Archive for the ‘SUPERNATURAL’ Category

SUPERNATURAL POR WARNER, ¡ESOS HIJOS DE…!

abril 22, 2014

LOS WINCHESTER Y LA CARRETERA

DEAN WINCHESTER, EL CAZADOR

   -Es que provoca tener una pistola y…

   No lo entiendo, ¿acaso el Canal Warner ya no quieren el programa? ¡Entréguelo a otra cadena, coño! AXN podría ser una alternativa, su programación machacona da buenos resultados. A pesar de los años, uno no termina de cansarse de las repeticiones de todas las CSI, Criminal Minds, y ahora NCIS. Un programa como SUPERNATURAL, a las ocho de la noche, o a las nueve, se apoderaría de la sintonía. Sin embargo continúa por la Warner, o al menos así lo veo yo por DIREC-TV, caso Venezuela. Primero no transmiten la octava temporada, ni un solo episodio durante todo el año pasado, para anunciar la novela y rematar la anterior en un forzado maratón de fin de semana. Soy un fan de los fieles, pero ni yo pude seguirlo, terminaba tarde y, peor, comenzando bien temprano, ¿quién está en su casa a las siete de la noche un viernes? Okay, le dieron un grosero y desconsiderado remate con el fulano maratón, pero al menos quedaba la ilusión de que transmitirían la novena temporada. ¡Y con qué basura salieron!

   De entrada preocupaba que fuera los lunes, cuando, particularmente, si estoy temprano, veo Criminal Minds o Grimm (una serie realmente amena), y ahora reina ese monstruo, porque es un monstruo en todos los sentidos, Hannibal. Aunque había comenzado a verla por la red, la cual también me ha decepcionado (el portal quiere que descargue no sé que cosa), me dije que la vería. ¡Es SUPERNATURAL, carajo!… y la dejan los lunes, si, para después de la media noche. La verdad es que el término era contradictorio, si es lunes, después de la media noche, debería ser terminando el domingo, al segundo siguiente después de la media noche; pero no, es realmente después del lunes, para el martes, ¡a la una de la noche!, una vaina que no es ni medianoche ni es de madrugada. ¿Quién carajo lo verá a esa hora? Desocupados e insomnes, los demás tenemos ciertos límites, y para mí, caer en mi cama antes de la una, es uno.

   Claro, se podría grabar, pero es mentira eso de que uno luego ve un programa así, jamás hay tiempo. ¿Por qué tratan al programa de esta manera? Pareciera que lo hicieran para sabotearla, para que no sea sintonizada y tal vez salir de ella. Si es la razón, insisto, véndanla a otro Canal. Desde que “transmiten” la novena temporada, a esas horas, no he visto un solo episodio.

Julio César.

CORAZON DE PLATA… 12

abril 8, 2014

CORAZON DE PLATA                         … 11

   Este relato, QUE NO ES MIO, es un Padackles sobre una realidad alterna. Un chico rubio y pecoso va al fin del mundo arrastrado por su abuela, y encuentra más de lo que parece a simple vista en la persona de un arrogante chico grande y sonriente, el cual le regala, al final, su propia vida para que el pecoso decida.

……

Title: Gray Moon

Author: River_sun

JARED AND JENSEN

   Espera por su verdad…

……

   A diferencia de su visión, el tiempo en el exterior del colegio no es nada claro, y fuera del poblado, una mujer mayor, delgada y enjuta, con pañoleta en sus cabeza, medio saca algo de nieve de la calzada que da a la entrada de la sólida vivienda de madera, con techos bajos, de tejas rojas, ahora casi toda cubierta de nieve acumulada. Algo de humo, uno oscuro, sale por la boca de la chimenea.

   La mujer se ve preocupada mientras trabaja. Espera. Lleva días aguardando y la verdad es que ya estaba molestándose. Lanza desmañadamente un palazo de nieve lejos y se endereza, llevándose una mano a la espalda baja, justo donde dolía.

   -¿Sólo hará eso? ¿Mirarme trabajar? ¿Acaso espera que muera de un infarto? –jadea por el esfuerzo de palear, voz levemente cantarina con un acento eslavo. Cargada de ironía.

   -No sería una mala solución, esperar que cayera y buscar lo que deseo. –responde Kathy Bates, apareciendo por un costado de la vivienda, a sus espaldas. La mano dentro del enorme bolso abierto. La mujer se vuelve y la encara.

   -Pero no ha ocurrido. Tendrá que hacer su trabajo. –reta, mejillas arrugadas y hundidas, boca de labios delgados y rapaces, ojillos llenos de malicia.

   -Qué así sea, Soraya. –responde Kathy, y resuelta se encamina hacia su enemiga.

   El arrugado rostro de la mujer se aja más cuando medio ríe, cascada, soltando la pala.

   -¿Por qué mejor no tomamos antes un te? –aguarda y alza las manos.- Prometo no envenenarle… a menos que se descuide.

   Kathy duda, entre el disgusto que siente por esa mujer (intentando engañarse un poco, la verdad es que la odia), y la necesidad de saber.

   -No le daré la oportunidad. –retira la mano del bolso, pero lo deja abierto, alzando una ceja en respuesta a la mirada de la otra.- ¿Qué? No le haré daño… a menos que baje la guardia. -eso parece bastar para la otra, que emprende la marcha.

   -Me preguntaba cuándo aparecería por aquí. –señala sin volverse, abriendo la puerta.

   -Me costó encontrarle. Hizo un buen trabajo ocultándose en este fin de mundo. –Kathy penetra en la pequeña, atiborrada y algo oscura salita comedor, más allá un muro divide la zona de la cocina.

   -Evidentemente no muy bueno. Aquí está. –aclara ella, tomando una tetera, volcándola para que se vea que no hay nada, llenándola del grifo y montándola sobre el fuego.

   -A menos que fuera su intensión. –la afirmación la hace volverse.- Oh, sí, el señor Smith agitó una zanahoria atractiva frente a mis ojos, para traerme a Nome, pero no puedo evitar preguntándome sí él mismo no estaría siendo manipulado. ¿Puedo? –señala una silla junto a la vieja mesa llena de libros, revistas y recetas de comidas.

   -Por supuesto, disculpe mis modales. –parece algo concentrada en lo dicho por la otra.- Creo que me perdí, no entiendo lo del señor Smith…

   -Qué se me hiciera venir con la promesa de aclararme algo, cuando en realidad se buscaba otra cosa… Tal vez hacerme venir al lugar donde me querían. Es una bruja, ¿verdad? –es tajante, la otra pega un respingo.

   -Una wicca…

   -La rosa es una rosa, aún con otro nombre. La mierda también. –no puede evitar la ira. La otra entrecierra los ojos.

   -Palabras duras… viniendo de la madre de una maga blanca. –es Kathy quien lo reciente ahora.

   -Esa maldición selló su destino, y el de su familia. Aún antes de nacer. –hay dolor y enojo en sus palabras. Se hace un denso silencio y la tetera comienza a gorgojar.- ¿Por qué…? ¿Por qué asesinaron a mi niña y a sus hijos?

   -¿Aún no lo sabe? Lleva años… -se sorprende, luego sonríe, burlona.- Entiendo… ha encontrado y matado infinidad de seres mágicos, pero ninguno ha hablado. –le da la espalda y retira la tetera del fuego, dirigiéndose luego a la mesa.- ¿Se le ocurrió alguna vez que, tal vez, nada sabían?

   -Más de una vez… pero de nada valió cuando se arrojaron con garras y conillos en mi contra. –la otra sirve dos tazas y toma asiento también.

   -Hace muchos años, el patriarca de un poderoso clan necesitaba el corazón de una maga blanca, nacida de la casa opuesta de la noche, para restituir los poderes que había perdido. Debían capturarla, a su hija, pero en su escape, perdió la vida. Y su familia.

   -¡La asesinaron! ¡No fue un accidente! –es tajante, la otra sonríe y eso le molesta más.

   -Bien, se puede decir que sí. De haberle echado guante, la habrían matado, indudablemente. ¿Lo sabía?

   -Sabía que la asesinaron, no el por qué… O quién, exactamente…

   -El nombre exacto del patriarca, lo ignoro, pero… -su mente saca apresuradas cuentas.

   -…Algo nos hizo venir a estas latitudes, a mi nieto y a mí. Pudo ser para una emboscada en el fin del mundo y librarse de todos en mi casa, o…

   -…Alguien aspira a que su nieto pueda ser más importante de lo que aparenta. –la enormidad de la revelación deja a la mujer sin habla.

   -Si se atreven a tocar a mi nieto…

   -No tengo ningún interés en ello.

   -¿Para quién trabaja el señor Smith?

   -Lo ignoro.

   -Le curó. –acusa.

   -Reparé lo que pude. Sus heridas eran serias, le lastimó bastante. Es mi trabajo, soy una curandera. Nada más. Sólo puedo decirle que tenía sangre de licántropos…

   -Lo sé, y eso hace que me pregunte…

   -Y no se equivocaría. La ciudad está controlada por ellos, los lobos; llegaron un día, se asentaron y prosperaron, mimetizándose, cubriendo sus rastros, como oculta usted el suyo. Son todos, los importantes en Nome, los Welling, los Murray, los Harris, los McCoy… y una de las familias más prominentes… los Padalecki.

   -¿Welling? ¿Cómo el comisario de intensos ojos azules?

   -El mismo adorable y sexy hijo de perra… -y sonríe arrugando más la cara.- Y en este caso es casi literal.

   -¿Y dice que en una de esas casas…?

   -…Puede encontrarse el patriarca sin poderes. Su enemigo. El mortal enemigo de su nieto.

……

   -Suéltame, Jared… -totalmente enrojecido, avergonzado de pies a cabeza, Jensen le pide al otro, quien le sostiene todavía.

   -¿Qué? –Jared parece encogerse, apretando un poquito más la mano del otro, tan necesitado de sentirle.- ¿No quieres que te toque?

   -No es eso… -casi se desmaya de bochorno cuando el otro sonríe intensamente.- Es que nos miran…

   -¿Y qué importa? –parece confuso, resistiéndose cuando Jensen manotea, soltándole al fin, algo que le cuesta mucho. El rubio frunce el ceño, seguramente sintiéndolo también.

   -¡No puedo pensar cuando me tocas! –y enrojece feamente cuando una chica que pasaba se vuelve, le mira y ríe.- Esto no es… normal. Que todo lo olvide, que todo sea menos… -no encuentra cómo decir que se siente bien, feliz, casi eufórico cuando el más alto está presente y le toca. Este baja un poco el rostro acercándolo al suyo.

   -A mí me pasa igual. A tu lado todo es mejor. –confiesa, simple.

   -¿No te parece raro?

   -¿Y si es… amor? –lo dice al fin, alzando los hombros. La cuestión es puesta brutalmente sobre la mesa. Necesita hacerlo porque entiende muy bien el paso que dio.

   -¿Qué? ¿Amor? –enrojece y se escandaliza.- Oh, por Dios, no vayas a decirme que me ves rodeado de corazoncitos rosas y… -calla su intento de burla y jadea cuando un dedo del otro va a sus labios, silenciándole, afectándole tanto como a Jared, lo nota por el oscurecer de su mirada. Tiembla con unas ganas horribles de mover sus labios y besar ese dedo de manera procaz.

   -Así te veo… -confiesa, separándose un paso, alzándose, enderezando la espalda y cruzando los brazos.- Jen…

   -Jensen… -corrige.

   -…Me gustas, me gusta mucho. Casi podría decir que me gustas demasiado, como nunca antes me había interesado, atraído y maravillado otra persona. –confiesa, en ese pasillo, mientras todavía hay muchachos cruzando de aquí para allá, y sus palabras estremecen al rubio.- Dios, desde que te conocí no he podido dejar de pensar en ti. Sólo quiero verte, escucharte, mirarte… Cuando no estoy junto a ti, como en este fin de semana, todo me parece terrible. Y tendría que estar asustado, nadie debería tener tanto poder sobre tu persona; tu felicidad o bienestar no debería estar en manos de otro, porque… ¿y si no me correspondes? ¿Y si no aspiras, esperas o anhelas lo mismos que yo? Pero… no lo sé… -abre los brazos, como exponiéndose.- No me importa nada, Jensen Ackles, porque ninguno de esos riegos o temores son suficiente para opacar lo increíble que es estar a tu lado. –sonríe, enrojeciendo como un chiquillo.- ¿Sabes…? Cuando venía esta mañana para la escuela, corriendo como un loco para llegar y verte… pensaba en palabras que rimaran con tu nombre, con tus ojos y tus pecas… y quería ponerles música y gritarlo… y eso nunca me había pasado. Y era una sensación que me ahogaba, enorme, terrible y maravillosa.

   -Jared, cállate… -jadea Jensen, desbordado, la piel erizada. Pero el otro se acerca un poco, haciéndole retener el aire.

   -Vine… vine hoy… -traga, la voz fallándole por la emoción y la inmensidad de lo que dirá.- No sé bien esperando qué… -ríe, indefenso y angustiado.- Necesito que me resuelvas, que me digas qué soy para ti, qué eres para mí, dónde estamos o podemos llegar…

   -¿Qué!? –el color escapa de su rostro de manera alarmante, ¿acaso Jared estaba pidiéndole… salir? Y el muy gilipollas ríe.

   -Creo que lo captas. Quiero que me digas sí o no, si está bien o mal. Quiero tener tu permiso, el derecho de llamarte, de visitarte… -enumera mientras calla que quiere tomarle de la mano por el pasillo o la calle, y caminar uno al lado del otro hablando de mil tonterías, que desea mostrarle hasta el último rincón del pueblo y sus alrededores, sus lugares amados, los peligrosos pero excitantes, los simplemente hermosos que robaban el aliento. Quiere llevarle a su lugar secreto, tomarle el rostro entre las manos, sumergiéndose en sus ojos y besarle hasta que tema morir por falta de aliento. Todo eso quiere, pero lo calla por ahora. En ese instante se conforma con tener la potestad de llamarle, esa noche, muy tarde, y que su voz sea lo último que escuche mientras vaya durmiéndose, y la sola idea le hace estremecer de emoción. Lo sabe, se dice con un agitado respirar, que es tonto, empalagoso, cursi; todas esas cosas que se supone los novios desean y que siempre le parecieron tonterías, pero ahora… ¡Quiere a Jensen!

   -Jared, no sé qué pretendes, pero esto…

   -Quiero que no me temas, que no te angusties por lo que nos ocurre ni lo veas como un peligro; que no luches contra esto, ¿para qué? ¿No te parece increíble a ti también? Vamos a ver a dónde nos lleva, Jen…

   -Jensen… -le corrige automáticamente, confuso, deseando con todas sus fuerzas decirle que sí, que quiere saber qué significa toda esa alegre intoxicación que padece, todas esas ganas de mirar el mudo por sus ojos, comprobar si lo que nota en las pupilas rasgadas y multicolores del otro chico es cierto, que le encuentra sencillamente fascinante, a él, que siempre se ha sentido tan inconveniente. Bien, ¿por qué coño no hacerlo?

   Abre la boca, Jared presiente la respuesta y su espalda se endereza, sonriendo anticipadamente, si decía que si…

   -Jensen, Jared, ¿qué hacen? ¿Ensayan una obra teatral? –una alarmada voz de mujer les sobresalta, y Jensen enrojece feamente, al tiempo que Jared quiere golpearse la cabeza de una pared.

   -Allison, no es asunto tuyo…

   -Es asunto de toda la escuela. Todos te están viendo. –interviene otra voz, a sus espaldas, y los dos chicos se vuelven para encontrar a la mal encarada Alexis.

   Las palabras de la chica obligan a Jensen a reparar nuevamente en ello, que se expone, que atrae la atención de todos, y sintiéndose estallar en llamas sólo piensa en alejarse, evadirse, ocultarse, la conducta de siempre. Y mientras lo hace, esquiva una mano de Jared que, automáticamente, se elevó para retenerle. Allison, rostro vacío de expresión, mira de manera fría al castaño y a la menuda joven, dando media vuelta y alejándose también, tras el rubio.

   Jared teme eso. Lo que Alison pueda hacer o decir, sabe que podría hacerle daño si lo deseara. Y le tiene ganas desde hace tiempo. Va a seguirles pero la menuda, delgada y bajita Alexis le corta el paso y por alguna razón se detiene en seco. Ella le mira todo ojos, como si de pronto creyera que no era el Jared de siempre, como si no le reconociera.

   -¿Acaso te has vuelto completamente loco? ¿Propiciaste el apareamiento?

   -No tuve que hacerlo. Es él, Alexis. Es Jensen. –se defiende cruzando los brazos sobre su pecho.- Lo supe cuando le sentí en la cancha, a su llegada.

   -Podías… -casi grita, más alarmada que molesta, pero el otro la silencia.

   -No quise hacer nada. No intenté siquiera detener el apareamiento o detenerme. –traga y mira por donde Jensen se marchó.- No puedes entenderlo, amiga, te ha gustado gente, has creído amar, también yo. La emoción de la cercanía, del coqueteo, de tocar esa otra piel, de besarla. Lo he hecho y mi corazón se llenaba de alegrías y ganas, mi piel se excitaba… Pero todo eso ni siquiera se acerca a lo que esto significa. Lo que significa Jensen para mí. –la mira, ojos soñadores.- Le deseo, le necesito, le quiero… -cierra los ojos.- Pienso en Jensen, aquí y ahora mientras estás tan molesta, llena de dudas y malos agüeros… y sé que todo estará bien, que todo es perfecto en el mundo.

   -Jared, tú madre… –le recuerda, logrando borrarle algo de esa felicidad que tanto la asusta.- Ella es una mujer conservadora, no tolerará esto.

   -¿Qué me haya apareado así… o que fuera de un chico? –reta, preguntándoselo él también. La ve boquear.

   -No lo sé. Es tu madre, tú la conocerás mejor. –se defiende.- Pero has sido irresponsable, mucho; nos has puesto a todos en peligro. No sabes quién es él, por Dios, no sabes por qué está aquí.

   -Jensen nunca me haría daño. Nunca nos lastimaría. –lo dice con convicción.

   -¡No lo sabes! Estás esperando que no haga nada, que no nos dañe, pero no puedes estar seguro. –se exaspera y casi grita de frustración cuando le ve cerrar los ojos otra vez, pensando en el rubio, sonriendo y tocándose sobre el corazón.

   -Lo sé. Lo siento aquí… -y se palmea.- Todo estará bien, Alexis, ya lo verás. –asegura y se aleja, dejándola con la boca abierta.

   -Pero Jared… ¡Jared! -todavía le sigue.

   No notan que de un salón de clases, vacío, sale Tom Welling, sonriendo de manera cruel. Vaya con el castaño, estaba cavando su tumba. Y la de ese rubio pecoso también.

……

   Allison, hablando de manera nerviosa hasta por los codos, sigue a un Jensen que intenta alejarse a buen pie.

   -¿Con Jared? ¿Te gusta Jared? Pensé que me había dicho que no te simpatizaba, qué…

   -Por favor, no quiero hablar de eso ahora, ¿está bien? Es… confuso. Para mí más que para cualquiera. Ni siquiera entiendo bien por qué… -me gusta tanto, pero no lo dice.

   -Pero Jensen, ¿Jared? Te dije que debías… -la joven se detiene y le detiene atrapándole un brazo.- ¡Esto no está bien!

   -¿Por qué somos chicos? –la reta, aunque sabe que no se trata de eso.

   -¡No! ¿Qué carajo me importa si tú y Jared Padalecki caminan de culo sobre un camino lleno de erectas…?

   -¡Allison! –enrojece violentamente notando miradas de otros.

   -Él no es… -parece alterada.- Jensen, en condiciones ordinarias esta noticia me haría delirar de gusto, saber que el necio de Padalecki anda sorbiéndose los vientos por un chico, deseando enterrar su nariz en el suspensorio que usas en tus practicas de volibol, sobre todo después de tener tantas novias y sabiendo que eso pondrá de cama a la necia de Sandy, pero… tú me agradas. Y ahora estás en medio de todo esto.

   -Por Dios, Alison, ¿qué dices? Pareces querer advertirme contra un trato con el demonio. –intenta una sonrisa, atacado por sus dudas. ¿Estaría equivocándose al dejarse llevar así? No sería la primera vez que mete la pata por mal juicio.

   -Debes tener cuidado. Con Jared y su gente, con su familia y sus amigos. Ellos no son como… todos los demás.

   -¿De qué hablas? –la reta y la joven abre la boca, decidida a hablar, pero tras el rubio aparece Chad Murray, mirándola de manera terrible con sus ojos de un tenue amarillento que va intensificándose.

   -Nada. De nada. Debes tener cuidado. –lanza con rapidez.- Debo ir… a… A otra parte. –y se marcha, dejándole confuso pero amoscado.

   Jensen se vuelve con rapidez, pero no hay nadie detrás de él, aunque habría jurado que notó una presencia; además, la cara de Alison al mirar sobre su hombro…

……

   -Ni se te ocurra contar nada, Hannigan. –rato más tarde, Allison es atrapada fieramente por una muñeca, siendo encarada por Chad Murray.- Hazlo y te vas a arrepentir el resto de tu vida.

CONTINÚA … 13

Julio César.

EL NEGOCITO DE DEAN… 2

abril 4, 2014

EL NEGOCITO DE DEAN

   Presento a consideración esta historia, totalmente sin moraleja ni muchos puntos de contacto con la historia real, es pornografía, simple y ramplona, ¿okay? Aquí encontramos a un torturado Sam Winchester que está en esos años difíciles de la adolescencia (¿recuerdan cómo eran?), y descubre algo sobre su hermano mayor. Para que la idea funcione, entre ambos sólo existe una diferencia de edad de dos años. Es para adultos, como casi todo en estas páginas. Ya me dirán qué opinan.

……

DEAN WINCHESTER HOT

   -¿Se te antoja algo, Samantha?

……

   -Por favor, Dean, por favor… -jadea Clark, ronco, urgido.

   El mayor de los chicos Winchester le sonríe, mirándole a los ojos cuando su puño atrapa la palpitante verga, llena de sangre, por la base, subiéndolo y bajándolo, haciéndole gemir débil y obligándole a caer de nuevo contra la pared. Le dominaba, Sam lo sabe. Aunque es tan joven puede captarlo todo, Dean podía estar de rodillas frente a ese chico un poco más alto que él, más fornido, teniendo la verga en su mano, y sin embargo controlaba la situación.

   Pero nada más ocupa su mente, con la boca y los ojillos rasgados incremente abiertos, ve cuando Dean acerca sus labios rojos y húmedos a la cabeza lisa, como caen cerrándose sobre el ojete, besándolo y succionando, y a Sam no le cuesta un carajo entender la tensión del otro chico, que se alza prácticamente sobre la punta de los dedos de sus pies. Una boca allí, una chupada así debía ser…

   Dean deja que esas pocas gotas de líquidos caigan dentro de su boca, llenándola con su sabor, uno que le gusta, como le gusta todo lo que hace. Con su cara más chula y perversa mira a los ojos al chico de cabellos negros y pupilas azules mientras saca la lengua y con la rojiza punta recorre la lisa cabeza, se quiere meter por el ojete, empujando, haciéndole gemir, lo azota con dureza, cae por debajo del hongo que forma el glande y lo recorre todo, cada rugosidad, antes de bajar, atrapándola con una facilidad que le provoca escalofríos a Sam, hasta la mitad, sus mejillas cerrándose sobre ella, la lengua pegada a la cara inferior y frotándola con ella.

   Sam sabe que está mal quedándose, mirando, pero ver a Dean así, de rodillas, con su chamarra negra, la mano de un chico tras su nuca, la boca abierta y atravesada por media verga, mientras ese tío, Clark Kent, cierra los ojos gimiendo largamente, como el desesperado desahogo de alguien que necesitaba mear pero no podía y al fin lo hace, le tiene temblando, no pensando… No lo hace mientras atrapa, con mano febril, su propio tolete erecto bajo su pantalón gris, apretándolo suavemente, una y otra vez, al tiempo que Dean comienza a ir y venir sobre la joven tranca del otro, mamándosela con evidente placer por lo que nota en su rostro, cubriéndola cada vez más, dejándola mojada y brillante cuando sus labios carnosos retroceden apretando sobre ella.

   Dios… ¡a su hermano le gustaba chupar pollas!

   Jadea cuando le ve retirarse, la rojiza verga hinchada saliendo de sus hinchados labios, goteando al quedar temblando en la nada, y el tal Clark con mirada de “trágatela otra vez, por favor”, mientras el guarro de Dean se la atrapa con una mano, clavándole los verdes ojos al chico de ojos azules y azotándose los pómulos y mejillas con ella, ¡con la dura verga de otro chico! Y verlo golpear y rozar sus labios con ella, con la punta que deja caer sus gotas que este bebe, tienen al menor al borde de un ataque. Se odia por ello, pero no puede evitar que su puño vaya y venga sobre la silueta escandalosa de su propia verga erecta bajo sus ropas. Pero se resiste, no, no debía hacerlo. Estaba mal. No iba a sacársela y masturbarse viendo a su hermano…

   Dean la traga nuevamente, casi ronroneando sobre cada centímetro cúbica de ella, mientras mete una mano entre los muslos de Clark, atrapándole las bolas y halándoselas. Le cubre todo el tolete con los carnosos y rojos labios y todavía sigue sorbiendo, y Sam no puede apartar los ojos de su garganta que sube y baja, mientras la mano se abre camino y el chico de pelo negro abre las piernas. Dios… a Sam la barbilla le pega del piso cuando su boca se abre a todo lo que da.

   No puede verlo ni estar totalmente seguro, pero le parece que mientras le mama la verga con escandalosos sonidos de succiones, también de ahogados y roncos gemidos de placer, gozando el paso de la palpitante verga sobre su lengua, Dean… Dean le estaba tocando, o acariciando, o metiéndole un dedo al tal Clark por el culo. Puede ver el puño ir y venir como lo hace su rubia cabeza. Y el tal Clark parece punto de un infarto, de gozo y gemidos, mordiéndose los labios para no chillar mientras Dean intensifica las mamadas y lo que sea que le hace con el dedo.

   ¡Y se lo tiene metido por el culo! Es algo que Dean hizo la segunda o tercera vez que se la mamó. Algo con lo que Clark no estuvo muy de acuerdo al principio, pero cuando esos labios sedosos le atraparon la verga, esas mejillas se cerraron sobre ella, la cálida y húmeda lengua se pegó de la cara posterior de su miembro y ese chico pecoso hizo lo que hizo con su garganta, aprisionándosela de manera maravillosa, ya no pudo resistirse. Ni pensar. Le habían dado una que otra mamada, cosas torpes, chicas que parecían querer salir de eso rápido, pero Dean Winchester… Oh, Dios, la boca de Dean Winchester estaba hecha para chupar pollas, y lo disfrutaba (idea que era igual de electrizante). Por eso volvió después de… Bien, el pecoso le había recorrido la raja del culo con un dedo, le acarició la entrada y le medio metió la punta. Quiso alejarse, escapar, pero en ese momento este le resollaba en los pelos, mamándole como nunca se lo habían hecho y no pudo ni quiso apartarse. Ahora, cuando le mamaba, se lo metía, sin ambages, no eran toques, le clavaba un dedo en el hueco del culo y lo movía, lo flexionaba… Lo penetraba.

   -Ahhh… -gritando escandalosamente, Clark se tensa, le retiene la nuca al rubio y se corre; buche tras buche, su tranca dispara la abundante leche que todo joven adolecente guarda en sus reservas, siempre queriendo servirlas a sus conocidos. Y mientras se corre, mareado de gusto, siendo chupado todavía por Dean que traga una, otra y otra sus cargas de cálida esperma, el dedo no deja de moverse en su interior.

   Sam está casi desfallecido también. Ve a Dean dejar la verga, que todavía se ve dura, con una gota de esperma blanca todavía colgando, atrapándola con su lengua y poniéndose de pie. Las sorpresas para el menor no terminan, no cuando ve a Clark Kent, gimiendo como un posero, rodear con sus brazos el cuello de su hermano y fundirse en un beso profundo, mordelón y chupado, donde las lenguas se succionan de tal manera que los chasquidos tienen que escucharse en toda la escuela y tienen al muchacho casi al borde del clímax también, oculto desde donde está.

   Dean ríe para sus adentros cuando lucha con Clark, cuya lengua parece decidida a recuperar su esperma. Se pregunta qué piensa el otro en esos momentos. ¿Qué el beso es una caricia de gratitud, de lujuria… o que quiere saborear su propia esperma? No lo sabe, pero le divierte. Le gusta controlar, algo que pocos notaban… ya que, oficialmente, era un traga vergas.

   Sam frunce el ceño y se impacta cuando ve al jadeante Clark guardar su verga, con esfuerzo, rojo de cara, sacando un billete de diez dólares de su bolsillo y entregándoselo a Dean.

   -Oh, Dios, Dean, eso fue…

   -Lo sé. Vuelve pronto. –se despide agitando el billete. El otro duda pero se aleja.

   ¡Santa mierda!, ¿Dean cobraba por mamársela a un chico en el patio de la escuela? No puede creerlo. Le ve inclinarse sobre un grifo y lavarse las manos, oliéndolas, ¿acaso sí le metió el dedo por el culo?, Sam está en shock.

   -Dean… -oye otra voz baja, ronca, preñada de lujuria. Intentando no ser visto se alza y descubre al chico que hace cine dentro del colegio, Dawson Leery.- Vi que Clark Kent… -y calla cuando Dean sonríe con una mueca procaz.

   -Se corrió justo aquí, me la dejó toda llena con su esperma… -informa y saca la lengua.

   A Sam los pelos sele ponen de punta cando Dawson gime, rojo de cara, se arroja sobre el rubio y le besa mórbido, atrapándole la lengua y chupándosela de manera escandalosa. Buscando él también saborear las pasadas emociones del pecoso chupa vergas.

   Verle ser arrojado por Dean contra la reja, con la dura erección ya bajo la ropa, por la perspectiva de la mamada o por haber sobrado en la lengua de Dean el resto de la esperma de Clark, no impresiona al menor de los Winchester, ni ver como su hermano caía nuevamente, apretándola sobre la tela del pantalón, sacándola, besándola y tragándosela, lo que le sorprendió fue verle darle la vuelta, dejar a Dawson de cara contra la reja, bajándole a duras penas la verga y chupándosela por debajo de las bolas y entre los muslos, subiendo y bajando su rostro entre ellos, atrapándola y con su garganta ordeñándosela, metiéndole además, no uno, sino dos dedos por el culo al muchacho que cierra los ojos y gime, temblando de lujuria mientas el mayor de los Winchester le daba una mamada de antología al tiempo que le penetraba con dos dedos que iban y venían profundo. Cuando la boca subía atrapando y los dos dedos se hundían lentamente dentro del redondo anillo del muchacho, este gemía agónicamente, siendo recorrido como era por todas esas sensaciones estimulantes.

   Verle pagar, después, todavía le pareció increíble al menor. ¡Dean les cobraba a todos por dar mamadas!

……

   Sabe que le observan. Sentado a la mesa, intentando comer, Sam Winchester siente frío y calor. Regresó de la escuela caliente y enfermo, con unas ganas locas de tocarse, erectándose a cada instante, y sin poder hacer nada. No podía hacerse una paja porque sabe que en cuento se toque y cierre los ojos, pensará en su hermano. La idea le hace estremecerse, de repulsa y excitación, y debe dejar el tenedor sobre el plato cuando la mano le tiembla. Intenta no fijarse en John y Laura, su bonita ex maestra que ahora cenaba regularmente con ellos, como ahora que casi parecían una gran familia. Aunque conversaban entre ellos, de manera totalmente artificial, sabe que están pendientes de él.

   Ceñudo mira a Dean en una esquina, el celebrado desgraciado que llegó con una botella de vino que John aplaudió (sin preguntarse de donde salía el dinero). El hijo de perra parece no captar nada, simplemente come a dos carrillos. Con una sonrisa en su cara… con su boca de chupa vergas. Nuevamente se estremece. No quiere verle, intenta no hacerlo, pero cada dos por tres vuelve a él, viéndole llevar el tenedor lleno de alimentos a su boca, cubriendo con los carnosos labios el tenedor, de manera lenta y sensual, disfrutando la grasosa comida. Todavía le toca oírle ronronear, y traga en seco, tomando el vaso de agua, derramando un poco. Dean disfrutaba el comer como el tragar… cierra los ojos mientras bebe.

   -Sam, ¿tienes algo? –pregunta al fin John.

   -Estoy bien. No tengo… mucho apetito. –responde con un puchero, intentado no sonar a la defensiva o amargado, es decir, como un adolecente malcriado cualquiera.

   -No has probado casi nada. ¿No te gusta? –pregunta Laura, preocupada.- Me gusta guisar salchichas y creí…

   -Están deliciosas. –interviene Dean, sonriendo, y Sam le lanza dos rayos mortales con sus ojos al verle sostener un grueso pedazo de salchicha junto a sus labios rojizos y húmedos, abriéndolos y atrapándolo, cubriéndolo lentamente, le parece.

   -Antes te gustaba. –se queja John, pero sin querer entrar en una discusión, así que se vuelve hacia Laura.- No entiendo a este chico. Creo que terminará como vegetariano. –sonríe orgulloso mirando al otro.- No es como Dean, mira cómo disfruta comer sus salchichas…

   Y Sam casi siente que se desmaya, atrapado en la irrealidad, mordiéndose la lengua para no aclararle a su padre qué tanto adora Dean tener una buena salchicha en su boca. Baja la mirada y respira pesadamente.

   Se va a morir. Si, seguro se muere… aunque no sabe exactamente de qué será.

   ¡Y todavía tiene que compartir, esa noche, el dormitorio con ese hijo de puta!

CONTINÚA … 3

Julio César.

GARTH SACA LOS COLMILLOS

marzo 23, 2014

LOS WINCHESTER Y LA CARRETERA

LOS DESPERTARES DE GARTH

   ¿Lo imaginan? Tener es secreto y despertar entre cazadores.

   No se me malinterprete, Supernatural es una serie que no tiene capítulos malos; unos son buenos, los hay muy buenos, otros alucinantes, y pocos no tan buenos. Y definitivamente los hombres lobos no dan la talla. Únicamente el de Madison, en la primera temporada, fue intenso; y le dio pie a Jared Padalecki de mostrar sensibilidad y vulnerabilidad, y lo hizo, aunque Jensen Ackles se comió la escena cuando se ofrece a matarla, este se opone y se oye el disparo. El rostro de Dean lo decía todo. Este, 9×12 – Sharp Teeth, también fue sobre licántropos, y fue muy regular. Lo rescatable es que los hermanos se reencuentran.

   Comienza con un granjero persiguiendo a alguien que se mete en sus tierras y le dispara, el intruso cae al ser arrollado por un carro y resulta ser Garth, que ya lo imaginábamos por la intro del episodio, recordándose que desde la temporada pasada esa incógnita había quedado planteada, ¿qué había ocurrido con el alto y desgarbado cazador de naturaleza tan original? Los Winchester estaban molestos con él, especialmente Dean, ya que le había dejado a cargo de Kevin y le abandonó. Sam, con su traje del FBI, se acerca a investigar al hospital donde llevan al herido, el comisario le indica que ya hay otro agente, Dean, y se notan tensos cuando se encuentran. Como ha ocurrido en otros episodios donde se han separado, dicen que trabajarán hasta saber qué pasó con Garth y luego se distanciarán, cuando le ven inconsciente en una cama de hospital. Quieren interrogarle, salen y este escapa por una ventana. ¿Por qué escapaba de los Winchester? Mientras investigan que pasó, Sam dice que lo mejor es separarse para abarcar más terreno, y mientras él averigua dónde puede estar alojándose el cazador esquivo, Dean debe ir por las imágenes de una cámara de seguridad del hospital.

SAM PILLA A DEAN

   ¿No fue genial la escena donde Sam llama a Dean para saber si averiguó algo y este tiene las fotos de Garth subiendo a un auto y dice que no, que las cámaras no apuntaban al lugar y que ya debe estar lejos y que lo mejor es que el castaño siga su camino pues ahí no queda nada qué investigar? Lo fue, pero cuando Sam aparece de pronto frente a él, quitándole las fotos, notándose que desconfiaba, quedó mejor. Y eso me alegró, que Dean le diera pie a que se marchara, que no deseara aferrarse al menor, aunque bien sabía yo que eso no terminaría bien. Por cierto, Dean y su marca, ocultándole a Sam la naturaleza de ello; Sam contándole de la gracia que Gadreel dejó dentro de él, y que, si, como dijo Dean, sonaba sucio. Bien, con las placas del auto rastrean una dirección.

LA NOVIA LOBA

   No me extenderé mucho, de verdad, quienes ya vieron el episodio saben, quienes no, no deberían ni leerlo esto. Los cazadores, después de acordar investigar juntos, llegan a una dirección donde Garth se queda, le sorprenden y Dean es un tanto brusco, ganándose que una bonita chica que está ahí se ponga a la defensiva, yéndosele encima para defender al flaco, transformándose en una mujer loba. La reacción de los hermanos es instantánea, como la de Garth que se interpone, convirtiéndose en lobo también. Y aquí comienza ese dilema dual que siempre se presenta en la serie, ¿acabar con Madison aunque ha matado pero no sabía que era una mujer loba?, ¿dejar ir a Amy que mataba si necesitaba?, ¿debía morir Benny por ser vampiro aunque había dejado de matar ya siendo un no muerto?, ¿perseguir a la chica lobo, Kate, de la temporada pasada? Siempre hay un detalle que dificulta la cuestión, aquí alcanza máximas alturas, se trata de Garth. Aunque hay que recordar que cuando Dean se vuelve vampiro, en la sexta temporada, intenta buscar al abuelo para que le mate.

   Como sea, Garth, con un aire y tono patético que en verdad no me gustó mucho, intenta aclarar que no es un lobo malo, que la chica no es mala, que han encontrado la manera de sobrevivir sin hacer daño, casi parecía hablar de haberse vuelto cristiano evangélicos o algo así. En una cacería resulta mordido, acaba con ese ser, se emborrachará una última vez y se matará, entonces ella apareció brindándole una oportunidad de continuar; por eso desapareció, alejándose de los hermanos cazadores. Dean no está convencido, Garth le invita a la casa familiar para que lo compruebe, mientras Sam hace otras averiguaciones.

LA MALVADA MADRASTRA LOBA

   La llegada de Dean a esa casa, la manera de comportarse de Garth, la del suegro y la esposa de este, desesperaban; repito, parecía una religión cristiana de esas donde con sonrisas en los labios te insisten que todo está bien aunque suene a falso. ¿Todos adivinaron que la mujer era la malvada cuando aclaró aquello de que era la madrastra? Sentado a esa mesa, Dean comportándose como un verdadero idiota (desconfía de los seres sobrenaturales, imagino que más desde lo de Gadreel), oye al hombre que es pastor de una iglesia, llevan al cuello una bala de plata, que les hiere pero les conserva centrados.

DEAN ENTRE LOBOS

   Mientas eso ocurre, Dean incomodando a todos, especialmente a dos parientes jóvenes de la mujer del pastor (la escena cuando estos le cercan en la cocina y Dean les pregunta si no tienen algún juguete que mordisquear, me hizo reír), Sam escucha de un nuevo ataque de lobos. Investiga con el comisario, y por el calor del cuerpo deduce que el ataque acaba de ocurrir, descubre que este pertenece a un culto de lobos ancestrales, violentos en sus acciones, su medalla tiene otros símbolos. El relato, y lo que Dean descubre más tarde en la casa del culto ministerial, me hizo recordar Los Niños del Maíz, de Stephen King. En este caso se refiere al lobo mítico que mata al dios Odín… aunque en la serie, este muriera en la quinta temporada, en un magnifico episodio cuando cae el martillo de los dioses (todavía espero a Kali de regreso).

SIEMPRE CAPTURADOS

   Como sea, Dean encara al pastor, este niega tener nada que ver con el culto violento, y son atrapados. De hecho, y como suele ocurrir, todos lo son. ¿Qué ocurre?, el pastor quiere llevar una vida pacífica, que se alimenten de animales y no atraer la atención del mundo, predicar para que todos cambien (creo que era la trama de una película llamada El Aullido), y en aras de ellos perdonó a los que mataron a su esposa. Su segunda mujer no, a ella le mataron a su familia y lo recuerda y quiere venganza. Planeaba matar a Sam, a la hijastra y a Garth, a quien desprecia, para obligar al pastor a reaccionar, pero este regresa, con Dean, y todo se tuerce. Los atrapan, pero logran escapar, como siempre, y de una manera bastante fácil acaban con todos. Fue un episodio de relleno, simplemente, aunque respondía a dos premisas, las dos un tanto insatisfactorias.

LOS ABRAZOS DE DEAN

   La primera es que le dan un final a Garth, sin tener que matarle. Se va como partió Charlie, aunque ella tuvo un cierre mucho mejor. Me molesté un poco por eso, esperaba ver a Garth como el nuevo Bobby, tal vez no con su protagonismo, pero si con sus apariciones. Este final me deja un mal sabor de boca, apenas aliviado por Dean llamándole para darle un cálido abrazo de hermandad. Por una vez era él quien lo ofrecía y buscaba. Fue un gran detalle (aunque esta no la mejor toma).

   Para lo otro que sirvió fue para que los hermanos se reencontraran… y continuaran juntos. Era predecible, y aunque ahora entiendo un tanto más las motivaciones de Sam, que no son buenas ni malas, pero si arrojan algo de luces sobre ese Sam de la temporada pasada, no me gustó mucho ese arreglo. Resuelven el caso, se despiden, Dean se tiene que ir, pero como la serie es sobre ellos dos y deben juntarse, el mayor no sube al impala sino que le busca y dice que siente que algo está mal. Sam responde que también lo siente, pero únicamente después de que Dean da el primer paso, se entrega y baja la cabeza, como siempre. Sam pone condiciones, ya no confía en él, y esa confianza deberá ganársela, como debe ganarse el título de familia. Un golpe directo a la mandíbula del cazador (me pregunto si todo esto no estará cansando, a un nivel intelectual –por lo absurdo- a Jensen Ackles).

   La verdad es que herví de arrechera por un segundo, y me habría encantado escuchar a Dean mandándole al coño, con un “cuídate, Sam”, y alejándose. Pero la serie no es de esas, o el personaje de Dean. Sam seguirá a su lado, pero le tendrá bajo fianza, sí se resbala le deja… Y lo que molesta es que desde la primera temporada el menor vive metiendo la pata y Dean allí. Sin embargo, es en el episodio siguiente, que ya vi, cuando todo se aclara un poco más, y repito, sea bueno o malo, la actitud de Sam se entiende un poco mejor. Y sin embargo no debió sorprender, no a los verdaderos fans del programa, nunca hay que olvidar que la ficción de familia sólo la padece Dean; Sam y John Winchester siempre tuvieron sus propias agendas.

SUPERNATURAL POR WARNER, ¡ESOS HIJOS DE…!

Julio César.  

EL NEGOCITO DE DEAN

marzo 18, 2014

LOS WINCHESTER Y LA CARRETERA

   ¿Pueden creer que se me ha acusado de no escribir suficiente pornografía? También de jamás de haber tocado el tema del Wincests; bien, las cosas pueden complementarse. Personalmente no siento que domine bien la naturaleza de los personajes de Supernatural como para escribir directamente sobre ellos, tampoco me atrae mucho la idea del incesto, pero ya era hora de escribir algo. Presento a consideración esta historia, totalmente sin moraleja ni muchos puntos de contacto con la historia real, es pornografía, simple y ramplona, ¿okay? Aquí encontramos a un torturado Sam Winchester que está en esos años difíciles de la adolescencia (¿recuerdan cómo eran?), y descubre algo sobre su hermano mayor. Para que la idea funcione, entre ambos sólo existe una diferencia de edad de dos años. Es para adultos, como casi todo en estas páginas. Ya me dirán qué opinan.

……

DEAN WINCHESTER HOT

   -¿Se te antoja algo, Samantha?

…… 

   Sam Winchester está convencido de que los demonios existen. Y que se la tienen dedicada, haciéndole sufrir con sus maldades. Su vida ha sido un lento e irritante ser arrastrado por casas, cuartos de hoteles y escuelas desde que su padre enviudó, hace tanto que ya no recuerda a su madre. Siempre le costó sentirse a gusto o asentado en un lugar, le parecía que no pertenecía a ninguna parte, que era un visitante ocasional que no debía romper ningún jarrón o rayar una mesa vieja y cara… A diferencia del gilipollas de su hermano, Dean, el cual llegaba a un lugar, se arrojaba de culo, montaba sus pies con botas y todo, y se adaptaba divinamente.

   Ahora que su padre se asentó en aquella casa diminuta de los suburbios, decidido a darles un lugar estable, el hombre comenzaba a salir con una de sus profesoras, una bonita divorciada que también a él le encantaba, protagonista de algunas de sus fantasías más calenturientas y desesperadas en sus masturbaciones (temiendo siempre ser pillado por su padre o Dean); y ahora salía con su papá. Verlas sentada a la mesa, intentando que Dean responda a preguntas cotidianas mientras este come a dos carrillos, era… incómodo. Como lo era tener quince años y ser demasiado alto y delgado, con su voz fallándole en los peores momentos y vivir excitándose con el simple rosar del viento. Como lo era tener que compartir su dormitorio con un hermano de diecisiete años.

   Dean era… avasallante. Se sentaba en su cama, desnudo, secándose con una toalla, lanzaba gases, se hurgaba los oídos, rascaba sus bolas y hablaba todo el tiempo. O del impala que pensaba comprar, un viejo auto de segunda o tercera mano, o de chicas. O sexo, para ser más concretos. Para Dean parecía un tema inagotable, y el muchacho sospechaba, no, sabía, que lo decía para molestarle. Para Sam era terriblemente mortificante escucharle sobre cómo sus “nenas” abrían las piernas, ya mojadas y esperando por él, el dios verga todo poderoso. Le odiaba en esos momentos porque no podía evitar excitarse. Aunque, todo le excitaba, ¿recuerdan?

   Las cosas antes no habían sido tan malas, por alguna razón, su padre no era tan obtuso como a veces aparentaba, siempre les tuvo estudiando en colegios separados. Hasta este año, cuando por falta de tiempo, John le inscribió en la secundaria donde Dean cursaba su último año. Odiaba tener que correr cuando este gritaba, cada mañana…

   -¡A la escuela, Samantha! Joder, qué linda estás. Hoy seguro consigues novio.

   Y eso era todos los días. Tener que sentarse a su lado en la camioneta de John, escuchándole sobre el impala y luego sobre su última conquista, Cindy, y lo mucho que le gustaba que hundiera la lengua en su coño, que se le empapa mientras gritaba y gritaba, convulsa de deseos y…

   -¡Eres un cerdo! –le gritaba invariablemente, caliente.

   -Te la presentaré, Sammy, tienes que usarla o se te caerá. Y usarla con gente, no cascándotela desesperadamente en el baño y limpiándote en mis calzoncillos.

   -¡No me limpio con tus…! –alarmado caía, de tarde en tarde, en sus bromas, enrojeciendo de rabia mientras le escuchaba reír.

   En el colegio tampoco era mucho mejor. Ser el hermano menor de Dean Winchester era un suceso. Nadie se metía con él. Una vez un chico le molestó, cuando iba a responderle como John le enseñó, vio llegar a Dean, atraparle del cuello de la camisa y estrellarle el rostro contra una puerta. No volvió a molestarle. Nadie, a decir verdad. Eso pudo haberlo afrontado personalmente, pero Dean no le dejó, y todos le llamaban desde ese instante “el hermanito menor de Dean Winchester”. También había algo que le extrañó de entrada…

   Mierda, Dean se comportaba como el jodido rey de la escuela, llegaba todo chulo y a las chicas se le iban los ojos tras él. Y a no pocas abrazaba y besaba, de manera un tanto íntima, cosa que le molestaba (¿cómo podía tener tanto éxito el hijo de perra?), y le excitaba, deseando ser él. Pero no era todo, a veces, había notado que habiendo un grupito reunido, él se acercaba, sus manos se movían y llegaban primero, perdiéndose entre las nalgas de un ajustado jeans de chica, o bajo una falda de porrista… pero igualmente, sin llamar la atención sobre ello, manoseaba el trasero de algún chico, que daba un leve respingo, le saludaba y nada decía o hacía, como no fuera enrojecer un tanto… dejándose tocar un poco más.

   Esa imagen se le había grabado en la mente, preguntándose una y otra vez, ¿era un juego? Sabe que hay chicos que tienen esa costumbre, para sorprender o molestar, pero le parecía que a veces Dean sobaba demasiado, que sus dedos abiertos recorrían esos traseros masculinos con total deliberación, haciendo muy consciente de sí al tocado. Y lo peor, para Sam, era que la idea también era… excitante. ¿Se dijo que todo le excitaba a esa edad?

   Entre su hermano el gilipollas que se cree rey, la escuela compartida, su padre saliendo con su maestra, el dormitorio donde no tiene privacidad y que vive con una constante erección, ahora por todo (hasta Dean sobando nalgas), el muchacho prefería mantenerse apartado. No le cuesta, le gusta replegarse en su mundo interno, escapar a él. Por ello, la biblioteca en el segundo piso, le encanta. Nadie va mucho. Dean, jamás. Muchas tardes, y entre clases, se ha perdido en sus datos y relatos. Hasta ese día, unas chicas de los primeros años parecen investigar algo y van en grupo, hablando bajito pero mucho, riendo de manera estridentes. Mirándole. Una vez le llegó un “es el hermanito menor de Dean Winchester”, y las risas de interés fueron como ácido en sus oídos.

   Por eso terminó ocultándose en el descansillo que daba a los estacionamientos, enfocando un pequeño corredor entre el edificio del colegio y el depósito con los contendores de basura. Es fácil ver en ese corredor, es difícil verle a él, sentado como está sobre el duro piso, un libro entre sus rodillas, oculto en buena parte del resto de la biblioteca por una pared, literal, de libros. Y es allí donde su vida cambia para siempre… pasando de un chico caliente pero controlado a un obseso prácticamente.

   Clark Kent, ese chico moreno y alto, de quinto año, llega notándose ansioso y nervioso; le ve recostarse de la pared del depósito, fuerte y guapo dentro de su chaqueta del equipo de futbol, esperando. Clark mira hacia la entrada del pequeño callejón, quieto, pero tenía algo que… Sam lo nota, no sabe qué, pero frunce el ceño. ¡Oh, mierda, si! Bajo su jeans azul, para el joven castaño no es difícil adivinar la silueta de una verga totalmente llena, dura y abultada. Ansiosa por salir.

   Por un segundo se queda con la boca abierta, entendiendo la ansiedad en los gestos y postura, Clark Kent espera a alguien para tocarse, frotarse o follar. Y la verga casi parecía estremecérsele bajo las ropas mientras aguarda. Por un segundo, Sam piensa en alejarse, no quería verlo, no aquello. Pero no lo hace, ¡tiene quince años, joder!, quiere ver una buena escaramuza amatoria, tal vez con tetas y coños al aire. Sentía curiosidad, ¿con quién se reuniría? Seguro una porrista loquita. ¿Harían el amor? (así lo piensa, no follar, como diría Dean, corrigiéndole). No quiere pero no puede evitar mirar cuando el joven, viéndose realmente ansiosos, se soba con una mano sobre el pantalón, los blancos y largos dedos recorriendo la silueta tiesa, haciéndole tragar mientras aguarda. Como también traga Sam.

   -Vaya, Kent, veo que estás como el acero…

   -¡Al fin llegas, joder! –gruñe el muchacho, despegándose de la pared, rojo como un ladrillo, lanzando un brazo y atrapándole por la nuca, obligándole a caer de rodillas frente a su erección escandalosamente joven.

   Y a Sam los pelos se le ponen literalmente de puntas cuando oye a su hermano, Dean Winchester, reír al caer frente al muchacho ansiosos, mirándole con su eterna chulería, abriendo más la boca con una mueca, y con sus dientes atrapando la silueta alargada y abultada bajo la tela, mordiéndola. Y así como Clark jadea al sentirlo, el roce de esos blancos dientes sobre su tierna y sensible carne de joder, a Sam el corazón se le detiene en el pecho, de sorpresa y espanto, ¿cómo Dean…?, mientras su propia verga endurece en fracciones de segundos.

   Dean, sonriendo aún, raya con sus blancos dientes sobre el jean, atrapándolo a lo ancho, moviendo el rostro de un lado a otro como un cachorro jugando con un hueso, moviéndose y llegando a la cabecita casi visible bajo la tela, apretando y mordiendo sobre ella, sonriendo más al escuchar y sentir a Clark gemir, estremecerse y tensarse, sabe lo que viene. La mano del guapo moreno regresa a su nuca, los dedos enlazándose de su cabello, al chico alto le gusta eso, sentir que domina y controla, pero sabe que no es así cuando sus gordos labios cubren el glande y succiona y moja, al tiempo que comienza a abrirle el jeans.

   Sam, el libro caído entre sus piernas y olvidado, se medio ladea, jadeando por la boca. Le parece increíble, su hermano, ese sátiro que no habla más que de sexo, de nenas… Bueno, estaban esas sobadas de nalgas que ha visto… Y allí estaba, abriéndole el pantalón al joven y fornido deportista, bajándolo con todo y el holgado bóxer por debajo de la línea de sus bolas. La blanca piel del muchacho, en su pelvis y el nacimiento de muslos, su mancha de negros vellos púbicos, todo es llamativo, pero no tanto como la tranca joven, blanca rojiza que se alza como una lanza de carne, temblando a ojos vista mientras el aliento de Dean cae sobre ella.

   -Por favor, Dean, por favor… -jadea Clark, ronco, urgido.

   El mayor de los chicos Winchester le sonríe, mirándole a los ojos cuando su puño atrapa la palpitante verga, llena de sangre, por la base, subiéndolo y bajándolo, haciéndole gemir débil y obligándole a caer de nuevo contra la pared. Le dominaba, Sam lo sabe. Aunque es tan joven puede captarlo todo, Dean podía estar de rodillas frente a ese chico un poco más alto que él, más fornido, teniendo la verga en su mano, y sin embargo controlaba la situación.

   Pero nada más ocupa su mente, con la boca y los ojillos rasgados incremente abiertos, ve cuando Dean acerca sus labios rojos y húmedos a la cabeza lisa, como caen cerrándose sobre el ojete, besándolo y succionando, y a Sam no le cuesta un carajo entender la tensión del otro chico, que se alza prácticamente sobre la punta de los dedos de sus pies. Una boca allí, una chupada así debía ser…

   Dean deja que esas pocas gotas de líquidos caigan dentro de su boca, llenándola con su sabor, uno que le gusta, como le gusta todo lo que hace. Con su cara más chula y perversa mira a los ojos al chico de cabellos negros y pupilas azules mientras saca la lengua y con la rojiza punta recorre la lisa cabeza, se quiere meter por el ojete, empujando, haciéndole gemir, lo azota con dureza, cae por debajo del hongo que forma el glande y lo recorre todo, cada rugosidad, antes de bajar, atrapándola con una facilidad que le provoca escalofríos a Sam, hasta la mitad, sus mejillas cerrándose sobre ella, la lengua pegada a la cara inferior y frotándola con ella.

   Sam sabe que está mal quedándose, mirando, pero ver a Dean así, de rodillas, con su chamarra negra, la mano de un chico tras su nuca, la boca abierta y atravesada por media verga, mientras ese tío, Clark Kent, cierra los ojos gimiendo largamente, como el desesperado desahogo de alguien que necesitaba mear pero no podía y al fin lo hace, le tiene temblando, no pensando… No lo hace mientras atrapa, con mano febril, su propio tolete erecto bajo su pantalón gris, apretándolo suavemente, una y otra vez, al tiempo que Dean comienza a ir y venir sobre la joven tranca del otro, mamándosela con evidente placer por lo que nota en su rostro, cubriéndola cada vez más, dejándola mojada y brillante cuando sus labios carnosos retroceden apretando sobre ella.

   Dios… ¡a su hermano le gustaba chupar pollas!

CONTINÚA … 2

Julio César.

AL FINAL DE LA PRIMAVERA… 3

marzo 15, 2014

AL FINAL DE LA PRIMAVERA                         … 2

   Este relato NO ES MÍO. No entraré mucho en detalles, tan sólo que dos sujetos se conocen, conectan, y pasarán más de veinte años de sus vidas encontrándose y perdiéndose. Me gusta (no lo leí antes) porque es, argumentalmente hablando, muy completo. No es para menores de edad.

……

Título: Memories of Autumn

Autor: Damnlady62

JENSEN ANDA JARED, PADACKLES

   ¿Y si solo se nos permite un único gran amor?

……

   Allí está Jensen, una enorme sonrisa en su rostro tras los anteojos, su cabello un poco más largo de lo que debería, el viento agitándolos, con su vieja y enorme chaqueta, una que seguramente en algún momento le perteneció a su hermano Josh. Sonriendo como un tonto, Jared no puede dejar de ir hacia él, a la entrada del corredor que lleva a las duchas.

   Y el jadeante jugador, apoyando el casco contra su muslo, sonríe sintiéndose totalmente feliz mientras lo hace, embriagado de una fortaleza, de un sentimiento de invulnerabilidad que brota por sus poros y que se le escapa en significado, aunque lo vive. Se siente indestructible. Es muy joven y no puede comprenderlo totalmente, pero con los años, mirando hacia aquella noche, con una sonrisa tal vez nostálgica, lo entenderá en toda su extensión: era una noche perfecta y maravillosa para estar vivo y ser Jared Padalecki.

   Han ganado el juego que les lleva a la gran final interescolar, sus padres están allí, gritando como todos, felices por ellos y por él, orgullosos de su muchacho, aún su hermano no puede disimularlo. Taylor le mira desde el grupo de porristas, ojos brillante de humedad, de orgullo, de dicha por él, también de deseos. Es el viernes por la noche de su triunfo cuando cuenta diecisiete años, una noche que ya huele y se siente como a verano en su brisa tibia y perfumada a césped y flores silvestres. Es una noche caliente durante la cual la gente que le conoce, la gente de su ciudad, sus vecinos, amigos y condiscípulos, gritan y corean sus nombres, especialmente el suyo, todos juntos disfrutando de la pequeña victoria de un juego insignificante de uno de los muchos pueblos de ese ancho país. Pero es la noche y el triunfo de su colegio y todos desean celebrarlo por siempre y para siempre, porque buena parte de esa gente, muchos igual que el muchacho, sin entenderlo, sienten que viven un momento mágico, algo que un día, dentro de algunos años cuando agobien los problemas de los adultos, recordarán como los viejos buenos tiempos. Si, la noche era perfecta, se repite Jared. Era su noche. Y va hacia el pecoso rubio que se detiene como cohibido. Hasta Jensen estaba allí, y la idea era extrañamente atractiva, era como si toda la creación estuviera haciéndose presente para reconocerle.

   -Viniste… -jadea lo obvio entre sonrisas, pero suena acertado.

   -Eres increíble. –suelta Jensen, enrojeciendo feamente al decirlo, y más cuando Jared ríe.- Lo digo por… pudiste haber continuado corriendo con el balón, ¿verdad?, que tus amigos abrieran un paso y ser el autor de la última anotación, pero le lanzaste el balón a Welling… -a Jared, por alguna razón le producen escalofrío esas palabras intensas, esa mirada de franca admiración y aprobación.- Pudiste llevarte la gloria total, pero en aras del juego fuiste por el más fuerte, atrayendo sobre ti el fuego enemigo y dejaste que otro fuera el héroe.

   -¡Oye! –jadea, con respiración entre cortada.- No sigas o voy a creer que te agrado. –se le escapa, aunque no le pasa por alto el intenso rubor que cubre nuevamente la cara de Jensen.- Lo siento, yo… -se encoge de hombros, y ahora parece un niño.- Es un juego de equipo, ¿sabes?, ellos son mi gente. ¿Y qué haces aquí? Creí que odiabas el juego. ¿Acaso viniste a verme? –nuevamente se le escapan las palabras, mortificándole el estar siendo tan idiota, pero por otro lado, sin importarle un carajo como no sea ver el profundo rubor que acomete a ese chico extraño a cada rato.

   -Viene a agradecerte tu ayuda de esta tarde. –traga, como costándole mostrarse orgulloso o satisfecho.- Conseguí el papel.

   -¡Qué bien! –exclama de corazón, atrapándole un hombro y apretando.

   -Sí, yo… -el rubio se tensa todo, en sus ojos se nota una intensa emoción.- Bien, el miércoles será la función, en el auditorio de la secundaria. Me gustaría… No sé si tienes algo que hacer… Seguramente si y… -balbucea, cachetes casi en llamas, congelándose ante la mirada del castaño.

   -Ahí estaré, Jensen. –dice con convicción, sonriendo tenue, hasta que ve el moretón en su pómulo. Va a decir algo más pero Taylor, gritando feliz, viene corriendo hacia él, colgándosele del cuello, saltando a sus brazos y besándole, sin importarle todo el sudor.

   Al joven le encanta la caricia, correspondiendo con mucha lengua, la noche no podría ser más perfecta. Y lo cree hasta que la deposita en el suelo y se vuelve. Jensen ya no está, le ve alejarse, cabeza algo gacha, y la palabra “soledad” cruza por su mente. De pronto la noche pierde un poquito de su encanto.

   Nos veremos el miércoles, Jen… se promete y le promete. Aunque, por suerte, no lo expresó en voz alta.

……

   La victoria del viernes había dejado a todos contentos durante todo el fin de semana, también llenos de energías y expectativas. El verano se acercaba, el fin del año escolar también; junto a la gran final interescolar. Eran momentos definitorios. No lo decían, pero una etapa estaba por terminar, llenándoles de posibilidades, esperanza, ilusiones, presiones y algo de temor. Al día siguiente de la graduación la vida sería otra. Pero aún no llegaba, todavía se aferraban a los últimos días de una existencia más sencilla, aunque en esos momentos no se los pareciera. Como dentro del equipo todos eran héroes, la pasaban de fábula; y tan altas andabas las divisas de Chad o Mike, como las de Tom o el mismo Jared, quien debía moverse entre los amigos y conocidos esquivando los sinuosos cuerpos de las chicas que, acercándose el final de la secundaria, parecían pensar que no era mala idea una noche de locura con el capitán del equipo de futbol. Para el joven, que sonreía, entre avergonzados a veces, y profundamente orgulloso en su vanidad de muchacho, todo era excitante e intoxicarte… menos Taylor, quien parecía molesta con toda la atención que recibía. No le gustaba la situación tirante, ni los dos o tres encontronazos que han tenido desde el viernes, aunque no es tan falso como para no darse cuenta que, en buena medida, él tiene algo de culpa.

   -Joder, pensé que me quedaría Literatura. –comenta ese lunes a media mañana, revisando junto a Chad, las notas publicadas.

   -Por favor, eres Jared Padalecki, aunque no supieras deletrear tu nombre, como sospecho que no puedes,  no te habrían reprobado.

   -Oye, eso no fue amable. –frunce el ceño, aunque consciente de que podía haber algo de cierto en la afirmación; sin embargo no era grato.- ¿Y tú?, para ver…  Joder, en la raya… otra vez.

   -¡Cara de culo! ¿Qué buscas?

   -Nada, yo… -no se había dado cuenta, pero retrocediendo en las hojas alzadas para llegar a la P, buscó un apellido, Ackles. Mierda, le había quedado la materia en ese lapso, ¿cómo andaría en los otros? La idea de que le reprobaran Literatura y debiera ir a reparaciones en verano, le parecía deprimente.

   La idea era realmente desagradable. Y no entendía muy bien por qué.

……

   -No, Ackles, ya no hay tiempo de presentar el reporte. –oye Jared, entrando a la cafetería, mirando al rubio camarero mirando con aire de derrota a Richard Attenborough, el viejo profesor de Historia Contemporánea, un hombre que sabía de eso por haber vivido los últimos cien años de los eventos.- Se lo advertí pero prefirió dedicarle tiempo a… sus actuaciones. Prepárese para el examen, pase con buenas notas y tal vez haga algo por usted a la hora de las totalizaciones. –le puntualiza.

   -Yo… gracias, señor Attenborough. –le oye aceptar estrangulado, volviéndose, mirándose entre frustrado y molesto, y ahora palideciendo de vergüenza al encontrarle.

   -¿Todo bien? –pregunta sintiéndose un tanto idiota, y más cuando le ve sonreír todo dientes, en una evidente mueca falsa.

   -Como la seda, campeón.

   -¿Problemas con…?

   -Nada que no pueda resolver. –responde muy rápido, alzando la barbilla, silenciándole. Si Jared iba a agregar alguna puntada, es interrumpido.

   -Jensen, ¡mueve el culo! –le ruge Randy desde la barra, sosteniendo en alto un plato con una hamburguesa.

   El rubio parece que va a decir algo más, balbucea, pero oprimiendo los labios como mueca, se aleja. Al castaño le desconcierta el vacio que siente en el estómago, pobre infeliz. Pero no tiene tiempo para más, ya los chicos entran, rientes, felices, despreocupados.

   Todos aprobados… menos Jensen. La idea la resulta extraña.

……

   -Está insoportable, no sé qué le pasa al abuelo. –se queja Chad.- Desde que murió su último amigo, creo que lo conoció en la Guerra Civil, anda amargado e impertinente. ¿Quién le manda a durar tanto? ¡Y vive metiéndose conmigo! Hay gente que no tiene consideración. –Tom y Mike se miran, luego le observan y dicen a dúo.

   -¡Cara de culo! –y ríen.

   -Odio cuando hacen eso. Parecen novios. –se queja el rubio.

   Jared va a intervenir, el comentario de Chad fue realmente escandaloso para él que adora a sus abuelos, cuando Jensen llega con nuevas malteadas.

   -De parte de la casa. –señala hacia Randy en la barra, el tono es neutro y Jared sospecha que se ríe internamente, alejándose luego, seguido por su mirada.

   Dios, qué mal corte de cabello, qué gafas tan feas (sobre todo con la cinta adhesiva oscura en una de sus patas), las ropas se le notan como grandes y…

   -¿Qué saben de Jensen? –se le escapa.

   -¿Quién? –Chad bebe como desesperado de su malteada, tiene la idea de que lo obsequiado sabe mejor y debe tomarse rápido o desaparece.

   -¡Jensen! –se exaspera un poco. Y hay un leve silencio mientras cuatro pares de ojos miran al delgado y desgarbado joven recoger cosas de una mesa.

   -Que viste horrible. –gruñe Tom, Mike le mira burlón.

   -¡Eres tan profundo! Tienes suerte de ser guapo. –mira al castaño.- Creo que la ropa es el menor de sus problemas. –aclara enfocando ahora su malteada, preguntándose por qué Jared traería a colación semejante tema desagradable en un momento tan bueno.- Sus padres murieron en ese accidente, la Navidad pasada, hace siete meses… Fecha cuando… se volvió algo loco. –y lo deja así, y es posible que todos recordaran los días que le buscaba pelea a John Cenna, y este le golpeaba una y otra vez.- Luego vino lo de Josh, su hermano…

   -El hijo de perra la ha tenido malas. –concreta Chad, serio por un segundo.- Y no lo aligera comportándose como un capullo, aunque ha bajado la guardia. Está con parientes, pero he oído que no se llevan bien, dicen que porque es marica y ellos no aprueban…

   -¡Chad! –le silencia Jared, maravillándose de lo poco que sabe de otros, él, que siempre ha estudiado allí. ¿Cómo no lo vio? Tal vez porque su vida era totalmente opuesta a la del rubio. Le cuesta un poco beber de la malteada, y más bajo la mira escrutadora de Mike, una que parece intentar entrar en su mente. Eso le alarma.- ¡Estoy pensando en termina con Taylor! –anuncia, aunque ni el mismo sabía que lo diría.

   -Era hora. –replica este.

   -Joder, ¿por qué? Está bien buena… Oye, ¿si la invito a salir…? –inicia Chad, pasada la sorpresa inicial, pero Jared no le oye realmente.

   Está recordando lo ocurrido con Josh Ackles. Un asunto feo.

……

   Mientras todos salen, rumbo a la cancha, lugar donde transcurre buena parte de la vida de los jóvenes deportistas, Jared se retrasa en la mesa, fingiendo que revisa unos mensajes telefónicos, pero viendo a Jensen que habla con Randy.

   -Diez minutos, Ackles, debes asear el piso antes de irte. ¡Qué no se te olvide! –acota feo, para cambiar el rostro totalmente cuando pilla a Jared mirándole.

   Todavía espera un poco más, viendo al rubio desaparecer por una de las dos puertas de la trastienda, una daba a la cocina, la otra aun pequeño depósito que sabe es de almacenaje. Casi en seguida se oye un lento rasgar de cuerdas. Tomando aire se pone de pie y cruza la barra, rumbo a la trastienda, sonriéndole a Randy, que parece confuso.

   El cuarto es pequeño, hay estantes cubriendo las paredes y algunas cajas lo hacen con el piso. Sentado sobre una de ellas,  que parece contener manzanas, Jensen, encorvado, rasga una guitarra grande, de sus labios cuelga un cigarrillo que aspira con fuerza, con rabia, exhalando bocanadas azuladas.

   -Fumar hace daño. –le señala, sintiéndose torpe de repente. Jensen alza la mirada y casi se ahoga, dejando de tocar, sacándose el cigarrillo de los labios.

   -De algo hay que caer, campeón. –le mira fijamente mientras lo dice, y a Jared le parece que las connotaciones son más profundas. Oscuras. Le agrada ver que lo apaga contra la caja… y lo guarda en su bolsillo.

   -¿Estás bien?

   -Me preguntas eso demasiado.

   -No das respuestas claras. –no sabe por qué insiste, ni por qué su mirada le vuelve torpe. Ignora que el otro no está acostumbrado a ser tenido en cuenta.

   -Estoy nervioso. –sonríe trémulo, finalmente.- Lo de mañana me tiene subiéndome por las paredes. La guitarra… y fumar… me calma. –se encoge de hombros.

   -¿Es la guitarra que ibas a comprar? No parece nueva.

   -No, es de Colin, Colin Morgan. Me la presta. Con el dinero… decidí comprar otra cosa… -sonríe enrojeciendo, mirándole.- Ya verás. Mañana. –y a Jared se le eriza la piel, parecía decirle: “Quiero que me veas, te sorprenderé. A ti”.

   -Okay, allí estaré… ¿Tocas la guitarra o solo te gusta sobarla? –se le escapa y casi en seguida se horroriza internamente; joder, estar tanto tiempo junto a Chad y Mike le había convertido en un salvaje. Jensen ríe, leve, cascado, como si no acostumbrara hacerlo, volviendo la mirada a la guitarra y haciendo correr sus dedos sobre las cuerdas, y por increíble que pareciera, no le costó nada reconocer en aquel rasgado lento una tonada que hablaba de un lugar mágico donde se podía perder cualquiera, escapando de la vida, refugiándose en ese ahora por un instante.- Dios, eres bueno… Me encanta Hotel California. –Jensen le mira, sonriendo leve.

   -A mí también, aunque me suena un poco triste.

   Seguro que por eso te gusta, lo piensa pero no lo dice, tan sólo se queda allí, apoyándose contra la pared, viéndole y escuchándole tocar la guitarra, estremeciéndose cuando le nota ejecutar la pieza con los ojos cerrados, el rostro alzado, el aire ausente… ¿A te dónde fuiste? ¿A dónde escapas, Jensen? ¿Lo haces siempre? Lo piensa, pero ni en un millón de año haría las preguntas en voz alta. No tiene por qué. No es su asunto.

……

   -Jared, ¡contesta tu teléfono! ¡Lo escucho desde aquí! –grita Sherri Padalecki, y el joven, echado sobre su cama, ojos cerrados, con auriculares en sus orejas y oyendo música (una selección de viejitas, con Hotel California a la cabeza), termina escuchándola. Se los quita y frunce el ceño viendo el aparato a su lado. Seguramente era Taylor. Otra vez.

   Lo toma y no reconoce el número.

   -¿Aló?

   -¡Hola, Jared Padalecki! –se oye la voz alegre, e imagina su sonrisa. Como lo está él ahora.

   -Hola, ¿cómo estás? –toma asiento, alerta, la sangre corriendo por sus venas.

   -Divinamente… ¿quieres comprobarlo? –invita con picardía.

……

   El día va cayendo y al joven le parecía una hora mágica. Bajo los sicomoros, con sus anchas y frondosas ramas meciéndose al viento de esa casi noche tibia que llegaba, el cielo sobre sus cabezas comenzando a tachonarse de pequeños diamantes, para el joven todo era perfecto para el momento que vivía dentro de su descapotable, sus manos grandes rodeando la grácil cintura de la joven y esta respondiendo a sus besos. Y miren que son besos con chupetones y lamidas. Ella jadea cuando separan sus bocas y él sonríe, algo vanidoso en su inocencia de muchacho buena gente. Va a besarla otra vez pero ella jadea.

   -Déjame tomar aire, por favor. –sonríe con ojos brillantes.- Se nota que esto te encanta… y los practicas.

   -No tanto, son dones naturales. –sonríe él.- Te ves hermosa, Emmanuelle. –la estudia, atrapando un mechón de su negro cabello, adorando su mohín tan femenino.

   -No me llamaste… -y eso le congela un poco.- Tranquilo, sé que un tropezón en la calle no te obliga a nada, aunque tu perro me atacó. –bromea, estudiándole también.

   -No te llamé porque… -y ríe, rojo de mejillas.

   -Sales con alguien. Lo imaginé. –le ve con estudio y algo de aprobación.- Eres el gran Jared Padalecki. Imagino que todas te aman y te buscan, pero eres un chico decente. Si ya estás con alguien no puedes… engañarla. –él ríe, más avergonzado.

   -Soy un idiota, ¿verdad?

   -No tanto; puede ser algo frustrante para mí. Pero me parece adorable. –y se miran a los ojos, ¿esto será todo entonces?, está implícito en sus pupilas. Jared se tiende hacia ella, una de sus manos baja y toca una pequeña franja de piel que sobresale entre el ajustado pantalón blanco y su corta cota.

   -Estamos terminando, ella y yo. –informa y la besa, casi esperando el rechazo, pero tal vez la muchacha entiende que es cierto, que no le miente; que si aún había alguien, ya no existía magia.

   Y mientras se besan con pasión e intensidad, el muchacho se pregunta para dónde agarrar con la bella joven que, fácilmente, debe llevarle tres o cuatro años, una damita que seguro sabe lo que quiere… También se pregunta si lleva condones en la cartera. El viento se siente con más fuerza, y con la sangre caliente y el corazón alegre, Jared se siente vivo, muy vivo. Y feliz de estarlo.

……

   -¿Dónde diablos estabas? –le increpa Chad, con una enorme sonrisa de mala gente en su cara, nada más entrar en la abarrotada cafetería, donde todos, animadamente, planean la salvaje fiesta que tendrán esa noche, la excusa es el cumpleaños de Joanna Krupa, pero tan sólo es la primera de las grandes despedidas de una juventud vigorosa, activa y voluntariosa que desea festejar entre ellos. Desean salir y gritar al mundo que lo quieren experimentar todo, y esa noche, en la salida Oeste de la ciudad, comenzarán.

   -Ocupado. –no puede evitar la gran sonrisa.

   -Hueles a putería. –sentencia Mike, aunque los ojos se le iban tras el trasero de Joanna.- ¿Puedes creer que cumple dieciocho? ¡Primero que yo! Fuimos juntos al kindergarten, ahora finge no conocerme, pero recuerdo que a los cinco me dijo que me ensañaría lo suyo si yo…

   -Oh, basta; nadie quiere escuchar tus cuentos de niño depravado. –gruñe Tom, a quien también se le van los ojos tras Joanna.

   -Hijo, ¡de lo que te perdiste! –ríe Chad, golpeándole en el pecho, siendo coreado por Mike y en buena medida Tom.- ¡A tu amigo Ackles en su gran debut teatral!

   Jared siente que el piso se hunde bajo sus pies. Maldita sea, ¡la presentación de Jensen! ¡Era hoy! Lo había olvidado totalmente. La cara de arde de vergüenza y malestar. Joder, tanto que el rubio se lo había recordado y… Bueno, esa chica, Emmanuelle Vaugier, estaba bien buena. ¡Y era teatro! ¿A quién le gusta el teatro? Pero, claro, le había prometido… ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!

   -Dios, lo olvidé… ¿cómo le fue?

   -¡Ho.rri.ble! No, horrible no lo describe. Fue algo espantoso, yo sentí pena por todos esos pobres desgraciados. –informa, pero con una sonrisa de oreja a oreja que le desmiente.

   -Oye, no creo que haya sido…

   -¡Ho.rri.ble! –interviene ahora Mike.- Dicen que vieron a Shaskespeare en el patio, colgándose de una rama… -una sonrisa aún mayor que la de Chad, y el castaño se ve sorprendido y molesto.

   -¿De verdad fue tan malo?

   -Bueno, no sólo Jensen Ackles, todos eran terribles. Hacía algo de calor, la iluminación apestaba. Y las cotufas que llevamos tampoco estaban muy buenas, creo que tengo una concha… -y abre la boca hurgando con un dedo entre sus dientes.

   -Cállate, Mike. –gruñe.- Pobre Jensen, estaba tan ilusionado; imagino que se fue todo abatido y…

   -Ah, no, el pobre infeliz no tuvo tanta suerte; le tocó cubrir un turno. –informa Chad, recorriendo el lleno salón con la mirada.- No entiendo cómo se quedó. Después de lo que hizo yo me habría arrojado a un pozo.

   -Y yo te habría ayudado. –interviene Tom, tomándole el gusto a la broma.

   -¡No sean idiotas! –intenta frenarles Jared, no creyéndoles del todo, era imposible que…

   -Que te lo cuente él. –zanja Mike la cuestión, llevándose teatral una mano al rostro para usarla de bocina, mirando hacia los compañeros que hablan, ríen y planean afanosamente.- Oh, sir Jensen… sir Jensen Ackles, por gracia de Dios, preséntese ante el rey. –y el trío ríe.

   -¿Quieren dejar de joder? –brama Jared, encarándoles.

   -¿Desean algo? –oye a sus espaldas la voz algo tensa, baja y ronca.

   -No, Jensen, no les hagas caso; estos gilipollas… -se vuelve y se queda sin palabras, la boca ligeramente abierta.

   Frente a él se encuentra un ser totalmente distinto al de todos los días, con un corte de cabello que le favorece, algo alzado en puntas, unos mechones sobre la frente, brillante en amarillo trigo y hebras castañas, sin las gafas, mostrando un rostro desnudo como no fuera por unas largas pestañas, unos enormes ojos de un verde con iridiscencias de oro, las visibles y adorables pecas que bañan todo, los carnosos labios de un tono rojizo, todo él enfundado en un pantalón oscuro y una franela azul oscura, adherida a su cuerpo, la parte delantera frenada por la hebilla del cinturón. Jensen Ackles se veía… se veía… si, hermoso, pensó Jared, con un fruncir de cejas y un vacio en el estomago.

   -Veo que llegaste, campeón. –no había notado que el rubio le miraba intensamente, pero ahora capta, con facilidad, el leve tono de reproche.

   La había jodido.

CONTINÚA … 4

Julio César.

LA MARCA DE DEAN

marzo 11, 2014
LOS WINCHESTER Y LA CARRETERA

CASS Y DEAN, UN AMOR EPICO

   -Sé que prometí volver, cariño, pero Sam…

……

SUPERNATURAL PRIMIGENIO

   ¿No les encantan esos episodios que comienzan con acciones que nada tienen que ver con los cazadores o algo conocido? El de Oz, los nazis nigromantes, el escritor que trajo algo del Purgatorio; todos fueron geniales y este no desmereció.

   Dentro de una cabaña, un grupo desesperado quiere detener a un sujeto que desea alcanzar a una mujer… Hay acción, peleas, no se sabe quién es quién. Así se inicia el 9×11 – First Born, uno de por si esperado porque los hermanos se han separado. Sam ya no confía en Dean, y eso inquieta y divide a los fans, cosa difícil de compaginar para mí. Entiendo a Sam, un hombre real que habría preferido morir a regresar y causar daño a otros, sobre todo si vuelve con engaños y traición, pero como fan de la serie era imposible contemplar la posibilidad de un Sam muerto o Jared Padalecki fuera de la serie. Y aquí debo acotar algo, de entrada, hay quienes sostienen que la serie les cansa, les parece agotada… Vean otra. Actualmente hay muchos otros programas interesantes, algunos realmente buenos y adictivos, enganchasen de alguno de ellos. Personalmente espero que la serie sí continúe todavía mucho más, porque a diferencia de otros espacios en la pantalla chica, la trama y los personajes, los pocos que quedan, no aburren.

SAM AND CASTIEL

   Ya entrando en materia, recordándonos que Dean decide dejar a Sam, por su bien, pero que no se va hasta que este le dice que no le detendrá y que se vaya ya (todo lo arruinan en ese momento), vemos a los hermanos por separados. Sam se queda en la repartición de bienes con la baticvueva, a Dean le toca el impala (debió tener mejor asesoría). Esperaba yo que Castiel apareciera en seguida junto a Dean, para recuperar el terreno perdido en sus afectos, pero no, se materializa al lado de Sam, a quien todavía debe “curar” para que esté al cien por ciento. Fue gracioso ver a Castiel triste por no poder saborear la comida, como hacía cuando era humano, que ahora sólo le sabía a moléculas, cosa que da pie para que hable de los errores por buenas causas, la fragilidad humana a la hora de tomar decisiones, que entienda la gravedad de las equivocaciones y la importancia del arrepentimiento, así como de perdonar. Huelga decir que quiere llevar al menor a pensar con mejor disposición hacia su hermano. Y aquí comienza su historia, mientras le cura, Castiel encuentra restos de la gracia de Gadreel (y Dean tendrá razón, más tarde, sonaba obsceno).  Al ángel se le ocurre un hechizo, usado esa gracia pueden localizarle… pero obtenerla es sumamente doloroso. Pero Sam accede y aquí vemos una faceta nueva del pelilargo.

DEAN Y CROSWLEY TOMAN UNA COPA

   Dean se encuentra en un bar, sonriéndole a la bella mesera, pensando que coronará esa noche, cuando se vuelve y se encuentra con Crowley, quien le pregunta si esa sonrisa es por él. ¿No fue gracioso? Y aquí hago una acotación antes de olvidarla. La trama Dean-Crowley estuvo increíble, la Sam-Castiel, fue aceptable. Por alguna razón no hubo química total, como la que hay en el Dean-Castiel, y no digo que Jensen Ackles sea mejor actor, porque cuando Sam está junto a Crowley, brilla. Debe ser cosa de eso, química. Como sea, Crowley, después de asegurarle que con la camarera sólo conseguirá una enfermedad venérea, le pide ayuda. Sabe de un arma que puede matar a los Caballeros del Infierno, quienes, según, era inmortales. Después de costarle convencerle, Crowley y Dean salen del lugar seguidos por la mirada de chasco de la camarera y el interés de un demonio que se reporta con Abaddon.

LA CAZADORA

   Para encontrar esa arma antigua, recurren al diario de John Winchester (lo extrañaba), quien parece haber dejado algo en su depósito. La pista les lleva a una tendera ruda, tipo todas las cazadoras, a quien le duele la rodilla en presencia de demonios. ¿No les agrada cómo siempre bañan a Dean de agua bendita? Cuesta convencerla, pero la mujer prepara un hechizo para localizar el arma o su posible ubicación. En cuanto salen, el demonio en el bar llega, ella tenía un sello que rompió para liberar a Crowley, y muere, como parece sucederle a todo el que se cruza en el camino de los hermanos.

CASS, SAM Y LA GRACIA

   ¿Castiel extrayendo lo que queda de la gracia de Gadreel a Sam? Fuera de las extrañas connotaciones sexuales, aquello era como ver tortura, y también constatar los cambios que han sufrido estos personajes. Castiel se resistía, cuando todavía le recordarnos hurgando en el alma de aquel niño para saber quién le había vendido el Báculo de Moisés, en la sexta temporada, y este Sam que está desesperado por encontrar a ángel que poseyéndole, mató a Kevin. Era un volver a la idea de venganza, pero más bien parecía una continuación de la auto expiación iniciada al final de la temporada pasada, cuando cree que debe pagar por todo lo que ha hecho, así le cueste la vida, es por ello que cuando el ángel se detiene, él mismo continúa. Y si se sigue esa línea de pensamiento, no es difícil entender su reticencia a disculpar a Dean. Fue horrible verle meterse esas agujas, y todo por nada, al final no consiguen lo suficiente, pero la idea de Castiel parece ir penetrando en su mente, la necesidad de hacer lo que hace falta en ciertos momentos, ¿justificando a Dean?

CAIN

   ¿Lo de Dean y Crowley vigilando a un hombre que cuida de abejas, y el demonio asustándose y pidiendo alejarse?, fue tan bueno como Dean preguntándole si le teme a las abejas. Crowley hace la gran declaración, están en presencia del gran asesino, el asesino jefe, Caín, el mismo que mató a su hermano, Abel, al principio de los tiempos. Esto siempre me gusta del programa, tomar esos temas y personajes densos y mostrarlos con cierta ligereza. En este caso es una diferente visión sobre este personaje, y como mucho en la serie, ese otro ángulo es una visión un tanto más amable para con este señor que, según Dante, aún ocupa el centro mismo del Infierno, donde ha estado quemándose hasta ahora. Me divierte este juego con el Génesis. Primero sabemos del ángel guardián que permitió en un descuido que Lucifer entrara en el Paraíso, provocando la caída del hombre, ahora esto. Me gustó ver a Crowley tan asuntado que intenta escapar para encontrase de frente con Caín, quien le reconoce. Y nosotros a él, es el mismo “hombre” que atacaba a todos en aquella cabaña al inicio del episodio.

DEAN, CROWLEY AND CAIN

   Fue tan gracioso ver a Dean sentado junto a Crowley, Caín sirviéndoles café, el Rey del Infierno (o ex) muy asustado y Dean intentando ser respetuoso con aquel poderoso y legendario señor pero sin lograrlo del todo. Quieren un arma para matar a Abaddon, y de boca de Caín escuchan que él los creó, a los Caballeros del Infierno, para hacer todo lo malo y luego el inventó esa arma para matarles. El hombre no quiere meterse en esa pelea, parece agotado, cansado, como muchos de otros seres sobrenaturales, hastiados de todo. ¿No será un efecto de la inmortalidad? Eso de vivir para siempre no suena tan agradable como pudiera parecer. No les ayudará, no quiere volver a verles por ahí o lo pagarán. Me gustó que reconociera a Dean Winchester cuando este se le va encima, que hubiera escuchado de su nombre y decisión; joder, ya son nueve temporadas, todos deberían saberlo (también los leviatanes desde el inicio de su temporada), pero como no lo sabían los brujos esos tontos en el caso del policía y la chica perro.

   Salen de la casa pero creo que nadie esperaba que Dean desistiera, excepto Crowley, quien no parece muy convencido con la idea de regresar cuando Caín sale Lo hacen, revisan, y Dean encentra una fotografía de Caín con una mujer. Los demonios están acercándose, rodeándoles, y Caín reaparece. Me reí viendo a Crowley denunciar a Dean. Pero nada a cuando caen en ese sofá y el demonio le dice a Dean que se queda a luchar con él, y el cazador le mira con intensión comentando que imagina que hay algo que le impide desaparecer. No se va porque no puede. Ahora viene, por insistencia de Dean, eso que siempre ocurre, las razones de Caín. Estaban él y su hermano, el demonio le engañó para que pecara y para salvar su alma, la de su hermano menor al que quería, Caín se ofreció a Lucifer, quien aceptó, el primer trato, pero como condición debía matar a Abel. Y lo hizo sabiendo que aseguraba su estadía en el Paraíso. Desde ese momento se dedicó a hacer todo lo malo, lo terrible, creó a los Caballeros del Infierno, así pasan los siglos, se enamora, cambia, ese amor sabía lo que era, crea un arma para acabar con su creación, los Caballeros le quieren de regreso y matan lo que le debilitan; es esa escena donde comienza, donde Abaddon derriba a la mujer, y esta le pide, en su agonía, que nunca vuelva a la batalla. ¿No es una gran historia? Otra visión sobre Caín, como el llamado Evangelio de Judas. A Dean no le cuesta saber de qué estaba construida el arma o la espada, la quijada del animal con la cual Caín mató a Abel al principio de la historia bíblica.

DEAN PROBANDO SU VALIA

   Los demonios llegan y rodean la cabaña, no quieren problemas con Caín, quieren a Crowley, a Dean y el arma. Caín se sienta a comer, después de gritarle al cazador por exponerle, no participará y dejará que el hombre demuestre su valía. Dean lo hace bien, lucha como sabe y gusta, cae, le dan, replica y vence.

LA MARCA DE CAIN

   Al final Caín le dice que desaparecerá pero le dará información, el arma descansa en el fondo del océano, pero no funciona si no lleva la marca, “la marca de Caín” (no dejan detalle afuera). Para usarla debe llevarla y Dean la acepta, aunque hubo una parte que Caín iba a decirle pero el mayor de los Winchester no le deja. La marca pasa de manos y todos abandonan la casa.

   Me gustó la despedida de Dean con Crowley, cuando este dice que tiene océanos que recorrer y Dean le golpea. Desde el inicio supo que le manipulaba, le acusa de saber que un demonio les oyó hablar en el bar, le llevó hasta la cazadora, sabiendo ya a quién buscaban, y obligo a todo el mundo a actuar, también que, en un momento dado dentro de la pelea, no le ayudó. Crowley aceptar el golpe, quiere la muerte de Abaddon. Este punto fue interesante, primero, que los instintos de Dean son buenos, pero también su astucia. El demonio no le engañó esta vez, como si hizo conmigo, porque este personaje es agradable, siempre olvidamos que Crowley es un demonio, el ex Rey del Infierno. Pero cabe pregunta, ¿no pudo el cazador advertirle a la cazadora que alguien podía ir tras ellos? También, ¿por qué tienen que matar a todos los secundarios, especialmente a las mujeres? ¿Es simple chovinismo del programa o se quiso enfatizar el punto que por donde pasa Dean van quedando los cadáveres? No lo sé, por un segundo me recordó a ese Dean sombrío del futuro que presentaron en la quinta temporada.

   Fuera del episodio en sí, y no se me malinterprete, pero que tantos seres mágicos abandonen todo, por amor, me suena exagerado. Prometeo, Benny, ahora Caín. Luego está la historia en sí de Caín, que peca y se convierte en el asesino de su hermano para salvarle, ¿qué pensó Dean mientras lo escuchaba, él que tanto ha dado por su hermano, incluso su alma en la segunda temporada? El punto es que Caín permite, de hecho provoca la muerte de su hermano para “salvarle”, ¿acaso le dice a Dean que debió dejar morir a Sam y que encontrara paz? Hay que recordar que Dios garantizó que a su muerte irían al Paraíso, lo de Dean en el Purgatorio no cuenta porque no estaba muerto. Bien, si no fuera un programa de televisión, y uno no les conociera, ¿se justifica todo el Apocalipsis con los daños y muertes que dejó en la quinta temporada porque un hombre no deja morir a su hermano y pacta su regreso? ¿Acaso el daño general no fue mayor? Dean tiene la marca, la marca de Caín, ¿será que nos preparan para que en este siglo se repita lo ocurrido al inicio de los tiempos bíblicos, un hombre matando a su hermano para salvarle? Ya se planteó, en la quinta temporada, cuando en la Tierra debía ocurrir lo acontecido ya en el Cielo, Miguel enfrentando a Lucifer. ¿Podría ocurrir? Si algo amenaza a Sam de tal manera, ¿Dean le mataría para “salvarle”?

   Por cierto, era lógico un episodio de los hermanos separados, pero sabíamos que no duraría; me hacía muchas preguntas sobre lo que ocurriría cuando Sam y Dean se reencontraran… y debo aclarar desde ya que ni fue tan bueno, ni me gustó mucho el capitulo siguiente.

EL NEGOCITO DE DEAN          GARTH SACA LOS COLMILLOS

Julio César.

NOTA: No he tenido tiempo ni para mis programas, qué broma.

CORAZON DE PLATA… 11

marzo 3, 2014

CORAZON DE PLATA                         … 10

   Este relato, QUE NO ES MIO, es un Padackles sobre una realidad alterna. Un chico rubio y pecoso va al fin del mundo arrastrado por su abuela, y encuentra más de lo que parece a simple vista en la persona de un arrogante chico grande y sonriente, el cual le regala, al final, su propia vida para que el pecoso decida.

……

Title: Gray Moon

Author: River_sun

JARED AND JENSEN

   Espera por su verdad…

……

   Después de un infernal fin de semana, apenas durmiendo, apenas probando bocado, y variando entre la ira, la depresión y la desolación, Jensen Ackles se alegra de que al fin llegue el lunes de escuela. Ahora buscaría a Jared…

   Deja a su abuela con la palabra en la boca cuando quiso, al fin, saber qué diablos le ocurría. Tomó un café con mano ligeramente temblorosa y casi huyó hacia el colegio, a pesar de la alarma de la buena mujer que temía por su seguridad. Pero él no podía escuchar o esperar. ¡Necesitaba ver a Jared!

   El chico tenía muchas cosas que explicarle. Sabía que estaba mal, que se veía mal, y no porque mucha gente le dedicara miradas curiosas cuando cruzaba los pasillos; es porque sabe que está demacrado, ojeroso y decididamente más delgado que el viernes anterior.

   -Amigo, pareces una mierda. –la voz de Chad le hace pegar un respingo, se vuelve y le encuentra, hablando con Jared, no le ve el rostro porque está de espalda, pero sabe que se trata del castaño. Lo sabe porque su pulso se acelera y la cabeza le duele un poco más. ¡Al fin! Decididamente cruza hacia ellos y se detiene tras el joven alto.

   -¡¿Se puede saber qué diablos me hiciste, hijo de perra?! –reclama, soltando algo de saliva, voz vibrante, alzándola como nunca antes lo había hecho en ninguna escuela y menos frente a otros, pero no puede pensar.

   ¡Odia demasiado a Jared Padalecki!

   Jared se vuelve a mirarle y el mundo del rubio gira violentamente. El otro joven se ve ojeroso y algo pálido bajo ese leve bronceado que no se explica cómo tiene en tal latitud. Pareciera como si… como si Jared la hubiera pasado mal. También. Le desconcierta, pero no quiere perder su ira, va a gritarle todo lo que piensa de él, exigirle que le explique cómo hizo para robarle la paz, la tranquilidad, el sueño y el apetito; todo eso va a hacerlo cuando el castaño le atrapa con las largas manos las mejillas, y se eriza callando abruptamente. Siente el calor que mana de ellas, algo relajante que le provoca un alivio instantáneo, una sensación de tranquilidad que lleva días sin experimentar, seguido también de una intensa emoción, una que se incrementa todavía más cuando el castaño, decidido y cerrando los ojos, acaba la distancia entre ambos y atrapa su boca con la suya, cubriéndola totalmente.

   Jared intentaba una caricia leve, sedante, un labios con labios, pero pronto eso cambia. Le pareció, al volverse y verle, que Jensen lo necesitaba, no, de hecho sabe que es así porque él mismo temió morir por momentos durante el fin de semana, viviendo horas horribles de depresión y dolor casi físico, con algo de fiebres, angustiando a su madre que no dejó de atenderle ni un instante. Si su rubio pasó por todo eso, y parecía por lo demacrado y ojeroso que estaba, había sufrido y para él, tal idea, era insoportable. Por eso intentó la caricia, pero esta se transforma, se apodera con decisión de su boca, le aferra con las manos y procede a beber de él, su aliento, su saliva. Tenía que ser una caricia amistosa, pero ahora, atrapándole la lengua, mordiéndola un poco y chupándola, sabe que no puede, ni quiere contenerse.

   Jensen gime rendidamente, sonido que el otro se traga al tiempo que las manos abandonan su cara y atrapan sus costados, deteniéndole, aferrándole, pero también halándole, sus cuerpo jóvenes y delgados quedan muy unidos, sus bocas explorándose de manera entusiasta, ya que Jensen responde, mientras todo lo demás desaparece de sus mentes y vidas. No sabe qué ocurre, pero cuando los dedos de Jared se clavan en sus costados, dentro de la chaqueta, sobre la camisa, al tiempo que le permite entrar ahora en su boca para que sea él quien lleve la batuta, le parece que esa tensión anímica y en sus hombros se afloja, desaparece. Toda angustia, rabia y resentimiento dejan de existir o tener sentido. Lo único real y cierto era esto, elevar una mano y atrapar el sedoso cabello de Jared, el cual le produce cosquillas y calambrazos en la palma mientras cierra los dedos sobre él, atrapándole y reteniéndole también, de manera algo exigente. Todo era perfecto, maravilloso.

   Y mientras se besan, o se comen, y las manos tocan y aferran como desesperados, el mundo girando a su alrededor, escuchan trinar de aves, ríos cantarinos y viendo tras sus parpados cerrados arcoíris y rayos de sol cayendo en la tarde, alrededor de ellos el resto de sus compañeros les miran con las bocas muy abiertas. No solamente porque dos chicos se estén besando de esa manera en el pasillo, o que ambos fueran del mismo sexo, era porque uno de ellos es Jared Padalecki, un joven aparentemente como todos, pero aparatado, encumbrado, perteneciente no solo a una de las buenas familias de la ciudad, sino a las familias que controlan, que dirigen, que se apartan de todos porque son diferentes (y algunos sospechaban o intuían la verdad, la naturaleza de esas diferencias), y el otro era un perfecto desconocido que más patético no había podido verse hasta ese momento. Están asombrados, se miran unos a otros y las chicas contienen sonrisas, cubriéndose las bocas. Los teléfonos aparecen y las fotos y grabaciones también…

   Es cuando Chad Murray, en shock hasta ese momento, igualmente ojos muy abiertos y boqueando como pez fuera del agua, decide que ya está bueno ya.

   -Bien, bien, ¡se acabó la función! –grita a todos, pero como no se mueven da un paso hacia un grupo, tensando los hombros, cerrando sus puños, los ojos brillantes, y ocurre; se notan que le conocen, o le intuyen, porque los jóvenes se alejan con cierta presteza. Tragando, parpadeando como para afinar la mirada, se vuelve y arruga la cara.- Basta ya, ¡dejen la vaina! –como parece que no pueden, con mano ruda atrapa un hombro de Jared, apartándole con notable fortaleza. Este gime y  manotea, intentando todavía aferrarse a Jensen, quien también tiende sus brazos.

   Y Chad cree que puede morir de puro disgusto, ¡par de idiotas!

   -Chad, ¡suéltame! –jadea Jared, ojos brillantes sobre Jensen.- Ve a molestar a otros.

   -¿Quieres dejar de dar tu espectáculo en el pasillo? ¿Quieres que esto llegue a oídos de tus padres? ¿De tu mamá? -enfatiza, volviendo a atraparle cuando ve que da un paso hacia Jensen como si no le escuchara o no pudiera contenerse.

   Y es eso; a Jared le cuesta, todo su ser se siente atraído como hierro al imán, las manos le arden de ganas por tocarle. Imaginar un beso le está matando, lo siente, le duele algo por dentro por no estar haciéndolo. Pero traga y entiende lo que Chad le dice. ¡Su madre!, sí ella…

   -Tenemos que hablar. –brama, el pecho subiendo y bajando, mirando intensamente al rubio, la voz casi fallándole como adolecente cambiándola.

   -Yo… debo irme… -balbucea este, temblando, echándose contra la pared, debilitado por la fuerza de las sensaciones vividas. En brazos de Jared, siento tocado y besado, toda otra cosa había desaparecido de su mente. Había sido… feliz. Y la sola idea es aterradora, ¿qué estaba pasando?- Tengo clases y…

   -¡No! –Jared es tajante y le atrapa una muñeca cuando el rubio intenta alejarse. No es rudo, sólo le toca y todo ese fuego estalla en su interior otra vez. Y en Jensen, lo nota en sus ojos imposiblemente abiertos y brillantes.- Vamos… -prácticamente le arrastra unos pasos más y entran por una puerta poco antes cerrada.

   -Jared, no, ¡joder! –brama Chad, viéndoles entrar al sanitario de chicos (¡qué originales!, pensó su parte perversa), dudando en seguirles.

   -Jared, debemos… -jadea, débil, caliente y temblorosos Jensen, una vez que entran en los sanitarios, para gemir con la boca abierta cuando el castaño le encara, empujándole suave hacia atrás, atrapándole entre su cuerpo y la pared, mirándole intensamente, quitándole los anteojos.

   -Dios, eres… hermoso…

   -Y ciego… -gime ronco, intentando sonreír, bromear. Quitarle trascendencia al momento.

   -No, Jen, eres perfecto. Y eres mío… -suena maravillado.- ¿Cómo pude tener tanta suerte?

   El rubio arquea una ceja y con aire algo insolente va a preguntarle cómo es eso que suyo, cuando Jared vuelve a cubrir sus labios con los suyos, abriéndolos y atrapando con ellos su gordito labio inferior, la lengua en la entrada, recorriéndoselo una y otra vez como una mariposa al vuelo, cosa que le eriza de pies a cabeza y eleva su temperatura, dejándole entrar. Una mano de Jared atrapa su nuca, los dedos enredándose con el cabello más suave y fino que cree haber tocado alguna vez, reteniéndole en su sitio mientras le come la boca, sus rostros se ladean, sus alientos les bañan y mezclan. Las manos de Jensen corren con vida propia y se meten dentro de la chaqueta del otro, tocándole sobre la gruesa camisa de cuadros, oyéndole gemir por el toque, luchando y metiéndolas por debajo de sus faldones, por llevarla fuera del pantalón, también por debajo de dos juegos de camisetas hasta que toca aquella piel lisa, joven, caliente. Excitante.

   Y sus manos arden, tanto como la piel de Jared que se contrae a su paso, que se tiende más sobre él, dejando a duras penas su boca, halándole la nuca hacía atrás, descubriendo ese cuello suave donde hunde el rostro y olfatea con ansiedad, sus labios delgados recorriéndolo, dando besitos y chupetones, unos que tienen a Jensen como temblorosa gelatina, la lengua tanteándole, lamiéndole, saboreándole. Y todo del rubio le enloquece, ese sabor, su temblor, su jadear, su pulso enloquecido en la yugular… y las manos de Jensen, dedos abiertos, recorriéndole los costados. Nunca creyó que un toque, allí, de otras manos pudiera ser tan excitante, enloquecedor y erótico.

   Cuando las manos de Jensen viajan a su baja espalda, los antebrazos quemándole los costados, el cerebro del castaño hace corto circuito y deja de pensar, ¿para qué hacerlo?, tan sólo se preocupa de sentir, de sentirle, de tenerle y estar rendido a él. Vuelve a su boca, mete la lengua de manera exigente y Jensen la ata a la suya, sus erecciones, dolorosamente dulces, se frotan de manera intensa, una sobre la otra, de lado a lado, y cada roce, cada pasada era aún más poderosamente intensa que la anterior; y lo que viene es demencia. Sin dejar de besarle, sin dejar de frotar sus miembros, Jared le suelta y logra meter las manos entre los dos cuerpos, comenzando a desabotonarle la camisa con manos febriles, abriéndola casi con rudeza. Tiene que…

   -Jared, maldita sea, ¿qué haces? ¿Te volviste loco? ¡No aquí! –brama Chad, quien abre la puerta con idea de llamarles a la cordura y casi sufre un infarto de la impresión cuando les pilla prácticamente en preámbulos de sexo.

   -Ete Chá… -responde este, malamente, al tener la boca conectada con Jensen, cuyos dedos se curvan y le arañan la espalda de una manera que provoca que su tolete esté prácticamente mojando su ropa interior.

   -¿Vas a bajarle los pantalones aquí? ¡Bonito va a quedar! –ladra, directo y brutal.- Bueno, bonito no, pero en fin, haz lo que quieras, no será mi culo el que quede expuesto a todos en el colegio…

   Esas palabras lo consiguen. Ese ardor de su cuerpo, esa presión de su sangre que le tenían prácticamente sordo, descienden rápidamente y Jensen segara sus bocas, viéndose todo enrojecido, ojos acuosos, labios hinchados. Dios, ¿qué estuvo a punto de hacer? ¡Iba a hacerlo! Allí, ¡en ese baño! Si ese chico… Chad…

   -Debo irme. –croa roto, ronco, apartando sus manos del cuerpo de Jared, notando cómo duele hacerlo, qué mal se sentía dejar de tocarle.

   -No, Jensen… -gimotea Jared, reteniéndole por las muñecas, presa de la misma angustia, una que merma un instante al tocarle, al recorrer con el pulgar sobre su muñeca, sintiendo como se estremece.

   -Debo irme. –casi gime al repetir, soltándose y escapando.

   Jared queda mal, su pecho sube y baja con esfuerzo, parece que va a ir tras él, pero Chad se interpone cortándole el paso.

   -Apártate, Chad. Necesito… -le necesita, así de simpe, y una idea que debería ser terriblemente intimidatoria, incluso aterradora para un chuico de su edad, es precisamente en un chico de su edad quien lo siente enteramente normal, casi satisfactorio. Había alguien para él, una persona que le excitaba a niveles épicos, una persona a quien añoraba y junto a quien deseaba estar.

   -No puedes. ¡Estás actuando como un loco! Además, estás… estás todo… -gruñe incómodo, señalándole con las manos el entrepiernas, justo cuando se oye un grito divertido fuera del sanitario.

   -Oh, por Dios, míralo, ¡ese chico está excitado! –exclama una voz de chica.

   -Están hablando de “tu rubio”. –aclara Chad.- Y tú estás igual. Mierda, ciérrate la chaqueta y oculta tus miserias. –brama.

   Algo enrojecido, de vergüenza pero también de emoción (¡Jensen estaba igual!), Jared lo hace.

   -Amigo, necesito…

   -Sé lo que necesitas. Mierda, Jared, ¡te aprestaste! –le acusa, frente arrugada, tono alarmado.- ¿Cómo dejaste que pasara? Esto… esto no va a terminar bien, JT. Tus padres… tu mamá… todos… ¡Nos expones a todos!

   -Deja el drama, “mamá”, no te queda. –sonríe indiferente, pensando en Jensen y suspirando.- Todo está bien. Todo está muy bien.

   Mierda, piensa Chad, meneando la cabeza y mirándole con mala leche mientras Jared se apoya de espaldas a la pared y deja caer su nuca hacia atrás, mejillas rojas, ojos soñadores. Nada estaba bien. Debía hacer algo, ¿pero qué? No se le ocurre nada. Obviamente tendría que dejar el trabajo en manos más hábiles.

……

   Todavía impactado por su propia conducta… y respuesta a la presencia de Jared, muy confuso consigo mismo, Jensen se aleja por el largo pasillo, muy consiente ahora de los jóvenes que le siguen ávidamente con la mirada, las cabezas que se acercan a su paso.

   -¡Ese es! Se estaba besando con Jared Padalecki! –informa una a otra.

   -Un beso en toda la regla. Casi porno. –sentencia un chico a otro, más allá.

   Tragando en seco, dobla con rapidez hacia las escaleras y sube. No tenía ganas de enfrentar a nadie. Escapando a sentarse a solas en esos escalones solitarios, incapaz de dejar de temblar, con frio y calor al recordar las últimas horas, Jensen pasa el tiempo entre clases, soportando miradas y sonrisas, algunas burlonas, otras de extrañeza, como la de un extraño en un tren diciéndole “podríamos hablar si quieres, siento curiosidad por ti”. No lo hace. No puede. Escucha a duras penas las clases, agradeciéndole al destino no compartir ninguna con el castaño, pero teniéndole siempre presente… Igual que la angustia nuevamente, esa desazón y pesar. ¿Qué estaba haciendo? Dios, ¿qué le pasó? Eso no iba a terminar bien… se repite una y otra vez, sumergiéndose nuevamente en la depresión, una que, sin embargo, menguaba ligeramente cuando recordaba los besos del chico delgado y alto. En un momento dado, en plena clase, se deja llevar, con los dedos recorre sus labios y le recuerda, su sabor, su olor, su pasión… y se eriza totalmente.

   -¿Ackles? ¡Ackles! –le grita el profesor de Historia, el señor Williams, devolviéndole de repente a la realidad.- ¿Qué opina de lo que acabo de decir? ¿Está de acuerdo o no? –el hombre negro cierra con fuerza el libro abierto que sostiene en una mano, escrutándole con dureza, como cualquier profesor que siente o nota que no llega porque los jóvenes no quieren. Y lo sabe, Jensen Ackles no había escuchado nada de lo que había expuesto, se le notaba en lo rojo de la cara y el balbuceo sin sonidos.

   -No estoy de acuerdo, señor. –grazna, enrojeciendo más cuando los chicos a su alrededor ríen.

   -¿De veras? Bien, gracias a Dios, a pesar de ciertas resistencias antes y ahora… -mira malintencionadamente a Jensen.- …La esclavitud fue abolida.

   Oh, Dios, jadea para sus adentro Jensen, hundiéndose en su silla, mientras alrededor ríen todos, con esa fuerza que ponen los muchachos cuando un compañero resbala.

……

   Mientras Chad aún delibera a quién contarle todo lo que está ocurriendo, y Alexis casi sufre un colapso cuando escucha del beso de Jared y Jensen (y ve el video), el castaño las pasa canutas. Está igual a lo días del fin de semana, añorando, extrañado algo que no puede tocar, ver, escuchar, oler o probar. Todo él vive una intensa tortura, una que le hizo sonreír con acidez aceptando la evidencia: no sabe cómo, pero encontró a Jensen Ackles y se emparejó con él. Ahora el rubio le evitaba. Otra vez. Joder, ¿de dónde sacaba fuerzas para hacerlo? El no podía, estaba literalmente muriendo de agonía. Cansado de todo, de buscarle y no encontrarle (incluso había perdido el rastro concreto de su olor), se deja caer en uno de los helados y solitarios bancos de las canchas deportivas. Cierra los ojos y echa la cabeza hacia atrás, recordando los viejos cuentos de su bisabuela polaca, preguntándose si realmente funcionará, dejando la mente en blanco de toda otra idea que no sea Jensen… y sonríe.

   Lo primero que le llega es su aroma, y lo olfatea… detrás de la cantina, por las escaleras que llevan en la parte alta a los sanitarios de chicas en el piso superior, todos olores fuertes a desinfectante. Se veía tan abatido…

   Sabe que no debe quedarse más tiempo allí, echado en las escaleras, fingiendo que no ve a los jóvenes que suben y bajan, mirándole con extrañeza. Se siente… insatisfecho, molesto. Amargado. Deprimido. Debería…

   ¡Jared!, le siente. Extrañado cierra los ojos y casi pega un bote mientras jadea. Ya no está sentado en aquellos escalones; no, está al aire libre, fuera del colegio, pero en un lugar donde nunca ha estado. Puede ver el cielo nublado, blanco, no gris, la tierra negra y parda rojiza deja ver algunas piedras grandes como esa donde está sentado. Los arboles tienen algunas hojas en sus ramas casi desnudas. Dos cosas llenan sus sentidos, un leve gorgojeo de aves y un cierto tufo, cosa que dirige su mirada a un pozo un tanto más abajo, de aguas azuladas verdosas que parecen tener pequeñas olas. Y siente el calor manar de ellas, tan atractivo, tan atrayente. Sopla una brisa extrañamente cálida, y volviéndose en su dirección se congela. Jared está ahí y viene a su encuentro, delgado y muy joven, algo encobrado, manos en los bolsillos de su chaqueta, mirándola con ternura, pero también preguntándole, “¿puedo?”, viéndose tan vulnerable, adorable y hermoso que a Jensen se le congela la respiración.

   -Jared… -grazna, conteniendo la ansiedad, temeroso también de algo.

   -No temas, Jen. No de mí. Nunca dudes  de mis intensiones, ni pienses jamás que te haré algún daño. No podría… Sería como lastimarme a mí mismo. –confiesa tragando, necesitándolo pero también sabiendo que se da con cada palabra, entendiendo, tal vez no cabalmente aún, que estaba entregándole a Jensen Ackles el control de su vida. Le tiende una mano, palma arriba, dedos abiertos, señal de su promesa, evidencia de su ruego, esperando una respuesta que lo pondrá todo en marcha.

   Jensen duda, ¿era aquello real? No lo sabe, pero intuye que sí. Alza su mano y trémulamente sus dedos chocan con los de Jared, y la fuerte emoción que le embarga es toda la respuesta que necesita. Confía, quiere creer. Cierra los dedos sobre los del castaño, quien sonriendo intensamente, corresponde. Y ocurre, así como cuando se encendía o apagaba una luz. En cuanto Jared la oprime la mano y le hala, obligándole a ponerse de pie, rodeándole la cintura con el otro brazo, atrayéndole, y un segundo antes de besarle, la cosa que Jensen más desea en esta vida, todo cambia a su alrededor, están otra vez en la escuela, en ese pasillo, algunos chicos mirándoles con extrañeza, interés o avidez. Jensen quiere alejarse de ellos, no dar un espectáculo, pero cuando los labios del otro caen sobre los suyos su presión se dispara y sabe que nada puede hacer como no sea soltarse de su mano, atraparle el rostro y corresponder con entrega, necesidad e intensidad…

   Y Chad no andaba por ahí para impedirles dar un espectáculo.

……

   A diferencia de su visión, el tiempo en el exterior del colegio no es nada claro, y fuera del poblado, una mujer mayor, delgada y enjuta, con pañoleta en sus cabeza, medio saca algo de nieve de la calzada que da a la entrada de la sólida vivienda de madera, con techos bajos, de tejas rojas, ahora casi toda cubierta de nieve acumulada. Algo de humo, uno oscuro, sale por la boca de la chimenea.

   La mujer se ve preocupada mientras trabaja. Espera. Lleva días aguardando y la verdad es que ya estaba molestándose. Lanza desmañadamente un palazo de nieve lejos y se endereza, llevándose una mano a la espalda baja, justo donde dolía.

   -¿Sólo hará eso? ¿Mirarme trabajar? ¿Acaso espera que muera de un infarto? –jadea por el esfuerzo de palear, voz levemente cantarina con un acento eslavo. Cargada de ironía.

   -No sería una mala solución, esperar que cayera y buscar lo que deseo. –responde Kathy Bates, apareciendo por un costado de la vivienda, a sus espaldas. La mano dentro del enorme bolso abierto. La mujer se vuelve y la encara.

   -Pero no ha ocurrido. Tendrá que hacer su trabajo. –reta, mejillas arrugadas y hundidas, boca de labios delgados y rapaces, ojillos llenos de malicia.

   -Qué así sea, Soraya. –responde Kathy, y resuelta se encamina hacia su enemiga.

CONTINÚA … 12

Julio César.

AL FINAL DE LA PRIMAVERA… 2

febrero 18, 2014

AL FINAL DE LA PRIMAVERA

   Este relato NO ES MÍO. No entraré mucho en detalles, tan sólo que dos sujetos se conocen, conectan, y pasarán más de veinte años de sus vidas encontrándose y perdiéndose. Me gusta (no lo leí antes) porque es, argumentalmente hablando, muy completo. No es para menores de edad.

……

Título: Memories of Autumn

Autor: Damnlady62

JENSEN ANDA JARED, PADACKLES

   ¿Y si solo se nos permite un único gran amor?

……

   -Mi culo siempre es deseado por los habitantes de esa mesa. Esté como esté. –sentencia Chad.

   -Vaya, casi lo dices orgulloso. –ríe Jared; Dios, cómo extrañaría esas conversaciones de altura en la universidad. Debía convencerles de…

   -Oye, no digo que me guste saber que Collins se la casca pensando en él, pero ¿qué puedo hacer? Mi culo gusta.

   -Es bueno que te sientas tan satisfecho de tu culo, vives con la cabeza allí. –sentencia Mike, mirando hacia la mesa de los maricas, casi en el centro del salón, con tres chicos hablando animadamente en voz baja en esos momentos, acompañados de una chica bastante extravagante en su moda retro de vestuario tipo Madonna.- ¿Alguna vez les han ofrecido una mamad? Me refiero a los chicos de la mesa de los maricas.

   -¿A ti si? –Tom ataca, pero se turba cuando Mike se vuelve y le encara.

   -¿A ti no? Esa si es una sorpresa. –Tom frunce el ceño y parece que va a replicar algo particularmente amargo cuando Jared decide que el tema se vuelve polémico.

   -Bajen la voz, coño, todos van a escucharles. Y dejen de decir “la mesa de los maricas”, es… ofensivo. –continúa, palpándose de pronto el bolsillo del pantalón, echando en falta la molestia de las llaves del coche de su padre.

   -Oh, Dios, esta mañana estás particularmente marica. –tercia Chad, mirando a los otros dos, con ánimos de molestar. Y estos entienden.

   -No es eso, sino que parece… prejuicioso, no porque se sienten todos a esa mesa en particular…

   -¡Son maricas! –aseveran los otros tres, Chad incluso afirma vigorosamente con la cabeza.

   -Porque estén en teatro, o danza, o patinaje, no creo que todos…

   -¡Son maricas! –sentencian a tres voces nuevamente y Jared ríe, era tan gracioso; se pone de pie.

   -Está bien, idiotas. Es la mesa de los maricas del colegio, todos los que allí se sientan, lo son. –concede en voz moderada, jugando con ellos, al tiempo que se vuelve.- Creo que perdí las llaves de… ¡Hey! –medio choca de un chico que viene con una bandeja en las manos, quien logra evitar un desastre con rápidos reflejos.- Lo siento, no te vi.

   -No hay problema. –es la serena réplica, verdes ojos danzante tras los cristales de unas gafas algo grandes, un verde color musgo salpicado de oro en medio de un rostro pecoso que desconciertan por sus matices a Jared. Como el moretón visible, a pesar de algo de crema, en su pómulo derecho.- Oye, debo desayunar y… -alza la bandeja.

   -¿Cómo? –Jared no comprende qué quiere, sintiéndose algo perdido al estar intentando recordar datos; si, era ese extraño chico Ackles, el hermano de Josh.

   -Impides el paso. –le aclara el chico Ackles. Al estar de pie entre dos mesas, Jared lo hace y lo nota al fin, así como el cambio en esos ojos que ahora brillan malignos.- Voy para allá, a sentarme. Ya sabes… en la mesa de los maricas de la escuela.

   Jared palidece y luego enrojece, boqueando como un pez, mortalmente mortificado de haber sido pillado diciendo aquello que, fuera de toda otra consideración, no reflejaba su manera de pensar. No ayudaba que ese extraño chico Ackles, mejillas algo enrojecidas (cosa que destaca mucho sus pecas), le mirara con infinita chanza, o que sus amigos, sentados a un lado, estallen en carcajadas de burla porque metió la pata.

   -Oye, lo siento, nunca quise… -inicia, pero se detiene desconcertado y con el corazón extrañamente palpitante, como si hubiera subido de pronto a una montaña rusa particularmente tempestiva, cuando Jensen cierra un ojo tras sus lentes y le saca la lengua, de manera graciosa y amistosa, pasando a su lado. Rumbo a la mesa. La de los maricas de la escuela.

   Mientras sus amigos ríen todavía, Tom tosiendo un poco y tomando un alarmante color rojo amoratado, Jared sigue a Jensen con la mirada, le ve llegar a esa mesa y besar a la extraña chica, saludando a los otros con apretones, quienes parecen preguntarle cosas, mientras miran al joven y guapo capitán del equipo de futbol. Era evidente que se morían por saber qué había pasado, y mientras emprende la retirada, en busca de aquellas llaves perdidas, todavía le parece oír flotar la voz de Jensen, una voz grave, profunda, de ricas entonaciones.

   -Nada, quería mi número telefónico… -lo que es seguido de risas de duda y total incredulidad de sus amigos.

   Vaya, el chico pecoso se burlaba de él, pensó Jared… con una enorme sonrisa.

……

   -Dios, Jared, hemos estado hablando de ti, como hacemos siempre que no estás… -medio ríe Mike cuando este regresa después de un rato, con las llaves.- Ni yo, que soy tan intolerante, creo que debas expresarte así de los maricas de la escuela. Hombre, lastimas sus sentimientos.

   El chico calvo bromea, pero el castaño mira hacia la mesa donde ahora sólo están Jensen y otro joven, pareciendo leer, ambos, de un solo cuaderno grande. Están muy juntos, sus cabezas a pocos centímetros, y se pregunta si entre esos dos… ¡Qué diablos, no es su asunto!

   -Córtala ya, Mike, te oyen y puede ser tendencia. –Jared sentencia, tomando asiento otra vez.- ¿Vienen tus padres esta noche para el juego? –le pregunta a Tom, este toma aire.

   -No lo sé, sabes que papá ve todo esto como un pasatiempo.

  -Claro, como Jared es mejor que tú, no le interesa. –tercia Chad, tocando un nervio que enmudece a Tom y a Jared le hace preguntarse, mirándole con el ceño fruncido, por qué le tiene como amigo.

   -Oye, Tom no necesita de nada de esto, ¿verdad, Tommy? –tercia Mike, y todos temen el remate de la frase.- Con su cara y cuerpo seguramente terminará modelando ropa interior, siendo famoso y ganando mucho dinero por exhibirse cubriéndose escasamente la verga y el culo con algo de tela, convirtiéndose en la desesperada fantasía erótica de todos los chicos que guardarán sus catálogos, muy manoseados y manchados, bajo el colchón de sus camas.

   -¿Tienen que ser chicos? –se queja Tom mientras Jared ríe.

   La charla se centra ahora sobre el juego de esa noche, tema que les apasiona, pero Jared mira hacia la mesa de… Dios, le avergüenza hasta pensarlo, se dice sonriendo, pero era así como siempre la recordaría, la mesa de los maricas. El chico Ackles y su amigo, un joven delgado, estrecho de cara, cabello muy negro y rostro… bien, como dulce, discuten algo. El chico moreno parece enfatizarle que tiene que hacer algo o le pesará, Ackles parece intentar explicar que no puede, pero nada funciona. En eso se les acerca Randy Quaid, el dueño de la cantina, y parece reclamarle algo al rubio de los anteojos. Y de manera demandante. Este baja la mirada y traga, notándose su enojo y humillación mientras su amigo cierra sus cuadernos y los guarda en un viejo morral. La pareja se pone de pie cuando Randy se aleja, todo mal encarado.

   -¿Qué harás? No puedes perder otro ensayo o Cruz te dejará fuera de la obra. –comenta el chico moreno cuando se acercan un poco.

   -Ya lo escuchaste. No puedo perder otro turno; me toca ocuparme esta tarde de las mesas. –se queja Jensen, hombros alicaídos.

   -Mándalo a la mierda. –el rostro del moreno resplandece de furia.

   -Claro, Colin, como ya voy camino a Broadway puedo dejar mis turnos en la cafetería de la escuela… -gruñe Jensen.- No puedo, no si quiero comprarme la guitarra y… -calla cuando llegan a la altura de la mesa de Jared, quien le mira.- Voy por mis cosas. –dice rápido cortando al otro joven, quien oprime los labios, impotente y se aleja. El rubio también, rumbo a la barra.

   -Hey, ¿a dónde vas? –pregunta Chad cuando Jared se pone de pie y sigue a Jensen.

   -Espera… -Jared le llama, y Jensen, todo ceñudo y con mil sinceras preguntas en su cara, comenzando con “¿me hablas a mí, realmente a mí?, no, no es juego, ¿es conmigo la cosa?”, le encara.

   -Dime.

   -Yo… este, quiero disculparme con respecto a lo que dije, sobre que esa era la… la mesa de… -se ruboriza y Jensen parece entender y asiente, falsamente inocente.

   -Oh, no, tranquilo, es un error bastante común, la gente se confunde. Si es la mesa de los maricas ¿no debería estar cerca de aquel ventanal por donde podrían mirar a los chicos del equipo de atletismo cuando transpiran y se quitan las camisetas? Se los he dicho, “si es la mesa de los maricas debería ir”… -comienza, todo burla, divirtiéndole tanto verle alzar las cejas que estalla en carcajadas.

   -Eres odioso. –le tiende la mano.- Eres Ackles, ¿verdad? El… hermano de Josh… -se turba al decirlo, le ve enderezar los hombros, el moretón en su pómulo se nota más.

   -Si. Me llamo Jensen, por cierto. –le oprime la mano y a Jared le agrada, es un apretón firme.

   -Yo soy…

   -Jared Padalecki, toda la escuela lo sabe. –dice con rapidez, coloreándose todo, ¿acaso emocionado?, por alguna razón a Jared le divierte, se siente halagado.

   -¿Te interesa el futbol? Esta noche jugamos. –sonríe, invitándole sin darse cuenta siquiera.

   -No, no me gusta. No mucho. –corrige al final y Jared ríe, recordando a una chica en la calle que le reconoció pero a quien tampoco le gustaba ese deporte.

   -A nadie parece gustarle. Oye, ¿le pasaba algo a Randy…? Le noté molesto, y es raro verle así. –percibe como el rubio se desinfla.

   -Sí, está molesto y es conmigo. Tengo una… especie de audición para una obra escolar, de teatro, pero debo… No puedo faltar a otro turno o quedo fuera. –va dejando sus cosas bajo la barra, evitando las miradas que le lanza Randy, tomando un delantal.- Así que, esta vez, quedo fuera de reparto y… ¡¿Qué?! –le incomoda la mirada del otro.

   -Yo me ocupo. –dice impulsivo y decidido.

   -¿Qué? –no es sobre de qué se ocupara, sino de qué habla.

   -Ocuparé tu puesto en la cantina, así vas a tu audición, ¿qué tan difícil puede ser esto? –le quita el delantal de las manos. Jensen se siente confuso, aturdido.

   -No, yo no puedo…

   -Anda, ve a tu ensayo. –es enfático; cuando Jensen va a decir algo más, grita.- Randy, ¿verdad que no hay problema si cubro en su turno a mi amigo… Jensen? –al hombre tras la registradora parece sorprenderle la proposición, como a sus amigos en la mesa.

   -Claro que no, campeón. –sonríe, extrañado.

   -¿Lo ves? –Jared le encara.

   -Sí, pero…

   -Por Dios, ve a tu ensayo. Sería terrible que me hicieras trabajar atendiendo a idiotas como mis amigos… -calla para escuchar los gruñidos y quejas que parten de la mesa.- …Y que perdieras la prueba. –desafía sonriente, cálido y directo.

  -Yo… bien, gracias.

   Enrojecido se despide con una mano y tomando su morral sale. Jared le mira, algo extrañado por esa tensión en los hombros del otro. Para un chico como él es imposible saber que su desinteresado ofrecimiento, que su buena acción, es muestra de algo que el rubio pecoso casi nunca recibe. Gentileza. Ayuda. Auxilio. Una mano solidaria. Poca gente ha sido amable en su vida con aquel muchacho de ropas algo grandes y ajadas, y era difícil para él recibir, asimilar, semejante trato.

   -Hey, idiota, otro vaso de agua fría por aquí. –le grita Chad desde la mesa.- ¿El culo de quién hay que patear para que los camareros hagan su trabajo?

……

   Nadie, comenzando por él mismo, entiende por qué hace eso, colgarse un delantal y con un pequeño gorro blanco sobre su castaño cabello, atender las mesas. Y a Randy, en particular, no le importa. En cuanto la noticia se corre de que el más popular y sexy atleta de la escuela está sirviendo las mesas, el merendero se llena. El joven se divierte, jovial con los chicos, algo coqueto con las chicas, y totalmente desenfadados con sus amigos que no dejan de molestarle, hasta que les amenaza con aquello de que o consumen o desalojan el área. Y no es que lo haga muy bien, tarda con los pedidos, se le caen cosas y a veces su pulgar entra dentro de alguna ensalada. Pero a nadie parece molestar. El aire dentro de la cantina es… festivo.

   -Dios, ¿qué haces, Jared? –le pregunta sonreída y algo exasperada Taylor, hermosa dentro de su traje de porrista.- Deberías estar descansando o concentrándote para el juego. –le rodea el cuello con los brazos y le besa fugaz. Conforman una muy bonita pareja joven.

   -Ayudo a un… amigo. –a sí mismo le cuesta encontrar una explicación, pero no le importa cuando estalla en carcajadas.- Y me estoy divirtiendo una barbaridad. –la besa fugazmente, correspondiéndole, pero mirando a una bonita joven de piel negra que pasa, sonriéndole leve.

   -¡Ya veo! –gruñe Taylor, fingiéndose molesta, y estándolo en verdad, aunque sabe que debe ocultarlo. A nadie le gustaba la gente posesiva, aunque le cuesta contenerse.

……

   El juego semi final interescolar llega, y para ser competencia entre secundarias, eso está completamente lleno de compañeros de estudios, cada uno defendiendo su barra, de padres y representantes. Buena parte de la ciudad está allí, después de todo es una semi final. Los dos equipos son buenos, vigorosos y voluntariosos, se ha luchado cada milla con garras y colmillos. Jared ha gritado instrucciones, que si bien no han permitido acabar con ese empate con el cual están cerca de terminar el tiempo regular, ha sabido contener a los contrarios, quienes cuentan con el Tanque, Zak  Feaunati, grande, indetenible, fuerte y para colmo rápido. El coach Singer, no se cansa de gritar desde la línea, furioso, sabe lo bueno que son sus muchachos, pero los otros no se quedan atrás. Y no sería un buen entrenador si en ese momento, después de toda una campaña de victorias, no considerara, no sin cierta sorpresa, la derrota. La idea de que todo sueño de gloria puede acabar en una noche por tan sólo una anotación. Y no es el único a quien la idea atormenta, Chad, Tom, Mike, alby, Matt, todos se lanzan con furia, dando el todo por el todo.

   Cada pase, cada ataque, cada detenida es coreada, aplaudida, gemida por ese público que no se cansa, de un lado y otro. Y en los segundos finales ocurre… un Jared transpirado, su blanco uniforme casi translucido de sudor, toma el balón arrojado por Chad, el ágil hijo de puta que siempre sabe abrirse camino, pero que, curiosamente, nunca intenta llegar, tan sólo se queda buscando con la mirada al mejor posicionado…  a Jared, generalmente. Todo eso lo piensa de manera maquinal el joven, luchando por respirar mientras correr, sorteando gente, notando a Mike y Alby abriéndole camino, el equipo contrario viviéndosele encima. ¡Ahí estaba el Tanque!

   No lo piensa, retiene con fuerza el balón, atrayendo al rudo chico y a buena parte de los contrarios, y lo hace. Maquinal. Tan solo mira hacia Tom y le lanza el balón, arrojándose como un torpedo contra el enorme jugador de uniforme azul oscuro, que miraba el arco que describía la bola, disponiéndose a correr tras Tom, y le embiste de lleno. Aún así, a Jared le cuesta derribarle, pero lo hace. Cerrando los ojos y apretando los dientes cuando los otros le caen encima, aplastándole, sacándole el aire, pero sabiendo que a Feaunati le va peor. Todavía, como en cámara lenta, escucha el grito de salvaje expectativa que sale del público amigo, ve a Tom, alto y ágil, guapo como siempre, sortear a dos o tres y lanzar el balón con furia contra el piso. Se oye un silbato y toda su gente se pone de pie en las gradas. No puede evitar reír, todavía aprisionado, cuando va sintiendo alivio con la llegada de Chad y Mike, que apartan gente de su espalda.

   Grita de felicidad aun antes de que Chad y Mike le levanten, o que Feaunati le lance un manotazo, no de odio sino de pura frustración, y alza las manos porque le aclaman. Aplauden a Tom, pero también a él. Todos corren, saltando, y se felicitan. El público, la parte que les apoya, enloquece. Quitándose el casco, el rostro brillante de sudor, con gotitas en su cabello suave y castaño, tal vez un poco abundante sobre su frente, se deja ver, reluciendo de orgullo y algo de vanidad. Es joven, mucho, con toda una vida por delante y puede permitirse reconocer que es bueno en lo que hace y que todos los demás lo saben. Es feliz, no puede negarlo, cuando ve como Tom busca con la mirada y encuentra a sus padres que le aplauden. Ve a sus padres ahora, aplaudiendo, aún a Jeff, quien al notarle finge molestia y deja de hacerlo, pero no le engaña. Taylor y las porristas saltan de manera atlética y acrobática, todos festejando. Y le encuentra…

   Allí está Jensen, una enorme sonrisa en su rostro tras los anteojos, su cabello un poco más largo de lo que debería, el viento agitándolos, con su vieja y enorme chaqueta, una que seguramente en algún momento le perteneció a su hermano Josh. Sonriendo como un tonto, Jared no puede dejar de ir hacia él, a la entrada del corredor que lleva a las duchas.

   Y el jadeante jugador, apoyando el casco contra su muslo, sonríe sintiéndose totalmente feliz mientras lo hace, embriagado de una fortaleza, de un sentimiento de invulnerabilidad que brota por sus poros y que se le escapa en significado, aunque lo vive. Se siente indestructible. Es muy joven y no puede comprenderlo totalmente, pero con los años, mirando hacia aquella noche, con una sonrisa tal vez nostálgica, lo entenderá en toda su extensión: era una noche perfecta y maravillosa para estar vivo y ser Jared Padalecki.

   Han ganado el juego que les lleva a la gran final interescolar, sus padres están allí, gritando como todos, felices por ellos y por él, orgullosos de su muchacho, aún su hermano no puede disimularlo. Taylor le mira desde el grupo de porristas, ojos brillante de humedad, de orgullo, de dicha por él, también de deseos. Es el viernes por la noche de su triunfo cuando cuenta diecisiete años, una noche que ya huele y se siente como a verano en su brisa tibia y perfumada a césped y flores silvestres. Es una noche caliente durante la cual la gente que le conoce, la gente de su ciudad, sus vecinos, amigos y condiscípulos, gritan y corean sus nombres, especialmente el suyo, todos juntos disfrutando de la pequeña victoria de un juego insignificante de uno de los muchos pueblos de ese ancho país. Pero es la noche y el triunfo de su colegio y todos desean celebrarlo por siempre y para siempre, porque buena parte de esa gente, muchos igual que el muchacho, sin entenderlo, sienten que viven un momento mágico, algo que un día, dentro de algunos años cuando agobien los problemas de los adultos, recordarán como los viejos buenos tiempos. Si, la noche era perfecta, se repite Jared. Era su noche. Y va hacia el pecoso rubio que se detiene como cohibido. Hasta Jensen estaba allí, y la idea era extrañamente atractiva, era como si toda la creación estuviera haciéndose presente para reconocerle.

   -Viniste… -jadea lo obvio entre sonrisas, pero suena acertado.

   -Eres increíble. –suelta Jensen, enrojeciendo feamente al decirlo, y más cuando Jared ríe.- Lo digo por… pudiste haber continuado corriendo con el balón, ¿verdad?, que tus amigos abrieran un paso y ser el autor de la última anotación, pero le lanzaste el balón a Welling… -a Jared, por alguna razón le producen escalofrío esas palabras intensas, esa mirada de franca admiración y aprobación.- Pudiste llevarte la gloria total, pero en aras del juego fuiste por el más fuerte, atrayendo sobre ti el fuego enemigo y dejaste que otro fuera el héroe.

   -¡Oye! –jadea, con respiración entre cortada.- No sigas o voy a creer que te agrado. –se le escapa, aunque no le pasa por alto el intenso rubor que cubre nuevamente la cara de Jensen.- Lo siento, yo… -se encoge de hombros, y ahora parece un niño.- Es un juego de equipo, ¿sabes?, ellos son mi gente. ¿Y qué haces aquí? Creí que odiabas el juego. ¿Acaso viniste a verme? –nuevamente se le escapan las palabras, mortificándole el estar siendo tan idiota, pero por otro lado, sin importarle un carajo como no sea ver el profundo rubor que acomete a ese chico extraño a cada rato.

   -Viene a agradecerte tu ayuda de esta tarde. –traga, como costándole mostrarse orgulloso o satisfecho.- Conseguí el papel.

   -¡Qué bien! –exclama de corazón, atrapándole un hombro y apretando.

   -Sí, yo… -el rubio se tensa todo, en sus ojos se nota una intensa emoción.- Bien, el miércoles será la función, en el auditorio de la secundaria. Me gustaría… No sé si tienes algo que hacer… Seguramente si y… -balbucea, cachetes casi en llamas, congelándose ante la mirada del castaño.

   -Ahí estaré, Jensen. –dice con convicción, sonriendo tenue, hasta que ve el moretón en su pómulo. Va a decir algo más pero Taylor, gritando feliz, viene corriendo hacia él, colgándosele del cuello, saltando a sus brazos y besándole, sin importarle todo el sudor.

   Al joven le encanta la caricia, correspondiendo con mucha lengua, la noche no podría ser más perfecta. Y lo cree hasta que la deposita en el suelo y se vuelve. Jensen ya no está, le ve alejarse, cabeza algo gacha, y la palabra “soledad” cruza por su mente. De pronto la noche pierde un poquito de su encanto.

   Nos veremos el miércoles, Jen… se promete y le promete. Aunque, por suerte, no lo expresó en voz alta.

……

TAYLOR COLE SEXY

   Taylor Cole, la dulce Sarah, el primer interés sentimental de Sam cuando parte de cacería con Dean en la primera temporada de Supernatural, a la muerte de Jessica. Y es realmente bonita, no sé si me lo parece sólo a mí, pero ni la mamirruqui de Megan Fox le lleva mucho.

CONTINÚA … 3

Julio César.

CORAZON DE PLATA… 10

febrero 11, 2014

CORAZON DE PLATA                         … 9

   Este relato, QUE NO ES MIO, es un Padackles sobre una realidad alterna. Un chico rubio y pecoso va al fin del mundo arrastrado por su abuela, y encuentra más de lo que parece a simple vista en la persona de un arrogante chico grande y sonriente, el cual le regala, al final, su propia vida para que el pecoso decida.

……

Title: Gray Moon

Author: River_sun

JARED AND JENSEN

   Espera por su verdad…

……

   Lo malo de vivir tan al norte era el oscurecer temprano, piensa Kathy Bates, con paso algo vacilante sobre el congelado suelo. Pero no es eso lo que provoca su gesto austero y algo seco. También ella tiene una cita, una de la que desconfía aún más que Alexis Biedel de la suya. Traga en seco, aferrándose a su ancho y viejo bolso como buscando equilibrio o convicción, la bilis subiendo por su garganta. Jensen no lo sabía (aunque temía que imaginara algo, ahora), pero el viaje a ese fin de mundo no fue buscando nuevos horizontes, un trabajo y una casa, recomenzar…

   La nota recibida en Dallas había sido escueta pero muy clara: “su hija y su marido fueron asesinados”. Era lo esencial, lo que la dejó sin aliento, hirviendo de furia. Lo otro era ese encuentro, citarse en ese fin de mundo para conocer la verdad. El “su vida peligra también, así como la de su nieto”, al final de la página fue casi innecesario, aunque la decidió a actuar y viajar. Que mencionaran a Jensen. ¡Sabían de él! Ellos. Fueran quienes fuesen los enemigos esta vez. Por ello no pudo dejarlo en casa de sus primos, temía que llegaran hasta él en su ausencia, y que lastimaran a todos los que se cruzaran en sus caminos. Ahora iba por la verdad, respondiendo a ese encuentro a solas en esos parajes helados.

   Endureciendo el rostro, metiéndose en el estrecho callejón entre dos casas aparentemente desiertas, la mujer espera encontrar esas respuestas. Ha buscado, mucho. La nota no le dijo nada nuevo. Ese punto estaba claro desde el principio. Su hija, y su familia, habían sido asesinadas. La cosa era saber de cierto quiénes eran ellos y por qué lo hicieron. Ahora lo sabría. No puede evitar una sonrisa leve, petulante y peligrosa. Pero acaba cuando frente a ella aparece un sujeto alto, realmente alto y fornido, enchaquetado, gorra sobre su cabeza casi hasta las gruesas cejas, rostro cuadrado, ojos oscuros y peligrosos, una sombra de barba casi cubriéndole todo el rostro.

   -¿El señor… Smith? –pregunta ella, confusa.

   -Desmerece su fama, señora Bates, nunca debió venir sola a este lugar; fue meterse en la boca… del lobo. –sonríe torvo mientras lo dice, con marcado acento francocanadiense, mirándola fijamente, abriendo sus largas y enormes manos en gesto amenazante, echando a andar hacia la mujer mayor.- Aunque el resultado habría sido el mismo, habría tenido que ir a buscarla. Es hora de que se reúna con su familia en el Infierno. No se preocupe… su nieto la seguirá esta misma tarde. 

   Kathy, una mujer mayor, sola en ese desierto paraje cubierto de nieve y hielo, retrocede un paso, el atacante ensancha su sonrisa, sabiendo que será una presa fácil, ignorando, al parecer, la mano de la mujer dentro del bolso grande, abierto, de donde sale el puño cerrando alrededor de una cadena brillante, que destella no al sol de ese día gris, pero sí de la luz, de unos noventa centímetros de largo. La mujer alza el brazo, el puño y la cadena, las cual se dobla un tanto en su punta al describir un brusco ángulo de descenso cuando repele el ataque del hombre, alcanzándole de lleno sobre el pómulo izquierdo. El sonido es feo, como una feroz cachetada que rompe algo.

   El hombre grita, paralizado de pronto por el dolor más terrible e intenso que haya sentido jamás. Todavía da otro paso al frente, tambaleante, por el impulso que llevaba, cuando mira como la mujer alza bruscamente su puño, de nuevo alzando la cadena, cuya punta, no tan brillante ya por la roja sangre, sube con velocidad siseante, golpeándole de abajo hacia arriba en el bajo mentón derecho. El grito se repite. El hombre siente que sus piernas no responden y cae de rodillas, agarrándose con mano febril de una baranda, llevando la otra al feo corte que cruza su mejilla izquierda desde el pómulo, luego a la abertura abierta bajo su mentón del lado derecho, que duele así como el infierno es caliente; se toca el hueso.

   Un pesado silencio se hace de pronto, con los ojos cuajados de lágrimas de dolor, el corazón bombeándole con fuerza, de sorpresa… pero también de temor, observa a la mujer de pie, altiva, serena, ni siquiera agitada, la cadena colgando inerte, la punta manchando la blanca nieve. ¡Plata!, es la idea que craza la mente del sujeto, pero la plata no…

   -¿Quién eres? –es tajante, él calla y ella alza la cadena.- ¿Quién eres?

   -Maillet… Robert Maillet. –grazna casi contra su voluntad.

   -Creo que tenemos que hablar, señor Maillet. –dice la mujer, su voz cargada de odio.- De mi familia, de esa familia que escribió informándome que fue asesinada; como lo sería yo, hoy mismo. ¿No fue lo que dijo?

   -No, yo… ¿Qué es eso? –duele, duele horrores, es como una herida abierta llena de sal y de la que alguien estuviera tirando con sus manos en diferentes direcciones, queriendo arrancarle la piel del hueso, con todo lo horrible que la idea y la sensación sean.

   -¿No reconoce la plata? –es burlona.

   -Eso… Eso no es plata… No solamente plata. –grazna, con nauseas, sabiendo que sangra copiosamente, pero no puede hacer nada, tocarse le produce un dolor tal que casi pierde el sentido.

   -Es plata consagrada, temblada en la sangre de incontables monstruos. ¿Por qué fue asesinada mi familia?

   -¿Va a golpearme hasta que hable? –intenta la burla, pero se estremece cuando, sin soltar la cadena, ella lleva su otra mano al bolso, no cenecista más para saberlo, esa mujer lo haría sin vacilar.- Si me mata… nunca sabrá.

   -Oh, no se preocupe por mí. Sabré encontrar el rastro. Alguien le reconocerá, e iré por la gente que la trajo, la que le albergó desde su llegada. Cazaré uno a uno, acabando con todos, hasta que encuentre a alguien que me diga lo que quiero saber. –es terrible, porque lo dice entre dientes, ojos llenos de resolución.

   -Nos odia mucho, ¿verdad?, a los monstruos. –la estudia, el corazón acelerado.- Y no lo entiendo. –toma aire e intenta ponerse de pie, pero ella alza el puño, la cadena se agita, brilla y tintinea, por lo que cae otra vez de rodillas sobre la nieve.- Su hija y sus nietos eran abominaciones, y usted lo sabe… -ahora sonríe cruel.- Dime, vieja, ¿cuánto odias a los monstruos en verdad? –ella no responde, solo le mira, comprendiendo al fin.

   -¿Quién dio la orden?

   -No puedo…

   -¿Qué clan ordenó sus muertes? –repite con fuerza, sacando del bolso la otra mano, empuñando un brillante cuchillo, grueso en la base pero dramáticamente afilado en punta, de unos veinte centímetros de largo.- ¿Se encuentran aquí, en Nome?

   Un auto cruza lentamente por la entrada del callejón, el pitazo de una sirena policial se oye y Kathy se medio vuelve. Rápido como son, el sujeto se pone de pie y prácticamente desaparece por el otro lado del callejón. La mujer jadea, enojada. Sabe que es inútil seguirle, para seres así sólo quedaban las trampas, la cacería. El auto se detiene, una camioneta policial. La anciana mira la sangre, guarda sus juguetes en el bolso y con paso rápido va hacia la entrada del callejón. Mira por la ventanilla del auto policial a un hombre todavía cuarentón, de rasgos fuertes, cabello negro y entre cano, indudablemente atractivo.

   -¿Todo bien, señora? –pregunta el hombre.

   -Muy bien… ¿eh…?

   -Welling, comisario Thomas Welling… -mira hacia el callejón.- ¿Seguro que todo está en orden?

   -Así es comisario, eh… se me hace tarde, creo que me perdí. Soy nueva en la ciudad.

   -Lo sé, señora Bates. –la sorprende y pone en alerta; le sonríe.- Soy el comisario, debo saber esas cosas. Está lejos de su casa, suba, yo la llevo…

……

   Los labios de Jared sobre los suyos son suaves, etéreos, parecen no estar, ser simplemente una bocanada de aliento, y sin embargo Jensen siente que todo estalla a su alrededor, aún frente a sus ojos y en su mente, la cual gira violentamente de manera vertiginosa. Tiene que atrapar con sus manos las mejillas del otro, sosteniéndose, estremeciéndose al tacto. Era… imposible decir cuán grato, excitante y correcto era eso, tenerle tomado así, mientras abre los labios y responde, cubriendo ahora la boca de Jared, en cuya entrada titila su lengua. Le oye gemir, le siente erizarse y estremecerse, percibe cuando también él responde con pasión. Ahora Jared le besa con tanta intensidad como él mismo, y es mágico. Era su primer gran beso de deseo, el primero en toda su vida, esa mañana había salido de su casa sin saber que algo tan grande y maravilloso le ocurriría y la idea casi le hace lanzar un sollozo de dicha.

   Todo pierde sentido, siente que suben y bajan, la camioneta parece salir disparada por los aires, girando, cayendo a veces, flotando otras, ingrávida. Pero aunque lo nota de manera tangencial, Jensen no puede asimilarlo o dedicarle un gramo de su cerebro, se estaba licuando, ardientemente, contra Jared. Sus lenguas atadas parecen fundirse, moviéndose de manera unánime, una sobre la otra, y cada toque, aliento y succionada es enloquecedora. Sus manos parecen amasar el rostro de Jared; acariciarle, recorrerle, era como hacerlo a sí mismo y nunca imagino que tocar a otra persona pudiera ser tan intenso, total, tan grato…

   Ahora luchan, las manos de Jared bajan a sus costados, metiéndose dentro del viejo abrigo y Jensen gimotea agudo, sonido que Jared se traga al tener la boca soldada a la suya. Parecen incapaces de separarse, y cuando Jared atrapa con los dientes, su lengua, Jensen, totalmente tenso y caliente, casi cae desfallecido contra la portezuela, imposibilitado de recordar nada más. El aliento de Jared bañándole caliente al salir de su nariz, su lengua que casi le llega a la garganta, sus dientes afilados, sus manos grandes que no se cansan de tocarle, los dedos clavándose en su cintura, todo era increíblemente erótico, tan sólo podía pensar “quiero, quiero más, lo quiero todo”, mientras su miembro, erecto hace rato, palpita dolorosamente contra el pantalón. Los anteojos caen y Jared, jadeando como un poseso, se separa y le mira, mejillas rojas, labios húmedos, ojos perdidos de adoración ante el pecoso y hermoso rostro.

   -Deberías usar lentes de contacto, es un crimen que un rostro como el tuyo… -comenta roto, voz sofocada, elevando una mano y con un dedo recorriendo su mejilla, erizándose y erizándole.

   -Jared… -es el único sonido que puede expresar. Y es verdad.

   El pecoso joven pierde todo contacto con la realidad cuando Jared se echa hacia adelante y oculta el joven y bonito rostro de muchacho, en su cuello, su aliento le quema antes, y gime, pero nada comparado a cuando esos delgados labios caen sobre su piel, que quema al contacto. Cuando besa y lame con la punta de su lengua, el pulso de Jensen se dispara a millón. Grita ronco, ojos cerrados y frente fruncida, cuando Jared atrapa con los dientes su piel, mordiendo suave, para luego cerrar sus labios y besarle ruidosamente, aspirándole en todo momento, como deseando llenarse los pulmones con su olor, para luego succionar. Era un chupetón en toda la regla, y cada vez que Jared lo hacía, Jensen gemía y sentía como su verga respondía en concordancia, pero aún es poco al salto que pega cuando la mano de Jared cae allí, palma abierta, caliente, quemándole a través de las ropas, sobre su miembro, el cual se estremece visiblemente bajo el jeans, como buscando su camino, deseando estar en su mano, sentirse atrapado por el otro muchacho. Jensen tiene que echar la cabeza hacia atrás, ronroneando, estimulado cada palmo de su piel, y Jared, lengua afuera, mirada lasciva, recorre lentamente todo ese cuello expuesto, muy lentamente recreándose en su sabor, agitando de arriba abajo su lengua mientras va recorriéndolo.

   -Jared… -jadea Jensen, bajando la mirada… y congelándose. No lleva sus anteojos, y seguramente era por eso, una falsa impresión, pero los ojos del otro eran en esos momentos diferentes, las pupilas eran inmensas, ocupando casi toda la órbita, y ya no eran de un avellana multicolor, eran amarillentas reluciente. Inquietante.- ¡Basta! –ruge, apartándole con una mano, respiración pesada y agitada; debe luchar porque Jared no quiere hacerlo, pero finalmente retrocede en el asiento.

   -¿Qué ocurre, Jen? –gimotea, casi lloroso, como el niño a quien sin razón le quitan el juguete que más ama en la vida. Y sus ojos continuaban iguales.

   Era aterrador, ¿qué carajo…?, con movimientos febriles, el pecoso se tiende y tantea el piso por sus lentes, colocándoselos, enfocándole. Los ojos de Jared son como siempre, aunque podría jurar que esa amarillenta tonalidad está desapareciendo aún.

   -Debo irme. Mi abuela me espera. –gruñe asustado, tanteando a sus espaldas y abriendo la portezuela, sin dejar de mirar al confundido Jared.

   -Espera, Jen, déjame llevarte, así hablamos y… -intenta agarrarle, pero se congela.

   -¡No! –es el grito firme del otro, que abre y sale casi cayendo de culo.- Yo… tengo que… ¡Adiós! –ruge y echa a correr, asustado de cosas que no entiende cabalmente. No es solamente lo que le pareció ver, que seguramente fue una ilusión de la luz y su miopía; escapaba más bien de ese Jared que podía controlarle y enloquecerle tan fácilmente, haciéndole actuar fuera de sus cabales. Y la idea era tan inquietante… como lo que creyó ver de sus ojos.

   El castaño sale de la camioneta y todavía le llama, afligido y extrañado, pero el rubio no se vuelve ni una vez.

……

   Jensen llega a la casa, entra y sube las escaleras sin detenerse, sin saludar o anunciar que llegó, como le tiene ordenado su abuela hacer cada vez para saber que se trata de él. Siente calor y frío, su piel sigue erizada cuando entra al cuarto de baño, y mirándose al espejo ve sus mejillas rojas y sus labios hinchados, también un enrojecimiento delator bajo su mentón. Tocársela le dispara la adrenalina y la sangre. ¡Jared! Su miembro endurece otra vez, en segundos. Mortificado entra a la ducha, el agua tibia le recorre, cierra los ojos e intenta no pensar, pero enjabonarse le pone mal, todo su cuerpo parece necesitar ser tocado… por las manos de Jared. Nunca se había sentido tan sensible, tan excitablemente pendiente de sí.

   Maldiciendo se echa contra la pared y comienza a masturbarse, intentando no pensar, ocupando la cabeza con viejas y conocidas imágenes pero… El chupetón que el castaño hacía bajo su cuello fue suficiente, era lo que controlaba su mente, y ya no era su cuello, Jared le abría la camisa y su boca joven caía sobre una de sus tetillas, succionando ruidosa y entusiastamente, mientras la mano atrapaba su miembro sobre el jeans, duro y caliente, apretándolo y sobándolo sobre la áspera tela y… Grita al alcanzar un orgasmo de locura, dejándose caer de culo sobre el piso, el agua sobre su cabeza, tragando y tomando aire.

   Dios, ¡estaba tan jodido! Acaba de correrse y… no es feliz. No siente alivio o satisfacción, aunque el clímax había sido explosivo. Jared…

……

   Esa noche cena en silencio con su abuela, la cual parece también alejada después de preguntarle cómo estuvo su día. Cada uno tiene cosas en que pensar, sobre todo él con un suéter cuello alto. Con el tenedor gira y gira la carne guisada sobre el plato; generalmente le gusta pero… se siente inapetente, frustrado y rabioso.

   -Cariño, vas a arrojarlo fuera del plato. –la escucha del otro lado de la mesa.- Quiero que… Me gustaría que no salieras este fin de semana. Parece que estás a punto de pillar algo. Y, Jensen, ten cuidado en la calle. –le previene, preguntándose qué tanto contarle.

    -No soy un niño, abuela.

   -Lo sé, pero a veces pareces ir en la luna cando cruzas la calle. Siempre te he dicho que vigiles… -y sigue, recriminándole y recordándole viejas lecciones pero sin el calor habitual cuando le sermonea, su mente ocupada en algo más. Pero le molesta, todo le molesta desde hace rato.

   Joder, iba a ser un largo fin de semana.

……

   Como a las diez de ese viernes, Jensen, molesto sin saber todavía por qué, va a su cama a pasar lo que será la regla durante el fin de semana, una muy mala noche. Se retiró temprano para escapar al mundo de los sueños, no quería hablar con su abuela, no deseaba que ella notara que algo le pasaba. No quería pensar, recordar o cuestionarse. No quería… nada. Pero el sueño no llegaba. Dio vueltas y más vueltas, rabioso, casi lloroso de frustración. Era desesperante desear dormir y desconectarse, y no poder hacerlo. Únicamente podía pensar en Jared, recordándole con resentimiento, con rabia por dejarse afectar así. Intranquilo por lo que creyó ver. Con lujuria también.

   Era evocarle y sentirse caliente, cosa que también le molestaba y frustraba. Las horas iban pasando con horrible lentitud y temió volverse loco. Fue a mear dos veces. Dos veces más fue por agua (para tener qué mear). Una se sentó en la sala, queriendo ver televisión o leer, pero no podía quedarse quieto. La verdad era que ya estaba angustiándose.

   De regreso en su cuarto, en la cama, es cuando le oye…

   Un no tan lejano aullido, algo largo, desgarrado y dolido. El corazón le da un vuelco en el pecho y se pone de pie, apartando los pesados cortinajes de la ventana, enfocando a duras penas la calle. Le ve, la noche parecía tan gris como el día. Casi al final de la calle, la recortada figura de un animal brioso y hermoso echado en sus cuartos posteriores, cabeza alzada, aullando dolor y soledad. Jensen, estremeciéndose,  está convencido de ello y le pesa en el alma. El lobo, debía ser su amigo, sufría. Igual que él. Por un segundo sus miradas se cruzan, está seguro. El animal deja de aullar lastimeramente y se alza, cabeza vuelta hacia su ventana. Y Jensen lucha contra el irrefrenable deseo de bajar y buscarle, de cobijarle y decirle que todo estaría bien, que no iban a morirse, que de alguna manera sobrevivirían a ese pesar que les embargaba. De hecho da unos pasos hacia la cama para ponerse sus zapatos cando le parece escuchar un ruido fuera. Se asoma, con cuidado, y ve como el lobo emprende la retirada, volviéndose un segundo para mirarle, mientras una silueta aparece en su campo de visión bajo la ventana. Su abuela… empuñando una vieja escopeta.

   Dios, eso era todavía más deprimente.

……

   Para cuando vuelve a la cama, el domingo en la noche, ya sabe que tiene que buscar a Jared Padalecki. Lo necesita y lo odia por producirle esa desazón, esa angustia y depresión. No ha podido alejarle de su mente durante todo este tiempo, casi doliéndole físicamente no verle, pero también temiendo encontrárselo. Han sido días largos, desesperantes, no ha podido hacer nada, aún pensar o comer. Su abuela lo ha notado, que ni siquiera salió de casa, pero pareció más bien aliviada (cuando terminara sus asuntos, hablaría con él). Ha sido terrible el transcurrir de las horas, lentas, eternas; al joven le dolió la cabeza, la espalda, pasó buena parte de ese tiempo muerto echado en su cama pero sin poder dormir, ni siquiera ese consuelo consiguió. Tan sólo podía recordar, por alguna razón que no entendía, todo lo que había perdido en su joven vida, deprimido y molesto. Mirando el techo, embargado por esa profunda sensación de infelicidad e insatisfacción, se pregunta si nunca pasará, si siempre le dolerá ese algo que no entiende, si es que nunca volvería el sueño, el alivio, la felicidad. Cerró los ojos y lágrimas saladas, tan sin razón como todo lo que padecía, le quemaron.

……

   Después de un infernal fin de semana, apenas durmiendo, apenas probando bocado, y variando entre la ira, la depresión y la desolación, Jensen Ackles se alegra de que al fin llegue el lunes de escuela. Ahora buscaría a Jared…

   Deja a su abuela con la palabra en la boca cuando quiso, al fin, saber qué diablos le ocurría. Tomó un café con mano ligeramente temblorosa y casi huyó hacia el colegio, a pesar de la alarma de la buena mujer que temía por su seguridad. Pero él no podía escuchar o esperar. ¡Necesitaba ver a Jared!

   El chico tenía muchas cosas que explicarle. Sabía que estaba mal, que se veía mal, y no porque mucha gente le dedicara miradas curiosas cuando cruzaba los pasillos; es porque sabe que está demacrado, ojeroso y decididamente más delgado que el viernes anterior.

   -Amigo, pareces una mierda. –la voz de Chad le hace pegar un respingo, se vuelve y le encuentra, hablando con Jared, no le ve el rostro porque está de espalda, pero sabe que se trata del castaño. Lo sabe porque su pulso se acelera y la cabeza le duele un poco más. ¡Al fin! Decididamente cruza hacia ellos y se detiene tras el joven alto.

   -¡¿Se puede saber qué diablos me hiciste, hijo de perra?! –reclama, soltando algo de saliva, voz vibrante, alzándola como nunca antes lo había hecho en ninguna escuela y menos frente a otros, pero no puede pensar.

   ¡Odia demasiado a Jared Padalecki!

……

ROBERT MAILLET

   Robert Maillet… Cómo me gustó su participación en Sherlock Holmes. Qué paliza le dio a nuestro héroe. Por cierto, ¿no amaron a ese Sherlock tan celoso, odiando a la mujer que le quitaba a su Watson?

CONTINÚA … 11

Julio César.


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