Archivos de la categoría ‘CON ALGO EN EL C...’

COMBINACION GANADORA

Octubre 15, 2009

CHICOS Y JUGUETES

   El éxito de la rutina estaba en el mete y saca…

   Hay cosas que son matemáticas, como ecuaciones: un chico solo en su casa, juguetitos bajo la cama, aceitico oloroso, ganas y… una esposa de viaje. Todo eso da como resultado un gimiente, sudoroso y gozoso hombre de familia. De su vida nadie podía decir que había escuchado nada, como no fuera, prestando atención, sus ahogados “hummm… hummm, Dios, sí”.

Julio César.

AMIGOS Y ARTILUGIOS

Septiembre 8, 2009

CULO MOJADO

   Ah, las duchas compartidas…

   Tener que compartir un apartamento con un matrimonio amigo tenía sus momentos. Roberto, en cuanto las mujeres salían, compartía la ducha con Eleazar, y como era un fanático de la limpieza había comparado aquella boquilla, para él, sólo para Eleazar; y no se cansaba de usarla, una y otra vez, soltando esa agua tibia que hacía gemir a Eleazar, casi gritando de contento… ante la buena ducha. Pero Roberto era, como se dijo, excesivamente celoso de la limpieza y, desde hace dos días, esa boquilla entraba y entraba… aseando más.

Julio César.

¿ENGAÑADO?

Junio 16, 2009

NEGRO SOBRE BLANCO

   “Verga, si no fuera tan rico…”.

   Ernesto se había quedado en ese depósito con ese otro carajo por más de cuatro horas, ambos esperaban trabajo. El capataz dijo “ya vengo”, y todavía están ahí. Revisaron y encontraron revistas pornos, comida, algo de marihuana (a la que le dieron uso), y todavía aguardan. Cuando Ernesto, sin drogas y ladillado preguntó “¿que hacemos?”, el tipo le propuso que jugaran a ensartar mariposas. Ernesto no entendió hasta que un apretón del otro con su manota, el roce que le dio a la silueta de su herramienta con la boca mientras le abría el cierre, se lo dejó claro. No tenía mayores expectativas, pensó en algo de atención oral y ya, esas vainas no iban con él, pero mientras gime al soportar todo ese peso que cae una y otra vez sobre él, oyendo al otro chillar “ay, pero qué rico”, sudando a mares, enloquecido de gusto, comprueba que no se siente mal. Aunque… ese carajo dijo que era para probar lo visto en la revista, y un momentito nada más, y tan sólo a la entradita, pero ya lleva treinta minutos montado a caballo… y entró a fondo… y como muy fácil, ¿no?

Julio César.

DURAS INVERSIONES

Marzo 6, 2009

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   Lo iba a meter todo… en el negocio bursátil.

 

   -Amigo, su problema es que anda falto de hombres grandes y fuertes que le den lo que necesita… en el manejo de su empresa. –dijo rudamente, sonriendo, el asesor financiero al conocerlo.

 

   Vicente se quedó frío al oírlo, pero sí, la imprenta no marcha por falta de personal capacitado, aunque podría salvarse invirtiendo en la bolsa de valores. El hombre (dudando, no conoce nada de eso), fue ‘víctima’ de una demostración de la capacidad de ese tipo enorme, quien cayéndole encima gruñó que sabía bien lo que le hacía falta. Gimió, débil, pero la poderosa personalidad del otro lo llevó por nuevos derroteros. Y ahora, tenso y enrojecido sobre una silla, abierto de piernas, oye al otro tras él, que le explica cómo se invierte.

 

   -Bien, así es como se inyectan valores en la bolsa. –sonrió, metiéndolo lentamente, sintiéndolo estremecerse.- Ahhh… estás caliente y suavecito, así será mejor para ti. –baja el rostro.- En este negocito todos ganamos, créeme. Yo siempre mamo bastante… de las ganancias. -y su boca recorre y su lengua lame alabanzas de su método frente al tembloroso nuevo miembro.

 

   -Hummm… -Vicente no puede evitar que se le escape.- Sí, anda, inyéctamelo todo… mételo todo, por favor, clávalo hasta el fondo y luego menéalo. –y chilla al sentirlo deslizándose, cálido y duro, sobándolo.- Ahhh… sí…

 

   -¿Viste? Esto era lo que necesitabas, un buen macho que te guiara en los negocios. Y esto es apenas una pequeña inyección de efectivo, ahora viene la grande, la que te va a resolver tus problemas haciéndote sentir mejor. –dijo poniéndose de pie, golpeándole con la cálida, dura, rojiza y babeante respuesta.- Cuando terminemos de tratar vas a quedar llenito de gratitud, y más contento que una puta loca en fiesta de futbolistas… -y comienza a meter la nueva inversión haciendo gritar al otro, quien piensa que de saber que eso era tan bueno, lo habría intentado antes.

 

   Vicente era un carajo decidido, una vez inyectado a fondo, con esa vaina caliente que palpitaba y lo llenaba, decidió proceder, subiendo y bajando sobre el solucionador de problemas, con gritos y jadeos, pidiendo más y más. El asesor sonríe, aferrándolo por los hombros para que no se cayera de emoción; esos carajos siempre eran iguales, tímidos al comenzar a invertir, y fieros cuando ya los tenía clavados en la bolsa.

 

Julio César.

REFLEXIONES DE CASADO

Febrero 20, 2009

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   Rugosito y grueso… sólo le faltaba el calorcito humano.

 

   Por muy canalla que sea un hombre, para algunas cosas tiene conciencia y algo que molesta y no deja a uno tranquilo, vergüenza: “Dios, ¿qué me pasa? Mi mujer trabajando y yo… (únicamente mueve una mano, lentamente) flojeando”; bota aire, indispuesto, no contento con su vida porque: “Coño, necesitamos más dinero… necesito comprarme uno más grande”.

 

Julio César.

PASA EN LAS MAÑANITAS…

Octubre 10, 2008

   Un día lo pillaría y se le metería en… la vida.

 

   ¡Hummm… qué rico… era contar con un tiempo propio!, pensaba Nicolás en su camota tibia. Estaba todo tenso y duro, cosa que se calmaba con el uso de sus manos… masajeando su cuerpo agotado de los estudios y el deporte. Le encanta masajear sus mejillas una y otra vez, soñando, muy lejos de allí… o tal vez no. El sonido de la ducha, los silbidos y cantos en la voz de barítono, bajo, grave y masculina del marido de su hermana llegaban hasta él. Por alguna razón esa voz, la ducha (agua jabonosa sobre un cuerpo musculoso y atlético) lo distraía. La mano recorre la tersa mejilla, y juguetón la punta de un dedo toca su boquita, acariciante, y es cuando repara en que ya no oye los silbidos o la ducha.

 

   -Germán… -se le escapa, y abrir la boquita debió confundirlo ya que el dedo entró un poco.

 

   -Epa, ¿me llamabas? –oye el vozarrón bajo del cuñado, en la puerta, mojado, desnudo envuelto en una toalla, mirándolo asombrado.

 

   -¡Germán!

 

   -Caramba, cuñadito… venía a pedirte un desodorante, pero creo que voy a necesitar más bien vaselina…

 

Julio César.

DESEANDO ALGO EN EL C…

Mayo 31, 2008

   Esperando a sus amigos…

 

   Jason, que trabajaba con Martín y lo encontraba en las duchas lavándose metiendo las  manos entre las nalgas, vivía cerca y a veces lo encontraba en shortsitos y sin camisa, y jugaban juntos al futbolito y lo veía en suspensorios luego en los vestuarios, llevaba tiempo buscando como entrarle duro y con todo… como amigo. Se sorprendió cuando el teléfono sonó y era él, invitándolo a ir a ver un juego aprovechando que su mujer había salido. Llegó y al gruñido de “entra con todo”, abrió y se lo encontró… esperándolo con ansiedad, casi meciéndose contra ese mueble.

 

   -¡Martín…!

 

   -Oye pana, no hay mucho tiempo, hace tiempo que quería pedirte algo… -e inclinándose, apoya el rostro sobre el respaldo del mueble.- Tengo una curiosidad y… -titilaba, abriéndose y cerrándose, invitador.

 

   Sin decir nada, Jason fue hacia él, sonriente, emocionado por la amistad así ofrecida, acariciándole las turgentes mejillas. Tibias y duritas. Eran adorables, así que comienza a besarlas, a morderlas; oírlo gemir tierno lo emociona más. Esa lengua lo recorre, le lame los… cachetes. Y sin detenerse a pensar en nada más, da un beso largo, profundo, lengüeteado, casi llegándole al fondo. Temblores, gemidos y calorones no eran nada a lo que llegó después, y Jason ganó realmente bastante esa tarde, metiéndose duro y con fuerza, repetida y salvajemente, en la vida del otro sujeto.

 

Julio César.

DICOTOMÍA

Mayo 5, 2008

   El tamaño justo para comenzar…

 

   Su mano se mueve de adelante atrás lentamente, “Debo ver si consigo por fin el nuevo mascotín de Roberto, cómo piden vainas en ese equipo de béisbol infantil… Hummm… Dios”. La mano queda quita; bien metida… la idea, temblando de emoción, cerrando los ojos, “pero llegará lejos. Ese es mi hijo, carajo”. Un leve gemido escapa de sus labios mientras retira la mano y vuelve a acercarla, rápido, rítmicamente, cepillando muy bien… sus pensamientos, “Martina no tiene fe en su futuro como atleta, ni en el de Vicky como bailarina. Si a ella le gusta, que lo haga. Pero es que martina no tiene imaginación”. Con otro gemido pega la frente de la cama, temblando, su mano, metida toda nuevamente… en el asunto, se mese de arriba abajo, “me casé con una mujer sin visión… aunque si la tiene para estos juguetitos. Bueno, los encontré en su caja de cosas vejas de antes de casarnos hace diez años. Y qué descubrimiento. Es increíble que una mujer use vainas así, qué vagabundería…”.

 

   -Ahhh… -escapa de sus labios, bajando el rostro nuevamente, posando sus labios en otro juguetito, rojo intenso, mucho más grueso, mordisqueándolo. Su mujer daba mala espina guardando cositas así.- Hummm… -se alza un poco de nalgas, le da una calambre y las pernas le tiemblan. Tiene que terminar un informe, calcular la declaración de impuestos, esperar que Robertico llegue de la escuela y llevarlo a las prácticas… pero si llegaba temprano, el hombre se tomaba un tiempo para él, y lo aprovechaba en explorarse en profundidad… sus sentimientos.- Oh, Dios… que bien se siente… -y cierra los ojos, pero los abre rápidamente, inquieto, no sabía por qué se había acordado de Justino, un joven vigilante del despacho, un tipo uniformado que andaba pavoneándose siempre, enseñando su macanota, un día que lo vio meando en el baño… no lo sabía, pero su mano se agita otra vez.

 

Julio César.

RITUALES DIARIOS

Enero 21, 2008

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   Hummm… qué rico era el aseo.   

   En este mundo todos tienen sus pequeños rituales. A Justino le gusta ser el último en entrar a las duchas de la fábrica cada tarde, cuando todo es silencio, quietud y solidad. Y tomaba una larga ducha. Sentir el agua tibia de las tuberías calentadas al sol bajando por su cuerpo, acariciándolo, frotándolo, estimulaba su cuerpo, silenciaba el cansancio y aliviaba sus músculos adoloridos por el esfuerzo. Tomar el habón y recorrer todo su fornido cuerpo con él, le encanta. Pero toda su atención se centraba en su punto ‘c’, cuando con su mano derecha, la mejor amiga, entraba untada de jabón, y se frotaba, lavaba y acariciaba. La mano subía y bajaba una y otra vez por la  raja que mantenía lisita, llevándose todo sucio, atenciones que él extremaba al doblar un poco los dedos y frotar más sobre el punto ‘c’, metiendo la punta enjabonada de uno, dejándolo allí por unos segundos, cerrando ojos, sintiéndose limpio, ante de sacarlo y  volverlo a meter más hondo para mayor seguridad. Sacarlo, meterlo, sentir el agua y el jabón untando, era un carajo muy aseado, lo hacía tan feliz que se mordía los labios para no gemir. Uno, dos, y cuando estaba más preocupado, o inspirado, hasta tres, empujando poco a poco, echando bien las nalgas atrás con el agua corriendo y esos dedos moviéndose. Su ritual era sagrado para él, como lo era para los siete tipos que lo habían pillado en diferentes momentos, callando todos, ocultos cada uno en un privado, mirándolo, con las bocas abiertas y conteniendo el aliento, dándole mano firmemente y con ganas… a la idea de ofrecerse a ayudar a Justino con su ritual. 

Julio César.

ALÓ, ALÓ, PROBANDO…

Noviembre 24, 2007

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   -Yo te ayudo…   

   Soplaba levemente, admirado ante el titileo del ojito, un ojito que se abría y cerraba, como siempre ocurre cuando le cae aire así. La boca se le secó, cosa rara ya que sentía la lengua llena de saliva. Sabe que esta correrá camino abajo, espesa, caliente, cuando finalmente pegara la punta de esa boquita que lo atraía de una manera increíble, algo que jamás imaginó hacer un día. Pero sí él estaba excitado, lo del otro era peor. Tenso, temblando, sentía el aliento sobre sí, y sabe que algo baboso, caliente y móvil pronto caería sobre él (¡la cosa!), y sabe que gritará, se agitará y pedirá más, como puta loca en carretera, porque ya estaba mal y eso que todavía no había sentido en verdad esa lengua en su c… 

Julio César.