MOMENTOS

marzo 9, 2013

ALGO POR ALGO

CHICO HOT

   A veces un chico tan sólo quiere que un amigo aparezca, bajarse el boxer y…

TRATO ESPECIAL

Julio César.

LEYENDAS INCIERTAS

marzo 9, 2013

TORTURA

EL CHICO Y LA CALABAZA GRANDE

   Quedaban como hechizados…

   Cuando pequeñas, a todas las niñas de la comarca les enseñan a tener cuidado con la poderosa, terrible y maligna Gran Calabaza, quien con su enorme bulbo atacaba a las casaderas y nuevas esposas en su honra, destruyéndolas para siempre. A esa edad ninguna sabe exactamente de qué hablan hasta que la noche de brujas llega, el potente espectro se presenta… y sus maridos, entre gritos por más y gemidos de placer, ya no vuelven a ser los mismos. Lo que ocurre por no llamar las cosas por su nombre.

DEDICADO

Julio César.

CONTINUAN LAS PRUEBAS DEL DESTINO…

marzo 9, 2013

…DESGARRADOS Y RAIDOS

OTRAS PRUEBAS DEL DESTINO

   Unas son de cal, otras de arena…

   Es una noticia feliz. Los autores de Pruebas del Destino han decidido brindarnos una conclusión. Y hacía falta, lo expreso sin que se me tome a mal. Si no hubieran quedado algunas lagunas, el final pasado habría sido aceptable (incluso bueno, que nadie, ni los lectores, fueran felices); no todo se dijo, no todo se explicó. Nada más que leyendo las primeras líneas del primer episodio de esta segunda etapa, uno puede corroborar sospechas que quedaron pendientes la última vez, como la mención que hace Jared a un niño en una feria. Por eso le comenté a Damián que el relato me pareció más conciso.

   Creo entender, por lo elevado en Supernatural Foro, que después de cierto punto, Damián continuarán a solas con el relato. Escribir no es fácil, ¿verdad? Me gustó lo que leí, también me dejó curioso todo ese color negro en el decorado.

   Imagino que ya Damián debe haberlo publicado en su página, así como está en Supernatural Foro, lamento la tardanza, hay tanto de qué ocuparse… Intentaré ponerme al día.

PRUEBAS DEL DESTINO, SEGUNDA PARTE

Julio César.

EXTREMO

marzo 9, 2013

¿CULPA DE LOS LENTES OSCUROS?

EL TIO Y EL CHICO TRAGON

   Lo tenía en la olla…

   Cansado de perder novias por no caerles bien a sus familias, Alex ha decidido ganarse de entrada a sus cuñados con un buen trabajo de garganta, apretando como los buenos, haciéndoles gritar, sudar, temblar y delirar… Y, claro, le aceptan, aunque después no sabe si va por ellas o por seguir dándoles el trato a los muchachos. Cosas de chiquillos.

EL ENCANTO DE CIERTOS LUGARES

Julio César.

UN TIO EN APUROS

marzo 7, 2013

IMPACTANTE

HILO DENTAL GAY

   Quién pensaría que usar una tanga…

   La ventana estaba abierta, y cerca, casi la alcanza, pero las rudas manos de sus tres concuñados le retienen, halan y atrapan mientras le gritan maricote caliente. Fue mala idea, tal vez por las cuatro cervecita tomadas, meterse en el cuarto de baño de su cuñada Mariana y probarse esa vaina. Y que la puerta estuviera abierta y llegara el marido de Mariana y le pillara llamando a los otros, y que comenzaran a quitarse las ropas para darle lo que se merecía por “puta”. Por eso intentó escapar por la ventana… pero todos notaron que sin muchas ganas realmente.

RAZONES

Julio César.

¿JUGANDO?… 24

marzo 7, 2013

¿JUGANDO?                         … 23

   El siguiente es un Padackles no muy intenso, con una trama medio rosa. La historia NO ES MÍA, pero me gusta, que no se moleste la autora. Es lo que llaman una historia en un universo alterno. Obviamente es ficción, ¿okay?

…… 

Titulo: The joke? That I love you

Autor: Damnlady62

PADACKLES

   -Creo que diste con tu lugar, tu trabajo en Nueva York es impresionante.

   -¡Ni te imaginas! Me gustó estudiar, pero al final estaba impaciente por salir, por poner mis manos a la obra para levantar esas cosas que ya veía en mi cabeza. Realicé personalmente uno o dos proyectos, uno en Austin, el otro en Massachusetts, pero básicamente me dediqué a restaurar las viejas glorias. Eso fue apasionante, desafiante, estimulante… -va contando con los dedos.- …Hasta que dejó de serlo. Ver las edificaciones levantadas me llenó de orgullo, así como escuchar lo increíble que parecían; fue maravilloso recibir los aplausos y halagos, muchos de ellos sinceros, como que papá fue uno, aunque con rostro arrugado como si chupara limones. Era bueno, soy bueno en eso… pero tampoco fue suficiente. A cada proyecto terminado seguía el vacío. Esa vieja insatisfacción estaba allí, no sabía dónde porque no era nada específico, pero molestaba. Algo no estaba bien, no sé si era el apartamento, o cómo se veía, o las ropas que usaba, si mi cabello o mis relaciones. Era percibir que no todo estaba en su lugar, que faltaba algo, y tener que partir otra vez… buscando eso que no podía nombrar o conjurar. Fue en Roma… -le mira, tensándole.- …Donde me encontré con Genevieve y todo comenzó.

   -Jared… -traga aire, inseguro ahora de querer escuchar, aunque lo cree indispensable. Para olvidar y continuar.

   -Nos encontramos en Roma, en el mismo hotel. Estaba deprimida. Tal vez no lo sepas, pero después de terminar la secundaria comenzó a trabajar como pasante en la empresa de su padre y allí conoció a un tipo joven y muy guapo, Matt Bomer, que le sorbió los sesos, y desde entonces ha estado enamorada de él. Pensaban casarse y todo… pero él la dejó por una fuerte cantidad de dinero que el padre de ella le ofreció para que saliera de su vida. ¿No es maravillosa la gente, el amor de la pareja o el paterno? Genevieve le buscó y él la alejó, le dijo claramente no se arriesgaría a perder lo que estaba por conseguir si su padre se molestaba. Estaba destrozada…

   -Debió sentirse feliz, se libró de media pila de mierda. –Jensen parece tan molesto como Jared se sintió al escuchar la historia.

   -Media pila de mierda no, una enorme pila de mierda completa y maloliente. Pero… -y sonríe trémulo, diciéndose que ahora lo entiende.- …Ella le amaba. A pesar de eso, de lo que hizo y le dijo, si él la hubiera buscado diciéndole que todavía la amaba, creo que… -se endereza en la silla y toma aire.- En fin, ella estaba mal, yo solo… -se encoge de hombros.- Nos pareció una buena idea reunirnos, salir a cenar, a tomar, tener… relaciones. Fue sexo de ebrios, de soledades. Y fue bueno, pero nada del otro mundo. Ella regresó a su casa, yo vagabundeé por Paris, esperaba a Chad, allí me encontró ella tres semanas después. –vuelve a botar aire.- Con una nueva crisis… estaba embarazada de mí.

   -Y decidieron estar juntos. –termina Jensen, tragando saliva, entendiendo el punto, el cómo ocurrieron esas cosas, pero no lo que tiene que ver con él. Ni le interesa ya- Jared, debo volver al trabajo y…

   -Ella no quería tener al niño. Decía no estar preparada. No me amaba, ni yo a ella. Pero no se lo permití. –levanta la mirada de la mesa.- Pensé… “¿y si esto es lo que necesito para llenar este vacío, para dejar de buscar?”. Una pareja, una casita rodeada de una cerca blanca, con jardines y perros corriendo, un hijo tras ellos. ¿Y si eso me diera el propósito que necesito y terminara con esta añoranza sin sentido? La idea me gustó, yo podría terminar amando a Genevieve. Ella no estaba segura, pero también tenía miedo a las opciones, a equivocarse en sus decisiones. Y no me enorgullece decir que presione sobre ello, sobre la idea de matar a un bebé. –se tiende sobre la mesa.- Porque estaba convencido, cada día más, que eso completaría mi vida. Me haría feliz. No quise pensar en el divorcio de Chad, o el de Sandy o los dos o tres que ha tenido Jessica. Cada noche iba a la cama o salía de ella diciéndome que era eso, un lugar a donde anclarme, lo que siempre busqué, lo que esperaba encontrar a cada nuevo sitio que llegaba, lo que esperaba ver asomándome a cada puerta o ventana en donde estuve… Mujer e hijo, una familia… -aparta la vista.

   No puede mirar a Jensen, no en ese momento porque sería tener que decirle que ahora sabe que siempre le buscó a él, aún sin saberlo, sin estar consiente que era a él. Le parecía cobarde, un golpe bajo porque no era libre. Ahora, tarde, lo entendía, que de alguna manera, cuando muchacho, su alma se adhirió a otra, sin notarlo, y cuando esta partió se llevó una parte, parte que extrañaba a solas, que le atormentaba a media noche al regresar a un cuarto de hotel, esa que esperaba encontrar y recuperar en cualquier parte del mundo sin tener la menor idea de que andaba buscándola. Y ahora que lo hacía, que le encontró… No, no puede mirar a Jensen en ese momento.

   -Jared… -la rota y ronca voz le hace mirar, y encontrar esos hermosos ojos verdes tan nublados como los suyos, le duele.- Termina, por favor… Para continuar necesito una conclusión…

   -¿Una conclusión? –pregunta con una sonrisa floja y ojos húmedos, asintiendo.- Bien, perseguí a Genevieve con todas mis energías, quería que fuera mi esposa. Mientras más lo pensaba más me convencía que era lo mejor. Ya hacía planes, me establecería en Nueva York, pero también tendría una casa en San Antonio, para estar cerca de mis padres. Papá estaba delirante de felicidad, mamá lloraba de dicha. Había encontrado a alguien con quien compartir la vida, me casaría… y le daría nietos. Genevieve no parecía, ni parece hoy en día, muy segura con la idea, no de tener al niño, sino de casarnos y… -calla y ríe, algo casi doloroso, llevándose una mano a la frente.- …Y Danni dijo que se casaría, fue como una bomba. ¿Sabes?, por un momento me sentí triste, estaba como… perdiéndola. A ella, alguien importante que daba sentido a todo, porque a pesar de mis planes, de mis sueños con Genevieve, me preguntaba… -calla y mira al balcón. Se preguntaba si esa era realmente la felicidad, ese estado de calma que había alcanzado con la morena y la idea de la familia. A veces, estando a solas, alejaba la idea de que parecía estar entrando a un santuario, un lugar de silencio y calma, sin sobresaltos ni sorpresas. No mostraba aquellas expectativas que la amiga si tenía, la ilusión de una vida que comenzaría al lado de la persona que amaba- Vine aquí, por ella. –le mira, como estudiándole, intentando saber qué fue lo que pasó.- Y todo mi mundo dio vueltas sobre su eje cuando te vi en la recepción.

   -Jared, nunca quise…

   -Lo sé. No fue tu culpa, ya te lo dije. Ni mía. Joder, verte fue un shock, después de tanto tiempo, y tú reconociendo y abrazando a todos, menos a mí, fingiendo que no me recordabas, algo que me molestó de una manera que no debía ser. Y tu estúpida historia de no terminar el colegio y ser botones… era como antes. Estar luchando de nuevo contigo. Y quería borrarte la sonrisa de la cara, ponerte en aprietos. Molestarte. –arruga la frente como disculpándose.- No podía dejar de pensar qué hacer, qué decir… no podía alejarte de mis pensamientos. Y en la piscina… Dios, pensé tantas cosas extrañas cuando emergiste frente a mí de las aguas, que me asustaban y a la vez me hacían sentir tan vivo. Veía la camiseta mojada adherida a tu cuerpo, tu boca, tus pecas… -traga.- En el yate de los Hilton… no podía apartar mis ojos de ti. Ni mis manos. Necesitaba algo que no sabía qué era. Me molesté cuando me alejaste después de encontraste con esa mujer, Sela, pero cuando te alteraste al pensar que me iría con aquella chica… -sonríe torvo.- Dios, me sentí tan bien, estabas celoso. Y a la vez me molesté, ¿qué no me reclamabas, por qué no me detenías si yo era lo que querías? Creo que si en ese momento me hubieras dicho que no podía ir con ella porque estaba contigo y no te daba la gana de soltarme, te habría besado allí mismo.

   Jensen balbucea sin producir sonidos, evidentemente incómodo. No sabe cómo defender sus actos.

   -Cuando te encontré en la cubierta, tan solo, bajo ese cielo estrellado y el mar rodeándonos… Tuve que ir a tu lado, necesitaba que supieras que estaba ahí, que no me iría con nadie porque nadie como no fueras tú me importaba. ¿Te confieso algo?, quise besarte allí mismo, otra vez, tomarte de los hombros, obligarte a girar y a mirarme, atrapar tu cintura y tu boca. Y creo que lo habría hecho si Paris… Pero eso me asustó, Dios, ¿qué me pasaba? ¡Yo no era gay! Y a pesar de todo llevaba días persiguiéndote, buscándote, cercándote para estar a tu lado, oírte hablarme, verte riendo o sonriendo. Necesitaba tanto eso que me asusté. Nunca me sentí así con nadie, ni siquiera con Genevieve. –confiesa apenado.- Cuando cantaste… me pareció ver algo más en ti, no tu rostro transfigurado de emociones, incluyendo el miedo escénico. Te veías… -niega incapaz de ponerlo en palabras, ¿cómo decir que le pareció aún más hermoso en ese instante, que sintió la necesidad de llegar a su lado y abrazarle y acunarle para hacerle sentir seguro?- Bailamos, estabas allí, enrojecido, apenado otra vez, y quería abrazarte, no me aguantaba. Lo hice y me respondiste. Tan sólo podía ver tu boca y cuando la probé… mi mundo se estremeció todo. –sonríe al recordar.- No creo poder poner en palabras todo lo que sentí. Todo daba vueltas de manera vertiginosa. Era intimidante, me asusté terriblemente pero al mismo tiempo… sabía que si, que estaba bien, que ese era el camino, que tenía que seguirlo me llevara a donde me llevara o me arrepentiría el resto de mi vida. Y me lancé, tuve que hacerlo con cada vello de mi cuerpo erizado. Besarte fue… -sonríe triste.- Nunca había besado a otro tío antes, debí sentirme extraño, algo incómodo, pero fue sencillamente maravilloso. Fue allí, en la pista, tus brazos rodeándome, los míos a ti, nuestras bocas explorándose, donde por primera vez lo pensé… -baja la mirada.

   -¿Qué, Jared?

   -Que no podía dejarte ir nunca. –confiesa suave, sabiendo lo egoísta que puede sonar, mirándole angustiado.- Llevaba sobre mí todo un carro de mierda, mis mentiras, mis compromisos, pero… no podía dejarte ir, ni arriesgarme a que me odiaras. Lo sola idea era… Esa noche fue perfecta, sobre la cama, cuando caímos dormidos por segunda vez, me sentía confuso porque las inquietudes, las dudas, la insatisfacción no aparecía. No me sentía ahogado, no me preguntaba qué estaba haciendo allí ni deseaba salir huyendo. Tenerte entre mis brazos, a mi lado, los dos juntos, se sentía correcto. La segunda vez que nos reunimos fue maravillosa. Y en esta cama supe que eras tú, que eras tú quien lo hacía todo perfecto, como si mil quinientas pequeñas piezas de mi vida cayeran en su lugar con emocionantes clicks dando forma al cuadro final, uno que debe ser. Entendí que era feliz tan sólo con tenerte cerca. Tu voz, tu olor, tus sonrojos y sonrisas, tus miradas burlonas y tu lengua rápida para las réplicas, tu rodar de ojos y esa ira que te hace brillar los ojos de esa manera tan increíble. Y mientras más lo pensaba, más lo detallaba, más cierto era. Y en la mañana, cuando te disponías a partir, las últimas piezas cuadraron… -mira otra vez al balcón, no atreviéndose a decirlo todavía, que entendió que le amaba, que por eso a su lado no cabían temores ni inquietudes, insatisfacciones o tristezas. El vacío no estaba presente, esa nada que le robaba la tranquilidad y el sosiego generalmente, sentir que no pertenecía a ningún lugar.

   -Hablaste de eso, lo recuerdo. Me enfurecí mucho, casi llegué a odiarte cuando Genevieve apareció, pero lo recuerdo, que pensabas contarme algo. Aunque en ese momento pensé que era… -enrojece y ríe, sin humor.- …Qué podría haber algo entre nosotros. Eso creí… -traga y no deja que Jared proteste su inocencia.- Debiste decírmelo en ese momento, Jared; ser sincero y no dejar que me ilusionara con…

   -¡No era un juego, por Dios! ¡Era algo real! ¡Es real! –grita desesperado.- ¿De verdad no lo sentiste cuando estuvimos juntos? ¿Algo no se te reveló? A mí si, eras tú a quien busqué por medio mundo. Te buscaba y te encontré… -mientras lo dice él mismo parece saborear la idea, maravillándose. Cuánta gente no pasaba toda su vida así, viviendo el momento, la medianía, sintiéndose bien con su ahora sin sospechar que tal vez pudo encontrar el paraíso, y que este era como le decían en la iglesia, imposible de describir… o de abandonar sin resentirlo el resto de la vida.

   -¿Por qué insiste en decir cosas? Antes de que Genevieve llegara debiste…

   -No quería perderte. Tenía miedo; por Dios, ¿es tan difícil de entender? Fui idiota, me comporté como lo peor, lo sé, pero también sé que no podía soportar la idea de que me odiaras y me apartaras, que toda esta magia terminara. Que me echaras de tu vida.

   -¿Qué ganaste con callar? Eso ya pasó. ¡Todo terminó! –casi grita y Jared casi llora.

   -¡Me odias! Oh, mierda… -y parpadea luchando contra el llanto.

   -No, no es eso; maldita sea, yo… -grita pero se controla mientras su pecho sube y baja.

   Jared le mira con la boca abierta, entendiendo más de lo que Jensen dice. ¡Jensen le amaba! Le amaba como lo hace él.

   -No era un juego, Jen, yo te…

   -¡No! –es tajante, mitad ira, mitad miedo.- No quiero escucharlo. No quiero irme sabiéndolo, ¿okay? –no quiere oír que le ama, que en verdad le quiere, que pudieron tener algo importante y maravilloso pero que ahora no queda nada. Era mejor no saberlo de cierto. Dudar siempre de ese punto. Sólo así la separación podría ser medio resistible.

   -Te preparas para olvidarme. –le acusa, roto y sin calor.

   -No queda otro camino. Está Genevieve y tu hijo… -traga y le mira, suavizándose ante todo el dolor que ve en el otro rostro.- No es tarde, Jay, tu vida, la que tenías antes de llegar a este hotel todavía está ahí. –se pone de pie, tembloroso.- Sal de esta habitación, por favor; ve con los otros. Es el gran día de Danni, tu amiga, está presente la mujer que lleva tu hijo en su vientre, también mucha de la gente que te estima y aprecia. Es un momento mágico en la vida, Jared, tal vez no lo veas así por… toda esta mierda, pero lo es. –le sonríe con angustia.- Deja estas cuatro paredes, únete al mundo, uno donde se te extraña y ama. Disfruta estos días como los buenos, a veces escasean o no llegan, pero tú puedes vivirlos ahora. Son días que valdrán la pena recordar. Eres joven, estás sano, tienes a tus padres, la perspectiva de una familia, y ahora a tus amigos bajo un mismo techo, goza estos instantes antes de que cambien, antes de que Danni y tú mismo tomen caminos separados, por familias y vidas.

   Mientras lo dice, le habla de una vida donde él mismo no estará, una lágrima rueda por la pecosa mejilla, pero Jared no la ve porque se dirige a la puerta. Tampoco la habría notado aunque estuviera de frente, no con los multicolores ojos cuajados también de llanto, desesperado porque Jensen se va.

   -¿Te has preguntado cómo pudo ser, Jen? Tú y yo, juntos… ¿De verdad puedes marcharte sin detenerte un segundo a preguntarte qué estás dejando atrás? –suena mal, tanto que Jensen se vuelve.

   -Desde que salí de esa cama hace, ¿qué?, ¿dos días? –traga y es difícil, porque puede verlo otra vez, un mundo donde hace algo, escribe un correo electrónico o toma un café y Jared, de pantaloncillos a media piernas y camiseta sin mangas, cabello más abundante y tal vez una sombra de barba llega envolviéndole en un fuerte abrazo a sus espaldas, besándole. Una vida de caminar juntos por la playa, esta o las que el futuro traerían, al atardecer, el cielo tan inmenso como el mar, la brisa soplando, todo impresionante e imponente, pero en paz porque Jared tenía su mano enlazada. La conversación con su madre le hizo imaginar llegar con Jared, presentarle, siendo recibidos de buen grado, compartiendo la mesa, el porche y la vida con la gente que quiere. Y duele, duele saber que tan sólo unas pocas horas antes parecía tan posible, ahora no. Por ello no quiere escuchar lo que Jared puede o no que diga. Que le ama. Sería demasiado.- Sin embargo de nada vale ya, no nos torturemos. No quiero ser cruel, ni lastimarte, pero…

   -De eso me encargué yo. –se pone de pie, abatido, llegando a su lado, encarándole.- Lo destruí, pero créeme cuando te juro por lo más sagrado en mi vida que son mis padres y mis hermanos, que jamás fue con mala intensión. Fue… mala suerte. –se encoge de hombros.

   -¿En serio? ¿La suerte? –le molesta un poco.

   -Te encontré cuando ya había trazado y comenzando a seguir otro camino. –en sus ojos brilla su verdad y a Jensen le golpea, comprendiendo.

   -Nos encontramos tarde. –lanza una leve risa, rota.- Creo que hay una canción country así, llegué al anden cuando tu tren ya se perdía en la distancia. No te vi, nunca te conocí, pero sé que viajabas allí y que en otra vida eras para mí. –eleva la mirada, intentando dejar atrás la ira y el dolor, pero comete un gran error, sube la mano y atrapa una mejilla del castaño, estremeciéndose los dos, doliendo más.- Sal, Jared, vuelve con los tuyos. A tu vida.

   -No si tú no estás en ella. –Jensen no responde, le suelta, costándole demasiado, volviéndose, pero el castaño le atrapa por un bíceps, deteniéndole.- No, Jen, no puedo aceptarlo. No puedo pensar en mi vida sin ti. No quieres oírlo, lo sé y te entiendo, pero no me resigno a perderte… no me lo pidas, no me pidas que regrese a lo que fui. Esto debemos… resolverlo. De alguna manera.

   -¿Crees que no quiero? –se vuelve, encarándole sin ira.- No hay salida, Jay. –deja escapar, deseando que le contradiga, Jared calla por un momento.

   -Lo siento, pero no puedo aceptarlo.

……

   Le cuesta, pero se pone de pie, toma una nueva ducha y se mira al espejo mientras se peina. No, no podía renunciar a Jensen, le dolía que este pensara que era el final, ¿acaso no debían luchar por lo que sentían? Sabe que es egoísta e irracional pero no le importa. Aunque en una cosa el otro tiene razón, era un gran momento, una de sus mejores y más queridas amigas estaba por casarse, un día grande e importante para ella, tanto que se tomó la molestia, tan ocupada como estaba, de procurarse que toda la gente a la que amaba estuviera allí para compartir el momento. Se lo debía. También era cierto lo otro, una vez casada Danni, y él con mujer e hijo (ahora traga), la vida no sería igual, habían cuatro o cinco entre los invitados a los que había dejado de ver, fue grato, más que eso, le emocionó de una forma un tanto tonta el reencontrarles. Una vez pasara el matrimonio volverían a desaparecer, tal vez para siempre. Como tal vez comenzaría a perder a Danni. Debía aprovechar el momento.

   Con la piel erizada se pone una camisa ancha, estampada, mientras intenta por todos los medios no colocar a Jensen en esa lista. Si, había dejado de verle, le molestó durante todos esos años, ahora entiende que el destino, de alguna manera, le había alcanzado en aquellas escaleras cuando le tropezó, junto a Chad, y le bañó de pintura. ¡El destino fue toda una perra! Si las cosas hubieran sido distinta, de no haber existido esa primera mala impresión, se dice cayendo en ese lamentar de todo ser humano sobre este mundo en algún momento, Jensen y él habrían sido amigos, compartiendo intereses y simpatías. Habrían crecido y maduro juntos. Jensen le habría hablado de sus planes y tal vez… enrojece pero sabe que es muy posible, que le hubiera seguido en alguna loca cruzada para hotelero. Porque si, porque está firmemente convencido de que si todo hubiera sido de otra manera, entre sus dieciocho y veintidós o veintitrés años, habría descubierto que lo que sentía por ese amigo era algo más que amistad, algo grande, posiblemente lo más importante de toda su vida.

   O antes. Seguramente en alguna tarde de sábado, en su habitación, mientras miraban un partido de futbol habrían gritado emocionado por algo, volviéndose luego hacia el rubio y tomando sus labios. Si no hubiera ocurrido el malentendido, si Jensen no se hubiera marchado así, si no hubiera estado tan dispuesto a compartir su cama para ahuyentar la soledad, si ese imbécil de Matt Bomer no hubiera engañado a Genevieve, si…

   Cierra los ojos sonriendo levemente con amargura. Era inútil lamentarse por la leche derramada. Quedaba el ahora. Y no, no podía perder a Jensen. Lo siente por el rubio si cree que lo dejará todo así… También por Genevieve, pero estaba en juego la felicidad.

……

   ¡Era el colmo!, piensa Chad Michael Murray mientras regresa de la piscina, donde nadie parecía estar de humor para nada divertido (como tener sexo), especialmente Danni, Sandy y Jessica. Entendía a la primera, estaba por casarse y los mil detalles de última hora parecían estar enloqueciéndole, literalmente, si toma en cuenta que salió de su cuarto con los rulos en la cabeza al olvidar que los llevaba. Pero no las otras dos.

   Sandy y Jessica parecían culparle del mal entendido con Jensen, como si hubiera sido a él a quien se le ocurrió buscarle. ¿No decía todo el mundo que jamás se le ocurría una idea? Y ciertamente no fue el quien tuvo la genialidad de la “intervención” al rubio para exigirle que dejara de ser tan gilipollas con el gilipollas de Jared. Viéndolo bien, este tenía la culpa de todo; por estar asando dos conejos a la vez (cosa que sólo tíos muy duchos como él pueden hacer, y con todo le descubren). O un conejo y una coneja. La situación no iba a terminar bien. Sí lo sabía él (¡por Dios, él!), Jared debió notarlo mucho antes. Pero se había extraviado mirándole el culo a Jensen…

   Se estremece visiblemente mientras intenta por todos los medios alejar de su mente a Jared, Jensen y cualquier noción de culos velludos. Necesitaba un trago. Algo fuerte. Tal vez dos.

   -Chad.

    Oh, Dios, Genevieve. ¡Qué fueran tres!

   -Gen… -le sonríe temiendo lo peor al verla preocupada, tensa de hombros, una mano sobre su abultado vientre.

   -Necesito hablar contigo. –lo sabía, piensa el hombre joven.- De Jared… -claro, ¿de quién más?- Quiero que me digas qué le ocurre en verdad.

   Joder…

CONTINÚA … 25

Julio César.

NOTA: Al fin pasó el gran dramón. Lo que viene es más ligero. Damián, me gusta como comienza la historia, se nota menos dispersa. Por cierto, ya estoy deseando ver el Episodio de esta noche de Supernatural, mañana, traducido. ¡Estarán Cass y Meg!

ALGUNOS PLACERES CULPOSOS ENTRE AMIGOS

marzo 7, 2013

UN CHICO SERIO

TIOS LAMIENDO PIES

   Las esposas se enteran y creen que es algo malo…

   -Okay, no es nada raro, ¿verdad, amigos? –y los otros ronronean mordiendo tela.- Un sábado después de un juego comenzaron con la mariquera de que me apestaban los pies; les grité que si querían olérmelos, lo dijeran y ya. Y jugando, fue jugado, ¿no? -pregunta y uno rueda los ojos como llamándole tonto.- Lo hicieron. Y gimieron como putas. No somos raros ni nada de eso… -repite.- Pero les gusta oler a los machos, y cuando me tocaron y pegaron las narices… bien, casi mojo mis pantalones de emoción. Ah, pero cuando bajaron los calcetines y se tragaron mis sudados y olorosos dedos gordos… -el dúo gime al unísono.- Y, bueno, así evolucionaron las cosas, pero es juego… -gruñe ronco cuando ya los calcetines van rodando abajo y pronto lenguas, dientes y bocas atraparan sus dedos, produciéndole cosquillas en tantos lugares a la vez que era confuso… y callando que el Vicente, el tío de menos cabello, la ultima vez engrasó uno de sus dedos gordos y se sentó sobre él, con bastante habilidad, por cierto.

CONCEPTOS

Julio César.

HA OCURRIDO

marzo 6, 2013

EL HOMBRE VOLVIÓ…

HUGO CHAVEZ FRIAS

   Lo anunciaron… finalmente.

   Paz a sus restos.

LLANTO POR LO QUE FUE

Julio César.

LOS WINCHESTER CONTRA LOS DIOSES ALICAIDOS

marzo 5, 2013

…DESGARRADOS Y RAIDOS

DEAN Y PROMETEO

   Controlado…

   Comienzo recordando lo ya expresado, Supernatural no tiene malos episodios, tan sólo que algunos no tan tan buenos como otros. Algo así me pasa con este, 8×16 – Remember The Titans. No sé quién lo escribió (no suelo fijarme), pero fue bastante flojo argumentalmente. Y llevan dos seguidos, ya que el policía brujo y su familiar tampoco fue tan tan bueno. Lo curioso fue que este prometió mucho ya que comenzó genial…

   Un hombre joven es arrollado en una solitaria carretera por donde camina bajo la nieve. Ese paisaje era inamistoso pero hermoso, árido en su frialdad pero bello como un paisaje de computadora. Un sujeto que va bebiendo, y quedándose dormido, le arrolla y huye. No tengo nada contra quienes toman, yo soy uno, pero una persona que conduce bajo los efectos del alcohol, se queda dormida, despierta sobresaltada y continúa tomando es un irresponsable que merece le quiten la licencia para siempre. No digamos ya si mata a alguien.

   Bien, el hombre queda allí, amanece, se le ve descompuesto, el detalle del ave picoteándole fue genial, grotesco, más tarde resultaría esclarecedor. Un policía le encuentra y lo reporta, a sus espaldas el otro se pone de pie y parte. Los hermanos nuevamente hablan sobre las tres pruebas de Dios para cerrar el Infierno, y Sam que oculta los efectos que está sintiendo, se interrumpen cuando el menor le habla de los zombies. A Dean parece que le agrada mucho la idea de cazar zombies, con ese truco Sam le llevó, en la tercera temporada, a buscar al médico que se había convertido en una criatura inmortal con ciencia oscura, sin magia. Me agradó el policía, convencido que se trata de zombies. Aquí se invirtió el orden, ahora son ellos quienes desconfían del informe del hombre de ley.

PROMETEO ESPERA

   Encuentran al sujeto otra vez en una plancha de morgue, se acaba el misterio, creen. Fue tan gracioso cuando despertó y ellos no le ven en la plancha. El personaje era atractivo, el misterio de por qué regresaba, también, así como su amnesia.

VELANDO

   Los hermanos se lo llevan para vigilarle y hacerle pruebas, cuando duerme una mujer aparece, no la reconoce y ella intenta matarle, los hermanos intervienen y ella desaparece.

PROMETEO Y ARTEMISA

 

   Hasta este punto parecía que sería un gran episodio, pero no lo fue. El sujeto cae otra vez muerto, o inconciente, aparece una mujer que le conoció años atrás, se enamoraron y ella le vio morir y regresar, huyendo pero embarazada, ahora le busca porque a su hijo le ocurre exactamente lo mismo, quiere saber qué tiene y cómo repararlo. Aquí llega un punto interesante, Sam deduce que se trata de los dioses griegos, siendo el hombre Prometeo, aquel que robó el secreto del fuego a los dioses y se lo entregó a los hombres, comenzando la era de la tecnología y la historia humana misma (según la mitología).

   Pues bien, me pareció forzado que Sam llegara a esa conclusión, a los dioses y a Prometeo, cuando con las amazonas debieron identificar símbolos, buscar en muchos sitios y aún a un experto (a pesar de lo extendido de la leyenda de las mujeres cazadoras); aquí no hay nada de eso, un hombre muere y revive y Sam hace toda la conexión, aunque acota que la daga utilizada por la misteriosa mujer tenía caracteres griegos (?). Bien, también estaba lo del ave devorándole, como en el relato, Prometeo atado con cadenas en una montaña y un águila comiéndole. Pero en fin, fue tan sólo otro detalle de una trama sin gancho.

DESASTRE

   La mujer que viene por Prometeo, y su hijo, no despertaron interés; cosa extraña, no parecieron congeniar con la famosa química de Jensen Ackles. Más bien molesta cuando por su tontería, Prometeo termina muerto.

ZEUS

   Artemisa tampoco fue un buen personaje, y Zeus, rey de dioses, actuaba como cualquier matoncillo cobrando cuentas, todo poder y torturando a un niño, siendo su final demasiado fácil. No, fuera del mismísimo Prometeo, no hubo ningún personaje que destacara (tal vez el comisario que temía a los zombies).

   Por un comentario que debo responder a la amiga A, ella me llevó al detalle de que a Sam le había faltado algo de protagonismo esta temporada, que todo parecía girar alrededor de Dean, y eso que ella, como yo, es Deanista. Pero es cierto, y ese detalle casi justificaría de por sí (el otro es probarse frente a su hermano por lo que pasó a inicios de temporada), que Sam tomara para él la responsabilidad de las pruebas. Pero es que lo de Jensen Ackles está como saliéndose de control, parece su programa únicamente. Cuando enfrenta por primera vez a Prometeo y le somete contra una mesa, Alicia, una amiga, me envió un comentario, creo que ya estaba imaginándose un fic. Son esos detalles lo que se están notando demasiado; los hermanos llegan a un lugar y la toma enfoca a Dean bajando del auto, dándole una panorámica de abajo hacia arriba, es como si jugaran a explotar deliberadamente su pose de macho sexy.

   Fuera de eso, este fue un capítulo para verlo sólo una vez más, sólo una más, pero quedan dos cosas a destacar y que también se ha comentado ya en el fandom. Que Sam le oculta a Dean lo que padece, criticándole mucha gente que guarde silencio. Hay que recordar que la serie se mueve gracias a las cosas que callan y luego estallan, de no ser así sería La Pequeña Casa de la Pradera (esa serie me gustaba cuando niño), pero en este caso hasta lo justifico: Sam le aseguró a Dean que él podía con las pruebas, que le tuviera fe y confianza (no sólo a Benny), impidiéndole hacerlo a él. Por eso calla. Lo otro a destacar es la oración final de Dean a Castiel, su propio reconocimiento de que lo cree una debilidad pero que está solo y agobiado por su único miedo, que algo pueda estarle pasando a Sam, algo de lo que no se recupere. Nos confirma que aunque Sam calla, él sabe lo que le ocurre (porque no es tonto), pero no le atormenta acosándole a preguntas. Cada uno lleva su carga. Ah, Dean llamando a Castiel, preguntándole dónde está, necesitado de respuestas, de apoyo y consuelo… ¿no habría sido genial que apareciera? Falló el equipo de producción aquí.

   Por adelantos del próximo episodio sabemos que el ángel aparece, pero la cosa no será como nos gustaría (eso aseguran); también esa demonio a quien amo y odio, Meg. Amanecerá y veremos… Esperando que cuiden un poco más el libreto, no es justo que después de seis episodios intensos e increíbles, desde la aparición de Martin cuando se confabuló con Sam contra Benny, pasando por Charlie, Henry, Aaron, el Golem y los nazis nigromantes hasta los rancheros locos, nos vengan con esto. Dentro del equipo de producción hay quienes saben, cuiden el producto, ¿eh?

CONTINUAN LAS PRUEBAS DEL DESTINO…

Julio César.

NOTA: Estoy en deuda contigo, Damián, estoy impaciente por comentar tu trabajo, lo vi publicado en Supernatural Foro (y esto también va por A, sabes que me gustan tus comentarios), no sé que le ocurre al mi Internet, se congela después de veinte o treinta minutos. Es una lata. Estamos pendientes, amigos.

LUCHAS INTERNAS… 102

marzo 5, 2013

LUCHAS INTERNAS                         … 101

TIO SEXY

   Llega un momento cuando cada hombre se la juega…

……

   -No se vayan a besar aquí. -trona, incapaz de ser amable.

   -¡Edward Sanabria! -sonríe Sam, quien le pareció algo tristón y afectado, pero ahora se veía radiante.- ¿Cómo estás? Ya Eric me contó que pertenecías a la banda de Isaac Domínguez; es increíble que sirvas a las fuerzas del mal. El lado oscuro es poderoso, ¿eh?

   -No creo que sea este el mejor lugar para hablarlo, Sam. -le dice hosco, o intentándolo, pero oprimiéndole con fuerza la mano cuando el otro, de pie, se la tiende, semiabrázandolo por un momento.- En verdad estoy destruyendo el sistema desde adentro. -le susurra juguetón. Qué difícil era odiar a Sam. Nota que Eric, algo pálido, no los mira directamente.- Hola, Roche, ¿de regreso por aquí?

   -Épale. -dice sin mucho ánimo. No es que esté molesto, sino avergonzado de estar ahí frente a él.- Negocios… nada social. -aclara.

   -Sé que estás esperando a una fiscal. No podrá venir. Anda enferma. -suena vago.- Y de eso quiero hablarte. A los dos. -abarca a Sam, cuyo celular comienza a timbrar en ese momento.

   -Es de la suegra. -jadea Sam leyendo el número, y disculpándose se aleja un poco, dejándolos incómodamente solos.

   -Quería disculparme por lo del otro día. Yo no… -comienza Edward y ve enrojecer mucho al otro hombre.

   -No te enrolles. Fue mi culpa. Estabas con unos panas y te molesté. Lo siento. Sé que no somos amigos, y que es por mi causa. Lamento haberlo olvidado y… -mira su reloj.- Dios, mira la hora. Debo volver a Tacarigua de la Laguna, están cambiando los pisos y como la fiscal no viene… ¿Le dices a Sam que me fui? Vayan a tomar algo. Él lo necesita.

   -Quieren engavetar las investigaciones sobre la muerte de Roger Santos. -dice simple, mirándolo a través de sus lentes finos, con la sombra azulada que rodea su mandíbula cuadrada y labios.- Quieren que la fiscal pase eso a manos de Danny Álvarez, quien ahora resulta ser el chico dorado del Régimen, el fiscal plenipotenciario.

   -¿Pueden hacerlo? -lo mira desde el sofá, donde cayó sentado, apesadumbrado.

   -Hoy en día pasan cosas insólitas. -como incómodo, se pasa una mano por los cabellos.- Y te tengo otra mala noticia. Ricardo Gotta se está moviendo como un peso pluma en los tribunales, y logró que se dictara una medida cautelar sobre los bienes y propiedades de tu familia. -lo impacta feamente.- Casi todo lo que es de tu familia está ahora congelado, previsto un arbitraje y auditoria posterior de los tribunales, que determinarán si pertenecían o no a los bienes de la sociedad Roche-Caracciolo.

   -No… pueden hacer eso. -exclama Eric, sintiéndose laxo, aturdido. Los bienes de la familia. ¡Su madre! La suya, Norma. ¡Y la de Frank y la de Ricardo!, se dice con arrechera inaudita. Se siente mal.

   Edward Sanabria lo mira alarmado, ¡que pálido estaba!

   -¿Te sientes bien? -le pregunta solícito, moviendo su mano derecha como si fuera a tocarle un hombro.

   -Si. Estoy bien. No te preocupes. -brama rápidamente el otro, muy pálido, cosa que hace destacar varias pecas en su nariz, pero mirándole la mano y con un gesto instintivo de agacharse, como para evadirlo, le da a entender claramente que no le toque. Edward lo mira agrio, abriendo y cerrando la mano, alejándola.

   -Lo lamento. Lamento todo lo que pasa. -suena algo ronco y Eric lo mira fijamente.

   -¿De verdad lamentas que pueda perder mi plata? ¡Cómo nos cambia la vida! -es amargo y rencoroso.

   -Continúas siendo un niño estúpido y mimado, madura Roche. No me alegra saber el que puedas llegar a ser pobre como una rata. Hace mucho que dejé de tener quince años.

   -¿De verdad? –reta, mirándole intensamente, mejillas rojas de furor.

   -Bueno, lo intento, pero tú no ayudas…

   -Lo siento. No estoy pensando bien. -dice aturdido, malencarado.- Tengo que irme. -jadea parándose, tan de prisa que casi chocan, pero se echa algo hacia atrás, como evitándolo.- Dile a Sam que… que yo lo llamo.

   -Eric, no te arreches conmigo, ¿okay? Sé que fui grosero esta mañana, pero… -se molesta, engolado y alzando algo la voz, proyectando la cuadrada mandíbula.

   -No fue nada. No debí buscarte. –parece escapársele, mortificándose más.

   -No, no había problema, lo que pasa es que me sorprendió verte llegar y…

   -Está bien, no pasa nada. Estoy bien. Tú estás bien. Todo está bien. Todo está excesivamente normal y bien en este país. -jadea agudo. La fortuna, la casona, los carros, las cuentas bancarias. ¡Su madre!- Debo… irme. -y casi parece correr. Huir.

   Y ni echándole coco cien años, Edward entendería por qué le desagrada tanto ese alejamiento en tales condiciones.

……

   Venezuela vivía uno de esos momentos tan extraños a lo que su idiosincrasia la hacía tan proclive. Uno de ellos era el paro decretado por las fuerzas que adveraban al Presidente, pero en especial a sus seguidores y a sus ideas de exterminio y pobreza. No había paz en su discurso, ni creación o progreso. No se buscaban mayores y mejores estándares de vida. Sólo prometían miseria, hambre, violencia, juicios sumarios, espionaje, torturas, cárcel y asesinatos que jamás serían investigados.

   Un amplio sector del país aceptó el llamado de La Central de los Trabajadores y de La Cúpula Empresarial. Mucha gente se reunió alrededor de Carlos Olivares y de Carlos Hernández, dos hombrecitos que se vieron solos al principio, pero cuya lucha y tesón llamó a otros: a la gente que cuidaba la plaza de La Libertad y a los militares allí presentes; la gente de La Petrolera, quienes sabían que tarde o temprano, para destruir al país y a su gente debían destruir antes las fuentes de riquezas y las empresas petroleras serían desmanteladas, también acudieron; y La Marina Mercante, y los pilotos de algunas aerolíneas, y las misses, y los artistas. Pero sobretodo, la gente. El hombre común. Las mujeres y los jóvenes que hasta ese momento se habían  mantenido indiferentes.

   El paro no fue total, y al principio pareció que sería un estruendoso fracaso ante la traición que la gente del transporte le hizo al país. Se les permitió aumentar el pasaje otra vez y para ellos bastó. La gente del Subterráneo igual. Ellos no irían a un paro donde no se discutían reivindicaciones salariales; por lo que les concernía el país y su gente podían irse a la mismísima mierda mientras se les cumpliera con los bonos y los beneficios ofrecidos. Los árabes abrieron sus tiendas y los portugueses sus panaderías; después de todo no eran venezolanos, sus corazones estaban donde guardaban la plata. Si la cosa llegaba a los extremos de muerte y horror que en Cuba, escaparían con las botijas llenas; ya bastantes sacrificios hacían tratando de señores y señoras a los nativos.

    Buena parte del país gritaba y se acogían al paro, chillando ahora o nunca,  paramos o caemos al abismo; la movilización fue enorme, trancando autopistas, caceroleando a la vulgar y rapaz gente del régimen (que no conforme con robar y armar delincuentes, pretendían ser tratados ellos y sus familias como  si fueran gente), custodiando las casas de militares alzados, de exmagistrados de la Corte Suprema, o del obeso exconstituyentista que se separo del régimen al saber de sus delitos. Pero otros continuaban indefinidos, ocultando su flojera, cobardía y rapacidad de lo que podían conseguir de los que sobrevivieran, tras lo que llamaban la indiferencia a los problemas políticos, o al “si yo no trabajo no como”, como si los otros no hubiera aceptado ese compromiso antes.

   Los nombres de unos y otros estaban ahí, y ahí quedarían para siempre. De un lado la Colombina, del otro Villalba en el canal del Estado, con su sonrisa cínica de quien cree que trata con retrasados mentales. De un lado el capitán del tanquero Bilín  Linares, del otro el general eructo, con su mujer y sus hijos, festejando con lo que sacaban de la destrucción del país. Mientras las transnacionales de la hamburguesa y el pollo frito cerraban, árabes y portugueses medraban. Pero había un tercer grupo, el de los delirantes, los de aquellos que a fuerza de nunca querer trabajar y no lograr nada, habían desarrollados demasiados traumas y complejos, los que se sentían rechazados y que ahora creían llegado su momento, el momento de romper la piñata y repartir entre ellos el botín.

   Ese grupo de gente mediocre, especialistas en destruir y dañar, incapaces de crear o progresar, habían decidido en la quinta de un conocido abogado capitalino, que algo debían hacer con el paro y las doñitas protegiendo a los militares alzados en la Plaza. La gente no podía seguir saliendo cada noche a cacerolear al régimen; el mundo entero, a pesar de los manipulados e interesados reportajes de la televisora española y la NCC, podía caer en cuenta que no salían a apoyar el régimen o a pedir muertes y saqueos, sino una salida pacifica a una espantosa crisis que amenazaba con destruirlos a todos. ¿Y si a las cadenas noticiosas internacionales les daba por enviar a reporteros de verdad a investigar y no sólo repetir el boletín que salía de Miraflores? Esa gente debía ser controlada. Y debía ser por el terror. Irían contra la plaza de La Libertad y la gente que allí estaba. Se les daría una lección, una dura y mortal lección. Y luego se las cobrarían a ellos mismos, para esos estaban los fiscales, policías y jueces del régimen, lo mismo que las cadenas noticiosas implicadas.

……

   La expresión el sol sale para todos era tan cierta como que la tarde también caía sobre la gente. Mientras conduce su autobús de Tacarigua de la Laguna a Río Chico, llevando a la gente de una fábrica que hizo su excursión anual, gritones, borrachos y fastidioso, Roberto sólo ansía llegar y salir de ellos, tomarse una cervecita y ver qué hacer con su noche. Ni por un momento se le ocurre algo tan aburrido como pasarla con su familia. Quiere… más.

   Mira por el espejo retrovisor a esos escandalosos, pero lanza un mental ‘hummm’ cuando nota que dos de esos tipos, muy borrachos, se paran a cantar y tongonearse como maricas, cantando aquello de ‘Querida’, de Juan Gabriel. Todos ríen, pero él mira sus espaldas desnudas y las tanguitas de tela suave que usan, que se meten un poco en sus nalgas, hundiéndose ricamente. El hombre siente un sabroso hormigueo y más cuando nota como otro carajo, que se para por una cerveza, de pasada mete la mano entre las nalgas de uno, empujando la telita, haciendo que todos rían. Él sonríe, pero siente que el güevo se le calienta, y al igual que Andrés, recuerda la noche, hace unas semanas, cuando sorprendieron a ese tipo, Tirzo Ramos dentro del local de Alicia. Pero a diferencia del joven, Roberto, que lo sabe muerto, lo recuerda sin piedad, sólo caliente, mirando a los dos carajos que cantan y se tongonean. Mirando sus culos.

   Tal vez invitara a tomar una cerveza a uno de ellos. Sería maravilloso sacarle esa tanga y ver como tenía el capullito, metiéndole la lengua y algo más, después. Botando aire, recuerda a Tirzo Ramos, el difunto, y como lo cogía a sus espaldas, echados los dos en el suelo sobre un costado; con él penetrándolo desde atrás.

   Lo que Roberto no puede imaginar es que Tirzo estaba esperando el momento para saltarle encima, quitarle el viejo revolver y matarlo tanto a él como a Andrés; y de pasada a William Bandre y a Cheo. Cuando calculó que Roberto estaba más atontado, disponiéndose a volverse contra él, chilla cuando el otro se mueve primero. Sin sacarle el güevo del culo, Roberto lo arrojó de lado, obligándolo a caer de espaldas, lo que sacó la tranca de su culo. Roberto, arrodillado ante él, le levantó muchos las piernas, abriéndole desmesuradamente las nalgas color canela, deseando verle el culo abierto.

   Andrés, de pie, sobándose el enorme güevo fuera del short de jeans, los miraba. El culo de Tirzo titilaba caliente, rojizo, lampiño. Parecía querer más. Era un culo hambriento. Llenándose la boca de saliva, Roberto lanzó espesos escupitajos sobre esa raja y culito. La saliva tibia rodó y Tirzo chilló. Andrés pensó que eso parecía semen. Sin esperar más, Roberto se puso de pie, inclinándose sobre el otro y su erecto manduco chocó del culito, penetrándolo rápidamente, entrándole como si fuera mantequilla. Tirzo gimió y su culo sufrió un espasmo que chupó más a Roberto, quien apretando los dientes le atrapó los pies desnudos a pesar del arma, sobándole las plantas con los pulgares, y comenzó a cogerlo violentamente, lanzando todo su peso, metiendo muy hondo y duro su güevote dentro del cálido agujero, que pulsaba sobre él, queriendo retenerlo, amasarlo y chuparlo.

   Mientras lo cogía rítmicamente, Roberto le gritaba que era un maricón, que mira como sudaba, mira como meneaba el culo, mira como jadeaba. Le ordenó que gritara que era un marica, y soltándole un pie le atrapó los recios cabellos y los haló. Tirzo, sudando, rugió que era un maricote, que lo cogiera duro, que se lo metiera hondo, que lo cabalgara; mientras su culo se abría y cerraba a la entrada y salida de la rígida barra. La espalda inclinada de Roberto sudaba y brillaba, mientras se mecía de adelante atrás; con sus nalgas abriéndose y cerrándose sobre su raja algo peluda, mientras sus bolas iban y venían, así como su tranca que parecía muy grande para ese huequito, pero que lo clavaba, casi sentándose sobre las nalgas abiertas en forma de eme, musculosas y sudadas también.

   Momentos más tarde, incapaz de contenerse, Andrés se desviste, viéndose hermosote tan musculoso y joven. Su güevo abultaba mucho y Tirzo lo miró con codicia. Roberto dejó su culo y le obligó a ponerse en cuatro patas contra el piso. Roberto frente a él, le sobaba la mejilla con el revolver, mientras lo cogía por la boca, metiéndole muy hondo en la garganta ese güevo. Tras él, Andrés miraba el bello culo dilatado, rojo de uso, y metió su güevo con un gemido ronco de gozo, encontrándolo rico.

   -Oh, Dios… -gimió el más joven.

   -Ese culo es una maravilla, ¿verdad? Tan suave y caliente, tan apretado… tan deseoso de un güevo…

   Ese culo se cerró violento al escucharle, apretándolo como un cepo. Ahora los tres carajos gozaban una bola y parte de la otra; iban y venían en un rico cóctel de güevos, boca y culo. Tirzo se sentía embestido por sus orificios. Su nalgas iban y venían restregándose en el bajo abdomen de Andrés, meciéndose duro contra esa tranca que sentía que lo desgarra todavía, llenándole las entrañas de calorones y jugos, mientras su boca como una ventosa subía y bajaba, tragando más y más, dilatando su garganta. Andrés chilló con admiración, qué tipo tan caliente, su culo era un horno, ese culo aceptaba todo, hasta una pata de caballo si intentara meterse, y los ojos de Roberto brillan mórbidos ante ese comentario expresado en voz alta.

   -Vamos a probar algo nuevo.

   Obliga a Tirzo a pararse, apuntándolo levemente, y se tiende él boca arriba sobre el mesón. Con un jadeo, Tirzo subió nuevamente a hojarasca y se enculó, subiendo y bajando ya sin recato, cabalgando sobre la cadera de Roberto. Sus nalgotas abiertas mostraban su redondo y maravilloso culo subir y bajar sobre la tranca erecta, la espalda contraerse, la nuca de adelante atrás mientras gime. Andrés lo miraba fascinado e inclinando el rostro, pasó su lengua ágilmente de la raja a las bolas de Roberto, lamiendo trozos del güevo al salir. Eso hizo que Roberto y Tirzo chillaran, sobre todo este cuando la punta jugaba con su entrada al tiempo que el tolete se me metía y salía. Roberto le tomó los hombros a Tirzo atrayéndolo sobre sí, y eso hizo que su culo tirara del güevo del otro, abriéndose de ladito. Roberto le chilló a Andrés que subiera y lo metiera también, mirando vicioso a Tirzo que palideció, tal vez de miedo o de excitación.

   -Los dos te la vamos a meter, te vamos a llenar ese culo de güevos y vas a ser muy feliz. Vas a gozar como una puta barata en fiesta de marineros borrachos.

   -No. Eso me va a doler.

   -Lo vas a gozar, maricón; tienes la cara, la cara de puta caliente que ama los güevos. -miró a Andrés.- Sube.

   Y totalmente enloquecido de lujuria, Andrés trepó también a la mesa, que crujió peligrosamente bajo el peso de los tres. Palpó la sudada y terriblemente caliente espalda de Tirzo, pero estaba excitado. Los tres lo estaban. El güevo rojizo y duro del muchacho se frotó de la espalda de Tirzo que chilló. Esa tranca bajó y se frotó en la raja, en la entrada del culo, chocando con la de Roberto. Y cuando Andrés se agarró el güevo para empujar hacia abajo la de Roberto y forzar la entrada, una pata de la mesa cedió y el trío cayó entre gruñidos; Roberto cayó de lado y jadeó, pues Andrés lo pisó en la panza al caer y rodar.

   -Malditos cabrones, hasta aquí llegaron. -rugió una dura voz. Roberto miró y el güevo le tembló, pero no de emoción. De pie, cetrino, delgado, atractivo, Tirzo sostenía el viejo revolver, apuntándolos, y en su mirada había arrechera.

   Sonriendo, ahora, Roberto piensa que se salvó de vaina esa noche. Mira a uno de los carajos en tanga que viene hacia él.

   -¿No tienes un casette de Oscar D’ León? -le pregunta, medio ebrio.

   -Allí. -señala la guantera del lado del copiloto.

   El tipo se tiende a buscarlo y Roberto mira como sus nalgas se abren tragándose algo de la tanga de tela suave, nada ajustada; mierda, había algo en la tela de un calzoncillo metiéndosele en el culo a otro hombre que… Mira al resto que está ocupado y al caer en un bache, tiende una mano como para sostener al carajo, montándola en las nalgas firmes y apretaditas, metiendo más la tela ente la raja, sobándolo inequívocamente con la punta de sus dedos, y la sola caricia lo pone mal. El tipo lo mira, sorprendido, con la boca algo abierta, pero sin quejarse. ¡Y esa raja estaba caliente!

   -Cuidado y te caes, amiguito. -le grazna Roberto, con voz ronca.

   -Gracias, pana. -le dice, sin moverse, sintiendo esa mano de dedos calientes hurgándole lentamente, empujando, sobándole, mientras Roberto vigila al resto, frotando sobre lo que sabe es el culito. ¡Se estaba dejando, coño!

   -¿No quisieras tomarte unas cervezas conmigo después? -su mano soba lenta, la cálida raja, deteniéndose e intentando empujar un dedo contra la codiciada entrada.

   -Me encantaría… -le ofrece mórbido, enderezándose un poco, cerrando las nalgas sobre la mano jurungona, sonriéndole mórbido. Los dedos apretaron más contra el ojete del culo…

……

   La tarde comienza a caer sobre la convulsa capital. En el apartamento de Frank, Marina lo espera, inquieta. Mira la televisión, encadenada a las noticias. Por un lado la Oposición, llamando al Gobierno a la cordura, al juego democrático, al regreso a la ley; por el otro el Oficialismo ladrando que todo está normal, que no pasa nada y que toda esa gente que exige que se deroguen las leyes confiscadoras de la propiedad privada, que se desmovilice la intervención de La Metro, que le impide salir con el armamento a cubrir las calles de una ciudad violenta y cundida de malandros, no eran más que unos delincuentes que van contra todo lo que es bueno y humano. Así lo dicen los Ministros, el Virrey, el Fiscal y el Defensor del Puesto.

   La mujer mira las escenas con sentimientos mezclados, quiere que triunfe la Oposición, pero duda de ello. ¿Podría Venezuela salir de está pesadilla sin un baño de sangre? Eso la angustia. Mira su reloj e inquieta se pregunta, no por primera vez, dónde estaba Frank. No había regresado a la oficina desde que salió a mediodía. ¿A dónde iba cada tarde? ¿Tendría una aventura por ahí? Esa sospecha había entrado en su mente, intentaba rechazarla como asurda… sin embargo le lastimaba no poder descartarla.

   A ella le gustaba. Mucho. Sentía algo profundo y poderoso por ese hombre hermoso y arrogante; aunque todas en La Torre, y su misma cabeza, le gritaban que era una locura entregarle el corazón a alguien como él. La puerta se abre y ella se vuelve a mirarlo, sonriendo dulcemente, intentando que sus dudas y temores no se noten en su semblante. Sabe que a él no le gusta. Lo ve elegante y guapo. Lleva una hermosa cajita, plana y algo alargada en sus manos, envuelta en un sedoso papel dorado: un regalo, ¿para ella? Lo mira fijamente, y se inquieta. Hay algo lejano y ausente en él.

   De pie, lo espera sonriendo algo nerviosa.

   -Tardaste, ¿dónde estabas? -se le escapa, no pensaba preguntar eso. Él la mira, sereno y serio.

   -Estuve ocupado, Marina. -se le acerca.- Vi esto y pensé en ti. -se lo tiende.

   Ella con una sonrisa de agrado, con el corazón cálido de gratitud, lo toma y lo abre, delicadamente. El estuche contiene una impresionante y hermosa cadena, terminada en una medalla de corazón, con fina pedrería. La toma y la mira con ojos brillantes, sonriendo.

   -Amor, es preciosa… -pero al levantar la vista, ésta muere. Nota la mirada ausente y muerta de él.- ¿Pasa algo?

   -Marina, tenemos que hablar… -y ella siente que el piso se mueve, hundiéndose un poco. Esas palabras, esas horribles y malditas palabras que ya ha escuchado antes, y que ella misma ha proferido alguna que otra vez, la matan.

   El hombre, incómodo al tener que explicarse, y al tener que ser brusco con ella, le dice que la quiere mucho, que la encuentra dulce y amorosa, pero que ya no quiere continuar viéndola. Que ella se le vuelve una necesidad que debe atender, una obligación que ya no quiere. No desea sentirse atado. Que la relación ha evolucionado de una forma que lo  amarra y él no busca eso. La mujer lo mira impactada, incapaz de procesar todo lo que dice.

   -Frank, pero yo… te amo. -lo dice con sencillez, convencida. Es fácil, era guapo, joven y rico.

   -Pero yo no. Me gustas, me gustas mucho. Pero, ¿amor? Nada de eso. Ni quiero llegar a sentirlo. -sube los hombros, tomando aire.- Ahora, hay alguien más… y no quiero líos de tener que asar dos conejos a la vez. Así que… chao. -y aunque intenta ser considerado, es una bestia incapaz de sentirlo por alguien en verdad.- Terminemos esto en paz. Puedes seguir conmigo en la oficina, y si no quieres, te ayudó a buscar algo más.

   -¿Me vas a ayudar a conseguir algo más? -le grita airada, contenida, mirándolo horrorizada; mirando la cadena se la arroja.- ¿Crees que esto lo arregla todo? ¿Crees que con esto basta, maldito bastardo?

   -Nunca te ofrecí nada. Sólo compañía y cama. Lo tuvimos, fue bueno. Punto. -es duro, mirando la cadena en el piso.- De verdad, quiero que terminemos en paz. Pero si quieres problemas, puedo dártelos. No me obligues a ir contra ti. Créeme, no te gustará. -cierra su saco.- Voy a salir a cenar algo. Por favor… recoge tus cosas. -mira la cadena.- Y no te pongas estúpida ahora, ¿sí? Es un recuerdo, algo bonito para ti. -y simplemente sale, sin importarle nada más.

   -Entonces… ¿es todo? ¡Hay alguien más! Fin de la historia. –sonríe y traga.- ¡Qué afortunada es! –la burla es cruel, deteniéndole.- ¿Le ofrecerás la luna para que acceda a todo?

   -No te la ofrecí a ti. –es seco, frunciendo el ceño.- No lo compliques, Marina, esto no era… nada. Sólo sexo. Sólo compañía. –va nuevamente hacia la puerta.

   -¿La conozco? –lo detiene en seco.

   -No te hagas esto. Es… estúpido. –se encoge de hombros, convencido de lo que dice, no entendiendo la risa llanto de la mujer.

   -¿Estúpido? Tal vez alguien deba advertirle que no se deje cegar por ti.

   -Créeme, no lo hace… Me está costando trabajo. Por eso no quiero arriesgarme a que sigas aquí, no deseo que vaya a pillarme y todo se complique. –termina, algo cruel.

   Marina no puede hilvanar una respuesta. Siente ganas de gritar, de llorar, de batir cosas contra el piso. Pero sobre todo, de saltarle encima, de arañarle esa hermosa y cruel cara, arrancarle de un mordisco el labio, esos labios tan crueles y duros. Se siente vacía, desesperada, abandonada y sólo puede caer sentada, sintiéndose estúpida. Todos le dijeron que no lo amara, que trabajara con él, que se acostara con él si quería, pero que no le entregara el corazón; y ella idiotamente lo hizo. Siente rabia y dolor.

   Pasa un rato así, sentada, autocompadeciéndose, sintiéndose una pobre tonta. Finalmente se pone de pie, va hacia el baño del cuarto principal, todo en blanco y cromo, aséptico, puro y limpio. Estéril. Recoge algunos frascos, cremas, lociones, cepillo de dientes y mil y una chucherías más, como ganchos de cabellos y cosas así.

   En el amplio dormitorio, donde también predominan los colores claros a los que Frank es tan afecto, la recolección de objetos es aún más penosa, pues hablan de una confianza que ya existía. De un habituarse al lugar. De charlas en la cama, de comentarios a medio vestir en las mañanas mientras lanzaban un ojo y un oído a las noticias. La tarea es pesada para la joven mujer, cuyos ojos se empañan una o dos veces. Se siente dolida, sufrida y miserable. La rabia vendría después. Y la furia. Recogiendo cosas en el largo mueble del cuarto, abre una gaveta y revisa bajo unas camisetas, tan blancas que lastiman la pupila, mientras busca un sostén que no aparece. La mujer encuentra la finísima prenda de oro (tal vez de oro), que la hace arrugar la frente. La mira con igual atención que la primera vez, cuando también buscaba otro sostén, tan fina que es difícil verla a trasluz. Era una cadenita rota, como si alguien la hubiera halado. Y la certeza estalla en su cabeza. Recuerda unas cuentas noches atrás, unas semanas, en que sentada ante las noticias, vio a una reporterita cubrir un atraco en un dispensario de Chacao.

   La joven regresaba de la plaza La Libertad cuando supo lo del atraco, la golpiza y la destrucción del tarantín de trabajo de un joven. Al ver al joven catirito, la reportera lo imaginó como un habitual de la plaza atacado por un grupo de facinerosos del oficialismo. Ese joven le contó que no, que sólo fue víctima del hampa desatada, común y vulgar a no más poder. Lo golpearon feo y le robaron su dinero y una cadenita, y mostró su cuello flacucho, con tres feos arañazos rojos que lo cruzaban del lado izquierdo. ¡Ese joven era Nicolás Medina!

   La mujer le da vueltas a la cadenita con un dedo en la palma de su mano, muy intrigada. Ella sabía de la cadenita del joven, algo que le regaló una novia. Un día lo hablaron. Y estaba casi segura de que era esa. ¡No lo puede creer! Ella sabía del odio de Frank por el joven, pero, ¿llegaba a tanto como para atentar contra él? Ella supo que la golpiza fue feroz, sólo detenida por una valiente mujer que enfrentó a los verracos. ¿La ordenó Frank? ¿Frank envió a esa gente? ¿Tanto lo odiaba? Pero, ¿por qué? Cierra el puño sobre la cadenita y decide llevársela. Algo le decía que eso podía ser importante más adelante.

   Y no se equivocaba. Como no se equivocaría al entregársela a quien lo hizo. Tanta gente odiaba a Frank Caracciolo…

CONTINUARÁ … 103

Julio César.

NOTA: Ah, los días del paro cívico. Todas las tardes aparecían en televisión, en cadena nacional, el Vicepresidente de la República, José Vicente Rangel, el presidente Hugo Chávez, la ministro del Trabajo, María Cristina Iglesia y la periodista Mari Pili Hernández, diciendo que eso había fracasado, que el país estaba en pleno funcionamiento, que PDVSA trabajaba mejor que nunca… once años más tarde, inmersos en este desastre económico que nos agarró sin producción nacional, ni siquiera de alimentos, importándolo todo a través de negocios triangulados con la corrupta cúpula cubana, todo es culpa de aquel paro, porque en once años parece que no son capaces de reparar nada. Y uno se pregunta: ¿mentían antes cuando decían que el país y PDVSA estaban en pleno funcionamiento con gente de su confianza, o mienten ahora cuando aseguran que el desastre es culpa de todos los demás menos de ellos?

NOTA 2: Lo del casette de Oscar D’León, sí, hasta días tan resientes, como el 2002, los autobuses que cubrían esas rutas, San José, Río Chico, Tacarigua de la Laguna, tenían ese sistema musical. ¡Cómo me gustaban mis casettes!

NOTA 3: Estaba chingo por usar esta imagen… Coño, ese hombre debe ser increíblemente feliz, así como Jensen Ackles o Jake Gyllenhaal. A mí, con esa pinta, mi personalidad y mi entrono, tendrían que matarme para que no corrompiera, con posibilidades reales de éxito, a medio mundo.


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