EL PEPAZO… 45

enero 20, 2017

EL PEPAZO                         … 44

De K.

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   -Dámelo, papi…

……

   Y es lo que piensa el forzudo joven, erizado de lo que mentalmente podría ser repulsa, pero recorriendo ese liso y ahora húmedo glande, besando, aprisionándolo entre los labios, sacando la punta de la lengua y casi escuchando el sonido de agua cayendo sobre metal ardiente al rozarlo. Su cuerpo responde y traga esa cabeza, aprisionándola con los labios y pegándole la lengua, chupando, llenándosela con su sabor. Y gime ahogado aunque su cerebro le grita que se detenga.

   -Oh, sí, así, muchachote adorador de güevos… -grazna el otro, sintiéndose increíblemente caliente, también erizado, como lo estaba todo carajo cuyo miembro era adorado de esa manera.

   Jacinto no quiere escucharle, era tan degradante para un “hombre como él”, pero cerrando los ojos traga más del pulsante tolete, pegando las mejillas de él, de una manera automática, dejándole la lengua contra la gran vena de la cara inferior, notando el calor y latido de la sangre, comenzando un tímido sube y baja, tragando casi medio tolete, succionándolo, bañándose la lengua con esos jugos, mientras lo masajea con labios y mejillas, provocándole un gemido a Efraín, un tensar de su cuerpo, el echar la cabeza hacia atrás. Y dos ideas le obsesionan. Mamar esa verga, atraparla subiendo y bajando, se sentía como lo que su culo hacía con los toletes masculinos, los dos que ya ha probado, el del médico y el del abogado, trabajándolos, chupándolos, ordeñándolos para sentirlos bien adentro. Así era esto, se dice con un ahogado gemido, los pómulos muy rojos, mientras ahueca las mejillas al comerse ese tolete.

   La otra idea… ¡Le gustaba cómo se sentía esa verga en su boca! Y no sólo eso, sabe por la manera como el otro se tensa y gime, muy abierto de piernas y la cabeza echada hacia atrás sobre el respaldo del sofá, mientras le atrapa medio tolete con una mano, masturbándolo, chupando escandalosamente el resto, que podría muy bien convertirse en un carajo hambriento de güevos, por lo bien que se sentía y lo natural que todo aquello le resultaba; el subir su boca, los labios adheridos a la pulsante pieza que va dejando brillante de saliva, chupando en todo momento, dejando dentro únicamente la cabecita, la cual chupa y lengüetea antes de bajar otra vez. Si, le salía bien el mamar a un hombre…

   -Eso es, mamagüevo, así, chúpamelo bien. Hummm, pero que bien lo haces, maricón. –jadea casi desfallecido de gusto, Efraín, caliente que jode, tal vez por estar recibiendo una mamada, algo a lo que su mujer no es muy amante, y en su apartamento mientras la perra estaba afuera. O tal vez era por esa boca golosa que… Baja la vista y enfoca el cabello sedoso, de hebras brillantes, ir y venir, y monta una mano en él, empujándole, oyéndolos los ahogados “uggg”, sintiendo el aliento de Jacinto quemándole, y la saliva que chorrea en su verga, rumbo a los pelos y bolas mientras esa boca lo va cubriendo todo. Y le deja allí. El joven boquea, se ahoga, pero…

   El control de ese hombre sobre él, “obligándole” a tragarse su palpitante instrumento de joder, llenándole la garganta con su calor y jugos… le encanta a Jacinto; y sigue ordeñándoselo, sin pensar en las concesiones que hace, a su hombría, con la frente fruncida y cara totalmente roja mientras su manzana de Adán sube y baja, ordeñando aquel güevo.

   -Hummm, si, así, putico… -ronronea el hombre, reteniéndole allí, sintiendo su respiración quemándole, la lengua agitándose contra su barra, esa garganta chupando.- Trágatela toda, a los hombres nos gusta cuando los maricones nos la comen… ¡Ahhh! –le deja alzarse y un nuevo buche caliente de baba sale de la boca de Jacinto, quien sorbe con ganas.

   Maricón, eso le dice, sintiéndose bien al hacerlo, no entendiendo exactamente el por qué; aunque imagina que tiene mucho que ver con ese joven y fuerte corpachón que se agita, arriba y abajo, mientras le come la verga. Un tío tragándose su tolete, la idea era… Pero no quiere pensar mucho en eso, en las cosas que hace un marica, no cuando le guía con una mano en la nuca, y la otra, como movida con vida propia, le acaricia un recio hombro, estremeciéndose ante lo íntimo de la caricia que le hacía a otro carajo. Esa mano baja y baja, sabiendo a dónde va. También el joven fortachón, que tensa la recia musculatura. La palma sube sobre las redondas masas de los glúteos, duras, hincando los dedos. Y tal vez no era totalmente consciente de lo que hacía, o pretendía, pero la mano se mete entre esas nalgas, recorriendo la tirita de la tanga color rosa, la punta de los dedos tocando la entrada del culo, apenas cubierta. Uno que titila, se agita y abre, maravillando al sujeto, que parpadea, entre jadeos, porque la mamada que recibe…

  Claro que Jacinto tenía sus propios problemas, con la piel enrojecida y erizada ante el roce de la mano, los dedos de esta jugando sobre la tela del hilo dental con su huequito loco, el cual parecía ansioso, desesperado. Esos roces parecían mejorar más y más el sabor del güevo en su boca, al tiempo que mece, sin notarlo, el trasero, buscando esos dedos. Cuando uno de ellos comienza a enterrársele, ojos cerrados, el joven maúlla de gusto, cubriendo por su cuenta todo ese pulsante tolete con sus labios, pegando los labios del pubis y succionando con ansiedad.

   -Ahhh… -grazna Efraín, boca abierta, gozando esa mamada, si, pero… El dedo se desliza fácilmente por ese esfínter suave, sedoso, caliente, que se lo aprieta de una manera viciosa. Era como si tuviera un chupón, como si ese culo fuera otra boca golosa y necesitada. Un culo necesitado de un hombre, de un güevo que lo abra, lo llene, lo roce y forcé, que lo haga delirar, gimotear, lloriquear y pedir por más. Todas esas ideas le inundan el cerebro, obligándole a subir y bajar sus caderas, cogiéndole la boca, al tiempo que saca y mete el dedo de ese culo mojado.

   Y, sin embargo, quien la llevaba peor en ese momento en su mente, desde el punto de vista hétero, es Jacinto; con ese dedo penetrando su culo, el güevo se sentía mejor en su boca. Le sabía sabroso. Le gustaba succionarlo, masajearlo. La idea le llegó: debió mamar güevos mucho antes…

CONTINÚA…

Julio César.

CONSIDERACION POLICIAL

enero 20, 2017

VIDA FELIZ

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Julio César.

TIPOS DE TIOS…

enero 20, 2017

AVIONES

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   El que gusta de marcar su territorio, lo que le pertenece, aunque otros compartan la estancia.

velludo-y-caliente

   El que viendo el juego, no respeta nombres ni trayectorias sino que se toca pensando en lo culón que está Ronaldo…

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   Los chicos que en lugar de chatear, salen un rato al campo a pasar un buen rato… o a admirar la naturaleza.

Julio César.

CORRERÍAS EN BOSTON… 24

enero 20, 2017

CORRERÍAS EN BOSTON                         … 23

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

WINCESTS HOT

……

   Tan sólo que no le parecía una aventura; mientras hablaba con Leslie, la fría y hermosa Leslie, tan solo podía pensar en el rubio cazador, recodando sus ojos brillantes, sus manos fuertes, rudas, acariciándole, esos labios de pecado tomando los suyos, le lengua entrando y explorando sin vergüenza mientras los sólidos y firmes cuerpos se restregaban uno contra el otro sobre esa cama, necesitados de ello. Su boca, esa lengua recorriéndole el cuello, el torso, mordiendo sus pezones, los dientes marcando sutilmente su piel. Dean reclamándole. En cuanto terminó aquella llamada, citándose con la otra para verse esa tarde, ya Nick estaba duro y extrañando al rubio. Le costó mucho no volver a esa habitación y caer sobre él.

   Se quedó a desayunar, fingiendo no notar las miradas de su abuela, que iban de él a Dean, el cual todo sonreído, y chulo, caminando muy lentamente y envarado (y más después de lo de la noche pasada, pensó Nick con un nudo de excitación en la garganta), se reunió alegremente con ellos en el comedor. Se miraron, el rubio como retándole a ser desagradable como siempre, pero no podía. Tan sólo frunció el ceño al verle tragar a dos carrillos, no comer y saborear, el desayuno. Y sentado a esa mesa, Nick se enfrentó a otro demonio, los celos. Se sabía competitivo, egoísta, lo suyo era suyo, no le gustaba perder. O compartir. En nombre de la civilización lo hacía, a regaña dientes, pero la intensidad del malestar que experimentó ante el coqueteo del personal domestico de su abuela para con el cazador, y las miradas-sonrisas, y comentarios chulos que este les lanzaba, siguiéndolas con los ojos para mirar sus traseros, le sentó como un golpe en el estómago.

   Obviamente si algo ocurría entre el joven gañan y alguna de las no tan jóvenes doncellas, ya había pasado, antes de la noche compartida, pero… Desde ese punto le fue difícil ocultar su ceño, su mal talante al responder cualquier cosa. Algo que hizo sonreír al pecoso, como si estuviera confirmando algo que ya sabía. También pareció divertir a su abuela.

   No le fue fácil abandonar la casona, llegar a la suya, ducharse y cambiarse para volver a la Fiscalía. No, no pensando en el rubio en aquella casa, sin nada mejor que hacer como no fuera holgazanear, rodeado de mujeres de mediana edad, aunque de buen ver, que le miraban con adoración y reían tontamente a su paso. En ese momento, consumido por la tensión, la preocupación, debió saber que más allá de su temperamento posesivo, aquello era inseguridad. Celos. Que Dean Winchester estaba convirtiéndosele en algo más profundo.

……

   Si, a Nicholas Stanton le costó, esa primera mañana, después de la aventura, abandonar la mansión, alejarse de Dean, temiendo lo que este pudiera estar haciendo para divertirse.

   Y algo de cierto había, el rubio cazador había disfrutado su mala cara. Al principio imaginó que se reprochaba, al fin, lo ocurrido entre ambos, luego que intentaba disimular frente a su abuela. Finalmente, notando su ceño cada vez que alguna de las doncellas le atendía con preferencia, entendió, con un sentimiento nuevo, de calor, sorpresa y agrado, que el otro temía dejarle porque le preocupaba lo que hiciera. Estaba celoso, pues. Eso le apreció absurdo, divertido, pero también excitante. De una forma extraña. Todavía no se conocía tan bien como Nicholas Stanton estaba haciéndolo. No sabía, o no quería ver, que le gustaba despertar afectos.

   A Dean Winchester le divertía el sexo, había sido así desde que lo descubriera a solas, masturbándose, hasta que una revelación le golpeó feamente, que con otras personas eran aún mejor. Con lindas chicas de turgentes senos y traseros duros que tocar; ellas tomando su verga, apretándola y exprimiéndosela con sus coños calientes. Más tarde entendió que otros chicos le miraban de manera interesada en la secundaria, ¿por su aire chulo y resuelto?, ¿por su agresividad innata, tan masculina? ¿Por su (y aún él rodaba los ojos) carita bonita? Como fuera, otros chicos respondían a su presencia, y la mano de un muchacho sobre su verga era mejor que cuando él mismo se la tomaba; sus mamadas no desmerecían en nada a las de las chicas, o tal vez en que estos parecían más dispuestos, ardiendo de jóvenes calenturas, de rodillas en el sanitario del colegio. Y, joder, un apretado y sedoso culo, clavándola en el de uno de ellos, era una locura. No se detuvo a pensar en si estaba bien o mal, si era normal o no, no cuando a los quince ya cazaba hombres lobo. Hacía tiempo que sabía que la suya no era una vida de esas, de regresar a estudiar, hacer tareas, cenar con la familia e ir a la cama, con mamá y papá follando en la habitación del fondo; no desde que algo entró en su casa, matando a su madre y lanzándoles a todos a la caza de criaturas horribles. No desde que Sam, su hermanito, había pasado a convertirse originalmente en su protegido, “su niño, para terminar como centro de un sentimiento más inquietante.

   Le gustaba el sexo, el placer físico que brindaba, la gloria del orgasmo, pero también la oportunidad que le ofrecía para conectar con otro ser humano, algo que jamás reconocería, mucho menos admitiría frente a alguien. Pero, en esos momentos, olvidaba lo extraño de su vida, su misión, que Sam se había ido, escapando de lo que le había hecho (culpa), y de su padre, que le dejara porque le parecía menos capacitado que su hermano (inadecuado, una decepción). Como fuera, a Dean le gustaba sentir, aunque no lo considerara así, que existían aquellos a quienes agradaba, lo deseaban… y lo amaban. Sabía, siempre estuvo muy consciente, de que era algo momentáneo, un engaño en sí, entrar en un sanitario de cine después de guiñarle un ojo al chico de las entradas, o las camareras en las fondas de la carretera. Vio en sus ojos deseo y lo aprovechó. Igual ocurrió cuando conoció al abogado idiota, prepotente y engreído que parecía disgustarle y censurar todo sobre él… pero notando que Nicholas no parecía poder dejar de mirarle. En verdad que cayeran la noche anterior en la cama, no le fue tan extraño. Ya había encontrado mujeres fuerte, y tíos decididos, que le discutían y reprobaban, pero que en verdad deseaban tenerle en sus camas. Imaginó que sería otro cuerpo, otro grato y placentero momento de entrega, de evasión emocional, siendo arrojado de aquella casa al otro día, o que al menos despertaría para encontrar que el otro había escapado durante la noche, disgustado con lo hecho; pero Nick había dicho cosas que sacudieron su mundo. Había mostrado una preocupación, un afecto que…

   Todavía estremeciéndose, discutiendo por no dejar, que tenía que marcharse, dejándose convencer por la abuela del hombre le ley, para quedarse y que descansara (¿y acaso había visto brillar algo irónico en sus pupilas?, parecía una anciana muy de estos tiempos, pensó), se quedó para ser mimado por aquellas mujeres que le preparaban todo lo que deseaba, incluyendo hamburguesas a la orilla de una piscina a donde no entró por en vendeja que tuvo que colocarse después de lo de la noche anterior, oculto bajo la delgada franela, pero si mostrando piernas. Sentado allí, ojos cerrados cuando no comía o tomaba algo (no pudo convencerlas de traerle una cerveza, no pasando las fiebres como estaba, bajo medicamento), se contentó con no pensar en nada, no tener apuro, echado sobre aquella tumbona bajo los pálidos aunque gratos rayos del sol, las notas de Metálica dejándose escuchar en su reproductor.

   -Llevas mucho tiempo aquí. –escuchó una divertida voz, y levantando un parpado, sonriendo todo chulo, enfoco a Rose, una de las mucamas ocupadas de las habitaciones (¿qué tanto dinero había que poseer para mantener semejantes ayudas?), aunque en esos momentos cargaba un pequeño platillo cubierto. Era de las jóvenes, fácilmente por debajo de los treinta. Al cazador le divirtió el rubor de sus mejillas mientras le metía ojo pretendiendo que no lo hacía. Bien, era una chica con buen gustó, pensó, y, pícaro, se estiró todo, el esbelto cuerpo mostrándose.

   -El sol me gusta. ¿No te parece que me queda bien el color en la cara? –coqueteó, porque era Dean Winchester. Hubo un leve silencio intencionado de parte de la otra.

   -Tal vez al señor Nicholas no le agrade que… -comenzó, atrevida, desinflándose a medio camino, más por la mirada desafiante del rubio.

   -Tranquila, creo saber que le gusta. –respondió tan pancho, haciéndola sonrojar escandalizadamente divertida. Pero el hombre no se concentraba en eso, casi relamiéndose los labios, sospechando alguna golosina en el platillo.- ¿Es para mí? ¡Dios, me amas! –la mortificó, ella rodó los ojos pero conteniendo una risita, levantando la cubierta, dejándole ver un buen pedazo melcochoso de tarta de chocolate con frutas, casi mordiéndose el labio para no reír abiertamente al ver ese brillo felino en los verdes ojos, el cómo todo Dean respondía al dulce.

   -De parte de la señora Martha… -la cocinera.- Tiene malas intensiones para contigo. –se lo tendió y este tomó el platillo con una sonrisa.

   -Esa mujer cocina tan bien que puede tomarse todas las libertades que quiera conmigo. –respondió alegremente. Con el pequeño tenedor (de plata, por Dios), tomó un trozo, llevándolo lentamente a su boca, donde los labios se abrieron con voluptuosidad, burlándose de la mujer que le miraba como hipnotizada.- Hummm… -dejó escapar un gemido maullido de placer, uno real, pero intencionado. Y Rose enrojeció aún más.- ¿La probaste? –le preguntó, todavía paladeándolo, separando otro trozo y alzando la mano.- ¿Quieres…? –la retó, porque era Dean Winchester, dejándola impactada, como no sabiendo cómo responder.

   -Ella debe volver a su trabajo, el cual descuida aunque se le paga para ello, y no entretenerse con los invitados de la casa. –la fría voz, censuradora, les sobresaltó. La mucama hasta se llevó una mano al pecho. Dean tan sólo alzó una ceja. Allí, de pie, atildado en su costoso y hermoso traje marrón, Nicholas Stanton les miraba. Especialmente a Rose, y no parecía nada contento.

   -Yo… yo… -balbuceó ella. No le gustó para nada la lapidaria mirada que el hombre le lanzaba.

   -No la quemes en la hoguera, abogado; me traía algo que pedí. –intercedió Dean, alzando el platillo y casi bailándolo.- Gracias, Rose. –le dijo con una de sus sonrisas matadoras, avergonzando a la mujer, que temía mirar al nieto de su patrona; sonrisa que a este pareció molestarle más.

   -Bien, ya lo trajo, ¿no? –fue cortante y la mucama casi huyó a la carrera, sintiendo un peso entre sus hombros. No tenía que volverse para saber que el señor continuaba mirándola. Como era en efecto. Nicholas pensó, muy seriamente, en correrla de la propiedad, que buscara empleo en algún prostíbulo barato y…

   -Déjala en paz, sólo me mima como el resto. –Dean cortó sus pensamientos, sonriendo cuando este se volvió y le vio, todo censurador.- Y cambia esa mirada o la gente comenzará a hablar de nosotros, señor Stanton. –se burló, guiñándole un ojo, llevando el trozo de tarta a su boca, cerrando los carnosos labios sobre el tenedor, maullando de gusto, un sonido casi erótico que debía, forzosamente, enviar toques eléctricos a la columna vertebral de cualquiera que le observara y escuchara, retirándolos lentamente del cubierto. Todo ello seguido por la mirada hipnotizada del hombre, a quien todavía le tocó ver esa lengua recorrer lentamente el cubierto, dejándolo brillante.- ¿No quieres? –le reta, sonriendo chulo, tomando otro pedazo con el tenedor lamido, ofreciéndoselo, recorriéndose el labio inferior con la lengua.- Tal vez haya suerte y nadie esté viendo para acá, abogado. –un puchero travieso se pintó en su boca.- ¿O temes a mis gérmenes?

CONTINÚA…

Julio César.

DESESPERADAS PATADAS DE AHOGADOS DE UNA REVOLUCION MORIBUNDA

enero 20, 2017

PARA ENTENDER QUÉ PASA EN VENEZUELA

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   Cuando la disidencia es el delito a perseguir, hay tiranía.

   La semana pasada fue muy dura para Venezuela, su gente toda y para un gobierno que se desmorona sin que nadie dentro de él parezca saber qué hacer para impedirlo. Al régimen les tiene enfermo los resultados de las últimas encuestas, donde el mismo Gobierno, Nicolás Maduro Moros, el Tribunal Supremo de Justicia, el Consejo Nacional Electoral y la Fuerza Armada Nacional (los que necesitan halar mecate para ascender le agregan lo de “Bolivariana”; antiguamente un cuerpo respetado este), aparecen por el piso en cuanto a credibilidad o la confianza que generan, a los cuales el país ya reconoce como el “problema” en esta hora mala; continuando adelante en confianza la Iglesia, la Asamblea Nacional, y la certeza de que cualquiera que se lance electoralmente representando a la Oposición, por el cargo que sea, derrotará a un candidato gobiernero.

   Lo que era lógico, lo que no se entiende son todos esos pataleos de miedo y violencia con la cual intentan silenciar a todo un país, ahora, cuando es tarde. Ellos, como lo sabían todos, debieron suponer que este momento llegaría independientemente de cualquier payasada barata para intentar confundir o distraer. En verdad nadie con dos dedos de frente, y algo más de sesos que un conejo, podía imaginar que robando juguetes y entregándolos (y ni eso pudieron hacer bien), convirtiendo a los receptores en cómplices de robo, e insistir en regalar una bolsita de comida aquí y allá, que en el mejor de los casos podría llegar a unas quinientas mil familias, en un país de más de treinta millones de habitantes, se lograría revertir la opinión negativa sobre una cúpula podrida que ya ha demostrado hasta la saciedad lo ladrones, incompetentes, tramposos y represivos que son. Eso debió pensarlo alguien, dentro del Gobierno, sin que nadie se los dijera, y en base a eso debieron tomar medidas para desmontar la política, si a eso se le puede llamar tal, que los españoles del grupo PODEMOS les vendieron, bien caro, como una panacea para sacarnos del Tercer Mundo, pero hundiéndonos en el hambre, la miseria y violencia del Quinto. Eso fue lo que debieron hacer, pero no quisieron o no pudieron y ahora amenazan, con armas, al país para que se les someta.

   Aparentemente era muy difícil, demasiado trabajo, rectificar el rumbo al desastre, y salir de ese camión de ministros, viceministros y directores de esto y aquello, que no sirven para un carajo como no sea molestar más al país al declarar imbecilidades. ¡Y cómo declaran imbecilidades! Es lo que consideran lo imposible, cambiar el rumbo, suponen que es más fácil, y efectivo (lo dicho, unos pobres mentecatos que fuera de robarse lo que ven mal puesto no sirven para nada más), calumniar gente, satanizar a quienes critican el caos, perseguir a quien propone un camino distinto para ver si se obtiene un resultado diferente, hablar y hablar paja durante horas “a un pueblo en pie de lucha”, pero con el cual no se atreven a ir a un proceso electoral del que sea. Obviamente, las consecuencias no podían ser otras como no fueran esos resultados de encuestas que los tienen enfermos, asustados y rabiosos, actuando de la manera más desacertada y ridícula. Sabiéndose increíblemente incapaz de enfrentar lo que pasa, Nicolás Maduro Moros, y el resto del PSUV, se apoya en generales y coroneles que comparten sus culpas y crímenes, para que repriman, persigan y aterroricen al país. Sin causas probables, sin órdenes judiciales, sin que medie la Fiscalía General de la República, el nuevo Plan Cóndor se desarrolla a la vista de todos. La política apolítica, en manos de militares, detiene sin causas probables a quien sea, con la acusación más baladí, ya que ni la Fiscal General ni el Defensor del Pueblo quieren decir algo, o no se atreven ante la brutalidad militarista, y encierran gente, la aíslan y la someten a todo tipo de torturas, a veces hasta negándoles atención médica básica. Usan los medios que sea para silenciar y acabar con una oposición política que cada vez es más escuchada por el soberano. Uno imagina la frustración de esa logia criminal militarista por no poder fusilar a opositores políticos en el patio de un cuartel o no poder subirlos en un helicóptero y lanzarlos al mar, como en los momentos más oscuros de este tipo de regímenes, vividos en la Argentina y Chile, a mediado de los setenta.

   Esta semana que concluyó, se detuvo incluso a diputados, gente electa por el pueblo, en votación directa, no fue que nadie los nombró a dedo o les regaló el cargo, se lo ganaron por decisión del soberano, y continuaron las arremetidas por los medios de comunicación controlados, sentenciando antes de que una investigación somera se realice, para amedrentar y deshacerse de esa gente que habla golpeado y es escuchada. Es la criminalización del descontento y la protesta. Al ciudadano no le queda ni el recurso de criticar a quienes le llevaron al desastre porque una recua de militares le cae encima y lo atropella. La Fiscalía General de la República no emite acusaciones, ni siquiera admite que hayan investigaciones en curso, tribunales sentencian que a la mayoría de esos presos políticos no se les puede probar nada y deben ser dejados en libertad, pero la criminal logia militarista les retiene, presos, porque sienten que están por encima de las leyes y la Constitución, y que la parte civil del estado dejó de funcionar. Les envalentonó haber contado con regímenes cabrones en la Argentina, Uruguay, Brasil y Chile, hoy, hasta los regímenes cabrones de Ecuador y Bolivia prefieren guardar silencio ante lo que ocurre. Y porque no hay un Tribunal Supremo de Justicia que reponga el Estado de Derecho, que les regrese a sus funciones naturales, porque como todo lo que rodea al Gobierno revolucionario, no funciona. Esos magistrados del Tribunal no fueron nombrados a dedo, en un programa de televisión, para que impusieran la ley y la Constitución, están ahí para preparar una coartada seudo legal a toda esta arbitrariedad, una que sólo PODEMOS, en España, finge que cree, ya que ni en la región se pronuncian sobre estos abusos (se les pasó la mano, el miedo logra esas cosas).

   Sabiendo que no pueden ganarle a nadie unos comicios de lo que sea, el Gobierno le negó al país la elección de alcaldes y gobernadores, ya no hablemos de un referéndum donde se le preguntaría a la gente “¿quiere que Nicolás Maduro Moros, y su banda, continúe destruyéndonos como lo han hecho este año de 2016?”, que es como el país lo entiende y lo dice en las calles; pero, consientes también de que no pueden evitar elecciones indefinidamente (el peor delito contra la democracia, después de desconocer la voluntad del electorado, como la desconocieron desde diciembre de 2015, convirtiéndose en un gobierno de facto), el régimen persigue y encarcela a aquellos a quienes la gente apoya, como se hizo con Leopoldo López, por los actos de violencia de inicios del año 2014. Aunque un jefe de colectivo aclaró, por televisión, que cuando el Gobierno se vio con el agua al cuello en febrero de 2014 por las protestas de estudiantes y amas de casas, se les llamó para que los reprimieran a sangre y fuego en las calles, fue a Leopoldo López a quien ese mismo Gobierno culpó de todo aquello; aplaudido en ese momento por la basura de la Tierra, la cual casi toda ha salido de sus trincheras de poder temporal para ir a defenderse en sus propias naciones por sus actos de corrupción, a excepción del PSOE y PODEMOS, que bastante contribuyeron a la persecución política en el pasado cercano, y todavía.

   Visto que tarde o temprano tendrán que llamar a elecciones, la estrategia del régimen es encarcelar e inhabilitar políticamente a cualquiera que aparezca liderando en su zona en la opinión popular y nacional. Para eso, la logia militarista, el Plan Cóndor en plena acción, detiene, señala, aísla y condena a todos esos que son molestos al régimen. Y mientras inhabilitan por el proceso de encarcelar, se quiere acabar con partidos políticos completos, como Voluntad Popular, porque salen mucho mejor posicionados, en las preferencias del electorado, que esa cueva de vicios en la que terminó convirtiéndose el PSUV; por ello se les acosa, sin pruebas, sin que la Fiscalía se atreva a señalarles algo, de terroristas. Que la gente los prefiera los convierte en delincuentes, es la judicialización de la política. Pero esta persecución va de frente, sin  disimulos, sin sentir vergüenza o freno contra cualquier dirigente de oposición, diputado, estudiantes, periodistas y hasta empresarios que señalen públicamente que esto no se aguanta más.

MANUEL GALINDO BALLESTEROS

   Ha sido particularmente repugnante escuchar al Contralor General de la República, Manuel Galindo, quien públicamente dice que los delitos que él comete contra la cosa pública son delitos permitidos, los de los otros no,  haciendo señalamientos de corrupción contra Henrique Capriles Radonski, buscando inhabilitarle políticamente por lo bien que sale en las encuestas; él, el Contralor, que ha sido cómplice directo y protagónico en la brutal estafa a Venezuela, el robo del hasta último centavo de las arcas nacionales, condenándonos al hambre y la miseria. Una y otra vez este siniestro personaje que tendió el manto de la impunidad frente a los casos más escandalosos de vicio y rapiña, desde las valijas a PUDREVAL, las toneladas de alimentos podridos comprados a precio de oro para cobrar comisiones, al uso de los bienes de la república para lucrar del narcotráfico, y la desaparición de la más alta cantidad de dinero que le ha entrado al país por conceptos petroleros en los últimos cuarenta años. Todo eso ocurrió con su complicidad y su participación, y es él, de cara a un país que le ha visto revolcarse una y otra vez en el fango, quien intenta decirle a los venezolanos que actúa de acuerdo a la ley y su conciencia, y no, no es que quiera inhabilitar a un hombre que triplica, en intensión de votos, a cualquiera candidato del Gobierno.

   Pero no ha sido la única estrategia que estos insensatos que no ven el verdadero problema, toman para resolver lo que imaginan es su único trabajo, ganar unas elecciones cuando, inexorablemente, tengan que hacerlas: intentar destruir la Unidad opositora es otra. Han sido brutales los ataques contra la Mesa de la Unidad Democrática, la cual ha actuado, hay que reconocerlo, con cierta torpeza, como si no hubieran estado preparados para tratar con sujetos de esta calaña en toda, estos tipos de regímenes que se sostuvieron, y sostienen aún, empleando la manipulación ya que no la búsqueda de soluciones a problemas, mucho menos brindándole felicidad a sus pueblos (receta usada en el bloque soviético durante décadas, el que todavía se padece en Cuba). Desataron, mediante campañas propagandística (paja, lo único que parecen capaces de hacer), los apetitos internos de unos, y la rabia de otros por la “falta de resultados”, para intentar liquidar al grupo que les ha infligido derrota tras derrota, comenzado por el “No” al cambio de la Constitución en 2007, y la paliza de diciembre de 2015, cuando siete de cada diez personas que fueron a votar lo hicieron en contra de una gente ladrona e inepta. Contaron con cierto éxito entre la gente más básica y superficial, que repetía lo que el Gobierno les decía, que el régimen no caía por complicidad de la Mesa de la Unidad, y el referéndum se acabó por culpa del dialogo (esas tonterías se dijeron y hubo quien las creyó), aunque era evidente para todo el mundo todo lo que se hacía, desde el CNE al Tribunal Supremo, para que dicha consulta no se diera, robándole ese derecho al país.

alfredo-serrano-el-economista-inutil

   Como borregos, muchos siguieron la orden impartida desde Miraflores: destruir la Unidad. Por otro lado, inhabilitando gente, cerrando partidos, se buscaba, como hizo en Nicaragua, esa miseria humana llamada Daniel Ortega (el depravado ese), levantarse una oposición a su medida, salir de quien hicieran peligrar su triunfo y quedarse con gente que no servía para nada ni a nadie representaba. Es lo que se intenta aquí por todos los medios, y el primer bocado, en el cual llevan tiempo, es Voluntad Popular, porque el país aprecia a Leopoldo López, porque contra Leopoldo López el Gobierno lleva años y años hablando paja, y ese país que responde encuesta sigue fiel a él. Eso les arrecha a límites de incontinencia verbal, el que después de todo lo que se ha hecho internamente, de toda la paja que PODEMOS repite en foros internacionales, a Leopoldo López la gente le desee que salga de su injusta prisión, por ello se cañonea desde todos los frentes a Voluntad Popular; pero ahora también se va tras Primero Justicia, mientras otros grupos partidistas, “aceptan continuar conversando” con el Gobierno, aunque la orden emitida por la Mesa de la Unidad es que el dialogo se acabó. No sólo se pretende la ruptura de dicha Unidad, el régimen busca con quién irse a contar electoralmente, y que les garantice el éxito. Un disparate a todas luces visto cuando se les desprecia, como se constató en diciembre de 2015, cuando la crisis ni amenazaba en convertirse en la hecatombe que luego fue, al tener que montar, Nicolás Maduro Moros, su paquetazo neoliberal en enero de 2016, bajo guía de los economistas de PODEMOS.

   Pero nada consiguen con todo este pataleo de politiquería barata, que ni de distracción sirve, lejos como están, bien alejados de la realidad y del verdadero problema que corroe a los venezolanos (y que no entienden, ya viven de espalda al pueblo, tantos años de existir como jeques millonarios, entre vicios y excesos gracias al dinero de la corrupción, les apartó de todo). La represión contra una gente a la cual ni la Fiscal del chavismo se atreve, o puede presentar una acusación que se sostenga (ni lo intenta, parece vivir asustada ella misma de decir algo y ser detenida por la logia militarista, como el mismo Defensor del Pueblo, figuras tristes y grises, responsables de muchas muertes por sus tácitas cobardías), tan sólo hace que la gente hable de la corrupción de la cúpula podrida del PSUV, la cual no se han ocupado de ocultar o disimular. Del intento de dividir a la Oposición, hasta una voz agria y contundente, aunque equivocada en sus últimos planteamientos, como María Corina Machado, sale por la calle del medio y dice que la Unidad debe continuar así no se esté de acuerdo con todo lo que digan, saliendo al paso la dama a los últimos intentos contra los partidos políticos de oposición y aquellos que quieren posicionarse como “oposición alternativa” aunque colaboran con el régimen. Las duras semanas de minamiento de la unidad, han terminado por aclararle el panorama aún a la combativa dama, demostrando que la gente aprende, lentamente, pero lo hace.

   La Mesa de la Unidad Democrática no se sentará a dialogar más, el Gobierno no respeta ningún acuerdo, no hay día que la Constitución y las leyes no sean violadas, pero otros grupos, que se dicen de oposición, aseguran que si asistirán… Y por ahí se señala, no sé si con mala intención, a UN NUEVO TIEMPO en esta jugada. Y esto es grave, porque como se demostró en las elecciones parlamentarias de 2015, todo el que se lanzo fuera de la Unidad, de la orden de ir todos juntos, a todos les fue bien mal. Como no termine Maracaibo, el Zulia toda, y Venezuela como una sola, cobrándole a UN NUEVO TIEMPO si realmente se embarca en esa campaña para intentar prolongar esta agonía y salvar al régimen. No me parece esta gente unos insensatos, pero la bola corre, y si no es así, que lo aclare UN NUEVO TIEMPO. Y si es así, esto tiene que ser denunciado por los voceros de la Unidad: fulano, zutano y mengano trabajan para destruir la unidad y permitirle al régimen sobrevivir un poco más, aunque eso se mida en cientos de venezolanos continuarán muriendo a la semana por una causa u otra originada en el desgobierno. Luego que sufran el destino de William Ojeda y Ricardo Sánchez, sujetos a los cuales la gente ni se voltea para escupirles.

   No hay régimen autocrático que no se vuelva más irracional, peligroso y criminal que aquel que está a punto de caer, ahí estuvo el nazismo, lo ocurrido en Rumania a la caída del bloque soviético, la represión brutal que llena las cárceles cubanas cuando la propaganda y la mirada de los fusiles no bastan para calmar la rabia en un momento dado. Eso lo padece Venezuela en estos momentos, represión, amenazas, violación del Estado de Derechos, gente incomunicada y a veces desaparecida, sin que las familias sepan dónde están (pero, según la lógica represiva, lo malo no es que suceda eso, sino que alguien lo denuncie); represión encabezada por generales y coroneles que comparten la culpa de la corrupción, los delitos de Lesa Humanidad y el narcotráfico, ese que no se investiga en ninguna parte dentro del territorio nacional, aunque las maletas, cargamentos y los señalamientos sean directos, públicos y notorios. Todo un aparato de terror puesto en marcha por uniformados para acallar las voces que protestan, que se quejan, los que salen a gritar que tienen hambre, o que carecen de agua potable, o por los aumentos diarios de pasajes y la falta de atención médica. Por supuesto que, y casi parece mentira, no funciona nada de lo que el régimen hace para detener la caída, o el disgusto de un pueblo traicionado, ni siquiera en este punto, porque encarcelar gente, difamarla por televisión (dígame Jorge Rodríguez, el sujeto que perdió Caracas, de los 23 municipios bajo su mando, 21 votaron en el 2015 por la Oposición; o Tareck El Aissami, quien fracasó estrepitosamente como ministro de la Seguridad**), nada de eso sirve para colocar ni un solo plato de granos en la mesa de alguien que se muere de hambre con su familia. Insultos, amenazas, represión, golpizas… Y nada de eso se transforma en un pedazo de pan, que es el problema más acuciante del momento.

   Todo lo que el Gobierno hace para sobrevivir un día, y otro, y otro, es ilusorio. Trastornados como están, incluida la logia militaristas, creen que los problemas reales, el hambre, la escasez, la brutal mega inflación que se come sueldos y ahorros en horas, la violencia normal y la generada ahora por el hambre, la falta de medicamentos e insumos médicos, y la parálisis que sigue avanzando por falta de repuestos y equipos de todo tipo, se les resolverá, o la gente no notará que están pasando, si silencia a los diputados rebeldes, las voces duras dentro de la Mesa de la Unidad, detienen a los candidatos con opciones de ganar o inhabilitan a quienes les derrotarían electoralmente. Ahí es donde estos dementes creen que está la solución. A esos extremos llega la locura, creer que por miedo pueden contener el disgusto, o quitar el hambre, o curar un cáncer para el cual no existen medicamentos ni servicios de radioterapia; que con trapacerías resolverán el problema real, la espantosa crisis social, política, económica y moral que asola al país. Pero no lo comprenden, o no quieren, o no pueden. Desconocer los resultados electorales, la decisión del pueblo, en el 2015 y continuar por el camino que generó ese rechazo, fue una locura. Es posible que esa demencia se halla extendido aún a esos uniformados que saben que tienen que responder por sus delitos, sólo así se explica todo este circo de tonterías cuando el problema es que estamos quebrados por una gerencia ladrona.

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   Y, sin embargo, el circo sin pan sigue. Nada más el sábado, en pleno día de La Divina Pastora, hubo una cadena militaristas, con una presentación de fuego de artillería. Disparos y disparos, como si eso resolviera algo del problema, como si la vista de esas armas en manos de cualquiera fuera a intimidar al país. La respuesta de quienes veían eso por televisión, lo escuchaban por la radio o les llegaba el mensaje a los celulares, fue una, dura, lapidaria, de desprecio: ¡Los maricos esos! Era como si la idea llegara colectivamente uno a uno, o nos hubiéramos puesto todos de acuerdo. A eso se redujo lo que Venezuela opinó de esa vaina el sábado, y a comentar lo vacío que se veía ese aquelarre comparado con las tomas que venían de Barquisimeto. Claro, y al chiste: Tú vas a ver que ahora Colombia nos invade, o Guyana, y no hay ni un triqui traqui para defendernos.

   Y no es que se espere mucho de unos generales y coroneles que dejaron, de una, que se perdiera la Zona en Reclamación, mientras aplaudían a ese pobre enfermo mental que fue a Georgetown, a decirles que se podían agarrar todo eso si votaban por él en la OEA. Pero tampoco este ridículo tan grande. Y, apena un poco decirlo, la habladera de paja como si hubieran hecho una sola cosa buena o de beneficio para el país en casi veinte años.

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   Ah, pero la semana aún contaba con otro día para meter la pata, el domingo. Con una cadena de radio y televisión, donde echaba cuentos en la sede del Tribunal Supremo de Justicia, el señor Nicolás Maduro Moros pretendió confundir al país, haciendo ver como si aquello fuera realmente una presentación de Memoria y Cuentas, que debía hacerse frente a la Asamblea Nacional, a donde no acudió porque sabía que le iban a pedir cuentas de los reales robados y de las políticas disparatadas que nos han sumido en este desastre, aunque esa misma Asamblea le dijo que no lo hiciera. Allí, con casi nadie escuchándole, gruñía que no podía presentarse en una Asamblea que le era adversa, porque para él, que se le exija aclarar sí hay gobierno o no hay gobierno, quién es el que está andando o no, es un ataque. Él, que cuenta con el desprecio de ocho de cada diez electores de este país, satanizaba a una Asamblea Nacional que fue electa con siete de cada diez votos, porque así de desfasado, de extraviado, está. Lo que explica el basural en cuanto hemos caído. Más tarde, tal vez agotado de tanto hablar paja, se le escapó que la maniobra contra el billete de cien, del cual acusaban a todo el mundo, fue una estrategia del régimen para sacarle los billetes de las carteras a los venezolanos para volver a utilizarlos para pagar sueldos y pensiones del aparato estatal, dado lo arruinado que estamos por el colosal saqueo del erario nacional. Cuando comenté sobre esto, BILLETES DE CIEN, MEGA ESTAFA REVOLUCIONARIA, hace días, hubo quienes me llamaron exagerados, pero si, fue otra estafa contra el pueblo de Venezuela, para sacarle los reales que ellos robaron, y que ya como estamos, ni siquiera tienen para mandar a imprimir más de ese dinero inorgánico. Tan perdido está que llama campaña contra el bolívar, guardar billetes de cien, a un país que tiene que juntar una resma de billetes para comprar cualquier tontería. Hace falta cincuenta billetes de cien, el de mayor denominación, para comprar un pan harina, y el responsable de esta situación, Nicolás Maduro Moros, y su banda de inútiles ladrones, se desentiende alegremente de lo que ha provocado. Pero lo que más molesta es que bastante que se les advirtió, a lo largo de estos años, que esto pasaría.

   Para esta semana, cuando se esperaba a ver qué decía en concreto, fuera de amenazar con armar a más grupos irregulares, para amedrentar y luego culpar a otros de los delitos que estos cometan, es que van a llevar a un señor al Panteón, violando nuevamente la Constitución. A los problemas del país, responde con más circo. Cada vez más desconectados de la realidad, más desorientados, pero más necios y soberbios, más habladores de paja, no reparan en el daño que se infligen. Y eso pasa a la vista de todo el mundo, de un país que cada vez les desprecia más, mientras siguen delirando como si de verdad contaran con el soberano. Tan sólo una logia militarista, el Plan Cóndor, le sostiene, pero eso será hasta que el hambre termine de imponerse.

   Caro paga el pueblo de Venezuela tanta piratería, desentenderse de sus obligaciones sociales y cívicas, esperemos que a la larga algo se aprenda.

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** No estoy seguro si es el ministro contra el golpe, no sé si a esos niveles de ridículo han llegado, pero en la vieja política de reciclar y reciclar lo que ya ha demostrado que no sirve, Nicolás Maduro Moros llamó al señor Tareck El Aissami para que se encargara de eso, que activara a los sapos para vigilar a la gente, mientras persiguen “golpistas”, que es como le dicen a todo el que se arrecha con esta espantosa crisis económica, social y política. ¿Quién es este señor?, bien, puede sonar duro o desagradable, pero su historia está ahí. El señor El Aissami es un sujeto que tiene una loable (para regímenes como este) facilidad para mentir, amenazar y difamar, que es inversamente proporcional al beneficio que puede brindar en su desempeño. Ya en el año 2011, tenía verde al ahora fallecido Hugo Rafael Chávez Frías, con su incompetencia como ministro de la Seguridad. Y así de mal hay que hacerlo para que ese señor se molestara. La gota final habría sido el secuestro, por inseguridad, del pelotero Wilson Ramos, lo que terminó con la paciencia para con el poco apto ministro, quien venía de sufrir dos derrotas militares en las cárceles Rodeo I y Rodeo II, cuando tuvo que pactar con los jefes delictivos para que estos depusieran las armas después de que lo enfrentaron, y derrotaron, durante semanas. ¡A unos presos en unas cárceles! Tal fue su incompetencia que tuvo que inventarse otro ministerio para encargarse de lo que ese señor no podía hacer (habría sido más barato destituirlo y mandarlo a barrer una calle o algo así, pero no, ¡viva la revolución!), y se duplicaba la carga de la burocracia, apareciendo Iris Varela en escena ministerial para encargarse de las prisiones, siendo casi igual de inepta. Ese es el señor El Aissami, el mismo que ahora declara y declara cosas como si el país no le conociera y no le recordara.

Julio César.

UNA IDEA

enero 20, 2017

PRACTICA

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   Después del trabajo, el juego de mojarse con las mangueras les da una idea de cómo lo chorrea… Alto y abundante, dejando las bocas secas.

Julio César.

UN PADRE SABE

enero 20, 2017

SANA COMPETENCIA

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   Aunque no quiera verlo… Y es mejor.

   Joder, siempre se olvida, tocar antes de entrar a cualquier habitación con la puerta cerrada, como el dormitorio de su hijo, el gym improvisado o el baño de invitados, o corría el riesgo de pillarle, como ha hecho muchas veces, sirviéndose de algún caliente bocadillo. Que era entusiastamente empujado, por el amigo de turno, en uno de sus ávidos orificios. No por repetido se hacía más fácil, pero mientras se retira, encendido de cara, se pregunta de dónde le viene lo tan puta a su muchacho. Desde los trece, con el hijo del vecino aquel, unos años después con ese mismo vecino… ¿tendría este algún amigo que no fuera con beneficio?

   Me pregunto en verdad de qué iría la escena de ese video. No comprendo lo suficiente del inglés para saberlo, de qué trata esa escena donde un tipo entra y encuentra a dos marines pasando su momento. Aunque es fetichista, los uniformes, los gemidos, el suspensorio, la puerta que se abre y alguien que descubre y mira. Me agradó, si quieren verlo vayan a: CAMARADAS USANDO SUS ARMAS

Julio César.

TRIBULACIONES DE UN CHICO SUMISO

enero 20, 2017

PROBAR

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   Qué mal que el jefe sea un tío tan dominante…

   Que las cosas terminarían mal, lo presintió el muchacho cuando entró de pasante en aquella fábrica y el jefe, un cuarentón recio, de vozarrón fuerte, y de pecho y brazos velludos se rió de su cuerpo enclenque, de su culo grande, de su falta de vello facial y voz suave. Él era un machito como todos, tenía su novia y todo, pero el jefe, en la oficina, le tocaba y le sobaba la nalgas, se lo sentaba en las piernas, burlándose de su falta de hombría. A veces le obligaba a hacer su trabajo de oficinista, sentado en su regazo, a la vista de quien llegara, alegando que era un “mariconcito” que tenía para que le hiciera un trabajito, riéndose, agitando su entrepiernas en ese momento, arriba y abajo. El chico quería renunciar pero no podía por el contrato de estudios, ni se atrevía alegar acoso porque tendría que poner una denuncia y sus padres, hermanos y amigos lo sabrían, y verían, ya algunos le tomaban foto cuando el jefe lo abrazaba, o lo empujaba contra una pared y fingía que copulaban. Todo se puso peor con los regalos: vales para que se diera obligatorios masajes y depilados; ropa ajustada de telas que clareaban; las tangas oscuras que se adivinaban bajo el pantalón. Tenía que usarlas o, gritado al rostro, el jefe le decía que le obligaría en los vestuarios a cambiarse, delante de todos, que una nena no debía usar sino pantaletas. Joven, tímido, confundido y cohibido ante el macho alfa, cedía, debiendo trabajar ahora, temblando, sobre su regazo, sólo en tangas, sintiéndole como duro bajo su culo. La jaula amarilla de castidad para que no jugara con su cosita… aquello había sido, recuerda casi llorando, demasiado; pensó que era lo peor. Pero no, era esto de ahora, en el maldito viaje a la playa del grupo, cuando camina con la tanga y la jaula frente el resto de los compañeros, que le miran usando esas vainas, entre sorprendidos y divertidos, algo calientes, y el sujeto, algo ebrio, rugió con su vozarrón, pegándosele de la espalda:

   -Bien, amigos, terminó el paseo, hora de regresar a casa. Lolito, mejor dicho Lolita y yo nos quedamos esta noche en una de las cabañas, ya es hora de que mi linda chica sepa cómo es que un hombre de verdad, ama.

Julio César.

EL ADIOS A LA TERRIBLE ZSA ZSA GABOR

enero 20, 2017

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   Es que hasta el nombre, aunque artístico, era increíble…

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   Apenas a un mes y pico de cumplir los cien años de edad (en febrero), muere el 18 de diciembre del año pasado, la legendaria Zsa Zsa Gabor, actriz húngara, nacida en Budapest (¿puede algo sonar más exótico?), como Sári Gábor. Fallece de problemas cardiacos, como informara el que era su noveno marido (con quien llevaba treinta y un años casada), Frederick von Anhalt, quien agregó que todos los que la amararon estuvieron allí, cerca, acompañándola en ese último trance. A esta dama del Hollywood se le conoce tanto por su carrera cinematográfica como por su apasionada vida sentimental, que resulta, viendo hacia atrás, casi escandalosa. La muerte tiende a dulcificar las miradas, los pareceres, pero la verdad es que lo que ya sabía de ella, la retrataba como una criatura temperamental, de genio vivo, y terriblemente apasionada en sus sentimientos, tanto para querer como para odiar a los que una vez amó.

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   Era muy original, como cuando comentó: “Quiero un hombre que sea amable y comprensivo. ¿Es eso demasiado pedir de un multimillonario?”. O: “Debo de ser una buena ama de casa, porque cuando me divorcio, siempre me quedo con la casa”, cuando respondía sobre sus divorcios. Y: “Nunca odié lo suficiente a un hombre como para devolverle sus diamantes”. Sus libros están llenos de ingenio, desparpajo, o eso dicen quienes los han leídos: “Cómo conseguir un hombre”, “Cómo mantener un hombre”, “Cómo librarse de un hombre”. Aseguraba que un hombre enamorado no se sentía tranquilo hasta que no se casaba con el objeto de su afecto, y que cuándo lo hacía ya estaba perdido (qué idea, ¿eh?). Era una de las primeras chicas malas del espectáculo, y no se puede negar que fue la última diva de Hollywood, con sus curvas generosas, su bello rostro, siendo amada, adorada y deseada por todos, las mujeres queriendo parecerse a ella, los hombres tocarla. Reinando casi caprichosamente. Quedan otras, Raquel Welch, por no ir tan lejos, pero no están en la Meca del Cine.

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   Se le recuerda por clásicos de la gran pantalla como Mouling Rouge, en año tan lejano como el 52, del siglo pasado; o Sed de Mal, del año 58, y que he visto. Pero se le recuerda más por sus matrimonios, y aún más por los amantes que tuvo por fuera de los enlaces legales. A los dieciséis años de edad, y tras ganar el Miss Hungría, se casa con un diplomático de carrera, Burham Belge, un turco que le llevaba varios años (más tarde ella contaría que la noche de boda la pasó con Kemal Atatürk, el fundador de la moderna Turquía); luego se casa, en Estados Unidos, con el bisabuelo de Paris Hilton, Conrad Hilton; después el actor George Sanders; le sigue un hombre de negocios llamado Herbert Hunter; el petrolero Joshua Cosden; Jack Ryan, creador de las “Barbie”; el abogado Michael O’Hara; el mexicano Felipe de Alba, siendo anulado pues ella ya estaba casada (¡bígama!); hasta llegar al príncipe alemán, Frederick von Anhalt, quien la acompañaría el resto de su turbulenta vida.

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   Sin embargo, no era esto lo más llamativo de su biografía. Como el amante de la historia que soy, de todo tipo, del crimen, del arte, de la astronomía, de la historia historia, siempre me llamaron la atención todos esos años de monstruos dorados de Hollywood, con sus secretos, fortalezas y debilidades; la de chicas de rostros dorados que tenían sus amantes bien disimulados, la de hombres que hacían delirar a las mujeres, queriendo estos a otros de su mismo sexo, teniendo que llevar vidas de circo para disimularlo. Los años intensos de la Meca del Cine. Hace tiempo compré un libro sobre la historia del espectáculo, y aparecía el nombre de Zsa Zsa Gabor; hablaban de su genio vivo, de sus gritos y reclamos. Viéndolo en retrospectiva, me parece que la pintaban como cuando parodian, actualmente, a la modelo Naomi Campbell y sus mañas de gritar y arrojar cosas.

   No sé si Zsa Zsa llegaba a tanto, pero… El caso es que viviendo esta un tórrido romance con el hombre del mia-farrow-and-frank-sinatramomento (y de buena parte de la historia norteamericana, por lo que se ve), Frank Sinatra, esta la dejó, o al tiempo de terminar con ella, o ella con él, se casó este con la actriz Mia Farrow. La señora Gabor dio unas declaraciones duras, sobre la supuesta homosexualidad del actor, que parecía andar buscando una mujer que pareciera un muchacho. Todos lo interpretaron como despecho de la vistosa diva. Cosa que, años después, me haría reír, viendo una película ambientada en esa época, en una estación de radio en el cual, durante la transmisión del programa de mayor sintonía, alguien iba asesinando gente; hablando de algo improbable, como para señalar una locura, alguien dijo a otro personaje, “sí, claro, y Mia Farrow va a abandonar a Frank Sinatra para casarse con Woody Allen”, como efectivamente ocurriría luego, en la vida real. Historia, y resultado, que es mejor olvidar, según como terminó.

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   Como sea, encontré en un artículo de la prensa española, creo, que el primer cuento picante sobre Zsa Zsa viene de su noche de bodas, cuando no se consuma con su marido sino con el jefe político de este, el ya mencionado fundador del estado de Turquía, antes de emigrar a Estados Unidos, donde se relaciona con Charlie Chaplin (el cual también tiene una historia algo oscura en cuanto a sus prácticas), antes de casarse con el señor Hilton, relación que termina ¿por infidelidad?; los cuentos aseguraban que la dama mantenía una relación amorosa con el hijo de este, cosa que causó el divorcio. La lista sigue con Sean Connery, Richard Burton, quien luego sería marido, dos veces, de su amiga Elizabeth Taylor (con quien parecía competir en el número de esposos), y del ya citado señor Sinatra, de quien contaba en sus memorias que lo odiaba y se acostó con él para que dejara de estorbarle en un momento dado (y si, suena extraño). Igualmente se le asoció al millonario Paul Getty, a Howard Hughes, a un hijo del dictador Trujillo y a un depuesto rey egipcio. Por no hablar del hombre casado, un playboy que vivía de las mujeres (decían), que se divorció de su esposa para casarse con ella, esperando que dejara al marido que tenía en ese momento, negándose esta. Casándose con otra el playboy, ella volvió, con él; aparentemente lo que le gustaba era lo irregular, las manzanas del patio vecino. Era este señor, el terrible Porfirio Rubirosa.

   También están aquellos que, según propias declaraciones, la traviesa mujer rechazó. Se cuidó de aclarar que no se acostó con John Kennedy, Elvis Presley, John Huston ni Henry Fonda, todos nombres suficientemente conocidos de su tiempo y lugar.

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   Qué vida la de esta diva, ¿eh? Bien, ha fallecido, algo natural, aunque no sea consuelo para quienes quedan atrás, pero habría sido increíble que llegara, bien de ánimo y salud, a los cien años de edad. Imaginen el homenaje en vida que Hollywood le habría tributado, aunque no estuviera presente ninguna de las damitas con quien compartió el cielo de la fama en su momento. En ese firmamento dorado, brilló esta hermosa y exótica estrella.

Julio César.

OFERTA RAZONABLE

enero 20, 2017

EL PRIMER TRABAJO DE LOLITO

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   Ese tipo estaba destinado al triunfo empresarial.

   -¿Que qué hago vestido así en su despacho, jefe? Sé lo que busca en esos baños y corredores del centro comercial, y es peligroso. Venga y tómelo aquí, meta una mano, caiga de rodillas, aliméntese un poco para ganar fuerzas y después lo completo. He notado cómo me mira, de hecho todos lo hacen. Venga, sin vergüenzas, sin penas, desátese y tome lo que le ofrezco de gratis, aquí y ahora, el cuero está fresco. Luego, ya negociaremos… -sonríe algo petulante, viendo al pobre sujeto, manos temblorosas y tragando en seco, obedeciendo.

Julio César.

DE HOMÓFOBO A PUTO… 5

enero 18, 2017

DE HOMÓFOBO A PUTO                         … 4

Por Sergio.

Esta historia toma como base una serie de relatos eróticos llamada “Pagando Deudas”, publicada por el usuario carlosmanuel en http://www.todorelatos.com/ desde 2007. De dicha historia, se retoman al protagonista y al diseño de su núcleo familiar; pero la historia, a pesar de tener un inicio similar, toma rápidamente una dirección distinta que es de mi invención.

“DE HOMOFÓBICO A PUTO”

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Siendo ya horas nocturnas, la Universidad se encuentra prácticamente desierta, salvo algunos empleados que aún terminan sus labores. En el caso del Edificio de la Facultad de Ingeniería, pocas personas trabajan aún en algunas aisladas oficinas, entre ellos, Rodrigo… aunque lo que hace ahora no es precisamente trabajar. En su calidad de superior, Saúl le había dado a Rodrigo llaves para poder trabajar en su oficina estuviera o no él.

Sin embargo, ahora otro hombre había ingresado la oficina ¡y no es Saúl! Más importante aún: el misterioso hombre no pierde detalle de cómo Rodrigo está desnudo en el sillón, dedeándose y ajeno a la presencia del visitante. El intruso no puede evitar asombrarse de que el bello joven aún no lo haya detectado, pero esto se debe a que Rodrigo está experimentando un intenso placer al sentir como sus dedos entran y salen de su ano, mientras periódicamente también acaricia todo su armónico cuerpo; y todo esto mientras mantiene sus ojos cerrados; y sus pensamientos, en rumbo desconocido.

El intruso se mantiene observando a Rodrigo unos momentos más hasta que finalmente decide irse tan sigilosamente como entró. ¿Con qué objeto habrá entrado en primer lugar? Poco después, Rodrigo alcanza el clímax, liberándose de la ansiedad sexual acumulada. Se viste mientras piensa en que ahora sí podrá ir tranquilamente a divertirse a la fiesta de Víctor… y quizá probar la potencia de sus nuevas erecciones con alguna de las bellas asistentes.

Con esos pensamientos en mente, Rodrigo termina de alistar sus cosas y de dejar ordenada la oficina antes de salir de ella y cerrarla con llave. Mientras camina a por los corredores del edificio, cuyas luces ya están apagadas, Rodrigo se siente muy relajado tras haber disfrutado de su tiempo a solas. Por eso, al abandonar el edificio, no nota que una silueta parece haberlo estado esperando y que, de hecho, la misteriosa silueta lo está siguiendo. Con la obvia intención de salir del enorme campus universitario, Rodrigo atraviesa una zona de parqueo que ya está casi completamente deshabitada.

Al llegar al punto ciego más oscuro y menos vigilado del trayecto de Rodrigo, la silueta abruptamente se le lanza encima, de manera similar a como lo haría un luchador profesional. Dicha silueta corresponde al misterioso hombre que anteriormente estuvo en la oficina de Saúl observando a Rodrigo dedearse. Ahora, como es de esperarse, iba a hacer mucho más que observar.

Tras haber derribado a Rodrigo, el hombre continúa utilizando movimientos de lucha libre para contenerlo, pero Rodrigo se levanta ágilmente y mentalizado para pelear, como lo hacía en sus años de adolescencia si la ocasión lo ameritaba. Al tener finalmente la oportunidad de observar con mediana claridad a su contrincante, Rodrigo, a pesar de la oscuridad detecta que el hombre porta una máscara negra, similar a la que utilizan los asaltantes de bancos. La situación le parece, de pronto, muy extraña; pero, a la vez, la subestima al asumir que no se trata de algo diferente a eso: un simple atraco. Si el chico supiera…

Rodrigo: -Pierdes tu tiempo conmigo. No ando nada de valor: sólo cuadernos y un libro.

Enmascarado: -Para nada pierdo mi tiempo. Tú tienes algo que quiero.

Rodrigo: -¿Qué quieres de mí? –pregunta ya desconcertado.

Enmascarado: -Tu culo –responde desafiante.

Rodrigo: -¡Te vas a quedar con las ganas, maricón de mierda! –exclama furioso inmediatamente después de darle un puñetazo en la cara.

Enmascarado: -Ya verás que no –responde mientras se incorpora y rápidamente le devuelve el golpe a Rodrigo.

Ambos hombres pelean dando su máximo desempeño y sin piedad; pues ambos son fuertes, jóvenes y atléticos. Asimismo, ambos tienen una personalidad de luchar para obtener lo que quieren, sin importar lo que cueste. Lo que el enmascarado quiere es violar a Rodrigo y, pasando completamente desapercibido, lo ha estado vigilándolo sistemáticamente desde hace semanas, logrando incluso la oportunidad de ver a Rodrigo dedeándose y eso es algo que definitivamente revitaliza su oscuro deseo. Lo que Rodrigo quiere es obviamente salvarse de la violación que el atacante descaradamente admitió quererle hacer.

Rodrigo se sabe muy atractivo y, por consiguiente, sabe que puede gustarle tanto a mujeres como a hombres. No obstante, hasta esta noche, jamás había considerado la posibilidad de ser objetivo de un ataque sexual; por lo que, por primera vez, empieza a sentir auténtico miedo de ser vencido en la batalla y perder su “honor”. Sin embargo, continúa luchando intentando ocultar su angustia ante el hecho de que hay un equilibrio de fuerzas entre ambos hombres.

Con un movimiento astuto, el enmascarado vuelve a derribar a Rodrigo, pero antes de que caiga, se pone a la par suya y es hasta entonces que revela el as bajo su manga: ¡tiene un revolver! El enmascarado sujeta a Rodrigo y lo obliga a caminar su derecha, de manera que, vistos desde lejos, pudieran parecer amigos que caminan abrazados, pero ha ubicado el revólver bajo la camisa de Rodrigo, apuntando hacia su cuerpo y tocando su piel desnuda.

Enmascarado: -Bueno, ya viste que es inútil huir. Así que nos vamos a dejar de pendejadas si no quieres salir herido.

Rodrigo: -Esto es una broma, ¿verdad? ¡Ya fue suficiente! –racionaliza.

Enmascarado: -Jajajaja No te confundas si me río: Me río de tu inocencia; no, porque sea una broma… porque esto de broma no tiene nada. –dice secamente.

Rodrigo: -¡Eres un hijo de puta, maricón, puñal…! –reacciona con furia e impotencia.

Enmascarado: -Bájale volumen a tus gritos, putito, o en lugar de meterte mi pene, te voy a meter siete balas en tu lindo culito… y garantizo que te va a doler mucho más que mi linda verga. –amenaza mientras mueve rápidamente el revólver para dejarlo apuntando sobre el ano de Rodrigo.

Rodrigo, ahora ya en pánico, reconoce que sería estúpido intentar huir ahora porque, además de que es obvio que el atacante quedó menos herido y menos agotado que él por la pelea, está armado y, por la seguridad con la que actúa, probablemente tenga mucha experiencia en raptar gente. Así que Rodrigo finge rendirse para que el enmascarado baje la guardia y después pueda aprovechar un descuido de éste para escapar.

Enmascarado: Por si lo estás pensando, huir es una idea pendeja: soy experto en tiro y tú, con las heridas que tienes, no podrías correr mucho; y aún si pudieras, lograría darte con las siete balas de mi amado revolver.

Rodrigo: -Sí, ya lo entendí. –dice intentando disimular sus emociones para simular sumisión.

Enmascarado: ¡Muy bien, me gusta esa actitud!

Rodrigo: -¿Podrías al menos decirme hacia dónde nos dirigimos? –pregunta para anticiparse a la situación y diseñar un plan para escapar.

Enmascarado: Vamos a que jugar un juego.

Rodrigo esperaba como respuesta un lugar físico y piensa seguir preguntando, pero justo antes de hacerlo, se sorprende cuando el enmascarado se pone atrás de él y le esposa las manos hacia atrás.

Rodrigo: -¿¡Por qué me esposas!? ¡Estoy colaborando contigo! –pregunta al percibir cómo sus posibilidades de escapar cada vez se reducen más.

Enmascarado: -Jajajaja Parece que aún crees que soy pendejo.

Rodrigo: -¡Pero estoy colaborando, maldita sea! ¡Y me has puesto estas mierdas como si me hubiera detenido la policía, pero quien me ha detenido es un enmascarado! ¿¡Acaso no tengo motivos para temer por mi vida!? –pregunta ya desesperado.

Enmascarado: -Jajajaja Tranquilo, galán, yo no quiero matarte ni descuartizarte. Ahora sube.

Manteniendo el revólver apuntando hacia el culo de Rodrigo, el enmascarado lo obliga a subir a la parte trasera de una furgoneta. Rodrigo, sin opciones, pero con la esperanza de que algo lo salve más adelante, lo hace. El enmascarado sube tras Rodrigo, cerrando la puerta y haciéndolo sentar en una silla, cuya presencia no tiene nada de casual: la silla, más que servir para que su ocupante esté cómodamente sentado, tiene la utilidad de inmovilizar una persona mediante un práctico sistema de seguridad de cuerdas que el enmascarado ajusta a ambas piernas, tórax y pecho de Rodrigo, similares a los de la silla eléctrica.

Enmascarado: -Bueno, puto, es hora de estrenarte.

Rodrigo: -¿¡Qué!? –temiendo al ver que el enmascarado empieza a desabrocharse la bragueta de su jeans deteriorado.

Enmascarado: -Ya sabes…

Rodrigo: -¿¡Es muy fácil someter a alguien de una forma tan cobarde cuando ni siquiera muestras tu cara, no!? – le grita enfurecido, frustrado, pero sobre todo, angustiado.

Enmascarado: -Míralo así: hicimos una apuesta y perdiste. Ahora te toca pagar. Jeje

Rodrigo: -¡Yo no he perdido! ¡Te di pelea y como no pudiste ganarme, me has traído acá a punta de pistola!

Enmascarado: -Jajajaja ¿Y crees tú que me importa? Eso no cambia las cosas: te tengo bajo mi poder y te voy a disfrutar. Jaja

Rodrigo: -¡Sos un mierda, hijo de puta…! – le grita ya incapaz de contenerse.

Enmascarado: -Mejor guarda tus energías porque las vas a necesitar. Jeje Y tus insultos me valen verga… ¡y hablando de verga! Jaja –diciendo esto último con doble sentido mientras sostiene su verga de 19 cms.

Rodrigo, a pesar de su desesperación y enojo, considera inútil decir algo más e intenta nuevamente pensar cómo escapar, pero sabe que, al menos por ahora, es imposible: ni siquiera puede levantarse de la silla en la que está postrado… además la gruesa verga del enmascarado “accidentalmente” lo está distrayendo. El enmascarado tiene su verga totalmente erecta fuera de su pantalón y está jugando descaradamente con ella, balanceándola sin tapujos.

Enmascarado: -Te gusta la verga, ¿verdad?

Rodrigo: -¿¡Qué!? ¡Claro que no!

Enmascarado: -¿Y por qué no dejas de vérmela?

Rodrigo se queda sin palabras al darse cuenta que el enmascarado tiene razón, pero lo toma como una provocación más y decide no responder. El enmascarado infiere que Rodrigo, a pesar de lo crítica que puede parecerle la situación de que atraviesa, no está verdaderamente asqueado de su verga, lo cual le da una idea.

Enmascarado: -Para que veas que no soy tan malo te voy a dar a escoger.

Rodrigo: -¡Te escucho! –exclama esperanzado en que todo fuera un acto de bondad inesperado o una broma pesada.

Enmascarado: -Mi pene va a entrar en uno de tus agujeros en los próximos minutos. ¿Cuál quieres que sea: tu culo o tu boca?

Rodrigo: -¡Tendrás que replantear la pregunta!

Enmascarado: -Jajaja Si quieres, también pueden ser candidatos tus ojos, tu nariz o tus oídos, pero te garantizo que te dolerá más.

Rodrigo: -¿¡Qué demonios!?

Enmascarado: -A ver, estudiante modelo, esto es un examen de opción múltiple: sólo puedes escoger una de las opciones dadas.

Rodrigo: -¡Yo no voy a escoger nada!

Enmascarado: ¡Mira, gran pendejo, estoy siendo amable en darte a escoger; pero si no te apuras, te voy a meter siete balas en el culo y en la boca! ¡A ver qué te duele más! – grita encolerizado levantando el revólver.

El enmascarado empieza a impacientarse y a amenazar a Rodrigo, quien se mantiene molesto, atemorizado y sin decir nada para finalmente darse cuenta que antes de poder irse, en algo tendrá que ceder si no quiere salir peor librado de esto.

Rodrigo: -Por la boca…-escoge finalmente con vergüenza.

Enmascarado: ¡Pues acuérdese del dentista y “abra grande”! Jeje –se burla mientras acerca su erecto pene a la boca de Rodrigo.

Rodrigo, ya frustrado, abre su boca deseando poder abrirla tanto que sus partes se separaran y ese desconocido miembro no pudiera profanar su boca de macho heterosexual. Finalmente, había elegido mamarle la verga porque, entre dos horribles y detestables alternativas, ésa le parecía la mejor… la opción menos peor… la opción menos gay. El enmascarado aprovecha la apertura de la cavidad bocal de Rodrigo para introducirle la barra completa de 19 cms. Y, una vez dentro, se queda detenido unos minutos para que Rodrigo se acostumbre al tamaño de su verga… y al hecho mismo de tener una verga rozando su garganta.

Enmascarado: Mmmm ¡Has hecho una excelente elección: tu boca está deliciosa! –dice mientras su verga empieza a lanzar líquido preseminal.

Rodrigo: ¡Mhmsingm! –intenta protestar sintiéndose asqueado, pero obviamente no puede hablar.

Enmascarado: ¡Cuidado con esos dientitos porque si me muerdes, sea accidente o no, cumplo todas mis amenazas y además te castro!… Mmmm… ¡qué rico te la comes!

El enmascarado le ordena a Rodrigo recorrer el glande con su lengua, sacar y meter la verga succionándola su boca mientras empuja la cabeza de Rodrigo. Luego, empieza a moverse metiendo y sacando él mismo su verga dentro de la boca de Rodrigo, aumentando progresivamente de intensidad y de velocidad.

Rodrigo se siente ya verdaderamente violado y para asimilar la humíllate situación, la asocia a la experiencia de dolor físico más fuerte que ha tenido, la cual, curiosamente, tiene que ver con procedimientos dentales: la extracción de sus cordales cuando tenía 17 años. En aquella ocasión, tuvo que abrir mucho la boca durante un periodo de tiempo que percibió interminable, como ahora mismo; tuvo que aguantar que un hombre manipulara su boca a su antojo, como ahora mismo; sintió uno de esos pocos dolores que creyó demasiado insoportables para aguantar, como ahora mismo. La diferencia es que en aquel momento, el dolor era físico, mientras que ahora es psicológico; pero aún así, le parecen experiencias igualmente insufribles y, por lo tanto, comparables entre sí.

-Enmascarado: ¡Ahhhh! ¡Qué rico! –exclama repetidamente y cada vez con gemidos más ruidosos.

Habiendo tenido vida sexual con muchas mujeres, Rodrigo adivina que el enmascarado está cerca de acabar y supone que, así como él mismo no solía avisarle a las chicas que se la chupaban cuando ya estaba cerca de eyacular, el enmascarado tampoco le hará ese favor a él ¡eyaculando dentro de su boca y eso no puede permitirlo! Por consiguiente, intenta sacarse de la verga de su boca, pero el enmascarado, adivinando también las intenciones de Rodrigo, le retiene la cabeza fuertemente y pronto empieza disparar una cantidad abundante de semen dentro de su boca.

Rodrigo involuntariamente traga gran parte del semen de su captor, pero cuando éste reduce la fuerza con la que sostenía su cabeza, logra escupir el semen que aún no había llegado a su garganta. El enmascarado se enfurece por esto y le da otro puñetazo en la cara de Rodrigo.

-Enmascarado: ¡Mi semen no se bota, puto!

-Rodrigo: ¿¡Y qué esperabas, imbécil!? ¡Tú eres el puto aquí; yo, no! –grita mientras tose.

-Enmascarado: Pues ya vas a ver que sí vas a ser puto… ¡MI puto! –sentencia mientras le pone a Rodrigo una especie de máscara que cubre su nariz vertiendo un extraño vapor.

-Rodrigo: ¿¡Y ahora qué putas estás haciendo!?

-Enmascarado: Vamos a jugar un juego.

-Rodrigo: ¡No jodas! ¡Ya te la chupé! ¡Déjame ir!

-Enmascarado: Te dije que vamos a jugar un juego y eso es lo que haremos.

-Rodrigo: ¡Ya te la chupé! ¡Déjame ir! ¡Hicimos un trato!

-Enmascarado: ¿Y cuándo dije yo que te iba a dejar irte tan pronto?

-Rodrigo: ¡Me diste a escoger dónde me la ibas a meter! ¡Y yo escogí por la boca!

-Enmascarado: Corrección: te di a escoger el ORDEN.

-Rodrigo: ¡AYUDA, AUXILIO! –grita aterrorizado hasta que el enmascarado enrolla un trapo en su boca para silenciarlo.

De manera similar en que las sondas son utilizadas para transmitir alimento o medicina a pacientes hospitalizados, la máscara que el enmascarado le ha colocado a Rodrigo vierte cloroformo que éste estará aspirando mientras la tenga puesta. Rodrigo acierta al pensar que la intención es hacerlo dormir y se mueve desesperado, intentando liberarse cuando ni siquiera puede levantarse de la silla ni quitarse la máscara o el trapo.

El enmascarado sale de la parte trasera de la furgoneta y se quita la máscara, revelando el rostro de un guapo y barbudo joven que ahora se dispone a conducir el vehículo en paradero desconocido, pero antes de hacerlo, recibe una llamada en su celular a la cual responde verbalizando únicamente seis contundentes palabras.

-Enmascarado: Misión cumplida, ya vamos para allá.

CONTINUARÁ…

Julio César (no es mío).

¿SERÁ POR EL ROCE?

enero 16, 2017

PILLADO Y RECOMPENSADO POR OSADO

   No fallaba, usas una y…

   Riendo, por lo sorpresivo, absurdo y lo marica que se veía el amigo cuando regalaba una cosa de esas, como juego, claro, el tío en cuestión siempre la usaba, como siguiendo la broma. No importaba que fuera un compadre del otro, un vecino, el mejor amigo de siempre, un cuñado o el suegro. El regalo casi garantizaba, en momentos de tremenduras, que se usaría al menos una vez. Lo que era en parte del asunto, también porque todo tipo orgulloso de su cuerpo le gusta exhibirlo, ¿y qué mejor que llevando eso puesto frente a quien se lo dio? Claro que, en este caso, la risa de burla se transforma pronto en una tonta, traviesilla y algo ronroneante, cuando la telita presiona rico por delante, y el roce se volvía inquietante por detrás. Y, por alguna razón que ya no entiende ni le importa, tan sólo la quería modelar, desfilando, mostrándola. Riendo en todo momento, de manera tonta, feliz con ese panita que le regalaba eso tan bueno; cayendo, agradecido, en su regazo cuando este, sentado, aplaude sus muslos indicándole su nuevo camino.

   Si, este era otro producto de la tienda de Madame Sadie, el cual garantizaba al comprador que el cuerpo del hombre a quien iba dirigido, joven o maduro, respondería con calor; que se le despertarían las ganas y le disminuiría la inteligencia, dejando tan sólo ganas de mucha acción.

Julio César.

BIENVENIDOS A RIO GRANDE… 12

enero 16, 2017

BIENVENIDOS A RÍO GRANDE                         … 11

noche-de-lluvia

   Disfruten del lugar…

   La mirada del hombre se nubla mientras se pone alerta, el corazón encogiéndosele dentro del recio tórax.

   -¿Ocurrió algo? ¿Algún otro chico ha desaparecido? –aún él nota la alarma en su voz.

   -No llegó a decírmelo. Se escuchaba bastante afectado, hablaba muy rápido. Y se notaba que estaba fumando. –apunta con intensión, mirando el cigarro en la mano del jefe. Este gruñe algo por lo bajo.- La llamada se cortó. Intenté retomarla pero ya sabe lo que son las líneas a esta hora. Y con medio Río Grande llamando a la otra mitad para hablar del niño Liscano…

   -Lo imagino. Me llegaré hasta el colegio. –se muerde el labio inferior.- Gracias, Angelina. –le dice, mirándola, llevándose el cigarro a la boca y dándole una buena calada. Ella bota aire, rodando los ojos y sale.

   El viejo juego de irritarla con eso, le provoca una leve sonrisa en medio de toda esa situación odiosa. Aunque no había nada de divertido tras la broma. Tres años antes, el marido de la mujer había muerto de cáncer, fumando aún por la boquilla de la traqueotomía por donde le alimentaban, y a veces le conectaban al oxígeno. Aplastando lo que queda del cigarro, Braulio se dice que no, que no había nada de divertido en enviudar, o en el cáncer. Como no lo había en un niño lastimado, herido, raptado. O asesinado. Toma su gorra y sale de la oficina, hay una calma relativa en la sede policial. Así como medio pueblo hablaba por teléfono, buena parte de la gente estaba buscando al niño, comenzando por los uniformados bajo sus órdenes. No le costó enfocar a Angelina en su cubículo, escuchando, bajito, una emisora local, donde sonaba en esos momentos “Carrao, Carrao”, sentada, tomando café e ignorando al hombre que, a sus espaldas, miraba la Cartelera del Misterio. Uno que, en lo personal, molestaba al policía.

   Se acerca al cubículo, reparando en el delgado y algo bajo sujeto, muy joven, de rostro estrecho y algo aniñado, con una sombra de barba y bigote que parece dejarse a propósito, tal vez para verse algo mayor. Viste una chaqueta con las siglas PTJ, y un buen pantalón de vestir, así como lustrosos zapatos negros. Una gorra, seguramente con las mismas siglas, cubría un cabello negro lacio y brillante. Se veía algo… suave y atractivo, se dice ceñudo el jefe Braulio. ¿Por qué habían enviado a alguien tan joven?

   -Buenas tardes, soy el jefe Zabala. –se presenta con voz profunda y muy profesional. El otro se vuelve, ceñudo, mirándole un poco hacia arriba. Y al más alto no se le pasa el que parece alzar los hombros como para igualar el tamaño.

   -Jefe, soy el detective Narváez, Joel Narváez. –el otro le tiende la mano, una que es delgada, pero extrañamente fuerte en su agarre.

   ¿Un detective? ¿Tan joven? La impresión del policía cambia, ahora nota la inteligencia y sagacidad en esos ojos oscuros, así como el calor de su mano, que hablaba de una persona que se obsesionaba a veces.

   -Un placer, detective. –corresponde. El apretón no dura mucho.- Es… una suerte que quieran ayudarnos en esto. –el otro casi sonríe.

   -Si, jefe, imagino que le hace muy feliz tenerme aquí; que alguien de afuera venga, posiblemente con ideas propias sobre cómo se deben hacer las cosas. Eso siempre es divertido y lo agradecen tanto… –ironiza suavemente. Braulio sonríe, pero no mucho. Le divierte un poco el sujeto, pero no la manera de mirarle, como si quisiera entrar en su cabeza…

   -Si, más o menos eso pensé. –se tensa bajo esa mirada intensa.- ¿Ocurre algo?

   -No lo sé, usted dígame. Parece inquieto, algo le agobia… -las palabras le sorprenden. Y piensa, automáticamente, en la llamada del director.

   -Un niño desapareció. –le recuerda, pero le parece que no le convence del todo.

   -Si, imagino que eso debe ser muy agobiante. Un  niño… -el silencio es incómodo.

   -Se movieron rápido en la Cumaná; no creí que la noticia de un niño extraviado, de un solo día, atrajera la atención tan pronto de las autoridades allá.

   -¿Le extraña que una desaparición cause alarma en la capital de estado? –el joven se ve algo confuso.- Jefe, parece que en esta región se pierde mucha gente, ¿no le parece? –la pregunta flota mientras Joel vuelve la mirada hacia la Cartelera del Ministerio.

   Cuando va a responderle algo, como que en todas partes pasaban cosas, Braulio alza la mirada a la cartelera. Ocho rostros le devuelven la mirada. Ocho pares de ojos que tenían dos cosas en común, eran jóvenes… y la palabra DESAPARECIDO, se veía bajo sus figuras. Imágenes nada favorecedoras, en blanco y negro, algunas reproducidas de una reproducción en multígrafo, pero a todos se les notaba lo suave de la niñez no tan lejana. Ocho de ellos. Hay una chica, a la que conoció y de la que está seguro que a pesar de la edad, dieciséis años, había escapado con un sujeto que vino de Caracas a estudiar no sabía qué cosa en la laguna. Los otro siete… Dos eran chicos del pueblo. A uno de ellos, su padre le golpeaba cada vez que se embriagaba. Una vez él mismo le había golpeado, sintiéndose bien al encarar al abusador, respondiendo a una queja de escándalo, pero nunca pudo hacer nada más ya que “esa era su casa”, el muchacho nada decía, y la mujer gritaba que los dejaran en paz. Del otro, sabía que el padre había muerto recientemente y todos pensaron que había aprovechado para probar fortuna en otro lado. Pero ni de uno u otro, sabía nada en concreto. Se les buscó porque alguien puso la queja… y nada. Los otros cinco eran fotografías enviadas por otras agencias policiales cercanas, o de parejas que llegaban al pueblo, rostros angustiados, preguntando por el chico en cuestión. Siete chicos que iban de los catorce a los dieciocho años de edad, había negros, blancos, rostro indios, cobrizos. Todos jóvenes, todos desaparecidos.

   -No se perdieron aquí. –exclama lentamente, a la defensiva, notando sobre su sien la mirada del joven detective. Pero no volvió la mirada, no quería que esos ojos sagaces descubrieran que era ahora que parecía notar que, efectivamente, mucha gente desaparecía por ahí.

   -Es bueno saberlo, ¿no, jefe?

……

   Aunque ya está muy avanzado el día, el sol sigue tan implacable como en horas de la mañana y el medo día; eso tiene al joven con la frente fruncida y los ojos entornados, protegiéndose de la claridad del astro rey, y del efecto de este sobre la larga y angosta carretera asfaltada, que “baila” en la distancia, donde parece brillar el agua, ese conocido espejismo producido por el sol. Los cachetes algo pecosos del muchacho, están rojos, como su frente, su labio inferior está perlado de sudor. El cabello, crespo y marrón de varias tonalidades, del tipo bachaco, está entre húmedo y agitado por la cálida brisa que no alivia nada, al contrario, dificulta respirar.

   En lo solitario de aquella larga carretera recta, (lleva casi una hora sin cruzarse con nadie), el joven sigue su camino con pasos algo arrastrados, agotado. Se ve muy delgado, como falto de alimentos, pero atractivo en su juventud con su piel canela clara, los ojos brillantes, con unos viejos zapatos de goma, un jeans más viejo aún, que se ajusta de una manera que le agrada porque le hace lucir bien delante de las chicas, aunque él explica que le queda así porque era de cuando entraba cómodamente en la talla 26, una camiseta no tan blanca, que deja al descubierto sus hombros y brazos, adherida a su torso por el sudor, una camisa colgada a un hombro y la correa de una vieja cartera que le cruza el pecho completando su atuendo. Un chico de alguna parte que se dirige a otra, de la manera difícil aunque no para la juventud, caminando, a paso lento, bajo el sol, con sed y algo de agotamiento.

   Tiene el cráneo caliente, se lo había remojado poco antes con la poca y tibia agua que le quedaba en la cantimplora, lo que resultó ser un error. Ya se le quemaba otra vez la nuca y ahora estaba sin agua. Pero no le importa, no de verdad, ni el cansancio, las ganas de beber algo frío, o la incomodidad, estaba saliendo de la miserable huerta donde ha vivido la mayor parte de sus casi dieciséis años, y el futuro, que mira con algo de inocente estupidez, se abría con esperanzas ante sus ojos: llegaría a la zona petrolera, conseguiría un buen trabajo, de esos que daban bastante plata, y se resolvería la vida. En sus planes iniciales estaba comprarse, en este orden, una motocicleta, buena ropas y botas, una casita y… Bien, todo el paquete, el destino bonito. No estaba especialmente preparado para nada como no fuera labrar la áspera tierra y trabajarla para que esta, miserable como ella sola, le diera algo a cambio, pero sabía un poco de mecánica, de trabajar con su papá y su hermano mayor. Eso tenía que valer, ¿verdad? Encontraría a alguien que lo notara, que le ofreciera una oportunidad, y con las manos sobre un viejo motor, unos frenos quemados o remendando un radiador demostraría que era bueno, que valía la pena darle una oportunidad, creer en él. Casi sonríe a pesar del agobio, pensando distraídamente en todos sus planes. Bien, en esos momentos, todo, la moto, las botas nuevas, la posible casa, lo cambiaría por un refresco frío. O un buen vaso de papelón con limón.

   La idea le hace tragar en seco, recordándole que todavía le tocaba caminar. Ajustándose más la correa, acomodándola, acomodándose, se dispone a continuar a buen paso. Sabe que más adelante le esperaba otra vida, lejos de una huerta miserable, rodeado de tantos hermanos en una casa pequeña donde todo faltaba, excepto los problemas, las discusiones y las amarguras, especialmente desde la muerte de su madre. Eso le dejó solo, mucho. Y triste. Más, cuenta con ello, ahora encontraría gente buena que le ayudaría. Y sonríe. Seguiría hacia Aramina y luego…

   El traqueteo del vehículo a sus espaldas casi le sorprende. ¡Había estado todo eso tan solitario y silencioso! Se vuelve, esperanzado, notando el alto, ancho y viejo camioncito Chevrolet, de una cabina, en una tonalidad verde oscuro. Se veía bien, arreglado, cuidado. Este se detiene a su altura, el abierto y armonioso rostro cuarentón, de cabellos negros bien peinados hacia atrás, la mandíbula cuadrada y fuerte, algo sombreada de barba, le enfoca con unos ojos negros.

   -¿No hace mucho calor para pasear bajo el sol, muchacho? –pregunta el sujeto, voz profunda, algo irónica. El joven sonríe automáticamente, respondiendo a la broma.

   -Voy para Aramina. Creí que… encontraría alguien la vía que me acercara, pero… -se encoge de hombros, colgándose de la otra ventanilla, de manera confiada dada su juventud. Espera, ilusionado, un aventón, mientras el hombre, alzando una mano y rascándose una sien, mira al frente.

   Ignoraba el chico, claro, como lo hacen generalmente hombres y pueblos, en su situación, el peligro que corría en medio de la rutinaria quietud. O que, si hubiera retrocedido en ese momento exacto, todo habría podido ser diferente. Pero, tal vez era su destino. Ese encuentro en la solitaria carretera. Su suerte.

CONTINÚA…

Julio César.

CUANDO LA ESPERA SE ALARGA

enero 16, 2017

CORTITOS

tio-sexy

   Le mira, como esperándole, y se tensa. A lo mejor también quiere, ¿pero cómo saberlo si no se atreve a decirle algo?

muscle-boy

   -Hey… -saluda sin entrar.- Mira, no quiero perder un segundo más esperando por saber, ¿quieres salir conmigo, por ahí… en una cita?

Julio César.

EXCESO EN LA COMPETENCIA

enero 16, 2017

COMPARTIENDO EL MOMENTO

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   Si, ese juego… O eso decían ellos.

   Medio ríen, expectantes, están lo suficientemente ebrios para eso. La regla es simple: el primero que logre que el primer tipo que pase, no sólo toque, sobe o acaricie, sino que meta un dedo, gana. Y vaya que gana, aunque este desafío parecía pensado para que ganen todos. Bien, como sea, cada quien se divierte, y encuentra placer, como puede… Se tensan y esperan cuando ven a un grupo de tíos saliendo de la tasca de la playa; por sus caras y sonrisas saben que habrán muchas manos en la jugada.

Julio César.