-¿Es lo que quieres? Tómalo…
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Hace tiempo comencé a reproducir el caliente cuento que dos chicas, fans como ningunas, escribieron sobre los hermanitos Winchester, Sam y Dean (aunque en este relato no son hermanos); donde Sam, un agente de policía, detiene a Dean en una carretera, se llena de mala leche, calor y lujuria y tiene sexo salvaje con él (lo que es totalmente comprensible), casi casi forzado. Fue un relato bien guarro, y ahora encontré la continuación. Disfruten la continuación.
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TÍTULO: ¿Qué desea agente?
AUTOR: chicarvil y Parker = duendenocturno
FANDOM: Supernatural of course
PAREJA: Sam/Dean ¿hay otra?
…
Dean está conduciendo, otra vez, ahora no es sólo por gusto, la verdad es que le ha costado volver a conducir, se siente raro (el recuerdo del gigantón que lo enculó en la parte trasera del Impala, aún lo conmociona), pero le esperan…
Esta vez no ha podido contra la orden directa de su padre: “Hoy comemos todos juntos, Dean, ya es hora de que conozcas al resto de la familia y no admito un no”. Bien, hoy conocería a la “prometida” de su padre… Sí, su prometida. John Winchester se casa. Eso es lo que quería decirle cuando su llamada interrumpió su… Su encuentro con la ley.
No sabe ni como ha pasado esos días.
Aún tiene el trozo de papel rosa con el número del fulano Sam Winchester, en el bolsillo de su cazadora. No le ha llamado y ni siquiera sabe si va a hacerlo, pero es incapaz de deshacerse del número. Cuando le dijo que podían quedar para verse luego, lo dijo en serio, pero ahora, quince días después… Bueno, ya no está tan seguro.
El tipo lo iba a violar, lo arrastró, lo tocó todo, lo esposó, le metió dedos… Le dio el mejor sexo que había tenido en su vida, pero no tiene nada claro qué hubiera pasado si él se hubiera resistido. Algo le dice que el tal Sam no se habría detenido y lo habría penetrado aún a la fuerza.
Probablemente aún está bajo algo parecido al síndrome de Estocolmo y por eso no se ha deshecho del número.
De todas formas no es que haya tenido demasiado tiempo para pensar. Sam le dio su número y, antes ni de pensar en darle el suyo, sonó su móvil y pasó de estar en una película porno a estar en medio de una cinta de drama familiar. Bueno casi inmediatamente, porque despegarse del gigante no fue tarea fácil. Parecía no desear dejarlo ir.
Su padre no suele llamarle mucho. No se ven demasiado, así que cuando le llamó no dudó que sería algo importante, pero no se imaginó que pudiera ser para algo así. ¡Ni siquiera le había dicho que salía con alguien! Bueno, es cierto que no se comunican demasiado, pero algo así no pasa de un día para otro y no es normal pasar de no saber que su propio padre sale con alguien a que le diga que se casa en menos de un mes…
¡Su padre se casa! ¡Joder!
John, su padre, no había tenido demasiada suerte con las mujeres, su primera mujer, la madre de Dean, había muerto cuando aún era muy pequeño para recordarla y su padre volvió a casarse enseguida, más buscando una madre sustituta que por otro motivo. No funcionó. Se había separado hacía muchos años y no fue una separación amigable, le había oído jurar una y mil veces que no volvería a casarse y eso le daba cierta tranquilidad difícil de justificar. Lo cierto es que nunca había visto a su padre interesarse por ninguna mujer, no para algo más de un rato.
A ratos se sentía terriblemente enfadado y a ratos se daba cuenta de que se estaba comportando como un crío al que le quieren quitar algo suyo. Egoísta. Estaba siendo egoísta. El viejo necesitaba atenciones… y como él no pensaba dárselas, era bueno que una mujer cuidara de sus no tan lejanos achaques ya.
Sin embargo, había puesto una excusa detrás de otra para aplazar el conocer a su futura madrastra, hasta hoy. Hoy conocería a la nueva familia de su padre. La familiar punzada de celos le volvió a atacar haciendo que levantara el pie del acelerador, lo cierto es que no quería conocerlos.
Su padre se casa de nuevo y se va a ir a casa de su futura esposa, que por cierto no vive sola, vive con su hijo. “Te gustara, Dean. Es poco más o menos de tu edad. Un chico estupendo.” Eso le ha dicho su padre. ¿Qué tan estupendo puede ser un sujeto de su edad que aún vive con su madre? Desde luego eso no dice mucho en su favor.
Seguro que es un calzonazos. Sí, seguro que es un niño de mamá, de esos que no son capaces de tomar decisiones por sí mismo.
Con esa sensación sube las escaleras de la preciosa (y seguro que carísima) casa de su madrastra. Coño, qué mal suena, casi espera ver a al dibujo de “La Cenicienta” cuando le abran la puerta, la cual aporrea visiblemente molesto. No quiere estar allí, no quiere conocer a ese calzonazos y mucho menos a esa mujer que se mete en la cama con su padre.
Arrgggh… Qué asco. La imagen de su padre tirándosela acaba de golpearle, no se le pondrá dura nunca más. En un desesperado intento de salvar su vida sexual vuelve a pensar en ese policía que le hizo correrse y vaya, vaya, resulta que es de lo más efectivo porque su miembro vuelve a cimbrear entre sus pantalones.
Se acomoda la semi erección entre sus piernas y es justo en ese momento en el cual la puerta se abre. Sin duda sería una buena presentación la de que tu madrastra te pille en la puerta de su casa con la mano cerrada sobre su entrepierna; y a Dean le habría encantado que se le hubiese ocurrido antes (eso sin duda sería algo épico) pero todo se le borra de la mente cuando ve quién le ha abierto la puerta.
-¿¿Sam??
-¿¿Dean??
Sam lleva días desesperado por los tumbos que ha dado su vida de alegre y heterosexual soltero joven; primero se enrolla con un desconocido en una carretera perdida, un hombre para más señas, se encoña hasta las trancas y le da su número de teléfono. Mal hecho, muy mal hecho. ¿Cómo pudo confiarse en un extraño de esa manera? Con su número pueden localizarle, saber quién es, donde vive ¡podría denunciarle! Seguro que podría hacerlo… Se lo merece, prácticamente le obligó a tener sexo.
Bueno lo cierto es que no parecía tan obligado después de quitarle las esposas. Después de contestar aquella llamada telefónica parecía poco dispuesto a irse. Sam no pudo evitar la sonrisa que le subió a los labios viéndolo pensativo, respirando agitado, enrojecido por el sexo. Totalmente sexy y adorable.
Quería que le llamara. Casi se lo pidió. Dean dijo que lo haría y él le había creído; ¿cómo no iba a creerle cuando Dean tenía la mejor boca del mundo? ¡Y se lo había demostrado! Varias veces para ser completamente sincero.
Inconscientemente se lleva la mano a la entrepierna, pensar en el pecoso y empezar a endurecerse fue todo uno.
Su endurecida piel recordó el tacto de esos gruesos labios, subiendo y bajando golosos por su verga dura; la lengua dibujando la punta de su miembro a la vez que la mano lo masturbaba con fuerza.
Un puto experto, el rubio era un puto experto, lo había pensado la primera vez y seguía pensándolo… ¿Sería un profesional? A lo mejor por eso no le había llamado. A lo mejor no pensó en llamarle en ningún momento y sólo hizo lo que mejor sabía hacer para quitárselo de encima… Aunque cuando le lamia de esa manera, como si su tranca estuviera cubierta de su sirope favorito, costaba pensar que quisiera quitárselo de encima.
Eso era lo que de verdad lo enfurecía; la incertidumbre. ¿No lo llamaba porque era un profesional? ¿O porque se sentía violado? ¿Quería que lo llamara? ¿Qué le diría si lo hacía? De todas formas, ¿qué más daba? Casi mejor que ese tipito no volviera a aparecer, ¿quién coño se creía ese idiota para tratarlo así, dejándolo caliente, lleno de recuerdos… y sin buscarlo? No era una quinceañera, era un hombre hecho y derecho, joder.
Y encima no había tenido tiempo de investigarle, vamos que él es un policía y con la matricula del rubio podía haber intentado rastrearle, pero ahora no podía perder tiempo por un enamoramiento estúpido. Su madre se casaba y aunque John le caía bien no podía evitar preocuparse, le ocultaban algo, toda su intuición policial se lo indicaba, pero mientras su madre fuera feliz nada más importaba, si alguien se lo merecía era ella y estaba claro que hoy era un día especial, estaban esperando al hijo de John para comer juntos, no era la primera vez que le invitaban y sospechaba que los estaba evitando.
Fue cuando escuchó a alguien aporrear la puerta de mala manera; supuso que tal vez algunos niñatos jugaban a eso de llamar y salir corriendo. Y eso era algo genial. Estaba de un humor de perros y había encontrado a alguien a quien gritarle. Así que abrió la puerta llenando sus pulmones dispuesto a pegar cuatro gritos cuando lo vio.
Dean.
Se atragantó con su propia respiración, no sólo porque lo tuviera allí delante sino porque estaba allí, delante de él y ¡¡tocándose!! Le lengua se le espesó dentro de la boca al imaginarse de rodillas delante de él y…UN MOMENTO… Este idiota ha estado ignorándole durante quince días. No va a caer tan fácilmente… frente a su miembro.
-¿¿Sam?? –repite. Parece hasta sorprendido.
-¿Qué haces aquí? -gruñe acuchillándolo con la mirada
Dean casi retrocede al ver a Sam delante de él; mira la puerta por si se ha equivocado y vuelve a mirarle, inseguro, como si su propia fantasía le hubiera conjurado en esa casa, pero antes de que le dé tiempo a contestar o preguntar ve asomarse a John.
-Hola Dean, has tardado más de lo que esperaba; anda entra, ya tendrás tiempo de fraternizar con tu futuro hermano.
¿¿Ehhh??… ¿Ha dicho hermano?
Antes siquiera de que alguno de los dos pueda reaccionar, Dean se ve arrastrado dentro de la casa con el brazo de su padre sobre sus hombros y la mirada sorprendida de Sam clavada en la nuca… y su trasero, seguramente recordando el momento cuando le clavo su verga.
John lo arrastra dentro de la casa, llamando a voz en grito.
-¡¡Ellen!! ¡¡Ellen, ven, Dean ha llegado!!
Una mujer de la edad de su padre sale de una habitación ¿El salón? ¿La cocina? No lo sabe ni le importa, ha tenido que oír mal porque ha escuchado que su padre ha dicho que Sam es su futuro hermano y eso no puede ser. NO PUEDE SER. Sam no puede ser su hermano. No puede tener tan mala suerte. Los finos brazos de su futura madrastra le rodean el cuello y le dan un fuerte abrazo.
-Eres un chico guapísimo, Dean. –comenta ella. John decide que el hombro de su futura esposa es mejor que el suyo así que se cuelga de Ellen y su mirada oscila de él a Sam, que se acaba de poner a su lado. El cuerpo se le tensa y un sudor frío lo baña.
-Por fin toda la familia junta. -sonríe John que no se percata de que Dean parece que está en una sala de interrogatorios, pálido y sudoroso.- Dean te presento a tu hermano, Sam Winchester.-
¡¡¡Dean, te presento a tu hermano, Sam Winchester!!!
CONTINUARÁ (no es mío)
Julio César.









