EL PEPAZO… 9

septiembre 25, 2016

EL PEPAZO                         … 8

De K.

bronceado-y-sexy

   -¿Se te antoja?

……

   -Hummm… -se le escapa al mover el dedo adentro y afuera de su redondo anillo, la frente pegada a las baldosas. ¿Cómo le contaría a su cuñado, por muy urólogo que sea, que sintió eso tan raro en un gimnasio? Algo que le horrorizaba y asqueaba pero que lo excitó.- Ahhh… -deja salir, diciéndose que no podía contar esa parte. Pero si lo del supositorio, ¿verdad? Después de todo creyó que era algo medicinal. Con cara roja imagina lo que todos dirían si lo supieran.. Oh, Dios. –exclama casi ronroneando, el dedo, bien metido en su culo, lo flexiona rascando con él su interior.

   Pero debía buscar ayuda, una cosa era que algo se le fuera por el culo y otra no conseguir una erección delante de una mujer abierta que le decía métela aquí. Separa las piernas montando un pie sobre el murito de la cortina de baño, abriendo las nalgas redondas, sacándose el dedo y acompañándolo, acariciándose ese esfínter hinchado con la punta de dos, frotándolo, el capullo abriéndosele dejando entrar ambos, cerrándose hambrientamente sobre ellos, las paredes del recto atrapándolos, chupándolos, halándolos.

   -Hummm… -frente arrugada, mejillas rojas y boca muy abierta, comienza un saca y mete de su culo impresionante. Cada pasada, cada roce le robaba fuerzas. Pero se congela, parpadeando, la cara bañada con mil gotitas de agua.

   ¿Qué estaba haciendo? ¡Se estaba metiendo los dedos por el culo! Horrorizado intenta sacarlos, pero retirarlos le produce tal oleada salvaje de lujuria y excitación que no puede contener otro gemido, uno sorprendido pero también maravillado. No, detente, se gritaba, pero vuelve a clavarlos, agitando las puntas, sintiéndolo otra vez, tal carga de adrenalina que le parecía que su corazón estallaría. Alza el rostro y grita de lujuria, toda su piel erizada y excitada al sacar y meter sus dedos. El tolete le abulta, se le llena, se para en toda su grandeza, goteante.

   No quiere pensar, no puede cuestionarse, no ahora que su culo, que meterle los dedos estaba provocándole tal calentura y placer, algo nunca antes experimentado. Sin detenerse saca y mete sus dedos apoyando ahora media cara de la baldosa, ojos cerrados, sus nalgas alzadas y echándose muy atrás. Lo siente, con la punta de los dedos cree notar algo, una cosita, una pepa, e imagina que es el supositorio, y lo sigue, quiere atraparlo, y para hacerlo clava profundamente esos dedos, el puño contra sus nalgas, agitándolos de manera activa, lo que provoca nuevas oleadas de placer.

   Joder, no alcanza, para eso necesitaría los dedos de Linares, su socio de trabajo, el tipo grande de dedos enormes. Sus dedos si llegarían si se los metiera, si estuviera allí, a su lado, con su traje y corbata, con una sonrisa sardónica en los labios, sacándole y metiéndole dos de sus dedos largos y negros, de nudillos gruesos. Esos dedos irían y vendrían, adentro y afuera, mientras le decía que lo tenía rico, que su culo era capaz de secarle el güevos y…

   -Ohhh… -se corre abundantemente otra vez, el chorro pegando de las baldosas, quedando mareado y débil de tanto placer alcanzado. Sacándose los dedos, jadeando, cara contra la pared, deja que el agua lo bañe y le limpie. No quiere pensar en lo ocurrido, porque era terrible… y porque había sido un intenso y maravilloso orgasmo. Cosas que no podía compaginar.

   Sale, se seca, se coloca otro bóxer ajustado y sexy, llegando a la cocina. Tiene hambre, mucha. Fríe carne, calienta puré de papás, también pan y bebe mucho jugo. Todo le sabe delicioso, siente un hambre canina. Cae frente a la computadora, su culo dándole un aviso, busca y nada de Fuckuyama. Va al porno, tiene mucha… pero ni le interesa ni se excita. Y no se arriesga a buscar… otras cosas.

   Va a su cama e intenta escapar de sus ideas, de su vida. Algo no estaba bien, lo sabe. Se rasca las bolas, se soba el güevo y nada, aunque lo presentía. Todo giraba, al parecer, alrededor de su culo. La mirada cae casualmente, o eso quiere creer, sobre su mesita de noche. La respiración se le espesa, el pecho recio y joven sube y baja con esfuerzo. Traga en seco y desvía los ojos. No puede mantenerse, regresa la vista a la mesita. A su largo desodorante de bolita, con su forma cilíndrica y su punta de goma enroscada, roma. Lo mira y mira, fascinado, erizado, sintiendo una intensa, desesperante y demandante piquiña en su culo. Le pica de una manera intensa, bárbara. Cierra los ojos pero en su mente ve el desodorante y el picor se incrementa. Casi maldiciéndose mete una mano dentro del bóxer, pasando sobre su tolete y bolas, acariciándose la peluda raja y pliegues que van a su culo; lo rosa, protuberante, titilante. Siente como los labios del esfínter se estremecen, y aún más al roce, abriéndose en boquita.

   Temblando de miedo, de verdadero pavor, sabe lo que quiere. Que lo estimule, que le meta el dedo. No, no, intenta resistirse, pero el dedo se entierra, dos de las falanges, y un volcán erupciona en su cerebro. Grita ahogado y ronco cuando luces blancas estallan frente a sus ojos. Siente tal calambrazo de lujuria que arquea la espalda y la separa de la cama. Mete y saca el dedo, pero no es suficiente. Ya no, mete dos, dos de sus dedos se introducen en sus entrañas, y aunque es un poco mejor, tampoco era la respuesta. Casi pateando sale del bóxer y toma el bote de desodorante, rabioso por lo que hace, pero incapaz de contenerse. Apoya los pies en la cama, con una mano se hala bolas y güevo y pega la roma aunque biselada tapa blanca de su culo. Sabe que lo que haces es una locura, es entrar en otro terreno, uno del que nunca ha sentido ganas de saber. Ni quería. Roza la tapa contra la raja, de su esfínter, y este parece alargar los labios para atraparla.

   Tiembla al comprender… su culo quería ser consolado.

CONTINÚA…

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 10

septiembre 25, 2016

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 9

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JENSEN ACKLES BEAUTIFUL

   -¿Me quieres a mí?

   Nada más terminar de decirlo se llena de incertidumbres. Porque no sabe si Jensen reaccionará como espera… Y porque de verdad lo siente, lo desea; vino a hacer las paces, a disculparse, algo que nunca expresa verbalmente aunque lo demuestra, con un abrazo generalmente. Pero con el rubio no quiere malos entendidos. No nuevos malos entendidos. Debía moverse con cuidado, sin embargo le cuesta concentrarse, todavía no recupera el aliento. Jensen se ve…

   El otro hombre lleva una franela azul oscura, no muy larga, un jeans desteñido y viejo, cómodo, que bajaba bastante en su cintura. Está descalzo, y el hermoso cabello en cepillo. El pecoso rostro, también mostrando sorpresa, presenta un leve rastrojo color castaño rojizo. Parecía molesto al abrir, ¿acaso con él? No lo cree, no cuando le ve sorprenderse al encontrarle.

   -¿Vienes a disculparte? ¿Qué, entonces si actuaste mal? –le ve agitarse un tanto, cruzando los brazos sobre el pecho, mirada petulante, y algo le duele al castaño, con aquel gesto le parecía que el rubio quería cubrirse, protegerse de una agresión particularmente dolorosa.

   -Jensen… -susurra suavemente, y en el nombre expresaba todo lo que deseaba ser disculpado y perdonado.

   El rubio se muerde el labio inferior, ignorando, piensa el otro, el efecto que tal cosa debía tener sobre mucha gente. Dios, era tan atractivo… para ser hombre. Le ve volver la mirada hacía dentro del piso. ¿Estaría con alguien? Una desagradable sensación lo recorre. ¿Y por qué, o con quién estaba tan molesto cuando abrió si no le esperaba?

   -Pasa, no quiero que discutamos en la puerta. –le dice, echándose a un lado.- Y voy a grietarte mucho.

   -¿Seguro que puedo pasar? –le cuesta contener la sonrisa, no quiere parecer muy contento o aliviado, Jensen podría no verlo bien. ¡Y claro que entraría!

   -Entra ya, no me fio de los vecinos. –casi mastica entre dientes.

   Aunque le invita, algo reacio, Jensen no sabía si quería que entrara. El día había sido largo, extraño e insatisfactorio, y buena parte de la culpa de ello la tenía ese hombre castaño, alto y guapo. Mierda, si, le había sorprendido Jared en su puerta, seguro como estaba de que este no volvería a hablarle. Y no sólo estaba allí para disculparse, lo que era una sorpresa, (¿cómo sabía de su dirección?), lo realmente extraño fue abrir la puerta y encontrarle. Con su jeans oscuro, una franela de las buenas, mangas largas, el cabello sin gel, la hermosa sonrisa de niño que pide le perdonen el haberse comido todo el tarro de galletas. Con razón salía con tantas mujeres, no puede dejar de pensar con malestar. Una vez que cierra la puerta, tenso por lo incómodo, se vuelve y no le sorprende encontrarle mirando todo. El apartamento es prácticamente una sola gran habitación, y lo de “gran” era una generosa y alegre exageración. Cuenta con un sofá y un viejo sillón, frente a una vieja televisión que sintonizaba un juego de los Dodge, una cocina con una mesa para cuatro, con sólo dos sillas y la cama en una esquina, todo dividido por muros empotrados levantados por algún inquilino anterior. El lugar está limpio pero algo desarreglado. Comenzando por la cama revuelta. Hay gran cantidad de cajas apiladas, muchas de ellas con imágenes de utensilios de cocina. Tragando en seco, sabe que el otro estudia, cataloga y seguramente reprueba. Bien, no todos podían alquilar un Penthouse, ¿no?

   -Pintoresco vecindario. –le oye mientras mira un cuadro feo, parece una acuarela de infante de escuela.

   -Es una manera de decirlo. –suelta el aire.- ¿Cómo sabes mi…? -¿quiere saberlo realmente? Todo era tan curioso. El otro eleva su móvil.

   -Hay aplicaciones para todo, aún para conseguir una ficha en Recursos Humanos. Interesante lugar. –es el comentario contenido del castaño, la sonrisa bailando en el tono y los labios cuando le mira.

   -Vete al carajo, Jared Padalecki. –es la respuesta automática, y frunce el ceño por mostrarse tan sensible a lo feo e inconveniente de la pieza. Lo que le descontrola es la sonrisa amplia del otro.

   -Por fin una respuesta honesta de Jensen Ackles. –se vuelve, encarándole, manos en los bolsillos del pantalón, tan incómodo como el rubio, pero con mejor disposición, el otro continua con los brazos cruzados y ahora entrecierra los ojos.

   -¿Honestidad, Padalecki? –reta.- ¿Quieres honestidad?

   -Me gustaría. –la réplica es suave, pero inflexible. Sabe que el pecoso tiene que hablar. Le ve tensarse y alzar la barbilla, desafiante (y magnifico).

   -¿Se puede saber qué coño te pasaba esta tarde? –ruge, no colérico, más bien parece frustrado y confuso.- Sé que… -une sus palmas como en oración y las lleva al rostro.- Lo sé, tardé demasiado tiempo en escuchar a tu hermana planear una fiesta, pero no podía interrumpirla, Jared; Megan no me dejaba hacerlo. Tenía mil ideas y… Bueno, tú la conoces mejor, ¡es tu hermana! –suena duro.- Una hermana a la que me ordenaste escuchar y ayudar. –le recuerda.- Y no… -desvía la mirada, tenso, rígido.

   -Honestidad, Jensen. –las palabras casi parecen una bofetada para el rubio, quien le mira con el rostro rojo, los ojos brillante de ira o dolor.

   -¿De verdad piensas que intentaba “seducir” a tu hermanita para ver si resolvía mi vida? –escupe, encomillando la palabrea, viéndose lastimado.- Entiendo que estuvieras celoso… -las palabras tensan al castaño.- …Es tu hermana, y siempre nos ponemos sobreprotectores con ellas, pero de allí a imaginar que soy un canalla capaz de metérmele por los ojos para llegar al dinero Padalecki… -va perdiendo empuje; Dios, todo sonaba tan idiota, ¿cómo podía Jared creer eso?, era la parte que le alteraba tanto.- ¿Es lo que piensas de mí? ¿Que soy una especie de vividor, material para gigoló? –le clava los ojos, desconcertado, herido.- ¿Piensas que le haría algo así precisamente a tu hermana? –reclama saber, pareciéndole muy importante.

   Por un segundo Jared parpadea. ¿Era eso lo que Jensen imaginaba, que estaba celoso de verle rondando a su hermana, que le creía prácticamente un delincuente? Casi sonríe por lo absurdo de la idea, una que le hace enrojecer ligeramente. El rubio no podía estar más equivocado, pero sólo esa idea, esa aceptación íntima, una de la que nunca hablaría, le asustaba… e intrigaba. Lo otro que entiende, y logra que la sonrisa aflore aunque Jensen entrecierre más sus hermosos ojos al notarlo, es saber que toda esa molestia en el otro procedía de lo que pudiera pensar de él.

   -Por Dios, Jensen, no es eso.

   -¡Lo es! –alza la voz señalándole con un dedo.- Te vi, Jared, te escuché. Sentí la intensidad de tu… desaprobación, de tu rabia. Me encontraste hablando con Megan y me condenaste; y casi lo entiendo, en serio. No nos conocemos en realidad, una vez, en un tiempo, por un periodo muy corto, nos tratamos, pero nunca fui tu amigo, nadie a quien realmente conocieras. Y aunque me tendiste la mano generosamente, supongo que el bienestar de tu hermana es primero, pero aún así, que me creas un aventurero desalmado que… -se atropella con las palabras, enrojeciendo, viéndose increíblemente herido.

   -¡No es eso! –enfatiza, temiendo que el resentimiento del otro sea mayor de lo que esperaba.

   -Si lo es. Me creíste… -ruge perdiendo el control. Había pasado horas increíblemente desagradables desde que le viera en el restorán, malhumorado, molesto, reclamándole. Jared había sido muy claro en sus ideas; desaprobándole, le había hecho sentir casi sucio.- Las cosas que dijiste las expresaste con toda la intensión de que te entendiera. Querías… -le cuesta, pero lo dirá.- …Querías ofender, lastimar, hacerme sentir mal y lo lograste. Eres muy bueno en eso, te lo reconozco. Lo que no entiendo es por qué. ¿Qué hice a tus ojos para merecer ese trato? ¿Coqueteaba en verdad con ella, deseaba imponérmele? ¿Acaso fui…?

   -No eres tú, ¿okay? no hiciste nada, el idiota fui yo. –le corta, no quiere escuchar nada más.- Lo siento, Jensen, de verdad. No quise hacerte sentir mal, yo… -pero era parte del problema. Oh, sí, claro que quiso herirle en esos momentos. Era su mecanismo de defensa. Algo le alteró, molestó y asustó cuando vio a Megan coqueteándole, y quiso que el otro experimentara también ese malestar. Era cruel, egoísta, lo sabía, pero era como era.

   -Jared, vi en tus ojos el enojo, y era conmigo. Por tu hermana. Te lo repito, lo entiendo, también soy sobreprotector a veces con la mía, y…

   -Oh, por Dios, tan sólo cállate y deja de decir tonterías, no estaba molesto contigo, lo estaba conmigo y cuando estoy así soy una perra, como dice Chad. –exclama exasperado, abriendo sus brazos.- Por cuestiones totalmente personales te hice víctima de mi enojo, ¿acaso no has notado eso de mí en dos días? –repara en cómo el otro se molesta, alzando la barbilla desafiante.

   -Oh, vaya, tú sí que tienes valor. Vienes a mi apartamento a gritarme que me calle cuando…

   No pensaba hacerlo, aunque en verdad lo deseaba a algún nivel primitivo donde no alcanzaba el análisis. El castaño da dos pasos, acaba con la distancia entre ambos y le abraza con fuerza, al estilo oso, un brazo alrededor de sus hombros y el otro por un costado. El rostro perplejo del rubio queda prácticamente encajado a su hombro. Y siente como este se congela, tomado por sorpresa, y aunque lo que deseaba era el contacto físico sorpresivo para silenciarle y hacerse escuchar, la verdad es que pierde el hilo. ¡Qué bien se sentía tener a Jensen así!, era cómodo, fácil, natural. Excitante de alguna manera. El cuerpo del pecoso parecía encajar con el suyo de una manera que tocaba puntos muy interesantes. Era como la primera vez que una chica le dejó tenerla así, desnudos ambos. La revelación le hace estremecerse.

   -No quiero discutir más, el día se me volvió un infierno sabiendo que estabas molesto conmigo, por mi culpa, no sabiendo cómo retractarme. –le dice, suave, ladeando un tanto el rostro, sin soltarle, buscando una de las orejas del pecoso. Luchando contra las ganas casi físicas de alzarle en peso para incrementar el contacto.

   -Jared… -le oye botar el aliento, relajándose, estremeciéndose también.- Está bien, ¿si? Yo…

   Jensen intenta alejarse, terminar el abrazo, pero Jared no quiere, o no puede. Y cree que morirá cuando los brazos del otro, finalmente, le rodean los costados. El rubio no sabe qué hacen, qué pasa, pero por un segundo todo pierde sentido. Jared estaba tan cerca, su cuerpo guardaba tal fuerza física, tal calor… Dios, ese aroma. A su pecoso rostro llega el calor del otro rostro, el aroma en su cuello. Si, era la colonia, pero también Jared. La idea, embriagante, le eriza de una manera que no quiere entender.

   -¿Me disculpas? –la suave pregunta parece llegarle de lejos.

   -¿Piensas que puedes tratarme como a un bicho que asecha a tu hermana y luego…? -todavía se resiste, luchando contra las ganas de apoyar el rostro sobre la otra piel, ¿para desconcertarle, sorprenderle, jugarle una broma, o…?

   -Jensen, no estaba celoso de ella, era de ti. –la revelación tensa al rubio, y sabiendo que nada en aguas peligrosas, el castaño patalea.- Soy egoísta, eres mi amigo, me diviertes, y siempre me pongo así cuando entiendo que en toda otra vida hay más personas. –repara la capota.

   -Okay… -esas palabras le brindan alivio al pecoso.- Pero, que conste, que jamás olvidaré que dijiste que a tu hermana le gustaban los hombres bonitos, y que estabas celoso de perderme. –hay burla e ironía. Y Jared, cerrando los ojos, la mejilla contra ese cabello tan suave, ríe, pero cascadamente, dominado por demasiadas emociones que no entiende cabalmente. Hasta qué…

   -¿Estás oliéndome, Ackles? –le pregunta. El rostro de Jensen se deslizó un poco, acercándose a su piel, olfateando sutilmente. Casi ríe, sabe que el pecoso debía estar rojo como un tomate. Y lucha cuando las manos de este van a sus costados, casi sobre los huesos iliacos (erizándole hasta el carnet de conducir), empujándole, terminando el abrazo.- No te avergüence, mucha gente lo hace. Y hasta me lamen. Si te provoca…

   -Idiota, esa colonia huele bien, ¿okay? Una Armani, ¿verdad? –se defiende algo nervioso, sonriendo con ojos brillantes y pómulos rojos.

   -Un conocedor, qué bien. –se miran y el silencio se impone otra vez.- ¿Me disculpas? –le ve desviar la mirada, nuevamente cruzando los brazos, esos brazos musculosos y cubiertos de amarillentos vellitos.

   -Jared… -toma aire, ceñudo.- No sé cómo explicártelo, pero…

   Oh, Dios, Jensen iba a mandarle para el carajo, piensa el castaño, con pánico, preparándose, pareciéndole, de pronto, que todo se hundía bajo sus pies.

CONTINÚA…

Julio César.

UNA VIDA QUE SE VIVE BIEN

septiembre 25, 2016

EL PASAPORTE DE YOANI SANCHEZ

vida

   No me pregunten por mi vida.

   Debo confesar que me encantó esta imagen que encontré por pura casualidad en una página social, la de Mafalda Venezolana, que me hizo sonreír pero también cavilar. Los jóvenes tienen camino por andar y se espera que lo hagan y les vaya bien, los de cierta edad miramos hacia atrás, y a veces nos asalta la duda, ¿cumplí? Me pasó con papá, ahora ausente físicamente, me pregunto ante alguna fotografía: “¿alguna vez te decepcioné?”. Le conocí bien, su profunda ternura y desapego, aún a los rencores y amargura, ese amor que a veces disimulaba porque era un hombre de otro tiempo. Pero nadie puede dejar de pensar, de cuestionarse. ¿Lo hago, lo hice bien?

   La imagen, el mensaje, fue hermoso, el tributo a un día que termina y cuyo balance hace sonreír complacido, porque hay calma, serenidad, y en ello, felicidad. Aunque también puede aplicarse a un año o toda una vida. Se acerca diciembre y debemos comenzar. Es un mensaje budista, si cabe, de conformarse con las cosas chicas que tenemos a mano con tan sólo intentarlo. Querer a alguien pensando que no hay nada más, y ser correspondido. Saber que tu estancia en un lugar o instante cualquiera de este enorme mundo, aún estando luego ausente, lo hizo un poquito mejor. ¿Y qué decir de dejar ir lo que no estaba destinado para ti aunque mucho lo intentaras o desearas? La enseñanza es tal que es casi imposible medirla o explicarla. Como que no pocas tristezas, amarguras y aún desgracias provocan luego esos apegos.

   Vivir de cara al sol y las estrellas sin temor al reproche, poder decir que nunca se hizo daño consiente, saber que el corazón y la piel ardieron, y arden, de sentimientos, que una sonrisa desinteresada, de afecto o pasión, será correspondida, y que aún en medio de la soledad, en la paz de la conciencia, el tiempo y los recuerdos son una grata compañía.

Julio César.

PRAGMATICO

septiembre 25, 2016

RECATO

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   “Oh, mierda, estuve con ese juez y con aquel. ¡Me están viendo! Espero que no les importe compartir. Tengo bastante para los dos”.

Julio César.

EL PEPAZO… 8

septiembre 24, 2016

EL PEPAZO                         … 7

De K.

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   -Hola, vecino, ¿puedo pasar?

……

   -Por Dios, ¡deja de hacer eso! –grazna con cara de angustia y asco cuando le ve hundir la lengua en la gelatinosa y olorosa mancha.- ¡Eres un cerdo!

   -Es rico. Si vamos a…

   -¡Vete a la mierda! –comienza a gritar pero mirando aterrorizado en todas direcciones, se controla, cubriéndose con la camiseta, que no tapa un carajo, y arrancándole la toalla que el otro lleva a un hombro se medio tapa y escapa… No sin antes, después de bajar del maldito asiento de la bicicleta, de llevarse una mano al trasero y asegurarse de que no tiene ningún hueco en las ropas. Nada. Perfecto. Y escapa a la carrera.

   -Pero… pero… -oye al otro, pero eso no le detendría nunca.

   Mientras cruza el salón, bañado en transpiración, recibiendo las usuales miradas dado su hermoso  y trabajado cuerpo, a Jacinto le parece que todos saben lo que acaba de ocurrir. Y aquello le preocupaba más que el por qué había ocurrido o cómo lo permitió. No era un chico muy profundo la verdad sea dicha. Le es difícil cubrirse, su miembro todavía abulta demasiado contra aquellas prendas. ¡Y el olor, Dios!

   En los solitarios vestuarios va a un lavamanos y refriega su cara, y después de asegurarse de que nadie le mira, se medio lava las bolas. No, no iba tomar una cucha, no allí, con ese mariconcito dando vueltas. Por primera vez en su vida se siente inseguro. Llamaría al Indio y… Cierra los ojos, respirando agitadamente. ¿Qué había hecho? ¿Cómo dejó…? Los abre y se mira al espejo, el cabello húmedo pegado a su cráneo, un mechón en su frente. No, la cuestión era, ¿qué le pasó? El recuerdo sobre aquella bicicleta…

   Rato más tarde, eludiendo cuidadosamente al catire que saboreó su esperma (algo que, de por sí, debía hacerlos como conocidos al menos), sale del gimnasio. Llama al Indio y le dice que está enfermo. A este le irrita, lo saben cuentero y flojo, pero ante la duda de un malestar real le deja ir. Pero no va Jacinto a su apartamento a practicar el autoanálisis, a una introspección esclarecedora. No, llama a una de sus amigas, sonriente su voz melosa, y casi la obliga a invitarle a su casa. Pasará sus exasperados ratos intentando una charla cuando únicamente quería pasar a la cama y quemar las ganas. También… probarse. Cuando esta entiende, finalmente, que lo que busca es un polvo, le deja entrar a su cama, aunque un tanto molesta. A la larga, habría sido mejor si le hubiera mandado al coño… Jacinto, abrumado y avergonzado, escapa poco después.

   -Tranquilo, dicen que eso les pasa a muchos hombres al menos una vez. –todavía le consuela ella, en la puerta de su casa.- Bueno, nunca conmigo, pero imagino que estás muy presionado y…

  Con el rugir de la moto ahoga cualquier otra nota y se aleja. Furioso… y asustado.

   Así de alterado regresa a su edificio, encontrando el ascensor dañado, otra vez (si estuviera al día con el condominio se habría molestado todavía más); sube a paso rápido por las escaleras cargando con su bolsa de gimnasio. Va distraído, una pesada pisada le sobresalta, vuelve la mirada y encuentra que tras él viene subiendo otro vecino, un tipo de mala cara que jamás hablaba con nadie, quien en ese momento le sonríe… Y que le tenía la mirada clavada en el culo, donde algo de la tela del jeans, que lleva desde el gimnasio, se mete entre sus nalgas. Eso le azora, igual el guiño que el otro le lanza.

   -Vecino. –este se detiene en su piso y desaparece.

   ¡Jo-der!, piensa y sigue su rumbo. Entra al apartamento arrojando la bolsa, y por la fuerza de la costumbre se despoja de la franela algo ancha, el jeans, los zapatos y medias, quedándose en bóxer, otro, no el manchado de esperma, aunque ese también apestaba por no haberse bañado. Va a la nevera, su rostro nublado de preocupación. Bebe directamente del cartón de jugo, y se encamina hacia la laptop. Se deja caer en la silla con abandono.

   -Ahhh… -se le escapa con sorpresa. Ha hecho eso un millón de veces, ese año, sin esos resultados. Al caer sobre el asiento su culo pareció enviar una oleada a todas sus entrañas. No era desagradable, pero si inquietante.

   Resistiendo el impulso de refregar el trasero del mueble, intenta encontrar la página de Fuckuyama. Nada. Busca sobre problemas de supositorios y próstata y entra, invariablemente, en páginas de sexo gay. Frustrado se dice que tendrá que hablar con alguien. La cara le arde de vergüenza, ¿buscar un médico? El marido de su hermana, el urólogo… ¡Dios! La llama y se auto invitará a cenar. Metiéndose en el baño, el agua templada recorriendo su atractivo cuerpo, piensa en cómo plantear el asunto del supositorio, lo sentido y lo ocurrido en el gimnasio… ocultando muchos de los datos. Intenta buscar un giro que le favorezca, que no le deje quedar tan mal pero que el problema sea evidente. No iba a contarle un poco de vainas al coñe’e madre ese para no recibir respuesta acertada.

   Cavilando, la mano llena de espuma y gel, la mete entre sus nalgas, frotándose vigorosamente la peluda raja del culo como hace siempre. No es consciente, no cabalmente, del temblor de su capullo, la manera que pulsa y titila.

   Parece abrírsele como una boquita y el dedo, todo él, se hunde con suma facilidad…

CONTINÚA … 9

Julio César.

DRIEEËN TWINTIGSTE

septiembre 24, 2016

TWINTIGSTE

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   Inocentemente cree que todos le miran por su disciplina.

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   -¿El camino a la felicidad? Te lo señalo.

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   Lo sube y baja repetidamente, así tonifica y práctica para la cama.

tio-hot

   -Para ocuparte del premio sorpresa debes usar dientes y lengua.

Julio César.

EL REFERENDUM INTERRUPTUS DE TIBISAY LUCENA

septiembre 24, 2016

EL TSJ Y LOS DIPUTADOS DE AMAZONAS

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   Declararse forajidos, ¿qué otra les quedaba?

   La verdad es que se me está haciendo un poco difícil opinar como pienso, me vuelvo algo grosero (me dicen), pero creo que tendré que serlo, muy claro para que se entienda cierto punto particular de vista. Que no supongo sea la verdad, pero es el mío y si lo adorno no se comprende. Comienzo diciendo que estoy en Oposición a este Gobierno desde antes que estuviera de moda estarlo, cuando el difunto Hugo Rafael Chávez Frías juró sobre “la moribunda”, allí pensé que era un hablador de tonterías, cosa que nunca es buena; cuando la tragedia de Vargas, en diciembre del 99, rechazó la ayuda internacional entendí que no estaba en sus cabales. Que era peligrosamente irresponsable y caprichoso. Igualmente dejo muy en claro que estoy con la Mesa de la Unidad Democrática, como lo estuve con Carlos Ortega, para lo que salga. Lo que digan, me incomode o no, lo entenderé… siempre y cuando la voz que lo exprese sea la de Jesús Torrealba. A los otros los escucharé con la vieja desconfianza que se guarda para con los políticos de oficio. Por ello imaginarán el placer que siento al saber que un periodista por quien espero, leo y disfruto, Rafael Poleo, se pone del lado de la unidad por encima de todas las cosas, como hacen a su vez, irónicamente para con quienes menos arriesgan, las esposas, madres, hermanos y padres de los presos políticos.

   El día de ayer le saqué la piedra a un poco de gente porque en verdad no las entiendo, ¿en serio les sorprendió lo que el Gobierno le ordenó hacer a sus fichas al frente del ente comicial, el CNE, para dificultar el referéndum revocatorio? ¿Acaso no están secuestrados los poderes y subyugados bajo la bota de La Habana? Carajo, una gente parasitaria e inútil desea mantenerse en el poder aunque el país no los quiera, que votó contra ellos en diciembre, saben que si hay comicios de lo que sea salen con las tablas en la cabeza por mucha paja que hable PODEMOS en España, Rafael Correa en Ecuador o Evo Morales en Bolivia, es una realidad que toda la paja del mundo no cambia, ¡claro que tienen que intentar impedir como sea la realización del referéndum revocatorio! Era su tarea, para eso nombraron a esas señoras, no por cualidades o preparación; a Las Comadres como les dice Rafael Poleo al irregular cuarteto, se les tiene allí para eso. Para cambiar las reglas según les convenga aunque sea un delito, a obligar a exigir cantidades por estados, a colocar los centros alejados y con un reducido número de máquinas. Así trabaja el fascismo.

   De eso siempre se habla en las redes sociales, en cuanta reunión hay, pero parece que nunca esperamos que respondan como se les ordena. Por alguna razón que se me escapa, esperan que, Las Comadres, por ejemplo, actúen como gente decente (?). ¿En qué universo paralelo un facineroso facilita las condiciones de su captura cuando cree que está en la cresta de la ola? Lo que si me sorprendió, y desagradablemente, fue que la Mesa de la Unidad Democrática “se declarara en sesión permanente para dar una respuesta”. ¿Cómo no la tenían ya? ¿Nunca nadie previó ese escenario? Sorprende en un hombre tan capaz como Jesús “Chúo” Torrealba, del resto no mucho; esos politiquillos a quienes Hugo Chávez manejaba a su antojo, sólo ven que “llegó” la hora y que “el presidente tengo que ser yo; yo y mi partido, mi partido y yo”, y que ahora mismo muchos ayudan al régimen a destruir la unidad. No todos, es bueno decirlo, hemos madurado a los golpes, algunos han crecido más allá de sus propias apetencias y egos.

   La única explicación que encuentro para el proceder del señor Torrealba, es que entre tantas vanidades y habladeras de pajas para ver quién era más alzado que los demás, y que no nos arrastraran a un cisma, le fuera imposible plantear en su momento, o expresar a viva voz, semejante escenarios y qué hacer. Seguro que no pudo decir “bien, ahora que si con las largas y largas quieren que lleguemos al año que viene, o se llega, lo que se hará será esto y esto”. Seguro que ni siquiera pudo plantearlo en voz alta para no ver a los miembros del sanedrín halándose las barbas y las túnicas al grito de “traidor, traidor crucifíquenlo”. Es la única conclusión a la que puedo llegar. Conociendo al rival, sabiendo de sus tracalerías, era fácil imaginar escenarios, pero plantearlos ya era “entregar”, “transigir”, “negociar” (prepararse para el golpe, carrizo), y así se llegó a lo de ayer. A una arbitrariedad, un delito cometido por Las Comadres, no tuvo una respuesta automática. Hay que reunirse para ver. Nada más ayer era patético leer muchos portales de noticias, donde el enemigo no era el régimen y Las Comadres, lo importante era atacar a la unidad y ver cómo descabezar al señor Torrealba. Bochinche, bochinche, a eso se refería el generalísimo Miranda cuando se perdió la Primera República. Y ahí seguimos.

   Las tensiones, y ambiciones de grupos internos, están lesionando y erosionando la monolítica cobertura que permitió el triunfo en diciembre, fue la boleta de la Unidad la más votada, no es extraño que el Gobierno y pescadores en río revuelto deseen destruirla o apropiársela. Aún ahora hay quienes hablan de “salir a las calles” cómo si eso de verdad ha logrado algo de 2002 para acá, pero es la cartilla que les dan a repetir sin salirse de las tres palabreas. Muchos se comportan como lo hacían cuando la extinta Coordinadora Democrática, como los del carmonazo; para ellos no existió el sacrificio del paro cívico, ver como Venezuela se detenía ante la indiferencia de una gente que esperaba continuar medrando en las ruinas, o quienes ordenaban a los círculos violentos enfrentar a sangre y juego a los jóvenes que protestaban en 2014, donde todo quedó así. Son estos insensatos que no ven que el día se le va a la gente buscando algo de comer para esa noche. Gritan “a las calles”, pero sin salir a llevar sol para ver si el país apoya en esa estrategia o no.

   Lo que molesta es que no asuman ningún riesgo, aparecer en televisión (el Gobiernos les daría la facilidad de una cadena, pero muertos de felicidad) para llamar abiertamente a desconocer a la Mesa de la Unidad y sus dirigentes, a acusarlos de algo concreto y que llamen al país a salir todos a las calles, pero convocando de verdad, una cara, una voz por los medios, no esa paja de twists y comentarios en las páginas sociales. Pero no lo hacen abiertamente porque eso les podría costar demasiado y sólo saben sacar cuentas de encuestas: ¿Y si la gente no sale, o les dice que ellos no los representan o que no están de acuerdo con esa estrategia? Por lo tanto se quedan adentro fingiéndose afuera, para ver si confunden a la mayor cantidad de personas posible, tan sólo joden y molestan sin aportar ni arriesgar nada.

   ¿Qué pienso personalmente de esta estratagema de Las Comadres? Lo dejo para mañana, o pasado (si, el blog se volverá más político todavía), pero eso sí, aclaro que mi opinión no dejará a nadie contento. Debo dejar de preocuparme por cómo digo las cosas. Si, aunque parezca extraño, me mido demasiado.

   Lo que si adelanto de entrada es que el Gobierno, empujado por el desprecio nacional, ha cometido el mismo error que en diciembre les llevó a esa catástrofe histórica y existencialista de la que todavía no se recuperan, y ya no tienen manera, el país los ha identificado como “el problema”. Para las Parlamentarias, la elección de los diputados, Nicolás Maduro Moros metió la cuchara y convirtió aquello en un plebiscito a su persona, su gobierno, el PSUV y hasta el legado, saliendo con las tablas en la cabeza. Hace dos días la señora Tibisay Lucena y su camarilla transformaron la consulta sobre la permanencia de un funcionario público en su cargo o no, de un solo funcionario, en un juicio sobre cada representante de instituto o jefe de poder público. A ella y sus cómplices como cabeza del CNE, pero también a la Contraloría, la Fiscalía y el Tribunal Supremo de Justicia. Lo que era contra el jefe del poder ejecutivo, ella dio pie a que se transforme en un juicio nacional, de los votantes, al resto de los poderes y de todo el gobierno mismo. Yo, como la MUD, ya estaría en la campaña para el veinte por ciento por estado con el eslogan de “todos a votar contra esta enfermedad que nos está matando, todos para fuera, que tu firma y tu voto (la fecha que sea) se haga contra Maduro, la Lucena y…”, y un largo etcétera. Ella dio pie a ello al responder a la angustia de un país que se cae a pedazos con esta burla grotesca.

Julio César.

ESTE VIEJO MUNDO

septiembre 21, 2016

ADIOS, RIO

mundo-azul

   A veces, todavía, nos deja sin aliento…

   Cuando escuches que digan frente a un niño o un muchacho que el mundo está enfermo, que es sucio y malo, que no abriguen ninguna ilusión por el mañana, explícale a esos chicuelos que este viejo planeta sólo está ahí, que de él resulta lo que de él hacemos. Que deteniéndose, sentándose y mirando con calma descubrirán su belleza, una que llena el corazón y eriza la piel, como lo hace una hermosa melodía, una bonita frase leída, un cuadro, una palabra amiga o una caricia. Que alberguen esperanzas, que tengan sueños aunque deban comenzar sus vidas con los ojos bien abiertos. En el fondo, este enorme y convulso mundo tan sólo aguarda, sin animosidad espera que cada uno de nosotros trace su rumbo. Cielo o infierno, esa será nuestra elección, nuestro futuro.

Julio César.

DE AMOS Y ESCLAVOS… 40

septiembre 21, 2016

DE AMOS Y ESCLAVOS                         … 39

tios-en-tanga-brillante

   Feliz, saboreando lo que le dejan encima, les sirve…

……

   ¿Qué diablos estaba haciendo?, ruge una molesta vocecita en la cabeza de Gregory Landaeta, una a la que en verdad no le presta mucha atención, no cuando está de panza sobre su sofá, los atléticos brazos doblados bajo su cabeza, apoyado sobre el lado derecho de su rostro; y sentando a su lado, está ese carajo bajito, flaco y blanco que le recorre la espalda con las manos como si le masajeara, pero aquello era una descarada y erótica sobadera. Las delgadas manos se cerraban sobre sus recios hombros, apretando, bajando abiertas, produciéndole escalofríos. Su piel estaba muy sensible por aquel aceite… y la verdad es que después de que el otro le chupara las tetillas, poniéndole al borde, y le medio metiera un dedo en el culo, sin que se lo impidiera, era poco lo que podía hacer. U oponer.

   Las manos bajan y bajan, Esteban sonríe con ojos nublados mirando la tirita de la tanga, las redondas y firmes nalgas que la tragan. Sus dedos blancos contrastan sobre la oscura piel.

   -Baja los brazos. –pide, y desperezándose, como si tal cosa, Gregory lo hace. Parecía calmado, pero bajo su cuerpo, contra el mueble, su verga palpitaba con fuerza. Y más cuando sus bíceps vuelven a ser recorridos por aquellas manos que le ofrecían adoración.

   La sonrisa de Esteban se ensancha, volviendo la mirada hacia ese trasero que lo obsesionaba desde que conoció al tipo. Las manos regresan, tienen que hacerlo, acariciando, enterrando los dedos, produciéndole gemidos al otro. Separa los glúteos, la visión del hilo dental cubriendo la raja es enloquecedora. Gregory se tensa y traga saliva, asustado y emocionado, cuando nota que el otro acerca el rostro, caliente, a su trasero, soplándole sobre el ojete cubierto. El cual sufre espasmos. Lo sabe, tenso sobre el mueble como está. Esteban le vigila con el rabillo de los ojos, su rostro cerca de ese culo, y vuelve a soplar, llevando los pulgares prácticamente a cada lado del hilo, sobre el ojete, y halando. Gregory se muerde el labio inferior y aún así se le escapa un ronco gruñido, mientras su culo se alza un poco y la verga le babea de manera copiosa sobre el mueble.

   -Amigo… -inicia una batalla que la sabe perdida hace rato, pero la defensa de su hombría así lo requiere, cuando siente un dedo del otro meterse, en su baja espalda, en la tira que desciende entre sus glúteos.

   El pálido dedo baja, halando la tela a un lado, rozándose de la piel, y el negro culo queda al descubierto. Gregory no sabe qué esperar, en serio, tal vez un soplo, o un dedo (le sorprende no alarmarse más al imaginarlo), pero no aquello…

   Lo primero que sintió fue la barbilla, caliente, acercándose, impactando contra su piel, raspándole con la barba, luego el aliento en directo contra su ojete, y el toque de algo suave, caliente y húmedo que frotaba y se pegaba de su culo expuesto. El roce, la sensación era tal que se erizó; arqueando la espalda y mirando sobre un hombro, se encuentra con los nublados ojos del otro, que le estaba pegando la lengua del culo, sin reparos, lamiéndolo, azotándolo con la punta, con rapidez y salivándolo.

   -Oh, Dios, ¿qué haces? –jadea, ahogándose, alzando más la nuca cuando los delgados labios rodeados de barba y bigote se cierran sobre su agujero en un beso sucio y prohibido.- ¡Ahhh! –grita sin poder o querer contenerse. Eso era muy…

   Se siente mareado, asuntado e impactado, tal vez es por eso que no reacciona cuando el hombre le atrapa una mano con la suya, flaca, alzándosela, guiándola, llevándola a su entrepiernas, donde abulta un güevo erecto bajo el pantalón de tela suave. Los dedos de Esteban se cierran sobre los suyos, y mientras su culo era lamido y chupado, Gregory es consciente de que su palma y dedos se cierran por la presión sobre el duro tolete del otro… y que sus dedos comienzan a moverse sutilmente, apretando, sobándolo.

   Toda la negra piel se eriza como de gallina cuando Gregory entiende lo que hace, y lo ve, que agita sus dedos sobre el tolete erecto de otro hombre, sobre sus ropas, algo que le parece terrible, insólito… y excitante, tal vez por lo malo que le parecía. Y, además, reconocía con vergüenza, tampoco era la primera que sentía, experimentaba o tocaba; debía recordar lo del Metro. Como sea, sus dedos se cierran inequívocamente sobre la mole de carne dura del otro hombre, quien doblando de cintura y pansa, sigue comiendo de su culo, lengüeteando, azotándole con la punta, cerrando los delgados y rojizos labios en su orificio y chupando, aprovechando sus espasmos. Porque, mientras respira pesadamente y jadea, sabe que su orificio sufre espasmos, abriéndose y cerrándose sobre la lengua hábil de aquel sujeto.

   -Hummm… -ahogado se le escapa, plenamente consciente de que sube y baja sus tersas y musculosas nalgas negras contra ese rostro delgado, blanco, con la rala barba que rasguña sutilmente su piel. ¡Quiere esa lengua penetrándole el culo!, aunque era la verdad, todavía no se atrevía a pensarlo de esa manera. O que estaba masturbándole, entusiastamente el güevo, sobre las ropas. Sus dedos cerrados iban y venían sobre la tiesa carne de joder y no podía detenerse. Estaba atrapado por la lujuria, las ganas de sexo, una necesidad que generalmente no dejaba ni pensar a los hombres. Al menos no con claridad.

   Apartando centímetros sus labios húmedos y brillantes del ensalivado culo, que titila salvajemente como reclamándole volver, Esteban sonríe, separando esa entrada con sus pulgares, manteniendo la telita de la tanga aparte. Sus dientes mordisquean, recorren y rayan sobre la tersa piel que lleva a la raja, sopla el ojete peludo que se estremece, con la punta de su lengua recorre los pliegues, y ese orificio parece paralizarse, abierto, necesitado de más. Y lo satisface, hunde su lengua en aquellas entrañas olvidado toda prevención, asco o repulsa. Comerle el culo, escucharle gemir, verle tensarse y arquear la poderosa espalda oscura, sentirle estremeciéndose al agitar el culo frente a sus ojos, o su boca, era todo lo que el tipito necesitaba en esos momentos. Le mete la lengua decididamente, tibia, mojada, reptante, y Gregory se tensa contra el mueble.

   -Ahhh… -es el grito que escapa de sus labios, algo que parece totalmente involuntario.

   Pero Esteban quiere más.

   Su mano delgada y caliente cae sobre la de Gregory, ambos estremeciéndose, y con justa razón de parte del tío negro, ya que el otro era el dueño de la verga que acariciaba sobre las ropas. Apartándole un poco los dedos, no alejándole, tan sólo obligándole a retroceder un tanto sobre la barra, Esteban se las ingenia para manipular la cremallera de su pantalón, bajando el cierre lentamente, sin dejar ni por un segundo de agitar su lengua dentro de aquel culo que echaba candela, pero con ojos de halcón mirando al otro. Ante esa bragueta abierta, la mirada de Gregory oscurece, su respiración se espesa aún más al estar acostado boca abajo sobre el mueble.

   ¡Si!, se dice Esteban al verle, sonriendo como el propio gato aunque besa de manera chupada aquel agujero. La mano oscura suelta la barra y como poseída por otra voluntad, una que no dependía para nada de la de su dueño, se acerca a ese cierre, los dedos tantean metiéndose, su piel muy erizada, todo él gritándole que se detuviera pero no deseándolo. Las puntas de los dedos toquetean la barra del tipo blanco sobre el bóxer, y le parece que late con fuerza, que quema a pesar de la tela. Lo atrapa y exhala un gemido, cerrando los dedos sobre el otro güevo, sobre la pieza de vestir íntima, apretando y sobando, apretando y sobando más, palpándolo, luego aferrándolo y masturbándolo otra vez. Y le encanta notar y escuchar como el tipo ese se agita, como su respiración se hace superficial. ¡A la mierda!, piensa, poseído de fiebres, y mete la mano dentro del bóxer, cerrando la palma y sus dedos sobre el tieso güevo de otro chico.

   Quema contra su palma, agitándose, y le parece la cosa más increíble del mundo. Sabe lo rico que es tener el güevo en la mano, se hace pajas desde los trece años, y lo mágico que es cuando una tía te mete mano, pero aquello… Sentir en vivo y en directo la de Esteban era… Lo aprieta, fuerte, no puede evitarlo, agitándolo lentamente, de arriba abajo. No aguanta más, maniobra para sacarlo, quedándose helado al verlo, el rostro de lado, erizado por aquella boca que incrementa sus chupadas, besitos mordelones y succiones en su culo, aquella lengua que se le metía hasta el alma, reptándole como un animalillo planeado para dar placer. Le parece una pieza magnifica, no tan larga o gruesa como la suya, pero si nervuda, rojiza azulada de vasos. Ver su mano grande, de oscuros dedos recorriendo la blanco rojiza barra con las puntas, viéndola estremecerse, le parece el colmo de lo caliente. Cierra su puño alrededor de ella y los dos lanzan un gemido, es un choque eléctrico poderoso. Y lo masturba, su puño va y viene sobre la pieza masculina erecta, haciéndole la paja mientras la lengua de ese carajo ya casi le llega al estómago.

   Si, se dice el joven hombre blanco, lamiendo, dándole lengüetazos salivosos, también chupetones ruidosos. Eso le gustaba, lo que le hacía con su lengua… pero especialmente lo que el guapo hombre negro le hacía con la mano, el puño cerrado sobre su tolete blanco enrojecido. Pero quiere más…

   Gregory, por un segundo no entiende lo que ocurre cuando Esteban se pone de pie, siendo lo notable que no le suelta el güevo, parecía no querer, o poder. Se vuelve a mirarle, este sonriéndole, guiñándole un ojo, tendiéndose así sobre su trasero, llegándole otra vez al agujero, pero ahora con la peluda barbilla pegada a su baja espalda. Así regresa esa lengua a su culo… pero frente a sus ojos se encuentra ahora la verga pálida de este, a escasos centímetros, irradiando calor, exhalando un salino olor, una gota espesa escapando del ojete… Muy cerca de su boca. Una que se le seca y luego se le hace agua mientras traga con esfuerzo.

……

   Yamal Cova llega molesto a su casa después de tomar una larga ducha en aquel motel, donde ya estaba que trinaba de rabia. ¿Estaba así porque aquella mujer le había usado de esa manera, exponiéndole frente a unos desconocidos? Tal vez, aunque la verdad fuera dicha eso le tenía sin cuidados, era de los firmemente convencidos de que el mundo era tan grande que nunca más les vería. Lo que le irritaba eran las palabras del maricón ese, reconoce, sintiendo un nudo desagradable que no puede controlar en sus entrañas.

   Ese carajo le culpaba de traicionarle, le imputaba el tenderle una trampa. No quiere seguir por ese camino, no desea caer en que le altera el que el otro estuviera molesto con él, tanto que le corrió como a un perro; eso cuando… Camina a paso vivo hacia la cocina, donde la mujercita, rostro avinagrado, le ve entrar sin alegrarse. No la saluda, no dice nada.

   -¿Vas a cenar? -pregunta ella, sin emoción.

   Sin mirarla le gruñe cualquier cosa y abre la nevera, saca una cerveza y la toma casi de un trago, lo que ensombrece más y más la frente de la mujer.

   A Yamal le molestaba que su perrita emocionada, siempre golosa de su verga negra, se le hubiera revelado así. Era eso. Bartolo Santoro no tenía ningún derecho a tratarle como si no fuera nada, ¡era su puta, carajo! Decidido, muy molesto, se dice que lo llamaría y… El último buche de cerveza le sabe amargo. La putica se le había alzado. Necesita… se vuelve a mirar a la mujer, camina lento tras ella, olisqueando tras su nuca.

   -¿Terminaste con eso? ¿Estás desocupada? –le pregunta. Ella encoge el hombro, alejándole.

   -¿Vienes maluco? Déjame en paz, estoy cansada.

   Traga con rabia, deseando gritar, pero se aleja. La mujer no era así, generalmente sumisa se alegraba cuando la buscaba. Pero entendía, se había comprometido a acompañarla al hospital a visitar a su madre y no lo hizo. Cosa que esta no olvidaría fácilmente.

   -¡A la mierda! –gruñe frustrado, toma otra cerveza y sale. No nota la mirada dolida de la mujer, ni su puchero desdeñado.

   Bebiendo regresa a la sala, cae de golpe en un sillón y toma el teléfono fijo. Marca y espera, impaciente, molesto. El peor de todos los consejeros. Al escuchar el “aló”, se lanza.

   -Quiero que nos reunamos, que hablemos. –demanda, hay un silencio.

   -Yamal, estoy con…

   -No me interesa. Te espero en el trabajo, ¿okay? –es firme, casi malvado.- No tengo que recordarte lo caliente que te pones cuando quieres que te encule, ¿verdad?

……

   Aunque no hace nada más, nada pide o exige, Gregory Landaeta es totalmente consciente de lo que Esteban espera de él, de pie, inclinado y ladeado en una postura que no debía ser cómoda para nada, comiéndole el culo… la verga blanco rojiza erecta muy cerca de su rostro. Una verga que todavía acaricia y mira fascinado.

   No podía tratarse de un accidente, ni por un segundo lo cree. Ni lo que siente.

   Ese güevo caliente, pulsante y goteante llena su mente, quiere… desea tanto tocarlo con la punta de su lengua y recorrerlo que la piel le arde casi dolorosamente. Se imagina separando los labios y atrapando el liso y blanco rojizo glande, y sabe que gotea sobre el mueble. Pero si cedía, si lo hacía… sería un mamagüevo en la definición más literal de la palabra. Estaría chupándole el tolete a otro hombre, lo tendría en su boca, sobre su lengua, latiendo y mojándosela y eso ya nunca cambiaría. El miedo a la imagen le ata, pero de igual forma le excita. Un mamagüevo… algo que sólo un marica…

   La gota cuelga en la nada y cae cuando le da otro apretón al duro miembro. A la mierda, ¿qué le importaba lo que cualquiera dijera? Estaban a solas allí, si alguien le preguntaba si mamó güevo lo negaría hasta el fin de sus días, y si el otro contaba algo ya le arreglaría cuentas a golpes. Eso se dice alzando el rostro, llevándolo hacia el tolete, sacando la lengua y tocando el glande. Siente como Esteban se estremece, le oye contener el aliento mientras le mordisquea de manera erótica y sensual una nalga, cerca de su raja, soltándole una buena cantidad de saliva espesa. Pero es poco a lo que siente él mismo.

   Algo se apodera de su cuerpo, es lo único que puede pensar cuando con ansiedad comienza a recorrer el blanco rojizo glande con su lengua, cada lado, borde y resquicio, casi metiéndole la punta en el mojado ojete. Y siente el sabor sobre su lengua, salino y algo amargo, nada agradable. Por eso no entiende sus propias ganas al continuar lamiendo, no cuando Esteban deja su culo, enderezándose, frente a él, mirándole pasar la lengua sobre el miembro. Se miran, el otro sonríe de manera amable, casi dulce, y sin quitarle los ojos de encima, ardiendo de vergüenza, los negros labios se cierran finalmente sobre esa cabecita lisa, apretándola, sintiéndola gotear contra su lengua, estremeciéndose al notar que tragaba sin detenerse.

   -Vamos, siéntate. –Esteban le indica, atrapándole el rostro, obligándole obedecer, demasiado manso piensa él, quedando de culo, uno mojado de saliva sobre el mueble, sin dejare salir ese pedazo de güevo.

   El hombre de la barba nada dice, pide u ordena, incluso le suelta. Tan sólo se miran. Gregory siente que su corazón le cabalga con fuerza en el pecho; este, ancho y recio, sube y baja con esfuerzo. Y cerrando los ojos, posiblemente no soportando mirarle al hacerlo, lentamente va cubriendo más y más del cilíndrico tolete, aprisionándolo con sus gruesos labios, pegándole la lengua, estremeciéndose al sentirlo pulsar.

   -Oh, Dios… -escuchar el jadeo de Esteban, ojos cerrados, le eriza. Había sorpresa, gozo y lujuria. Una que comparte mientras va devorándolo cada vez más.- Vamos, chúpame el güevo. –le oye, ahora si exigente como todo hombre que encuentra a quien se lo haga.- Vamos, comételo un poco. Luego… -el tono le hace abrir los ojos, alarmado, más al verle la determinación, la sonrisa casi de compartida picardía.- …Quiero coger tu culo. Deseo ser el primero en tu vida.

CONTINÚA…

Julio César.

RECUERDOS

septiembre 21, 2016

RECATO

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   Hoy muchos lo dudan, pero hubo un tiempo cuando las playas estaban llenas de tíos en bikinis y tangas como esta.

PRAGMATICO

Julio César.

EL PLAN CONDOR DE CRISTINA FERNANDEZ

septiembre 21, 2016

EL TSJ Y LOS DIPUTADOS DE AMAZONAS

   Debo aclarar, de entrada, que odio mucho a esta gente.

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   Dios los crea y…

   Definitivamente es cierto que, y sin ánimos de ofender en lo personal, a cada cochino le llega su sábado. Ese día cuando recibe el palo, precisamente, cochinero. Acercándose a su momento, la ex presidenta argentina, la señora Cristina Fernández, viuda de Kirchner, chilla mientras la llevan. Enfrentados ella y su colega brasileño, con quien guarda tantas semejanzas, don Ignacio Lula da Silva, a enfrentar a los jueces por casos de corrupción, todo quiere despacharlo como una campaña de gente que la odia (gente de derecha, claro), que fascistamente reedita en su contra, la chica de la película, la hija del pueblo, un nuevo y siniestro “Plan Cóndor”, como en lo peor de las horribles dictaduras militares que asolaron el Cono Sur años atrás, las cuales obligaron a mucha gente a escapar, siendo recibido en naciones a las que luego les cerrarían las puertas cuando transitaran  parecidas condiciones. De hecho es por ello que siempre he sentido un profundo desprecio por la Vieja Loba de la Plaza de Mayo, y por la actual mandataria chilena, la señora Michelle Bachelet, quien, a mi parecer, es peor en este sentido que la dama argentina.

   Si, doña Cristina dice que a Lula y a ella los persiguen por buenos, no porque a cada uno se les asocie con escandalosos y directos actos de corrupción, de haber aceptado dicha corrupción mientras corrompían a otros, y protegerla. Que más de la mitad del gobierno de Lula fuera destituido e investigado por ladrón, o que gente de ella fuera detenida con las valijas llenas, o que se les pillara enterrando los reales para ocultarlos, no son pruebas de nada… según la dama. Es que hay gente mala que quiere perjudicarla por pura mala fe. Pero sobre esto poco más puedo decir, viviendo fuera de Argentina y Brasil sólo les conozco por su actuar decididamente criminal para con los venezolanos, lo de allá es otro asunto. Que enfrente a sus acusadores, que toda la podredumbre salga a flote. Muchos no necesitarán verlo para saberla una verraca. Otros, ni siquiera así, lo creerán, mucha gente pretende vivir suponiendo que la realidad no es la que ocurre, que no es verdad que hubo valijas llenas de dólares para comprar voluntades y torcer decisiones, porque no quieren creerlo, por lo tanto se borra, no ocurrió. Repito, es asunto de ellos. Personalmente siento un frío placer por saber que ahora, ambos, enfrentan a ese aparato institucional con el cual uno y la otra intentaron ahogar toda voz disidente. Especialmente ella, que pretendió robar el derecho a mantenerse informado y a opinar lo que se pensaba en la Argentina, mediante maniobras seudo legales para silenciar a la prensa, como veía que ocurría en Quito y en Caracas.

   Lo que me irrita de la señora es lo del nuevo “Plan Cóndor” contra ella; que al final resulta que es una mujer enfrentando a unos bárbaros. Que lo diga ella que reía y celebraba las gracias de gobiernos militaristas autocráticos que cometían toda clase de tropelías, como lo era en su tiempo el de Hugo Rafael Chávez Frías y continúan siéndolo el de los Castro, primero Fidel quien luego delegó graciosamente el poder en el hermano, Raúl, es lo que molesta. Molesta, y mucho, que pretenda hacerse pasar por víctima, ella que (no se sabe si para eso eran las valijas en efectivo) hizo hasta lo imposible para impedir que se discutiera el asunto venezolano en cualquier foro internacional, desde UNASUR al ALBA (cueva de cabronerías impresionantes), a la OEA y la ONU; que hizo lo que pudo para silenciar e invisibilizar la situación de los presos políticos venezolanos, el deterioro de la democracia y las instituciones en esta tierra, las persecuciones, encarcelamientos ordenados por televisión y los tribunales condenando gente porque “les pareció” que si hubo un delito. A la dama le parece horrible el pasado, el Plan Cóndor, los gorilas, en aquel caso uniformados, haciendo lo que les da la gana… cuando no se lo están haciendo ella y sus amigos a otros, esa elite de mandatarios que confundieron la cosa pública con lo propio.

   Y en esto la comparo a la Vieja Loba de la Plaza de Mayo y a la presidenta chilena, que hablan y denuncian un pasado tenebroso mientras alcahuetean la reproducción de ese pasado en Cuba y Venezuela. En el fondo, es posible que algunas de ellas (ni por un segundo lo creo de la señora Cristina Fernández, viuda de Kirchner), realmente crean que la dictadura de Pinochet fue algo horrible y monstruoso, que indudablemente lo fue, pero disculpan y aplauden una dictadura que ha durado cinco veces más, que persiguió y asesinó más gente como la de Fidel Castro, porque este les agrada. El viejo y simplista axioma de que eso que hago es perfecto y válido, pero no si lo hace el bando contrario. Es posible que la Vieja Loba de la Plaza de Mayo, cuando acosa a ancianas que denuncian a Fidel Castro cuando salen de Cuba después de muchos años de estar encerradas lejos de su gente, crea en eso, que la dictadura argentina fue terrible porque la sufrió ella, pero que los cubanos deberían darse con una piedra en los dientes por padecer la de ellos que a ella si le agrada; o la misma señora Bachelet, de quien aseguran que su esposo perteneció a una de las policías más horribles del ex bloque soviético; pero la señora Cristina no. A ella se le nota que exclama tonterías, que habla paja, para cubrirse. Por puro cinismo.

EL REFERENDUM INTERRUPTUS DE TIBISAY LUCENA

Julio César.

EL PEPAZO… 7

septiembre 21, 2016

EL PEPAZO                         … 6

De K.

chico-sexy

   -Hola, vecino, ¿puedo pasar?

……

   Fuera lo que fuera que le provocaba todos esos estallidos de lujuria cuando su abierto trasero caía en el acanalado asiento de la bicicleta fija, al golpearle la entrada del culo (ese que notó como más protuberante esa misma mañana), se le sumaba la presión de aquella delgada mano sobre sus ropas, apretándole el tolete… en medio de gente no muy apartada, en el gimnasio.

   Sabe que debería apartar a ese marica, no dejar que le tocara, no así, pero…

   -¡Oh, Dios! –casi grita, sin abrir los ojos. Lo siente, ese tipo le alza un poco la camiseta, aparta el borde del pantalón de látex, y el bóxer, y mete la mano delgada, atrapándole en vivo y en directo el erecto, pulsante y caliente güevo. ¡En medio de aquella sala!

   El joven y amanerado catire tampoco entiende lo que ocurre, o cómo puede atreverse a tanto, pero ese hermoso hombre joven, fornido y fuerte le había excitado con tan sólo verlo, haciéndole soñar con enterrar la cara entre sus nalgas, esas nalgas redondas y magnificas. Y ahora estaba allí, excitado, transpirado, jadeando, intentando controlarse para no gemir de manera sexual en medio del local. Por eso, mirando en todas direcciones, rojo de cara, casi frenético, despejó las ropas y le metió la mano, el güevo del muchacho estaba duro, pulsante. Si nada más al tocarlo sobre el pantalón supo que no podía dejar pasar la oportunidad, ahora teniéndolo quemándole contra la palma y los dedos entendía que no podría soltarlo ni aunque la vida le fuera en ello.

   Sudando copiosamente, boca muy abierta y jadeante, la cabeza algo echada hacia atrás, Jacinto continúa pedaleando mientras es manoseado por aquel muchacho raro. La bicicleta, más específicamente su asiento, le marea. La frenética mano del joven le había enderezado el tolete y le masturbaba arriba y abajo, mientras él seguía “ejercitando”. No podía detenerle, no encontraba fuerzas para pararse a sí mismo.

   Una idea, una imagen aterradora llena su mente, casi obligándole a abrir los ojos con alarma, temeroso de que otros la perciban, lo juzguen y lo condenen por ella. Pero allí está el joven, masturbándole, teniéndole el güevo bien agarrado, apretándolo al ir y venir al pedalear, mojándole con sus líquidos los dedos. Nota como este tensa el cuerpo, colocado de tal manera que cubre buena parte de la vista de lo que allí ocurre a quienes pasan hablando no muy lejos. Eso le impone el silencio, pero le cuesta, porque esa maldita imagen…

   Tiembla al evocarla, porque si, mientras más intenta alejarla con más fuerza le ataca, llenando su cerebro poderosamente. Pedalea, y mientras lo hace su culo sube y baja sobre aquel asiento, frotándose, rozándose, estimulándose. Pero lo que imagina es que de alguna  manera su pantalón de látex, y su bóxer, se rompen en la raja entre sus nalgas, por el roce de las telas contra el sintético material del equipo, y que la punta del acanalado asiento, con su forma de banana, pega, empuja y abre su esfínter, enterrándose un buen pedazo en su culo. Sin dolor ni problemas, tan sólo haciéndole arder de ganas. Se muerde con fuerza los labios porque esa idea le hace temblar todo, caliente como nunca en su vida. Se imagina, o se sueña, o no sabe qué es, pero puede verse subiendo y bajando, siempre pedaleando, sobre el maldito asiento, su punta, bien metida en su esfínter, abriéndole, separándole los hinchados labios que viera esa misma mañana. Iba y venía sobre esa punta, que entraba y salía cogiéndole como un inanimado amante bien dotado.

   -Oh, Dios. –casi grita, rojo de cara, congestionado, oyendo a lo lejos el siseo del chico que le masturba, para que no llame la atención.

   Puede verse, pedaleando y pedaleando, sin el chico masturbándole, su culo abriéndose y cerrándose sobre la punta del asiento; llevándolo de adelante atrás, cada vez más atrás, forzando su entrada con ese asiento que se ensanchaba al alejarse de la punta. Piensa, imagina o sueña que se lo mete, que puede con eso, que sube y baja sobre eso, llenándole, frotándole y estimulándole, pegándole de la próstata. Ya no puede contenerse y casi grita, pero una mano delgada cubre su boca. Los ojos, turbios, enfocan al muchacho, al caer, sintiendo el puño sobre su güevo que sigue haciéndole la paja. Tenía un hueco en sus ropas, ¿verdad? El asiento lo tenía clavado, era consciente, podía experimentarlo al apretar y soltar sus entrañas, ¿no es así?

   -Huffff… -ruge contra esa mano, siendo lanzando a la gloria, corriéndose en medio del gimnasio. Es un orgasmo poderoso, intenso, que casi le hace levantarse aunque sabe que no tendría fuerzas para sostenerse. Se corre copiosamente, lo siente, bañando sus ropas de ejercicios, con lo incómodo y molesto que era, pero sin que le importara, no en ese momento de intensa magia.

   Pero ahora, al terminar, jadeando contra esa mano, bañado en sudor, pareciéndole que todo olía a semen a varios metros a su alrededor, le llega el ratón moral. Aparta la mano del chico. Este le sonríe.

   -Amigo, estás loco de verdad.

   -Yo… yo no…

   -¡Vamos a las regaderas! –le pide vehemente.- Sé cosas que… -promete con lujuria, caliente por la escena vivida.

   Y, horrorizado, Jacinto le ve mostrar la mano llena de blanca y espesa esperma, una que lleva a sus labios delgados, y lame, allí, en pleno gimnasio.

CONTINÚA … 8

Julio César.

OFERTAS LOCAS

septiembre 21, 2016

MEN GAY

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Julio César.

INESPERADO ENCUENTRO DE LUCHA

septiembre 21, 2016

DERECHO

vestido-y-peligroso

   -Hey, amigo, mis padres no están, ¿qué te parece uno rapidito y sucio en la alfombra de la sala?

Julio César.

SHAKIRA Y LA CARA EN MARTE

septiembre 21, 2016

ADIOS, RIO

shakira-y-sus-cosas

   Luces y sombras.

   Ah, esa maña de hacer de la vida privada un circo, pobre Shakira. ¿Vieron la imagen de la bonita colombiana subida por ella a instagram donde muchos creen ver en un objeto donde la luz se ve algo manipulada lo que parece un largo juguete sexual? ¡Lo que no se ha dicho del mismo!, entre risas y chanzas, comenzando por lo del autogol al marido, Piqué; que la obliga a ello al no ser tan bueno en la alcoba. Lo que da tema para ociosa discusión, como comentábamos unos amigos entre risas; tal vez es algo usado en la diaria rutina en la cama, o lo utiliza ella como Roxana Díaz usaba aquel dedo en aquel video. La verdad es que creo que fue un mal juego de sombras sobre algo, como la cara en la superficie del planeta Marte, pero me hizo reír, me recordó una imagen de cuando comencé en Facebook y una joven subió una foto suya en medio de un revoltijo de cosas y alguien comentaba “arregla ese cuarto primero, coño”. La imagen provoca carcajadas, aunque imagino que a la bella y al futbolista, no tantas.

ESTE VIEJO MUNDO

Julio César.