas, como en la lista anterior, suenan a confusión. Echemos un vistazo a esta su segunda lista de cosas gays:

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15 cosas “Extremadamente Gays” Parte 2

1.      Usar el bidet más de 2 veces por día.

2.      Comer pizza con cubiertos.

3.      Comer chocolates de manera constante.

4.      Las termeras de cuero.

5.      Tener un blog gay.

6.      Escuchar Britney Spears.

7.      Jugar al cuarto oscuro y esconderse siempre con el más lindo del grupo.

8.      Ir a una cancha… y llevar gorrito.

9.      Manejar un Clio.

10. Mirar tele haciendo zapping todo el tiempo.

11. Ver caer la lluvia por la ventana.

12. Ir al gym en el turno nocturno.

13. Asistir a fiestas todos los fines de semanas.

14. Usar Havaianas blancas y que queden bien.

15. Ser feliz.

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Etiquetas: “Extremadamente Gay”

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   Hay cosas incuestionables (se las dejo a la deducción), pero otras son totalmente interpretativas, como “ser feliz”, a menos que se juegue al idioma con la traducción de gay. Pero ir a fiesta todos los fines de semana (bueno, hasta cierta edad), no; tengo amigos que cada noche, de poder, celebraban. Siempre me pregunto de qué hablaban tanto. Aún ahora recibo cantidades increíbles de invitaciones a cenar y cosas así. Cambiar de canales es en verdad extraño, curiosamente casi nunca siento deseos de cambiarlo si estoy viendo algo que me gusta. Ver llover por la ventana lo asocio a estados de ánimo, aunque no creo que nadie se dedique a “ver llover”, a menos que sea un niño que sueñe con embarrarse. ¿De verdad alguien mira llover?

   Pero de la lista lo que más me intrigó fue lo del Clio, ¿qué carrizo es un Clio? Lo busqué y vi el carrito, ¿por qué dicen eso de este auto? Esas cosas me intrigan.

Julio César.

NCIS… ¿REGRESARÁ?

Mayo 27, 2009

NCIS

   Nadie parece saberlo.

   El final de la última temporada, la sexta, nos dejó fríos. La verdad que fue un capitulo final, final. Al equipo lo destrozaron, burocráticamente hablando. Ziva David debe regresar a Israel; Tony DiNozzo va destinado a un buque; Timothy McGee pasa a otro departamento; y a Leroy Jetthro Gibbs le entregan las carpetas de nuevos reclutas. ¡Qué final!

   Recuerdo que cuando transmitieron por segunda vez esa última temporada, cuando también retransmitían la de CSI Miami, donde a Caine le disparan y dejaban ‘agonizando’, esperaba con ansiedad que terminara para ver qué sucedía luego, ¿cómo salvaría Gibbs la situación? Llegó el último episodio, el grupo separado, los rostros graves… y la semana siguiente comenzó otra serie en ese horario. Hablo del canal AXN. Y yo me quedé en el aire. Entré a la Web para ver sí alguien sabía algo, pero nada.

   Esta serie continúa manteniéndose interesante a pesar de sus seis temporadas, porque está muy inteligentemente escrita, pero como dije una vez, es por sus personajes, tan complejos y enteros, tan cada uno en su rol. Los personajes son sumamente atractivos y uno toma partido por uno o varios al mismo tiempo. Sin embargo, ha perdido parte de su frescura. Será porque se volvió algo más personalista. A muchos personajes se les dio una profundidad más privada que la hace algo menos dinámica e interesante. Las primeras temporadas trataban sobre los casos, la investigación, las sorpresas, y de uno que otro chispazo de intimidad entre los personajes, algo muy puntual y picante: la fotografía de Kate en un concurso de camisetas mojadas, DiNozzo y la transexual y cosas así; en las dos últimas temporadas cayeron en algo que muchas veces no funciona, largas tramas que abarcan muchos capítulos, que si te pierdes uno, te enreda un poco dificultándote seguirla. Lo de DiNozzo y su doctora fue bueno, pero demasiado largo para culminar en lo que terminó, y eso que fue sorpresivo.

   La aparición de Lauren Holly como Jennifer Shepard, jefa y ex amante de Gibbs, tuvo sus momentos, pero en realidad no era un personaje necesario, la dinámica del grupo se la tragaba muchas veces. Su salida de la trama pareció forzada. Sin embargo, el libro sigue siendo bueno. Entre DiNozzo y Ziva la cosa ha ido funcionando. Ahora nos cae mejor esta joven y hermosa hija de latinos, Cote de Pablo, de quien dicen habla perfectamente el castellano (qué bien), y casi olvidamos que para incluirla mataron a Kate: pero esa relación que existía entre Kate y DiNozzo no pudo repetirse con Ziva. Esa ambivalencia amor-odio, más bien el de un matrimonio viejo y rencorosamente divertido, no funciona con Ziva. No hubo manera.

   ¿Debería continuar la serie? Por supuesto, los personajes tienen gancho. Gustan. Ese capitulo donde Gibbs sale con una coronel a quien le toca investigar una muerte y una de las sospechosa es la ex de Gibbs, fue inesperado. Hay una escena donde Gibbs va llegando con la coronel y la ex está ahí, con Jennifer, y las tres lo miran y él se ve todo azorado, fue increíblemente ameno. DiNozzo y Ziva pasan por ahí y él comenta, “Choque de trenes, sé que no debería mirar pero no puedo evitarlo”. Cómo reí cuando se lleva a Gibbs por algo y le susurra “Seguro que te alegras de verme”.

   El barco fantasma fue igual de bueno, la escena donde DiNozzo se cree enfermo y se lamenta que deseaba morir en una balacera como fulano, o una explosión como zutanito, y Gibbs le gruñe “¿Por qué no como Chaplin?”, “¿Cómo es eso?”, “En silencio”, fue genial; el marine sepultado vivo en el campo donde se representaba la guerra civil, con un celular donde marcó innumerablemente el 911 pidiendo inútilmente ayuda, fue conmovedor; Ziva acusada de matar a un árabe, perseguida por todos, asustada, dándose puñetazos del bueno con otro agente, fue emocionante; el novio demente de Abby Sciuto, fue trepidante; el viejo que viene a confesar un crimen que no recuerda, alguien que ha vivido atormentándose durante años por un crimen que cometió únicamente en su corazón, también fue conmovedor, sobretodo como Gibbs logra darle paz; el cuerpo mutilado por el que acusan a DiNozzo de asesino fue uno de los mejores que jamás he visto, recordar a Abby gritarle a McGee que no culpe de nada a DiNozzo quien prácticamente está en el pabellón de la muerte, fue estupendo; ese donde acusan a Ziva de matar a un sospechoso en un ascensor, y luego ella discute con DiNozzo, quien le pide no le aplique el golpe de la muerte, fue hilarante; cuando McGee mata accidentalmente a un policía en un callejón o cuando su hermana es acusada de asesinato y trata de encubrirla, fueron muy humanos; Ziva enamorada de un hombre que agoniza, asesinado al llegar, fue duro; la joven que le recuerda a Gibbs a su hija, salvados todos en el último momento por DiNozzo, fue revelador; pero uno de los mejores momentos fue aquel cuando Gibbs pierde la memoria reciente y su viejo ex compañero le recuerda algunas cosas, el relato que hace del once de septiembre, la cara de Gibbs, fue emotivo… Todos han sido grandes episodios.

   Después de la muerte de Kate, la serie continuó exitosa, tal vez sin esa buena química, pero continuó, aunque la sexta temporada estuvo algo floja. Como dije, hubo demasiadas cosas personales de los personajes. Pero ojalá regresen con una nueva temporada… aunque no encuentro datos sobre ello. Si deciden dejarla morir así, sería una lástima. La extrañaremos mucho.

Julio César.

UN EXTRA DEL DIARIO VEA: VEA LO QUE “VEA” VIO: ¡EL DIABLO EN CARACAS!

Mayo 9, 2009

VEA... Y LE DIGO

   El Gobierno siempre se queja de que Globovisión, una televisora de señal abierta que únicamente tiene potencia para transmitir en la región Centro Norte, y El Nacional, un periódico grande e incómodo, apabullan al régimen con sus mensajes subversivos, traidores y cobardes. Es increíble tanto poder comunicacional cuando el Gobierno logró censurar las noticias, mantiene cobrando a un grupo de vividores en CONATEL para perseguir a periodistas, y es dueño de una inmensa cantidad de medios radio eléctricos. Ellos no entienden qué pasa, ¿por qué la gente ve Globovisión y no VTV? La cosa no es tan complicada… sus medios sólo transmiten basura y ya todo el mundo se dio cuenta. ¿Quién pierde su tiempo sentándose a ver nada, y menos “noticias”, en VENEZOLANA DE TELEVISIÓN, Tves, VIVE TV y otros. Y es que son chimbos y sin remedio. Es más, se esmeran en ser malos.

   En medio de la locura que siguió a la fuga de Nixon Moreno de sus manos, líder estudiantil perseguido político de Hugo Chávez (ah, el ministro Al Assaime no se consuela, él ya se veía atrapándolo con sus manos, aplastándolo contra una pared y… cuánta pasión), el diario oficialista Granma, digo VEA, lanzó una portada sensacional: ¡captaron en una imagen, al Nuncio Apostólico recibiendo un cheque de manos del Diablo mismo, agradeciéndole sus buenos oficios! ¡Ah! ¡Fin de mundo! VEA lo ha confirmado más allá de toda duda razonable: el Diablo sí existe… y está en Venezuela, lo que no sorprende tanto, desde que el Gobierno ceduló y dio vía libre, esto se ha llenado de indeseables. Pero es noticia.

   Ellos lo vieron y así lo informan, veraces como ellos solitos. Yo no salía de mi asombro; el director de ese diario, el viejo García Ponce (a quien jamás se le ha conocido oficio), quien es lo suficientemente viejo como para conocerlo, de cuando el Diablo era un muchachito (hay quienes sostiene que fue quien lo mal aconsejó en la guerra contra Dios, no me extrañaría), fue testigo de excepción del chequezazo ya que iba pasando por ahí en el momento. Lástima que no tenían una filmadora; imagínense: una entrevista al Diablo, riéndose como colegiala, gesticulando al hablar de lo que sabe sobre Bush y… Aunque no creo que se atrevieran… quién sabe a quien habría señalado Lucifer como su preferido. Aunque ahora (siempre hay gente así) hay quienes dudan que la noticia, y la imagen, sean ciertas. Dios, cuánta falta de fe.

   Hay quienes sostienen que la imagen está truncada, que es de Chávez cuando va repartiéndole su “amor” a los presidentes satélites de Bolivia o Nicaragua. Y que la idea fue de otro de los cerebros jóvenes, ágiles y felinos del Gobierno, el general Müller Rojas, más viejo todavía que García Ponce (aunque lo niega con fiereza), tanto que aseguran ya existía antes del inicio del tiempo mismo. El problema es que eso termina de restarle algo de seriedad al diario VEA. Y creo que es allí donde hay que buscar la razón de que nadie lea, escuche o vea noticias ofrecidas por los medios oficiales. Y eso que VEA venía cojeando hace mucho tiempo. Recuerdo cuando la guerrilla, después de vender a aquellos rehenes dándole su libertad, cuando la señora Rojas no pudo aparecer con su hijo, Emmanuel, porque la FARC se habían desecho de él. El diario VEA dijo, sin ningún recato o medida de la idiotez que aseguraba, que la entrega de Clara Rojas había obligado al gobierno cruel de Uribe a decir dónde estaba el niño Emmanuel; en ningún momento el periódico se preguntó ¿por qué la guerrilla no lo había hecho antes? ¿O cómo negociaban al niño en el precio final, sabiendo que no lo tenían? Pero esas son las cosas que los enreda y producen la sensación de que… mienten, encubren o cambian la verdad según convenga.

   Un diario serio, aquí en Venezuela, que cayera en semejantes ligerezas, provocaría gritos de escándalo, llanto de indignación justiciera en la Asamblea, Fiscalía y el comité de usuarios de los bienes nacionales que ayuda a CONATEL para armar un escándalo mayúsculo contra esos mercaderes de la noticia. Pero… lo que es bueno para unos, no lo es para los otros. Es una revolución de izquierda, debemos recordar, así que siguen la vieja maña socialista de usar cuantas porquerías puedan y gritar si alguien intenta rozarlos con ella. Pero yo sigo con la duda, ¿y sí el Diablo sí anda por aquí? Eso explicaría tantas cosas…

Julio César.

AH, LA SOLEDAD… UN APORTE DE LA GITANA…

Marzo 26, 2009

el-recuerdo-de-jack-twist

   “Cuando pienso en ti, aún en medio de la nada, no me siento solo…”.

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   Recuerdo ese bolero, triste, de Rolando La Serie, o al menos es a él quien mejor se la he escuchado, que reza: “Hola, soledad, no me extraña tu presencia, hace rato te esperaba…”. Al parecer ella era parte de su vida. La soledad es extraña, muchas veces la buscamos como quien aspira a la paz, a estar en silencio, tranquilos… y otras veces pesa, agobia. Deprime. ¿Por qué es tan dual? Tal vez la soledad es como la gente, compleja. Veamos algo que mi amiga Marga, la gitana rubia con asuntos pendientes en Ibiza, y quien jamás ha bailado al taconeo sobre una mesa, reseñó en su página:

……

 

SOLEDAD

 

   La soledad me permite saber quién soy, sólo después puedo tener una verdadera relación.

 

   Se puede interpretar la soledad de dos maneras: estar solo o sentirse solo. Estar solo es un hecho común para todos. No siempre estamos acompañados. Esta experiencia de soledad se puede disfrutar mucho y suele ser muy constructiva. Cuando estamos solos podemos no hacer nada y sentirnos bien, descansar, disfrutar de la naturaleza, tomar sol, caminar, meditar o simplemente hacer lo que nos gusta sin interferencias de otras personas.

 

   Sentirse solos es diferente, porque uno se puede sentir solo también en compañía. El sentimiento de soledad está relacionado con el aislamiento, la noción de no formar parte de algo, la idea de no estar incluido en ningún proyecto y entender que a nadie le importamos lo suficiente como para pertenecer a su mundo. El sentimiento de no pertenencia nos lleva a la depresión, cuando además nos sentimos culpables de nuestra propia soledad.

 

   Es una ilusión creer estar acompañado porque en realidad la mayoría está sola.

No muchos saben lo que es una verdadera relación y crean vínculos que no lo son. Sólo una persona madura puede tener una relación verdadera, porque se ha liberado de las dependencias. La madurez es la capacidad de vivir la vida sin muletas ocasionales, es aprender a hacerse cargo de los propios problemas, reflexionando antes de actuar y haciéndose responsable de las consecuencias de las acciones, sin proyectar los errores en los demás. La relación no implica tener a alguien para eventualmente apoyarse, sino por el contrario significa interesarse por el otro y comprenderlo tratando de olvidarse de uno mismo.

 

   La dependencia crea vínculos dependientes con personas omnipotentes, intentando recrear la simbiosis madre-hijo, y ese tipo de relación patológica, que tiene carácter sadomasoquista, está destinada al fracaso. Recién cuando nos liberamos de las dependencias y nos olvidamos de nosotros mismos aprendemos a vivir, a no tener miedo y a ser libres, accediendo a la posibilidad de una verdadera relación. Si no hay desarrollo personal tampoco puede haber una relación duradera, porque el estancamiento produce aburrimiento.

 

   La intención vale más que el hecho en si mismo, porque no se trata de resultados sino de orientarse hacia el camino de la propia senda. Únicamente cuando estamos solos podemos ponernos en contacto con nosotros mismos. Esa oportunidad nos permite vernos y evaluar si realmente somos como queremos ser y si estamos haciendo lo que deseamos hacer; y si esa imagen no estuviera de acuerdo con nuestras expectativas, es el momento de preguntarnos, que es lo que estamos haciendo ahora para lograrlo.

 

   Transitar el propio camino es lo más importante y el principal propósito de nuestra vida y todo el universo conspirará para lograrlo.

 

http://psicologia.laguia2000.com

 

27/09/2008 19:37 | Agregar un comentario | Enviar un mensaje | Vínculo permanente | Ver vínculos de referencia (0) | Agregar al blog

……

 

   Buen, se puede concluir que la fuerza para continuar, para ser, está dentro de cada uno, así que cada quien debe hacerse cargo del peso de su vida, aunque suena feo dicho así. De verdad no entiendo bien el estar solo cuando no se desea. Sé de personas inteligentes, agradables, solventes y buena gente, que están solos, y hablo de la soledad de adentro, a quienes se les nota la angustia porque ‘no hay nadie en sus vidas’, y es algo que no comprendo, ¿cómo puede ocurrir? Está bien, algunos somos egoístas y jamás terminamos de tender el puente que permita a otros entrar en nuestros… no sé cómo decirlo, corazones, instalándose, siendo uno con nosotros; no lo hacemos porque da trabajo, o no se quiere perder lo que se tiene, o no se ama lo suficiente. Cada alternativa es triste en sí. ¿Pero no encontrar a nadie?

 

   Es increíble, pero hay quienes no parecen capaces de lograr una mirada de interés, una sonrisa de simpatía en otros. En algunos casos entiendo que la ansiedad lo estropea, hay hombres muy ansiosos por ‘poseer’ sentimentalmente a otras personas; hay mujeres que se hacen “amantes-dependientes”, que nos siguen, que callan, que exigen y sufren mirándonos como preguntando “¿De dónde sacas fuerzas para lastimarme tanto?”; y eso asusta. ¿Qué ocurre con tanta gente? Creo, como dice el artículo traído gentilmente por Marga a nuestra consideración, que la respuesta está en aprender eso, que la fuerza está en nosotros, que somos personas, seres, que existimos independientemente de dónde, o cómo, o con quién. Hay que aprender a conocerse, a reconocer los puntos oscuros; hay que intentar cambiar, por difícil que resulte… o por molesto que nos parezca.

 

Julio César.

MUJERES, ¿POR QUÉ TARDAN TANTO EN EL BAÑO?

Marzo 16, 2009

mujeres

   -Es un pendejo, tenías razón…

 

   Por correo me llegó esta amena nota. Es como todo en esta vida, tras su sencillez se oculta el conocimiento de causas, y aunque reí mucho, la verdad que sonaba aterrador. También explica, realmente, por qué las féminas tardan tanto en el baño, y de paso por qué muchas van en grupo; contrariando lo que dice El Conde del Guachado (humorista venezolano caído un poco en desgracia), quien sostiene que van en grupo para hablar de los hombres con los que salieron para hacer un acomodo de última hora, “ese para ti y el otro para mí”. Haciendo chistes del detalle que siempre se ponen de pie dos o tres en una mesa para ir a un tiempo, sostiene El Conde un imaginario dialogo entre ellas: “Manita, vamos al baño”; “No tengo ganas”; “No importa, por el camino te dan”. Antes de decir nada más, leamos la nota:

¿Por qué las mujeres estamos tanto tiempo en un baño?

   El gran secreto de todas las mujeres respecto a los baños es que de chiquita tu mamá te llevaba al baño, te enseñaba a limpiar la tapa del inodoro con papel higiénico y luego ponía tiras de papel cuidadosamente en el perímetro de la taza.  

   Finalmente te instruía: ‘Nunca, nunca te sientes en un baño público’. Y luego te mostraba ‘la posición’ que consiste en balancearte sobre el inodoro en una posición de sentarse sin que tu cuerpo haga contacto con la taza.  

   ‘La Posición’ es una de las primeras lecciones de vida de una niña, súper importante y necesaria, nos ha de acompañar durante el resto de nuestras vidas. Pero aún hoy en nuestros años adultos, ‘la posición’ es dolorosamente difícil de mantener cuando tu vejiga está a punto de reventar.

   Cuando TIENES que ir a un baño público, te encuentras con una cola de mujeres que te hace pensar que dentro está Brad Pitt. Así que te resignas a esperar, sonriendo amablemente a las demás mujeres que también están discretamente cruzando piernas y brazos en la posición oficial de ‘me estoy meando’.

   Finalmente te toca a ti, si no llega la típica mamá con ‘la nenita que no se puede aguantar más’. Entonces verificas cada cubículo por debajo para ver si no hay piernas. Todos están ocupados. Finalmente uno se abre y te lanzas casi tirando a la persona que va saliendo. Entras y te das cuenta de que el picaporte no funciona (nunca funciona); no importa…

   Cuelgas el bolso del gancho que hay en la puerta, y si no hay gancho (nunca hay gancho), inspeccionas la zona, el suelo esta lleno de líquidos indefinidos y no te atreves a dejarlo ahí, así que te lo cuelgas del cuello mientras miras como se balancea debajo tuyo, sin contar que te desnuca la correa, porque el bolso está lleno de pelotudeces que fuiste metiendo dentro, la mayoría de las cuales no usas, pero que las tienes por si acaso…

   Pero volviendo a la puerta… Como no tiene picaporte, la única opción es sostenerla con una mano, mientras que con la otra de un tirón te bajas la bombacha y te pones en ‘la posición’… Alivio… AAhhhhhh… por fin… Ahí es cuando tus muslos empiezan a temblar… Porque estás suspendida en el aire, con las piernas flexionadas, los calzones cortándote la circulación de los muslos, el brazo extendido haciendo fuerza contra la puerta y un bolso de 5 kilogramos colgando de tu cuello.

   Te encantaría sentarte, pero no tuviste tiempo de limpiar la taza. Ni la cubriste con papel, interiormente crees que no pasaría nada pero la voz de tu madre retumba en tu cabeza ‘¡¡jamás te sientes en un inodoro público!!’, así que te quedas en ‘la posición’ con el tembleque de piernas…

   Y por un fallo de cálculo en las distancias una salpicada finíiiiiisima del chorro te salpica en tu propio culo ¡¡¡y te moja hasta las medias!!! Con suerte no te mojas tus propios zapatos, y es que adoptar ‘la posición’ requiere una gran concentración.

   Para alejar de tu mente esa desgracia, buscas el rollo de papel higiénico peroooo, ¡la puuuuuuuuta…! ¡El rollo esta vacío…! (siempre). Entonces suplicas al cielo que entre los 5 kilos de cachivaches que llevas en el bolso haya un miserable kleenex, pero para buscar en tu bolso tienes que soltar la puerta. Dudas un momento, pero no hay más remedio… Y en cuanto la sueltas, alguien la empuja y tú tienes que frenar con un movimiento rápido y brusco, mientras gritas ¡¡¡OCUPAAADOOOO!!!

   Ahí das por hecho que todas las que esperan en el exterior escucharon tu mensaje y ya podes soltar la puerta sin miedo, nadie intentará abrirla de nuevo (en eso las mujeres nos respetamos mucho) y te pones a buscar tu kleenex sin agobios, te gustaría usar todos pero sabes lo valiosos que son en casos similares y te guardas uno por si acaso.

   Ahí ya vas contando los segundos que te quedan para salir de ahí, transpirando porque llevas el abrigo puesto ya que no hay perchero, y es increíble el calor que hace en esos sitios tan pequeños y en esa posición de fuerza en la que continuas, con los gemelos a punto de estallar.

   Sin contar el garrón del portazo, el desnuque con la correa del bolso, el sudor que corre por tu frente, la salpicada del chorro en las piernas… El recuerdo de tu mamá que estaría avergonzadísima si te viera así; porque su culo nunca tocó el asiento de un baño público, porque francamente, ’sabe Dios qué enfermedades podrías agarrarte ahí’.

   …Estás exhausta, cuando te paras ya no sientes las piernas, te acomodas la ropa rapidísimo y tiras la cadena ¡sobretodo! Entonces vas al lavamanos. Todo está lleno de agua así que no puedes soltar el bolso ni un segundo, te lo cuelgas al hombro; no sabes cómo funciona la canilla con los sensores automáticos, así que tocas hasta que sale un chorrito de agua fresca, y consigues jabón, te lavas en una posición de jorobado de Notredame para que no se resbale el bolso y quede debajo del chorro…

    El secador ni lo usas, es un trasto inútil, así que terminas secándote las manos en tus pantalones, porque no pensarás gastar tu kleenex para eso y sales… Tendrás suerte si no se te pego un pedazo de papel higiénico al zapato y lo vas arrastrando, o peor, con la falda arremangada enganchada por las medias que te subiste a la velocidad de la luz, ¡mostrando todo el culo!

   En este momento ves a tu chico que entró y salió del baño de hombres y encima le quedó tiempo de sobra para leer un libro de Borges mientras te esperaba.

   ‘¿Por qué tardaste tanto?’,  te pregunta el idiota.

   ‘Había mucha cola’,  te limitas a decir.

   Y esta es la razón por la que las mujeres vamos en grupo al baño, por solidaridad, ya que una te aguanta el bolso y el abrigo, la otra te sujeta la puerta, otra te pasa el kleenex por debajo de la puerta y así es mucho más sencillo y rápido ya que una solo tiene que concentrarse en mantener ‘la posición’ y la dignidad.

   ¡¡¡Gracias a Todas por Haberme Acompañado alguna vez al Baño y servirme de Perchero o tenedora de Puerta!!!…

……

   Dios mío, pero cuánto trabajo. Definitivamente, para nosotros es muchísimo más fácil. Estamos de pie frente a un largo orinal, lo sacamos, apuntamos y ya. La posición clásica se adopta, claro. Miraba baja, vigilando lo tuyo, la otra mano en la pared como sosteniéndola, para cortar visibilidad de ese lado, no vaya alguien a creer que estamos mirando. Si son conocidos que coinciden (los hombres no vamos juntos al baño, no vamos a estar tomando en una mesa y decirle a otro “vamos al baño, amigo”), se comenta algo, pero sin mirar (y en casos de accidentes nos hacemos los locos y ni bajo tortura confesamos que vimos algo). Cuando se trata de desconocidos sólo se oye el agua, la orinada y una que otra respiración o tos. Del resto, nada. O muy poco. Todo es rápido e indoloro.

Julio César.

TRES COSAS ÁCIDAS SOBRE VENEZOLANOS

Marzo 11, 2009

hombrexxx

   -Te lo juro, hacen que te enrojezcan los cachetes…

 

   Sinceramente, cuando el presidente Chávez no duerme, o no se divierte, no debería tomar un micrófono y declarar porque mete la pata. Dicho con todo respeto. A un informe que habla de la violación de los derechos humanos en Venezuela mediante el tráfico de una justicia parcializada y patidizada, el Presidente ruge que quiénes son en el Imperio para decirle qué hacer con sus tribunales. Que le manden a Luís Posada Carriles para que él le de lo que se merece. Ni siquiera dice “Para que sea juzgado”. La baza era delicada por todos lados, porque ¿y si alguien pregunta por qué no pide que Cuba le envíe a Valentín Santana, jefe del grupo guerrillero La Piedrita con órdenes de captura? Pobre Presidente, no puede ver un micrófono porque abre la boca… y la pone.

……

 

   Con el asunto de una central arrocera en Guárico, tomada por el gobernador William Lara (que se vio patético saltando cercas, con gente empujándolo por el rabo para que subiera), este se vio obligado a dar unas entrevistas para contradecir a un señor Carmona, productor y jefe de no sé qué cosa. Con un airecito insolente y autoritario, William decía que ese carajo no sabía de lo que hablaba, que “Carmonita como que nunca ha estado por aquí”. Se arriesga poniendo motes, él, a quien le reventaba que en la Asamblea Nacional le dijeran William “Rara”, por no sé qué dudas sobre él. ¡A quien no le gustan los apodos…!

……

 

   Pobre general González González, tanto amenazar con prepotencia que iría contra quien fuera, que golpearía estudiantes o detendrías viejas si se ponían cómicas en las colas de votaciones, gritando, sin vergüenza y sin ruborizarse, “socialismo, patria y muerte…”, y lo dejaron vestido y alborotado como novia de pueblo. No le dieron el Ministerio de la Defensa, cargo para donde tan no había nadie capaz que nombraron al Vicepresidente Carrizales que ni hablar bien sabe, para llenar el hueco. Tanto halar mecate para nada. Sólo le quedó el cansancio y la raya.

 

Julio César.