LOS JEFES SABEN

julio 30, 2013

SOSPECHA

EL JEFE LE DA DURO

   Casi le ahoga… la emoción.

   Sonríe, sabía que terminaría así. Desde que ese viejo ex condiscípulo vino buscando trabajo en su empresa, Fernández sabía que terminaría convirtiéndole en un buen mamagüevo; porque tenía algo de eso, de mamón, de becerro. Sonriendo más, mientras le embiste metiéndosela hasta los pelos, ahogándole, viéndole sorprendido y emocionado, recuerda lo que decía cuando llegó. Qué él era un hombre, un macho con mujer e hijos, que él no hacía eso. Y ahora allí estaba, cada tarde buscando darle una mamada que le dejara llena de rica leche la golosa boca. Ruge atrapándole por la nuca y disparándole una carga en la garganta, la otra sobre la lengua, las últimas sobre la cara y la camisa.

   -Bien, Jiménez, ahora ve a trabajar, así, lleno de leche, para que todos sepan siempre que eres la perra del jefe.

MOMENTOS

Julio César.

¿INFIEL?

julio 30, 2013

PERICIA

DEDO MAGICO

   Era tan largo…

   Mientras se tensa y aprieta los labios para no gemir de gusto o pedir más como una perra caliente cualquiera (cosa prohibida para un heterosexual como él), Vicente reconoce que su mujer tenía razón, ese masajista tenía dedos mágicos, un toque y lo ponía de a toque… Pero la cosa mortificante era, ¿cómo lo sabía su mujer? “¡Ahhh, si!”, se le escapa y se muerde los labios, todo avergonzado… y atrapándolo.

EL ASIENTO DE LA VERGÜENZA

Julio César.

NOTA: Lo sé, algo explicita, pero es tan buena que es una pena perderla sin usarla.

HUMEDOS DESEOS

julio 28, 2013

VARIEDAD

SEXY EN TANGA

   A ese salvavidas los chicos quieren verlo bien mojado… También que se meta a la piscina.

SENSACIÓN

Julio César.

LLUVIA DE ESTRELLAS FUGACES

julio 28, 2013

…GENTE QUE SE MOLESTA

DELTA ACUARIDAS

   Yo quiero…

   La NASA informó que este fin de semana una lluvia de meteoritos bañará nuestra atmósfera y serán visibles en Latinoamérica, las famosas estrellas fugaces. Parece ser un fenómeno recurrente que comienza a mediados de julio hasta bien entrado agosto, las Delta Acuáridas, y me pregunto si tendrá ago que ver con las Lágrimas de San Pedro. En esta parte del mundo serán particularmente visibles del 28 al 30 de julio; aconsejan verlas poco antes del amanecer para que el resplandor de la Luna no las opaque. Aparentemente estarán cayendo unos 20 meteoritos por hora. Cosa rara, aunque es algo periódico aún no se sabe exactamente de dónde vienen cada año, aunque teorías hay; pero mientras no hagan daño bienvenidos sean. Imaginen, despertar temprano, sentarse recostado de algo y ver el cielo surcado de luces, un deseo por destello. Lástima que por aquí, en Caracas, todos estos días han amanecido nublados. Qué lo disfrute mucho quien logre verlos.

¿ALGUNA OTRA PREGUNTA?

Julio César.

¿NO HAN ESCUCHADO DE…?

julio 28, 2013

EN BUSCA DE DROGAS

EL CHICO DEL HILO DENTAL AZUL

   …Esos chicos a los que se les baja el pantalón: “¡Ay, qué vergüenza!”, chilla frente a los amigos de su novia.

FUTBOLISTAS CACHONDOS

   …El jugador que en la cancha no hace nada y después, en una cama, a todos los panas se las clava.

ESPERANDO A SUS AMIGOS

   …El sujeto cansado de esperar, quien oyendo que los panas vienen por un trago, se dice “a ver si ahora entienden”.

CAPITAN AMERICA Y SUPERAMIGOS GAY

   …Del superhéroe que no se detiene ante el desafío, así le falte brazo.

GENIO Y FIGURA

   …Al que se le cumplen los anhelos cuando algún genio aparece y le dice: “Abre la boca, amo, pídelo y te lo doy”.

¿CREERIAS QUE…?

Julio César.

PRUEBAS DEL DESTINO, SEGUNDA PARTE… 10

julio 28, 2013

PRUEBAS DEL DESTINO, SEGUNDA PARTE                         … 9

Título: Pruebas del Destino 2.

Autor: Said Hernández

Esta vez los capítulos van acompañados de una canción.

http://www.youtube.com/watch?feature=playe…e&v=bRBCwATOM2o

……

DESTINO 2

Canción: Turn Me On: David Guetta Feat Nicki Minaj.

http://www.youtube.com/watch?feature=playe…e&v=z7nxSBpnjMo

CAPÍTULO 6: LA FIESTA DE DISFRACES.

   -Señor Padalecki, ¿esta vez si puede decirnos exactamente cuál es su orientación sexual? -una chica sostenía una grabadora muy cerca de la boca de Jared, si daba un paso más seguro le haría tragar esa cosa a hombre joven.

   -Ahora, no tengo nada que decir. -contestó Jared, irritado por los constantes deslumbramientos que le causaban las cámaras fotográficas.

   -Joven… ¿Jensen, verdad?, ¿se siente atraído por su jefe? -la pregunta hizo que Jensen quisiera salir corriendo del lugar al que acaba de llegar, solo, como conejo a una trampa.

   -Emm… yoo… -fue lo único que el rubio pudo responder al escuchar los gritos de chicas que le ensordecían e incluso a algunos hombres gritando:

   *Ese rubio está bien bueno.* Cosa que al rubio le incomodaba.

   -A un lado, muévanse. -gritó un oficial de policía, que tomó por el brazo a Jensen y a Danneel sacándoles de ahí, seguidos por Jared que se veía extremadamente sexy en su disfraz.

   -Toda una figura pública, Jen. -bromeó Danneel a su amigo.

 

   Entrando al lugar de la fiesta encontraron humo con olor a vainilla y luces que parecían láser colocadas por todas partes, logrando que el lugar se pareciera más a un antro que un bar.

   -No entiendo, ¿por qué hay tanta prensa? -Jensen gritó, para que su amiga le escuchara por encima de la música que en ese momento estaba sonando.

   -Ya verás porqué, ahora iré a divertirme y tú también deberías hacerlo. -Danneel miró a Jared que estaba parado detrás de Jensen y se fue, abriendo paso entre la gente que estaba en el lugar.

   *¿Por qué hay tanta gente? ¿No se suponía que solo era fiesta del personal?*

   -Te ves muy bien. -el rubio sintió la respiración del castaño en su oído, se giró y se permitió admirar detalladamente, el muy bien formado abdomen de Jared. Llevaba un disfraz de soldado espartano y al igual que a ellos, se la podía ver el abdomen, sus músculos y sus piernas. Tenía un casco puntiagudo color plata una capa roja que le llegaba a las rodillas una falda extraña que para Jensen era imposible describir y todo terminada con unas sandalias, todo el disfraz completo y se veía extremadamente sexy y violable.

   *Mejor que él nos viole*, pensó Jensen calentándose en un segundo.

   -Me gusta mucho tu disfraz, Jensen. -Jared se encontraba verdaderamente nervioso, no creía que el disfraz de soldado espartano pudiera ocultar su erección, si la llegaba a tener y viendo a Jensen disfrazado de James Bond, esa reacción física no tardaría en suceder y posiblemente notarse.

   Se miraron por unos segundos antes que fueran interrumpidos por *un zombie*, joder esto no era una fiesta para causar terror, pensó el castaño. Empuño su espada, pues se había prometido atacar con ella al que viniera disfrazado de algo de Halloween, pero se quedó helado cuando vio que el chico era Peter y que además, este se estaba interponiendo entre Jensen y él.

   *¿Pero qué coño?*. James Bond reía al escuchar lo que el chico zombie decía. *Pero…*, murmuró el subconsciente de Jared cuando Jensen se alejaba con el otro, dejándole allí.

   *¿Por qué se van?*, *¡¿a dónde van?! *, *Yo estaba con él*, ni siquiera le había dicho adiós y su subconsciente ya tenía la Katana en la mano, dispuesto a matar zombis porque no permitiría que nadie se interpusiera entre él y Jensen, de eso estaba muy seguro. Caminó entre la multitud, siguiendo a su rubio que aún reía y saludaba a varias personas.

   *Ese no es Jensen*, susurró su subconsciente que se agazapaba en el suelo, dispuesto a cazar al pequeño Peter y darle con su katana de Ninja, cercenándole la cabeza, la única forma de deshacerse de tipos como él.

   -Por supuesto que sí. -contestó Jensen a la pregunta de Peter. Sonriendo para sí y recordando la cara de Jared, ese gran niño que estaba celoso y más cuando lo dejó atrás sin decir nada. Volvió a la realidad cuando un señor, el cual nunca había visto en su vida, le había dicho hola.

   -¿Qué eres del vicepresidente? -Jensen escuchó la pregunta y se quedó parado, inmóvil sin saber qué contestar.

   “¿Que soy de Jared?”

   “Soy su ex novio y no lo he olvidado, aun sueño con él, fantaseo a cada rato con su hermoso cuerpo y recuerdo que me ayudó a superar muchas cosas, algo que nunca olvidaré, como a ese chico castaño, nunca lo olvidaré, porque es mi vida”.

   -Fui su asistente, en Seattle. -se limitó a contestar, volviendo a caminar con el chico detrás de él.

   -Pues, parece como si te quisiera follar. -de nuevo, Jensen se quedó inmóvil sin saber qué hacer. Al parecer, a Jared se le notaba que le tenía unas ganas tremendas. También se le notarían a él, ¿y por qué Peter preguntaba estas cosas?

   -No me he dado cuenta. -miró el escenario donde varias personas bailaban la coreografía de “Till the world ends”, justo la canción que en ese momento estaba sonando.
   -¿Quieres bailar, Jen? -el rubio volteó a ver a Peter que le sonreía y le miraba de una manera extraña.

   -Claro. -contestó por cortesía y caminó al centro del lugar, donde las personas bailaban dando saltos por todos lados, algunos bailaban como los del escenario, coordinados, mientras que los otros sólo movían los brazos como locos.

   Jensen se puso frente a Peter y comenzó a moverse al ritmo de la música, que acababa de cambiar, del pop de Britney Spears a la electrónica de David Guetta con la canción *Turn me on*. Él no sabía que tenía coordinación con sus pies, pero por lo visto no bailaba nada mal o eso pensaba él mismo, dejándose llevar por la música y el ambiente, perdiéndose en emociones totalmente nuevas para él, que nunca en su vida había bailado y menos esa música.

   Jared vio como su ex novio caminaba al centro de la pista y se ponía a bailar con ese entrometido chico de mierda, que pronto perdería su trabajo si se acercaba más a Jensen.

   *Joder*. Jared vio como el chico tocaba a su rubio, era todo un pulpo y Jensen no hacía nada por alejarle. *¿Por qué no hace nada?* No dispuesto a seguir soportando el “espectáculo”, caminó entre la gente abriéndose paso a codazos y pisotones, hacia donde estaba el rubio.

   Jensen pudo sentir dos manos posándose en su cintura, pensó que era Jared ya que últimamente le gustaba jugar a calentarlo.

   *¿Por qué apartarse?*, no era necesario en ese momento. Jensen se sentía feliz, incluso como esa vez bajó la lluvia o como cuando compraron el globo, por eso no se quitó, porque quería compartir esto con el amor de su vida, con Jared que ya se estaba pasando, tocando su pecho e incluso sus nalgas. Tomó sus brazos delgados…
   *¿Delgados?* De algo estaba seguro, Jared no tenía absolutamente nada delgado en todo su cuerpo, así que volteo rápidamente y empujó al chico rubio vestido de zombie… Peter.

   Jared se detuvo a unos cuantos metros, Jensen había empujado al chico.

   *Bien* su subconsciente guardó la katana y miró, con los ojos entrecerrados, al chico. Jared volvió a perderse entre la gente para poder vigilar al zombie pulpo de lejos y así golpearlo, si se pasaba de la raya.

   -¿Qué te pasa? -Jensen preguntó confundido.

   -Lo siento, señor, no volverá a pasar. -Peter estaba nervioso y se encogió de hombros, se veía arrepentido.

   -Eso espero. -sonrió Jensen y se movió entre la gente directo hasta la barra, donde pidió una cerveza. Había olvidado ese sabor dulce, agrio, delicioso sabor, muy bueno para ayudar a olvidar los malos momentos. Miró el envase con el líquido amarillo, lo dejó sobre la barra y se movió nuevamente entre la gente hasta que se encontró con ese castaño que le sacaba suspiros.

   -Hola. -Jensen le sonrió, tenía ganas de bailar y qué mejor que con Jared.

   -Hola, Jen. -Jared le sonrió mirándolo fijamente. Ese hermoso chico en su traje negro, bien planchado y pegado a su cuerpo bien formado, incluso sus ojos verdes resaltaban con ese traje.

   -Vamos a bailar, Padalecki, ven. -Jensen le sonrió al chico que le miraba sonriente y sonrojado, se movieron al centro de la pista y comenzaron a bailar al ritmo de la música. De nuevo Jensen sintió la adrenalina correr por su cuerpo, esa hermosa diversión que le gustaba compartir con el chico con el que ahora reía.
   Jared pudo ver como Jensen reía y saltaba al escuchar la música, sólo le había visto así de feliz unas cuantas veces. Ahora nuevamente podía verlo divertirse, sonreír y ser libre de lo que le atormentara. Se acercó un poco al rubio, pero éste nuevamente se alejó.

   -No, Padalecki, solo quiero bailar. -Jensen siguió moviéndose al ritmo de la música que estaba sonando en este instante, era de Lady gaga *Bad romance*, no sabia como bailar esta canción pero los del escenario se movían extrañamente como si enseñaran garras o algo por el estilo

   Jensen miro al chico que tenía a su lado, se movía mucho mejor que él además que sus ojos estaban cerrados volteo a ver a Jared que le miraba fijamente.

   No entendía por qué ya no le dice ni siquiera Jared, ahora es Padalecki, eso no le gustaba para nada. Cuando lo tocaba, Jensen demostraba que le quería incluso que le deseaba, pero de repente le aleja y le dice Padalecki justo después de hablar con Peter.

   *No. No. No*, susurro su subconsciente; seguro ese chico entrometido le había dicho algo y por eso Jensen había cambiado el. Se comía el cerebro tratando de pensar pero no tenía explicación lógica.

   ¿Acaso Jensen ya no le amaba? ¿Le había cambiado? ¿Por tan poca cosa?

   Se encontró con esos ojos verdes sobre él y sonrió falsamente aunque por dentro sentía que estaba muriendo, ¿cómo podía haber cambiado todo en tan solo unos días? ¿Todo el amor que se tenían se había perdido acaso?

   -No, no lo permitiré. -dijo en voz alta.- No te dejaré ir… -tartamudeó sin poder controlar su lengua.

   -No me iré, quiero bailar. -contestó Jensen, seguro de que Jared pensaba que se iría, pero la verdad es que quería estar con él y bailar a su lado, quería volver a escuchar su risa.

   Jared sonrió, pero esa sonrisa no llegó a sus ojos; por lo visto había hablado en voz alta pero el rubio no se había dado cuenta de lo que estaba pensando. Comenzó a moverse como podía al escuchar la canción que para nada era su estilo.

   Jensen se acercó más al más alto, si eso era lo que el castaño quería podía dárselo a medias, darle una pequeña esperanza para que no se rindiera. Lo que quería es que le costará un poco pero no que se alejara de él.

   -Ya pronto llegará. -le asustó de muerte su amiga Danneel, que le había susurrado aquello al oído.

   -¿Quién llegará? -preguntó sin dejar de moverse, podía decirse que sus pasos mejoraban, incluso sentía que daba saltos.

   -¡Rihanna! -gritó Danneel y empujó a Jensen que cayó en brazos de Jared; satisfecha se fue saltando moviendo su colita de algodón valla conejita.

   -¿Estas bien? -le preguntó Jared al oído.

   -Si, gracias. -Jensen se abrazó a sí mismo, tocando los brazos musculosos del castaño que estaba detrás de él.

   -Jen… -susurró Jared, acercándose más al rubio que tenía abrazado.

   -Jay…

   El escuchar ese diminutivo de su nombre que solo Jensen utilizaba fue como la luz verde de los semáforos. Sin dudarlo comenzó a besar el cuello del rubio, paladeando y recordando ese delicioso sabor. Aspiró recordando el olor de Jensen, noche combinado con alcohol y ese toque especial que tenía el rubio que lo hipnotizaba.

CONTINÚA … 11

NORMALIDAD Y RELAJO

julio 28, 2013

PECADILLOS DE VACACIONES

CALIENTE

   En esos lugares siempre es igual…

   Es el mundo secreto de los vestuarios masculinos y no sólo en playas, piscinas, o en esos resorts. Un carajo se cambia porque la esposa le espera, amarrándose los zapatos en un banco, y llega otro, todo buenote, creyéndose cacao de mejor calidad, y sale con un…

   -Coño, no sé por qué mi novia me regala estos bañadores que no cubren nada; mira, se ve igual así… -se lo señala con una mano, antes de bajarlo y acercarse más.- …Que así. ¿Qué te parece?

   Y allí se queda, esperando. Y no falta la boca que le de la razón… y se la trague completa. Agitado, oyendo abrirse la puerta, gente hablando, y esa vaina mejor todavía, porque está más dura y gruesa.

AFILIANDO

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… 110

julio 25, 2013

LUCHAS INTERNAS                         … 109

CHICO SEXY

   A veces, sin pensarlo demasiado, a entregarse y ya.

……

   -Será bueno, ya lo verás… ratita… -repite una vez más, gruñendo ronco, encimándosele.

   Le abre aún más las piernas, con la mirada clavada en sus nalgas, con el güevo erecto como un mástil horizontalizado. Con un último resto de resquemor (¡estaba a punto de coger a otro tío!), se detiene, pero su mirada en el rojizo capullo termina con sus reparos. No necesita agarrárselo de lo tieso que está, así que sus manotas le atrapan las nalgas y caderas, apuntando su glande hacia el expuesto orificio. Su roja y sedosa cabeza se frota allí y el hombre tiene que contener un gemido de lujuria que sale de sus entrañas. Siente calor, corriente y oleadas de lujuria que lo enloquecen. Tiene que controlarse o lo lastimará.

   Nicolás jadea y respira pesadamente, con el rostro contra el colchón; al sentir la presión se asusta terriblemente y gimiendo un débil ‘no’, parece que quiere detenerle. Ronco, Frank le pide que se calme, mientras frota su tranca lentamente, a lo largo de la raja, casi verticalizado adentro, mientras le acaricia y amasa las nalgas con fuerza.

   -Relájate, bebé…

   La brillante cabezota se empuja contra el arrugado y lampiño hueco, empujándolo. Lo va forzando y Nicolás aprieta los dientes con el corazón palpitándole alocadamente, de miedo, de expectación. Frank pasa saliva, mirando ese rojo anillo que va forzando y abriendo mientras va clavando la cabezota. Lo oye gemir, revolverse y sólo puede sobarle la espalda para calmarle. El glande entra forzándose y Nicolás chilla agudo, sintiendo que lo rasga, que lo rompe, que le duele y le arde terriblemente. Su culo se cierra impidiéndole entrar, y cuando el otro lo forza, se tensa más sobre la cama, como si quisiera pararse de allí.

   -Relájate, por favor. Tranquilizante y lo gozarás… -le jadea, caliente, sobándole la nalga derecha con una mano dura y firme.

   Tomando aire, arrugando la cara y pegando la frente y boca del colchón, el joven intenta relajarse, ablandándose. Frank sonríe como un tiburón, sintiéndolo aflojar y su tranca va entrando lentamente, sintiendo a cada palmo de güevo como ese culo chillaba y ardía, resistiéndosele aún, por lo prieto. Va metiéndolo centímetro a centímetro, notando como se lo aprieta, amasándolo fuerte con sus entrañas calientes. Lo mete todo y Frank chilla tomando aire por la boca cuando su pubis se pega de esas nalgas, con todo su tolete clavado en el cálido estuche que sufre terribles espasmos. Nicolás se agita y gime, sintiendo eso terrible, caliente, doloroso. Su culo chilla; quiere huir, pero el peso de Frank contra sus nalgas lo detiene.

   El joven jadea y respira entrecortadamente, parpadeando mucho, abriendo mucho los ojos y cubriéndose de sudor a pesar del frió acondicionador de ambiente. El güevo en su culo palpita y crece, quemándole, cuando se retira, arde de nuevo, al meterse otra vez, suave, grita entre dientes. Sale unos pocos centímetros y vuelve a clavarse, y eso le produce espasmos en el trasero, que va ardiéndole de una forma distinta, como un agradable aunque desesperante picor que tiene que rascarse y que desespera porque no se quita pero se siente bien. Nota como ese calor va volviéndose húmedo, como si una sustancia caliente bajara por él, mientras el catire inicia su vaivén más rítmico.

   Frank se tiende sobre él, cubriéndolo, aplastándole con todo su peso, y pesa, y él tiene unas costillas malas, joder, por ello abre más los ojos, para reclamarle, pero… Ese cuerpo pesado y musculoso, lujurioso y viril arde todo, cobijándole de forma extraña. Su culo se siente más dilatado, más mojado. Las manotas de Frank se meten bajo él, atrapándole la tetilla izquierda desnuda y la derecha tapada por el vendaje, apretándolas cálidamente, y gime ronco, con deseo.

   -Ratita… he esperando tanto… -le gruñe el otro al oído, resollando fuerte.- Eres mío, ¡mío! -enfatiza pellizcándole el pezón libre, mordiéndole una oreja, la verga como dilatándose y pulsando más en sus entrañas. Totalmente posesivo.

   Las nalgas de Frank suben un poco, mostrando su culo cerrado y lampiño, mientras saca unos centímetros su tranca de ese hueco, para luego volver a enterrarlo, clavándolo hasta la empuñadura. Y sentirlo aprisionado le hace gruñir por lo bajo. El güevo sube y baja lentamente, cogiéndolo a profundidad. Ese tolete penetrándole, frotándole las entrañas, rozándolo, golpeándole la próstata, sumado al cuerpo sobre él que lo aplasta, que lo abraza, a las manos que lo acarician, marean a Nicolás. Su culo se siente empapado, y ahora va y viene un poco como buscando acunar esa tranca. Su piel arde, sus tetillas, atrapadas en las manos del otro, van tensándose, y su güevo, que había quedado más chico que meñique de colegiala, comienza a endurecerse otra vez, llenándose de sangre y ganas, creciendo. Excitado.

   Frank lo coge rítmicamente, metiéndolo todo, con algo de fuerza, sacándolo solo unos centímetros. Levantándose un tanto, el hombre queda nuevamente arrodillado tras él, atrapándole las caderas con sus fuertes manos mientras lo encula nuevamente, sacando casi todo su tolete grande y nervudo del aún más enrojecido trasero. Le mira la nuca al joven, su cabello castaño enmarañado y corto. Le mira la espaldota que se tensa, cubierta por el vendaje. Le mira las nalgotas semi lampiñas y musculosas, muy abiertas, así como el rojo y redondo anillo del culo que se abre y cierra para dejar pasar su titánica barra. Ese culito estaba calentándose más y más, palpitando con violencia contra su güevo, amasándoselo y apretándoselo de manera intensa con sus músculos, subiendo y bajando contra su güevote.

   Nicolás se retuerce y jadea contenido, apretando los dientes con furia para no gemir de pasión, olvidado el dolor. Siente algo, una molestia cuando su anillo es forzado a dejar entrar y salir el grueso tolete, pero las sensaciones en las paredes de su recto, así como ese estallido de pura calentura que le daba cuando le llegaba hondo, le hace olvidar todo lo demás. Se siente mal, sucio y culpable al notar como su culo le atrapa y atenaza el güevo caliente y duro al otro; tranca que se estremece dentro de él, creciendo más, soltando una vaina caliente que le mojaba aún más el culo. ¡Estaba ordeñándoselo! El joven es conciente de como su propio güevo, muy erecto, palpita y se estremece, deseando ser tocado y sobado. Siente una sensación cálida, de placer, de deseo, de ganas, que lo recorre y que parece partir de su culo penetrado y frotado una y otra vez por el rojizo tolete, hasta su propio güevo y bolas, excitándolo al máximo.

   Los dedos pulgares de Frank se clavan en la cintura de Nicolás, atenazándolo y meciéndolo todo contra su barra, pegando su pubis una y otra vez de esas nalgas que se abren y lo aceptan. Su güevo lo embiste una y otra vez, cogiéndolo con ganas, con fuerza. Todo él brilla de sudor mientras jadea ronco, sintiendo como su tolete se desliza por los cálidos y apretados pliegues de ese culo con el que tanto había fantaseado, tan caliente y rico al tacto como el gusto que sintió en su boca y lengua. Joder, ¿qué era eso? ¿Cómo podía sentir todas esas sensaciones estando con otro tío? Las nalgotas abiertas, mostrando la roja y semi lampiña raja, van y vienen de adelante atrás, cuando el redondeado anillo del culo deja entrar y salir la dura barra de carne de coger, con vehemencia.

   -Hummm… Oh, Dios… -se le escapa a Nicolás.

   -Si. Tómalo, ratita. Gózalo, por favor…

   Nicolás chilla quedamente, ronco y largamente, mientras su güevo muy erecto se frota debajo de su panza, contra la almohada, masturbándose, al tiempo que sus bolas se bambolean y su rojo culo es asaltado repetidamente por el monstruoso tolete cilíndrico. Mientras lo coge, con rudeza ahora, urgido de dominar y aumentar el ritmo, aplastando su pubis contra esas nalgas, empujándolo contra la cama, Frank jadea y gruñe también. Echando el rostro hacía atrás cuando se lo clava hasta los pelos, sudando a pesar del frío cuarto; sus dedos soban esas nalgas firmes y musculosas en todo momento. Porque esa era otra, necesitaba acariciarle, sentirle. No piensa, no recuerda nada, sólo esta gozando con lo que siente sobre y alrededor su güevo y lo que goza dentro de ese culo. En su mente vagan imágenes que lo hacen saber que se eleva al éxtasis, le parece que luces estallan frente a sus ojos, que ve un hermoso mar azul con poderosas olas, y él, como un chiquillo de diecisiete años las cabalga sobre una tabla, brioso, joven y poderoso (así lo hacia a esa edad), como se sentía ahora mientras enculaba con furia a Nicolás, su ratita adorada.

   Casi se tiende sobre el joven, clavándole una y otra vez su dura tranca, mientras ruge como un poseso. Las palmadas que dan su pubis contra el otro son ruidosas, repetidas y poderosas. El joven tiene el rostro oculto contra la cama, terriblemente avergonzado de sí mismo, de lo que es, de lo que le deja al otro hacerle, de lo que le hace. Vergüenza de estarlo disfrutando tanto. Su cuerpo traidor se ve recorrido de calorones y deseos, su culo sólo quiere atraparle el tolete, gozándolo. Su mente se nubla y siente que se muere mientras todo él se estremece y su güevo vomita una y otra vez su carga caliente de semen sobre las almohadas y su panza. Y sin tocárselo una vez.

   -Oh, Dios, bebé… -Frank chilla.

   Sus ojos parecen desenfocarse y cae sobre el joven, pesado, gruñendo profundamente, con el güevo muy clavado en sus entrañas, mientras éste tiembla y dispara sus cargas de cálido y abundante esperma, inundándole el culo. Es tanta que una poca escapa, babeando lentamente hacia las bolas del joven. Se queda quieto, así, sobre Nicolás. Sin fuerzas, hasta que con un jadeo, el hombre rueda a un lado, respirando con pesadez, tragando con dificultad y respirando por la boca. Mira hacia el blanco techo y luego hacia Nicolás, quien está muy quieto, rojo todo él, con los ojos cerrados. Obviamente alcanzado por el ratón moral.

   El hombre se rueda de lado y casi se paga al otro, respirándole pesadamente en la oreja, son decir nada, mirándole enrojecer. No puede evitarlo, con suavidad le posa un brazo en la transpirada espalda mientras le sisea.

   Aún así, Nicolás no se mueve, ahora se siente ruin, muy ruin. Pero en fin, ya estaba hecho. Lo hicieron y ya. Todo había acabado.

   Todo había acabado.

……

   Agitando su nuevo whisky de la noche, el quinto desde que llegó (el último de la noche quién sabe que número tendría), Alirio, en la semipenumbra de su apartamento, oye algo de música. Nada clásico. Una salsa vieja, con muchos timbales e instrumentos. Está recostado en su sillón, meditabundo, viendo como el amarillento líquido gira en su vaso corto y grueso, uno muy a propósito para beber caña. Está cansado. Mucho. O más bien agotado, ya que eso abarca también ese desanimo que tiene. Una vez que Eric abandonó esa rampa del estacionamiento donde casi le planchan el flux, su trabajo continuó. Eric cumplió con su parte, hablando de un atraco y de Alex, sin mencionarle a él; la cosa salió más o menos bien. Pero el costo de la operación fue grande. Arrugando la cara, bebe el aguardiente, preguntándose irónicamente, que quién iba a decirle que lo que el otro pensara o dijera de él, lo afectaría tanto. No le gustó la forma en que Eric lo miró, ni lo que dijo. ‘No sé quien eres tú’. Había una declaración de final, de contundencia en la frase que fue particularmente desagradable.

   Llevaba un año tratándolo, sólo un año, y le parecía más. Y lo… apreciaba. Eso le sorprende a él mismo. Hacía más de un año, poco más, que se fijó en ellos en el Studium Bernabé Salas. En Eric y en Sam, porque alguien, hacía más de dos años atrás, había decidido o había sabido ver que Eric Roche, y acaso Sam Mattos, serían de importancia en el futuro, jugando un papel importante en el drama nacional.

   Los vio practicar bateos y lanzamientos, junto a un carajo alto, negro y bien parecido, Lucas  Rondón. Y se acercó al trío. Habló, jugó y terminó bebiendo con ellos esa primera tarde. Eran tipos normales, cada uno distinto entre sí, pero capaces de aceptar a otros, como lo hacía el venezolano común, alegre jugando una caimanera o tomando caña, donde se volvía (exceptuando casos de gente idiota) más amistoso, invitando a todos a una parilla en su casa, o a seguir bebiendo, así al otro día no se acordara de nada ni de nadie. A él le bastó con ser un tipo normal y le sorprendió que a los otros no les interesara, más allá de una pregunta casual, qué hacía o de qué vivía.

   Más tarde llegaron Renato Mijares y Néstor Lobo, y se formó una camarilla. Un grupito alegre y feliz. Renato, Néstor y Lucas no eran importantes en la ecuación inicial. Sobre todo Renato, a quien le tenía reservas y a quien investigó a fondo. Le pareció particularmente inquietante, ¿acaso un operario negro? Pero no. Sólo él sabía todo lo que debía saberse sobre el extraño, distante y hermoso Renato Mijares; pero era algo que no le importaba a nadie más. Bueno, tal vez a Sam (pensó con una mueca). Sin embargo, la vida daba sorpresa como decía la canción. Lucas había resultado ser algo más de lo que parecía ser. Trabajaba para alguien de afuera, o con ese alguien. En Europa o Canadá. ¿Quién podría ser? No habían logrado averiguarlo, aunque en su mente de agente de operaciones oscuras (quién sabe en qué pasos andaba actualmente Lucas), tal vez podría usarlo para ganarse la confianza de Eric. Pero eso significaría traicionar a otro amigo, una vez más. Aunque en ese punto no le molestaba la conciencia, no mucho, ya que Lucas se comportaba de forma traidora también.

   Sorpresivamente fue Néstor Lobo quien le dio dos claves importantísimas para montar su estrategia, explicando así una escena que vio una noche en un bar donde un lindo carajo culón se desvestía para mujeres, que luego terminó bebiéndose su semen en un cuartico cerrado: vio a un fantasma del pasado, con un agente actual de Ricardo Gotta.

   Y fue Néstor Lobo, el matasano ese, quien le habló de un informe de inteligencia militar, gente cerrada cuando quería, que hablaba de las andanzas de Alex, ese fantasma del pasado. Al saber que Eric andaba tras la caza de los asesinos de Roger Santos, y sus encubridores, supo que al joven o lo matarían, o lo involucrarían con algo vergonzoso que lo callaría. Ya le habían dicho que Eric era marica, cosa que le impresionó pero no le sorprendió. Cualquiera podía serlo, en un momento dado, eso lo sabía ya. Mediante una advertencia a cierta gente, Edward Sanabria entre ellos, pudo proteger a Eric de la amenaza sexual de Alex. Era importante. Nadie debía parar la furia justiciera del abogado. Debía inquietar y alarmar a las sarnas de más arriba. Tanto como para obligarlas a extralimitarse peligrosamente.

   También por Néstor supo lo del embarazo de Irene, ¡que cosas tenía la vida! Por ello lo involucró, como bien podría haberlo hecho Alex, en algo nuevo y sórdido que lo uniera a él. Después de aquella tirada larga y caliente en su apartamento, en esa misma salita, Néstor escuchó sus planteamientos sobre la necesidad de que Eric supiera de la preñez de su exnovia, quien se lo ocultaba. Eso era de importancia capital, como lo era que la noticia llegara por conductos distintos al suyo. Eric no debía desconfiar de él, no todavía. Néstor cumplió bien su papel. Cogía bien, como se dio cuenta en esa misma salita, y actuaba de igual manera. Lo del embarazo redimensionó el papel de la mujer en la vida de Eric, quisiera el hijo o no. Ahora Irene era algo más importante que ellos dos juntos. Por eso la llamada telefónica que le hizo segundos antes de que supiera la noticia, controlándola ocultó en el bar donde Néstor se lo dijo, fue tan importante. Fue él quien lo llamó amenazando la vida de la mujer, para enloquecerlo y ponerle frenético. Sabía que el temor por ella estallaría avivando sus aires justicieros. ¡Como pasó!

   En ese momento Eric odiaba aún más a aquella gente que amenazaba su vida, la de Irene y todo lo que era bueno. Pero aún lo miraba como algo etéreo, vago. Por eso fue necesario dejar que las cosas llegaran a donde llegaron hoy, aún con el peligro de que el joven fuera asesinado. Y no sólo se dejó llegar, sino que se manipuló lo que pasó. Sabían que Eric iniciaría una investigación judicial sobre lo que le pasó a Santos durante los hechos de abril cuando una veintena de venezolanos fueron asesinados a pocas cuadras de Miraflores; la gente del Grupo facilitó que introdujera la acusación y le dieran curso, agilizando algo que en otras circunstancias habría tardado siglos o habría sido engavetado. Pero ellos querían que el abogado iniciara las indagaciones. También permitieron que la cosa se filtrara. Que se supiera que el joven andaba tras los asesinos de abril, y contaba con un nombre: Roger Santos. Eso asustó a esa gente. Vieron el peligro y como ratas chillonas afilaron garras y dientes para destrozarle, y ordenaron el atentado, que lógicamente dirigiría Alex y los dos antillanos que, legalmente, no se encontraban en el país. Vio los preparativos, supo de la cita del joven a La Fiscalía fuera de horas de oficina, que la fiscal tardaba, que la esperó y no llegó. Supo del retiro de la vigilancia y de La Guardia Nacional de la salida posterior del edificio de La Fiscalía. Sabía día, hora y lugar. Sólo debía estar atento.

   Pero algo salió mal. Eric supo algo por Edward que lo alteró y se fue poco antes de la hora y él no lo supo. Al intentar bajar hacia el sótano desde el piso doce, el ascensor quedó detenido. Debió saber que impedirían las entradas a los estacionamientos, y el mejor modo de hacerlo era con los ascensores parados. Mientras forzaba las puertas, ante la reprobación de otros, su corazón palpitaba con furia. Un miedo feo se había apoderado de él, iban a matar a Eric y él no podría hacer nada, como no fuera llegar tarde, encontrarlo abaleado, con cara de susto, o de sorpresa, o de extrañeza, caído sobre el sucio suelo. Y nada podría hacer. No sólo todo lo que habían planeado se caería, sino que su amigo moriría, cuando él ya sabía, mucho antes, del atentado. Pero debía dejar que pasara, Eric debía entender que se enfrentaba a seres reales, no a gente en una lista o que llamaban por teléfonos. Saber que eran delincuentes y asesinos capaces de hacer lo que fuera para asegurar su pedazo de carne de gente y su litro de sangre humana a devorar cada noche como zamuros. También debía ver a Alex. Era importante.

   Afortunadamente había llegado a tiempo, por un golpe de suerte y al hecho de que Eric no había perdido la cabeza, ocultándose y midiendo sus pasos, así como a que los asesinos no se acercaron a la carrera, tal vez recordando otro tiroteo inesperado en una sala del hospital Clínico Universitario, y les preocupaba que el joven pudiera estar armado a pesar de lo que les dijeron. Eso lo salvó. Bastaban sólo unos dos o tres pasos para que esos sujetos, de estar resueltos a ello, le hubieran matado. Lo bueno era que ahora la investigación se dirigiría contra el tal Alex y sus dos sicarios antillanos. Sonríe burlón al recordar la furia fría y malvada del otro cuando le vio. Tanto que disparó con su propia arma, ¡que idiota! Él se quedó allí, cuando la Policía Científica vino a hacer el levantamiento y la planimetría, presentándose como funcionario del Dasnap. De esa gente no saldría nada de lo dicho allí; y Eric se portó bien, corroborando su historia antes de que Sanabria se lo llevara. Ya se encargaría él de que la poca gente honesta dentro del cuerpo de investigaciones realizara las experticias. Las pruebas, balas, posicionamientos, casquillos, no desaparecerían. ¡No éstas! Algo le decía que una bala de este ‘atraco’, podría relacionar a Alex con otros delitos (Tirzo Ramos y William Bandre, para comenzar), y su nombre caería bajo el candelero. No podría ocultarse más. No alguien como él que tanto sabía. Desaparecía… o lo desaparecerían. Sonríe al imaginar al otro cazado como un animal, asustado de volverse ‘inconveniente’ como le pasó a tantos que él cazó. Neutralizar a Alex y a su gente era un gran paso en la batalla.

   Lo que el hombre ignora, mientras toma la botella del piso y se sirve un poco más, es que muchas otras personas estaban conjurando, ahora mismo, para obligarlo a él, a Eric, a Sam y a muchos otros a actuar contra sus deseos y voluntades. Gente que no se detenía ante nada, así fuera atacar a una embarazada o a una altiva mujer mayor. Eran personas peligrosas, inescrupulosas. Unos más que otros. Y los menos bandidos, los menos maleantes, intentaban frenar a los otros, cumpliendo la máxima de que a veces las mejores cosas que hacían por los peores motivos. Pero el mundo, Alirio no podía llamarse a engaños, era así. Ninguno actuaba por decencia, por el bien de Venezuela. Cada uno de los que participaban y de los que aún no aparecían, lo hacían para satisfacer sus propios deseos y apetitos. Y para ellos, Alirio, Eric, Sam o Nicolás Medina, no eran más que fichas utilizables y desechables.

   Tal vez fuera intuyendo algo de todo ese mal proceder, que el hombre se tomó el vaso de un golpe, deseando de corazón no tener que perder a sus amigos.

……

   Que lejos de la verdad había estado Nicolás Medina al  creer que ya todo había terminado entre Frank Caracciolo y él, después de sus corridas. Al primer momento de incómodo y horrible silencio, donde todo pudo haber naufragado en un asco mutuo, en una acusación mutua, en un silencio de horror mutuo, el abogado le puso remedio atrayéndolo contra sí en la cama.

   -Vamos, ratita, ¿por qué estás tan lejos?

   Y Nicolás, terriblemente avergonzado, y con ganas de salir corriendo, terminó acunado entre sus brazos y cuerpo, sintiendo su pesada respiración, con su corazón latiendo contra el suyo. La mano del catire bajó, atrapándole el mentón y elevándole el rostro. Se miraron largamente. Allí lo vio, en los ojos de Frank, que no todo estaba consumado entre ellos.

   Ahora la pareja evolucionaba con rapidez hacia un mundo nuevo de descubrimientos sobre ellos mismos y lo que el otro podía esperar, sentir o desear. Acostadote boca arriba sobre su cama, con los brazos y las piernas muy separados de su cuerpo, un totalmente desnudo Frank Caracciolo, con la nuca sobre las almohadas bañadas con leche de Nicolás, jadea con la boca muy abierta mientras ve al joven montado a hojarasca sobre su cadera, de frente a él, con sus piernas y muslos doblados a los costados de su cuerpo, aprisionándolo de una manera nueva, fuerte, viril, mientras sube y baja el culo sobre su rígido güevo, enculándose él mismo, con lentitud, pero apretándoselo fieramente con su esfínter, metiéndoselo todo, hasta la empuñadura, donde los pliegues de sus nalgas casi se atornillaban.

   -Apriétalo, ratita. Apriétame el güevo…

   El joven ruge bajito, bajando su culo hasta el final, montándose, sentándose sobre su pubis, sintiendo la barra muy adentro, la cual le abre, le llena, palpita y lo hace chillar de gusto. Cerrando los ojos y echando la cabeza hacia atrás, mientras se agarra con sus manos delgadas y cálidas a los costados del abogado, como para no caer, se imagina por un momento desnudo cabalgando un brioso y hermoso caballo, avergonzándose a sí mismo de tanta mariconeidad. Sube y baja con mayor rapidez, dejando escapar algunos gemidos roncos y bajos, con los cachetes muy rojos de emoción y calentura, cosa que se notaba en la muy erecta tetilla descubierta y su propia verga dura que golpea una y otra vez, quemando y mojando, el abdomen del abogado.

   Frank sentía corrientazas poderosos que le enloquecían cuando el güevo caliente y duro de Nicolás golpeaba contra su panza, frotándose allí, excitándolo mucho más. ¡La verga de otro carajo! Los dos hombres cruzan una mirada larga, intensa, y cada uno entiende que el otro se siente culpable en un nivel profundo. Muy culpable, casi sucio; pero eran incapaces de controlarse. Lo único real, lo único verdadero era ese punto caliente que formaban la unión güevo-culo, lo demás quedaba por fuera. Era el momento, ya luego podrían arrepentirse y lamentarlo, pero, por ahora, no.

   Los muslos muy abiertos del abogado, musculosos y casi lampiños, enmarcan sus bolas que se agitan mientras su güevo y pubis suben y bajan, empujando ahora su gran tolete dentro de ese culito enrojecido que se abre generoso, tragándolo. Cuando las muy abiertas nalgas del joven caen, chocando de su pelvis, sólo dos centímetros del grueso tolete quedan afuera. Las caderas del hombre se agitan más, enculándolo rudamente, queriendo gozarlo intensamente.

   Rugiéndole que así, que se mueva así, que mueva su bonito culo, Frank aprieta los dientes, sus piernas casi saltan de la cama cuando empuja y empuja su tranca de arriba abajo, buscando ese agujero que lo atrapaba, acunándole el güevo y chupándoselo, mamándoselo como nunca antes nada lo había hecho. Era un canal caliente, húmedo, apretado, que al frotar su tranca le sacaba chispas de placer. Nicolás chilla agónicamente, cerrando los ojos, mientras su cuerpo sube y baja con fuerza, dejándose caer con todo su peso sobre ese hombrezote que también gruñe bajito, sintiendo como ese huequito rico le derretía el instrumento.

   A Frank le gusta verlo así, desatado, entregado a su pasión, sin fingimientos o falsos recatos, gimiendo, caliente como nunca, aunque todavía intentaba, en vano, ocultarlo. Pero, ¿cómo ocultarlo mientras saltaba sobre su vientre, mientras se enculaba con furia de su tranca? Le gustaba cogerlo, le gustaba tanto que no podía pensar ni detenerse o dejarlo ir.

   -Eres mío, pajarito. -le gruñe roncamente, con aires de triunfo.

   Nicolás calla, echando su cuerpo hacia atrás, las manos cayendo a ambos lados del hombre sobre la cama, con la espalda sudada y vendada, mientras sus nalgas suben y bajan, cabalgando sobre ese hombre grande y rudo, hermoso y viril que tantas amarguras y angustias le causó en el pasado. Baja apretando, sube halando con fuerza y le ve arquearse y gemir, rogarle que no se detenga, que se lo atrape así. Si, Frank había sido una basura, pero ahora estaba allí, para él, cogiéndolo, dándole placer. Y viceversa. Nicolás entendía que el hombre lo tenía atrapado, pero también él lo tenía cogido (por decirlo así).

   La sonrisa de Frank se ensancha más al ver como el chico se estremece, arqueando más su espalda, empujando sobre él con todo su peso, un peso grande y sabroso, corriéndose nuevamente sobre su panza y tórax. La sonrisa del hombre es de satisfacción, pero también de triunfo, de un triunfo animal que se apodera de él. Mientras oye gemir al otro, empuja todavía sus caderas, cogiéndolo aún en ese momento cuando el culo del chico se cierra con espasmos por su clímax; lo coge con ganas, sabiendo que muy pronto se correría en sus entrañas, por tercera vez esa noche. Y aún no se sentía cansado; sintiendo que se viene, gruñe como perro, sentándose y metiéndoselo hasta el estómago, atrapándolo entre sus brazos y besándolo con rudeza, mientras grita contenido, sintiendo que su leche ya viene…

   -Oh, Dios… -ruge el hombre contra la boca del muchacho, temblando sabroso, sacudido por los espasmos del orgasmo.

CONTINUARÁ … 111

Julio César.

CONFUSO ROL

julio 25, 2013

NO DELANTE DE LOS NIÑOS

TIO Y JUGUETES

   Por no saber llevar los pantalones…

   Desde su matrimonio, Esteban la estaba pasado raro. Su dulce mujer comenzó a gritarle, a ordenarle esto y aquello; tuvo que dejar de ver a sus amigos, a sus amigas más rápido, y a veces pasaba tiempo sin ver a su familia. A ella no le agradaban. En la cama la mujer era agotadora, mandona y hasta ruda; eso si, también juguetona. Esteban recuerda bien el día que le nalgueó sobre sus piernas, le hizo llorar aunque también le excitó. Luego vino la ropa interior suave y ambigua, obligándole a usarla a todas horas. Pronto fue lencería decididamente femenina. Las depiladas, hasta de orejas y nariz. El meterle dedos por el culo cuando le tragaba. Ya no le tragaba, ni le daba nada, como no fueran tres dedos de uñas largas en su entrada secreta de macho mientras él gemía mojando las pantaletas. Rápidamente llegaron los juguetitos, debía asear la casa, prepararle los alimentos y escuchar sus quejas en tangas y con esos perolitos bien metidos. Ahora, mientras acude a su llamada, humillado y excitado con el nuevo estreno, la encuentra, sonriente, whisky en manos, hablando con dos compañeros de trabajo, quienes le miran sorprendidos. Ella les sonríe.

   -¿Se los dije cuando me casé o no? Es un faltón, pero así somos felices. –a Esteban dice.- Mi amor, ¿dónde están tus modales? Los chicos están tensos, por favor, arrodíllate y desahógalos con tu boca. Anda, dale…

MOSTRARIO

Julio César.

EL PUENTE

julio 24, 2013

…GENTE QUE SE MOLESTA

THE BRIDGE

   Ya no se podrá seguir evitando la verdad.

   Ha comenzado otra serie de televisión que promete, The Bridge, policías enfrentando locos geniales. Muy al estilo de SEVEN. En un paso limítrofe, en la mitad del puente que marca la frontera entre México y Estados Unidos aparece un cadáver. Al ser gringa se lo lleva la policía de El Paso, Texas, hasta que descubren que es una creación, mitad de una norteamericana, mitad de una mexicana, por lo que ambos países, al menos dos policías, deberán trabajar juntos. El loco les enfrenta a una realidad, en el lado americano hubo cinco muertes en un año, en Juárez miles que no se investigaron. Dato que deja mal parados a los mexicanos si los números son ciertos. Los personajes son fuerte, la mujer es intransigentes por una incapacidad para la empatía; el mexicano se ve que oculta lo capaz y tenaz que es. Hubo una gran química entre ellos. También una falla, la legislación de casi todos los países consideran que los vivos tienen prioridad sobre los muertos, y la policía americana parecía no saberlo.

LLUVIA DE ESTRELLAS FUGACES

Julio César.

NOTA: Y me retiro temprano, quiero ver un resumen de la llegada del Papa a Brasil. Dicen que se los metió en un bolsillo con su simpatía y sencillez… Un argentino, ¿qué tal? Es juego, ¿okay?


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