Archivos de la categoría ‘MOMENTO MUY GAY’

CABARET

Junio 28, 2008

   La vida es un ca…ba…ret…

 

   Esta película la vi hace años, muchos, muchos años atrás, cuando RCTV, canal cerrado actualmente en señal libre por persecuciones políticas en Venezuela, tenía un ciclo diario de cintas de calidad, después de las diez y media de la noche: SEÑOR CINE. Era grato, porque había una temática para cada día. Los martes eran de horror, los jueves musicales, los viernes eran de acción, lo sábados eran atrevidos. Era un espacio bien hecho, con gusto y clase. Había un narrador que iba anunciando el título de los seis días siguientes, con escenas, protagonistas y temática argumental. A mí me encantaba. Siempre fui noctámbulo. Recuerdo que un jueves vi por primera vez en mi vida, CABARET, debía contar con unos once años de edad. Me gustaban las canciones, y la temática del joven que intentaba cazar a una mujer rica, pero esta resultaba judía en un país que iba siendo cercado por los nazis, era la Alemania de los años 30, me interesó. Pero fue cuando se planteó el trío entre Sally Bowles (Liza Minnelli) y Bryan Roberts (Michael York) con el conde ario, Maximilian (Helmut Griem), cuando todo se reveló a mis ojos. Roberts la amaba a ella, y era un estudiante ingles joven, impresionable y tiernón; ella, cantando en el Kit Kat Club, quería dinero, posición, pero también era ingenua, se creía una vampiriza pero todos la adivinaban. El conde era altivo, mundano, seguro de sí, guapo y podía permitirse una amante… y ser atento con el que sabe el otro amado de su chica.

 

   No entendí aún a qué iba la cosa, pero me desconcertaba e intrigaba como ese catire bien parecido era atento con Bryan Roberts, que lo resentía. Cuando le regaló la pitillera, o le prestó el suéter azul que ‘haría juego con sus ojos’, pensé: qué raro. Más tarde estuvieron aquellas miradas, ese anhelo y la encerrona. Y se separaron como todo cortados uno del otro. Luego Roberts discute con Sally por sus pretensiones tonta de ser una caza fortuna y ella le grita que hará lo que sea para surgir, y que fue amante de Maximilian, un hombre casado. Él la mira y exclama: yo también. Me dije: ¡vaya! Era yo un muchacho de un país pacato en su televisión y ese me pareció un gran momento de impacto y escándalo. Con el tiempo pensé mucho en esa cinta. Las miradas, la tensión, el deseo contenido, y ahora me parece, salvando las distancias, que era algo parecido a lo que años después se vio en esa maravillosa cinta, BROKEBACK MOUNTAIN. Yo imaginaba a Bryan, tenso, hipnotizado por la mirada de ese carajo tan apuesto, intentando retroceder, salir de esa habitación y huir de algún miedo secreto; y el otro, Maximilian, reteniéndolo al montar una mano en su rostro. No resulta difícil imaginar un acercamiento medio rudo, como lo era en esa época cuando un carajo deseaba besar a una mujer. Tras esa puerta debieron darse sus buenos jamones, y el que encarnó a Bryan (Michael York) tiene una boca de labios grandes que seguramente se humedecen fácilmente. Más tarde estuvo genial como Juan el Bautista, en  el Jesús de Nazareth, de Franco Zefirelli, pero siempre lo he recordado por CABARET.

 

   Ese recuerdo, de lo que vi, y lo que imaginé después, siempre lo he tenido presente. Me gusta todavía ver CABARET, de hecho la tengo en mi colección. Me la trajeron de Bogotá hace tiempo. La miro y siempre tejo toda una trama de pasión, una donde el conde ario, todo boca y manos, no se despega de los labios del otro, lenguas calientes de por medio, mientras lo recorre de arriba abajo, de afuera a dentro, clavando sus dedos en las carnes del otro, como quien busca una navaja en una redada. La película es vieja (clásica), pero siempre me ha parecido buena, ¿o no lo creen? Finalmente, si alguien, que no creo, no la ha visto, que lo haga. Que sea vieja no quiere decir que sea mala o aburrida. Recreen ustedes mismos una de mis primeras nociones sobre lo que era el deseo homosexual latente en el cine.

 

Julio César.

PSICÓPATA AMERICANO

Abril 6, 2008

   Con lo bueno que resultó Christian Bale como actor, PSICÓPATA AMERICANO fue fatal. Era una película absurda, de donde lo único que se podría rescatar era la forma de pensar de un demente, de alguien que intenta ser y mostrarse mejor de lo que es, cuando no cree merecerlo ni servir para ello en su fuero interno. Sus obsesiones por ser notado por los socios, su hambre sexual casi predadora y sus crímenes no son ni buenos ni malos, sólo lo hacen tolerable (aunque uno siente deseos de que termine pronto), pero la escena donde persigue a la mujer y le arroja la cierra eléctrica que la mata, es tan insoportable como sus escenas narcisistas. Christian tiene un gran cuerpo, es verdad, pero caía mal. Se puede decir que eso era lo que se buscaba, él era el villano, el antihéroe, pero estando centrada la película únicamente en su persona, era de suponer que muchos que pondrían de su parte deseando que no lo atraparan. Pero no fue así, me molestó como resultó todo más bien.

 

   Si embargo la cinta tuvo una escena realmente memorable, que imagino debe haber despertado oscuras fantasías en muchos carajos a la hora de apagar el televisor después de verla, provocando calorcitos y urgencias. Fue aquella en el restorán, cuando celoso del carajo que va a casarse con una prima, un catirito barrigón de apariencia blanda y mediocre que él ataca y ridiculiza verbalmente, va al baño. Él lo sigue con la sana intensión de matarlo, es verdad. Lo mira al fondo, lavándose las manos. Lo mira con odio, se coloca sus guantes negros, parecen de cuero, y va tras él, mirándolo fijamente, buscando rodearle el cuello. Es el momento cuando el otro se vuelve y lo mira, desconcertándolo, con la inercia sus manos caen en ese cuello blando, y el otro se parte todo, como galleta de soda, diciéndole que jamás lo imaginó, que siempre había soñado con él, con ese momento. El gordito pensó que el psicópata buscaba un cercamiento gay. La escena fue memorable, chistosa y caliente, el tipo le atrapó las manos y comenzó a besarle los guantes, diciéndole lo mucho que le gustaba. ¡Y el otro no lo alejó!, no lo atacó, parecía desconcertado, totalmente incapaz de reaccionar, y si uno se pone a revisar toda su actuación narcisista, así como su relación con las mujeres, algo de eso parecía haber. Fue una tremenda escena que él cortó diciendo que tenía que irse, y el otro le insistía que lo llamara, casi comprometiéndolo.

 

   Esa toma, como dije, se prestaba a fantasías, porque fue poderosa. Ese gordito pudo haber bajando una mano y manoseado sobre el pantalón, seguramente se habría encontrado con una enorme sorpresa, logrado que el otro jadeara, (como lo hacia en ese momento en la cinta, pero por la sorpresa), alejándose un poco. Pero el gordito no lo dejaría escapar, intentando besarlo. El psicópata parecía congelado, tal vez habría tenido suerte, y Christian Bale habría correspondido dándole un besito, o uno más grande. La escena toda, incluso el que estuvieran en el baño, se prestaba para una caída en rodillas, una cara que se pegaba y… bueno, mucho más. ¿Y cómo no iba a enloquecer el catirito? Porque hay que reconocer que ese sujeto tiene su pinta y una fuerza sensual intensa. Allí no lució tanto, pero en EQUILIBRIO, su escena con la prisionera, cuando ella toma la pluma e intenta matarlo, y él la domina, cayendo sobre ella, estaba cargada de una gran belleza erótica, sin serlo. Ese tipo transmite mucho, como lo sabemos los que vimos BATMAN GEGINS, aunque, como imaginarán, en esta nueva entrega, THE DARK KNIGHT, apostaré por el joker, como dije en su momento, por Heath, el querido chico australiano.

 

Julio César.