
Una fruta dulce…
Vas al trabajo y pasas por tu pana que todavía no está listo. Subes a su cuarto y todo se vuelve empujones y risas con tu panita que estaba duchándose. Lo derribas en su cama, él grita que no y se revuelve, pero logras levantarle las piernas llamándolo putica. Todavía es un juego, pero la dulce fruta atrae tu mirada, y tu lengua tiene que probarla, y la pasas, lenta, saboreando. Oyes el grito de ‘no’, pero también el gemido. Y sonríes, ¡ya lo tienes! Y tu lengua va y viene, golosa, metiéndose. Comiéndolo. Con los ojos cerrados lo oyes, dando lengüeteadas, a los lejos, gemir, mecerse un poco, ofreciéndote su papaya, y tu boca come y come. Está tan tierna que se te ocurre una vaina, ¿y si meto un dedo para probarla? Pero ya va, después, ahora tu lengua está disfrutando de lo bueno.
Julio César.
