¿QUE POR QUÉ UN HILO?… 9

julio 26, 2016

¿QUE POR QUÉ UN HILO?                         … 8

MACHO EN TANGA

   Sonríe notando la reacción del hombre joven, estaba acostumbrado a ella. Muchos lo sabían, que bajo sus ropas de acuerpado hombre de la construcción, maduro pero activo, usaba aquellas pequeñas tangas que se perdían entre sus nalgas peludas, y que quienes las miraban mientras las llevaba puestas no podían apartar los ojos. Eso era lo público, con lo que todos fantaseaban al verlo llegar; lo que no promocionaba ni los otros contaban, era que al verle el tamaño impresionante del bulto todos caían rendidos. Porque todos querían comprobar si era tan grande como parecía, pidiendo tocar sobre la suave tela, luego sacándolo. Y en cuento este se alzaba, no importa que sólo medio duro, todos deseaban probarlo… para ver si sabía tan bien como se veía. Ahora, sonriendo, el hombre se lo enseña al novio de la hija, y el chico, enrojecido, tan sólo puede mirar. “Señor, ¿puedo…?”, comienza tímidamente. “Claro, ven, tócalo si quieres. O comételo entero”.

TIO EN HILO DENTAL

   Reía, saltaba y jugaba mientras el resto de los hombres del yate, todos acuerpados y masculinos machos alfas con bermudas por debajo de sus rodillas le sonreían, le siseaban y silbaban, todo eso al tiempo que sobaban con las manos sus entrepiernas, sabiendo que más pronto que tarde terminarían en fila haciéndole gritar de emoción en el camarote del capitán. Era el regalo de cumpleaños para el puto que su macho había acordado por ser tan buen sumiso y entregado. Claro que no le fue difícil al ladino sujeto llevarle a eso, sabía que los tipos como él, algo acomplejados por el tamaño o el físico, deseaban encajar, ser aceptados así fuera respondiendo a palabras como: “te ves bonito, amigo, con pinta de putico; ponte este hilo dental y todos te amarán”. Era todo lo que necesitaba, jugar con su inseguridad, con su deseo de agradar. Y el putito se entregaba, orgulloso de sí caminaba arqueando la espalda, echando su redondo culito hacia atrás mientras pasa entre sus calentorros y algo ebrios amigos de fraternidad, volviendo la mirada, alegre al comprobar que todos los ojos se clavaban, codiciosos, en su retaguardia que se tragaba la tirita de tela dorada. Sonriendo, su macho le dice a un pana, que está a su lado: “no es difícil ponerlos así, putos y frenéticos, sólo alimenta esa necesidad que tienen de gustarle a los machos de verdad”, luego, alzando la voz, grita: “oye, haz esa danza donde meneas las caderas como Shakira, pero dándonos la espalda”. Y hay pitas, risas y aplausos cuando el otro, sonriente y con el hilo dental bien clavado, lo baila.

CONTINÚA…

Julio César.

RELATOS CONEXOS… 5

julio 26, 2016

RELATOS CONEXOS                         … 5

JUVENTUD,  DULCE  Y  CRUEL… 3

VEN Y PONTE A OLER

   -Oye, sé lo que quieres. Ven y tómalo…

……

   Callando, las manos del joven saltaron a su ancho y musculosos tórax, recorriéndolo, jugando y sintiendo la textura de sus vellos que cosquilleaban en las palmas, nunca antes había experimentado algo así, esa sensación, pero era increíble, como lo era notar lo erizado del militar. Esas manos van a los pectorales, frotando duramente, hasta que cubre los pezones erectos, como Justino no recordaba haberlos tenido nunca. Sentía que le dolían y le ardían. Esas manos fuertes y cálidas sobre él, manoseándolo, lo excitaban a límites insospechables. Los pulgares e índices del chico atrapan los pezones, apretándolos, y Justino chilló, sintiendo eso enloquecedor.

   Lucas los pellizcaba dudo, para luego frotarlos con los dedos, como si amasara plastilina. Es tanto el deseo que lo recorre, como el placer, que el hombre del quepis cierra los ojos, jadeando, echando la nuca contra el respaldo del mueble. Su pecho grande sube y baja. El hombre tiene que abrir los ojos, sorprendido, cuando siente el cálido aliento del joven contra su tetilla izquierda. Lucas estaba allí, casi sobre él, sonriéndole.

   -Esto te va a gustar tanto que siempre querrás que te lo hagan. –le dice, pícaro.

   Esos labios suaves y cálidos caen sobre la tetilla, y Justino reprime un gemido, la lengua golpea sobre el pezón, quedándose allí, tibia y babosa, haciendo que el uniformado sienta ganas de saltar del sofá. Los dientes se cierran sobre el excitado pezón, mordisqueándolo, mientras la lengua lame y moja de saliva. La boca se cierra y el chico lo mama, como un lactante su biberón. Es algo tan intenso que el hombre grazna agónico, abriendo mucho los ojos, sintiéndose mareado y débil por la lujuria y el placer que lo embargan. La boca sigue succionando, ruidosamente, y ladeando un poco el rostro, mientras azota con la lengua y mordisquea la tetilla, el joven mira el tolete, atrapándolo con una mano, apretándolo duro, subiéndola y bajándola sobre él. Justino ya no sabía qué hacer o cómo actuar. Estaba totalmente fuera de sí, recorrido como estaba por esa ola poderosa de lujuria. Mientras chilla, atrapado por la boca y mano del joven, arquea el cuerpo en el mueble. Está totalmente caliente y suda como un loco. Sus alaridos son ruidosos, y cualquiera que estuviera por allí, le oiría.

   Mientras Justino gemía y se estremecía, revolviéndose sobre el sofá, Lucas le bañaba el pecho de saliva al tiempo que le mamaba la tetilla, hambriento. El muchacho siente ese pedazo duro de carne erecta y palpitante en su mano, y cerrando los ojos, chupa como un demente, mientras sigue masturbándolo. Gozaba oyendo al otro gimiendo y estremeciéndose. Gozaba con el calor y fuerza de ese pecho sobre el que estaba casi acostado. Y sus ojos se abren, mamando la tetilla, mirándolo perdido de deseo. Era obvio que Justino estaba descubriendo vainas sobre sí, sobre su cuerpo y el placer que otro carajo podría brindarle. Sonríe al imaginar que el uniformado seguramente nunca creyó estar así, a merced de otro carajo que lo sobaba y mamaba. Una luz maligna brillaba en su mirada, divertido ante lo que pasaba…

    La boca de Lucas abandona finalmente esa tetilla, cosa que entristece un poco al otro. Su boca baja, rozando, lamiendo y dando sonoros besos chupados por el tórax y la tensa panza, frotando labios, nariz y cachetes de la cálida piel. Sentir esa caricia, esa presión de los labios y el aliento del joven sobre él, enloquecen de ganas a Justino, que tiembla todo y espera más. Esos labios bajan por su bajo abdomen, y el güevo le sufre un espasmo, babeando un poco en el puño del muchacho. La boca y nariz del chico se entierran en sus pelos púbicos, rozándose de ellos con intensión, olisqueando entre los ásperos y largos pelos. No eran como los suyos, recortados y demarcados. Estos crecían más salvajemente. El olor a macho era poderoso y embriagador.

   Las manos del joven, ahora arrodillado frente a él, le abren los muslos, encontrándolos caliente, así como Justino encuentra sus manos. Lucas mira con ardor ese güevote palpitante, y luego a su amante ocasional, sonriéndole con picardía, viéndose hermoso, piensa el hombre. Acercando el rostro a la tranca, el joven saca la lengua y pega la rosada punta de la base del tolete, entre las dos bolas, en su cara posterior. Y ese toque sutil es eléctrico para el otro. Esa lengua sube lentamente, saboreándolo, sintiéndolo arder y temblar, siguiendo el curso de la gran vena, centímetro a centímetro de pulsante masa de carne de macho, hasta el capullo del ojete, que lame ahora con toda la exención de la lengua. Ladeando el rostro, el joven lame cada porción de esa tranca, mamando y apretando con los labios.

   Para Justino toda esa situación era increíble; lo que estaba permitiéndole a ese joven era algo sucio y prohibido. Es una vaina tan mala (estimulante), que el carajo sólo puede revolverse en el mueble, arqueando el cuerpo, casi levantándose. La roja boca sube a la cabezota, frotándola con los húmedos y tibios labios. La besa ruidosamente, dándole un leve chupón. Y mientras sus dedos se clavan en la firme carne tibia de los muslos, la boca va descendiendo con esfuerzo, curvando los labios y afilando las mejillas, tragándose de una, varios centímetros de grueso, duro y palpitante tolete, cubriéndolo con su boca. Esa presión tibia y chupona, sintiendo la lengua aleteando sobre él, provoca otro estremecimiento de lujuria, y otra tanda de jadeos, en Justino. El chico cierra los ojos y su boca baja un poco más, haciendo algo que, en verdad, le gusta, mamar güevo, tragando esa dura barra que palpita de emoción; la deja así, mamándola, pegando su lengua que quema, de ella, para luego subir, chupando, sabiendo lo que eso era capaz de provocar en alguien. Llega casi al glande, dándole una buena succionada, para bajar otra vez. Sube y baja, comiéndose el duro tolete, que suelta un calor horriblemente rico, así como gotas de algo salobre y dulce: el delicioso licor de los machos.

   Y mientras le becerrea el güevo, las manos del joven toman, uno a uno, los pies del carajo dentro de sus lustrosas botas, montando los talones y tacones sobre el mueble, lo que obliga a Justino a rodar un poco sobre sus nalgas, exponiendo sus bolas y raja, que se abren sobre un culo velludo. Subiendo y bajando ferozmente sobre el güevo, mamándolo con dureza y dejándolo cubierto y brillante de saliva, cruzando el bazo sobre la panza caliente del tipo, la mano izquierda del joven atrapa las bolas colgantes, amasándolas suavemente, para luego darle algunos tirones, cosa que provocan gruñidos de placer en el uniformado, cuyo quepis no ha caído de milagro. Pero es la mano derecha del chico la que el hombre debería estar vigilando con sus dos ojos, pero es que ya tenía uno sobre el gato (un cuadro en la pared de enfrente) y con el otro sólo sentía el garabato (mamado en esos momentos); con un dedo, el chico roza y frota los pliegues que van al culo. Y ese toque es una campanada para el hombre, que bruscamente vuelve en sí y baja la mirada hacia el joven, quien lo mira en ese momento con el güevo dentro de su boca, hinchando su mejilla derecha,  con una expresión de inocencia, como preguntándole: ¿qué?

   -¿Qué pretendes? –grazna. Lucas no responde.

   Ese dedo caliente y firme sigue frotando, ahora sobre el ojete del culo, que se estremece. El carajo siente temor, ¿qué hacía ese carajito? ¡Ah, no, eso sí que no!, se dice; pero entonces esa boca baja tragándole todo, ¡todo!, el ardiente tolete. Esa garganta era un cálido y exigente chupón, con sus mejillas afiladas pegadas al pulsante tronco, mientras el gaznate se cierra contra la barra. El muchacho sabía cómo hacerlo, y su dedo caliente seguía frotando el arrugado y peludo ojete, alisándolo, tirando de la entrada, frotando al montar la punta sobre él y agitándolo sin penetrarlo; sabía que eso producía unas cosquillas que eran enloquecedoras, que llenaban de ganas, de deseos, de desesperación. No había culo que no se calentara con eso, homos o héteros, piensa el chico que ya tiene algunas experiencias con amigos.

   El dedo se aleja del redondo anillo del culo, y Justino no sabe si sentirse aliviado o no; notaba el hueco caliente y esa vaina le gustaba. Mira al joven, que saca el tolete de su boca, y sus ojos se abren desmesuradamente. El chico, sonriendo como un bebito, chupa su dedo. El mismo sale, totalmente mojado, mientras se miran fijamente a los ojos. El dedo va hacia el culo, que ahora Justino lo siente feamente frío, y la boca regresa al tolete. La lengua titila sobre el ojete del pene, y el dedo cae sobre el ojito del culo, frotándolo circularmente en la entrada, metiéndole lentamente una sola falange, venciendo la férrea resistencia del virgen esfínter. El uniformado jadea ruidosamente, con la boca muy abierta, tensando todo su cuerpo sobre el asiento. Esa vaina molesta, es dura y caliente, y su culo se cierra sobre él. ¡Debe impedirle entrar!, se dice; pero es capaz de percibir que sus entrañas palpitan y halan. ¡Su culo parecía, de repente, ávido de ese dedo!

   Justino estaba al borde de un shock, sin saber cómo procesar todas esas emociones y sensaciones fuertes que lo recorren. Su güevo era chupado con un hambre enloquecedora, mientras olas y olas de tibio aliento caían sobre su pubis, entre sus pelos; y otra falange del dedo invasor iba metiéndose suavemente. Lo peor eran los espasmos en sus entrañas. Sentía que un calor lo iba envolviendo internamente, y que el culo se le estaba mojando copiosamente, casi temió botar algo por allí, un caldo que no era mierda. El dedo entra todo y al hombre, ese hombre adulto, fornido y viril, no le queda otro remedio que gritar agónicamente, arqueando nuevamente el corpachón, cerrando los ojos, casi cubiertos por el quepis. Ese dedo está allí, muy quieto, caliente, duro y largo. El joven no lo movía, pero su culo sí, apretándolo y soltándolo con sus músculos, amasándolo, halándolo… y amándolo.

   El joven estaba, ahora, cogiéndole con su dedo, rápida y frenéticamente. Entraba hondo, saliendo rápido y clavándose otra vez, mientras el uniformado chillaba, echando la cabeza hacia atrás, sintiéndose dominado por una urgencia y un deseo que no entendía. Sus caderas suben un poco, despegándose del mueble, y se agitan de arriba abajo, cogiendo esa boca, queriendo metérselo hondo, hasta la garganta, sabiendo que ese chico le mamaba y apretaba sabroso el tronco, estimulando cada centímetro del mismo; pero también su culo busca ese dedo que entra, se revuelve dentro de él, y sale, frotándole y masajeándole duramente la próstata. Hummm, piensa, queriendo eso. Quiere ese dedo en sus entrañas. Ahora es consciente de que su cuerpo arde todo, que cada músculo y nervio es acariciado, sobado y estimulado por las poderosas sensaciones que lo recorren de pies a cabeza. Nunca antes había sentido nada así, sintiéndose tan despierto, tan vivo… Y lo peor, o mejor, era el abrazante calor que sentía en las entrañas. Su culo quería algo más…

   Ese dedo sale de su agujero bruscamente, dejándolo mojado y ardiente, y esa boca abandona su güevo, que se bambolea, amoratado y ensalivado. Con jadeos que mecen su corpachón, y con la vista casi desenfocada, Justino lo mira, confuso. El joven está de pie frente a él, sonriéndole, con el tolete totalmente horizontalizado entre sus piernas. Totalmente desnudo en segundos.

   -Quiero tu culo. Quiero cogerte. -le dice con sencillez. Justino tiembla visiblemente.

   -¿Qué? -grazna temeroso. El joven se tiende sobre él, sonriéndole dulcemente, rozándole los labios con los suyos, rojos y ensalivados de mamar güevo.

   -Te va a gustar, papá. Seré bueno contigo. Seré suave y considerado porque eres un virgencito. Seré dulce y te gustará mucho. Cuando sientas mi tranca en tus entrañas te vas a correr como nunca antes en tu vida, de puro gusto. Ya lo verás… no podrás vivir después sin repetirlo de vez en cuando.

   El hombre jadea, con los ojos muy abiertos, asustado. Está confuso y mareado; cosa de la que, como han hecho los hombres durante miles de años, el chico se aprovecha, de su indecisión y temor (que las mujeres a veces sentían al no saber que iban a terminar tirando al salir con un tipo). De pie frente a él, le agarra los tobillos montándolos sobre sus hombros, alzándole más la raja interglútea y el ojete del culo. Inclinándose nuevamente contra él, con el güevote erecto como una lanza, frota la redonda, brillante y lisa cabezota contra el pequeño y cerrado culo rodeado de pelos, aplastados ahora por la saliva del joven hace un momento. Justino cierra los ojos, respirando pesadamente, preguntándose: ¿qué coño estaba haciendo?, ¿por qué no se paraba de allí, ya, corriendo y escapando de esa vaina? Él era un macho, que debería ser el que cogiera a un mariquita como ese. Un hombre podía pegarse a un marico que se descuidara, pero no al revés.

   -Abre los ojos, quiero verme en ellos cuando te clave con mi güevo. -le ordenó con sencillez. E incapaz de resistirse, Justino le miró. El chico le sonreía.- Quiero verte mientras te cojo. Voy a joderte como nadie ha jodido contigo antes.

   Y esas palabras despertaban tal desazón, tal excitación, que el carajo sentía ya como su culo se contraía y su entrada titilaba, como esperándolo de una vez. Sudando hasta por las pestañas, Justino chillo agudamente, con voz de falsete, cuando el enorme y rígido tolete comenzó a penetrarlo lentamente. Primero la redonda cabeza, lisa y caliente, forzando su esfínter, empujando, venciéndolo, metiéndose. El hombre se tensa y muerde los labios, con dolor y ardor, mientras esa tranca iba metiéndosele toda.

   Lucas no paró hasta que metió toda su gruesa porra dentro de la estrecha y ajustada funda, hasta dejarle los cortos pelos púbicos pegados al bajo bola del uniformado, cuyo rojizo güevo babeaba lentamente. Esa vaina quemaba y ardía terriblemente, pensaba este, aunque estaba metida allí, quieta, pero creciendo y copándole todo el ano, estirándoselo. Su culo no estaba quieto, y aunque le dolía, tironeaba de ese tolete, adaptándose a su tamaño y grosor. Lo sentía, que las paredes de su recto iban adaptándose… aceptando ser atravesadas por la masculinidad de otro hombre.

   -¿Te sientes bien?

   -Hummm… sí… -gimió Justino entre dientes, con el culo ardido.

   Su agujero estaba en agonía, por el roce y la forzada, pero también iba mojándosele otra vez, cerrándose fieramente sobre la dura y cálida tranca que lo quemaba muy hondo, despertándole esas sensaciones raras nuevamente; eran unos deseos y unas ganas que él atribuía únicamente (eso quería creer) a la presión de la pesada porra sobre su próstata. Su rostro está contorsionado, pero al mirar al atractivo joven, que le sonreía con calidez, se relaja un poco. Y baja la mirada, viendo su cuerpo tenso, su güevo duro y sus bolas contraídas, y más abajo está el pubis del chico, con pelos recortaditos y un centímetro del grueso tolete afuera, frenado por sus nalgas que no lo dejan entrar todo. Siente la barra allí, quieta, pero palpitante, viva y hambrienta.

   Llevando sus nalgas atrás, Lucas saca parte del güevo, para luego volver a meterlo, empujando, chocando de las nalgas del otro, estremeciéndolo en el mueble. Y Justino apretó los labios con fuerza. El tolete salió y entró nuevamente. La tranca estaba casi toda afuera, antes de volver a clavarse en sus entrañas con un movimiento de caderas. La cogida era lenta pero profunda. Y algo comenzaba a despertar dentro de Justino, quien sentía que esa porra soltaba calor y palpitaciones dentro de sus entrañas, así como unos jugos que eran como de fuego y que lo quemaban. Y chilló agudamente cuando la tranca se le clavo duro. El vaivén del cuerpo del joven, que ahora apretaba los dientes y le atrapaba los tobillos con sus manos, abriéndolo más, era rápido y poderoso, cogiéndolo en toda la regla, estremeciendo totalmente al hombre que sudaba y gemía sobre el mueble. El culo del uniformado respondía a esa urgencia y a ese machito que lo enculaba. Ahora le palpitaba salvajemente sobre el güevo, agarrándolo y soltándolo, con fuerza. Su culo lo buscaba, ¡lo quería adentro!

   ¡O, Dios…!, era todo lo que podía pensar, gozando como loco, el uniformado.

   -¿Te gusta, mi militarsote? –le pregunta el chico con una sonrisa hermosa, pícara y traviesa.- ¿Te gusta que llene tu culo con mi güevo?

   -Hummm… Hummm… si, cógeme, cógeme como a un puto… -ruge, indiscretamente.- Cógeme con tu güevote…

   Hay unos toques, urgidos, a la puerta y se congelan.

CONTINÚA…

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 6

julio 26, 2016

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 5

JENSEN ACKLES BEAUTIFUL

   -¿Me quieres a mí?

   Casi se alarma por dejarse embargar así por la curiosa idea, una que aleja casi con disgusto, agitando la cabeza, como negándose todo. El movimiento parece atraer finalmente la atención del rubio, quien le mira y enrojece, ojos parpadeantes. Y una venita maligna de Jared se desata, por lo que sonríe de manera socarrona.

   -Buenos días, Jensen, tu maravilloso jefe ya está presente. –pasa y deja que la puerta se cierre, perdiéndose la curiosa mirada de Alexis al escucharle. No habría podido, no viendo al otro, notando el cómo enrojece más mientras rueda los ojos elocuentemente.

   -Sabía que saldrías con esa.

   -Oh, ¿no te gusta que recuerde tu tierno momento de sensibilidad, anoche, después de la cena y seguramente tomar un baño reparador, echado en tu cama, en bata y sin nada debajo, llamándome para decirme que soy increíble, lo mejor de la creación? –se burla abiertamente.

   -¡No dije eso!

   -¿Te cito textualmente?

   -Dios, deja de joder. –Jensen echa la cabeza hacia atrás, fingiendo cansancio.- Sólo quise ser amable. –la risita de Jared, divertida y burlona, no le ayuda.- No has dicho nada de mi cambio de imagen. –intenta desviar la atención, sonriendo y poniéndose de pie. Separando los brazos, teatral.- ¡ta taaaa!

   Joder, si, se veía muy bien. Aunque podría estar mejor, se dice el castaño, sonriendo leve. El traje era decididamente corto.

   -Curioso saco, ¿lo conseguiste en una funeraria? Parece lo que llevaría alguien en su último viaje.

   -Idiota… -ríe Jensen, demasiado, le parece al otro.- Me lo prestó un amigo… que trabaja en una funeraria. –se congela al decirlo; joder, ¿acaso Chris…?

   -Oh, Jensen, ¿un traje prestado? ¿No sabes que quien de ajeno se viste en la calle lo desvisten? –toma de su café y va hacia el escritorio.

   -Tranquilo, llevo un buen par de bóxers. –le resta intensidad al comentario del castaño, tomando la carpeta del sofá y dirigiéndose a la otra silla. O cree que le bajó, Jared debe luchar por un momento contra la idea de alguien desnudándole a zarpazos, dejándole sólo con una bonita ropa interior. Que podría, o no, ser suya.

   -Así que tu amigo trabaja en una funeraria y te prestó un traje. Negocio interesante.

   -No seas cretino, Chris no haría algo como robar a los muertos; es un artista, ¿sabes? Un cantante. –lo dice con abierta admiración y afecto por su amigo, alguien a quien Jared no conoce… y que le disgusta un poco. No sabe bien por qué.

   -¿Te reúnes con chicos de preescolar? ¿Tiene una banda en el garaje de su mamá?

   -Tiene mi edad.

   -Y en lugar de andar de giras promocionando sus discos trabaja en la funeraria. –comenta.- Estoy confundido, ¿es un exitoso artista de noche que de día arregla muertos por hobbie o…?

   -¡Deja de ser tan cretino! –le detiene.- Es un buen amigo y un gran tipo. –si, a Jared no le agrada Chris.- Y me prestó el traje, ¿bien? Y no has dicho nada de mi afeitada.

   -Oh, Jensen, la higiene personal no es para celebrarse; deberías, todos los días practicarla y…

   -Oh, Dios, realmente estás siendo un idiota de marca mayor hoy. –le corta, frunciendo un tanto el ceño.- Si no fuera por tu maravillosa actuación de ayer, te odiaría. –Jared no quiere alterarle, en verdad, pero no podía controlarse.

   -¿Te enteraste de eso? Si, estuve bien en la cama, Genevieve gritaba, ¿pero cómo supiste?

   -Voy por tus trajes a la tintorería. -le gruñe poniéndose de pie.

   -Hey, hey, calma, rubio. –le tranquiliza.- Estoy siendo horrible para evitarnos la incomodidad por la melcochosa escena de anoche. –le ve enrojecer mientras se sienta nuevamente.

   -Ay, qué alivio, saber que eres un cretino por buenas razones.

   -Dios, hoy no me tratas con la admiración y fascinación de anoche. Que mal. –le evalúa mientras termina su café.- Tu cabello se ve horrible, no te presta llevarlo tan largo. ¿No es inconveniente llevarlo así siendo cocinero?

   -Chef, soy un chef. –le aclara, pasándose inconscientemente una mano por la cabeza, los dedos dentro del cabello. Jared se pregunta si sería tan suave como parecía.- No tuve tiempo para todo lo que tenía que resolver, ¿okay? Para serte sincero, Chris no quería prestarme el traje. Debí rogarle mucho. Eso sí, no hubo mamadas involucradas en el intercambio.

   -Me alegro. Y resuelve lo de tu cabello. No me gusta. –se le escapa, rodando los ojos al ver una sonrisa bailar en los carnosos labios.

   -Es bueno saberlo.

   -Llegaste temprano, estabas en mi oficina y leías algo. Sin olvidar el traje, aunque no el corte de cabello. ¿Qué tramas? ¿Intentas quedar bien con el jefe? He oído que no le agradan los lamebotas y que…

   -Yo escuché que era un idiota. –le interrumpe Jensen con una sonrisa torcida, mirando la capeta sobre el escritorio.- Bien… -deja escapar una risita.- Tal vez esto si suene un tanto lamebotas pero… -desvía la mirada, cosa que apena a Jared, le fascina verle los verdes ojos.- Aparecí frente a tu puerta después de tanto tiempo buscando ayuda y correspondiste. Y a pesar de eso te cuestioné cuando ese chico la pasaba mal y tú explicabas tus razones para no echarte el peso del mundo encima. Y era cierto, y sin embargo… le ayudaste y… -se pone cada vez más rojo y tartajea. Jared sonríe.

   -¿Lo ves? Me encuentras maravilloso. –ríe al verle la mueca y el rodar de ojos.- Entiendo lo que quieres decir, y está bien, dejémoslo así. De manera que llegaste temprano a revisar el archivo Howard, ¿encontraste algo? –recuerda que el otro era contable.

   -Nada. –reconoce con desaliento.- Ese sujeto parece ser un empresario cabal y consiente. Aporta a muchas buenas obras sociales. También es amoroso con su familia. Se ha preocupado de proteger accionariamente a todos a quienes quiere. Muchos no piensan en esas cosas y luego tienen problemas cuando ocurren los imprevistos. En aniversarios y cumpleaños regala lotes accionarios a los suyos. Y algo más a la caridad. –dice casi con admiración.

   -He oído que es bastante putero e infiel a sus votos matrimoniales.

   -Muchos lo son, pero ha ido repartiendo su fortuna entre su mujer y sus dos hijos. Me parece bonito. –comenta con sorna, levantándose e inclinándose sobre el mesón, tocándole bajo la barbilla.- ¿No preguntó tu amada supermodelo por ese moretoncito curioso mientras la hacías gritar en la cama? ¿O gritó por eso?

   Por un segundo el castaño se congela, sintiendo un hormigueo en toda su cara, que parte del dedo del otro. Como espantando mosca, con elocuencia, le aleja. Necesita hacerlo.

   -Maquillaje. –responde, diciéndose que fue una suerte que Genevieve estuviera algo agotada y no se dedicara a sus usuales juegos de besar y lamer, o la lengua le habría cambiado de color.- Y no soy putero e infiel a mis votos. Bien, putero tal vez, pero Genevieve y yo aún no nos casamos. Estoy sacando todo esto de mi organismo antes de comenzar con la monogamia. –arruga la cara y finge estremecerse ante la palabra. Jensen ríe bajito.

   -Todo un príncipe encantador. ¿Estás bien? –se intriga, Jared tiene ahora el ceño fruncido.

   -Si, yo… -pensaba en lo dicho por el rubio, Ron repartía su herencia en pequeños trozos. ¿Y sí…?- Me cuesta concentrarme, me distrae tu mal corte de cabello.

   -Dios…

   -Si deseas salir y corregir este crimen estético…

   -Basta. Y no, no iré a ninguna parte. Vine a trabajar y no me apartaré de tu lado, esta vez sí, hasta que encontremos una solución a este problema.

   -Bien. –sonríe Jared, realmente divertido.

   El castaño se dedica durante casi cuarenta minutos a dictarle algunas notas que debe enviar, incluyendo flores para Genevieve, pero en todo momento parece ausente, pensativo. Se nota algo duro en la línea de su mandíbula. Y por una vez en toda la mañana ha dejado de mirar a Jensen, quien comenta mucho sobre muchas cosas.

   -Entonces estoy pensando en depilarme las piernas y el área del bikini. –el rubio, clavándole los ojos, comenta, haciéndole reaccionar.

   -¿Qué? ¿Usas bikinis? ¡Qué horror! –sonríe socarrón.

   -¡No estabas escuchando! –le reclama.- Después de lo de las flores y la bonita dedicatoria en forma de poseía que me exiges que invente y envíe a tu novia, te quedaste allí con la boca fruncida, mirándome y…

   -De pie. –se levanta, cerrando el saco.- No estoy de ánimos para estar aquí encerrado.- Vamos por helado.

   -¿Helado? ¿En horas de trabajo? ¿No estamos algo viejos para…? –Jensen se burla, pero le sigue, divertido. Salen a la oficina de Alexis, quien les mira extrañada.

   -Soy un muchacho en plenitud. –el castaño mira a su asistente, la otra.- Regreso pronto.

   -Pero Jared, Jeff espera… -se inquieta.

   -Llámale y dile que lo veo luego. Que no caiga en la histeria todavía. –informa mientras se aleja ya, volviéndose hacia Jensen, quien había tomado nuevamente la carpeta y la tenía en las manos.- Vamos.

   -No lo sé, tal vez debería comenzar con esos mensajes y llamadas.

   -Joder, ¿por qué nadie hace nunca lo que digo? ¿Acaso no les llegó el memo?, soy el jefe. –regresa, le quita la carpeta dejándola en el escritorio de Alexis, atrapa un codo del rubio y casi le hala.- ¡Regresamos pronto, Alex!

   La joven les ve caminar y hablar animadamente, Jared tardando un poco más de la cuenta en soltarle, el otro no apartándose mucho. Frunciendo el ceño antes de frotarse entre los ojos, la bonita joven se pregunta si no estará agotada por el trabajo e imagina cosas.

……

   -¿En verdad vas a ir por helados? –Jensen le pregunta mientras cruzan el pasillo rumbo a los ascensores.

   -Lo necesito, no el helado, salir de la oficina. Jeff, mi hermano, el encargado de la petrolera, me llamó para comunicarme que Howard comenzó su guerra. Debo contestarle, por desagradable que sea. Pero… -se muerde el labio inferior entrando al ascensor.- No quiero perder el buen humor con el que amanecí. Deseo pensar bien qué le diré para no discutir. Y es una gran concesión, tú no lo entenderías, pero los otros sí.

   -Evolución, así se le llama a eso, ir de maneras salvajes y primitivas a…

   -¡Ja ja ja! –finge, mirándole socarrón.- Si te va mal como cocinero siempre te quedará el circo. –salen en la planta baja.

   -Chef, soy chef. –le corrige algo exasperado, congelándose al enfocar la entrada del local comercial al que le dirigía Jared. Le mira con intensión.- ¿En serio?

   -Necesitas un corte.

   -¡Debemos trabajar! –le recuerda.- Si vamos a la práctica… si, no he hecho nada desde que me contrataste. Vas a pagarme, ¿verdad?

   -¿No te mueves si no te pagan antes?, muy listo. –se burla.

   -¡Jared!

   -Voy a encargarte de algo, en serio, pero antes debemos hacer algo con ese cabello. –le atrapa un hombro y casi le empuja para que entre, provocando cierto revuelo entre las chicas y chicos del salón de belleza. Saluda a todos con sonrisas, notando que todos miran a Jensen con curiosidad… tal vez porque aún le retenía con una mano. Le suelta, lentamente, no deseándolo del todo.

   -¿Un retoque, jefe? –le pregunta al castaño una pícara morena de aire latino, y Jensen imagina que el pillo ese algún movimiento ya ha hecho.

   -No, mi amigo necesita parecer moderno, decente y listo. Por ahora no lo consigue…

   -¡Hey! –se agita ante las miradas que recibe. Luego le dice bajito.- Íbamos a…

   -Déjame encargarme de algo. Tú ocúpate de ponerte bonito. –esas palabras hacen reír un poco a los presentes, pero no le importa; aunque si, de manera divertida, por el rubor que cubre los pecosos pómulos del rubio. Su móvil timbra y frunce el ceño al ver el nombre de su hermana, luego sonríe torvo, enviándole un mensaje.- Y ya te lo dije, te tengo un trabajo pesado… tendrá que lidiar con Megan, la cual necesita mi ayuda. Es decir, la tuya.

   -¿Tu hermana? –se confunde, parpadeando cuando la bonita morena le atrapa un brazo y le lleva a una de las sillas.

   -Si, tranquilo, te la mando. –y sale después de despedirse de todo el mundo con muchas sonrisas.

   Una que se vuelve una mueca predadora. Jensen le había dado una idea, e iba a hincarle garras y colmillos, por eso le sacaba del camino un rato. Por alguna razón que no alcanza a comprender, no desea que el rubio le vea en esa faceta.

   ¡Ni imagina el pobre, el problema que se le vendría encima!

CONTINÚA…

Julio César.

SOBRAO

julio 26, 2016

INTRUSION

TIO GRANDE, TANGA CHICA

   Un hombre que sabe lo que quiere y merece, el mundo le pertenece; ante él, y su pequeña tanga, el resto de los hombres se inclinan.

Julio César.

APORREA Y LA GENTE ATRAPADA EN LOS CINCUENTA

julio 26, 2016

RICARDO SANCHEZ, EL DISFRAZ

APORREA APORREADA

   O tal vez esa doctrina siempre fue vieja y por eso fracasa.

   Es que uno imagina la fiesta brava, la merienda de negros que se armaría si en el portal gobiernero APORREA dejaran a la gente opinar lo que les diera la gana sobre las vagabunderías que declaran los personeros del régimen. Claro que no pueden permitirlo; así como deseos no preñan y palabras no son hechos, la paja loca, la retorica y los eslogan no responden ningunas inquietud verdadera, sólo sirven con disfraces de periodistas que los dejan pasar agachado, por ello el portal no puede exponerles a eso. Así, a unas declaraciones como las de este ministro, no le sigue una larga cola de comentarios. ¡Y miren que declaró cada barbaridad!

……

Ministro Faría: Venezuela busca superar las deficiencias del capitalismo

Por: TeleSUR | Martes, 19/07/2016 06:34 AM

JESUS FARIA

Caracas, julio 19 – El ministro de Comercio Exterior venezolano Jesús Faría indicó este lunes que en Venezuela hay un proceso de construcción de un Estado no burgués, donde se aplique el socialismo para superar las deficiencias del capitalismo instaurado en la nación en décadas pasadas con el modelo rentista.

   ¡Sólo en TELESUR un sujeto así dice algo como esto sin que el periodista le vuelva picadillo, noticiosamente hablando! ¿Superar las deficiencias del capitalismo el ministro de Comercio Exterior de un país completamente arruinado por las medidas políticas y económicas implementadas por su grupo y donde hace poco más de dos años hasta los propios chavista en el exterior hacían colecta en esquinas de ciudades sudamericanas para recoger y enviarnos papel de baño? ¿Dónde le estarían entrevistando, en lo más alto de Quito y la altura le afectó? Eso o que masticaba hojas de coca, de otra manera es imposible explicarse semejante tontería. Tamaño despropósito es casi imposible asimilarlo.

   ¿Corregir algo, lo que sea, el socialismo, este socialismo de pesadilla que nos tiene comiendo basura, y donde la basura ya no alcanza para todos? ¿Corregir él, y su gente, las deficiencias del capitalismo, por ejemplo el de Cúcuta, donde los venezolanos llegan desesperados y pueden conseguir lo que se desea, en las cantidades que les den la gana y de las marcas preferidas, mientras aquí el socialismo nos mata de hambre y miseria, según ellos “porque el destino nos alcanzó”? No lo sé, ministro, pero me parece que el gran equivocado en esta vida es usted. Y que alguien debería hacerle el favor de ayudarle para que supere tamaña tara mental. Sé que les aterra que el soberano pueda expresarse de la manera que sea, menos en un proceso comicial vinculante, pero yo creo que si usted y su banda, perdón, su gente, le pregunta al país “¿prefieren vivir como lo están haciendo ahora, o como la gente en Cúcuta?”, creo que se llevaría una enorme, fea y muy desagradable sorpresa. Esta vaina no la quiere nadie, excepto los que se enriquecieron a la sombra de la más brutal corrupción administrativa jamás vista.

   ¿No le quedó chusco al ministro lo de acabar con el rentismo ahora que no tienen plata para seguir sobornando gente, dentro y fuera de Venezuela? Si, muy gracioso. Le gante va a reír bastante en las inhumanas colas de horas y horas bajo un sol achicharrante para conseguir un kilo de azúcar, ¡un miserable kilo de azúcar!, a pesar de que el régimen controla catorce de las diecisiete centrales azucareras del país.

   Pero, claro, ¿cómo expresa uno eso en APORREA? Ni siquiera dan oportunidad de las contra réplicas de los alumbrados, con frases tan de hoy como CIA, pitiyanquis y otras memeces de los cincuenta. Lo único que saben esgrimir como escusa o explicación, paja.

Julio César.

NECESIDADES

julio 25, 2016

PROBANDO PARA VER…

UN CHICO Y SUS CONSOLADORES

   Ah, los chicos…

   Creyéndose a solas en los vestuarios del equipo, el joven y caliente atleta da rienda suelta a sus ganas, urgido de llenar el vacío en su alma. El entrenador, que sabe lo que hace casi cada tarde, a una hora determinada, como otros en otros momentos, le espía con la mano cerrada sobre su bragueta. Era vistoso, lo admitía, pero el hombretón sentía cierta pena por el tonto muchacho… Mira que usar eso en lugar de buscar, convidar y montarse sobre alguno de sus compañeros, esos vigorosos y siempre excitados gañanes del equipo.

……

   La imagen es de una escena corta del promocional de un video de una casa comercial inglesa. Muy bueno. Pero sólo un corto. Si desean verlo vayan a: CORTOS BOYS

Julio César.

DE AMOS Y ESCLAVOS… 37

julio 24, 2016

DE AMOS Y ESCLAVOS                         … 36

BIKINI SEXY

   ¿Lo imaginan en una blanca o amarilla… mojada?

……

   Algo tembloroso, pero incapaz de detenerse a pensar en lo que hace, Gregory sale de la franela, no sin cierta dificultad, por lo estrecha, por lo musculoso de su torso, uno donde destacan algunos pelos ensortijados, pocos, y una cadena gruesa, muy blanca, de plata, que se puso antes de salir. Y sabe que sus tetillas crecen, que la piel le quema más cuando el otro le mira con ojos hambrientos. Vuelve a realizar una torsión, flexionado el brazo, su recia espalda contrayéndose, su bíceps abultando.

   -Se ve tan duro. –casi deja salir con voz débil y ronca, el tío.

   -Lo está. –grazna con respiración pesada, manteniendo la pose.- Ven, acércate y tócalo…

   Sus miradas están atadas, saben que caminan en sobre una delgada línea de la sexualidad y la conducta que no puede definiré como “normal”, no desde sus puntos de vista. O al menos así lo piensa Gregory, bíceps abultado, esperando. El otro, tragando, con los ojos castaños que brillan como los de un gato, sonríe leve, como adaptándose con más facilidad. Avanza y extiende las manos algo delgadas pero de dedos largos, blancos, que emergen de las mangas del saco, y caen sobre la bola de músculos realmente duros. El joven hombre negro se estremece ante el cálido y algo traspirado tacto de esas palmas y dedos que se cierran sobre su piel.

   -Está tan firme… -susurra el hombre, mirándole a los ojos sin dejar de acariciar esas carnes oscuras. También él se ve agitado, su respiración es superficial, los ojos brillan más y los delgados labios le enrojecen. Era como una invitación, piensa casi asustado, pero también curioso, Gregory.- ¿Has ejercitado mucho para tenerlo así? –las manos se abren y los pálidos dedos suben y bajan sobre la bola de músculos oscuros, provocándole escalofríos al otro.

   -Algo. –es la ronca respuesta, mirando esos labios por donde el sujeto, inconscientemente, se pasa la lengua. Tiene que luchar contra el violento espasmo del deseo. Quiere, si, y mucho, que esos labios caigan sobre su bíceps, por muy extraño que le sonara aún a él mismo. Sus ojos se encuentran, febriles ambos.

   -Por cierto, me llamo Esteban. –informa, las manos subiendo al hombro, palpando.

   -Gregory. –casi jadea, los dedos de una de las manos ajena rozan su torso, fugazmente sobre su pectoral, antes de apartarse. Sin besar. Casi le frustra. Tanto tocarle le había… calentado o despertado algo que, como heterosexual, no quiere analizar. O eso se dice.

   -¿Sabes?, sé que sonará extraño, pero quiero que me muestres más. –pide Esteban, mirándole a los ojos, antes de bajar la vista a sus caderas.

   El joven de color abre los labios, pero nada dice, siendo recorrido por ese poderoso escalofrío en su columna. Lleva las manos a la correa, el botón y cierre del pantalón, notando que Esteban retrocede un tanto, para abarcarlo mejor con la mirada. Los ojos del otro caen como dardos en la ve que se abre al separar el pantalón, cosa que le encanta. ¡Ese tío realmente quiere mirarle!, y esa idea era obsesionante, dominante. Se quita las botas y el pantalón baja, con esfuerzo, por los musculosos muslos. El corto bóxer, uno enterizo, deja notar la abultada verga que parece deseosa de escapar y jugar con los chicos, y la cual atrapa la castaña mirada del otro sujeto, quien traga en seco.

   -¿Un bóxer? Qué desperdicio… Tienes que vivir llevando bikinis ajustado, o tangas calientes para que todo el que te mire, hombre o mujer, babee, y le babee por ti. –acota el otro.

   -¿Cómo tú? –reta, necesita hacerlo.

   -¿No estás así de emocionado porque estoy aquí? –es la contrarréplica que parece serle natural.

   -Iba para una cita y… no quería que la nena me viera con esas vainitas. Ya no se usan.

   -Todo hombre de sangre roja en las venas desea en algún momento de su intimidad más secreta el roce de una tanga suave, muy chica y ajustada contra su piel, porque todos desean sentirse calientes. –le aclara Esteban, acercándosele, las respiraciones de ambos son pesadas.- Te ves del carajo así, toda una tentación echa hombre. –le dice, sabiendo que le afecta, tocándole con las puntas de los dedos de ambas manos sobre el torso, recorriéndole como si arañara, pero sin usar las uñas, erizándole.- Todo esto dentro de una tanga pondría a delirar a cualquiera, imagina entonces si apareces en una. –comenta, los dedos abarcando sus costados, el tolete agitándose visiblemente bajo el bóxer que lo contiene. Sus rostros se han acercados, aunque Gregory debe mirar un tanto hacia abajo.

   -Bien, gracias, pero… -admite erizado, la idea le gustaba, es cierto. Y esa boca de labios delgados, entre abierta, que se separa más cuando él mismo separa los suyos, más gruesos, le fascina, ¿cruzaría la distancia ese tipito e intentaría besarle? ¿Lo dejaría? No lo hace, el otro se retira, no le toca más, no le calienta ya, y se siente algo frustrado nuevamente.- Lamentablemente no traigo una.

   -Tranquilo. –le desconcierta la sonrisa del otro, quien se vuelve hacia su maletín, de donde saca una bolsita de papel, color caramelo, una pequeña coquetería.- Vi esto y pensé en ti… -mete la mano y saca una muy pequeña bola de tela.

   La abre usando los dedos índices, dejándola colgar. Es una diminuta tanga amarilla intensa, tonalidad que se ve vulgar y escandalosa, algo mínimo, que en su parte posterior termina en un triángulo de tela que se estrecha en una franja, un hilo dental, de naturaleza elástica.

   -¡No voy a usar eso! –se agita Gregory, voz ronca, ojos clavados en la diminuta prenda que el otro sostiene frente a sus ojos, atrapándola con los dos dedos. Su pecho sube y baja con esfuerzo.- ¿Casado y heterosexual, pero comprando eso pensando en mí? Suena extraño. –le irrita un poco que el otro sonría, parecía un pequeño gato satisfecho. La idea de que el tipo más bajo estaba controlándole, le incomodaba.

   -¿La imaginas tan chica sobre tu enorme y musculosos cuerpo, presionando contra tu verga… metida entre tus nalgas… sobre tu culo de macho? –es la respuesta.- ¿Imaginas lo caliente que te verás? ¿Lo que eso nos afectará a quienes te veamos?

   -Yo… no creo que deba…

   -Es un regalo de un admirador, alguien a quien afecta tu cuerpo, ¿no quieres lucirla ni por cortesía? –se le acerca, tomándole una mano, algo que estremece al otro pero no se suelta, dejando caer la suave telita en su palma.- Hazlo como un favor para con un tío más pequeño y sin cuerpo, amigo. –le da la espalda.

   ¿Lo haría?, se pregunta Esteban; también el qué estaba haciendo. Todo había comenzado como un juego, pero ahora… Le siente moverse a sus espaldas. ¡Lo estaba haciendo! La sonrisa se le ensancha en el rostro, también las frecuencias cardiacas le aumentan.

   -Espero que estés satisfecho. –gruñe con voz algo temblorosa Gregory, como si estuviera molesto, pero también está excitado. Esteban se vuelve y…

   La mandíbula del hombre cae, sus ojos parpadean y el corazón alcanza nuevas cumbres, su respiración se espesa y todo él arde con ganas de algo. Gregory se ve impresionante en su casi desnudez, con ese achocolatado cuerpo de pecado cubierto únicamente por la muy breve y ajustada tela de una tanga  tipo hilo dental de un amarillo escandaloso, donde destaca una buena barra de carne. Por su parte, Gregory  siente que la cara le arde. Encontrar la admiración en esos ojos le encanta, todo él se esponja, sus tetillas parecen inyectadas de algo, muy erectas, mientras siente la piel de todo su cuerpo particularmente sensible. Pero son sus ojos los que le traicionan. Bajan y quedan posados sobre la erección visible bajo el pantalón del traje.

   -Mucho. –croa el tipo blanco.

   -¿Y te dices hétero? –tiene que burlarse, alzando un dedo y señalándole la bragueta, intrigado, notando que la pieza era como larga.

   -Nadie podría evitar ponerse caliente mirándote; a ningún hombre dejaría de parársele el güevo viéndote así. Lo siento por ti, pero calientas las braguetas, amigo. Compruébalo. –indica como si tal, sin afectarle, aparentemente, estar erecto viendo a otro tipo, se dice Gregory, quien lucha de manera titánica para controlar la suya ante esas palabras y esa abierta admiración que excita cada célula de su cuerpo exhibicionista.

   Se vuelve hacia el espejo que tiene en la entrada, uno de cuerpo entero donde siempre comprueba su apariencia antes de salir del apartamento, y que ahora entiende un poco mejor el por qué lo tiene. Se mira y se emociona, está realmente sexy; y si, la presión de la elástica, suave y escasa tela contra su verga y bolas es impresionantemente grata. La de la tira que se pierde entre sus nalgas negras, redondas y plenas es aún más desconcertante y… estimulante.

   -Por favor, gira. –sabía que eso llegaría, lo hace, piernas abiertas, flexionando sus brazos como un culturista, ambos bíceps enormes, su espalda recia tensa, los músculos notándose, pero sabiendo que la mirada del otro está sobre su culo. Casi la siente como caricias.- Impresionante. –el hombre negro se vuelve… y nota esa erección más pronunciada y demarcada, ¿acaso se había dado un apretón mientras le daba la espalda?

   -¿Es todo?

   -Aún necesitas algo, son esos pelos en tu pecho. Son pocos pero…

   -¡No! Eso no, no voy a depilarme. Recortar es una cosa, pero…

   -Confía en mí. Te verás del carajo. –regresa a esa maletín, el cual parecía contener muchas cosas. Se vuelve, sonriendo, con varias maquinillas desechables de afeitar en sus manos.

   -Pana, no lo sé… -duda. ¿Quitarse sus pelos gruesos y rizados aunque cortos?

   -Vamos, te verás aún mejor. –le sonríe tranquilizador, llevando una de las maquinillas a un torso, sin esperar más.

   Gregory se eriza mientras van cayendo sus cortos pelos bajo la triple hoja de la desechable; la siente casi como caricia cuando rodea las aureolas de sus pezones, despejándolos, bajando y bajando, Esteban inclinándose, bañándole con su aliento al respirar agitado. Luego le sopla.

   -Perfecto. –dice con ojos brillantes, las manos sobándole, tocando mucho, recorriéndole todo, de arriba abajo y regresando, apartando los pelos cortados.- Mírate… -y el hombre de color se estremece, su torso parece más definido, más llamativo. Más sexy. Pero todo acaba bruscamente cuando le toma una muñeca y le alza el brazo, descubriendo su axila.

   -Hey…

   -Confía en mí.

   Una nueva hijilla va contra su piel, recorriendo de arriba abajo, afeitándole lentamente. Va una y otra vez. Y Gregory contiene el aliento al lado del otro, el cual mira de la axila de donde va desapareciendo el pelo, a sus ojos. Cuando termina, sopla un aliento cálido con un leve aroma a menta, luego la recorre con la palma, suave, acariciante, quitando los pelillos rasurados. Gregory se contrae, el roce despiertas cosquillas y escalofríos que nada tienen que ver con eso. Ojos brillantes de lujuria, está seguro que se trata de eso, Esteban le alza el otro brazo y repite la operación, de manera más lenta. Es tanto así que él cierra los ojos dejándose hacer y llevar, sintiendo su aliento al soplar, sus dedos al recorrerlo. Pero los abre cuando una mano se cierra sobre su puño, halándole.

   -¿Qué…?

   -Vamos. –le hala hacia el sofá, donde cae de culo, mirándole hacia arriba, aún más.- Debo… -lo deja así, ojos clavados en la tanga alzada por el miembro tras él.

   -¿Quieres depilar mis partes? ¡Estás loco! –ladra, eso sí que no, un recorte de la grama estaba bien, pero… Una cosa así bien valía una mamada de güevo, ¿no? La idea llega, simple, clara, caliente y poderosa.

   Obviamente ignoraba lo que el otro le tiene preparado mientras le monta en la olla.

CONTINÚA…

Julio César.

SUEÑOS DE GLORIA

julio 24, 2016

PRIMEROS TRABAJOS

   …De la Biblia o el Corán.

   ¿Recuerdan esa vieja canción que creo era de un grupo venezolano?: “Ella es el sueño de Adán, el sueño de dicha y gloria de la Biblia y el Corán”. O algo así, lo escribo de memoria. Pero viene a la mente cuando el acuerpado y apuesto culturista musulmán comienza su exhibición para el público que adora y delira por su presencia. Todos rodeándole, con lo más jóvenes, los muchachos, un poco más duros que el resto bajo sus pantalones mientras le ven con ojos alegres, haciendo halagadores comentarios de su pinta… y su atrevida trusa que más bien parece tanga. Eso hace reír al campeón.

   -Y deberían verme en las orillas de las playas de mi pueblo, cuando salgo del agua usando una blanca, más chiquita, que tengo.

Julio César.

TIPOS

julio 24, 2016

INTRUSION

TIO CALIENTE EN SUSPENSORIO

   Con algunos tíos los chicos aprenden lo bueno, de él reciben lo malo… con ambas manos.

SOBRAO

Julio César.

AHORA LE TOCO A ALEMANIA

julio 24, 2016

ATENTADO, CLINTON, KEIKO, CARIACO Y FUTBOL

ATENTADOS EN ALEMANIA

   ¿El enemigo?, la violencia e ignorancia del pasado.

   Ya se contabilizaban hasta esta mañana diez muertos y veintiún personas heridas por un tiroteo ocurrido en un centro comercial en Munich (ciudad recordada por las olimpiadas aquellas), capital de Baviera, al sur de Alemania. Terrible noticia. Imaginen el pánico, el miedo de todas esas personas, especialmente si iban con niños, cuando los disparos comenzaban, la gente gritaba y algunos caían. El imperio del terror, lo que siempre han buscado esos grupos crueles que sueñan con controlar a los demás mediante el miedo. ¿Puede suponer una persona sensata con dos dedos de frente que es válida una filosofía de terror, de la crueldad más extrema, de “te destruyo no sólo porque no eres como yo sino que además te niegas a someterte a lo que dicto”? Pero, en ellos, llevamos siglos; lo grave no es que siempre ocurriera, u ocurra ahora, es que permitimos que vuelva a suceder, ¿acaso las especies no evolucionan y aprenden?

   Mala suerte para los alemanes, a quienes les ha tocado vivir esto. Mala hora para el gobierno de la señora Ángela Merkel, a quien muchas voces acusan de blandengue frente a los inmigrantes y llegada de refugiados; quieren descabezarla los ultra dentro del país ario (que siempre toman las banderas del nazismo) y sus enemigos externos, los grupos islámicos, demostrándose otra vez como si hiciera falta que los extremos siempre se toca, siempre se parecen. Ya las autoridades señalan a un germano iraní, un muchacho de unos dieciocho años de edad, de ser el responsable. Terrible noticia para estos refugiados, si se impone dicha tesis o se comprueba más allá de toda duda que el Estado Islámico o algún otro grupo talibán tiene las manos metidas en esto. Al horror que ya han vivido, comenzando por tener que abandonar las tierras de sus padres, esas donde nacieron, hasta ser rechazados y perseguidos en destinos más seguros en el viejo continente, donde no quieren nada con ellos a pesar de la vieja deuda histórica de Europa, por la esclavitud en algunos lugares y de la brutal explotación colonial en otros. A esos desarraigados el mundo se les pondrá más pequeño.

   Y es aquí donde se mide la maldad de esta gente y de por qué debe combatírseles; si, causan dolor, angustia y muertes en otras regiones, pero con su propia gente son aún peores. Aunque, seguramente se justificarán, y muchos creerán que es cierto, que esos refugiados se lo merecen por no obedecer de manera perruna y total lo que el “líder”, con el disfraz ideológico o religioso que guste, les impone. Hay quienes creen que nacieron para amos y que el resto debe permanecer feliz en el pasivo papel de esclavos. Por las buenas o por las malas.

   Qué pena.

Julio César.

UNIFORME

julio 21, 2016

INTRUSION

TIO EN TANGA NEGRA

   -¿Está bromeando, ingeniero? Sólo quise mostrarle cómo me queda la tanga que me regaló, ¡pero no puedo trabajar todo el día así!

TIPOS

Julio César.

NOTA: Todas las imágenes han sido tomadas de portales gratuitos; que nadie se moleste, por favor.

LA PRACTICA HACE AL MAESTRO

julio 21, 2016

EL TRABAJO NO ACABA

EL LUCHADOR EN HILO DENTAL

   El escenario para la lucha olímpica: su cama.

   -Pe… pero ¿qué ropas son estas? –se escandaliza y hala más, abarcándolo todo, hasta el saquito con las pelotas.- Mariana me dijo que ibas a practicar con tu compañero de equipo y aquí estás, en tu cama, vestido de puto y enseñándolo… todo.

   -Es que… así practico. –se defiende; qué mala pata, pensó que su hermana y su cuñado ya se habían marchado.

   -Tengo curiosidad, ¿vale mirar? –pregunta algo ronco después de unos segundos, sin soltar. Encarando la mirada del otro sobre un hombro.

   -Y hasta participar, si se te antoja. –ofrece.

Julio César.

PRESENTE

julio 20, 2016

TIEMPO LIBRE… SIN INTERNET

YO, FELIZ

   Sorry…

   Lamento haber estado ausente, aún cuando subía algo, pero no tenía cabeza para nada. Mi señor padre anda algo enfermo y eso no deja pensar con claridad. Sentarme y escribir suele ser divertido, cuando no me guía la rabia, entonces es un desahogo, pero con esto no pude concentrarme en nada, únicamente en su salud, preocupándome. Y eso es para con lo ligero y grato, porque todo el que ha tenido un ser querido mal de salud sabe que lo desagradable, las cosas molestas, se vuelven infinitamente peor.

   Tiene papá el peor de todos los males, ese que no se sabe, ni se descubre, qué es. De lo que (Dios nos libre) se moría la gente antes en las telenovelas. Un mal misterioso. Y que no debía padecer, ni es rico ni famoso. Tiene mareos, nauseas y vértigos pero no aparece nada en las tomografías de cervicales o senos para nasales, y los estudios con la otorrino tampoco han arrojado luces. Tiene unos pocos cálculos pero fuera de eso los riñones se ven bien, no hay nada en los pulmones, la tensión está controlada (exceptuando cuando se le sube por la frustración) y el antígeno prostático está creo que mejor que el mío. ¡A su edad!

   Vamos a intentar una endoscopia, también unas radiografía de cráneo… para ver. Lógicamente eso le tiene de mal humor, sentirse tan mal que hasta un bastón ha tenido que usar, y que no se sepa nada definitivo. Si fuera el corazón, un tumor o diabetes, uno sabría a qué atenerse, ¿pero así? Había pasado más o menos el fin de semana, regresé ayer y ya hoy me llaman para decirme que se descompensó esta mañana. Una mugre total.

   Bien, amanecerá y veremos, tal vez escribir me distraiga. Piensa uno en tantas cosas… Y hay tanto que no comenté. Los atentados terroristas que ensuciaron totalmente al extremismo islámico, aunque ahora el señor Trump les lanza oxígeno (¿por qué nadie le manda a callar dentro del partido republicano?); la intentona golpista en Turquía, que debió asustar a la comunidad europea tanto como a los rusos, que los tienen a la pata; y más atrás lo de las elecciones en España; por no dejar fuera el natalicio de Nelson Mandela. Pero así sea atrasado voy a meterme con todo y todos. Eso ayuda.

   Ah, claro, y seguir con los relatos continuados.

Julio César.

LA NENA DE PAPA… 16

julio 16, 2016

LA NENA DE PAPA                         … 15

De Arthur, no el seductor.

CULO ALEGRE

   Chicos con sorpresas.

……

   -¿Si? –responde algo seco, el silencio se hace y su corazón late con fuerza.- ¿Si, papi? –rectifica y oye una respiración contenida que es liberada.

   -Hola, Brenda. –llega el animado tono jovial.- ¿Cómo está mi chica? –espera y el joven se siente ahogado.

   -Bien. –responde, agitado.

   -Maravilloso. ¿Viste lo que te dejé? –la pregunta es intencionada y Brandon cierra los ojos, cayendo sentado en la cama nueva, la caja y el juguete sexual desplazándose, acercándosele.

   -Sí, me gusta. –concede, sabiendo lo que vendría si no lo decía. Le parecía más fácil ceder…

   -Lo sabía. Eres una chica joven, hermosa y saludable, lo más natural del mundo es que quieras explorar tu sexualidad; y teniendo necesidades, no estando con tu papi, mereces satisfacerlas. –era tan humillante, Dios, se dice el joven, labios temblorosos.- Ponte linda, pronto estaré allí. –y corta la llamada.

   A Brandon le cuesta aflojar el agarre sobre el teléfono, abrumado, sintiéndose furioso y frustrado, impotente. La ira ardiente que amenaza con estallar no logra superar la humillación. Mira el juguete sexual, con la cara muy roja, y piensa nuevamente en armar un escándalo. Una pataleta. Pero calla. No se atreve. Notando la hora cae en que mucha de la gente de la pensión no ha regresado, así que toma un bolso, su toalla, las chancletas de baño y corre. Se ocupa con celeridad de sus asuntos en las duchas, siempre temiendo encontrar a alguien que le pregunte por su visitante. Sale envuelto en una toalla, joven, delgado pero de buen cuerpo.

   -Moses… -se tensa cuando un serio Mark Aston aparece frente a él, mirándole con curiosidad.

   -Hey, amigo, ¿cómo estás? –grazna con una sonrisa que más parece mueca.

   -Estoy bien, como siempre, quien anda de lo más misterioso eres tú. –dice el otro joven casi con reproche.- ¿Se puede saber en qué andas?

   -No, en nada, yo…

   -Tu puerta vive cerrada cal y canto. Eso nos extraña a todos. –insiste, desconcertándose más al verle respirar pesadamente.

   -¡Tal vez “todos” podrían ocuparse de sus vidas y dejarme en paz! –estalla con nervios, mordiéndose el labio al verle hacer un gesto de sorpresa dolida.

   -Lo siento. – se aleja, envarado.

   ¡Maldita sea!, se dice deseando llamarle, disculparse. Pero ¿cómo sin entrar en explicaciones? Maldito Cole Hanson, estaba destruyendo su vida. Y pronto llegaría, le recuerda con urgencia y algo de pánico una voz interna.

   Regresa a la carrera a su cuarto, asegurándose de cerrar bien no fuera a entrar alguien del piso y notara los cambios. Desnudo se detiene frente al closet, temblando, avergonzado. Pero también… curioso. Toma una delicada y casi transparente tanga amarilla, diminuta, que se estira al meter sus piernas. Experimenta otra vez ese roce que le eriza, casi una caricia erótica sobre su piel. Cubre sus genitales, que quedan presionados de una manera estimulante. Y la tira en su raja, presionando contra su culo… quema, pica.

   Se encasqueta unos shorts cortos, ajustados, color lila, y una camiseta abierta, de un naranja atardecer. Se mira al espejo, tragando en seco, aplicándose un gel en el cabello, luego toma el estuche de maquillaje… sus pómulos enrojecen, sus pestañas destacan. Sus labios, furiosamente rojos por el labial, le confunden. Se mira al espejo y casi siente miedo. No se ve como un chico, lo es por lo plano de su torso, pero más bien parece una chica. Una chica bastante bonita.

   ¿Por qué se sometía de esa manera?, la pregunta da vueltas y vueltas en su cabeza, pero no encuentra qué responderse, cosa que le altera un poco más. Pega un bote, tan nervioso estaba, cuando la puerta comienza a ser abierta y un sonriente, elegante y solido Cole Hanson hace su entrada, en un elegante traje gris oscuro, muy de trabajo gerencial, muy masculino con una evidente sombra de barba, con un aroma corporal fuerte, a sudor, gel del afeitado, a colonia y un poco a cigarrillos. Como sea, el joven, de pie en el centro de la pieza, lo nota. Como su mirada, su sonrisa genuina de placer al verle maquillado. Carga unas bolsas, una imagina que es de la cena temprana, la otra sabe que será otra sorpresa. Es grande.

   -Te ves hermosa. –dice el hombre, voz ronca, ojos brillantes de lujuria.

   -Gracias… papi. –la voz le falla, sonando desconcertantemente andrógina.

   Eso logra que el hombre trague en seco, y sin quitarle los ojos de encima deja todas las bolsas sobre la mesa, acercándosele, el chico mirándole todo ojos, brillantes, como un cervatillo deslumbrado por unos potentes faros. Jadea ahogadamente, de sorpresa, cuando el hombre le levanta con mucha facilidad entre sus brazos, estrechándole contra su cuerpo, fuerte y viril, llevándole hacia la cama. Todo eso sobrecoge a Brandon, el sentirse alzado como si no pesara nada, estando sostenido por el macho poderoso, notando sus olores masculinos de manera intensa. Cae de culo en su regazo cuando este se sienta sobre el colchón, y jadea otra vez al sentir la dura erección bajo el traje gris. Pero no tiene tiempo para pensar, los labios de Cole caen, abiertos, sobre los suyos, lengüeteándole, obligándole a abrir la boca, metiéndosela de manera rapaz, intensa, lengüeteándole y llenándole de saliva. El chico jadea, su cuerpo se tensa, y aunque no entiende cómo o por qué, sabe que responde, que su lengua se ata a la otra y luchan. Pero el hombre le derrota, besaba demasiado bien, succionando de manera total, bebiéndose su aliento, saliva y gemidos.

   Arrojándole de lado en la cama, de pie, el hombre se abre el pantalón sacando la blanco rojiza tranca llena de venas, dura. Casi sobre su rostro. Y los rojos labios del muchacho, de donde el labial se ha corrido un tanto, se abren sensualmente y caen sobre el glande expuesto, besando, lengüeteando el ojete, chupando de él. Cole se tensa y sonríe, mirándole de manera brutal, sabiendo que ya casi le tenía donde lo quería. ¡Tragando cada pedazo de su pieza! Ese muchacho podría decir lo que quisiera, pero por lo que veía parecía que no podía obtener lo suficiente de su verga, cubriéndola y chupándola, recorriéndola con sus labios y lengua, dejándola ensalivada, una y otra vez, ¿acaso extrañando ya el sabor de su semen caliente? Tiembla mientras le ve mamarle, lo hacía bien, se sentía del carajo ser chupado así, pero quería más. Quería que el chico le entregara, voluntariamente esta vez, su culo. Que lo deseara tanto que le suplicara llenárselo de güevo. 

   -Oh, sí, así, mami bella… -jadea de manera ronca, boca muy abierta, feliz como pocas veces al verle entregado, subiendo y bajando sobre su recio falo con sus labios pintarrajeados, al tiempo que se tiende sobre él, la mano grande apoyándola en una nalga, sobre el shorts pegadito, dando una leve azote, produciéndole un fruncir de ceño y un gemido muy ahogado al tener en ese momento el tolete clavado casi hasta su garganta, donde continuaba ordeñándolo.

   El hombre mete la mano bajo el shorts y tiembla, casi corriéndose al tocar la turgente y lisa piel del muchacho, así como los contornos del hilo dental. Eso se la puso como más dura, y cuando subía, succionando, Brandon se encontró con un especial chorro de líquidos pre seminales que saboreó sobre su lengua, lo unto del pulsante palo al bajar sobre él  y lo tragó. El adolecente cierra los ojos, dejándose perder en mil sensaciones, sin desear pensar en ello, succionado sin detenerse de aquel güevo, plenamente consciente de la mano masculina que acaricia con los dedos abiertos sus nalgas, de una a la otra, de los dedos que buscaban la raja entre ellas, recorriéndola, todo eso teniéndole muy erizado, casi con cosquillas, con los dedos de los pies flexionados dentro de los zapatos. Sabe lo que viene, y una parte calenturienta de su mente…

   Con una mueca de avidez lujuriosa, la del macho que gozaba de mil puntos de excitación, todos a su real parecer, Cole le coge la boca con movimientos suaves de caderas al tiempo que la mano sale del shorts, casi extrañando tenerla allí, y baja ese pantaloncillo suave y ajustado de putos, sonriendo torvo al ver el movimiento del chico para facilitárselo. Contiene la respiración al bajárselo tan solo un poco, por debajo de sus bolas y finalización de sus turgentes y redondos glúteos. La tirita del hilo dental le obsesiona, le calienta. Allí estaba su putita, la que escogió, ese muchacho sumiso que se había atrevido a tocar a su hija llevando aquella prenda tan erótica. Los ojos se le van a ese trasero firme, nalga sobre nalga al estar de medio lado, mamándole el güevo. Tocándolas, separándolas un tanto, la visión de la tirita sobre su culo, de la bolsa que se formaba y abría un tanto más abajo, donde la tela contenía sus bolas, provocó un nuevo brote de jugos masculinos de su ojete, uno que Brandon succionó con especial cuidado. Sonríe aún más; es un hombre de experiencia que sabe lo que hace…

   La frente de Brandon se frunce totalmente con una mueca que podría parecer dolor pero que no lo era ni de lejos, al tiempo que un ahogado gemido escapa de sus labios adheridos a la pulsante verga blanco rojiza que succiona, dejando escapar saliva y jugos pre seminales cuando la mano del hombre, lenta y deliberadamente se mete dentro de la tanguita, en la parte baja de la espalda, bajando y recorriendo, los dedos, unos sobre otros, metiéndose en su raja, acariciándole y levantando el hilo, cayendo sobre su culo, descubriéndolo y medio rascando con las uñas de manera sensual. Cole sonríe todavía más al verle enrojecer, cerrar los ojos con los labios contra su pubis dentro del pantalón, succionando con lengua y garganta, todo tenso. Cada roce de sus dedos le hacía responder. Si, pronto ese joven culito será un coño total, sensible y excitable, ávido de güevo. Lo único que terminaría gustándole al chico. Lo intuyó la primera vez que le vio.

   Sacando la lengua en una mueca depredadora, hunde un largo y velludo dedo en el joven agujero, que entra fácil porque el esfínter se abre para permitírselo. Los ahogados jadeos, el resuello sobre sus pelos púbicos se incrementan. Muerde su lengua al sacarlo, lento, acariciándole, rascándole, para volver a clavarlo, duro, de golpe. Lo saca y mete, adentro y afuera, lo coge una y otra vez y Brandon parece perder el control, se agita todo, sus nalgas redondas, y rojas ahora, se tensan mientras esa mano que aparta la tirita del hilo, juega con su culo de una manera extrañamente excitante.

   El joven abre los ojos de golpe, y algo muy parecido a un gruñido de queja, de exigencia escapa de su boca ocupada por el caliente güevo del hombre en traje de oficina cuando esa mano se retira de sus nalgas, cuando ese dedo deja su culo, la tirita del hilo dental volviendo sobre el redondo y enrojecido anillo que parece algo inflamado. Divertido ante su reacción, con un “vaya, vaya”, mental, el hombre pasea las puntas de sus dedos por esa raja otra vez, recorriéndola hacia las bolas, provocándole un nuevo gemido al chico, quien, instintivamente separa sus piernas para facilitarle el paso. Cole sonríe al rascar, cosquilloso, sobre el saquito con las bolas. Y Brandon gorgojea experimentando el placer que ese gesto siempre produce, las cosquillas erizantes de una mano acariciando las bolas sobre un bóxer, calzoncillo… o un hilo dental como en este caso. Los dedos van y viene y el chico menea sus caderas totalmente entregado. La mano sube y le acaricia el erecto aunque corto pene sobre la pantaletica, haciéndole gemir más.

   -Estás tan caliente, Brenda… -le atrapa el tolete sobre la tanga con un puño, sabiendo muy bien cómo se sentía eso.- Tienes el clítoris inflamado y el coño muy mojado. –aferrándolo duro, sin hacer otra cosa que estimularlo con el agarre y el calor de su mano, lleva el pulgar al glande y lo frota, de manera circular, con energía, provocando una buena oleada de líquidos pre seminales del muchacho.- Si, estás caliente, nena, muy caliente…

   Brandon nada responde, y podría ahora, porque Cole echa sus caderas hacia atrás, sacándole la verga de la garganta, apartándole del pulsante tronco que soltaba calores y jugos que había estado bebiendo por litros. También alejaba su olor a macho, uno que le debilitaba por alguna razón que no entendía. Sus labios están hinchados, el labial corrido, su barbilla mojada. Su respiración es pesada. Se miran cuando este, después de tomar algo de la cama, alza una mano mostrando el pequeño consolador.

   -¿Crees que tu coño está lo suficientemente hambriento para esto, Brenda?

CONTINÚA…

Julio César (no es mía la historia).

GENIO Y FIGURA

julio 16, 2016

INDEMNIZADOS

MACHO ALFA Y SU SUMISO

   -Silencio, maricón, o cuando termine con tu hermano sigo contigo. Y mira que él sólo quería una disculpa por tropezarle al salir del baño.

Julio César.


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