Este relato de los hermanos Winchester corresponde al tipo del Wincest, el incesto entre ellos. ¿Qué siente aquel que está atrapado dentro del amor de otro? Pero atrapado de verdad… Sea como sea, parece aterrador.
El cuento no es tan exacto, fue escrito por UNA CHICA, originalmente en inglés, idioma que desconozco totalmente, y la traducción del equipo fue fatal. Así que únicamente será una aproximación. Disfrútenlo, vale la pena.
……
Título: La Seducción del Poder… (4)
Por: Bridget McKennitt
Vinculación: Sam Dean
Rating: NC-17
…
-Como te soñé…
……
Dean se apoyó en el marco de la puerta y vio como Sam metió a su hijo en la cama y como se sentó en el borde mientras leía. Sam apenas leyó la mitad del cuento cuando los ojos de Austin se cerraron y se acurrucó más profundamente dentro de sus mantas. Dean se dirigió hacia la cama y se arrodilló para besar a Austin en la frente; Dios, lo amaba tanto, ¿cómo saber qué hacer?
Sam hizo lo mismo antes de cerrar el libro y dejarlo a un lado. Miraba a su hijo con amor, pero al levantar la mirada hacia Dean, sus pupilas parecieron velarse de lujuria, de deseos largamente insatisfechos.
-Es hora de que también nosotros vayamos a la cama, Dean…
……
Sam cerró la puerta del dormitorio tras ellos, mientras Dean dudaba aún en el centro del mismo. La mirada del menor es falsamente suave, porque exige sin palabras, así que comienza a quitarse los zapatos. Descalzo va hacia la cama, pero Sam, con los labios oprimidos, lo detiene. Sus manos grandes toman los faldones de la franela halándola, quitándose. Y Dean se rinde, bajando también sus pantalones. Siempre dormía en calzoncillos aunque esa no era una noche de rutina. La risa profunda de Sam al verlo así, lo hizo dudar otra vez. Tal vez debería luchar por sus pantalones.
-Te ves bien, hermano. –susurra Sam al verlo darle la espaldas para colgar sus ropas. Dean se niega a verlo. Quiere seguir resistiendo.- Mírame.
Se vuelve lentamente hasta quedar cara a cara con Sam. Su hermano ya se había quitado las ropas hasta quedar sólo en calzoncillos también.
-Sam…
-No tiene caso negarte, Dean. Me voy a la mierda y tú me acompañarás. Como siempre. Y no hay nada que pueda hacer al respecto.
-Qué original, llegas hace poco y ya me amenazas. -Dean se burló de su tono mientras llega a la cama y retira el cobertor.- Han pasado cinco años desde la última vez que te vi y ya estás siendo agotador. ¿Qué quieres? ¿Ser el chico malo? ¿El rudo? ¿Tomarme por la fuerza y tal vez oír mis gritos?
Sam se echó a reír y movió un dedo hacia Dean. De pronto el hombre joven sale despedido hacia atrás y cae de espaldas en la cama, sorprendido; aún más cuando los calzoncillos bajan por sus piernas, avergonzándolo. Sam se acerca, mientras queda desnudo también, y cae a horcajadas sobre él, apresándolo con sus musculosas piernas, aplastándolo con su peso. Sonriéndole.
-Tienes razón en no temerme. No hay peligro de abuso, ¿verdad, Dean? Los dos sabemos que también tú quieres esto.
–No, Sam… -tartamudeó Dean, pero apoyó las palmas de las manos en los huesos de la cadera de Sam, estremeciéndose ante las mecidas de Sam sobre él, de sus nalgas sobre su miembro. Quiere creer que el calor que lo recorre, que los latidos acelerados de su corazón o el picor en su piel es obra de Sam, de sus artes y que nada tiene que ver con él.- Así que sólo vamos a retozar un rato, ¿eh?
Sam se inclina para besar suavemente los gruesos labios de Dean, labios pecaminosos que toda la vida lo torturaron en sus sueños y fantasías eróticas mientras iba creciendo a su lado. Recuerda tantas noches de compartir habitaciones, sentado en su cama en medio de la noche, mirando la boca de Dean entreabierta, esos labios rojizos llamándolo, incitándolo a devorarlos con hambre. Labios que ha deseado con dolor y furia durante los últimos cinco años.
-Ese es el plan, Dean, que retocemos. Que seas mío… que te posea… -le sonríe, entre caliente y cínico, mordiendo ese labio inferior que a cada pase de su lengua sabía mejor.- ¿De qué otra manera puedes quedar embarazado de nuevo? –y lo besa a pesar de notar el miedo brillar en los ojos del otro, de lo rígido de su cuerpo y de las manos sobre su pecho que intentan alejarlo.
-No, Sam. ¡Eso no! No puedes hacerme eso otra vez. Una vez fue suficiente. No podría pasar por toda esa tortura de nuevo.
-¿No amas a Austin?
-Si, pero fue… horrible. –y sus ojos, sus labios, su rostro todo, reflejan el pavor.
-Lo siento, Dean. Me hiciste perder los primeros años de la vida de Austin. ¡Es mi hijo y te lo llevaste! ¿De verdad creíste que podía salirte barato jugar a la ligera conmigo al negarme algo? –a Sam le brillaban los ojos con un amarillo feroz, lo quería castigar, pero… Dean abrió mucho los ojos y jadeó al sentir unos dedos fantasmas atrapando su verga debajo de Sam, y trazar un recorrido de arriba abajo, alternándolo con suaves y ásperos tirones, excitándolo, masturbándolo.
-No, por favor, lamento haberlo hecho, pero no puedo hacerlo otra vez. Tú no entiendes, no puedes ni imaginar…
-Sé exactamente lo que sucedió. –casi le grita contenido, bañándole el rostro con su aliento. Furioso otra vez, atrapándole con una mano la barbilla.- Estabas solo y asustado porque estabas embarazado. Ocultándote de toda mirada, de todo el que pudiera notar que no eras un extraño obeso sino un hombre preñado. Vagando por carreteras secundarias como un vagabundo en busca de un lugar seguro, uno donde pudieras echarte a descasar un rato por tu espalda adolorida, tus pies hinchados, pasando un mareo o sufriendo nauseas. No podías recurrir a nadie en busca de auxilio, no había para ti una sola mano amiga, porque nadie de confianza te quedaba ya. Y temías a los otros cazadores. Por lo que te harían… -y toca su abdomen plano y firme, casi con amor.- …y a tu hijo. -Sam hizo una mueca de rabia mientras sus manos fantasmas continuaban jugando con la verga de Dean.- Todo el mundo sabe que eres mi hermano, y saben lo que hice. Hubiera sido sólo cuestión de tiempo hasta que alguien sumara dos más dos y se diera cuenta de quién era el otro padre de tu bebé.
–Sam, yo… -Dean gimió desviando el rostro. Sí, era cierto, pero era todavía peor. Hubo momentos cuando sintió que su abdomen se rasgaría y sólo le quedaba tumbarse de lado, sofocado, sudoroso, temiendo reventar y morir. Sam lo mira y se inclina hacia abajo y con su lengua, de donde escapa un gemidos al posarla sobre su hermano, lentamente lame un sendero hasta su garganta, degustando otra vez, al fin, su sabor.
-Apuesto a que te atrincheraste en alguno deposito infernal en Austin, Texas, soportando el horrible dolor porque no podías hacer otra cosa. ¿Cómo te alimentabas? ¿Qué hacías cuando la fiebre te ganaba? Imagino el parto… -y se miran, el aquella mirada hay severidad, también rabia y… ¿admiración?- Qué miedo debiste sentir al llegar el momento. –baja la mirada hacia la pálida cicatriz debajo del ombligo, una que borrará en cuanto Dean se descuide.- ¿Gritaste cuando te cortaste a ti mismo con tu cuchillo? ¿Sacaste a Austin con tus manos y cortaste ese cordón con el que le alimentabas? –ahora sus ojos son terribles, feroces.- ¿Sabías que pudiste desmayarte debido a la pérdida de sangre y morir? ¡Pudiste morir y yo te habría perdido! –acusa, eso es lo que parece enloquecerlo.- Debiste venir a mí, maldito imbécil. –y una bofetada sin mucha fuerza cruza el rostro del mayor.- Oh, Dean, eres tan maravilloso. –jadea casi en seguida y con un estremecimiento oculta el rostro en el cuello del otro, frotándose, besándolo, oliéndolo, mordiéndolo.- Fuiste tan valiente… Estabas tan solo… Pero esta vez…
-¡Jódete! -le espetó un segundo antes de quejarse cuando esas manos fantasmas comienzan a recorrer sus nalgas, buscando la entrada de su culo.- No voy a dejar que… que me hagas eso otra vez.
-Esta vez será distinto y mejor. Ya lo verás. Nuestro bebé nacerá en el trono del Infierno rodeado de su familia. No te faltará nada, Dean, serás atendido con mimos y diligencias, como corresponde a un príncipe infernal. No tendrás que pasar por todo esto solo. Estaré junto a ti en todo momento, a tu lado, adorándote. –sin apartar los ojos de la verde mirada del otro, Sam levantó una mano y una botella de aceite para bebé voló hacia su palma desde el interior del armario. Y sonriendo comenzó a untar el lubricante en su verga erecta al máximo mientras usa sus poderes para enterrar esos dedos invisibles dentro de su hermano, dilatándolo.- Vas a convertirte en mi consorte. Piensa en ello.
-No… No…
-Sí. Será maravilloso, Dean. -Sam frota, apenas conteniéndose, la lisa cabeza de su miembro contra la entrada de Dean, y con un firme golpe entra, dejando escapar un jadeo.- No puedes negarte, hermano. Es tu destino estar conmigo para siempre. Nunca tuviste otra opción desde que te convertiste en padre, hermano y madre para mí. Debiste saber que me enloquecerías… que tus ojos, tu sonrisa, tu boca… todo tú terminarían enamorándome. ¿No sabes que todos los que te ven te desean? –gruñe penetrándolo una y otra vez, a veces lento y profundo, otras rápido y rudo, recorriendo con sus labios el pecoso rostro, mordiendo los gruesos labios que tiemblan bajo los suyos.- No podía ser de otra manera, Dean. Le dije que sí a Lucifer para mantenerte a salvo, para tenerte a mi lado, para que fueras míos como soñaba desde que era tan sólo un muchacho. –y lo besa, perdiéndose en sus labios, casi alzándole las caderas de la cama con la fuerza de sus embestidas.
Dean jadea también, no sabe sí es él o es obra de Sam, pero lo desea, desea ser sometido, enculado… amado por Sam. Y Sam lo sabe, sus ojos brillan terribles. ¡Lo tenía!, Dean era suyo, se dice mientras gruñe su nombre una y otra vez, y atrapa con sus labios la boca del otro, ahogando sus gemidos cuando comenzó a joderlo en serio, necesitando satisfacerse en Dean, pero buscando que Dean lo disfrutara al máximo también.
……
Dean yace al lado de Sam, quien lo detiene cuando intenta levantarse de la cama. Sam sabe que está avergonzado de su propia pasión. De sus deseos. El menor lo envuelve entre sus brazos dejando escapar un ronco suspiro de júbilo. Había esperado cinco largos años por ese momento. El mayor intenta una vez más alejarse gruñendo algo de ir al baño, y Sam, sonriendo, lo atrapa dejándolo de lado, pegándose a su espalda como cucharitas en un estante. Sam frotó el rostro contra la parte posterior de su cuello y se acurrucó más contra su espalda.
-Piensas demasiado, Dean. Déjalo así. Estamos juntos, y es perfecto.
-Esto es todo menos perfecto.
Sam, suspirando cansino, desenvolvió uno de sus brazos y envió los dedos hacia abajo para acariciar el culo de Dean, antes de empujar uno y clavárselo. Dean gimió y trató de alejarse.
-Shh, Dean, Austin está dormido. –Sam, sonriendo como un niño satisfecho, ronroneando como un gatito feliz, entierra su nariz en la cabellera de Dean, e inhala el olor de su hermano antes de arrimarse a él de nuevo.- Mañana vas a hacer el desayuno para nuestro hijo y le diré quién soy realmente. Y nos iremos los tres. Mis demonios vendrán a recoger lo que necesites. Entonces comenzarás tu nueva vida como mi consorte, y serás feliz, cariño. Nada de angustias o incertidumbres. Ni penas ni llantos. No habrá más tristezas ni momentos de soledad para ti, Dean, te lo juro por el Infierno.
-No, por favor. -susurró.- S… Sammy, yo no puedo volver. Ya sabes lo que fue para mí la primera vez.
-¿Hablas de cuando salvaste mi vida vendiendo tu alma yendo al infierno o de cuando pariste a Austin?
-De ambas cosas.
-Dean, Dean… mi vida. –y besa su nuca.- Yo sé lo que fue. Y si Alastair y Lilith vivieran aún, los destrozaría un millón de veces por lo que te hicieron. –y suena terrible, lleno de odio contra aquellos que lastimaron a su Dean.- Pero ahora es diferente. Ahora serás un rey. Ya lo verás. Esta vez nadie te tocará, y no estarás solo durante tu nuevo embarazo. No en el Infierno que he creado. Estaremos juntos, tú y yo con nuestros hijos. -Sam se le encima más, y extiende los dedos sobre el estómago de Dean.- Tú, Austin y nuestro bebé, serán amados por toda la eternidad.
Dean nada dijo pero un suspiro casi hipo hizo más patente su disgusto, su tristeza. Pero Sam, sonriendo cruel, casi mordiéndole la nuca, se relaja, sabe que tiene a su hermano justo donde lo quería. Dean jamás pudo negarle nunca nada por mucho tiempo. Porque Dean lo amaba demasiado, desde el momento mismo cuando su padre lo colocó en sus manos y le gritó que corriera y lo salvara de la casa en llamas. Una vez que llegara el momento, y ese momento se acercaba rápidamente, Sam tendría todo lo que quería. Aún lo desea, quiere tocarlo, recorrerlo con sus manos, morderlo; sentir el calor de su espalda, trasero y piernas, lo excita, pero sabe que debe darle tiempo. Con voz ronca y suave, susurra unas palabras, al conjuro, Dean cierra sus ojos y duerme. Y el beso que el menor deja tras su oreja, lo hace sonreír.
Satisfecho, feliz, el más joven de los Winchester apoya su rostro sonriente contra la parte posterior del cuello de Dean. Pobre y dulce Dean, ¿realmente creyó que no volvería por él? ¿Acaso no entendía aún cuánto lo amaba? El mayor había sufrido mucho, por terco, pero también por su gran corazón; ahora él lo compensaría. Mientras el mundo se hundiera en los ayes, las penas y los dolores, dos tercios de los hombres perecieran y del Cielo lloviera fuego, Dean sería feliz, amado, mimado y protegido. Sam se encargaría de eso… como se encargaría de dos hebras canas que ve en su coronilla, o de las arruguitas más pronunciadas alrededor de su boca o de la maldita cicatriz. Casi contiene una risita cruel al imaginar el momento cuando Dean se diera cuenta. Tal vez pensaba que algún día, la vida y el tiempo, lo librarían de Sam… Ignora que eso jamás ocurrirá. Qué estarán juntos para siempre…
Y tal vez aún más allá.
FIN (no es mío)
Julio César.









