LUCHAS INTERNAS… 147

febrero 25, 2015

LUCHAS INTERNAS                         … 146

NICE BOY

   Volver, volver, volver… quiero volver.

……

   -Vives aquí, ¿verdad? Él te trajo y te mantiene como a su querida…

   -¡Deje de decir eso! No soy un mantenido. Entre Frank y yo… -traga.- Pregúntele a él, si quiere saber. Salga, por favor, así me vestiré y desapareceré de su casa. -la mira con ojos brillantes. Duros. Y ella entiende que tiene bríos, orgullo. Malo, muy malo… para ella y para Frank.

   -Eres repulsivo. –es un simple comentario, y sale de la habitación.

   Una vez que la mujer, con paso lento y altivo, desaparece, el joven cae sentado sobre la cama, sintiéndose mal, muy mal, como una basurita. Mira todo a su alrededor y no sabe qué hacer. Tiene la mente en blanco, no puede pensar o calibrar nada. Sólo se repite una y otra vez que tiene que salir de ahí, de esa mujer que le desprecia con justa causa, del techo del mentiroso de mierda ese. Se pone de pie y se asoma al pasillo fuera del dormitorio. Esa mujer no está por allí. Sale y lo cruza hasta el cuarto que ocupaba. Debía ir por sus cosas. En esos momentos no recuerda a Frank, los oídos le zumbaban y la cabeza le pesaba demasiado para eso. Mientras busca algo en el closet, nota que los ojos le arden y queman.

   Es totalmente consciente de que quiere llorar y eso le arrecha más. Esa mujer, Violeta, andaba por ahí, y aunque no fuera como Frank cuando lo conoció, un coño’e madre, se le parecería bastante. ¡Vístete y lárgate! Mira todo como tras un cristal empañado y recuerda claramente otro momento horrible de su vida, el peor de todos, uno que aún después de tantos años le dolía evocar; la noche en que avisaron que su papá estaba muerto. Aquello fue horrible, el fin de su vida como lo fue hasta se momento. Ahora sentía algo lejanamente parecido (nada podría ser peor que aquello), pero ahora se sentía igual de mal.

   Encuentra el viejo jeans, el calzoncillo y la franela, la ropa con la que llegó. Casi se cae intentando meterse en el interior, igual cuando subía el pantalón. Sentía la mirada desenfocada y las manos como paralizadas, no parecían querer responderle bien. El corazón le palpitaba lentamente, pero con fuerza, de una forma que dolía en el pecho. Era como un sordo martilleo. Nuevamente se asoma al pasillo vistiendo como el día en que llegó, sin nada más. Baja las escaleras, atento a los pasos de la mujer. No estaba. Perfecto, tal vez pudiera ahorrarse la humillación final de que ella le dijera chao, se veía muy capaz de eso. Va hacia la puerta y se para bruscamente cuando esta se abre y aparece un sonreído Frank, elegante y guapo, mirándole con afecto, con una falsa franqueza. Ningún dolor se le negaría, aparentemente.

   -Hola, ratita. Oye, salgamos. Vamos a comer a…

   -¿Tenías que llegar justo en este momento? –le interrumpe una cascada risa del joven que parece llanto.- ¡Maravilloso! –traga, luchando por controlarse, por ahogar ese sordo dolor, las ganas de gritarle, darle un puñetazo en la nariz y… de echarse a llorar. De la rabia, se entiende.

   -¿Qué diablos te pasa que…? –inicia, desconcertado, dispuesto a conseguir respuesta pero calla, tensándose. De pronto siente un baldazo de agua fría recorrerle. No había reparado en ello al entrar, pero le ve allí, tan distinto a lo que ha sido esos días. Las ropas que llevaba al llegar, sus cabellos lavados y sin gelatina, y esos ojos que le miran no con furia, sino con algo caliente y doloroso, y que se cuajan de lágrimas aunque lucha contra ellas.- ¿Qué tienes? ¿Qué te pasa?

   Nicolás no le responde, no confía en su voz, en las palabras, aunque quiere gritarle, quiere saber el por qué de todo ese engaño. No la propuesta de acostarse juntos, para saber qué les pasaba y ver si terminaba. Fue lo otro. El juego cruel con sus sentimientos. Abre la boca y traga, alza una mano y atrapa una del abogado, volviéndola palma arroba, sabiendo que el otro nota su violento temblor, y deja caer sobre la mano abierta la cadenota de oro, desconcertando aún más a Frank.

   -Esto es tuyo. Como todo aquí. Excepto yo, mi persona y lo que cargo, así el burro vaya por delante. –le aclara entre dientes.

   -Joder, me estás asustando, ¿qué tienes? –demanda saber, la mano abierta todavía. Sus miradas encontradas, notando por primera vez que la expresión en los ojos del más joven comienza a afectarle.

   -Tengo que irme. –intenta pasar a su lado, pero el otro le corta el paso.

   -¿Cómo? -ruge perdiendo la calma al fin y atenazándolo por una mano, casi asustado.- ¿Qué ocurre? –demanda nuevamente, pero fuera de conseguir que Nicolás tiemble más, nada le aclara.- ¿Te vas por miedo de lo que te dije? ¿Tanto te asusta la idea de iniciar conmigo algo más serio? ¿Acaso no te gusto lo suficiente para intentarlo? No te creí tan cobarde. –es duro, sabe que tiene que serlo, obligarle a reaccionar, a gritar y discutir lo que sienten, o que lo piense mejor y entienda que aceptar su propuesta es la única vía posible. Así de analítico era ese hombre terriblemente atractivo, rico, poderoso y sensual. Espera… Cuando Nicolás hala de su brazo, soltándose, casi con rencor, debe admitir que no esperaba justo esa respuesta.

   -Llegó tu mujer. –dice con voz muerta, el sonido de las palabras a sus propios oídos eran terribles. Dios, ¿qué le pasaba? ¿Esperaba a un chico que le llevaría flores, que le escribiera poemas, que en los rincones de la noche, le susurrara que era la cosita más linda que ha visto?- Tu esposa. De Niza, eso es en Italia, ¿verdad? ¿No llamabas siempre para allá? Suena hermoso. Niza.

   -¿Violeta está aquí? –grazna el otro, palideciendo por primera vez en su vida, no furioso, no apasionado, no controlado. Y Nicolás deseó morirse. ¡Era cierto! Y le odió en ese momento, un poquito, pero no tanto como a sí mismo por esperar, contra toda lógica, que esa mujer estuviera mintiéndole.

   -Me encontró en tu baño; con tu cadena, mis cosas en tu cama. Fue… horrible. Debiste advertírmelo, Frank. -parece ahogarse en ese último gemido. El abogado lo mira feamente impresionado.- Debo…

   -¡No! Te quedas. –grazna el hombre, todavía pálido, su pecho subiendo y bajando con violencia. ¿Violeta estaba ahí? ¿Por qué? Las posibilidades, lo sabe, no son infinitas. No podía tratarse de una visita de cortesía. Alguien le había ido con el cuento. Alguien como…

   -No pienso quedarme un segundo más bajo este techo. –ladra Nicolás, sintiéndose tonto al decirlo.

   -Tenemos que hablar.

   -Creo… -tragó, como mareado.- …Que me hago una buena idea de lo que pasa. Y está bien. –y semejante declaración la hace siguiendo su instinto, porque en ese momento odia un poquito más al otro. quiere irse con la frente en alto, estoy bien, no me lastimaste, no podías porque no importaba. Es lo que intenta.- Nunca me prometiste rosas. –y ríe cascadamente.

   -No, ratita, no hagas esto. –le mira desesperado y casi suplicante, comprendiendo por primera vez lo realmente grave en esos instantes: Nicolás le dejaba porque era un cochino mentiroso.

   -Ella te espera. En algún instante saldrá y… no quiero verla. No quiero que me mire como lo hizo antes. Y pensar que ella estaba en su derecho. -jadea mirando al piso y pasando a su lado con una prisa frenética.

   -¡No! Todavía no, tienes que escucharme… -intenta atraparle nuevamente por un codo.

   -¡No me toques! –casi grita.- No quiero que vuelva a…

   -¡Basta de tonterías! No eres una niña a la que traje aquí bajo engaños. –es tajante por primera vez, soportando su mirada de rabia ahora. Bien, eso estaba mejor.- Te quedas aquí. Atenderé… este asunto y luego hablaremos tú y yo. –intenta imponerse como hace en los tribunales, aunque nervioso y temiendo… no sabe qué.

   -No me hables así, hijo de puta. –Nicolás, cara roja, se le acerca por primera vez.- ¿Crees que estoy molesto porque me ocultaste que eras casado? No soy una niña, ni una chica. Sé de estas cosas. lo que pasa es…

   -No te traicioné. No te mentí cuando decía las cosas que decía. –contraataca en el mismo plano.- Tienes que quedarte. Tienes que escucharme. Por todo lo que ha pasado.

   -¿Quedarme? No estarás pensando en un trío, ¿verdad? ¿Acaso es otra cosa que quieres probar? -casi le grita.

   -No comiences, por Dios… Yo arreglo esto. -se le ve desesperado y exasperado.- Yo me encargo de Violeta.

   -Eso suena tan ominoso. Te advierto que hay mucha gente que sabe que vine a verte. –aparece la hermosa mujer, atraída por las voces, mirando de uno al otro.- Hola, cariño. ¿Aún no se va tu atractivo amiguito? ¿Queda algún pago pendiente? Él no me dijo nada, pude haberme encargado. Se ve que es de los discretos. Eso está bien.

   -¡Oh, Dios! –traga Nicolás, e intenta alcanzar la salida, pero Frank nuevamente le para.

   -Mejor vete, querido, conmigo aquí ya no podrás sacarle nada más a mi marido.

   -¡Violeta! –este le ruge, rojo de cara, ojos llameantes, poniéndose de parte del chico, algo que hace elevar varios milímetros la rojiza y oscura ceja izquierda de la mujer en su despejada frente.

   -Sí, señora, ya me fui. -casi hipa el joven, saliendo. Frank parece que va a detenerlo, a seguirlo.

   -¡Nicolás!

   -Déjale ir, cariño. Ya tú tienes tus propios problemas. -le dice ella suave, deteniéndolo en seco. Marido y mujer se miran fijamente, y por un momento algo que muy poca gente ha visto en su vida se presenta: el miedo aletea en los ojos de Frank.

   -No puedo dejarle ir así… -tragando, cara pálida y mejillas rojas, el abogado encara a la mujer.

   -Más te vale quedarte. –es fría, el tono baja.

Es suficiente para el joven. Fue suficiente casi veinte minutos antes. Por Dios, apenas media horas antes todo estaba bien y en esos momentos… Casi corriendo por el pasillo llega a la puerta que da a las escaleras y baja, no tiene paciencia para el ascensor, ni para que alguien le pregunta por qué coño se ve lloroso. Baja a la carrera y casi cae. Resbala en un escalón y se sostiene fieramente del barandal con la mano derecha. El lado lastimado. Siente un dolor viejo, conocido y sordo en su pecho, la clavícula astillada. Casi se muerde el labio, resistiéndolo, con los ojos francamente mojados, sintiéndose un pobre imbécil, un güevón y llorón marica. Un hombre que fue engañado y traicionado… por otro hombre.

   -Violeta, ¿qué haces aquí? -Frank la mira, pálido, respirando pesadamente. No hay furia en él, ni odio, ni ganas de gritar o atacar, sino un feo vacío, algo que nunca había sentido: miedo. Miedo de ella y miedo de Nicolás, sobretodo de él, de lo qué estaría sintiendo y pensando. Lo que más desea en el mundo es correr, alcanzarlo, atraparlo, luchar contra él para retenerle y gritarle hasta que le escuchara y le entendiera. Que le ocultó hechos y verdades, muchos hechos, pero que lo hizo por eso mismo, por miedo a esa cosa que sentía por él y que no entendía; y que hablar de una esposa liquidaría el tema de cuajo. Conocía a la ratita, nunca se hubiera prestado a aquello de haber sabido o sospechado que alguien podía salir lastimado. Fuera de ellos dos. La mujer lo estudia, serena, manos en la cintura.

   -¿Así recibes a tu mujer, querido? ¿Discutiendo por un amante ido? –el abogado va hacia él y besa fugazmente sus labios, lo evade y medio ríe.- No quiero ni pensar dónde han estado esos labios… Por Dios, Frank, ¿en qué andas? ¿Tú, precisamente tú, con otro hombre?

   -No lo entenderías. –responde con esfuerzo, costándole un mundo. Ella le estudia fijamente.

   -Vaya, ¿así de serio es? Ni siquiera vas a fingir que no es lo que pensaba, no te molestas en simular vergüenza. Te ves bien. Más guapo. Más centrado. Esta nueva pasión que enriquece tu vida te ha prestado.

   -¡Basta!

   -Ah, no, vamos a hablar de esto. –por primera vez es dura.- Te he soportado muchas cosas en nuestro ocho años de matrimonio, Franklin Caracciolo. Tu genio, tus maquinaciones aún contra mi familia por ganar una plaza en alguna batalla mental que llevas. He pospuesto cosas por ti; mi casa en Capri, mis hijos, hermosos y saludables. He esperado que estés listo para asentarte, que quieras comenzar la familia… ¿y ahora me sales con esto?

-No lo entenderías porque… -no sabe qué decir.

   -¿Podría entenderlo alguna mujer casada en mi posición?

   Y por primera vez desde que llegó al país, escuchando las increíbles revelaciones de boca de Norma, y llegar al penthouse y encontrar al muchacho, la mujer se inquieta más allá de la ira que sintiente toda mujer al saber de la traición de su marido. Aún más en un caso como este. Pero ella conocía a Frank, o creía conocerle. Sabía de su naturaleza salvaje y conquistadora. Le gustaba el sexo y las mujeres, pero más como batallas que debía librar, coronándolas sabroso con la gratificación sexual. No se engaña, sabe que Frank le quiere, tanto que fue con ella con quien se casó, pero siempre tuvo claro que para Frank sólo Frank contaba. Pero lo de ahora… Le ve allí, inquieto por lo que ella pueda hacer, pero asustado por aquel tipito que salió a la carrera. Temeroso de lo que este pueda hacerle. La revelación era increíble. Una doble. Sabe que aquel joven, Nicolás, podía causarle un daño terrible a Frank; el máximo daño que se pudiera infligir a otro sin recurrir a las armas o la violencia física. Por eso el muchacho era de cuidado, más peligroso de lo que imaginó cuando le vio todo guapillo y hasta tierno en la bañera. Debía asegurarse de que todo se acabara, de que no existiera la menor posibilidad de un arreglo entre esos dos. Y lo otro que entiende tiene que ver con Norma Cabrera de Roche. Casi cree ver su mano delgada de dedos garrosos moviendo hilos para llevar a su marido a ese estado de cosas.

   -Nunca te he mentido, Violeta. Tú me conoces. Tú me conoces en verdad.

   -Lo sé, amor, eres una enorme pila de mierda bien envuelta. Pero esto… Les escuché, la última parte, ¿qué le habías prometido? ¿De qué hablaron en nuestra cama? ¿Le ofreciste la Luna para tentarle y comprar su afecto? ¿O quieres dársela porque te parece poco a lo que merece en verdad? –hay una risita dura, vitriólica. Real.- Ay, Frank, y tú papá creyendo que no hay un sólo hueso de poeta en tu cuerpo.

   -¿Qué hace aquí, Violeta? –repite la pregunta, acusando el golpe, molesto y humillado.

   -Tu padre me envió, y ahora hay que darle gracias al Cielo. ¿Te imaginas que hubieran sido él y tu madre quienes entraran y encontraran al… muchachito ese? –necesita ser odiosa.- Vine porque hace mucho que no sabíamos de ti. Tu padre se… preocupó. Y yo te extrañaba. Llevas casi tres meses sin visitarme, ni siquiera un rápido fin de semana. ¿No crees que una mujer pueda llegar a extrañar a su marido en la cama? Tu padre está mucho mejor de salud, ya camina sin el bastón. Tu madre está radiante por eso; y mucho mejor de la tensión. Por si te interesa saberlo. -dice sirviéndose una copa con mano temblorosa.

   -¿Por qué estás aquí en verdad? ¿Alguien… te llamó para que vinieras? -piensa en Aníbal. Piensa en Norma.

   -Lo sabes. Se trata de la vieja loba. Quiere, en pago, el control de la firma.

   -No la complacerán, ¿verdad?

   -¿No te parece que nos hizo un gran favor advirtiéndonos del peligro que corrías en manos de un joven vividor?

   La dura respuesta que el hombre tiene en la punta de la lengua muere. Su celular comienza a timbrar y por un loco momento tiene la esperanza de que sea Nicolás, su ratita. Mira el número y arruga la frente, es de La Torre. Va a contestar, para huir de Violeta, cuando ella, que llega a su lado, se lo quita, silenciándolo en un botón y arrojándolo al sofá, sin quitarle los ojos de encima al hombre.

   -¡Era importante!

   -Debemos hablar, amor.

   -En este momento no. -la mira, tragando seco. ¡No era Nicolás! ¿A dónde iría? A la pensión, claro; sintiéndose… traicionado. Seguro estaba deshecho, ¡con lo llorón que era!, se dice atormentado, sintiéndose morir y con ganas de gritar y correr a buscarlo al imaginarle sufriendo. Le duele y asusta pensar lo que el otro debía estar pensando mal de él, maldiciéndolo, odiándole otra vez. Le duele pensar que tal vez sufría… por su culpa.

   -No, cariño. No te irás. –es seca.

   -Violeta…

   -¡Vamos a hablar ahora! -acota seca, mirándole fijamente, arqueando una ceja. Maldita sea, se dice, está pensando en él, piensa que está dolido, odiándolo y sufriendo; por Dios, ese chiquillo lo tenía bien atrapado, se dice con sorpresa. Y disgusto.- ¡Tú me respondes ahora! ¡Te encontré en mi cama con otro hombre! Mientras yo estaba esperándote en el palacete de tu familia, aplazando mis planes, mi vida, a mis hijos, tú estabas revolcándote con otras personas. Ah, sí, me dieron la lista. ¿Pero esto? ¿Tú y ese muchacho? –es tajante, está furiosa en esos momentos, ni siquiera verle bajar los hombros la complace.

   -No entiendes, Violeta… -la desconcierta.

   -Pero, qué maravilla. No entiendo lo que sientes por él.

   Y eso la inquieta más. Si, el muchacho debía ser apartado definitivamente. Frank tendría que resarcirla… y apartado luego.

……

   El general eructo, Bittar, se trae a toda la familia para Caracas, pretendiendo escapar al cerco de odio que les tienen en Valencia a todos ellos. Era bueno alejarse de ese nido de serpientes en el que se había convertido el Corry Cuatro, con militares que lo odiaban y otros que desobedecían sus órdenes. ¿Por qué todos no podían ser una pila de mierda adulante como el sargento Gómez, ese negro capaz de agarrar a una mujer por la espalda a traición, por el cabello y batirla contra el suelo? Bota aire, mirando a su mujer sentada en una silla plegable frente a él, en la pata de la gran piscina del Hilton, donde a duras penas les permitían la entrada. ¿Por qué tuvo que venir la puta con él? ¡Cuánto asco le inspiraban las mujeres! Ahora no podría dedicarse a bucear carajotes en tangas en la zona, devorando con la mirada sus tórax, muslos, o las tanguitas mínimas y sensuales contra sus bultos.

   El hombre en bermudas, ya no estaba como para bikinis aunque quisiera, y menos con la puta ahí, toma un refrescante piña colada mientras piensa en toda la plata que está haciendo con lo que se estaba robando de la venta de la gasolina incautada, así como la harina para arepas y pan. Garcés Camacho y él estaban llenándose, aunque muchos otros querían meter las manos también en la rebatiña, sobretodo la oficialidad media, los malditos Jalamecate. Su próximo paso era apropiarse de las tierras de los López en Barlovento; esas tierras eran una mina, y él utilizaría las claras y públicas manifestaciones de los jóvenes de la familia, sobre todo las de Simón López, el abogado, a favor de la Oposición y el paro cívico general, para incautárselas. Y nadie podría meterse o detenerlo.

   Estaba llenándose, y ese pensamiento lo embarga de un sabroso calorcillo, que se intensifica cuando mira, discreta y disimuladamente, a un carajo joven llegar a la piscina, que está bastante vacía a decir verdad. Es un tipo no muy alto pero si fornido, de cabello castaño y con algo pícaro en la mirada, que se ilumina viendo a una joven en hilo dental que emerge de las aguas en esos momentos. El general recorre el cuerpo compacto y viril del hombre, hasta detenerse, con cierto escándalo aún para él, en la mínima tanguita azul metálica que lleva, que a duras penas puede contener el bojote desafiante y grande que se ve tras él. La mirada de Bittar queda prendida (pobre hombre torturado) en ese bulto. El joven se detiene un poco más allá y estira su cuerpo, como calentándose para entrar al agua, y el general detalla sus pectorales y tetillas, deseando morderlas y lamerlas; y la tanga que resalta por como encogerse más sobre ese cuerpo musculoso, casi desnudo.

   El joven se lanza a la piscina y nada, sin mucha urgencia, y Bittar tiene la mirada clavada en sus nalgas redondas que sobresalen del agua, semicubiertas por la breve tela, se hunde y luego emerge, chorreando agua. El chico sale, con el cuerpo cubierto de gotitas de aguas, totalmente mojado, la tanguita húmeda se pega a sus caderas y al bojote, y hay algo tan mórbido en él, que Bittar tiene que contener un gemido, mirando el bulto desafiante. El chico le da la espalda tomando una toalla y el general de la república siente un estremecimiento mirando la telita casi toda metida en la raja interglútea, donde se hunde, allí, donde Bittar daría lo que fuera por clavar la boca y la nariz, chupando y sorbiendo con desesperación. Mira como el chico mete dos dedos entre las nalgas y hala la telita, enderezándola, desganado, provocándole un mareo al vicioso hombre.

   Ignorando que estaba colocando su destino en manos de un nuevo enemigo. Uno que le tiene bastante ganas de joderle, y no de buena manera. Por puto y sucio también caería.

CONTINUARÁ…

Julio César.

CHICOS EN RESIDENCIAS FUERA DE CASA

febrero 25, 2015

CONVERSACIONES OBREROS-PATRONO

MUSCLE BOY BIKINI

   -Bien, putos… -anuncia a sus compañeros de piso.- Antes de dormir necesito descargarla, ¿quien se la traga toda esta noche?

Julio César.

PARA LA OCASIÓN

febrero 25, 2015

NO TAN MACHOS MEN

SEXY BOY EN BAÑADOR

   A su mamá le encanta que use un bañador tan conservador; ignora que es el uniforme que utiliza en ese concurso de tres tíos en una tina espumosa luchando por una pastilla de jabón y metiéndose manos por todos lados a propósito. Perdía, y descalificaban, a quien se le parara. Aunque el público lo aplaudiera a rabiar al salir del agua.

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   No había quienes disfrutaran más sus bailes en aquel hoyo punki que sus antiguos profesores de secundaria. Ni quienes le pasaran tantas manos, tocando y apretando, o metiéndolas dentro del disfraz. El chico se los bailaba en las caras porque le daban buenas propinas y porque les recordaba con afecto de cuando le subían las notas si dejaba que le pegaran las bocas y chuparan. Eran unos tíos reprimidos pero divertidos.

UN TIO DURO EN SUSPENSORIO

   Su mujer le pregunta qué tipo de trabajo es ese donde los suspensorios, casi todos rojos o blancos, son parte obligatorios del uniforme… Obvio que uno donde, sobre una mesa al tiempo que los clientes cenaban, usaba los dedos.

Julio César.

CUANDO EL PRESIDENTE DA PENA

febrero 25, 2015

MAGALLANES A OTRA FINAL

RAUL LEONI, ROMULO BETANCOURT, RAFAEL CALDERA

   ¿La mayor diferencia?: no querían ser vitalicios…

   Hace tiempo discutiendo en las páginas de internet hablábamos de que antes los presidentes del país no eran el hazmerreir del mundo. Alguien me señaló que el doctor Caldera no, ni Raúl Leoni, pero que Luis Herrera y Carlos Andrés Pérez si daban pena. Caramba, esa comparación es un exabrupto. Luis Herrera mantuvo una política firme buscando la paz para El Salvador, y mano dura con Guyana. Carlos Andrés Pérez hizo lo que no pudo por apoyar a los sandinistas en Nicaragua contra Somoza, e invirtió en becas universitarias para jóvenes que luego le tacharon de ignorante. Ambos siguiendo la doctrina de Betancourt de “basta de dictadores en Latinoamérica”. No, no creo que se puedan comparar con este señor cuando declara que se realizarán negocios con Grecia, sin aclarar cuál de los arruinados podrá los reales. Por no hablar de pajaritos que le contesta. O cuando asegura que la detención del Alcalde Metropolitano, Antonio Ledezma, no es por cuestiones electorales y ya están llamando a unas elecciones.

Julio César.

AVIDO USURERO

febrero 25, 2015

LEY NATURAL

EL JEFE TRAGA Y CHORREA LECHE

   No se saciaba…

   El hombre era una sarna. Todos en la oficina sabíamos que el jefe prestaba plata con intereses; pero desde el principio te hablaba de las terribles tasas a pagar, cosa que generalmente no escuchaban los jóvenes machos del edificio, desde ejecutivos, a oficinistas y vigilantes. Prestaba pero si te retrasabas te la aplicaba: por cada día de mora te daba una mamada. Por cierto, que muchos tenían deudas de años.

Julio César.

VIVIR EL CARNAVAL

febrero 25, 2015

LA VIDA, EL ORIGEN DE LAS ESPECIES, CIENCIA Y RELIGION…

CARNAVAL DE RIO

   Se nos fue hasta la octavita…

   A principio de año leí una noticia sobre la forma desaforada en la cual jóvenes ingleses habían tomado aguardiente la noche de Año Nuevo y cómo rodaron luego por las calles. Los comentarios del público lector al respecto eran extraños; algunos se horrorizaban por tanta decadencia, otros hablaban de falta de valores, muchos incluso (ese complejo de inferioridad que tanto daño nos ha hecho) despotricaban de la gente del “primer mundo”. La verdad fue que también a mí me sorprendió. Las dos cosas, que los jóvenes ingles tomaran tanto (en verdad las fotos eran espeluznantemente divertidas dentro del escándalo: vómitos, desmayos, caídas, peleas), y todos esos comentarios censuradores. Claro, a los hermanos, amigos y sobrinos uno debe advertirles de no llegar a esos extremos o dar esos espectáculos en la calle, pero también yo, cuando parrandeaba desaforadamente, era así. Prácticamente comencé a beber socialmente en la secundaria, cuando celebrábamos cada cumpleaños, aniversario, bautizo y hasta funeral. Con licor. Bebía hoy, dormía una hora, despertaba y seguía la rumba, a la cinco de la mañana para la playa, a veces la fiesta era de viernes a lunes. Ahora bebo feo un día y duermo dos, recuperándome.

   En esa ocasión, la noticia que cuento, expresé que no había que ser tan sentenciosos, que así bebíamos nosotros a esa edad y ahora lo hacen ellos (y no estoy incitando a beber, es que quien ya bebe no está contraviniendo un orden natural, eso siempre ha sido así, aunque eso no significa que debamos mejorar como especie), que ya no puedo con ese ritmo y que llegará el momento cuando ellos tampoco puedan hacerlo sin sentirse mal, dentro de unos veinte años más, y que tal vez hasta aconsejarán a otros sobre sus “malas copas”. Así ha sido desde que los muchachos se rascaban en la antigua Roma, o en Jerusalén después de la cena, vino mediante, cuando los adultos se iban a dormir. A veces extraño esa manera de parrandear, pero ya no puedo.

   Pero ¿se imaginan estar en unas fiestas como esas que se prenden en esos carnavales en Río de Janeiro? Aunque se esté medio muerto uno se levantaría para parrandear. Supongo que asisten, o sueñan con ir, muchos jóvenes para “vivir” (léase encontrar con quien tener mucho sexo), pero también gente madura que disfruta más serenamente de aquello que va a buscar. Siempre es grato ver gente bailar, escucharles bromear y tomar, riendo con despreocupación, viviendo una burbuja momentánea de evasión de la realidad cotidiana, cuando se quiere ver, dejarse ver y gustar. Unos carnavales en las playas de Río de Janeiro debe ser aún más intensos, el sol, la arena, el agua, las diminutas prendas de baño, la camarería que la playa trae. Tocar y ser tocado. Sí, me gustaría ir a unos carnavales así.

   Por cierto, que en mi lecho de convaleciente por el dengue, leí que las playas del litoral venezolanos estaban atestadas de personas, y una señora hizo el comentario de que luego iban a estar llorando y quejándose cuando volvieran y tuvieran que hacer la cola porque no había nada. Creo que censuraba que la gente se evadiera así. De hecho las respuestas que le dieron fueron insultantes, una costumbre en la que se cae porque es muy fácil. No lo vi yo así, el punto de vista de la dama. En un país con tantos, pero que tantos problemas, el que la gente quiera escapar de ellos por un rato se entiende. El año pasado no se podía porque el Gobierno estaba machacando estudiantes y amas de casas en las calles, y torturando presos en celdas, pero para estas fiestas no se nos dijo que guardáramos vigilia. Personalmente no salí de Caracas porque estaba enfermo. Le respondí a esa señora que tengo un amigo que tiene mil problemas y obligaciones, pero que cada quince días, más o menos, se compra una botella de whisky, del barato pero whisky, y se la tomaba. Decía que trabajaba demasiado por muy poco y le salía gastarse algo en eso y dejar de pensar.

   Cuando los países pasan por terribles momentos las personas hacen esto. Después de la Primera Guerra Mundial la gente se cansó del drama, del dolor, de los duros momentos, de los muchos muertos, querían olvidar y salir de juerga; las mujeres se subieron los ruedos de las faldas, se pintarrajearon, bailaban hasta el amanecer, fumaban y bebían como cosacos. Había estallado la fiesta de los locos años veinte. Tanto parrandearon que al poco tiempo se decretó la prohibición (palabra que produce escalofríos aún hoy en día). Después de la Segunda Guerra Mundial, todos arruinados y endeudados, los europeos vieron en las competencias de futbol un escape, por eso para ellos es como una religión. Cuando Alemania, dividida por el muro como estaba, gana su primera Copa del Mundo, se celebró con locura a ambos lados. La gente necesita evadirse, y para ello (me repito), en carnavales o Semana Santa, nada mejor que playas, olas, arena, sol, mucha piel expuesta y bebidas que ponen a la gente más amistosa (y tocona). Una liga triunfadora.

   Y esto sí que logra que pensemos en otras cosas, ¿no?

CARNAVALES EN RIO DE JANEIRO

   -Joder, no era hilo cuando salí.

MUJERES EN BRASIL

   Un obvio percance que se disfruta de tarde en tarde, ¿imaginan que se le hubiera caído y lo encontrara flotando un amigo? Seguro no aparece más.

FLORIANOPOLIS, PLAYA EN BRASIL

   Una playa en Río, se ve como muy llena de tíos, ¿verdad?

CARNAVALES EN MEXICO

   México tampoco se queda atrás con sus anuncios de Carnavales. Hay algo… llamativo en la imagen.

Julio César.

DE AMOS Y ESCLAVOS… 15

febrero 23, 2015

DE AMOS Y ESCLAVOS                         … 14

MORENO EN HILO DENTAL ROJO

   Se muere por salir así y que todos lo sepan… y vean.

……

   Toma una larga toalla y se cubre, saliendo a la sala, como si nada, asomándose al balcón, mirando a la calle, como si no reparara en ese tipo que le mira fugazmente, sin interés en un primer momento, luego volviendo algo más picado. Lo entiende, el chico estaba algo pasado de peso, y él era todo chocolatico en su abdomen y de pectorales abultados. Como si nada, vuelve a la sala, dándole el frente al balcón y deja caer la toalla, su enorme cuerpo moreno dentro de la pequeña prenda es todo un espectáculo. Ni una vez mira directamente al balcón, pero el calor lo envuelve.

   Por el espejo del gabinete junto a la mesa del comedor, nota que el tipo le observa levemente sorprendido, luego desviando la mira hacia otro lugar, buscando otra cosa, evidentemente no siendo gay… pero regresa. Era imposible que un tipo como él, desinhibido, grande y sexy, en tanga, una blanca, se echara así sobre el sofá y no le vieran. Cierra los ojos, toma aire, su torso se expande, y sabe que el otro le mira. Nuevamente, y como se le va volviendo costumbre, traga con calor, volviéndose sobre el sofá. Mostrando su espalda, su cuerpo largo y armonioso, sus nalgas redondas, musculosas, llamativas… con una diminuta tira blanca que se entierra entre ellas. Finge no notarle, pero le observa por el espejo, le ve enderezarse, todo ojos, boca abierta, mirando en todas direcciones como para verificar que no le pillan buceando a un carajo en hilo dental. Pero se queda. Allí.

   Viéndole. Gregory tiene que cerrar los ojos, ese calor que le envuelve es más intenso, se siente sensual, osado, caliente, no sabe si es cierto o lo imagina, pero cree sentir sobre su piel la mirada del otro, casi como una caricia erótica. Su güevo, totalmente erecto, ardiente, saliendo de la tanga y quemándole cerca del ombligo, moja también. Ese tipo… seguro era heterosexual, como él mismo (¡ja!), pero no podía dejar de mirarle.

   Abre un ojo, sabe que lo tiene empañado, casi jadeando desencantado. ¡El tipo no estaba!, debió… No, allí estaba, ¡volvía! Fingiendo no verlo, casi se corre, el tipo tenía en las manos unos pequeños vinculares, algo que parecía de juguete, pero que para lo que los quería muy bien que servían. Dios, el espasmo que lo recorre de pies a cabeza es intenso. Vuelve el rostro al lado contrario del balcón, como si durmiera, sus nalgas meneándose levemente, bailándolas. E imagina que esos ojos están clavados como dardos sobre su trasero duro y firme, como, tal vez, sólo tal vez, se le estaba poniendo el güevo a ese tío mirándole. Tragando más, lentamente deja caer un pie, las piernas separándose, las nalgas también, el hilo blanco de la tanga viéndose y cubriéndole. Se congela con su propia osadía. Como si despertara, vuelve la cara, fingiendo mirar al tipo por primera vez. Y este le tiene los ojos clavados, una mano en los binoculares, otra debajo del muro del balcón, el brazo moviéndose como si se tocara. Como si se sobara.

   Eso le pone horriblemente mal. Bajando los binoculares, el tipo le mira directamente. Sus ojos se encuentran, y Gregory cree leer en sus labios un “tócate”. No sabe si lo vio, o lo imaginó, pero una de sus manos grandes va a su trasero, cayendo como bofetada sobre su nalga. Ese tipo se echó hacia adelante, como si quisiera cubrir el espacio, y el joven y apuesto hombre negro se perdió en sucias fantasías. Y la urgencia, la necesidad, le lleva a una idea tan intensa como terrible, tanto que le asusta: apartar el hilo de la tanga, como casi hace en esos momentos, los dedos alzando levemente la telita…

   ¡Y meterse un dedo por el culo!

   Cosa que ni imagina a donde le llevaría, pero lo sospecha cuando ese tipo, mordiendo su labio inferior y alzando en puños sus dos manos, menea las caderas como si lo enculara… y eso le pierde más. Quiere hacerlo, meterse un dedo, hondo, viéndole meneando así su pelvis… como cogiéndole.

   -¡Gregory, hijo de perra! –el rugido casi le provoca un infarto.

   ¡Roberto! ¡Mierda!

   -¡Gregoryyyyy! –el grito impaciente se deja escuchar del otro lado de la puerta. Y el joven hombre negro se pone de píe automáticamente.

   -¡Ya va! –le grita y corre al dormitorio, vistiéndose a todas prisa con un holgado bermudas a media pierna y una más holgada franela blanca que oculta todo.

   Repara, mientras se pasa las manos por la cara para despejar cualquier humedad de sudor, que desde el edificio de enfrente el tipo abre los brazos como preguntándole “¿qué pasó, papá?, ¿y el show?”, eso le produjo todavía más estremecimientos. Maldita sea, estaba mal. Abre la puerta y encuentra al otro allí.

   -Ay, pana, ¡si supieras lo que me pasa!

   Lo insólito es que ambos dejan salir la frase al unísono, desconcertando al otro.

-Pasa. –grazna Gregory, reparando ahora en la cara de preocupación de Roberto, quien también le estudia.

   -¡Cómo tardaste!

   -Estaba en el baño. –se justifica rápido, y quedan uno frente al otro, de pronto cortados, silenciosos, incómodos entre sí, ellos que han compartido tanto, aún escabrosos cuentos con mujeres a las que no debieron tocar jamás, como primas, amigas de novias, novias de amigos y cosas así.- ¿Y a ti qué te pasa?

   -Un vainero. –gruñe en automático Roberto, cayendo sentado en el sofá, ahora dudando. Pensó que le haría bien, que le ayudaría, hablar con alguien, un conocido, un amigo, cuando salió de su apartamento. Más huyendo que otra cosa, atormentado por lo vivido con Hank; no sólo el desvirgar de su culo de macho por el güevo de otro carajo, de uno blanco y que además le humillaba, sino por todo lo que había gozado en esos instantes de sentirse poseído. Ahora, y frente al amigo, sin embargo…

   -Cuéntame. –se intriga Gregory, sentándose en un sillón, deliberadamente de espaldas al balcón.

   -Yo… -enfrentado al momento, Roberto no sólo no sabe qué decir, sino que siente que se muere de vergüenza. ¿Cómo confesar que un tío blanco le hacía mamar su güevo, beber su leche y ahora lo cogía? No, era demasiado.- Es todo… La vida. Me van a subir el condominio, las cuotas del apartamento y… -traga y sonríe yéndose por vaguedades.- ¿Y a ti qué es lo que te ocurre? –era mejor distraerse con los problemas ajenos.

   -Yo… -y Gregory también se congeló, no era fácil contarle a un pana que de pronto se le había despertado el morbo por mostrarse, por exhibirse, incluso por dejarse tocar. Con hombres incluidos.- El taxi está jodiendo.

   -¿Cuando no lo hace? –gruñó Roberto, apesadumbrado, sentía un fardo increíblemente pesado en sus hombros.- Oye, ¿no tienes cervezas?

   -Déjame ver. –se pone de pie. Contento con la escusa para alejarse y recomponer sus ideas.

   Y mientras sale, Roberto se hace una promesa. No cederá más a las pretensiones de ese carajito desagradable. Ya… probó todo lo que iba a probar y sabe que no es para él. ¡Es un hombre, carajo! Y sin embargo un calor intenso le recorre, no quiere pensar en ese detalle en especial, pero mientras decide que no se dejará coger más, recordó la enorme, gruesa, rojiza, dura y totalmente hermosa verga de Hank, goteando su ojete esos líquidos salinos que eran deliciosos. Y lo increíble de la sensación que experimentó cuando la pulsante barra de carne caliente le llenó el culo. Cuando le perteneció al otro hombre.

   -¡La cerveza! -demanda casi ahogado.

   -Un momento, joder, que no soy cachifo tuyo. –le gruñe Gregory, quien regresa caminando a paso quedo. También perdido en sus pensamientos. Está bien, joder, le gustaba exhibirse, pero eso no debería ser un problema. Podía hacerlo frente a las mujeres, aunque estás parecían siempre menos propensas a esos espectáculos. Pero podía encontrar algunas que participaran.- Toma. –le tiende una cerveza, viendo al amigo casi dar un bote atrapado en su mundo interior, agitado; chocan picos de botella y es cuando mira hacia el balcón, del otro lado ese tipo vuelve a elevar los brazos, preguntándole, y baja luego una de sus manos y con elocuencia se aprieta el entrepiernas. Apurado cae de nuevo en el sillón.

   -Está buena. –grazna Roberto tomándose un tercio del líquido.

   -Amigo, ¿en verdad estás bien? Te ves… agitado. –incluso Gregory lo nota.

   -Estoy bien. Muy bien. Oye, vi a tu vecinita, esa que usa esos pantalones apretaditos que le dibujan un coño grande. ¡Qué tipa! Llevaba un jeans rojo y se le veía… -y sisea, pero no es del todo sincero ni espontáneo.

   -Está buenota, ¿verdad? Cada vez que la veo me pongo caliente. –responde en igual tono Gregory, decidido a no mirar atrás.

……

   En aquel cuarto de hotel de mala muerte, sobre una cama yace sentada una hermosa mujer de cabellos amarillentos y ojos claros, nublados de lujuria mientras oye, en la habitación de al lado, cuya puerta intermedia está abierta aunque no ve lo que acontece, se escuchan unos ahogados sonidos de succión, de chupadas intensas, desesperadas y hambrientas de alguien que se alimenta de la masculinidad de un hombre. Y en esa otra habitación, sobre la cama, en cuatro patas, vistiendo pantaletas de mujer, medias negras, tacones, rostro pintarrajeado, un atractivo tío catire esta mamando con voracidad de un enorme, grueso y totalmente oscuro güevo tieso; la tranca del hombre que está a su lado, viéndole entre curioso (le sorprendía ver la urgencia en lo que hacía a ese carajo, e imagina los demonios y carencias que siempre debió afrontar), y la excitación: un catire bonitico, vistiendo pantaletas de putita, estaba dándole una mamada impresionante a su tolete.

   -¿Te gusta, cabrona? –le pregunta Yamal, ronco, voz profunda y cargada de lujuria aunque a él mismo le parece extraño. Es parte del juego que quiere la mujer.

   Y siente un estremecimiento cuando, medio güevo dentro de sus labios, ese carajo le mira y asiente con la boca tan llena. Sus ojos pintarrajeados se ven extraño, así como sus labios de un rojo intenso que se riega mientras sobre, manchándole el güevo y también su barbilla (la mujer lo quería así, barato, maquillaje barato de puta de esquina). Sacándosela de la boca, chorreando algo de saliva y espesos jugos, le ve jadear, tomar aire, pero sus labios entreabiertos, temblorosos, la buscaban otra vez, necesitado de más. Sonriendo torvo, Yamal Cova se la agarra y le golpea la cara con ella, son sonoras bofetadas, un güevo negro y caliente contra una pálida mejilla masculina, y con todo, Bartolomé Santoro, ese tipito acalorado, gemía e intenta atraparla mientras la dura pieza le moja la cara, de saliva, de jugos, de pintura. Y en el otro cuarto, Marjorie Castro de Santoro lo oye, los senos duros, y cierra los ojos jadeando.

   -¿La quieres, putita? ¿Quieres mamar mi güevo? ¿Lo quieres mucho? –le pregunta, parte del juego, azotándole con el glande una y otra vez los labios que intentan atraparle.

   -Si, papi, la quiero. –gime ronco y bajito, fingiendo una voz más aguda. Y Marjorie, en el otro cuarto, siente que casi alcanza un orgasmo. Su marido, ese perfecto y bello triunfador que la desdeñaba estaba suplicándole como una puta a un enorme hombre negro para que le diera su güevo.

   Y este se lo clava, gimiendo de lujuria, más caliente al verle tan entregado. Yamal se lo mate rumbo a la garganta, los rojos y embardunados labios tragando pedazo a pedazo de la mole de ébano, nervuda y gruesa, la cual le abulta una blanca mejilla, quemándole y aplastándole la lengua, metiéndose en su garganta, de manera profunda, quedando todo rojo de cara, asfixiándose con la nariz en los crespos pelos púbicos de su negro. El hombre le retiene allí, sonriendo malvado, viéndole ponerse amoratados, los ojos lagrimear, la saliva espesa escapando de una comisura mientras patalea por aire, lamiéndosela más, halándosela con la garganta y las mejillas. La saca y le ve tomar aire con desesperación, cachetes ardiéndole, tosiendo un poco, escupiendo algo de saliva… pero echando el rostro hacia adelante, deseándola otra vez. Y esa urgencia era lo que tenía tan mal a Yamal, el verle tan hambriento de güevo.

   -Lamela, zorra barata. –le ruge sonriendo, casi con la leche saliéndosele cuando de esa boca de labios rojos empegostado sale la lengua y recorre la gran vena de la cara inferior de su tranca titánica. La lengua va y viene, lame todo, la medio muerde, sube y sorbe del ojete, dándole con la punta de su lengua, y Yamal se tiende sobre él.

   Cuando ese tolete palpitante vuelve a desaparecer en la roja boca, una enorme mano negra de dedos abiertos cae sobre la nalga más cercana del tío blanco en cuatro patas, palmeando duro, enrojeciéndosela, haciéndole gemir más, aún ahogado de güevo como está. La mano sube y baja, azotando de una nalga a la otra, cada una sonando con fuerza, cada azote seguido de gemidos del tío, totalmente de lujuria, mojando su pantaleta de jugos por la emoción, estremeciéndose, agitando su redondo trasero, contrayendo su culo bajo la telita en anticipación a la fuerza de la mano del macho, que nalguea y se queda allí, frotando recio, de manera circular, estimulándole de maneras que ni él mismo entiende.

   Bartolomé jamás creyó, en su vida de sumiso reprimido, que ser nalgueado por otra persona podía ser así de estimulante, pero era de las cosas que iba aprendiendo y que ese hombre, su hombre, iba enseñándole. Casi lloroso de gratitud continúa mamando más, su culo sube y baja buscando la mano que le golpea, de sus labios, a pesar de la pieza que los cruza, escapan ahogados gemidos de entrega y sumisión total. Y en el cuarto de al lado, sentada a la cama, el cuerpo tenso como cuerda de violín, su mujer lo escucha. Marjorie abre los ojos cuando el gemido sube en intensidad, más agónicamente lujurioso. Sonríe sabiendo lo que ocurre… Yamal le debe estar metiendo un dedo por el culo.

   Así es. Unos negros dedos, en contraste con la muy blanca piel de las redondas nalgas, apartan a un lado la suave tela de la pantaleta, y un dedo de la otra mano, largo y venoso, entra lentamente, metiéndose pedacito a pedacito, clavándose y empujando más. Y mientras entraba, ese redondo culo totalmente afeitado se agitó, los pliegues se alzaron, las entrañas lo abrazaron. Lo enterró todo, agitándolo con fuerza y Bartolomé arqueó la espalda dejando escapar ese gemido de placer.

   -¡Qué puta eres! –le ruge, maravillado y vicioso, Yamal al rostro, mientras retira medio dedo y vuelve a clavárselo, gozando el verle casi correrse de lujuria, meciendo su culo ansioso, tragándole el güevo por iniciativa propia hasta los pelos. Cuando el segundo dedo, entrelazado con el primero, se frotó de la entrada, se metió facilito.- Lo tienes a punto, putica. Justo como lo quiere un hombre. Tu hombre.

   Con manos algo temblorosas, Marjorie se sirve una copa, su respiración esta agitada. Bebe lentamente, pero casi se atraganta y tose cuando oye a su marido lanzar un largo, agudo y totalmente putón alarido. ¡Yamal se la había metido!

   Completamente desnudo, el coloso de ébano, algo abultado de panza, pero no de grasa débil sino de duros músculos, Yamal se encuentra arrodillado sobre esa cama, entre las piernas abiertas de Bartolomé, a quien le tiene enterrado los oscuros dedos en la lisa carne pálida de las caderas, la pantaletica medio ladeada, el redondo, afeitado y rojo culo siendo abierto por la gruesa mole de carne negra que entra y sale, lentamente, llenándole; y cada pase, adentro y afuera con la rugosa y ardiente pieza, hace gemir a ese tío blanco con cara pintarrajeada, quien con ojos cerrados, boca muy abierta, baja la cabeza y casi muerde la sábana cuando la tranca comienza a ir y venir con más fuerza.

   -¡Tómala toda, puta barata! –le ruge Yamal, nalgueándole feo, la piel roja por los anteriores azotes.

   Bartolomé grita, cuando su culo se cierra intensamente sobre la tranca las sensaciones maravillosas que lo recorren, mientras le frota por dentro, se intensifican. El hombre blanco delira literalmente de gusto, dentro de los tacones sus dedos se cierran, sus muslos se tensan, su espalda se arquea, babea sobre la sábana que muerde mientras grita y gime a cada embestida; su propia verga mojando copiosamente la pantaleta es un cuadro de entrega y lujuria que enloquecería a cualquiera, y Yamal no se consideraba tal, ni gay si a eso íbamos, pero…

   Le nalguea y le coge fuerte, con golpes secos, unos y otros. El estrecho culo es macheteado con violencia, lo abren y llenan con poder. Parecía muy pequeño para esa barra titánica, pero se abría como flor, la tomaba, la apretaba y la adoraba. Y los dos hombres gemían, chillaban, se estremecían de gozo. Ese culo ardiente, mojado, sedoso y apretadito estaba dándole la halada y chupada de su vida, piensa Yamal, meciendo su poderoso cuerpo de adelante atrás, a derecha e izquierda. Bartolomé por su lado, cara sobre la cama, boca muy abierta de donde salen gemidos de gozo, así como baba, la siente muy adentro, rozándole las paredes del recto, estimulando cada terminación nerviosa, dándole una y otra vez sobre la próstata, llenándole de hormonas y lujuria. El güevote sale totalmente, inmenso, fibroso, y se clava con un golpe seco logrando que Bartolomé eleve el rostro, sus nalgas temblorosas, de sus ojos bajan lágrimas de felicidad, de gozo, de gratitud, manchándole con el rímel barato.

   -¡Puta! ¡Puta barata! ¡Eres una puta! –le gritaba Yamal, caliente como nunca, dándole cada enculada que lo estremecía sobre la cama, haciéndole gritar de gozo, voz algo chillona, medio femenina.- ¿Eres una puta? ¿Eres mi puta? –le cepilla con fuerza mientras se le medio monta en la espalda, su propio culo subiendo y bajando como perritos.

   -Si, sí, papi; soy tu puta. ¡Tu putica caliente! ¡Destrózale el coño a tu puta! –chillaba Bartolomé, totalmente ebrio de tantas ganas, nadando en endorfinas, cada parte de su cuerpo excitado al máximo. Y vuelve a gritar, su propio tolete temblando más, cuando las negras manos atrapan sus erectos pezones y aprietan.- Ahhh… ahhh… ahhh, si, papi; cógeme así, papi; aprieta mis tetas. Soy tu puta. ¡Tu puta! –gritaba incapaz de controlarse ya, totalmente liberado, sintiéndose totalmente feliz de poder darle escape a esa necesidad, a esos deseos que siempre acalló.

   Yamal tiene que sonreír al escucharle; como todo macho goza el hecho de que otra persona esté delirando de gusto con su verga, pero también por tener así a ese sujeto, totalmente loco de lujuria, sabiendo que esa bella catira está escuchándoles. Que oye como su marido delira, jadea, gime y pide más güevo, el cómo lloriquea por más.

   Y si, sentada allí, todo ardiéndole, la mujer se muerde los labios alcanzando el clímax sin tocarse; y cerrando los ojos, dejándose caer de espaldas en la cama, todavía oye a su marido gritar por más, llamándose puta, queriendo macho. Los sensuales labios de la mujer se entreabren y deja escapar un leve gemido de gusto, estremeciéndose aún, imaginando el redondo y blanco culo afeitado de su marido siendo abierto una y otra vez por la gruesa mole de carne negra que lo penetra y que pronto le dejaría esas entrañas tan llenas de leche que esta escaparía de su “coño” vicioso poco después.

   ¡Tenía a ese hijo de puta donde quería!

……

   Ese sábado siguiente, por la noche, en la tasca de la India, donde todos los socios de la línea Taxis Rentarías se reunían antes de partir cada uno a lo suyo, sentados entre varios en dos mesas unidas, bulliciosas y llenas de botellas, tres hombres fingían una normalidad que les costaba. Hablaban, como todos, de sus hembras y de las últimas aventuras en los taxis (la mayoría inventadas y todos lo sabían), intentando compensar con exageraciones sus situaciones íntimas. Roberto Garantón, siseaba de manera desagradable a la joven mesera que les atiende, no queriendo pensar en el chico blanco a quien llamaba amo. Yamal Cova sonreía y bebía bastante, escuchando más que hablando, fijándose también en las tetas de la mesera intentando echar bien atrás el recuerdo de cierto carajo en pantaletas a quien le pellizco fuerte los pezones mientras le cogía y lo bien que se sintió hacerlo. El tercero, Gregory Landaeta, estallaba en escandalosas carcajadas de lo que contaba otro de ellos, habiendo tomado más que de costumbre, echándose para adelante para decir algo. Y fue cuando ocurrió.

   Siempre pasa aunque la gente ni lo nota. Al echarse hacia adelante, la corta franela subió y creó un espacio abierto de piel con la cintura del ajustado jeans, el cual sin embargo se separaba un tanto a sus espaldas, y Quintín, un llanero joven y escandaloso, algo atrevido con sus bromas, le clavó los ojos en ese pedazo de piel de ébano. Algo que todo el mundo hace, pero que a Gregory, quien notó la mirada, le provocó unos calorones intensos.

   -Coño, necesito mear. –dijo Quintín sin dirigirse a nadie, pero Gregory ardió por dentro, viéndole alejarse.

   -Yo… -se puso de pie, todo su ser gritándole que cometía un error, pero no pudiendo controlarse. Mirando camino a los sanitarios por donde ya desaparecía Quintín.

   ¡Necesitaba ir!; a pesar de saber que todos sus amigos y conocidos estaban ahí, debía ir.

CONTINÚA…

Julio César.

EL HOMBRE PARA EL MOMENTO

febrero 23, 2015

AGUAAA

DOCTOR HOT

   No había recién casado con problemas de apetencias sexuales al que no curara.

NICE MAN

   Cuando Angelito llegaba a las prácticas de los bomberos, todos se mojaban.

Julio César.

NICOLAS MADURO Y EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI, OCASO DE UNA QUIMERA EN MEDIO DE UNA RIDICULA TRAGEDIA

febrero 23, 2015

LOS CURAS EN POLITICA Y LOS HABLADORES DE TONTERIAS

ALTO MANDO MILITAR SIENTE QUE TIENE QUE JURAR LEALTAD COMO SI NO FUERA UN HECHO SABIDO

   ¿Un gobierno necesitado de muchos juramentos de lealtad?

   Después de años de desdeñar las leyes de la economía y hasta del sentido común en todos los terrenos (no robes más allá del límite de la operatividad; a los ineptos hay que enviarles a secciones como turismo y ornato; no todos en el mando pueden ser ladrones e inútiles), el gobierno de Nicolás Maduro Moros nos dice que Venezuela está arruinada, que no tenemos comida ni medicinas, y que ahora deberán sacarnos los dólares de las venas mediante un brutal paquete de medidas neoliberales. Así, durante dieciséis años se nadó y nadó contra la corriente, desdeñando a todo el que les dijo que esa locura terminaría en este desastre, para acabar acatando lo más duro de las medidas que recomienda el Fondo Monetario Internacional. Pero como eso se veía feo, el día que lo anuncian, aconsejado por Raúl Castro, como el mismo señor Maduro Moros admite, aprovecha para “denunciar una intentona golpista”, para que se hable de eso y no del fracaso del modelo socialista. Y de paso raspar a la Oposición.

   En lo personal me parece deprimente leer los comentarios que en los portales de noticia se emiten al respecto, me pregunto ¿puede la gente creer tantas imbecilidades?, pero hay que entenderlo, mucha gente creyó en esta payasada, esperó años y años por ello, y ahora, enfrentados al “éxito de la revolución” no pueden aceptarlo. Qué esperaron en vano toda una vida. Toda una vida desperdiciada. “Esto no es, alguien lo saboteó”, se tienen que decir, y eso que a la vista tienen el panorama de una gente que hacía lo que le daba la gana sin frenos ni medidas. Por eso duele y hay que cerrar los ojos y meter la cabeza en la arena, esto tiene que ser responsabilidad de otros, no puede ser que eso a lo que aspiraron siempre sea esta enorme pila de basura. Casi habría que tenerles consideraciones, pero no hay que olvidar que por acciones indirectas son cómplices y culpables de los casi cincuenta mil muertos que enlutan a Venezuela a manos de una violencia que no quieren enfrentar. Lo otro que destaca en la prensa y portales, es que aparentemente el Gobierno cuenta con un vasto aparato comunicacional que se encarga de esas tonterías, de mentir, injuriar e insultar, haciéndose eco de cualquier necedad que se diga desde el poder. Porque en lugar de resolver problemas, o de invertir recursos en cosas concretas, prefieren enfrentar la realidad con pequeños insultos mezquinos que no soportan una contra-opinión. Lo del fracasado intento golpista, con militares detenidos, es una necedad que no soporta el análisis más sonero; que si ha tenido algún asidero y resonancia es porque el régimen aspira usarlo como excusa y encarcelar a medio mundo político opositor. Y en tal tarea le acompaña una Fiscalía General entregada al vicio y un Tribunal Supremo de Justicia donde todo delito e irregularidad tiene su asiento.

   Antes de entrar en otras consideraciones, me permito invitar a estas páginas unos comentarios de la periodista, y toda una señora, Sebastiana Barraez, en su columna en el semanario QUINTO DIA. Disfrútenla que no tiene desperdicio:

……

SEBASTIANA BARRAEZ

SEBASTIANA SIN SECRETOS

QUIÉN DARÍA EL GOLPE

EL AQELARRE DE MADURO

GOLPE. El presidente Nicolás Maduro dijo que se planificó un golpe militar contra su gobierno. Luego, Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez señalaron a varios oficiales, entre ellos al oficial Maximiliano Hernández, un respetado general de División, ex comandante general de la Aviación, que tiene fuera de la Fuerza Armada desde 1983 (32 años). Hablan de un par de hermanos, generales de brigada, de un coronel y de unos primeros tenientes. Lo más indicativo sería el avión tucano, que se usa para entrenar a los jóvenes pilotos. El avión no tiene capacidad de combustible para ir de Brasil a Caracas. Maduro dice que lo iban a despegar de Curazao, Aruba o Bonaire. ¿Esos países están implicados en el golpe? No hay posibilidades de éxito para un golpe montado sólo por la Aviación, porque necesita obligatoriamente el apoyo de una fuerza terrestre. El 27-N, por ejemplo, actuó FAV e Infantería de Marina. El 4F, Ejército con los Paracaidistas. Un tucano es un avión lento y no es de combate. ¿Acaso los golpistas eran kamikazes, porque apenas entraran al espacio aéreo iban a ser derribados? No pensaron que serían interceptados por un supersónico F16 o Sukhoi, que tiene Venezuela, y cuyo alcance es de 100 kilómetros. Es cierto que el teniente (AV) Luis Lugo Calderón, piloto de la Fuerza Aérea, fue arrestado luego de haber dicho que dejaba la institución de la cual se enamoró “Pero que hoy es gerenciada por puro oportunista…” y pidió a sus compañeros de armas “No ser más parte de este circo”. Con mucho respeto, creo que el Alto Mando Militar debe explicarnos a los venezolanos, porque ellos sí saben, cómo un tucano y un grupo de oficiales de la Fuerza aérea son capaces de un golpe militar ante una Fuerza Armada de más de 100 mil hombres, armamento y equipo sofisticado de última generación, norteamericana y rusa. Para quienes no apoyamos golpes de ninguna tendencia, sí nos interesa saber quién daría el golpe militar.

……

   Son todos esos detalles grotescos, todos esos errores imbéciles e ilógicos que uno no entiende cómo gente que se dice militarista y militar puede cometer, que todos pudimos notar en cuanto escuchamos el cuento azaroso y mal echado. Pero eso finge no verlo el Gobierno, sus plumas pagadas en la prensa, la Fiscal General y los señores de la judicatura del terror en el Tribunal Supremo de Justicia, porque “explicar” echaría por tierra la telenovela montada para perseguir, encarcelar y Dios no permita que esta vez para torturar y desaparecer a sus rivales políticos. Es que la vaina fue tan pirata que se denunció no dos semanas antes o un mes después de anunciar la ruina del país, la mega devaluación de la moneda y la implementación del paquete de feroces medidas neoliberales para continuar sacándonos la plata (ahora de las venas), sino el mismo día, porque la idea era distraer la atención de la espantosa culpa del régimen chavista-madurista en este desastre sin precedentes en toda nuestra historia. Ni siquiera tuvieron el sentido común de captar que nadie les creería lo de la coincidencia. Detienen a unos militares que expresan a viva voz, por teléfono y correos, sus desacuerdos y disgustos por la situación del país, como todo el que vive en esta tierra y que recuerda que antes no vivíamos este desastre, y lo usan para levantar acusaciones radículas en su base, monstruosas en su alcance. Hugo Rafael Chávez Frías antes, Nicolás Maduro Moros ahora, han mantenido gente privada de su libertad durante años únicamente porque les detestaban. Y ese crimen, los que le robaron, el pedazo de existencia que les mataron no tiene excusas ni perdón de la vida. Ahora lo hacen nuevamente, deteniendo gente que no calla sus pensamiento, sirviéndose para ello de la delación, de la calumnia y la traición, virtudes muy de izquierda todas ellas (allí esta Cuba y sus sapos institucionalizados para demostrarlo).

   Si la cosa la hubieran dejado dentro del cerrado mundo militar, oficiales molestos con la situación que pudieron hablar más de la cuenta en un régimen que vigila, controla y persigue toda opinión si es adversa pero no un juramento de lealtad a cualquier canallada que este intente, todo habría quedado allí; pero se engolosinaron y quisieron hacer caída y mesa limpia con políticos de la Oposición, comenzando por Julio Borges, máximo jefe de Primero Justicia. ¿Por qué a él?, se preguntó todo el mundo, un hombre más bien conciliador a pesar de sus certeros análisis de la realidad, señalado mil veces por plumas que uno no sabe bien cómo se baten, que le acusan de entenderse bajo la mesa con el régimen. Se le ataca, y a todos, porque vienen las elecciones parlamentarias y el Gobierno tiene el agua al cuello. Cómo no pueden competir con logros, con éxitos, con problemas resueltos, ni regalando una plata que ya no existe por la manera enferma y criminal como gastaron para que Hugo Rafael Chávez Frías le ganara a Henrique Capriles Radonski en el 2012, cuando ya se le sabía agonizante (un gasto tan colosal que quemó lo que quedaba de las reservas y todo para nada; a veces me gustaría creer que el Infierno existe realmente como un lugar de castigo eterno); no contando con nada de eso, la estrategia es criminalizar y encarcelar a toda la Oposición, para que no compita y no ganen. Al precio que sea.

   Como le tienen miedo y aunque ya se les ha vuelto un problema mundial de opinión pública, a Leopoldo López no le liberan ni hayan manera de acusarle como no sea mediante un estrafalario señor que dice (y es espantosa la aberración en la que han caído) que interpreta el lenguaje secreto entre las palabras y que a él le parece que Leopoldo López enviaba señales para alentar un golpes de estado en Febrero del año pasado. Mucha gente le sigue y le admira el valor de enfrentar a unos delincuentes armados. Igual que a María Corina Machado y a Antonio Ledezma, porque estos tres se han ido por la calle de en medio: los problemas del país son responsabilidad de la gigantesca incompetencia del Gobierno y de su criminal corrupción, y no se resolverá si no abandonan el poder. Esa irreductibilidad del mensaje, la contundencia de lo que piden, aterroriza demasiado a Nicolás Maduro Moros y a Disodado Cabello; saben que al pasar los días y hacerse la situación más dura, más gente escuchará a estos tres y por ellos deben ser encarcelados así sea violentando toda regla, todo derecho penal, toda normativa del Estado de Derecho, que para eso tienen a esa figura trágica en la tragedia que es la Venezuela de hoy, la Fiscal General, Luisa Ortega Díaz, que persigue a quienes le ordenan en lugar de ocuparse de los casi cincuenta mil muertos a manos de la violencia en los dos últimos años (y los que ya van de este), y un Tribunal Supremo entregado a toda monstruosidad.

   Pero vamos por parte, a Julio Borges lo señalan de conspirador para atacar a Primero Justicia, que según últimos sondeos ya ha empatado al PSUV como único partido hegemónico, y si eso es así, y si no pueden o no quieren trabajar para ganar mostrando logros, entonces se perseguirá penalmente al partido opositor, que para eso está la Fiscal y el Tribunal Supremo. A Antonio Ledezma le detienen con un ejército armado de la policía política, el SEBIN, sin mediar una orden de un tribunal, sin existir una averiguación ni estar presente un fiscal público (todo eso lo compone después la señora Fiscal); un ejército de policías armados para detener a un hombre que no portaba ni un corta uñas en un país con casi cincuenta mil muertes violentas en las calles por ausencia de las fuerzas del orden; y este hecho infame es señalado de “procedimiento ajustado a derecho” por el inefable Jorge Rodríguez, de quien se dice que está desequilibrado, un mal que parece de familia (y aquí debo hacer un alto sobre esa macabra leyenda que corre por la red sobre las causas reales que originaron la muerte de su señor padre; eso de que si el hijo es así el otro cómo sería, me parece una canallada).

   A Antonio Ledezma, sobre quien no pesa nada para encarcelarle, se le crucifica desde los medios gobierneros, se le injuria, se le tacha de criminal, se le somete a un linchamiento público, a una muerte moral (al menos Mari Pili no pide le maten en las calles como hacía cuando su mal vivir ocasionó la muerte del joven diputado Robert Serra y ella culpaba de eso a la gente que le tenía rabia), como hacían los fascistas en la Italia de Mussolini y la Alemania nazi, que sí eran fascistas que usaban exactamente estos métodos para silenciar toda disidencia a sus desmanes, métodos realmente fascistas, de fascistas de verdad, palabra que los necios a las órdenes del fascismo repiten con ligereza para satanizar a los demás. Yo mismo me vi envuelto en una discusión con un señor, a través del pobre portal NOTICIAS24, que alegaba que él no le restaba méritos a la vieja democracia pero que Antonio Ledezma era un verdugo al que había que condenar. Le respondí que aunque la pasada democracia no era perfecta, y había ladrones, al menos construyeron escuelas y liceos públicos, unieron los pueblos con carreteras y los estados con autopistas, a las universidades entraba a quien le daba el promedio (yo fui, y no tengo ni contactos ni real), levantaron hospitales públicos y fabricaron casas, no mandaban a robar las ajenas; que si a alguien persiguieron no fue a bodegueros y dueños de supermercados, tachándoles de algo para robarles sus mercancías y repartir lo que ahora no se puede producir, y que si reprimieron y combatieron fue a la gente que desde los sesenta conspiraban con Fidel Castro para entregarnos atados de pies y manos como han terminado haciendo. Que sí Antonio Ledezma fue un pilar de esa Venezuela que algo hizo para que la gente común y corriente viviera (a muchos les sorprende, pero en esos tiempos habían mercados con comida, farmacias con medicamentos, ferreterías con cemento y ahorrando, no mendigando o esperando que te dieran, uno pagaba pasajes en unas cosas llamadas ferris y hasta a Margarita se podía ir), y frenó a los lacayos de los Castro, entonces el señor Antonio Ledezma merecía todo mis respetos y consideraciones. Si esta gente, estos socialistas de porquería hubieran alcanzado el poder hace cuarenta o treinta años atrás, no sólo no habrían esos hospitales y escuelas, o el internet, es que ni siquiera hubiéramos conocido la electricidad, esa que todavía tenemos con todas sus fallas por las viejas centrales construidas por la democracia y a las que estos ni mantenimiento saben dar.

   La estrategia es encarcelar a todo aquel a quien no puedan derrotar electoralmente, tan simple, tan básico, tan monstruoso. Es por ello que UNASUR se reúne pero no emite declaraciones conjuntas, no dice “aprobamos lo que el gobierno del señor Maduro Moros hace”, sino que intentan ambigüedades que no les comprometan (torturar y asesinar gente, ordenando desde el poder, y por televisión, nunca se ha visto bien); y PETROCARIBE comienza a mirar más hacia Estados Unidos, preocupados de lo que en Venezuela pueda ocurrirle a la gente que sale a las calles a protestar por hambre ya amenazados por el ministro de la Defensa, general Vladimir Padrino, de ser enfrentados con armas de fuego. Mucha personas me preguntan, de buena fe, “pero ¿y si estaban conspirando? Dicen que los militares detenidos les denunciaron”. Bien, que estos golpistas vean como anatema o blasfemia una intentona golpista, suena por lo menos extraño. Pero lo de fondo es que al Gobierno le cree lo que dice o muestra quien quiera creerle. Dijeron que no se caerá el Viaducto, y cayó ese mismo día de la aseveración; aseguraron que no nos tocaría la crisis financiera que sacudió a Estados Unidos y Europa, y luego respondían a la devaluación y el encarecimiento de la vida con un “hay una crisis económica”; juraron que Venezuela contaba con alimentos para abastecer los mercados, y están pelados; se dijo, el año pasado frente al cadáver de la señora Mónica Spear, que ahora sí tenían un plan para combatir el hampa (después de catorce años), y durante ese mismo año la violencia mató a casi veinticinco mil personas; con desfachatez declararon que con un barril de petróleo a sesenta dólares Venezuela saldría a flote… y hubo que implementar una mega devaluación de la moneda y un brutal paquete de medidas neoliberales. ¿Creerle a esta gente algo de lo que dice? Sólo si uno tiene una fuga cerebral.

   Un hombre apareció hace unos años, Giovanny Vásquez, traído del vecino país y protegido por el entonces Fiscal General Isaías Rodríguez y el presidente Chávez Frías, testigo estrella de un caso de asesinato, quien aseguraba que la periodista Patricia Poleo, y otros, se habían reunido en una finca de Panamá, creo recordar, a planear la muerte del fiscal Danilo Anderson, y que él fue testigo de aquello. Se detuvo gente, se libraron órdenes de captura, qué no dijeron los viciosos vividores de VTV, la Mari Pili Hernández, toda la camada, para que luego se supiera que en los días que decía estar con esa gente planeando esos atentados, el sujeto estaba preso en Colombia. A Isaías Rodríguez y a Hugo Rafael Chávez Frías jamás se les juzgó como los delincuentes que eran (delincuente, dícese del que comete delito tipificado como tal), y ahora, esa misma gente quiere que les creamos los cuentos que se inventan. Tienen el derecho a hacerlo, a intentarlo, todavía pueden sacar algo más de lo que queda de Venezuela y por lo tanto se aferran a un poder con el cual han hecho mucho daño, ¿pero que la gente común y corriente les crea las pendejadas? Ya se hacen merecedores a su suerte.

   El dilema, la tragedia griega de un movimiento que comenzó con los mejores auspicios, con las esperanzas de todos puestas en ellos, con todos los buenos deseos, se plantea difícil para el régimen en esta hora, ¿se declarará un estado forajido al margen de la comunidad internacional que persigue a sus opositores ilegalmente?, ¿se declarará una dictadura? La cuestión es, ¿qué le queda a la gente, al pueblo de Venezuela fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad?, ¿desconocerá el pueblo a un régimen, legislación y autoridad que contraría los valores, principios y garantías democráticos en menoscabo de los derechos humanos? ¿Es de suponer que la Fiscal General y el Tribunal Supremo de Justicia encadenarán a ese pueblo fiel a su tradición democrática a los caprichos del fascio?

   Amanecerá y veremos.

Julio César.

COMUNICACIÓN

febrero 23, 2015

EN EL PARQUE DE LAS PERRAS

MACHOTE VELLUDO EN HILO DENTAL

   Las mujeres se quejan de los hombres que no hablan…

   …Cuando la verdad es que no entienden el lenguaje masculino, piensa aquel hombre joven cuando llega a casa de sus futuros suegros y este le hace toda una invitación de puertas abiertas. A veces ese hombre, con mujer y siete hijas, necesitaba de ese roce entre rudos machos. ¿Se necesita decir más? Aceptando con una torva sonrisa y la mirada fija en el peludo camino culebrero, el chico se dice que no. Pero tampoco lo expresa en voz alta. No hace falta si se medio soba lo que ya abulta bajo el pantalón.

Julio César.


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