DE HOMÓFOBO A PUTO… 11

mayo 23, 2017

DE HOMÓFOBO A PUTO                         … 10

Por Sergio.

– Creo que me expresé mal. Lo que quise decir es que no sé qué te pasa, pero te escucho muy alterado. – improvisa Claudio.

– Perdóname por cómo te hablé… ¡es que si supieras!

– ¿Y por qué no me cuentas?

– Tú me dijiste una vez que podía contar contigo. ¿De verdad puedo confiar en ti?

– Claro, Rodrigo, tú sabes que sí.

– Bueno, te contaré, pero en persona… ¡Pero necesito que me hagas un favor!

– Dime y yo me encargo.

– Necesito que mi mamá y mi hermano no estén aquí.

– ¿Quieres que salgamos todos de paseo?

– No, necesito que ellos se vayan y que tú vengas a verme mientras ellos no están.

– ¿Cómo así? No termino de entender.

– Es que… lo que te voy a pedir es muy, muy delicado y necesito que ellos no estén… Es absolutamente indispensable que vengas cuando ellos no estén en casa.

– Bueno, me encargaré de eso y te confirmo.

– Gracias, Claudio – se despide tímidamente.

El tono inseguro en la voz de Rodrigo casi conmueve a Claudio al percibirlo como un niño indefenso al que debe proteger; y no, como al fuerte y valiente hombre joven que muy bien ha conocido. Una cosa es segura: en ambas facetas le gusta. No está seguro de qué será lo que Rodrigo le pedirá, pero tiene una fuerte erección al pensar en que ésta será una buena oportunidad para “estrechar lazos”.

Rodrigo intenta sin éxito extraer el tampón, pero su ano le arde aún más al simplemente tocarlo. Así que deja de tratar y, en su lugar, busca una camisa roja para limpiar la sangre y ponérsela sobre las nalgas para evitar seguir manchando su cama. Mientras tanto, piensa los pro y contra de explicarle la situación real a Claudio, quien está llamando a su madre en ese momento.

– ¡Hola, mi amor! – contesta Lucía.

– ¡Hola, linda! ¿Tienes algún plan para hoy?

– No, ninguno… ¿me vas a compensar tu ausencia del fin de semana? – pregunta de forma coqueta.

– Sí, la verdad me gustaría que fuéramos al cine todos juntos, como familia.

– ¿Tú dices que lleve a los niños? – pregunta extrañada.

– Así es, mujer. Nunca hemos salido con ellos y creo que sería bueno para mí mantener más relación con ellos.

– Habrá que ver si quieren. A los jóvenes sólo les gusta salir con jóvenes…

– Bueno, tú pregúntales y me avisas. ¿Te parece? – pregunta esperando que Roberto acepte la invitación.

– ¿Y tú pasarías a recogernos a casa como siempre?

– Me encantaría, pero tengo que atender un problema aquí en la clínica y la película que querías ver empieza en una hora. Creo que sería mejor si nos vemos allá y, de regreso, yo los llevo a casa… y tal vez me quedo. Jejeje   

– Ya me convenciste. Jejejeje

– ¿Entonces me llamas cuando estés en el cine?

– Sí, amor, así quedamos.

– Perfecto, nos vemos allá.

– Un beso, lindo

Lucía tenía sus propias necesidades y deseos. Amaba a sus hijos, pero esta tarde no se sentía como una madre de dos adultos jóvenes, sino como una mujer que seguía muy atractiva a pesar de sus ya cuarenta y cinco años, a pesar de la pobreza y de los problemas. Ella apreciaba que Claudio quisiera acercarse a sus hijos porque le parecía un indicador de que él está tácitamente comprometido a largo plazo con ella, aunque ahora que ambos lo habían aceptado, no sentía la urgencia de que ellos adoptaran a Claudio como nuevo padre.

Más que una salida en familia, Lucía quería una cita de enamorados como Dios manda: romance, pasión, sexo y besos. Así que, mientras maquillaba su lindo rostro, pensaba sobre si debería llevar a sus hijos a su cita con su Claudio o decirle falsamente a éste que ellos no quisieron asistir. Una vez vestida para la ocasión, empezó a sentirse un poco mal de tener que mentir, especialmente teniendo Claudio tan “buenas intenciones”.

Lo que Lucía no sabía es que, para el momento en que salió bella y arreglada de su casa en dirección hacia el cine, Claudio ya había estacionado estratégicamente su automóvil en un ángulo muerto para lograr ver quién entraba o salía de la casa, pero sin ser fácilmente visto él. Observa cómo Lucía camina rápido e, inesperadamente, Roberto empieza a seguirla hasta que ambos se alejan mientras conversan. Claudio sonríe al pensar que podrá estar con Rodrigo a solas, como ambos querían, aunque por distintas razones, cada uno.

Rodrigo escucha el timbre y, como él también vio a Lucía y a Roberto irse, supone que es Claudio, así que decide no perder tiempo (y esfuerzo) poniéndose nuevamente el short que andaba si tendría que volver a quitárselo más temprano que tarde. Se queda solamente con la camisa negra puesta y la camisa roja también puesta (en sus muslos), con sus genitales sólo cubiertos por sus manos. Con dificultad, camina hacia la puerta, deteniéndose para preguntar “¿quién es?”, al carecer ésta de mirilla. Se alivia al escuchar la voz de Claudio identificándose y, tímidamente, procede a abrir la puerta.

– Hola, Rodrigo, ya hice lo que… – se queda sin palabras al notar la parcial desnudez de Rodrigo.

– ¡Entra!  – le ordena empujándolo hacia adentro de la casa.

– Bueno, tú dirás. – dice recobrando la normalidad.

– Mira, no es fácil de explicar, así que mejor te lo muestro.

– ¿Mostrarme qué?

– Esto. – dice poniéndose de espaldas.

Aunque en este punto, Claudio ya tiene claro para qué lo ha llamado Rodrigo, se pone perplejo al ver cómo Rodrigo apoya sus brazos y rodillas sobre un sofá mostrando sus nalgas en todo su esplendor y su ano atravesado por el tampón, que vibra por los movimientos de Rodrigo. Claudio tiene otra erección al volver a ver ese escultural cuerpo desnudo y “en cuatro”, sin haber sido obligado esta vez. Decide ser atrevido y, sin previo aviso, pone su mano derecha sobre la espalda baja de Rodrigo, quien se tensa al sentirla, pero no dice nada al respecto y es Claudio quien rompe el silencio.

– ¿Entonces éste era el asunto del que querías… hablar?  – le pregunta con tranquilidad profesional.

– Sí…

– Supongo que quieres que saque el tampón del culo, ¿verdad?

– Por favor… – responde con mucha vergüenza.

Claudio aprovecha la ocasión para tocar lenta y suavemente las nalgas de Rodrigo, mucho más de lo necesario. Finge que examina la situación y empieza a separar las protuberantes masas de carne, manteniéndolas firmemente así con su mano izquierda, mientras que con la derecha emplea un dispositivo médico especial para sostener el tampón y extraerlo del ano de Rodrigo fácilmente y sin dolor.

– Ya está afuera.

– ¿¡De verdad!? – pregunta incrédulo.

– Sí. – dice mientras le enseña el tampón recién extraído manchado de sangre.

– ¡Muchas gracias! – exclama aliviado.

Rodrigo intenta levantarse para abandonar la humillante posición, pero Claudio no se lo permite, sosteniéndolo firmemente. El cerebro de Claudio empieza a ser bombardeado por sinapsis que sádicamente lo invitan a ver qué tan lejos puede llevar esta situación.

– ¡Espera, jovencito!

– ¿¡Qué pasa!? – pregunta sobresaltado.

– Tu ano se ve lesionado.

– Fue por el tampón…

– ¿Podrías decirme por qué te metiste un tampón ahí en primer lugar?

– Eh… pues… yo creí… yo pensé que me ayudaría con mi tratamiento para mejorar las erecciones. – improvisa.

– ¿Entonces el tratamiento que te asigné no te funcionó? – pregunta sin dejar de acariciar con cierto disimulo sus perfectas nalgas.

– No, bueno, sí…

– ¿Sí o no? – cuestiona autoritario.

– Lo que pasa es que… logré a tener buenas erecciones, pero tenía miedo de que no duraran. – improvisa.

– ¿Y probaste alguna?

– ¿Perdón?

– Dices que temías que no duraran y tu madre me dijo que no estuviste viernes ni sábado en casa y hoy que volviste, te encuentro así.

– No entiendo tu punto. – responde al no saber qué decir.

– Supongo que fuiste a coger con alguna amiguita y ahí te diste cuenta que el tratamiento no funcionó como esperabas.

– No fui a hacer eso… – Empieza a decir, pero se corta.

– ¿De verdad? ¿Y qué fuiste a hacer entonces?

Esa pregunta impacta fuertemente a Rodrigo, quien empieza a recordar las cogidas de sus dos captores enmascarados, pero por primera vez desde que fue liberado, empieza a recordarse a sí mismo más disfrutando que sufriendo. Era la verdad que se negaba a interiorizar: a pesar de lo no consentido de la situación, Rodrigo sí había disfrutado al menos parcialmente cada cogida y lo sabía muy bien. Ahora, tal vez gracias a las siete reparadoras horas de descanso, era capaz de ver las cosas desde otra perspectiva: el novio de su madre está tocando y separando sus nalgas desde hace minutos, pero en lugar de continuar sintiéndose tan avergonzado, ¡se sentía cada vez más excitado!

– RODRIGO. – La voz de Claudio lo devuelve a la realidad.

– ¡Perdón! Estaba pensando en otra cosa.

– ¿Y en qué pensabas?

– Nada importante… ¿qué me estabas diciendo?

– Te preguntaba que te aplicara una crema a tu ano.

– No creo que sea buena idea.

– Como tu doctor, es mi deber insistir en que lo veo lastimado… como si el tampón que  te metiste no hubiera sido lo único que estuvo ahí.

– Está bien. Hazlo. – autoriza para prevenir las sospechas de Claudio.

Mientras Rodrigo recordaba las partes placenteras de su cautiverio, Claudio había aprovechado para poner una crema que coagula la sangre instantáneamente en la herida que Rodrigo se había hecho mientras se bañaba. Una herida en realidad pequeña, pero que le había sacado abundante sangre. Por lo demás, él sabía perfectamente que el ano de Rodrigo tendría alguna molestia por su reciente desvirgación, pero que no había nada de qué preocuparse.

Lo que Claudio estaba aplicando ahora era una crema que volvía más sensitivas las paredes anales combinada con lubricante para facilitar la penetración. Rodrigo, aún posicionado “en cuatro”, esconde su cara entre sus fuertes brazos al sentirse cada vez más y más excitado al sentir los dos dedos de Claudio explorando su orificio, en el cual, para su sorpresa, ya no sentía ninguna molestia. Claudio introduce más y más sus dedos en el agujero de Rodrigo hasta que decide introducir cuatro sin avisarle.

– Rodrigo, ¿te puedo hacer una pregunta?

– Dime. – responde casi adivinando lo que Claudio está por preguntarle.

– ¿El tampón no fue lo único en penetrar tu ano, verdad?

– ¿Acaso estás insinuando algo? – empieza a ponerse a la defensiva.

– No, no insinúo nada. Como podrás darte cuenta, mis cuatro dedos entraron como mantequilla en tu culo. Curiosamente, ésa la misma dimensión que tiene un pene de tamaño promedio en este país.

Las palabras de Claudio activan una explosión en la cabeza de Rodrigo. Sabe que Claudio sabe la parte más oscura de su secreto. Quiere gritarle que salga de su casa y amenazarlo con no volver a contactar a su familia, pero solamente es capaz de girarse y verlo a los ojos para darse cuenta que no puede hacerlo. Las palabras simplemente no logran salir de su boca y, tras el incómodo silencio, es Claudio quien retoma la conversación.

– Sólo te aconsejo que hagas lo que hagas, tengas cuidado y no lo hagas con cualquiera. Como te he dicho antes, puedes confiar en mí y puedes contar conmigo… para lo que sea.

Las palabras de Claudio activan una segunda explosión en la cabeza de Rodrigo. Sabe que Claudio sabe la parte más oscura de su secreto y que puede contar con él “para lo que sea”. La parte racional de su cerebro le dispara mil alarmas para que niegue el asunto y justifique que es un malentendido; pero la parte animal de su mente insiste en que está semidesnudo, demasiado excitado, en el sofá más cómodo de su casa, solamente en compañía del único hombre que sabe que ya ha probado la verga y que sutilmente le está ofreciendo la suya ahora mismo.

Rodrigo se acerca velozmente a Claudio y, sin intercambiar palabras, empieza a besarlo. Claudio está perplejo, pero su plan de llevar las cosas lo más lejos posible, en lugar de detenerse, solamente continúa acelerando. Ambos hombres, sin dejar de besarse, se han puesto de pie. Ahora también se acarician, recorriendo ambos con sus manos la espalda del otro; y Claudio, haciendo énfasis en el culo de Rodrigo, quien sólo se deja llevar. Claudio le quita la camisa a Rodrigo, dejándolo totalmente desnudo, procede a quitarse el pantalón y bóxer, invitando tácitamente al joven atleta a probar su verga, aunque en realidad ya la conozca.

Rodrigo está por metérsela a la boca cuando súbitamente se detiene observando la verga de Claudio. Definitivamente cree haberla visto antes, pero considerando lo todavía poco que sabe de penes en ese momento, no le da importancia y empieza a mamársela con ganas, mientras Claudio acaricia suavemente la cabeza de Rodrigo para no presionarlo.

Ambos disfrutan la mamada, pero lo realmente emocionante para ambos es la penetración. Rodrigo se levanta y vuelve a ponerse “en cuatro” en el mismo sofá mientras Claudio termina de quitarse su camisa. Se pone de rodillas frente a las redondas nalgas de Rodrigo y éste empieza a gemir ya sin inhibiciones al sentir el aliento de Claudio en esa zona. Su lengua empieza a devorar sus muslos para concentrarse finalmente en su ano.

– ¿Te gusta? – pregunta Claudio.

– ¡Sí!, ¿y a ti?

– ¡Me encanta! – dice y le da una nalgada antes de volverle a enterrar su lengua.

Claudio se pone de pie, separa las piernas de Rodrigo y las pone sobre sus hombros. Ambos intercambian una mirada, pero Claudio no desea perder más tiempo y con suavidad, pero con tan determinación, empieza a penetrar a Rodrigo, quien empieza a recobrar algo de cordura mientras siente la gruesa herramienta de Claudio entrar en él.

– ¡Espera! ¿¡Qué estamos haciendo!?

CONTINUARÁ…

Julio César (no es mío).

NOTA: Esto estaba programado para subir anoche, pero es que el Internet es un desastre aquí.

¿TALENTO OCULTO?

mayo 23, 2017

EL MUNDIAL DE BEISBOL 2017

   Me parece que ni tan oculto…

   ¿Han pensado en lo extraño del trabajo que hacen? Yo sí, reunir cifras que nada significan, que nadie lee, que nada previenen. Así lo siento. Con un sueldo fatal. A veces siento ganas de irme, de salir y buscar algo nuevo, pero ya no cabe otro buhonero en Caracas. Ni hay real para comprar basura. Compañía, fábrica, empresa, editora, embotelladora, vaina que cierra no abre más. Y sin embargo uno ve que hay sujetos que se ganan la vida, muy bien además (y la de buenos ratos que deben pasar), desfilando, por ejemplo, con una reveladora prenda. Los modelos. Recuerdo cuando, de muchacho, iba a comprar una franela y la vendedora quería mostrarme los catálogos, yo los odiaba. Ni en mi adolescencia pude engañarme creyendo que una prenda tal, una camisa, un pantalón o un bañador, por decir algo, me cambiaría la vida. Sólo las colonias pueden. Me pregunto, qué le dirá el papá de un modelo de estos, si es un sujeto común y corriente en La Charneca, a los amigos sobre su hijo. A quién Dios se lo da…

Julio César.

NOTA: Un guiño a J. Deberían ver sus fotos en facebook.

NOTA 2: Esto estaba programado para subir anoche, pero es que el Internet es un desastre aquí.

SENTIR, SONREIR, VIVIR…

mayo 23, 2017

 ЛЮБИ МЕНЯ

   La siguiente es una historia presentado por un amigo de la casa (y aún me queda otro, lo siento, estoy pendiente), J, y no sé dónde colocarlo. Técnicamente no es un relato de malditos, tampoco uno totalmente rosa, aunque ahí lo ubicaré por ahora. Tendré que buscarle su espacio (si cumple y la continúa). Trata sobre un grupo de chicos que son amigos, que aman, discuten y que se odian por momentos, pero que, en esencia, andan algo calentorros como siempre se está a esa edad, una donde todo parece demasiado grande, intenso, las ilusiones y los conflictos. J, arriesgándose, lo escribe en primera persona. No es fácil. Pero, como si eso no fuera suficiente reto, lleva dos personajes, hasta ahora, como protagonistas en primera persona. Dos personas cuentan su historia. Veremos qué tal. Lo que llevo leído me gustó porque están todas esas pinceladas de sensualidad y cotidianidad. Nos presenta a un chico, Dani, y alrededor de este, llegan los demás, incluidos los dos personajes en primera persona. Y no sé si lo hizo adrede o no, pero no da suficientes datos y uno está preguntándose “¿y a quién se refiere aquí?”, hasta que el mismo texto da la respuesta. Me costó leer un rato para entender (y todavía no sé si señalarlo o no, pero el daño está hecho), que los chicos a pesar de lo salidos que son, modernos y pretenciosos de sus cuerpos, unos no saben que otros gustan de los chicos, y estos aún no lo han dado a saber, y hasta como que temen sincerarse. ¿No lo hace de lo más interesante? Tampoco me envió un título, así que este es provisional. Recibámoslo con una sonrisa.

……

De J.

   Un mundo enorme y hermoso, allí, para ti…

   Hola, me llamo Daniel Álvarez, sin embargo todos me llaman Dani. Vivo en Madrid, tengo 16 años y voy a empezar primero de Bachillerato… Soy un chico normal… creo yo, me gustan la música house, la tecno, la buena ropa, ir de fiesta, beber de vez en cuando (aunque no fumar), salir por ahí con mis amigos. Si, un joven normal, me parece. Soy de estatura media, tal vez un par de centímetros más alto, tengo el pelo entre rubio y castaño claro, más o menos corto, con una pequeña crestita, ojos verde profundos y la piel blanquita, todo herencia de mis abuelos suecos, además la gente dice que tengo una bonita sonrisa. Consciente de mi apariencia, y por la edad, creo, me preocupo lo suficiente de mantenerlo a tono.

   Por ello, mis amigos y yo comenzamos a ir al gimnasio el año pasado y, si a eso le unimos los entrenamientos del equipo de futbol, al que vamos desde los trece, pues me gasto un buen cuerpo. Estos amigos son montañas de músculos, sin embargo el mío es más bien fibrado, los músculos se me marcan bastante pero no tienen el volumen de los de ellos, aún así estoy bastante bueno y por eso no me achanto a la hora de presumirlo… ¿Qué más, qué más puedo decir de un chico que se inicia bien en esta agitada vida que pienso vale la pena vivirla? Toco el piano desde los cinco años, dado que tengo bastante talento y aunque ya no practico con él aún puedo tocarlo con maestría. ¿Quieren saber más? ¡Ah, sí!, se me olvidaba, soy gay…. Y creo que ya está todo dicho.

   Ahora vamos a empezar con mi historia y la de mis amigos.

   El sonido punzante del despertador me despertó de golpe, sacándome de un sueño que se me olvidó nada más abrir los ojos. Bostecé y me levanté, la típica erección matutina fue la única que me dio los buenos días, estaba solo en mi cama y en casa. Apagué el despertador mientras me metía la mano en los bóxers y acariciaba mi polla, sintiendo el suave y rico estremecimiento del contacto. Miré el baño y luego la hora del reloj mientras pensaba. Hoy era el primer día de clase y no convenía llegar tarde, pero obviamente una paja era tentadora. Al final, para matar dos pájaros de un tiro me decidí a hacérmela en la ducha.

   Sin dudarlo más salí de mi habitación y me metí en el cuarto de baño. Era grande al igual que el resto de la casa. Vivíamos en una urbanización en Madrid y los pisos era grandes. Me miré al espejo y admiré mi cuerpo. Estaba bueno, reconocí con una sonrisa (lo había notado en muchas miradas), los músculos se me marcaban bajo mi piel blanca y las venas se adivinaban en mis brazos, me saqué la mano de los bóxers para admirar mi mayor orgullo, mis abdominales, eran súper duros y súper definidos. Mientras mis amigos presumían de brazos o de pectorales, yo me derretía con mi tableta de chocolate. Mis amigos también tenían pero las suyas no estaban tan definidas como la mía, además sus abdominales estaban enmarcados por músculos mientras que los míos parecían estar cincelados en piedra. Me bajé los bóxers mientras sacaba músculo en el brazo, el bíceps se tensó y abultó, no una bestialidad como a los cabrones de Sergi o Alex, dos de mis amigos, pero si alcanzaba un tamaño más que respetable.

   Mi polla cabeceó un momento amenazando con descender y me la miré, era grande, no un súper pollón pero si superior a la media, se le marcaban una par de venas que acaricié con el dedo, jugueteé con la punta y con un último vistazo al espejo me metí en la ducha. Abrí el agua caliente y aguante el chorro ardiente con decisión, no quería que se me bajara la polla. Cuando mi cuerpo se acostumbró a la temperatura me metí por completo bajo el chorro, el agua acarició mi musculoso torso y rodeó mi polla, mis abdominales relucían por el agua. Sonreí atrapándomelo con una mano y comencé a agitarlo, primero de forma lenta dándome tiempo para seleccionar al objeto de mi paja… Cerré los ojos mientras me decidía, tal vez Sergi que estaba súper bueno o Gabi que tenía unos músculos enormes, o Alex que me gustaba desde los trece… Al final me decidí por James, el hijo de diecisiete años de la familia inglesa que me acogió en mi viaje de verano a Inglaterra, por un curso de inglés. Su rostro, su sonrisa, su voz, sus manos…

   Había sido mi novio durante todo el verano; un amor que llegó… De lo que, en buena medida, tratará mi historia.

……

   Carlos cerró las manos en puños, sus brazos temblaron, todos se quedaron callados, las broncas entre Adri y Carlos ya eran conocidas. Antes habían sido muy buenos amigos, sin embargo, hace unos tres años se dejaron de hablar, pasaban uno del otro de forma clara, y ni se miraban a la cara; pero desde hace dos años dejaron de ignorarse para empezar a discutir. Peleaban por cualquier cosa, cada uno oponiéndose al otro hasta en las cosas más tontas como por ejemplo si un examen debía ser un martes o un miércoles. Nadie sabía por qué de esa animosidad entre chicos que fueron amigos, y cada vez que le preguntábamos a Carlos se ponía a la defensiva y no soltaba prenda, ni siquiera cuando se emborrachaba.

   -He dicho que te quites. -repitió Carlos, sus brazos abultaron duros y su espalda se tensó, nadie decía nada.

   -Vamos a la misma clase. -respondió Adri, pasando por completo de Carlos.

   -¿Y? -preguntó mi amigo

   -Que no deberías presentarte, el primer día, sin camiseta. -respondió Adri, señalándole.- Ya no estamos en la piscina…-dejó la palabra en el aire y su mirada se oscureció increíblemente.

   -No, ya no estamos en la piscina. -replicó Carlos, y su voz me sonó por un momento increíblemente triste, sus puños se destensaron y cogió la camiseta que asomaba por sus pantalones medio colgando, y se la puso.

   Adri le observó y de nuevo, como era frecuente, su mirada relució con el desprecio. Se dio la vuelta y se metió dentro con paso tranquilo, sus amigos le siguieron mientras pasaban a una prudencial distancia de Carlos.

   Nosotros nos quedamos parados allí, algo confusos e incómodos, al igual que nuestro amigo. Alex se acercó a Carlos y le pasó el brazo por el hombro

   -Vamos, tío. –dijo revolviéndole el pelo.- No dejes que ese gilipollas te amargue el día.

   Carlos se rió aunque su risa sonó forzada, y se metió dentro. Noté que Sergi me empujaba suavemente, aún con su barbilla apoyada en mi cabeza. Me metí con él… Subimos a los pasillos superiores y cada uno se metió en su clase para ver a los nuevos profesores y los horarios. Yo me dejé llevar por las ilusiones del primer día. Siempre era un reto, las clases nuevas, profesores y compañeros, compartir clases con unos, con otros no. Buscando con la mirada.

   -Hey… -me saludó Valle, saliendo de su última clase.

   -Hey, oye, ¿has visto a Dani? –pregunté finalmente, no le había visto en todo el día, ni en salones, pasillos o la cafetería.

   -Joder, se me olvidó que estaba de regreso. –comentó Valle, que seguía mi rumbo.- Tenía unas ganas de verle increíbles…- me miró- ¿Y qué tal está?- comenzó a andar

   Yo sonreí estúpidamente. Dani era mi tema preferido de conversación y con Valle no tenía que romperme la cabeza para sacarlo

   -Un poco moreno. –respondí.- Y más alto. -Valle se rió.

   -Pienso dejarle sin aliento de un abrazo. -dijo sonriente.- Llevo todo el verano sin verlo…

   -Tampoco ha cambiado mucho. -agregué encogiéndome de hombros.- A parte de la altura sigue igual; pensé que vagueando por Inglaterra habría perdido algo de forma pero sigue igual de bien. -sonreí sintiéndome estúpidamente orgulloso.

   -¿Sigue teniendo la misma tableta? -preguntó Valle, asentí, se detuvo.- Qué cabrón, por más que me mate en el gimnasio nunca la tendré como él. -se levantó la camiseta dándome una vista de su torso musculoso.

   Tenía una buena tableta, con los abdominales definidos, su respiración los marcaba más, su tono de piel le quedaba genial. Me relamí interiormente, Valle también era el que más se dejaba sobar, me acerqué y sin ninguna vergüenza le repasé la tableta con la mano, acariciando y presionando su torso durante un rato. Era grato y excitante. Valle se quedó quieto, levantándose la camiseta y dejándome hacer. Mirándome con una leve sonrisa, totalmente inconsciente al efecto que me producía. Estuve así durante un minuto más o menos, se me había puesto durísima. Así de ganas le tenía al cabrón… y a muchos. Con un último repaso le presioné los abdominales, tras quitar la mano le besé el pelo. Valle me sonrió

   -Y bien, ¿cómo me la ves? -preguntó en tono inocente.- ¿Más marcada?

   -Sí. –respondí, y de hecho era verdad.- Pero no será como la de Dani.

   -Me conformaría con la tuya. -replicó y me levantó la camiseta para ver mis abdominales, pasó la mano sobre ellos y los presionó, la palma dura y caliente, me sonrió cuando con un dedo bordeó mi ombligo. Mi polla, que comenzaba a bajar, amenazó con volver a subir ante su sobada, quería que bajara más la mano, sin embargo se apartó antes.- Hay que ir a clases, ¿no?

   Genial, pensé ahora tengo un calentón de la ostia. Para bajármelo un poco decidí alejarme un poco de Valle, quien, inconscientemente, no paraba de exhibir músculo. Llegamos a la salida y allí vimos a todos, Gabi estaba apoyado contra la pared, con Alex al lado, el primero tenía el móvil en la mano y el otro los brazos cruzados sobre el pecho; cerca de ellos estaba Carlos, otra vez sin camiseta. Valle gritó y todos se giraron y nos vieron, busqué con la mirada a Dani pero no lo vi. Carlos vino casi corriendo hasta donde estábamos y se fundió en un abrazo de oso con Valle, joder que se habían visto ayer. Gabi y Alex se nos acercaron y nos sonrieron, Alex volvía a llevar sus gafas de sol

   -¿Y Dani? -pregunté intentado que pareciera una pregunta casual.

   Alex indicó, con un cabeceo, la puerta del baño a unos cuantos metros.

   -Se meaba. -dijo escuetamente.

   En ese momento Carlos se separó de Valle, este al verlo sin camiseta, se cogió la suya y se la quitó dándome una increíble panorámica de su torso contrayéndose y estirándose, marcando todos esos músculos que me excitaban. Sacó la cabeza y se metió la mitad de su camiseta por el pantalón dejando la otra mitad al aire.

   -¡¡¡Valle!!! -bramó la voz de Dani.- Sabía que eras tú, cabrón.

   Nos giramos, Dani estaba en la puerta del baño. Valle se rió y fue corriendo hacía él, que se preparó para recibirle

……

   Vi a Valle venir a mi encuentro con su enorme sonrisa en los labios y su cuerpazo flexionado a tope, y me preparé para su abrazo de oso. Al llegar a mi altura extendió sus brazos y me arropó en ellos, mientras reíamos felices por el encuentro. Noté sus músculos rodeándome, así como sus pectorales flexionados que me servían de apoyo para la cabeza, me levantó del suelo como si no pesara nada. Sentí sus labios en mi pelo, besándome suavemente. Le correspondí como pude al abrazo, pero mis brazos solo pudieron rodearle un poco el torso, en parte por estar aprisionada en sus brazos, en parte por la anchura de este.

   Ya conocía a Valle y sabía de la duración de sus abrazos, así que apoyé mi cabeza en su pecho, sintiendo la dureza de la piel, su calor, su olor, esperando a que acabara. Tras unos largos segundos, Valle me volvió a besar el pelo y me dejó en el suelo. Me pasó el brazo por los hombros y me acercó a él. Yo le pasé el brazo por la cintura, los demás se nos acercaron. Tras una pequeña conversación decidimos salir por la noche, lo que significaba dormir bien la siesta para estar frescos. Valle me soltó y comenzó a pelarse de broma con Carlos; al final, y como, siempre tuve que apartar la mirada porque ver a esos dos tiarrones musculosos pelearse me ponía a cien. Salimos a la calle y cada uno tiró para su casa.

   Yo compartía urbanización con Sergi; Alex con Gabi y Valle. Carlos vivía en la urbanización de enfrente de la de ellos y por eso se iban y venían juntos todos los días. Sergi y yo vivíamos en dirección contraria, al despedirnos comenzamos a andar y pronto me giré a Sergi.

   -Tío, llévame. –dije. Este se rió.

   -Joder, ¿ya estas cansado? -preguntó medio en broma, medio en serio.

   -Va, anda, llévame. -supliqué, aunque sabía perfectamente que Sergi lo haría. Era un viejo juego entre nosotros. Uno que, mientras más crecíamos, más parecía turbar a cierta gente.

   -Vale. –dijo y me sonrió.- Pero recuerda que luego me tienes que compensar cuando lleguemos.

   -Pues, claro, ¿para qué son los amigos? –respondí colocándome detrás suyo.

   -Espera. -dijo y se quitó la camiseta, miré su espalda musculosa y como se flexionaba.- Me moría de calor…

   Sonreí, la garganta algo seca, y con un rápido movimiento me quité la mía y me subí sobre Sergi, a caballito, mi abdomen presionando de su espalda, nuestras pieles desnudas, mis manos en sus anchos hombros. Este me miró por encima de uno de ellos.

   -¿Te has quitado la camiseta? -preguntó, sus ojos fijos en los míos, su cuerpo tenso de repente, su voz tenía un tono extraño…

CONTINÚA…

Julio César.

NOTA: Esto estaba programado para subir anoche, pero es que el Internet es un desastre aquí.

GUSTOS

mayo 23, 2017

EL MOMENTO ESPERADO CADA TARDE

   Las extrañas cosas que gustan…

   Se sentía tonto, y expuesto a las miradas de los chicos en los aparatos cercanos. Su novia, que practicaba en la bicicleta fija un poco más allá, le pedía siempre que usara únicamente esos apretados y cortos shorts para ejercitarse. A la chica le encantaba, y excitaba, verle subir y bajar, estirar su cuerpo, sudar y jadear siendo devorado en todo momento por las miradas de esos sujetos, incluidos dos amigos y un compañero de trabajo de ella. Llegaba a la casa como gata caliente. Por ella lo hacía… O mayormente, reconoce, enrojeciendo ante el guiño de ojos de uno de esos chicos al secarse su propia transpiración.

Julio César.

EL PEPAZO… 67

mayo 23, 2017

EL PEPAZO                         … 66

De K.

   Listo para enfrentar a cuántos sean…

……

   Demasiado, le parece al desconcertado joven. Nota que los otros dos, sonriendo levemente, intercambian entre ellos una mirada como felicitándose por algo y se acercan. Pasos decididos, portes erguidos. O eso le parece al joven forzudo que siente su corazón palpitante de repente, así como la boca muy seca. Toma otro buche de fría cerveza.

   -Hi. –agrega uno, el más alto de los tres, rostro curtido, negro oscuro, con pequeñas líneas alrededor de sus ojos que aclaran su edad y cierta tendencia a reír mucho. Le tiende una mano que es inmensa, de fuerte apretón mientras se presenta.- White… -y le mira a los ojos con sus pupilas marrones, los oscuros dedos cerrados sobre su mano, ¿haciéndole consciente de su fuerza y vigor de hombre grande?

   -Colmenares… -corresponde al saludo algo agitado, pensando como siempre, en estos casos, en la gran cantidad de norteamericanos de color que parecen llevar dicho apellido.

   -Hi, Taylor. –trona el otro, ancho de pecho, sonrisa jovial que le da un aire de pícaro muchacho, casi obligándole a dar la vuelta al estar en su otro costado, su apretón es igualmente fuerte.

   -Smith… -nuevamente gira, ya que a sus espaldas se presenta el primero, voz ronca y cargada de unas entonaciones que le provocan un ligero cosquilleo en la nuca y escalofríos por la columna. Se vuelve y le oprime la mano, ojos atrapados en las pupilas azuladas aguadas.

   -Un placer. –croa, tensándose al notar que el firme apretón de manos dura demasiado, de hecho sólo la tiene atrapada entre la zarpa del marine, que sigue mirándole. Tira con cierta fuerza para soltarse, captando, de reojo, la mirada evaluativa que White, el negro, a un costado, le lanza recorriéndole la espalda y el culo… sus ojos quedándose allí, entre sorprendido y agradado. Parecía gustarle mucho lo que ve. Y Jacinto, nuestro joven e intrépido héroe, machito heterosexual de sangre caliente (así se presenta), nota como la piel se le eriza toda.

   -I know… Yo… conocerte. -farfulla con dificultad el negro, White, sonriendo levemente.- De la embassy Chile… -alza una mano cuando Jacinto frunce el ceño.- Sorry, era work… trabajo.

   -Si, lo sé. –acepta, sintiéndose más acalorado por momentos, esos hombres rodeaban tres de sus costados, atentos, notando que al hablar con el negro, los otros dos intercambian una mirada y el más joven sonríe, sonríe feliz mientras asiente a una seña del sujeto que se acercó primero, Smith. Por alguna razón recordó la escena de caza de los vecilorraptores de Parque Jurásico.

   Y, cavilando sobre eso, mirando a Taylor, con su rostro aniñado y pícaro aunque grande, se pierde la mirada que Smith y White cruzan ahora, sonriéndose depredadores. Los tres han estado sirviendo en muchas partes del mundo, de las cuales no tenían libertad de hablar, haciendo muchas cosas, y en todas y cada una de esas locaciones se habían coordinado en reuniones, fiestas y burdeles, por el olfato de Smith para detectar puticas, las más calientes y atrevidas… Chicas, chicos, hasta una yegua una vez… Y ahora ese joven chico forzudo había alertado todas sus alarmas con ese cuerpo compacto, fuerte, y ese culo que casi retenía la caída del saco por detrás. Un culo del cual no pudo apartar la mirada desde que entrara con aquella señora. Por eso, con gestos, llamó a los otros dos. La noche se presentaba aburrida, otra noche de mierda, ahora…

   -¿Qué pasóu en embassy, Bob? –pregunta Smith, y el moreno, cuenta con pocas palabras lo ocurrido entre los guardaespaldas y los marines, en rápido inglés. Hay risitas y Jacinto se molesta.

   -Creo que debo… -intenta alejarse, pero el más joven le corta la retirada, sonriendo.

   -No, no… aburridos. –casi escupe las palabras, costándole el idioma.- We have… esperar. Mucho. Hablemos. Beber… whiskey… Kentucky.

   -No sé sí…

   -Yo remember… -continúa el negro, mirándole.- …Eras… acuerpado. But now… -y le recorre abiertamente con la mirada.- Cambiado. Tú big… grande.

   -Sí, yo… eh, he estado ejercitándome. –disimula el enrojecimiento.

   -Valió pena. –tercia Smith, cruzando los brazos sobre el pecho, clavándola la clara mirada bajo el quepis.- Tú very good… Tú bien.

   -¡Very, very bien! –agrega el más joven, recorriéndole también.

   -Gracias. –a Jacinto la garganta se le cierra, necesita otra cerveza y  va a tomarla. La mano de White le retiene.

   -No, no… agua floja. –explica mostrando una botella chata de amarillento brebaje que saca de alguna parte, destapándola y llenando el ambiente de un fuerte olor a aguardiente, bebiendo directamente de la botella, pasándosela al más joven, Taylor, que le imita.- Para machous…

   -No debería… Estoy trabajando y…

   -Oh, vamos… -sonríe Taylor, acercándosele un poco,  viéndose casi tan macizo como él.- Bueno licor, bueno to party… fiesta. –le monta una pesada mano en un hombro, mirándole a los ojos, con sinceridad e intensidad.- ¿No querer fiesta? ¿Con nosotros three?

   A Jacinto le cuesta articular palabras, la mirada atrapada en los ojos del chico de cejas rojizas, cara pícara, mano pesada que parecía retenerle. Presintiendo el peligro. Debía alejarse, pero ya, porque… tenía el culo ardiéndole.

CONTINÚA…

Julio César.

NOTA: Lo siento, K, debí quitar algunos modismos que usaste, los fonéticos, el corrector no me dejaba en paz.

NATURAL

mayo 23, 2017

EMBARAZOSO

   ¿Quién se resistiría viéndola tan plena y a la mano, especialmente si se es joven y se tiene la sangre caliente en las venas?

Julio César.

DE BRASIL A ESTADOS UNIDOS, MUNDO EXTRAÑO

mayo 23, 2017

EL MUNDIAL DE BEISBOL 2017

   Dicen que la lengua es el castigo del cuerpo…

   Vuelven a estar los cariocas en otro problema político presidencial al hacerse públicas unas declaraciones del actual mandatario, Michel Temer, admitiendo cosas no santas. Dios, ¡un político que dice disparates y se deja grabar!; eso ha levantado a la gente en las calles, ya picada por lo ocurrido con la otra, sumándose ahora los que notan que todo el entramado está podrido (no podía ser menos, bajo el largo mandato de Lula y su patiña), y exigen elegir su destino, voto a voto, y que no haya otro ñemeo parlamentario. Y es su derecho, si ninguno sirve tocados por la corrupción de Odebrecht y don Lula, todos para fuera. Lo ocurrido con Estados Unidos, específicamente con Donald Trump, es igual de extraño; el sujeto que decía que no se metería en nada de afuera, y menos con los musulmanes, que América para los americanos (ellos en su pedazo), es invitado por Arabia Saudita a una reunión de la Liga Árabe, ¿qué tal? Nixon en china, pues. ¿No sería gracioso que le negaran la entrada?

¿TALENTO OCULTO?

Julio César.

RASURADA

mayo 23, 2017

EXASPERACION

   Cuando se pasa la afeitadora los amigos disfrutan de ver todo lo que se recorta. En todas partes.

Julio César.

CELEBRACION

mayo 23, 2017

LA POSICION DE SIEMPRE

   Nada como el triunfo.

   El griterío comienza, los aplausos y rechiflas de felicidad también; han vencido, se han coronado campeones derrotando a todos y ganado la medalla. La gloria a las puertas cuando regresen a casa. Y sin embargo, para el grueso del público, que disfrutó la competencia, unos alegres con el resultado, otros indiferentes pero emocionados de la competencia, o tristes porque los suyos perdieron, no pueden dejar de notar los sólidos cuerpos velludos en apretados y chicos speedos mojados, que a veces abultaban con lo emocionado de la justa, las luchas bajo el agua, los toques y apretadas. Cuerpos sólidos de tíos normales que seguramente en sus tierras son herreros, taxistas, gerentes o maestros que se reunían para esos encuentros, a quienes, embriagados por el éxito, los brazos se les escapan, las manos tocan y erizan, la piel caliente y pulsante por el esfuerzo latiendo contra unos labios traviesos, un trasero apenas contenido cayendo con desmayo, o como sin querer queriendo, sobre una pelvis evidentemente muy masculina que le sale al encuentro, empujando un poco, maraqueando… Lo típico en este juego.

Julio César.

REVOLUCION AGONIZANTE, EL JUICIO QUE LLEGA

mayo 22, 2017

NICOLAS MADURO Y LA VIEJA RESPUESTA FASCISTA

   Guerra avisada… Qué irónico, dicho a militares.

   Aunque el Secretario General de la OEA, señor Luis Almagro, se ha caracterizado por ser duro e impaciente con el régimen de Caracas, tal vez molesto porque usurpan la denominación de “socialistas” para enmascarar sus fechorías, han sido especialmente duras sus últimas declaraciones denunciando la cadena de mando del plan de exterminio de la población venezolana puesto en marcha para someter por el terror a un país molesto y cercado. Fue puntual y excesivamente claro en sus señalamientos, en lo que quiso decir.

   Prescindiendo del molesto y generalmente estéril lenguaje diplomático de la Organización, se encargó de señalar que sí, que lo que ocurre en Venezuela es represión a secas de la población, que se detenía personas y se les sometía a una justicia militar (lo peor del Plan Cóndor), aunque esta no está constitucionalmente facultada para ello, y a su paso van dejando los muertos que ya suman casi cincuenta en menos de dos meses de protestas de manos de la cúpula militarista que intenta sostenerse en el poder a pesar del rechazo (si no hay votos, hay armas), personificando las responsabilidades en el ministro de la Defensa Vladimir Padrino López y en el general Néstor Reverol, ministro del Interior. Repito, apartándose del lenguaje usual tipo Costa Rica (enérgicamente exigen que en Venezuela se haga algo, pero sin que se haga algo), Luis Almagro le señaló a los militares los delitos que les serán imputados en los sumarios de sus juicios que enfrentarán en los tribunales internacionales por violación de los derechos humanos, crímenes contra la humanidad y exterminio selectivo de la población. Como se hizo con los ceniceros de los Balcanes, Slobodan Milosevic y Radovan Karadzic. Ni más ni menos.

   La repuesta del ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, al otro día, fue brutalizar la represión, cayendo dos nuevos jóvenes venezolanos en la zona andina, con balas de fal, como para que no quepan dudas. Obviamente el régimen, en esta decadencia final que tanto se parece a la demencia (o al consumo de drogas), ha decidido que su única oportunidad está en reprimir a la gente en las calles como Hosni Mubarak lo intentó en Egipto y Gadafi en Libia. Eso mientras señalan a las víctimas de victimarios, y a ellos de ser el gobierno del pueblo atacado por los ricos reaccionarios, aunque los caceroleen en barriadas, y como si las protestas más duras no estuvieran llegando de antiguos bastiones revolucionarios, o que de veintidós parroquias caraqueñas, veinte hubieran votado en su contra en las últimas elecciones.

   Lo intentan porque eso les había funcionado en el pasado, cosa que dejó de tener vigencia después del resultado, en votos, de las parlamentarias y menos transcurrido este año de pesadilla que fue el 2016, durante el cual el Gobierno si cumplió sus promesas, hay que reconocerlo: todo aquello que nos llevaba al desastre, y la gente quiso frenarlo entregándole el mandato a la oposición, dijeron que lo radicalizarían (en sus propias palabras, por televisión), y cumplieron, el resultado fue la gran hambruna. Sin dinero, sin gente que vote por ellos, fuera la cúpula de cabrones internacionales que silenciaban y justificaban sus crímenes (la señora K, Lula y sus patiños, Pepe Mujica y la señora Bachelet, ahora macando distancia), el precio de acallar las protestas ha sido elevadísimo, tanto que ya nadie se llama a engaño. Y menos con periodistas y reporteros extranjeros siendo agredidos, heridos y robados en esas protestas.

   Es que esto ya ha durado demasiado y van demasiados muertos, lo que se hace injustificable desde todo punto de vista. El régimen intenta maquillar fotografías en México, TELESUR intenta por obra y gracia de un titular convertir una jornada nocturna de protesta en una “vigilia” a favor del régimen, convocar marchas artificiales de apoyo, reunirse con “este y aquel sector”, perdiendo horas y horas en tonterías (Nicolás Maduro Moros ha prometido que nos llegará harina de Rusia para el pan, en semanas… otra vez, como lo hizo en noviembre de 2016), mientras el país real se va al diablo por los problemas puntuales que tenemos y que ya todos conocemos suficientemente bien. Circo, palabras vacías, amenazas, intentar que el mundo crea que hay un Gobierno agobiado por gente irracional (cuando antes del año de la gran hambruna ya siete de cada diez electores preferían ir contra el régimen), es la única estrategia, para ganar un día y otro y otro, aunque los cuenten en muertos, y no sólo los de la represión en las calles, sino de los que caen literalmente de hambre y aquellos a quienes faltan medicinas e insumos médicos.

   Lo que no se está haciendo es intentar dar una respuesta, un solución, señalar un camino para salir de este desastre, el cómo van a revertir todo esto, qué justificación darán para explicar que dieciocho años de tonterías nos trajeron a este infierno y a quiénes pondrán al frente de esta horrible crisis para solucionarla y que no sea otro bate quebrado de la galería de fracasados que se pasean de este cargo al otro. Y eso es lo malo para el régimen, desde Nicolás Maduro Moros a Diosdado Cabello, de Maikel Moreno a Tarek William Saab, de Padrino López a Reverol, que a la gente que toda la vida les ha adversado por pretender hundirnos en la miseria servil que se padece en Cuba, se le unen ahora la gente que tiene hambre, hambre literal y atormentadora, con aquellos que han comprendido, finalmente, que no tienen ni puta idea de cómo salir de este lío como no sea pretendiendo legalizar constitucionalmente el asesinato, la violación de los derechos humanos y el fin de toda libertad individual, social y política bajo una pretendida constituyente convocada por ellos y donde sólo ellos podrán votar y sancionar.

   Lo que está ocurriendo en las calles de Venezuela es un orquestado plan de exterminio contra una gente que sale a protestar por el desconocimiento de la voluntad popular expresada en las parlamentarias de 2015, que vio cómo se burlaban de su decisión, cómo se dio un golpe de estado contra el Parlamento y el cómo se pretende coser un retazo de colchas al gusto como una nueva ley a través de otra constitución, asesinando de paso la salida del 99, la fulana “mejor Constitución del mundo”. Tal vez lo era, hasta que esta les obligó a entender que si el soberano ya no les quiere tienen que irse, ¿pero cómo con tantos delitos cometidos?

   Lo dijo por televisión Claudio Fermín, de manera dramática, estamos en presencia de asesinatos sistemáticos y continuados. Un asesino serial se ha enquistado en un cargo en el cual es rechazado mayoritariamente, pero intenta sostenerse ahogando la protesta en sangre. El autor intelectual, la mente más enferma de todas, sale bailando por televisión mientras todavía están recogiendo a los muertos que ese día dejo la represión. Y el resto, de los militares al Defensor del Pueblo, se convierten en cómplices de sus homicidios, unos directamente ejecutándolos en las calles, los autores materiales, otros intentando justificar el hecho, esconderlo, como la Canciller de la República, Delcy Rodríguez, y el Defensor del Pueblo, Tarek William Saab, tal vez pensando que como ellos no han matado a nadie personalmente con sus manos, o no han abierto la boca cuando se decidían esos crímenes, tendrán alguna defensa a futuro, olvidando que el ministro del Exterior del régimen nazi fue sentenciado y ejecutado, una soga le ahorcó, por llevar al mundo al desastre con sus argucias y falacias, aunque él, directamente no mató a nadie.

   ¿Qué ha cambiado en el país en esta hora amarga?, que a pesar de utilizar la misma receta de 2002 y 2014, asesinar gente desde puentes y azoteas con total impunidad, condecorando a los homicidas y condenado a la cárcel a la gente del orden público que corrían intentando proteger a las víctimas, el país, mayoritariamente joven en el interior, está en las calles. Y no sólo no aflojan la presión, no bajan la intensidad de los gritos y consignas, sino que se están defendiendo. A las tanquetas y armas de guerra la gente responde con gritos de rabia, con piedras y botellas, haciéndoles correr muchas veces, lo que a la larga erosionará la menguada autoridad de unos militares debilitados porque en sus turnos se perdió la Zona en Reclamación, corren las acusaciones de narco tráfico y ahora los de crímenes de lesa humanidad (soldados venezolanos matando venezolanos para que se sostenga el indigno coloniaje del régimen catrista, algo, que según ellos, hace feliz a Bolívar), engrosando esos militarcitos decepcionados las filas de las protestas.

   Y no sólo esto, las batallas campales, sino los señalamientos muy personales. A la cadena nacional donde Diosdado Cabello apareció dando la dirección de la gente que a él le molesta, como Lilian Tintori, señalando la ubicación de sus padres, de los colegios donde estudian sus hijos para que las brigadas de defensa de la revolución se encargaran de “eso” (¡lo hizo por televisión!, ¿locura o drogas?), el país ha respondido localizando, señalando y cercando a los familiares de los jerarcas que se dan la buena vida en el exterior (y se entiende, ¡están tan horribles las cosas aquí!), acosándoles. Hasta un lío tenemos con España porque uno de los funcionarios más señalados de confundir el erario nacional con lo suyo fue vergajeado en las calles por unos venezolanos molestos, y este se queja de que el gobierno de allá nada hizo por protegerle, aunque él, personalmente, es responsable de los veintiocho mil muertes de venezolanos a manos de la violencia desatada el año pasado, de los veinticinco mil caídos el año anterior por la misma causa, y los que murieron en el 2014 que sumaron más de veinticuatro mil. Pero su vida, la suya, de esa si tiene que encargarse todo el mundo.

   Aquí, Servando Primera, tiene que salir a hacer llamados públicos para intentar proteger la integridad de su hermano, Florentino Primera (un poca la jugada de los hijos de Tarek William Saab, que palabras más, palabras menos fue ni mi hermano, mi hermana ni yo tenemos algo que ver con  la basura de nuestro padre), cercado en el exterior por un furioso grupo de los venezolanos en el exilio, en esta diáspora que la miseria y la represión han provocó.

   Contó Servando, con voz rota, que Florentino fue insultado y empujado cuando iba con su hijo, niño que le preguntó por qué le odiaban tanto. Es difícil pedir ponderación a un país que ha visto a Florentino, en dieciocho años, reír cada atropello, burlarse de las víctimas de expropiaciones, de prisiones injustas (como hacían fiesta con el padecimiento de la juez Afiuni, del comisario Vivas, de Forero), de las agresiones que terminaban en muertes y que todavía justifica. Mucho daño ha hecho como para pedirle a sus víctimas que se contengan, pero eso es algo que él debió esperar en todo momento (personalmente le odió por prostituir la memoria de Alí Primera, a quien no se le puede culpar de nada de lo que unos vividores hicieron cobijándose en su figura, significado y su nombre), que se les cobraría la complicidad en todos esos desafueros. ¿Cómo creerle cuando dice que nunca esperó que le escupieran en la cara las cosas que ha hecho? ¿Acaso es retrasado, loco?

   Repito, es difícil pedir mesura para con este tipo de colaboradores cuando el Día de las Madres las venezolanas lloraban a los hijos presos, exiliados, a los muertos de la represión ordenada desde Miraflores y aplicada por los militares de manera directa o permitiéndole actuar a las bandas armadas por ellos mismos (los señalamientos del señor Almagro, sumario que se leerá en sus juicios).

Julio César.

AMA DE CASA… 9

mayo 19, 2017

AMA DE CASA                         … 8

Por Leroy G.

   ¿Sólo un sueño húmedo y nada más?

……

   No responde, no puede, no podía degradarse así. Era un hombre, un macho, y aunque aquel era tan sólo un sueño demente, terrible, no podía ceder ni aún así. No delante de aquellas personas que le miraban burlones mientras viste como una pequeña putica travesti. Un gemido escapa de sus labios cuando el vecino retira sus caderas, soltando sus tetas sensibles, sintiendo un frio horrible sobre sus nalgas, casi pidiéndole que regresara. Pero parpadea, paralizado, cuando oye un cierre bajar, las risitas y murmullos incrementarse, y esa mano volviendo a su cadera derecha, metiendo los dedos en la tirita de la tanga, halándola, sacándosela del culo, dejándoselo expuesto. Y no tiene manera de saberlo, pero no cree equivocarse cuando lo imagina totalmente depilado. Abre mucho los ojos pintados, los cachetes coloreados enrojecen más cuando la lisa y ardiente punta de un güevo que no era el suyo se frota de la entrada de su culo, acariciándole, sobándole. Y su culo palpita y se abre entre temblores. Grita más, tensándose, cuando todos contienen el aliento, la lisa cabeza frotándose, empujando y empujando, separándole los labios del esfínter, caliente como el infierno. Si, iba a metérsela, iba a cogerle. Lo sabe, y el calor que eso despierta en su cuerpo es de locura. Cierra los ojos, inconsciente de la sonrisa que se pinta en sus labios, esperándolo. La estocada, la penetrada a fondo. El hombre tomando su virginidad anal.

   -Bueno, si no la quieres… -le oye, y no procesa las palabras, no puede, tan sólo sabe que ese tolete se retira de su culo tembloroso. Se vuelve a mirarlo sobre un hombro, le ve retroceder uno y dos pasos.- Si no la quieres… -le repite, señalándose aquella pieza larga, gruesa, nervuda, que pulsaba en la nada. El miedo y la ansiedad se apoderan violentamente de él.

   -No, no, espera. –grita con voz mendicante, tono sufrido, mientras en su mente el dolor es más intenso.- Por favor… Por favor, cógeme, cógeme duro. Lléname la concha con tu verga, déjamela llena de espermatozoides y préñame. –suplica casi al borde del llanto, en medio de ese pasillo lleno de personas que le miran silenciosamente, sonrientes de burla cruel, testigos de su degradación y humillación, de lo puta que es.- Cógeme, por favor…

   -Lo que necesites; a una nena caliente lo que quiera. –responde ese joven, todo manerismo ausente en su rostro o gestos, el tono lo suficientemente alto para que todos escuchen y rían bajito.- Vamos, bonita, vamos a amarnos. –le gruñe regresándole de alguna manera a la realidad, obligándole a abrir los ojos que no sabía había cerrado al suplicar, jadeante, rojo de mejillas, mirada turbada y perdida, mientras le toma de una muñeca y le obliga a caminar casi frente a su propia puerta.

   Y todos ríen, roncos de lujuria, aparentemente solo quedan los puros hombres, al verle caminar como loro en mosaico, equilibrándose precariamente, vestido de puta andrógina, con unos altos tacones que no domina, y con los cuales debe medir sus pasos. Era grotesco y excitante verle así, en aquel pasillo, atormentado al verse rodeado de sujetos que le miran y señalan. El vacilante paso de un joven travesti que nunca antes había estado en tacones, expuesto a la mirada de muchos.

   -Ahhh… -se le escapa un gimoteo que odia, femeninamente mórbido, cuando el sujeto le detiene en medio del pasillo y le obliga a caer sobre manos y rodillas, su cuerpo en sumisa posición entre esos hombres que ahora se acaricia las vergas erectas mirándole, sus nalgas alzadas, su culo apenas cubierto. Titilando, lo sabe.- Yo… yo… -gimotea, notando ese tolete canela frente a su cara, cerrando la distancia con la boca echa agua y tragándola. Las risas y pitas se alzan en el pasillo donde está siendo sometido y humillado en presencia de todos. Pero cierra los ojos, mejillas rojas, y sorbe de la cabeza de aquella verga, recogiendo, saboreando y tragando gotas de líquidos pre-eyaculares espesos y salobres, encontrándolo delicioso. La idea, en su mente, era repugnante, pero se descubre fuera de sí, sometido a fuerzas extrañas, becerreando de aquella mole. Sus labios van y vienen ansiosos, las risas aumentan.- Hummm… -ronronea cuando le siente moverse tendiéndose sobre él, y le palmea una turgente nalga, duro, dejándole la piel picosa, enrojecida.

   -Chupa, chupa, vamos, puta, trágatela toda como tanto quieres. Que todos te vean. –le oye decir, rudo, y todo él se estremece, por una parte de rabia y asco, por el otro de calenturas. Sabe que su culo titila aún más salvajemente bajo la tira de la pantaleta. Y que todos lo notan.

   -Hummm… -casi se corre cuando la nalgada se repite y ahora esa palma rueda hacia su raja interglútea, y esos dedos bajan, presionando sobre ella, deteniéndose sobre el cubierto culo. Empujando un poco, esos dedos presionan y liberan una y otra vez. Y, gritando mentalmente de repugnancia, sabe que su agujero pulsa, se estimula y se abre con ganas. Como lo saben todos los tíos que miran y ríen, todos masturbándose estas alturas.

   -Estás tan caliente… Tiene el coño en llamas. –le oye, voz ronca, un tono que reconoce, el de un hombre excitado ante la posibilidad de coger.

   -Hummggg… -es todo lo que sale de su boca ocupada por aquella verga que pulsa y quema sobre su lengua y contra sus labios y mejillas cuando un dedo entra, abriéndole, penetrándole. Era una caricia tan prohibida, tan contraria a lo que es como hombre, que su cerebro es una masa roja de rabia e impotencia, y, sin embargo, su agujero se cierra codicioso sobre ese dedo, para retenerlo allí, para sentir el roce. Eso no escapa a los mirones que ríen, que gritan que la puta quiere güevo.

   No sabe cómo ocurre, pero de alguna manera, gimiendo de manera putona, termina de espaldas sobre el piso del pasillo, ese sujeto separándole las piernas y metiéndose entre ellas, de rodillas sentado sobre sus talones, riendo al tomar sus tobillos con las manos, los tacones, altos y lustrosos destacándose, mientras le alza las caderas. No sabe por qué gime de expectación, o por qué, con una mano delgada de largas uñas pintadas que no era suya (¡él era un hombre, joder!), aparta la tira de la tanga, exponiendo y ofreciendo su coño mojado y caliente (¡no, no, no!, rugía para sus adentros, rogándole a Dios caer desmayado).

   -Tan bella, tan puta. -ese tipito le sonríe, echando las caderas hacia adelante, la cabeza de su tranca rozándole el agujero, este estremeciéndose. El calor compartido les hizo contener un gemido. Y penetra, suavemente, con la pulsante pieza que iba llenando sus sensibles entrañas.

   Y fue horrible, se gritaba, y lo consideraría más tarde al recordarlo, la manea en la cual se arqueó mientras era abierto por la dura hombría que robaba la suya. Le molestó gritar ronca y largamente mientras la sentía llenándole totalmente, estimulándole, para luego retirarse un poco, incrementando el roce y las sensaciones. Odió escuchar las risas mientras echaba la cabeza hacia atrás lanzando otro mórbido gemido femenino al regresar la verga con un golpe más fuerte. Le enfermaba lo duro que estaba su, ahora, muy diminuto pene dentro de la pantaleta, mojándolo todo, mientras ese sujeto comenzaba a cabalgarle, a encularle con ganas, adentro y afuera, una y otra vez,  golpeándole con sus bolas, la cabeza del tolete dándole en alguna parte que…

   -Ahhh…. Hummm… Si, papi; cógeme, cógeme duro. –los gritos casi desmayado escapan de sus labios pintados mientras su agujero se abría y cerraba, buscando entusiasta ese tolete grueso, ordeñándolo, deseándolo tanto, tanto.

……

   Despierta sobresaltado y gritando, siendo él mismo, sobre una colchoneta en un lugar extraño, luces blancas, intensas, estallando le lastiman los ojos, el olor le sofoca, y hay gente que entra, hombres de los que sólo nota siluetas, y le señalan y ríen gritando “miren al marica, miren al marica”, porque está desnudo, joven, musculoso, velludo… arrodillado en ese colchón con un consolador en su culo. Hay siniestras risas que parecen venir de muchos lugares. Eso, el consolador metido, le duele, le lastima; es tan horrible saber que lo tiene clavado a un nivel físico como mental, sujeto a las miradas de otros hombres que lo juzgaban. No reconoce el lugar, ¿era su antigua casa paterna?, ¿un depósito del cuartel cuando sirvió militarmente? ¿La pieza de Ligia? No lo sabe, sólo que grita y grita que no es ningún marica, halando pero sin poder sacarse el dildo del culo. Las siluetas se acercan, las risitas son más desdeñosas, crueles…

   Despierta sobre su colchón inflable, agitado. Se sienta y recorre el cuarto con la mirada. Todo tan normal, cada cosa en su lugar. Ya amaneció. Su pecho sube y baja con fuerza, pero el final de la pesadilla y ese lugar agradablemente cálido que huele como… como a las sábanas de su madre cuando las recogía de las cuerdas después de llevar mucho sol, le tranquiliza. Cae sobre la colchoneta, pasándose las manos por los cabellos, casi temblando de alivio. Aunque siente un extraño sabor en su boca, también un picorcillo en el culo. Sin embargo, amanecer erecto, cosa no desagradable, es lo destacable. Cierra los ojos, eso no le importaba. Lo bueno era que todo había sido una infame e infernal pesadilla. Estaba a salvo. En su apartamento, en su cuarto. La certeza de ello era relajante, calmante. No, por nada del mundo dejaría su apartamento, se dice… con la mano metida dentro del bóxer, tocándose el tolete duro. Joder, debía salir de eso. Deslizándose del calzón, aunque imagina que ya era algo tarde y debía ir a trabajar, comienza a masturbarse, casi… asustado. Tiene mucho cuidado en qué fija su atención mientras su puño sube y baja, apretando, soltando, frotándose el hinchado y mojado glande con el pulgar. Sabroso. Se da y se da… y nada. No alcanza el clímax. Y eso, por minutos, iba volviéndose frustrante. Cierra los ojos y piensa en todo el sexo que ha tenido, toda la pornografía que ha visto, y parece que está allí, a punto de estallar en semen, pero nada. ¡No puede terminar!

   Frustrado se pone de pie, vistiéndose con un bermudas para no presionarse tanto. El cacho bajo la tela era casi una burla. Monta la cafetera y va al baño. Mear se le dificulta, y allí mismo comienza a darse otra vez. Nada. Tan irritante era la cosa, y tan urgente se le estaba haciendo, que sentado sobre el inodoro lo intenta, también mientras se duchaba. Nada. La verga comenzaba a dolerle, su frustración había alcanzado niveles de histeria, y malestar, pero nada de orgasmos. Nuevamente en el bermudas va por el café, ceñudo, molesto. Necesitaba de Ligia, que la puta esa le mamara y le dejara enterrársela por todos sus huecos. Abre la nevera y se congela…

   Tiene pocas cosas, debía hacer algunas compras, pero lo que si sabe que no tenía, y ahora sí, eran todos esos cartones de medio litro de leche. ¡No los compró! Su corazón se agita por la incertidumbre, ¿qué estaba pasando?, pero también porque la quería. Beberse esa leche. Mucho. Deseaba, no, necesitaba sentir ese sabor en su boca. Toma uno de los envases, atormentando entre ese deseo raro y el temor del origen del mismo. Tal vez… Tal vez era cosa de Ligia. Tal vez pasó por allí ayer en la tarde y la dejó. No recuerda haber cenado o pasado por la cocina, así que no está seguro. Pero era posible, ¿no? Como fuera destapa uno y lleva el pico a su boca.

   Cada papila gustativa de su lengua estalla, excitada, en una fiesta de sabor al recibir el frío líquido cremoso, algo espeso… con un cierto sabor agrio, a yogurt ligeramente salino. Y bebe de manera desesperada, su manzana de Adán subiendo y bajando con rapidez, casi chupando del pico al terminarla… Su verga pulsando y babeando contra el bermudas.

   ¡Quiere más leche espesa!

CONTINÚA…

Julio César.

POR OCIOSOS

mayo 19, 2017

DADDY

   Ni se imaginan cuántas veces pasa…

   No falta el día cuando un grupo de panas se reúnan y sin nada mejor qué hacer hablen del sexo en general, del suyo en particular, del que tienen con esposas, novias o levantes del momento, del éxito que siempre parece tener uno de ellos, los otros queriendo saber su secreto y este, medio exhibicionista y vanidoso de lo que tiene, se levante y lo muestre, sorprendiendo, casi alarmando y dejando admirados a esos amigos que no pueden creerse semejante tamaño, ese grosor endiablado, esas venas que hinchadas debían llenar y estimular… a las mujeres. Ni que dejaran de preguntarse cómo se vería totalmente lleno y si podrían abarcarlo con una mano. Eso, siempre, llevaba a la comprobación.

   Cosa peligrosa, porque el sujeto demostraba que sí, era un grande, un duro, uno bien dotado y, por lo tanto, de los que mandaban la parada, haciendo a los otros sentirse algo menos… masculinos, más maravillados, curiosos y levemente excitados ante aquel aparato. No era raro que en tales circunstancias, los amigos, agachándose, tocaran para ver si lo abarcaban. Y allí, uno al lado del otro, recibiendo el calor, teniéndolo a la mano concebirían una nueva duda: ¿era acaso posible que una chica pudiera tomarlo con su boca? Y, riendo, el sujeto grande los reta, porque intuye que ya no están completamente en sus cabales.

   Y no, no lo están cuando, después de gritar levemente adoloridos y sorprendidos, descubren que sí, que aquella vaina bien clavada podía disfrutarse todavía más. Ignorando que a cada subida y bajada, a cada roce, se jodían, literal y figurativamente hablando, porque, en general, aunque de eso no volviera a hablarse nunca más, y muchas veces todos debieran distanciarse para poder continuar como si nada hubiera pasado, ese recuerdo perduraría. El culo que, en un rato de desenfreno, se les volvió un cálido coño siempre extrañaría todo aquello con anhelo.

……

   Este tipo de películas, quien haya visto más de dos, sabe que siempre siguen este patrón, sujetos que encuentran a otros en las calles, supuestamente, y les impone un reto: compararse en tamaño. Saliendo siempre perdedores, o ganadores, bien se le mire. Esta fue buena porque eran dos sujetos los retados, que caen uno al lado del otro cuando la pieza se muestra; y se puede fantasear eso, que eran dos tipos que jamás habían pensado en eso pero quedaron trastornados a la vista de aquel aparato. Tanto que debieron probarlo y usarlo. Y las expresiones faciales, mientras le sacaban brillo a fuerza de apretadas, con todo, la hacen memorable. Especialmente el catire, en esa donde cabalga sobre el tipo y ríe todo realizado. Un catire dejándose hacer por un negro, eso de por sí calienta a muchos. No digamos ya si son dos tíos blancos entregados a ese nuevo amo. La calidad de la imagen no es muy buena, hay que reconocerlo, pero vale la pena. Si les interesa, vayan a: AÑADIDOS

Julio César.

TRAVIESOS

mayo 19, 2017

EXASPERACION

   Todavía bostezaba cuando se congeló. “¿Eh?, ¿qué coño?”. Joder, los sobrinos habían colocado otra cámara para espiarle. Vaya con esos morochos…

RASURADA

Julio César.

TRUMP Y LE PEN, EL PROBLEMA DE LOS SUPUESTOS

mayo 19, 2017

LA HILADA FINA Y DESAFIANTE DE LUIS ALMAGRO

   -¡Hijo de… Trump! -grita y el otro se ríe.

   Los supuestos, no hay nada más peligroso que dejarse llevar por ellos. Eso casi nunca funciona y sin embargo la gente sigue creyéndolos. Cuando Donald Trump llegó a la Casa Blanca, demostró que su atávico llamado al pasado de los Estados Unidos le funcionó. Aunque, históricamente, de tal estado siempre han salido bastante malparados y no parece que esta vez vaya a ser diferente si es cierto que el hombre es un topo de la ex Unión Soviética. Llegado a la Casa Blanca, el señor Trump, creyó que de verdad era el “hombre más poderoso del mundo”, y como supuso que tal cosa era así, se fue en una de dictar decretos personalistas para “corregir el problema migratorio”, sin otro aval como no fuera su muy particular parecer. Que eso no podía hacerlo, y que si, era el presidente de la república pero no el dueño de toda esa vaina, vino a aclarárselo el Poder Judicial, remendándole la plana. Como partió del supuesto de que ganó, era el jefe, y su título es el de “el más poderoso”, no pudo entender que lo frenaran en seco, que otra rama del poder republicano le parara los pies, lanzándose a hacer declaraciones alteradas y amenazar con esto y aquello.

   Alguien debió aclarare que no podía dictar decretos que violaran las leyes existentes, federales y estatales, que ni siquiera es facultad suya intentar cambiar dichas leyes. También que tal batalla le desgastaría frente a una opinión pública que, votos contados, prefirió a su contendora. El disgusto contra el mandatario no hace sino crecer y crecer… por lo que no se entiende muy bien que la señora Marine Le Pen, confesado por ella, levantara las mismas banderas de intolerancia, racismo, xenofobia y aislacionismo en su carrera presidencial en Francia, cuando ya era papable en ese momento que el país del norte del continente americano parece ir dándole la espalda al curioso sujeto. La señora vio su triunfo electoral, palpó en el aire el descontento de su propio pueblo, y supuso que lo que funcionó por allá lo haría en su casa, por lo que enarboló esas banderas soñando con el mismo resultado, perdiendo. Le faltó alguien que le señalara lo torpe de su postura. Individualmente todos tenemos prejuicios, somos hasta necios en muchos casos; pero la mayoría tiene el sentido común de no expresar o mostrar, más allá de su círculo más íntimo, tales pataletas para no quedar mal. Y eso es lo menos que se espera de un presidente. O presidenta.

Julio César.

UNA VEZ, UNA TARDE A LA SALIDA DE LA TIENDA

mayo 19, 2017

EMBARAZOSO

  -Hey, señor, ¿es su jeep? –pregunta.- Necesito que me lleven… y una mamada, ¿querría dármela?

NATURAL

Julio César.