LIMITES

julio 3, 2013

CUIDANDO LO QUE SE TIENE

CHICOS HOT

   Y todavía sonreían los muy pillos…

   -Okay, chicos, voy a darles otra oportunidad de competir frente al colegio. ¡La última! –ruge el entrenador, mirándoles severo.- Pero está vez deben usar calzoncillos, o suspensorios o tangas si les da la gana, pero deben llevar algo bajo esos shortsitos cortos de tela suave que usan. Y no quiero verles abrazados en el suelo, y tú, Alfonso, metido entre las piernas de René, alzándole el culo, maraqueándolo con tu pelvis y mordiéndole una tetilla; y menos ver una erección medio metiéndosele, ni que terminen con manchas de corridas. Sucede otra vez… y van para afuera. –amenaza, pero como la cosa ya ha pasado cuatro veces y siempre venía más gente a mirar, profesores, padres y chicos de otros colegios, en verdad nunca les sancionaba… fuera de que al final, los bendito shortsitos mojados, también se los llevaba.

ESOS TOQUES

Julio César.

TECNICA

julio 3, 2013

EXTREMO

ASI SE HACE

   ¡Era todo un éxito!

   -No, no puedes caer y tragar así como así, debes disfrutarlo, degustar el momento, controlándolo de paso. Te acercas y le respiras encima, viéndola enrojecer, soplas un poco y se moja en seguida. –apunta.- Tocas y sobas con el pulgar en la base mientras acercas más y más la nariz, rozando suave, llenándote con sus aromas, algo divino; eso les encanta y te hará salivar de anticipación. Roza y besa con los labios entreabiertos, saca un poco la lengua y recorre cada recodo, para ese instante ya lo tienes temblando en tus manos, gritándote desesperado…

   -Coño, ¡cométela ya, no joda! –jadea, angustiado.

   -¿Lo ven? Harán lo que les digas, cuando se los digas, si eres bueno…

LA PROBADA

Julio César.

MARK… ¿QUÉ PACHÓ, MIJO?

junio 30, 2013

…GENTE QUE SE MOLESTA

MARK HAMILL

   Bueno, al menos tiene su cabello…

   Recuerdo haber tenido ocho o nueve años de edad cuando vi La Guerra de las Galaxias (luego llamada Una Nueva Esperanza), a las tres de la tarde de un día domingo en una función de matinée, y desde el momento de las letras que subían, a la nave siendo atacada y tragada por otra, quedé atrapado en su magia. Todos querían ser Han Solo, el capitán pícaro, yo soñaba con ser Luke Skywalker, el joven y frustrado campesino de un mundo distante que soñaba con aventuras. Y qué carita tenía en la toma de las dunas, frente a las dos lunas, Mark Hamill. Yo quería ser él. El lunes pasado lo vi en el final de temporada de Criminal Minds, y fue doloroso. Por su papel de tipo horrible y su facha. Oí una vez que había sufrido un accidente grave, pero la verdad es que los años no tuvieron piedad. Harrison Ford y Mel Gibson han envejecido muy bien. Él no. Y su papel le hizo más detestable. Repito, fue triste. Es mejor para mí, que idolatro a Luke, recordarle luchando en la galaxia, o con el resto del pelotón Rojo Uno.

LA GENERALA EN JEFE

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… 108

junio 30, 2013

LUCHAS INTERNAS                        … 107

SEXY EN BIKINI

   Un chico, una cama…

……

   Sólo pasan fracciones de segundo, pero Eric mira a los dos carajos acercarse, increíblemente lentos, y entiende que van a matarlo. ¿Qué hacer? ¿Correr? Era tonto, le darían fácilmente por la espalda; pero quedarse ahí, sin hacer nada, lo molestaba. Se parapetea mejor tras el carro. Ve como los tipos cubren el vehículo por ambos costados, como cazándolo, temiendo acercarse. Pronto estarían con él. Sintiendo miedo, un dolor feo en el cuello y una terrible furia, Eric decide que se ocultará lo que pueda e intentará saltar sobre el que llegue primero. Sabe que le disparará antes de que pueda tocarle, pero debía intentar algo. No iba a morirse lloriqueando, o sin hacer nada.

   Los sujetos van no muy confiados. Eran dos, armados, contra un carajo al que suponían desarmado. Indefenso. Sería fácil; pero lo mismo pensaron de un sujeto en un cuarto de hospital.

   La mirada de Eric recorre todo como un animalito ajustado, ¿dónde estaba la gente de Vigilancia? ¿Dónde estaba La Guardia Nacional que custodia ese edificio público? Jadea pesadamente, agachado y asomándose sobre uno de los costados del carro, esperando. Dios, esto era una maldita pesadilla. Le parece que alguien más va llegando, pero no sueña con que sea ayuda, debe ser ese tipo que le pareció vagamente familiar. ¿De dónde lo conocía?

   Alex quiere terminar pronto, le molesta notar que su llegada distrae un momento a los otros dos que ya deberían haber rodeado el puto carro y acribillado a Roche. El fracaso con William Bandre aún le pesaba, y ni haber matado a Tirzo Ramos lo disculpaba. Él sabía bien por qué no había nadie por allí, ni guardias ni vigilantes. Los engranajes del poder habían decidido triturar y machucar a un joven abogado, y todo se había puesto en marcha para que eso saliera bien.

   Eric cae sentado en el suelo, con la espalda pegada al vehículo. Van a matarlo, y mira con añoranza el oscuro estacionamiento con todos sus carros estacionados, lugares donde una cucaracha como él podría esconderse. Lo iban matar, así que lo intentaría. Haría como en las películas, correría como diablo ante cruz, en zigzag, eludiendo balas y se ocultaría. ¡No joda, ni que fuera Bruce Willis en Duro de Matar! Estaba convencido de que en cuanto se pusiera de pie para correr, tropezaría con el otro pie cayendo de boca y allí lo matarían, y tal vez también perdiera un diente. No importa ya, se agacha y echa el cuerpo hacia adelante, listo para correr. La pareja de maleantes detenida, parece esperar eso. Uno mira al otro sonriendo y con un dedo en los labios le indica que guarde silencio. Esperan a que la zorra salga y corra.

   Cuando Eric está a punto de hacerlo oye un grito que viene de los estacionamientos.

   -Al suelo, Eric. No te pares.

   Es un rugido autoritario. Y Eric, con la boca abierta, ve como Alirio Fuentes, con un arma en las manos, corre hacia él disparando sobre su cabeza. Oye un chillido y al volverse mira como uno de sus atacantes, el que iba en el puesto del conductor, se cubre con una mano el abdomen mientras ahoga un gemido con una cara de dolorosa sorpresa. ¡No era justo que le dieran a él!, piensa. Alirio vuelve a disparar, contra el otro, pero éste ya está fuera de su línea de visión, ocultándose junto al parachoques de Eric.

   Con la boca aún más abierta el abogado le mira llegar junto a él, hincar una rodilla en el suelo y extender la otra pierna, en actitud de alerta. Por un momento los dos hombres, los dos conocidos y amigos, se miran fijamente.

   -¡¿Alirios?!

   -Luego, Roche…

   -¡No! ¿Qué significa…? -jadea Eric. Alirio niega con a cabeza, apuntando hacia adelante. Esperando.

   -Vamos. –llama algien a gritos y los dos amigos se asoman. Una camioneta se detiene en la entrada misma y el conductor es Alex, un hombre de reflejos rápidos. Por un momento se miran Alirio y él; y Eric comprende que ya se conocen.

   -Hola, Alex. Así te haces llamar ahora, ¿no? -le ruge, con odio, apuntándole.

   Pero ya el chofer del primer auto corre hacia la camioneta arrastrando a un carajo, el socio que agoniza, pero que no debe ser encontrado allí. Se trata de un hombre que no está en Venezuela y que nunca ha estado. Alex, en forma maquinal, con odio, saca un arma fuera de la ventanilla y dispara en rápida sucesión tres veces, contra Eric, pero principalmente contra Alirio. Ambos caen al piso, de rodillas y se vuelven asomar, los mira subir y alejarse.

   Ahora eric, quien sus orejas zumbas y su corazón corre desaforado, por el miedo, la adrenalina y la sorpresa (¡iban a matarle!), cae sentado de culo y se vuelve desidido hacia Alirio, quien también cae, apoyando la espalda del carro, a su lado.

   -¿Qué fue todo esto? -grazna Eric, mirándolo impresionado, mirando su arma, recordando al herido.

   -Eric, yo… -Alirio le observa de reojos, viéndose apurado y nervioso. Mira a la rampa de subida.- Soy Alirio Fuentes, un comisario del Dasnap. Trabajo para la seguridad del Estado.

   -¡¿Qué?!

   -Mira, es algo que no le digo a todos. Todo el mundo nos odia, como si fuéramos basura o mierda, por eso cuando conozco gente nueva, gente que me agrada o puede llegar a agradarme, no les digo lo que hago. Todos se cortan, como si estuviera sonsacandoles secretos o interrogandoles. Además… mi trabajo me obliga a cierta confidencialidad. -lo mira como pidiéndole comprensión.- Sé que… no he sido sincero con ustedes, con todo el grupo; pero créeme, no lo hice con fines oscuros y malignos. Sigo siendo tu amigo y…

   -No. tú no eres el alirio de siempre. Yo no sé quién coño eres tú. -susurra Eric, ronco, mirándolo intensamente, como desconfiando, sospechando de él.- No sé qué eres, pana. Ni qué tramas, ni qué buscas.

   -Soy tu amigo. Y… -lo calla con un bramido.

   -¿Quieres dejar de decir eso? -hace una mueca de dolor y se agarra el cuello.- ¿Qué haces aquí? ¿Por qué estabas aquí hoy, precisamente hoy? ¿Todo esto fue una comedia montada por ti? -Alirio lo mira furioso.

   -¿De qué hablas? No digas maricadas. -ruge.- Dentro del Dasnap uno oye cosas. Sé que había algo montado contra ti, por esas vainas en las que ahora te metes, como la muerte del tal Roger Santos. Supe que había un punto muerto hoy aquí. Sin policías, sin guardias, sin Dasnap. Sabía que algo intentarían y por eso viene.

   -¿Y qué vamos a decir? ¿Qué fue un atentado político? ¿Qué el Gobierno me quiere muerto?

   -Yo no voy a decir nada. Habla tú. Di que fue un atraco. Sólo eso. Y describe bien a Alex, el que estaba en la camioneta. Es el jefe. La denuncia pondrá sobre él la lupa y las lámparas, y eso puede ser fatal para alguien como él. Ya tú lo conoces, era ese tipo que te abordó esa tarde en el gimnasio.

   -¿Cómo sabes eso? -lo mira profundamente sorprendido, desconfiado, con rabia. Y con alarma, ¿qué tanto sabía alirio, este alirio, sobre su vida proivada?

   -Se lo dije yo. -dice Edward Sanabria apareciendo ante ellos, acicalado, serio. Eric sonríe mal.

   -Claro, tú, -y una terrible acusación parece ir tras esas frases, algo que cala y molesta al otro.

   -Tu amigo fue quien me contó de Alex, y quien me decía dónde estabas, qué hacías y a quién veías. Lo hacía para protegerte. Como yo. –acota Alirio, Eric, con un gran dolor de cuello se pone de pie trabajosamente y rechaza la mano de Edward que se tiende para ayudarlo, hiriéndole por alguna cusa que el otro no entiende.

   -¡Qué afortunado soy! Todo el mundo me quiere ayudar y proteger. Me siento tan amado…

   -Que necio e infantil eres. -acusa molesto Edward, alzando la trompa.

   -Te lastimaste el cuello. Te va a dolor bastante mañana. Déjame llevarte a tu casa. -se ofrece Alirio, tenso, como buscando su disculpa. Eric lo mira feroz.

   -No es necesario. Seguro que hay bastante gente a la que tienes que vigilar. -eso lastima realmente a Alirio, que aprieta los labios y se aleja. Eric siente un momentáneo remordimiento, pero lo acalla, viéndolo irse.

   -¡Idiota! -le escupe Edward.

   -Ve a joder al coño’e tu madre. -le ruge, agarrándose el cuello y alejándose envarado.

   -Ese carajo es un amigo valioso.

   -No sé si es un amigo.

   -Bien, pero recuerda que le debes la vida. Lo que valga, lo que eres, se lo debes.

   -Hijo de puta… -ruge apretando los dientes y presionandose el cuello, sus palabras le daban donde era.

   -En cuento llegue la policía técnica y declares, te llevo a tu casa. -se ofrece, llegando a su lado.

   -No te molestes.

   -Te llevo, coño. -ruge autoritario, dando por terminado el asunto.

                                          ………………..

   Como si de una gallina se tratara, esa noche Frank Caracciolo se retiró muy temprano a su cama, apagando la luz y recreándose en sus pensamientos, vistiendo únicamente su short blanco, cómodo, hecho para dormir, y envuelto en una ligera sábana. No era un hombre que sufriera de fríos. Aunque no tenía realmente sueño, quería pensar, en todo lo que ocurría y lo que había hecho. Pensar especialmente… en Nicolás, en que lo tenía ahí, muy cerca de sí.

   Eso le llenaba de conflictivos, cálidos y extraños deseos y sensaciones. Las suaves notas de un jazz ligero se dejan oír como única compañía y le parece insuficiente. Mira fijamente hacia el techo. Está contento, y mucho. La ratita estaba ahora bajo su techo, a unos pasos de distancia. Y se veía bien. A él, Frank, le alegraba saberlo ahí, protegido, riendo a veces, comiendo con apetito, durmiendo en una cama cómoda, limpia, en un cuarto amplio y aséptico, no es la pocilga donde vivía. Le tranquilizaba saber que aunque no se acostaran (una parte oscura de su mente le decía que sí lo harían, cosa que le hizo hormiguear el güevo dentro del short), le gustaba saberlo a salvo de todo. En esos instante ni un pensamiento a las cosas que hizo para llegar a ese punto. Así era Frank Caracciolo.

   Cierra los ojos sonriendo beatíficamente, deslizándose hacia el sueño, con vividas y poderosas imágenes ocupando su mente mientras va hacia el reino del reposo. Se imagina con Nicolás nuevamente en la sala, mirando la televisión, pero ahora el joven estaba en el sofá junto a él quien estaba acostado de espaldas, sintiendo el peso y calor del joven sobre sí, frotándose de él, mientras se besaban lentamente. La imagen era tan poderosa que el tolete del hombre crecía dentro del short, aprisionándose, torturándose con la tela suabe que le frotaba. En sus sueños, la lengua de Nicolás era atrapada por su boca, mordida, lamida y saboreada, mientras sus mano le recorrían la cálida espalda, muy lentamente, disfrutando del momento, anticipandose con lujuria, sabiendo que pronto acariciaría sus nalgas jóvenes y firmes, tan firmes como el tolete que estaba frotándose, erecto y palpitante, del suyo propio.

   Ignorando todos esos sueños que de seguir así terminarían en húmedos, de Frank con él, Nicolás da vueltas en la cómoda cama. No logra dormirse, ni con el ruido bajito del televisor encendido, cosa que siempre le daba sueño. Se siente inquieto, por todo. Por estar en ese cuarto extraño y esa cama desconocida. Y por Frank, por tenerlo tan cerca, por estar en su casa. Y por la forma en que ahora era. No la bestia horrible y maligna a la que sólo podrían matar con una estaca en el corazón, cortandole la cabeza y las bolas, sino alguien jovial, que podía sonreír no con burla, hablar suave, no con gritos e insultos. Y con esa mirada intensa que le dedicó antes de salir de la sala.

   Una mirada donde reconocía que lo encontraba atractivo, que quería algo de él, algo que él debía entregarle de mutuo acuerdo. Pero lo que esa mirada exigía era demasiado. Frank no quería su amistad, su camaradería o su sumisión mediante el trabajo. Quería sexo, quería su cuerpo, y quería algo que él jamás, ni en sus momentos más horrible de miseria, o en sus pesadillas más extrañas o dantescas habría soñado con dar… el culo. Nada más pensarlo, el corazón le palpitaba con fuerza, con desesperación. No podía cerrar los ojos sin ver a Frank, en camiseta y short, grande y fuerte; e imaginar su abrazo fuerte y sus besos que parecían de fuego.

   ¿Y sí se tomaba otra pastilla? Botando aire se sienta en la cama. Siente miedo y expectación. Quiere acostarse, pero también salir y llamar a Frank y hablar con él, verle. Era una pesadilla. Una maldita pesadilla que lo hacía arder todo. Porque si, quiere sentir el abrazo de Frank, quiere sus besos…

……

   Mientras el carrito abandona San José de Mamporal, faltando aún un buen trecho para llegar a Tacarigua de la Laguna, Edward mira a Eric quien con los ojos cerrados lleva el cuello muy rígido sobre el apoya cabeza, instalado en el asiento del pasajero. Sabe que no duerme, que sólo cierra los ojos para que él no le hable. ¡Que idiota era!, igual que en el colegio.

   Para Eric, las últimas revelaciones eran una locura. Alguien había querido matarle (otra vez), y resulta que es Alirio Fuentes quien lo ayuda, disparándole a otro carajo, seguramente matándolo por donde le dio, piensa estremeciendose. Y resulta que es un Dasnap. Su amigo, un policía político, haciendo quién sabe qué. ¿Era su amigo realmente? Y eso le duele, pensar que Alirio pudo haberlo estado utilizando, siendo un traidor, alguien que le fingía amistad para vigilarlo o algo por el estilo. De verdad duele.

   -¿Estás bien? -se interesa Edward. Eric no abre los ojos ni se mueve.

   -No me siento bien.

   -No te alarmes. Debe ser una debilidad producto del susto. El miedo pasa y…

   -No digas idioteces. -brama Eric molesto, abriendo los ojos y doblando el cuello con esfuerzo.- No soy una blanda damisela que va a desmayarse. No me siento bien porque… no sé qué está pasando aquí.

   -La violencia es así, Roche.

   -A mí me parece algo más. Primero te presentas y me dices que me cuide porque algo se trama contra mí, y al rato intentan matarme dos… no, tres carajos. Y aparece Alirio Fuentes, mi amigo, del que nada se sabe de su vida privada, y se cae a tiro con esa gente. Para luego reaparecer tú y decirme que se conocen y trabajan juntos para cuidarme. ¿Todo eso que paso fue casualidad? A mí no me lo parece. -lo mira feroz.- Creo que… sí, había un atentado en marcha, que pudiste advertírmelo de forma directa, pero diste todos esos rodeos, dejando que me atacaran y que me salvaran por algo. ¿Por qué? ¿En qué andan Alirio y tú, Edward? -demanda intenso.

   -Estás fantaseando. Creas un cuento de realismo mágico. -suena duro, mirando al frente.

   -Si tú lo dices… -suena rencoroso, con furia.

   Edward está molesto, molesto por el atentado, por lo qué pudo pasar, pasarle a Eric, y de cómo resultó la cosa. Ahora Eric estaría prevenido y en guardia contra ellos. No, Eric no era tan idiota como cabría esperar por su linda cara. Ese pensamiento lo hace arrugar la frente, mortificado. ¡Que linda cara ni que coño! Se vuelve a mirarle, el joven tiene los ojos cerrados y sus cejas negras algo enjutas. Si, carajo, era una linda cara.

   Para ser hombre…

……

   En medio de las penumbras del dormitorio, abre la puerta con sigilo. El corazón le palpita con expectación, y con miedo. Lo que hacía era una locura que podía echarlo todo a perder. Lo mira dormir confiadamente en la cama. No lo espera. Su respiración es serena, todo él se ve en paz con el mundo. A pesar de las sombras casi cree adivinar una ligera sonrisa de bienestar en su cara, de quien comió bien, vio un buen programa de televisión y se acostó en paz. El aire es frío por el acondicionador de ambiente, pero él esta casi desarropado, con una pierna cubierta nada más. Y en medio de las sombras también es visible una erección en su entrepierna. ¡Vaya, también tenía esa clase de sueños! Eso lo llena de escalofríos.

   -¿Duermes…? -le jadea ronco, con el corazón martilleándole en los oídos. El otro se agita en la cama y abre los ojos, confuso, como sí no entendiera que él estaba realmente allí.

   -¿Nicolás… te pasa algo? -lo mira confuso sentándose en la enorme cama, alarmado.- ¿Te sientes mal? -se inquieta cuando nota que el joven tarda en responder, respirando agitadamente.

   -Yo nunca… -siente la tentación de escapar, y más cuando Frank enciende la luz del cuarto con un toque de sus palmas en un aplauso. La blanca y dura luz lo ciega, pero en medio de ella, Frank se ve más atractivo.- Yo nunca lo he hecho así. Se… bueno, ¿sí? -termina, jadeando, con la boca abierta, asustado de su entrega.

   Frank abre muchos los ojos, totalmente sorprendido, y salta al mismo tiempo de la cama. De pie parece aún más alto que Nicolás, mucho más fuerte y musculoso. También su pecho sube y baja ahora con fuerza, como el del flaco y vendado joven. Frank sólo puede mirarle y va hacia él, decidido. Iba a preguntarle sí realmente estaba listo, sí en verdad quería eso. Iba a preguntarle sí estaba seguro, totalmente seguro de lo que hacía. Iba a proponerle que esperaran un poco más, hasta que le quitaran definitivamente el vendaje. Todo eso iba a hacerlo, él juraría por su madre que sí; pero al llegar frente a él, viéndolo tan pálido que las tetillas, el cabello, los ojos y las pecas casi resaltaban a gritos, le atrapó los hombros con sus manotas y lo atrajo hacia sí. Lo pego de él, sintiéndolo temblar y jadear; tan asustado como excitado, también eso lo entendió.

   -Nicolas… -susurró contra su cabello, haciendole estremecer.

   Las manotas del carajo bajaron por su espalda, acariciándole suavemente pero reteniéndolo contra él. Lo que deseaba era estrecharlo, estrujarlo, frotarse contra él, pero sus palmas reaccionaron cuando le sobó; su boca buscó la del otro con necesidad, con la desesperación de las tantas veces que había querido eso, y la cubrió, metiendo su lengua móvil, húmeda y cálida como un ejercito invasor dentro del muchacho que gimió ahogadamente al toque de su lengua.

   Esa lengua buceó en su interior, lamiendo, palpando, atando la de Nicolás, halándola y saboreándola frenético. Imaginar su saliva, beberla, le provocó una contracción en las bolas. Con un gemido de deseo angustioso, Nicolás respondió y sus lenguas se enlazaron en una lucha de lamidas. La boca de Frank, sus dientes y lenguas terminaron por atrapar la suya, halándola, chupándola ruidosamente, bebiéndose su saliva, que sentía casi dulce. Beberla lo mareaba, obligándolo a abrazarse más a él; sentía que el güevo iba a partírsele de lo duro que estaba, de lo mucho que lo deseaba.

   Las manos de Nicolás, quietas hasta ese momento, subieron a los recios hombros, apretándolo, comprobando y disfrutando su calor, su dureza y virilidad. Se sentía débil, sabía que ya nada podía hacer para detener eso. Y no sabía si lo quería detener. Los besos, las lamidas y chupas de la boca de Frank le robaban la razón, la serenidad para pensar, la claridad de las ideas. Cuando las manotas del otro bajaron por sus caderas, palpando y acariciando en forma ruda sus nalgas, sintió un repentino ramalazo de miedo.

   Esas manos se aplastaron contra sus nalgas, con deseo. A Frank le costó hacerlo, lo quería pero todavía una parte de su mente se resistía, en un fondo que él mismo no conocía, que no veía con buenos ojos hacerle eso a otro carajo. O hacerlo con otro tipo. Pero al sentirlas firmes y musculosas, calientes y vitales, enloqueció. Se tensa, porque mientras le besa, siente el temor que va ganando terreno en el otro. Maldita sea, no iba a detenerlo ahora, se dice con violencia. Si Nicolás intentaba huir en ese instante, tendría que violarlo.

   Caminando hacia atrás, abrazándolo y besándolo aún, Frank lo lleva a la cama, sentándose él al borde y arrastrando al joven entre sus brazos y piernas, cerrándolas alrededor de sus caderas. Nicolás jadea, sintiéndose atrapado por el viril hombre. Esos labios, esa lengua no lo dejan pensar. Frank se deja caer de espaldas, arrastrándolo en su caída, y siguen besándose. A Frank lo estremece todo el sentir el joven cuerpo de Nicolás sobre el suyo. Siente la terrible erección del joven, de su güevo palpitante latiendo casi sobre el suyo. A Nicolás lo enloquece sentirlo bajo él, todo fuerza y calor. Frank rueda sobre un costado y Nicolás termina de espaldas en la cama, mientras acostado a su lado, el abogado continúa besándolo una y otra vez.

   La boca chupa su saliva, su aliento, casi le muerde los labios. Son besos exigentes, de alguien que llevaba mucho tiempo deseando hacer eso. Frank deja su boca y lo mira, lujurioso y excitado, su lengua en forma elocuente y mórbida le lame los labios al más joven, de abajo hacia arriba, lamiendo también su nariz en el trayecto. Su rostro se hunde a un lado de su cuello y su boca le muerde una oreja. Nicolás jadea, sintiendo el leve raspar de la barba en la mejilla de Frank contra la suya, sus dientes aprisionando, su lengua caliente medio apuntalando hacia su conducto auditivo. Ginme, el muchacho lo hace porque ese carajo sabía usar la lengua muy bien.

   Frank no parece poder contenerse, mientras su mano soba el flaco abdomen del joven, su boca hambrienta va y viene sobre su barbilla mordiendo y lamiendo, saboreándolo; cae sobre su nariz que atrapa y muerde, mientras su manota sube y atrapa la tetilla libre del chico, sintiendo la fina y suave textura de sus vellitos, la cosa le calienta más.

   -Nicolás… Nicolás… ratita tonta. -le gruñe el hombre, ronco, casi sobre los labios.- He esperado tanto por ti… -su boca le besa exigente, su lengua baja sobre la suya, buscando su garganta, cosa que hace gemir al otro que se tensa contra él, deseándolo también.- ¿También tú lo quieres…? ¿También tú me deseas…? -casi le urge a contestar, bañandole con su pesada respiración, pero Nicolás pasa saliva y cierra los ojos. A Frank, eso no le gustó, pero…

   Mientras lo besa, degustando su aliento, su lengua, su saliva, la manota de Frank sigue acariciando lentamente ese pectoral, pellizcándolo suavemente el duro pezón. Siente que el güevo le duele de lo duro que está, erguido al máximo dentro del short. Moviendo su musculosa pierna algo sobre Nicolás, para que éste sienta la dureza de su entrepierna, encuentra la erección similar del otro. Sentir ese tolete duro y caliente contra su muslo, lo hace gruñir dentro de la boca de Nicolás, a quien tiene casi asfixiado con sus latazos.

   La manota de Frank abandona la tetilla y baja ruda, acariciante por su tórax y abdomen, hasta caer sobre el mono, que comienza a bajar, cosa que asusta al otro, que intenta revolverse; pero la boca de Frank, quien se encima sobre él, no lo deja. Los besos humedos y mordelones le tienen indefenso y mareado. Hábil, el abogado le baja el pantalón suave y su mano ruda vive un momento de dulce tortura y angustia cuando cae sobre la cadera del joven, atrapando el borde del calzoncillo, gozando y temiendo lo que haría. Comienza a bajarlo y por un momento la cabeza lisa de la tranca de Nicolás, que parece una estaca bajo la tela, le detiene. ¡Un hombre! ¡Era otro hombre! ¿Quería hacerselo a otro tío?

   Sin dejar la boca del joven, Frank mira el entrepierna del chico, de donde quita finalmente el calzoncillo, descubriendo un tolete totalmente erecto. A su vista, su corazón palpita con violencia, con ganas, con urgencias que nunca creyó posible. Mientras lo besa, su mano baja la suave tela, acariciándolo, por los muslos y piernas del joven, dejándolo sólo con las medias de paño. El güevo se agita, palpitante, rojizo y llamativo. Cuando deja libre la boca de Nicolás, éste lo mira asustado, jadeando algo que parece un ‘no’, e intenta como pararse, pero nuevamente el rostro del rudo catire cae sobre el suyo, cubriéndolo.

   Su boca abierta cayendo sobre la suya, invadiéndola, lengüeteando hábilmente allí, lo debilita otra vez. Y el hombre lo entiende, sabe que Nicolás tiene miedo, quiere escapar, al menos una parte de él, pero sus besos lo dejan sin fuerzas para hacerlo.

   ¡Lo tenía!

CONTINUARÁ … 109

Julio César.

MI PARRANDA DE SAN PEDRO

junio 28, 2013

LOS REYES MAGOS…

LA PARRANDA DE SAN PEDRO

Dos cosas tiene Guatire que no las tiene otro pueblo…

la rica conserva’e sidra y la parranda de San Pedro.

   Aunque nací en Guarenas, me crié y eduqué en la cercana población de Guatire, en donde tengo familia todavía. Siempre me gustaron las tradiciones y costumbres de ese terruño, no tan hermoso ni pacífico hoy como en otros tiempos (ha faltado sensatez a la hora de elegir autoridades, aunque parecen no notarlo), pero también yo soy de otros tiempos. De las festividades “religiosas”, una de las que mejor recuerdo es la Parranda de San Pedro. Era yo muchacho cuando mi papá salía a la parranda y le regresaban en carretilla, viéndose que realmente había estado en una parranda. En el pueblo mucha gente se queja de que se toma la fecha como una excusa para que la gente beba aguardiente como loca, pero de alguna manera, como la retreta de Los Antaños del Studium, el 3 de mayo, se espera que eso ocurra eso. La gente sale en procesión de la imagen que es bailada en casi todas las calles del poblado, y mientras lo hacen, toman.

   La historia recogida por cronistas cuenta que entre las poblaciones de Guatire y Guarenas se sembraba caña de azúcar, y cada 29 de julio los esclavos celebraban el día del Santo, como patrón que les protegía y hacía abundantes las cosechas (idea tan extendida desde los inicios del mundo), festejos que comenzaron a tomar cuerpo en la hacienda “San Pedro”; la tradición cuenta que los esclavos se pintaban con betún los rostros y vestían con trajes de levitas y sombreros de copa que sus amos les regalaban (¿por qué una cosa y la otra?, vale la pena buscarlo). La otra costumbre, el hombre que viste de mujer viene del relato de María Ignacia, cuya hija enferma y ella le pide a San Pedro que la cure y cada año bailará y cantará en su día. Al morir la mujer, su marido toma su lugar, vistiéndose como ella y continuando la alabanza. La tradición nos llega con esa figura, el hombre vestido de fémina cargando un muñeco en sus manos, simbolizando eternamente a la niña salvada por la intervención de San Pedro.

PARRANDITA

   Por ser Guatire reconocida especialmente por tal festividad, se le toma como algo cultural, y hay charlas, velorios y actos con niños que bailan en honor de la imagen. Pero, personalmente, me gusta más la versión que mi difunta abuela nos relataba (con gran maestría, incluso bailando un poco, dejándonos con las bocas abiertas) cuando pasábamos, mis hermanos, primos y yo, largas temporadas en su casa. Contaba ella que estando la negra María Ignacia angustiada porque su hija había caído gravemente enferma, le rogó por un milagro al santo, y le ofreció como promesa que si se la curaba ella le bailaría y le cantaría en su día, todo el día, durante toda su vida. Y la niña se curó. Desde ese momento la negra María Ignacia salía quebrando sus caderas al son de los tambores, siendo retada por los hombres y venciéndolos con la fuerza de su danza cada 29 de julio, pero… cae enferma María Ignacia, y temiendo (como temía la gente de antes) que el santo creyera que no cumplía su parte del trato, su marido ocupó su lugar, tiznándose la cara y usando una de sus faldas floridas más conocidas, y bailó como nunca, todo para que San Pedro supiera que todavía se honraba el pacto. Y la tradición quedó, los niños tiznados, unos dicen que para simular negros, y el hombre que viste y baila acompañando la imagen.

   La estrofa expuesta más arriba es un pálido señalamiento de lo hermoso, auténtico y mágico que suena cuando se le canta, las mujeres meneando sus caderas, los hombres coreándolas (una dupla de danza impresionante), los tambores a toda mecha, la pequeña imagen casi tocando el suelo cuando es bailada de un lado a otro, acompañado con ese “Dos cosas tiene Guatire que no tiene otro pueblo…”, su conserva de sidra de la que no soy muy fanático, “y la parranda de San Pedro”. Me gusta pensar que es como nos contaba mi abuela, el recordatorio de un trato hecho por los hombres con los santos, una madre por la salud de su hija, pedido que fue escuchado y que todavía hoy, mi padre incluido y ahora mis hermanos, honran la palabra dada, hace mucho, por la negra María Ignacia.

Julio César.

NOTA: Lo sé, el nombre de esta entrada, cuentos y eso, lo ubico aquí por el relato de mi señora abuela, un bonito cuento que nos hacía sonreír y emocionar. Este año, me cuenta mi hermano Eduardo, se espera mucho sentimiento al recordar la partida física del Maestro Pepe.

NOTA 2: Es posible que no sea este el mejor espacio para hablar de estas cosas, pero no pienso abrir otro blog.

PASA

junio 28, 2013

EL SUPER HEROE QUE HACIA FALTA

CHICO EN CALZONCILLO TRANSPARENTADO

   Lo que es no sentir complejos…

   Mientras va pasando el autobús de la fábrica por fuera del área de las piscinas de ese club, totalmente lleno de carajos heterosexuales, casados, machistas y atacones de cuanta mujer se les cruza por el camino, y ven a ese sujeto que se dispone a salir del agua, todos le miran y se congelan, extrañamente fascinados, esperando comprobar cómo se ve con la tela transparentada una vez de pie y el armonioso cuerpo cubierto con gotitas de aguas. La verdad es que, conciente o no, nueve de diez siempre mirarán.

¿COSTUMBRE O CARIÑO?

Julio César.

CONSIDERACIONES

junio 28, 2013

COMUNICACION

TRAGANDO LECHE

   Cada tarde el jefe le brinda un palo de whisky a todos en la obra, como sabe que él no toma caña, le deja, calentito, otra clase de palitos…

POR LLEGAR TARDE…

Julio César.

INVITACIÓN

junio 28, 2013

TETOTAS

MUSCULOSO EN TRUSA CALIENTE

   Con señas le indica que vaya para allá que hay poca gente y se lo come…

TIO EN SEXY BOXER BLANCO

   Volviéndose, confundido, le encara y le pregunta: ¿El culo?

FORRADOS

Julio César.

JAMES GANDOLFINI… MURIO TONY SOPRANO

junio 28, 2013

JAMES GANDOLFINI - TONY SOPRANO

   De causas naturales… más o menos.

   Debo confesar que me sorprendí, grande y desagradablemente, cuando supe de la muerte del actor norteamericano James Gandolfini. Primeramente por eso, porque se murió, pero lo otro fue la edad y la causa del deceso. Problemas cardiacos, a los cincuenta y un años. Cuando era muchacho me parecía que alguien de treinta años era un anciano, ahora que pasé los cuarenta y sé de alguien que muere súbitamente a los sesenta y pico, y de algo así, pienso, Dios, tan joven. Pero en este caso si, el actor, quien estaba sobradamente pasado de peso, con el consiguiente problema de tensión arterial, colesterol y demás, sufrió un infarto fulminante. Se sentía bien, abusó de un buen momento a la mesa como podría haber hecho cualquiera y cayó muerto.

   El hombre andaba de vacaciones por Italia, seguramente recorriendo el terruño de su familia, cenó y dejó el mundo. Hablan de un exceso casi pecaminoso en su última comida (muchas cosas fritas), langostinos fritos untados con mucha mayonesa y chile, fuera de otros platos, y ocho copas de licor. Tres horas más tarde su hijo le encontró infartado. Pobre muchacho, qué impresión tan terrible debió recibir. Y a eso me refiero, el corazón, aunque graves y delicadas todas sus afectaciones, no debería en estos tiempos ser causa de muerte, para eso hay especialistas, regímenes y control. Cuesta entender esto, saberse con problemas y excederse así. Tal vez la edad le dio una falsa sensación de invulnerabilidad, algo muy humano. Jamás creemos que las cosas malas nos ocurrirán a nosotros.

   Le recuerdo de haberle visto fugazmente en alguna película, pero en especial por Los Sopranos, esa familia de mafiosos cuyas aventuras y desventuras vi por primera vez en TELEVEN. Era una serie de televisión poderosa, y él, Tony Soprano, agradaba a pesar de ser un ser humano miserable. El gran jefe de la mafia con problemas para equilibrar su vida familiar con la idea de ser un delincuente, cosa que le llevó a buscar ayuda siquiátrica, como en la película Analízame. Para ser totalmente sinceros, no era yo fan de este programa. No me gustaba. Hay algo en las series de HBO que me desconcierta. Hay como falta de lógica en las actuaciones y motivaciones de los personajes, y para mí en lo personal eso es inaceptable. Sin embargo me agradaban esos villanos (cosa que no me ocurría con los sucios aquellos que raptaban y prostituían mujeres en otra de sus series, una mafia rusa, algo espantoso), e intuí que eso traería problemas; que la gente se identificara y quisiera a los mafiosos, aceptándoles y justificando sus actuaciones, finalmente admirándoles e imitándoles (ficticia, pero delictivas; en sí, esta es mi única objeción a la serie Hannibal, se deleita demasiado cocinando a sus víctimas y eso podría atraer a la gente equivocada). Sobre todo a unos como estos que eran adictos, sanguinarios y medio sádicos. Pero era difícil no ponerse de parte de ellos.

   Pasaba como en aquella vieja serie de televisión, Columbo, uno se identificaba con el asesino que se mostraba a los dos minutos de comenzado el episodio, y casi sufríamos cuando el genial policía les iba cercando. Supe que la serie ganó muchos premios, y a James Gandolfini se le reconoció justamente sus dotes actorales (él, en especial, era atractivo en su rudeza y violencia); pero me pareció curiosa aquella noticia de los muchos adeptos y más afectos conseguidos cuando, después del atetado del 11 de septiembre, en una página Web aparecía la peligrosa familia, armas en manos, gestos terribles, diciendo: “Dígannos donde están y nosotros iremos y haremos el trabajo”, en clara referencia a cobrarles las cuentas a los terroristas. Pero después de eso vino el juicio de dos muchachos que mataron a alguien e intentaron deshacerse del cadáver como Tony lo hizo en un episodio.

  Al finalizar el programa hubo problemas también, hablan del joven que hacía de hijo de Tony, ebrio, violando la ley y amenazando a las autoridades como si realmente fuera un príncipe mafioso. El que hacía de sobrino de Tony parece que fue detenido por un asunto de drogas. Tal vez eran demasiados jóvenes cuando todo ese éxito les estalló en las caras, deslumbrándoles y no pudiendo asimilarlo. Pasa. Un día lo tienen todo, mimos y seguidores, fotógrafos tras ellos, la gente reconociéndoles y halagándoles, luego ya no son recordados y se niegan o no pueden volver a una vida normal. A veces es difícil ver la diferencia entre la realidad y lo que se desea o cree que ocurre. Pasa a todos los niveles. Es triste, como lo es la muerte de James Gandolfini.

TONY SOPRANO

   Adiós, Tony Soprano, James Gandolfini se fue, pero ese nombre vivirá por siempre en la televisión… Me pregunto si el personaje de Tony, el Gordo, jefe de la mafia en Springfield, no fue inspirado en él.

Julio César.

ESPERAMOS POR EL SEÑOR MANDELA

junio 27, 2013

DESTITUIDO FERNANDO LUGO

MENSON MANDELA, PRESIDENTE DE SUDAFRICA

   En su rostro, la victoria.

   Pocas veces una persona  ha significa tanto para quienes no le han conocido como no sea por la luz que irradia su valor o convicciones. Una de esas personas especiales es Nelson Mandela, todo un señor que pasó treinta años de su vida encarcelado por ser un hombre honrado que defendía una causa justa, su batalla pacífica y llena de sin sabores contra el Apartheid sudafricano. En una tierra bárbara donde un negro nada valía, emergió como el amado padre de toda una nación que le hizo presidente, seguramente apoyado por inmensas multitudes de hombres y mujeres blancos que sintieron sobre si algo de vergüenza por todo lo que fue, como se avergonzaron los hijos de los nazis en su momento. O tal vez era la gente nueva, sin los odios y complejos que lastimaron su tierra, gente que nació al crisol de la era inaugurada por este señor.

   Está enfermo, mucho, y debemos ir haciéndonos a la idea de que se irá y nos abandonará, aún a quienes jamás soñamos con verle o escucharle en persona. Es un hombre muy mayor, su dolencia, pulmonar, a cierta edad, es de las que atrapan y no dejan ir. Todas las oraciones están con él, pero sabemos que en cualquier momento querrá o necesitará cerrar los ojos y, espero que pacifica y satisfechamente, partirá sabiendo lo que otros intuimos, que detrás de sí queda un mundo un poquito mejor, que como resultado de su lucha de resistencia desarmada a muchos se les reconoció como seres humanos y se les permitió ejercer, libremente, su dignidad como tales. Hace poco vi una cinta donde uno de sus carceleros, un hombre blanco joven, termina siendo tocado. Hay naturalezas así, carismáticas, apasionadas y convencidas. Unos llevan a otros a senderos de locuras e innoblezas, otros se elevan con una sonrisa beatifica mirando un cielo mejor y con ellos arrastran de buena fe a otros que también desean y terminan conociendo ese camino. Esperemos que el África toda encuentre finalmente su lugar, que la raza negra no desaparezca allí donde el hambre causada por la violencia de los dementes se ha enseñoreado, levantando monumentos de miseria extrema.

   La familia Mandela desea que les permitan pasar estos momentos en paz, sin agobiarles o cercarles periodísticamente. Imagino que quieren acompañar en estos sus posiblemente últimos momentos a ese padre o abuelo al que nunca tuvieron al estar tanto tiempo preso. Desean estar con él lo más posible, y se entiende, pero también hay que comprender el fervor de los miles que se acercarán, con verdadero amor y dolor ante su gravedad, agobiados de corazón por la posibilidad de su muerte. Aquellos que le ven como un símbolo de lo grande que puede ser el alma humana, los que le agradecen todo lo hecho… los que temen que a su partida algo ocurra y todo vuelve a ser lo de antes, como tal vez temieron los apóstoles a la caída de la primera noche después de la muerte de Jesús.

NELSON MANDELA

   Ahora que está tan malito salen a relucir muchas de sus ideas y pensamientos, recojo unas que leí en el diario EL NUEVO PAIS: “Nada resulta tan deshumanizador como la ausencia de contacto humano”, lo expresó el 18 de julio de 1918. Casi en otra era, en un tiempo casi imposible de captar en toda su extensión para nosotros. Hablaba seguramente del horror de ser encerrado y apartado de todos en una prisión injusta, la máxima tortura como podría atestiguarlo cualquiera que por el delito de no parecerle justo lo que un régimen hace, y expresarlo, es encerrado en un lugar donde le despojan de toda dignidad (China, Cuba). Pero en un rango mayor, parece hablar del mismísimo sistema que durante décadas vivió Sudáfrica, el Apartheid. Y viendo más allá, parece definir la verdadera soledad, aquella que se padece cuando se carece de todo afecto humano verdadero, de un toque de ternura y amistad así se esté rodeado de muchas personas.

   Ojalá se recuperara, pero debemos ir preparándonos para su partida, por mucho que duela la sola idea. Gracias por todo lo que hizo en nombre de la humanidad, señor Mandela.

CAYÓ MURSI, EGIPTO SIGUE BUSCANDO SU CAMINO

Julio César.


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