POSTURAS

enero 5, 2014

EXPECTATIVAS

CALIENTE EN LA PLAYA

   Para surfear habría preferido un pequeño speedos, algo que se le ajustara y demarcara sensualmente por delante, se le metiera un tanto por detrás y que tal vez transparentara un poco. Tenía tanto que mostrarle al mundo y a los muchachos en la arena, dentro de las aguas y sobre sus camas…

SUPERMAN SEX

   Ya se había encargado de Batman, costó pero lo dejó seco, débil, tembloroso y pidiendo que por piedad no se detuviera así; ahora iba por el Capitán América, eso si Aquaman le dejaba tiempo. ¡Era tan celoso y goloso!

VIGILANTE HOT

   Desde que vigilaba de noche en esa cárcel de violentos y rudos criminales de manos y piezas grandes, nadie había vuelto a escaparse. Al contrario, se le metían. Todos y con todo. Claro, no es que patrullara desnudo así por los oscuros corredores de rejas abiertas en celdas de tres o cuatro tíos, lo que pasó fue que uno de los convictos se había tragado su brillante hilo dental al ir bajándoselo para comenzar la ronda de machos.

Julio César.

LIBEREN A IVAN SIMONOVIS

enero 5, 2014

LA CORRUIPCION Y LOS NOVENTA Y NUEVE

IVAN SIMONOVIS

   ¿Quién paga por todo el daño que se le hizo?

   Cada día que pasa detenido el ex comisario Iván Simonovis, el Gobierno se desacredita peligrosamente. A pesar de toda esa perversión del leguaje que usan, y de las leyes (típico de los regímenes fascistas de todo el mundo), el cuento de un político preso no engaña sino a quienes quieren o necesitan creerle al Gobierno. Qué Iván Simonovis es un preso político, antes de Hugo Chávez, ahora de Nicolás Maduro, aunque este sencillamente no sabe qué hacer con él (lo heredó), no lo duda nadie fuera de nuestras fronteras. El delito que inventaron para condenarle no es que no existe en ninguna legislación, ni siquiera en la cubana, sino que todos saben que tampoco existía en la nuestra. Al comisario, o ex, se le condena porque fue testigo del llanto del presidente Hugo Chávez cuando detenido el 11 de abril de 2002, temió que le mataran. Eso no pudo olvidarlo, ni perdonarlo, el difunto comandante y por eso se la juró (y en tierra de fascistas, el deseo o capricho del fascio es ley, por aberrante que sea). Es por ello que a Simonovis, aunque retirado, se le condena junto a efectivos activos de la Policía Metropolitana para ese momento, los comisarios Vivas y Forero (para vergüenza de El Salvador), y el resto de los uniformados. Su pecado fue ser testigo del miedo de un hombre que sabía que debía mucho.

   El delito del que se le acusó fue “complicidad necesaria” para la masacre a las puertas de Miraflores. Dejando por fuera que se necesitaba un chivo expiatorio que cargara con los muertos de Tiburón Uno y que no se investigara más el hecho, queda patentizada lo patético de una justicia atada a las órdenes del caudillo, ley que, claro, cambia día a día según la persona o grupo que desee el régimen destruir (al estilo cubano). Cuando se habla con un chavista sobre esto, este replica con lo del golpe y de la culpa del Comisario; cuando tú le preguntas quién le acusa, qué pruebas se presentaron, por cuál delito se le condena, dónde está tipificado tal delito, no lo sabe ni tiene la decencia intelectual, y personal, de admitirlo o averiguarlo. Porque es incómodo, porque desentona con lo que quiere creer que es la verdad así no lo sea; es más fácil repetir lo que se escucha y así no hay necesidad de cuestionarse las actuaciones personales, la irresponsabilidad ante la vida.

   No existe eso de cómplice necesario, eso de que si no estaba ahí esas muertes no ocurren (es como el chiste de la piedra mágica que aleja tigres, suena absurdo pero se puede alegar que por ahí no se ve a un tigre cuando llevas la piedra en el bolsillo, por lo tanto funciona); el deber del tribunal era demostrar que efectivamente conspiró o de alguna  manera provocó tales hechos, no que lo suponen porque así tiene que ser (la justicia del terror). Tal denominación se la inventó la juez y el fiscal a quienes se les ordenó condenarle, pero se quedaron en eso, en Iván Simonovis, nada más se investigó. A nadie se le juzga o condena por complicidad si no se señala a sus socios: Fue cómplice de fulanito en tal hecho. Ya el pobre comisario Simonovis, a quien, como el resto de sus compañeros presos, le han negado hasta los más elementales derechos humanos en su reclusión, aún el dejarles salir a un patio a llevar sol o ejercitarse, o asistir a consultas médicas (como si de una prisión cubana se tratara), se ha convertido en un problema de conciencia. Cuando Hugo Chávez se alza militarmente y se rinde fácilmente, deteniéndosele, se le trataba con respeto, con dignidad, y cuando se sospechaba que no era así la prensa escrita y las televisoras enviaban a su gente para constatarlo y protegerle (¿cuántas veces no corrió para allá Napoleón Bravo cuando sospechaba que algo le hacían?). Ahora, en el poder, estas miserias humanas son incapaces de corresponder aunque sea con gestos parecidos si no mejores. Es la diferencia entre la gente demócrata y la horda fascista, donde sólo ellos tienen derechos y el poder absoluto. Pero son muchos años, la condena fue demasiado traída por los pelos, la gente ha sido testigo y todos están preguntándose, ¿hasta cuándo permanecerá encerrado ese señor?

   Creo que me voy a permitir aconsejarle al Gobierno lo mismo que le dije a los copeyanos cuando Rafael Caldera entregaba el poder a un Hugo Chávez, quien ganó unas elecciones prácticamente sin testigos en mesas y la democracia se lo reconoció: no dejen morir a Simonovis en una cárcel (a los copeyanos les dije no dejen morir a Caldera fuera de COPEI, pero ahí ya nadie escuchaba). O, tanto peor, que muera al poco salir. Con ente así, un inocente que resiste una condena tan injusta y tal martirio, con actos tales, ese karma siempre se regresa como lo demuestra el caso de Nelson Mandela. Qué no se repita con el señor Iván Simonovis lo del señor Franklin Brito, robado, martirizado y luego encarcelado por Hugo Chávez para que desapareciera en el Hospital Militar. Que ese muerto no les vaya a salir más adelante en sus vidas, cuando crean que llega el momento de disfrutar cómodamente lo pillado, viejos y agotados en vicios y excesos, para encontrarse con una patrulla española, chilena o aún cubana esperándoles a las puertas de sus palacetes para detenerles, extraditarles y que enfrenten la justicia por ese delito de lesa humanidad. Con crímenes de lesa humanidad suele ocurrir esto, especialmente cuando los crápulas se sienten más seguros y contentos, aún en sus patéticas vejez. No es lo mismo enfrentar a los setenta años dolores de caderas a la tensión de un tribunal de justicia donde se les llamara basura y monstruos desde las gradas.

   ¿Saben que creo? Que dentro y fuera del Gobierno, los cercanos a ellos, unos cuantos se han dado cuenta de este problema, y este peligro. No gente como Diosdado Cabello, quien resultó un atorrante inepto, tanto así que controlando en número la Asamblea Nacional entregó sus funciones en una habilitante (y su desastroso pase por la gobernación de Miranda; con él haré algo a lo que casi nunca procedo, pronunciaré una profecía: jamás, jamás Diosdado Cabello será presidente de este país, él se encargó de eso). José Vicente Rangel ha alertado sobre esto, Luisa Ortega Díaz, una mujer que no puede ser más conspicua y acomodaticia, ha dicho que ella no tiene problema con soltarle. Mucha gente esperaba esa liberación para estos días de Navidad, pero mientras lucha contra la Oposición (en tiempos cuando debería buscar entendimiento, necesitado como está de aplicar su brutal paquete de medidas neoliberales), Nicolás Maduro también debe enfrentar el ala radical del chavismo, ese que no perdona al que vio llorando al comandante eterno, pidiendo que le llevaran a unos curas para que le protegieran. Pero, cosa rara, jugado con mano zurda,  Maduro ha dicho que lo deja todo en manos del Tribunal Supremo de Justicia, ¿permisándoles una medida de gracia, como si no fuera cosa suya? ¿O remitiéndoles el problema para que carguen ellos con la sangre y el muerto? No sé por qué me parece que será lo primero, y Dios mediante, el comisario Iván Simonovis volverá a su casa con su familia. Nadie le regresará el tiempo que el insano odio de Hugo Chávez le robó, pero al menos será dueño de sus movimientos y pasos como hombre libre.

   Por cierto, que perdiendo otra vez la mano zurda, Nicolás Maduro dijo que a la juez Afiuni se le perdonaba y después salía a desestabilizar, ¿cómo carajo se hace eso? ¿Cómo se desestabiliza al gobierno de un país donde hay plata, comida, seguridad, prosperidad, justicia expedita y transparencia en la gestión pública? Alguien debería recordarle al señor Maduro que la juez Afiuni no cometió ningún delito, que eso de “corrupción espiritual” fue otra monstruosidad parida de la judicatura del terror; que “su delito” fue soltarle un preso político a Hugo Chávez, quien ordenó por televisión que se le detuviera, juzgara y condenara. ¡Por televisión! Y fuera de eso, nadie pierde, sin mediar otro juicio, su derecho a expresarse, que es lo que hace esa señora, la cual no está reuniendo paracaidistas ni moviendo tanquetas.  

MARÍA CORINA MACHADO, FUERA DE LOTE

Julio César.

TRES HOMBRES Y UN DESTINO… SERVIR… 12

enero 5, 2014

… SERVIR                         … 11

   Un hombre cruel e infernal está sentenciado a muerte en una cárcel y decide divertirse antes de que llegue el final… Tomará a tres sujetos y los convertirá en sus putas. Uno será su hembra, otro será usado por sus compañeros de trabajo, el tercero descubrirá un fetiche que le hará delirar. De Cierta manera, y aunque es un relato maldito, este no parece tan feo a la larga. Disfrútenlo.

……

the convicted’s whores

by Lexicode

CHICO NALGON

   Cosas que determinan una vida.

……

   Todavía notaba las miradas del resto de los reclusos e incluso vigilantes, de burla o desprecio, ¿pero qué podía hacer? Ese sujeto era grande y fuerte, muy macho en su olor que no se preocupaba de disimular o cambiar, barbudo, con manos grandes que le tocaban y hacían responder aunque no quería. Ese sujeto tan masculino, tan hombre, tan rudo y viril le controlaba en cuerpo y mente cuando estaban juntos, le hacía gemir y gritar como nunca, y alcanzar poderosos orgasmos que le dejaban debilitado y saciado. A solas podía odiarle, resistirse, incluso perseverar en sus intenciones de matarle, pero cuando estaban juntos…

   -Hoy no irás a la lavandería. Ve a la tienda de Ruth. –le ordena una mañana, extrañándole, pero nada pregunta. Ha aprendido a no hacerlo.

   Le costó cruzar los pasillos, soportar las miradas, los besos lanzados, dirigiéndose al patio interior donde algunos reclusos vendían revistas, dulces o algo menos inocente, como cigarrillos. Se dirige a una pequeña tienda de ropas, aunque toda la existencia parecía consistir en franelas para gordos.

   -Hola. –llama.

   -¡Ya voy! –grita una voz masculina afeminada, algo gruesa en tonos pero aguda en sus intenciones, y frente al hombre rubio aparece un exageradamente musculoso y alto chico negro, de cabellos en moños, con una ajustada camisa y un pantaloncillo corto.- Ay, pero qué bello eres, bebé. Soy Ruth… -le tendió la mano con coquetería, no siendo correspondido por el desconcertado rubio.- …Y tú debes ser Tiffany… -por un segundo, negándose a procesarlo todo, Daniel se congela. Y altera.

   -Daniel, me llamo Daniel. -es algo cortante.

   -Ay, amor, no te molestes conmigo. Tu hombre vino a verme, y casi me mata del susto, ¿cómo le dejan ir por ahí como si tal cosa? ¿Acaso no es una especie de monstruo caníbal? Bien, vino y ordenó cierto tratamiento para ti. Lo primero… -sonríe otra vez, como emocionada, o emocionado, se recuerda Daniel, inclinándose bajo un gabinete, sacando una caja de color rosa, abriéndola y tomando algo corto, una pequeña bata de cama, translucida y sexy que en una mujer dejaría ver sus tetas y apenas cubriría sus caderas y la pantaleta. Pantaleta que ahora Ruth, sonriendo con coquetería otra vez, alza, una cosa pequeña suave, de encajes, un pequeño triangulo casi transparente adelante, dos tiritas hacia las caderas y un triángulo más leve atrás, que difícilmente se sostendría sobre las nalgas de cualquiera.- Tu hombre quiere que lo uses esta noche… -y alza más la diminuta y putona pieza.- Va a saltar sobre ti como un tigre caliente cuando te la vea… Con esto, cariño, vas a tenerlo solo para ti.

   Con la boca horriblemente seca y la mente en blanco, Daniel mira la prenda y cree escuchar las palabras, aunque no está seguro; que debía usar eso y que eso haría feliz a su hombre y que con eso no le perdería jamás. Niega, lentamente, como en trance.

   -No… ¡No! –es tajante, sintiéndose caliente de alarma e indignación.- No usaré esa mierda. ¡No soy un marica como tú! –acusa furioso, ganándose una fría mirada de la otra, u otro, se corrige mentalmente.

   -Tu cadáver será hermoso. Tal vez lo arregle yo misma para que tu familia pueda verlo. –le silencia, sonriendo al verle dar un respingo.

   Olvidándolo todo inmediatamente, Ruth se arrepiente de su rudeza: tal vez por su naturaleza trágica positiva (siempre fue gay, siempre se sintió atrapada en su cuerpo grande y masculino, y por ello debió enfrentar al mundo desde muy temprano), y por otro lado, siente pena por ese joven, quien tal vez no era realmente homosexual. Tal vez todo aquello le horrorizaba, ¿pero de qué le serviría? Un ser terrible había decidido hacer uso de su cuerpo, mente y vida, y no podría evitarlo. A menos que se convirtiera en algo peor para enfrentarle, pero dudaba que hubiera alguien más aterrado que Robert Read. Con los años había aprendido a conocer un poco a la gente, y en la mirada de ese sujeto solo vio vacío, uno horrible porque parecía a un tiempo flotar lleno de fantasmas. O demonios.

   -No puedo hacerlo, yo no soy así… -gimotea derrotado; sin disculparse ahora buscaba compasión.- Esto es… es una locura. ¿Por qué me pasa esto? ¿Cómo hago para salir…?

   -No creo que puedas. –ahora hay simpatía en su tono, y la siente, tanto que resiste su mirada molesta.- Cariño, preguntante, ¿cómo terminaste compartiendo celda con un peligroso sujeto que está condenado a muerte? Alguien le protege, o le debe, como sea, le ayuda. Y Read te eligió, de todos los que llegaron en el autobús que te trajo, tú fuiste el elegido para… ser su hembra. Su Tiffany. Se refiere a ti de esa manera, “mi Tiffany”. –arruga el entrecejo.- Creo que… le gustas. Con todo lo horrible que ello pueda sonar.

   -Pero él desea… -rojo de cara comienza a decir, angustiado y más confuso, deteniéndose. Ella alza nuevamente la sexy pantaletica.

   -Te quiere totalmente. Y espera que te entregues. O tal vez que luches un poco más para marcarte y hacerte “entender” que es tu hombre. ¿Qué harás? ¿Le desafiarás? ¿Regresarás a la celda con un “no lo haré, hijo de puta”? –interroga, curiosa, o curioso.

   Por un segundo, Daniel lo considera. Oponerse. Luchar. Gritar. Eso, gritar mucho, tal vez el escándalo atraiga ayuda, pero… Se siente débil, sin fuerzas. Un extraño abatimiento, una desazón que no sintió ni siquiera cuando perdió su juicio siendo condenado a prisión, le controlaba ahora. Y ella, o él, lo entiende.

   -Debes prepararte… -alza nuevamente la pantaleta.

   Con manos temblorosas, Daniel la toma, sorprendiéndose él mismo de lo suave y etérea que parece. Una pieza que si la hubiera usado su esposa…

   -Casi parece… nada.

   -Es un sueño de erotismo. Los hombres sueñas con vernos así, apenas cubiertas, exhibiendo lo justo, ocultando lo poco indispensable para disparar la lujuria de la imaginación, la adrenalina en la sangre y la testosterona en la verga. –informa y Daniel la mira ceñudo otra vez.

   -No soy como tú.

   -Lástima por ti, tal vez así te habría sido más fácil. –replica un poco seca, aunque algo le dice que no, que la historia habría sido otra.

   Que si ese hombre hubiera sido gay, abiertamente afeminado, tal vez Robert Read jamás se habría fijado en él. Intuye lo perverso de ese hombre, seguramente parte del gozo, una buena parte de su placer venía de saber que podía controlar a ese guapo y joven hombre, exitoso y mimado hasta ayer, y transformarlo en su juguete sexual, algo hermoso, ambiguo, mujer-hombre, tomándolo cuando le placiera, independientemente de lo que el otro sintiera al respecto. Tal vez disfrutándolo más si se oponía o resistía. El placer de cazar, controlar y dominar a otro, de obligarle a reducirse al gozoso lugar de sumiso que vive cuando satisface a su hombre. Forzarle.

   -Dios… -grazna Daniel roto, vencido, y a Ruth le cuesta continuar molesta con el insolente hombre. Al pobre le iba tan mal…

   -No pienses tantos. Vamos, pasa y siéntate en este banco…

   Sin decir nada, el hombre obedece y ella le estudia el rostro, sorprendiéndole la simetría, lo delicado en su masculinidad de los arcos, aunque parecían algo redondeados ahora. Le acaricia la mejilla necesitada de un rasurado, notando como se contrae y contiene a duras penas para no apartarse. Esa barba era rala, mucho. Y la piel sumamente suave. Dios, ¿qué estaba haciendo ese monstruo con ese hombre? Transformándole. Eso.

   Le afeita a conciencia, incluyendo la muy tenue pelusilla amarilla en sus orejas, depilando algo sus cejas, nada muy pronunciado pero lo justo para destacar sus ojos. Peina su cabello cobrizo castaño, notando que crece, hasta hacerle brillar.

   -No puedes cortártelo. –le informa, aunque presiente que ya lo sabe. Se lo alisa un poco más con un tenue desriz; una pena, pero sabe que el otro lo quiere lacio, por ahora, para que perezca más largo.- Quítate la braga. –anuncia, recibiendo su mirada seca, presintiendo una batalla de razonamientos, pero no es hasta que el otro se pone de piel saliendo de la anaranjada prenda, que entiende qué tan trabajado ya estaba.

   Mira su piel sedosa, suave, lampiña aunque con cañoncitos, unos que ella quita de pies a cabeza, sin meterse todavía con lo que hay dentro del bóxer. La crema y la afeitadora tiene erizado a Daniel, quien no entiende tantas cosquillas y… bien, sensaciones en sus pelotas. Su piel no era tan sensible. Una vez lampiño, ella toma otro pote y lo recorre de pies a cabeza, sabiendo que el depilador eliminaría lo que quedara y retardaría que reapareciera el vello. Cuando las manos negras y grandes van a su torso, tocando de pasada los pezones castaños claros, le ve enrojecer de cara, sorprendido. ¡Sus pezones! Vuelve a pasar los dedos y estos responden erectos, mucho, y a Ruth no le cuesta nada imaginar a Read cayendo vicioso sobre ellos, chupándolos. De hecho sus pectorales parecían más abultados de lo que debería para…

   -Basta… -grazna rojo y ronco, retirándole las manos, respiración algo pesada. Sus pezones ardiendo y deseando… no lo sabe, pero tampoco a él le cuesta evocar a Read cayendo sobre ellos, azotándolos con su lengua, atrapándolos con sus dientes y halándolo, cubriéndolos con su boca y succionando de ellos. Como decía, le encantaban sus tetas. La sola idea le hace temblar con fuerza.

   -Lo siento, desvístete totalmente. –anuncia ella, viéndole enrojecer feamente al ponerse de pie.- Calma, amor, eres lindo, pero no mi tipo… -le aclara, aunque no le alcanza la maldad para decir que no le agradan esas cosas de lesbianas. Y si, no es su tipo, pero cuando le ve desnudo totalmente, debe reconocer que es un sujeto muy guapo.

   Sin palabras, obligándole a tenderse un poco sobre el banco, le depila totalmente caderas e ingle, untándolo con sus aceites especiales, maravillándose de lo blanco y suave de la piel y de lo pequeño que estaba su miembro en ese momento. Recorta el suave bigotillo de pelos canela sobre su sexo. Pero son sus nalgas, redondas y sonrosadas, duras, las que llaman su atención. Y trata de ser lo más profesional que puede, casi un médico, pero sus manos grandes y negras, dedos llenos de anillos, recorren la tersa piel de manera algo intensa. Depila las nalgas, frota sus ungüentos, le obliga a abrirlas y le depila el culo, untándolo también (una cremita buena para aclarar y suavizar más la piel), deteniéndose mucho tiempo allí, tal vez. El sonrosado capullo estremeciéndose con su aliento algo pesado.

   -¿Falta… falta mucho? –le oye mortificado, bajito.

   -Terminé. Ahora, póntela… -le tiende la tanguita. Y el hombre lucha de manera intensa, rebelándose por un instante contra todo aquello.- Le conoces, amor; es un salvaje. Te ha hecho cosas… que tal vez odies, pero debes sobrevivir, así sólo sea para ver otro amanecer, uno cuando ya no esté él. Creo que le ejecutarán dentro de algunos meses.

   -¡Meses! -grazna.- Moriré antes. –la mirada se le nubla, de autocompasión y rabia. Incluso contra ella. O él.

   -No es mi culpa; toma, tu pantaleta…

   Y al tomarla siente nuevamente curiosidad y expectativa. La mira, sus dedos esbeltos la recorren, enrojece cuando eleva la mirada y encuentra un brillo viejo de sabiduría en los ojos de la otra. U otro. Tomando aire decide terminar, lleva mucho tiempo desnudo allí. Se dobla y mete una pierna dentro de la pequeña abertura de la diminuta y elástica prenda. Se estremece por el roce contra su piel mientras va subiéndola, con esfuerzo; siente una presión nueva y extrañamente grata. Cuando la tirita del hilo entra dentro de sus nalgas, siente un sofoco, la sube toda, cubriéndose el miembro que queda inquietantemente sujeto, pero es nada a la presión de la suave tirita contra su raja interglútea, presionándose contra la entrada de su culo… de manera estimulante. ¡Maldita sea!, jadea, volviéndose y mirándose al espejo. Él no era marica, ni travesti, pero verse dentro de la pequeña pantaleta, algo suave sobre su cuerpo alto, sentirse preso de ella, la tirita frotándose y apretándose contra su culo…

   Se está excitando, lo sabe cuando su verga hormiguea y endurece, creciendo, matándole de vergüenza. Se ve tan extraño, alto, guapo, depilado, paliducho, sus pezones increíblemente erectos y visibles, el cabello cayéndole sobre la nuca, abundante arriba, cayendo en olas… y la pequeña pantaleta, tan chica que no cubre el bigotillo de pelos púbicos castaños dorados, tan sólo una putería de encajes, su verga deformándola por segundos, creciendo, abultándola… Aumentando la desesperante presión contra su culo. Y jadea, tiene que hacerlo cuando se medio mueve, sintiendo el roce etéreo de la tela sobre sí, acariciando suave pero firme contra su verga… y aún más contra su culo.

   -Dios, ¿qué pasa…? –se le escapa, roto, él no era eso. Se sobre salta cuando la imagen de Ruth aparece a su lado en el espejo.

   -Son mágicas, ¿verdad? Creo que muchos hombres no saben de lo que se pierden cuando no se prueban ni por curiosidad las pantaletas de su mujer. O tal vez sea mejor así… -sonríe, ojos brillantes, compartiendo su pasión con aquel chico guapo de verga erecta que escapa por un lado de la diminuta prenda íntima de mujer.- Si lo hacen, si un chico o un hombre rudo hecho y derecho se las pone, no podrían vivir sin ellas… -se vuelve y le mira.- Me pasó a mí. –y se tiende un poco hacia adelante, bajando un tanto la parte trasera del pequeño shorts. Y la mirada de Daniel cae sobre unas impresionantes nalgas negras muy redondas y firmes, estaba seguro que allí se podrían hacer rebotar monedas, y perdiéndose entre ellas, una pantaleta hilo dental blanca, de encajes. Y al hombre le parece que pocas veces ha visto algo tan erótico, porque era sucio, prohibido, otro carajo en pantaletas, unas diminutas, enseñándoselas. Su verga tiembla ya fuera de la tanga.

   -Ruth, yo no… ¿Cómo te pasó que…?

   -Las probé. –le sonríe, sátiro, mirándole, abriendo un poco sus nalgas, sintiendo la mirada del hombre rubio entrando allí, casi tocándole.- Y un amigo de mi papá me descubrió. Y para que no lo contara fui su perra, su puta. Con trece años, en pantaletas, me le montaba sobre la verga en su camión de basura. Pero lo contó. Y fui la perra de muchos, pero para entonces sabía que me gustaba. Las pantaletas y ser una puta. Hasta a papá le pareció que me veía bien con ellas… cuando me hizo suya sobre la cama que compartía con mamá.

……

   Jeffrey Spencer, todo mal encarado entra en la sala común del bufete, saludando con ademanes de cabeza a la poca gente que se interesa en su llegada. Sabe que no es importante ahí para nadie, y tal cosa solo acentúa su malestar. Lleva días sin dormir como debe ser por todo lo que le ocurre. No es solamente su extraña fascinación sexual con todo lo vivido por culpa de Robert Read, sino porque sabe que está evadiéndose. Lleva días sin llamar a la penitenciaría, sin investigar nada. Lleva…

   -¡Inútil! –ladra su suegro asomándose a la puerta de su despacho, provocándole un sobre salto.- ¡Ven acá!

   Con el corazón enloquecido entra, encontrando al enjuto y seco hombre fulminándole con la mirada.

   -¿Quería…?

   -No, no quería hablarte. Y lo sabes. Nunca me has agradado, y aunque a veces olvidó por qué, siempre te las ingenias para recordármelo. –es tajante, sorprendiéndole un poco, la mirada ardiente cuando le ve buscar algo sobre su enorme escritorio.- ¿Se puede saber qué diablos ocurre? Read me ha llamado, ese maldito convicto… -alza un papel.- ¿Y sabes qué me dijo ese hijo de puta de ti?

   El joven abogado siente que el mundo de hunde bajo sus pies.

……

   Nolan Curtis, cabizbajo, recorre las solitarias duchas. El jefe Slater le había concedido esa tarea, sacándole de los patios y de la obligación de alimentar a los perros. Ya no podía estar cerca de ellos, en especial de Nerón. Bien, también se mantenía lo suficientemente alejado de Robert Read, pero igualmente de su compañero de trabajo, Lomis. Y no duerme, ni come. En dos o tres días ha perdido peso visiblemente, viéndose más delgado, rostro más afilado, mirada más atormentada y triste. Sus ojos están apagados. Casi muertos. Hasta su novia se había quejado de su apatía y apariencia.

   Está perdido en lo más oscuro, terrible y desconcertante de sus temores cuando la enorme, velluda y fuerte mano cae sobre su boca, halándole hacia atrás, hacia un cuerpo todavía más grande, reteniéndole y amordazándole. Un disparo de adrenalina corre dentro de su delgado y alto cuerpo cuando entiende que le atraparon, y que no podía ser otro que…

   -¿Me has extrañado, perrita? –ronronea la gruesa voz de Read a su oído, la velluda mejilla rozando su oreja. El muchacho abre desmesuradamente sus ojos e intenta debatirse, soltarse, frotándose de ese sujeto en el proceso, entendiendo que el otro disfruta su lucha.- Ah, quieres pelear… veo que has olvidado el lugar de las coquetas perritas.

   La mano se retira de su boca y jadea, tragando saliva, tomando aire, sorprendido todavía, más cuando ese sujeto le empuja la espalda obligándolo a doblarse un poco, su rostro chocando de las baldosas de las duchas. Y grita cuando la enorme mano abierta choca de su nalga derecha, fuerte, terrible, haciéndole picar. Apenas tiene tiempo de asimilarlo cuando se repite el azote, de una nalga a la otra, dos, tres, cuatro. Con fuerza, lastimándole. Y al desconcierto y la sorpresa, Nolan une el miedo, intentando escapar de la mano que le retiene por el cuello del uniforme y la otra que le nalguea, sin lograrlo, tan sólo recibiendo azotes más fuertes. Grita… grita de dolor y miedo.

   Y Read ya la tiene de piedra. Dura, palpitante bajo su mono naranja, azotándole con más fuerza todavía. Pero lamentablemente, aunque no desea otra cosa más en su vida que drenar la ira que siente hacia su abogado lastimando al custodio, se detiene, aplastándole contra la pared con su cuerpo, la mano obscenamente sobre su culo, uno que sabe debe tenerlo sensible y lastimado, sobándole rudamente, empujando con esfuerzo la tela del uniforme dentro de la raja interglútea. Y todavía empujando más, como un exagerado juego de tocarse los culos.

   -Silencio, o todos vendrán y verán que te gusta ser tratado como una puta. –le ruge al oído, apartando la mano de su boca.

   -¡Suéltame! –grita roto y agudo, lloroso y agitado.- Maldito convicto, esto va a costarte… -amenaza, ese sujeto no podía…

   -¡Silencio, perra! –le ruge, volviéndole y encarándole, con ojos brillantes de furia.- ¿Cómo te atreves, tú, un nada, a cuestionar a un hombre…? –y le abofetea con fuerza lanzándole hacia atrás contra la pared, viéndole encogerse nuevamente de sorpresa y temor, rindiéndose por miedo, reconociendo a su superior. En el fondo era el destino de un hombre sumiso ante otro superior. Le evalúa, quiere ver si grita, si se rebela o lucha; lo espera casi sonriendo, sádico, sintiéndose crecer más fuerte al verle tan indefenso. La bofetada que le cruza el rostro en sentido contrario ni falta que hace, se la da tan sólo por el placer de hacerlo y verle encogerse de temor.- ¡Al piso! -le ordena, empujándole por un hombro para impedirle pensar.

   Nolan cae de rodillas, luego en cuatro patas, asustado terriblemente, jadeando, mirando en todas direcciones, rogando por ayuda, por un escape, para casi en seguida ser azotado en el enrojecido rostro por la gruesa, dura y larga verga de ese sujeto, surcada de venas, amoratada. Y con ella le pega con fuerza, caliente.

   -La quieres, ¿verdad? Las perras siempre quieren su salchicha. –se burla, atrapándole el fino, negro, sedoso y abundante cabello, halándoselo y controlándole, reteniéndole y frotándole el rostro de la verga atrapada con su otra mano, azotándole, mojándole con su hilillo espeso de lujuria. Caliente como lo está todo sujeto que soba y moja la cara de otro con su tolete duro.

   El joven vigilantge no puede ni pensar, pero aún así intenta atraparle las manos.

   -¡Quieta, perra! –y le hala más fuerte del cabello, haciéndole gritar contenido, momento cuando le mete la verga en la boca, casi ahogándole.- ¡Ahhh! –grazna, mierda, se sentía tan bien metérselas en las bocas a todos esos dizque hombres cuando no la esperan, cuando tiemblan de miedo, llorosos, humillados. La lengua pegada a la vena de su cara inferior le parece lo mejor del mundo, pero no basta. La saca y mete, rudo, ahogándolo, provocándole arcadas. Cogiéndole la boca cuando el otro no puede ni reaccionar.- Eso es, puta, chúpala así, sácale el jugo y la leche. Así es como te gusta, ¿verdad?, comértelas en un sucio baño de hombres, siempre soñando con la otra que puede llegar. Vaya, se ve que le encontraste el gusto. –miente para atormentarle, pero guiándole rudamente por el puño en su cabello mientras le coge la boca.

   El delgado custodio no puede creer que eso le esté pasando. Otra vez. El olor de ese sujeto, en sus pelos y la dureza y grosor de su verga le ahogan. Ese sabor a piel, a sal, ese olor acre, todo eso había intentado olvidarlo, pero ahora estaba allí, de vuelta. No podía hacer nada para defenderse, no contra ese hombre que lo usaba y lo humillaba, que lo trataba de puta cuando no era más que un pobre hombre que fue atrapado por él. Era su víctima, es lo que piensa cuando sus mejillas enrojecidas por los bofetones, surcadas de lagrimas, se ahuecan atrapando el tolete, una rica prisión como lo es siempre para un sujeto la boca de otro carajo que estuviera mamándole el güevo.

   -Te gusta, puta; te haces la estrecha, la que no quieres, dices que no, pero tu boca… -le informe, teniéndose sobre él, reteniéndole contra su regazo abultado, la verga hasta la garganta, la nariz dentro de esos pelos abundantes, crespos y olorosos, mientras le desabrocha el cinturón  y el pantalón, para su miedo.

   Aún así, Nolan, ojos muy abiertos, casi asfixiado, su boca muy abierta por la rojiza tranca, la espesa saliva colgando de su mentón, intenta alejarse. Pero el puño se cierra terrible sobre su cabello, la halada hacia arriba es insoportable y el muchacho tiene que concentrarse en soportar el dolor sin morder por reflejo, sospechando y temiendo que el precio a pagar sería todavía mayor.

   Read le baja el pantalón y el largo y holgado bóxer, exponiendo sus nalgas púberes, redonditas y rojizas, con marcas de palmadas, poco velludas. Y mientras medio mece sus caderas, metiéndole y sacándole el güevo babeante de la garganta, una gruesa y pesada mano cae sobre los glúteos enrojecidos, acariciándolos, halando de ellos, los dedos en la raja, recorriéndola de manera expertas, para erizar y angustiar, y Nolan gimiendo lloroso, sorbiendo de la verga para no ahogarse, chupándola.

   -¡Perra! Eres una perra que nació para esto. –le comenta como si tal cosa.- No entiendo cómo nunca antes lo habías descubierto, cómo tus hermanos o tus amigos en el colegio no te mostraron lo que eres… -se la clava en la garganta, gozando esa legua, esas mejillas, las succionadas, el resuello caliente y vehemente en sus pelos.- Debieron enseñarte tu lugar, habrías sido tan feliz… basta con verte para saberlo. Mierda, si hasta Nerón se dio cuenta… que eres una perra necesitada de macho.

   El convicto sonríe, cruel y diabólico cuando la punta de uno de sus dedos gruesos y velludos frota la trémula entrada del muchacho, un culo casi virgen donde lo único que ha entrado, por ahora, era el miembro de un perro. Sonríe cuando siente las mejillas y lengua trabajar con más ahínco. Como el culo titila…

   Sonríe porque entiende lo que el muchacho todavía no comprende cabalmente, que estando allí, dizque obligado, en cuatro patas, con una mano reteniéndole posesivamente por el cabello, una palpitante, gruesa y babeante verga atorada en su garganta, los pantalones en sus rodillas, su culo tiembla, titila, se abre… Su culo parecía pedir a gritos una verga que entrara, un güevo que lo reclamara y dominara.

   Ese culo estaba listo para ser usado por los hombres. Y ese muchacho, Nolan Curtis, entendería, finalmente, que había nacido para satisfacer las enormes vergas de los hombres de verdad.

   El chico gime, agudo, tensándose, cuando el largo dedo se abre paso, centímetro a centímetro, dentro de su aguiero…

CONTINUARÁ … 13

Julio César.

¿ALÓ?, ES ET…

enero 5, 2014

MORGAN  FREEMAN… INVICTUS

ESCUCHANDO EL UNIVERSO

   ¿Y si saludan? ¿Y si dicen que vienen en camino?

   ¿Recuerdan la película Armageddon cuando el hombre de la NASA le dice al presidente de los Estados Unidos que no vieron venir el pedrusco porque el cielo es muy grande? Tan cierto es que la NASA parece que tiene un programa especial para que radioaficionados les ayuden a observar, más específicamente que escuchen una zona determinada con los millones y millones de gigawat de información al respecto recaudados del llamado radiofaro del proyecto SETI. Que cada socio vigile una parcela determinada y avise si ocurre o descubre algo. Existe el programa y la aplicación, la NASA te aprueba y te dejan para que vigiles un pedacito del firmamento. ¿Imaginan que uno esté en eso y escuche una transmisión no terrestre ni humana, pero decididamente no natural, acercándose? Dios, qué aventura. No me cuesta nada imaginar que millones ya lo estén haciendo, sentándose en horas determinadas y escuchando por entre la estática espacial… esperando todos ser el primero en hacer contacto.

¿MAQUIAVELISMO MAGALLANERO?

Julio César.

CUMPLEAÑOS FELIZ

enero 5, 2014

SU OTRA DEBILIDAD

UN CHICO Y SU JUGUETE

   “Yo… yo…”, balbucea al abrir el regalo de los chicos del colegio frente a sus padres. “Tranquilo hijo, ya lo sabemos. Disfruta tu obsequio”, dijo su papá.

CUANDO URGE, URGE…

Julio César.

VAYA CON EL MUCHACHO!!!

enero 5, 2014

VOLUNTARIADO

UN CHICO Y SUS TIOS

   Serán cosas de la edad…

   Aunque creo que es por putón. Desde que sorprendí al hijo de mi mejor amigo comiéndole el plátano a un compañerito de clases, jurándome que era la primera vez que lo hacía, y su llanto y temblores me hicieron creer que así era, tan sólo ha sido cuestión de días para que se hable de él en toda la barriada, por todos aquellos a quienes ha atendido. El muchacho ha salido tremendo calentorro; lo probó, se dejó llevar por el placer recién descubierto y ahora no se detiene ni se mide. Come a boca llena, a veces a dos o tres, o en cuatro patas deja seco al equipo de futbolito de la zona. Cuando no tiene nadie a mano, se llega hasta los estacionamientos y sonsaca a esos chicos aburridos, quienes por andar sin hacer nada piensan que no está de más una buena mamada… y de una cosa a la otra, de un hueco al otro, sólo hay una postura sobre el piso o la grava. Y se ha puesto ocioso, toma fotos y se las manda a sus amigos. También a mí. Se las voy a remitir a su papá, mi amigo, para que se joda; aunque… el carajito ese… tiene su encanto.

Julio César.

PELOTEROS EN PELOTAS

enero 5, 2014

LOS CUARENTA DE JUSTIN BIEBER

LEO MESSI, DOLCE GABANA

   Miren al Messi.

   Hace tiempo veía una película cómica donde un hombre famoso hacía una gran fiesta y asistían artistas, cantantes y llegaron unos populares jugadores de futbol americano, con el típico tamañote, y un chico evidentemente gay aplaudía todo emocionado. Cuando una mujer le pregunta desde cuándo le gustaba el futbol, este responde “desde que los jugadores hacen comerciales en ropa interior”. En la vida real, con la gente famosa que se destaca, ocurre ello. Amén del físico, que importa, claro, la habilidad tiene su propio encanto. Y cuando se trata de un atleta destacado, bueno en su trabajo, y a ello se suma una buena figura, tenemos a un Ronaldo Cristiano cualquiera, por citar a uno, que controversial y todo dentro del público, qué pinta se gasta, siendo centro de fantasías sexuales y no todas femeninas.

TIM TEBOW, MARISCAL DE LOS BRONCOS DE DENVER

   Atletas posando en ropa interior es una maniobra vieja, venden un producto (y las imágenes se atesoran, incluso hay quienes las coleccionan); lo curioso, para mí, es esto, posar por posar. Lo leí en un diario caraqueño populoso, EL PROPIO. Un grupo de peloteros de las Grandes Ligas, gente buena como ellos solos, modelan desnudos para una cámara que tiene que ver con un gigante de las transmisiones deportivas, la revista The Body Issure, del grupo SPNE, la cual se dedicó a escoger los mejores cuerpos de 2013, y los presenta como Dios los trajo al mundo, como regalo de fin de año a sus admiradores (¿vende o no vende la sensualidad?).

MATT HARVEY Y SU BOLA

   Famosos posando para las cámaras no es extraño, ya dije, se vende un producto, pero en este caso no es así, no venden cintillos para el cabello ni betún para debajo de los ojos, o calzoncillos. A menos que sea la venta de la propia imagen. Me pregunto si no les chalequean dentro y fuera de la cancha, si los compañeros, entre sardónicos y un tanto envidiosos (sanamente) no les pedirán posar. ¿Acaso hay mucho de de vanidad?

   ¿Saben que pienso?, que algo de eso pudo haber, se les ofreció dinero y lo aceptaron, ¿qué tiene de malo en esta, una cultura hedonista donde todos quieren dólares? Pueden preguntarle a cualquier revolucionario del mundo, de Cuba a Nicaragua, de Venezuela a Corea del Norte, el dólar manda (o el euro, cuando son sumamente hipócritas); que estos muchachones decidieran posar por una comisión no tiene nada de malo. Pero, no sé por qué me parece que la cosa es más profunda. Son buenos, son exitosos en su ramo, se esforzaron mucho por ello y ahora son admirados, amados y deseados, eso puede inflamar el ego; tal vez más de uno está decididamente contento con su apariencia (¿y quién no con esas pintas?), y desean que el mundo lo sepa. Que vean lo “bueno” que está. Algo también muy humano, ¿quién no sonríe de manera especial, sacando pecho cuando está convencido de que una camisa nueva le resalta y favorece?

   Como sea, llegaron los peloteros en pelotas, ¿un obsequio de fin de año de la revista para sus fieles lectores?, tal vez. Fuera de cualquier otra consideración, veamos…

MATT HARVEY

MATT HARVEY, UN PLATO CALIENTE

   Matt Harvey, pitcher de los Mets de Nueva York, cuenta con 24 añitos; a un año de su debut en las Grandes Ligas fue seleccionado como mejor pitcher del mes de la Liga Nacional y seleccionado al Juego de Estrellas.

JOSE BAUTISTA

EL BATE DE JOSE BAUTISTA

   José Bautista, dominicano que ha estado como tercera base de cinco equipos, ha asistido dos veces a un Juego de las Estrellas por la fuerza de su brazo al bate; ha ganado dos premios Hank Aaron de la Liga Americana, ha sido dos veces Bate de Plata y el primero en llegar a 50 cuadrangulares en una temporada con Los Azulejos de Toronto.

JOSE REYES

JOSE REYES HOT

   José Reyes, campo corto de Los Azulejos de Toronto (se inicia con los Mets de Nueva York), es otro hábil dominicano que ya ha estado cuatro veces en un Juego de las Estrellas, cosechando títulos como líder en triples y ser el pelotero con más bases robadas en toda la historia de los Mets.

GIANCARLO STANTON

GIANCARLO STANTON MOJADO

   Giancarlo Stanton, de 23 añitos, llega a las Grandes Ligas de la mano de los Marlins de Miami donde, contando con 20 años, dio un cuadrangular con las bases llenas, como sólo han hecho otros tres con la divisa, incluyendo a Alex Rodríguez.

   Seguro que no faltará, un pequeño grupo, claro, que critiquen esto; personalmente, que gente bonita pose ligera de ropas, no me molesta. Al contrario…

EL NUEVO IDEAL DEL MISTER VENEZUELA

Julio César.

LA TIERNA CARNE DEBIL

enero 5, 2014

PERICIA

ESO SI ESTA GOLDO

   El muy diablo conocía su debilidad.

   Grita y se estremece, no puede evitarlo, como tampoco el abrirlo y cerrarlo frenéticamente sobre esa lengua caliente, babosa y móvil. Ese hombre conocía su mayor flaqueza y así le obligaba a participar, con gemidos y súplicas de más, a sus prácticas cochinas y aberrantes entre hombres: la lengua en el culo.

   -Padre, no haga eso… -gimotea y se estremece.

   -Es por tu bien, hijo mío, debo apagarte ese demonio caliente que tienes en el culo para que vuelvas a salvo con tu esposa y tus hijos. –arguye el sacerdote. Y se la mete.

MOJADO EN LA PLAYA

Julio César.

LA PIRAMIDE EN EL MAR

enero 5, 2014

MI PARRANDA DE SAN PEDRO

LA PIRAMIDE SUBMARINA

   ¿No parece una pirámide?

   ¿No les encantó el inicio de la película Alíen vs Depredador (título para tonto), cuando un satélite encuentra una pirámide enterrada bajo el hielo polar? Imaginen localizar tales rastros de civilización; y eso que levantarla habría costado un gran esfuerzo mancomunado en un lugar que se estima tiene más de diez mil años bajo el hielo, lo que imposibilita que se construyera antes de ese periodo, con rasgos comunes a todas las pirámides del mundo, las egipcias, aztecas y asiáticas. Tal cosa sería sensacional. Por cierto lo de las características de todas las construidas hasta ahora es un recurso de quienes siempre intentan relacionar las distintas empresas humanas para sus construcciones y ponerlas bajo una sola inspiración: hay pirámides en todas partes porque la idea fue llevada y preservada por los descendientes de los atlantes. Lo de la pirámide esa en el Polo era un recurso de Hollywood, muy bueno, pero sólo eso, ¿imaginan estar buscando y encontrar una real? ¡Una pirámide bajo el océano!

LA ATLANTIDA SUMERGIDA   Cuando era muchacho, existían revistas que trataban temas fantásticos de una manera un tanto sensacionalista, una era Grandes Enigmas de la Humanidad (creo que mexicana), la otra era la Cábala, de cuando la gente la compraba y era interesante, no ahora que todo en feng shui y espiritualidad al estilo de Conny Méndez y Pablo Coello. Trataban sobre todo, vampiros, hombres lobos, sectas satánicas y ovnis, por supuesto. Y la Atlántida. El fabulo mundo antiguo, una tierra y una era de oro que terminó en un día, tan bruscamente que desapareció del registro histórico. La gran isla habitada por hombres y mujeres muy civilizados y que fueron destruidos; ¿cómo?, todavía se discute. Sí, porque aunque casi borrada por la Ciencia y la Historia oficial, esta noción se niega a morir totalmente, conservándose en la leyenda y los cuentos. ¿Quién siendo muchacho no se estremeció ante su nombre, Atlántida, que evoca misterio, desafío, encanto y aventura en aquellos que queremos creer en lo fantástico, sin que eso tenga que afectar necesariamente la realidad? Pero, a veces, de las arenas del tiempo como dirían los cursis, o del fondo del oscuro océano como realmente acontece, surgen vestigios, pequeñas ventanas temporales que permiten un vistazo, o posibles vistazos, a esos acontecimientos.

   Diocleciano Silva, marinero portugués (para continuar la costumbre), es el afortunado que navegando por Las Azores (nombre DIOCLECIANO SILVAmágico en la imaginación), en un archipiélago portugués entre las islas de Terceira y San Miguel, encontró la pirámide bajo el Atlántico al notar un curioso relieve en el fondo del océano. Con uno de esos peroles usados para estudiar la superficie marina y una carta batimétrica, se topó con la estructura de sesenta metros de altura y una base de ocho mil metros cuadrados, nada pequeña a decir verdad. Como suele ocurrir, ya se habla de estructuras naturales, pero las líneas parecen demasiado rectas y, al menos antes, la Ciencia sostenía que la naturaleza no creaba codos o ángulos rectos, por lo que el debate se abre, ¿es una pirámides real construida por hombres?, ¿cuándo?, ¿quiénes?, ¿de cuál tiempo histórico hablamos? La Historia no registra un periodo, o un pueblo, que hubiera construido por ahí y que se hubiera sumergido… como no sea el viejo recuerdo ancestral del cual ya se habla en Portugal: un vestigio de la Atlántida, el continente perdido.

   De la Atlántida se sospecha que “era más grande que Libia y Asia juntas”, entendiéndose que se hablaba de la Asia que se conocía en tiempos de Platón, el primero que habló del continente perdido; aunque se sostiene que era más como un conjunto de islas que partían un poco más allá de España, llegando a las costas de lo que hoy son Estados Unidos, México y Cuba. Ese recuerdo siempre se ha mantenido, igual que la ubicación. Lo del nombre mágico de Azores, que aviva la imaginación, viene porque cerca de nuestro continente, en las Binini, también se descubrieron sumergida en el mar, calzadas, muros y parte de edificaciones, y hay que recordar que dos zonas inquietantes del mundo están cerca, el Mar de los Sargazos (el cementerio de barcos, o el Mar de los Barcos Perdidos, del cual hasta Cristóbal Colón habló), y El Triangulo de las Bermudas (muy atacado y desprestigiado por la Ciencia, pero atractivo y sostenido todavía por los amantes de los misterios). El problema para todas estas edificaciones es la misma, la Ciencia, en este caso la Historia (que es una ciencia real), establece una línea recta de evolución cultural desde Sumeria, con sus poblados y escritura, a nuestros días, y en esta bien conocida y documentada progresión humana no hay cabida para súper comunidades perdidas por cataclismos. Sin embargo hay que recordar que todas las culturas, leyendas y pueblos diseminados por el mundo cuenta lo mismo, hablan de una era anterior de prosperidad y luz, destruido por un cataclismo mundial (o las deidades), del que sólo escaparon unos pocos iniciando nuevamente la civilización, aunque perdiendo buena parte de los conocimientos del pasado (tiempo y pueblos a quienes se atribuyen las grandes construcciones en piedra).

   La Tierra como planeta es increíblemente vieja (4.54 mil millones de años), y la Ciencia sostiene que desde que el primer homínido en vías de humanización bajó del árbol, hasta ahora, han transcurrido “nada más” que 4 millones de años, de los cuales el Cromañón apenas tiene cuarenta mil años (una trampa parecida en la que cayó su némesis, la religión fechando la edad de la humanidad); ¿no había nada antes de eso, durante todo ese largo periodo de existencia del mundo? ¿Y los dioses de todas las culturas, esos que se espera regresen y a quienes tantas estatuas se levantaron? ¿Ya lo sabemos todo?

   Ahí está la pirámide en el fondo del mar, ¿cuándo y quiénes la construyeron? ¿Cuándo se sumergió? ¿Realmente está todo dicho sobre nuestra historia?

Julio César.

BARCOS EN LA OSCURIDAD

enero 5, 2014

UNA ESPOSA DEVOTA

UNA MAMI GOZANDOLA

   A veces los mochos se buscan… y se juntan.

   Elena tuvo mala suerte. Eso lo piensa mientras se estremece, forcejea contra sus captores y grita entre sudores y llantos. No, o no tanto porque al quedarse trabajando hasta tarde en la oficina fuera raptada por esa pandilla de jóvenes gañanes, siete u ocho, blancos y negros, que la alzaron en peso en el estacionamiento, no valiéndole de nada que pidiera ayuda y pataleara para escapar, la llevaron a ese pequeño deposito y rasgaran sus ropas, peleando con las manos calientes y fuertes que recorrían su tersa y sensible piel, que entraban en su pequeña pantaleta tipo tanga, blanca y de encajes, dos dedos en su culo, de tipos distintos, hurgando y abriéndola, uno acariciándole el coño bajo la suave tela, entrando y frotándole con fuerza el clítoris, otras manos pellizcando sus pezones, bocas mordiéndolos duramente, hasta que la ataron y comenzaron a meterle todos esos juguetes sexuales a la fuerza, ensañándose especialmente con su dulce y cerrado culo. No, su mala suerte, o no toda, no fue verse apresada así de tipos ociosos que la llamaban puta, que la trataban como cosa y la degradaban mientras la penetraban por todos lados con esos consoladores que iban y venían contra las paredes de su recto y los de su vagina empapada…

   Su mala suerte consistió en toparse con la banda del Junior, un tío negro y malvado que convencía a sus amigos de ir a jugar con alguna nena de esas reprimidas que necesitaban ser liberadas sexualmente por los hombres, cuando en verdad el sujeto solo buscaba que la tocaran, la usaran, se excitaran al tenerla así, toda abierta, gritando y gimiendo, diciéndoles “miren su vagina y culo subiendo y bajando contra los consoladores” como si a ella le gustara, y que luego debieran escapar sin penetrarla para no dejar rastros (aunque sabía que esas mujeres jamás lo contarían y que con los años se masturbarían recordando cuando fueron tomadas), momento cuando él, “como amigo”, les ayudaría pajeándoles en algún callejón oscuro. Por eso lo hacía ese chico malo. Pero eso no lo sabe Elena, mientras grita ahogada con eso en la boca y su culo es abierto al límite por otro grueso tolete de goma.

UNA TARDE EN LA VIDA DE CARLA

Julio César.

NOTA: Es sólo ficción, ¿okay?


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