Archive for the ‘XXX’ Category

LOS VIEJOS HABITOS

octubre 15, 2014

CEBADO

ENTRENADOR Y PUPILO

Quiso ser bueno… Okay, lo era…

   -¿Quién es el putico del entrenador? –casi le pregunta con cariño.

   -Ahhh… yo, señor. –responde ente gemidos.

   El chico se estremece todo, putón, transpirado, su culo halando y apretando que daba gusto. Transferido de escuela por mudanza de trabajo de sus padres, Cheito había decidido comenzar de nuevo, ser serio y comportarse bien. Pero en cuanto conoció al nuevo entrenador del equipo de beisbol, el culo se le puso aguado; pero habría resistido, conformándose con espiarle, robándole los suspensorios y masturbándose, si este, al recibirle, sonriendo y presentándose, dándole la mano, no hubiera dicho que su antiguo entrenador le habló mucho de él. Rojo de cara, Cheito recordó todas las veces que el otro, menos joven y guapo que este, le cogió en los vestuarios, montándole sobre el pipote lleno de ropas sudadas del resto del equipo. Escuchándole, notándole las intensiones al hombre, el muchacho tembló, se le puso dura por delante y aguado por detrás. Y si había algo que le gustaba a su nuevo entrenador eran los chicos de culos hechos sopas que necesitaran de una buena pieza de carne dura, ya los olía en cuanto los conocía.

   Y este hombre era terrible, pensaba Cheito, riendo, babeando de gusto, su culo lleno de güevo y de leche cuando este se le corría bien adentro, porque la cosa no terminaba ahí; el entrenador le prohibía asearse después y todavía rezumando semen debía vestirse y practicar con el resto de los chicos. Cosa peligrosa, como el entrenador bien sabía. Si tres de sus nuevos compañeros, tres brutales gandules, le sabían marica y que anda con el culo lleno de leche, lo reventaban… a fuerza de güevazos. Y eran tres, se decía, tragando saliva entre excitado y asustado (era un chico), preguntándose si quería que pasara.

Julio César.

CITA SORPRESIVA

agosto 20, 2014

CEBADO

UN MACHO Y SU SISSY BOY

  Gato por libre.

   Ricky era un tipo necio, gustaba del gimnasio casi tanto para ejercitarse como para lucir su torso esbelto a las chicas del lugar. Caminar con su shorts licra le producía un inmenso placer, tanto lo adherido de la tela a sus muslos como las miradas femeninas que se comían su trasero redondo y paradito. Sabía que las tenía locas. Y entre las más locas estaba Sissy, una catirita mórbida que le sonreía mordiéndose los labios y saboreándole. Le agradaba, pero era muy regalada. Ninguna de esas putas le gustaba en verdad, pero tenía que sonreírles, mirarlas. No era cosa de desairarlas, pero nadie le gustaba tanto como él mismo. Al comentario de los amigos de que lleva tiempo sin acción, cae en cuenta que era cierto… y que podían hablar de él. Por ello, para no molestarse buscando mucho, invitó a Sissy a comerse unos perros calientes en Plaza Venezuela e ir a un autocinema (todo un príncipe), donde molestó bastante con su vieja camioneta. No desentonaba ella, allí, con la blusa corta y la falda más corta que usaba, así como con sus botas negras altas. Eso resolvía el problema, aunque tuvo que aguantarla…

   Sissy le tocaba, lo acariciaba, le recorría muslos y entrepiernas con deleite; le besaba y mordía el mentón, restregándole las tetas del brazo, diciéndole en todo momento lo lindo y caliente que era, cosa que le gustaba porque le halagaba. Le sobó una teta, le dio un beso, y aunque la lengua de la joven se movía sucio y rico, no le excitaba. Nada, hasta que esta le gimió bajito al oído, tomándole una mano y llevándola dentro de su corta falda…

   -Hola, cariño, me llano Saúl… -le ronroneó con voz ronca, masculina, mordiéndole la oreja, y la dura y larga pieza bajo una suave tela elástica tipo tanga que encontró, le enloqueció.

   Ricky, jadeando, sorprendido, le miró con ojos muy abiertos, antes de arrojársele encima y meterla la lengua hasta la garganta, atándose ambas, tragándose saliva y gemidos, mientras con su fuerte mano, metida dentro de la tanga, le sobaba el güevo grande con unas ganas que aún él mismo desconocía.

   Ahora, en su casa, no puede dejar de tocarla y besarla, siempre volviendo a ese güevo caliente que ya mojaba de ganas entre sus palmas, estremeciéndose cuando ella, mórbida, le dijo:

   -Ya quiero saborear tu culo apretado con mi lengua, bebé. ¿Me preñas tú o te preño yo? Creo que te gustaría sentir esta pieza bien metida, ¿verdad?

LOS VIEJOS HABITOS

Julio César.

TRATO

octubre 13, 2013

CEBADO

VAYA PAREJITA!

   No sabe si es por pasión o por ratón…

   Gime y se estremece, totalmente caliente y mojado cuando Vicente se la clava hondo, nalgueándole duro y gritándole en todo momento “eso es, puta, apriétame el güevo como sólo tú sabes, como el ordeña verga que eres”, acompañado de fuerte embestidas con su enrome pieza, cepillándole una y otra vez la pepa del culo, insultándole. “Te gusta, sé que te gusta, cabrón. La verga dura y gruesa de tu hermano es la que te da nota, ¿verdad, sucio degenerado? ¿Te pone cachondo saber que tu hermano te está trabajando ese punto caliente que tienes en tu coño de puta?”, le grita y hala el cabello haciéndole gemir en la gloria. “Eres el coño caliente de tu hermanito ahora, puta, y vas a correrte como nunca en tu vida cuando te lo deje lleno con mis espermatozoides. Toda perra quiere eso, que sus hermanos le tomen a toda hora y le llenen el coño de esperma caliente”, le grita, empuja y se corren a un tiempo. Más tarde, mientras se visten y despiden, con una sonrisa Vicente le palmea un hombro.

   -Okay, cuñado, salúdame a mi hermana. –y va saliendo.

   -¿Nos vemos mañana? –odia porque sabe que suplica.

   -Sólo si usas la pantaleta que te regalé y juras que ahora si gritaras que quieres que tu “hermano” te preñe para que te escuchen en los cuartos vecinos, para que todos sepan que eres una puta desatada. –sonríe casi amenazándole, guiándole un ojo, sabiendo que lo hará porque lo tiene comiendo de su mano… y de su verga.

CITA SORPRESIVA

Julio César.

NOTA: No recuerdo si en las otras entradas XXX fui tan explicito, pero ya lo hice.

HOMBRES CONTANDOSE FANTASIAS

abril 22, 2013

CEBADO

DESEANDO COMER

   Le mira preocupado, todavía saboreándolo…

   -Soldado, yo… no sé qué me pasó que se la chupé, pero quiero que sepa que no soy ningún marica. Sigo siendo el mismo, su oficial superior, todo un hombre, casado y con hijos, y espero que su amigo.

   -No digas maricadas, Teniente. ¿Qué superior ni que “todo un hombre” si estabas delirando y gimiendo mientras me la atrapabas toda con la boca? ¿Un amigo? No tengo amigos como tú, eres tan sólo un mamagüevo. Vamos, sigue, puta. -y halándole por la nuca le clava la tranca en la boca, sintiéndola recorrida por la lengua caliente, viéndole bizquear de gusto, oyéndole gemir de lujuria.- Esto es lo que te gusta, ¿verdad, perra? Eso, si, cómetela así, succiónala bien, ordéñala y te daré mi leche caliente… -le gruñe autoritario.

   El teniente quiere resistirse pero la ruda mano de su subordinado le retiene de una manera firme que le controla, por no hablar del duro tolete que le golpea la cara mojándosela, o de lo bien que sabe sobre su lengua cuando tiembla y suelta sus jugos. Nunca creyó que… Se habían sentado a tomar unas copas al salir de la base, hablaron de béisbol, mujeres y sexo; riendo intercambiaron picantes historias de sus vidas y de las fantasías que tenían para con sus nenas, muy cerca ambos, él con labios rojos húmedos y ojos empañados por el trago. Fue cuando el soldado dijo:

   -¿Sabe qué me gustaría hacer en este momento, Teniente, y de pensarlo ya lo tengo duro y mojándome el muslo? -casi le rió en la cara.- Llevarle al sanitario, ponerle de rodillas y llenarle la boca con mi güevo caliente y tieso… -soltó a boca de jarro.- Quiero verle tragarlo con ganas, gimiendo por cada pedazo, chupando cada lado, succionando todos mis jugos; verle la cara roja y los ojos idos mientras piensa que no hay nada mejor en este mundo que comérmela. Me gustaría tenerle desnudo, chupándomela mientras le meto dos dedos por el culo y me los aprieta con su entrada que los hala. Y que cuando se los meta me la trague más. Me correría en su boca y usted casi llegaría también de puro placer tragándose toda mi leche caliente… -se le acercó más.- ¿Sabe, Teniente?, creo que le gustaría saborearla y tragarla. Creo que si lo intento le convertiría en adicto a la esperma. Pero, y después de que me agradezca por tomarse mi corrida, llorando un poco de felicidad y gratitud, quiero llenar luego su culo mientras me grita “así, señor, déme duro, señor, métamela toda, señor”, y su culo también terminaría amando los güevos y sus jugos… -le mira a los ojos, labios casi tocándose.- Esa es mi fantasía, Teniente, verle entregado, sumiso y saciado por mi verga, y usted todo realizado como la puta caliente que sospecho que es.

   El teniente no supo qué responder, el corazón latiéndole como la verga, y así terminó allí, esperando la primera lechada…

TRATO

Julio César.

DESAHOGO Y APTITUD

agosto 8, 2012

CEBADO

   Había algo liberador en esto.

   Desde hace tres semanas Requena tiene que dejar pasar la hora del almuerzo en el banco para venir a ese sanitario a buscar un escape. Hace tres semanas debieron nombrarle Gerente y pusieron a otro en su lugar. Ese día se encerró allí y lloró de rabia jurando renunciar a su cargo, fue cuando ese güevo grueso, largo, duro, rojo y caliente como el infierno apareció por ese orificio en la pared. Se llevó una sorpresa de muerte, nunca antes le había pasado algo semejante. “Chupa”. Oyó la orden  bajita y ronca, autoritaria, mientras el güevo se estremecía. Y lo hizo cuando ese sujeto le exigió una y otra vez que comenzara, lo hizo para que se callara, pero al tenerla en la boca, sobre la lengua, enloqueció.

   Desde entonces, todas las tarde cuando se estresa y grita, escapa allí y se la come, chupándola de arriba abajo, gozando calorones, estremecimientos y palpitaciones. Mama y gime gozando como nunca, no entendiendo hasta ese momento cuánto necesitaba de eso, mamarse un güevo. Chuparla con avidez hasta que esta le llenaba la boca con deliciosa esperma. Pero algo cambió. Hace tres días la voz no le dejó terminarla y dijo “culo”. Dudó pero obedeció, y gritó y se estremeció cuando la ordeñó, llevando y trayendo su agujero sobre ese tolete. Ahora no sabe qué es mejor, saborear la leche sobre su lengua, o sentirla nadando en sus entrañas.

   “¿Te gusta?”, pregunta bajito la voz mientras esa verga va y viene con fuerza. Y él gime, se estremece, casi derriba la división con los golpes de su culo gritando que si, que se le clave toda, que se la meta hondo, porque si, goza ser cogido por aquel desconocido, algo que lo hacía todavía más excitante.

   El problema se había acabado, Requena, uno de los buenos analistas seguía en su puesto. Era bueno cuando se estresaba, aunque existía el peligro que se fuera, pero ahora, mamando güevo y siendo cogido se desahogaba y volvía a su oficina a seguir con la rutina. El hombre sonríe, en cuanto lo vio lo supo, estaba falto de güevo. Por eso se lo dio, para calmarle y tenerle tranquilo hasta que se estresara al otro día y trabajara mejor que nunca y debiera saciarle otra vez. Lo haría las veces que hiciera falta para tenerle productivo. Era lo que debía hacer un buen Gerente…

HOMBRES CONTANDOSE FANTASIAS

Julio César.

OSITO POCO CARIÑOSITO

mayo 14, 2012

 CEBADO

   Ay, esos vestuarios de los quirófanos médicos…

   -Ahhh… -grita, tensándose, arqueando la espalda y blanqueando los ojos cuando el duro tolete lo penetra, abriéndole y rozándole todo, dándole duro con su cabezota caliente sobre la próstata.

   -Sucio marica… -gruñe el tío entre dientes, con desprecio, nalgueándolo una y otra vez mientras lo cabalga con fuerza.- ¡Voy a quitarte lo marica a fuerza de güevo! –le grita, empujándosela toda y todavía meneándola.

   Era una locura, se dice Rubén, aferrándose al mesón para no salir disparado por la fuerza de las embestidas que lo tenían en la gloria, ¿cómo pensaba curarle el doctor Jiménez de su aparente mariconeidad dándole semejante cogida que le hacía desear más? Con razón al médico se le quedaba tanta gente en el quirófano, no parecía tener buen criterio; pero apretando los dientes, sonrisa torva de vicioso que goza una bola y parte de la otra, la calva brillante de sudor, se dice que mientras le inyecte la dura, gruesa, palpitante y venosa medicina bien puede continuar experimentando.

   Aunque el doctor Jiménez era un exagerado. Tampoco es que fuera un marica, o por lo menos no lo era hasta la llegada del tío, es que simplemente tuvo curiosidad. Vamos a estar claro, está ahí cambiándose para meterse en el mono de pabellón y llega ese sujeto masculino, velludo, rudo, grandote, despojándose de las ropas y quedándose con una tanguita atigrada, mínima, rodeada de pelos… ¿acaso no debía mirar algo sorprendido? Y bastante que le sorprendió cuando el otro comenzó a llamarle sucio marica, dándole leves bofetadas diciendo que él sí sabía tratar a tipos como él, obligándole a caer de rodillas y mamar, luego llenándole el culo, todo tan rápido que no tuvo tiempo ni de reaccionar. Ahora lo hacía echado el culo hacia atrás y gritando como puta por más, y cuando esa tranca estalla en leche caliente, bastante, él también se corre y sin tocarse.

   Jadeando, Rubén baja la mirada con vergüenza, ¡ese carajo se lo había pegado!, y él no era de esos, en serio. Su mujer estaba bien atendida en la cama. Pero ahora… casi grita cuando el sujeto le atrapa la barbilla obligándole a mirarlo.

   -Mañana te doy otra dosis, doble; trae puestas unas pantaleticas de tu mujer. Voy a curarte lo marica, ya veras. Un mes o dos y estarás listo.

   Sorprendido, Rubén abre la boca para replicar, pero su culo palpitando de emoción, goteando leche, ya era suficiente respuesta.

DESAHOGO Y APTITUD

Julio César.

POR EL BIEN DE LA FAMILIA

marzo 14, 2012

 CEBADO

   El muchacho subía y bajaba sin agotarse…

   -¡Ahhh! ¡Ahhh, suegro…! –grita cuando su culo baja, tragándose toda la gruesa y larga verga del fornido macho, tiesa como una tabla e igual de dura.

   -¡Vamos, muchacho, vamos! –estimula el hombre a que salte y apriete con más fuerza, mientras lo encula también.- Vamos, que lo necesitas; mira que es lo que tanto querías. Ven por él, muchacho. Tómalo enterito para ti.

   Cuando Sebastián se casó con su hija, a Gregorio no le hizo mucha gracia porque eran muy jóvenes. Pero el muchacho había resultado respetuoso, trabajador, atento con su hija y la atendía bien, a juzgar por la cara de felicidad de la muchacha. El muchacho era perfecto… excepto por…

   Muchas mañanas, al entrar sin camisa a la cocina, Gregorio notaba que al yerno se le iban los ojos sobre sus pectorales, sus brazos, que le costaba separar la mirada de sus muslos o trasero. Lo que no habría sido problema si no fuera porque ahora, cuando tomaba un poco más de la cuenta, entre sonrisas tontas miraba a cualquier tipo. Gregorio entendió que tan sólo sería cuestión de tiempo para que el muchacho metiera la pata… o le metieran un duro güevo por el culo. Por descuidarse. Y él no iba a permitirlo. Por su hija y su familia.

   Por ello, el sábado pasado, estando los dos en casa y las mujeres fuera, le propuso tomar algo a la orilla de la piscina. A Sebastián casi se le cayó la barbilla cuando salió de la casa con una de sus viejas tangas de los noventa, más ajustada y pequeña ahora que era más musculoso y velludo. Le dio de beber y hablaron, y en todo momento los ojos del muchacho se iban sobre la tanga, algo de lo que nadie podría culparle. Le propuso nadar y se arrojaron al agua, cuando lo abrazó y apretó, obligándolo a abrirse de piernas y rodearle la cintura, no le costó nada y supo que lo tenía bien cogido. Y vaya que lo cogió en la piscina, dentro del agua, mordiéndole el culo y las tetillas mientras lo guiaba arriba y abajo sobre su güevo erecto y caliente. Lo oyó gemir y gritar como nunca cuando le bañó el culo de leche, haciendo que se corriera también.

   La cosa quedó así, el muchacho algo cortado con él, evitándolo, portándose bien, pero la tarde anterior le pilló mirando con ojos lánguidos a uno de los carajos de la cuadra, en shorts, trotando y sudando. Y el suegro supo que debía aplicarle otra inyección. Por eso le atrapó en la cama que compartía con su hija, despertándole rozándole la cara con el güevo babeante, mojándoselo, obligándolo a mamar la primera tanda le leche. Y vaya que mamó, su boca parecía desesperada subiendo y bajando, y el bonito rostro de Sebastián, bañado en leche, excitaba a cualquiera. Ahora le inyecta otra dosis, duro, oyéndolo gemir y sintiéndolo estremecerse de puro gusto cuando el güevo le golpea una y otra vez la próstata. Otra buena rociada de semen le dejaría saciado unos días. Por un tiempo se portaría bien, y eso era lo que buscaba. Por su hija.

   -Tómala, bebé. –le gruñe clavándosela hondo, y Sebastián gime de puro gusto.

   -¡Si! Dámela toda, suegrito… -le lloriquea.

OSITO POCO CARIÑOSITO

Julio César.

TV REAL

diciembre 4, 2011

 CEBADO

   En un futuro esperemos que no muy lejano…

   -¡Oh, Dios! –grita babeando cuando baja con un golpe, metiéndosela toda por ese culo. El otro ríe ronco.

   -No sea sacrílego, pana. Soy bueno, pero no es para tanto… -aclara mientras empuja más su güevo dentro del delicioso agujero.

   Bien, nada de ser perseguido por asesinos en un laberinto, o trepar por unos dólares por una cuerda engrasada mientras abajo esperan perros asesinos; la nueva sensación de la televisan real es “sube por la escalera o sufre un orgasmo”. Pero no lo juega cualquiera. En un mundo paupérrimo y arruinado, los productores recorren fábricas, aserraderos y construcciones buscando los heterosexuales más machos de este mundo, reconocidos machistas y seductores, y les ofrecen un realero a dos de ellos, generalmente conocidos entre sí, para que enfrenten el desafío. Pero la idea de güevos y culos, en hombres así, no es fácil venderla, a menos que la bolsa sea de cinco millones de dólares para el ganador. Ah, porque sólo uno gana.

   La prueba es simple, uno se echa de espaldas, con ese güevo tieso como pata de perro envenenado (si no logra parárselo, pierde), y el otro se le sube encima, enculándose a fondo después de un enema sensibilizador (si no lo hace, o duda mucho, pierde), y comienza el juego. Si el enculado sube por esa escalera medio engrasada, gana los cinco millones. Pero no es fácil, está bien engrasada y el enculado sube y cae una y otra vez, siéndole golpeada la próstata y estimulada cada terminación nerviosa del recto. Y si no escapa pronto, la mayoría termina perdiendo el interés hasta en los dólares y sólo desea continuar siendo cogido. No era raro que dejaran de intentar escapar y simplemente se apoyaran en los peldaños para facilitar el subir y bajar el culo de manera desesperada.

   Pero el otro no la tiene fácil tampoco. Debe aguantar al menos treinta minutos sin correrse en ese culo caliente, sedoso y apretado que se chupaba el güevo de manera violenta; el culo hambriento de ese macho que generalmente es un amigo o socio (idea que excita a cualquiera). Claro que el sube y baja lo pone mal y termina perdiendo el interés en el juego, empujando su güevo en lo más hondo para que se lo amasen más, totalmente caliente y desesperado por correrse a chorros.

   Era un diabólico juego donde nadie gana, los cincos millones siempre se quedan ahí y esos carajos se desprestigiaban frente a sus familias y conocidos de gratis (de ganar, los reales les habrían salvado, ¿pero así?). Tan sólo la pasaban bien los espectadores (generalmente chicos de colegio y mujeres que disfrutaban el sexo gay), y ellos a cierto nivel, esos dos carajos que descubren todo un mundo nuevo donde meterse. O que se la metan.

POR EL BIEN DE LA FAMILIA

Julio César.

ESCAPE A DOS VIAS

julio 20, 2011

 CEBADO

   Era tan tragón…

   -Huhhh… Huhhh… Aggg… -era todo lo que salía, ronco y ahogado, de los labios de Vicente mientras su boca y su culo van y vienen sobre esos gruesos toletes que lo llenan de sabor. Chupa y mama casi con tanta fuerza como su culo choca de la división del sanitario para clavarse más de ese güevo en las entrañas.

   Desde hace tiempo el joven dejaba el taller mecánico donde trabajaba después de un rápido almuerzo, para darse una escapadita loca a los sanitarios del centro comercial cercano, donde siempre alguien metía una buen güevo por alguno de los agujeros de gloria en las paredes metálicas, y a eso le sabían cuando los tragaba ronroneando con ojos cerrados, a pura gloria, con fuerza, comiéndoselos todos sin descansar hasta que le dejaban la boca llena de leche caliente. Pronto estuvo dando también el culo, gritando agónico, pidiendo que se la clavaran bien duro, mientras las duras vergas se abrían camino en su cerrado anillito. A veces tenía que agarrarse de la división, ojos extraviados y babeando de gusto cuando un güevo particularmente grueso, o largo o duro, le daba con fuerza en la pepa, haciéndole temblar las rodillas.

   No transcurrió mucho tiempo antes que pasara de ir una o dos veces en una quincena, a una por semana. Ahora iba casi todos los días y pronto fue bien conocido. Desde que entraba con su sucio jeans, la camiseta llena de grasa y la mirada ávida buscando bojotes dentro de las ropas, los carajos del centro comercial, vigilantes, ejecutivos, meseros y oficinistas, se acaloraban todo y buscaban como llegarse a ese baño, meter sus güevos por esos agujeros y encontrarse en la gloria, dándole duro por ese culo o siendo saboreado por esa lengua y esa boca ávida. Ya que a Vicente no le basta con uno. Ahora necesita de una buena verga en su boca y otra en su culo.

   Y lo necesitaba tanto. Fingirse un macho frente a su mujer y coquetear, porque esperaban que lo hiciera, con la tetona secretaria del taller, mientras veía a los muy viriles compañeros de trabajo cuando desvestían, lo ponía mal. Tanto que sólo güevos calientes y duros le daban algo de paz. Pero era tan agotador mantener las apariencias frente a los panas del taller, se dice mientras se traga esa verga hasta los pelos y de la otra casi siente las bolas golpearle, feliz como puta ebria en fiesta de marineros. Si, está tan cansado que no se ha dado cuenta de algo, desde hace días, esos hombres que metían sus güevos duros y babeantes, temblorosos esperando atenciones, huelen como él, a grasa de taller mecánico…

TV REAL

Julio César.

CEBADO

mayo 28, 2011

EL REGALO

   Esa lengua en su culo fue su perdición…

   -Ahhh… ahhh… ¡Ohhh, Dios….! Hummmm… -era todo lo que Tomás podía gemir, temblando violentamente, mientras el mariquito de Mariano le pasaba la lengua por el culo, abriéndoselo y clavándosela, cogiéndolo con ella.- Cómete mi culo, mariconcito de mierda… -chillaba alzándolo, meneando el culo que daba gusto.

   Mariano obedece, sonriendo cruel. Lo hace porque le encanta saborear los culos de esos machos heterosexuales y viriles. Y le encanta ver como se calientan y consumen por las ganas de más que su lengua despertaba en ellos. Como el mariquito del taller, así le decían todos, había pasado algo de trabajo, mucho de ello por culpa de Tomás. Sus broma sexistas eran terribles. Hasta que una tarde, que le vio armado y caliente, se ofreció a mamarle el güevo.

   Y Tomás aceptó. La cosa no le llamaba la atención, pero una boca comiéndote el güevo nunca se despreciaba. Bastaba cerrar los ojos. Pero Mariano le mamó tan rico que repitieron la dosis. Más tarde se metió sus bolas en la boca. Luego le comió el culo por primera vez. Y esa lengua le hizo gritar, despertándosele una urgencia nueva. A la lengua siguieron los dedos. Finalmente, Tomás, ese hombrezote masculino, probó la dicha de tener su culo lleno con la herramienta palpitante y caliente de un hombre de verdad. Y para su desgracia, para horror de ese hombre grande, cuando está a solas en su casa fue que entendió cuánto le gustaba que…

   -Oh Dios… -gemía agónico Tomás, atrapándole la nuca y frotándole el rostro contra su culo, quería esa lengua más adentro. El culo le ardía…

   -Calma, papá… Siempre tan caliente… -gemía Mariano, sonriente, las mejillas llenas de saliva, el peludo culo temblando. Cuando el primer dedo entró, Tomás gritó, arqueándose. Ese dedo entró rápido y le frotó una vaina por dentro que le hizo ver estrellas.

   -Ahhh… -gritó rojo de cara y bañado de sudor. Y casi se desmaya, como siempre, cuando Mariano le coge con dos dedos.

   -¿Te gustan mis dedos en tu culo?

   -¡Si, si me gustan! –grita, volviéndose a mirarle, grande y viril, masculino, temblando de gusto por esos dedos en tu culo.- Cógeme con ellos, por favor…

   -Lo deseas mucho, ¿verdad? Sentir tu culo abierto y lleno. –sonríe metiéndole, con esfuerzo, tres dedos y agitándolos en sus entrañas haciéndole gritar.

   -Oh si… -gimió.

   Y gritó echando la cabeza hacia atrás cuando el muchacho subió al mesón, enfilo su güevote y lo enculó. Era grande, grueso, palpitante y caliente… y totalmente increíble. Tomás casi parecía en trance, gritando, temblando, meneando el culo ahora contra esa barra que le cogía y llenaba.

   -Cógeme duro, métemela toda, lléname el culo con tu leche…

   -¡Verga! –se oye una voz.

   -¡Era verdad! –chilla otra.

   -¡Mira cómo le gusta! -agrega una tercera.

   Tomás grita asustado, reparando en varios compañeros de trabajo que les miran desde la entrada, cada uno sonriendo burlón, sobándose los toletes bajo sus ropas.

   -Lo siento, papá… -aclara con una sonrisa Mariano.- …Pero tienes un culo demasiado hambriento. Para saciarlo hace falta ayuda.

   Así comenzó en gang bang, todos contra Tomás. Y Tomás alcanzó la gloria en medio de toda aquellas vergas duras que se le metieron.

ESCAPE A DOS VIAS

Julio César.


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