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AL FINAL DE LA PRIMAVERA… 2

febrero 18, 2014

AL FINAL DE LA PRIMAVERA

   Este relato NO ES MÍO. No entraré mucho en detalles, tan sólo que dos sujetos se conocen, conectan, y pasarán más de veinte años de sus vidas encontrándose y perdiéndose. Me gusta (no lo leí antes) porque es, argumentalmente hablando, muy completo. No es para menores de edad.

……

Título: Memories of Autumn

Autor: Damnlady62

JENSEN ANDA JARED, PADACKLES

   ¿Y si solo se nos permite un único gran amor?

……

   -Mi culo siempre es deseado por los habitantes de esa mesa. Esté como esté. –sentencia Chad.

   -Vaya, casi lo dices orgulloso. –ríe Jared; Dios, cómo extrañaría esas conversaciones de altura en la universidad. Debía convencerles de…

   -Oye, no digo que me guste saber que Collins se la casca pensando en él, pero ¿qué puedo hacer? Mi culo gusta.

   -Es bueno que te sientas tan satisfecho de tu culo, vives con la cabeza allí. –sentencia Mike, mirando hacia la mesa de los maricas, casi en el centro del salón, con tres chicos hablando animadamente en voz baja en esos momentos, acompañados de una chica bastante extravagante en su moda retro de vestuario tipo Madonna.- ¿Alguna vez les han ofrecido una mamad? Me refiero a los chicos de la mesa de los maricas.

   -¿A ti si? –Tom ataca, pero se turba cuando Mike se vuelve y le encara.

   -¿A ti no? Esa si es una sorpresa. –Tom frunce el ceño y parece que va a replicar algo particularmente amargo cuando Jared decide que el tema se vuelve polémico.

   -Bajen la voz, coño, todos van a escucharles. Y dejen de decir “la mesa de los maricas”, es… ofensivo. –continúa, palpándose de pronto el bolsillo del pantalón, echando en falta la molestia de las llaves del coche de su padre.

   -Oh, Dios, esta mañana estás particularmente marica. –tercia Chad, mirando a los otros dos, con ánimos de molestar. Y estos entienden.

   -No es eso, sino que parece… prejuicioso, no porque se sienten todos a esa mesa en particular…

   -¡Son maricas! –aseveran los otros tres, Chad incluso afirma vigorosamente con la cabeza.

   -Porque estén en teatro, o danza, o patinaje, no creo que todos…

   -¡Son maricas! –sentencian a tres voces nuevamente y Jared ríe, era tan gracioso; se pone de pie.

   -Está bien, idiotas. Es la mesa de los maricas del colegio, todos los que allí se sientan, lo son. –concede en voz moderada, jugando con ellos, al tiempo que se vuelve.- Creo que perdí las llaves de… ¡Hey! –medio choca de un chico que viene con una bandeja en las manos, quien logra evitar un desastre con rápidos reflejos.- Lo siento, no te vi.

   -No hay problema. –es la serena réplica, verdes ojos danzante tras los cristales de unas gafas algo grandes, un verde color musgo salpicado de oro en medio de un rostro pecoso que desconciertan por sus matices a Jared. Como el moretón visible, a pesar de algo de crema, en su pómulo derecho.- Oye, debo desayunar y… -alza la bandeja.

   -¿Cómo? –Jared no comprende qué quiere, sintiéndose algo perdido al estar intentando recordar datos; si, era ese extraño chico Ackles, el hermano de Josh.

   -Impides el paso. –le aclara el chico Ackles. Al estar de pie entre dos mesas, Jared lo hace y lo nota al fin, así como el cambio en esos ojos que ahora brillan malignos.- Voy para allá, a sentarme. Ya sabes… en la mesa de los maricas de la escuela.

   Jared palidece y luego enrojece, boqueando como un pez, mortalmente mortificado de haber sido pillado diciendo aquello que, fuera de toda otra consideración, no reflejaba su manera de pensar. No ayudaba que ese extraño chico Ackles, mejillas algo enrojecidas (cosa que destaca mucho sus pecas), le mirara con infinita chanza, o que sus amigos, sentados a un lado, estallen en carcajadas de burla porque metió la pata.

   -Oye, lo siento, nunca quise… -inicia, pero se detiene desconcertado y con el corazón extrañamente palpitante, como si hubiera subido de pronto a una montaña rusa particularmente tempestiva, cuando Jensen cierra un ojo tras sus lentes y le saca la lengua, de manera graciosa y amistosa, pasando a su lado. Rumbo a la mesa. La de los maricas de la escuela.

   Mientras sus amigos ríen todavía, Tom tosiendo un poco y tomando un alarmante color rojo amoratado, Jared sigue a Jensen con la mirada, le ve llegar a esa mesa y besar a la extraña chica, saludando a los otros con apretones, quienes parecen preguntarle cosas, mientras miran al joven y guapo capitán del equipo de futbol. Era evidente que se morían por saber qué había pasado, y mientras emprende la retirada, en busca de aquellas llaves perdidas, todavía le parece oír flotar la voz de Jensen, una voz grave, profunda, de ricas entonaciones.

   -Nada, quería mi número telefónico… -lo que es seguido de risas de duda y total incredulidad de sus amigos.

   Vaya, el chico pecoso se burlaba de él, pensó Jared… con una enorme sonrisa.

……

   -Dios, Jared, hemos estado hablando de ti, como hacemos siempre que no estás… -medio ríe Mike cuando este regresa después de un rato, con las llaves.- Ni yo, que soy tan intolerante, creo que debas expresarte así de los maricas de la escuela. Hombre, lastimas sus sentimientos.

   El chico calvo bromea, pero el castaño mira hacia la mesa donde ahora sólo están Jensen y otro joven, pareciendo leer, ambos, de un solo cuaderno grande. Están muy juntos, sus cabezas a pocos centímetros, y se pregunta si entre esos dos… ¡Qué diablos, no es su asunto!

   -Córtala ya, Mike, te oyen y puede ser tendencia. –Jared sentencia, tomando asiento otra vez.- ¿Vienen tus padres esta noche para el juego? –le pregunta a Tom, este toma aire.

   -No lo sé, sabes que papá ve todo esto como un pasatiempo.

  -Claro, como Jared es mejor que tú, no le interesa. –tercia Chad, tocando un nervio que enmudece a Tom y a Jared le hace preguntarse, mirándole con el ceño fruncido, por qué le tiene como amigo.

   -Oye, Tom no necesita de nada de esto, ¿verdad, Tommy? –tercia Mike, y todos temen el remate de la frase.- Con su cara y cuerpo seguramente terminará modelando ropa interior, siendo famoso y ganando mucho dinero por exhibirse cubriéndose escasamente la verga y el culo con algo de tela, convirtiéndose en la desesperada fantasía erótica de todos los chicos que guardarán sus catálogos, muy manoseados y manchados, bajo el colchón de sus camas.

   -¿Tienen que ser chicos? –se queja Tom mientras Jared ríe.

   La charla se centra ahora sobre el juego de esa noche, tema que les apasiona, pero Jared mira hacia la mesa de… Dios, le avergüenza hasta pensarlo, se dice sonriendo, pero era así como siempre la recordaría, la mesa de los maricas. El chico Ackles y su amigo, un joven delgado, estrecho de cara, cabello muy negro y rostro… bien, como dulce, discuten algo. El chico moreno parece enfatizarle que tiene que hacer algo o le pesará, Ackles parece intentar explicar que no puede, pero nada funciona. En eso se les acerca Randy Quaid, el dueño de la cantina, y parece reclamarle algo al rubio de los anteojos. Y de manera demandante. Este baja la mirada y traga, notándose su enojo y humillación mientras su amigo cierra sus cuadernos y los guarda en un viejo morral. La pareja se pone de pie cuando Randy se aleja, todo mal encarado.

   -¿Qué harás? No puedes perder otro ensayo o Cruz te dejará fuera de la obra. –comenta el chico moreno cuando se acercan un poco.

   -Ya lo escuchaste. No puedo perder otro turno; me toca ocuparme esta tarde de las mesas. –se queja Jensen, hombros alicaídos.

   -Mándalo a la mierda. –el rostro del moreno resplandece de furia.

   -Claro, Colin, como ya voy camino a Broadway puedo dejar mis turnos en la cafetería de la escuela… -gruñe Jensen.- No puedo, no si quiero comprarme la guitarra y… -calla cuando llegan a la altura de la mesa de Jared, quien le mira.- Voy por mis cosas. –dice rápido cortando al otro joven, quien oprime los labios, impotente y se aleja. El rubio también, rumbo a la barra.

   -Hey, ¿a dónde vas? –pregunta Chad cuando Jared se pone de pie y sigue a Jensen.

   -Espera… -Jared le llama, y Jensen, todo ceñudo y con mil sinceras preguntas en su cara, comenzando con “¿me hablas a mí, realmente a mí?, no, no es juego, ¿es conmigo la cosa?”, le encara.

   -Dime.

   -Yo… este, quiero disculparme con respecto a lo que dije, sobre que esa era la… la mesa de… -se ruboriza y Jensen parece entender y asiente, falsamente inocente.

   -Oh, no, tranquilo, es un error bastante común, la gente se confunde. Si es la mesa de los maricas ¿no debería estar cerca de aquel ventanal por donde podrían mirar a los chicos del equipo de atletismo cuando transpiran y se quitan las camisetas? Se los he dicho, “si es la mesa de los maricas debería ir”… -comienza, todo burla, divirtiéndole tanto verle alzar las cejas que estalla en carcajadas.

   -Eres odioso. –le tiende la mano.- Eres Ackles, ¿verdad? El… hermano de Josh… -se turba al decirlo, le ve enderezar los hombros, el moretón en su pómulo se nota más.

   -Si. Me llamo Jensen, por cierto. –le oprime la mano y a Jared le agrada, es un apretón firme.

   -Yo soy…

   -Jared Padalecki, toda la escuela lo sabe. –dice con rapidez, coloreándose todo, ¿acaso emocionado?, por alguna razón a Jared le divierte, se siente halagado.

   -¿Te interesa el futbol? Esta noche jugamos. –sonríe, invitándole sin darse cuenta siquiera.

   -No, no me gusta. No mucho. –corrige al final y Jared ríe, recordando a una chica en la calle que le reconoció pero a quien tampoco le gustaba ese deporte.

   -A nadie parece gustarle. Oye, ¿le pasaba algo a Randy…? Le noté molesto, y es raro verle así. –percibe como el rubio se desinfla.

   -Sí, está molesto y es conmigo. Tengo una… especie de audición para una obra escolar, de teatro, pero debo… No puedo faltar a otro turno o quedo fuera. –va dejando sus cosas bajo la barra, evitando las miradas que le lanza Randy, tomando un delantal.- Así que, esta vez, quedo fuera de reparto y… ¡¿Qué?! –le incomoda la mirada del otro.

   -Yo me ocupo. –dice impulsivo y decidido.

   -¿Qué? –no es sobre de qué se ocupara, sino de qué habla.

   -Ocuparé tu puesto en la cantina, así vas a tu audición, ¿qué tan difícil puede ser esto? –le quita el delantal de las manos. Jensen se siente confuso, aturdido.

   -No, yo no puedo…

   -Anda, ve a tu ensayo. –es enfático; cuando Jensen va a decir algo más, grita.- Randy, ¿verdad que no hay problema si cubro en su turno a mi amigo… Jensen? –al hombre tras la registradora parece sorprenderle la proposición, como a sus amigos en la mesa.

   -Claro que no, campeón. –sonríe, extrañado.

   -¿Lo ves? –Jared le encara.

   -Sí, pero…

   -Por Dios, ve a tu ensayo. Sería terrible que me hicieras trabajar atendiendo a idiotas como mis amigos… -calla para escuchar los gruñidos y quejas que parten de la mesa.- …Y que perdieras la prueba. –desafía sonriente, cálido y directo.

  -Yo… bien, gracias.

   Enrojecido se despide con una mano y tomando su morral sale. Jared le mira, algo extrañado por esa tensión en los hombros del otro. Para un chico como él es imposible saber que su desinteresado ofrecimiento, que su buena acción, es muestra de algo que el rubio pecoso casi nunca recibe. Gentileza. Ayuda. Auxilio. Una mano solidaria. Poca gente ha sido amable en su vida con aquel muchacho de ropas algo grandes y ajadas, y era difícil para él recibir, asimilar, semejante trato.

   -Hey, idiota, otro vaso de agua fría por aquí. –le grita Chad desde la mesa.- ¿El culo de quién hay que patear para que los camareros hagan su trabajo?

……

   Nadie, comenzando por él mismo, entiende por qué hace eso, colgarse un delantal y con un pequeño gorro blanco sobre su castaño cabello, atender las mesas. Y a Randy, en particular, no le importa. En cuanto la noticia se corre de que el más popular y sexy atleta de la escuela está sirviendo las mesas, el merendero se llena. El joven se divierte, jovial con los chicos, algo coqueto con las chicas, y totalmente desenfadados con sus amigos que no dejan de molestarle, hasta que les amenaza con aquello de que o consumen o desalojan el área. Y no es que lo haga muy bien, tarda con los pedidos, se le caen cosas y a veces su pulgar entra dentro de alguna ensalada. Pero a nadie parece molestar. El aire dentro de la cantina es… festivo.

   -Dios, ¿qué haces, Jared? –le pregunta sonreída y algo exasperada Taylor, hermosa dentro de su traje de porrista.- Deberías estar descansando o concentrándote para el juego. –le rodea el cuello con los brazos y le besa fugaz. Conforman una muy bonita pareja joven.

   -Ayudo a un… amigo. –a sí mismo le cuesta encontrar una explicación, pero no le importa cuando estalla en carcajadas.- Y me estoy divirtiendo una barbaridad. –la besa fugazmente, correspondiéndole, pero mirando a una bonita joven de piel negra que pasa, sonriéndole leve.

   -¡Ya veo! –gruñe Taylor, fingiéndose molesta, y estándolo en verdad, aunque sabe que debe ocultarlo. A nadie le gustaba la gente posesiva, aunque le cuesta contenerse.

……

   El juego semi final interescolar llega, y para ser competencia entre secundarias, eso está completamente lleno de compañeros de estudios, cada uno defendiendo su barra, de padres y representantes. Buena parte de la ciudad está allí, después de todo es una semi final. Los dos equipos son buenos, vigorosos y voluntariosos, se ha luchado cada milla con garras y colmillos. Jared ha gritado instrucciones, que si bien no han permitido acabar con ese empate con el cual están cerca de terminar el tiempo regular, ha sabido contener a los contrarios, quienes cuentan con el Tanque, Zak  Feaunati, grande, indetenible, fuerte y para colmo rápido. El coach Singer, no se cansa de gritar desde la línea, furioso, sabe lo bueno que son sus muchachos, pero los otros no se quedan atrás. Y no sería un buen entrenador si en ese momento, después de toda una campaña de victorias, no considerara, no sin cierta sorpresa, la derrota. La idea de que todo sueño de gloria puede acabar en una noche por tan sólo una anotación. Y no es el único a quien la idea atormenta, Chad, Tom, Mike, alby, Matt, todos se lanzan con furia, dando el todo por el todo.

   Cada pase, cada ataque, cada detenida es coreada, aplaudida, gemida por ese público que no se cansa, de un lado y otro. Y en los segundos finales ocurre… un Jared transpirado, su blanco uniforme casi translucido de sudor, toma el balón arrojado por Chad, el ágil hijo de puta que siempre sabe abrirse camino, pero que, curiosamente, nunca intenta llegar, tan sólo se queda buscando con la mirada al mejor posicionado…  a Jared, generalmente. Todo eso lo piensa de manera maquinal el joven, luchando por respirar mientras correr, sorteando gente, notando a Mike y Alby abriéndole camino, el equipo contrario viviéndosele encima. ¡Ahí estaba el Tanque!

   No lo piensa, retiene con fuerza el balón, atrayendo al rudo chico y a buena parte de los contrarios, y lo hace. Maquinal. Tan solo mira hacia Tom y le lanza el balón, arrojándose como un torpedo contra el enorme jugador de uniforme azul oscuro, que miraba el arco que describía la bola, disponiéndose a correr tras Tom, y le embiste de lleno. Aún así, a Jared le cuesta derribarle, pero lo hace. Cerrando los ojos y apretando los dientes cuando los otros le caen encima, aplastándole, sacándole el aire, pero sabiendo que a Feaunati le va peor. Todavía, como en cámara lenta, escucha el grito de salvaje expectativa que sale del público amigo, ve a Tom, alto y ágil, guapo como siempre, sortear a dos o tres y lanzar el balón con furia contra el piso. Se oye un silbato y toda su gente se pone de pie en las gradas. No puede evitar reír, todavía aprisionado, cuando va sintiendo alivio con la llegada de Chad y Mike, que apartan gente de su espalda.

   Grita de felicidad aun antes de que Chad y Mike le levanten, o que Feaunati le lance un manotazo, no de odio sino de pura frustración, y alza las manos porque le aclaman. Aplauden a Tom, pero también a él. Todos corren, saltando, y se felicitan. El público, la parte que les apoya, enloquece. Quitándose el casco, el rostro brillante de sudor, con gotitas en su cabello suave y castaño, tal vez un poco abundante sobre su frente, se deja ver, reluciendo de orgullo y algo de vanidad. Es joven, mucho, con toda una vida por delante y puede permitirse reconocer que es bueno en lo que hace y que todos los demás lo saben. Es feliz, no puede negarlo, cuando ve como Tom busca con la mirada y encuentra a sus padres que le aplauden. Ve a sus padres ahora, aplaudiendo, aún a Jeff, quien al notarle finge molestia y deja de hacerlo, pero no le engaña. Taylor y las porristas saltan de manera atlética y acrobática, todos festejando. Y le encuentra…

   Allí está Jensen, una enorme sonrisa en su rostro tras los anteojos, su cabello un poco más largo de lo que debería, el viento agitándolos, con su vieja y enorme chaqueta, una que seguramente en algún momento le perteneció a su hermano Josh. Sonriendo como un tonto, Jared no puede dejar de ir hacia él, a la entrada del corredor que lleva a las duchas.

   Y el jadeante jugador, apoyando el casco contra su muslo, sonríe sintiéndose totalmente feliz mientras lo hace, embriagado de una fortaleza, de un sentimiento de invulnerabilidad que brota por sus poros y que se le escapa en significado, aunque lo vive. Se siente indestructible. Es muy joven y no puede comprenderlo totalmente, pero con los años, mirando hacia aquella noche, con una sonrisa tal vez nostálgica, lo entenderá en toda su extensión: era una noche perfecta y maravillosa para estar vivo y ser Jared Padalecki.

   Han ganado el juego que les lleva a la gran final interescolar, sus padres están allí, gritando como todos, felices por ellos y por él, orgullosos de su muchacho, aún su hermano no puede disimularlo. Taylor le mira desde el grupo de porristas, ojos brillante de humedad, de orgullo, de dicha por él, también de deseos. Es el viernes por la noche de su triunfo cuando cuenta diecisiete años, una noche que ya huele y se siente como a verano en su brisa tibia y perfumada a césped y flores silvestres. Es una noche caliente durante la cual la gente que le conoce, la gente de su ciudad, sus vecinos, amigos y condiscípulos, gritan y corean sus nombres, especialmente el suyo, todos juntos disfrutando de la pequeña victoria de un juego insignificante de uno de los muchos pueblos de ese ancho país. Pero es la noche y el triunfo de su colegio y todos desean celebrarlo por siempre y para siempre, porque buena parte de esa gente, muchos igual que el muchacho, sin entenderlo, sienten que viven un momento mágico, algo que un día, dentro de algunos años cuando agobien los problemas de los adultos, recordarán como los viejos buenos tiempos. Si, la noche era perfecta, se repite Jared. Era su noche. Y va hacia el pecoso rubio que se detiene como cohibido. Hasta Jensen estaba allí, y la idea era extrañamente atractiva, era como si toda la creación estuviera haciéndose presente para reconocerle.

   -Viniste… -jadea lo obvio entre sonrisas, pero suena acertado.

   -Eres increíble. –suelta Jensen, enrojeciendo feamente al decirlo, y más cuando Jared ríe.- Lo digo por… pudiste haber continuado corriendo con el balón, ¿verdad?, que tus amigos abrieran un paso y ser el autor de la última anotación, pero le lanzaste el balón a Welling… -a Jared, por alguna razón le producen escalofrío esas palabras intensas, esa mirada de franca admiración y aprobación.- Pudiste llevarte la gloria total, pero en aras del juego fuiste por el más fuerte, atrayendo sobre ti el fuego enemigo y dejaste que otro fuera el héroe.

   -¡Oye! –jadea, con respiración entre cortada.- No sigas o voy a creer que te agrado. –se le escapa, aunque no le pasa por alto el intenso rubor que cubre nuevamente la cara de Jensen.- Lo siento, yo… -se encoge de hombros, y ahora parece un niño.- Es un juego de equipo, ¿sabes?, ellos son mi gente. ¿Y qué haces aquí? Creí que odiabas el juego. ¿Acaso viniste a verme? –nuevamente se le escapan las palabras, mortificándole el estar siendo tan idiota, pero por otro lado, sin importarle un carajo como no sea ver el profundo rubor que acomete a ese chico extraño a cada rato.

   -Viene a agradecerte tu ayuda de esta tarde. –traga, como costándole mostrarse orgulloso o satisfecho.- Conseguí el papel.

   -¡Qué bien! –exclama de corazón, atrapándole un hombro y apretando.

   -Sí, yo… -el rubio se tensa todo, en sus ojos se nota una intensa emoción.- Bien, el miércoles será la función, en el auditorio de la secundaria. Me gustaría… No sé si tienes algo que hacer… Seguramente si y… -balbucea, cachetes casi en llamas, congelándose ante la mirada del castaño.

   -Ahí estaré, Jensen. –dice con convicción, sonriendo tenue, hasta que ve el moretón en su pómulo. Va a decir algo más pero Taylor, gritando feliz, viene corriendo hacia él, colgándosele del cuello, saltando a sus brazos y besándole, sin importarle todo el sudor.

   Al joven le encanta la caricia, correspondiendo con mucha lengua, la noche no podría ser más perfecta. Y lo cree hasta que la deposita en el suelo y se vuelve. Jensen ya no está, le ve alejarse, cabeza algo gacha, y la palabra “soledad” cruza por su mente. De pronto la noche pierde un poquito de su encanto.

   Nos veremos el miércoles, Jen… se promete y le promete. Aunque, por suerte, no lo expresó en voz alta.

……

TAYLOR COLE SEXY

   Taylor Cole, la dulce Sarah, el primer interés sentimental de Sam cuando parte de cacería con Dean en la primera temporada de Supernatural, a la muerte de Jessica. Y es realmente bonita, no sé si me lo parece sólo a mí, pero ni la mamirruqui de Megan Fox le lleva mucho.

CONTINÚA … 3

Julio César.

CORAZON DE PLATA… 10

febrero 11, 2014

CORAZON DE PLATA                         … 9

   Este relato, QUE NO ES MIO, es un Padackles sobre una realidad alterna. Un chico rubio y pecoso va al fin del mundo arrastrado por su abuela, y encuentra más de lo que parece a simple vista en la persona de un arrogante chico grande y sonriente, el cual le regala, al final, su propia vida para que el pecoso decida.

……

Title: Gray Moon

Author: River_sun

JARED AND JENSEN

   Espera por su verdad…

……

   Lo malo de vivir tan al norte era el oscurecer temprano, piensa Kathy Bates, con paso algo vacilante sobre el congelado suelo. Pero no es eso lo que provoca su gesto austero y algo seco. También ella tiene una cita, una de la que desconfía aún más que Alexis Biedel de la suya. Traga en seco, aferrándose a su ancho y viejo bolso como buscando equilibrio o convicción, la bilis subiendo por su garganta. Jensen no lo sabía (aunque temía que imaginara algo, ahora), pero el viaje a ese fin de mundo no fue buscando nuevos horizontes, un trabajo y una casa, recomenzar…

   La nota recibida en Dallas había sido escueta pero muy clara: “su hija y su marido fueron asesinados”. Era lo esencial, lo que la dejó sin aliento, hirviendo de furia. Lo otro era ese encuentro, citarse en ese fin de mundo para conocer la verdad. El “su vida peligra también, así como la de su nieto”, al final de la página fue casi innecesario, aunque la decidió a actuar y viajar. Que mencionaran a Jensen. ¡Sabían de él! Ellos. Fueran quienes fuesen los enemigos esta vez. Por ello no pudo dejarlo en casa de sus primos, temía que llegaran hasta él en su ausencia, y que lastimaran a todos los que se cruzaran en sus caminos. Ahora iba por la verdad, respondiendo a ese encuentro a solas en esos parajes helados.

   Endureciendo el rostro, metiéndose en el estrecho callejón entre dos casas aparentemente desiertas, la mujer espera encontrar esas respuestas. Ha buscado, mucho. La nota no le dijo nada nuevo. Ese punto estaba claro desde el principio. Su hija, y su familia, habían sido asesinadas. La cosa era saber de cierto quiénes eran ellos y por qué lo hicieron. Ahora lo sabría. No puede evitar una sonrisa leve, petulante y peligrosa. Pero acaba cuando frente a ella aparece un sujeto alto, realmente alto y fornido, enchaquetado, gorra sobre su cabeza casi hasta las gruesas cejas, rostro cuadrado, ojos oscuros y peligrosos, una sombra de barba casi cubriéndole todo el rostro.

   -¿El señor… Smith? –pregunta ella, confusa.

   -Desmerece su fama, señora Bates, nunca debió venir sola a este lugar; fue meterse en la boca… del lobo. –sonríe torvo mientras lo dice, con marcado acento francocanadiense, mirándola fijamente, abriendo sus largas y enormes manos en gesto amenazante, echando a andar hacia la mujer mayor.- Aunque el resultado habría sido el mismo, habría tenido que ir a buscarla. Es hora de que se reúna con su familia en el Infierno. No se preocupe… su nieto la seguirá esta misma tarde. 

   Kathy, una mujer mayor, sola en ese desierto paraje cubierto de nieve y hielo, retrocede un paso, el atacante ensancha su sonrisa, sabiendo que será una presa fácil, ignorando, al parecer, la mano de la mujer dentro del bolso grande, abierto, de donde sale el puño cerrando alrededor de una cadena brillante, que destella no al sol de ese día gris, pero sí de la luz, de unos noventa centímetros de largo. La mujer alza el brazo, el puño y la cadena, las cual se dobla un tanto en su punta al describir un brusco ángulo de descenso cuando repele el ataque del hombre, alcanzándole de lleno sobre el pómulo izquierdo. El sonido es feo, como una feroz cachetada que rompe algo.

   El hombre grita, paralizado de pronto por el dolor más terrible e intenso que haya sentido jamás. Todavía da otro paso al frente, tambaleante, por el impulso que llevaba, cuando mira como la mujer alza bruscamente su puño, de nuevo alzando la cadena, cuya punta, no tan brillante ya por la roja sangre, sube con velocidad siseante, golpeándole de abajo hacia arriba en el bajo mentón derecho. El grito se repite. El hombre siente que sus piernas no responden y cae de rodillas, agarrándose con mano febril de una baranda, llevando la otra al feo corte que cruza su mejilla izquierda desde el pómulo, luego a la abertura abierta bajo su mentón del lado derecho, que duele así como el infierno es caliente; se toca el hueso.

   Un pesado silencio se hace de pronto, con los ojos cuajados de lágrimas de dolor, el corazón bombeándole con fuerza, de sorpresa… pero también de temor, observa a la mujer de pie, altiva, serena, ni siquiera agitada, la cadena colgando inerte, la punta manchando la blanca nieve. ¡Plata!, es la idea que craza la mente del sujeto, pero la plata no…

   -¿Quién eres? –es tajante, él calla y ella alza la cadena.- ¿Quién eres?

   -Maillet… Robert Maillet. –grazna casi contra su voluntad.

   -Creo que tenemos que hablar, señor Maillet. –dice la mujer, su voz cargada de odio.- De mi familia, de esa familia que escribió informándome que fue asesinada; como lo sería yo, hoy mismo. ¿No fue lo que dijo?

   -No, yo… ¿Qué es eso? –duele, duele horrores, es como una herida abierta llena de sal y de la que alguien estuviera tirando con sus manos en diferentes direcciones, queriendo arrancarle la piel del hueso, con todo lo horrible que la idea y la sensación sean.

   -¿No reconoce la plata? –es burlona.

   -Eso… Eso no es plata… No solamente plata. –grazna, con nauseas, sabiendo que sangra copiosamente, pero no puede hacer nada, tocarse le produce un dolor tal que casi pierde el sentido.

   -Es plata consagrada, temblada en la sangre de incontables monstruos. ¿Por qué fue asesinada mi familia?

   -¿Va a golpearme hasta que hable? –intenta la burla, pero se estremece cuando, sin soltar la cadena, ella lleva su otra mano al bolso, no cenecista más para saberlo, esa mujer lo haría sin vacilar.- Si me mata… nunca sabrá.

   -Oh, no se preocupe por mí. Sabré encontrar el rastro. Alguien le reconocerá, e iré por la gente que la trajo, la que le albergó desde su llegada. Cazaré uno a uno, acabando con todos, hasta que encuentre a alguien que me diga lo que quiero saber. –es terrible, porque lo dice entre dientes, ojos llenos de resolución.

   -Nos odia mucho, ¿verdad?, a los monstruos. –la estudia, el corazón acelerado.- Y no lo entiendo. –toma aire e intenta ponerse de pie, pero ella alza el puño, la cadena se agita, brilla y tintinea, por lo que cae otra vez de rodillas sobre la nieve.- Su hija y sus nietos eran abominaciones, y usted lo sabe… -ahora sonríe cruel.- Dime, vieja, ¿cuánto odias a los monstruos en verdad? –ella no responde, solo le mira, comprendiendo al fin.

   -¿Quién dio la orden?

   -No puedo…

   -¿Qué clan ordenó sus muertes? –repite con fuerza, sacando del bolso la otra mano, empuñando un brillante cuchillo, grueso en la base pero dramáticamente afilado en punta, de unos veinte centímetros de largo.- ¿Se encuentran aquí, en Nome?

   Un auto cruza lentamente por la entrada del callejón, el pitazo de una sirena policial se oye y Kathy se medio vuelve. Rápido como son, el sujeto se pone de pie y prácticamente desaparece por el otro lado del callejón. La mujer jadea, enojada. Sabe que es inútil seguirle, para seres así sólo quedaban las trampas, la cacería. El auto se detiene, una camioneta policial. La anciana mira la sangre, guarda sus juguetes en el bolso y con paso rápido va hacia la entrada del callejón. Mira por la ventanilla del auto policial a un hombre todavía cuarentón, de rasgos fuertes, cabello negro y entre cano, indudablemente atractivo.

   -¿Todo bien, señora? –pregunta el hombre.

   -Muy bien… ¿eh…?

   -Welling, comisario Thomas Welling… -mira hacia el callejón.- ¿Seguro que todo está en orden?

   -Así es comisario, eh… se me hace tarde, creo que me perdí. Soy nueva en la ciudad.

   -Lo sé, señora Bates. –la sorprende y pone en alerta; le sonríe.- Soy el comisario, debo saber esas cosas. Está lejos de su casa, suba, yo la llevo…

……

   Los labios de Jared sobre los suyos son suaves, etéreos, parecen no estar, ser simplemente una bocanada de aliento, y sin embargo Jensen siente que todo estalla a su alrededor, aún frente a sus ojos y en su mente, la cual gira violentamente de manera vertiginosa. Tiene que atrapar con sus manos las mejillas del otro, sosteniéndose, estremeciéndose al tacto. Era… imposible decir cuán grato, excitante y correcto era eso, tenerle tomado así, mientras abre los labios y responde, cubriendo ahora la boca de Jared, en cuya entrada titila su lengua. Le oye gemir, le siente erizarse y estremecerse, percibe cuando también él responde con pasión. Ahora Jared le besa con tanta intensidad como él mismo, y es mágico. Era su primer gran beso de deseo, el primero en toda su vida, esa mañana había salido de su casa sin saber que algo tan grande y maravilloso le ocurriría y la idea casi le hace lanzar un sollozo de dicha.

   Todo pierde sentido, siente que suben y bajan, la camioneta parece salir disparada por los aires, girando, cayendo a veces, flotando otras, ingrávida. Pero aunque lo nota de manera tangencial, Jensen no puede asimilarlo o dedicarle un gramo de su cerebro, se estaba licuando, ardientemente, contra Jared. Sus lenguas atadas parecen fundirse, moviéndose de manera unánime, una sobre la otra, y cada toque, aliento y succionada es enloquecedora. Sus manos parecen amasar el rostro de Jared; acariciarle, recorrerle, era como hacerlo a sí mismo y nunca imagino que tocar a otra persona pudiera ser tan intenso, total, tan grato…

   Ahora luchan, las manos de Jared bajan a sus costados, metiéndose dentro del viejo abrigo y Jensen gimotea agudo, sonido que Jared se traga al tener la boca soldada a la suya. Parecen incapaces de separarse, y cuando Jared atrapa con los dientes, su lengua, Jensen, totalmente tenso y caliente, casi cae desfallecido contra la portezuela, imposibilitado de recordar nada más. El aliento de Jared bañándole caliente al salir de su nariz, su lengua que casi le llega a la garganta, sus dientes afilados, sus manos grandes que no se cansan de tocarle, los dedos clavándose en su cintura, todo era increíblemente erótico, tan sólo podía pensar “quiero, quiero más, lo quiero todo”, mientras su miembro, erecto hace rato, palpita dolorosamente contra el pantalón. Los anteojos caen y Jared, jadeando como un poseso, se separa y le mira, mejillas rojas, labios húmedos, ojos perdidos de adoración ante el pecoso y hermoso rostro.

   -Deberías usar lentes de contacto, es un crimen que un rostro como el tuyo… -comenta roto, voz sofocada, elevando una mano y con un dedo recorriendo su mejilla, erizándose y erizándole.

   -Jared… -es el único sonido que puede expresar. Y es verdad.

   El pecoso joven pierde todo contacto con la realidad cuando Jared se echa hacia adelante y oculta el joven y bonito rostro de muchacho, en su cuello, su aliento le quema antes, y gime, pero nada comparado a cuando esos delgados labios caen sobre su piel, que quema al contacto. Cuando besa y lame con la punta de su lengua, el pulso de Jensen se dispara a millón. Grita ronco, ojos cerrados y frente fruncida, cuando Jared atrapa con los dientes su piel, mordiendo suave, para luego cerrar sus labios y besarle ruidosamente, aspirándole en todo momento, como deseando llenarse los pulmones con su olor, para luego succionar. Era un chupetón en toda la regla, y cada vez que Jared lo hacía, Jensen gemía y sentía como su verga respondía en concordancia, pero aún es poco al salto que pega cuando la mano de Jared cae allí, palma abierta, caliente, quemándole a través de las ropas, sobre su miembro, el cual se estremece visiblemente bajo el jeans, como buscando su camino, deseando estar en su mano, sentirse atrapado por el otro muchacho. Jensen tiene que echar la cabeza hacia atrás, ronroneando, estimulado cada palmo de su piel, y Jared, lengua afuera, mirada lasciva, recorre lentamente todo ese cuello expuesto, muy lentamente recreándose en su sabor, agitando de arriba abajo su lengua mientras va recorriéndolo.

   -Jared… -jadea Jensen, bajando la mirada… y congelándose. No lleva sus anteojos, y seguramente era por eso, una falsa impresión, pero los ojos del otro eran en esos momentos diferentes, las pupilas eran inmensas, ocupando casi toda la órbita, y ya no eran de un avellana multicolor, eran amarillentas reluciente. Inquietante.- ¡Basta! –ruge, apartándole con una mano, respiración pesada y agitada; debe luchar porque Jared no quiere hacerlo, pero finalmente retrocede en el asiento.

   -¿Qué ocurre, Jen? –gimotea, casi lloroso, como el niño a quien sin razón le quitan el juguete que más ama en la vida. Y sus ojos continuaban iguales.

   Era aterrador, ¿qué carajo…?, con movimientos febriles, el pecoso se tiende y tantea el piso por sus lentes, colocándoselos, enfocándole. Los ojos de Jared son como siempre, aunque podría jurar que esa amarillenta tonalidad está desapareciendo aún.

   -Debo irme. Mi abuela me espera. –gruñe asustado, tanteando a sus espaldas y abriendo la portezuela, sin dejar de mirar al confundido Jared.

   -Espera, Jen, déjame llevarte, así hablamos y… -intenta agarrarle, pero se congela.

   -¡No! –es el grito firme del otro, que abre y sale casi cayendo de culo.- Yo… tengo que… ¡Adiós! –ruge y echa a correr, asustado de cosas que no entiende cabalmente. No es solamente lo que le pareció ver, que seguramente fue una ilusión de la luz y su miopía; escapaba más bien de ese Jared que podía controlarle y enloquecerle tan fácilmente, haciéndole actuar fuera de sus cabales. Y la idea era tan inquietante… como lo que creyó ver de sus ojos.

   El castaño sale de la camioneta y todavía le llama, afligido y extrañado, pero el rubio no se vuelve ni una vez.

……

   Jensen llega a la casa, entra y sube las escaleras sin detenerse, sin saludar o anunciar que llegó, como le tiene ordenado su abuela hacer cada vez para saber que se trata de él. Siente calor y frío, su piel sigue erizada cuando entra al cuarto de baño, y mirándose al espejo ve sus mejillas rojas y sus labios hinchados, también un enrojecimiento delator bajo su mentón. Tocársela le dispara la adrenalina y la sangre. ¡Jared! Su miembro endurece otra vez, en segundos. Mortificado entra a la ducha, el agua tibia le recorre, cierra los ojos e intenta no pensar, pero enjabonarse le pone mal, todo su cuerpo parece necesitar ser tocado… por las manos de Jared. Nunca se había sentido tan sensible, tan excitablemente pendiente de sí.

   Maldiciendo se echa contra la pared y comienza a masturbarse, intentando no pensar, ocupando la cabeza con viejas y conocidas imágenes pero… El chupetón que el castaño hacía bajo su cuello fue suficiente, era lo que controlaba su mente, y ya no era su cuello, Jared le abría la camisa y su boca joven caía sobre una de sus tetillas, succionando ruidosa y entusiastamente, mientras la mano atrapaba su miembro sobre el jeans, duro y caliente, apretándolo y sobándolo sobre la áspera tela y… Grita al alcanzar un orgasmo de locura, dejándose caer de culo sobre el piso, el agua sobre su cabeza, tragando y tomando aire.

   Dios, ¡estaba tan jodido! Acaba de correrse y… no es feliz. No siente alivio o satisfacción, aunque el clímax había sido explosivo. Jared…

……

   Esa noche cena en silencio con su abuela, la cual parece también alejada después de preguntarle cómo estuvo su día. Cada uno tiene cosas en que pensar, sobre todo él con un suéter cuello alto. Con el tenedor gira y gira la carne guisada sobre el plato; generalmente le gusta pero… se siente inapetente, frustrado y rabioso.

   -Cariño, vas a arrojarlo fuera del plato. –la escucha del otro lado de la mesa.- Quiero que… Me gustaría que no salieras este fin de semana. Parece que estás a punto de pillar algo. Y, Jensen, ten cuidado en la calle. –le previene, preguntándose qué tanto contarle.

    -No soy un niño, abuela.

   -Lo sé, pero a veces pareces ir en la luna cando cruzas la calle. Siempre te he dicho que vigiles… -y sigue, recriminándole y recordándole viejas lecciones pero sin el calor habitual cuando le sermonea, su mente ocupada en algo más. Pero le molesta, todo le molesta desde hace rato.

   Joder, iba a ser un largo fin de semana.

……

   Como a las diez de ese viernes, Jensen, molesto sin saber todavía por qué, va a su cama a pasar lo que será la regla durante el fin de semana, una muy mala noche. Se retiró temprano para escapar al mundo de los sueños, no quería hablar con su abuela, no deseaba que ella notara que algo le pasaba. No quería pensar, recordar o cuestionarse. No quería… nada. Pero el sueño no llegaba. Dio vueltas y más vueltas, rabioso, casi lloroso de frustración. Era desesperante desear dormir y desconectarse, y no poder hacerlo. Únicamente podía pensar en Jared, recordándole con resentimiento, con rabia por dejarse afectar así. Intranquilo por lo que creyó ver. Con lujuria también.

   Era evocarle y sentirse caliente, cosa que también le molestaba y frustraba. Las horas iban pasando con horrible lentitud y temió volverse loco. Fue a mear dos veces. Dos veces más fue por agua (para tener qué mear). Una se sentó en la sala, queriendo ver televisión o leer, pero no podía quedarse quieto. La verdad era que ya estaba angustiándose.

   De regreso en su cuarto, en la cama, es cuando le oye…

   Un no tan lejano aullido, algo largo, desgarrado y dolido. El corazón le da un vuelco en el pecho y se pone de pie, apartando los pesados cortinajes de la ventana, enfocando a duras penas la calle. Le ve, la noche parecía tan gris como el día. Casi al final de la calle, la recortada figura de un animal brioso y hermoso echado en sus cuartos posteriores, cabeza alzada, aullando dolor y soledad. Jensen, estremeciéndose,  está convencido de ello y le pesa en el alma. El lobo, debía ser su amigo, sufría. Igual que él. Por un segundo sus miradas se cruzan, está seguro. El animal deja de aullar lastimeramente y se alza, cabeza vuelta hacia su ventana. Y Jensen lucha contra el irrefrenable deseo de bajar y buscarle, de cobijarle y decirle que todo estaría bien, que no iban a morirse, que de alguna manera sobrevivirían a ese pesar que les embargaba. De hecho da unos pasos hacia la cama para ponerse sus zapatos cando le parece escuchar un ruido fuera. Se asoma, con cuidado, y ve como el lobo emprende la retirada, volviéndose un segundo para mirarle, mientras una silueta aparece en su campo de visión bajo la ventana. Su abuela… empuñando una vieja escopeta.

   Dios, eso era todavía más deprimente.

……

   Para cuando vuelve a la cama, el domingo en la noche, ya sabe que tiene que buscar a Jared Padalecki. Lo necesita y lo odia por producirle esa desazón, esa angustia y depresión. No ha podido alejarle de su mente durante todo este tiempo, casi doliéndole físicamente no verle, pero también temiendo encontrárselo. Han sido días largos, desesperantes, no ha podido hacer nada, aún pensar o comer. Su abuela lo ha notado, que ni siquiera salió de casa, pero pareció más bien aliviada (cuando terminara sus asuntos, hablaría con él). Ha sido terrible el transcurrir de las horas, lentas, eternas; al joven le dolió la cabeza, la espalda, pasó buena parte de ese tiempo muerto echado en su cama pero sin poder dormir, ni siquiera ese consuelo consiguió. Tan sólo podía recordar, por alguna razón que no entendía, todo lo que había perdido en su joven vida, deprimido y molesto. Mirando el techo, embargado por esa profunda sensación de infelicidad e insatisfacción, se pregunta si nunca pasará, si siempre le dolerá ese algo que no entiende, si es que nunca volvería el sueño, el alivio, la felicidad. Cerró los ojos y lágrimas saladas, tan sin razón como todo lo que padecía, le quemaron.

……

   Después de un infernal fin de semana, apenas durmiendo, apenas probando bocado, y variando entre la ira, la depresión y la desolación, Jensen Ackles se alegra de que al fin llegue el lunes de escuela. Ahora buscaría a Jared…

   Deja a su abuela con la palabra en la boca cuando quiso, al fin, saber qué diablos le ocurría. Tomó un café con mano ligeramente temblorosa y casi huyó hacia el colegio, a pesar de la alarma de la buena mujer que temía por su seguridad. Pero él no podía escuchar o esperar. ¡Necesitaba ver a Jared!

   El chico tenía muchas cosas que explicarle. Sabía que estaba mal, que se veía mal, y no porque mucha gente le dedicara miradas curiosas cuando cruzaba los pasillos; es porque sabe que está demacrado, ojeroso y decididamente más delgado que el viernes anterior.

   -Amigo, pareces una mierda. –la voz de Chad le hace pegar un respingo, se vuelve y le encuentra, hablando con Jared, no le ve el rostro porque está de espalda, pero sabe que se trata del castaño. Lo sabe porque su pulso se acelera y la cabeza le duele un poco más. ¡Al fin! Decididamente cruza hacia ellos y se detiene tras el joven alto.

   -¡¿Se puede saber qué diablos me hiciste, hijo de perra?! –reclama, soltando algo de saliva, voz vibrante, alzándola como nunca antes lo había hecho en ninguna escuela y menos frente a otros, pero no puede pensar.

   ¡Odia demasiado a Jared Padalecki!

……

ROBERT MAILLET

   Robert Maillet… Cómo me gustó su participación en Sherlock Holmes. Qué paliza le dio a nuestro héroe. Por cierto, ¿no amaron a ese Sherlock tan celoso, odiando a la mujer que le quitaba a su Watson?

CONTINÚA … 11

Julio César.

LOS WINCHESTER VAN RODANDO POR LA CARRETERA

febrero 8, 2014

LA TARDE DE PERROS DE DEAN

GADREEL VS DEAN

   Esperaba más de esto…

   No les negaré que esperaba este episodio, 9×10 – Road Trip, con ansiedad, pero también con preocupación. ¿Qué haría Dean después de que todo estallara en su cara en el último episodio? Temí que el programa estuviera por debajo de las expectativas. Caí en el juego de imaginar que en la serie debía ocurrir lo que a mí me parecía y que el resultado, lógicamente, me decepcionaría un poco. Pero nada qué ver. ¡Qué capítulo! Por encima podemos decir que Sam ya no está poseído, Crowley está libre por ese mundo de Dios y que Castiel vuelve a ser él, aunque no totalmente el él de siempre. ¿Y qué tal la importancia de Gadreel?

   Comenzó justo allí donde quedó, Sam ido, Kevin muerto; el rostro de Dean, su dolor sincero ante el cadáver del chico caído, su funeral vikingo, nuevamente el rostro de Dean mientras las llama se elevan, todo fue sublime, casi tanto como la música que se escuchaba en ese momento, por no hablar del momento cuando encuentra el móvil con una imagen de Kevin y la señora Tran. La verdad es que resultó de lo más doloroso, y, como siempre, Jensen Ackles se lució. Se entiende su estallido de rabia impotente. Seguramente recordaría las palabras de Crowley. Allí le encuentra ese Castiel remozado, con su gabardina, que la verdad sea dicha, la extrañaba. Sin la corbata. Allí el ángel se entera de lo de Kevin, lo de Sam, escucha de labios de Dean su terrible equivocación, su determinación de encontrar a ese ser sobrenatural y hacerle pagar, así fuera pasando sobre el cadáver de Sam. Creo que en ese momento le embargaban dos sentimientos poderoso, el deseo de venganza, que es típico de los Winchester, como que dominó y controló los destinos de John y Sam, y el fatalismo: no podré salvar a Sam, entonces le mataré para que no siga haciendo daño (y creo recordar que eso fue lo que John le ordenó hacer antes de morir en la segunda temporada, aunque por otros motivos). Castiel quiere volver a la idea de contactar a Sam para que le expulse, Dean no cree que sea posible, pero le escucha, claro está.

SAM-GADREEL MATA

   Por su parte, Sam mata a un ángel que era carcelero en el Cielo, un personaje que cantaba y era un ídolo que no se por qué me recordó al Justin Bieber ese (habría sido interesante conservarle), quien le mantuvo bajo tortura a él y a su mejor amigo, a quien mató. La manera en la que Sam acaba con él, fue tonta. Era un regalo de Metatron, personaje y actor que me encanta, qué diablillo resultó el hombrecito feo y medio cochinón de La Venganza de los Nerds. Hay quienes no se explican sus manías, sus maldades y manipulaciones, me parece que olvidan que el mismo Lucifer fue, una vez, un ángel. Como Lucifer, Metatron ahora cree que puede ser un dios mejor que el otro. Explicándose en este punto algo que me intrigaba, al recibir la tabla con la Palabra de Dios de manos de ese Sam-Gadreel, en aquel bar, ¿por qué matar a Kevin? Porque Metatron no quiere profetas por ahí, por ello se aseguró que Kevin fuera el último en “escuchar el Cielo”.

GADREEL

   Enviarle a matar al carcelero fue un obsequio, ahora tiene otra misión, y esta sí es una verdadera prueba de fe. También fue gracioso que Sam-Gadreel encontrara al primer recipiente que tuvo al caer a la Tierra, un tipo carismático, me agradó cuando engañó a Dean haciéndose pasar por el herido Ezequiel, ya quiero ver el encuentre de este con el mayor de los hermanos, seguramente la matarán, en la serie ya no salvan a nadie. Porque al verlo allí, en ese bar, todos sabíamos que Sam sería liberado, ¿no?

CASTIEL, CROWLEY, DEAN, CAZADORES DE LO SOBRENATURAL

   Para explicar su plan para encontrar a Sam, Castiel comenta algo que le dijera el difunto Samandriel (Alfie), el adorable ángel al que mató una temporada atrás, que Crowley puede sacar información y controlar a un ángel, así que atraparán a Sam-Gadreel y le obligarán a apartarse para contactar a Sam y que este le expulse. Van con Crowley, pero este quiere ser libre. A Castiel le escandaliza, pero Dean lo hará; olvidada la idea de matar a Sam, o viendo una alternativa, se lanza de cabeza a ello como hace todo. Fue gracioso ver cuando el demonio pidió como primera condición un masaje, ¿se lo habría dado Dean de haberse empañado el demonio? Por suerte, para él, el Rey del Infierno quería que fuera Kevin con sus pequeñas manos. ¿Saben qué? Me pareció que al demonio le pegó, realmente, la muerte del infortunado profeta. Cuando Dean lo pone en duda, Crowley, mirándole lapidario, le lanza una sentencia justa, que sólo él fue sincero con el muchacho, que debió escucharle cuando le dijo que se apartara porque por donde pasaba Dean Winchester van quedando los cadáveres. Y la cosa es consistente, la temporada pasada el Rey del Infierno les aconsejó a Kevin y su madre alejarse de los hermanos o terminarían muertos. La cosa se cumplió, y creo que Dean lo recordó. ¿Priva eso en la idea fija de salvar a su hermano, indistintamente de que se trate de él, salvando a quien sea? Es difícil saberlo por la manera tan embrollada de pensar del mayor.

EL TRIO TIRAMEALGO

   Como sea, libera al demonio, quien dice conocer la manera de encontrar al alce. ¿No imaginaron algo mágico, un conjuro? No, va por una agente del Infierno que infiltró en un organismo de vigilancia. ¡Se veían tan graciosos los tres sentados en esa antesala! Se veían realmente bien.

GADREEL Y SU NOVIO

   Sam-Gadreel va a matar a un sujeto que cuida un jardín, y en él reconoce a su mejor amigo en el Cielo (su novio, según el ángel carcelero al que mató), y le ve con su hijita. Hablan y ese ángel dice que no entiende por qué no le mataron, que en su caída llegó y se asentó con una familia (es de suponer que poseyó al padre y asumió a su familia), y que eso le gusta, un nuevo comienzo. Comete el erro de decirle que siga su camino, sea cual sea, para alcanzar lo que desea, lo que piensa que está bien y le hará feliz, y ese Sam-Gadreel, que dudaba, que realmente le estimaba, termina matándole. Parece odioso, ¿verdad?, pero en esto la serie es consistente con su pasado. El gran pecado de Anna, en la cuarta temporada, fue cuestionar la obediencia ciega, eso la convirtió en rea de muerte. Y este Gadreel resuelta ser uno de los ángeles menos independientes, solo sirve para soldado.

LA AGENTE DEL INFIERNO

   Ver a Crowley hablando con la bella y sexy demonio que puede localizarle el impala para llegar a Sam, fue tan divertido y tan burocrático, tal como le gusta al Rey del Infierno. La joven pregunta qué ocurre que anda con Dean Winchester y con el sexy ángel, que Castiel sin corbata se ve genial (y aquí una nota, Castiel tomó la gracia de otro ángel, uno que no era de los mejores, ¿eso le afecta de alguna manera?, ¿nos traerá alguna sorpresa futura?). Ella juega a los dos bandos, sabe que Abaddon le busca y le informará que pasó por ahí, ya que espera servir al vencedor. Fue pragmática y me encantó, igual que la aceptación del hecho de parte del Rey, notándose nuevamente su amor por la burocracia. Es una pena que Abaddon no fuera tan amplia de mente y acabara con ella. Crowley lleva a Dean la foto del impala y el trió va a la casa donde Sam-Gadreel mató a su mejor amigo (o novio). La escena, repito, se entiende desde el punto de vista de la serie, la forma de actuar de los ángeles, pero me molestó. Dean entra, le busca, quiere herirle y el otro le derriba, diciéndole que no debió ir, le perdonó la vida una vez, ya no, pero aparece Castiel y de un derechazo le derriba. Y cómo quedó de bien esa escena, aunque me habría gustado ver a ese Sam rodeándole el cuello a Dean y medio asfixiarle. Sé que siempre expongo esto, pero es cierto, habría quedado del carajo. Dean tiene ese aire chulesco que hace desear verle pelear y caer de vez en cuando; aunque sólo en peleas, no anímicamente, que es cuando da dolor verle herido. Como sea, ya tienen a Sam-Gadreel.

CROWLEY INTERROGA A SAM

   Encerrados en aquel sótano, Gadreel es soberbio con Crowley, quien comienza a torturarle, los gritos de Sam son terribles, como los de Samandriel en la octava temporada. Dean se aleja, y hay que imaginar lo que piensa. ¿Vale la pena esa tortura? ¿Salvará a Sam? ¿Nuevamente está sacrificando a alguien? Castiel intenta consolarle, pero ya Dean está abocado a su auto tortura mental. Crowley no puede adormecer al ángel, pero sabe su nombre. Gadreel, y qué personaje resultó al final. Ver a Castiel furioso, fue sorprendente. Allí tenían al responsable de todo (no culpable, culpa indica acción consiente), era el guardián del Paraíso, quien en un descuido permitió que Lucifer entrara, tentara a Adán y Eva, y lo iniciara todo, las penas, la muerte, las luchas, la ida de Dios, el Apocalipsis. Dean le contiene a duras penas cuando quiere herirle y Crowley fue divertido con aquello de tenemos a toda una celebridad. Eso explica por qué Castiel no le conocía, es un ángel mucho más viejo que él, y se pasó buena parte de su vida encerrado. Esas cosas son interesantes, ¿verdad?, ¿cómo entró la serpiente original en el jardín de Dios? La serie se mete en el asunto.

TODOS EN EL SOTANO

   Como no pueden obligarle a ceder el control, y Castiel no puede poseerle sin su consentimiento, Crowley irá. Eso se discute, pero Crowley parece sincero.

CROWLEY SALE...

   El demonio le encuentra en su mente, en una biblioteca investigando sobre porristas muertas. Fue tan gracioso ver a Sam alarmarse al verle aparecer, llamando a Dean.

...Y ENTRA EN SAM

   El demonio le cuenta todo, cuesta convencerle, no ocurre hasta que le dice la palabra secreta entre los hermanos y Sam comienza a recordar porque está librándose del control del ángel. Este aparece, en el cuerpo del antiguo recipiente, y derriba al demonio, quien le grita a Sam que tiene el poder y el control, que luche. Me gustó este Crowley, se veía muy humano y hasta interesado en salvar al Winchester.

SAM EXPULSA UN ANGEL

   Sam gana, regresa débil, y es cuando llega Abaddon con sus demonios.

   Crowley dice que cubrirá el escape, les enfrentará, Dean y Castiel cargan con Sam y ya me preparaba para ver una gran pelea, incluso verle repartiendo golpes como Rey del Infierno que era. Pero no, el muy demonio irá a unas elecciones, una contienda para que el Infierno decida a quién quieren en el mando. Tan burocrático. Esa parte me hizo reír, y me defraudó.

   Viene el encuentro Sam-Dean, algo más de lo de siempre. Sam le reprocha el engaño, actuar a sus espaldas, que permitirle seguir viviendo a él le costara la vida de Kevin. Y seguramente mucha gente dentro del fandom pensaba igual, aunque para la pregunta ¿debía desaparecer el personaje de Sam?, no tienen respuesta. El caso es que los hermanos se separan, hay desconfianza y resentimiento, y lo sorpresivo es que Dean diga estar de acuerdo, que todo el que sigue a su lado muere, que se aleja por su bien; pero todo eso que sonó tan bien, se echa a perder cuando Sam le dice que entonces se vaya ya. Dean debió partir sin esa última parte, pero la vieja maña de mostrar a este Dean débil, quien sigue corriendo tras la sombra de una familia a la que nadie más quiere pertenecer, se impuso. Se va, dice que se irá, pero parece esperar que Sam diga no; no es hasta que este le dice lárgate entonces, que se marcha. Ese pedacito pudieron ahorrárnosla. Dean parte, Sam se queda, roto pero altivo en su postura. Y tiene razón, él había preferido y aceptado morir e irse, había pactado con Muerte, Dean le trajo a contra marcha, pero lo otro, para los fans, es ¿debió dejarle morir? ¿Sería Supernatural lo mismo sin Jared padalecki, o con este en otro personaje? Me gustó Castiel, se veía tan afectado y dolido como los otros dos, notándose lo mucho que se ha humanizado.

   Fuera del detallito final, el regreso después del receso navideño fue muy bueno. Trepidante, uno de esos episodios donde ocurren demasiadas cosas en muy poco tiempo. Pero ya quería ver más, ¿continuarían los hermanos separados? ¿Con quién se iría Castiel? Estaba seguro de que sería con Dean, pero el siguiente episodio me mostró que me equivocaba. En cuanto a los hermanos separados, miren, eso era necesario, la idea de cada uno cazando por su lado resulta interesante. La historia de discusiones entre los dos se volvía algo tediosa. El problema radica que en otras series, esto podría interpretarse como “tensión sexual”, los personajes se aman y se odian, haciendo imaginar que si entre los dos ocurre algo, se acuestan y tienen mucho sexo, algo mejoraría, así fuera por poco tiempo, como Mulder y Scully (Expedientes Secretos X), DiNozzo y Ziva (NCIS), Bones y Booth (Bones). Y el que sean hombres, o del mismo sexo, no invalida la premisa, hay parejas del mismo sexo que transmiten el mismo efecto, como Kirk y Spoock, en la nueva Star Trek; o los detectives Travis y Wes en Common Law (esa serie merecía mejor suerte), y Xena y Gabrielle en La Princesa Guerrera. Esa química casi permite imaginar un lado afectuoso-sexual, que en medio de una discusión uno arroje a otro contra una pared y le bese así sea para callarle.

   El problema aquí es que son hermanos y sólo pueden llegar hasta un punto (a diferencia del Dean/Castiel, con aquello de “Cass, sal de mi trasero”, o esa escena en el baño de la quinta temporada cando los hermanos también estaban separados). A pesar de sus nueves temporadas, nunca hemos visto una escena donde Dean le pregunte a Sam si quiere que le haga el amor (con otras palabras), como manera de silenciarle. Porque son hermanos. ¿Qué se separen por un tiempo?, a mí me gustaba la idea… Pero, claro, ¿duraría ese asunto? También lo sabíamos, incluso cómo se daría el reencuentro. Es lo malo de Supernatural, la constancia de sus personajes. Por eso me ilusioné con ese Sam poseído, allí podría ser otro, no Sam.

   Por cierto, una amiga me comentaba que le parecía extraño que Castiel no hubiera revivido a Kevin. Le dije, y creo que no la convencí, que me parecía que los ángeles aún no podían hacer eso. Si no podían transportarse, menos revivir a un muerto. A Gadreel le llevó bastante tiempo curarse a sí mismo. ¿Puede Castiel revivir gente?, me parece que no.

   Bien, veremos qué ocurre a partir de ahora…

LA MARCA DE DEAN

Julio César.

AL FINAL DE LA PRIMAVERA

febrero 3, 2014

   Nombre tonto, ¿verdad?, pero no se me ocurre otro para hablar de este relato que NO ES MÍO. No entraré mucho en detalles de por qué lo subo, fue una petición de una amiga que me recordó a ciertos vaqueros en una montaña. Debe ser tan extraño querer tanto. En fin, es una historia que no tenía yo, cuando descubrí el fandom hace años, envié direcciones a mucha gente y esta amiga guardó este relato y quiso leerlo en español (creo que ya se lo sabe de memoria); pero dejémoslo así, por ahora. Digamos que dos sujetos se conocen, conectan, y pasarán más de veinte años de sus vidas encontrándose y perdiéndose. Me gusta (no lo leí antes) porque es, argumentalmente hablando, muy completo. No es para menores de edad.

……

Título: Memories of Autumn

Autor: Damnlady62

JENSEN ANDA JARED, PADACKLES

   ¿Y si solo se nos permite un único gran amor?

……

    -¡No! ¡No, Bianca! –grita Jared Padalecki, transpirado de pies a cabeza mientras corre tras la peluda y enorme perra que, jadeando y lengua afuera, se arroja sobre la bonita morena; juguetonamente piensa Jared, alarmantemente, cree la chica, que grita y se medio cubre.- Oh, Dios, lo siento… -llega, jadeando a su lado, prometiéndose que nunca más cederá al chantaje sentimental de la adorable perra y nunca más la llevará a trotar. Todavía le toca luchar con la correa, al recuperarla al fin.- No temas, tan sólo quiere jugar.

   -Dios, qué susto. –gime ella, sonriendo ahora, viéndose hermosa e interesante, piensa el pícaro castaño.- No sabía que los poni podían trotar en este parte.

   -Es solo una perra grande y tonta, ¿verdad, Bianca, verdad? –por un segundo se inclina hacia el animal que parece levemente consternada por las palabras de la chica, para, en respuesta a Jared, alzar una peluda pata y jadear también. La joven ríe, es un sonido claro, algo ronco y el joven la mira interesado, confiado y seguro de sí, sabiéndose guapo en su insolente juventud, su cuerpo esbelto pero musculoso, la pantaloneta a media pierna, la camiseta sin mangas mostrando sus hombros y bíceps, adherida a su torso. Su sonrisa se intensifica cuando la ve enrojecer al pillarla detallándole.

   -¿Todos los perros responden así a ti, o sólo las hembras? –hay coquetería descarada en sus palabras, aunque ligera, de muchacha, mientras medio bailotea el torso, sonriéndole.

   -Es mi encanto… animal. –ríe él, alzándose, alto, muy alto, saludable y vital.- Hola, soy…

   -Jared Padalecki. –termina ella, desconcertándole un poco aunque no tanto como para que pierda la sonrisa.- Eres la estrella de futbol de nuestra secundaria. Eres toda una celebridad. Y sexy… de cerca. –enrojece un poco al decirlo, y la perra, que la miraba, parece rodar los ojos.

   Él ríe, enrojeciendo también, agradado y todavía desconcertado por el hecho de que la gente le reconozca en las calles, le den consejos, le feliciten o reprendan como afectuosos, aunque entrometidos, parientes.

   -¿Te gusta el fútbol?

   -No, Dios, lo odio. Pero no a ti… -y vuelve a bailotear.

   Resplandeciente de joven vanidad, imaginando ya lo grato que sería llevarla a tomar algo, ir al cine y luego en la oscura sala atrapar sus hombros y besarla. Olía bonito.

   -¿Y tu nombre es?

   -Emmanuelle… Emmanuelle Vaugier… Y no me digas Emmy.

   -¿Y cómo es que no tengo tu número? –finge extrañeza, ella rueda los ojos, coqueta.

   -No se lo doy a todo desconocido en la calle.

   -Pero no soy un desconocido, soy Jared Padalecki… -abre teatral sus brazos.- ¿Cómo dijiste?, la sexy estrella del futbol local… En serio, me preocupas, ¿nunca te he llamado? Eso no se ve bien, para ti… -debe reír cuando ella estalla en carcajadas coquetas, nerviosa e interesada.

   Rato más tarde, aún sonriendo y reprendiendo todavía a Bianca, quien ahora le ignora empeñada en encontrar un rastro en la grama, Jared regresa a la casa de sus padres con el número telefónico de la bonita “Emmy”. Toma una larga ducha y luego se acicala para ir a la secundaria vistiendo unos desteñidos jeans y la remera del equipo, sonriendo con algo de tonta vanidad juvenil al mirarse al espejo e intentar peinar sus rebeldes cabellos con la mano.  Espejito, espejito, quién es el más… casi ríe, cayendo en cuenta que siempre piensa eso cuando mira su reflejo. Ahora ve hacia su escritorio, debía sacar el teléfono de la bonita morena o Taylor lo encontraría y le haría una escena. Hace un mohín, qué tonta, mira que creer que no se da cuenta que revisa sus cosas. Era tan celosa.

   -Celosa no, esa palabra se usa cuando no hay motivos; tú eres más puto que un perro callejero. –le acusó una vez Chad, su mejor amigo, cuando hablaban de eso.

   Lo insólito era que lo hubiera dicho él, la persona más infiel e inestable de este mundo. Pero era cierto, en cierta medida. Le gustaba Taylor, era hermosa, pero no era la única chica bonita de la escuela o la ciudad. Ni la única que le gustaba. Bien, a los diecisiete uno podía permitírselo, ¿verdad? Amarlas a todas. Y la idea le hace sonreír con felicidad… qué simple era la vida de los muchachos.

……

   -¡Me voy a la escuela! –grita de pasada al cruzar frente a la cocina donde su padre y su hermano, Jeff, desayunan tardíamente, y su madre aún sirve café.

   -¿Sin alimentarte? -se extraña el hombre.- Muchacho, estás creciendo y…

   -¿Sin desayunar? Papa, ¿estás tomando a escondidas? –se burla Jeff, el eterno chico del sarcasmo.- ¿No notas que hay pocas panquecas?

   -Oye, estoy creciendo, lo dijo papá. –se defiende Jared, sonriendo.

   -Sigue haciéndolo y serás famoso no por futbolista sino por fenómeno de circo.

   -Oh Dios, eres tan envidioso, Jeff; y se te está acumulando en la cara, ya se te nota una verruga en la punta de la nariz desde aquí. –le reta, burlón.

   -¡No es verruga! –gime tocándose.- Maldito grano, mira que salir hoy que me tomaré la foto de mi licencia de conducir.

   -Vaya, qué bien; hasta que aprobaste. Eso demuestra que con paciencia y mucho amor hasta un chico tan especial…

   -¡Gilipollas!

   -¡Niños! –les interrumpe Sherri, tomando asiento a la mesa.

   -Papá, la moto anda fallándome otra vez… -dice Jared, mirando a Jeff.

   -Llévate el auto. –le ofrece su padre.

   -Gracias, papá. –estalla feliz. Sabe que pronto tendrá el suyo propio, pero no tenía prisa, el mundo era una enorme y hermosa confitería donde podía servirse lo que quisiera sin hartarse jamás. Tiene tiempo, todo llegaba y se le daba. Sonríe más al escuchar a Jeff, mientras se aleja.

   -Pero, papá, voy por mi licencia, ¡no puedo llegar caminando! ¿Por qué Jared siempre se sale con la suya y…?

   Oh, sí, el mundo era un lugar hermoso y placentero para Jared Padalecki.

……

   Si hay algo en este mundo que Jared ama, con intensidad, aunque preferiría que le arrancaran las uñas una por una después de clavarle alfileres a admitirlo en voz alta, es a sus amigos. Los de verdad. Tiene una gran cantidad de simpatizantes dentro del colegio y la comunidad, todos le adoran por ser el popular atleta que les ha brindado triunfos y reconocimientos estatales, y que de paso no es tan gilipollas (porque no hablan con Jeff), pero esos, como los compañeros eventuales de clases, son sólo conocidos. Sus amigos son pocos. Los casi hermanos. Chad Murray, alocado y extrovertido; Michael Rosenbaum (Mike), inventivo, con una vena un tanto macabra; y Thomas John Welling (Tom), el guapo del grupo, casi tan alto como Jared, igual de acuerpado. La amistad con este último se cimentó con los años, no fue instantánea como con Chad o Mike. Claro, con Tom había historia, fuera de que competían de manera natural por el mismo espacio, aunque a la larga la batalla se había decantado por Jared, era él el popular, el seguido por las chicas, el capitán del equipo.

   Y es a Mike y a Tom a quienes ve rojos de tantas carcajadas, a las puertas del sanitario de varones de la planta baja, acompañados de otros chicos del colegio que ríen igual cuando llega. Jared eleva las cejas, toma aire y sonríe a su pesar sabiendo que alguna guarrada se jugó, y no sólo porque escucha, como deben estarlo oyendo en toda la Unión, los gritos de Chad, que parten del cuarto de baño, sino por el rollo de papel higiénico que Mike tiene en sus manos.

  -¡Regrésame el papel, maldito hijo de puta calvo y…! -y Chad se lanza en un torrente de insultos que hacía sospechar que la reencarnación era algo cierto y que en otra vida, u otras vidas, el joven había sido marino mercante.

   -¿Necesitas el papel para tu culo o tu boca? –es la réplica de Mike que provoca otro estallido de carcajadas.

   -Voy a salir y…

   -¿Con el culo sucio? Chicos, preparen las cámaras. –acota el joven calvo y se elevan las risas mientras Chad comienza otra andanada de insultos, casi todos referidos a la hombría, o falta de ella, de Mike, así como sobre la discutible virtud de su señora madre.

   -Okay, ¿qué pasa? –pregunta.

   -Hey, Jared, al fin llegas. –ríe Mike, ojos cuajados de lágrimas.- Adivina quién se comió el último sándwich de atún de la cafetería y ahora lo está pagando…

   -¡JT, ayúdame! –grita Chad.- Ese pelón marica… -y comienza nuevamente. Toda la situación, adobada por los gritos desesperados y furiosos de Chad, parece la cosa más divertida del mundo para esos muchachos en secundaria. Jared también ríe, pero finalmente le quita de las manos el papel a Mike.

   -Aguafiestas. –acusa Tom, casi asfixiado de tanto reír.

   -Alguien le escuchará y le expulsarán por grosero. –aclara Jared, acercándose a la entrada y retrocediendo.- Jesús, ¡qué peste! Chad, ¿qué comiste? ¿Rata muerta? –y arroja el papel sin entrar, chocando este de la pared del fondo, rodando y desenrollándose.

   -No lo sé, ¿qué mierda preparó tu mamá esta vez? –es la molesta réplica del chico que sale medio agachado de unos de los privados, sosteniéndose el pantalón con una mano por el lado de adelante, cuidando de dejar el culo afuera.

   -Oh, por Dios, ¡se va a agachar a recogerlo! –jadea Tom, aterrado ahora.

   -¡Y apuntó su culo sucio para acá! –grita alguien más y todos huyen de allí, riendo todavía, pero nadie deseando ver aquello en realidad.

……

   -Estoy pensando en viajar para Europa este verano. –comenta Tom, sentados él, Mike y Jared a una de las mesas de la cafetería.

   -Claro, Tom, todas las chicas, sobre todo las lindas, van para allá a vivir un gran amor de verano. Seguro los italianos y los franceses se pelearan por tu corazón. –se burla Mike.

   -¿Qué tiene de malo, pelón? Quiero conocer mundo, ver… algo nuevo, no sólo Austin, Texas. –se defiende.

   -Vete de polizón en un barco. –acota Jared, sonriendo ya, imaginando la historia.- O recorre todos los caminos de América, haciendo autostop. Oye, no suena mal… Yo tomaría mis cosas una mañana, sin ningún plan determinado, salir dándole la espalda al sol y perderse por ahí, sin ninguna obligación o responsabilidad, como un chico de diecisiete o dieciocho años, libre todavía. Caminar por el placer de hacerlo, de ver a dónde te llevan tus pasos, tal vez a una calle angosta llena de tiendas artesanales, a un acantilado donde veas la campiña, a una playa solitaria y…

   -Okay, errante, suena lindo, pero sabes que para el verano tendrás que ir a la universidad y jugar fútbol. –le ataja Mike, y en su tono parecía haber cierta advertencia, no te pierdas en senderos de añoranzas, niño grande, ese no es tu camino.

   Jared frunce el ceño, sabe que es cierto, que todas sus puertas están abiertas, que podría incluso irse fuera del estado, a otra casa de estudios, dada su habilidad, pero se queda por sus padres. Él podría… podría hacer muchas cosas, soñar con otras, pero no marcharse de esa manera. Un mundo de posibilidades estaba a su alcance, excepto perderse en la nada, mochila a la espalda, rostro barbudo, mirada cansada y satisfecha, soñando ya con el próximo lugar a llegar.

   -Mierda. –gruñe, molesto por la situación. Claro, le dura un segundo, su vida era buena, lo había sido desde que nació y las posibilidades futuras sonaban aún mejores. Y sin embargo…

   -¡Hijo de puta! –le grita a Mike un enrojecido y colérico Chad, que se materializa frente a la mesa.- ¿Cómo pudiste someterme a toda esa putada? Todo el colegio lo supo y se están riendo de mí. ¡Todos me miran! –grita y todos vuelven a mirarle mientras se le va encima al chico calvo.

   -Todos se han reído siempre de ti, no contigo, pensé que ya lo sabías. Y te siguen con las miradas porque apestas a mierda por donde pasas, ¿te lavaste las manos? ¡Dios, no me toques! –grita, burlándose, fingiendo espanto.

   Jared ríe sin mirarles, Tom frunce el ceño en un intento por parecer maduro y exasperado con esos niños. Los dos amigos se enzarzan en una de esas ficticias batallas donde se lanzan manotazos y se esquivan, parecen juego pero también hay mucho de ira y frustración verdadera.

   -Basta, niñas, se romperán una uña. –gruñe Jared, divertido, y la pareja se congela.

   -Eres un maricón, Mike. Mike, el maricón. –gruñe Chad, dejándose caer al lado de Tom, que le mira y se aparta un poco.- ¡No apesto a mierda!

   -¿Pero te lavaste las manos? Esa es la pregunta del millón. –intercala Mike y todo casi empieza de nuevo si Jared y Tom no comienzan a reír.

   -No voy a olvidar esto, gilipollas. –sentencia Chad a Mike.

   -Para cuando se te ocurra algo ya habrán terminado el hambre y la guerra en el mundo…

   -Chicos… -Jared intercala, suave, y toda discusión acaba.

   -Bueno, no hay mal que por bien no venga… -comenta Tom, y como siempre, todos le miran, como poco acostumbrados a sus salidas.- Misha Collins no está comiéndote con los ojos desde la mesa de los maricas, imagino que tu culo no se le antoja tanto hoy. –y la crudeza del comentario tampoco parece ser cosa del joven, es como si intentara competir con Mike y Chad.

   -Mi culo siempre es deseado por los habitantes de esa mesa. Esté como esté. –sentencia Chad.

   -Vaya, casi lo dices orgulloso. –ríe Jared; Dios, cómo extrañaría esas conversaciones de altura en la universidad. Debía convencerles de…

   -Oye, no digo que me guste saber que Collins se la casca pensando en él, pero ¿qué puedo hacer? Mi culo gusta.

   -Es bueno que te sientas tan satisfecho de tu culo, vives con la cabeza allí. –sentencia Mike, mirando hacia la mesa de los maricas, casi en el centro del salón, con tres chicos hablando animadamente en voz baja en esos momentos, acompañados de una chica bastante extravagante en su moda retro de vestuario tipo Madonna.- ¿Alguna vez les han ofrecido una mamad? Me refiero a los chicos de la mesa de los maricas.

   -¿A ti si? –Tom ataca, pero se turba cuando Mike se vuelve y le encara.

   -¿A ti no? Esa si es una sorpresa. –Tom frunce el ceño y parece que va a replicar algo particularmente amargo cuando Jared decide que el tema se vuelve polémico.

   -Bajen la voz, coño, todos van a escucharles. Y dejen de decir “la mesa de los maricas”, es… ofensivo. –continúa, palpándose de pronto el bolsillo del pantalón, echando en falta la molestia de las llaves del coche de su padre.

   -Oh, Dios, esta mañana estás particularmente marica. –tercia Chad, mirando a los otros dos, con ánimos de molestar. Y estos entienden.

   -No es eso, sino que parece… prejuicioso, no porque se sienten todos a esa mesa en particular…

   -¡Son maricas! –aseveran los otros tres, Chad incluso afirma vigorosamente con la cabeza.

   -Porque estén en teatro, o danza, o patinaje, no creo que todos…

   -¡Son maricas! –sentencian a tres voces nuevamente y Jared ríe, era tan gracioso; se pone de pie.

   -Está bien, idiotas. Es la mesa de los maricas del colegio, todos los que allí se sientan, lo son. –concede en voz moderada, jugando con ellos, al tiempo que se vuelve.- Creo que perdí las llaves de… ¡Hey! –medio choca de un chico que viene con una bandeja en las manos, quien logra evitar un desastre con rápidos reflejos.- Lo siento, no te vi.

   -No hay problema. –es la serena réplica, verdes ojos danzante tras los cristales de unas gafas algo grandes, un verde color musgo salpicado de oro en medio de un rostro pecoso que desconciertan por sus matices a Jared. Como el moretón visible, a pesar de algo de crema, en su pómulo derecho.- Oye, debo desayunar y… -alza la bandeja.

   -¿Cómo? –Jared no comprende qué quiere, sintiéndose algo perdido al estar intentando recordar datos; si, era ese extraño chico Ackles, el hermano de Josh.

   -Impides el paso. –le aclara el chico Ackles. Al estar de pie entre dos mesas, Jared lo hace y lo nota al fin, así como el cambio en esos ojos que ahora brillan malignos.- Voy para allá, a sentarme. Ya sabes… en la mesa de los maricas de la escuela.

……

EMMANUELLE VAUGIER

   Emmanuelle Vaugier, la recordada belleza de la primera temporada de Supernatural que logró borrar por un tiempo el recuerdo de Jessica en el corazón de Sam… El cual debió matarla luego cuando supo que era una chica lobo que ya había matado a varios hombres, aún sin saberlo. Una de las pocas tramas con hombres lobos que ha sido realmente buena.

CONTINÚA … 2

Julio César.

CORAZON DE PLATA… 9

enero 31, 2014

CORAZON DE PLATA                         … 8

   Este relato, QUE NO ES MIO, es un Padackles sobre una realidad alterna. Un chico rubio y pecoso va al fin del mundo arrastrado por su abuela, y encuentra más de lo que parece a simple vista en la persona de un arrogante chico grande y sonriente, el cual le regala, al final, su propia vida para que el pecoso decida.

……

Title: Gray Moon

Author: River_sun

JARED AND JENSEN

   Espera por su verdad…

……

   Finalmente la jornada escolar termina y en cuanto puede, Jensen Ackles sale a buen paso del recinto envuelto en su viejo saco con capucha, rodeándose el cuello con una bufanda raída y sintiendo todavía frío. Dios, ¡qué día tan extraño! Y estaba pensando en el muy raro Jared Pada… Padalecki, molestándose un tanto con él mismo por el súbito calorcillo que recorre sus entrañas al sólo recordarle, como una cosquilla no desagradable del todo. No lo entiende, todos sus instintos de supervivencia, ese don que ha cultivado para mantenerse bajo el radar, invisible de los acontecimientos, de los bravucones, le gritan que debe escapa. Alejarse de él. Y sin embargo tan sólo quiere…

   -¿Te llevo? –pregunta el joven y algo enrojecido rostro que se asoma a la ventanilla de la camioneta que se detiene frente a él.

   El corazón de Jensen da un violento vuelco dentro de su pecho, qué joven y a la vez que maduro parecía Jared al volante de la camioneta grande y nueva. Había en él una belleza de fascines que le hacían lucir increíble, pero también de armonía en su sonrisa, en la luz clara de su mirada multicolor. Dios, era tan guapo, pensó de manera desvalida.

   -No, yo… voy cerca y es bueno caminar. Me gusta caminar. Y el frío. Hace bien para el corazón. –es la respuesta casi mecánica de su labrado don de esconderse y escapar, pero una muy fría y audible ráfaga de viento se levanta, hiriéndole un tanto y obligándole a cubrirse aún más con la vieja chaqueta.

   -Sí, claro… -chasca la lengua casi burlón, sonriendo bonito, amistoso, y sin embargo inquietante por su mirada, allí había algo, como una muda promesa, un ofrecimiento no expresado; hay tanta intensidad que lastima a Jensen de una manera que no entiende, erizándole.- Vamos, pecoso… -la voz susurra.- Sube y atrévete a irte conmigo. –y la promesa de algo más grande, vuelve a dejarse escuchar, una que congela el corazón de Jensen Ackles y nubla su mirada.

   Ahora el corazón del muchacho pecoso late desbocadamente, erizado de pies a cabeza, con unas ganas terribles de echarse a correr, pero unas aún mayores de entrar, de acompañarle. De seguirle. Y la sola idea le deja la boca seca. En la mirada de Jared parece brillar un reto burlón, pero también la esperanza, el que “vamos, acepta, sube conmigo”. Una muda suplica.

   -No, yo creo que…

   -¿Me temes? ¿Es eso? ¿Tengo pinta de matón? ¿O es otra cosa? –reta con más fuerza, luego sonriendo y bajando el tono de voz, casi cariñoso.- Pecoso cobarde. –y es el reto mayor, no es que sea grosero al no aceptar su propuesta de acercarle a su casa, o ingrato. No subía por temor, por miedo a algo que ni él mismo entendía.

   -Idiota. –le gruñe Jensen, rodeando el capote y abriendo la portezuela del otro lado, mirando a Jared, retándole a que diga algo, pero este apenas puede contener una enorme sonrisa de triunfo y felicidad, porque Jared Padalecki es inmensamente feliz de tenerle allí. Algo de ello capta el rubio, que baja la mirada a su regazo una vez que toma asiento y cierra.- Gracias… -croa.

   La camioneta parte, con fuerza, poderosa bajo la capota, la delgada mano de Jared controlándola de manera que al rubio le parece algo inquietante e impresionante. La idea atrae y fascina al joven, quien mira con disimulo al otro, diciéndose que así era ese chico alto y desgarbado, delgado pero atractivo de rostro pícaro. Es un buen vehículo, caro, la chamarra de Jared es de las buenas, sus botas también. Era un reconocimiento, incómodo ahora, que le hace cobijarse aún más dentro de su vieja chaqueta, atrayendo la mirada del castaño.

   -¿Frío? –aumenta un tanto la calefacción, y eso incómoda más al rubio.

   Qué fácil podía Jared resolverlo, acabar con el frío, controlar su entrono. Resolver su vida. Mira por la ventana, sintiéndose tonto y hasta mala persona por sentir envidia. No era culpa de Jared ser Jared, seguramente un auto desconocido nunca se cruzó en su vida arrebatándole todo. Y bien por él, se dice decidido.

   -Así que… -Jared comienza lo que será una larga perorata, algo vehemente y nerviosa para atraer la atención de Jensen, aunque en buena parte será un monologo ya que el otro responderá con monosílabos, cuando no con un gesto o un gruñido.- …¿Te gusta el frío? A mí me encanta, se siente bien contra la piel, es… vigorizante… -y sigue y sigue mientras Jensen mira las casitas hermosa, rodeadas de cercas, jardincillos desnudos y algunos árboles, todo con esa colcha de nieve o hielo que les hacía parecer postales navideñas de esas que veía de niño en Texas.- …Es una costumbre que inició Chad, cada mañana de Navidad correr hacia el lago Canary y lanzarse de cabeza por un hueco… No habría sido tan horrible la primera vez si no hubiera corrido desnudo y su flaco culo… -y sigue, riendo porque evoca algo divertido, realmente divertido, aunque sólo le gana una mirada y una sonrisa de compromiso de Jensen, quien recuesta la nuca del asiento y sigue mirando por la ventanilla, sintiéndose muy cómodo en esos momentos.- …Alexis se hirió, fue un buen golpe, todo fue culpa de Tom Welling, pero eso no le impide bajar por el Espinazo Roto a toda velocidad en sus esquíes, es fantástica… ¿te gusta esquiar? –pregunta y Jensen niega con la cabeza, la verdad es que no lo ha hecho. Y vuelve la verdosa mirada a la ventanilla. Ese lugar, con sus pinos que suben las laderas y los picos escarpados brillantes como espejos, por el hielo, con la tenue neblina ocultando sus dentadas cimas de piedra, era hermoso; realmente hermoso, reconoce de pronto.- No te gusta nada de esto, ¿verdad? –hay una aseveración casi acusadora en el tono. Eso le regresa al presente, tal vez demasiado.

   -No vine porque quisiera… -se le escapa, en muchos sentidos, y se tensa cuando Jared toma aire ruidosamente, se orilla y detiene la camioneta, mirando al frente. Bien, están cerca de su casa, si algo ocurría podría… pero no puede pensar con claridad, no con Jared mirándole ahora, tan intensamente, imposible saber si molesto, exasperado o simplemente divertido.

   -Bien, me alegro que algo te haya obligado a venir. Tal vez fue el destino, sólo algo así de poderoso podría arrastrarte a un lugar tan apartando, ¿no? –se lanza, enrojeciendo hasta la raíz del cabello, aferrando el volante con las dos manos y mirando al frente otra vez.- Ahora estás aquí… y yo también.

   Eso basta para que el ambiente cambie totalmente dentro de esa camioneta, no pueden saber exactamente el qué, no totalmente porque tan sólo son unos chiquillos que comienzan a caminar por la vida, pero en ese momento se planteaba una cuestión que sería de vital importancia en sus vidas. La verdadera primera ilusión. Cada uno, en su mundo por separados, con sus cargas vividas hasta ese momento de alegrías y tristezas, de logros y fracasos, de esperanzas frente a un mundo que se abre para ellos a sus pocos años, con el convencimiento de que algo bueno debe estar esperando en un recodo del camino a recorrer, enfrentaban en ese momento un encuentro a niveles profundos, sospechado pero no comprendido. A los estudios, juegos con amigos, a la idea de masturbarse o tener con quien tener sexo, estaba presentándose ese otro poderoso sentimiento, un mundo de corazón loco tomando el teléfono y llamando porque se necesita escuchar una voz, soltar el dónde estás, te extraño, te quiero, y ser correspondido. Ir al encuentro de ese sueño sintiéndose contento, bien arreglado, aún así cepillándose el cabello con la mano porque es de importancia capital estar bien, encontrar en otros ojos ese reconocimiento. Sentirlo. Vivirlo. La sola idea suena tan tonta a sus propias cabezas que lo evitan, “salir esta tarde a visitar a mi novio, sabiendo que le haré casi tan feliz como yo lo seré”.

   Cada uno de ellos, sin decirlo, intentando no dejarlo notar, sabe que en el otro hay algo que le atrae, que le llama poderosamente la atención, y en esa cabina, por un segundo, ese entendimiento lo hace todo muy difícil e incómodo, pero por nada del mundo habrían abandonado ese espacio, no ahora cuando sienten que algo maravilloso, algo que puede dar sentido a todo, satisfacer los sentidos e ilusionar el corazón puede estarse produciendo. Jensen, personalmente, lucha contra las ganas de perderse en la multicolor mirada del otro, preguntándose si habría algo allí para él, algo bueno y excitante como el castaño le prometía. Para Jared era más básico, desde el momento que Jensen entró con su vieja chaqueta, todo su mundo quedó envuelto en su olor, uno suave y fuerte, dulce y amargo. Un olor casi cálido, uno que sospecha se encontraría en el cuello de la persona que se desea cuando se le apartan las solapas de un traje por primera vez, enterrando el rostro bajo su cuello, rosando con los labios la ardiente clavícula, susurrando un nombre amado que termina siendo más importante que la vida misma cuando apenas se está dejando de ser un chiquillo.

   -Yo debo… -grazna Jensen, ojos inmensos tras los cristales, hermoso y vulnerable, la boca tan seca que sus labios se pegan en las comisuras.- Estoy cerca de mi casa y…

   -¿Quién eres, Jensen Ackles? –la pregunta brota como súplica, su delgado pero esbelto torso sube y baja con esfuerzo.- No has venido de tan lejos para lastimarme, ¿verdad? –era tan importante saberlo.

   -¿Qué…? –no comprende, no sabe de qué habla el castaño, pero también su torso sube y baja. Casi jadea cuando la mano de dedos largos se alza y cae sobre su mejilla, el toque es eléctrico y se estremece, y no sólo porque esté un tanto fría. Comienza, lo siente, es como si le reconociera, como si siempre se hubieran tocado así, en esa extraña comunión de sentimientos.

   ¡Detente!, no es una buena idea. ¡No!, todo eso grita su mente, que debe retroceder, que este podía ser un grave error, el más grande que cometiera en su vida, que no estaba pensando con claridad y eso podría meterle en un problema… y como resultarían las cosas, tal vez debió escucharse a sí mismo, pero Jared Padalecki lo olvida todo, acabando la distancia entre los dos, su boca cubriendo los carnosos labios de Jensen Ackles…

   Encontrando su destino.

……

   -No lo entiendo… -Sandy se ve confusa, más bien molesta.- Jared nunca ha mostrado interés en los chicos, como no fuera amistad.

   -Jared nunca se había topado con este joven antes. –le corrige Alexis, paso rápido por los desiertos pasillos del colegio, en busca de la cita concertada.

   -Pero Jared… -traga, frustrada.

   -No, Sandy, no quiero ser ruda contigo, pero no significa nada que salieras con él y que se acostaran. Lo hizo porque te aprecia, le gustas y… -se encoge de hombros.- …Bien, es un chico, pero también un hombre. Y los orgasmos son buenos, sobre todo los acompañados. Estabas ahí, pasó, fue bueno… y luego te revolcaste con Tom. ¿Imaginas lo que debió sentir?

   -Fue un error. Él lo sabe.

   -¡Y qué error! Pero esto es distinto; no debes engañarte, amiga, Jared no te está evitando desde entonces porque te ame, y dolido por lo que hiciste, quiera castigarte, ni se está fijando… en otra persona, por despecho. Deberías haber visto su mirada cuando él cruzó los pasillos con Allison. –oprime los labios.- Y es ella quien me hace temer más.

   -¡Jared no es gay! –se detiene, furiosa y angustiada. Alexis la encara, fría.

   -¿Has olvidado nuestra esencia? –la deja impactada.

   -¿Apareamiento? –su pecho sube y baja, pálida de rostro.- No, Jared no…

   -¿Jared gay? –una sorprendida y burlona voz se deja escuchar, y de uno de los solitarios salones sale Tom Welling. La cita acordada. Alexis toma aire y cierra los ojos.

   -¡Eso lo inventa Alexis! –grita Sandy, también preocupada de haber metido la pata.

   -¡Lo sabía! –Tom jadea y ríe.

   -¡Basta! –Alexis corta toda charla, preguntándose si no cometió un error al contactar con Sandy y Tom, sobre todo con este último, pero le necesitaba. Tal vez debió hablar antes con Aldy o Chad.- No vamos a discutir sobre Jared. El asunto aquí es: quién es Jensen Ackles. –se vuelve hacia Tom.- Debernos averiguarlo.

   -¿A mí qué me importa que a Jared ahora le gusten las bolas? –ríe Tom.

   -Hay… algo en ese pecoso rubio que me asusta. –comienza Alexis.- Lo noté al verle al lado de Allison. Ella no pudo cubrirle con su aura, como suele hacer con todos. –la aseveración deja a los otros dos confusos, incapaces de asimilarlo todo.- Tom, habla con tu papá, es el comisario… tenemos que saber quién es ese muchacho. Todos necesitamos saberlo. –casi agrega algo más, pero no se atreve a ponerlo en palabras. No todavía. Ni lo hará, si no hace falta. Pero teme.

   Teme que el enemigo esté a las puertas de Nome, y que todavía no se hayan dado cuenta.

……

   Lo malo de vivir tan al norte era el oscurecer temprano, piensa Kathy Bates, con paso algo vacilante sobre el congelado suelo. Pero no es eso lo que provoca su gesto austero y algo seco. También ella tiene una cita, una de la que desconfía aún más que Alexis Biedel de la suya. Traga en seco, aferrándose a su ancho y viejo bolso como buscando equilibrio o convicción, la bilis subiendo por su garganta. Jensen no lo sabía (aunque temía que imaginara algo, ahora), pero el viaje a ese fin de mundo no fue buscando nuevos horizontes, un trabajo y una casa, recomenzar…

   La nota recibida en Dallas había sido escueta pero muy clara: “su hija y su marido fueron asesinados”. Era lo esencial, lo que la dejó sin aliento, hirviendo de furia. Lo otro era ese encuentro, citarse en ese fin de mundo para conocer la verdad. El “su vida peligra también, así como la de su nieto”, al final de la página fue casi innecesario, aunque la decidió a actuar y viajar. Que mencionaran a Jensen. ¡Sabían de él! Ellos. Fueran quienes fuesen los enemigos esta vez. Por ello no pudo dejarlo en casa de sus primos, temía que llegaran hasta él en su ausencia, y que lastimaran a todos los que se cruzaran en sus caminos. Ahora iba por la verdad, respondiendo a ese encuentro a solas en esos parajes helados.

   Endureciendo el rostro, metiéndose en el estrecho callejón entre dos casas aparentemente desiertas, la mujer espera encontrar esas respuestas. Ha buscado, mucho. La nota no le dijo nada nuevo. Ese punto estaba claro desde el principio. Su hija, y su familia, habían sido asesinadas. La cosa era saber de cierto quiénes eran ellos y por qué lo hicieron. Ahora lo sabría. No puede evitar una sonrisa leve, petulante y peligrosa. Pero acaba cuando frente a ella aparece un sujeto alto, realmente alto y fornido, enchaquetado, gorra sobre su cabeza casi hasta las gruesas cejas, rostro cuadrado, ojos oscuros y peligrosos, una sombra de barba casi cubriéndole todo el rostro.

   -¿El señor… Smith? –pregunta ella, confusa.

   -Desmerece su fama, señora Bates, nunca debió venir sola a este lugar; fue meterse en la boca… del lobo. –sonríe torvo mientras lo dice, con marcado acento francocanadiense, mirándola fijamente, abriendo sus largas y enormes manos en gesto amenazante, echando a andar hacia la mujer mayor.- Aunque el resultado habría sido el mismo, habría tenido que ir a buscarla. Es hora de que se reúna con su familia en el Infierno. No se preocupe… su nieto la seguirá esta misma tarde.

CONTINÚA … 10

Julio César.

NOTA: Dios, cómo odio cuando Dean Winchester da el primer paso para pedir perdón. Siempre es él.

CORAZON DE PLATA… 8

enero 21, 2014

CORAZON DE PLATA                         … 7

   Este relato, QUE NO ES MIO, es un Padackles sobre una realidad alterna. Un chico rubio y pecoso va al fin del mundo arrastrado por su abuela, y encuentra más de lo que parece a simple vista en la persona de un arrogante chico grande y sonriente, el cual le regala, al final, su propia vida para que el pecoso decida.

……

Title: Gray Moon

Author: River_sun

JARED AND JENSEN

   Espera por su verdad…

……

   -Mira, Jared, no creo… -traga con temor, pero luego toma aire y alza la barbilla.- No tenemos nada de qué hablar. Por favor, tan sólo… déjame en paz. No me cruzaré en tu camino, nunca, sólo… ignórame, ¿si? No sé qué hice para molestarte, tan sólo quiero estar solo. –e intenta salir, algo en su mirada, salvajemente brillante ahora, le asusta nuevamente y no sabe bien por qué.

   -¡No! –ladra, cortándole el paso.

   Ah, bien, esto es demasiado, piensa Jensen apretando los dientes. Aparentemente tendría que luchar, es decir, caer revolviéndose con dolor, o humillación, para salir de allí. El inicio de las pesadillas de siempre.

   -¡Déjame en paz! –ladra, y su ira, así como angustia, le dan el valor para empujarle. O intentarlo, porque cuando su mano abierta cae sobre el torso del joven, sobre su pectoral izquierdo, se congela.

   Los dos lo hacen, viendo a la nada, no uno al otro, parecen mirar dentro de sus propias cabezas, confusos, extrañados, abrumados por la intensa y cálida corriente de algo eléctrico que los recorre de pies a cabeza, que parte de allí, del lugar donde sus pieles se unen. Es algo tan intenso como estimulante, y cada uno es consciente del otro. Jensen siente la boca seca, el jadeo ronco y bajo que lanza Jared le cala hasta los huesos (es un reconocimiento de que también él lo siente, padece y disfruta); no puede dejar de mirar ese torso que enrojece, que sube y baja más, luchando contra el poderoso deseo de mover su pulgar y recorrer la suave y firme piel transpirada del otro muchacho. Una necesidad que crece como marea, y traga aire, abriendo mucho los ojos cuando el calor se intensifica de manera alarmante y a un tiempo tan atrayente; le parece que la piel del otro se abre, acogedora, que su mano entra y le penetra, un poderoso impulso que corre directamente a su entrepierna, a sus bolas que se contraen, a su miembro que se acalora. Y la sensación es maravillosa. Por un momento le abruma una idea que puede sonar absurda, que puede llegar hasta el alma del otro.

   -Jeeenseeen… -le parece oír a lo lejos una voz femenina, ¿un eco de su mente?, no lo sabe, aunque no era su voz. Ni la de su abuela. Pero es suficiente para traerle de vuelta a la realidad, a lo que está haciendo, hincar un poco la punta de sus dedos sobre esa piel, y lo que le
está ocurriendo, se estaba excitando sexualmente, así que apartar la mano, casi temblando con dolor por las ganas de continuar tocándole, recorrerle con ella, rasgar con sus uñas. Con piernas de goma da un paso atrás, azorado cuando la toalla casi cae, sabiendo que su miembro se erecta bajo la poca tela.

   -Tengo que… -grazna y casi corre, tiene que escapar de esas duchas o algo ocurrirá.

   Pero Jared, quien parecía petrificado, que miraba a la nada mientras llevaba una mano temblorosa al lugar donde Jensen le tocara poco antes, donde la piel le arde todavía, extiende rápidamente un brazo y le atrapa por una muñeca.

   -Espera… -grazna, halándole suavemente, atrayéndole con desconcertante facilidad. Y cuando le toca, Jensen siente que su cuerpo parece flotar de manera grata, cosa que se vuelve salvajemente estimulantes cuando Jared, quien sí no se contiene, con el pulgar recorre la cara interna de su mañeca, donde su pulso acelerado de por sí se dispara todavía más.

   -Suéltame. –quiere gritar, revolverse, escapar, pero no puede. Su boca, su tono, sus ojos más bien parecen suplicar.- Déjame ir, Jared. –y traga cuando el castaño se acerca todavía más, encarándole, agarrándole aún.

   -No puedo, pecoso. Te escucho, sé que lo pides, lo que dices, sé que no debo obligarte a nada, pero… sencillamente no puedo dejarte ir.

   -Jared…

  -Lo sientes, ¿verdad? Tú también lo sientes. Esta corriente que cruza de ti a mí, y viceversa.

   -No, yo no siento nada… -comienza, pero calla después de un flojo jadeo cuando Jared le medio empuja hacia atrás, chocándole suavemente la espalda de una columna, acercándosele más, cubriéndole con su presencia y calor, alzando la mano que no le aferra y con el pulgar recorriéndole el cuello, despertando salvajes pulsaciones en su yugular.

   -Mentiroso. –le sonríe bajito, suave, casi afectuoso, ojos oscuros, expresión feroz, labios rojos, unos que abre sutilmente mientras se acerca al dulce, tembloroso y todos ojos chico que es Jensen Ackles en ese momento.

   Jensen no lo entiende pero todo su cuerpo responde a una orden primitiva, imperiosa y poderosa. Quiere acortar la distancia, abrir más sus labios y cubrir esa boca de labios delgados y hasta crueles en ese momento. Quiere… sorprenderle, borrarle ese aire de superioridad. Quiere desconcertarle. Y algo, también primitivo, le grita que así sería, que le dejaría sin aliento, sin habla, pero… lo que más desea es saber. No está muy seguro sobre el qué. Pero lo necesita.

   Aunque tal vez no sería sorpresa para el castaño. Porque mientras le corta el paso y le acaricia la mejilla, los ojos de Jared oscurecen visiblemente, empañados de algo igual de poderoso y primitivo, algo que está más allá de él, de toda lógica y hasta del sentido común. Todo desaparece de su mente, todo sentimiento, recuerdo, alegría, pena o esperanzas. Pero más claro para sí, consiente como es de su naturaleza voluntariosa y salvaje, lo sabe: desea besarle, cubrir su boca y probar en ellos la vida nueva que intuye que comenzaría. Quiere, y mucho, tener a ese joven a su alcance. Y lo siente, el rubio envía ese vaho, ese aroma, ese influjo que le descontrola, Jensen también lo desea. El pecoso de increíbles y enormes ojos verdes también lo quiere. Y debe probarle…

   Tragando en seco, sonriendo casi torvo, hace descender su rostro, Jensen no se aparta, no le esquiva. No huye. El calor de la respiración del otro les baña. Están a punto de unir sus bocas… y es cuando les parece escuchar algo…

   ¡Jeeeeenseeeen…!

   ¡Qué carajo!, la idea cruza las dos mentes, desconcertándoles.

   Si estuvieran en el exterior, tal vez habría podido ser tomado por el viento susurrando entre las copas los arboles, pero allí… Y Jared maldice internamente cuando nota como Jensen parece despertar de su ensueño, reparando bruscamente de en dónde está y qué estaba a punto de hacer. Con frustración le nota la alarma, el apartarse brusco, soltándose.

   -Debo irme. –se encamina hacia la salida de las duchas.

   -Jensen, por favor, no…

   -¡No digas mi nombre así! –se vuelve, exasperado, mejillas rojas.- Y no te me acerques más. Déjame tranquilo. –reinicia la huida.

   -No puedo. No puedo apartarme de ti. –parece escapársele. Y Jensen se detiene otra vez, lleno de ira, volviéndose y encarándole.

   -¿Necesitas lastimarme otra vez? ¿Cómo ayer?

   -No quería hacerlo. –va frustrándose nuevamente.- Quería protegerte. –y Jensen parpadea graciosamente, molesto.

   -¿Protegerme? ¡Casi me rompes el brazo!

   -Debía lograr que dejaras esa idea de entrar en el equipo de luchas, a decir verdad de todos los deportes rudos de contacto, pero no lo entendiste cuando… te lo insinuaba con golpes. Ni siquiera después del hockey. Podías salir lastimado si perseverabas en esa idea.

   -¡El único que me lastimó fuiste tú!

   -Lo hice para… -grita y se controla.- Tom, Mike, ellos… te habrían lastimado, Jensen. No comenzaste con buen pie. Les conozco. Habrían aprovechado las prácticas para herirte feamente. –la sinceridad fluye en sus palabras, sus ojos parecen casi suplicantes.- Por eso te pedí que abandonaras, pero eres terco y sabía que no lo harías a menos que… -enrojece, como sintiéndose tonto y vulnerable.- …Que te mostrara el riesgo. Y mejor yo que ellos, créeme. –afirme vehemente, afirmando con la cabeza, y Jensen le mira sencillamente en shock.

   -¿Y qué coño puede importarte a ti mi suerte? ¿Por qué te preocuparía o afectaría que esos dos…? ¡No somos amigos! No sabes nada de mí. No sabes quién soy. –enfatiza, duro, sintiéndose fuerte por alguna razón que no comprende.

   -No sé nada de ti, es cierto. Pero me muero por saberlo. –agrega rápidamente, más enrojecido todavía, ojos brillantes, de sinceridad y vergüenza, de juventud y voluntarismo, de pasión.- Si me dejaras, si me permitieras entrar en tu vida querría saberlo todo. Desde que llegaste, desde que te conocí… sólo he soñado con saberlo todo, con escucharlo todo. Con sentirte y… -quedarme como idiota simplemente mirándote, lo piensa pero no se atreve a decirlo.

   Se hace un silencio extraño, incómodo. Jensen siente calor dentro de su cuerpo y sus mejillas enrojecen casi tanto como las de Jared. Traga una y otra vez, asimilando las palabras, el terremoto extraño y devastador que eso causa en su interior. Y entiende una parte de lo que siente, esa extraña sensación de fuerza y de euforia en su pecho. Jared, ese muchacho resuelto, altivo, seguro de sí, en ese momento parecía el chico tímido, muerto de vergüenza, que le dice a la niña bonita de su salón que le gusta mucho. O a eso sonaba. O cree que sonaba. Está tan confuso que no puede enfrentarlo ahora.

   -Debo… debo ir a clases. –casi huye.

   Jared se las arregla para alzar sus cejas, frustrado, el corazón latiéndole locamente en el pecho. Fue desconcertante notar cuando dolía verle partir. Era algo casi físico. Hasta ese momento del encuentro, hasta que dijo lo que dijo, él mismo no entendía el alcance de todo lo que sentía. Y todavía no podía abarcarlo todo. Y daba miedo, sentirse así, tan abrumado, dichoso y temeroso por otra persona. Sin embargo… aún muchacho como es, sabe que no cambiaría esos últimos días de su vida por ningunos otros. Una certeza que eriza cada poro de su piel.

……

   El resto de la tarde, Jensen estuvo en shock, negándose a analizar en profundidad muchas cosas. Las palabras de Jared, para comenzar, el temblor y calorcillo de expectativas que el recuerdo de tales palabras despertaba dentro de él. ¿Estaría jugándole una broma?, se pregunta mientras se inclina sobre un filtro a tomar agua. Gruñe y se ahoga cuando el líquido entra por su nariz al recibir un golpe por la cabeza. El perpetrador, ese chico calvo, Mike, ríe mientras se aleja rodeado de otros dos muchachos, pero todavía volviéndose y con los dedos medios de sus dos manos le dedica la señal de costumbre. ¡Hijo de perra!, se permite dedicarle. Mentalmente, por supuesto, sacudiéndose la nariz y alejándose. Pero sonríe, ese tipo era realmente de cuidado. Se le ocurre. O cae en cuenta. O tal vez, inconscientemente, quiere disculpar a Jared por lo de la práctica de lucha. Dios, estaba tan jodido. Pero se niega a regresar a eso. Ahora tenía otra cosa que indagar y la ocasión se pintaba calva como la cabeza del chico Rosenbaum.

   -Allison… -la llama cuando la ve salir de una sala donde cree ensaya el grupo de teatro, toda gitanilla con su falda de volantes, una pañoleta sobre la cabeza y sus collares de cuentas de colores alrededor del cuello.

   -Jensen, ¿dónde estabas? Creí que adicionarías para teatro. –le sonríe, franca y abierta, frunciendo algo el ceño cuando nota la intensidad de su mirada.- ¿Ocurre algo? No me digas que Tom…

   -Hace poco, creí escuchar en mi cabeza, tu voz llamándome. Al principio pensé que lo imaginaba, pero luego… -se incomoda un tanto.- …Bien, te escuché una segunda vez. Y creo que Jared también lo hizo.

   -Espera… espera… ¿Estabas con Jared? –hay sorpresa en su voz, pero rezumando malicia. Sonríe más al verle enrojecer terriblemente.- Por Dios, Jensen, te ves tan culpable, ¿qué hacían? ¿Acaso eso que hacen todos los chicos del mundo en los sanitarios escolares, medírselas y comparárselas? He oído de eso. Vamos, ¡cuéntamelo todo! No te sientas obligado pero quiero cada sudoroso detalle. –y ríe al verle dar un paso atrás, más rojo todavía.

   -¡No hacíamos nada malo!

   -¡Oh! –parece genuinamente decepcionada.- Nunca ocurre nada interesante en esta escuela.

   -¿Te escuché en mi cabeza? –vuelve a la carga.

   -Cariño, ¿qué se yo que tienes en la mente? O a quién. –le ve confusa ahora.- ¿En verdad me escuchaste? ¿Qué hacías, exactamente? Tal vez era tu conciencia. Dicen que es la peor de todos los jueces.

   -Jared también te escuchó. Estoy seguro.

   -Estoy desconcertada, amor –eleva las cejas.- Si pudiera comunicarme así… -le clava la mirada.- ¿Te había ocurrido antes? Tal vez fue telepatía. –sonríe radiante.- ¿No sería increíble, Jensen, el telépata? Nuestro propio X-Men.

   -No, nunca me pasó. Y no, no creo que fuera telepatía, ¡no creo en eso! Te digo que Jared…

   -Ni idea, entonces. –se encoge de hombros, sonriendo luego.- Si hacías algo… delicado, y esa voz te contuvo, tal vez fue algo bueno, pero no sé de qué pueda tratarse. Anda, vamos a inscribirte en teatro, y mientras lo hacemos, cuéntamelo todo. Así que tú y Jared… ¿ya son amigos? He notado que te da vueltas.

   Confuso, no sabiendo ahora si lo imaginó (no, Jared también lo escuchó), Jensen se pregunta qué está pasando. Con todo. Lo que escuchó. Lo que estaba a punto de ocurrir si no lo hubiera escuchado, admite enrojeciendo un tanto otra vez. ¿Qué estaba pasando con Jared?, ¿por qué actuaba así?

……

   Alexis anda preocupada. Ha intentado hablar dos veces con Jared y este la evade. Igual que Chad, el cual siempre andaba alrededor molestándola, pero ahora que necesita saber cosas, este ni se le acercaba. Desde el segundo piso del colegio mira hacia abajo, al castaño alto de rostro ido que es su amigo. La sonrisa suave de su rostro, su ensoñación, no pasan desapercibidos para la joven, ella casi podría poner en palabras lo que le ocurre: sueña con alguien. Algo debe haber ocurrido desde el momento que hablaron en la mañana y este. ¿Cómo podía ser tan irresponsable? La joven se muerde el labio inferior, ¿de dónde salió ese chico rubio y pecoso? ¿Quién era? ¿Por qué aparecía ahora, justo cuando Jared estaba por alcanzar su clímax?

   Tenía que hablar con alguien, con Jared (no, de ahí no sacaría nada), con Chad, o Sandy. O, incluso, con los padres del castaño. La piel se le eriza cuando nota la mirada anhelante e inquieta de Jared, el cual se endereza de la pared donde estaba recostado, siguiendo el paso de Jensen, en el otro pasillo, acompañado de la perra de Alison Hannigan. Oh, Jared, ¿qué haces?, intenta enviarle una mental advertencia, cerrando sus pequeñas manos sobre la baranda. Sabiendo, por su mirada brillante y deseosa de ser notada, que era inútil. Jared no veía a nadie más en esos instantes.

   En ese momento, Allison, quien parecía comentarle algo al joven rubio, alza la mirada. Las dos jóvenes mujeres cruzan una mirada intensa. Allison sonríe leve, sus ojos brillan de manera burlona. Y ahora sí que Alexis se preocupa.

……

   ¡Allison!, igual disgusto parece causarle a Jared el ver al chico rubio, pecoso y sexy, al lado de la joven de sonrisa maliciosa. Ella le toma de la mano y el castaño tiene que luchar contra una súbita llamarada de rabia, celos y posesividad que se apoderan de él. Debe controlarse para no ir tras ellos, separar sus manos y mandar a la pelirroja a tomar vientos.

   -¿Dónde coño estabas? Jugaste como un imbécil en la práctica y te tardaste horas en las duchas. Y tú nunca tardas horas en las duchas. Y eso cuando vas. –interroga Chad, llegando a sus espaldas.

   -Oye, baja la voz, ¿quieres que alguien te escuche y te malinterprete? –Dios, ¿qué pensaría Jensen si…?

   -¿Qué tienes? Estás todo enrojecido y no parece que sea el frío. –le mira con sospecha, siguiendo luego con la vista a Jensen junto a Alison.- Joder, ¿sigues con eso? No lo entiendo, ¿despertaste hoy y te dijiste “seré marica para ver cómo es? Suena fascinante!”. No creo que sea divertido.

   -¡No amanecí! –es algo seco, luego sonríe.- Llevo días…

   -¡Basta! –le interrumpe sabiendo que escucharía el “desde que llegó Jensen”.- Amigo, estás mal. Estás actuando de una manera reprobable. Y mira que así será cuando me lo parece a mí.

   -Es mi derecho. –se defiende, extrañado.

   -Oye, no, no estoy diciendo nada contra el sexo. A mí me gusta. –alza las manos.- Ni estoy juzgándote si prefieres un culo peludo, no se trata de eso. Es… ese Jensen.

   -No entiendo, ¿el problema real no es un culo peludo sino Jensen? No creo que lo tenga tan…

   -Basta, no quiero escucharlo. –se alarma.- Y no, no es eso, si quieres probar, o te va a gustar para toda la vida, ¿por qué no intentas algo más cerca? Ahí está Matt, no podría ser más marica ni aunque lo intentara.

   -Dios, ¿aún le odias porque te quitó a Sophia? ¡Eso ocurrió en el jardín de infancia!

   -Como sea, creo que no ves el centro de la cuestión. Te fijas en un extraño. Pienso que… Alexis puede tener un punto. ¿Has considerado que podrías estar entrando en calor?

   -¡¿Qué?! –abre los ojos realmente con sorpresa.

   -Eso, que estés entrando en celo… buscando pareja. ¿Imaginas todos los problemas que habría si te da por fijarte en alguien como Jensen?

   -Oh, por Dios, ¿el apareamiento? –Jared queda desconcertado, la impresión es tal que pierde las fuerzas cayendo contra la pared nuevamente, el corazón martillándole locamente en el pecho, la sangre, llena de adrenalina, corriendo a toda velocidad por sus venas. Todo pensamiento racional escapa de su mente. Cierra los ojos y piensa en el joven y pecoso rubio desnudo en las duchas, el agua caliente corriendo por su cuerpo, y todo él responde automáticamente a la imagen. Sus ojos brillan como estrellas fulgurantes cuando los abre.- Chad… ¿qué me pasó? –es la transcendental pregunta, una que hace estremecer todo su ser.

   -¡No! No, mierda, no lo digas así. –se alarma Chad, pero involuntariamente da un paso atrás cuando Jared se endereza.- Joder, ¡si la tienes dura! ¡Y en el pasillo! Ni yo hago eso. ¡Cúbrete!

   -¡Sabes las posibilidades de que tal cosa ocurra en la vida de alguno de nosotros? ¡En la vida de cualquiera? El apareamiento… –casi tiembla ante la idea.

……

   Finalmente la jornada escolar termina y en cuanto puede, Jensen Ackles sale a buen paso del recinto envuelto en su viejo saco con capucha, rodeándose el cuello con una bufanda raída y sintiendo todavía frío. Dios, ¡qué día tan extraño! Y estaba pensando en el muy raro Jared Pada… Padalecki, molestándose un tanto con él mismo por el súbito calorcillo que recorre sus entrañas al sólo recordarle, como una cosquilla no desagradable del todo. No lo entiende, todos sus instintos de supervivencia, ese don que ha cultivado para mantenerse bajo el radar, invisible de los acontecimientos, de los bravucones, le gritan que debe escapa. Alejarse de él. Y sin embargo tan sólo quiere…

   -¿Te llevo? –pregunta el joven y algo enrojecido rostro que se asoma a la ventanilla de la camioneta que se detiene frente a él.

   El corazón de Jensen da un violento vuelco dentro de su pecho, qué joven y a la vez que maduro parecía Jared al volante de la camioneta grande y nueva. Había en él una belleza de fascines que le hacían lucir increíble, pero también de armonía en su sonrisa, en la luz clara de su mirada multicolor. Dios, era tan guapo, pensó de manera desvalida.

   -No, yo… voy cerca y es bueno caminar. Me gusta caminar. Y el frío. Hace bien para el corazón. –es la respuesta casi mecánica de su labrado don de esconderse y escapar, pero una muy fría y audible ráfaga de viento se levanta, hiriéndole un tanto y obligándole a cubrirse aún más con la vieja chaqueta.

   -Sí, claro… -chasca la lengua casi burlón, sonriendo bonito, amistoso, y sin embargo inquietante por su mirada, allí había algo, como una muda promesa, un ofrecimiento no expresado; hay tanta intensidad que lastima a Jensen de una manera que no entiende, erizándole.- Vamos, pecoso… -la voz susurra.- Sube y atrévete a irte conmigo. –y la promesa de algo más grande, vuelve a dejarse escuchar, una que congela el corazón de Jensen Ackles y nubla su mirada.

……

JARED Y JENSEN... TAL VEZ

   Me encanta esta foto.

CONTINÚA … 9

Julio César.

¿SAM MALVADO? SANTO TERROR

enero 15, 2014

LA TARDE DE PERROS DE DEAN

SAM NO ES SAM

   -¿Sam? Lo siento, Sam ya no vive aquí…

   Ah, ¿creían que evadiría hablar de este episodio donde Ezequiel si resulta ser un tipo malo? No, se atravesó la Navidad y los mil problemas de Venezuela; y no, no era Ezequiel. ¡Qué vainas pasan en Supernatural! Está demás decir que el último episodio del año pasado, 9×09 – Holy Terror, fue fiel a la tradición del programa, sorpresivo por lo que ocurre con los hechos, pero también con los personajes, y el momento de intensidad donde nos dejan en cada intermedio. ¿Se tendrán que enfrentar, físicamente, Sam y Dean? Eso queda planteado, ¿y la verdad?, espero verlo, no que sea como Castiel, el gran villano a finales de la sexta temporada, uno imaginándole haciendo de todo, luchando con los hermanos, atrapando en un capítulo a Dean y todo eso, para que luego resultara que prácticamente le dejan de lado. Ahora Sam es evil, maligno, ¿podrían ser mejores las expectativas? Si, un Dean malvado.

BAR DE BEATAS

   Todo me gustó. Comenzamos con ese autobús en medio de la noche lleno de mujeres que cantan himnos religiosos, ellas entrando a un bar de motoristas de mal aspectos, y uno de ellos diciéndoles que no deberían estar allí. Me hizo sonreír la escena, era como cuando vi Cambio de Hábito de Whoopi Goldberg, y ella vestida de monja se escapaba por una cerveza, llegaban las otras a buscarla y un motorizado comenta que si ese lugar se iba a transformar en bar de monjas, él no volvía más.

BEATAS EN SU SANGRE

   ¿Saben qué imaginé en ese momento?, ángeles contra demonios, motoristas hijos de perra creyendo poder abusar de unas beatas y que resultaran estas unas tigras recién paridas. Pero no, resulta que son ángeles. Ángeles contra ángeles. Y en la batalla pierden los motoristas, ellas salen cantando y se alejan. Lástima que no pasaron la lucha.

SAM, CASTIEL Y DEAN, PURO FBI

   Pasando con los hermanos, encontramos a Dean contra Sam-Ezequiel, deseando saber cuándo termina todo; como sea, se enteran de los muertos en aquel bar, todos con los ojos quemados y van a investigar, suponiendo de partida lo que también supusimos todos de entrada, que a los ángeles les habían matado otra clase de seres sobrenaturales. Allí se encuentran con otro agente del FBI, Castiel, quien abandona su retiro (¿alguien lo creyó por un momento?), para lanzarse a la cacería y la investigación, aunque en el fondo el problema siempre es el mismo con él, la culpa deaniana que carga, siente que debe hacer algo por los ángeles ya que él causó todo eso. Por personas de la zona saben que los motoristas habían cambiado de manera de ser después de escuchar a un pastor, cosa que les relaciona con Bartolomé. Bien, por lo general hago estos relatos largos porque describo muchos detalles del programa, e imagino que eso molesta o aburre, quien lea es porque sigue la serie, quien la sigue y no ha visto el episodio no debe continuar leyendo, quien ve la serie y vio el episodio, sabe lo que ocurrió, así que saltemos sobre todo eso.

   Digamos que Bartolomé, jefe de los ángeles que aspiran regresar al Cielo, así sea utilizando medios violentos, enfrenta a otro grupo que parecen más radicales y fanáticos todavía, tanto que en una reunión para negociar matan a su lugarteniente, detalle que pocas veces presenciamos, como ocurrió con los leviatanes y la asistente de Dick.

CASTIEL TORTURADO, OTRA VEZ

   Castiel es capturado por el nuevo grupo, quienes no creen en su inocencia, suponen que es aliado de Metatron y le sacarán la información con tortura (le hacen bastante daño); le culpan de todo, de todos los que murieron en la caída, nombrándoles; me gustaron los nombres de Sarah… y Ezequiel. La cara de confusión de Castiel no tuvo precio. Bien, le sacaran información con martirio, pero quien se queda torturándole traiciona a su grupo y le libera por la promesa de regresarle al Cielo (Castiel le hace creer que puede lograrlo), además, está cansado de esos ángeles sanguinarios. Suelta a Castiel y este le mata. La verdad es que el ex ángel ha progresado, lucha contra seres poderosos no teniendo ningún don, y ahora miente. Ahora sabemos que Ezequiel murió en la caída, entonces, ¿quien posee a Sam?

METATRON Y GADREEL

   Esto se sabe cuando Sam sale por algo y Metatron aparece, abordándole y diciéndole que está muy solo en el Cielo y se aburre, quiere controlar la entrada al Paraíso; quiere ser Dios, aunque no lo dice y lo niega con falsa modestia. Él sabe que Ezequiel no es Ezequiel, sino Gadreel, un ángel con mala fama en el Cielo. Este lo niega, no ser Gadreel sino su fama, que él no era malo, alega ser un incomprendido y desea redimirse frente a todos. Metatron le propone regresar junto a él al Cielo y decidir quién va y quién no. Que lo piense. A la pregunta de por qué eligió a Ezequiel, Gadreel responde que porque tiene buena fama, era respetable (lo que Castiel le dijo a Dean). Y aquí entra una primera consideración sobre su extraño comportamiento, que a la vista de su engaño es más evidente. Castiel sabía de Ezequiel, de su buena fama, por ello ese Sam-Ezequiel no podía dejar que se quedara en la baticueva, ya que tarde o temprano descubriría que no era quien decía ser.

   El grupo de Bartolomé responde a la agresión con otra, matando a una gente frente a una fogata, y la verdad es que alarma la cantidad de los que van cayendo, de ángeles, pero más de humanos. Ya la serie no se mide con la sangre. Y aquí llegamos al centro de la cuestión. Malherido, Castiel le cuenta todo a Dean, la lucha entre los bandos, de la supuesta muerte de Ezequiel, cosa que congela el corazón de Dean. No era de extrañar que le pidiera a Kevin revisar las tablas con la Palabra de Dios y encontrar una manera de poner a dormir un ángel que estuviera poseyendo a alguien. Mientras esto ocurre, Sam-Gadreel se reúne con Metatron, aceptando sus condiciones, pero antes debe probarse matando a alguien, y Metatron le entrega un papel, algo que parece hace tambalear a ese Sam no tan Sam. ¿Alguien creyó que fuera a Dean? No, ¿verdad? Supernatural sin Dean no sería Supernatural, como no lo es sin Sam. Y así, mientras los ángeles se matan entre sí, Metatron planea ser el nuevo Dios y Castiel se oculta para curarse, Dean pone en práctica su plan poner a dormir al falso Ezequiel y contarle toda la verdad a Sam, cosa que hace más por necesidad que por honestidad, requiere que este le expulse rechazándole.

   Así llegamos al clímax; Sam, quien ha pactado con Metatron, regresa y Dean le lleva a un cuarto especial, cubierto de símbolos y recita algo que Kevin le entrega. Sam se estremece, parece despertar de un sueño y Dean le cuenta todo, que agonizaba y permitió que un ángel le poseyera pero que ahora tienen que salir de él. Sam, por supuesto, se molesta, no lo entiende, ¿cómo pudo hacer eso?, ¿hacérselo a él?, y Dean acepta su culpa pero que tienen que moverse con rapidez, que debe expulsar al ángel, y Sam está de acuerdo. Salen de allí y todo es una trampa, Gadreel le escuchó hablar con Kevin, cambió algunos símbolos y le engañó.

KEVIN ASESINADO

   El falaz ángel dice que nunca dejará a Sam, se va, pero antes atrapa a Kevin y le quema, matándole. La escena fue impresionante, por lo sorpresiva, por ser Kevin la víctima designada en ese papel entregado por Metatron, por el hecho de que ocurre, que nada pase que lo salve. Sam se va, llevándose la tabla con la Palabra.

KEVIN TRAN MUERTO

   Dean se vio desbordado, impresionado, y genianamente dolido por ese Kevin caído con ojos quemados, que moría a manos de Sam, sin saber que realmente no era Sam. Y como siempre, Jensen Ackles se las ingenió para mostrar en la mirada, en el tono, toda su devastación. Ese “Kevin, Kevin”, con el cual le llama no tuvo precio.

   Pero, fuera de la muerte de Kevin quien nunca me agradó del todo pero se había ganado su espacio (su mamá era mejor, ¿habrá que aceptar que sí está muerta?), este intermedio de temporada me gustó. Sam ya no es Sam, ahora es un ser capaz de hacer lo que sea para alcanzar sus objetivos. Es el Sam malvado de mil fics. ¿Gustó la cosa?, aparentemente no. Aunque todos aman los relatos donde un perverso Sam tiene cautivo a Dean, no les agradó que ocurriera en la serie, y aquí hay que hacer ciertas precisiones. ¿Es culpa de Dean todo lo ocurrido, por engañar a Sam y permitirle a un ser sobrenatural poseerle? Si, y no. Aquí volvemos al punto, ¿sabía Dean, de cierto, que Ezequiel era bueno?, ¿pecó de ingenuo en hermano mayor?, ¿se dejó engañar por un ángel chapucero? La cuestión es que parece olvidarse que Sam estaba agonizando, de hecho ya había pactado con Muerte, el Jinete, su partida, pero el mayor no quiso dejarle, y para salvarle recurrió a lo que fuera, aún aliarse con fuerzas sobrenaturales. ¿Debió dejarle morir y que Sam, y Jared Padalecki, saliera del programa? No creo que fuera una alternativa, ni del programa ni para los seguidores. Gadreel usó a Sam, para recuperarse y ocultarse del resto de los ángeles que le despreciaban, le usaba… como a él le usaba Dean para recuperar a Sam, al menos aferrándose a la esperanza de recuperarle. Pero las cosas salieron mal.

   El programa nuevamente dio un giro inesperado. Creo que ya lo comenté, los dos grandes engaños, las dos supremas traiciones en el programa fueron realmente sorpresivas. Una fue esa diablesa a la que amaba, Ruby, en Cielo e Infierno estuvo maravillosa, luchando hombro con hombro con Dean. Luego resulta la pieza más fiel y terrible en el ajedrez de Azazel para regresar a Lucifer a la Tierra. La otra traición desconcertante fue la de Castiel en la sexta temporada, dolió tanto como se le veía a Dean cuando intentaba hacerle volver al buen camino. Esta, aunque no alcanzó esos puntos, también sorprende. Por el giro cruel del personaje, por matar a Kevin. Sin embargo eso brinda grandes posibilidades al programa, los hermanos separados, uno cazando al otro; ¿cómo comenzará el episodio de mañana (el traducido)? Ya muero por verlo, por saber si Sam será realmente malo, como la gente en aquella novela brasileña, Vampi, cuando la protagonista, madre de una catarraja de muchachos, se transforma en vampira y es la más mala del pueblo, ¿pasará eso con Sam? ¿Será malo, malo, o algo le impedirá darle el golpe final a Dean? Esto falta, en la quinta temporada habría sido bueno ver más de esto cuando Lucifer le domina, como ese fic donde hay una gran batalla con ángeles, humanos y demonios y Dean pacta con Lucifer para que suelte a Sam. También faltó en la séptima temporada cuando Castiel enloquece de poder, es el nuevo y terrible Dios, pero no hace mayor cosa, incluido atrapar a Dean y darle una buena vapuleada, porque casi en seguida le dejan de lado.

   Debo reconocer, por otro lado, que la trama está algo diluida, demasiados personajes en pugna, me refiero a los ángeles, no se le ve consistencia a sus historias; a Abaddon casi la tienen desperdiciada, por no hablar de todo lo que han descuidado, a los leviatanes, a los nazi nigromantes, el alfa vampiro, a la amazona con la cual Dean tuvo una hija. Con los nazis y los leviatanes, casi parecen arrepentidos de haber tocado el tema, pero esos seres están por ahí, resulta extraño que no se los hayan tropezado de nuevo. Veremos qué ocurre a partir de ahora. Por cierto, que Dean está solo en su baticueva, Kevin está muerto, Castiel, herido anda huyendo, Sam puede que sea su enemigo… ¿sólo va quedándole Crowley? Esto no me parece tan descabellado, poco a poco han ido mostrándonos a un ex Rey del Infierno más débil y atormentado, ¿irán a transformarle en un chico bueno?

   En fin, debo reconocer que no me alcanza la imaginación, ¿qué ocurrirá entre Dean y este nuevo Sam? Conociendo al mayor de los Winchester hemos de esperar una respuesta terrible y maravillosa, Gadreel le engañó, se apoderó de su hermano, ¡mató a Kevin! ¿Veremos la ira del cazador?

KEVIN TRAN

   -Gracias, Dean, aquí me siento a salvo.

   Lo siento, no pudo evitarlo.

LOS WINCHESTER EN LA CARRETERA

AL FINAL DE LA PRIMAVERA

Julio César.

NOTA: ¿No les parece increíble Ronaldo cuando llora?

¿JUGANDO?… 36

diciembre 31, 2013

¿JUGANDO?                         … 35

   El siguiente es un Padackles no muy intenso, con una trama medio rosa. La historia NO ES MÍA, pero me gusta, que no se moleste la autora. Es lo que llaman una historia en un universo alterno. Obviamente es ficción, ¿okay?

   Por fin se acabó.

……

Titulo: The joke? That I love you

Autor: Damnlady62

PADACKLES

   -Jared ya debe estar con ese hombre. Esto… inaceptable. –granza mortificado y molesto Gerald Padalecki entrando en la sala de estar de su magnífica vivienda, donde su hija Megan lee una revista, y Sherri mira por una ventana.

   -Pero lo es, papá, acéptalo.

   -¿Cómo crees que puedo aceptar esto? ¿Mi hijo… “enamorado” de otro hombre? Es… es… horrible. ¿Cómo Jared puede hacerme… hacernos esto? ¡Tiene que ser ese hombre! Seguramente es un vividor, alguien que le enredó como malas artes. Posiblemente es un aventurero que necesita dinero para sus proyectos y Jared cayó redondito.

   -Dios, mi pobre bebé… -gime Sherri.

   -Voy a averiguar quién es ese tipo y voy a acabar con él; lo va a perder todo. ¡Yo sé cómo hacerlo! ¡Ese sujeto se va a arrepentir del día que se metió con mi familia! –sentencia.

   -¡Papá! –suena a advertencia.

   -¡No dejaré que ese sucio sujeto ponga sus manos sobre mi nieta! O en Jared… No lo permitiré. Mi casa se respeta, no puede hacerme esto; voy a… –suena molesto, pero se incomoda cuando su hija le mira fijamente.

   -¿Tu casa? ¿No dejarás? ¿No permitirás? No se trata de ti o de nosotros, papá. Es sobre Jared. Dime… ¿no recuerdas cómo era su vida antes? Siempre estaba ausente, viajando, moviéndose. Parecía feliz por un momento y luego ya no. Siempre mirando por una ventana, un balcón. Buscando. Con Genevieve le vi decidido, quería casarse, tener casa, mujer e hijo, pero creo que era porque ella estaba embarazada. Y era él quien buscaba esa relación, ella tan sólo se dejó llevar. Creí que eso le alcanzaría, que sería lo que podía estar buscando, pero cuando regresó de la boda de Danneel Harris, quien por cierto no me invitó, estaba cambiado otra vez. No anhelante, no a la expectativa. Ya no buscaba, papá, añoraba. Había encontrado… y perdido. No podía creerlo, ¿acaso Jared había conocido a alguien, se había enamorado y perdido durante ese corto periodo de tiempo? Y todavía no estoy segura, según Chad ya conocía a ese hombre desde la secundaría. ¿Y si era por eso que no paraba de recorrer el mundo? Por Dios, me da escalofríos imaginarlo, condenado a buscar sin saberlo. –la joven mira por el ventanal por donde hace poco lo hacía su madre.- Le vi feliz con su hija, dedicado a ella, adorándola a cada segundo, pero también le vi sumergirse en su trabajo cuando no estaba con ella. Y mirar por las ventanas otra vez. Joder, si se veía terriblemente triste cuando se sentaba en el jardín. Una tarde le vi con Lexa en brazos, papá, y esas horribles palomas que todo lo ensucian cruzaron sobre él, volando. Y las siguió con la mirada de una manera terrible, como si también él quisiera echarse a volar, elevarse o simplemente alejarse. O ir hacía otro destino. Me dolió verle abrazar a Lexa como buscando consuelo, o deseando levársela en su viaje. –la voz se le rompe un poco, Sherri la mira, pensativa.

   -Aquí tenía todo lo que necesitaba, no tenía que ir a esa sucia aventura de la que todos hablarán cuando esa revista publique su… su…

   -Lo tenía todo, menos su corazón. Por difícil que sea entenderlo, Jared, tu hijo, necesitaba ir a ese encuentro para sentirse completo. Para ser feliz. Dime, papá, ¿no es su felicidad lo que más deseas para él por encima de todas las cosas, echarte de noche en tu cama a dormir sabiendo que tu hijo lo es? ¿Saber que esté donde esté, y con quien esté, ríe, ama, es amado y siente que está en el cielo? ¿Acaso dejarás de querer a Jared por lo que puedas sentir o pensar que debió hacer, o lo que diga la gente? ¿Ya no es tu hijo?

   -No era lo que soñé para él cuando nació… -grazna queriendo gritar, estar molesto, pero también sintiéndose agotado.

   -Pero será. Tanto es así que lo lanzó todo al viento. –se pone de pie, mirándole con afecto, tomándole las manos.- No te pido que entiendas o aceptes, o que seas feliz con esto o que estés de acuerdo, tan sólo no le des la espalda a Jared. Él te quiere tanto que eso le lastimaría, casi tanto como te dolería a ti, y lo sabes… Voy a darle un tiempo, un mes o dos, e iré a La Florida y conoceré a ese hombre cuyo recuerdo lograba que sus ojos brillaran mientras hacía las maletas para ir a su lado. Ven conmigo, papá. No tiene que gustarte, tan sólo ve… y hazle la vida miserable a ese hombre. Al menos ese consuelo puedes tener. Ser un suegro horrible.

   -¡Esto no es una broma! –se molesta, pero no suelta sus manos. Le sobresalta escuchar a Sherri, por un momento la había olvidado.

   -Gerri, no pienso perder a mi hijo. Ni a mi nieta.

   -Ah, claro, ahora yo soy el malo… -gruñe, soltándose y dándole la espalda a ambas.- ¿Acaso es tan difícil de entender que no puedo comprender o aceptar que mi muchacho ya no es el mismo y que va para allá para ser otra persona? –suena desconcertado, angustiado, molesto y dolido, se medio encoge cuando ella, desde atrás, atrapa sus hombros con sus manos suaves y pequeñas a pesar de su estatura.

   -No, papá, va para ser él mismo, para reclamar su lugar en la vida e intentar ser feliz siendo como es, como todos.

……

   La noche está más calmada, y todavía frotándose el cabello húmedo, recién duchado y afeitado, Jensen entra en el cuarto provisional que ha tomado ahora que Lexa ocupa el otro. Jared y él tuvieron que cargan con una cama del hotel. Y pesó bastante. Va descalzo, con el bermudas a medio muslo que usa para dormir y una franela blanca y holgada. Se deja caer sentado sobre la nueva cama y sonríe. Jared estaba ahí, y con su hija, y dentro de un día o dos el mundo entero sabría que el castaño amaba a otro hombre (¡a él!) y que había ido a su encuentro. Sería cuestión de horas para que su nombre se diera a conocer. Cierra los ojos y rota el cuello, la idea, el trabajo diario, la traída de la cama, todo se reflejaba ahora en su…

   -¿Agotado? –la voz de Jared le sobre salta, se vuelve sonriente y el aire escapa de sus pulmones. El castaño, que aprovechó el sueño de Lexa, entró a ducharse después de él; ahora está ahí y viste únicamente un bóxer negro, ajustado, el resto de su cuerpo grande y atlético se deja ver y a Jensen no le alcanza la vista.

   -El cuello… estoy algo… ¡Ahhh!

   Se estremece cuando las grandes y frías manos de Jared caen sobre su cuello y hombros, desde atrás, los pulgares oprimiendo en el nacimiento de su cuello, cosa que dispara una grata y cálida ola de dolor leve y alivio grande; presionando los pulgares los frota sobre ese nudo y se siente tan bien que Jensen baja el rostro y ronronea de gusto, un sonido que eriza a Jared, quien repite un particular apretón, oyéndole otra vez, ahora afectándole la verga. Le masajea mientras sube a la cama a sus espaldas, y Jensen siente no sólo sus manos sino su calor corporal a pesar del agua fría de la ducha. Y algo más, un olor fuerte, fresco, grato, un aroma muy de Jared le rodea. Este se arrodilla sobre la cama, las piernas cercándole, los muslos atrapando su baja espalda, y Jensen traga saliva, sintiéndose algo mareado.

   -Estás tan tenso… -le susurra Jared a un oído, ronco, las enromes manos ahora en sus hombros, la pelvis pegando de su espalda, totalmente erecto bajo el bóxer.

   Ese toque, a pesar de la ropa interior de Jared y su propia franela, eriza a Jensen. Quien toma aire y endereza la espalda, echándose hacia atrás, chocando del tórax del castaño, sintiendo su verga palpitando y ardiente contra sí.

   -Ah, ya veo, eres uno de esos masajistas, ¿verdad? ¿Esto va a costarme mucho?

   -Una vida. –medio ríe Jared, apoyándose totalmente de él, bajando las manos sobre su cuerpo, metiéndose debajo de la franela, la piel del rubio quemándole en las palmas, y este gimiendo otra vez.

   Totalmente vivos, consiente de sí y del otro, se buscan. Cuando esas manos comienzan a subir y bajar, lentas, acariciantes, Jensen respira pesadamente, estremeciéndose, echa la nuca hacia atrás y ronronea cuando Jared le besa el cuello; cuando le medio muerde, la verga del rubio salta y moja bajo el bermudas. Cuando la lengua lame lentamente, ya no piensa.

   Se vuelve y le derriba, Jared cae de espaldas, riendo, casi jadeando cuando Jensen cae sentado a hojarascas sobre su cadera, presionándole con su peso, el culo sobre su verga, meciéndose de adelante atrás, rozándole, masturbándole casi, haciéndole gritar contenido. Y las manos del rubio le recorren ahora, del abdomen al tórax, atrapando sus pectorales, tendiéndose y besándole, lamiéndole lentamente de una clavícula al cuello, consciente de la piel que se eriza y estalla en llamas bajo su lengua.

   -Temí… -susurra mientras lame y muerde.- Soñé tantas veces con tenerte así, con volver a sentirte, con estar en tus brazos… -enumera ronco, lamiéndole bajo el cuello mientras su culo va y viene, necesitado de rozarse de la increíblemente dura y ardiente verga del otro, sus manos atadas, dedos entrelazados.

   -Dios, Jensen, sufrí tanto… -gimotea con ojitos de cachorro, sentándose con él sobre su cuerpo, quitándole la franela.- No te ocultes de mí, amor, eres maravilloso, hermoso, perfecto…

  -Ahora…

   -Creo que me gustaría verte con tus cauchitos… -ríe a su rostro, y más cuando el otro rueda los ojos, pellizcándole los firmes costados.- Habría más de ti para mí. –se quedan quietos, mirándose, sus vergas imposiblemente duras, cada una quemando al otro de una manera que era intensa.- No puedo esperar más… -le gruñe ronco, empujándole ahora, obligándole a caer de espaldas, arrodillándose y llevando el rostro a la carpa que forma la verga del rubio bajo el bermudas.

   -Tampoco yo… -gruñe Jensen, haciéndole caer de lado a su lado, movilizándose para que queden en direcciones contrarias, maravillándose y quedando sin aliento cuando nota la enorme pieza del castaño bajo la suave tela que la abraza, casi visible en sus contornos, y la atrapa con la mano, gozado de oírle gemir, de sentir como esa carne palpita y se estremece bajo su puño.

   La combinación de mano firme que soba, y la suave tela, logran que Jared lloriquee. Jensen le tenía, literalmente, en su puño. Pero tanto control no dura mucho, no cuando sus labios caen sobre la verga del pecoso, besando la punta bajo la tela, medio mordisqueándola, provocándole tales cosquillas al rubio que teme correrse.

   Se miran agitados, las prendas bajan un tanto, las vergas gotean un poco, las lenguas lo recogen, los gemidos indican que lo deseaban, paladean y tragan, buscan un poco más y con las puntas azotan los glandes, las vergas se estremecen, por las lenguas y los alientos que las bañan. Lamen los troncos, de arriba abajo, lentamente, poniéndolas más rojas de sangre, cubren las cabezas y besan, chupan un poquito y gimen. No reparan en algo, Jared no nota que Jensen baja sus sedosos labios sobre su verga gruesa y palpitante, atrapándola al tiempo que chupa; Jensen, por su lado, tampoco lo siente cuando Jared atrapa la corona y succiona y babea en ella como si de un caramelo se tratara, soltándola y lamiéndola toda, mojándose las mejillas. No, cada uno está muy consciente de lo increíble y maravilloso que es sentir la verga ajena en sus bocas, llenándolas, tapándolas, deslizándose sobre sus lenguas, quemándoles con sus venas llenas de sangre caliente. Son consientes de lo mucho que saborean lo que la otra verga suelta en sus pases de adentro afuera.

   Jared rueda de espaldas, Jensen cae sobre él, y siguen comiéndose, sus bocas suben y bajan, las vergas brillan de saliva y jugos cuando los labios van y vienen, las lenguas se pegan y ahora lo gozan, están tan consiente de esas piezas en sus bocas como de lo que la otra boca les hace. Y mientras traga, de manera impresionante tan largo tolete, un dedo de Jensen baja y recorre la raja que lleva al culo de Jared, quien tenía los ojos cerrados, perdido en esa mamada que le daban y en la verga que le nutría, pero al sentir la etérea caricia que el otro le producía allí, se arqueó y tensó sobre la cama. Era algo intenso, el dedo frotando y empujando, sobre su culo, le desespera y angustia, le llena de ganas; hasta le avergonzaba notar que estaba subiendo y bajando sus caderas, no sólo para joder la boca de Jensen, sino para sentir con mayor intensidad ese dedo que le recorre.

   Cuando este se frota y empuja con más presión, abriéndose paso dentro de su esfínter, Jared tiembla convulsamente. No sabe qué hacer, sube y baja su espalda y culo mientras Jensen le come la verga con mayor intensidad, metiéndole y sacándole ahora un dedo de las entrañas, y cuando lleva un segundo dedo, empujándolos, deslizándolos lentamente, arqueándolos en su interior, cogiéndole, adentro y afuera, más y más rápido, como la boca misma que le succiona, Jared se sabe perdido, su verga se pone infinitamente dura, luego se estremece y se corre. Al sentirlo, Jensen retira un poco la boca y recibe esos disparos de semen caliente, una abundante cantidad, sobre su lengua, cubriéndosela, saboreándolo. Tragándolo.

   Y Jared, jadeando y agotado por un segundo, deja salir la verga de Jensen y cierra los ojos.

   -Oh, no, Padalecki, nada de eso, termina el trabajo… -le gruñe Jensen, y Jared ríe abriendo los ojos y alzando la nuca de la cama, para encontrar mirándole con ojos brillantes como un gato, algo de su esperma en la barbilla, y si alguna vez pensó que el rubio se veía hermoso, ahora, con su semen machándole un poco, los labios muy rojos e hinchados, se veía mucho más.

   Sin quitarle los ojos de encima, sonriendo, recorre con la yema de sus dedos la rojiza y dura verga del rubio, erizándole las bolas, quien gime y se estremece todo muy cerca también de terminar…

   Y es cuando Lexa comienza a llorar.

   -Oh, Dios… -gime Jensen, algo frustrado echándose a un lado, de culo. Y ríe, tiene que hacerlo cuando Jared lo hace primero.

   -Lo siento, Jen, lo siento mucho.

   -Ve, ve a ver que tiene mi niña. –le urge, sin pensar, y Jared, que ya se había puesto de pie, se detiene, volviéndose.- Quiero decir… -enrojece todo.

   -No, Jen, no hay ningún problema ni tiene nada de malo; también es tu niña. No sabía cómo decírtelo, cómo planteártelo, que… la miraras como tuya; pero, como siempre, das el paso al frente… Te amo, ¿te lo he dicho? –Lexa llora más.

   -Ve a ver qué tiene. –le urge, sentándose también.- Y cúbrete un poco, no vayas a traumatizarla.

   -Idiota. –acusa, suave, como en el pasado. Y le besa, la idea de que comparten jugos de sus vergas, le hace sonreír más.- Tiene hambre. Ya vuelto. No vayas a quedarte dormido.

   -¡Lávate las manos! ¡Y no la beses sin hacer gárgaras con cloro! –le grita.- Y mañana nos cambiamos al hotel. Y buscamos niñera. Una joven y muy sexy.

   -Te arriesgas, Ackles. Las niñeras me aman. –le oye gritar.

   Sonriendo aunque frustrado sexualmente, Jensen se mete dentro de su bermudas y se acerca a una ventana que abre. El viento ruge todavía, pero no aumentaba en fuerza. El sonido era… debería ser inquietante, pero a él le parece más bien grato. De seguir así llamaría a todos en la mañana para que no fueran a trabajar. Y tendría a Jared tan sólo para él. Bueno, también para Lexa, pero sería maravilloso. La noche está oscura, el cielo medio nublado, pero uno que otro trueno le permite ver la mar revuelta, las olas oscuras, la furia de los elementos. Pero le agrada.

   Jared estaba allí, le había elegido, sopesó lo que era su vida y fue a su lado. O tal vez ni eso, según Jared sólo esperaba el momento de regresar, pero ahora con su hija. Hasta hace unas horas sufría horriblemente, lamentándose de su suerte, aceptando que era la vida, ahora… Jared había llegado. ¡Y tenían una hija! La idea le hace tomar aire y sonreír tontamente, no lo ha dicho, Jared tampoco con todas sus letras aunque lo esbozó hace poco, pero sabe que esa era la idea, y que aún Genevieve estaba de acuerdo. Jared había traído a su hija para que estuviera con sus padres, los que la vida, el destino o el universo le habían asignado aún antes de nacer. Un hogar donde crecería amada y protegida, mimada y malcriada. ¿Cómo no hacerlo si era tan adorable?

   Va hacia la cama, levanta una de las almohadas que cayó durante el escarceo sexual y se recuesta. Apenas esa mañana no tenía nada, ni siquiera sus antiguos sueños, ahora lo tenía todo. Aún mucho más de lo que un día se atreviera a esperar en brazos del castaño. Y el mundo lo sabría. También su padre, y su hermano Josh. Pero su madre y Mack se encargarían de allanar el terreno. Está agotado, pero feliz. Y oye la nada armoniosa voz de Jared canturrearle algo a Lexa; sonríe, ¿en serio la niña se dormía con esa voz? Debía amarle mucho. Cierra los ojos, sonriendo. Pero la entiende, él también le quería, tanto que…

   -Vago. –oye la suave acusación, lejana.

   Pero Jensen sólo sonríe, sin abrir los ojos, y más cuando la cama se hunde a su lado, se gira hacia ese cuerpo, medio montándosele, sintiendo los brazos rodeándole, las fuertes manos atrapándole por la baja espalda. Y aspira con fuerza, con sueño, con placer.

   -Te extrañé tanto, Jay…

   -Ya estoy aquí. –le repite, acunándole más, hundiendo el rostro entre sus cabellos. Deseándole, caliente, pero también agotado y, a un tiempo, sintiéndose horriblemente cómodo, bien, como si sólo necesitara cerrar los ojos y llegar al paraíso. O ya lo estaba, ¿acaso Jensen y Lexa no estaban ahí?

……

   Debe haber pasado algo de tiempo, piensa de manera vaga Jensen, consiente de Jared poniéndose de pie. Rueda hacia su lado de la cama, algo fría, oyendo a lo lejos la tormenta y ahora un leve llanto de bebé. Aunque le cuesta un mundo, abre los ojos y a la suave penumbra que provoca la luz encendida en el pasillo, le ve.

   -Lo siento, está inquieta, debe ser por la tormenta. –informa Jared, algo apenado, con Lexa en sus brazos; en bóxer, grande y fuerte, se ve tierno cuidando su preciosa carga. Sonríe cuando ve al rubio echarse más hacia un lado. La deja sobre la cama, mirándole suplicante. Y Jensen ríe, adormilado.

   -Me la debes, Padalecki. –le siente entrar y ocupar el otro lado de la cama, con Lexa en medio de ambos. Todo se sentía tan irreal, allí estaba con Jared y la niña y…

   -Lo haremos bien, Jen. –le oye suave, tendido de lado sobre un costado, mirándole.- Tú y yo estamos destinados a amarnos para siempre, nos buscábamos y nos encontramos. Por su lado, Lexa crecerá hermosa y feliz porque la amaremos también… -la mira y medio acaricia, notándole todavía un pucherito pero adormilándose.- Un día, cuando sea una hermosa señorita, nos dejará para hacer su vida, buscando su camino. Y esa idea que debería sonarme horrible, no me lo parece tanto porque ahora estoy contigo. –Jensen le sonríe, ladeado también.

   -Te amo, Jared Padalecki… –deja caer la cabeza sobre la almohada, muy hacia el otro lado, la beba casi bajo su barbilla; el día había sido largo.- Y… a nuestra niña. Estando juntos nada puede alcanzarnos, ni siquiera esa posible tormenta de tus declaraciones. –le ve sonreír.

   -Te amo, Jensen Ackles… -sonríe pícaro, acercándose más, sus rostros muy cerca.- Y… bueno, nunca te lo he dicho, pero como estás de humor debo confesarte que lo de la pintura no fue tan accidental como te hice creer… -el pecho le duele de ternura y amor cuando le oye reír suave.

   -Idiota, me enamoré de un idiota.

   -Y nunca lo olvides.

   -¿Qué eres un idiota?

   -Que te enamoraste de mí. –y le aplica un suave beso que sabe a miel, a dicha. A gloria.

……

   Y la tormenta llegó con la publicación. Sandy, Jessica y Danneel rieron bastante. Chad se dio cierta importancia frente a los conocidos, inventando para la prensa y amigos detalles que nunca habían ocurrido, como su decidida participación para que todo terminara bien. Eventualmente se supo que la otra persona en la vida de Jared se llamaba Jensen Ackles, y el rubio se vio sumergido en la vorágine. Ya en el hotel todos habían notado al hombre castaño, alto y guapo, acompañado de una beba, que parecía no poder dejar de tocar y besar al rubio y pecoso jefe. Pronto fue algo cotidiano. A Jared le costó tragar a Joe, porque en su rostro moreno y guapo entendió que pudo haber otra historia, y aunque este se juraba sólo un amigo, le llevaría años dejar de temerle o celarle. Pero lo hizo, tal vez comenzó esa segunda Navidad allí, cuando Lexa gritaba feliz bajo un árbol donde Jensen le entregaba una enorme casa de muñecas, y el castaño y Joe miraban, tomando ponche, en medio de otros amigos de la zona.

   -Desde que conozco a Jensen le he visto trabajar como un perro, esforzarse. Luchar. Le he visto ebrio, de juerga, hablando con amigos. Pero nunca le había visto tan feliz, tan… radiante como está ahora. –comentó Joe, mirándole fugazmente.- Y está así desde que tu hija y tú llegaron. Te quiere tanto…

   Lexa, por su parte, amaba ese lugar. Y a Jensen. A Jared no le pasó desapercibido desde la primera vez que la metió al océano y en un descuido la soltó, sumergiéndose y escupiendo agua, ojitos muy abiertos y con rostro de puchero cuando la sacó, llorando de miedo hasta que el rubio la acunó en sus brazos. Desde ese instante la nena buscaba a Jensen para jugar. Debería ser algo irritante, pero de una manera extraña Jared fue feliz. Su hija amaba ya al otro hombre, y Jensen, bien, parecía idolatrarla. Fueron días de sol, playa y espera… para ver si el mundo no se derrumbaba, si algún tribunal o autoridad no llegaba y terminaba con esa burbuja de felicidad. Sin embargo, la vida continuó…

   ¿Acaso vivieron felices para siempre? Mayormente. Jensen trabajó bastante y el hotel estuvo casi a tiempo, y fue un éxito, tal vez porque mucha gente de la prensa vino a saber si era el hombre que había robado el corazón de uno de los herederos del imperio Padalecki, publicidad que atrajo a medio mundo. Jared se hizo de un nombre en Miami. Chad y Sandy se casaron, y se divorciaron, por lo que debieron hospedar al alocado hombre durante meses, llegando a temer Jensen que nunca se fuera. Lexa crecía, fiel a su promesa, hermosa y feliz, y aunque amaba a Jared y quería a Genevieve, quien se había casado y separado de Matt Bomer, sencillamente adoraba a Jensen, su otro papá, el que parecía no poder jamás decirle que no a ninguno de sus caprichos, o estar muy cansado u ocupado para estar con ella.

   Gerald Padalecki le hizo la vida a cuadritos al rubio, Alan Ackles apenas miraba a Jared, sin embargo Lexa con sus “abuelito, abuelito”, era la adoración de todos. Fue Jared quien recogió a Jensen del suelo donde cayó de culo, sin fuerzas, cuando su madre le llamó para decirle que regresara pronto a Dallas, que Alan había sufrido un severo infarto, sosteniéndole durante todo un viaje de miedo y angustias. También le abrazó con fuerza cuando el hombre se recobró, viviendo todavía el tiempo suficiente para la graduación de Lexa.

   Y cuando Lexa comenzó la secundaria, acompañándola ambos el primer día, Jensen entendió que definitivamente estaba creciendo y que un día buscaría su propio camino como Jared señalara años atrás. Verla caminar hacia la entrada del colegio y como dos chicas se la acercaron y comenzaron a hablar como viejas amigas, sólo medio volviéndose y sonriéndoles antes de correr con ellas hacia el edificio, fue uno de esos momentos duros en la vida de un padre. Tanto que tuvo que bajar la mirada para ocultar su turbación, pero Jared le tomó la barbilla, obligándole a mirarle, atrapándole el rostro con sus enormes manos.

   -Calma, mi amor, tu hija nunca dejará de amarte o pensar en ti así la vida la lleve al planeta Marte, como yo no puedo hacerlo, o tú no podrías olvidar jamás a tus padres.

   -Soy un idiota, lo sé, pero creció tan rápido, Jay; los años se fueron tan pronto, no tuve tiempo de amarla más. –tragó, no queriendo expresar su pesar, que los sentimientos cambiaban con los años y las necesidades, que la gente envejecía, enfermaba y partía al último vieja. Pero Jared lo adivinó y con los pulgares le acarició.

   -No iré a ninguna parte, tampoco tú, somos jóvenes todavía y nos amamos. Jensen, nuestra historia apenas está comenzando.

……

NOTA: Por fin la terminé. Llevó tiempo, aunque no tanto como la traducción de El Proyecto sin Nombre de Jared Padalecki. Debo un comentario sobre Supernatural, no lo estoy evitando, ¿eh?

Julio César.

SAM EVIL

diciembre 19, 2013

LA TARDE DE PERROS DE DEAN

SAM EVIL

   ¡Ha ocurrido!

   ¡Ahora Sam es malo! La verdad es que si la Navidad no se hubiera interpuesto, y mi hígado respondiera como antes, ya habría visto este episodio mucho antes, pero lo descargué al fin… ¡y qué episodio! Ezequiel no era Ezequiel, pero lo más importante es que ahora existe el personaje del mil fics, el Sam maligno. Los hermanos enfrentados otra vez; ya basta de tanto estar juntos, van nueve temporadas de esas tonterías. Es como cuando Ángel intentó matar a Wesley por traicionarle al entregarle su hijo a un enemigo, o Xena cuando enfrenta y odia a Gabrielle después de que la hija de esta mata al hijo de la Princesa Guerrera. Sin embargo… ¡mis amigas están molestas!

SAM, DEAN, ANGELES Y DEMONIOS

   Y no lo entiendo, unas mujeres que amaron ese fic donde Sam le da el sí a Lucifer y atrapa a Dean como su esclavo, los que aplaudían el Sam sin alma que atrapa y también usa a Dean, el Sam poseído por Meg que (oh, sorpresa) atrapa a Dean (es raro, siempre es Sam a Dean, y siempre quieren los relatos donde Jared controla a Jensen), han puesto el grito en el Cielo, alegando que la serie ya no es la serie. ¿Quién las entiende? La verdad no me lo esperaba como fin de mitad de temporada, Sam matando a Kevin; algo grave si, siempre ocurre en este momento, pero no esto, aunque yo mismo jugaba con la idea de que el Sam-Ezequiel ya no era, técnicamente, totalmente hermano de Dean (desde el punto de vista de los fics), ahora que ocurre hay desconcierto.

   Ah, pero ya comentaré el episodio… si tantas reuniones dan algo de tiempo.

¿SAM MALVADO? SANTO TERROR

Julio César.

SAM, DEAN Y LOS LARGOS VERANOS

diciembre 9, 2013

LA TARDE DE PERROS DE DEAN

DEAN CORONA AL FIN

   ¡Al fin!

   Voy con retraso, lo siento. No hay tiempo para nada, ni siquiera para SUPERNATURAL o NCIS; y eso que la primera la veo en la red, la segunda no me la pierdo por AXN. Pero al fin, esta tarde, vi el episodio de la semana pasada. ¿Y qué se puede decir de  9×08 – Rock and a Hard Place?, que Dean coronó. ¡Al fin! Tenía tiempo sin acción. El capitulo en sí no fue la gran cosa, se parecía mucho a uno de la sexta temporada, una diosa estaba involucrada. Es curioso como tan adelantada cómo va la temporada, los últimos episodios, Oz, los perros, el fantasma en el refugio, ninguno tiene que ver con la idea central, los ángeles en la Tierra y Abaddon suelta. Fuera de que ya llevan medio año con Crowley atado en una mazmorra. ¡Pero lo importante es que Dean coronó!… cosa que molestó a algunos.

COMISARIO JODY MILLS

   Con la intro pensé que volveríamos con los dragones, y supe que aparecería la comisario Jody Mills. Amo a esa mujer tan sensata, reflexiva para unas cosas y dura con otras, ¿notaron que su abrazo a Sam fue más maternal que hacia Dean? Ambos han formado un lazo fuerte; como que fue Sam quien mató al pequeño zombie que ella quería ver como su hijo, también cuando trabajan juntos para regresar a Dean de donde fuera que le llevó Cronos en el episodio de Eliot Ness.

PAREC IA UN DRAGON

   Bien, una joven hermosa, que se detiene un segundo para darle un bocado de comida a un indigente, es perseguida por algo. Se oculta bajo un auto, algo lo levanta y arroja esas llamas. Si, parecían los dragones. Y aquí un inciso, cómo molesta cuando cosas malas le pasan a gente tan evidentemente buenas; amen de su moralidad como luego veremos, esa joven era una linda persona. Por eso prefiero las películas tipo el Tribunal del Diablo.

   Okay, los hermanos están en la baticuerva, sugiriéndose que Kevin anda por ahí y que Crowley sigue atado, nada nuevo por ese lado, hasta que llama la comisario pidiendo ayuda porque ha reconocido las señales de que se trata de algo para ellos. Se reúnen en aquel restorán con el vago que vio todo, y quien confirma que la chica era buena gente. Dean no le cree confiable hasta que ella habla de las otras desapariciones, un pastor y una pareja comprometida, todos compartiendo, igual que la chica, la misma iglesia. Jody confiesa que ella asiste a esa también, le gusta desde de lo su hijo y su encuentro con Crowley, que lo necesitaba para sentirse confortada y porque le agradaba. Y esta escena me gustó.

   Lo primero fue que apareciera ella, es una mujer fuerte que siempre tiene algún impacto, hay que recordar que es ella quien le da a Bobby la primera pista para tratar con los leviatanes; el que se viera fantástica con ese cabello algo corto y el rostro algo más redondo, también fue grato; y que los hermanos, fuera de una indirecta sobre los ángeles que andan por la Tierra, cosa que la impresionó aunque Dean le dijo que no se alegrara mucho, no intentaron destruir sus ideas sobre ese cielo de Supernatural, uno donde no está Dios, quien ya no se interesa por la suerte de la humanidad, y con unos ángeles sueltos por ahí, tan sicótico como los demonios. Fue un gran gesto. Siendo la serie como es, siempre se teme que les ocurra algo a todos los que no sean Sam y Dean. Cuando Crowley mató a Sarah y al chico Wendigo, le odié, pero cuando pareció a punto de matar a la comisario, si que deseé su muerte. Es inevitable preguntarse, ¿será este el episodio donde muere la comisario Jody Mills? Después de Ellen, Rufus y Bobby, nadie está seguro (tal vez Castiel).

SAM, DEAN, VIRGENES OTRA VEZ!

    Sam y Dean asisten a la iglesia para averiguar de los desaparecidos y los atiende una joven totalmente alucinada, quien asegurar orar por los desaparecidos, y que todos ellos pertenecían al grupo de los célibes o vírgenes, preguntándoles si no estaban interesados en unirse. Fue tan graciosa la cara de Dean explicando que para ellos ya era algo tarde, pero es poco a la que pone cuando ella dice que pueden ser vírgenes de nuevo. Y en sí el concepto es menos extraño de lo que parece, o Supernatural dejó ver. Es un compromiso de fe, de decisión, de aguante. De contenerse por sentir que se hace lo correcto… partiendo del punto que el sexo sea algo problemático, por un lado, o que no practicarlo representa un “sacrificio u ofrenda a Dios”.

SAM Y DEAN SANTOS

   El grupo de los célibes se reúne, casi todas féminas, siendo Sam y Dean los únicos hombres en ese momento. Cuando les toca hablar de las razones para estar allí, querer ser vírgenes de nuevo, Sam, escuetamente cuenta que sus relaciones no han terminado bien, y Dean tiene que hacer un comentario editorial. Cuando a Dean se le interroga al respecto, la verdad es que fue algo vago en sus palabras (o sería la traducción), pero la idea era clara. Intentó inventar un escenario donde se da cuenta de las relaciones vacías que ha tenido y que nada significan, pero lo convirtió en una detallada alusión al sexo, su poder y su disfrute, cosa que afecta a las mujeres presentes. Sam tiene que detenerle, comentando luego que fueron demasiados detalles.

VIGEN Y DIOSA SEXUAL

   El mayor dice que quiere compartir, ser virgen,  pero no deja de mirar a una bonita catira, que es como una asesora en su trámite de revirginización, quien le parece familiar y con la cual desea intentar algo. Sam no lo cree posible… debió saber que se trataba de Dean Winchester. Se le acerca y ella se ofrece a ayudarle con lecturas sobre virginidad, que irá por los libros y él se ofrece a acompañarla para protegerla (cuando el peligro real era él).

   Y mientras Dean se aleja con esa bonita joven, haciéndole muy elocuentes señas a Sam, este tiene que lidiar con una de las más temáticas del grupo, la cual dejó salir un seco comentario cuando la reclutadora de vírgenes comenta que la chica desaparecida era una gran persona, una de sus preferidas. Allí se entera de muchas cosas. Por cierto, ¿no resulta chocante la manera algo caricaturesca como mostraron a estas personas? Casi parecían dementes por la sola idea de valorar la virginidad (¿abstinencia?, ¡Dios!). Conozco a mucha gente sensata y agradable (normales), hombres y mujeres, que verdaderamente van a retiros espirituales y pasan fines de semana orando y meditando sobre sus vidas y la marcha del mundo. Hace poco tiempo me tocó llegarme hasta la iglesia de Guarenas para un novenario (no lo hagan, es patético, por la hora nadie puede ir), y vi a gente joven, muchachos y muchachas, que llegaban, esperaban un poco a que se reuniera un grupito y luego comenzaban un rosario. No son como los retratados aquí, ni siquiera los que cantan y se balancean en éxtasis religiosos, como los adventistas. Personalmente me agradan los carismáticos, son gente con sentido del humor. Es por eso que me llamó la atención la manera de mostrar a estos, parecían personas erráticas, reprimidas y algo desequilibradas. No todo el que siente que debe buscar a Dios, lo es.

LA ORACION DE DEAN

   ¿Dean y su madrina de virginidad? Fue increíble. Cuando llega y se quita la chaqueta porque ella le pide se ponga cómodo, quitándosela ella también, quedando con una camiseta sin mangas, ¡ah, la cara de Dean!, y hay que estar claros, ¿parecía una invitación o no? Por ello cierra bien la puerta y va hacia ella… que comienza a llorar, cortándolo todo. ¡Pobre! La catira se siente mal por los desaparecidos y le pide que ore con ella por el bien de todos. La verdad es que más chusco no pudo ser, como no fuera Castiel asistiendo a una cita, llevando una flor, para encontrarse con que ella le quiere de niñero mientras ella sale con otro. Como sea, Dean toma asiento al lado de la catira, que se ve toda dolida.

EN LA TRAMPA

   Pasamos a un bunker debajo del suelo, con su tapa y todo, donde la chica secuestrada despierta en medio de la oscuridad, asustada y perdida, cayendo y doblándose un tobillo, para encontrar allí al pastor caído, deshidratado, y también la pareja desaparecida, que se ocultaban por miedo. Se abre la trampa, ese fuego cae y el pastor desaparece porque era el más débil.

   Mientras tanto Sam regresa con la comisario y habla de los supuestos vírgenes, la chica tenía algo con el pastor, y la pareja cedió a sus impulsos y luego él amenazó con dejarla. Eran falsos vírgenes, con eso, y con lo del fuego azulado que descartaba a los dragones, el menor imagina qué es. La cara de Jody al preguntar ¿dragones?, ¿también existen?, fue genial. Aparentemente enfrentan a la diosa Vesta, a quien se le ofrecían las vírgenes y que castigaba las desviaciones.

SAM SABE LO QUE HACE DEAN

   Sam se angustia, porque conoce a un supuesto revirginizado que ya lleva más de una hora con una mujer y corre peligro (y ver la caratula de las películas se lo confirmará después; quedó tan bien su “Dean tiene algo que tachar de su lista”; pero nos adelantamos).

LA ESTRELLA DE SUS SUEÑOS

   Y lo corre realmente; revisando las cosas de la catira que ha ido por más libros sobre virginidad (Dean ya cargaba una buena cantidad, y con lo que le gusta leer), el cazador descubre los videos eróticos donde ella era la estrella. Una latina, española, diosa del sexo.

   Con ello la encara, ella solloza que quiere dejar esa horrible persona atrás y Dean da el consejo que daría  Crowley, que no se sintiera mal, que las cosas que hacía y sabía, eran increíbles e hizo feliz a muchos. Como sea, terminan encamándose. Era hora, para Dean. Aunque faltó una que otra escena, que ensayaran esto o aquello de los videos. Una cosa rara, si querían hacerla ver como una diosa sexual latina, el tipo de la catira no daba, aunque el olé sonó genial. Terminan, van saliendo y ese fuego azul les derriba. En la ratonera, la joven capturada ve como sus colegas de cautiverio parecen ir enloqueciendo, con la chica bebiendo su propia sangre porque se muere de sed. Es cuando dos nuevos cuerpos caen. Ahora Dean está en la jaula, y la verdad es que pudo ser un poco mejor de lo que fue, que enfrentara a esa cosa delante de los otros y ganara haciéndola retirarse por lo menos, ¿cómo van a saber los demás lo increíble que es como cazador? Sin embargo le toca enfrentar al hombre atrapado, quien conspira con la ex novia para entregar a la chica lastimada del tobillo. Fue gratificante ver que la ex novia no le secundaba.

JODY CAPTURADA

   Una vez saben a quién enfrentan, y cómo matarle (la típica estaca con sangre, en este caso de vírgenes), Sam y Jody parten a buscar a ese ser, siendo sorprendidos, Sam golpeado feo y la comisario encarando a la reclutadora de la iglesia, quien la atrapa y va a matarla. Sam interviene y ella le derriba, y aquí se repite casi exactamente la situación de la sexta temporada cuando Sam enfrenta a la diosa de la verdad, Vesta sabe que hay algo malo dentro de Sam, que está roto y mal ensamblando, que no debería estar vivo (¿y entonces, Ezequiel?).

JODY SALVA LA SITUACION

   Es cuando la comisario la mata (otra muerte poco satisfactoria, aunque esta si les lastimó un poco más). Dean sale de la trampa en el suelo, por sus propios medios, porque es Dean Winchester. Vienen las despedidas y…

SAM EZEQUIEL

   Sam está mal, por lo que dijo Vesta, por lo que siente por dentro. Dean intenta distraerle, que si está así, todo débil, es por las pruebas para cerrar el Infierno. Pero no, Sam cree que es otra cosa, que está mal porque siempre lo estuvo, que no fue por una causa externa, que la raíz de su mal está dentro de sí. Dean no puede aguantar eso, no que el cazador dude de sí mismo, que se atormente culpándose, dejándose derrotar por sí mismo creyendo que es su responsabilidad y va a confesarle todo, pero Exequiel toma el control y se lo impide, diciéndole que ya falta muy poco para que todo acabe. Y Dean cede, por ahora, mintiéndole otra vez, sintiéndose mal por ello. Y hay varios puntos…

   No me gustó ese “queda poco”, porque la serie está llegando a la mitad de la temporada que es cuando generalmente se revela algo terrible, u ocurre. Que Ezequiel diga que falta poco cuando Vesta dice que Sam está totalmente roto y que no se explica cómo sigue vivo, no tiene sentido. ¿Exageraba ella? ¿Miente Ezequiel? Eso de que “falta poco”, ¿será el indicio de algo catastrófico que ocurrirá ya para cerrar la mitad de temporada? Siempre he insistido en este punto, a Dean no le quedaba más remedio que confiarse a Exequiel para salvar la vida de Sam, por él aceptó ese arreglo, imagino que esperando que el ángel fuera de los buenos y cumpliera, o dándole tiempo para buscar otro remedio, no lo hizo por ingenuo o confiado, algo que jamás ha sido. Lo hizo por pura y franca necesidad, la muerte de Sam debía quedar totalmente fuera de la ecuación (aunque Sam lo prefiriera, como pareció cuando habló con Muerte y pidió que si debía irse, que esta vez si fuera definitiva). Y la verdad es que Supernatural sin Sam, sin Jared Padalecki, realmente no podría continuar. ¿Es Ezequiel bueno o malo?, es la duda que el programa ha mantenido constantemente, y una prueba de ello es que Dean jamás le ha dado las gracias. El programa sabe hacerlo, romper el molde y sorprendernos totalmente; yo amaba a Ruby, era una de mis preferidas, y me tenía totalmente engañado. En Cielo e Infierno creo que hasta a Dean engañó, cuando lucharon codo a codo por Anna contra ángeles y demonios (incluso me permití pensar, ¿qué ocurriría si ella y Dean…?). Lo de Castiel en la sexta temporada, aliado con Crowley, fue una sorpresa brutal. Porque si, lograron engañarme y sorprenderme. ¿Lo hará Ezequiel? Sé que me repito, pero cuando Dean abrazó a Benny, diciéndole hermano, en el primer episodio de la octava temporada, ya sabía que no podía ser un ser maligno. Con Ezequiel no tenemos esa “garantía”.

   ¿Qué panorama se pintará hacia la mitad de temporada cuando el programa se vaya de vacaciones navideñas? Hay que recordar a Dean y Bobby esperando que Sam desertara para saber si había recuperado su alma en la sexta temporada, o Bobby muriendo en la séptima, ¿con qué saldrán ahora? Y ahora un detalle extraño… a Sonia, mi amiga gordilinda que si vio el programa hace tiempo pero no me lo arruinó comentándome nada, pareció molestarle un poco la manera como Dean abordó a su madrina de virginidad. Hay que entender el rasgo cultural, entre los latinos existe la creencia de que los hombres solo quieren aprovecharse de todas las mujeres, sexualmente hablando, aunque muchas parezcan decididas a practicarlo porque sienten placer. Las norteamericanas parecen acostarse con hombres no buscando un compañero, o un hombre que las represente, sino que buscan únicamente placer sexual, incrementándose los índices de mujeres de cierta edad (treintonas a cuarentonas) saliendo con jovencitos. Son mujeres que no sólo no requieren de un protector, sino que saben que el coito brinda felicidad. Personalmente me gusta, el sexo, y la verdad es que no encuentro una razón lógica para que a una mujer no le apetezca, si lo desea. ¿De verdad una mujer no puede encontrar a un tipo tan atractivo que simplemente le vea como un pedazo de carne que desee probar para ver qué tal? Si no es así, realmente somos muy diferentes.

SAM EVIL

Julio César.

NOTA:   Aunque me moría de ganas no descargué el otro, todo el que lo ha visto pela los ojos y lanza gemidos de “ay, si tú supieras”; pero como saben hay ley seca y elecciones otra vez (voto a voto nos llevan a un régimen autocrático), por lo tanto es hora de reunirse y beber un poco mientras se esperan los resultados y a ver si nos llaman a salir a las calles. No hay cabeza para más. Todavía estoy en shock. La oposición venezolana logró retener la Alcaldía Metropolitana, también las de Maracaibo, El Hatillo, Baruta y Chacao, y ganó las alcaldías capitales de estados en Lara, Nueva Esparta, Carabobo, Barinas (¡Barinas!), Táchira y Mérida… aunque no tengo esperanza con mis queridas Guatire y Guarenas. Ah, no, tengo que salir a gritar… el alivio es mucho.


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