LA APUESTA

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    Pagando sus deudas…   

   Durante el último campeonato de fútbol europeo, Manolo había apostado con Fermín, que el Sevilla aplastaría a todos. Fermín, que ya había apostado y perdido con él porque no cancelaba cuando fallaba, le obligó a firmar un acuerdo, con testigos, por su carro nuevo. ¡El Sevilla perdió! Y ahora debía pagar. Pero Manolo no podía entregar el carro, Martha, su mujer, lo mataría. Por suerte, Fermín se conformó con un pago en especias. Esa tarde, en las duchas, mientras los otros hablaban paja en el taller, Manolo tuvo que someterse a algo que no quería, arrodillado, atragantado y con la garganta taponada de carne. Ponía cara de asco y gemía que no, pero cierta dureza y babeo de su… ánimo, indicaba que la vaina no era así y que no engañaba a Fermín, quien se preguntaba cómo hacer para recibir más especias del otro… o mejor dicho, que este recibiera un buen pedazo más. “¿Qué vaina es esta?”, gritó alguien, y se dieron cuenta que el resto de los obreros habían entrado. Ahora Manolo, quien chillaba que no, pero duro como él sólo estaba, debió cancelar más de lo que pensó, agachado entre todos esos tíos. Fermín andaba medio empujándolo y cayó sobre sus manos. Caramba, esa apuesta le iba a salir cara, pensó el penitente… y bien duro… cosa que no era tan mala.   

   -¡Orden, orden, carajo! Hagan una fila… -le bramó a los otros, mientras Fermín lo metía en honduras.

 MACHOS MEN

Julio César.

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