INCORDIO

febrero 9, 2013

ALGO POR ALGO

TIO SEXY EN TANGA

   ¿El problema con el atuendo que nos dio para trabajar con esta ola de calor? ¡Que algo se me sale por arriba y la tela se me mete por detrás! ¿Quiere ver?

HABILIDAD

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… 100

febrero 7, 2013

LUCHAS INTERNAS                          … 99

HOMBRE SEXY

   Alguien siempre espera por el amor y la pasión.

……

   Hay gente que se deja llevar por lo que siente, y lo hace, aunque no sea lo convencional, lo que debería ser. Pepe era uno de ellos, era un carajo joven, mucho, y quería probar y experimentar, y lo hacía, aunque imprudentemente, con esa negligencia que destruye a la larga si no se tomaban precauciones; como lo sería en el caso del sexo, el uso de protección como el condón.

   El joven quería explorar su sexualidad, y literalmente podría estallar ahora, atendido como estaba por esos dos enormes carajos. Facundo y Braulio están sentados uno al lado del otro, de hecho una pierna de Braulio estaba montada sobre el muslo del amigo, mientras Pepe, caliente y sudando, sube y baja su culo, chillando, estremeciéndose todo, cabalgando su cuerpo sobre el tolete de Braulio, grueso y tieso.

   -Hummm… hummm… -es todo lo que puede gemir el chico, saltando sobre ese carajo, sudando a mares, agarrándose de sus anchos hombros.

   Tomándolo de una mano, Facundo lo obliga a movilizarse y subir ahora sobre su tranca. El tipo chilla cuando ese joven culo, tan caliente que derretía acero, tan mojado que sentía que algo le corría por el tronco, lo aprieta fieramente. Sentir sus jadeos, sus bamboleos y el peso de su cuerpo sobre el pubis, lo enloquecía más. Atrapándole las caderas lo aplastaba contra su cuerpo, meciéndolo de un lado a otro para sentir como ese culito le apretaba rico el tolete. Las blancas y abiertotas nalgas suben, mostrando la raja lampiña y ese culito redondo, que parece chico, que sube y baja con ganas sobre esa enorme tranca cobriza, cabezona y nervuda. Con un jadeo, Braulio le hala por un hombro y Pepe, sonriendo, caliente y casi enloquecido, va hacia él, dejándole el güevo a Facundo triste y solo. Ahora Pepe siente como es el güevo caliente y durísimo de Braulio el que le destroza las entrañas. Se siente débil y casi solloza ante tan rica atención; las manotas del hombre atenazan sus nalgotas, agitándolas como quien mece gelatina, empujando el redondo culito de adelante atrás sobre la rígida tranca dura.

   Mientras les mira, Facundo piensa en aquellos años lejanos en el cuartel; como cuando una tarde, después de lo que Braulio le contó del catire Geraldo, lo encontró boca abajo en su camastrón, leyendo algo, agitando una pierna flexionada y alzada, vistiendo su calzoncillo azul, pequeño, no de reglamento, porque esos nunca alcanzaban y cada quien debía conseguirse lo suyo. Esas nalgas firmes que se tragaban la telita, lo excitaron, provocándole una escandalosa erección sobre el pantalón verde camuflajeado. Geraldo se volvió sobre un hombro, mirándole, reparando en la tranca bajo el pantalón.

   -¿Te gustaría culearme? -se ofreció así, sencillamente.- Tú culeas, ¿verdad? A mí me gusta que me llenen el culo de güevo…

   ¿Y qué puede responder cualquiera ante semejante oferta?

   La mente de Facundo quedó en blanco. Fue hacia la cama, cayéndole encima, arropándolo con su cuerpo, sintiéndolo joven y caliente bajo él. Su cadera fue contra esas nalgas, frotándose, gimiendo. Y allí no hubo tiempo de sobadas, de mimos, lamidas o besos. La mente de aquel hombre joven sólo estaba poseída por una fiebre frenética, y montado sobre esa espalda y nalgas, logró, tras muchos esfuerzos, abrirse la bragueta del pantalón, sacándose la tranca a duras penas; montado sobre el catire, acostado igual a él, lo enculó duramente, taladrándole al agujerito que se resistió bravamente, pero que logró rasgar después de algunos segundos, metiéndoselo todo.

   Lo hizo con un gruñido, casi sin oír los quejidos del otro ante tan bravo ataque del macho cabrio. Facundo sintió aquel culito apretado echando candela contra su güevo, mientras lo apretaba y lo amasaba. Tenía la mente roja, no pensaba en lo delicado de la situación, que alguien entrara y los encontrara así, acusándolos y convirtiéndolos en parias que debían ser expulsados. No oía lo lamentos del joven que chillaba, “suavecito, papá. Suavecito”, al arderle y dolerle el culo ante tan despiadado ataque. Nada de eso lo consideraba el hombre joven mientras levantaba sus nalgas, sacándole el güevo del desgarrado culo, y volviéndolo a clavar con todo su peso, gruñendo como un animal, sintiendo como ese huequito le sorbía los sesos, así como el güevote. Correrse, llenárselo de leche mientras el catire se corría también, apretándoselo en ese instante de manera salvaje, fue uno de los mejores polvos de su vida hasta ese momento.

   Braulio lo supo en seguida. Y un día más tarde lo enculó en las duchas, taladrándole el culito ya abierto, preguntándole si le gustaba más que el de Facundo, mientras Geraldo chillaba. Los dos le cogieron y les encantó. Nunca se lo contaron a Lucas, por vergüenza. Lucas nunca haría algo así, ni lo entendería.

   Semanas más tarde el pelotón era emboscado en La Sierra de Perijá, por un grupo de insurgentes del vecino país, ese cáncer que Colombia padecía y sufría dolorosamente desde hacía años. Los atacaron, aunque Inteligencia Militar alertó sobre eso; pero un Teniente que soñaba con glorias y laureles, los llevó a la trampa, corriendo cobardemente después al quedar un grupo entre dos fuegos. Con un coñazo de Lucas en la boca, éste lo desautorizó, tomando el control, y gritó que debían ir por los otros, los que quedaron atrapados tras la línea. Todos regresaron menos el Teniente a quien hubo que empujar para que cumpliera con su deber.

   Braulio, Facundo y Lucas lucharon bravamente. Geraldo cayó con una herida en el abdomen, era uno de los atrapados, y Braulio se lo echó sobre los hombros, aunque el Teniente pretendía abandonarle como un muerto ya. Cargaron con él, ¡y si estaba muerto! Pero era impensable para él y para Facundo dejarle allí, abandonado en los montes mientras agonizaba y moría; no al catire culialegre. Al regresar todos contaron de la cobardía del Teniente, pero a Lucas se le detuvo por atacar y desobedecer a un superior, un hijito de mamá, cuyo padre, otro oficial, hacía frecuentes viajes a La Orchila para cumplir la peligrosa tarea de llevar hielo a la familia presidencial de esa época. El batallón amenazó con un motín y un escándalo, y prefirieron dejar ir a Lucas, separando al resto por toda la geografía nacional.

   El indio y Braulio renunciaron, y amenazaron con que o los dejaban ir o desertaban y cazarían cobardes. Los dos hombres, recién vestidos de civiles, planearon matar al Teniente en una taguara. Fue idea del indio taciturno y silencioso, esa gente era jodida, te amaban hasta la muerte, de manera fiel, decepciónalos y serían tu peor pesadilla. Si, lo acabarían como a un perro, lo harían por Lucas y por Geraldo. Lo esperarían fuera del botiquín y le matarían a coñazos; le darían la oportunidad de defenderse, pero al final lo matarían con sus propias manos. Lucas, de alguna manera, les adivinó y se los prohibió. Si lo hacían serían detenidos y encarcelados. El Sistema ganaría; el Sistema siempre ganaba en su ruindad. Que ya habría otras formas de enfrentarlos, a los cobardes, a los traidores, a los hacedores de muertes inútiles. Y lo hicieron. Habían sido muchas las veces que se reunieron y atacaron. Y ahora el Sistema se había vuelto más impúdico y degenerado que nunca, en manos de gente mil veces más cobarde, la sanguinaria y criminal Izquierda fascista. Hoy se pactaba con los enemigos y asesinos de ayer, los que odiaban a Venezuela; se les invitaba para que vinieran a mandar y a regar su miseria y muerte. Y Lucas tenía una nueva misión para ellos; algo extraño, casi ilógico, pero lo harían…

……

   El restorán era pequeño, discreto, casi íntimo, donde en un pequeño carrito podían prepararte algo al instante al lado de la mesa. En una algo apartada, el elegante y atractivo Franklin Caracciolo cena (carne a la parrilla en una espesa salsa negra), junto a un apuesto joven de cabellos castaños levantados, en jeans y franela, que devora una milanesa de pollo… con hambre evidente.

   Mientras come, Nicolás mira al otro con inquietud, sabe que está molesto, y mucho. Le observa trinchar la carne y masticarla como con fastidio, con la nariz arrugada, como si algo muy feo y desagradable oliera allí. Y el joven sentía, o sabía, que era por él. Y eso lo turbaba. Intentó dos veces hablarle, de cosas que vio ese día, pero no logró mejorarle el ánimo. Estaba celoso, se dijo, con una mezcla de espanto y de excitación extraña que le confundía más. Frank continuaba molesto porque estaba celoso de Jerry. La idea era como lava corriendo por sus venas, pero ya no quería más eso, verlo taciturno, comiendo como obligado, como soportándole cerca a duras penas.

   -Esto está delicioso. –intenta una leve sonrisa, pero los claros ojos del otro le indican que ya lo sabe y que esa noticia no le interesa.

   Frank trincha más carne y casi siente ganas de escupirla. Mira con furia apenas controlada a Nicolás (aunque está haciendo un esfuerzo sobrehumano, por el que deberían levantarle un monumento, para llevar la fiesta en paz), ¿cómo esa ratita podía enfurecerlo tanto? ¡Salir con ese sucio! ¡No querer salir a comer algo con él! ¡Mira como come!, se dice molesto al recordar que no quería ir. Pero ver esa voracidad, así como los ojos brillantes de gusto por lo rico que come, y de vergüenza al mostrar ese apetito, le ablandan. Recorre sus cabellos y su frente lisa, así como sus ojos algo juntos, su nariz recta y un poco alzada en la punta, con algunas malditas y bellas pecas. Y esa boca de labios que ahora brillaban un poco por la salsa de la milanesa. Una boca que él sabía era tibia y dulce, reconoce con un estremecimiento ante lo que admite para sí. ¡Le gustaba!, ese carajito le encantaba y lo tenía chiflado. Enrojeciendo de vergüenza, mira su plato y come, sintiendo como su disgusto va cediendo.

   Maldita ratita…

   Al salir del restorán, seguidos por una que otra mirada curiosa (había una química rara entre ellos que gente con buen ojo podía captar), van a un conocido centro comercial cercano. Enorme, elegante. Y se pasean por allí, Nicolás contándole todo lo que hizo durante el día, algo inocente y puro, y Frank oyéndolo, a su lado, con sus manos en los bolsillos del pantalón. Miran una gran tienda de música, libros y películas de video, y entran recorriéndolo todo. Se detienen frente a una sección de música clásica y Frank, con soltura y dominio, habla de los compositores, de sus obras, de sus tiempos y países. Habla de piano, de violines, de vals y de operas.

   Nicolás, feliz como un chiquillo que aprende una lección, reconoce algunos compositores de la representación a la que ambos asistieron. Sonriendo, Frank toma los compactos y se los tiende.

   -Son tuyos. –ofrece Nicolás abre mucho los ojos.- Sé cuánto te gustó.

   -No. No. Déjate de vainas. No lo hagas otra vez. -y Frank sonríe, tomándole la mano y colocándolos allí.- ¿Quieres contentarme con regalitos?

   -Me pruebas, ¿verdad? Creo que buscas que te bese aquí mismo, delante de todos.

   -Por suerte hay poca gente. -sonríe apenado, sintiéndose culpable de aceptar regalitos y de que el otro pague sus cosas. Se sentía… una puta, como Mujer Bonita, y hasta pensarlo lo hace indisponerse por lo ridículo y sucio que suena.- Frank, no gastes en…

   -Cállate y cuéntame de nuevo donde estuviste toda la tarde. Creo que no me lo has dicho todo sobre el paseíto ese. -Nicolás estudia las carátulas, sonriendo.

   -Estuve en la plaza de La Libertad. -Frank lo mira feamente impactado, tomándolo rudamente del hombro, lastimándolo otra vez.- ¡Oye!

   -Te dije que no te quería ver por ahí. Ese no es sitio para ti. Sólo hay perdedores.

   -No digas eso. Es gente que sacrificó mucho, sus vidas y aún una pensión y un retiro tranquilo.

   -Este paro es una idiotez; esa gente sólo está sirviendo de carne de cañón. ¿Por qué ibas tú a pararte para ayudarme a mí… o a los ricos en general? -lo reta.

   -No lo hago por los ricos, o los políticos, o los empresarios. Por mí que se los trague la tierra a todos ustedes. -grazna algo violento, con ojos brillantes, uno frente al otro, Frank aún tomándolo de un hombro, quien los viera no podría dejar de pensar que eran novios peleando.- Lo hago por mí, por cómo era mi papá, y hasta mi mamá antes de… quedarse sola. Uno quiere vivir en paz, sin miedo a ser atracado por un malandro o herido por un militante del Gobierno, sabiendo que eso se quedará así, porque para esos no hay policías, fiscales o jueces. Para eso no hay ley, pero para sacarle plata a la gente sí, sin darle nada a cambio. -suena feroz.- Los odios y los enfrento porque son mentirosos y se burlan de la ignorancia de la gente que un día los quiso y se ilusionó con ellos. Prometen cambios y roban, prometen justicia y los jueces sólo persiguen a sus enemigos. Prometen dignidad e imitan a regímenes asesinos, déspotas y criminales que mantiene cautiva a su gente, matándolos de hambre, obligándolos a prostituirse para que los jefes vivan bien. ¿Por qué lo hacen? ¿Por qué alguien querría imitar a Cuba en lugar de esos países donde la gente consigue trabajo, y si tienen un problema pueden ir a la presa y a un tribunal; países que han resuelto el problema de la asistencia médica o el seguro para los viejos? No lo entiendo. Pero no se les puede permitir que conviertan el país en una gigantesca cárcel. Por eso se paró esa gente.

   -Son sólo palabras.

   -Son las cosas en las que creo.

   -Ratita, no te quiero allí, no te quiero en esa plaza, ni junto a esa gente. -lo mira cálidamente, casi suplicándole, y la fuerza de esa mirada intensa hace que el joven se estremezca.- Puede ser muy… peligroso.

   -Simplemente vivir en este país ya lo es. Es la hora de la gran batalla, ¿no lo ves? Hay que detenerlos. O nos paramos ahora y resistimos la oleada de los bárbaros, o todo se cae y debemos dejar de aspirar a vivir en una nación para vivir en un campamento minero donde todo es saqueado y sacado, donde sólo impera la ley del más fuerte y a los más débiles, los que no tengamos paramilitares, armas para disparar desde puentes y azoteas o bandas armadas con palos y cabillas, deberemos ceder y ceder, y bajar el lomo para que nos peguen.

   -No te quiero ahí. -repite intenso, tomándole el rostro allí, en plena tienda, atrayendo la mirada de una joven pareja, chico y chica, que los miran asombrados y dulcemente escandalizados. Los dos hombres no reparan en eso. Frank pega su frente de la del joven, en forma suave y cálida, pidiéndole.- No vayas más por ahí… por favor.

   Nicolás, con los ojos muy abiertos, terriblemente confundido, no sabe qué decir, pero traga, y ese sonido produce escalofríos en la columna de Frank. Sería tan fácil tomar sus labios y…

………………..

   Aún tan temprano en la mañana, La Torre destaca en la urbe capitalina. Es una edificación sólida, moderna y elegante, que no sólo da morada al bufete sino a muchas de las subsidiarias de la empresa. Aunque menguado, el poder que allí se siente es grande, por ello varias fuerzas convergen ahora sobre ella. Una es la de Ricardo Gotta, quien la ha utilizado y ahora sueña con echarla abajo, con todos los que están adentro, incluidos Aníbal López, Norma Cabrera de Roche y Franklin Caracciolo. Quiere verla destruida, arruinada, con el salitre y el fuego devorándola.

   Otra facción quiere conservarla y poseerla, controlándolo todo. En ese grupito estaban Norma, Aníbal, Frank, y otros que aún no daban la cara, pero que se acercaban y que habían movido hábilmente hilos que hacían bailar a distancia a mucha gente, como a Sam, Eric y aún a Las Chicas Superpoderosas. Las intrigas y maquinaciones apuntaban a metas más altas, a ambiciones desaforadas, a sueños y locuras que en su momento sorprenderían y asustarían a muchos. Y La Torre era el centro de todo.

   Y ese alto edificio, desde donde era posible observar una buena porción de la ciudad, ataba su destino, de forma extraña, al de mucha gente. William Bandre era uno. Otro lo fue Tirzo Ramos, así como su extraño y misterioso asesino, Alex. Irene Guerra también se vería envuelta en los acontecimientos que llevarían al final del drama que comenzó con la rivalidad entre los Roche y los Caracciolo, y al nacimiento de otro desafuero, el saqueo y destrucción final de todo un país. Lesbia, Linda, Alirio y Lucas. Todos ellos parecían flotar alrededor del la edificación que ahora iba quedando sola.

……

   Desde el instante en que llegó a La Torre, después de pasar una noche inquieta y de calenturas, Frank no pensaba en nada más que no fuera esperar la hora del almuerzo y alejarse. Se sentía fastidiado, no quería estar ahí oyendo quejas y problemas, y ahora soportando las miradas venenosas de Ricardo Gotta. Deseaba estar afuera, con Nicolás. ¿Dónde comerían?, se pregunta, dándole gran importancia al asunto. Quería llevarle a un lugar donde se alimentara bien, se sintiera saciado, satisfecho y… agradecido. La vena egoísta, taimada y calculadora del hombre no podía parar de calcular ni aún ahora. Sentía… algo por ese carajo, y eso le gustaba, lo asustaba y lo frustraba; pero al convencerse de ello, de qué lo que quería era algo específico, físico y básico (sexo), iba a ganarlo como lo ganaba siempre. Si fallaba su gran atractivo y postura, utilizaría el dinero, los regalos, los mimos y las atenciones. Y enrojeciendo aún a solas al tener que reconocerlo, le gustaba la mirada turbada entre la vergüenza y el agrado del joven cuando lo sorprendía con algo.

   No podía concentrarse en nada, y menos en Marina. Mira su reloj y ve que apenas son las diez y media de la mañana, botando aire se toma un café negro y fuerte, y revisa unos documentos. Son especificaciones enviadas por dos conocidísimos generales de la República, implicados en un sonoro y colosal caso de corrupción a inicios del dos mil, el famoso Planazo-2000. Las cantidades pilladas, y el resto desperdiciado, harían sonrojar al expresidente Téllez (el supuesto hombre más corrupto parido por esta tierra de gracias) y a su corte de bandidos. Ahora los ilustres generales querían propiedades en Boca Ratón, Miami, posible futuro lugar de exilios para revolucionarios, como lo fue también en el pasado.

   Sonriendo cínicamente, el joven piensa que todo se mueve, se revuelve y “cambia” para seguir exactamente igual, con la excepción del país cada vez más arruinado y con menos esperanzas de sobresalir algún día. A las once y quince, le dice a Marina que va a almorzar. Ella quiere que la invite y, sonriéndole amorosa, se lo propone. Él se corta todo, antes la sacaba, salían, comían y hasta furruqueaban un rato juntos. Pero ahora no podía. Disculpándose dice que tiene que verse con una gente y nota que ella aprieta los labios, reprobadora. El hombre toma su elegante saco y sale. Sabe que el disgusto de la mujer viene del alejamiento progresivo que nota en él, en su falta de atención, aún en la cama (anoche ni siquiera lo hicieron); pero en buena medida su disgusto era por las cosas que él atendía con Ricardo Gotta.

   Seguro que Marina imaginó que iba a reunirse con Félix Bermúdez, con Isis o Irsia Roce. Y odiaba eso. Meditar en eso, lo inquieta. En los bandidos del régimen. Piensa en la Plaza, en esos militares apostados allí, en el paro cívico, donde ya oía dentro de La Torre que muchos iban a retirarse a sus casas por enfermedad o problemas personales, como medio de acogerse a la llamada al paro. A él le parecían idioteces; pero temía por Nicolás… Le costó un mundo vencer la resistencia a llamar a la puerta de la pensión, una vez que detuvo su auto afuera. Aunque desinhibido, seguro de sí y todo eso, comenzaba a molestarle la mirada perpleja de Carmencita cada vez que abría la puerta y lo encontraba en el marco; una mirada de quien se pregunta cómo estos dos carajos llegaron a eso (por ociosos). Más aún le costó convencer a Nicolás de salir con él, ya que leía unos clasificados en busca de trabajo.

   -No necesitas eso. -suena mortificado mirado los avisos. Nicolás se tensa.

   -Claro que lo necesito. No puedo vivir del aire. Tengo deudas y… -enrojeciendo, calla bruscamente al ver que él lleva la mano al bolsillo del saco.- ¡Deja eso!

   -No seas necio. Si puedo ayudarte… -se ve mortificado, ¡como se enrollaba por nada!

   -Mira, Frank, mejor vete, ¿sí? -enrojece un poco al notar que la idea no le agrada, el verle salir; y tiene que admitir para sí que también quiere estar junto al otro.- ¿Por qué… no nos vemos en la tarde? Tienes que trabajar, ¿no? ¿O ya no trabajas?

   -¿Esta tarde?

   -Si, ya sabes poco antes de comenzar la noche.

   -Entonces… ¿es una cita? -sonríe burlón, acercándosele.- Lo que quieres es librarte de mi, ¿verdad?

   -Debo quedarme aquí… -señala los clasificados.- Debo buscar algo y… –toma aire.- En verdad estoy esperando una llamada para ver si algo salió de las diligencias de ayer.

   -¿Una llamada de Jerry Arteaga? -lo mira feroz, acercándosele.

   -No, de un amigo, de otro amigo. Alguien a quien no conoces. -aclara rápidamente, sintiéndose torpe por hacerlo, como si tuviera que calmar a un novio celoso.

   Los ojos de Frank brillan intensamente, ¡otro amigo! No lo había pensado antes.

   -¿Otro amigo? ¿De qué… tipo? -Nicolás ruge.

   -No de eso. -grita feo.- Maricón, soy de ahora.

   -Está bien, cálmate. -gruñe Frank levantando las manos como para contenerlo. Iba a dejarlo así, por ahora. ¡Amigos! Eso no le gustaba para nada.- Vamos, salgamos, necesitamos comer. Al menos yo sí. -ofrece amistoso.

   -No voy a morir de hambre, no te preocupes tanto. -sonríe turbado.- La señora Carmencita parece… creer que tú cubrirás mis gastos por si pasa algo y me anda fiando. Aún comida, tres veces al día. -enrojece mucho.- Pero yo voy a pagar. -aclara. ¡Que tonto!, se altera Frank, sin dejar que se le noten los pensamientos.

   -No entiendo por qué insistes en quedarte en este horrible cuarto. -y lo recorre todo con la mirada, la cama sin tender, la ropa arrugada en una vieja silla, el ventilador ruidoso, el bombillo de poca intensidad y la puerta abierta del escaparate donde sólo cuelgan unos sacos, con los que el joven iba a trabajar a La Torre.- Este lugar es deprimente. Si me sintiera mal con un dolor de callos, moriría al convalecer aquí. Ni siquiera tienes puesta algo de música para alegrar el ambiente. -dice tomando de una mesita los compactos que le regaló.

   -Yo… -casi siente vergüenza del cuarto y de él, ¿por qué coño no tendió la maldita cama?- No he arreglado aún. Y no… tengo un radio compacto. Tenía uno y tuve que… venderlo. -lo mira intenso, pidiéndole con la mirada que entienda y que no diga nada. Y Frank siente un molesto vacío en el estómago; Nicolás, su Nicolás, no debía pasar por todo eso.

   -No tienes nada, ¿verdad? Sólo esos viejos sacos con los que ibas a trabajar, que estoy seguro que eran prestados, porque fuera de viejos te quedaban grandes. -suena cortante, acercándose al escaparate. Nicolás siente un ramalazo de rabia y depresión.

   -Eran de mi papá. Fue lo único que me quedó de él después de que mi madre… -contiene la lengua, casi deseando mordérsela, para no contarle tantas cosas, para no hablar pestes de la mujer que lo trajo al mundo. Desvía el rostro, mirando hacia un rincón sintiéndose miserable.

   Franklin le observa sintiéndose violento, molesto y avergonzado de lo que dijo. Había algo muy grande, y muy, feo tras la vida y muerte del padre de Nicolás. Desde el principio notó que mencionarlo era algo que sacaba al joven de sus casillas. Algo con lo que podía lastimarlo de verdad.

   -Lo siento, ratita. Lamento haber dicho lo que dije. Y lamento… haberte lastimado usando su memoria. -no sabe que más decir. Nicolás lo mira ceñudo, con la trompa fruncida.

   -No te preocupes. -pero hay tal aire de derrota, de vacío, de autocompasión en su postura que Frank no lo resiste.

   Sin saber muy bien qué hacía, va hacia él. Nicolás no se mueve, simplemente sigue mirando a un rincón. Frank llega a su lado y de forma torpe, sintiéndose cortado y algo imbécil, le rodea con un brazo los hombros y con el otro el costado lastimado. Siente como Nicolás se tensa e intenta alejarse un poco.

   -No. No, Frank… -hay temor en su voz.

   Pero Frank nada dice, ni lo suelta. Y Nicolás parece ir cediendo, calmándose. No quiere separase. Se siente bien estar allí, apoyado en él, sentirse sostenido por él. La mano que descansa sobre su cadera, más bien sobre la parte baja de la espalda, se siente cálida y fuerte, montada allí, quieta, pero vital. El joven simplemente se afloja, deja de resistirse, calmándose, y apoya el peso de su cuerpo, su tórax y panza contra Frank. Su cara va hacia el hueco que forma el hombro y el cuello del otro, posándose allí, apoyándose. Rindiéndose. Se siente bien estar así, contra Frank, entre sus brazos, protegido, acunado… y hasta, teme pensarlo, querido.

   Frank nada dice tampoco, pero lo abraza un poco más fuerte, sintiéndolo vencido a él, notando la vitalidad de ese cuerpo joven y caliente, sintiéndole la respiración agitada y el corazón enloquecido, como el de él mismo. Sus brazos se mueven, como acunándolo más, acomodándose alrededor de él, disfrutando el tenerlo así. Su barbilla baja un poco y siente el cosquilleo del cabello engominado del joven, algo puyuo, cosquilleándole en el mentón. Y lo encuentra excitante. Su rostro baja un poco más y no sabe quien se estremece más cuando su nariz choca de la suave piel y puede oler el jabón y el algo picante perfume de la gelatina. Cerrando los ojos, sin despegar la nariz y ahora apoyando los labios contra la franela, lucha contra el deseo de besar, morder y lamer lentamente ese pedazo de piel que se le ofrece.

   Cuando lentamente Nicolás extiende sus brazos y le rodea con ellos la cintura, Frank siente que la boca se le seca. Lo tiene muy abrazado, muy junto a sí. Separa un poco el rostro, mirándolo con ojos brillantes como los de un gato. Sus miradas están atrapadas.

   Muy rojo de cara (y cuello), Nicolás se despega, eleva la mirada brillante y va a decir algo, que ya no sabrá qué era, porque en lo que entreabrió los labios, Frank bajó nuevamente su rostro, rozando con sus labios los de él, para luego rodearlos en una caricia suave, de simple contacto. No fue intencional o meditado, fue una respuesta visceral a una necesidad, cuando sus labios se cierran sobre los del abogado y la conexión boca con boca, sin nada más, los estremece a los dos. Cada uno siente una oleada poderosa de calor y de pasión, de ganas.

   La lengua de Nicolás aletea, con un gemido agudo, fuera de su boca y entra en la de Frank, recorriéndola, lamiéndola. Y eso hace que Frank gruña ronco contra su boca en respuesta. Esta se proyecta y su lengua y dientes parece atrapar la del joven, rastrillándola, lamiéndola y chupándola. El beso que comenzó como algo ligero, se vuelve exigente, salivoso y succionante. Sus bocas se unen y separan, sus lengua batallan y se encuentra, se anudan en combate y se lamen ruidosamente. Con un jadeo bajo, Frank se proyecta contra él, con las dos manotas ahora en su espalda, casi al final de la misma, aplastándolo contra sí, abrazándolo con fuerza, mientras su lengua voraz entra en la boca de Nicolás, lamiéndolo, chupándolo, otra vez atrapándole la lengua, que encuentra tan deliciosa, y mordiéndola, antes de tragar con una profunda bocanada su saliva y la del joven. Eso, tragarlo, le hace arder la piel de manera instantánea.

   ¡Si! ¡Si!, piensa el abogado, el güevo abultándole duramente bajo la ropa, apoyado del de Nicolás, tan erecto como el suyo, el leve cepillado haciéndoles ronronear. Era el momento justo…

CONTINUARÁ … 101

Julio César.

NOTA: El número cien, vaya. De esto debo hablar.

SALVANDO EL MATRIMONIO

febrero 6, 2013

EL MEMO

TIOSXXX

   Vicente era un mártir. Un buen esposo y padre que para salvar su hogar le quitaba los “novios” a su mujer.  

RUTINARIOS

Julio César.

VAGANCIA…

febrero 6, 2013

YA NO ES COMO ANTES…

AY DE MI

   Tengo flojera hace como… diez años.

   Es curioso, ahora que tengo más tiempo libre por un bajón en el trabajo, es cuando menos ganas de escribir siento. Lo intento pero nada, no puedo concentrarme ni aguantarme cinco minutos sentado frente a la computadora. Por una parte es porque ando viendo todos los Expedientes X, en español, que me regalaron en diciembre; Deborah, una amiga con derechos, quiere que le preste más atención; el Magallanes todavía tiene vida en la Serie del Caribe (qué arrechera anoche, cuando Puerto Rico derrotó a Dominicana casi hice fiesta, me dije “ahora le ganamos a México y empatamos a Dominicana”, pero no, la cochina agarró pal monte), y las series han comenzado con sus capítulos de estrenos. Y qué bien están CSI, Criminal Minds, NCIS, fuera de zombies, sanatorios horripilantes y Grimm (esa serie tiene su gancho). Todo eso me quita tiempo (sobre todo los Expedientes), pero la verdad es la pereza la que no me deja hacer nada. Voy a ver si me pongo al día…

LLEGÓ EL CARNAVAL

Julio César.

MODERNIZANDO LOS IMPLEMENTOS

febrero 6, 2013

IGUALDAD DE OPORTUNIDADES

MARINO CALIENTE

   ¿Puedes imaginarlo?

   -Lo que digo, Teniente… -le sonríe el rudo sargento.- …Es que si en lugar de calzones usáramos tanguitas atigradas en fondos amarillos, incluso hilos dentales, destacando contra el bronceado de las pieles por andar en el desierto, levantaríamos bastante la moral de las tropas. Seguro les llega bien arriba… como veo que le está ocurriendo a usted, señor.

IMPACTANTE

Julio César.

PAVONEO

febrero 3, 2013

EQUIPO GANADOR

CHICOS EN LATEX

   Siempre están en eso.

   ¿Competencias al aire libre, trajes de lates que se ajustan a cada músculo y jóvenes atletas que derrochan físico y encanto? Todo se presta para esto como sabe todo el que va a esos eventos. Comparar uno con el otro, desde muy cerca.

   -Mira, yo lo tengo más grande. –le susurra desde atrás.- ¿Lo sientes? –y se pega otro poquito.

   -Si, lo siento… ¡Y más duro también!

¿SÓLO UNA POSE ACCIDENTAL?

Julio César.

EL PASAPORTE DE YOANI SANCHEZ

febrero 3, 2013

YOANI SANCHEZ

   La semana pasada comenzaron a entregarse pasaportes en la isla cubana, en esa confusa emisión de señales que Raúl Castro lanza al mundo. No se sabe si es tan sólo otro viejo mañoso acostumbrado a mandar así sea sobre tumbas y grilletes (lo que sospecho; no apuesto media locha por esa gente), o un hombre moderado que desea bajar a Cuba de la infame ratonera donde el enfermo de su hermano la montó, aunque siendo su hermano desea que muera antes de remendar parte de todo lo que Fidel destruyó.

   Yoani Sánchez, mejor conocida mundialmente como la Bloguera Cubana, fue a buscar el suyo y no puedo ni imaginar todas las emociones, sentimientos e ideas que cruzaron por su mente. ¿Lo vería como un botón en el pecho, una medalla de reconocimiento en una larga y desigual lucha? ¿Se atrevería a soñar con el cercano final de la infame noche de la dictadura? ¿Será tan sólo otro aliciente para lanzarse ya sobre el siguiente, con ese sereno valor y empeño que ella y muchos otros han demostrado para vergüenza de un mundo que les ha dejado solos y que aplaude y festeja a sus carceleros?

   Muchos expresan: “ya está, eso era lo que quería, para irse, para correr a los Estados Unidos”. Y lo dicen en serio, convencidos de que ella no tiene ese derecho e incluso que está mal que lo desee. Porque en mente de muchos, los cubanos deben agradecer a sus verdugos, de lo contrario son traidores y apátridas. “Si ella no lo hace, someterse callada y vergonzosamente, es porque es una delincuente”. Eso dirían personas como esas lobas de la Plaza de Mayo, jauría siempre lista a saltarle encima a quien se meta con sus gorilas uniformados del momento. Personas menos perversas, la mirarán como a una necia que tan sólo quiere salir a pasear. Porque es muy difícil para nosotros entender que esta gente que ha sobrevivido mas de cincuenta años bajo una dictadura represiva y sanguinaria, quiera cambiar. Nos acostumbramos a verles como prisioneros de guerra.

   Es imposible para muchos de nosotros, frente a nuestros computadores navegando por donde nos place, mirando lo que queremos, expresando y metiéndonos con quien nos da la gana, o con el celular al lado hablando con una o varias personas a la vez, planeando salidas y fiestas, viajes a la playa, que reuniendo una platica nos decimos “en mayo nos vamos para Disneylandia, o Cancún, o Boca del Toro”. Para nosotros, en este marco relativamente cómodo y estable, nos cuesta entender que hay quienes no tienen acceso a eso, que no pueden moverse de aquí para allá sin pedir permiso, explicar por qué y esperar se lo concedan. Es difícil imaginar el temor siempre presente de que por algo que se diga o escriba nos rodearán la casa, nos detendrán y nos someterán al escarnio y a tiempo de prisión sin ninguna garantía judicial (como ya ocurre aquí en Venezuela).

   Para cada uno de nosotros, soberanamente independientes y libres de hacer, pensar o decir lo que queremos, como un derecho con el que nacimos, es difícil entender a esos cubanos formándose en interminables filas como una gran victoria para obtener ese pedazo de papel, tal vez temiendo que no alcanzarán o se invalidarán al día siguiente, todavía no pudiendo creer que sea verdad.

   Cada derecho conquistado, cada libertad recuperada en cualquier lugar del planeta debe ser aplaudido con alegría sincera. Felicidades por su pasaporte, señora Sánchez. Me encantó lo que dijo en ese momento y que me permito reproducir, tomado del diario EL NUEVO PAIS:

   “La sociedad civil tiene que denunciar, empujar, decir lo que le está ocurriendo. Esa es mi experiencia: yo no habría obtenido este pasaporte si me hubiera callado (…). Si te callas, si te escondes, si esperas que cerrando la boca las cosas mejoren, no vas a llegar a ningún lado”. La verdad es que parece expresado para cualquiera de nuestros pueblos.

Julio César.

NOTA: Lo sé, ya hay demasiadas secciones aquí, pero no sabía dónde ubicar esto. Creo que cerraré unas cuentas.

VISTA

febrero 3, 2013

ALGO POR ALGO

TIO SEXY

   ¿Qué decir de un lugar donde un carajo anda así?: que es un buen lugar para vivir.

INCORDIO

Julio César.

INVENTOS DESPUÉS DE LA PRÁCTICA

febrero 3, 2013

ATENDIENDO EL ESTRÉS

UN CHICO Y SU BALON

DUDAS SOBRE EL METABOLISMO

Julio César.

RAUL CASTRO E IRIS VARELA, DOS GRANDES ERRORES DE NICOLAS MADURO

febrero 3, 2013

CORRUPCION E INCOMPETENCIA…

   Seré desagradable. Están advertidos.

EL REY VS HUGO CHAVEZ

   Nadie se hace ilusiones con esas dichosas cumbres de naciones, agasajos totalmente idiotas donde no es que las cosas no se resuelven sino que ya caen en lo francamente absurdo como poner a Raúl Castro, feroz dictador cubano, a presidir un organismo creado para “defender la democracia”. En una de ellas, el Rey de España, Juan Carlos de Borbón, agarró una arrechera de padre y señor nuestro con el pasado presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, por la “osadía” de ofender a un español.

   Mientras aquella reunión se daba, creo recordar que en la Chile presidida por la tibia y guabinosa señora Bachelet (a quien bastante se le debe en el deterioro regional de la democracia), Hugo Chávez despotricaba del ex presidente español, el detestable pero directo señor José María Aznar. Fue tanta la grosería y las tonterías que dijo sobre el español, que el Rey perdió los tapones y soltó su “¿Por qué no te callas?”, abandonando indignado la reunión, momento bochornoso para todos pero que a una patología como la de nuestro presidente de entonces agradaba, ser el centro de atención así fuera por malos motivos. Lo notable fue que el también detestable señor Rodríguez Zapatero, un hombre que por miopía y necedad sacó a España del Primer Mundo donde se planificaban grandes políticas para ponerla al servicio del ALBA y los trogloditas que ahora confiscan y roban empresas a los españoles en la zona, le llamó la atención por insultar a un hombre que fue presidente de España; se sintió obligado a protestar a pesar de que, como ya señalé, Aznar era antipático, del PP y su rival histórico y generacional.

   A Rodríguez Zapatero, como al Rey, les colmó la copa que un sujeto cualquiera estuviera expresándose así de un connacional. Loable. Para el Rey y Rodríguez Zapatero, la dignidad de España estaba en juego por el ataque a un sólo hombre.

RAUL CASTRO EN EL CELAC

   En un organismo creado en Caracas, el CELAC, para reunir a los países del conteniente sin invitar a Estados Unidos y Canadá (sólo gobiernos que se hicieran de la vista gorda por cosas como autoritarismo si existe la esperanza de una recompensa en dólares o petróleo), dizque para defender la Carta Democrática de la OEA y la democracia en la región, el recién nombrado Presidente del organismo, el sanguinario y feroz dictador cubano, Raúl Castro, se dio el tupé de insultar a la mitad de la población venezolana, con palabras que sonaban a escupitajos para arriba, con falsedades y calumnias como bien sabe manejar el régimen antillano.

NICOLAS MADURO

   Con ese ataque de un extranjero, con esa ingerencia grosera de otro país en nuestros asuntos, el vil y envilecido dictador intentaba darle un viso de legalidad a Nicolás Maduro como gobernante de Venezuela; el cual, según la mala lengua de Rafael Poleo, le habría garantizado que si le dejaban en el cargo, continuaría manteniendo al régimen cubano (acompañado estuvo Raúl Castro por Lula Da Silva, exactamente por el mismo motivo), e intentar silenciar las voces dentro de Venezuela que ven intolerable que el país se halla convertido en colonia de la pequeña y empobrecida isla prisión. Y mientras ese viejo ruin insultaba a los venezolanos, Nicolás Maduro sonreía, aplaudía y asentía de una manera vergonzosa, sin medirse, pareciendo no reparar en sus pares alrededor, que muchos son tan desvergonzados como él mismo, pero todavía no aceptan el tutelaje directo de otro gobierno. Más que penoso, era repugnante el gesto de sumisión perruna, la entrega total (de haber tenido cola seguramente la habría estado agitando), de alivio por aquellas palabras que daban oxígeno a su ilegal mandato.

   Le faltó al personaje la dignidad que otros si tienen cuando mandan a callar a quienes insultan a su gente, el que no agacha la cabeza cuando otros le ordenan qué decir y hacer. Esto me viene a la mente porque siendo el difunto doctor Caldera, ex presidente ya de Venezuela, en una cena fuera del país, alguien para congraciarse con él dijo algo desdeñoso del también para ese momento ex presidente Carlos Andrés Pérez. Cuentan, que muy serio, el doctor Caldera le llamó la atención por insultar a un expresidente de la República y de paso a un venezolano. Pero, ¿cómo pueden permitirse los lujos de la dignidad y el nacionalismo una gente que teme por su futuro y lo pillado si un ejército foráneo no les sostiene? Lo peor es que hablan de dignidad, de soberanía, de los traidores del otro bando, de los vende patria, mientras ya no hallan qué hacer para que el mundo crea que realmente gobiernan.

   Esfuerzo inútil el del viejo senil cubano, triste el papel de Brasil controlado por el mafioso Lula Da Silva que ve peligrar sus cuentas, ese nombramiento no se lo tragan ni ellos. No debe brindarle ningún alivio al brasileño que los Castro le digan que si, que le van a pagar… cuando se pueda, comisión de por medio. Ni Lula Da Silva, el más conspicuo en tapar la persecución de disidentes en Venezuela y fuera de ella, el colaborador más fiel en toda infamia, pudo ver a Chávez (¡así estará!). Nadie puede, sólo los Castro. Así que su susto debe tener, de no cobrar nunca esos reales manchados con la sangre de tantos. Y se lo merecería. Porque ese es el punto, fuera de la puesta en escena del CELAC, de allí no salió nada en concreto como parece ser cada vez que las naciones (los gobiernos) de la región se reúnen. Todo pompa y ridículo, complicidades y bellaquería de gente inmunda y a Nicolás Maduro no lo reconoce ni Lula Da Silva que busca algo firmado por Chávez en persona, frente a sus ojos, no algo que venga de Maduro, ni siquiera una fotografía autografiada viniendo de sus manos; ni los chinos, quienes se las ingeniaron para arrugar el ceño y componer una expresión abatida después de sostener y amarrar tanto a esta gente y todos los negocios peligran. “No más lial a Venezuela si no hay filma leconocida”.

   Triste papel de la Argentina y del Uruguay, encumbrar al sátrapa cubano, brindándole protagonismo. Por cierto, ¿exactamente qué harían ahí Chile, Colombia, Panamá, Costa Rica y México? ¿Qué se les perdió en ese lodazal para que contra todo sentido común, toda vergüenza personal y caridad cristiana “olvidaran” los miles de muertos, perseguidos y encarcelados cubanos para que nombraran a ese enfermo mental como presidente del CELAC? ¿De verdad necesitan tanto un barril de petróleo regalado que sus pueblos y la gente de todo el mundo les importa un carajo? Por eso se excluyó a Estados Unidos y a Canadá de ese aquelarre; pero cuesta creer que fuera de esos dos gobiernos no quede nada una chispa de dignidad y decencia en esta basta extensión que nace más abajo del Río Grande. Se consolarán diciendo que también los europeos se sumaron a la comparsa, que la UNESCO avaló la farsa. Me consuela saber que cuando el viejo dictador se acercó a la mandataria alemana, esta le ignoró de manera terrible. Algo es algo.

IRIS VARELA

   Pero, y demostrando que cuando llueve no escampa en la casa del pobre, lo peor para el encargado, Nicolás Maduro, ocurre casi simultáneamente. Mientras está allá, riéndole las bromas a cuanto personajuelo se le acercaba, fotografiándose con ellos para demostrarnos a los venezolanos que en verdad es el encargado legitimo porque la señora de la Argentina y el gordito del Uruguay le sonreían y palmeaban la espalda, que no es juego ni broma, en la cárcel de Uribana mueren más de sesenta reclusos en actos de violencia.

SOBRE URIBANA

   El Gobierno, con la señora Iris Varela, ministra para los asuntos penitenciarios, quiso lavarse las manos y su responsabilidad atacando a GLOBOVISION; no el que los reclusos estén armados por mafias del mismo Gobierno, o que el Estado, con ella como representante, halla perdido el control sobre las cárceles, con todo lo horrible que eso suena. Si una gente no puede controlar la violencia dentro de un recinto cerrado donde, en teoría, nada entra sin ser requisado, ¿qué van a responder a quienes exigen hagan algo con la mortandad en las calles? Y aunque ya lleva más de setecientas muertes en su haber desde que es ministra (pocos otros pueden mostrar tal legado), la mujer no se aparta, no confiesa que no puede, no llama a otros para ver si algo aconsejan o resuelven. No, la señora se atrinchera en que es un ataque a ella para desestabilizar el país de parte de la gente que no quiere Hugo Chávez. Tiene suerte que los presos no les importan ni a sus madres, mueres e hijos, quienes se aseguraron el diciembre pasado que Iris Varela continuara en su cargo. ¡Así serán de malos esos sujetos!

   El caso fue tan escandaloso que el país y organizaciones internacionales están exigiendo una investigación. Porque no es la primera vez que pasa y que el Gobierno no hace nada. Bueno si, empeorar el asunto. El hacinamiento en las cárceles venezolanas, algo que saben en Nueva York, lo resuelven sacando presos de aquí y repartiéndolos allá, donde la cosa ya estaba llena. Ante el escándalo, el Gobierno nombra una comisión de gente del Gobierno para investigar a esta funcionaria del Gobierno, de quien ya Nicolás Maduro, antes de la investigación, señala que es una maravilla de la revolución. ¿Pude alguien imaginar el resultado? Aunque ya son más de setecientas muertes, ¿cómo puede esa señora vivir tan tranquila?

   El momento de Nicolás Maduro, el encargado de la presidencia (dice él que el presidente Chávez dijo, y su palabra debe bastarnos), llega cuando dentro del país se pide la destitución de la peligrosamente ignorante funcionaria (ignorante de sus funciones y de cómo resolver problemas, dicen que es abogada, algo debe tener en la cabeza). El hombre dice que se investigará, pero que ella cuenta con todo el respaldo del Gobierno. ¿Cómo confiar en una investigación que comienza con la premisa de que la mujer no será tocada?

   Ya por ahí se deja escuchar una teoría realmente abominable, que la mujer dejó que todo llegara a este punto, aplaudiendo lo de Uribana, porque ahora se decretará la emergencia penitenciaria y recibirán cuantiosas cantidades de dólares que podrán gastar a discreción, exactamente como con la emergencia eléctrica, donde miles de millones desaparecieron, nada se hizo, el problema eléctrico continuó y la Contralora General contra la Oposición, Adelina González, y la Fiscal General del PSUV, Luisa Ortega Díaz, ni para allá miraron, aunque se la pasan señalando a cada rato a este y aquel. Dígame cuando intentaron meter preso a un dueño de GLOBOVISION porque él, en su garaje de carajo con real, tenía varios carros lujosos; eso lo vieron. Los millones robados a dos manos con lo de la emergencia eléctrica no, porque eso toca apellidos en Barinas. Realmente me cuesta creer que cualquier persona, más una dama, halla sacado cuentas tan ruines, pero el desastre penitenciario está allí y por alguna razón no quieren resolverlo. Ella no deja.

   En fin, pobre señor Maduro, cuando debe hablar calla, ríe y babea un poco; cuando debe callar abre la boca y mete la pata, como cuando dijo de los presos de Uribana que eran “desperdicios”. Sé que es ruin, pero cómo me habría gustado ver en ese momento los rostros de los familiares de esa gente después de que en diciembre apuntalaron a todos esos inútiles en sus cargos. Y después hay quienes creen que es falso que el infierno por los pecados cometidos se pagan en esta vida.

CHAVEZ “DIZQUE” FELICITA A RAUL CASTRO

Julio César.


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