REGRESO A CLASES… 14

mayo 23, 2015

REGRESO A CLASES                         … 13

PADACKLES KISS

   Cuánto lo soñó…

……

   Muy mal encarado, Jensen Ackles cubre la distancia que le separaba del Centro hasta su cuadra. Camina despacio, intentando despejar su mente. Sabe que actuó como un cabrón con Jared, pero la verdad es que le molestó increíblemente que este creyera que no tenía ni para pagar una cena. No estaba tan mal, joder. No quiere preguntarse por qué le irrita, y lastima tanto que el otro lo piense, que es un fracasado, cuando todos los dicen, todos los días. Bien, mañana comenzaría a buscar trabajo, algo que hacer con su vida. Tal vez… intentar otra vez en la secundaria. Ya no era el mismo de una semana antes. Lo sabe. O lo espera. Se haría cargo de su vida, de la manera que fuera, luego buscaría al castaño y le invitaría una cena de verdad, con vinos y postres, hablarían amistosamente de los tiempos idos, de los años que esperaban por delante, sería encantador, gracioso y ocurrente, le diría que fue un gusto volver a verle, saber que le iba bien, le desearía lo mejor y cada uno continuaría con su vida. Tragó sintiéndose un tanto deprimido por la idea.

   Se detiene bruscamente. Allí está el auto alquilado, y sentado sobre la maleta, el castaño parece esperarle. ¡Mierda!, se dice, era demasiado pronto. Se comportó demasiado imbécil como para desdecirse en un segundo, reconoce enrojeciendo de cara. ¿Por qué le atormentaba así?

   -Jared… -casi acusa con una palabra. El otro no le deja continuar.

   -Siento haberme comportado como un imbécil, amigo. –reconoce mirándole con ojos dolidos. Y eso altera al otro.

   -¡Basta! ¡Deja de hacerme eso! –le reclama, agitado, confundiéndole.

   -Jensen, no quiero hacerte daño. No pretendo… herirte de ninguna manera. –se tensa cuando el otro se acerca, casi metiéndose entre sus piernas abiertas, una mirada airada pero también casi suplicante en los ojos verdes.

   -Deja de mirarme con pena, con lastima, y dejaré de comportarme como un gilipollas. Entonces tal vea podamos ser amigos otra vez.

   Hay un tenso silencio, la idea penetra lentamente en la mente del más alto, que enrojece ligeramente. Sí, se estaba comportando con el otro como un imbécil sobreprotector, como si necesitara ser salvado de algo. No podía evitarlo, le había querido mucho, mucho más que como simple amigo, pero ahora no se comportaba como tal. Le gustaba, pero también le tenía lástima. Y nadie merecía eso. Ni lo deseaba, si debía guiarse por la mala cara del rubio.

   -Lo siento.

   -Hice de mi existencia una mierda, pero no estoy cojo, no perdí la vista ni me arrastro sobre la barriga. –muestra las manos grande, fuerte, casi a los lados de su cara.- Aún puedo luchar por mi vida, Jared. Por Dios, ¡no me tengas lástima! –le exige.- No me gusta la idea de que… -traga.- …De que estás aquí, a mi lado, por eso. Porque quieres hacer algo por el pobre y patético Jensen Ackles. No quiero tu pena, sino tu… -se ve confuso, luchando con las palabras.- …Amistad. Si no puedes hacerlo, si no quieres porque sientes que en verdad no necesitas ser mi amigo, sino “ayudarme”, entonces… vete. No pensaré mal de ti; será doloroso, pero supongo que me lo merecería. Por todo lo que pasó antes.

   Las palabras del rubio abren heridas, rasgan costras. Jensen se exponía de una manera intensa, total, atroz. Directa, como siempre lo había sido, se corrige. Y dolía. El pecoso no quería que se le tuvieran consideraciones especiales, pero escuchándole le daban unas ganas enormes de abrasarle, de acunarle diciéndole que todo iría mejor. El pobre Jared debe luchar contra sus instintos, contra sus sentimientos y su sentido común, para no hacerlo.

   -Claro que quiero ser tu amigo. –si, porque era lo mejor que podía hacer por el otro ahora. Ser su amigo… ¿cómo antes? No, porque nunca fue tan simple para él, aunque Jensen pensara, o pretendiera creer, que era así.

   Se miran por un instante, y tal vez no reparan en ello, no, perdidos como están en sus pensamientos, pero algunos transeúntes al pasar miran de uno al otro, intuyendo que algo importante ocurría entre esos dos. Jared siente alivio cuando nota los hombros de Jensen relajarse, su rostro suavizándose en una sonrisa.

   -Genial. ¿Tienes tiempo? –enrojece.- La cena no fue un éxito, pero tal vez podamos tomar un trago. –le ve hacer una leve mueca.- Por Dios, bebo hace tiempo, no voy a desbaratarme con dos tragos. –se burla, algo exasperado.

   -Genial, tomar esos tragos contigo será la dicha; parece que estaré caminando sobre cáscaras de huevo toda la noche, ¿no? –le reta, el mismo tono, igual intensión. Jensen contiene una sonrisa de medio lado.

   -¿Exactamente por qué es que somos amigo?

   -También me lo preguntaba. –gruñe Jared, bajando de la capta del auto. Aunque sonríe más cuando oye la risita del pecoso. Tal vez las cosas podrían solucionarse.

……

   Después de esa paja que le hizo en el cuarto secreto del conserje, en el colegio, sintiéndose culpable y jurándose sobre un montón de cruces que no lo repetiría jamás, Chad Murray y Paul Telfer volvieron a encontrarse. La segunda vez fue la mar de incómoda. Llegó y el otro ya estaba ahí, la verga afuera, masturbándose como solían hacer los chicos ahí… si no había llegado alguien antes. O en grupo, cuando tres o cuatro, bromeando, se masturbaban en compañía, sin ver o no querer ver nada homosexual en ello. Ninguno de los dos dijo nada, Chad a su lado en el viejo mueble, también comenzó a tocarse, a masturbarse luego, sintiendo sobre su rostro, que lo sabía rojo, la mirada intensa de Paul. A quien miró finalmente, desafiante, con un “¿qué coño?”, en la postura. El otro le sonrió, extendiendo más sus musculosas piernas, uno de los muslos chocando del suyo de manera intensa. Invitándole. Dejando de tocarse él mismo, su verga llamativa por lo dura, roja, caliente, y por la edad, cayendo contra su abdomen.

   Y Chad maldijo cada segundo que tardó en inclinarse, tomarla en su mano y masturbarla por cuenta propia. Odiando sentirla tan bien, sabiéndose tan caliente al hacerlo. Por pensar en lo estimulante que era sobar en su puño, arriba y abajo, el tolete de otro chico. Pero no era sólo eso, era ver a Paul estremecerse, agitar sus caderas, buscando con el tolete su mano, gruñendo bajo, cerrando los ojos, abriendo la boca levemente, echando la cabeza hacia atrás, brillando de sudor. Entregado al placer que le brindaba. Todo eso lo lograba con su mano, con los dedos cerrados alrededor del duro y palpitante falo. Y la cabecita, con su ojete que se abría y cerraba, botando líquidos…

   -Por favor… chúpamela. –le pidió, voz ronca, urgida.

   No lo hizo, le soltó y casi huyo. Paul debió convencerle con promesas de hacerle cosas para que continuara la paja. Que hizo, apretando, sobando, su puño arriba y abajo… sus ojos atrapados en el glande liso y brillante. Se corrió, ese tolete estalló, casi salpicándoles; el cálido líquido espeso que chorreó mojándole el puño que no tuvo fuerzas para retirar, le hizo temblar, cayendo en cuenta que había estado dándose a sí mismo y también alcanzó su orgasmo. Paul no le tocó.

   Ni la siguiente vez, ni la otra. Siempre era Chad quien parecía fascinarse con tenerla en la mano, soñando de noche con ella, intentando pensar en chicas en sus fantasías, lográndolo, mirando a alguna actriz de cine de buenas tetas dándole una mamada, para luego él “aparecer” junto a ella, lamiendo a otro. A Paul. Eso le enloquecía. Y le molestaba. A veces llegaba a ese depósito y Paul le esperaba, medio recostado, sonriéndole, la dura erección latiéndole bajo sus pantalones. Otra llegaba, ojeaba revistas pero no podía hacer nada, no hasta que Paul llegaba, le miraba, de pie, frente a él, abriéndose el pantalón, sacándose con dificultad, por lo crecida y dura, la verga, que quedaba tendida de la nada, cerca de su rostro. Sus miradas atrapadas. Hasta que caía a su lado y comenzaban con las falsas auto masturbadas, para que Chad terminara aferrando el joven güevo del compañero de pajas.

   Y cada vez, la mano de Paul aferraba su cuello, halándole, llevándole muy cerca, quemándole con el vaho que escapaba de su miembro, siempre gimiéndole un quedo “por favor, por favor”, sin pedirlo claramente. Hasta esa tarde que bajó demasiado y sus labios rozaron la lisa y húmeda cabecita, sobre el ojete. Y Paul se arqueó y tembló como dominado por el más intenso placer. No lo pensó, no se detuvo en reparos o repulsas, quería saber. Abrió de manera automática los labios, dejándola entrar, tanteándola, cercándola y apretándola. Chupando. Y podría decir después lo que quisiera, y lo hizo, a Paul, a él mismo, pero la verdad fue que perdió la cabeza. Su boca bajó y bajó sobre ella, apretándola con labios y mejillas, tanteándola con la lengua, ambos ardiendo, chupando. Y sentirla le gustó, el sabor, las pulsadas, los estremecimientos de Paul, a quien prácticamente tenía delirando de gusto. Fue su primera mamada. Seguida de muchas otras. No lo hablaban, no decían nada. Comenzaban con las pajas y al segundo siguiente Chad estaba tragando verga como si viniera muerto de hambre.

   La primera vez que tomó su semen, enfermó. Vomitó y todo. Y furioso le arrojó un golpe a Paul, quien no le dejó apartarse como otras veces; puñetazo que el atleta esquivó fácilmente. Pero ahí fue donde el rubio cegatón fijó la raya en el piso, decidió terminarlo todo allí. No quería volver a caer, pero era angustioso estar en el colegio y verle, añorarle. ¿Su consuelo?, que a Paul no le iba mucho mejor. Los ojos de este le seguían a cada paso, tanto que algunos lo notaron. ¿Y si hablaba? Para Chad todo era tortura. Dos veces quiso hablar con Jared, pero este parecía vivir una burbuja de felicidad tan rara e intensa (sus citas de estudios con Jensen), que no quiso tocar el tema. ¡Y todavía había quienes le llamaban insensible!

   Un día, con todos fuera de casa, alguien llamó a la puerta de su casa. Era Paul, un Paul tenso, pálido.

   -¿Podemos hablar? –preguntó, en una fórmula que luego descubriría que utilizaba mucho.

   Al rubio todo se le cayó. Le dejó entrar, subieron a su cuarto, a hablar, se decía. Y terminaron en la cosa más extraña que pudiera alguien imaginarse, de pie, cara a cara, cada uno con la mano montada en la erección del otro. Y se masturbaron sobre su cama. A Chad le gustó, pero…

   Le hizo gemir cuando se tendió y se la atrapó con la boca, chupándosela. Al rubio le avergonzaría siempre pensar en la manera hambrienta que bajó, el placer indescriptible que sintió mientras tragaba cada centímetro de aquel cilindro de carne joven y dura. Pudo ser por la separación y las calenturas, pero no se detuvo hasta que el duro pene disparó su carga, llenándole la lengua, abultándole las mejillas… tragándolo todo. No dijeron nada, pero volvieron a las citas, Chad con los anteojos nadándole en la punta de la nariz, transpirado, rojo de mejillas, subiendo su boca sobre ese falo joven que a veces le abultaba un cachete, bebiéndose su semen. Ya no ponía reparos, aunque no deseaba analizarlo tampoco. Sentir el cálido y viscoso líquido cubrir su lengua, estimulando cada una de sus papilas gustativas, era un placer culpable, sucio y maravilloso. Y mientras tragaba, su manzana de Adán subiendo y bajado, su mirada se encontraba con la de Paul, que adoraba eso, verle mientras tragaba su esperma. A Chad le avergonzaba, camino a su casa, chasquear la lengua, recordando, o saboreando aún, esas cargas de semen.

   Era cuando los demonios aparecían, y era desagradables. Las dudas estaban allí, ¿era marica? No lo sabía, no quería pensar en ello. Lo que le hacía a Paul no era de heterosexual, pero la verdad es que nunca antes había sentido nada por otro chico. Tal vez era sólo ese hijo de perra. Lo otro… era una atormentante duda que Paul Telfer conocía bien y que le calmaba con un:

   -La próxima vez te la chupo yo.

   Próxima vez que no llegaba. Chad mamaba, Paul lo disfrutaba, gemía, se corría, pero no correspondía. ¿Por qué?, se preguntaba el cegatón. ¿Acaso el otro si no era un marica… como él? Eso terminaría convirtiéndose en un problema real entre los dos, y obligó a Chad a rechazar invitaciones, y a Paul a recibir menos mamadas. Hasta que una tarde, saliendo del colegio, acompañado de Jared y Sandy, Paul se detuvo frente a ellos en su camioneta.

   -Murray, ¿tienes un tiempo? –le miró después de saludar a los otros, que se veían algo desconcertados. Chad, para ese entonces, estaba más que disgustado con el incumplido galán.

   -Voy para la cafetería.

   -Quería… -se le vio muy nervios.- …Que habláramos. Ya sabes… -ese hijo de perra, pensó Chad, imaginando que quería una mamada.- Debo cumplir mi palabra en un asunto. –terminó atropelladamente. Oh Dios, gimió luego el otro.

   Chad no recuerda qué les dijo a sus amigos, pero se despidió y subió a toda carrera al vehículo, duro ya bajo el pantalón, imaginando el atractivo y masculino rostro de Paul siendo tocado por su verga. Pero las sorpresas comenzaron cuando le llevó a unos sanitarios públicos tras un depósito más allá de una gasolinera.

   -¿Qué hacemos aquí? –se inquietó.

   -Los baños… los baños cuentan con agujeros. –respondió el otro, muy agitado.- Chad, no puedo… la primera vez no puedo verte y…

   -Okay. –concedió, a pesar de no estar para nada contento. Aunque recordó vagamente lo mal que estuvo después de hacerlo la primera vez, ceder a eso que para los hombres estaba tan prohibido: tener la verga de otro carajo en la boca.

   Entraron al oscuro, feo y maloliente lugar, estaba todo solitario a excepción de un tipo joven, con pinta de camionero, que les miró a través del espejo, con una sonrisa que indicaba que sabía a qué iban y que ojala tuviera tiempo de tomar parte también. Ignorándole, se detuvieron frente a dos privados. Se miraron, Chad entró a uno y escuchó la puerta del otro. Con algo de nervios sacó su verga, medio morcillona para esos momentos, no era lo que esperaba y había perdido dureza de acero. La introdujo por el orificio y casi gritó. Algo ardiente, húmedo y reptante le atrapó, cerrándose sobre ella como una cálida celda de sensaciones. Le chuparon, una lengua le trabajó y comenzó a endurecérsele. Jadeó, cerrando los ojos, imaginando a Paul del otro lado y… Miró hacia el orificio y la vista de un bigote gris, le horrorizó.

   -¿Qué mierda…? –gritó, alejándose, temblando de pies a cabeza, de rabia, de sorpresa. De traición. Se acomodó como pudo, abrió la puerta y golpeó la otra. Allí estaba Paul, rojo de cara, en una esquina, y de rodillas aún continuaba un sesentón regordete, de cara blanda, relamiéndose los labios. Los dos jóvenes se miraron por un momento.

   -¿Qué coño fue todo eso?

   -Lo siento, Chad, pero no pude…

   -¿No pudiste? Eso te dije la primera vez que… -se atragantó de rabia.

   -Pero lo hiciste. Y te gustó. Te gusta… chupármela, ¿por qué no podemos seguir así? Estabas recibiendo una mamada, ¿no es lo que querías probar? –tuvo la desfachatez de defenderse, como si fuera la cosa más lógica del mundo. En ese momento el golpe si que le alcanzó, por lo sorpresivo. Y lo merecía.

   -Vete a la mierda, Paul Telfer. –e hirviendo de rabia, con ojos nublándoseles por segundos de llanto, no sabía bien de qué tipo, abandonó esos sanitarios a pesar de las llamadas del otro, quien parecía pedirle que se quedara y hablaran. Saliendo del privado le gritaba que le regresaría a su casa. Más tarde fueron palabras de rabia por lo “caprichoso” que era.

   Chad no se detuvo ni una sola vez; fuera, en la calle, se sintió aún más sucio. Era un sucio. Telfer le había convertido en… Las lágrimas afloraron tras los cristales, alejándose a toda prisa, todavía escuchándole, ahora solo repitiendo su nombre. Llegó a su casa no supo cómo, corrió a su cuarto y lloró de rabia y resentimiento, sintiéndose burlado. Traicionado. Y esa era la sensación más extraña y poderosa. La traición. Ese hijo de puta le había usado, se había servido de él, de su… debilidad; maldita sea, si, de sus mariconerías, y luego se burló de aquella manera tan cruel. ¿Qué tan imbécil le creía? Respiró pesadamente, y allí, de culo en el piso, espalda contra la puerta, se juró que eso había terminado. Eso le dio algo de paz mientras se duchaba, largamente. Pero cuando entró a su cama, lloró otra vez como un niño a quien se le había lastimado sin piedad.

   -Murray, debemos hablar. –al otro día, Paul Telfer tuvo las bolas de llegar hasta la mesa donde esperaba a sus amigos para almorzar. Se le veía agitado.- Déjame explicarte… -pero cerró la boca ante la mirada del rubio.

   -Vete a la mierda, Telfer, como te dije ayer. Y quédate ahí. Para mí. ahí estarás siempre.

   -No, espera, hablemos… -se agitó, más notando que Jared, Sandy y Misha se acercaban.- Te espero, ya sabes dónde. Tienes que ir. –le ordenó de manera algo urgida, suplicante.

   Nunca asistió, y Paul comenzó a mirarle dolido y resentido. Así supo lo jodido que estaba, que le alegraba saber que el otro extrañaba tanto las mamadas que le daba que parecía enfermo. Casi rió de rabia contra el Paul, pero especialmente contra sí mismo. Y así terminó la experimentación con chicos para Chad Michael Murray.

   Tomándose una copa, años después, Chad Murray todavía se molesta. Recordar todo aquello le hizo consiente del porqué de su rabia contra el otro. No por la “broma” en sí, sino por todo lo que implicaba, qué él no lo habría hecho, jamás habría hecho las cosas que Chad si le hizo. Pero, recordarlo, también lo puso duro. Todo volvió de repente, la intensidad de los vivido y… Y claro, llaman a la puerta justo en ese momento. Debía ser Paul, ¿quién más?

   Mandándolo todo al coño se termina la copa, intentando mostrar normalidad, no es que fuera una erección escandalosa, ¿verdad? Abre. Allí estaba un enrojecido Paul Telfer, alto, fornido. Masculino. Un suéter azul que le sienta bien le demarca un torso poderoso. Terminando sobre el jeans algo desteñido… donde también se visualiza cierto desorden sexo-hormonal. Se miran a los ojos y lanzan rápidas miradas más abajo.

   -Parece que pensábamos en lo mismo. –comienza Paul.

   -No creo que esto sea una buena idea. –exclama Chad. Dios, pensó que podría encararle, hablarle de todo aquello, lanzarle a la cara que le había usado, más o menos (tampoco fue que lo obligo), mandarle para el carajo y que todo terminaría. Pero ahora…

   -Oh, Murray, déjate de evasivas. –gruñe Paul, el hijo de puta, alargando una mano y atrapándole la verga sobre el pantalón, confirmando lo que pensaba, apretando un poco, provocándole un salto atrás a Chad, que no logra soltarse, y que medio grita mientras le endurece más bajo la palma del más alto.

   Sin soltarle, Paul entra y cierra la puerta a sus espaldas. Y tras esa puerta dos hombres van a encarar viejos fantasmas.

……

   Todavía algo incómodos por cómo había terminado la cena, Jared entra nuevamente al chico apartamento de Jensen, quien se quita la chaqueta y la arroja, sacando antes los anteojos oscuros. Encarándole.

   -Gracias.

   -De nada. –los toma y los guarda, luchando contra los deseos de decirle que los guarde. Regalárselos.

   -Toma asiento. –le invita, dirigiéndose a un gabinete, sacando una botella clara, que le hace arrugar la frente y buscar otra cosa.- ¿Un whisky no muy bueno? –ofrece agitando la botella, mirándole, viéndole la duda. Bota aire exasperado.- Joder, deja de comportarte así; ¡no voy a terminar con un coma etílico! –le aclara.

   -Lo siento. –traga saliva, se sienta y monta una falsa sonrisa, aceptando uno de los cortos vasos y bebiendo. Oh, Dios, ¡sabía a gasolina! Con la cara totalmente arrugada mira la sonrisa de Jensen cuando bebe el suyo, sentado al otro lado del mismo sofá.

   -Fuerte, ¿verdad?

   -Imagino que tiene que ser así para que los cohetes despeguen y escapen de la gravedad…  -gruñe en respuesta. Jensen ríe aliviado, sintiéndose ligero otra vez, sirviendo otras dos copas. Se miran, Jared sonríe y la toma, chocan cristales.- Si querías tomar, pude… -en cuanto lo dice, se arrepiente. Ve a Jensen tomar su copa, sereno, rostro sin expresión cuando se medio vuelve y le mira.

   -¿Entonces será así, Jared Padalecki? ¿No podrás evitar mirarme con pena a cada instante, como si fuera un caso para la caridad? –toma aire, resuelto.- Entonces no podremos ser amigos. Y me duele, pero creo que será mejor para los dos. ¿Otra para el camino? –comienza a despedirle.

CONTINÚA…

Julio César.

EN LA GRANJA DE MISTER JONES

mayo 22, 2015

DE TURISMO AL HOSTAL

LA GRANJA DE MACHOS DOMINADOS

    Era un placer visual tanta eficiencia…

   Entre gemidos y jadeos los nuevos becerros se ejercitan, arriba y abajo, sin detenerse a pesar del esfuerzo, llevan horas en eso. No lo cuestionan, no lo discuten, no se reprochan nada. Suben y bajan, apretado en todo momento como les ordenó el grajero, ejercitándolos, poniéndolos a tiros, capaces de ordeñar a un rudo semental sin tener que hacer ningún otro movimiento. El granjero aparece, sonriendo, mirando a los tíos que atrapó apenas tres días antes, sujetos que cruzaban de pasada mientras se dirigían a Nueva York, deteniéndose ante el bucólico paisaje. Era fácil dominarles, a pesar de sus tamaños y físicos parecía buscar un destino, un amo a quien servir. Protestaban y luchaban al principio, pero pronto no encontraban mayor placer que obedecerle y complacerle. Y le complacían, mucho; a cada uno de ellos los probaba antes de venderlos a sus clientes habituales. El dócil ganado, el forzudo y masculino becerro hambriento. Sonríe viendo cómo aprietan al subir, ¡vaya ordeñadas que darían!

Julio César.

ESCAPADITAS INDISCRETAS

mayo 22, 2015

VECINOS ATREVIDOS

MARIDOS DESESPERADOS POR LO GAY 1

   Esas cosas pasan, de panas…

   ¿No han estado en una reunión donde saliendo de un cuarto alguien les agarra el paquete y les ofrece una chupada? ¿Verdad que si? Y lo increíblemente excitante que es hacer algo que es peligroso si te pillan. Ocurre que está uno sentado entre varios, en una reunión, y alguien le dice a otro que tiene algo que contarle o enseñarle y desaparecen un buen rato. A veces uno les olvida. Otras veces no se puede porque uno se imagina algo. Es lo que les pasa a estos amigos.

MARIDOS DESESPERADOS POR LO GAY 2

MARIDOS DESESPERADOS POR LO GAY 3

MARIDOS DESESPERADOS POR LO GAY 4

MARIDOS DESESPERADOS POR LO GAY 5

   En una parrillada dos se separan, alguien se asoma a una ventana y… Pero mejor vayan a: MARIDOS DESESPERADOS… Y PILLADOS

Julio César.

NOTA: Lo siento, ando sin ánimos de escribir. Hay una sensación de abatimiento tan extraño que no da pie para nada… Por suerte esta noche transmiten SUPERNATURAL, un episodio que no vi por la web.

QUIERO LAS PRUEBAS… PERO NO HOY, COÑO

mayo 22, 2015

LA DEFENSORA Y LA TARJETA DE RACIONAMIENTO

SEXY MUSCLE BOY

   Lo único que quieren ver es…

   Son cosas de locos, de esos que acechan machete en mano tras una mata de mango, no de los que comen flores. Es decir, de los extremadamente peligrosos, y bocones. Hay un alto personero del estado venezolano, aparentemente un todopoderoso Don (quien, a decir verdad, hizo hasta lo imposible para sacar del país todo órgano que luchara contra el narcotráfico, no es que se lo están inventando tampoco, aunque ahora finge demencia), ha sido señalado internacionalmente de tener mañas. Y no es rascarse las mochilas sin darse cuenta en eventos especiales, ni llevarse los lapiceros ajenos. Son mañas feas. Lo notable es que este y sus asistentes, que se autoproclaman magistrados de tribunales supremos (al menos así se llaman ellos mismos), exigen que se presenten pruebas sobre tal acusación… Pero cuando un diputado de la Asamblea Nacional se dirige al Parlamento con unos recaudos recogidos en España sobre las cuantiosas cuentas de muchos de esos personeros que no pueden explicar de dónde sacaron la plata… no lo reciben porque no quieren ver pruebas. ¿Entonces, Don? ¿En qué quedamos, dizque magistrados? ¿Quién los entiende? ¿Quieren ver pruebas sobre los casos o no? De ser no, lo mejor sería que dejaran de hacer declaraciones rimbombantes donde los indiciados sostienen que solo seguían los lineamientos del Difunto cuando se dedican a tan extrañas prácticas de Estado. Lo curioso es que el Don se dispone a resistir… aquí, afuera ni loco. ¿Y si lo agarran y enfrenta magistrados que no sean como los de aquí? ¡Dígame si saben de leyes de verdad! Susto. Ya sería el noveno que ni a Cuba se atreve a llegarse, primero fue el canciller Pollo, luego los siete de la mala suerte del decreto, ahora el poderoso Don. Qué bueno, para ello, que este Infierno de donde no podrán escapar es el que querían levantar. Cómo trabajaron para que Venezuela fuera este desastre. Al menos tienen ese consuelo.

Julio César.

EL REPARADOR

mayo 21, 2015

ABANDONO

FORZUDO EN TANGA

   El hombre tiene manos hábiles, ¿será por eso que siempre lo contratan los casados reprimidos del edificio?

Julio César.

CHICOS, OPORTUNIDADES Y BOCAS

mayo 21, 2015

DETALLES QUE DESTACAN

MUSCLE NICE

   Cuando toca, toca. Si está caliente hasta la boca de su cuñado sirve…

MUSCLE HOT

   ¿Lo mejor en las giras de exhibición? Las chupadas que le daba su compañero de habitación.

Julio César.

CUANDO EL DESTINO ALCANZA A LA REVOLUCION

mayo 21, 2015

VENEZUELA… UN NUEVO FRACASO

DON DIOSDADO CABELLO

   La hora menguada de un movimiento que nació muerto.

   Para siempre será un misterio por qué de todas las ofertas de vida y legado que se le ofrecían para dejar al mundo en aquel momento, con los buenos deseos de la prensa, la iglesia y la clase media, el gobierno de Hugo Rafael Chávez Frías se decidió por un modelo copiado del que fracasó hace más de sesenta años, y que en China causó más de veintitrés millones de muertes por hambre, colapsó a la Unión Soviética, tiene a Corea del Norte como vitrina de los horrores, y a Cuba, más humilde en sus desastres, viendo a quién se arrima para sobrevivir otro día. Chávez Frías pudo hacer un gobierno increíble, creando empleos de verdad, levantando casas, preocupándose realmente por la eliminación de la pobreza extrema mediante la movilización social real. Pudo hacer un gobierno que hiciera feliz a los venezolanos, venezolanos felices que le habrían pedido, rogándole con lágrimas en los ojos, que gobernara para siempre, y quién sabe si hasta estaría vivo porque en lugar de tratarse una grave enfermedad en un país atrasado y cercado, habría ido a uno del gran mundo. ¿Por qué lo hizo? Nunca se sabrá, como no sea sospechársele no totalmente en sus cabales.

   Extraviado en esa demencia comenzó a perseguir a todo el mundo, a destruir la producción de todo tipo, a rodearse de inútiles que se veía que eran simplemente delincuentes. Todo el mundo lo sabía, Chávez Frías, por razones de su dolencia mental, prefirió no verlo, ni escucharlo, ni darse por enterado. Al contrario, persiguió a todo el que denunciaba algo. Cometían tales delitos, tamaños desafueros, comenzando por robar lo ajeno llevando a la gente a la muerte, como al señor Franklin Brito, hasta que envilecieron las instituciones para que sirvieran de cómplices en sus crímenes, como ocurre actualmente. Por ahí hay una lista de funcionarios señalados por violaciones de derechos humanos y corrupción, miradas las actuaciones de la Defensoría del Pueblo, la Fiscalía General de la República, la Contraloría General, el Tribunal Supremo de Justicia y la Procuraduría General, los delincuentes no son todos los que están, aunque es de imaginar que terminarán apareciendo para pagar todo el daño que han hecho. Sobre todo ahora que el sol les da en las espaldas y nadie se sepultará con ellos defendiendo lo indefendible.

   El mayor crimen de esta revolución chavista-madurista no es lo que se han robado en sí, cantidades obscenas de dinero, sino el haberle abierto las puertas a cuanto delincuente anduviera por ahí de manera irregular, nacionalizando y cedulando para que salieran a matar venezolanos (y ahora desentendiéndose de ello, como el señor Nicolás Maduro Moros cuando señala de criminal al Colombia, como si a todas esas lacras no las hubiera traído él con su gente), así como los cifras totales de asesinados a manos de la violencia mientras todo el aparataje del seudo estado es para perseguir a los periodistas que denuncian los desafueros, o como los que mueren de hambre y por falta de insumos médicos. Ese es el delito que estos delincuentes deben pagar. ¿Cómo alcanzaron tales niveles de aberración moral y espiritual?

   Imagino que nunca esperaron llegar a esto, que como los nazis o los camisa negras en Italia, creyeron que gobernarían para siempre (por el lenguaje viejo, viciado, de macartismo y la CIA, uno nota que se quedaron en el tiempo, desde los sesenta la Izquierda no ha dado otro paso). Seguro que lo creyeron, por eso desoyeron, ridiculizaron y persiguieron a quienes alertaban que el desabastecimiento y la escasez llegarían, así como la inflación y que el brutal saqueo al Banco Central de Venezuela nos dejaría inoperantes como nación (pillaje hecho millardito a millardito). Se reían de esos vaticinios porque ellos eran mucho que muy inteligentes, se las sabían todas, quienes ponían reparos era porque los mandaba el Imperio para obstaculizarles la marcha victoriosa. Hoy… hay escases, pero no fue por la mala política como se les dijo, no, es porque hay gente acaparando en depósitos tan grandes que contienen, ocultos, lo que antes había en todos los mercados, farmacias y ferreterías de toda Venezuela. Maracas de depósitos. La inflación, que llegó y es la más aterradoramente alta de medio mundo, es culpa de los especuladores de la derecha… aunque dese hace dieciséis años es el Gobierno el único que controla las dos grandes fuentes receptoras de dólares, el Banco Central y PDVSA. La gente no encuentra casas, las escuelas se están cayendo, la luz hay que racionarla porque fuera de que no se construyó nada que no hubiera dejado la antigua república, no se preocuparon por hacerle mantenimiento, al contrario, se usó la primera crisis eléctrica para guisar nuevos casos de corrupción, silenciado por los cómplices en la Procuraduría, la Contraloría, la Fiscalía y el Tribual Supremo de Justicia. El único detenido por la crisis eléctrica fue un ingeniero que tuvo la ocurrencia de declarar en la prensa que el sistema estaba aún más colapsado que dos años antes, y aunque el racionamiento eléctrico le dio la razón, investigado está mientras las viudas de la corrupción hablan paja y pasean exhibiendo lo robado.

   Pero llegamos al llegadero. Ahora la gente anda arrecha haciendo colas, temerosa de no encontrar qué comer, viendo triplicarse los precios de ropas y calzados cada semana, amenazados de que las medicinas también se acabarán y hay que inventar otra boleta de racionamiento, una como la que no funciona para los alimentos. Los padres tienen que hacerles un hueco en las casas a los hijos para que vivan con sus familias. Se dolariza la economía mientras se deprime el salario. La cantidad de secuestros, atracos y muertes se triplican (en los dos años anteriores cayeron a manos de la violencia casi cincuenta mil personas, y las que van de este año), no hay quien se ocupe de la basura, que tape un hueco en las calles, que repare semáforos, que cambien alumbrado. Los autobuses van deteniéndose por falta de respuestas. Todo, todo confluye al mismo tiempo, todos los males muestran sus caras y hay quienes parecen haberse dado cuenta de pronto. El régimen causante de todo, inventa, disimula, transfiere responsabilidades, pero son un Gobierno autocrático de dieciséis años que ha hecho lo que les ha dado la gana aunque eso riñera con el más elemental sentido común, entonces ¿a quién pueden señalar de esto y aquello?

   Y es justo en este momento cuando hasta a una figura tan pragmática como la Bachelet le preocupa la calidad de la democracia en Venezuela, cuando comienzan a salir a flote casos que implican a altos personeros del Gobierno no sólo con cuentas secretas, sino en conexión con el narcotráfico. Cuando a Diosdado Cabello se le señalaba en la prensa española de estar implicados en delitos de drogas, era fácil gritar que era una conjura, pero ya no lo es tanto cuando se comienzan a juntar las declaraciones de cómplices y las cuentas siguen apareciendo, así como la imposibilidad de justificar el oneroso tren de vida. Por esa necedad que les llevó a tantos desafueros, pensaron que los fiscales y los jueces eran en todas partes como en Venezuela, sumisos al poderoso (esto no siempre fue así, aquí se enjuició a un Presidente de la República por corrupto, por ello lo  primero que hizo Hugo Rafael Chávez Frías al sentarse en Miraflores fue destruir la institucionalidad democrática); imaginaban los diosdados del régimen que como ostentaban cierto poder nada les tocaría, por ello, sostienen los que saben, dolarizaron la economía, para legitimar capitales internos. Que eso se caería y terminaría por cuenta propia, no ocurre aunque se crea en ello o se desee con todas las fuerzas, como bien podría decirlo don Pollo Carvajal, quien se fue para Aruba creyéndose por encima del bien y del mal (y antes le había pasado a Augusto Pinochet en España, aunque a Fidel Castro sus terribles crímenes aún no le han llevado ante sus acusadores). Esas cosas no se olvidan, ni torturas o violación de derechos humanos. No los crímenes de drogas. Ahora empiezan a captarlo.

   Aquí, la Fiscalía y los tribunales, controlados y totalmente implicados en los delitos de sus protegidos, enjuician medios de comunicación y periodistas que osan reproducir noticias sobre el poderoso capo parlamentario, y sin embargo eso no evitará que lo que tenga que llegar, llegue. Llegó el final y deberá enfrentar a gente que no le temblará ni le obedecerá órdenes que violan leyes y constituciones. Es el consuelo de los pueblos, que la justicia de la vida termina alcanzando a este tipo infantil de delincuentes, ruines y soberbios, la eterna imagen de que mientras escapan con el botín en las maletas, estas le aplasten con el peso de lo robado. El peso del botín, el tamaño, fue de tal magnitud que encendió las alarmas internacionales. Las respuestas automáticas y torpes sólo irritan más a la gente. Una bancada gobiernera que nada ha hecho para contener la corrupción administrativa, para exigir seguridad ciudadana, que no da respuesta de por qué no hay comida después de que la prometieron persiguiendo gente y cerrando negocios, se solidariza con el poderoso don Diosdado. El país les tiene sin cuidado, lo de ellos es protegerse ellos, porque son los que ahora tienen los culos al aire.

   Y nadie más se solidarizará en esta hora oscura, ningún otro congreso en el continente, no con esos delitos rodando por allí (ni siquiera PODEMOS, en España, se atrevería, no cuando en su prensa hablan de las toneladas de drogas traficadas hacia allá). Que siete personas sindicadas de violadores de derechos humanos por un decreto de Obama exijan un juicio contra un gobernador venezolano (en lugar de buscarle pelito al perro grande que les ladró), sólo produce asco y desprecio hacia los siete indiciados. Y no es seguro que prospere la demanda, no cuando el país tiene problemas reales y no tendrá paciencia para ese circo inútil, como lo fue también recoger no se sabe qué firma que al final no sirvieron para nada. Además, la señora Fiscal, los jueces ordinarios y los magistrados del Tribunal Supremo deben tener cosas más importantes en sus cabezas: cómo responderán en sus propios juicios cuando sean arrastrados a tribunales internacionales por sus delitos.

   Hoy, a la revolución todo se le junta, todos los males que crearon de manera idiota e insensata. Pudieron hacer el mejor gobierno del mundo, dejando que otros trabajaran con total libertad y luego decir que el Gobierno de Venezuela se preocupaba de la felicidad de su pueblo e incentivó esto y aquello (o lo ordenó); es decir, dejar trabajar y producir y luego hacer caravana con ese sombrero ajeno. El chavismo pudo gobernar por mucho tiempo, como los adecos después de todos los avances sociales que impulsaron desde los años cuarenta del siglo pasado (como el voto directo y universal que ahora don Diosdado quiere revertir para escatimar en la voluntad popular, secundado por sus cómplices en la directiva del CNE en tal delito); pero prefirieron destruir a Venezuela para convertirla en un gigantesco campo de concentración donde, metrallas en manos, reinarían sin tener que ocuparse de las cosas que eran su deber. Ahora la realidad les pasa factura. Y es que se puede decir lo que se quiera, bailar sobre un elefante que esté montado sobre un mecate pasando un abismo, pero cuando no hay comida, no hay comida y el hambre está ahí. No se puede esconder o negar, no se disfraza. Tan sólo aprieta, atormenta.  Y arrecha contra los hacedores de miseria. ¿Y quién va a mover un dedo por las viudas de la corrupción como acertadamente les llamó Jesús Torrealba?

Julio César.

LA PRENDA ADECUADA

mayo 21, 2015

EN EL PARQUE DE LAS PERRAS

CULO DE TIO EN HILO ROJO (1)

   Luego fue que le dijeron que perteneció a una “reina”.

   Gimiendo y estremeciéndose por fiebres extrañas, a Roberto le tiembla y le palpita bajo la tira. Cuando le desafiaron a usar aquel hilo en los vestuarios de la fábrica, preguntándole si temía que le gustara, aseguró no tener ni un gramo gay en todo su cuerpo, pero al ponerse esa vaina, que apretaba y tensaba, mirando a los amigos a sus espaldas, que salivaban y se empalmaban, pareció que había perdido todo un kilo de macho, lo que le dejó un hueco… uno que quería ser llenado.

Julio César.

DE TIOS Y CHUPETAS

mayo 21, 2015

…TOMADO DE LA VIDA REAL

MAMANDINI

   Aunque le avergonzaba un poco, a ambos, no podía dejar que comérsela a su cuñado cada vez que tenían desocupado un rato. El hijo de perra tenía un güevo delicioso que le ofrecía y no se detenía en su campaña hasta que se lo lamía de bolas a punta. El muy desgraciado con voz profunda, mientras se la trabajaba con mejillas, garganta y lengua, le decía que continuara tragándosela así, que chupara con ganas que pronto llegaría a un cremoso centro de leche.

JUEGOS DE GLORIA

   Después de que le dijeron que en los sanitarios del centro comercial había un puto que cada tarde ordeñaba todos los güevos que se encontraba, Jacinto, saliendo temprano de la construcción sin esperar a amigos o a su hermano, y antes de irse para su casa con su familia, no pudo resistir la tentación de ir y probar, endureciéndosele cuando iba llegando y oyó a un carajo gimiendo mientras se corría llenando aquella boca que sobresalía del hueco con toda su leche. La metió y esa boca empregostada se la atrapó. Entre jadeos y succiones impresionantes, ese tipo le estaba dando la mamada de güevo de su vida. Cerró los ojos y dejándosele llevar le embistió por ese hueco de verdadera gloria. Claro, ignora que su hermano también salió temprano del trabajo y también se dio una pasada por ahí donde reinaba como el puto de los sanitarios.

LA DURA CHULETA

   Bien, el primo le había sorprendido mamándole el güevo al chico que traía las bolsas del mercado, cobrándole un peaje, burlón, diciéndole que pruebe con hombres de su tamaño. Seguramente piensan que eso debió molestarle, pero cuando lo lengüetea, lo lame y se lo traga, tan sólo puede darle las gracias por dejarle mamárselo. Lo ama… mamar güevos, no a su primo, aclaro.

Julio César.

EL MENEO DE BOATENG

mayo 21, 2015

REGRESA MAD MAX

   Ah, tíos en vestuarios frente a una cámara…

   La verdad es que los españoles aman el futbol. Su futbol. O el de todos, porque hasta yo ando pendientes del Ronaldo, de James y Chicharito. Bien, me reí una barbaridad con la noticia sobre el interés en el guapetón moreno del equipo alemán que juega allá. Al parecer al publico del Barcelona siempre le ha llamado la atención la manera como Kevin Boateng corre… y menea las caderas. Aunque algo de cierto hay, si lo del fulano video en los vestuarios es verdad. Tiene una técnica… interesante. Por ello, dos músicos, Dirty Ortiz y Lucas Ninci, crearon esta pegajosa tonada destinada a un programa deportivo. Y la verdad que les quedó sensacional. La tonadita queda en la cabeza.

EL MENEO DE BOATENG

Julio César.


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