COMIDAS SOSPECHOSAS

junio 7, 2014

MARINES BESANDOSE

LECTER

   Dígame ahora que se están poniendo de moda…

   Hace poco una amiga me trajo de san Fernando de Apure un kilo de chigüiere, ya la carne desmechada. Me dicen que es toda una delicia, y cara (hasta tengo entendido que es delito cazarlos, ¿o son las lapas?), pero yo, después de sonreír y agradecerle con una gran mueca, la regalé. No soy dado a comer cosas extrañas, lo mío es res, cochino, gallinas y pescados (bueno, también los moluscos, por feos que se vean). Pero con eso de iguanas, lapas, cachicamos y chigüires, nada que ver. Ni siquiera soy amante de la carne de chivo o la de venado. Todas me parecen algo secas y ásperas. Todo el mundo dice “sabe bien, como a cochino o gallina”. Si quisiera comer algo que sepa a cochino o gallina, comería cochino o gallina, ¿para qué inventar? Lo sé, soy muy provinciano en este aspecto.

   El cuento viene a colación porque leyendo un portal viejo de noticias, en la oficina, supimos de un hombre y dos mujeres, en Brasil, en el departamento de Pernambuco, quienes aparentemente vendían empanas rellenas de carne humana. Como si la cosa ya no fuera alarmante, cuando la policía llega al lugar encuentra los cadáveres medio despellejados de dos mujeres, y los sospechosos al ser detenidos alegaron actuar “guiados por una voz” que les ordenaba acabar con mujeres de “la mala vida”. Estos locos son los más peligrosos, creen de verdad, en sus mentes retorcidas, que están haciendo el bien. Lo que encuentro difícil de entender es cómo se relaciona una cosa con la otra, okay, la misión es acabar con chicas malas, ¿pero convertirlas en guiso para empanadas? Otra cosa, qué caras tenían esos detenidos, había algo de salvaje e irracional en el tipo, que me recordó al tristemente célebre “Comegente” de Venezuela. Ese se veía como debe verse un demente que come personas.

   Dios, ¿imaginan vivir en Pernambuco, sentarse un día a leer el periódico y encontrarte con que la gente a quienes les compras empacadas de vez en cuando están detenidos por eso? Personalmente, creo que enfermaría. Para mí el tema, el canibalismo, está bien como acto secundario de una serie como Criminal Minds, o hace poco en CSI, o en película de horror (ni siquiera como plato principal, por decirlo así, nunca vi aquellas de Holocausto Caníbal); pero la verdad es que me parece demasiado terrible, de hecho es lo único que no me parece de la genial serie HANNIBAL, el protagonismo que hacen de la idea de los platos elaborados con restos humanos. Esa parte se pasa.

   Comentándolo en la oficina, recordé algo que vi muchísimos años atrás, cuando era casi un lactante, PANTALLA DE PLATA, por RCTV. Entrevistaban a un señor en Petare que comerciaba conservas de coco, el cual achacaba el que vendía bastante a que encomendaba las conservas a un santo que tenía… y rayaba un hueso de muerto sobre ellas. Mi señora madre, que casi puedo jurar vio el programa conmigo, asegura no recordarlo; no entiendo bien cómo yo sí. Es de suponer que con semejante recuerdo, fuera poco afecto a comer en la calle, en tarantines… pero no hay nada más sabroso que salir de parranda y terminar en un puesto cualquiera, de madrugada, comiendo lo que haya. Si alguna vez, por mala suerte pasé cerca de un loco de esos, qué nadie me lo señale, ¿okay?

   La cosa es inquietante, a esa gente la descubrieron, atrapaban mujeres, las mataban y luego sacaban lonjas (como en la barbería del horror, la película inglesa), ¿pero y si hay otros? ¿Qué pasa con quienes nunca levantan sospechas?

LUIS SUAREZ, ¿UN TRAVIESO MORDERLÓN?

Julio César.

RUTINA

junio 7, 2014

ORGULLOSO

HILO DENTAL HOT

   Lo importante de llevarse bien con todos.

   Siempre que se sentía estresado o agobiado, Fabián salía al jardín trasero de su casa a entrenar. Se sentaba en aquel banco con su hilo dental y se abría, una y otra vez, sosteniendo la posición; pocas veces, es cierto, y pronto conseguía el resultado que esperaba. Alguno de sus vecinos, tíos masculinos y mamarrudos, bajaban a ayudarle a ejercitarse en lo que más le gusta: el salto sobre la garrocha.

DEBILIDADES DE UN DURO

Julio César.

CASOS DE FAMILIA

junio 6, 2014

PATRIOTICO

CALIENTE DUO GAY

   Y justo en ese momento.

   Mientras gime y se estremece, incapaz de controlarse o de pensar, únicamente pidiendo más, Renato recuerda que cuando su hermana Silvia se casó con ese carajo supo que habría problemas. Él no era gay ni nada, pero el otro le intrigaba, luego se burlaba y le trataba de su “perra”, tal vez porque a veces le miraba mucho, o se sonrojaba cuando le hablaba… o por aquella tarde que le descubrió oliéndole los calzoncillos que dejó en la cesta de ropa sucia. Como fuera, y aunque intentó escapar y negarse, desde que le abrió el culo con su grueso tronco y le cabalgó de esa manera, intensa, fuerte y profunda, enloqueció. Se le olvidó que no era gay. No se medía, no se respetaba, siempre se la pedía. Fue justo en uno de esos momentos, cuando el marido de Silvia empujaba y se retorcía así, contra sus nalgas, él casi lloroso de gusto pidiéndole que le destrozara el culo, cuando ese tipo hizo la misteriosa aseveración que le dejó helado:

   -Joder, cómo te gustas. Tú y el suegro… ¡ufff!

CIRCUNSTANCIAS DADAS

Julio César.

ADIOS, DON JUAN CARLOS, REY DE ESPAÑA

junio 3, 2014

NO AL PIZZO

ABDICA EL REY JUAN CARLOS

   Hasta será un alivio para él.

   Nunca he sentido deberle nada a nadie y que otros no me deben algo, por lo tanto puedo despedir con simpatías a este señor al que no conozco y que abdica a su trono, el rey de España. La señora Cristina Fernández me ganó la frase, el Rey se va y América pierde un amigo. Muy lejos queda la conquista, la colonia y la independencia del continente, más cerca está el hombre que luchó por lograr la transición de la España franquista a la democrática, sostenido por esa otra voluntad de hierro, recientemente fallecido también, Adolfo Suarez; cuentan que en otro momento hasta expuso su propia seguridad para impedir que otra dictadura militar se hiciera con el poder. Lamentablemente eso fue hace mucho, la memoria es corta y por detalles como el elefante, su modo de vida y el asunto del yerno, se va don Juan Carlos en medio de una España dividida y alterada por la crisis económica (qué no dije del señor Rodríguez Zapatero y los españoles votándole). Aquí se le recordará por su: “¿Por qué no te callas?”.

HANNIBAL, UN FINAL DE SANGRE…

Julio César.

NOTA: Hoy, Leopoldo López enfrenta nuevamente la justicia controlada desde el poder. No pudiéndosele comprobar que conspiraba o promovía la violencia, ahora se le acusa por expresar opiniones. Ya el tribunal está cercado por las fuerzas de la represión y ni a su madre la dejan llegar. Así es como los países se hunden en el horror, paso a paso, y después se sorprenden e indignan cuando es tarde.

COMPLACIENDO

junio 3, 2014

MIEDOSITO

SEXY EN TANGA ESTAMPADA

   Chicas y atigradas. Así le gustaban a los panas. Ahora le pedían hilos…

MANZOTE

Julio César.

LA HUMEDA DERROTA

junio 3, 2014

FACHA PARA FIESTAS

LUCHA OLIMPICA MUY GAY

   ¡La regó!

   ¡No puede creerlo! Por Dios, ¿cómo le había controlado así? Él era un sujeto grande y fuerte, macho y masculino, con poder, pero ese tipo, recorriéndole de arriba abajo con la mirada de una manera alarmante, se le había lanzado encima, alzándole, echándole de espaldas, metiéndole mano bajo un muslo, caliente la tenía, reteniéndole, forzándole, lastimándole. Estando de panza sobre la colchoneta se le montó encima, durante un buen rato, frotándolo y lo sintió, sobre su trasero, tieso, casi saltando cuando una mano se metió y le tocó los pezones que no supo cuando se le endurecieron, y le alzó así, cabeza abajo, reteniéndole… y mordiéndole de una nalga a la otra. Gritó alarmado, todo el mundo mirándoles con bocas abiertas mientras ese sujeto metía el hocico entre sus glúteos, olfateando y mordiendo más, hasta alcanzar con dientes y lengua sus bolas cubiertas, rayando en ellas con suaves mordiscos, tragándolas, agitándole de arriba abajo, sintiendo lo duro de ese sujeto contra su espalda. Debía luchar, resistirse, escapar o todos creerían que… pero gritando con abandono y putez, estremeciéndose, corriéndose y mojándose la propia cara, sabe que perdió esa batalla.

UN CHICO CON CEREBRO

Julio César.

CONSPIRACIONES ADAPTABLES A TODO USO

junio 3, 2014

MI PARRANDA DE SAN PEDRO

CASCO CONTRA EL CONTROL MENTAL

   -Yo me cuido, ¡no dejaré que me controlen!

   Mucho me temo que mis amigos conspiratólogos están entrando en una frase de místicos suicidas. Y peor, posiblemente homicidas. Están excesivamente fanáticos. Antes, cuando uno se burlaba de sus teorías (las que sonaban a locuras, hay otras que llaman la abstención), se molestaban o te llamaban “idiota cerrado”, ahora sonríen de manera iluminada (palabra que temen y odian), meneando la cabeza, callando pero dejándote saber que eres un caso perdido, por necio, y que por lo tanto, por ejemplo, no te salvarás de la catástrofe de la llegada del planeta rojo (que no era Marte). Pero ya se pasan.

SIONISMO INTERNACIONAL SINIESTRO

   Aparentemente hay una conspiración que viene desde el inicio de la humanidad, o la Historia (eso fue el primate pararse en dos patas y comenzar la conjura), de un grupo siniestro y malvado que guarda secretos arcanos y crea problemas, asesinatos y guerras, para “alcanzar sus macabros fines”. Y de la cual, el Sionismo Internacional es sólo una de las facetas, un grupo movido desde las sombras y utilizado financieramente por los diabólicos Iluminatis (que también controlan a los neonazis, a los ultraderechista y a los radicales de izquierda), que ya echaban varilla cuando las cruzadas, pero que ya desde antes, de cuando ayudaron a escapar a la mujer de Jesús con todos sus hijos, para que no cayeran víctima del sionismo y el grupo que intentaba acallar la verdad (nunca dicen exactamente cuál es, en este caso, por ejemplo; a menos que no sea negar la divinidad de Jesús, y cabe preguntarse ¿sirven a quién estos comentarios?). Pero no, la cosa es aún más lejana, todo comienza con la raza de reptiles que llegó en los albores del tiempo, creando vida en la Tierra, un grupo que fue rechazado y combatido por los primeros humanos pero que permanecen todavía aquí, infiltrados, tejiendo sus redes, con papas, reyes y presidentes dentro de sus filas; sin olvidar a los banqueros, claro.

EL PAPA ILUMINATI

   Ah, todo suena bien, lo relatan asintiendo, seguros de sí; pero cuando uno pregunta bien, están ahí, ¿qué quieren? Te miran con ojos como platos, ¡controlar el mundo!, así tan panchos. Si señalas que llevan miles de años en eso, ¿cuándo, exactamente, controlarán el planeta (para saber, carajo)? O ¿por qué alguien conspiraría en la antigua Asiria para que miles de años después todavía no se controlara el poder aún? El poder. Quieren el poder. Suena extraño, pero es lo que te dicen. Poder, ¿cómo? ¿Para qué? ¿Para comprar vida eterna, por ejemplo? ¿Qué recompensa justifica miles de años dándole palo a la mata de mango? ¿Y los papas, presidentes y reyes están en el ajo? Te responden que sí, que son reptiles, o Iluminatis, o vasallos de la banca internacional (el malvado Sionismo, son tan graciosamente estereotipados), y trabajan en el plan antiguo del control. Entonces, si son papas, reyes y presidentes que están en sus filas desde siempre, ¿por qué no cambian las leyes y crean el gobierno común bajo el rey reptil, iluminati o sionista? Ahí se lanzan a largas explicaciones sobre los planes a largo tiempo, la gente que se opone, aquellos que retrasan sus maquinaciones denunciándoles; pero coño, estamos hablando de miles de años de planear y tramar, ¿cuándo carrizo se le verá el queso a la tostada?

EL REGRESO DE LOS ILUMINATIS

   En este punto siempre me molesto, y hace poco le contesté de malas formas a una amiga que quiero mucho, qué me parecía una reverenda tontería, ¿para qué tanto planear, comenzar guerras y motines, asesinatos y revoluciones, para llegar a casi seis mil años de Historia sin haber alcanzado el poder total?, que eso me sonaba idiota. Agregué que yo iniciaría una operación así, únicamente si consiguiera un secreto para convertirlo todo en oro, o lograr la inmortalidad y disfrutar para siempre de mi beneficiada posición, lo demás no tiene sentido, todos envejeceremos y moriremos, y quién sabe si nos cobran después tantas maquinaciones, ¿qué se gana con eso? Fue cuando esta amiga me sorprendió, y entendí que los amantes de las conspiraciones no acabarán jamás porque siempre encontrarán un escalón más bajo donde retirarse si el ataque es muy frontal: “Es que, en verdad, esa gente sirve es a Satanás”.

LOS REPTILIUMS

   Así lo sostiene ella; sionistas, iluminatis y reptiles (los antiguos Annunakis, convertidos ahora en demonios en el nuevo argot), todos son siervos del Diablo en su eterna batalla contra Dios, ¿qué se puede responder a esto? Todavía lo intenté, le pregunté ¿para qué el Diablo haría algo tan complicado (aún desapareciendo su propia existencia), si se supone que este es su mundo? A lo que me respondió algo que me dejó helado, no el por qué el Señor del Infierno haría eso, sino que “tú  no puedes ver más allá de la Matrix”.

   Si, señores, la Matrix. A eso hemos llegado. ¿Qué tan crédula puede ser la gente? Y no estoy negando la posibilidad de un mundo aún más vasto de lo que imaginamos, más extendido hacía atrás en el tiempo de lo que recoge la Historia, e incluso la posibilidad de facultades extrañas como la clarividencia (aunque la palabra cause escozor). La misma Ciencia admite que en este momento, sobre nosotros, entre nosotros y atravesándonos, pueden estar coexistiendo varias dimensiones simultáneamente, incluso una que actuaría como una gran pila de batería que registraría toda idea, sentimiento o pensamiento de todo ser vivo de antes, ahora o que venga luego, todo en un solo lugar a donde pueden acceder algunas conciencia privilegiadas, Nostradamus era uno, los Curie y Albert Einstein eran otros. La Ciencia, otra vez, está abandonando a su pesar la idea del caldo de la Tierra primitiva para explicar la aparición de las primeras formas de vida en el planeta (obligados a prescindir de Dios, se entiende), lanzando el problema más lejos, que habría llegado como esporas en meteoritos y cometas. Y en cuanto a la clarividencia, aunque no lo entienda ni sepa cómo funciona, hay registros que han quedado como advertencias o prueba; cien años antes del Holocausto, un intelectual judío alemán predijo que habría que huir de la tierra donde se quemaran libros porque más tarde se quemaría a las personas. ¡Cien años antes!

   Hay un mundo lleno de curiosidades e incongruencias que necesita ser estudiado, conocerse y entenderse, pero hay que tener ciertos límites. No se puede creer en todo al mismo tiempo, y menos si dichas nociones se contradicen entre sí. Es como la gente que adora a Buda como un dios, al que se le ora y encienden velas, cuando Buda luchó contra la idea de una religión necesaria para encontrar el nirvana. Con esta entrada quiero abrir un nuevo filón de temas, ya nos leemos.

Julio César.

COSAS DE TÍOS

junio 3, 2014

CERCANIA

MORDIENDO Y OLIENDO

   No sabe hasta cuándo podrá fingir que cree que es un calzoncillo comestible y revisa el sabor…

EL PERRO MAN

   Saliendo del trabajo fue capturado, ahora, de ese sujeto, cada día espera su chorro de meado…

CHICO CATIRE EN SPEEDOS ROJO

   -¿Un momento bochornoso?: cuando mi mamá encontró esperma en el trasero de mi bañador…

MAXHOS CALIENTES EN LOS VESTUARIOS

   ¿Qué se puede decir? Los deportistas celebran cada metida…

COMIENDO EN LA COCINA

   ¿Dos tíos en la cocina de tarde? Seguro uno quiere carne.

¡PASA!

Julio César.

AL FINAL DE LA PRIMAVERA… 5

junio 3, 2014

AL FINAL DE LA PRIMAVERA                         … 4

   Este relato NO ES MÍO. No entraré mucho en detalles, tan sólo que dos sujetos se conocen, conectan, y pasarán más de veinte años de sus vidas encontrándose y perdiéndose. Me gusta (no lo leí antes) porque es, argumentalmente hablando, muy completo. No es para menores de edad.

……

Título: Memories of AutumN

Autor: Damnlady62

JENSEN ANDA JARED, PADACKLES

   ¿Y si solo se nos permite un único gran amor?

……

   -¿Vamos a terminar, Jared? –la pregunta le hace dar un bote, elevando la mirada y encarándola.

   -Taylor…

   -Oh, por Dios, ¡así es! –jadea, sonriendo pero mirándolo turbada.- Lo intuía, notaba que me mirabas con… Oh, Jared… -no quiere expresar nada, no desea dar un espectáculo, pero le afecta.- ¿Qué pasó? ¿Qué nos pasó?

   -No lo sé, Ty… -se ve realmente afectado.- Yo… -no encuentra las palabras, pero ella asiente y sonríe, llorosa, con algo de enojo pero también pena.

   -No quieres lastimarme porque me quieres, pero no me quieres así y no sabes cómo decirlo sin herirme. –al joven le maravillan las palabras, el conocimiento que la muchacha tiene de él.- ¡Eres un estúpido, Jared Padalecki! No se tiene culpa cuando ya no se quiere… -va a alejarse, como buena adolecente, llorosa y con una leve carrera, pero él la retine como poco antes hizo con Jensen, y no sabe porqué se acuerda de él en esos momentos.

   -No, Ty, no me odies. –suplica, porque eso era importante. Ella le mira y sonríe leve, apoyando la manita sobre la suya y soltándose.

   -Lo siento, amor, no siempre se tiene lo que se quiere. Voy a odiarte… hasta mañana. –impulsiva, porque era un adiós para ella también, se afinca en la punta de sus zapatos, le alcanza y besa fugaz en los labios. Alejándose luego, hacia sus amigas, quienes le miran sobre sus hombros, molestas, y le acogen.

   Jared las mira. La mira. Por un segundo quiere detenerla, decirle que lo pensó mejor, que todavía la quiere, porque es cierto; pero la parte suya que ya madura, o que es jovenmente egoísta, sabe que así es mejor, por duro que fuera el momento. Que todo había acabado, y mejor de lo que esperaba. Que dolía, pero dejaría de hacerlo en algún momento, y que siempre podía llegar a la puerta de Taylor y pedir su amistad, una que le era importante.

   Sin embargo, ya no estaba de ánimos, ni siquiera le distrajo escuchar y ver el estallido de risas que provoca en el grupo un muy ebrio Tom cuando intenta ponerse de pie, yéndose hacia adelante y casi derribando a dos, luego hacia atrás, de culo sobre la portezuela abierta de la camioneta, resbalando y cayendo en la tierra. Riendo, Mike se tiende y le ayuda a ponerse de pie, casi luchando con su peso, Tom con cara de puchero, sentándole realmente sobre la portezuela. El rostro ebrio de Tom Welling era ciertamente gracioso.

   Pero ni eso le divierte ahora. No mientras sigue influido por la sensación de leve pesar, por Taylor. Así que se aparta, cerveza en mano, y se detiene frente a la hilera del maíz, ensanchando su tórax tomando aire, y mirando hacia la noche, se dice que estará bien. Es cuando oye un leve, violento y ronco gruñido.

   -¡Vamos, maricón! Abre tu boca de chupapollas, sé que te gusta… -acusa uno, exigiendo con vehemencia, seguido de lo que claramente se oye como una bofetada.

   -¡Déjame en paz, hijo de perra! –hay un lloriqueo de ira y Jared se congela.

   ¡Jensen!

   Una mezcla de curiosidad y algo de preocupación, obligan al delgado chico castaño a internarse entre las cortantes hojas del maíz, apresurando el paso cuando las voces se hacen más acuciantes y el forcejeo también. Aparta unas ramas y llega a un claro, reconociendo la espalda del chico de pie, enorme y fornido, Max Adler, quien atrapa la nuca de Jensen, el cual está caído sobre la tierra. Max parece intentar llevarle el rostro a su bragueta.

   -¡Déjame en paz, hijo de puta! –grazna Jensen, manoteando.

   -Vamos, marica. Sé que te gusta, se la comes a todos y ahora vas a chupármela a mí. –le gruñe bajito y decidido, como cuando se quiere que la toquen.

   -¡Adler! –estalla Jared, totalmente impresionado, ganándose una mirada sorprendida y precavida del chico del equipo de lucha.- Suéltale. –le ordena.

   -No te metas en esto, Padalecki. Tienes a tu porrista, mi novia no está y quiero una mamada, así que este marica…

   No puede agregar más, como no sea jadear cuando cae hacia atrás dado el violento empujón que Jared le da sobre el pecho, aterrizando de culo sobre la grama algo reseca, a un lado del sorprendido Jensen, el cual se ve de un alarmante color rojo tomate.

   -Una palabra más, Adler, y te partiré la boca, el culo y el alma. –advierte Jared, señalándole con un dedo, voz baja, pecho agitándose. Espera la reacción violenta del otro, le conoce. Tal vez deba pelear y…

   -¡Vete a la mierda, Padalecki! –gruñe Max.- Si quieres metérsela por la boca, es todo tuyo, aunque podrías compartir, ¿no? –lanza con desprecio, poniéndose de pie, sacudiéndose los fundillos del pantalón. Luego señala, feroz, al rubio.- Él sabía a lo que venía cuando me siguió. –casi escupa la acusación y se aleja a la carrera cuando Jared endurece la mirada y da otro paso hacia él.

   Jensen se estremece, sentándose, recogiendo sus rodillas y rodeándolas con los brazos, evitando la mirada de ese sorprendido y desconcertado Jared. El silencio se prolonga, y el malestar de Jared, que fue sumándose desde su llegada a pesar de los buenos pronósticos que hacía antes, le limita.

   -Tú… -comienza porque es muy importante saber. Se congela cuando Jensen alza la mirada verdosa, nublada, algo ebria, rebelde.

   -Si, vine con él, tenía una botella de tequila y… -se encoge de hombros, arrugando la frente.- En ese momento pareció una buena idea, no me preguntes ahora por qué. –se miran a los ojos y nota la lucha interna de Jared.- ¿Vine por el licor o la mamada? ¿O a dar la mamada por el tequila? –vuelve a encogerse de hombros.- Lo he hecho antes. Las tres cosas. –aclara de manera directa y brutal.

   Jared se ahoga, molesto por alguna razón que no entiende. Jensen era realmente un idiota, uno muy dañado. Debería alejarse de él y… Pero nota bajo toda esa desafiante, y hasta patética declaración y mirada, un dolor profundo. Un: “Soy esto, Jared, una basura, no te engañes conmigo. No sirvo”. Era la declaración tácita, y más de lo que podía soportar. No se aleja, no le reclama, sabiendo que tampoco tiene derecho, va a su encuentro y cae sentado a su lado, calculando mal, cayendo muy cerca, sus brazos, rodillas y caderas rozando.

   -¿Y en este caso? ¿Por qué viniste? –es la suave e importante pregusta. No sabe por qué, pero lo es. Jensen traga y sonríe, sintiéndose terriblemente mal, como si no aguantara estar dentro de su propia piel.

   -¿La verdad?, por el licor. Necesito… -aspira ruidosamente.- Quiero dejar de sentir, de pensar, de recordar. ¿Cómo se hace, campeón? Te he visto, ¿cómo pierdes un juego importante y continúas, sonriendo, feliz? ¿Conoces algún secreto para que las cosas dejen de doler? –interroga, roto, bajando la mirada.

   El castaño calla, desconcertado otra vez. Es tan sólo un muchacho, las cosas si le dolía y le parecían terrible, devastadoras a veces y muchas veces lo había gritado así, pero su madre, y en buena medida su padre, le decían que dejara los berrinches, que el mundo no se acababa y que más tarde se sentiría mejor. Pero eso no le brindaba sabiduría. No, no consigue las palabras que el rubio parece necesitar, así que le rodea los hombros con un brazo, atrayéndole y abrazándole, acunándole levemente, enfrentando su tensar, su temor, sus deseos de alejarse. Sorprendiéndose ambos por el gesto.

   -Oye, apenas sé qué ponerme por las mañanas. –confiesa al fin, intentando aligerar el momento, sin reparar siquiera que baja el mentón, apoyándolo en la nuca algo transpirada, y muy caliente, del rubio de cabellos finos. Y no sabe si alegrarse o no cuando le oye reír, entrecortado, tosiendo un tanto, cubriéndose con una mano la cara. Es una risa con sabor a llanto la lanzada por el pecoso, quien intenta, otra vez y ahora si lográndolo apenas, salir del abrazo.

   -Debo… -sin mirarle, Jensen intenta ponerse de pie, pero todo le da vueltas, no tiene fuerzas, además, Jared le atrapa por una muñeca reteniéndole en su lugar. Por un segundo se enfrentan, pero el rubio termina cediendo, quedándose donde está.- Campeón…

   -Jared. –le corrige, soltándole la muñeca y atrapándole la barbilla, luchando con él nuevamente y obligándole a mirarle a los ojos.- Soy Jared. Y tú eres Jensen, ¿verdad? Mucho gusto. –tiembla, no sabe por qué le era tan importante calmarle, ni por qué le afectaba tanto la cercanía o por qué le parecía tan atractivo ese rostro enrojecido y pecoso, anguloso y de brillantes ojos verdes cubiertos un tanto de llanto.

   -Eres un idiota. Y eso que te creía perfecto. –se le escapa en medio de la amarga burla y enrojece otro tanto.

   -¿Crees que soy perfecto? Qué honor. Oye, ¿piensas mucho en mí?

   -Oh, Dios… -gruñe bajito y mortificado. Hay otro silencio.

   -¿Qué tienes, Jensen? Esto no puede ser por la obra de teatro, ¿verdad?

   -Claro que no… O no totalmente… -se tensa.- Es por todo, Jared. –traga y mira al piso, preguntándose dónde está la botella, ¿Adler se la habría llevado?- La vida es una mierda. –termina al fin, y lo que podría ser una declaración desagradable o amarga, expresada por alguien que ha tenido un mal día, en la voz del rubio parece sentenciar toda una manera de ver el mundo.- Mi vida es una mierda. –aclara aún más.

   Jared le mira intensamente, deseando penetrar en su mente, en sus secretos. Su alma. Están muy cerca, así que detalla su perfil al estar el otro mirando a la noche. Levemente afectado ahora, el castaño no quiere dejarse llevar por la depresión del otro. No le entiende, no puede, sabe que le han pasado cosas terribles, pero… Su mirada va también a la noche, fijándose en ese cielo inmenso de Texas, uno que se extiende aparentemente por todo el mundo, que parece abarcarlo todo. Bajo él, así como es, era fácil creer que en todas partes existía ese aire de libertad y oportunidad para todos. Todos cabían. Todos tenían su espacio y su chance.

   Aunque algo oscuro, el firmamento está tachonado de brillantes estrellas, racimos de curiosos detalles, y Jared recuerda que las veía de noche, de niño, tirado en la grama de su jardín, perdiéndose en su inmensidad. Cuando soñaba con ser un astronauta lanzándose hacia lo desconocido, o hacia la Casa de Dios, como le corregía su madre. Era esa misma bóveda celeste, una conocida, que había cobijado su niñez alegre, su vida de joven que comenzaba a vivir, lleno de promesas de cosas aún mejores por llegar. Antes, echado de espaldas en su infancia, no podía saberlo pero intuía la gran aventura que podía haber más allá para él, como ahora lo sabe, con expectativas e inseguridades, porque tan sólo es un muchacho, esperando lo bueno, temiendo que pudiera no llegar por alguna razón, sentimiento que pronto era olvidado; eso sí, muy ansioso por comenzar. Por eso no puede entender al abatido chico a su lado, su pesimismo, su “ya todo acabó para mí”.

   El viento templado y perfumado se siente, sobre sus caras y manos, meciendo el maizal que canturrea monocorde, y a Jared Padalecki le parece todo tan hermoso, tan armónico, tan puesto allí a propósito para que lo aproveche un grupo de jóvenes alocados que quieren vivir una juerga esa noche, todavía de escuela, una que acaba, que no le cuesta entender a su madre quien asegura ver en todas partes las pruebas del amor de Dios. Y la idea le agrada, porque destraba algo dentro de su pecho que está así desde que encontró a Jensen siendo agredido. No era justo que ese muchacho sufriera y llorara, por nada, no bajo ese cielo inmenso, bajo esas estrellas hermosas, esa noche mágica. No a su edad. No un joven que comenzaba a vivir.

   -A mí me gusta, Jensen. La noche, este lugar. La vida. –extiende sus piernas, echándose un poco hacia atrás, su codo totalmente en el cálido costado del rubio, sintiéndose increíblemente bien.- Me gustar aquí, ahora…

   -¿Por qué? –el pecoso se vuelve a mirarle, exasperado y confuso. Muy curioso.

   -Porque estoy… contigo. Y eso me gusta. –lo dice como lo siente, dejándose llevar, sin meditarlo. El corazón le salta en el pecho cuando le ve parpadear, sus labios entreabiertos, agitándose sin voz, deseando preguntar algo pero no atreviéndose.

   Se miran y se miran, gargantas cerradas, bocas secas, ojos brillantes. ¡A la mierda!, se dice Jared, enderezándose, tendiéndose hacia el rubio, pero todavía preguntándose qué hacía cuando roza los labios rojos del pecoso con los suyos. Una caricia etérea, sus labios separándose apenas unos centímetros, sus respiraciones pesadas bañando al otro. Jensen tragando, en seco, y Jared regresando, acallando su mente, únicamente dejándose llevar. Sintiendo. Viviendo. Y lo siente, abrir un poco su boca y atrapar el gordito labio inferior de Jensen, tembloroso, le erizó la piel de pies a cabeza, cuando tantea con la punta de la lengua sobre él, sintiendo la respiración más pesada del rubio, el corazón le estalla en fuertes latidos, cuando el rubio abre un poco más la boca y puede tantear ahora sobre sus dientes, entrando un poco más, encontrando su lengua, Jared ya no pieza, algo caliente y fuerte estalla por sus venas, mareándole y nublando su juicio, tan solo consciente de esa lengua que toca. Esta tenso y caliente, bajo su pantalón le endurece rápidamente el miembro, y cuando sus lenguas chocan y se frotan decididamente, paladeando el tequila en su boca, Jared pierde totalmente los tapones.

   Medio agachándose sobre la rojiza tierra bajo la seca grama, Jared se tiende hacía él, imposibilitado de alejar su boca, detener su lengua o de succionar ahora. Le atrapa la lengua a Jensen y chupa de ella, halándola, mientras sus manos se mueven con vida propia, una de ellas, su palma abierta cayendo sobre la plana panza del rubio, hormigueándole bajo el toque, tan cálido como está.

   -Campeón, ¿qué…? –jadea Jensen, todo ojos, cuando sus bocas se separan un momento, húmedos de saliva.

   Pero Jared no quiere pensar, detenerse o preguntarse qué hace, qué es eso que siente o por qué le gusta tanto. No puede enfrentar tampoco las dudas del rubio, no cuando no puede con las propias, y atrapándole una mano la lleva a su pecho, y cuando la palma abierta del otro cae sobre su corazón, el castaño cree que se le detiene por un momento, para luego saltar aún más desbocado. Se miran, ojos nublados y húmedos, los dedos de Jensen medio flexionándose sobre la joven piel de Jared Padalecki, por encima de la franela, el capitán del equipo de futbol del colegio. Y ese toque logra que la sangre no corra sino que fluya como lava por las venas de Jared, quien se tiende sobre él, derribándole, atrapándole la quijada con una mano, comiéndole la boca, mientras cuela una pierna entre las del joven. Sintiéndolo las manos de Jensen sobre su espalda baja, metiéndose bajo la chaqueta y la franelilla, tocándole y quemándole sobre la piel… y sus miembros totalmente erectos. Frotarlo de Jensen, mientras el de Jensen se frota de su piel bajo las ropas, le parece el colmo de lo caliente. Se besan, Jensen le araña la espalda, desbocado también, mientras se posicionan y sus erecciones están ahora una contra la otra, y se agitan, se frotan, van y vienen y cada pasada les hace delirar…

   -¡Jared! ¡Jared, hijo de perra! –se oye el grito lejano, que pronto parece estar al lado cuando el maizal se desplaza por acción de una mano y aparece Chad Murray, quien se detiene en seco.

   Nada más escuchar los gritos, Jensen se congeló bajo Jared, más despierto para ciertos asuntos, o más consciente de que “hace algo malo”, como no se cansan de decirle en casa; como sea, es de los que no tiene tiempo que perder espabilándose. Pone sus manos bajo Jared y le empuja fuera, sentándose, casi al mismo tiempo que lo hace el castaño, rápido como él mismo, pero mirándole confuso. Más bien parecía que iba a discutir con el rubio, hasta que repara, cabalmente, en Chad, allí, mirándoles con la más viva sorpresa.

   -¿Pasa algo? –le pregunta, voz fallándole, pasándose las manos por el castaño cabello.

   -¡No lo sé! –grita Chad, quien parece estar pensando en varias cosas, enredándose.- Creí… -otra figura aparece casi inmediatamente junto a él, por lo que compone cara de normalidad.- ¡Te busca el entrenador Beaver!

   -Padalecki. –gruñe el viejo pelirrojo, ojos severos, rascándose la rala barba mirando de su jugador estrella al rubio que evita las miradas de ambos.

   -¿Si, entrenador? –pregunta este, mirando a Chad, preguntándole sin palabras cómo lo lleva así, y Chad, ceñudo, sólo se encoge de hombros. Parece molesto.

   -Muchacho, necesito hablar contigo. Algo importante… y grande. –anuncia el severo hombre.- Podemos ir a…

   -Señor, estoy con mis amigos y… -Jared mira de reojo a Jensen, que se pone de pie, algo inseguro.

   -Esto es importante. –puntualiza un poco impaciente, Jim Beaver.- Imagino que tus amigos pueden entenderlo.

   -Yo sí. –gruñe Chad, finge un saludo militar y se aleja.

   -Yo… también. Adiós, campeón. –Jensen gruñe y se aleja, sin mirarle, y Jared se agita y quiere seguirle.

  – Jared… -llama, pero le detiene Jim.

   -Espérame y te llevo. –ofrece Jared, pero sabe que no lo hará cuando el rubio se vuelve, se despide con la mano y se aleja. ¡Maldita sea!

   -Muchacho, ¿se puede saber qué coño estás haciendo? –Jensen siente un frío de miedo al escuchar la molesta voz que reclama a sus espaldas, seguramente el viejo les había visto y…- ¿Tequila? –mierda, ¡la botella que creyó perdida!

   -Es una fiesta, entrenador. –oye la defensa de Jared, sin inculparle, y eso le llena de un calorcillo tan grato como intimidante.

   -Esto puede costarte mucho, ¿no lo entiendes? Muchacho, el mundo está por abrirse para ti, de manera total y maravillosa. No imaginas qué tanto. A veces, tratando con tantos durante tantos años, uno detecta quienes están destinados a triunfar, y tú eres uno de ellos, Padalecki. No lo arruines todo con tonterías. No eches a perder tu vida por un error idiota. –escucha Jensen, todavía alejándose, así como el sonido de una botella cayendo, y lo resiente.

   El entrenador parecía estar hablando de él.

   Hacerle daño a Jared… No, tal cosa era impensable, se dice, con un profundo pesar.

……

   Jared despierta en su cama casi con brusquedad, sentándose de golpe, su pecho subiendo y bajando rápidamente, aún con los calcetines de lana puestos, así como su holgado bóxer de cuadritos… el cual muestra su erección. No era raro que despertara con una, le ocurría así casi diariamente desde los quince años, pero ahora…

   Se deja caer de espaldas llevándose las manos al cabello. Jensen. lo recuerdos vuelven y realmente ceñudo mira el techo cómo si pudiera encontrar una respuesta a toda esa situación tan confusa. ¡Le había besado la noche anterior! Él había besado a otro chico… y le había gustado. No, le había encantado. No sabe qué le llevó a ello, pero sentir el cuerpo del rubio, rozar sus labios, probar su saliva, su aliento… Gime ruidosamente, cerrando los ojos, casi sintiéndose culpable de tenerla ahora más dura. No podía engañarse, tener a Jensen así había sido embriagador, extraño y excitante. Trabar sus lenguas fue casi tan caliente como cuando cayó sobre él, y sus erecciones se frotaron (y el recuerdo le hace palpitar), pero él no besaba tíos. No le gustaban. No de esa manera. No era gay, ¿verdad? Una vez alejado el rubio, se sintió extraño, algo culpable y preocupado. Había actuado mal. Pero con el pasar de las horas de la noche…

   Y el sueño. Cierra los ojos, respirando con rapidez, superficialmente, estaban besándose otra vez, Jensen sobre la grama, sus rojos labios abiertos y él cubriéndolos totalmente, metiendo con ansiedad su lengua que recorría las interioridades del otro, sorbiendo, chupándolo todo, atrapándole la lengua y halándosela hasta llevarla a su boca, rayándola con sus dientes. Y durante todo ese rato, el rubio luchaba por meter una mano, atrapando sobre el jeans su miembro erecto, caliente y palpitante, casi haciéndole gemir. Ese puño apretaba y apretaba, se sentía increíblemente bien cuando iba y venía sobre él. El sueño había sido…

   El toque a la puerta va seguido de la entrada algo aparatosa a su cuarto de Chad, por lo que apenas tiene tiempo de sacar la mano de su bóxer y cubrirse la evidente erección.

   -¡Oh mierda! –graznan los dos a un tiempo. Como suele hacerse en situaciones parecidas.

   -Joder, ¿ya no te mides? ¿Una paja en la mañana sabiendo que pasaría por ti? Ya estoy cansado de verte haciendo tus cochinadas. –gruñe Chad, mientras Jared toma más de la sábana, cubriéndose mejor.

   -¿Por qué coño entras así en mi cuarto? ¡Tuviste suerte de no encontrarme rascándome el culo! Y no hables de las pajas mañaneras, puedo recordarte las tres veces que…

   -¡Es historia vieja! La puerta de mi cuarto no tiene seguro. Mamá no me deja. Teme que me drogue.  –le silencia, mirándole molesto. Realmente molesto.-  ¿Fue por eso? ¿Es mi culpa?

   -¿Qué? –no le entiende, pero le mira mientras se rueda sobre el colchón y queda sentado, un joven y bronceado dios desnudo.

   -¿Te volviste marica por haberme pillado masturbándome esas veces? Coño, sé que la tengo bonita, pero…

   -¡Chad! –tras él, en el pasillo, Sherri Padalecki le mira impresionada.- ¿De qué estás hablando?

   ¡Joder!, pensaron a un tiempo los dos chicos.

……

MAX ADLER

   Max Adler… lo único que sé de él es que tiene pinta de matoncito, y no se le ve mal. La verdad no recuerdo haberlo visto antes.

CONTINÚA … 6

Julio César.

MOMENTOS

junio 3, 2014

GENEROSO Y AGRADECIDO

AYUDANDO AL PANA

   Hay instantes en la vida de todo tío, por grande y fuerte que sea, cuando necesita que un amigo le llegue hasta el alma.

PARTY

Julio César.


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