ADICTO A LA LECHE FRESCA… 7

junio 7, 2014

ADICTO A LA LECHE FRESCA                         … 6

   La presente es otra historia “maldita”, aunque no tanto. Un chico descubre, porque le llevan a eso, que le gusta mucho el sabor del semen. La historia NO ES MÍA, que no se moleste el autor si llega a saber que la estoy reproduciendo aquí.

……

Swallows milk

by Lexicode

LA LECHE EN LA CARA

   Chorrear… quemar levemente… todo era…

……

   -Entré al baño y… -el hombre guardó silencio un momento, cepillando con sus dedos el cabello que se había revuelto durante el sesenta y nueve.- …No sé bien qué me pasó… -enrojeció al decirlo, pero Alex Lowell no era tan joven como para no entender que quería contarlo. Su entrenador se moría por decírselo.

   Cuenta que el baño era aséptico, de colores oscuros, algo caluroso y lleno del vapor de la ducha recién utilizada, y que guindando del gancho de porcelana donde por lo general colgaba la toalla encontró un bóxer corto, gris, de muchacho. Del hijo de Milo. Que no sabe qué le pasó, que él no hacía esas cosas, pero que mientras meaba veía la prenda, la cual parecía algo húmeda… y fuertemente olorosa. Que la verga en su palma iba creciéndole y finalmente la guardó dentro de su pantalón, alargando la mano y atrapando la prenda del chico, temblando de frío y calor, de vergüenza e incertidumbre. Estaba efectivamente húmeda, también caliente, como si acabaran de quitársela.

   -Te lo juro, Lowell, no sé que se apoderó de mí… -le insistió, contándole…

   Pero miró y miró esa prenda, sus dedos abriéndose y cerrándose sobre ella, antes de alzarla y llevarla hasta su rostro, donde la acercó a su nariz. La olfateó, un poco, el aroma era fuerte, almizclado, a joven y brioso, a bolas y sudor, a orina… y algo de líquidos pre eyaculares. El olor le llegó con fuerza, sorpresivo y maravilloso, y enterrando el rostro en ella, cerrando los ojos, aspiró de manera muy ruidosa. Y así se llenó las fosas nasales con esos aromas de muchacho por primera vez. Casi le temblaron las piernas, todo dio vueltas a su alrededor mientras olfateaba una y otra vez, ávidamente, deseando tomarlo todo, la mente en blanco, elevado a una cima de lujuria. Preguntándose cómo podía apestar tan bien, tan estimulante y embriagante, tomó otra profunda inspiración. Oh, Dios, era tan intoxicarte, reconoció aspirando una y otra vez. Sin fuerzas dio media vuelta, recostándose, un poco sentado, sobre el lavamanos, la cara enterrada en el bóxer del hijo del señor Milo, totalmente atrapado en su increíble descubrimiento, en su lujuria nueva, una que le llevó a abrir la boca, reprendiéndose él mismo por hacerlo, pero incapaz de contenerse, medio tocándolo con su lengua, temblando más de deseos, por lo sucio de aquello, por lo malo, por lo prohibido que era para un heterosexual como él.

   -¿Por qué coño tardas tanto? –llamaron a la puerta, un toque y esta se abrió, apareciendo el señor Milo, descubriéndole en el acto. Y el entrenador temió morirse bajo su sorprendida mirada.- ¿Estás oliendo el calzoncillo de mi hijo, pedazo de mierda? –fue el requerimiento duro.

   -Yo… yo… -graznó, incapaz de explicarse, ¿qué iba a decir si le sorprendió casi tragándose el bóxer de su muchacho? Dios, su vida iba a terminar, fue lo que pensó.

   -Eres tan puto, Lewis. Seguro que vives oliéndoles los suspensorios a todos tus muchachos después de las prácticas y juegos. Ya lo imagino, todos esos suspensorios húmedos y olorosos a bolas de chicos, llenando el aire y tú con la boca hecha agua. –le reprendió mirándole severo, cruzando los brazos sobre su poderoso torso.- ¿Te los llevas como trofeos? Seguro que los hueles en tu cama mientras, ¿qué?, ¿te metes dos dedos por el culo?

   -No, Milo, yo… -tembló, mitad espanto, mitad dominado por una fiebre extraña; nunca había considerado el tomar y menos el oler el suspensorio de uno de sus chicos, aunque estos los dejaban todos regados por allí, mezclados en montones húmedo y apestoso…

   -¿Por qué no hueles este, becerro? Este bóxer tiene justo el olor que creo que te gusta. –le retó el señor Milo, mirándole fijamente a los ojos, controlándole, manipulando y abriéndose el botón y el cierre del pantalón, su enorme tranca empujando fuera la negra tela de un suave bóxer.

   La mano de Alex baja, tiene que hacerlo, hacia su miembro, y se frota recordando lo contado por el entrenador. Cómo cayó de rodillas, sin él mismo estar muy seguro de qué hacía o por qué, tan sólo erizado, el corazón latiéndole loco, la vista fija en ese bóxer que escapaba del pantalón. Que la mano grande del señor Milo le atrapó por la nuca obligándole a pegar el rostro de esa masa consistente. Que el olor era fuerte, mareante, intoxicarte, no a orina, sino a bolas, a sudor. A macho. Y que sin pensarlo comenzó a frotar su cara, sin que el otro le obligara, sorprendiéndose de lo pecaminosamente excitante que era sentirla crecer bajo la tela, llenare de calor y ganas contra sus mejillas, nariz, labios y barbilla. Siempre olfateándola. Estaba ya impresionantemente gruesa  cuando bajó el bóxer, saltando como un resorte.

   Por un segundo, todavía, dudó, de rodillas frente a ese alto y fornido sujeto que hasta ese momento era su igual, un colega, otro profesor; pero la verga amoratada y gruesa allí, agitándose levemente de arriba abajo, la sardónica sonrisa en los delgados labios del señor Milo, todo le llamaba.

   -¿La quieres o no? Puede ser tú única oportunidad en la vida de probar una como esta; si sales de aquí sin hacerlo, te dará miedo intentarlo de nuevo y te esconderás, consumiéndote.

   Sonaba a desafío, a idiotez, pero algo en la imagen, el tiempo pasando y él preguntándose cómo se ceñiría…

   Alex muerde la almohada para contener un jadeo de lujuria, masturbándose en la incómoda y extraña posición semi fetal, recordando al entrenador diciéndole que lo mandó todo al diablo y cerró su puño alrededor de la poderosa pieza masculina que se tensó y palpitó contra su palma, de gusto, como la verga de todo sujeto a quien otro se la agarra. La masturbó de arriba abajo, fascinado por la manera en que se calentaba, lo roja que se ponía, de cómo el ojete se abría y cerraba, brillándole algo ahí, ese líquido claro y espeso… Pero, sobre tolo, fascinado por lo bien que se sentía contra su mano. Tenerla allí, la tranca de otro sujeto, era increíblemente gratificante. Cerrando la distancia, sabiendo que no dejaría pasar esa oportunidad de sábado en la tarde que se le presentaba, acercó los labios y los cerró sobre la caliente y lisa cabeza, estremeciéndose de lujuria los dos, aunque con algo de repulsa también, por lo menos de su parte. Cosa que le duró tres segundos. Sus labios recorrieron el glande, untándoselos con esos líquidos que probó al retirarse un poco y pasar la lengua por ellos. Era salino, y lo tragó. Eso produjo un vacío y mucho calor en su estómago, y su lengua ávidamente fue hacia el ojete, recogiendo esas gotas que la llenaron con su sabor, estimulando cada papila gustativa. Y mientras lo hacía, recoger ese jugo y mezclarlo con saliva sobre su lengua, elevó la mirada quedando atrapado en la del señor Milo.

   -Chúpala, cabrón, cubre cada pedazo. Trágatela toda. Es lo que quieres…

   Al joven en su cama, cerrando los ojos y respirando agitadamente mientras se masturba, no le cuesta nada entender la reacción de su entrenador ante aquella visión y la orden. ¿Quién habría podido resistirse? ¿Quién no habría abierto su boca y tragado aquel maravilloso pedazo de carne dura de macho? Él no pudo. Y sabe que su entrenador tampoco, porque este le contó, como ahogando un gruñido, abrió mucho la boca y cubrió con esfuerzo de principiante ese glande, cerrando los labios sobre él, quemándose ambos, succionando la cabecita ruidosamente, chupando de esos jugos. Para el joven, mejillas caliente, la imagen que se hace, su entrenador rudo y masculino, con bigote, labios gruesos, cubriendo poco a poco esa nervuda y gruesa barra de carne, le hace temblar; como tembló su entrenador mientras lo hacía, cubriéndola, pegándole las mejillas y la lengua, succionando como si en ello le fuera la vida, tragando una y otra vez los lagos de saliva que se formaban en su boca, mezcladas con esos jugos de hombre que saboreaba por primera vez en su vida de adulto. Unos que le parecieron sencillamente deliciosos.

   Alex gira y se masturba abiertamente, su mano va y viene sobre el joven y tieso falo; puede imaginar al hombre yendo y viniendo sobre la tranca con su ansiosa boca masculina, entre las piernas del señor Milo, tragándola hasta las bolas que se agitaban, sorbiéndola deseando cada gota de néctar, chupándola cuando se retiraba, la brillante y ensalivada pieza saliendo, mientras gemía y gruñía, tal vez preguntándose cómo no había probado aquello antes. Recuerda que el hombre le contó que el señor Milo le decía cosas horribles, que era un tragón, que no era un hombre sino un chupa vergas, un mamagüevo reprimido que había vivido engañándose toda la vida, que con razón su mujer se veía poco contenta siempre, ¿cómo estarlo si se había casado con un faltón? Le llamaba toda clase de cosas. Y se las decía después de atraparle la cabeza con las fuertes manos y embestirle rudamente la boca, metiéndosela y sacándosela, obligándole a abrir mucho la boca y los ojos, casi ahogado. Metiéndole la gruesa verga hasta la garganta, insultándole y denigrándole en todo momento con palabras que… le excitaban de una manera perversa. En esos momentos no podía razonar, tan sólo dejarse llevar por lo que el señor Milo le decía.

   -Y… -rojo de cara, el hombre había vacilado en contarle.- Me hizo comerle el culo…

   Aunque le narró muchas cosas, el entrenador no le dijo todo a su alumno, sólo lo suficiente para explicarle lo de… bien, lo de la lengua que le había metido por su virginal hoyito momentos antes. La verdad fue que en aquel cuarto de baño, un Milo transformado le rugía que era una puta barata con su aire de matoncito, machito y rudo, a lo Freddy Mercury, y mientras se la clavaba en la garganta le halaba del bigote, para luego sacársela de la boca y azotarle duramente la cara con ella, mojándosela. Y él gemía de gusto, nunca imaginó que algo así, esas bofetadas dadas con la verga de un sujeto que le gritaba que era un sucio marica pervertido, pudiera calentarle tanto. Atrapándole de la nuca, Milo le hizo doblarse más, casi pegándole la nariz de las baldosas del piso, y le hizo atrapar con los dientes el bóxer de su hijo, y mientras lo hacía, la atrapaba con la boca, el hombre sentía que estaba a punto de correrse de pura calentura. Al rugido de “perro malo”, Milo comenzó a darle duras nalgadas, y él se fingía un perro que agitaba el hocico con un hueso en él, como un perro de verdad. Se entregó todo, se dejó llevar al abismo de la humillación, Milo le había meado la cara mientras él tan sólo gemía y jadeaba más, la boca llenándosele, tan sólo una cosa parecía quedar por hacer…

   Y en ese punto reanudó su relato al muchacho, quien puede imaginarlo casi alzando las caderas de la cama mientras se masturba más caliente que nunca. El señor Milo, dándole la espalda, sonriendo, bajó su pantalón, exponiendo su firme y duro trasero cubierto por el suave y algo corto bóxer, que también bajó. Y esas nalgas velludas, duras a pesar de la edad, que se abrieron cuando lo echó hacia atrás, nublaron otro poco juicio en el entrenador cuando la imperante orden de “chúpalo, puta”, se repitió. El hombre contó cómo se acercó con algo de repulsa, sintiendo todo ese calor radiar y bañarle la cara, el olor a piel sudada, algo almizclado, todo peludo en la raja, y cómo ese culo tembló cuando lo tocó con la punta de la lengua. Recorrió y azotó esa entrada que palpitaba, y oyéndole gruñir de gusto, perdió el poco control que tenía aún y pegó totalmente la boca de ese cerrado culo de hombre, el rostro clavado entre sus nalgas, y chupó, succionó, metió la lengua, lo ensalivo, lo recorrió de arriba abajo, y no se cansaba, no mientras escuchaba las cosas más horribles que el señor Milo le gritaba al tiempo que meneaba su culo, llamándole grandísimo maricón que nació para comerle los culos a los hombres.

   En un momento dado, viéndose obligado a caer sentado de culo sobre el orinado piso (detalle que no contó), su nuca apegó de la pared cuando el señor Milo se sentó prácticamente sobre su cara, el culo al alcance de su voraz boca, de su lengua que quería metérsele hasta el alma. Y allí, sin tocarse, sus manos aferrando las masculinas caderas, comiéndole el culo a ese sujeto que le gritaba vainas, se corrió. Fue un orgasmo que le hizo temblar, casi blanquear los ojos y enrollar los dedos de los pies dentro de los zapatos mientras su tranca vomitaba una y otra vez su carga, mojándole el pantalón. El placer le había dejado casi desfallecido pero no pudo irse hasta que el señor Milo, convulso de lujuria, llenó su boca de verga otra vez, cogiéndosela sin detenerse, ordenándole chuparla, apretarla, succionarla toda, hasta derramar la esperma caliente, espesa, viscosa y maravillosa sobre su lengua, una carga completa que degustó y tragó, con avidez, esa primera vez.

   Y mientras en su mente inventa detalles, jadeos, retarda acciones, imagina una lengua rojiza y reptante, imposiblemente larga abriéndose paso dentro de un culo y llegando muy adentro, masturbándose en todo momento, el muchacho desconoce la continuación de la historia porque al mismo entrenador le pareció demasiado. No le contó como estuvo de enloquecido esos primeros días, recriminándose, cuestionándose, diciéndose que no podía ser, que había sido una locura, que todo era culpa del desgraciado de Milo, para a los pocos días andar evocándolo todo, cada detalle sórdido y caliente. Llenándose de ganas. Regresando una tarde al apartamento del otro profesor, todo tembloroso, tan sólo para decepcionarse cuando el hijo, mal encarado, le abrió la puerta.

   -Eh, hola, hijo, ¿está tu papa? –el muchacho no se apartaba de la entrada.

   -No, entrenador. –esas palabras le sumieron en la depresión.- Y no creo que regrese pronto.

   -Oh… -fue el jadeo de decepción, se sintió perdido y ansioso.

   -Pero estoy yo y tengo un rato libre, entrenador… -dijo con burla.- Si quiere comerme el culo a mí…

   La declaración le paralizó y aterrorizó. ¡El muchacho lo sabía!, ¿quién o cuántos más? ¿Milo le dijo? Su miedo era grande, pero cando el sonreído chico se volvió, dejando la puerta abierta, notándole el insolente vaivén del culo bajo el muy ajustado jeans que se metía un poco entre sus nalgas, aquel pobre hombre calenturiento, controlado toda su vida para ser despertado de golpe a una lujuria que no entendía, no pudo resistirlo. Además, aquel chico había sido uno de sus alumnos dos años antes. Y era el hijo de Milo.

   Entró, el chico, sonreído, le dio la espalda y bajó con esfuerzo su pantalón, el bóxer era corto, blanco, lleno con dos jóvenes y turgentes nalgas. Unas que tocó con las manos, para recibir pronto un azotón.

  -Nada de manos. –bajó su bóxer dejándole sin aliento.

   Y el hombre tembló, reconociendo en el tono el mismo de Milo, y perdida toda cordura, cayó de rodillas y refregó su rostro grueso y algo velludo, masculino, de las turgentes nalgas duras, lisas, depiladas ya que el chico practicaba con la bicicleta. Olía diferente, embriagador, se dijo cuando introdujo la nariz en la raja interglútea, con dificultad ya que eran dos masas firmes. Y cuando la recorrió, de abajo arriba, lentamente, con la lengua temblorosa, caliente, salivosa y reptante, creyó correrse allí mismo, siendo recompensado por un gemido de gusto del chico.

   -Mierda, eres tan puta, entrenador…

   Y eso le hizo temblar más, decidiéndose a enterrar totalmente la cara, boca sobre el culo, chupándolo, el muchacho gimiente, ojos cerrados, cayendo sobre su cara. Igual que su papa. Y darle lengua, una y otra vez, sintiendo los temblores del cerrado botón que a veces le dejaba entrar, le tenían en la gloria. Tal vez por eso olvidó dónde estaba, qué hacía y a quién, porque le sorprendió cuando la puerta de la calle se abrió y un muy sorprendido, y molesto Milo, le pilló.

   Mientras Alex sigue masturbándose, flexionando una pierna inconscientemente y llevando los dedos de su otra mano a su joven culo, frotándolo por fuera, ignora que el señor Milo le había roto el culo, en ese momento, al entrenador, quien gritó y se revolvió como una puta lujuriosa, entre el fornido profesor y el joven hijo de este, que llenaron su boca y culo en ese raro momento de calentura sexual. Ambos, padre e hijo, gozando del vicioso y totalmente entregado entrenador. De haberlo sabido, tal vez la intensidad de orgasmo de Alex se habría intensificado mientras gime y balbucea, pero es suficiente para correrse, arqueándose sobre la cama y mojarse con el semen el tórax.

   -Hijo, ¿pasa algo?

   Oye un toque a la puerta, la voz preocupada de su padre… y ve como el picaporte comienza a girar, mientras él jadea, casi desmayado todavía de placer, el semen bañándole el joven torso bien definido.

   ¡Joder!

CONTINÚA … 8

Julio César.

NOTA: Lo siento, esta es una de las que no tengo la dirección. Está el nombre original y el autor, sírvanse buscarlo a ver si hay suerte. Y me avisan. La imprimí hace tiempo y está en unas hojas que debo transcribir. Cosa algo pesada.

HAY ALGO EN LA LUCHA QUE…

junio 7, 2014

CHICOS Y FUTBOL AMERICANO

   ¿Se imaginan?

   Dos feroces sementales pelean, macho contra macho… en tangas. La cosa es saber quién es el más fuerte, el mejor. El gran hombre. Uno someterá al otro… y al que pierda, quedando inconsciente, se lo llevan para un cuartito los jueces.

LLEVARSE BIEN CON LOS VECINOS…

Julio César.

MANZOTE

junio 7, 2014

MIEDOSITO

MACHO EN MINI TANGA

   A un tío así, sólo podían gustarle chicas y putonas bajo sus ropas al salir a la calle.

PUCHERO

Julio César.

NICOLACITO Y EL MAGNICIDIO… AHORA LE TOCA A ÉL ECHAR LOS CUENTOS

junio 7, 2014

…PENA AJENA

VELLUDO Y SEXY

   Ni un pelo de tonto… ¡Y miren que hay!

   Uno imagina que en la OEA, la ONU y en la Casa Blanca, cuando escucharon al señor Nicolás Maduro decir que iba a denunciar una conspiración, y exigir explicaciones, se dieron un manotón en las frentes: ¡Otra vez con esa idiotez!, al tiempo que destapaban un fresco y sacaban varias aspirinas (ellos que pueden, aquí para curarse o aliviarse de algo hay que usar agua bendita a ver sí funciona). Mientras Venezuela se cae a pedazos, un rancho cada vez más feo, y nadie parece gobernar (mandar a matar estudiantes que se quejan no es mandar; bueno, tal vez en Corea del Norte, China o Cuba), esta gente sigue con ese viejo cuento para distraer. Claro, no suben en helicópteros para arrojar billetes, preferirían antes arrojar a los hijos, tan sólo es bla bla bla bla. Uno ya lo esperaba cuando el mismo Gobierno admitió que tres millones de venezolanos habían caído en la miseria extrema, no se sabe si de a poco o todos de sopetón; eso era leer la noticia y gruñir “ya van a salir con lo del magnicidio” (aunque eso parece funcionar poco fuera de tiempos electorales). El régimen no ha probado ninguna de las otras conspiraciones magnicidas y terroristas, mucho menos los han matado como para que pudieran decirnos, a través de la oüija, “¿lo ven?, ¿lo ven?”, pero regresan con una nueva denuncia. Repito, mientras reprimen, encarcelan, torturan y matan gente, ordenándolo por televisión (y después se llevan la mano al pecho, abren mucho ojos y la boca, gritando indignados, casi llorosos “¿qué yo mandé a matar a quién?”), acusan a otros de violentos y de conspirar.

   Las pruebas en este caso son unos correos electrónicos tontos que, según Jorge Rodríguez, costaron muchas vidas conseguir y sacar de Mordor, en la valija diplomática de una princesa (Tuco y Tico, las urracas, parecen estar entre las bajas, igual Francisquito, el burro que habla, o hablaba); como si en este país donde los cubanos escuchan, graban y hackean a todo el mundo, alguien fuera a ser tan idiota para enviar correos o conspirar por teléfono (sólo Mario Silva, cuando dijo que era agente cubano en una grabación). ¿Creer que una mujer inteligente como María Corina Machado va a escribir lo que Jorge Rodríguez dice que dijo? A ese señor le sale siquiatra, pero no él, que se vea con uno bueno. A esta señora la han grabado antes, han colocado sus conversaciones al aire mientras la Fiscal General reía a mandíbulas batientes ante tamaño delito (oliendo un poco a orina, pero es que ahora tampoco se encuentran pañales desechables), ¿y todavía pretenden que creamos que sigue en eso? Todo el problema con la mujer es que le pidió la renuncia a Nicolás Maduro, y según Jorge Rodríguez, eso es blasfemia que merece la crucifixión. Aparentemente pedirle la renuncia a él es mil veces peor que mandar a matar estudiantes.

   Ya lo dijo alguien por las redes sociales, renuncian los papas, los reyes abdican, sólo los tiranos sueñan con perpetuarse; y si les piden que se vayan es que se incita a la violencia… dice el Gobierno antes de enviar a los Círculos de la Muerte a las calles. ¿No sería más fácil ponerse a trabajar en lugar de perder el tiempo en imbecilidades que cuestan casi cien muertes semanales? Eso es lo que les van a preguntar por allá, con malas caras, cuando vayan con la picazón, y tendrán que regresar con el rabo entre las piernas y la chapa de imbéciles, aún dentro de las islas caribeñas. Y tengan cuidado los que piensen viajar para montar el circo, recuerden que se habla de crímenes de lesa humanidad, no vayan a recibir la sorpresa de que les detengan en algún aeropuerto y comiencen a gritar “todos a mí, sálvenseme”, y ni sus madres vayan. Dios, menos mal que no tienen sentido del ridículo. Si no fuera por la enorme cantidad de personas que mueren semanalmente de hambre, en hospitales desasistidos, a manos de la violencia del hampa y de los grupos paramilitares enviados por el señor Maduro, hasta risa daría.

LA DEFENSORA Y EL RACIONAMIENTO

Julio César.

EL APOGEO DE LA FIESTA

junio 7, 2014

QUIÉN MIRA

METIENDO MANO AL AMIGO QUERIDO

   Y eso lo sabemos todo.

   Fiesta entre panas no es fiesta hasta que alguien, lo bastante borracho como para hacerlo frente a los amigos, la novia o la mujer, se cansa de sobártela sobre el pantalón y mete la mano en vivo y directo, riendo. Esos “juegos” entre compinches, apretar, halar, soltar, apretar más duro, halar fuerte y soltar, divierte y consiguen pitas y risas, no hay nada más. Cosas de tíos.

ESE SENTIMIENTO

Julio César.

PARTY

junio 7, 2014

GENEROSO Y AGRADECIDO

LOS CHICOS LINDOS

   Cada vez que pasa y los nuevos vecinos le invitan a nadar un rato, ¡qué ganas tiene de quedarse!, pero su mujer…

RECOMPENSAS DEL EJERCIO

Julio César.

NOTA: ¿Imaginan esa fiesta?

COMIDAS SOSPECHOSAS

junio 7, 2014

MARINES BESANDOSE

LECTER

   Dígame ahora que se están poniendo de moda…

   Hace poco una amiga me trajo de san Fernando de Apure un kilo de chigüiere, ya la carne desmechada. Me dicen que es toda una delicia, y cara (hasta tengo entendido que es delito cazarlos, ¿o son las lapas?), pero yo, después de sonreír y agradecerle con una gran mueca, la regalé. No soy dado a comer cosas extrañas, lo mío es res, cochino, gallinas y pescados (bueno, también los moluscos, por feos que se vean). Pero con eso de iguanas, lapas, cachicamos y chigüires, nada que ver. Ni siquiera soy amante de la carne de chivo o la de venado. Todas me parecen algo secas y ásperas. Todo el mundo dice “sabe bien, como a cochino o gallina”. Si quisiera comer algo que sepa a cochino o gallina, comería cochino o gallina, ¿para qué inventar? Lo sé, soy muy provinciano en este aspecto.

   El cuento viene a colación porque leyendo un portal viejo de noticias, en la oficina, supimos de un hombre y dos mujeres, en Brasil, en el departamento de Pernambuco, quienes aparentemente vendían empanas rellenas de carne humana. Como si la cosa ya no fuera alarmante, cuando la policía llega al lugar encuentra los cadáveres medio despellejados de dos mujeres, y los sospechosos al ser detenidos alegaron actuar “guiados por una voz” que les ordenaba acabar con mujeres de “la mala vida”. Estos locos son los más peligrosos, creen de verdad, en sus mentes retorcidas, que están haciendo el bien. Lo que encuentro difícil de entender es cómo se relaciona una cosa con la otra, okay, la misión es acabar con chicas malas, ¿pero convertirlas en guiso para empanadas? Otra cosa, qué caras tenían esos detenidos, había algo de salvaje e irracional en el tipo, que me recordó al tristemente célebre “Comegente” de Venezuela. Ese se veía como debe verse un demente que come personas.

   Dios, ¿imaginan vivir en Pernambuco, sentarse un día a leer el periódico y encontrarte con que la gente a quienes les compras empacadas de vez en cuando están detenidos por eso? Personalmente, creo que enfermaría. Para mí el tema, el canibalismo, está bien como acto secundario de una serie como Criminal Minds, o hace poco en CSI, o en película de horror (ni siquiera como plato principal, por decirlo así, nunca vi aquellas de Holocausto Caníbal); pero la verdad es que me parece demasiado terrible, de hecho es lo único que no me parece de la genial serie HANNIBAL, el protagonismo que hacen de la idea de los platos elaborados con restos humanos. Esa parte se pasa.

   Comentándolo en la oficina, recordé algo que vi muchísimos años atrás, cuando era casi un lactante, PANTALLA DE PLATA, por RCTV. Entrevistaban a un señor en Petare que comerciaba conservas de coco, el cual achacaba el que vendía bastante a que encomendaba las conservas a un santo que tenía… y rayaba un hueso de muerto sobre ellas. Mi señora madre, que casi puedo jurar vio el programa conmigo, asegura no recordarlo; no entiendo bien cómo yo sí. Es de suponer que con semejante recuerdo, fuera poco afecto a comer en la calle, en tarantines… pero no hay nada más sabroso que salir de parranda y terminar en un puesto cualquiera, de madrugada, comiendo lo que haya. Si alguna vez, por mala suerte pasé cerca de un loco de esos, qué nadie me lo señale, ¿okay?

   La cosa es inquietante, a esa gente la descubrieron, atrapaban mujeres, las mataban y luego sacaban lonjas (como en la barbería del horror, la película inglesa), ¿pero y si hay otros? ¿Qué pasa con quienes nunca levantan sospechas?

LUIS SUAREZ, ¿UN TRAVIESO MORDERLÓN?

Julio César.

RUTINA

junio 7, 2014

ORGULLOSO

HILO DENTAL HOT

   Lo importante de llevarse bien con todos.

   Siempre que se sentía estresado o agobiado, Fabián salía al jardín trasero de su casa a entrenar. Se sentaba en aquel banco con su hilo dental y se abría, una y otra vez, sosteniendo la posición; pocas veces, es cierto, y pronto conseguía el resultado que esperaba. Alguno de sus vecinos, tíos masculinos y mamarrudos, bajaban a ayudarle a ejercitarse en lo que más le gusta: el salto sobre la garrocha.

DEBILIDADES DE UN DURO

Julio César.

CASOS DE FAMILIA

junio 6, 2014

PATRIOTICO

CALIENTE DUO GAY

   Y justo en ese momento.

   Mientras gime y se estremece, incapaz de controlarse o de pensar, únicamente pidiendo más, Renato recuerda que cuando su hermana Silvia se casó con ese carajo supo que habría problemas. Él no era gay ni nada, pero el otro le intrigaba, luego se burlaba y le trataba de su “perra”, tal vez porque a veces le miraba mucho, o se sonrojaba cuando le hablaba… o por aquella tarde que le descubrió oliéndole los calzoncillos que dejó en la cesta de ropa sucia. Como fuera, y aunque intentó escapar y negarse, desde que le abrió el culo con su grueso tronco y le cabalgó de esa manera, intensa, fuerte y profunda, enloqueció. Se le olvidó que no era gay. No se medía, no se respetaba, siempre se la pedía. Fue justo en uno de esos momentos, cuando el marido de Silvia empujaba y se retorcía así, contra sus nalgas, él casi lloroso de gusto pidiéndole que le destrozara el culo, cuando ese tipo hizo la misteriosa aseveración que le dejó helado:

   -Joder, cómo te gustas. Tú y el suegro… ¡ufff!

CIRCUNSTANCIAS DADAS

Julio César.

ADIOS, DON JUAN CARLOS, REY DE ESPAÑA

junio 3, 2014

NO AL PIZZO

ABDICA EL REY JUAN CARLOS

   Hasta será un alivio para él.

   Nunca he sentido deberle nada a nadie y que otros no me deben algo, por lo tanto puedo despedir con simpatías a este señor al que no conozco y que abdica a su trono, el rey de España. La señora Cristina Fernández me ganó la frase, el Rey se va y América pierde un amigo. Muy lejos queda la conquista, la colonia y la independencia del continente, más cerca está el hombre que luchó por lograr la transición de la España franquista a la democrática, sostenido por esa otra voluntad de hierro, recientemente fallecido también, Adolfo Suarez; cuentan que en otro momento hasta expuso su propia seguridad para impedir que otra dictadura militar se hiciera con el poder. Lamentablemente eso fue hace mucho, la memoria es corta y por detalles como el elefante, su modo de vida y el asunto del yerno, se va don Juan Carlos en medio de una España dividida y alterada por la crisis económica (qué no dije del señor Rodríguez Zapatero y los españoles votándole). Aquí se le recordará por su: “¿Por qué no te callas?”.

HANNIBAL, UN FINAL DE SANGRE…

Julio César.

NOTA: Hoy, Leopoldo López enfrenta nuevamente la justicia controlada desde el poder. No pudiéndosele comprobar que conspiraba o promovía la violencia, ahora se le acusa por expresar opiniones. Ya el tribunal está cercado por las fuerzas de la represión y ni a su madre la dejan llegar. Así es como los países se hunden en el horror, paso a paso, y después se sorprenden e indignan cuando es tarde.


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