LA ESCUELITA DE CAZADORES Y TAXI AL INFIERNO

abril 24, 2013

…DESGARRADOS Y RAIDOS

SAM Y DEAN GRITAN

   ¿Todavía de interludio?

   Había tardado bastante en comentar, ¿eh, A? Debo decir que me gustó este episodio, el 8×18 – Freaks and Geeks, aunque no fue uno de los mejores. Estuvo, y que me disculpe el autor, algo predecible. La primera pista sobre lo mal que estaba la cosa fue la desconfianza de Dean, porque cuando él dice que el río piedras trae…

KRISSY

   Realmente me sorprendí de ver a la pequeña Krissy metida en ese carro acompañando al típico gañan de secundaria que intenta meterle manos. Fue como el hombre del garfio en la primera temporada o el chico atacado por el hombre lobo en el pueblo de los monstruos en la cuarta temporada. Pensé que la chica habría salido en una cita, que algo los amenazaba y ella le daría una patada a lo que fuera, salvando de paso al chico que seguramente se asustaría. Sonreí cuando este sale para investigar un ruido. ¡Tan típico del género de horror! Verla salir, ser atacada y el muchacho decapitando al vampiro fue la otra sorpresa de la entrada. También él era un cazador.

KRISSY AND DEAN

   Por supuesto que Sam y Dean se enteran de lo que ocurre, alguien está decapitando gente (matando vampiros, y temí por Benny); hablando con el policía que investiga, reconocen y roban una grabación donde aparece Krissy. Los hermanos la encuentran cuando ella, el joven gañan y una amiga morena y alta, con el sorprende nombre de Josephine (ay, Supernatural), van de cacería. El vampiro les sorprende, los hermanos intervienen, el monstruo escapa corriendo hacia una vieja camioneta pero le capturan y Josephine le mata, está vengando la muerte de su familia. Es aquí donde Krissy les cuenta (a Dean) que ella y su padre se habían retirado, un vampiro les atacó y su papá murió. Creo que uno ya lo suponía desde el momento cuando la vemos cazando otra vez.

VICTOR

   Es cuando ella les habla del hombre que les está enseñando a ser cazadores, hospedándoles. Los hermanos van, para comprobar que todo esté bien (también porque les inquieta que un adulto esté arrojando chicos a la cacería), y es cuando Dean suelta aquello de la escuela del profesor X. En este punto es cuando de verdad se hace algo evidente la trama, el hombre, Víctor, se preocupa por ellos, quiere que estudien y que hagan sus tareas, tanto escolares como contra lo sobrenatural. Busca levantar una nueva clase de cazadores más sensatos, ilustrados, inteligentes y disciplinados. Aquí comenta el desastre de los cazadores del pasado, comenzando por Martin y terminando con Bobby, al que acusa de borracho provocando la ira de Dean que le hace callar. Como no pueden hacer nada para alejar a los chicos de su tarea y su mentor, deciden quedarse a investigar.

   A Sam la idea casi le parece bien, que intenten crecer en un ambiente más o menos normal mientras se preparan para la guerra. Es aquí cuando ocurre lo segundo que ha levantado ciertas ronchas dentro del fandom con este episodio, primero fue cuando Dean se alejó con Krissy para exigirle explicaciones, quedando relegado Sam. Aquí Dean dice que irá a hablar con la víctima del último vampiro porque algo no le huele bien y le dice a Sam que se quede, para que se recupere y averigüe todo lo que pueda sobre la escuelita. Hay quienes interpretan esto como un acto deliberado del programa para minimizar las actuaciones de Sam, cosa que parece obvia dicho así pero ilógica desde un punto de vista real. Es lo mismo que ocurre al final, cuando se están despidiendo Dean y la joven, Sam entiende que debe dejarles espacio, pero eso que para él es evidente, causa escozor dentro de los fans.

   Para hablar con una chica va el hombre que ya tiene una conexión previa con ella, en el anterior encuentro se crearon lazos entre Dean y Krissy que le ayudarían en ese momento el llegarle y saber qué está pasando, qué hace y quiénes son esas personas. Lo normal es que entre conocidos hablen dos que se entienden mejor, la presencia de Sam la habría abstraído. Claro, es un programa de televisión y podría suceder, que ella hablara delante de los dos, pero la naturaleza humana no es así. Eso funciona en plan policías con un extraño, no cuando todos se conocen y las cartas están sobre la mesa. Lo otro, Dean investigando y Sam quedándose, volvemos a lo mismo, ¿qué ocurre realmente con Sam y las pruebas?, ¿qué tan afectado está? Lo mejor es dejarle descansar.

SAM AND VICTOR

   Bien, por la chica prisionera del vampiro, Dean descubre que fue una trampa para el muchacho decapitado, y por extensión a todos los chicos de la escuelita. Sam lo descubre tarde. Viendo la camioneta que estuvo donde el vampiro anterior, sale con Víctor (¿no se llamaba así el agente del FBI que les seguía hasta la tercera temporada?) a investigar y no creo que halla habido alguien para ese momento que no supiera lo que ocurriría. Sam es derribado. Dean llega frente a los chicos y les detiene cuando están a punto de matar a la vampira que supuestamente mató al papá de Krissy, aunque debe enfrentar la resistencia del joven gañan y Josephine, no tanto la de Krissy, pero es ella la más difícil y la que más importa convencer de investigar y conocer la verdad. Me gustó notar que ella confía en él y le escucha.

LA LIGA DE CAZADORES

   Sam enfrenta al profesor y a su vampiro, y el viejo le explica que tiene que motivar a esos chicos, encauzarlos, que actúen con disciplina y entrega. Claro, se propone matar a Sam y culpar a los vampiros, pero Dean llega con los chicos, hay ese enfrentamiento, el vampiro es bastante idiota y les provoca contando cómo gritaron sus parientes cuando les mató.

MENTIROSOS

   El trío, junto a Dean, parece odiar más al profesor que el vampiro, a quien Krissy mata de un disparo antes de decapitarle. Con el profesor ocurre algo distinto, ese “no lo hagas o serás como él” se intenta imponer, aunque el viejo Víctor desea de manera alucinada que pretendan que nada pasó, que fue sólo una prueba, que deben seguir juntos. Casi parece retar a Krissy cuando esta dispara, sin balas, condenándole a quedarse solo porque todos sabrán lo que hizo. El hombre se derrumba patéticamente, su suicidio fue, también, predecible y poco emocionante.

   Como dije, fue un buen episodio aunque nada tuvo que ver con la trama central; la idea era buena, pero se quedó en el intento. Personalmente me agradan los cazadores, es verdad que los hermanos han tenido mala suerte con ellos, pero resultan interesantes (me quedé esperando la venganza de Dean contra esos dos que les mataron en la quinta temperada, en El Lado Oculto de la Luna). Pero en líneas generales han sido amenos, comenzando por el muy peligroso Gordon, incluso Martin que tantos dolores provocó en esta temporada. Bobby, Ellen, Jo, Rufus, Garth e incluso aquella Annie que no llegó a ser, me agradaron mucho. La idea de una camada de jóvenes cazadores que pueden acudir en cualquier momento a ayudar, me gustó. Es bueno saber que esos tres están por ahí, como Charlie o Isaac y su Golem.

DEAN Y KRISSY

   Ahora los chicos y el Krissy/Dean. Me agradaron los muchachos, Krissy es bella, pecosa y mortal. Ha matado a los dos monstruos que le ha tocado enfrentar. El gañan era pícaro y simpático, como un mini Dean, esa forma de echarle los perros a la pecosita y cuando propone como costumbre antes de salir a cazar que se besen, fue genial. Josephine también me gustó, tenía un papel difícil, el tercero del equipo, la otra chica, que estando Krissy que es tan carismática, costaría hacerla destacar; sin embargo lo hizo bien, su amenaza de patearle el trasero al gañan fue buena, así como su actuar contra su vampiro (aunque era inocente) y la manera en la cual contó su historia. Supo meterse en el papel. Se desperdiciaron algunas cosas, sobre todo el Krissy/Dean, y no insinúo nada extraño, pero no es la primera vez que una jovencita se siente fascinada por un tipo mayor, como lo demuestra Hollywood. Entre ambos hay una química que casi es explotada cuando el gañan le pregunta (debió ser algo celoso para que fuera bueno), todo malas caras, quién es él (era el joven león demarcando su territorio), ya veníamos de un comentario extra cuando Krissy para no comprometerse con él, le dice que ya tiene novio en Vancouver (¿una alusión a la serie en la vida real?). Habría quedado genial que pensara que Krissy sentía algo por Dean, pero no supieron hacerlo, cosa extraña en una trama algo floja.

   Cuando hablo de la conexión entre Dean y Krissy, hablo de ese momento cuando ella dice que se quedará con los otros dos por ahora, que hay cosas en esa vida que le gustan. Dean la mira y le pregunta si la razón por la que se queda y lo que le gusta, no usará unos viejos jeans, mirando al gañan. Eso por no hablar de este feliz de la vida cuando nota que Dean se va. Cuando este le llama para comunicarle algo, el joven insolente cree que le dirá que si toca a la chica él vendrá y le pateará el trasero, y Dean le aclara que tenga muy en cuenta que será ella quien le mataría. Todo eso fue rescatable, pero la verdad el capítulo no fue ninguna maravilla, tal vez sólo lo vería otras dos o tres veces. Todo el mundo hablaba del que llegaría la semana siguiente pero de eso nada sabía porque ahora que he dejado de leer fics, pocos atraen, ando bastante desconectado del fandom.

   Y sí que fue increíble este 8×19 – Taxi Driver.

BOBBY

   Como no vi ningún adelanto, ver aparecer a Bobby, al genial Bobby, fue toda una sorpresa maravillosa. También comprobar como los instintos de Dean jamás fallan, aún tratándose de criaturas sobrenaturales… y de como Sam se equivocó en grande. Pero vamos por parte.

KEVIN ATORMENTADO

   Kevin, este profeta que poco a poco ha ido ganándome, logra desentrañar la segunda prueba que Dios ideó para cerrar definitivamente las puertas del Infierno, pero ahora Crowley le ronda, le habla en su cabeza y le hace ver cosas. Él llama a los hermanos pero estos no quieren creerle que oye a Crowley o que algún peligro real le asecha, lo achacan a sus nervios, aunque no es para menos. Realmente le trataron en este aspecto con mucha ligereza. Pero lo importante es la segunda prueba, uno que convertirá a este en un capítulo donde los hermanos van por caminos separados, episodios que me gustan. Hay que ir al Infierno y rescatar un alma que esté encerrada injustamente. Nada más y nada menos.

AJAY

   Los hermanos atrapan a un demonio que les habla de un coyote, esa figura que en la extensa frontera de México con los Estados Unidos “ayuda” a cruzar la frontera. En este caso se trata de uno de los reapers, los que se llevan las almas cuando las personas mueren. Logran acorralarlo en su taxi y el sujeto, Ajay, era divertido, además les reconoce en seguida, como que fue él quien recogió el alma de Bobby y la llevó al Infierno aunque no le tocaba porque Crowley así lo deseaba. La cosa está decidida, Sam irá por él, pero el camino al Infierno pasa por el Purgatorio, algo que el reaper olvidó mencionar. Este llevará a Sam y los hermanos “le deberán una” (como resultaron las cosas, debió cobrar por adelantado). Un demonio ve esos tratos y le informa a Crowley.

   Mientras Sam va al Purgatorio (tan poético), Dean intenta cuidar de Kevin, quien anda algo frenético y paranoico encerrado en la habitación del pánico. Repito, Dean pareció algo insensible con sus temores, por locos que parecieran debieron investigar; temores que le hacen ocultar la tableta con la palabra de Dios, desconfiando del refugio y negándose a decirle a Dean dónde está. Esto lo complica todo porque la tableta, con la tercera prueba, puede desaparecer en cualquier momento. O ser robada.

HELLRAISER

   Sam ve lo horrible que es el Purgatorio, ¿qué habrá pensando? ¿Habrá imaginado a Dean todo un año allí encerrado, luchando a cada metro del camino y abandonado de todos, aún de él? Como sea, encuentra la entrada al Infierno y la verdad es que fue horrible. Más o menos así le imaginaba, como una eterna pesadilla de La Puerta al Infierno, sólo faltaba la gente con púas y vestida de cuero. Fue triste y escalofriante la gente atormentada pidiéndole ayuda, falsamente ilusionándose cuando pasa frente a sus puertas, esperando que sea la liberación, el final del castigo que saben es eterno. Realmente puso la carne de gallina los que fingían reconocerle como a un amigo o familiar que había tardado en ir a liberarles. El encuentro con Bobby fue genial, sólo Bobby es capaz de lanzarle un puñetazo a alguien en el Infierno, hasta que entiende que en realidad es Sam y que ha ido a liberarle. Ay, Bobby, ¡cómo se te extraña! eso de que es el centésimo “Sam” que viene a verle esa mañana me recordó un fic donde a Dean le atormentan con un Sam demoníaco que iba a torturarle cada día. La pareja sale, el Purgatorio es horrible, no está Ajay y no saben qué hacer. Mientras, también Bobby parece sorprenderse que durante un año no buscara a su hermano.

CROWLEY CABREADO

   El recolector ha sido abordado por Crowley, el cual está al tanto de sus pasos y le mata. Ahora Sam no tiene cómo salir del Purgatorio y Dean lo sabe cuando encuentra el cadáver de este en el taxi.

BENNY ACUDE AL LLAMADO

   Pero no sería Dean Winchester si no tuviera una idea, por horrible que fuera. Busca a Benny y le pide ayuda, y este, cansado de no ser ni hombre ni vampiro decide ayudarle. Fue emotiva la despedida, Dean sabiendo lo que le pedía, dejarse matar, volver a ese lugar y salir con Sam, con ese Sam que siempre le tuvo mala voluntad y que en buena medida ocasionó la separación del mayor con el vampiro. Creo que en ese abrazo todos adivinábamos que Benny no regresaría. Qué destino el de Dean Winchester, tener que decapitar al que tanto hizo por él.

SAM AND BENNY

   Es bueno ver a Sam sorprendido cando Benny aparece, igual que el desconcierto de Bobby por la alianza Dean/vampiro. Este les guía hacia la salida, Bobby es absorbido por Sam, Benny no porque en ese momento les atacan y él cubre la retirada. Pero era evidente que en verdad no deseaba regresar. La cara de Dean fue un poema cuando lo sabe. Liberan a Bobby pero este no puede ascender, Crowley no quiere, parecen a punto de luchar pero Naomi reaparece y frustra sus planes, casi obligando a Dean a estarle agradecido, sobre todo cuando le sonríe y dice que puede confiar en ella, que todos quieren lo mismo, cerrar el Infierno.

NAOMI AYUDA

   Es la segunda vez que se encuentran, la primera es cuando Kevin tiene un ataque irracional de pánico después de haber ocultado la tabla y ella dice niños, lindos cuando están pequeños “y luego de adolescentes…”, cuando Dean le mira receloso, ella tiende la mano y se presenta. Él la rechaza, sabe que forzó a Castiel a actuar contra su voluntad. Naomi (Amanda Tapping) es genial, es racional, empática y simpática cuando responde a sus cuestionamientos. Que les encontró porque no han protegido el lugar contra ángeles, ¿tal vez con la esperanza de que Castiel regrese? Se nota que le conoce (y este detalle es significativo, los sellos, me parece a mí). Ella, con su cara bien dura pero linda, sostiene que no le ordenó a Cass matarle sino hacer todo lo que debiera hacer para recuperar la tableta donde se dice como enfrentar a los ángeles, que debió hacerlo porque es peligroso y ella debe proteger el Cielo a toda costa. Medias verdades y medias mentiras que resultan creíbles, pero los instintos de Dean no le fallan y desconfía.

   Mientras regresan donde Kevin, después de caer Sam al cumplir la segunda tarea, este confiesa que pudo estar equivocado en lo tocante a Benny, a quien Dean sepultó pero no quemó, dejando abierta esa puerta. Llegan al refugio de Garth pero Kevin no está, este había sido atormentado feamente por Crowley, quien asegura haber matado a su madre, y la duda queda, ¿escapó o fue capturado?

   Como se nota, fue un capítulo intenso, que se remató demasiado rápido, esto debió dar para al menos dos episodios. Hablamos del Purgatorio, del Infierno, de Bobby, Benny, Crowley y Naomi. Lo del coyote y sus entradas secretas supo a broma. ¿Castiel gasta una enorme cantidad de tiempo intentando rescatar a Dean del Infierno, llegando tarde y no pudiendo impedir que se inicie el Apocalipsis cuando Dean derrama sangre inocente allá para que ahora sepamos de una puerta trasera? ¿El mayor de los cazadores se arrastra todo un año con Castiel y Benny en intenso y tenso trío por todo el Purgatorio buscando la salida mágica para que Sam, Bobby y Benny lleguen en un salto? ¿Sam en el Infierno, camina medio pasillo y encuentra a Bobby, sin caer en una trampa de piso ni un hacha le sorprenda de una pared intentando decapitarle, no enfrenta a un cabeza de clavos? Fue demasiado atropellado, como su estadía misma en el Purgatorio.

   Me gustó la cara de Dean cuando Naomi le habla de ese camino, el Purgatorio, ¿qué habrá pensado el mayor en ese momento? Y esta mujer, ¿es un ángel, un arcángel? ¿Es amiga o enemiga? Por proteger el Cielo puedo hasta entender que considerara sacrificar a los Winchester, después de todo ella no ama a ninguno de ellos como si hace Castiel. La verdad es que esos dos encuentros, Naomi/Dean, estuvieron muy buenos, y no sólo por la proverbial capacidad de Jensen Ackles de sacarle jugo a sus escenas con otros (con la mujer que tuvo el hijo de Prometeo si que no pudo), sino porque la otra es Amanda Tapping (me repito, si, pero es que la amo). La mujer fue cordial y encantadora, pero manipuladora, quién sabe qué secretos oculta realmente. No es fácil fiarse de ella. Y Dean no lo hace, detalle que no se debe olvidar.

   Ahora bien, Kevin. Es verdad que andaba frenético y no era extraño que alguien pensara que imaginaba cosas, pero Dean debió ser más receptivo, después de todo ellos mismos han sido atacados por enemigos que llegan a sus mentes. En la séptima temporada Sam era atormentado por Lucifer, en la cuarta Dean era llevado a la tierra de la nada por los ángeles. Suponer que el demonio no sabía su ubicación por los sellos contra demonios, es algo ingenuo. Hay una escena donde Crowley le reclama a alguien que no lo han encontrado, pues esa mujer tenía una pinta angelical. Y si era un ángel que trabaja con el rey del Infierno, por la razón que fuera, pudo saber dónde estaba el profeta por la misma razón que Naomi le encontró, no se cubrieron contra ángeles. ¿Se lo llevaron o escapó? Creo que escapó. Pero como sea, anda perdido. Imagino que lo hacen para subir la temperatura en el programa.

SAM AND DEAN

   Me gustó ver ese abrazo de reencuentro entre Dean y Sam, hizo falta en toda la temporada, ese que no se pudieron dar en el primer episodio porque Sam no le buscó.

BENNY AND DEAN

   Aunque, para disgusto de los fans más ortodoxos y talibánicos, debo decir que el abrazo con Benny tuvo más sentimientos. Me parecen tontas las razones que el programa utilizó para salir del vampiro, su no integración a este mundo. Ángel, el vampiro de la serie, hasta su agencia de detectives tenía, y él sólo aparecía de noche. Imagino que fue para finiquitar al tercero en discordia, que nos quedemos tranquilos o satisfechos; que, fuera de Castiel, nadie le arrebatara a Sam el interés de su hermano. Creo que el programa quiso terminar con ese peligroso experimento porque, aunque molestara a tanta gente, Dean le debía, esta temporada, más a Benny que a Sam. Sam todavía está probando que es merecedor. Y lo está haciendo bien.

   Ahora lo de los instintos…

   Sam confió en Ruby, Dean en Castiel. Sam le creyó al falso Adam de la cuarta temporada; Dean desconfío antes de verlo. Sam deseaba cortarle la cabeza a Benny, Dean le defendió a capa y espada (lo que tal vez influyó en la mala leche que Sam y sus fans le tenían). Benny terminó salvándole el culo en el Purgatorio y Sam concede que “tal vez” se equivocó con el vampiro. ¿Los instintos de quién son mejores? Lo de Benny, cuando Martin y Sam intentan matarle, parece más trágico a la luz de este capítulo, Dean siempre tuvo razón y nada habría ocurrido, la separación de ambos por la falsa llamada de Dean a nombre de Amelia, ni la muerte de Martin, si Sam hubiera confiado en su hermano mayor (lo sé, A, está Amy, pero sabes qué pienso, sus razones para matar, por justificadas que puedan parecer, me parecen irrelevantes si la víctima soy yo o alguien de los míos).

   Me gustó mucho el episodio aunque me supo a remate. Lo siento por Benny, no fue bueno que Dean llegara a confiar más en él que en Sam en un momento dado. El fandom no se lo perdonó. Ahora queda esperar por la tercera prueba… y por Cass. Me pregunto, ¿llegaran a luchar a brazo partido Dean y Naomi? ¿Le dará ella una paliza parecida a la que le dio Cass (las dos, en la quinta temporada también le golpeó)? ¿No sería genial cierto tipo de Deanomi? Bien, mañana termina el interludio, el jueves sabremos…

   Pero por ahora, ¿fue esta la última vez de Bobby? ¿A dónde fue John Winchester cuando escapó del Infierno en la segunda temporada? ¿Dónde está Mary que Ash no pudo ubicarla en el Cielo?

   Además, ¿están definitivamente muertos Meg, Alfie, Benny y el mismo Bobby? ¿Dónde están los leviatanes y los nazis nigromantes? ¿Y la amazona que le parió una hija a Dean? ¿Volveremos a encontrarnos con Muerte y Tessa? ¿Y el alfa vampiro?

   Queda tanto por ver.

DEAN ATRAPADO EN EL JUEGO

Julio César.

¿DESAFIO?

abril 23, 2013

IMPACTANTE

MACHO EN HILO DENTAL

   ¿Se estaría abriendo a lo nuevo?

   No sé si lo hace a propósito, pero siempre que terminamos de trabajar y nos cambiamos para salir, Germán se queda ligero de ropas. Unas que le quedan del carajo, y siempre, siempre, busca algo todo abierto… al alcance de mi mano derecha. Las cual me pica por tocar, recorrer y halar… para sacarle esa vaina del culo… Eso me digo aunque aún a mí me suena a disimulo. ¿Qué hago?

NEGOCIO REDONDITO…

Julio César.

SULFURO DE HIDROGENO

abril 23, 2013

EVO Y EL VENENO

SULFURO DE HIDROGENO Y LA MEDICINA

   Y mejor que la criogenia para los viajes espaciales…

   A veces ocurren innovaciones notables como los nuevos teléfonos inteligentes, que hacen de todo menos servir de teléfonos. Es llamativo, pero irrelevante… una ilusión como una fortuna en acciones de Facebook o Google, quimeras virtuales que en momentos de crisis no pueden ser comidas. Lo del sulfuro de hidrógeno si que es revolucionario aunque lleva tiempo en estudio. Aplicando este gas en animales se ha reducido sus signos vitales prácticamente a la nada, “suspendiéndoles” la vida, regresándoselas luego al aplicarles oxígeno. Es el viejo proceso de hibernación en algunos animales. Se espera experimentar en humanos, lograr una muerte aparente deteniendo el corazón, casi el cerebro y el envejecimiento celular. ¿Pueden creer tanta maravilla? Una persona infartada, con una bala en el corazón o una femoral perforada podrá ser “hibernada” en una ambulancia, deteniendo aún el sangrado, tratada médicamente y “vuelta a la vida” luego. ¡Cuantas vidas se salvarán!

ARRIBA LA SUB 17

Julio César.

DE MACHO A ESCLAVO… 21

abril 23, 2013

…ESCLAVO                         … 20

   El siguiente es un relato que cae dentro del género que llamo maldito, un sujeto va a una casa buscando algo y sale con otra. No es mío, es una traducción adaptación, por lo que le pido al escritor original, John <seekingurdick@ yahoo.com, si llega a enterarse de lo que hago, que no se moleste. Su relato es corto, directo y bueno, por eso lo cito. Disfruten de…

……

Asunto: El despertar de Joe

Fecha: Jueves, 22 de diciembre 2005 18:22:04 -0800 (PST)

De: John <seekingurdick@yahoo.com

TIO EN CUERO

   Orgulloso de sus perras…

……

   Es de noche, no sabe qué hora, pero ya la habitación está en penumbras cuando Joe despierta sin saber en un primer momento dónde está o que pasó. Cuando los recuerdos regresan, toma asiento bruscamente, sintiendo la molestia en su culo usado y llenado. Está a solas en la cama. Desnudo. Le parece recordar que al ir durmiéndose de puro agotamiento mental, pero sobre todo físico al ser tan usado y saciado, unas manos le atraparon los elásticos del hilo dental y lentamente lo retiraron de su cuerpo. Imagina que Owen… el hermanito menor de su mujer, recuerda con un sonrojo de vergüenza que ya no es tanta.

   Si, el muchacho la tomó, caliente y mojada, al verle caer de panza, todo sudado y machado de leche, creyendo que no había visión más puta que esa. Inconsciente apretó el puño sobre la breve tanga, casi llevándola a su rostro. Tenía planes para ella.

   Claro, nada de eso sabe Joe en esos momentos, ni tiempo para pensarlo tiene, no preocupando como está por Fiona. Pasada la calentura que le puso a tiro de pichón de su cuñadito, ahora recuerda a su mujer. A su esposa. La que le dejó. Dios, la había cagado. Y en grande. Ahora todo se sabría y… El teléfono le hace pegar un bote en la cama. Lo toma no reconociendo el número.

   -¡Perra! –oye como saludo y el estómago sufre un vuelco. Richard.- Necesito esta noche de tus habilidades especiales, ese culo tan goloso que tienes. Un chico cumple años y sus hermanos de fraternidad, tres de ellos, quieren darle como regalo una buena puta caliente…

   -No, yo no puedo, estoy…

   -¡Me importa una mierda lo que tengas! Ven aquí o… -lo deja así y Joe jadea mortalmente avergonzado, temeroso del castigo, pero también una parte de él respondiendo a la amenaza.

   -Mi… Mi esposa… -todavía intenta explicarse, hacerle entender por qué no podía abandonar su casa para ir a repartirle el culo a ese muchacho (o muchachos; lo teme y aguarda).

   -Mierda… ¿te pilló con un pepino metido en el culo? -oye la risa burlona y cruel.- Tranquilo, perra… eso puedo resolvértelo… pero si te presentas ya. De lo contrario…

…….

   No debería estar allí, se repite una y otra vez mientras atraviesa el oscuro pórtico de la casa en penumbras, anodina, discreta… imposible adivinar lo que ocurría tras sus muros. Debía estar buscando a Fiona, explicándose… aunque explicar qué. Ya se lo había confesado todo… mientras ella le azotaba el trasero y le metía dos dedos en el culo. Excitándole, se recuerda con vergüenza. La humillación, verse expuesto, ¿acaso eso le gustaba? Antes de que su cuñado, ese muchacho del demonio… traga en seco. No quiere pensar en eso. No en esos momentos. Era tan sólo otro problema que luego enfrentaría. Ahora, lo inmediato, aún que encontrar a su mujer (si es que todavía lo era) antes de que contara algo inconveniente, era aplacar a Richard. Sabe que desobedecerle, así fuera por segundos, le acarrearía un disgusto.

   La puerta está cerrada y traga. Sabe que le miran. Cierra los ojos y se despoja de la camisa algo ajustada, su torso lampiño y bronceado brilla bajo la tenue luz cuando los músculos se flexionan, los aros en sus tetillas aún más. Se quita las botas, sin calcetines, duda una fracción infinitesimal cuando abre y baja su jeans, temblando de vergüenza, no porque se esté sometiendo o desvistiendo en un porche ajeno, sino por el traidor ardor que calienta sus entrañas y medio para su verga. La excitación de la espera, de la degradación, la disciplina y uso que se hará de él le dibuja un buen bojote bajo la tanga leve que lleva, elástica, suave, acariciante, algo que también le estimula… como la tirita breve que se adhiere fuertemente a su culo, entre sus nalgas redondas. Deja todo en una cesta, se coloca el collar y espera. Nada ocurre. Cierra los ojos y cae de rodillas, la posición del sumiso, su corazón latiendo fuertemente.

   No le abren la puerta, pero un sonido a madera crujiente lleva su mirada a una pared cercana que conforma la ele del porche. Una trampilla se abre… una por donde sólo pasaría una persona (¡un hombre!) en cuatro patas. Es una puerta para perros. La humillación final. Tiembla cuando oye risitas lejanas, gente que aguarda su actuación (sus machos), y echa a andar sobre manos y rodillas, su cuerpo flexible y sexy cubierto únicamente por el collar y las tiritas rojas de un hilo dental que apenas cubría la entrada de su culo, sostenía sus bolas más abajo y casi no podía con el tolete duro. Entra empujando con la cabeza, oyendo más risitas y aplausos, y no puede ocultarse la oleada de excitación y algo de orgullo que le recorre. Lo estaba haciendo bien, Richard estaría contento. No puede ver nada, parece que entró en un canalillo a propósito y lo atraviesa a ciegas. Ve una luz al final… una que se cuela tras una rejilla como de jaula.

   Mira el cuarto de paredes sin friso, suelos de cemento crudo, espartana. Oye las risitas y palabras de aprobación sobre lo bien que se veía así. Le abren y sale en cuatro patas, Richard, muy severo aunque sin poder ocultar una voluminosa erección bajo su jeans desteñido, le mira feo, inclinándose y atándole la correa al collar, tirando de él, cerrándolo alrededor de su cuello. Joe traga con dificultad, un poquito más duro ahora.

   -Eres un perrita mala… -le oye decir, sosteniéndole por la correa con una mano, en la otra un diario doblado, golpeándole a continuación la cabeza.- ¡Perra mala! ¡Perra mala! -Joe jadea y se revuelve, no son dolorosos esos golpes pero son… extraños, como lo es escuchar las risas roncas y excitadas de esos sujetos que disfrutan de verle así, sometido, entregado, sumiso, mientras su dueño le disciplina. Como a una autentica perra.

   En verdad Joe no sabe si lo disfruta o no cuando ya Richard pasa a su lado y le azota las nalgas con el diario, y allí si que pican un poco, obligándole a contraerlas y gemir mordiéndose los labios. Y mientras le azota lentamente, alzando la mano y dejando caer el diario doblado contra sus turgentes nalgas, Richard le llama perrita mala en todo momento. El muchacho se revuelve, todo era tan irreal como esos cinco o seis sujetos que le rodean, todos sacando de sus pantalones sus vergas totalmente erectas, rojizas de ganas, goteando espesamente, como pidiendo ser mamadas y cada gota bebida. Y el joven abre los labios, tragando ansioso, deseando tener ya una en la boca. No puede engañarse, quiere mamar un güevo como no ha deseado otra cosa en su vida antes, no cuando echa el rostro hacia adelante casi atrapando una de las rojas cabezas de donde mana ese jugo que ya de imaginarlo sobre su lengua le tiene totalmente mal de calenturas. Pero le humillan. Aún más.

   Mientras Richard le azota, sonríe al verle tan desesperado por tragarse una verga cuando sólo días antes se creía todo un macho; de eso no queda nada, no cuando ve al joven cabecear de aquí para allá, rojo de vergüenza oyendo las risas burlonas, mientras esos sujetos acercan sus vergas, casi quemándole con su calor, llenándole las fosas nasales con sus olores, unos que le tienen goteando exageradamente su propia verga, para retirarlas justo cuando cree que ya las saborea. Jugaban con él. Acercan esas hermosas y duras trancas y luego las alejan de su boca. Casi grita de alivio y demanda, ronco, cuando una se frota de sus labios, untándolos; recogiendo eso con su lengua y abriendo mucho la boca, la recorre con la lengua pensando que nada sabe mejor. El líquido es fuerte sobre sus papilas gustativas y eso le encanta. Quiere tragarla pero el sujeto la deja sólo lo suficientemente cerca para rozarla con los rojos y húmedos labios y la lengua. Estremeciéndose todavía por los azotes a su trasero, algo que le estimula cada terminación nerviosa, gime por esa verga casi a su alcance… cuando un chorro caliente, oloroso y muy amarillo de orina estalla contra su boca abierta, nariz y rostro.

   Tose y se revuelve, el meo mojándole la nuca, pero el sujeto le atrapa, ahora metiéndosele, abriéndole mucho las mandíbulas, mientras se orina. Es un chorro abundante, mucho. Joe arruga la cara, tose, siente que se le viene por la nariz, quemándole, hasta que traga. Bebe y bebe de aquel interminable chorro de orina mientras se encoge cuando los otros lanzan también sus delgados e hirvientes contribuciones, mojándole el cabello, la nuca, hombros y espalda. Le estaban dando una bañada de meados calientes, la siente correr sobre su cuerpo, caer sobre sus nalgas, meterse entre ellas. Richard ya no le azota, le mea también apuntando a su culo apenas cubierto con el hilo dental, pero Joe la siente golpearle y sabe que la entrada traidora está titilando de expectativas. El joven se estremece otra vez, tragándose como puede esa orina que se descarga al salir un poco la verga, ahora directamente sobre su lengua, teniendo que saborearla. Bebe, tose y es bañado, y su verga sufre espasmos violentos deseando correrse ya. Ese tipo se retira y otra tranca ocupa su lugar, Joe la bebe ahora succionando.

   -No lo llenen de meado, que tiene que tragar bastante esperma más tarde. -les recuerda Richard.

   Si, ahora era toda una puta, piensa el muchacho porque esas palabras le suenan a gloria, todavía tragando los restos de la orina cuando la nueva verga abandona su boca… ladeándose y atrapando otro chorro, uno que mojaba su cabeza, bañándole de paso la frente y los ojos. Pica. Pero sabía tan bien…

…….

   Se había corrido. Sin tocarse. Manchándose la tanga casi traslucida por las orinadas, mostrando su verga todavía morcillona con el aro en la punta. Había alcanzado un brutal clímax siendo tratado tan denigrantemente. Lo sabe. Todavía su mente embotada, corazón agitado así como su respiración, le gritaba que había quedado satisfecho. Está débil, así que no es raro que no pueda ponerse de pie cuando se lo indican esos dos carajos enormes sin camisas, en ajustado pantalones de cuero negro y botas, uno de ellos negro como la noche, de cuerpo fornido como el de un culturista, y el otro más bajo pero más fornido, con aire latino. Estos le ponen de pie sobre sus tambaleantes piernas y le arrastran al final del cuarto donde hay un pequeño desagüe en el piso.

   Le dejan caer y tomando mangueras le bañan. El latino le retira la mojada y breve tanga, con brusquedad, y Joe se estremece por su rudeza. El chorro de agua vuelve, sin molestar mucho a decir verdad. El sujeto vuelve y le pone de pie otra vez, sosteniéndole con su cuerpo, con una esponja de baño en una mano, le asea frotándole el abdomen, el torso, elevándole los brazos, enjabonándole. Le vuelve y mete la esponja y la mano entre las nalgas, hurgando mientras lava. Y Joe cierra los ojos, frente y mejilla contra la pared y la boca abierta, sentirse tocado así, de manera brusca e impersonal, como quien lava un cerdo, le estaba calentando un poco. Y no lo entiende, todavía se resiste a la idea de que puede disfrutar el ser utilizado como una cosa. Un objeto sexual.

   Esos hombres le duchan a plenitud, le depilan y enjuagan otra vez. Con rostros pétreos, uno al frente, el otro atrás, con toallas en sus manos, le secan el cuerpo. Y Joe se excita en medio de las risas de los otros dos. Cierra los ojos para no verles y se pierde en las sensaciones.

   Le llevan al salón de la máquina bronceadora y le echan de espalda sobre la camilla. Un tío fibroso, delgado pero fuerte, de tetillas perforadas y pantalón muy ajustado, le unta aceites aromáticos por todo el cuerpo, con manos ardientes que le hacen estremecer. Ser tocado así, con dominio por todos sus músculos, era debilitante. El olor le marea, es delicioso y a un tiempo sedante, o tal vez serían las manos grandes, callosas y rudas del tipo recorriéndole de arriba abajo, masajeando sus bíceps, su torso, sus tetillas duras y sensibles, pellizcándolas para verle arquear la espalda con lujuria, su abdomen a cuadritos, así como sus muslos. Sabe que está duro y no quiere pensarlo, o recriminarse, cuando la mano le atrapa, suave a pesar de lo calloso gracias a los aceites, subiendo y bajando sobre su falo mientras la otra mano le soba las bolas. Joe gime, temblando y estremeciéndose, echando sus caderas hacia delante, subiendo y bajando, frotándose de ese puño que aprieta y masajea tan maravillosamente su verga. Quiere correrse otra vez. Lo necesita.

   -Date vuelta. –le ordena, soltándole.

   Con un jadeo de frustración y deseo insatisfecho, obedece. Pero sonríe, tiene que hacerlo, cuando escucha el suspiro de admiración del sujeto, sorprendido por su increíblemente sexy cuerpo, cosa que le llena de orgullo aunque intenta cerrar la mente a la idea de que es una de las perras más deseadas de La Casa. Se estremece otra vez cuando el aceite cae en su espalda, sobre sus muslos y nalgas. Las hábiles manos que lo esparcen, recorriéndole con firmeza, son una dulce tortura, sobre todo cuando se meten entre sus muslos, haciéndole cosquillas, y suben rozando y erizándole, imparables, abarcando su trasero que tiembla bajo ellas. Es una locura que casi no le sorprende ya cuando comprende que quiere que ese hombre, que separa en ese momento sus nalgas y con un pulgar frota la entrada de su culo, lo coja, sobre el mesón de la máquina, halándole los cabellos, llamándole perra, metiéndole una y otra vez la verga por el culo.

   La idea, la fantasía es tal que moja la superficie. El hombre sigue, lentamente, trabajándole las nalgas, tensándole y haciéndole esperar. Las manos van y vienen pero siempre regresan a sus nalgas, a esas dos redondas y duras masas de carne viril que sin embargo se contraen de lujuria bajo el toque del otro hombre. El tío soba, rudo y clavándole los dedos, los pulgares se meten en su raja y Joe ya no aguanta más, sube su culo, abre las piernas y el ojete le tiembla, invitándole a tomarlo. Casi le grita que le meta dos o tres dedos, que por favor se lo haga o se muere. Un dedo se enfila, frota y Joe casi se corre de anticipación.

   -Tan puta… -le susurra al oído, tendiéndose sobre él, ronco y bajito.- Tu culo realmente necesita ser atendido, ¿verdad?

   El pulgar frota y frota, y Joe quiere más, espera más, sube y baja sus nalgas, intentando clavárselo; sólo sabe aunque no quiere admitirlo en voz alta, que si, lo necesita. Nota como el sujeto se retira un tanto, el pulgar frotando circularmente sobre su entrada todavía, teniéndole al borde de la locura de las ganas de ser penetrado, soñando que el sujeto busca algo, tal vez un grueso vibrador, idea que le hace babear la boca y el güevo. Tiene que contenerse para no volverse, imaginando ya la roma punta del juguete sexual abriéndole, llenándole, frotando las paredes de su recto, dándole lo que tanto le urge. Cuando el tipo vuelve sobre él, un pañuelo rodea su nariz y boca. Y Joe se tensa por sólo un segundo, reconociendo el olor ácido del Popper y aspirándolo ahora de manera entusiasta, aunque no entiende, ¿para qué lo hacían? ¿No veían que estaba ardiendo de ganas de ser usado? ¿No sabían que su culo era un tembloroso, ardiente y mojado caldo? Sus mejillas enrojecen, sus ojos se dilatan y humedecen de lujuria, deseos y placer, todas esas sensaciones revueltas en su mente. Ese calor le domina y sube más su culo contra el dedo que no termina de metérsele.

   -Por favor… Por favor… -suplica, imposiblemente caliente como está.- Méteme tus dedos… -lloriquea. Dios, ¡le estaban torturando!

   -Sé que ardes, perra. Qué necesitas desesperadamente algo en tu culo, una lengua, un dedo… una buena verga de hombre. Algo que te llene y sacie tu deseo. Pronto lo tendrás y podrás verte realizado. Ese güevo en tus entrañas te hará sentir vivo, ¿lo sabes, verdad? Has nacido para eso, para recibir las duras atenciones de los machos. –comenta y soba, llevando nuevamente el pañuelo a su rostro y Joe casi se corre contra la mesa, aspirándolo desesperadamente.- Ni se te ocurra, ¿eh? No puedes correrte. No aún. -se retira, tomando una pequeña prenda de la mesa.- Póntelo. -luego cierra la cámara bronceadora.

   Encerrado dentro, caliente y duro, apenas cubierto con la pequeña tanga hilo dental que usa para mantener las líneas claras sobre su piel, Joe debe luchar por no tocarse, por no pellizcar duro sus tetillas, meter la mano y atrapar su verga… por no alzar un poco las caderas y clavarse uno o dos dedos en su culo que titila de ansiedad. Estaba frenético, la promesa hecha por ese sujeto de güevos que pronto le atenderían…

   Dios, ¿qué habían hecho con él?

……

   Tiembla, la garganta cerrada de nervios… y expectativas. Le costó meterse dentro del suspensorio blanco muy corto de talle por delante, que era unas dos tallas menores a los que usaría usualmente. Evita mirarse al espejo, pero sabe que lo abulta escandalosamente y el aro se presiona contra su glande. Le entregan un short blanco casi transparente, también corto sobre su pubis, llegando casi debajo de sus bolas, metiéndosele un poco entre las nalgas, demarcándolo todo. Le entregan una camiseta sin mangas, muy abierta a los costados y del cuello, que termina mucho antes de llegar a su ombligo. Todo complementado por unos botines blanco tipo tenis, sin calcetines. Le pintan rayas oscuras bajo los ojos. Traga y se mira finalmente al espejo, era la viva imagen de un futbolista calentorro de fantasías homo eróticas, el chico que se viste para excitar marineros en una calleja o atletas en las duchas. Se ve soberbio, él mismo lo reconoce con un rubor de vergüenza, sus tetillas erectas, una fuera de la camiseta, su miembro también crece. Ya desea…

   -Te ves bien. -le dice Richard, aprobándole, y Joe reconoce en su mirada el deseo, así como en los otros dos tíos que poco antes le cargaron y ducharon. Todos le deseaban y eso le llena de un orgullo intenso e insano.- Tomate esto, has lo que te digan y… diviértete. -le ofrece un trago.

   -No quiero…

   -¡Tómalo y ve! -le corta, luego sonríe.- Y no quieras engañarme haciéndote el estrecho… ¿acaso no sientes como va calentándose y mojándose tu coño sabiendo lo que te espera, palpitando en espera de machos? -con una ruda mano le acaricia las nalgas, entrando un poco entre ellas, cosquilleándole con las puntas de los dedos, y Joe gime contenido, tomando con mano temblorosa el vaso corto que huele antes, whisky, y lo traga. Eso le hará bien.- Ve, perra… Y déjalos secos.

…….

   Para cuando entra en el estrecho cuarto con dos sofás, una cama grande y baja, con un poste para bailes y cuatro chicos que le esperan impacientes y tomando cervezas, Joe sabe (y debió sospecharlo antes), que el whisky venía aliñado con algo. Se siente muy conciente de sí mismo, muy despierto, la sangre corre con fuerza por sus venas y su piel se eriza de la nada. Quiere… tocarse. Si. Eso. Recorrerse con sus manos comenzando por el abdomen y subir; la sola idea casi le hace gemir. Al entrar y encontrar a los chicos, todos escandalosamente jóvenes, poco más de los veinte, fornidos a pesar de ello, en jeans ajustados, camisetas azules y chaquetas de la universidad local, jadea inconcientemente. No como ellos que aplauden y ríen escandalosos cuando le ven aparecer, palmeándole la espalda a un chico negro (seguramente el cumpleañero), que parece algo avergonzado de estar allí, aunque también él recorre la figura alta, musculosa, viril y poderosa de Joe, enfundado en aquellas pequeñas y ajustadas prendas.

   Los chicos gritan a coro “baila, baila, perra, baila”. Y se oyen unos acordes casi de porno, y tragando de nervios, nunca antes enfrentado a esa situación, Joe intenta dejarse ir, alzando los brazos como si boxeara, meneando sus caderas, sonriendo para sus adentros al ver como le siguen con ojos fijos y lujuriosos. Esos muchachos quieren. Le desean. Y él quiere, se dice desesperado por ese calor que recorre por su cuerpo, la verga morcillona dentro de sus ropas. Se agarra del tubo y comienza a posar, a girar sus nalgas dándoles la espalda, volviéndose luego y pegando el culo del tubo, empujando hacia atrás y de arriba abajo; sentir el frío metal metiéndose entre sus nalgas, le marea. Su verga ya está más dura y le lastima contra el pequeño suspensorio.

   -Amigo, eres toda una puta. Como en los videos. -dice un pecoso pelirrojo, Kevin, viviéndose hacia un chuico de cabellos muy negros y ojos verdes.- Te lo dije, no actuaba. Es una perra caliente que goza de los hombres.

   -En verdad. -acepta el chico, Alan, y a Joe esas palabras le alcanzan de manera estimulante.- Eres una vergüenza para los hombres, amigo. -se burla.

   -No es un hombre, es una perra. -interviene un fornido chico rubio, Marc.- Ven acá, perra, déjanos oler tu dulce coño.

   Joe bailotea hacia ellos, metiéndose entre los dos sofás; cuando Marc levanta una mano cayendo contra su abdomen, recorriéndoselo, gime ronco.

   -Está caliente como el infierno. -se maravilla Marc.- Te gusta, ¿verdad, puta? Menear tu culo sabiendo que nos excitas.

   -No tiene culo, amigo, ya lo dijiste… es un coño, uno caliente que se le moja soñando con las vergas de los machos, ¿verdad, perra? -pregunta Kevin, tocándole también, un muslo, con las dos manos. El chico de ojos verdes, Alan, le soba el otro. Joe sólo jadea, meneándose poquito, totalmente erizado al ser tocado por los tres jóvenes.- ¡Contesta, perra! -demanda el chico halándole por un brazo y obligándole a caer entre las piernas.

   Joe sabe lo que viene y cierra los ojos, conteniendo el aliento… sonriendo levemente. La primera nalgada es ruda, mucho. Kevin tiene una mano enorme, y le pica y arde, obligándole a tensarse, con el culo mojándosele en verdad por segundos. Una nueva nalgada le hace apretar los dientes y su culo titila. La otra y otra le hace gemir leve, una parte dolor, una mayor de puro placer. Cada azote va a su verga como un corrientazo, estimulándole, obligándole a alzar el culo buscando más. Su trasero redondo gira, sube y baja, y gime cuando oye las risas de los otros. Alza la cabeza arqueando la espalda cuando Alan le nalguea una y Kevin la otra, luego todos se turnan y le azotan entre dos a un tiempo sobre las piernas de Kevin, su tolete increíblemente duro frotándose contra el muslo del muchacho.

   Cuando el pequeño short, ya hace rato casi metido dentro de sus glúteos, baja halado por la mano del pelirrojo, todos contienen el aliento ante las turgentes, musculosas, depiladas, suaves y enrojecidas nalgas (por las palmadas). El contraste de lo blanco del suspensorio con su piel canela, unido a lo claro del hilo dental es tan llamativo que cada uno de esos muchachos siente una contracción en sus vergas. Parte curiosidad, la otra el frenesí triple de azotar a ese sujeto que se comporta así (todo el que nalguea a otro hombre, sobre todo si le toma de sorpresa, y termina viéndole gemir de placer entregado, lo entiende), así como el cazar en grupo.

   También estaba lo otro…

   Ahora Joe pasa de regazo en regazo, siendo nalgueando y sobado, pellizcado y recorrido su trasero por esas manos ansiosas. Los dedos van y vienen sobre su raja, juegan con su entrada, y Joe teme morirse de calentura. Quiere, quiere mucho, su culito intenta echarse hacia atrás buscando los dedos, pero no le dejan. Vuelve al regazo del pelirrojo, quien nalguea y soba, sin ocultar una enorme mancha de humedad que su verga está dejando bajo el jeans.

   -¿Quieres que te abramos ese culo con nuestras vergas, perra? -pregunta y azota, sonriendo, y Joe gime, sin importarle nada ya, que si, escuchando sus risas.- Lo tienes tan mojado, imaginártelo te moja todo el coño, ¿verdad? -y le mete un dedo ante las miradas fascinadas de sus amigos. El largo y grueso dedo rojizo del pecoso chico entra y entra, suave, como si penetrara mantequilla caliente. Joe lo siente abriéndole al fin, sobándole, al fin. Algo rozaba sus entrañas al fin, y cuando la punta choca de su próstata, tal vez por pura suerte, se abre obscenamente de piernas mientras cierra salvajemente el culo sobre el dedo.- Mierda, ¡cómo aprieta y se estremece por dentro! -es la maravillada respuesta del muchacho.

   Tal vez sea por edad o calentura, pero Kevin ya no aguanta más. Aunque excitados, ninguno de los otros ha hecho ningún movimiento. Él si, es el jugador estrella del equipo de futbol y debe dar el ejemplo, sobre todo si planea desarrollar su otro plan. Se pone de pie obligando a Joe a quedar de rodillas sobre el sofá, sus nalgas enrojecidas a la vista, con las ritas del suspensorio y lo claro del bronceado, el short un poco más abajo. Todos, incluido Joe, notan su verga abultando escandalosamente bajo su jeans, casi alzando la tela. Todos, excepto Joe y posiblemente el chico negro, Johnny, dejan de mirarle rápidamente. Pero habían visto también.

   -¿Quieres güevo, puta caliente? Aquí tienes una… -se jacta el enorme atleta universitario.

   Y ocurre algo significativo, Joe, tragando en seco, abre mucho los ojos cuando la ve salir del pantalón abierto y del boxer, rojiza, larga, gruesa y nervuda, la cabecita amoratada y manando agua. Llamativa y hermosa, y él tan caliente y necesitado. Se vuelve hacia ella e intenta atraparla con su boca. Todos ríen escandalizados por la verga afuera y por el comportamiento de la perra, pero el pelirrojo, riendo algo cruel, la aparta de su alcance.

   -Quieta, puta. Quiero tu coño. Voy a llenar tu coño con mi verga y te haré gritar de placer, a lo mejor hasta lloras de gusto; me vas a pedir que te lo reviente. Te lo cogeré una y otra vez y luego te lo llenaré con mi leche, millones de mis espermatozoides nadando dentro de ti, y te dejaré bien preñada. -anuncia, sucio y erótico, aunque no mira a Joe en ese momento, algo que a todos escapa, menos el receptor de la misma.- ¿No crees que una buena verga como esta es lo que toda perra necesita, Johnny? -le pregunta al chico negro, agitándola un poco con su mano. Como ofreciéndosela.

   El joven moreno le mira agitado, algo temeroso. Joe no lo sabe, pero más de una perra iba a manifestarse esa noche a manos de unos muchachos bastante malditos… Tres chicos blancos, protestantes y de buenas cunas han decidido que necesitan en los dormitorios del campus universitario una dulce y sumisa putita negra.

CONTINÚA … 22

Julio César.

NOTA: Bueno, amigos, aquí está la entrada. Al relato no le queda mucho. ¿La próxima entrega? Bien, ya veremos…

ZEUS RODRÍGUEZ, OTRO VENEZOLANO AL PORNO…

abril 22, 2013

ALEX MARTE, PAQUETE COMPLETO

ZEUS RODRIGUEZ SEXY

   Y de este tampoco sabía nada, ¿cómo es posible?

ZEUS RODRIGUEZ HOT

   Sabrán que cuando entro al sistema para subir una entrada, hay una sección que me indica bajo qué términos de búsqueda la gente, o alguien así sea por accidente, llegó al blog. Uno de ellos era este nombre, Zeus Rodríguez XXX. El domingo pasado, disponiéndome a salir a sufragar, compré un diario nacional pero que enfoca especialmente los sucesos de mi estado natal, Miranda, LA VOZ. En la parte de farándula llevada por Diego Kapeki, encontré la noticia del muchachón, ¡Y con esa foto de arriba! Aparentemente el chico daba el salto de las pasarelas, como modelo, al porno. Y de entrada a uno le cabe preguntarse qué habrá pensado su papá. No lo digo por prejuicio, no yo, sino por la reacción de la gente. Seguramente debió poner buena cara con las bromas de los amigos, familiares y conocidos.

ZEUS, EL GOGO PAPI

   Resumiendo el artículo, a Zeus Rodríguez, quien apenas tiene veintidós añitos, y quien siempre tuvo claro que deseaba destacar en el medio artístico, le fue ofrecida la oportunidad de entrar al mundo fílmico de las películas para adultos, una propuesta que estudió bien, y aceptó. Le iba bien como modelo, pero (sostiene la nota), por su físico, “dotes”, la facilidad para el baile erótico (es uno de esos gogo dancer) y manejar la sensualidad de manera natural, sobre todo en ferias como “Expo Sexo 2012″ (eventos a los que aún no he ido en imperdonable descuido), esa puerta se le abrió.

   Zeus está a punto de comenzar las grabaciones de su primera cinta, de la cual aclara será de sexo heterosexual (suena tan ingenuo, como queriendo dejarlo muy en claro para que “no le vean mal”), aquí en Venezuela, luego irá a Holanda y República Dominicana. Bien por él. Tiene la pinta para destacar, ojalá tenga sentido común y se cuide, no sólo de enfermedades y drogas, sino de todos esos problemas que actualmente atacan la industria porno. Fue deprimente encontrar algunas noticias sobre el mundo de actores y actrices porno ahora que buscaba sobre él (repito, no sabía quién era); a las depresiones y demencias, drogas y SIDA, ahora se suman las muertes por esteroides dentro de ese mundo. Esperemos que se cuide, que brille y lo disfrute.

NOCHES DE BABYLON

   Poco más encontré sobre él, así que lo dejo así, pero… él aclara mucho lo de la heterosexualidad en “su trabajo”, pero no sé, ese baile de a montones no parece muy hétero, ¿verdad? Por cierto, ¿hay un BABYLON en Venezuela?

LOS CUARENTA DE JUSTIN BIEBER

Julio César.

HOMBRES CONTANDOSE FANTASIAS

abril 22, 2013

CEBADO

DESEANDO COMER

   Le mira preocupado, todavía saboreándolo…

   -Soldado, yo… no sé qué me pasó que se la chupé, pero quiero que sepa que no soy ningún marica. Sigo siendo el mismo, su oficial superior, todo un hombre, casado y con hijos, y espero que su amigo.

   -No digas maricadas, Teniente. ¿Qué superior ni que “todo un hombre” si estabas delirando y gimiendo mientras me la atrapabas toda con la boca? ¿Un amigo? No tengo amigos como tú, eres tan sólo un mamagüevo. Vamos, sigue, puta. -y halándole por la nuca le clava la tranca en la boca, sintiéndola recorrida por la lengua caliente, viéndole bizquear de gusto, oyéndole gemir de lujuria.- Esto es lo que te gusta, ¿verdad, perra? Eso, si, cómetela así, succiónala bien, ordéñala y te daré mi leche caliente… -le gruñe autoritario.

   El teniente quiere resistirse pero la ruda mano de su subordinado le retiene de una manera firme que le controla, por no hablar del duro tolete que le golpea la cara mojándosela, o de lo bien que sabe sobre su lengua cuando tiembla y suelta sus jugos. Nunca creyó que… Se habían sentado a tomar unas copas al salir de la base, hablaron de béisbol, mujeres y sexo; riendo intercambiaron picantes historias de sus vidas y de las fantasías que tenían para con sus nenas, muy cerca ambos, él con labios rojos húmedos y ojos empañados por el trago. Fue cuando el soldado dijo:

   -¿Sabe qué me gustaría hacer en este momento, Teniente, y de pensarlo ya lo tengo duro y mojándome el muslo? -casi le rió en la cara.- Llevarle al sanitario, ponerle de rodillas y llenarle la boca con mi güevo caliente y tieso… -soltó a boca de jarro.- Quiero verle tragarlo con ganas, gimiendo por cada pedazo, chupando cada lado, succionando todos mis jugos; verle la cara roja y los ojos idos mientras piensa que no hay nada mejor en este mundo que comérmela. Me gustaría tenerle desnudo, chupándomela mientras le meto dos dedos por el culo y me los aprieta con su entrada que los hala. Y que cuando se los meta me la trague más. Me correría en su boca y usted casi llegaría también de puro placer tragándose toda mi leche caliente… -se le acercó más.- ¿Sabe, Teniente?, creo que le gustaría saborearla y tragarla. Creo que si lo intento le convertiría en adicto a la esperma. Pero, y después de que me agradezca por tomarse mi corrida, llorando un poco de felicidad y gratitud, quiero llenar luego su culo mientras me grita “así, señor, déme duro, señor, métamela toda, señor”, y su culo también terminaría amando los güevos y sus jugos… -le mira a los ojos, labios casi tocándose.- Esa es mi fantasía, Teniente, verle entregado, sumiso y saciado por mi verga, y usted todo realizado como la puta caliente que sospecho que es.

   El teniente no supo qué responder, el corazón latiéndole como la verga, y así terminó allí, esperando la primera lechada…

TRATO

Julio César.

APUROS EN EVOLUCIÓN

abril 21, 2013

GENTE QUE SE PICA

SE LE NOTAN LAS GANAS

   -¡Dejen de mirarme, coño!

   Si antes cuando sólo le observaban al cambiarse en los vestuarios era incómodo, sobre todo cuando esas miradas comenzaron a tener como peso y tacto, metiéndosele dentro del calzón y “tocándoselo”, cuando comenzó a ponérsele dura fue peor. Aunque ahora era la muerte porque la tela se le mojaba y transparentaba ante todas esas bocas que parecían querer comerle. Pero como todos eran heterosexuales…

EL FESTEJO

Julio César.

HANNIBAL, QUEDAMOS CON HAMBRE…

abril 21, 2013

EVO Y EL VENENO

HANNIBAL

   ¿A cuántos de ellos devorará?

   Si el inicio de The Following fue bueno, Hannibal le superó. La serie sobre el atormentado policía que capta más de lo normal (empatía extrema, entrando en mentes oscuras), así como su jefe, Jack Crawford, el mismo que adiestra a Jodi Foster en El Silencio de los Inocentes (aunque no el mismo actor), el caso sórdido de un amor enfermo donde un hombre devora a su amada, todo ello unido al diabólico doctor Lecter fue sensacional. Realmente increíble. Fue todo lo que esperé y más. Los personajes estuvieron muy bien delineados, al principio Hannibal se veía algo deslucido, pero cuando este monstruo despliega su maldad y astucia para conseguir un fin, llegar al atormentado policía, sólo queda quitarse el sombrero. Ah, las cosas que hizo el hijo de perra ese… Y ya quiero ver más. Aunque me niego a buscar en la Web, eso sólo lo hago con Supernatural, cuesta esperar. Si la serie se conserva así será la sensación de la temporada, una que ya cuenta con The Following y Jo.

SULFURO DE HIDROGENO

Julio César.

PECADILLOS DE VACACIONES

abril 21, 2013

UN CHICO QUERIDO

INVITACION ABIERTA

   Tal vez fuera por el chapoteo contra su entrada…

   Su mujer duerme, las niñas también, ahora se toma un tiempo para él. Mira al sujeto que se acerca para darse un chapuzón de media tarde en la solitaria piscina, nota su sorpresa, como sus ojos van a sus nalgas que se agitan arriba abajo sobre las aguas… Sonríe más, el tipo se arroja y antes de que pueda decirle nada, dos dedos ya se desplazan, tocando, recorriendo y metiéndose…

   El tipo entiende lo que quiere. Y se lo dará. ¿Quién dejaría pasar la oportunidad? ¿Y qué mejor para un día domingo?

JUEGOS Y CONFIANZA

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… 104

abril 21, 2013

LUCHAS INTERNAS                         … 103

DORMIDO Y CALIENTE

   ¿Cómo descansar sabiendo que estaba allí, justo al lado?

……

   Contraviniendo a Frank, Nicolás volvió a la plaza esa tarde, habló con la gente, reconociendo a uno o dos. Quería distraerse, olvidar, no pensar siempre en lo mismo. En lo que se descuidaba pensaba sólo en Frank, alto y guapo, sonriéndole duro, en sus ojos azulados, en su boca cruel y maldita, y que sin embargo besaba tan bien. Admitir eso le produce un estremecimiento incómodo y el corazón le palpitaba con violencia. Le gustaban sus besos, estar entre sus brazos fuertes y sentirlo cálido, rudo, exigente y viril, y hasta… sentir su tolete erecto. Cuando chocaban sus miembros… Niega con la cabeza. Y mientras aplaude a alguien que habla desde la tarima, siente una vergüenza horrible al admitir así, para él mismo, que era un marica total. Y eso no era algo agradable.

   Poco después regresa a su barriada, aunque sin muchos ánimos. Encerrarse en su cuarto no le llamaba la atención. Pero debía hacerlo. Ya no podía reunirse con la gente de la pensión, jugar dominó o hablar, porque siempre adivinaba una chispa maliciosa en sus miradas. Todos le preguntaban por ‘su amiguito’, de una forma desagradable, que lo alteraba. Que vida tan mierda, se deprime cuando el autobús lo deja en La Pastora. Camina lentamente, recordando inconscientemente que no es bueno ir por ahí tan a la ligera, había malandros en todas partes, y Policapital jamás se veía, mientras La Metro estaba desarmada para que no pudieran enfrentar a la pila de mal vivientes del oficialismo. Y ya unos malandros se habían enamorado de él una vez, recuerda tocándose el costado.

   Cuando entra en la barriada oye un griterío y ve a mucha gente que corre de un lado a otro, fuera de sirenas y demás. Apresurándose, corre como los otros y siente un vacío feo en el estómago. La puerta de la pensión está abierta de par en par y de allí salían policías, bomberos y gente. También algo de humo; el tufo de la materia quemada, y mojada, se dejaba sentir fortísimo. ¡Un incendio en la pensión! Una de las inquilina sale llorosa, cargando unas bolsas que escurren agua.

   -¿Qué pasó, Marta? -le grita el joven. Ella sólo jadea.

   -Hubo un incendio. Se quemó media pensión. Yo creo que en tu cuarto se quemó todo. Es horrible… -jadea mal.- Nos mandaron a salir a todos. Creo que doña Carmencita está en un buen lío con la policía.

   El joven la mira alejarse, aturdido, sintiéndose mecido por un ventarrón. ¿Un incendio? ¿En la pensión? ¡Y un güevo! Eso no podía ser accidental o casual. ¿Sería ese coño de su madre?, ruge su mente febril. ¿Sería esto cosa de Franklin Caracciolo, El Señor de la Mierda? Por alguna razón, el joven estaba convencido de eso, que Frank lo hizo para dejarlo en la calle, en la intemperie. A su merced, como si fuera una campesinita venida del interior a la que quisiera llevar a su cama. Sintió rabia. Mucha rabia contra ese hombre hermoso y arrogante que creía poder manipular a todos a su antojo.

   Sintió que… ¡le odiaba!

                              …………………

                                     – 7 -

   Poco antes de ese anochecer que cambiaría tantas cosas para tanta gente, Pedro Correa, de jeans y chaqueta marrón (algo que de lejos parecía cuero y que de cerca, aunque apesta como tal, no lo era), se pasea por el bulevar de Sabana Grande. Pasea su juventud, su atractivo, sus ganas de ver y de dejarse ver. Sus ganas de vivir y sentir, y la gente lo notaba. No busca nada premeditado, sólo camina por allí, viendo tiendas, disco tiendas, puestos de revistas y cosas así. Es un caminar lento al final de un día cálido y seco. Incómodo. Sabana Grande ya no es un elegante y grato paseo por sus empedrados; los buhoneros, esa fauna de tarantines de gente sin trabajo (en muchos casos sin ganas de buscarlo o de encontrar algo más o mejor, sólo de eso que daba plata inmediata para vestir ruidosamente la marginalidad del cuerpo y la mente), lo afeaba todo. Hay ruido, basura, desaseo; niños que no iban a la escuela metidos en un corralito o corriendo de aquí para allá. Lejos había quedado el esplendor de otras épocas, que antes pacieron malas y que ahora se añoraban. El aire de ruina, de miseria, de atraso que traía el Proceso, lo invadía todo, como un tufo a podrido, o a mierda.

   El joven lo mira todo sin verlo realmente. Ya es difícil imaginar otra época, otro mundo, sin invasiones, sin gente gritona y agresiva, sin tanta mendicidad. Era el acostumbrarse a la pérdida de valores hasta hace poco fuertes. Siente un vago malestar, una inconformidad que no sabe explicarse, y en la cual tampoco profundiza mucho. Lejos también estaban los días de la gente que analizaba, comparaba y pensaba claramente; lo importante ahora era verse remendado como carrito recién pitando. Había banalidad, estupidez. Superficialidad, aún en las clases profesionales, en los universitarios o los mentecatos que se hacían llamar, pomposamente, intelectuales de izquierda.

   Mientras se mete por aquí y por allá, de Chacaito, desde el centro comercial, a Sabana Grande, el joven repara, al descuido, en algo con el rabillo del ojo. Alguien le sigue. Al principio no lo notó, era como una sombra acompañando sus pasos; pero en verdad, desde hacía rato, alguien venía tras él. Eso le inquieta. No temía ser confundido con un joven millonario y ser secuestrado, pero ahora habían muchos rateritos muertos de hambre que por un reloj de fantasía le daban un tiro a cualquiera: los herederos del Proceso. Tomando aire, después de cruzar una calleja, se detiene y se vuelve con brusquedad y determinación dispuesto a enfrentar a su asechador, con el valor de todo carajo joven que confía poder con lo que sea.

   Frente a él se detiene un tipo en una enorme y potente motocicleta. El hombre lleva unas lustrosas botas negras, de las buenas, su pantalón y chaqueta son de cuero, también negras, con un parche de piel marrón en su entrepierna. Las manos sobre los manubrios van enguantados, pero dejando ver los dedos a nivel de las falanges. El sujeto usa unos lentes rojizos, chicos, y lleva la cabeza cubierta con una especie de pañoleta con colores que recuerdan la bandera norteamericana. Se ve joven, musculoso y atractivo, con un bigote claro y una barba en candado que le dan un aire bohemio, de motociclista aventurero, siendo muy llamativo. Hay algo en él que le resulta vagamente familiar al chico que va de peatón.

   -¿Nos conocemos? -le pregunta finalmente el joven. El otro sonríe, quitándose los lentes.

   -Claro, como que un día tuviste mi güevo en tu boca en la parte trasera de una limosina. -sonríe divertido, y Pedro lo reconoce. Es el tipo (Renzo no recuerda qué), al que un día de lluvia la novia cacheteó mientras él los regresaba de una fiesta, y terminó dándole una buena mamada en su enorme tolete.

   -Eh… hola -replica algo cortado, enrojeciendo. Recordar que le mamó no era introducción feliz para ninguna charla.

   -Te vi hace rato y no pude creerlo. Qué suerte.

   -¿De veras? ¿Por qué? –le desconcierta y el tipo sonríe, viéndose realmente atractivo, piensa Pedro con un leve escalofrío en la espalda: vaya papito bello.

   -Quiero culo… el tuyo. -le dice lentamente, agitando la lengua, mórbido.

   -Epa. -sonríe todo cortado viendo al rededor. Mira la moto.- Bonita máquina.

   -¿Sabes de motocicletas?

   -Desde los siete años. -el tipo sonríe más y se echa hacia atrás como dejándole espacio, sobando el asiento de cuero, invitador.

   -¿Por qué no subes y la pruebas?

   El joven le observa fijamente, mirándole los muslos enfundado en el cuero, así como el entrepierna. Se veía increíblemente caliente, así como el asiento. Joder, no tenía planeado nada mejor que hacer, y mandando todo mentalmente al coño, se monta, cuidando de no golpear al otro que sonríe muy satisfecho, a punto de coronar una inquietud y un extraño deseo que tiene hace tiempo. Mientras Pedro sube, le mira el trasero dentro del jeans que se tensa sobre las nalgas, y levemente le da una sobada. Algo ligero y rápido, están en la calle, pero que estremece al dúo.

   Algo jadeante, pero conteniéndose (no había que parecer muy deseoso, no era de niños bien criados), Pedro acomoda el culo en el asiento, o lo intenta, ya que queda semimontado sobre la pelvis del otro, que se pega fuertemente a él. Ese calor, esa fuerza y virilidad tras él, marean al joven. Renzo siente el rico punto caliente que forman sus cuerpos allí, en el caderas-nalgas.

   Intentando controlarse, Pedro enciende la moto y da un leve frenazo, como intentando calibrar la potencia de la máquina y la vaina que siente tras él, ese tipo pegándole las caderas firmemente. Parten lentamente, mientras las manos enguantadas de Renzo caen con fuerza sobre sus caderas, apretando con los dedos, sosteniéndose, provocándole escalofríos al otro. El carajo se tiende sobre Pedro, pegando su tórax a él y le medio grita al oído el hacia dónde deben ir. Los dos hombres forman una pareja llamativa, vital y sensual.

   Se detienen frente a un semáforo, y el carajo se encima un poco más sobre Pedro, mientras su mano derecha le soba la cadera, acariciante, subiéndole al muslo, sonriendo ante los temblores de deseos del otro. Un carro está parado junto a ellos, al frente van una joven y un muchacho discutiendo, atrás va otro chico, tal vez de dieciocho o diecinueve años, que mira, con cierta sorpresa escandalizada, a la pareja en la moto. Le gusta ver a carajos jóvenes y guapos, y esos lo eran, pero nota además la mano del parrillero sobando el muslo del compañero, subiendo a su entrepierna y acariciándole sobre el jeans. Eso lo excita tanto como estimula al mismo Pedro. Los mira alejarse y siente una leve punzada de pena y frustración. Le encantaría ver a esos dos en acción, porque sabe que van a tirar. Y él no, lo que siempre era una pena, de todas las cosas que se podían hacer en este mundo, esa era una de las mejores.

   El apartamento era amplio, de techos altos, bien pintado, pero casi totalmente vacío, con unos pocos muebles aquí y allá. El cuarto muestra una pared casi totalmente tipo ventanal, sin cortinas, con una leve iluminación de lámparas de esquinas. Pedro lo mira todo, sintiéndose algo inquieto y excitado; tras él, Renzo le estudia, sonriendo levemente, tocándolo en un hombro, apretándoselo cálida y mórbidamente. Pedro se vuelve, respondiendo, y él otro lo atrae hacia sí, atrapándolo por la chaqueta, y halándole. Los cuerpos jóvenes chocan y sus bocas se buscan frenéticamente. Son tantos los ímpetus que casi no se consiguen.

   Sus bocas finalmente se unen y sus lenguas entablan rápidamente un combate de lamidas y chupadas. Pedro jadea, rodeándole los hombros con sus brazos y su lengua entra decidida en esa boca viril con cierto olor a cigarrillo. Lame su lengua, bebe su saliva. Los brazos del otro le rodea la cintura, estrechándolo contra sí, con su fuerza de hombre. Ese jamón de machos frotándose, uniendo sus bocas hambrientas en un beso mordelón es un espectáculo caliente y excitante, los finos labios rodeados de cañones rasurados de barbas se abren y cierran, los hilillos de saliva se ven, las succiones se oyen… Y todo es visto por alguien desde el edificio de enfrente. Rubén Liborio, un cuarentón de rostro cuadrado, rígido y severo, sentado tras su escritorio, revisa unas carpetas de costos y producción de su textilera, algo exasperado, la mirada ardiéndole cuando la alza, para separarla de los números, y queda mirando hacia su propia ventana como buscando alivio. Es cuando ve a los dos carajos abrazados, frotándose uno contra el otro, besándose. Y le parece algo horrible, ¿cómo podían dos hombres hacer esa cochinada? ¡Malditos maricones!, se dice con asco, pensando en llamar a la policía.

   Aún entre los brazos del joven, Pedro, dándole leves besos lengüeteados, que el otro aprovecha para halarle la lengua con sus dientes, le abre la chaqueta a Renzo. No lleva nada debajo. Mira ese tórax amplio, musculoso y lampiño. Sus pectorales están firmemente cincelados. Su abdomen se ve rizado de músculos. Las manos suben ansiosas hacia esas tetillas erectas, apretándolas, sobándolo todo, recorriéndole el pecho y la panza con las palmas abiertas. Y Renzo traga con la boca abierta, ese roce firme sobre su cuerpo le eriza, los dedos del otro hombre sobre sus tetillas las ponen imposiblemente duras.

   Inclinándose un poco, la boca ansiosa de Pedro cae sobre una de esas tetillas, atrapándola y chupándola como un necesitado lactante. Cerrando los ojos su boca mama sobre ella, sintiéndola tibia y dura, haciendo gemir al otro que le monta las manos en la nuca, apretándolo contra su pezón. Renzo no puede creerlo, claro que le han tocado antes en las tetillas, pero cuando los dientes del otro le muerden suave y la lengua azota, sabe que nunca había sentido algo tan intenso. Seguramente era por eso, por la idea de otro carajo haciéndoselo.

   Liborio los mira impactado, quiere apartar la mirada pero no puede, sintiendo como su güevo le hormiguea y crece caliente entre sus piernas de una forma poderosa, escandalosa y sorprendente. ¿Cómo podía excitarlo eso?, se pregunta con la garganta seca, sin perder un detalle de lo que pasa en ese apartamento semivacío. A pesar de la edad aún no está claro consigo mismo, hombre que ve sexo, sobre todo a escondidas, no puede dejar de mirar. Su mano, emergiendo de la manga del saco, cae sobre la tranca que se le dibuja bajo el pantalón de franela gris. Casi luchando contra sí mismo, se la aprieta, encontrándola caliente y rica. La barra palpita con fuerza y ganas bajo el contacto.

   Pedro mira a ese carajo encontrándolo bonito, con sus lentes, su ropa de cuero, su barba en candado, y baja, arrodillándose y adorándolo, mientras sus manos grandes le soban los pectorales, el abdomen y las caderas fuera del pantalón. Desde allí lo ve grande y viril. La mirada del joven chofer está atrapada sobre la lustrosa tela, con la tranca que abulta detrás, grande. La atrapa con su mano con una mueca libidinosa, y ese apretón hace gruñir al otro, que lo mira fascinado. El botón y el cierre ceden lentamente; abierto ese triángulo, la brillante y lustrosa tanga negra muestra un tolete que se alza como el mástil de un barco. Excitado, Pedro lo aprieta a lo largo, sobándolo sobre la suave tela.

   El joven sonríe, sintiéndolo delicioso, como lo era siempre cuando otro sujeto era quien agarraba, por lo que cierra los ojos y eleva el rostro. El güevo, conocido ya, largo y grueso, emerge. Pedro saca su roja lengua y aletea sobre la sedosa y brillante cabezota. Renzo jadea, su tolete se estremece. Esa boca se abre al máximo y con un ahogado ‘uggg’, los labios de Pedro se curvan sobre el falo, tragándolo lentamente, sintiéndolo caliente, duro, largo y muy grueso, por lo que tiene que forzarse para cubrirlo. Su boca joven, entusiasta y trabajadora lo va engullendo. Lo siente salino y palpitante. Cerrando los ojos lo deja allí, muy metido dentro de su garganta, casi ahogándolo, temblando ante las poderosas oleadas que le recorren cuando la gran vena palpita sobre su lengua pegada a la cara inferior, algo que todo chico como él, que ha descubierto el gusto por los güevos, ha aprendido a amar.

   Lo siente palpitar y crecer aún más dentro de su boca, que ahora se retira unos centímetros dejando ver la tranca gruesa y cruzada de venas, ensalivada. Vuelve a tragarla, bajando más y más, hasta que su nariz, metida dentro de ese pantalón, pega de su pelvis, rozándose de los pelos púbicos. Y allí se queda, aspirando esa primera bocanada del olor más secreto del hombre, uno que se disipara mientras más mame. Su boca ahora sube y baja con lentas pero profundas mamadas, las mejillas llenas. Chupa y aprieta dentro de ella cada centímetro de esa barra caliente, de carne erecta con la que los hombres joden. Ese güevo lo nutre, lo calienta, lo excita; siente que crece más, ardiéndole en la garganta, cuando se desliza rasante sobre su lengua y golpeando sus amígdalas.

   Gruñe con lujuria al mamar la enorme tranca con ganas, chupándola y dejándola mojada de saliva caliente, una que mana espesa cuando la saca de su boca en busca de aire. Pero pronto vuelve, la verga en su boca era algo demasiado bueno como para desperdiciarlo. Quiere su sabor, su leche agria y salina; quiere tragarse todo el néctar de ese macho joven y atractivo que jadea ante él. La boca de Pedro baja sobre el erecto falo, tragándolo centímetro a centímetro, curvando sus labios, tensando las comisuras, detallándose la fina pelambre de un bigotillo rasurado y a Renzo le parece que nunca ha visto nada más sucio y caliente. Su cara se retira y vuelve a caer, frenéticamente, mamándolo con voracidad. Cuando una manota del joven cae tras su nuca, empujándolo contra el tolete mientras mece sus caderas, embistiéndolo, la tranca queda aplastada contra la mejilla izquierda del chico, abultando escandalosamente, ¿cómo esa pieza tan grande podía caber en esa boca? ¡Misterio! Eran las cosas, ricas, del sexo.

   Pero ninguno de los dos está como para reflexiones filosóficas; Pedro saca la tranca de su boca nuevamente, es todo un espectáculo ver como la rojiza y nervuda tranca va quedando libre y mojada, y con gruñidos salvajes frota su cara de ella, sintiéndola dura y caliente, sobándole las mejillas, labios y nariz. La pieza, mojada y brillante le ensaliva la cara. La roja cara inferior de la lengua del chofer se estaciona sobre el ojete del güevo y comienza a azotarlo rápidamente con vigorosos lengüetazos que hacen chillar al otro. Mientras esa lengua sube y baja, gotas espesas de jugos pre-eyaculares salen de allí, extendiéndose como hilos de telaraña. Hilillos que recoge con su voraz lengua, saboreándolos antes de tragarlos.

   Gimiendo, Pedro va parándose, lamiéndole en forma ruda y voraz, ensalivándolo, el abdomen y el tórax, mordisqueando de una a otra tetilla, mientras sus manos aferran y acarician sus costados. La boca del joven cae sobre el mentón del otro mordiéndolo, cosa que hace sonreír y gemir a Renzo. Se miran excitados y con un hábil empujón, Pedro lo arroja de espaldas sobre la cama. El tipo cae, sonriente, semirreclinado, apoyándose en los codos, mirándole. Pedro se quita la camisa y el pantalón, quedándose con unas medias gruesas de paño blanco, una camiseta de aberturas tipo mallita, que no le oculta los pezones marrones y erectos, así como un suspensorio rojo, que lo cubría bien adelante, pero dejaba al descubiertos sus nalgas firmes y lampiñas color canela clara.

   -Ven a mamar, becerro. Gózalo todo. -le gruñe el tipo, agarrándose el tolete con una mano y agitándolo invitador.

   Pedro sube a la cama, apoyándose en rodillas y codos, hundiendo su cara en ese entrepiernas, rodeándole la rígida barra con la boca, sintiéndola dura, salina y caliente. La traga con frenesí, le encanta mamar y hacerlo en ese momento le provoca un brusco latido de emoción el culo, uno que ya tenía aguado y caliente. La cubre totalmente con su boca, tragándola toda con leves ‘aggg’, pegando sus labios del pubis del otro otra vez, resollando fuerte, sabiendo ya que a los chicos les encanta que se las coman así y le suelten el resuello contra la cadera. Su rostro sube y baja frenético, mamándolo con deseo, quiere sentirlo tapando su garganta, palpitándole, creciéndole; quiere sentirlo sobre su lengua, quemándole, degustando las gotas enloquecedoras que de allí salían. Quiere sentir las fuertes manos de su amante, aferrándole por la nuca, obligándole a empalarse por la boca, cogiéndole la cara.

   El otro tipo gime, suspirando y cayendo casi desmayado sobre la cama. Las manos de Pedro parten atrapándole las tetillas, las aprieta y retuerce suavemente, y disfruta oyéndolo jadear, casi saltando en la cama. Ríos de saliva manan de su boca mojando el ansiado falo que come con sus ojos cerrados; quiere sus jugos, quiere tomarse toda su leche, jugo de hombre que lo enloquecía tanto.

   Desde el edifico de enfrente, Liborio los mira fascinado, extrañamente atraído. Siente como el güevo le palpita dolorosamente dentro del pantalón del traje y tiene que abrirse el cierre y maniobrar con cuidado para sacarlo, ¡así de erecto y duro estaba! El tipo jadea como avergonzado después de sacarlo. Mirando la cabeza de Pedro que sube y baja golosa sobre la rojiza barra, siente como su güevo palpita y se estremece con sabrosos y exigentes espasmos, casi deseando ser él el mamado así. La tranca bambolea en el aire y babea un poco. Con un gruñido de rabia, se la agarra. Apretársela le produce deliciosos corrientazos de placer. No quiere pensar en lo que ve, ni en que lo excita; sólo quiere sentir eso. Su mano sube y baja, masturbándose, sabiendo que está tan caliente que no tardará mucho en correrse.

   Pedro sigue becerreando a ese atractivo macho que ahora sube y baja sus caderas, cogiéndolo rudamente por la boca; sin imaginar que dentro de muy poco será testigo de excepción del ataque que sufrirá Eric Roche cuando busquen asesinarlo en un lugar público.

……

   Siempre se ha dicho (con cierto aire fatalista de quien se deja vencer al final ante los embates de la vida) qué lo que ha de ser, será. Mirando el cielo oscuro por la noche que ya cae, por el pasillo de la pensión hasta donde hacía media hora vivía, Nicolás piensa que está cagado de pato, ¡todo le salía mal!

   El pasillo está lleno de agua de los bomberos, así como de humo y rastros de quemado en las paredes. Mucha gente va de aquí para allá, mientras Policapital detiene a uno que otro con pintas extrañas, aunque Nicolás sabe que Carmencita jamás alojaba delincuentes, chulos, putas o traficantes bajo su techo. Era una mujer dura, pero honesta. Embotado como está ante la magnitud de la tragedia ¡un incendio allí que lo dejó sin techo!, mira como la dueña de la pensión discute ferozmente con la policía, quienes quieren acusarla de todo lo habido y por haber, desde alojar personas de dudosa procedencia, hasta negligencia en el cableado y cosas así. La situación pintaba mal para ella. La pobre mujer no había tenido tiempo ni de llorar por sus muebles, su casa, sus perolitos y su dinero, todo quemado.

   -Nicolás, ¿estás bien? -oye tras él una voz potente, preocupada. Como un autómata se vuelve y se topa con un Frank Caracciolo alarmadísimo, como sí creyera que él iba en el Titanic y le sorprendiera ahora encontrárselo vivo.

   En forma maquinal, sin pensarlo, o tal vez cediendo a algo más fuerte que él mismo, el abogado va a su lado tomándole por los hombros, mirándole como quien ve a un muchacho que cruzó imprudentemente una calle provocando un choque aparatoso entre varios carros, para ver si estaba completo. Y lo abraza, como para asegurarse de que está bien. Era algo que iba siendo más fuerte que Frank, la necesidad de… acunar y proteger contra todo peligro (y de todos), al muchacho. Algunas personas, intrigadas, los miran. Pero Nicolás está muy serio, muy callado y metiendo sus manos entre ellos, lo aleja un poco.

   -¿Tú provocaste esto? -lo mira con todo el recelo y sospechas del mundo. Y hay algo tan duro, tan tajante en esa mirada acerada y amarillenta, que el abogado se inquieta.

   -¡¿Qué?! ¿De qué diablos…?

   -¿Mandaste a quemar la pensión? –le corta, rudo pero en tono bajo para no ser escuchado más allá.

   -¡Claro que no! No todo lo malo que pasa en este mundo, lo ocasionamos Luis Heredia, Carlos Arturo Téllez o yo. Estaba en mi apartamento cuando vi la noticia por Global. Me… asusté por ti. -confiesa enrojeciendo de vergüenza ante esa debilidad, mirándolo intensamente.- No soy un monstruo, ratita. Me asusté por ti y vine, eso es todo. ¡Te lo juro por mi madre! –grita cuando nota que no es creído.

   -Esto fue… Mierda, es demasiada casualidad que…

   -No fui yo. –le mira con intensidad.

   Nicolás duda, duda mucho, pero en el fondo, siente un gran alivio, como un peso terrible se aleja y una calidad sensación de paz le domina. Quiere creerlo inocente de esto, y a fin de cuentas, ¿para qué iba a quemar la pensión? Quiere creerlo buena gente; y saber que se preocupó por él, el ‘me asusté por ti’, lo llena de una extraña alegría, de unas ganas de sonreír estúpidamente, y hasta de tocarlo allí mismo, que lo asustan. No entiende que le cree porque desea creerle.

   -Todas mis cosas se quemaron, Frank. Desde la cama, hasta el escaparate, con los trajes de papá. -dice con voz queda, ronca, intentando sonar tranquilo, sereno y viril; pero un nota llorona vibra en ella.- Hasta los discos compactos que… me regalaste, y… -le sonríe en forma mecánica.- Coño, deseaba escucharlos y ahora…

   ¡Cuanto le dolían sus porquerías quemadas! La televisión que compró con su primer sueldo real. Los libros de Contabilidad y Cálculo de cuando comenzó la universidad. Los trajes de su padre. La poca ropa que reunió hasta ahora. Los discos. Sabía que eran tonterías, basura para alguien como Frank, pero para él eran cosas muy importante. Eran sus cosas, maldita sea. Y por ello entendía el dolor de Carmencita. Su perdida fue mayor. Tal vez algo de todo eso se reflejara en su cara, en el aire infeliz, de abandono, de derrota y frustración, porque muy serio, sintiéndose dolido por él, embargado de una poderosa emoción, Frank eleva una de sus manotas a la delgada mejilla derecha, y su pulgar le soba suavemente el pómulo. Pero no era una caricia casual de un tipo a otro por solidaridad viril, había algo poderoso en ello, y Frank lo sentía y Nicolás lo sabía; y dos bomberos que pasaban por ahí, pelaron los ojos, mirándose uno al otro, como presintiéndolos: par de maricas.

   Pero ni Frank ni Nicolás le paran a eso, sólo ese contacto tibio tiene significado para ellos ahora, así como sus miradas atrapadas. Sobre todo para el que más ha perdido esa noche. Frank, por su parte, siente unos deseos horribles y poderosos de abrazarlo otra vez, de estrecharlo contra sí, protegiéndolo. Y besarlo. Aplastar su boca contra la de él se volvía una necesidad imperiosa, desesperante.

   -No puedes quedarte aquí esta noche. -gruñe ronco, Frank, terminando el contacto antes de perder el control.- ¿Tienes a dónde ir? -Nicolás se muerde el labio inferior, atormentado.

   -No. No tengo a donde llegar. Tengo familia pero… -sonríe con amargura.- …Preferirían una invasión de ratas rabiosas que mi visita. -lo mira intensamente; debatiéndose entre pedirle plata para otra pensión o dejar que sea él quien lo ofrezca, aunque las dos alternativas lo hacían sentirse horriblemente mal.- Necesito encontrar un lugar que sea barato. Muy barato. -y Frank asiente.

   -Creo que conozco un buen sitio. Muy barato, ya verás. -y sonríe en forma alarmante.- Vamos…

   -Pero… -duda, no sabe si lo que Frank entiende por barato se igual para él.

   -Vamos, ya, ratita, se hace tarde, necesitas una ducha, cenar y descansar. –le mira a los ojos, entre autoritario y algo suplicante, voz cálida, conjurando imágenes que emocionan al joven.

   Nicolás quiere sentarse, detenerse, pensar en su vida turbulenta, lamentar sus perdidas. Y dormir. No ha dicho nada pero ya Frank, sonrisa en labios, ha comprendido, le atrapa por un brazo y le guía con mano firme fuera de la pensión rumbo a su auto.

   Y aún antes de detenerse frente a la imponente fachada del conjunto residencial, Nicolás sospechó para dónde lo llevaba Frank después de varias vueltas y alejarse de La Pastora rumbo al Este. ¡Pensaba llevarlo a su apartamento! El joven, con el corazón doliéndole de lo rápido que latía en su pecho, le miró desde el asiento del copiloto.

   -No puedo quedarme aquí, Frank. -suena ronco y nervioso. Mucho.

   -No temas, no vas a incomodarme. El apartamento cuenta con cinco habitaciones.

   -¡No voy a quedarme aquí! -grazna agudo, aclarándole que ese no era el punto. Frank lo mira fijamente, algo molesto.

   -¿Qué tienes? ¿Miedo? No voy a saltar como un tigre sobre ti para comerte. No voy a violarte como si fueras una colegiala estúpida que acompaña a un hombre a un monte solitario, o a su casa. -es rudo.- Por Dios, ¿por qué tienes tan mala opinión de mí? No soy un monstruo, no quiero hacerte daño. Nunca podría lastimarte, al contrario. Quiero que estés bien. –le mira a los ojos y los rueda.- Bien, no te lastimaría ahora… Deja de estar tan a la defensiva, de esperar mierda de mí. Quiero ayudarte.

   Nicolás enrojece de vergüenza, sintiéndose realmente necio; aunque de saber las ganas locas que el otro tenía de darle un bofetón y caerle encima allí mismo, no lo habría pensado más y hubiera echado a correr.

   -Entonces… -Frank abre su puerta y sale, asomándose.- ¿Vienes?

   Sintiendo que cometía una estupidez, una realmente grande, Nicolás asiente, sale del carro y lo sigue por el bien iluminado estacionamiento, el cual es recorrido por dos tipos altos y fornidos en uniforme. Van a una pared interna y entran en un ascensor. Ah, qué bien vivía el que tenía real, piensa Nicolás, entrando y encontrándose con otro vigilante, quien en forma maquinal lo mira de arriba abajo. Catalogándolo y descartando que sea un terrorista o un delincuente común; pero el joven siente que el tipo lo juzga cuando mira su jeans, su franela, y luego observa a Frank, quien parece ni notarlo, viviendo en un mundo distante y aparte como vivía, donde los vigilantes no contaban. Nicolás sentía que ese carajo se preguntaba cosas. Fue un alivio salir del ascensor a un alfombrado y pulcro pasillo.

   El joven queda con la boca abierta ante el espacio enorme de la sala. Mira los sillones, los cuadros, las paredes circulares, el arco que da al pasillo, las lámparas, los libreros, el estéreo, el enorme aparato de televisión, así como el DVD. Frank, con la espalda apoyada en la puerta, lo mira, sonriendo. Quiere que Nicolás lo vea todo, que lo apruebe, que se sienta abrumado ante todo eso. Ante todo lo que él, Frank, va a poner a sus pies. Y ese pensamiento de sumisión, de entrega a lo que siente, le estremece, incomodándolo y emocionándolo a un tiempo. Con voz ruda le muestra el balcón, la cocina, el baño de visitas cercano a la sala, el comedor, aunque él prefería la pequeña mesa para dos cerca del balcón.

   -¿Qué te parece? -pregunta ronco. Nicolás lo mira, con ojos asombrados.

   -¿Cómo puede alguien vivir así? Todo es tan… hermoso. -Frank le mira la boca cuando el joven se la humedece con la lengua, quiere…

   -Con dinero. -explica simple, la filosofía de su vida.- Ven. -y lo toma por una mano, sorprendiéndolo y sorprendiéndose él mismo, pero sin importarle, y van a las escaleras.- Arriba están los dormitorios. El mío es enorme… Y mi cama es sùper cómoda…

CONTINUARÁ … 105

Julio César.


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