Archivos de la categoría ‘ES PURO CUENTO...’

PALO A LOS MUCHACHOS

Octubre 15, 2009

COMIENDO POLLA

   Detrás del deposito, no había atrás que se salvara…

   Todos lo sabíamos aunque no lo comentáramos, detrás de la fábrica la gente iba a buscar jaleo. Los tipos rudos iban a buscar muchachitos a quienes darle palo del bueno. Jacinto, mi amigo, era uno. Un carajo grande, serio, padre de familia, pilar de su comunidad, tenía un lado salvaje. Iba y les caía a esos muchachos de forma salvaje. Todo era atraparlos por las nucas, derribarlos y comenzar a darle con la porra por todos lados. Esos chicos sabían que era difícil encarar a semejante tipos, pero iban a ver sí ganaban una batalla. Y ganaban a su manera, en experiencias, mientras jadeaban ahogados, sin aire, con las mandíbulas doliéndoles. Pero no era todo. Jacinto no podía ver un chiquito sin querer darle machete, por lo tanto, les atizaba de lo bueno. Aunque no debía, ya le tenía montado un álbum con varias foticas con mi móvil. Y de vez en cuando, las repaso.

Julio César.

EL ECHÓN

Agosto 21, 2009

ENCULADA GAY

   Le dieron duro… y le gustó.

   Vicente, un amigo mío, dándosela de arrecho comenzó salir con una jevita de La Charneca. Todos le advertimos del peligro que corría, esa zona está cundida por el hampa, y él no era precisamente una persona agradable. Era hablador, echón y pretencioso, y ahora necio; pasaba por una crisis de pandillero en moto. Su moto, y la chaquetota que se compró, caras, eran una provocación. Una noche salimos un amigo y yo en mi carro, y él en la moto con su nena. Al ir a llevarla, unos malandros le cayeron encima, le robaron la moto, le quitaron los pantalones y la tanga que usaba (cómo chillaron al verlo en tanga); pero como luchó cuando le tocaron la chaqueta, los malandros le dieron duro. Fuerte. Golpe a golpe. Se turnaron, y entre los cincos le dieron por todos lados, y Vicente, después de gritar, maldecir y pelear un rato, terminó gritando que eran unos pobres maricas, que le dieran más, más y más… Con mi teléfono le tomé esta foto para recordárselo después. Lástima que no grababa videos o me hago rico mostrando como se montaba, saltaba y sostenía con fuerza, apretando duro sobre… la moto.

Julio César.

MOTIVANDO

Agosto 11, 2009

PROBANDO CULOS

   Temblaban emocionados esperando que comenzara…

   Aquel trabajo de maestro suplente no me convenció hasta que me fijé en todos esos atractivos, saludables y bien arregladitos muchachos, todo testosteronas, pendiente de mil vainas y no de los estudios. Y en que mucho me miraban la pinta bajo el traje, sobre todo el bulto que dejaba colgar por ahí. De tarde en tarde siempre venía uno a mi oficina buscando tutoría, orientación, o ‘comprensión’ para sus problemas de joven confundido… o de notas. Y como maestro me aplicaba a atenderlos. Intentaba introducir en sus vidas algo de sentido… también, de tarde en tarde, un dedo, o dos, para que el cuerpo les diera algo de felicidad; o una lengua que chupara sabroso para oírlos gemir y distraerse un rato. Y a los más emotivos, y sentimentales, quienes me pedían con sus vocecitas jóvenes y dulces: “profe, enséñeme a amar…”, una buena y dura tranca. Dios, amo mi trabajo.

Julio César.

HOMBRE DE ACCIÓN

Marzo 20, 2009

el-dedo-en-la-gracia

   Le daría lo que se merecía…

 

   Tengo un amigo, Renato, muy buena gente. Anda saliendo con una loca, Juana, la cual es parrandera, pero también malvada. He notado que lo obliga a ir a sitios raros donde el pobre tiene que verla bailando con otros, riendo y coqueteando. Y él lo hace porque la quiere. Hace una semana me invitó a salir con ella y un grupito… y la vaina fue de terror. Era un club de tipos nudistas. Renato estaba furioso pero aguantó estoico, mientras yo medio bailaba viendo a los bomberos en hilos dentales rojos. Uno de los carajos, grandote, guapote, sabrosón, le meneaba el paquete a Juana en la cara, y ella reía, y él se veía que disfrutaba al mortificar al tonto amigo de la loquita. Cuando se quitó todo, y se lo bailoteó a ella en la cara, de adelante atrás, Renato no aguantó más. Molesto alzó un dedo y lo apuñaló con él, lentamente, pero una y otra vez, torciendo un poco su dedo hacia abajo, y todo el mundo sabe que ese es el camino más corto a la próstata. Tanto me sorprendí que tomé esta fotografía. El carajote gimió de sorpresa y se congeló medio inclinado, como queriendo y no queriendo, pero tuvo que aguantarse la descarga de rabia de mi amigo, que ahora lo apuñalaba con dos y más tarde tres dedos. Juana, furiosa, se marchó con las amigas, mientras Renato le gritaba que era una loca y que ya hablarían cuando llegara a su casa. No se iría de allí hasta pasar a la trastienda a conversar con ese tipo. ¡Se lo merecía! Allí lo pondría por el suelo, lo metería en cintura, todo, duro y rudo, y lo bañaría con su furia caliente. Le dio y bastante. Y el tipo descubriría cosas sobre sí, por lo que cuando, más tarde, quise hablarle, sonrió de forma encantadora, haciéndome paso a la trastienda. ¿Renato y Juana? Salen juntos a divertirse ahora.

 

Julio César.

OFRENDA DE GRATITUD

Febrero 13, 2009

saboreando-lo-bueno

   Él se ofreció… y me deje.

 

   Maldita sea, pensé; al fin habíamos terminado de recoger todos esos escombros en casa de mi amigo Pancho. El trabajo fue extenuante, y yo estaba agotado. Ese perro siempre pedía ayuda a los amigos para trabajar de gratis en la casa que estaba remodelando, pero esta vez fue el colmo, hubo que cargar dos camiones de escombros y el único que acudió, o al que llamó, fui yo. Para colmo me pisé un dedo que me ardía y palpitaba. Molestó entré en las duchas del taller que tiene junto a la casa para darme una rápida ducha e irme al coño, con mi dedo bajo la axila. Le dije a la comadre que no comería con ellos. Fue cuando lo encontré ahí, casi tirado en el suelo.

 

   -Lamento lo de tu dedo y que no haya venido nadie más, JC; llamé a varios.

 

   -No hay peo. -mentí.

 

   -Déjame atendértelo.

 

   -No, no quiero un coño, sólo…

 

   -¿Seguro? Y me lo atrapó con su boca cálida, dándole un tibio apretón y mamada, para calmármelo, pensaría, pero sólo lo puso más caliente y palpitante. La vaina me sorprendió, dejándome todo envarado y duro por la sorpresa. Y se aplicaba el gran carajo, su boca iba y venía, chupándolo, mamándolo, dejándome bien lleno de saliva calida todo mi largo y grueso… dedo.

 

Julio César.

¿LA LECCIÓN?: POLÍTICA DEL BUEN VECINO

Junio 28, 2008

   ¿Un consejo? Acoge bien a tus vecinos…

 

   Si vives solo en un apartamento bien llevado, vistes bien, te ves aseado y en buena forma… y reparas de tarde en tarde (sin que otros vean, ojo) en los traseros o bultos de tus vecinos, y ellos lo notan de refilón, no faltará el que vaya de tarde en tarde a tu puerta a pedir algo (cuando sus novias, mujeres o muchachos están fuera). Renato lo hizo y con él usé una fórmula corriente en estos casos; vino con su pañoleta, una camisetica que dejaba ver sus pectorales, un bermudas corto viéndose sus pantorrillas con un tatuaje en una. Venía a regresarme algo que le había prestado a su mujer esa mañana que se quedaron sin nada para el desayuno: un pedazo de salchichón. Sonriéndole pícaro, sabes qué está ahí intentando tantear (ahí tienes que mirarlo como si quisieras comértelo a él, no al salchichón), le preguntas si le gustó o estaba muy saladito y grueso. Enrojecido te dice que no le gusta mucho. Tú, ladino, le dices que para probarlo y disfrutarlo hay que ser lo suficientemente macho. Se picará. Entiéndelo, es un carajote guapo y sexy en la plenitud de sus ganas, está solo, ahí estás tú que tanto lo has buceado, seguramente se dice: no hay nada que hacer, vamos a ver si este maricón gusta de comerse… mi salchichón. Le invitas una cerveza fría por el calor y le aclaras que te gusta, que te encanta tener tu lengua sobre un buen salchichón. Se lo dices al tenerlo sentado en tu sofá, abiertote de piernas, con la cerveza de su mano.

 

   Yo lo hago así: digo, si, me encanta, sobretodo si está calentito. Y lo tocas y manoseas. Él se revuelve inquieto, queriendo y no. En ese momento bajas un poco el rostro y muerdes un cachito. Pasas la lengua y eso lo convence de dejarse a ver qué tal es… eso de ver a otro tipo comer salchichón. Sacas el pedazote que te encanta y lo saboreas (debes aplicar la receta total para los nuevos: besitos, azotes de lengua en la punta, recorrido de arriba abajo, tragado total). Aprietas al bajar, succionas al subir. Le quitas toda las… envolturas; pellizcas aquí y allá, con la punta de tus dedos tocas allí, frotas, sobas, dilatas sin enterrarlos en la… tersa materia. Eso los asusta y caliente. Sobas el salchichón todavía mientras saboreas más abajo. Pero bien, con gula y lengüeteado. Tanteas y dedo adentro, suave, hondo, constatando la textura del… manjar. Eso los asusta, pero les gusta y lo toleran si lo trabajas otra vez con la lengua. Tal vez tarde una o dos tardes, pero luego esos vecinos bellos terminan adictos al salchichón. Acaban comiéndolo con hambre, o cayéndole encima con todo su peso. Y el que tú les das parece gustarles más. Te aseguro que con los días, tratándolo como un secretito de maridos de edificio, algo privado, en cuanto saques tu salchichón, como te gusta, grueso y largo para que dure… esos carajos le saltarán encima, apretándolo, subiendo y bajando sobre él y chillando como si nunca hubiera probado nada más rico. Me encanta verlos agitados por el placer del salchichón, pidiendo más y más, que les de otro pedazo más. Así lo hago yo. Se envician. Créeme.

 

Julio César.

MODESTIA APARTE

Abril 14, 2008

   No me gusta tomarme fotos, pero…

 

   Siempre me ha gustado ser generoso con mis amigos, más cuando me cumplen en alguna tarea para la que se ofrecen, igual con la gente que trabaja para mí por alguna razón. Con Tomás es una fija. Cada vez que lo necesito está ahí, a la mano, y siempre pide una nadería… aunque los ojos siempre se le desorbitan cuando voy a ‘cumplirle’, como si fuera la vaina más grande del mundo. Sé que tengo con qué cumplirles… gano buen dinero.

 

   -¿Seguro que es todo lo que quieres? –les pregunto siempre, jadeando, algo inquieto de darle siempre lo mismo.

 

   -Hummm… aggg… -era todo lo que respondía mientras se abalanzaba sobre su ‘recompensa’, que debía ser suficiente (aunque no me lo pareciera a mí mismo), ya que tardaban en cubrirlo todo.

 

   Si, me apenas no darle más, sé que siempre anda necesitado de eso, así que lo ‘poco’ que le doy se los entrego con ganas, a fondo, metiéndome todo en el asunto. Y no era únicamente ahí donde me metía. Mis amigos, gritones y saltando como chiquillos al verme, siempre decían que me metía en todo, y lo metía todo. Eso parecía bastarles. Pero no sé, ¿crees que con lo que les doy basta?

 

Julio César.

CUANDO TE CLAVAN… LOS IMPUESTOS

Abril 1, 2008

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   El precio a pagar, aunque grande… y grueso, era tolerable. 

   Venezuela es un país donde siempre se dejan las cosas para el último día, no importa que se diga que se debe hacer algo entre tal y cual fecha, todo el mundo lo deja todo para el último momento. A mi amigo Jasón le pasó, tiene una mueblería de la que nunca había declarado impuestos, y aunque pensaba presentar unas cuentas chimbas, jamás lo hizo. Lo pillaron, lo iban a multar con bastante; me dijo que iba a entrevistarse con el tipo en su mueblería y quiso que fuera su testigo culto por si le exigía plata para denunciarlo después. Todo alarmado, temiendo cárcel, cierre o una multa mil millonaria recibió al tipo, se le acercó y con voz asustada le preguntó si no se podría solucionar esto de otra manera que no fuera denunciándolo. El carajo lo miró frío y le habló de darle más tiempo si ‘le daba algo’. Mi amigo iba a sacarse la chequera, pero el carajo le dijo que no, que se sacara los pantalones. Jasón dudó y se asustó, pero más lo asustaba lo otro y se avino a pagar. El carajo era bueno, reconozco yo que los miraba, cobraba y cobraba, duro, rítmicamente, sin decaer, gruñéndole bajito que era un infractor y merecía castigo, que toma y toma, haciéndolo gritar y sudar ante… el ‘abusivo’ cobro, que parecía dolerle cuando arrugaba la frente, chillaba bufando por la boca, sudando a mares. El escritorio se tambaleaba ante la fuerza de… los compromisos firmados con el grueso marcador. Desde la otra oficina tome esta fotita para ustedes. Y para mí; cuando me venga con cuentos de su sacrificio, le mostraré la foto donde parece chillar más, cobra más, te debo más, cóbramelo todo… hummm, todo, hasta el fondo. Pero también porque quedó de lujo. El sujeto no le perdonó la deuda, sólo  le dio tiempo. Dos semanas después llenaba los formularios ante otro inspector, quien por cuestiones de tiempos vencidos, se lo cobró también, con un equipo que parecía formidable; pero ahora Jasón sonreía, contento de que saldría de eso, aunque también se le metía, dándole la espalda altivo mientras el otro casi lo abrazaba, empujando sus cobros, felicitándolo por ser un buen ciudadano al final. Esa no la vi, pero me la contó, como también la del tercer y cuarto fiscal que fueron a llevarle las licencias, quienes le cobraron al mismo tiempo durante toda una tarde; eso me dejó pensando en que él me debía un favorcito, y con la otra foto pienso cobrarle estos días haber sido su testigo. 

Julio César.

NO LE DURABAN LOS CUÑADOS

Marzo 4, 2008

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   Siempre igual, nunca querían… que se lo sacaran… 

   Desde que era un muchacho, mi amigo Paco ya era un gran carajo que vivía molestando a su hermana, Matilde, dos años mayor que él; y que le hizo la vida de cuadrito cuando niños. Cada vez que ella llevaba un novio por la casa, cosa de las que fui testigo, este intimaba con ellos, hablaba de ejercicios, posaba su bonito cuerpo, los llevaba al gimnasio, la piscina, la playa. Les alababa las pintas, comenzaban a jugar a empujarse, tocarse los culos o bolas sobre la ropa. Paco era rápido, siempre llevaba las cosas a una situación donde se contaban cosas intimas, veían películas porno, se masturbaban juntos, luego uno al otro y… terminaba metiéndoselos duro, fuerte y repetidamente… en el bolsillo de sus maquinaciones contra Matilde. Mientras los estremecía con sus duros empujones y secos golpes… para sacarlos de la casa luego de probarlos, se burlaba de la hermana que no entendía por qué no le duraban los novios. Ahora le tocó el turno a este, que mañana se casa, o casaba, con Matilde. Me extrañó que no intentara nada con él, hasta ahora. Los sorprendí en la casita de la piscina, y recordándolos, tomé esta fea foto con mi celular, el tipo tiene su encanto ¿verdad?, debe ser por la forma en que gritaba que le diera duro. Más tarde le pregunté que haría, y lo vi sonreír satisfecho, y medio endureciéndose otra vez.

   -Coño, pana, ese tipo está bien buen bueno, mi hermana tuvo buen ojo. Voy a dejar que se casen mañana, y antes de irse le doy su noche de bodas. Y cuando regresen lo llevo a pescar truchas en Mérida y tenemos otra luna de miel.

   -Vaya… cuidado y lo preñas… 

Julio César.

HAY LUGARES QUE…

Febrero 7, 2008

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   Si el cuerpo se calienta con las prácticas, le mente también…   

   ¡Maldita sea!, me dije todo sudado y agitado por la bendita trotadora que ya comenzaba a aparecer en mis sueños atormentándome, al entrar en los vestuarios y encontrarme a Jerónimo dándole más trabajo a Gregorio, quien sudaba a mares, abiertote de piernas mientras Jerónimo lo tenía bien cogido… con esa bocota que tiene. Y pensar que ese mamón una vez había hecho correr el rumor de que yo era pato, pensé mortificado. La verdad es que verlo gruñir, ahogado, mojado de saliva y toda esas vainas, era increíble, pero no estaba yo en momentos de perdona vida y sacando mi celular, cuya memoria fotográfica ya estaba llena, tomé esta imagen para ustedes, amigos. El resto fue simple, salí sin hacer ruido mientras Jerónimo daba lengüetazos recogiendo todo eso que tanto le gustaba, mientras gruñía que sabía tan rico (tuve que darle un apretón a mi ‘amiguito’, sólo uno, lo juro). A la mañana siguiente la fotica apareció, sin mostrar la cara de Gregorio, aunque todos lo que lo conocen lo reconocieron, en una cartelera. Jerónimo la pasó de la patada, y yo me sentí algo mal, arrepentido, como dos segundos, luego reí… hasta que supe que al coño’e madre ese le iba mejor. Después de sus prácticas, se pasaba una hora, a veces dos, sudando más todavía, usando su técnica bucal con medio gimnasio. Cómo les gustaba, una boca amiga, a todos esos carajos… 

Julio César.