Archivos de la categoría ‘RELATOS GAY DE MALDITOS...’

SAM Y DEAN, UN AMOR INFERNAL… (IV)

Diciembre 4, 2009

   Este relato de los hermanos Winchester corresponde al tipo del Wincest, el incesto entre ellos. ¿Qué siente aquel que está atrapado dentro del amor de otro? Pero atrapado de verdad… Sea como sea, parece aterrador.

   El cuento no es tan exacto, fue escrito por UNA CHICA, originalmente en inglés, idioma que desconozco totalmente, y la traducción del equipo fue fatal. Así que únicamente será una aproximación. Disfrútenlo, vale la pena.

……

Título: La Seducción del Poder… (4)

 Por: Bridget McKennitt

 Vinculación: Sam Dean

 Rating: NC-17

   -Como te soñé…

……

   Dean se apoyó en el marco de la puerta y vio como Sam metió a su hijo en la cama y como se sentó en el borde mientras leía. Sam apenas leyó la mitad del cuento cuando los ojos de Austin se cerraron y se acurrucó más profundamente dentro de sus mantas. Dean se dirigió hacia la cama y se arrodilló para besar a Austin en la frente; Dios, lo amaba tanto, ¿cómo saber qué hacer? 

   Sam hizo lo mismo antes de cerrar el libro y dejarlo a un lado. Miraba a su hijo con amor, pero al levantar la mirada hacia Dean, sus pupilas parecieron velarse de lujuria, de deseos largamente insatisfechos.

   -Es hora de que también nosotros vayamos a la cama, Dean…

……

   Sam cerró la puerta del dormitorio tras ellos, mientras Dean dudaba aún en el centro del mismo. La mirada del menor es falsamente suave, porque exige sin palabras, así que comienza a quitarse los zapatos. Descalzo va hacia la cama, pero Sam, con los labios oprimidos, lo detiene. Sus manos grandes toman los faldones de la franela halándola, quitándose. Y Dean se rinde, bajando también sus pantalones. Siempre dormía en calzoncillos aunque esa no era una noche de rutina. La risa profunda de Sam al verlo así, lo hizo dudar otra vez. Tal vez debería luchar por sus pantalones.

   -Te ves bien, hermano. –susurra Sam al verlo darle la espaldas para colgar sus ropas. Dean se niega a verlo. Quiere seguir resistiendo.- Mírame.

   Se vuelve lentamente hasta quedar cara a cara con Sam. Su hermano ya se había quitado las ropas hasta quedar sólo en calzoncillos también. 

   -Sam…

   -No tiene caso negarte, Dean. Me voy a la mierda y tú me acompañarás. Como siempre. Y no hay nada que pueda hacer al respecto.

   -Qué original, llegas hace poco y ya me amenazas. -Dean se burló de su tono mientras llega a la cama y retira el cobertor.- Han pasado cinco años desde la última vez que te vi y ya estás siendo agotador. ¿Qué quieres? ¿Ser el chico malo? ¿El rudo? ¿Tomarme por la fuerza y tal vez oír mis gritos?

    Sam se echó a reír y movió un dedo hacia Dean. De pronto el hombre joven sale despedido hacia atrás y cae de espaldas en la cama, sorprendido; aún más cuando los calzoncillos bajan por sus piernas, avergonzándolo. Sam se acerca, mientras queda desnudo también, y cae a horcajadas sobre él, apresándolo con sus musculosas piernas, aplastándolo con su peso. Sonriéndole. 

   -Tienes razón en no temerme. No hay peligro de abuso, ¿verdad, Dean? Los dos sabemos que también tú quieres esto.

   –No, Sam… -tartamudeó Dean, pero apoyó las palmas de las manos en los huesos de la cadera de Sam, estremeciéndose ante las mecidas de Sam sobre él, de sus nalgas sobre su miembro. Quiere creer que el calor que lo recorre, que los latidos acelerados de su corazón o el picor en su piel es obra de Sam, de sus artes y que nada tiene que ver con él.-  Así que sólo vamos a retozar un rato, ¿eh?

    Sam se inclina para besar suavemente los gruesos labios de Dean, labios pecaminosos que toda la vida lo torturaron en sus sueños y fantasías eróticas mientras iba creciendo a su lado. Recuerda tantas noches de compartir habitaciones, sentado en su cama en medio de la noche, mirando la boca de Dean entreabierta, esos labios rojizos llamándolo, incitándolo a devorarlos con hambre. Labios que ha deseado con dolor y furia durante los últimos cinco años. 

   -Ese es el plan, Dean, que retocemos. Que seas mío… que te posea… -le sonríe, entre caliente y cínico, mordiendo ese labio inferior que a cada pase de su lengua sabía mejor.- ¿De qué otra manera puedes quedar embarazado de nuevo? –y lo besa a pesar de notar el miedo brillar en los ojos del otro, de lo rígido de su cuerpo y de las manos sobre su pecho que intentan alejarlo.

   -No, Sam. ¡Eso no! No puedes hacerme eso otra vez. Una vez fue suficiente. No podría pasar por toda esa tortura de nuevo.

   -¿No amas a Austin?

   -Si, pero fue… horrible. –y sus ojos, sus labios, su rostro todo, reflejan el pavor.

   -Lo siento, Dean. Me hiciste perder los primeros años de la vida de Austin. ¡Es mi hijo y te lo llevaste! ¿De verdad creíste que podía salirte barato jugar a la ligera conmigo al negarme algo? –a Sam le brillaban los ojos con un amarillo feroz, lo quería castigar, pero… Dean abrió mucho los ojos y jadeó al sentir unos dedos fantasmas atrapando su verga debajo de Sam, y trazar un recorrido de arriba abajo, alternándolo con suaves y ásperos tirones, excitándolo, masturbándolo.

   -No, por favor, lamento haberlo hecho, pero no puedo hacerlo otra vez. Tú no entiendes, no puedes ni imaginar…

   -Sé exactamente lo que sucedió. –casi le grita contenido, bañándole el rostro con su aliento. Furioso otra vez, atrapándole con una mano la barbilla.- Estabas solo y asustado porque estabas embarazado. Ocultándote de toda mirada, de todo el que pudiera notar que no eras un extraño obeso sino un hombre preñado. Vagando por carreteras secundarias como un vagabundo en busca de un lugar seguro, uno donde pudieras echarte a descasar un rato por tu espalda adolorida, tus pies hinchados, pasando un mareo o sufriendo nauseas. No podías recurrir a nadie en busca de auxilio, no había para ti una sola mano amiga, porque nadie de confianza te quedaba ya. Y temías a los otros cazadores. Por lo que te harían… -y toca su abdomen plano y firme, casi con amor.- …y a tu hijo. -Sam hizo una mueca de rabia mientras sus manos fantasmas continuaban jugando con la verga de Dean.- Todo el mundo sabe que eres mi hermano, y saben lo que hice. Hubiera sido sólo cuestión de tiempo hasta que alguien sumara dos más dos y se diera cuenta de quién era el otro padre de tu bebé.

   –Sam, yo… -Dean gimió desviando el rostro. Sí, era cierto, pero era todavía peor. Hubo momentos cuando sintió que su abdomen se rasgaría y sólo le quedaba tumbarse de lado, sofocado, sudoroso, temiendo reventar y morir. Sam lo mira y se inclina hacia abajo y con su lengua, de donde escapa un gemidos al posarla sobre su hermano, lentamente lame un sendero hasta su garganta, degustando otra vez, al fin, su sabor. 

   -Apuesto a que te atrincheraste en alguno deposito infernal en Austin, Texas, soportando el horrible dolor porque no podías hacer otra cosa. ¿Cómo te alimentabas? ¿Qué hacías cuando la fiebre te ganaba? Imagino el parto… -y se miran, el aquella mirada hay severidad, también rabia y… ¿admiración?- Qué miedo debiste sentir al llegar el momento. –baja la mirada hacia la pálida cicatriz debajo del ombligo, una que borrará en cuanto Dean se descuide.- ¿Gritaste cuando te cortaste a ti mismo con tu cuchillo? ¿Sacaste a Austin con tus manos y cortaste ese cordón con el que le alimentabas? –ahora sus ojos son terribles, feroces.- ¿Sabías que pudiste desmayarte debido a la pérdida de sangre y morir? ¡Pudiste morir y yo te habría perdido! –acusa, eso es lo que parece enloquecerlo.- Debiste venir a mí, maldito imbécil. –y una bofetada sin mucha fuerza cruza el rostro del mayor.- Oh, Dean, eres tan maravilloso. –jadea casi en seguida y con un estremecimiento oculta el rostro en el cuello del otro, frotándose, besándolo, oliéndolo, mordiéndolo.- Fuiste tan valiente… Estabas tan solo… Pero esta vez…

   -¡Jódete! -le espetó un segundo antes de quejarse cuando esas manos fantasmas comienzan a recorrer sus nalgas, buscando la entrada de su culo.- No voy a dejar  que… que me hagas eso otra vez.

   -Esta vez será distinto y mejor. Ya lo verás. Nuestro bebé nacerá en el trono del Infierno rodeado de su familia. No te faltará nada, Dean, serás atendido con mimos y diligencias, como corresponde a un príncipe infernal. No tendrás que pasar por todo esto solo. Estaré junto a ti en todo momento, a tu lado, adorándote. –sin apartar los ojos de la verde mirada del otro, Sam levantó una mano y una botella de aceite para bebé voló hacia su palma desde el interior del armario. Y sonriendo comenzó a untar el lubricante en su verga erecta al máximo mientras usa sus poderes para enterrar esos dedos invisibles dentro de su hermano, dilatándolo.-  Vas a convertirte en mi consorte. Piensa en ello. 

   -No… No…

   -Sí. Será maravilloso, Dean. -Sam frota, apenas conteniéndose, la lisa cabeza de su miembro contra la entrada de Dean, y con un firme golpe entra, dejando escapar un jadeo.- No puedes negarte, hermano. Es tu destino estar conmigo para siempre. Nunca tuviste otra opción desde que te convertiste en padre, hermano y madre para mí. Debiste saber que me enloquecerías… que tus ojos, tu sonrisa, tu boca… todo tú terminarían enamorándome. ¿No sabes que todos los que te ven te desean? –gruñe penetrándolo una y otra vez, a veces lento y profundo, otras rápido y rudo, recorriendo con sus labios el pecoso rostro, mordiendo los gruesos labios que tiemblan bajo los suyos.- No podía ser de otra manera, Dean. Le dije que sí a Lucifer para mantenerte a salvo, para tenerte a mi lado, para que fueras míos como soñaba desde que era tan sólo un muchacho. –y lo besa, perdiéndose en sus labios, casi alzándole las caderas de la cama con la fuerza de sus embestidas.

   Dean jadea también, no sabe sí es él o es obra de Sam, pero lo desea, desea ser sometido, enculado… amado por Sam. Y Sam lo sabe, sus ojos brillan terribles. ¡Lo tenía!, Dean era suyo, se dice mientras gruñe su nombre una y otra vez, y atrapa con sus labios la boca del otro, ahogando sus gemidos cuando comenzó a joderlo en serio, necesitando satisfacerse en Dean, pero buscando que Dean lo disfrutara al máximo también.

……

   Dean yace al lado de Sam, quien lo detiene cuando intenta levantarse de la cama. Sam sabe que está avergonzado de su propia pasión. De sus deseos. El menor lo envuelve entre sus brazos dejando escapar un ronco suspiro de júbilo. Había esperado cinco largos años por ese momento. El mayor intenta una vez más alejarse gruñendo algo de ir al baño, y Sam, sonriendo, lo atrapa dejándolo de lado, pegándose a su espalda como cucharitas en un estante. Sam frotó el rostro contra la parte posterior de su cuello y se acurrucó más contra su espalda.

   -Piensas demasiado, Dean. Déjalo así. Estamos juntos, y es perfecto.

   -Esto es todo menos perfecto.

   Sam, suspirando cansino, desenvolvió uno de sus brazos y envió los dedos hacia abajo para acariciar el culo de Dean, antes de empujar uno y clavárselo. Dean gimió y trató de alejarse.

   -Shh, Dean, Austin está dormido. –Sam, sonriendo como un niño satisfecho, ronroneando como un gatito feliz, entierra su nariz en la cabellera de Dean, e inhala el olor de su hermano antes de arrimarse a él de nuevo.- Mañana vas a hacer el desayuno para nuestro hijo y le diré quién soy realmente. Y nos iremos los tres. Mis demonios vendrán a recoger lo que necesites. Entonces comenzarás tu nueva vida como mi consorte, y serás feliz, cariño. Nada de angustias o incertidumbres. Ni penas ni llantos. No habrá más tristezas ni momentos de soledad para ti, Dean, te lo juro por el Infierno.

   -No, por favor. -susurró.- S… Sammy, yo no puedo volver. Ya sabes lo que fue para mí la primera vez.

   -¿Hablas de cuando salvaste mi vida vendiendo tu alma yendo al infierno o de cuando pariste a Austin?

   -De ambas cosas.

   -Dean, Dean… mi vida. –y besa su nuca.- Yo sé lo que fue. Y si Alastair y Lilith vivieran aún, los destrozaría un millón de veces por lo que te hicieron. –y suena terrible, lleno de odio contra aquellos que lastimaron a su Dean.- Pero ahora es diferente. Ahora serás un rey. Ya lo verás. Esta vez nadie te tocará, y no estarás solo durante tu nuevo embarazo. No en el Infierno que he creado. Estaremos juntos, tú y yo con nuestros hijos. -Sam se le encima más, y extiende los dedos sobre el estómago de Dean.- Tú, Austin y nuestro bebé, serán amados por toda la eternidad.

   Dean nada dijo pero un suspiro casi hipo hizo más patente su disgusto, su tristeza. Pero Sam, sonriendo cruel, casi mordiéndole la nuca, se relaja, sabe que tiene a su hermano justo donde lo quería. Dean jamás pudo negarle nunca nada por mucho tiempo. Porque Dean lo amaba demasiado, desde el momento mismo cuando su padre lo colocó en sus manos y le gritó que corriera y lo salvara de la casa en llamas. Una vez que llegara el momento, y ese momento se acercaba rápidamente, Sam tendría todo lo que quería. Aún lo desea, quiere tocarlo, recorrerlo con sus manos, morderlo; sentir el calor de su espalda, trasero y piernas, lo excita, pero sabe que debe darle tiempo. Con voz ronca y suave, susurra unas palabras, al conjuro, Dean cierra sus ojos y duerme. Y el beso que el menor deja tras su oreja, lo hace sonreír.

    Satisfecho, feliz, el más joven de los Winchester apoya su rostro sonriente contra la parte posterior del cuello de Dean. Pobre y dulce Dean, ¿realmente creyó que no volvería por él? ¿Acaso no entendía aún cuánto lo amaba? El mayor había sufrido mucho, por terco, pero también por su gran corazón; ahora él lo compensaría. Mientras el mundo se hundiera en los ayes, las penas y los dolores, dos tercios de los hombres perecieran y del Cielo lloviera fuego, Dean sería feliz, amado, mimado y protegido. Sam se encargaría de eso… como se encargaría de dos hebras canas que ve en su coronilla, o de las arruguitas más pronunciadas alrededor de su boca o de la maldita cicatriz. Casi contiene una risita cruel al imaginar el momento cuando Dean se diera cuenta. Tal vez pensaba que algún día, la vida y el tiempo, lo librarían de Sam… Ignora que eso jamás ocurrirá. Qué estarán juntos para siempre…

   Y tal vez aún más allá.

FIN (no es mío)

Julio César.

GAY DURO Y SUCIO

Diciembre 2, 2009

   Qué nadie se moleste conmigo, como he dicho, este cuento no es mío. Esta historia contiene situaciones que podrían resultar ofensivas para personas que les disguste leer acerca de violaciones, sadomasoquismo, bondagge y sexo no consentido. Aquí hay mucho de todo eso. Si es tu caso, no contiendes leyendo. Si, por el contrario, te interesa, disfruta de esta buena historia del amigo capricornio1965:

     EL SOLDADO AMERICANO… (19)

   Una y otra vez sería bañado en leche…

……

   El vello púbico choca contra el rostro de Steve, quien recobra la conciencia para hallarse primero ante una imagen borrosa que se acerca y se aleja de su cara, una mata de vello que se pega una y otra vez a su nariz, pero lo peor es el duro falo que se interna una y otra vez en su garganta y que le obstruye el paso de aire. Poco a poco comprende el motivo de la asfixia: le están metiendo una verga dura y babeante en la boca.

   -¡Mhgmhgmhghgh! -empieza a forcejear más fuertemente, tratando de sacar de su boca ese duro miembro, de poder respirar, de poder evitar la cogida de su cara.

   De su boca escurre la saliva a ambos lados. La desesperación lo invade al saber que su boca esta siendo violada, que hay una dura verga de macho que se abre paso entre sus fauces y garganta para ser frotada por las paredes de su cavidad, para así descargar después el semen que tendrá que tragar sin poder evitarlo, sin poder hacer nada. Se horroriza, imagina la leche caliente y espesa sobre su lengua, bajando por su garganta. No puede liberarse, está sujeto fuertemente de brazos y piernas además de que su cara es mantenida inmóvil por Farrell que usando toda su fuerza empuja una y otra vez su ansiosa carne.

   El ver la desesperación en el rostro de Steve por sentirse humillado por lo que le sucede además de la desesperación por la falta de aire, lo hace embestir más fuertemente esa carnosa boca. Su verga caliente empieza a babear más líquido seminal que es depositado en la boca del musculoso e indefenso esclavo.

   El forcejeo de Steve se hace más intenso al sentir el sabor del líquido seminal viscoso que se mezcla con su saliva y resbala por su garganta. Tratando de que esa vergonzosa y humillante tortura no continúe, sus fuertes brazos tratan inútilmente de liberarse de los grilletes que mantienen sus muñecas firmes, trata de levantarse pero también ha sido inmovilizado por Farrell, quien previendo que Steve iba a ofrecer resistencia al meterle la verga en el hocico, lo sujetó fuertemente, así tendría al indomable macho sometido para infringirle una nueva y eficaz humillación a su ego de macho, al ego del americano, y dejarle de una vez por todas de manera clara y determinante que su destino estaba marcado por el sexo, el dominio, la esclavitud, la violación pero sobre todo el control, el ser manejado, usado y abusado constantemente, demostrándole que ha dejado de ser el líder, el héroe que era, que ha dejado de ser el macho para convertirse en un puto, ahora es sólo un objeto, un culo, una boca, un semental que será denigrado cada vez mas, que será encarcelado más que por ninguna prisión, por los deseos y las necesidades que le han implantado de manera eficaz y permanente, que su mente y su cuerpo están ahora disociados en cuanto a los requerimientos.

   Ahora su cuerpo necesita una cosa (vergas de machos) y su mente otra, el constante conflicto, la luche eterna que se desarrollará por siempre en el esclavo, el mantenerlo en esa dualidad sexual y vergonzosa que lo sobaja y lo controla, que lo esclaviza y aprisiona, que lo conduce a un camino interminable de situaciones en las que jamás encontrará la paz, por el contrario, su tranquilidad se ha terminado y ha comenzado su etapa de tortura eterna atrapado en ese cuerpo de esclavo ansioso de hombres.

   Así como su garganta está siendo presionada por ese grueso miembro que se abre paso inmisericordemente en Steve, así los deseos en su musculoso cuerpo se apoderan de él. El saber que no puede imponer su pensamientos en sus deseos, que no puede evitar que su cuerpo esté pidiendo a gritos el abuso sexual, el ser un débil cada vez que alguien lo domine aprovechando que su cuerpo es extremadamente sensible al erotismo, a la presión, fricción o succión, como su fuerza se termina de manera inmediata ante la fuerte succión de su pecho por ejemplo, lo convencen de que está perdido. ¡Es un puto!

   Pero no quiere dejar de luchar, ahora lo inminente es la asfixia que siente, el que su respiración esté obstruida por esa verga, que su garganta esté siendo bañada una y otra vez del espeso líquido seminal que brota por la verga de Farrell, quien sigue internándose sin piedad en ese estrecho canal, mientras los bíceps de Steve se hinchan más y más y el forcejeo es más intenso, sus músculos de asombrosa definición y fuerza son inútiles ante las cadenas y grilletes que lo sujetan. Su propia cabeza sujeta por Farrell y obligada a permanecer unida a su entrepierna, el vello púbico del enemigo embarrado en su cara, entrecierra sus ojos el rictus de desesperación física y masculina, y se reflejan en su atractivo rostro, una batalla perdida pero no por eso abandonada, por lo que su rebeldía físicas continua, para dejarle en claro a Farrell que no se rinde, que no está vencido, que siempre estará abrigando alguna esperanza por leve que sea para poder liberarse, para escapar , para volver al ser el que alguna vez fue, como si eso fuera posible.

   Si Steve supiera que el ver esa rebeldía en él, el ver esa lucha inútil que trata de emprender contra Farrell, es un verdadero orgasmo de satisfacción para su enemigo, quizá entonces lo pensaría dos veces antes de iniciarla; pero con su rebeldía, sólo le da a su enemigo un placer extra al humillarlo, al deslizar su verga por cualquiera de sus orificios, al someterlo, al demostrarle que haga lo que haga los efectos de las sustancias que le han estado administrando son ya irreversibles y que no podrá librarse de ellas jamás, que no podrá volver a ser el mismo nunca más, que su mente podrá continuar siendo la misma, con sus pensamientos de siempre, pero su cuerpo no, y eso es lo importante, las necesidades de su cuerpo son la mejor arma para mantenerlo cautivo, dominado y derrotarlo una y otra vez.

   La verga de Farrell entra cada vez más fácilmente en la boca del musculoso esclavo, dejándolo sin aire prácticamente, resbalando más y más, lubricando abundantemente y dándole a Steve el verdadero sabor de las secreciones de un macho. Par Steve es horrible sentir la dureza del miembro separando cada vez más las paredes de su garganta, el tener frente sus ojos ese velludo abdomen que se pega más y más a su cara, sin darle tiempo siquiera a ver otra cosa que el área alrededor del miembro de Farrell, mientras este lo embiste cada vez más frecuentemente y con más fuerza. Su garganta da un masaje a todo el diámetro de la verga de Farrell y su cuerpo inmovilizado sirve solo como un marco placentero para los deseos de dominio y humillación que Farrell desea imponerle.

   -Hggggggggghhh… -se oyen los gemidos apenas audibles por la falta de aire mientras las manos de Farrell presionan su cara contra su entrepierna con más firmeza.

   No le permiten despegar ni un milímetro su boca de la base de la verga de su enemigo, las bolas de Farrell chocan una y otra vez contra su mentón, unas bolas grandes, colgantes, velludas y duras que topan una y otra vez en él. El olor del miembro, el sabor, la situación, todo es tan vergonzoso tan humillante. El forcejeo consume sus pocas fuerzas ya que la falta de aire no le permite reponerse, la vista se nubla y por más que trata de evitarlo de nuevo está por perder el sentido, por terminar vencido una vez más, por terminar como lo que es ahora, un esclavo.

   Cuando Farrell siente que la falta de aire para su esclavo está a punto de hacerlo perder el sentido de un sólo movimiento saca su verga de golpe del casi inconsciente macho.

   -Jejejejejeje, respira, perro. -le ordena mientras le deja libre la vías de acceso de aire a su cuerpo, sin dejar de mirarlo fijamente.

   -¡COF! ¡COF! ¡COF! ¡COF! -primero la tos por la falta de aire y la fricción en la garganta para después empezar a respirar de forma grotesca.

   -¿Te gustó el sabor?

   -¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh! -la cara de Steve cae sobre su pecho, su boca se abre desmesuradamente y empieza a jalar aire tratando de recuperarse, una y otra vez, aspira por nariz y boca para tratar de suplir la falta de oxígeno, tratando de recuperar con ello sus fuerzas también.- ¡Ahhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhh! -es tanta la falta d aire que necesita de varios minutos para poder apenas reponerse.

    El musculoso pecho de Steve se expande una y otra vez, su caja torácica se expande al máximo, sus pezones ahora más pronunciados parecen mas firmes, su cuerpo está suspendido de sus musculosos brazos mientras mantiene sus ojos entrecerrados, lo importante ahora es oxigenar su cuerpo para recuperar las fuerzas

   -Jejejejejeje… -la risa burlona de Farrell, al ver al antes indomable macho en una situación sexual y física tan precaria, lo hacen disfrutar; afortunadamente las cosas salieron mejor de lo que esperaba, ahora tiene a ese macho para el sólo, para disfrutarlo a su antojo sin compartirlo con nadie, nunca sabrán que Steve Anderson está en su laboratorio, y él jamás lo dejara salir de ahí. Era suyo. Su juguete. Le pertenecía, reconoce con un estremecimiento de lujuria, pero también de necesidad.

   Cuando Farrell considera que ha sido suficiente y antes de que Steve recobre las fuerzas por completo, aprovechando que Steve continua jalando aire con todas sus fuerzas por nariz y boca se coloca en la misma posición que tenia antes.

   -Ahhhhhhhhhh. Ahhhhhhhhhhhh. Ahhhhhhh. -Steve continúa recuperándose, cuando de súbito Farrell vuelve a tomar su cabeza entre sus manos y aprovechando que la boca de Steve está abierta completamente, le mete de nuevo, abruptamente, su aún erecto miembro que se mantiene lubricado aun con la saliva del soldado.- ¡NGHHHHHHHHHGGGGGGGHHHH! -el gemido de protesta es callado por la fuerte intromisión.

    -Jejejejejeje… ya estuvo bien, sigue con tu trabajo, puto. -le dice mientras empieza de nuevo a embestirlo fuertemente para volver a internar la verga en su garganta.

   -¡Mghghmghghgmhgmh! -las protestas son acalladas eficazmente, sus gemidos se ahogan junto con el. Y su cuerpo empieza de nuevo con el inútil forcejeo.

   En esta ocasión Farrell embiste con mas frecuencia, firmeza y fuerza, una y otra vez su verga avanza y retrocede en la boca del atlético rebelde, mirando como los rojos labios ruedan sobre su cilíndrico tolete, sin darle tiempo de nada, el masaje que siente en su miembro es firme y placentero, sus bolas se agrandan y despiertan al sentir la fuerte fricción sobre el miembro, el choque con la cara de Steve. El sudor baña de nuevo ambos cuerpos, el brillo en cada curvatura del definido físico de Steve, y en el de Farrell. Su miembro disfruta el ser engullido aunque sea de manera violenta.

   -Así puto, así me gusta. Así puto americano. Así, perro. -le repite una y otra vez mientras le hunde su miembro más y más mientras le secreta de nuevo el espeso líquido seminal, preámbulo de la inminente eyaculación.

   -Ghhhhhhhhhh. Mhghghgmhghm… -Steve se rebela, trata de defenderse, de liberarse, de no permitir que esa inminente descarga de leche sea disparada en sus entrañas.

   -Jejejejejejejejejejejejeje… -Farell entrecierra los ojos disfrutando los segundos previos a la eyaculación, a su próxima victoria, a darle a tragar al rebelde su semen por primera vez, a que sea la primera vez que ese puto reciba su miembro, que empiece a acostumbrarse a su sabor y dimensiones.

   -Nghghghg. -la desesperación en el soldado aumentan cuando siente que las embestidas se hacen más frecuentes y que el diámetro de la verga de Farrell se agranda, para empezar con los espasmos de la descarga.- NGGGGGGGGGGGGGGhhhh. -trata de forcejear, de retirar su cara, de no ser un receptáculo de semen, pero la firmeza de la sujeción que Farrell le aplica es eficaz; aún así continúa tratando de liberarse, de no permitir que la verga de Farrell escupa su leche en él.

   Sin embargo sus recursos de resistencia son limitados para el recio joven, las embestidas son fuertes y la verga de Farrell empieza a contraerse espasmódicamente.

   -¡AHHHHHHHHHhh! -un gemido intenso de triunfo y satisfacción escapa de los labios de Farrell al sentir el primer disparo de semen en lo más profundo de la garganta de Steve.

   -GAGHGHHHHHH… -Steve siente como el viscoso semen sale con gran fuerza y se embarra en su paladar blando, siente como se queda ahí adherido por pocos segundos parta empezar a deslizarse hacia su esófago; apenas está protestando por ese primer disparo cuando la verga de Farrell dispara un segundo y un tercer chorro de semen, que se adhieren de nuevo, ese semen blanco pegajoso que se une a su garganta sólo para empezar a resbalar y unirse a los disparos anteriores formando una masa blanca gelatinosa de espesa leche.- ¡AAGHHHHH! -Steve siente el asco de saber que por su cuerpo resbala esa blanca leche masculina de su enemigo; intenta un reflejo de vomito en seco para tratar de evitar que esa humillación sea consumada, pero esa acción natural es abortada por la obstrucción que existe aún en su garganta, no dejando que nada salga, por el contrario la verga de Farrell, como si estuviera en una crisis de epilepsia sigue contrayéndose una y otra vez de manera intermitente descargando más y más leche en su viril receptáculo.

   -¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh! -gemidos de placer escapan de Farrell al sentir como sus bolas están casi vacías, como su miembro dispara más y más y como Steve es obligado a tragarlo.

   El viscoso líquido, por gravedad empieza a descender primero hacia el esófago y en dirección al estómago del musculoso americano, sus esfuerzos son inútiles aunque no por eso deja de resistirse imaginando como ese blanco y viscoso líquido avanza lentamente hacia su destino, casi puede sentir como resbala, como se acerca a su estómago. Gruesas gotas de sudor resbalan por todo su cuerpo y las lágrimas brotan sin poder evitarlo, mientras el semen sigue su camino inexorablemente, y su boca sigue llena de la dura carne de su enemigo, de su violador.

   -NGGGGGGGGGGHHHHHHHHHHH. -un grito ahogado de protesta escapa ahogadamente de su boca al saber que no puede evitar la humillación, al saber que ha sido derrotado en esa batalla por Farrell, al saber que su cuerpo ha sido violado una vez más, al saberse humillado, por haber saboreado una verga, por haber tragado semen de su violador, de su dominador, de su ¿DUEÑO?

   Su orgullo como militar sobresaliente, ha sido hecho añicos, así como su culo y su boca, pero…

   -Tranquilo, perro… pronto te encantará el sabor de mi leche… y la desearás. –le promete Farrell viendo su rostro viril surcado de lágrimas de rabia e impotencia… y debe contener el impulso de recogerlas con sus pulgares.

   ¿Qué destino le espera en manos de ese depravado sexual, que lo odia por ser militar, por ser americano?

……

NOTA: Amigos, no quiero resentimientos, pero hasta donde sé, esto es todo lo que Capricornio ha escrito sobre las desventuras del sargento del ejercito americano, Steve Anderson. Intentaré ver sí lo ha continuado… pero qué personaje, ¿no? Uno casi puede imaginarlo, con ese cuerpo sensible y caliente, siendo descubierto por cinco o seis soldados de Abdul, que se gozarían tocándolo, chupándolo, penetrándolo. Luego escapando y siendo apresado en el desierto por beduinos que a orillas de un oasis también disfrutarían de ese macho cebado. Y no hablemos de que llegue a America y sea descubierto por otros soldados, tal vez quienes lo traicionaron. Sí, este personaje da para mucho.

Julio César.

GAY DURO Y SUCIO

Noviembre 26, 2009

   Pobre sargento Steve Anderson, aparentemente el diabólico doctor Farrell es aún peor que Abdul. Y lo desea para sí con una obstinación preocupante. Nuestro héroe está a punto de “probar” nuevos placeres, quién sabe cómo le irá. Esta historia contiene situaciones que podrían resultar ofensivas para personas que les disguste leer acerca de violaciones, sadomasoquismo, bondagge y sexo no consentido. Aquí hay mucho de todo eso. Si es tu caso, no contiendes leyendo. Si, por el contrario, te interesa, disfruta de esta buena historia del amigo capricornio1965:

     EL SOLDADO AMERICANO… (18)

   -Grita, perra… grita y te daré lo que deseas.

……

   Farrell embiste fuertemente a Steve, hace retroceder su verga del culo del americano para luego ensartarla de golpe. Una y otra vez el perfecto culo del soldado es ensartado por el largo y grueso miembro del malvado doctor, el cual se interna por entre esas duras nalgas, abriendo más el esfínter anal que se resiste a perder esa firmeza de macho. Las fuertes piernas del soldado, sujetas también por grilletes en los tobillos, no tienen la suficiente fuerza para sostener su propio peso, sus mas de 100 Kg. de músculo sólido que están suspendidos por los grilletes. Su culo, siendo embestido por una dura verga, recibe el más exquisito placer, frotándole la próstata, incendiándole las entrañas; la lengua de Farrell le llena de saliva todo el oído, mientras no deja de intentar meter la punta de la lengua.

   Las sensaciones son intensas, el deseo es fuerte, el control absoluto, el deseo que se interna por entre su culo y sus oídos mientras sus pezones y verga son succionados fuertemente, lo tienen al borde de la locura. La verga del médico entra una y otra vez, firmemente; las paredes del culo de Steve pueden sentir la dureza del miembro que entra bruscamente, una y otra vez, siente como las grandes bolas de su captor golpean sus duras nalgas, el vello púbico de Farell rosa la piel de esos dos globos de carne firme que son separados por ese largo garrote enemigo. Ambos cuerpos están bañados en sudor pero es en Steve en quien se marca más ya que estando completamente desnudo, su perfecto cuerpo se acentúa más.

   Para Steve todo va mal, se encuentra en una guerra que desconoce, en la que no sabe qué armas empelar para salir victorioso, más aún, está indefenso, inerme ante el astuto enemigo que gana más y más terreno, aunque ese terreno sea su culo y en su cuerpo. Su boca gime levemente, ya que el rebelde no desea darse por dominado, por vencido por sometido antes su captor, pero es también un gemido de placer, los estremecimientos que recorren su poderoso cuerpo gritan claramente que desea eso, ser usado, sometido, esclavizado sexualmente.

   El deseo que crece en sus entrañas y en toda su piel, es imposible de detener, no hay nada que lo haga disminuir. Por más esfuerzos que hace Steve, por más que se resiste, las sensaciones no cesan, por el contrario, la dura verga le causa un intenso placer en su culo, las succiones en sus pezones y verga lo hacen desear más, y el contacto de la lengua en el oído, tratando de meterse para explorarlo, lo hacen delirar. Exacerban sus sentidos y lo guían hasta un estado constante de éxtasis.

   Mientras su culo siente que la verga de Farrell entra y sale una y otra vez, las sensaciones se agrandan a pesar de haber eyaculado recientemente. Su verga se mantiene dura y el orgasmo se empieza a gestar en las entrañas de Steve, quien siente como sus bolas empiezan a hervir de nuevo, como su leche se agolpa en ellas para salir otra vez, por más que él desee que esas sensaciones terminen y demostrarle a su enemigo que aún puede oponer resistencia, pero lo único que se hace evidente es la creciente excitación su cuerpo sudoroso y sus ahogados gemidos mientras su culo continua siendo atacado inmisericordemente, por esa verga larga que sale y se hunde una y otra vez. Todo su cuerpo es mantenido en esa excitación intensa.

   -Mghghmghgmh, aghhhhhhhhhhhhhhhhhh. -los gemidos no pueden ser evitados, el placer lo obliga a externarlos, lo que hace que Farrell se excite más, sonriendo, mordiéndole suavemente una oreja antes de clavar nuevamente su lengua en ese oído (quiere escucharlo gemir otra vez) y aumente las fuertes embestidas.

   El esfínter anal de Steve estrangula la verga de Farrell mientras este continúa la placentera penetración. Steve no puede evitar el sentir, el desear, el estar excitado, el que su cuerpo pida a gritos ser cogido, ser esclavizado sexualmente, el dominio perfecto que ejerce Farrell sobre él, y la manera en que lo aprisiona mediante el deseo y el placer.

   -ASI, PUTO, ASI. TE TENGO EN MIS MANOS. -la risa de Farrell se deja oír al sentir como la débil resistencia de Steve se pierde, como el cuerpo se desmadeja por el segundo orgasmo. Y grita.- ¡AHHHHHHHH!

   La verga de Farrell empieza a disparar semen en las entrañas de Steve, una y otra vez, la blanca leche es arrojada con fuerza contra las paredes rectales del soldado, leche abundante y espesa, sexual, que resbala por las paredes de las entrañas para después mezclarse con las secreciones, con los fluidos. El diámetro de la verga de Farrell se hace mas ancho al momento de eyacular y Steve se muerde los labios de gusto, los espasmos son intensos, fuertes así como la velocidad a la que el semen es arrojado, estrellándose en le las entrañas. Un intenso choque de la leche caliente que se interna en Steve para permanecer, ahí y ser absorbidas, y quedarse definitivamente en el hasta entonces rebelde macho.

   Steve siente como su culo tiene problemas para mantener su elasticidad apretando el diámetro de la verga de Farrell, más aún cuando está eyaculando ya que la verga de Farrell se engruesa y estira al máximo su esfínter; pero no siente el dolor mas bien el placer de experimentar el recibir la leche caliente de un macho, que lo somete y lo domina, que lo reduce a un agujero caliente, ansioso de mas, deseoso de carne. De sexo, de caricias, de posesión y dominio. El calor en el cuerpo de Steve no disminuye, el sentir la eyaculación no reduce el calor que siente en sus entrañas. Desea más, otra verga dura, otras, es como una fuente inagotable que no se calma, sino por el contario se engrandece, se acostumbra y se envicia en recibir una y otra vez el mismo tratamiento. La mente de Steve no piensa en nada, no razona nada, sólo recibe, sólo siente, sólo desea, sólo se somete. Deja de ser el soldado que alguna vez fue para convertirse en un ente sexual, en el que ha sido convertido gracias a los experimentos de Farrell.

   La verga de Steve escupe una vez más leche concentrada que es succionada inmediatamente para ser colectada, así como la leche de las eyaculaciones anteriores; sin embargo el deseo no cesa, se incrementa. Las últimas embestidas de Farrell en su estrecho canal rectal lo excitaron nuevamente. Mientras la verga del enemigo termina de descargar todo su contenido en el terreno del derrotado americano, el éxito del experimento de Farrell es obvio en la respuesta del soldado, en como gime, en como su cuerpo se estremece y vibra ante las fuertes embestidas, en como la necesidad lo domina y embriaga, en como aprieta sus nalgas queriendo retener la carne en sus entrañas por el máximo de tiempo; pero Farrell, cruel como él sólo, sabiendo esto, saca su verga que empieza a perder su dureza, retirándola lentamente dándole las ultimas oleadas de placer anal a Steve, contra su voluntad, el hombre se odia a sí mismo por ser sometido de esa manera, pero desea más.

   Mientras la calma regresa a Farrell, no así al americano quien sigue con más ganas de ser penetrado, de ser dominado, de ser usado y abusado sexualmente. El calor no abandona su cuerpo y le exige más, aún sin desearlo, sin quererlo, tratando de que no se note, no puede evitar que su espalda siga arqueada y sus piernas entreabiertas para mantener separadas sus nalgas esperando recibir, deseando seguir en esa tortura que para él no es dolorosa, aunque si sigue siendo humillante y vergonzoso para un hombre como él, pero que no puede evitar.

   -Jejejejejeje, Anderson, veo que aún quiere más, le daré gusto. -le dice mientras camina hacia una de las mesas que están cerca de donde Steve está sujeto.

   En el contenedor del semen eyaculado ya se nota la cantidad ordeñada sin que por eso la verga del americano se ponga flácida, las intensas succiones en su miembro y pezones lo mantienen en una constante y latente satisfacción erótica, su mente se pierde en un remolino de ideas y sensaciones sin permitirle salir a flote, ofrecer resistencia, defender al meno su orgullo. Su hombría, su país, todo eso queda fuera anulado, nulificado.

   -AGHHHHHHHHHHH. -un grito mezcla de dolor y placer, que lo saca de sus más escondidas sensaciones y pasiones, se deja oír al sentir como un largo y grueso dildo-vibrador es insertado en su culo de golpe abriéndole las nalgas y las entrañas, retomando el calor y el placer interior que lo consume. Es un juguete realmente enorme y grueso.

   -Jejejejeje, esto te mantendrá caliente durante unas horas. Debo salir a “planificar tu fuga” lejos, jejejejeje; no te buscarán aquí, y serás sólo mío.

   -NOGGGGGGGGGGGGGHHH. -trata de resistirse, de oponerse, de demostrar que no pueden vencerlo tan fácilmente, que el dominio aún no es total.

   -¿Aún de rebelde? Jejejejejejejeje. -le dice mientras enciende el dildo que empieza a vibrar insistentemente.

   -GAGGGGGGGHHHH. NOGHHHHHHHHHH. -los gemidos de rabia, furia y rebeldía se ahogan cuando siente el fuerte vaivén del dildo, trata de no gemir de placer al sentirlo moverse dentro de su culo caliente, de no demostrar que lo disfruta, de no admitir los efectos satisfactorios… pero le encanta, se tensa y se estremece mientras el grueso juguete lo llena de placer.

   -Jejeje, de todos modos, Anderson, usted estará así toda la noche, así que lo dejaré solo para que disfrute. -le repite mientras sale del cuarto dejándolo suspendido del techo atado de las muñecas, mangueras conectadas a su verga y pezones que succionan constantemente.

   Aún sin estar amordazado Steve sólo alcanza a gemir, las energías que tiene las utiliza sólo en gemir como débil protesta por ese destino tan extraño que le fue reservado; qué más puede hacer para demostrar que no se dejara derrotar, que su mente aún no está vencida aunque su cuerpo sucumba al placer, que su mente es aún rebelde aunque su cuerpo sea esclavo.

   El placer que siente Farrell es total al ver como aún en su precaria situación sexual, el macho enemigo no se rinde, que aún cree que puede evitar su destino; la cara de Steve, incapaz de mantener erguido su cuello, cae, su barbilla vuelve a enterrarse en su desnudo pecho, mientras Farrell sale de la sala de laboratorio donde deja a Steve sometido al cruel tormento.

   Las fuerzas del americano se merman rápidamente, se consumen con una asombrosa intensidad, dejándolo cada vez más débil, en su mente sólo repite la idea de resistir, una y otra vez su pensamiento se centra en eso, en la resistencia, mientras su cuerpo se mantiene en vibración constante. No puede evitar agitar un poco su culo, apretándose sobre el grueso vibrador. Su verga es succionada, extrayéndole la leche que le queda aún en las bolas, ordeñándolo, rebajándolo al término de semental. Su mente se va apagando, ni siquiera puede mantenerse despierto de la debilidad. Aunque el placer no cesa el cansancio termina por vencerlo, por dejarlo sometido, dominado y esclavizado. Tan sólo en su inconsciencia siente lejanamente como su verga y pezones siguen siendo succionados y su culo vibrando al igual que su cuerpo.

   Mientras está sin sentido su verga sigue eyaculando, produciendo leche, el experimento de Farrell también hace que las bolas de Steve produzcan una mayor cantidad de semen y que necesiten ser vaciadas constantemente, así que Steve se convierte prácticamente en una vaca sexual, productor de leche de primera calidad.

   La oscuridad que se apodera de su mente, no es así en su cuerpo sudoroso y caliente. Farrell disfruta viéndolo por medio de un circuito cerrado de TV, disfrutando su inminente victoria, su anhelado deseo de tener a ese macho en esas circunstancias, sin compartirlo con nadie, sin permitir que otra verga invada el culo de Steve, sólo la suya, ser sólo él quien disfrute de ese cuerpo, de ese enemigo. Se estremece de gozo tocando la pantalla, como si pudiera tocar a Steve.

   Abdul no debe saber que Steve está en sus manos, debe seguir buscándolo infructuosamente. Afortunadamente nadie puede entrar en su laboratorio, y difícilmente podrán imaginarse que Steve se encuentra prisionero ahí, todos deben creer que escapó mientras él planea la manera de poder tener a su servicio al americano enemigo, al rebelde, al indomable. Las cosas han salido mejor de lo que él las había planeado, de lo que tenía proyectado. Entrecierra los ojos para recordar cuando tenía su verga en el culo de Steve, recordar como se movía, como gemía, como lo reducía a un puto, a un agujero caliente. Pasa su mano por su entrepierna presionando su verga, recordando como penetró al rebelde americano. Lo desea. Lo desea… demasiado.

   Para Steve la conciencia lo abandona, su mente está ajena a que su cuerpo sigue bajo la tortura sexual que Farrell le ha impuesto, su cuerpo está suspendido inerme; aún frotándose la entrepierna Farrell se levanta, para recuperar fuerzas mientras el cuerpo de Steve continua en el efectivo tratamiento.

   Las horas parecen segundos, el amanecer del nuevo día sorprende a Steve aún en el laboratorio. Farrell, ansioso por segur disfrutando de ese cuerpo, avanza lentamente hacia el laboratorio donde ha dejado al rebelde, abre la puerta y ve al aún inconsciente soldado. Despacio se acerca a él para observarlo detenidamente, el musculoso cuerpo está empapado en sudor, el varonil rostro, desencajado, algo adelgazado por el tratamiento de los últimos días, su mentón se clava en su amplio tórax perfectamente definido, de buen desarrollo muscular, sus fuertes brazos parecen agrandarse más por la tensión de estar suspendidos.

   Farrell empieza a quitar las mangueras conectadas a los pezones y miembro de Steve, cuando quita los de los pezones, se observan algo mas pronunciados, el botón del pezón se agranda por haber estado sometido a la succión de varias horas, la verga de Steve cae pesadamente al zafarla de la manguera que la mantenía erecta, apaga el vibrador que le había insertado en el culo y lo saca lentamente dejando vacío el culo.

   Después de colocar todos sus utensilios en una de las mesas más cercanas hace descender el cuerpo del soldado, hasta hacer que sus rodillas toquen el suelo y quede arrodillado, se acerca a él, el rostro varonil aún sin sentido. Esos labios varoniles, gruesos y carnosos en una boca perfectamente viril y dibujada, lo llama. Se inclina sin resistir la tentación aprovechando los instantes en que está sin sentido, levanta la cara del soldado y agachándose un poco sus labios se unen a los del americano. Sin encontrar resistencia paladea la calidez, el sabor, percibe el olor de un macho extenuado por el sexo mientras muerde lentamente cada labio de Steve. Mete su lengua en la boca del rebelde, entrecierra los ojos y explora detenidamente la boca de Steve con su lengua, besándolo profundamente, venciéndolo, aprovechándose, dominándolo.

   Nunca antes un hombre había besado a Steve y ahora que no puede darse cuenta, sus labios son violados, su boca es poseída, las paredes bucales y la garganta de Steve son repasadas por la áspera lengua de Farrell, quien dispone de todo el tiempo del mundo para hacer de esa boca un manjar sexual, durante varios minutos continúa introduciendo sus lengua una y otra vez, aspirando succionando, mientras Steve continua ajeno a lo que pasa. Farrell gruñe ahogado, atrapando su lengua, chupándola, tomando su saliva.

   Después de saciarse de esos labios Farrell fija su mirada en los erectos y hermosos pezones que se han pronunciados por la fuerte succión de la que fueron objeto, acerca sus dedos y empieza a acariciarlos, entre sus dedos, usando el piercing que perfora el botón de cada pezón. La verga de Farrell endurece de nuevo al ver la derrota que siempre quiso, la que siempre deseó y ahora se le da. Unos minutos después de terminar de manipular los pezones erectándolos, viendo aún esos labios rojos y húmedos aún por estar cubiertos de la saliva que Farrell le dejo al estarlo besando, el médico se pone de pie y libera su verga lentamente. Sin dejar de ver al vencido, con una de sus manos levanta de nuevo el rostro de Steve y comienza a frotar la cabeza de su verga en los varoniles labios del americano, embarrándole el líquido seminal que ya escurre abundantemente, ese líquido viscoso trasparente que parece unirse como pegamento en los rojos labios.

   Pasa su verga alrededor de la boca del musculoso rebelde, una y otra vez, sintiendo el placer de la fricción entre su duro miembro y el rostro, el placer de ver como el líquido seminal se embarra en todo el varonil rostro de Steve. Recorre cada centímetro de la cara del musculoso macho inconsciente. Una y otra vez, Farrell frota la cabeza de su verga, para al final detenerse en la entrada de su boca entre esos viriles labios. La punta de la verga empieza a separarlos despacio, disfrutando el ingreso, gozando al momento de sentir como esos labios rozan la superficie de su duro miembro, viéndole los ojos cerrados aún lo excita más; casi se le sale la leche al saber que puede hacer con su esclavo lo que desea y que Steve nada puede hacer; ni siquiera darse cuenta de que un grueso, largo y duro miembro está punto de violar su boca, de tomarla por la fuerza, de internarse en su garganta y vaciar su leche allí.

   -¡AHHHHHHHHH! -un gemido de satisfacción escapa de sus labios mientras regula la penetración bucal de su verga en la boca de Steve, entrecierra los ojos para demostrar que disfruta, que goza, que es satisfactorio hasta el exceso.

   Poco a poco el duro y grueso miembro se abre paso mientras Farrell sujeta la cabeza de Steve, para facilitar el acceso, sin dejar de deslizar su miembro disfrutando cada centímetro que se interna en la cálida boca del enemigo, sin dejar de gozar; ver a ese macho indomable de rodillas y con la boca llena de su carne jugosa, más aún si esa carne le pertenece, es un placer y una satisfacción personal y total para Farrell.

   Aunque ha estado tratando de hacerlo con firmeza, pero suavemente, la verga de Farrell pronto llega hasta el fondo de la boca del indomable macho. Al sentir la resistencia del paladar blando al final de la garganta del americano, Farrell empuja con más fuerza para penetrar más profundamente, presiona con firmeza empujando con más fuerza que antes, sosteniendo la cabeza de Steve también para facilitar el deslizar su verga.

   -Mhm… -Steve comienza a gemir por la incomodidad que sufre su garganta sin imaginarse que es un güevo duro y jugoso el intruso que invade su boca y que le impide el paso libre de aire.

   Su rostro empieza a dar señas de querer recobrar la conciencia, pero Farrell sabe que es importante aprovechar el que no sabe lo que pasas, así que antes de que logre estar al cien por ciento conciente con lo que está pasándole, aprovecha y empuja su verga fuertemente sujetando con firmeza la cabeza del musculoso macho venciendo la poca resistencia anatómica que su verga había encontrado en la húmeda y cálida boca de Steve. El miembro de Farrell se interna por ese estrecho conducto al mismo tiempo que le corta el paso libre de aire al soldado.

   -¡AHHHHHH!

   -Ghghg -Steve gime de nuevo, ahora empezando a sentir la angustia de la asfixia, algo obstruye su garganta ahogándolo, algo duro pero de corteza esponjosa.

   -Jejejejejej ¡Trágala toda, perro! -le ordena Farrell mientras empuja con más fuerza antes de que encuentre resistencia consiente en Steve.

   Su miembro se interna más en la faringe del enemigo, disfrutando más al ver el rictus de desesperación en Steve mientras se le dificulta aún más el respirar libremente. Los movimientos de Steve se van haciendo más fuertes, su mente divaga entre la conciencia y la oscuridad, el sentir que le falta aire lo hace recobrar poco a poco la conciencia, lentamente sus ojos empiezan a abrirse entre leves forcejeos por tratar de liberarse inútilmente de su obstrucción.

   -¡GHGHH! – sentir como su garganta está siendo bloqueada, lo obliga a tratar de mover su cara, pero Farrell lo mantiene fuertemente sujeto, preparado para cualquier reacción de rebeldía de Steve al saborear una verga.

CONTINÚA (no es mío)

Julio César.

SAM Y DEAN, UN AMOR INFERNAL… (III)

Noviembre 18, 2009

   Este relato de los hermanos Winchester corresponde al tipo del Wincest, el incesto entre ellos. Celos y dolor. El puto Rey del Infierno, dueño de todo, sufre por culpa de los celos. ¿No es divertido? Es que quién más ama, o desea, es quien más se expone, aunque el amante fiel se entregue con todo. El que cela y sufre no encuentra jamás límite para sus exigencias. Jamás tiene paz.

   El cuento no es tan exacto, fue escrito por UNA CHICA, originalmente en inglés, idioma que desconozco totalmente, y la traducción del equipo fue fatal. Así que únicamente será una aproximación. Disfrútenlo, vale la pena.

……

Título: La Seducción del Poder… (3)

 Por: Bridget McKennitt

 Vinculación: Sam Dean

 Rating: NC-17

   ¡Mío, mío para siempre!

……

   -Sí, esa noche. –le recuerda.- Cuando te vi salir de mi recamara con la mirada perdida y el rostro tenso, supe que escaparías. Que lo intentarías al menos, así cayeras abatido. –y traga, como si rememorar aquello le molestara muchísimo. O le doliera.- Yo lo sabía y pude haberte detenido, Dean. Pude ordenar que te encadenaran con grilletes a mi cama y tenerte para mí cuando lo deseara, pude mantenerte allí hasta que terminara el embarazo y que Austin naciera en mi presencia, y verlo crecer estos años con demonios como niñeras de su cuna infernal. ¡Pero no lo hice! –su rostro refleja ira contenida, pero también exasperación, como si gritara “¿ves lo que hago por ti? Esto no lo hago por nada ni nadie, SOLO POR TI”.- Estabas… agotado, de todo, y cuando corriste dejé que lo hicieras. Pensé que regresarías pronto. Que tu… estado te obligaría a buscar mi ayuda. Pero no lo hiciste. –casi le grita entre dientes, dando un paso al frente.

   -Si pensaste eso, ¿por qué no lo dejas así? ¿Por qué cambiarlo ahora? Vete, Sam, por favor. Vete y pretende que no me encontraste; que llegaste y ya no estaba… -y sus ojos esmeraldas brillan con algo que parece humedad.- Te lo suplico, por favor, déjame ir. Déjanos marchar; yo…

   -¡Nunca! –es tajante, pero ahora sonríe, como si la angustia de su hermano, sus preguntas y dudas fuera algo divertido.- Vine porque Austin está cada vez más grande y poderoso, puedo sentirlo. –y los labios de Dean tiemblan, “poderoso, sentirlo”, esas palabras lo aterran.- Regresé porque… te hecho mucho de manos, Dean. Y sin que importe el porqué, aquí estoy y aquí me quedaré hasta que consiga lo que deseo. Cuando parta al Infierno, tú irás conmigo.

   -Supongo que entonces no te irás nunca, porque yo no pretendo regresar al Infierno, ni dejar que lleves a Austin contigo. –lo encaró, su hijo le daba el valor para enfrentar al príncipe oscuro.

    -No tengo prisa, Dean. La costa oriental de los Estados Unidos no se conquistó en un día.  -Sam se echa a reír ante la mirada asombrada de Dean e hizo un gesto desdeñoso. – No lo he hecho todavía, así que deja de mirarme así. Vamos, ser un buen anfitrión, cariño, y muéstrame nuestra habitación.

   Dean miró a Austin, su hijo parecía seguro donde estaba, y se volvió hacía Sam, entre molesto y resignado, ¿cómo enfrentarlo? 

   -Está arriba. -no tenía sentido luchar contra Sam; no en ese momento al menos.

   Subió las escaleras de dos en dos, sin esperar al otro, y abrió la primera puerta a la izquierda. Sam lo alcanzó y se detuvo a sus espaldas. Dean podía sentir el calor de su cuerpo justo detrás de él, alcanzándolo, envolviéndolo. Notó que se le acercaba más, y que aspiraba. Sam parecía… olerlo, fue cuando sintió el calor de su aliento en la oreja cuando le habló, bajito, ronco.

   -Me has sorprendido, Dean. Jamás esperé que terminaras pariendo de manera natural; pero debí saberlo. Siempre fuiste… una madre para mí, esa que no tuve mientras crecíamos. –y no hay burla.

   Él, el Señor del Infierno sabía. Ahora podía ‘recordarse’ de bebé en un corral, llorando hasta que una pequeña cara redonda de ojos verdes se asomaba, con un biberón o un juguete en sus manitas, con amor solicito recitando aquella frase que parecía un mantra: “No llores, Sammy”. Dean se estremece y sus hombros quedan rígidos cuando los dedos de Sam, largos, calientes, juegan con los pelillos de la parte posterior de su cuello.

   – Yo sabía que serías una buena madre para mi hijo, estabas destinado a ello, a ser mi consorte. Y lo serás otra vez.

   -Sammy, no voy a hacerlo. No iré contigo. Austin me necesita aquí. –se estremeció mientras apelaba al nombre del pasado buscando encontrar un eco del afecto del ayer.

   -Yo te necesito, Dean. Y Austin se viene con nosotros. ¿De verdad crees que dejaría a nuestro hijo valerse por sí mismo? Él es el Príncipe del Infierno. –dice con voz ronca mientras un brazo rodea la cintura del otro, atrayéndolo.

   Y se estremece. Sam, el rey inicuo, el amo de todo, se estremece de gozo al rodear esa cintura. Su mano grande se apoya en el plano y duro abdomen de su hermano y a duras penas resiste el deseo de recorrer ya esa piel. Y la encuentra allí. La cicatriz. Sabe que está allí mientras su mano lo frota. Él la quitaría, la borraría de su piel como de su mente, y Dean jamás recordaría todo aquel dolor. Esos labios finos y tibios bajan, y Dean tiembla por el contacto. Sam lo besa, los labios recorren su nuca, y vuelve a aspira, parece buscar un olor del pasado.

   En ese momento se escucha el timbre y Dean se distancia de Sam, con las mejillas rojas, avergonzado de las sensaciones que recorrieron su cuerpo. 

   -Debe ser el tipo de pizza. Mejor bajo antes de Austin decida abrir la puerta.

    Dean llega a la puerta antes de que Austin pueda girar el pomo. Aparta al niño antes de abrir la puerta, recordándole por enésima vez que nunca debe abrirle a extraños. Esta vez sí es el hombre de la pizza.

   -Hey. –saludo Dean al desconocido con una leve sonrisa tanto en sus hermosos ojos como en sus labios algo gruesos; agradecía que estuviera allí, la llegada de Sam lo tenía trastornado. Cambió a Austin de una cadera a la otra para poder firmar el recibo de la recepción. Garabateó su firma y lo regresó antes de que el hombre joven le entregara la caja con la pizza.

   -Qué tenga una bonita tarde, señor Winchester. -sonrió el muchacho, seguramente comenzando los veinte, recorriendo con cierto azoro al otro. Dean no pudo evitar devolverle ahora una sonrisa nerviosa, con cierto embarazo notaba, a veces, que gente más joven lo miraba de forma apreciativa, como hacia este, detallando sus ropas y rostro.- Me llamo Erik.

   -A nadie le interesa, Erik. -Sam apareció y tomó la caja de pizza, mirando con una frialdad terrible al muchacho, sus ojos brillaban amarillentos y amenazantes. – ¿No tienes algunas otras entregas por hacer?

   -Uh, sí, señor. Lo siento, señor. -Erik se dio vuelta y regresó rápidamente a su camioneta, casi tropezando con sus propios pies al escapar de aquella sensación horrible de peligro que lo envolvió.

   Dean gruñó bajo y empujó con violencia a Sam con su hombro antes de llevar a Austin a la sala de estar.  Sam, molesto y ceñudo, siguió detrás de él y dejó caer la caja de pizza sobre la mesa de café.

   -¿Se puede saber qué hacías? –pregunta el mayor de los Winchester, alterado.

   -Lo que tenía que hacer, espantar a esa cucaracha. Sabes que estaba en mi derecho a hacerlo, Dean, nadie puede mirarte como él lo hizo.

   Dean bajó a Austin sobre un sillón antes de girar para hacerle frente a Sam.

   -No, no tenías ninguna necesidad de dejar salir tu esencia maligna. No tienes que andar asustando gente sin necesidad. Ese muchacho no era una amenaza.

   -¡Te deseaba! –casi acusa, sus ojos de un amarillo oscuro y tormentoso.- Sí no hubiera estado aquí habría intentado algo, un acercamiento, sin importarle que tuvieras a Austin en brazos. –su rostro es severo, recorriendo nuevamente el cuerpo de su hermano, estremeciéndose.- No se lo iba a permitir. Sí te hubiera tocado… lo habría matado. O ¿acaso deseabas que ocurriera algo? ¿Acaso desbaraté algún encuentro? –su voz es aterciopelado. Celoso.

   -¡Sammy! -Dean gira exasperado sus ojos, callándole, mirando hacia Austin, quien podía escuchar. Baja más la voz.- Yo no hago esas cosas. El único hombre con el que… has sido tú. –cierra los ojos.- Siéntate mientras sirvo la pizza. Haz algo bueno, trata de encontrar el programa favorito de Austin en la televisión. Lo transmiten en este momento.

   -Puedo hacerlo. -dijo Sam mirando a Austin; ese hijo que lo miraba con los ojos verdes de su hermano. Tan sólo por eso ya lo amaba.- ¿Qué te gusta?

   –Avatar. -respondió Austin.- Quiero ser como Aang.

   -Es en Nickelodeon. –susurró Dean con voz gruesa, lanzando una dolorosa mirada de amor a Austin, antes de dirigirse a la cocina por platos, servilletas, y bebidas. 

   Sam lo miró salir, sintiéndose un tanto molesto, ¿por qué tenía que sufrir así, resistiéndolo, resistiéndose a su destino de príncipe consorte? ¿Acaso no entendía que estaba ahí para darle la vida que merecía? Qué tonto era Dean, sonríe; siempre lo fue. Y eso siempre le gustó. Lo vio Regresar un momento después, para sorprenderse al encontrar a Austin sentado en su regazo, perdida su atención en Aang.

   Austin parecía cómodo, apoyando su cabeza sobre el pecho de Sam, y aceptando el musculoso brazo alrededor de él.  Cada tanto, Sam le daba un beso en la parte superior de la cabeza. Y Dean no lo entiende. Normalmente Austin siempre se resistía a la cercanía de extraños, pero ahí estaba, contento sentado sobre Sam. 

   Dean sintió un dolor en su corazón al ver la escena. Esto era lo que siempre había querido, a su familia junta y unida. Nunca pudo conseguirlo con John y Sam, por mucho que lo intentó. Aún recuerda la mañana que Sam había partido para Stanford. Su padre salió de cacería y no apareció en semanas. Y Sam ya no estaba. Y él lloró, era un hombre joven y duro que se permitió llorar en medio de la soledad. ¿Por qué le hacían todo aquello? ¿Acaso no había renunciado a ser hijo pàra convertirse en un fiel y obediente soldado para su padre? ¿No le dijo adiós a su niñez para convertirse en el guardián de Sam, haciendo todo lo que pudo para protegerlo? Al final había fallado, algo hacía mal y por eso todos le abandonaban. Ahora había una nueva oportunidad. Se estremece, Sam lo mira, y de alguna forma sabe que el otro conoce de su angustia.

   No, no podía dejarse engañar por Sam, sabía que no había un futuro donde coincidieran Sam y Austin. No importa lo que él pensara, Sam seguía siendo el Rey del Infierno, y ese tipo de cosas nunca traería felices para siempre. Sam lo mira adivinando sus pensamientos, luego se inclina hacia Austin. 

   -Austin quería empezar a comer, pero le dije que teníamos que esperar a papá.

   -Gracias. –y no pudo evitar una tímida sonrisa.- Es tragón, como yo. –y no reparó en los ojos de Sam sobre sus labios. Abrió la caja de la pizza y colocó una rebanada en cada plato, antes de entregar uno a Austin y otro a Sam. -Ahora, Austin, recuerde no ensuciarte.

   -¡No lo haré! –sonaba ofendido, tomando la rebanada de pizza con ambas manos y empezando a comer. La salsa se derrama por toda su la boca y camisa.

   Dean fue a recoger una servilleta para limpiarle cuando Sam tomó la servilleta de su mano. 

   -Déjame hacerlo. Relájate y disfruta de tu pizza, Dean.

   Dean sintió que las rodillas no le aguantaban, sabía que era un truco del otro, y cayó sentado en el suelo, apoyado contra las piernas de Sam mientras lo miraba limpiar suavemente la salsa sobre la boca de Austin. El corazón de Dean se aceleró de nuevo. Sam parecía tierno, Austin feliz. No, esto no era real.  Nada de esto era verdad. Sam era malvado.

   Después de la cena y de una ducha, Dean lleva a Austin a su dormitorio. El niño, apoyando la cabeza en su hombro, sacando su dedo pulgar de la boca, pide:

   -Papá, quiero dormir contigo esta noche. ¿Puedo, por favor?

   -Esta noche no, Austin. El amigo de papá y yo tenemos mucho por conversar. ¿Quieres que te lea un cuento?

   -¿Puedo leérselo yo? -Sam estaba ya en la habitación de Austin con un libro en las manos.  Dean vio que era favorito de Austin.

   -Sí, puedes hacerlo.

   Dean se apoyó en el marco de la puerta y vio como Sam metió a su hijo en la cama y como se sentó en el borde mientras leía. Sam apenas leyó la mitad del cuento cuando los ojos de Austin se cerraron y se acurrucó más profundamente dentro de sus mantas. Dean se dirigió hacia la cama y se arrodilló para besar a Austin en la frente; Dios, lo amaba tanto, ¿cómo saber qué hacer? 

   Sam hizo lo mismo antes de cerrar el libro y dejarlo a un lado. Miraba a su hijo con amor, pero al levantar la mirada hacia Dean, sus pupilas parecieron velarse de lujuria, de deseos largamente insatisfechos.

   -Es hora de que también nosotros vayamos a la cama, Dean…

CONTINUARÁ…

Julio César.

SAM Y DEAN, UN AMOR INFERNAL… (II)

Noviembre 9, 2009

   Este relato de los hermanos Winchester corresponde al tipo del Wincest, el incesto entre ellos. Conoceremos el poder de una obsesión. La de aquel que sonríe viendo al mundo en las llamas provocadas por sus manos tan sólo para encender un cigarrillo. O será, tal vez, que ese pequeño, perecedero y fútil cigarrillo signifique para él, toda la Creación. Casi asusta imaginar que seres así puedan existir.

   El cuento no es tan exacto, fue escrito por UNA CHICA, originalmente en inglés, idioma que desconozco totalmente, y la traducción del equipo fue fatal. Así que únicamente será una aproximación. Disfrútenlo, vale la pena.

……

Título: La Seducción del Poder… (2)

 Por: Bridget McKennitt

 Vinculación: Sam Dean

 Rating: NC-17

WINCEST

   No lo soltaría, ¿cómo podría?

……

   Sam, por su parte, fue todo sonrisas y encanto cuando se arrodilló frente a Austin, mirándolo fijamente, fascinado. 

   -Hola, Austin. Eres un niño muy guapo. Eres la viva imagen de tu padre. –repara en los ojos verdes del niño, pero algo achinados, en su cabello corto, no claro sino de un castaño oscuro, y en las pecas de su nariz. Ahora mira a Dean, y en sus ojos brillaba un tono más oscuro de amarillo.- Vas a llegar a ser todo un rompecorazones, todas las chicas te amarán y atesorarán con una sonrisa tu recuerdo… También tu hermano.

   -Yo no tengo herma…

   Dean tragó en seco y atrapó a Austin en sus brazos y lo mantuvo de espaldas a Sam. 

   -Bueno, ya es suficiente, Sam. ¿Qué quieres? –demanda temeroso pero decidido, alzando la barbilla, magnifico, o así lo piensa el otro mientras se pone de pie.

   -¿Qué quiero, Dean? ¿Qué crees que cada rey quiere? –lo mira a los ojos, firme, demandante.- Quiere a su consorte en su vida y en su lecho, y quiere una familia. Y tú eres mío. –se le acerca tan sólo un poco.- Te quiero a ti, Dean, junto a mí, compartiendo mi trono y mi poder… y a Austin.

    Dean lo mira aterrorizado, no podía dejar de apretar los puños alrededor del pequeño cuerpo de Austin, temblando ante las palabras de Sam… las cuales Austin escuchaba.

   -Sam… –pidió, totalmente rojo su rostro y destacándose sus pecas.

   Y el otro sonríe, le sonríe aunque sus ojos son fríos, levantando las manos en señal de rendición. 

   -Está bien, puedo esperar un poco más para que hablemos. ¿No te he esperado tanto tiempo ya, Dean? –y su voz es suave, sedosa, su sonrisa amable. Ese Dean suena a intimidad, a “te he extraño mucho en mis noches frías”. Pero sus ojos siguen siendo helados.- Tan sólo quería saber cómo estabas, hermano; ya no soportaba pasar otro día sin verte. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que me dejaste?

   -Austin cumplió cuatro años este año.

   -¡Cinco años! Cinco largos y vacíos años sin verte, Dean. Sin oír tu voz, sin… tenerte a mi lado. Dime algo, ese Austin… ¿de qué viene ese nombre?

   -Él nació en Austin, Texas. –y se estremeció, cosa que no pasó desapercibida a esos ojos amarillos.

   Dean podía recordarlo todo, todo sobre ese día en Austin, Texas. Las lágrimas que derramó aunque quiso aguantar, los roncos gemidos pidiéndole ayuda a alguien o algo (sí Castiel hubiera podido, seguro que habría aparecido para asistirlo, pero ya había muerto). Recuerda bien el sufrimiento lacerante en sus carnes que acompañó el nacimiento de Austin, de cómo casi se sintió flotar y morir entre el dolor y la sangre derramada, y de cómo el mundo pareció perder consistencia. Estaba convencido de que moriría… y de que el niño que escuchaba llorar quedo a su lado, lo acompañaría. Y casi lo pidió al Cielo.

   Había dos cosas sobre ese hijo que amaba que jamás podría olvidar: el momento de su llegada a este mundo… y el cómo llegó a ser gestado. Su rostro, rojo de vergüenza, amargura y dolor, se desvía hacia la nuca del niño, y por un momento llega el alivio. Valió la pena. Ignora que Sam sabe de esa aceptación.

   -Entiendo; entiendo mejor de lo que crees. Y, bueno, en alguna parte debía nacer, ¿no es así? -Sam se echa a reír y el amarillo en sus ojos se aclara hasta que casi fue de su color avellana normal.- Voy a estar aquí por un tiempo más, Dean. No estaba bromeando acerca de lo que dije antes, así que deja a Austin, creo que lo asustas.

   En el niño creció la ansiedad al estar atado a su padre durante tanto tiempo y se agitó hasta que se liberó del cuerpo de Dean. No entendía qué le pasaba, lo sabía cariñoso, pero ese abrazo era… temeroso. Luego corrió a la sala donde sus juguetes se extendían por todo el suelo. 

   -¿Qué quieres? –sin alzar la voz, encarándolo y temiéndole, un atisbo del antiguo Dean se hizo presente mientras Sam miraba al niño alejarse. 

   -Ya te lo dije, vengo por mi familia. –lo mira a los ojos, sonriendo con la picardía y ruegos siempre presentes en los años de su adolescencia cuando convencía de lo que fuera a su hermano mayor.- Te necesito, Dean. Los necesito a los dos. El motivo que me llevó a embarazarte fue el que quería una familia. Hijos. Quería mis hijos, pero no con cualquiera, Dean, querías hijos contigo. –sonríe aún más al decirlo y Dean palidece.- Y aquí están los dos. El hecho de que estuviera fuera de sus vidas durante cinco años no significa que los haya olvidado. Ni fue mi elección.

   -Por Dios, Sam… -Dean traga saliva.- Yo esperaba que… que no me buscaras. Que hubieras decidido continuar sin nosotros y…

   -¡Jamás! Eres mío, ¿no lo entiendes, Dean? Quise darte tiempo para que recapacitaras. Que te calmaras y volvieras por tu cuenta. Esa noche, cuando… -y calla ante el dolor en la mirada de su hermano. Y una furia homicida crece en el pecho del menor. De celos. De frustración. Él, que lo tenía todo…

   -¿La noche que asesinaste a Bobby, a Ellen, a Rufus y…?

   -¿…Y a Castiel? –termina por él, con rencor. ¡Cómo había odiado al ángel!

   Lo recordaba, sonrió con crueldad al ir acabando con sus enemigos. Por muchos no sintió nada. Bobby… Ellen… Tal vez ellos habrían podido sobrevivir. De haberse sometido, de haber caído de rodillas, como tantos cientos de millones, pero no lo hicieron. Pero Sam, el maestro de la mentira, no se engaña. Aunque hubieran doblado sus espaldas, habrían tenido que morir, porque jamás habría podido confiar en ellos. No con Dean ahí, no con Dean gritándole, entre la furia y los sollozos, que se detuviera, que diera marcha atrás, que resistiera a Lucifer.

   No podía confiar en Bobby ni en Ellen mientras embarazaba a Dean, porque lo deseaba, deseaba herederos, y los quería de Dean, para que siempre estuviera atado a él, para que jamás pudiera escapar. Bobby y Ellen, lo sabe, aunque hubieran jurado lealtad ante el trono de las abominaciones, en el fondo, aunque sus almas estuvieran condenadas, habrían intentado proteger a Dean, y lo habrían secundado en sus planes, fueran los que fueran, contra él. Y sin embargo, todavía no era sincero del todo.

   Mató a los dos cazadores que en un momento representaron a su madre y a su padre, muertos mucho antes, porque amaban a Dean, y Dean los quería. Por ello fue terriblemente cruel y sanguinario cuando terminó con Castiel. A él sí que lo odió. El ángel se había atrevido a ocupar su lugar en el corazón de su hermano, a ser su amigo, su apoyo. Dean se volvía hacia Castiel como únicamente DEBIA hacerlo hacia él. Y supo adivinarlo. Castiel jamás lo engañó. Notaba sus miradas hacia Dean, su eterna vigilia, la de pequeñas cosas que hacía para buscar la aprobación de su hermano. Y de las muchas veces que le advirtió del peligro que representaba Sam.

   Lo mató porque amaba a Dean. Acabó con todos para que a Dean ya no le quedara nada ni nadie, sólo él. Únicamente él. Por Dean, el Cielo, el Infierno y la Humanidad podían irse a la mierda. Fue en ese momento, con los cadáveres apilándose, Rufus, Bobby, Ellen y Castiel destrozados, muertos para siempre, que intuyó los planes de su hermano. No, no un plan. Dean se dijo simplemente “hasta ahí”, había soportado sus caricias y besos, su ‘amor’, incluso la idea terrible de aquel embarazo (esperando que cambiara, qué entendiera), pero ya había cruzado el límite.

   -Sí, esa noche. –le recuerda.- Cuando te vi salir de mi recamara con la mirada perdida y el rostro tenso, supe que escaparías. Que lo intentarías al menos, así cayeras abatido. –y traga, como si rememorar aquello le molestara muchísimo. O le doliera.- Yo lo sabía y pude haberte detenido, Dean. Pude ordenar que te encadenaran con grilletes a mi cama y tenerte para mí cuando lo deseara, pude mantenerte allí hasta que terminara el embarazo y que Austin naciera en mi presencia, y verlo crecer estos años con demonios como niñeras de su cuna infernal. ¡Pero no lo hice! –su rostro refleja ira contenida, pero también exasperación, como si gritara “¿ves lo que hago por ti? Esto no lo hago por nada ni nadie, SOLO POR TI”.- Estabas… agotado, de todo, y cuando corriste dejé que lo hicieras. Pensé que regresarías pronto. Que tu… estado te obligaría a buscar mi ayuda. Pero no lo hiciste. –casi le grita entre dientes, dando un paso al frente.

   -Si pensaste eso, ¿por qué no lo dejas así? ¿Por qué cambiarlo ahora? Vete, Sam, por favor. Vete y pretende que no me encontraste; que llegaste y ya no estaba… -y sus ojos esmeraldas brillan con algo que parece humedad.- Te lo suplico, por favor, déjame ir. Déjanos marchar; yo…

   -¡Nunca! –es tajante, pero ahora sonríe, como si la angustia de su hermano, sus preguntas y dudas fuera algo divertido.- Vine porque Austin está cada vez más grande y poderoso, puedo sentirlo. –y los labios de Dean tiemblan, “poderoso, sentirlo”, esas palabras lo aterran.- Regresé porque… te hecho mucho de manos, Dean. Y sin que importe el porqué, aquí estoy y aquí me quedaré hasta que consiga lo que deseo. Cuando parta al Infierno, tú irás conmigo.

CONTINUARÁ…

Julio César.

SAM Y DEAN, UN AMOR INFERNAL

Noviembre 7, 2009

   Este relato de los hermanos Winchester corresponde al tipo del Wincest, el incesto entre ellos. No es para muchachos, pero imagino que aquí no entran. Al leerlo me sorprendí, realmente me… disgustó, pero mientras más lo procesaba más estimulaba la imaginación. Es relativamente ligero sexualmente, pero la intencionalidad es enorme. Aquí vemos a unos hermanos muy distintos, a un Dean débil, atormentado, sometido. Y a un Sam fuerte. Sí comienzan a leerlo sabrán por qué lo incluí en dos categorías (no me gusta hacerlo, parece un truco), pero era necesario. Aquellos que hayan seguido las desventuras del sargento Anderson en Relatos Gay de Malditos, seguro que se les hará agua la boca. Hay control, poder… y amor. En verdad eso fue lo que más me sorprendió.

   El cuento no es tan exacto, fue escrito por UNA CHICA, originalmente en inglés, idioma que desconozco totalmente, y la traducción del equipo fue fatal. Así que únicamente será una aproximación. Disfrútenlo, vale la pena.

……

Título: La Seducción del Poder

 Por: Bridget McKennitt

 Vinculación: Sam Dean

 Rating: NC-17

WINCEST

   Cuando se tiene derecho… hay que aferrarse a la dicha.

……

   Cuando Dean Winchester oyó el timbre de la puerta se detuvo en lo que estaba haciendo, secar con un pañito unos platos que acomodaba en un viejo aparador, pensando de pasada que estaba convertido en todo un amo de casa. 

   -¿Ya lo ves?, está aquí. Te dije que la pizza no tardaría toda una eternidad en llegar. -informa con una gran sonrisa de amor mientras se acerca al niño sentado a la pequeña mesa de la cocina y riendo alegre cuando este esquiva la mano húmeda que iba a su cabello, antes de soltar el paño y dirigirse a la puerta.

   Sonriendo todavía, sintiéndose bien, abrió los muchos cerrojos, listo para felicitar al conductor de entrega de pizza por llegar tan rápido, cuando la visión que encuentra hace que caiga su mandíbula. Sus carnosos labios parecen palidecer y dejando caer la mano, inconscientemente, da un paso atrás. El corazón le duele, los vellos claros de su nuca se erizan y sus verdes ojos parecen nublarse.

    -Sam…  –dejó escapar como un susurro.

   Allí estaba su hermano, sereno, mirándolo fijamente con unos ojos de un amarillo pálido, muy lejos de aquel tono fuerte de hace cinco años atrás, cuando a Dean le recordó al viejo enemigo que acabó con su familia, el demonio Azazel. Ojos diabólicos que lo hicieron correr, de prisa, huyendo con miedo de su hermano menor. Cinco años en los que se ha ocultado de todos, bendiciendo todos los días a Castiel, el difunto ángel que imprimió en sus costillas aquel sello que lo cubría de las miradas de demonios… y ángeles.

   -Hola, Dean. Cuánto tiempo sin verte, hermano. ¿No vas a dejarme entrar? –y sus ojos centellearon,  pero sonrió divertido, apoyando un brazo contra el marco de la puerta para impedirle cerrarla, recorriendo al otro de pies a cabeza, reparando en la delgada franelilla que cubría su torso, deteniéndose en sus mejillas coloradas, sus ojos enormes que parecían llenos de desafío… y miedo. Y en su boca… esa boca que…

   -Y si no quiero, ¿harás algo horrible?

   La sonrisa de Sam se acentuó. 

   -Tal vez. Es un barrio bastante decente el que elegiste, Dean. Pobre y feo, pero seguro. No me gustaría ver que algo le sucediera, así como a las personas que viven aquí.

   Sam inclina la cabeza y Dean puede ver sobre su hombro a las niñas que vivían al frente, dos chicas coreanas; la mayor había celebrado su fiesta de cumpleaños, por su sexto año de vida, la semana pasada. Había ido a la fiesta y le dio a Yun esa bicicleta donde estaba montada en aquel momento a caballo, mientras su hermana menor se echaba a reír.

   Dean cerró los ojos un instante, derrotado, ya no podía cargar con más culpas, y el sacrificio de viejos y niños le era inaceptable.

   -Puedes entrar…

   -Ah, ya lo creo, Dean, tengo toda la intención de entrar… -dijo con ironía. Dean se estremece, sabía que su hermano disfrutaba torcer sus palabras en un doble sentido para humillarlo.

   Sam miró a su alrededor mientras penetraba en la humilde vivienda, una casa que su hermano había levantado a la medida de sus recursos. Dean no había contado con mucho dinero cuando se mudó, pero se esforzó en hacer de esas cuatro paredes un hogar.  No podía haber hecho menos. Trabajó duro, con sus manos; no atreviéndose a estafar con tarjetas de crédito (le horrorizaba ser detenido y que le quitaran al niño) debió partirse el lomo.

   -Has hecho un gran trabajo levantando esta casa, Dean. –Sam se volvió a mirarlo.– Pareces cansado. Trabajaste duro, ¿verdad? Pero tú sabías que no tenías que hacerlo. Sólo tenías que llamarme y yo te habría dado cualquier cosa que tú quisieras. Un penthouse, una mansión. Un castillo. Te lo habría dado todo, hermanito, no tenías que luchar tanto, esforzándote, agotándote. –lo mira de forma oscura y una de sus manos grande se dirige a ese rostro tan conocido. Tan extrañado.- Todo. Te lo habría dado todo. Yo habría querido estar cuando…

   -Pero lo hice yo. A mi manera. –responde entre dientes, alejando el rostro. Y los ojos de Sam refulgen. Lo entiende. Dean no lo dice, pero comprende: lo hizo como lo hace todo, como un Winchester. No, a lo Dean.

   Y fue en ese momento cuando el chico apareció a la vista de ambos. Sam sonrió leve y Dean tragó saliva, cerrando por un instante esos ojos que el otro no abandonaba por mucho tiempo desde su llegada. El niño llegó con los brazos cruzados sobre su pecho y su boca curvada ya en un puchero impresionante.

   -Papá, ¡dijiste que la pizza estaba aquí! –reclamó. Habló demasiado rápido y dejó caer las cartas de sus palabras como sí se tratara de una sola, pero Dean le entendía perfectamente.

   -Me equivoqué, hijo. No era el hombre de las pizzas. Es… -se enredó, enrojeciendo y tartamudeando un poco mientras trataba de explicar la existencia de Sam. – Es un amigo de papi; saluda a Sam, Austin.

    Austin vaciló, pero murmuró un “hola” de todas maneras. Dean no se molestó en regañar a su hijo por el tono; no cuando estaba tan asustado de lo que su hermano podía hacer. Hacerle a él, a Dean Winchester, el hermano que escapó. Uno simplemente no desafiaba el pequeño y puto rey del Infierno sin pagar finalmente las consecuencias. El mayor de los Winchester sabe que el menor viene a matarle, que moriría dentro de poco, y (esto le duele infinitamente mucho más) por Austin.

   Sam, por su parte, fue todo sonrisas y encanto cuando se arrodilló frente a Austin, mirándolo fijamente, fascinado. 

   -Hola, Austin. Eres un niño muy guapo. Eres la viva imagen de tu padre. –repara en los ojos verdes del niño, pero algo achinados, en su cabello corto, no claro sino de un castaño oscuro, y en las pecas de su nariz. Ahora mira a Dean, y en sus ojos brillaba un tono más oscuro de amarillo.- Vas a llegar a ser todo un rompecorazones, todas las chicas te amarán y atesorarán con una sonrisa tu recuerdo… También tu hermano.

   -Yo no tengo herma…

   Dean tragó en seco y atrapó a Austin en sus brazos y lo mantuvo de espaldas a Sam. 

   -Bueno, ya es suficiente, Sam. ¿Qué quieres? –demanda temeroso pero decidido, alzando la barbilla, magnifico, o así lo piensa el otro mientras se pone de pie.

   -¿Qué quiero, Dean? ¿Qué crees que cada rey quiere? –lo mira a los ojos, firme, demandante.- Quiere a su consorte en su vida y en su lecho, y quiere una familia. Y tú eres mío. –se le acerca tan sólo un poco.- Te quiero a ti, Dean, junto a mí, compartiendo mi trono y mi poder… y a Austin.

CONTINUARÁ…

Julio César.

GAY DURO Y SUCIO

Noviembre 4, 2009

   Farell, el diabólico médico toma su pedazo del pastel. Steve es suyo ahora, ¿podrá escapar? El demente galeno no parece dispuesto a permitir que suceda… y ya comenzamos a sospechar que el sargento Anderson jamás escapará de su prisión de lujuria. Esta historia contiene situaciones que podrían resultar ofensivas para personas que les disguste leer acerca de violaciones, sadomasoquismo, bondagge y sexo no consentido. Aquí hay mucho de todo eso. Si es tu caso, no contiendes leyendo. Si, por el contrario, te interesa, disfruta de esta buena historia del amigo capricornio1965:

     EL SOLDADO AMERICANO… (17)

ESPERA POR SU AMO

   Ahora sabe que no hay escape de lo que siente…

……

   Farrell se coloca frente al débil soldado, lo ve con aires de grandeza, de triunfo, de superioridad. Ha logrado someterlo, sabe perfectamente que tiene ante él a uno de los mejores elementos del ejército americano, al más arriesgado, al más rebelde, al más feroz, y ahora lo ha convertido en el más sexual, en el más sensible, en el más puto. Se regocija viéndolo suspendido, con las piernas desmadejadas sin poder sostener su propio peso, la marca de la mordida alrededor del pezón y la verga del prisionero dura aún, escurriendo líquido seminal que es secretado, líquido espeso que cuelga del meato, impregnando el piercing que tiene el sometido macho en el miembro.

   -No tiene escapatoria, Anderson, sé lo que hago. -le dice mientras lo toma de los cabellos para hacer que levante el rostro y lo mire fijamente.- Le diré algo, no hay ningún antídoto para lo que le pasa, usted jamás volverá a ser el mismo, jejejejejejejeje. Además, y lo debe sabe, lo haré adicto al semen, Anderson. Haré de usted el más puto de los hombres. Lo quiera o no. Jejejejejejeje.

   -¡Puff!, maldito. -sin tener otra forma de defenderse, Steve escupe la cara del malvado doctor, su ira y su excitación se mezclan, es algo imposible de discernir.

   -¡Jejejejejeje! -lentamente Farrell se limpia el rostro y lo baja para que su boca se apodere nuevamente de uno de los pezones del soldado, para demostrarle cómo puede reducirlo a ser solamente un objeto sexual.– ¡Hmhm! -su voraz boca se apodera del sensible órgano.

   -Nghhh -al sentir la húmeda y áspera lengua de agresor en el botón de su pezón la descarga es inmediata, la sensación es intensa y se expande por todo el cuerpo.

   Su mente se nubla y lo anula de nuevo. Si Steve hubiera sido sometido a torturas físicas su resistencia sería mayor pero en esas torturas su cuerpo es su principal enemigo, su cuerpo lo traiciona y su miembro absorbe la energía, dejándolo inerme, indefenso, susceptible. Su verga se endurece más y babea más líquido por el deseo. Su cuerpo entero se entrega, se somete y disfruta, inconscientemente arquea la espalda, desea la viciosa boca, aunque después se odia por hacer eso. Su cuerpo responde, actúa como si fuera autónomo. Sólo actuara por el instinto, por el deseo, por el placer, por las sensaciones que experimenta. Steve desea que esa lengua siga succionando, que siga explorando su cuerpo, que siga dándole el placer que lo doblega, que lo esclaviza. Nada le importa en esos momentos, sólo sentir, únicamente ofrecer sus pezones para que sean usados y abusados. Gime y se estremece, las descargas son cada vez más intensas, las succiones también. La boca de Farrell da el mismo tratamientos a ambos pezones alternadamente, demostrando su punto mientras lo oye gemir por más, asentando que es uno de los mejores enemigos que ha estado frente al americano, uno de los mejores elementos que posee las técnicas mas efectivas para dominar, para someter, para esclavizar y adueñarse de la voluntad del enemigo.

   Las sensaciones son cada vez más fuertes, la mente de Steve no puede siquiera pensar en cómo escapar, sus pensamientos se anulan ante el placer, el placer más puro e intenso que ha sentido quizá durante toda su vida. Lo anula el sentir que su cuerpo es sólo un objeto, un instrumento de satisfacción sexual al elevar las sensaciones al máximo, la excitación extrema el deseo. No razona, su cuerpo actúa con independencia, sin darse cuenta de que su cuerpo está siendo objeto de placer de otro hombre, de un enemigo, de un demente. Ya quizá todo sea inútil, la lucha el resistirse el luchar.

   -Ahhhhhhhh… -súbitamente Farrell deja de succionar, y Steve, mareado y transpirado, lo mira suplicante, por más.- Ve cómo no puede resistirse, Anderson, jejejejejeje. -la arropa esa mirada dominante, arrolladora, triunfante sobre el agotado soldado que suspendido por las cadenas aún siente el placer inundando su cuerpo, sin saber qué decir sin siquiera poder responder.

   Su verga lo hace por él, como sí dijera todo lo que él experimenta, el enrojecimiento del glande por la gran cantidad de sangre acumulada lo grita. Steve sólo atina abajar la mirada avergonzado por lo que su cuerpo dice, por lo que su miembro experimenta, por ver como sus pezones y todo su ser admite aún en contra de su voluntad y de su razón que era un puto.

   -Tendré que salir un momento, Anderson, debo cubrir bien su escape. Que nadie sepa que está aquí. –le sonríe diabólico.- ¡Ahora es mío! – le dice mientras avanza hacia una de sus mesas de laboratorio buscando algo.

   Steve piensa que sin ser estimulado podrá ganar algo de energías y tratar de escapar, de salir de ahí aunque no sabe después cómo podría vivir entre los suyos con esas sensaciones que están impregnadas a su personalidad. Pero no le importa. Escapará, no cometerá más errores.  Sin embargo, Farell es muy astuto.

   El doctor regresa con una pequeña máquina que es una especie de “ordeñadora”, con tres mangueras que terminan en una ventosa que succiona. La primera manguera se la une al miembro del soldado, el plástico dúctil se adhiere a todo el largo del miembro creando el vacío necesario para poder hacer la función de su succión. Es la única manguera que posee un contenedor para captar las secreciones que se produzcan; después une las otras dos mangueras a cada uno de los pezones, las terminaciones de las mangueras están diseñadas especialmente para adherirse a la piel sin permitir que se despegue o se zafe, todo esta perfectamente diseñado. Ambos pezones de Steve quedan prisioneros de esos artefactos, aunque sacude su cuerpo, no puede hacer nada. Trata de sacudir su cadera para que su verga quede libre pero es intuir, las tres mangueras están perfectamente unidas a su cuerpo.

   -Jejejejeje, esto lo mantendrá sometido, Anderson, así me aseguraré de que no vuelva a escapar, nunca, jejejejeje. -la risa burlona se deja oír en todo momento.- Ahora conectamos esto a la máquina y la encendemos. -sus manos conectan las mangueras a la máquina y después de asegurarse que todo quedo en orden, fijamente la enciende.

   -Nghhhhhhh… -Steve se contorsiona al sentir como sus pezones y su verga son succionados fuertemente. Su verga se endurece mas, en segundos, respondiendo mientras su pecho hierve en el deseo sexual de nuevo. Las sensaciones hacen que entrecierre sus ojos, casi poniéndolos en blanco, su resistencia por evitar que su cuerpo entre en un éxtasis permanente que lo doblega es casi inútil. Sus sensaciones lo agobian, lo inundan, lo dominan encendiendo su deseo, sus ganas de eyacular, de sentir. Las succiones son fuertes, intensas y continuas, además mantienen lubricados sus pezones y su verga. Steve siente que la fuerte succión hasta podría arrancarle los pezones y el miembro, pero sólo le da en cada acto un placer más intenso, más fuerte. Su cuerpo de debilita rápidamente y sus piernas flaquean más, dejando su cuerpo suspendido completamente a las cadenas en sus brazos, casi esta de rodillas ante la ausencia de fuerzas.

   -¡AHHHHHHHHHH! –no puede evitar el gemido de placer.

   -Y eso no es todo, Anderson, hay otra parte de usted que también es muy sensible y está ansiosa de disfrutar. -le dice mientras se coloca a espaldas del soldado.

   -Aghhhh, nghhhhhhhhh. -el grito de rebeldía y de rabia se deja oír a pesar de todo al sentir como sus fuertes nalgas están tratando de ser separadas por una fuerte verga que intenta llegar a su ano.

   -Es inútil toda resistencia, Anderson, su culo arde esperando por mi verga, y voy a enterrársela, he esperado este momento durante mucho tiempo, desde que usted fue capturado. Es un ejemplar magnifico y ahora es mi turno de tenerlo para mi solo. –lo atormenta diciéndole al oído, mientras empuja más y más su verga para separar esos dos duros y grandes globos de carne perfectos.- ¡Hmhm! -los intentos son más fuertes, más duros, las embestidas son mayores y la resistencia del musculoso soldado son menores, sus fuerzas se agotan.

   -Nnnnggggggggggggghhhhhhhhh… -el rostro de Steve se contorsiona al sentir que no podrá evitar por más tiempo que su culo sea invadido de nuevo por la verga de Farrell, más aún al sentir que si esa verga se interna en sus entrañas, notará que su culo está ardiendo.

   Farrell coloca su cara sobre el hombro del americano para hablarle al oído mientras sus embestidas son mayores.

   -No pude resistirse, Anderson, usted será mío. -le dice al oído haciendo que Steve sienta el aliento de sus palabras mientras su culo empieza a sentir la punta de su verga que está durísima mientras los pezones y verga de Steve sieguen siendo sometidas a la fuerte succión que las mantiene sometidas, excitadas.

   Steve siente como los labios de su ano empiezan a perder fuerza por la intensa presión de las embestidas, como sus anillo anal se abre poco a poco mientras el miembro de Farrell se interna poco apoco en sus entrañas. El calor en su culo es mayor ya que sus entrañas y sus pezones han sido inoculados con las mismas sustancias, así que la sensibilidad es también intensa al ser friccionadas las paredes de su recto. Su verga está cada vez más dura, la intensa succión no le permite que se torne flácida, así como sus pezones que lucen agrandados por la fuerte succión al vacío a la que están sometidos. Sus fuertes nalgas así como su esfínter anal, por fin son vencidos por las fuertes y constantes embestidas que Farrell le infringe.

   -¡ASIIII, AHHHHH! -el grito de triunfo sobre el enemigo se deja oír, la conquista sexual sobre el macho, sobre el rebelde es una sensación inmejorable. Sentir como las entrañas de Steve aprietan su dura verga lo enloquece.

   -¡Aghhhhhhhhhhhhhhhhhh! -el dolor más de humillación y vergüenza que de dolor físico, lo tortura cuando siente como ese miembro grueso, duro y caliente entra en sus cálidas entrañas, sintiendo como las expande desorbitadamente.

   De un sólo movimiento la verga de su enemigo se adueña de su culo y lo somete al igual que las otras zonas de su cuerpo. El ardor intenso en su culo y el deseo se agrandan al sentir como su próstata es también frotada así como sus entrañas, las paredes de su recto se han sensibilizado a la presión, a la fricción, al deseo, provocando que el culo de Steve controle las sensaciones por completo. El éxtasis es el más intenso que el soldado haya experimentado en toda su vida. Su cuerpo es como una llamarada de placer, de intenso deseo, no le importa que sea su enemigo quien lo domine, quien lo posea, quien le llene el culo y lo someta de cualquier manera, su cuerpo arde.

   -Si, Anderson, eso es… -grazna, triunfal y diabólico, Farell, al sentir como el culo de Steve parece hierro líquido, al verlo estremecerse, y subir y bajar su maravilloso culo de su verga.

   -¡AHHHHH!

   El fuego es tan intenso que Steve piensa que puede incendiarse y ser consumido por tales calores. Es peor que una perra en celo, más que cualquier hembra hambrienta, deseosa, es un macho que desea ser poseído, ser dominado, ser usado y abusado, ser penetrado, ser un objeto sexual de uso rudo. ¡Quiere más! ¡Desea muchas vergas para él! El placer en el culo, en la verga y en los pezones hacen que su cuerpo sude más y más, el brillo de sus músculos al estar cubiertos de sudor que acentúan el contorno de cada fibra muscular lo hace verse soberbio. Se dejan oír las obscenas palabras de dominio y superioridad que Farrell le dice mientras lo embiste mientras lo somete, mientras lo conduce a la locura del placer, del éxtasis, del sexo desenfrenado, es la mejor técnica de dominio sobre cualquier enemigo, sobre cualquier situación, más aún en Steve quien ve cada vez más lejano su escape, su victoria. Le enloquece el no poder librarse de lo que siente, de lo que disfruta, mientras su mente se rebela a las sensaciones sin que su cuerpo la escuche, sin que su cuerpo pueda unirse a la rebeldía de su mente. Sólo siente, sólo se deja, sólo se rinde ante el placer.

   Las protestas se van haciendo menos mientras el deseo se intensifica y se agranda al igual que sus pezones y su culo. Su culo quiere más, más verga. Desea al macho obsceno que lo esclaviza. La grotesca imagen de Steve siendo succionado y penetrado mientras sus gemidos de placer y lujuria se dejan oír, y las contracciones de su cuerpo son cada vez mayores, dan la medida de lo que es. Un prisionero encerrado en una prisión sexual, con barrotes de deseo irrompibles que lo aprisionan y encarcelan su mente en ese cuerpo musculoso y sumiso ante el placer de ser poseído, de ser sometido de ser… esclavizado definitivamente.

    Farrell continúa con las violentas embestidas mientras susurra al oído del americano las más degradantes palabras para un militar, para un enemigo caído prisionero usando las más bajas artimañas, sin estar en una guerra limpia, simplemente aprovechando la ambición de sus compañeros. Cada vez que el largo y grueso miembro da Farrell se interna entre las nalgas de Steve deslizándose por las paredes rectales estrechándolas amoldándolas a su dimensión, las descargas de placer que generan al rebelde macho son mas intensas. El placer entra por su culo y lo recorre, sus pezones y verga siendo succionadas lo conducen a una semiinconsciencia donde su mente divaga entre el placer y el dominio, su cuerpo fuerte, firme y resistente que siempre había podido ganar las más duras batallas, está perdiendo ahora la guerra contra una de las más duras vergas que se posesiona de su orificio anal, y más aún, que lo obliga a sentir deseo, placer, un placer intenso y dominante que inunda la mente y el cuerpo del soldado, dejándolo físicamente en las manos de su enemigo para que este haga con su cuerpo lo que desee, para que lo someta, para que lo posea una y otra vez, para que su culo sea nuevamente llenado de espumosa y densa leche varonil que es ahora tan indispensable para el nuevo puto.

   -¡Ves, puto americano! SOY DUEÑO DE TU CULO, PERRO. -la tortura psicológica unida a la sexual son efectivas.

   La verga de Steve eyacula una vez más y la recoge una manguera que está conectada a su erecto miembro, para sacarle toda la leche de sus grandes bolas y ser depositada en un contenedor, sin darle tiempo a que su verga se torne flácida. La succión aumenta haciendo que el deseo en el atlético prisionero no disminuya, sino todo lo contrario, su culo se vuelve insaciable, su cuerpo incansable y su mente se doblega ante las sensaciones. ¿Cómo evitarlo? ¿Cómo poder resistirse, si es lo que su cuerpo más desea? Ser poseído, ser cogido, violado, usado y abusado sexualmente es lo que hace que su cuerpo responda y se incendie de placer y orgasmos intensos que lo mantienen en un estado constante de docilidad, de excitación.

   Apenas puede ubicarse en dónde está, con quién está y lo que le está pasando. Su deseo lo bloquea por completo, se siente perdido, derrotado, vencido sin aceptarlo cuando está consciente, pero cuando alguien toca su cuerpo, sus pezones, su culo, o su piel todo su ser se enciende de inmediato. Está perdido, su talón de Aquiles es su creciente excitación, su misma verga babeante jugosa, dura, sus bolas en constante y abundante producción y su culo que aprieta fuertemente la verga de Farrell para sentirla más, para gozar más la dura presencia. Cae en un laberinto de deseos torcidos y de imágenes placenteras que lo hace perderse, sin siquiera ser capaz de reaccionar ante las palabras humillantes de Farrell.

   Desea hacerlo, demostrarle que aún es hombre, que aún es militar, que como americano no se dejará vencer tan fácilmente, pero su musculoso cuerpo suspendido por las cadenas unidas a los grilletes que están en sus muñecas, está inerme, desmadejado, inconscientemente arquea su espalda para que sus pezones sean mas fácilmente succionados y que su culo sobresalga para permitir que la verga lo ensarte una y otra vez.

   Farrell, abusivo y aprovechando que está descansando su mentón casi en el hombro de Steve, aprovecha su posición para empezar a meter su lengua en la oreja del macho.

   -¡Mhm! -gime con placer mientras hunde su lengua en el conducto auditivo del americano

   -¡AGHHHHHHH! -la extraña sensación de experimentar como su oído es llenado de espesa saliva, mientras la lengua lucha por meterse en el conducto, lo marea y alarma.– ¡NGggggggggghhh! -la ansiedad que le provoca el rasposo apéndice entrando en su oído hace que trate de evitarlo inclinando su cabeza como tratando de proteger quizá unos de sus poco orificios vírgenes que le quedan aún, o que le quedaban porque Farrell lo sujeta fuertemente y sigue sometiéndolo a la erótica tortura.

   El diabólico médico no pararía hasta oírlo gemir por se cogido, suplicando por atenciones… deseándolo con locura… y sabe que falta poco. Steve Anderson, sargento del ejército americano, estaba a segundos de ser un puto para siempre. Su puto.

CONTINÚA (no es mío)

Julio César.

GAY DURO Y SUCIO

Octubre 17, 2009

   El poderoso y viril guerrero lucha, cuerpo a cuerpo, con su torturador. Pero ha cambiado. Es fuerte y musculoso, pero también es un juguete sexual. Abdul estaría feliz, pero otro codicia lo suyo y lo quiere para sí. Esta historia contiene situaciones que podrían resultar ofensivas para personas que les disguste leer acerca de violaciones, sadomasoquismo, bondagge y sexo no consentido. Aquí hay mucho de todo eso. Si es tu caso, no contiendes leyendo. Si, por el contrario, te interesa, disfruta de esta buena historia del amigo capricornio1965:

     EL SOLDADO AMERICANO… (16)

ESCUCHA A TU AMO

   -Ahora eres mío, perro. ¡Mío! ¡Sólo mío!

……

   La desesperación de Farrell por liberarse, por poder respirar sin lograrlo, lo hacen debatirse con furia; la fuerza de Steve es mayor, los días de entrenamiento y cautiverio para mantener la firmeza en los músculos se lo garantiza. Los esfuerzos del doctor son inútiles más aún al sentir como el miembro de Steve se endurece por el contacto y la fricción. Sin embargo, la fuerza del americano apretando el grueso cuello del doctor es inmensa, casi trata de romperle el cuello, de destruir a su odiado torturador.

   -¡Quédate, maldito! ¡Quieto o te mueres! -le dice Steve al oído de forma autoritario para tomar el control de la situación.

   -Ghmghghg… -los gemidos de Farrell, por la asfixia, se dejan oír. Sin embargo entiende el mensaje y deja de forcejar.

   Cuando Steve nota que Farrell está más tranquilo, afloja lentamente la presión en el cuello sin dejar de estar alerta por si el doctor empieza a gritar. El soldado toma el arma que Farrell había dejado sobre una de las mesas y amenaza al asfixiado doctor.

   -El más mínimo ruido y se muere, doctor. -le dice con un feo tono de rencor, mientras apunta directamente a la cabeza del enemigo.

   Mientras recupera la respiración Farrell, mira a Steve detenidamente, calentándose, el soldado tiene un perfecto cuerpo de dimensiones viriles, era un macho americano de cuerpo de Hércules, y rebelde. Steve está usando una bata médica que apenas le queda, sus bíceps se marcan deliciosamente, al igual que su espalda, sin poder cerrar los botones de la bata que permanece abierta dejando ver el largo y semiflácido miembro de Steve, ya que con la fricción del forcejeo empezó a erectarse. Ese pesado y grueso miembro colgando asomándose por entre la bata abierta es un espectáculo extremadamente placentero, las musculosas piernas de Steve y ese viril rostro de dura expresión enloquecen al diabólico médico. El placer regresa a Farrell, ¡ahora tiene a su alcance al macho que más ha deseado!

   -¿Qué es lo que quieres, Anderson? -pregunta mientras se frota el cuello adolorido

   -Me vas a ayudar a escapar de aquí o te mueres aquí mismo, y me va a liberar de sus malditos experimentos.

   -Eso es imposible, american… -al sentir el frío cañón del rifle acercándose a su rostro, se detiene.

   -Usted tiene que haber creado un antídoto para esto, Farrell. No me decepcione. -le dice mirándolo fijamente.– Sí quiere seguir viviendo debe de tenerlo, o hacerlo, doctor.

   -Eh, trataré, pero no dispare. Haré lo que usted dice. Pero ¿cómo podremos salir de aquí, soldado?

   -Usaré una de esas túnicas que están ahí, y te iré custodiando hasta el laboratorio. Ahí estaré más seguro.

   Farrell acepta, más sabe que se arriesga a que los descubran, sin embargo el deseo por ese macho es más fuerte que sus miedos; si logra llegar con Steve hasta su laboratorio, él lo podrá tener como esclavo sin que Abdul se entere. Podrá poseer a ese macho hermoso y sensual todas las veces que lo desee. No le importa arriesgar su vida sí puede tocarlo, besas sus labios, poseer su culo hambriento de vergas. Esté perfectamente entrenado y no teme morir por la causa. Si miembro endurece de sólo pensarlo.

   Afortunadamente las túnicas de los soldados son bastante amplias y cubren su cara también. Colocándose al lado de Farrell, y llevando el arma a un lado sabiendo que no dudará en usarla si Farrell hace el menor intento de dar la voz de alarma, parten, sin saber que Farrell no desea hacer eso, por el contrario, desea que todo salga bien y que logren llegar al laboratorio, ya que lo demás de penderá de él.

   Sigilosamente, tratando de no despertar sospechas, parten. Farrell es muy conocido por todos los soldados, nadie se extraña de que sea acompañado por uno de ellos que supuestamente es un guardia. Steve por su parte, con la cara y el cuerpo cubierto con la túnica, pasa desapercibido. Todos están buscando al americano sin saber que lo tienen frente a sus narices. El trayecto hasta el jeep con el cual Steve conducirá a Farrell hasta el laboratorio es corto.

   Por la mente de Steve, pasa la idea de dejar atado a Farrell e irse, pero lo detiene el que no controla las sensaciones de su cuerpo. Obligará a Farrell a anular los cambios que ha hecho en su culo y en sus pezones, así como en la palabra que tiene tatuada en su frente; los piercing en los pezones es lo de menos. Él quiere regresar a su casa con su familia pero debe de ser sin rastros que delaten las torturas a las que ha sido sometido. No soportaría la vergüenza pública de haber sido deshonrado por el enemigo de la forma en que lo han hecho. Su vida de todos modos no será la misma pero al menos estará de nuevo en casa.

   Mientras conduce se topan con soldados que ni siquiera los detienen. Farrell, está muy calmado, tranquilo, nadie sospecha nada. Los minutos que tardan en llegar hasta el laboratorio principal le parecen eternos, aunque Steve no demuestra nada en su mirada. Su rostro está cubierto así como su cuerpo. Al llegar hasta allá sin ser detenidos, suspira aliviado, no despertaron sospechas.

   Apuntándole disimuladamente cuando llegan hasta el laboratorio localizado en una especie de subterráneo, Steve y Farrell avanzan lentamente hasta entrar en el hermético laboratorio.

   De un fuerte empujón por parte de Steve, quien con su gran mano avienta la espalda del doctor Farrell, éste va al piso del laboratorio. La puerta se cierra automáticamente después de que Steve y el doctor están dentro.

   -Ahora si, Farrell, no quiero tener que matarlo. -le dice apuntándole, mientras la mirada de Farrell está fija en los hermosos ojos llenos de rabia del americano.- Quiero un antídoto para lo que me ha hecho.

   -¡Jejejejejeje! –se deja oír una risa cínica, sarcástica, por parte de Farrell, mientras se pone de pie lentamente, sin dejar de mirar al otro hombre con un deseo implícito en esa mirada.

   -¡No lo repetiré, Farrell!

   -Anderson, usted está ahora en mi laboratorio, no puede salir de aquí, sólo yo sé como abrir esa puerta, nadie mas. Estamos encerrados.

   -¡Puedo acabar con usted en este momento, Farrell! -le apunta directamente a la cara.

   -¡HÁGALO! ¿Cree que tengo miedo a morir? He sido entrenado para servir a mi causa y a mi patria, y sí muero en el intento es un honor. Usted lo sabe, matarme no es una amenaza para mí. ¡Hágalo! ¡Hágalo, ahora mismo! ¡Maldito, perro americano!

   ¡Bang! Un primer disparo roza en la pierna de Farrell en la cara lateral del muslo.

   -No estoy jugando, Farrell. Quizá no tenga miedo morir, pero lo matare muuuy lentamente sí no hace lo que le digo.

   -Jejeejejeje, ¿cree que no estamos entrenados para ser torturados, Anderson? No sea estúpido. Además yo sé cómo derrotarlo sin usar armas. Usted ya no es un peligro para nosotros. Y ¿sabe lo que haré con Usted Anderson? Voy a cogerlo hasta cansarme, le meteré mi verga por cada orificio de su cuerpo; le haré mamar mi verga hasta llenarle las entrañas de semen, y le daré más y más. Y me rogará que lo coja, que le cepille una y otra vez el culo. Usted será mi esclavo y no voy a compartirlo con nadie. No escapará de aquí. Jamás saldrá. Será mío. Sólo mío.

   -Usted está, loco Farrell, ¿cómo piensa dominarme? -le pregunta mientras se acerca a la defensiva, comprobando que no haya alguna trampa por parte del doctor; sabe que se ha metido en la cueva del lobo, hora debe ser lo suficientemente astuto para lograr salir de ahí victorioso. Se coloca frente a Farrell demostrando que tiene el control de la situación, que no le teme, que lo tiene en su poder y lo obligará a que haga lo que le está ordenando.- Usted no puede hacer nada contra mi, Farrell.

   -¿Eso piensa, Anderson? Jejejejejeje, yo puedo vencerlo con una sola mano.

   -No juegue con su suerte, Farrell.

   Ambos hombres, defendiendo su postura, se ven fijamente desafiándose uno al otro, negándose a ceder uno desarmado, el otro dominando la situación, el sudor resbala por los rostros.

   -Le dije que podía vencerlo con una sola mano, Steve. -le recuerda Farrell, viéndolo fijamente mientras levanta una de sus manos mostrándosela al soldado, quien no pierde detalle.- Puedo dominarlo, ¡así!

   Farrell hace un rápido movimiento con su mano para usarla como pinza y atrapar el pecho de Steve, atrapando presionando el lado derecho, el área del pezón fuertemente, sin darle tiempo a Steve a reaccionar.

   -Nnnnnnnnnngggggggggggggggggghhhhhhhhhh. -sin esperar ese tipo de ataque, y más aún sin esperar la sensación que experimenta cuando Farrell presiona con más y más fuerza su pecho, un dolor intenso, como si su pecho se hubiera convertido en un punto extremadamente débil para el, el dolor es más fuerte que cualquiera que hubiera experimentado antes.

   El rostro de Steve refleja el intenso dolor que le provoca esa presión, que para cualquier otro sería relativamente soportable, no para él; el tratamiento que Farrell le aplicó le ha sensibilizado esas áreas para dolor y placer así que todo se experimenta en una proporción mayor. Mientras Steve no atina a responder, paralizado y frío todo su cuerpo, Farrell, usando su otra mano le arranca la túnica que cubría el cuerpo de Steve, recorriéndolo con deseo. Cómo deseaba a ese puto esclavo.

   -Jejejeje… ¿Lo ve? Con una mano.

   -Nogh… -un nuevo grito de dolor de Steve se deja oír, pero esta vez acompañado con una reacción de empujar con todas sus fuerzas a Farrell, aventándolo lejos de él, sintiendo que las fuerzas lo abandonan. Sus musculosas piernas apenas puede sostenerse en pie, nunca antes había sido así tan rápidamente drenado de sus fuerzas por algo tan simple como un apretón.

   Cayendo de rodillas sin poder evitarlo, Steve apunta a Farrell, pero su puntería no es lo suficientemente buena, la bala pasa a escasos centímetros del doctor que se levanta apresuradamente, sabe que de eso depende dominar al rebelde soldado. Steve, ahora desnudo de la cintura hacia arriba ya que Farrell logró arrancarle la túnica cuando cayó, ve como Farrell se acerca hacia él rápidamente. Intenta disparara de nuevo, pero Farrell toma el arma, ambos forcejean por la posesión, sin embargo, después de una lucha inútil, el arma cae de las manos de Steve. Ahora están en iguales condiciones, físico contra físico. Steve es físicamente más fuerte aunque ahora está debilitado, debe proteger su pecho, sus pezones no deben de ser tocados de nuevo o estará perdido. Empuja de nuevo a Farrell con toda su fuerza para tratar de ponerse de pie.

   Pero antes de que logre ponerse de pie, Farrell está encima de él, con su mano trata de aprisionar de nuevo al menos uno de los pezones del americano, sin embargo la fuerte mano de Steve detiene el ataque sujetándolo por la muñeca. Rápidamente, Farrell dirige su mano libre contra el otro pezón, para debilitar más al sudoroso macho que está de rodillas defendiéndose haciendo un esfuerzo sobrehumano. Nunca antes algo había logrado drenarle su resistencia física con la rapidez que lo hizo la presión en su pecho, específicamente alrededor de su pezón, que está enrojecido, erecto, haciendo que el piercing que le pusieron se levante como invitando a ser estirado, a darle un fuerte jalón, atraparlo entre unos dientes de amo. Antes de que la mano de Farrell logre sus objetivo, es sujetada por Steve, tiene sujeto a Farrell de ambas muñecas, el forcejeo es intenso, gruesas gotas de sudor resbalan por le cuerpo de Steve que gasta todas sus energías en retomar el control; la cara de Farrell está frente a la del americano.

   -ESTÁ EN MIS MANOS ANDERSON. -le dice mirándolo fijamente.- Pronto su cuerpo será mío. Lo llenaré de mí. Su culo, su boca…

   Con la vista desafiante tratando de dominar al delgado doctor, Steve no se deja vencer y sujeta fuertemente a Farrell, quien con una mirada de triunfo, se queda viendo al sudoroso pecho del americano, deseando tocarlo, recorrerlo con su lengua. Nunca había deseado tanto a otro ser humano como a ese hombre rebelde y musculoso.

   -Ngggghhh…

   -Usted no saldrá de aquí, sé cómo dominarlo, Anderson. ¡Será mi puto!

   -¡Mhm! -Steve redobla los esfuerzos, tiene la cara de Farrell frente a la suya mientras forcejean uno por mantener sujeto al otro y el otro por liberarse y atacar los puntos débiles.

   -A ver si puede resistirse a esto, Anderson. -le dice con una sonrisa cínica mientras dirige su cara al musculoso tórax del soldado, tragando antes de llegar.

   -¡NOOO! -un grito de impotencia y desesperación escapa de la boca del soldado al ver como la cara de Farrell se dirige justamente hacia su pecho, buscando específicamente los erectos pezones.- AGHHHHHHHHH -un grito de dolor escapa de sus labios al sentir como los dientes de Farrell se apoderan de uno de sus pezones, mordiéndolo fuertemente, sujetándolo con los dientes tratando de hundir entre esos músculos el firme marfil, mientras con los labios succiona haciendo ambas cosas a la vez, succión y mordedura.

   El musculoso cuerpo de Steve se contrae de dolor, siente como si miles de agujas se clavaran en su pecho, pero más que eso, siente como la fuerza se le acaba rápidamente. Trata de forcejear, ambos ruedan por el piso sin soltarse, los dientes de Farrell fijos en el pezón como si quisiera arrancarlo. El forcejeo es intenso mientras las fuerzas del americano se ven sumamente menguadas. El efectivo tratamiento que Farrell le administro ha logrado su cometido, convertirlo en un macho fácil de dominar al manipular las áreas que se han sensibilizado al extremo.

   Por mas esfuerzos que hace los dientes de Farrell sujetan fuertemente; ahora es Steve, débil, indefenso, quien suelta los brazos del demente doctor para tratar de liberarse con sus manos del agresor. Empuja la cara de Farrell tratando de que lo suelte pero las fuerzas ya no son suficientes. Farrell, agónico de gozo al tenerlo así, a su merced, ahora toma a Steve de las muñecas y lo sujeta fuertemente empujándolo al suelo haciendo que quede con la espalda plana mientras mantiene sujetos sus fuertes brazos a los lados sin dejar de morder y chupar, casi desgarrando al macho herido.

   -Mghhmmmmmmmmm. -Steve tarta de no gritar, de aguantar el dolor, pero en su mente el dolor se intensifica, se vuelve inaguantable, sus fuerte brazos luchan por soltarse pero las fuerzas los abandonan mientras su cuerpo se contrae en una intensa lucha que merma las pocas energías que tiene aún.

   -¡GRRRRRRR!

   Farrell casi ruge al no soltar la dura carne del soldado, sabe que es cuestión de unos segundos más para que las fuerzas del americano se agoten y quede al borde de la inconsciencia. El intenso forcejeo va dejando agotado a Steve, las fuerzas se consumen rápidamente y los fuertes brazos y las musculosas piernas de Steve se mueven mas lentamente, con menos intensidad mientras su mente va hundiéndose en un estado se semiinconsciencia que bloquea sus ideas y va deteniendo su lucha por defenderse.

   El diabólico médico mantiene la espalda del americano plana en el suelo, así como los brazos que quedan también fijos al suelo. Farrell los tiene sujetados por las muñecas, inmóviles presionándolas en el piso. Las pierna de Steve se mueven mas lentamente cada vez, hasta agotar sus fuerzas y caen pesadamente para no poder levantarlas más, su mente divaga entre la lucidez y la oscuridad.

   A pesar de sentir que el rebelde y masculino soldado ha dejado de luchar, Farrell sigue mordiendo fuertemente, para dejarlo sin energías, que no vaya a reponerse rápidamente. Es impresionante ver como un salvaje macho de las dimensiones de Steve sea dominado de una manera tan simple.

   Una vez que Farrell siente que las fuerzas han abandonado completamente al soldado lentamente sus dientes dejan de morder el pecho de Steve, pero su boca no se separa de la dura y ardiente tetilla. Empieza a succionar fuertemente con su boca, como fuerte ventosa chupa vigorosamente los pezones de Steve, lamiéndolos.

   -Mhmhmh. –gemidos de satisfacción lujuriosa escapan de la boca de Farrell, mientras la succión es continua, sin darle tiempo al soldado de que recobre energías. El cruel médico se siente en la gloria mientras saborea la carne del macho a su merced.

   -Aghhhhhhhhhh, ngggghhh..

   Steve siente ahora como los húmedos labios del doctor succionan su cuerpo, como la lengua de Farrell se desliza por su pezón jugando con el botón al mover el piercing que lo aprisiona. El intenso dolor se transforma ahora en un dolor placentero en un principio, pero a medida que la succión continúa, el placer se vuelve más fuerte mientras el dolor es casi inhibido. Sin embargo el placer y el dolor tienen el mismo efecto en el rebelde macho, le roban las fuerzas. Es algo extraño, el americano se enfrenta a un enemigo que utiliza armas distintas a las que él está acostumbrado a combatir.

   El dolor físico nunca había excedido los límites que ese día han excedido, el placer jamás había sido un arma para dominarlo, nunca. Y ahora su cuerpo disfruta ser succionado por su enemigo, por su dominador, por el perverso ser que lo sometió a experimentos sexuales para establecer nuevo parámetros de dolor y placer, para poder manejarlo a su antojo. Los labios sobre sus pezones, lamiendo y succionando su pecho, es algo exquisito, lo eleva a los límites del éxtasis, del placer extremo. Su miembro empieza a endurecer de nuevo. Sabiendo que lo tiene, que ese macho magnifico es suyo, las manos de Farrell sueltan los fuertes brazos de Steve, quien ni siquiera tiene fuerzas para levantarlos. Se le hacen muy pesados al igual que sus piernas, no tiene fuerza para elevarlos siquiera. Además de eso, contra su voluntad, siente placer mientras la lengua de Farrell azota sus pezones, un profundo placer que se inicia en el área donde su cuerpo es succionado pero que se extiende.

   Su verga se endurece rápidamente y empieza a lubricar abundantemente, descansando pesadamente a toda su longitud y grosor en el vientre de Steve, mientras la lengua de Farrell continúa lamiendo, saboreándolo excitando. El cuerpo entero de Steve empieza a arder y a sentir, y aunque se odia por eso, a desear que esto no termine. Su cuerpo se entrega al placer anulando su mente, olvidando el dolor, sólo disfrutando. Es ahora el placer lo que anula sus posibilidades de recuperar la energía.

   -Ahhhhhhhhhhhhh… -un gemido profundo escapa de entre sus labios, y cierra los ojos echando el sudoroso rostro hacia atrás, demostrando que está sometido al placer sexual que Farrell le esta dando. Su cuerpo está desmadejado como una muñeca de trapo. Sólo gime. Farrell, usando sus manos, le ha quitado ya el pantalón para que le verga tenga mas libertad de expandirse en toda sus dimensiones. Sintiendo que la succión aumenta, sin fuerzas más que para permanecer gimiendo, su verga se endurece y su cuerpo se debilita más.

   -Creo que con eso no podrás defenderte por un buen rato, perro. -le dice Farrell ronco mientras deja de succionarle el pecho levantándose, mirándolo con lujuria, disfrutando lo que hace pero extrañamente torturado también por la intensidad de su deseo por el esclavo. Viendo como el atlético cuerpo de Steve queda tenido en el suelo, sin fuerzas, las huellas alrededor del pezón por la fuerte mordida, que le dio la victoria, el médico se estremece de ganas.

   -¡Ahhhhhhhhhhhh! -los gemidos de Steve, el cual está sin poder siquiera articular palabra, se deja oír. La sorpresa y el desconcierto aunado a sus pocas energías, lo mantienen sin poder levantarse, sudando copiosamente, con su mente aún divagando en el placer extremo que sentía al ser su pecho succionado, incluso arquea la espalda como invitando a que su cuerpo siga siendo atacado sexualmente, lo hace de manera inconsciente. Y Farrell sonríe.

   -No se preocupe, Anderson, ahora le daré lo que necesita. -Farrell trae en sus manos dos grilletes que están unidos a cadenas que están unidas a fuertes argollas empotradas en el techo, coloca los grilletes en ambas muñecas de Steve sin que este oponga le menor resistencia.- Listo. -presiona un botón del control y la cadenas empiezan a retraerse levantando al macho derrotado lentamente hasta dejarlo suspendido de ambos brazos, las fuertes piernas de Steve arrastran en el suelo, no tiene fuerzas para mantenerse en pie, sus fuertes brazos sin fuerzas no lo ayudan, inmovilizados como están con grilletes en sus muñecas y suspendidos en argollas en el techo del laboratorio. Son esos grilletes lo que lo mantiene en pie esos más de 100 kilos de musculatura pura.

   -Ahhhhh… -los gemidos de dolor escapan al sentir que todo su peso descansa en sus brazos, la cabeza le cae sobre el musculoso pecho, sin fuerzas para levantarla. Steve espera poder recuperarse, ganar tiempo. Como si eso fuera tan fácil.

   -Sí, Anderson… ahora es mío…

CONTINÚA (no es mío)

Julio César.

NOTA: Hay un mensaje que no entiendo, los que preguntan cómo hacen para entrar en la página principal del blog, ¿no aparece todo? En todo caso dando clic en el titulo de arriba, TIOS XXX, basta.

GAY DURO Y SUCIO

Octubre 5, 2009

   Lo increíble sucede, Steve Anderson, robándole fuerzas a su debilidad, intenta una jugada y sueña con la venganza, sin embargo, mientras todo eso ocurre, descubre que ha cambiado en verdad, y el dedo que él mismo debe hundir en su culo hambriento, se lo dice claramente. Ahora era un esclavo de sus nuevos deseos. Esta historia contiene situaciones que podrían resultar ofensivas para personas que les disguste leer acerca de violaciones, sadomasoquismo, bondagge y sexo no consentido. Aquí hay mucho de todo eso. Si es tu caso, no contiendes leyendo. Si, por el contrario, te interesa, disfruta de esta buena historia del amigo capricornio1965:

     EL SOLDADO AMERICANO… (15)

ENTREGADO A SUS AMOS

   Ahora se sabía esclavo de lo que deseaba… ¿y sí caía en otras manos?

……

   Sin darle tiempo a reaccionar su cabeza es sujetada fuertemente y Abdul lo obligara beber su propio semen.

   -Ngghhhhhhhhh, gnhhhhhhh. -Steve se rehúsa a que su semen resbale por su garganta, haciendo que escurra por un lado de su boca.

   -Trágatelo, cabrón, tómalo todo. Pronto te encantará. -le dice furioso Abdul quien le tapa la nariz para que sólo tenga la boca para respirar y así se vea obligado a tragar el semen.

   -Mehem nghn. -por más esfuerzos que Steve hace no puede dejar de respirar, su cuerpo necesita más que nunca el oxígeno para reponerse. Abdul lo sabe, la batalla que puede darles Steve es mínima y resignado abre su garganta para respirar lo que lo obliga a tragar su semen, y siente como el viscoso líquido resbala por su garganta.

   -Trágatelo, todo, puto; todo, cabrón. –le dice Abdul sin dejar de mantenerle presionada la nariz, apara que termine de tragar el semen.

   -¡NGH, GHHhhhhh! -el asco que Steve siente no es suficiente para poder evitar que el semen llegue a su estómago. ¿Qué otra cosa más humillante puede pasarle?, se pregunta.

   -Así, así, buen chico. Jejejejeje. Eres un buen puto, ANDERSON: “PUTO ANDERSON”, JEJEJEJEJE… -la risa de sus captores es de satisfacción y victoria.

   -Ahhhhhhhh, ahhhhhhhh, ahhhhhh… -en cuanto Abdul deja de taparle la nariz, Steve inspira de nuevo cantidades enormes de are para reponerse de la asfixia sufrida.

   -Suéltenlo. -ordena Abdul.

   -¡Aahh! -el musculoso cuerpo de Steve cae de bruces al suelo, desmadejado, sin fuerzas de poder moverse; su mente está agotada, así como su cuerpo, por la intensa tortura.

   -¿Lo encadenamos de nuevo, señor? -pregunta uno de los soldados.

   -No es necesario, jejejejeje; no puede moverse. Déjenlo así hasta mañana. Pásala bien, puto. –pero antes de guardarse la verga que está ya flácida, se acerca al caído cuerpo de Steve y empieza a orinar sobre él.

   -AGGGGGG…

   -Jejejejeje, te voy a marcar como mi propiedad, puto. Jejejejejejeje. -le dice mientras trata de que la orina cubra por completo el caído cuerpo de Steve.

   Steve siente el caliente líquido caer en su cabello, resbalar por su cara, el sabor de la orina de Abdul en su boca. En su espalda el caliente líquido resbala, para llegar hasta sus nalgas. La humedad del sudor en la bronceada piel se mezcla con la caliente orina. El olor de la orina de Abdul es penetrante y se impregna en la piel de Steve de inmediato.

   Después de que Abdul termina, deja a Steve en un charco de caliente y espumosa orina, con el cuerpo completamente cubierto de ella y de su olor. Steve sólo cierra los ojos mientras aún las gotas de orina resbalan de su húmedo cabello.

   -Jejejejejejejejejejeje… -la risa de Abdul, Farrell y los soldados se escucha, aunque están alejándose, dejando a Steve inerte en el suelo, con sus pensamientos y frustraciones. La puerta que da al salón es cerrada, aunque no es necesario que le pongan llave. Está vencido. Así lo piensan.

   La oscuridad de la noche poco a poco va disipándose y la luz del día llega lentamente iluminando cada rincón del palacio de Abdul.

   En las primeras horas del día, Abdul, Farrell y unos cuantos soldados regresan para continuar torturando a Steve. Pero para sorpresa del iraquí, ¡Steve ha desaparecido!

   -¿Qué demonios pasó aquí? ¿Dónde está el maldito perro? -grita furioso mientras levanta del suelo las astillas de bambú que había enterrado en brazos y nalgas de Steve y que lo mantendrían inmóvil. ¿Cómo pudo pasar? ¿Y dónde estaba ahora Steve? No, no podía perder a su atractivo esclavo. A su puto.

   -Mi señor, yo no sé cómo…

   -NO DEBE ESTAR MUY LEJOS; ENCUENTRENLO Y TRAIGANLO. ¡MUEVANSE! -les grita mientras la ira se apodera de su rostro y sus manos tiemblan del coraje que le provoca la inexplicable fuga de Steve.

   Para Abdul, después de las torturas a las que había sido sometido Steve desde que fue capturado mediante la complicidad de los mejores amigos del americano, pensó tener al musculoso macho bajo control, dominado físicamente. Las astillas de bambú enterradas en puntos estratégicos en sus brazos, inmovilizándolos y en sus nalgas, habían bloqueado los nervios en brazos y piernas. No era posible que escapara. No después de todo lo que le hizo, ya que fuera del bambú, Steve había sido torturado en otros sentidos, tenía tres piercing que le habían colocado, uno en la verga que usaban como agarradera para manejar al esclavo de su grueso y largo miembro, y los otros dos en cada uno de los pezones, aunque las ligas en las bolas y verga habían sido retiradas para tomar las muestras de semen.

   Estaban, además, las marcas que había puesto en el cuerpo de Steve, había marcado el musculoso cuerpo con su inicial, la letra “A” en la nalga de Steve, en el esternón y en la verga, después de haberlo circuncidado. Por último había también marcado a Steve en la frente con la palabra “PUTO”, que lo deshonraba permanentemente. Además de todo eso, Steve había sido usado como conejillo de indias del principal cómplice de Abdul, el doctor Farrell, quien aplico en el hombre algunas sustancias en experimentación que exacerbaban las sensaciones de tipo sexual en las zonas erógenas más comunes de cualquier persona. Así el macho americano había sido inoculado en los pezones, por varias semanas, volviéndolos extremadamente sensibles, y en el culo de Steve, los químicos han trabajado en las entrañas del rebelde soldado dejándolo con un culo hambriento de vergas que entren en él. Su culo también ha cambiado, las sensaciones son diametralmente opuestas, sus deseos sexuales y mentales han evolucionado en direcciones opuestas, su mente heterosexual no controla las sensaciones homosexuales intensas que su cuerpo siente.

   Después de toda esa tortura, ¿cómo es posible que haya podido escapar? Lo dejó sin sentido, torturado con las astillas de bambú, y desapareció. No puede estar muy lejos. No puede escapar, le pertenece, lo quiere de esclavo. ¡Era suyo!

   El despliegue de los soldados iraquíes es impresionante, rápidamente recorren el área donde puede estar, suponiendo que lleve algunas horas de ventaja desde que huyó.

   -¿Cómo pudo suceder esto, Farrell? -le pregunta furioso al científico.- El tratamiento ha sido efectivo, e irreversible, ¿no es así?- pregunta ansioso, temeroso de que el macho americano escape también del control que tienen sobre su cuerpo.

   -Claro que es irreversible, señor, Steve no puede dejar de sentir en su culo. Es, y será siempre, un puto más que deseoso de ser estimulado por el culo o los pezones, y hacerlo será suficiente para derrotarlo. Eso lo debilitará y lo llevará a un estado de éxtasis sexual. Debilitándolo, derrotándolo. Jamás podrá dejar de sentir, dejar de desear ser cogido, señor. El sargento Steve Anderson es nuestro esclavo sexual, además recuerde las marcas que tiene en su frente, no creo que se atreva a presentarse así, con la palabra PUTO, frente a sus iguales.

   -Quizá tengas razón, Farrell. Pero quiero que lo encuentren, quiero seguir vengándome de él.

   -No creo que vaya muy lejos, pronto será capturado de nuevo, señor.

   -Estaré en mis habitaciones, quiero resultados inmediatos, Farrell.

   -Si señor, lo mantendremos informado. -le dice mientras Abdul camina rápido y furioso hacia sus habitaciones

   Para Farrell también es inexplicable la fuga de Steve, ¿cómo pudo suceder? Pero lo cierto es que subestimaron al rebelde macho y ahora están pagando las consecuencias. El cruel médico, absorto en sus pensamientos, camina hacia su pequeño laboratorio instalado dentro del palacio de Abdul. No es el laboratorio donde normalmente trabaja, ese queda a varios kilómetros del palacio, pero cuando necesita estar experimentando lo hace en el pequeño laboratorio del palacio. Esas semanas ha estado experimentando con Steve. Y por eso estaba trabajando en el pequeño laboratorio. Y hacia allí camina mientras se pregunta en dónde puede estar escondido Steve.

   Si Farrell supiera que precisamente en el laboratorio se encuentra Steve, se habría alarmado. El hombre andaba buscando algo con que cubrir su desnudez, sintiéndose extraño, el sólo contacto de la tela de la bata blanca que usa para cubrirse hace que sus pezones se erecten y endurezcan. Los piercing en su verga y pezones están sellados, removerlos tiene que hacerlo después, y no es eso lo que le preocupa, sino las sensaciones que su cuerpo experimenta y que hacen que su verga endurezca rápidamente y empiece a lubricar. Las ropas sobre su cuerpo, sobre sus tetillas, lo calientan demasiado. Así como las ganas de meter algo en su culo. Sin poder contenerse por la excitación empieza a masturbarse frenéticamente, sin pensar prácticamente en lo que hace; el deseo es más fuerte, muy intenso y lo domina sin importarle que pueda ser descubierto.

   Sin medir las consecuencias se tira en el suelo y empieza a frotar fuertemente su miembro, sintiendo una desesperación sexual que lo domina. Quiere acariciarse, tocarse todo. Por primera vez, después de varias semanas, puede al menos sentir su verga entre sus manos, jalársela sin tener nada en el culo; sin embargo el tratamiento en su culo también ha tenido efectos. Siente ardor enorme, desesperante, en el culo. Al estar excitado siente como sus entrañas arden con ganas de tener algo que se mueve en ellas, sin saber por qué su cuerpo le pide calmar ese deseo, ¿Qué le han hecho? ¿Cómo es posible que él desee eso? Tener su culo pidiéndole ser trabajado mientras él frota su verga, lo aterra; sus pezones se endurecen y los piercing que tienen se levantan al sentir la dureza. El pobre Steve no puede más, tiene que usar sólo una de sus manos para seguir masturbándose mientras con la otra, de manera inconsciente, la guía, acariciante, sobre sus turgentes y duras nalgas, llevándola entre sus ellas para meter uno de sus dedos en su culo.

   -¡Ahhhhhhhh! –el hombre siente una terrible descarga de sensaciones placenteras al introducir la punta del dedo en su aún cerrado esfínter, mientras con su otra mano continúa frotando fuertemente de su miembro.

   Los músculos de su pecho enrojecen por la excitación. El deseo le nubla la razón, piensa en Sandra su mujer en las muchas veces que han hecho el amor y ese deseo lo motiva más. Sin embargo, sin que tenga nada que ver con Sandra, su dedo hurga en sus entrañas que cada vez le piden más y más. Lo hunde, lo saca y mete otra vez y oprime sus labios para no gemir; el placer en su verga aumenta al sentir como su dedo se mueve vigorosamente en su culo… maldiciéndose al imaginar algo más grueso… y caliente.

   Ambas manos se sincronizan para lograr la excitación, el sudor baña el cuerpo del soldado rebelde mientras sus fuertes brazos trabajan en su verga y dentro de sus entrañas, sin cesar. Se estremece todo, eleva sus caderas mientras gime contenido. Su verga dura esta amoratada, y su dedo está todo adentro. Las gotas de sudor resbalan cayendo en su pecho mojándolo más su cabello empapado y sus jadeos aumentan por la desesperación sexual que lo domina. Su culo se enciende una y otra vez, quiere más, el ardor se apodera de toda su piel y su mente se pierde en las imágenes del perfecto cuerpo desnudo de Sandra mientras su verga empieza a disparar una abundante cantidad de espumoso semen sobre su pecho, que sigue endurecido. Los jadeos se profundizan y su dedo se mueve más rápidamente en su culo tratando de introducirse más en sus entrañas, buscando el placer más intenso, más firme, más culpable.

   Steve necesita de varios minutos para reponerse del intenso orgasmo, su respiración se va normalizando, su mano aún tiene el dedo en su culo y la otra alrededor de su verga que va perdiendo su dureza poco a poco, mientras el semen permanece fresco aún en su musculoso pecho. La calma regresa a su cuerpo poco a poco, y a su mente el sentimiento de culpa al sentir aún su dedo en sus entrañas. Violentamente retira su mano de su culo y de su verga, se pone de pie furioso consigo mismo y empieza a golpear su mano contra las paredes para descargar su frustración e impotencia, su debilidad de no poder evitar desear lo prohibido, de estar en una dualidad sexual incomprensible para él. Su mente sigue en la vía heterosexual mientras su cuerpo le pide vergas.

   El llanto de impotencia, rabia y desesperación se apodera de él mientras descarga todas sus emociones en forma de puñetazos, sus manos sangran hasta que agotado por el esfuerzo sexual y físico se deja caer de rodillas, confuso atormentado, dominado, sus deseos son mas fuertes que su razón. Abdul y Farrell han modificado sus sensaciones. Ahora se dice que tiene que haber algo que se pueda hacer para revertir todo aquello. No puede quedarse con los brazos cruzados, no debe rendirse, debe existir algo así como un antídoto que le devuelva su vida pasada.

   La ira y la rabia se mezclan, nunca podrá ser el mismo. El recordar como fue desflorado por Abdul, como el doctor Farrell ha experimentado en él, como ha sido humillado, acorralándolo como si fuera un animal, esclavizándolo, convirtiéndolo en un ente puramente sexual, esto no puede quedarse así. Tiene que hacer algo, vengarse, tratar de volver a ser el mismo si es que eso se puede y salir de ahí, escapar, pero ¿cómo hacerlo sin armas? ¿Solo contra un ejército? ¿Y dominado por el deseo que lo mantiene sumido en una constante excitación sexual anormal para el hasta hace poco? Lo tiene todo en contra.

   Sumido en sus pensamientos, sintiendo una gama de emociones apenas alcanza a tirarse tras un mueble que está en el laboratorio cuando escucha el ruido de la llave abriendo la puerta de la entrada del laboratorio. El cuerpo musculoso y desnudo se oculta, tiene sólo una bata blanca cubriéndolo. Steve trata de calmar hasta su agitada respiración para no delatarse, no sabe quién o quiénes son los que entran en el laboratorio.

   El médico, sin sospechar siquiera que Steve ha elegido su laboratorio para ocultarse, entra confiadamente, mientras Steve desde su escondite lo observa con odio. Ve como es sólo el doctor, uno de los responsables de lo que le pasa, de lo que siente y quizá el único que sabe cómo contrarrestar los efectos que se han presentado en su cuerpo. Es su única salida, pero ¿como lograr que lo ayude?

   Farrell, por su parte, está contrariado de que Abdul casi lo responsabilice de la fuga del soldado americano. Sabe que no lo es y más aún siente su deseo insatisfecho. Esas nalgas del americano aún podían haberle dado mucho placer, le hubiera gustado hacerlas suyas sin tener que compartirlas con Abdul, tenerlas sólo para el, que su verga fuera la única que entrara en ese culo de perfectas nalgas de dureza incomparable. ¡Cómo deseaba al esclavo americano! El no saber dónde se encuentra, el hecho de pensar que ha perdido ese par de nalgas, ese varonil ejemplar, maldición, ¡no puedo perderlo!

   No puede imaginar que ese culo tan ansiado está a sólo unos metros de él, que la vista de ese viril macho esta puesta en el. Que se ha convertido en el blanco de venganza. Las ideas cruzan rápidamente por la mente de Steve, debe capturar a Farrell, para que lo ayude a escapar. Será algo muy arriesgado, pero el intento se tiene que hacer, el doctor puede ser su única carta de escape. Será muy difícil, pero lo peor sería no intentarlo.

   Como un ágil felino sigue cada movimiento del doctor dentro del laboratorio, viendo la cara de contrariedad, se da cuenta de que ya se enteraron de su fuga y deben estarlo buscando, aunque el laboratorio sería uno de los últimos lugares en donde buscarían. Saben que sólo Farrell tiene llave y siempre permanece cerrado a menos que Abdul o Farrell, estén dentro de él, en algunas ocasiones en las que Farrell experimenta con algún soldado, pero normalmente se tiene prohibido entrar al laboratorio. Sin embargo, Steve logró abrir la puerta hábilmente y esconderse sin que nadie se diera cuanta cuando todos creían que no se levantaría hasta el amanecer y que el bambú lo mantendría inmovilizado.

   Farrell, por su parte, camina de un lado a otro rumiando su contrariedad y furia, el deseo insatisfecho de clavar su verga en Steve, lo atormenta, sin darse cuenta de que es observado. Steve, vistiendo una bata, espera el momento adecuado para lanzarse sobre Farrell sin darle tiempo a responder. ¡Ahora! Los fuertes brazos de Steve rodean el cuello de Farrell, apretándolo, la sorpresa de haberle llegado por la espalda le dio ventaja para evitar que pudiera gritar pidiendo auxilio.

   -¡¿¿¿¿Qué ghhhhhhhhhhh?!!!! -el grito es ahogado por la fuerte presión en su cuello, el sentir la fortaleza del americano sobre su espalda lo hacen caer al suelo, afortunadamente no hay nada que puedan tirar al caer, sólo los dos cuerpo jadeantes.

   -Quieto, maldita basura…

CONTINÚA (no es mío)

Julio César.

GAY DURO Y SUCIO

Septiembre 28, 2009

   Placer y dolor se unen en la confusa mente de Steve Anderson. Abdul lo tiene prácticamente en sus manos. Nuestro soldado descubre, con horror, que ser el puto del cruel sádico lo llena de lujuria, entonces ¿cómo escapar ahora? Esta historia contiene situaciones que podrían resultar ofensivas para personas que les disguste leer acerca de violaciones, sadomasoquismo, bondagge y sexo no consentido. Aquí hay mucho de todo eso. Si es tu caso, no contiendes leyendo. Si, por el contrario, te interesa, disfruta de esta buena historia del amigo capricornio1965:

     EL SOLDADO AMERICANO… (14)

SOMETIDO Y A DISPOSICIÓN

   Volvía una y otra vez, y ya esperaba por su amo…

……

   -Jejejejejeje…

   -¡AGHHHHHHHHHHH! –lo hace exclamar el dolor inicial por la entrada de las puntiagudas astillas entre sus fuertes fibras musculares.

   -Mghm… -Farrell muerde más fuertemente el pezón expuesto, para que el placer que siente Steve aumente y se mezcle con el dolor que siente en sus duras nalgas, para que se aminore el dolor.

   El mentón de Steve cae pesadamente clavándose de nuevo en su pecho. Abdul lo toma por los cabellos de la nuca estirándolo para hacer que la cabeza caiga hacia atrás y no descanse sobre su pecho, porque eso haría que el amplio tórax de gladiador del americano estuviera como siendo protegido. Además de estirar el cabello usando una de sus manos, apoya la otra en la parte media de la espalda alta de Steve, empujando, para hacer que el pecho de Steve está más expuesto, como invitando a la tortura y la manipulación.

   El fuerte dolor inicial que sintió Steve en su gran trasero, es anulado por la fuerte manipulación que su tórax experimenta. Su mente y su fuerte cuerpo son como una marioneta en manos de sus enemigos. Le duele, pero también le gusta, y en su mente cansada ya es incapaz de diferenciarlos,

   Los dientes de Farrell se clavan en los músculos pectorales de Steve, su lengua caliente le azota el pezón, provocándole un intenso placer que hace que el dolor en sus nalgas se olvide en su atormentada mente. Para Steve sus pensamientos son nulos, su mente es mantenida en blanco, sólo hay dos sensaciones que permanecen placer y dolor, pero es como un ente o un enfermo mental que no razona, sólo siente, en donde el instinto lo domina y el placer lo somete.

   -Libérenle las piernas, ya no hay ningún peligro. -ordena Abdul.

   Los soldados quitan los grilletes de los tobillos del fuerte macho sin que este se de cuanta ya que Farrell no deja de mantener controlado al rebelde macho. Lo tienes en sus manos, ese hombre masculino, viril y poderoso ya es un juguete hermoso y sensual, dispuesto allí para su uso y goce.

   -Esto hará que sus piernas estén bastante débiles, al menos mientras terminamos de someterlo, de humillarlo y de convertirlo en el puto esclavo americano. -le dice Abdul a Farrell, quien solo mediante un gemido le hace saber que lo escucho, ya que tiene la boca ocupada mordiendo fuertemente al excitado americano. Y por nada del mundo desea soltar la rica tetilla de su enemigo.

   -¡GHNNNNN!

   -Jejeje, es hora de probar el resultado en el culo, Farrell; espero que haya tenido el mismo efecto que en los pezones. Jejejejejeje.

   Sin dejar de halarle el cabello, Abdul separa las musculosas piernas de Steve, quien permanece de rodillas aún, para que las grandes nalgas se separen también y el aún hermético culo de Steve quede accesible. De entre sus ropas saca su dura verga que babea, por la excitación y el deseo de penetrar al odiado enemigo.

   -Déjelo en paz, Farrell. Quiero que esté conciente cuando le meta la verga. -le ordena al goloso doctor.

   Aún sin desearlo, Farrell deja de morder y manipular los pezones del musculoso americano. La respiración de Steve, muy por encima de lo normal, se empieza a normalizar. El intenso placer que siente va disminuyendo. Abdul lo mantiene sujeto de los cabellos sin dejar que su cara caiga sobre su pecho, la mente y los pensamientos del americano empiezan a retomar su cauce normal.

   -Ahora sí vas a gozar, puto.

   Abdul, antes de que Steve se recupera completamente, coloca su verga justo a la entrada del culo del perro americano, tocando con su glande los pliegues anales mientras Steve está recuperándose rápidamente su fuerza física y mental, lo que es asombroso en esta ocasión, cuando hasta hace poco han estado actuando en contra de él, dejándolo más indefenso.

   -Ahhhhhhhh, ahhhhhhhhh. -el amplio tórax de Steve se expande y se contrae rítmicamente, tratando de recuperarse lo más rápidamente posible su autocontrol, aunque sea por inercia y sin estar conciente de su situación.

   -¿Te gustó, PERRO PUTO? ¿Te gusta lo que te hace tu amo? -le pregunta Abdul en el oído al atolondrado y viril soldado.

   Aunque Steve apenas ha recobrando la conciencia, la pregunta que Abdul le retumba en su cerebro y las ideas empiezan a aclararse; es como si hubiera caído en un sopor del que apenas puede recordar el placer el dolor. Pero lo que más le aterra es que mientras todo eso pasaba su mente no le respondía, lo dejaba inerme, indefenso, en manos de sus enemigos gimiendo como una perra en celo mientras era excitado por el contacto y la tortura en sus pezones.

   Poco a poco, Steve recupera la conciencia. Frente a él, esta el doctor Farrell, sonriéndole con diabólica burla. Steve, aún arrodillado, sostenido de los hombros, mientras detrás de él, Abdul espera el momento más oportuno para poder penetrarlo y comprobar los resultados del tratamiento que se le aplico en el culo del americano. Las palabras de Abdul aún resuenan en su mente. “¿Te gustó, perro puto?”. Una y otra vez. Recuerda como su mente estuvo por ese tiempo fuera de circulación.

   -Aahhhhhhhh. Ahhhhhhh. -la respiración apenas comienza a regularizarse, se da cuenta de dónde está y en qué circunstancias.

   -¿Ya estás listo, PUTO? -le pregunta Abdul al oído, ya que se dio cuenta de que se ha recuperado lo suficiente.

   ¿Listo? ¿Listo para que?, alcanza a pensar antes de sentir como la dura y jugosa verga de Abdul, está presionando en su culo amenazando con entrar.

   –NNGGHHHHHHHHHH… -un grito más de rebeldía que de dolor escapa de su garganta al saber lo que le espera.

   -Jejejejejejejeje, MI PUTO ESCLAVO, jejejejejeje. -le dice nuevamente al oído mientras presiona más y más su dura verga, abriéndole lentamente el culo.

   Intentando cerrarse, Steve presiona sus anchos hombros contra las fuertes manos de Farrell, quién lo mantiene quieto para que Abdul pueda penetrarlo. Las puntas en sus nalgas y brazos se mantienen adormecidos, pero siente como cada vez es más difícil detener la invasión anal. No es la penetración lo que lo aterra como hombre heterosexual que es, sino por las consecuencias que puede traer tener una verga en sus entrañas, su culo ha sido sensibilizado al igual que sus pezones, así que sí con la estimulación de los pezones casi pierde la voluntad, por el place que pasará cuando su culo sea estimulado puede transformarlo definitivamente en esclavo del cruel dictador.

   -Nghhhhhhhhhhhhhh. –grazna Steve, entre dientes por la desesperación, y trata de negarse, de evitar la cogida, pero su esfínter anal ha dado todo de sí, su resistencia es vencida por la dureza y humedad de la verga de Abdul, quien sólo sonríe, mientras mueve el bambú enterrado en las nalgas de Steve.- AGHHHHHHHHhhhh… -el dolor hace que la relajación anal en el soldado ayude a la penetración; la gruesa cabeza separa ferozmente los pliegues anales, dilatándole el culo, permitiendo el paso de la dura y gruesa verga de Abdul.

   Al sentir que su verga tiene el acceso libre, Abdul da un fuerte empujón con su cadera para poder penetrar el ansiado culo de una sola y firme estocada, enterrando toda su carne en el recto del macho que aún se resiste.

   -Así, así, puto; siéntela, puto, jejejejejejeje. -la risa de victoria y la palabra “puto” retumba en la mente de Steve antes de perder la voluntad.

   -¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH! -un intenso grito de sorpresa y rebeldía escapa de sus labios; trata de oponerse, de no permitir que dominen su mente de nuevo mediante el placer sexual, del erotismo caliente, que no anulen su raciocinio mediante la mezcla de dolor y placer.

   Pero si con la estimulación de los pezones, el placer nubló su razón y le dejo la mente en blanco, con la estocada de dura y cálida carne del otro macho, su culo es separado, su recto abierto y su cuerpo experimenta una descarga eléctrica que incendia su cuerpo. Todo él arde. El placer hace que por un segundo su vista se oscurezca, sus oídos no funcionen y toda su piel arda de éxtasis. ¡Dios, era tan rico! Toda su fuerza física lo abandona y su cuerpo se convierte en una masa muscular sin dominio de sí, controlada, su mente se pierde en un laberinto de luces que se encienden por las descargas de placer que recorren cada centímetro de su cuerpo. Su culo arde, e instintivamente, odiándose luego por ello, Steve lo aprieta para poder sentir más la dureza y el tamaño del miembro de Abdul. Lo desea, lo quiere adentro, cepillándole la pepa del culo. Abdul, con cada embestida, somete el desmadejado cuerpo del americano, dejándolo sin voluntad una vez más, con un placer que lo hace desear seguir experimentándolo, deseando más al macho que lo domina al meter y sacar su gruesa tranca de su redondo y ardiente culo. Sus bolas le duelen de nuevo por no poder liberarse, de no eyacular, su verga sólo puede liberar una delgada gota de líquido seminal.

   -¡Aggggghhhhhhhhhhhhh!

   -Así, puto. Tómalo. Es para ti, es lo que quieres. Es lo que necesitas ahora, puto. -Abdul lo coge, a fondo, mientras mueve las puntas de bambú enterradas en las nalgas de Steve, para provocarle el dolor.- ¡Jejejejejejeje! -la risa de victoria se deja oír, de ver como el musculoso cuerpo está desmadejado en las manos de él y las del doctor Farrell.

   -¡AHHHHHHHHHHHHHH! -casi al mismo tiempo en que Abdul le provoca dolor, vuelve a darle una estacada más, una estocada ruda, firme, de carne dura y caliente en el culo. El placer regresa anulando el dolor.

   Abdul mantiene de nuevo a Steve en los dos extremos de sensaciones. La saliva de Steve escurre por entre los ángulos de sus perfectos labios, sus ojos permanecen entrecerrados, en blanco, sin poder fijarse para poder ver, sus respiración aumenta de nuevo y de no ser por estar sostenido por Farrell, su atlético cuerpo ya hubiera caído de bruces en el suelo.

   Abdul alterna dolor y placer, seguidos el uno del otro, bambú y verga, ocasionando estás sensaciones simultáneamente. Gruñe ronco al sentir su verga atrapada, halada, comida por esas entrañas de macho hambriento de güevo, mientras mantienen al rebelde soldado gimiendo y quejándose, disfrutando y sufriendo, pero por entre todo esto su mente se mantiene como la de un ser irracional que solo siente , sin pensar.

   -AAHHHHHHHHHHHH, AGHHHHHHHHHHHH, AHHHHHHHHHH, AGHHHHHHHHHHH, AHHHHHHHM AGHHHHH… -los gemidos y gritos de dolor son alternados. Así como lo que Abdul hace en él. El musculoso cuerpo de Steve se convulsiona por las fuertes descargas de placer, sus músculos se contraen involuntariamente por las descargas eléctricas que translimiten los estímulos de placer a todo su cuerpo.

   -Farrell, quítele las ligas de la verga y las bolas, necesitamos muestras de semen. -le ordena al doctor.

   Uno de los soldados ayuda a seguir deteniendo el desmadejado costal de músculos, mientras otros soldados ayudan a Farrell a retirar las ligas que lo mantenían reducido a la impotencia en verga y bolas. Con algo de dificultad y dejando algunas heridas leves en el escroto, por fin el doctor Farrell logra cortar las ligas que mantenían las bolas de Steve sometidas. El dolor en ambas bolas se reduce. Un catéter es colocado inmediatamente en el meato urinario de Steve, para recolectar el semen que eyacule, el catéter esta conectado a su vez a un contenedor plástico que es donde será recolectado el semen.

   -Aaahhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhh, aaahhhhhhhhh. -Steve casi permanece ajeno a todo lo que le sucede, consiente únicamente de la deliciosa verga que lo coge, que lo penetra con rudeza, despertando ecos de gozo y lujuria por todo su cuerpo; sólo siente, lejano, como la presión en sus casi azules bolas, ha cesado y su verga está libre aunque aún tiene el piercing. La dureza en la verga de Steve no decrece a pesar de que le han retirado la liga que la mantenía en permanente erección.

   -Listo, señor. -le informa Farrell a Abdul.

   -Perfecto, jejeje.

   Abdul deja de mover su dura verga en las entrañas de Steve y le da la oportunidad de que comience a reponerse. La excitación empieza a disminuir y la conciencia del macho empieza recobrarse; lentamente sus ojos vuelen a la normalidad, puede ver, siente como su verga tiene algo insertado, voltea a verlo, las ligas están en el suelo, cortadas, aún su verga está dura pero el dolor en sus bolas ha terminado. Aunque por ahora sólo se ha recolectado abundante líquido seminal, Steve sabe que viene una gran corrida; trata de mover sus brazos y pernas, pero estos no le responde, sólo le provocan dolor.

   -AGHHHHHHHH… -siente en sus entrañas como aún está la dura verga de Abdul, auque inmóvil, una vez que casi se ha recuperado.

   -¿Ves como ya eres “MI PUTO AMERICANO? ¡Jejejejejeje! -le dice en el oído.-Gimes como una perra caliente en celo cuando tienes mi verga moviéndose en tu culo, puto; te domino con verga, jejejejejeje.

   -No me dominaras; no podrás sometermghhhhhhhhhhhhhhhh. Ahhhhhhhh, ahhhhhhhh. Ahh… -antes de que Steve termine la frase, Abdul vuelve al vaivén de su verga en el sensible culo del macho americano, dejándolo de nuevo en el estupor sexual.

   El calor regresa a las entrañas de Steve, quien por más que trata de evitarlo no puede, el placer no le permite pensar, lo deja indefenso, sin voluntad, sólo gimiendo y desmadejado en manos de sus enemigos, apretando con su esfínter la dura y rica barra de carne ardiente que tanto placer le daba. De nuevo su cuerpo se contrae, como si convulsionara, pero todo es debido a la estimulación, cuando la excitación ha ocasionado que Steve este totalmente en mano de Abdul, este, riente, deja de mover su verga en el culo del prisionero. Para dejarlo recuperar nuevamente.

   Cuando Steve está de nuevo recuperado, Abdul regresa a la tortura de placer sexual, mueve de nuevo su verga con fuetes embestidas.

   -Nnoooooohgggggggggggg. Ahhhhhhhh, ahhhhhhhhhhh. -Steve sabe que pierde la noción y la conciencia cuando su culo es estimulado, el ardor sexual y las descargas de placer recorren cada fibra de su musculoso cuerpo.

   El piso está empapados de todo el sudor que el macho ha transpirado en esta tortura. Para Abdul es satisfactorio ver como la voluntad del rebelde prisionero es anulada, como han logrado en tan corto tiempo y gracias a los experimentos de Farrell, hacer que Steve sea anulado mentalmente aunque sea sólo cuando están estimulando las zonas de su cuerpo que fueron tratadas con los químicos preparados por Farrell.

   En la sexta ocasión cuando Abdul deja que Steve se recupere y pierda la conciencia, las grandes bolas del americano no pueden resistir más y descargan toda la leche acumulada por esas semanas de cautiverio sexual. El semen de color distinto al habitual por el almacenamiento por tantos días, es abundante y espeso, la gran verga de Steve se contre una y otra vez, mientras sus bolas se pegan a su cuerpo y su escroto se reduce.

   -AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH, AHHHHHHHHHHHHHHHHHH. -el gemido más intenso por el orgasmo más intenso que haya experimentado en todos sus encuentros sexuales, lo deja agotado. Pero no insensible, en cuanto la verga de Steve termina con sus espasmódicas contracciones eyaculatorias, Abdul regresa a las fuertes embestidas, sabe que aún hay mucha leche en esas bolas.

   -Te dejaré seco, puto. -le dice mientras vuelve darle las más fuertes embestidas, sin que Steve recupere el control de si mismo.

   Una y otra vez la tortura de Steve se repite, sus grandes bola eyaculan una y otra vez, llenando de leche el contenedor. Su cuerpo está agotado, su culo quemándose, en la décima ocasión que Steve eyacula, recibe en su culo la leche de Abdul, por segunda vez, sin darse cuenta real de lo que pasa. Abdul cierra los ojos y mete su verga lo más adentro que puede para depositar su semilla lo más profundo que pueda en las entrañas de Steve. Después saca su verga del culo del agotado macho.

   -Déjenlo que se reponga. -ordena. Los soldados lo mantiene aún arrodillado, sin dejarlo caer. Al dejar de ser estimulado su culo, la mente de Steve regresa, su voluntad y su conciencia regresan, aunque no por estar ausente deja de saber lo que le pasa, lo que Abdul le hace.

   -Ya eres mío, puto, no podrás escapar de mí nunca. Voy a imponer mi voluntad en tu mente, jejejejejeje, aunque trates de rebelarte no podrás evitarlo, jejejejeje. Llegará el momento cuando vengas pidiéndome que te coja, que mi verga te penetre. O que cualquier verga de macho te de goce.

   -Ahhhhhhhh, ahhh. -el tórax de Steve se expande para tratar de reponerse, está agotado, confundido, furioso consigo mismo.

   -Creo que ya le hemos secado las bolas, hemos extraído el semen acumulado en estas semanas. De ahora en adelante toda la producción la usaremos en nuestros experimentos. Farrell, déme el contenedor. -le ordena.

   Farrell saca el catéter de la verga de Steve y retira el contenedor del catéter para dárselos a Abdul. Steve los sigue con la mirada sin saber qué traman, aunque sabe que no será nada bueno, pero las puntas de bambú enterradas en sus brazos y nalgas lo mantienen indefenso físicamente, su respiración aún es agitada y el sudor aún no cesa de resbalar por cada curvatura de su cuerpo. El rostro de Steve se nota extremadamente agotado, muy cansado. Pero atractivo y viril.

   Abdul vacía el semen recolectado en un vaso, hasta la ultima gota.

   -Necesitas alimentarte, puto; te faltan tus proteínas, jejejeje. -le dice a Steve, mirándolo a los ojos mientras se acerca hasta donde el americano está aún sujeto por los soldados.- Sujétenle la cabeza, es hora de que vaya aprendiendo a saborear la leche de los machos…

CONTINÚA (no es mío)

Julio César.