Archive for 29 diciembre 2007

JAKE GYLLENHAAL, ¿EL MÁS GUAPO…?

diciembre 29, 2007

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   Podría ser talento, claro, pero yo creo que es él…   

   Discutiendo con conocidos y amigos, por algo que leyeron que escribí sobre el sex apel, el carisma (que palabrita tan fea y peligrosa), comenzamos a discutir sobre la veracidad de ciertas afirmaciones. La idea de la belleza, o el atractivo, lo grato, varia tanto como aquello de la inteligencia. Madonna, más que una belleza, tiene una gran figura, pero su talento la hace brillar como una estrella en medio de un mar de menos talentosos. Su personalidad, su música, su canto y baile, hace de ella esa personita menuda pero fascinante.   

   Igual ocurre con los hombres. Hay deportistas que son considerados iconos de belleza, más por su habilidad, vitalidad e incluso su aire de salud y energía, que por rasgos físicos armoniosos, aunque los halla, como el detestable señor David Beckahm. En casos como el señor Brad Pitt, se le reconoce que es apuesto, y mucho, hay que admitirlo, aunque no sea el preferido de nadie. Lo suyo viene dado más por una genética privilegiada. En la cinta ¿CONOCES A JOE BLACK?, se le montó un reflector encima para que marchara sobre él durante toda la película, ese tipo se veía realmente ‘bonito’ en es filme; que fue, supongo, lo que deseaban lograr. Y no actuó ni mal.   

   Hay artistas que transmiten más de lo que es posible ver por encima, y al ser algo subjetivo, algo que cada quien decide, es difícil que otros lo noten a simple vista. Matthew Brodericx me parece un actor genial, alguien amable, buena gente y agradable, porque en sus cintas transmite eso, ternura, vulnerabilidad. Harrinson Ford es la fuerza, el aguante, el que luchará hasta el fin, como el Presidente de una nación amenazada o el padre de familia que toma sobre sí la responsabilidad de defenderla con sus manos. Bruce Willis tiene encanto, ángel, es el tipo duro y peligroso que debe enfrentar al mundo y lo vence, bañado en sangre y sucio, pero irónico e indomable todavía. Y son tipos bien parecidos además (para colmo, agregaría yo).   

   En esa categoría entró, hace tiempo, Jake Gyllenhaal aunque no me quieran creer ahora los conocidos, creyéndome víctima de la fiebre de su última cinta. Desde que lo vi en CIELO DE OCTUBRE (October Sky)  y como en EL CHICO DE LA BURBUJA (Bubble Boy), me pareció un tipo increíble, alguien capaz de transmitir ternura, cariño, pesar; era el chico aparentemente débil que enfrenta con mirada limpia y brillante, y sin embargo retador, un mundo más fuerte, mundo que tiene que doblegarse y ceder ante él. En JARHEAD uno decía, guao, de dónde sacó ese cuerpo, pero el personaje, aunque más fuerte físicamente, mantenía ese rasgo de la personalidad que lo hace atractivo: sufre, enfrenta fuerzas superiores, es un rebelde al que no se le quiere vencer en verdad; uno lo imagina secuestrado ganándose a sus captores quienes llegan a amarlo.   

   Pero fue en BROKEBACK MOUNTAIN donde uno terminó de quererlo, por ese personaje tan cálido y tierno que creó. Era el sujeto que intentaba saltar por encima de sus fuerzas para alcanzar su lugar en el mundo, fracasando, viviendo a medias, atormentado por una vida no realizada. Expresando tantas cosas con silencios y miradas, no tan intenso como Heath Ledger, a ese nivel, pero igual de sobrado. Para mí se convirtió en el mejor, el consentido. Me volví su fan, y como tal me parece que es inteligente, amable, buena gente, buen amigo, desinteresado y maravilloso. Me molestaría descubrir un día que golpea mujeres, o a niños, o sale por ahí en una campaña idiota protegiendo a dictadores de islas caribeñas contra su Gobierno en lugar de ponerse de lado de los prisioneros del dictador que sueñan con su libertad (dicen que es inteligente en verdad, y como aparentemente no gusta de las drogas seguramente no caerá en esos exabruptos). Gente como él tiene demasiadas responsabilidades a ciertos niveles.   

   Pero dejemos la intensidad. No sé si realmente alguien lee estas páginas, pero me interesa saber qué piensan:   

   ¿Será cierto que el atractivo o la belleza de otras personas radican en la mirada de quienes miran y admiran?   

   ¿No es Jake más atractivo que la mayoría?    

   ¿Es realmente un tipo guapo, o sólo un buen sujeto sostenido por su talento?   

   Espero que estemos en contacto. 

EVO MORALES Y EL DESTINO DE BOLIVIA

Julio César.

UN JEFE MUY EXIGENTE

diciembre 29, 2007

NADA CUESTA PREGUNTAR, ¿NO?  

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EL CONTRATISTA QUE NO CUMPLIÓ…

Julio César.

SALUD, AMIGOS…

diciembre 24, 2007

 …ESCRIBIR

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   Con todo lo que significa para cada quien, desde tiempo de reencuentro con su gente, con las amistades y las personas amadas, hasta los que celebran con sinceridad en sus corazones un nuevo cumpleaños del nacimiento de el Salvador, el día de Navidad es como la noche de Año Nuevo, esperanzas, alegrías, risas, nostalgias y penas se mezclan. Cada quien hace el balance de su vida…   

   Espero de corazón que el de cada uno de ustedes, sí están ahí, sea maravilloso, aún aquellos aquejados por penas, enfermedades, pérdidas o problemas. Por una noche olvidemos y celebremos como si fuera el fin del mundo; vamos a entregarnos a la dicha… ya mañana nos ocuparemos de la realidad. Aunque no el día de mañana precisamente, 25 de diciembre, el día del Señor. Mejor lo dejamos para pasado mañana. La vida sigue, amigos, pase lo que pase, continua siempre, aún si partiéramos de pronto…   

   Que cada uno encuentre paz, consuelo y cariño allá a donde vaya, siguiendo la voz de su corazón. Que sea un lugar hermoso, de sueños, de tranquilidad, uno que les pese un poquito después, dejar… Un lugarcito que nos haga pensar, aunque sea por esta noche, que ya no hay nada mejor, que estamos con las personas que hacían falta, que ya todo está bien… 

   F E L I Z       N A V I D A D      20007

 

FELIZ AÑOS NUEVO… FELIZ AÑO 2008

 

Julio César.

HILARY CLINTON!!! IMPOSIBLE…

diciembre 24, 2007

QUE NERVIOS, QUE ANGUSTIA, QUE DESESPERACIÓN…

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    -Es por culpa de ese maldito hombre…   

   Como muchas cosas en esta vida, la expresión “y de repente le cayeron todos los años encima”, tiene algo de razón, pero es sencillamente imposible que esta sea la cara actual de Hillary Clinton, esa mujer de sonrisa fácil pero no amable, de mirada directa, no femenina sino calculadora, inteligente, de porte altivo, llena de clase y elegancia. Esta fotografía anda rodando por la Web y uno imagina, sin creer estar calumniando a nadie, que fue puesta ahí por un enemigo político. Alguien que la detesta (seguramente por culpa del marido). Dentro de un texto encontrado en la pagina de NOTICIAS24, leí a un asesor de imagen estadounidense decir que esta fotografía podía costarle la presidencia a la preparada mujer, ya que el pueblo norteamericano aceptaba la vejez del hombre como algo natural y elegante, pero en la mujer le causaba alarma; que nadie querría ver a Hillary envejeciendo día a día a ojo vista.

   Me alegra decir, que por segunda vez en mi vida, coincidí con el parecer general de los que escribieron su opinión. Primero, que esto debe ser un montaje, porque esta mujer cuida su imagen más que a su matrimonio; que debe tratarse de un truco de computadoras, ya que aunque es verdad que se acerca a los sesenta, solamente son unos añitos más que la señora Cristina de Kirchner, y esta se ve lisita (aunque hay quienes sostienen que la mala fe conserva). Lo segundo es que si los norteamericanos la rechazan por eso, por envejecer, habrán resultado la gente más necia de todo el universo y se arriesgarían a meter la pata, ya que esta mujer hábil y capacitada es la que se supone dirigió tras bambalinas el avance del gobierno Clinton, el cual es recordado como una buena época. Tercero, que si esto ocurriera, que la rechazaran, Hugo Chávez tendría que calarse otro periodo más a un compinche de Bush en la casa blanca.   

   De verdad no creo que sea una imagen real. Debe ser una tremendura de alguien (imaginarán de quiénes), pero si lo fuera, eso no mermaría su inteligencia o facultades mentales; lo que sí es que hablaría muy mal del marido, ese Bill debe ser realmente vil. Qué mala mano, mijito. Aunque hay quienes sostienen, de cuando la pareja visitó Venezuela durante el segundo mandato del viejo Rafael Caldera, que el tipo resulta más atractivo y agradable de trato que ella, lo que salta a la vista (la dama parece algo arrogante); pero con la joyita del marido enredado en mil escándalos, con la presión de una campaña presidencial, con tantos problemas que tendrá que afrontar si llega, a cualquiera se le cae el almanaque encima. Querida señora, un consejo de alguien que no la conoce pero que tampoco le desea mal: sí es usted en verdad, sí así tiene su traje de Eva, antes de salir a las calles mándalo a planchar primero… 

HUGO CHÁVEZ JUEGA AL MAQUIAVELO

Julio César.

MI AMIGO ROMÁN

diciembre 24, 2007

GUERRA DEL GOLFO

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   Hasta la última gota… ¡el muy muerto de hambre!   

   Por alguna razón nunca he hecho buenas migas con los maridos de mis amigas, no sé si es porque las celos sin darme cuenta y me parece que todos ellos son unos idiotas; o porque ellas me tratan con demasiado cariño y me cuentan vainas que tal vez sus maridos no quieren que se sepan. No es el caso de Román. Siempre me extrañó que toleraran a este pana, alto y fornido, bien parecido, guapo pues, con esa ruda virilidad que hace que la gente se vuelva a verlo, mujeres y hombres, ¡dígame los pobres chicos liceístas! Me preguntaba por qué los maridos si lo buscan a él, a quien yo no le presentaría una novia nueva. La explicación la tuve una noche en una fiesta de bautizo, el muy muérgano había sido el padrino del hijo de Mariana. En un cuartito, vi a René, el compadre… cuando le daba la absolución que este tragaba con gusto. ¡Que vaina!, pensé, acordándome de ustedes, amigos, tomando esta fotita no muy buena en calidad. Debieron oír como gruñía y tragaba ese carajote, lengüeteado y chupando; no quería perder ni una gota. Degustaba, ponía los ojos en blanco y esa manzana de Adán subía y bajaba con rapidez. Y René con la boca abierta se veía que gozaba una bola y parte de la otra, meneando la melcocha un poco más todavía, meciendo las caderas. Luego supe que Román le hacía ese trabajito a casi todos los conocidos. En un momento dado se paraba dizque para ir al baño y durante quince minutos no se sabía nada de él y de algún otro, u otros, porque me dicen que la cosa es enea… ¡Pero no a mí! Gracias a la foto logré que también me atendiera. Y creo que le gustó mi sabor, ahora me visita muy asiduamente cuando sabe que estoy solo; pero mirar su lengua cubierta, verlo relamerse y buscando más, es suficiente para querer atenderlo. Pobrecito, le gusta tanto… 

HAY LUGARES QUE…

Julio César.

MUJERES, VIGILEN BIEN…

diciembre 24, 2007

NADA MEJOR…

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   ¿Recién casado que sale en traje de baño a una piscina? ¡Cuidado…!   

   Antonio y Rebeca, recién casados, aún no habían hecho nada de nada porque la joven tomó mucho el día anterior y se la pasó vomitando, ahora estaba enratonada. El hombre la dejó descansar, saliendo en traje de baño a dar unas vueltas, cuando se topó con otro carajo, a quien también vio llegar de recién casado la noche pasada, ¡masturbándose en una silla plegable!  

   -Epa, ¿qué haces? –se intrigó, ante tan enorme, y rojizo, misterio.  

   -Lo siento, pana. A estas horas generalmente no pasa nadie y… -sonríe sólo un poco azorado, agitando sus vergüenzas, sin ninguna vergüenza, ganándose una mirada cautiva de Antonio sobre la cuestión, de la que sabía, por práctica propia, que ese líquido no era sudor.- …mi mujer y yo acabamos de casarnos, y ella quiere hijos ya. Yo no todavía. Se niega a los métodos anticonceptivos y yo voy a intentar llegar seco a la vaina para no regar ninguna semilla. ¿Sabes lo cara y escasa que está la leche en estos momentos?  

   -Es por eso que no debería botarse así. –se le escapó riente como una broma. El otro se echó a reír.  

   -Tiene razón. ¿No quieres acércate y explícame cómo la aprovecharías tú…? Hummm… ya veo, consumirla es mejor. –gruñó cuando el otro bajó.- Vaya, qué ganas, ¿tu mujer anda indispuesta? –ríe, palmoteándole una nalga, intimidad entre machos.- Veo que no hablas con la boca llena, bien por ti. Y ¿esto cómo está, caliente y mojado…? -baja un poco de tela, toca, hala y explora.- Este loco como que también quiere. El ratoncito no ha comido, ¿verdad? Aunque no sé… -duda por un momento. Instante que el otro aprovecha para aclarar.  

   -Los hombres no nos preñamos.  

   -¡Coño, es verdad! Ponte en posición. –ordenó. 

¿NO SE LO PEDIRÍAS?

Julio César.

CRISTINA DE KIRCHNER TROPEZÓ CON LA VALIJA

diciembre 24, 2007

QUE NERVIOS, QUE ANGUSTIA, QUE DESESPERACIÓN…

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   -No sabía, créanme, soy tan inocente como Richard Nixon…   

   Nada bien comienza la señora K, como le dicen los argentinos a su nueva presidente para hacerse los interesantes. De aquel sonado caso del 8 de agosto de este año, sobre una maleta con ochocientos mil dólares que intentaron meter ilegalmente a la Argentina, y que todo el mundo, menos ella y su marido, suponían era para su campaña política, acaba de estallarle en Miami. El señor Antonini Wilson, colaboró con el FBI, reuniéndose con los ‘socios’ llevando micrófonos de pies a cabeza. Comentan que entró diciendo: probando, probando, pero nadie sospechó nada. Uno podría pensar: maldito sapo delator, José Canseco y tú se jodieron; pero a parecer los socios no habían ido para interesarse en su salud o su vida, sino para amenazarlo con que callara de dónde salieron esos reales y para quién eran, o lo pagaría y su familia también. Siendo así se entiende que el tipo, pasado el soponcio, llamara al FBI. En su lugar yo no sólo canto, sino que bailo y hasta hago trucos de magia.   

   Nada más dar su primer informe las autoridades de Miami, la señora K salió a coclear como gallina que quiere poner un huevo pero no puede. Palabra más, palabras menos, pareciendo por un momento poseída por el espíritu del presidente venezolano, Hugo Chávez (quien lo aprendió de Fidel Castro), gritó que eran calumnias y una trampa de la CIA. Creo que no dijo CIA, pero lo dejó flotar como una ventosidad. Según, aunque tampoco lo dijo directamente (ah, qué buena político resultó), no fue un avión argentino donde viajaron los implicados en el valijagate, ni era el enlace argentino con PDVSA (quien renunció para luego ser llamado nuevamente por ella a formar gobierno) quien traía a los alegres viajeros (es increíble el desprecio que sienten estos sujetos por sus gobernados), ni era el señor Kirchner el presidente que no supo explicar qué pasó con el viajero, con la maleta (dicen que era de cuero marrón rojizo, pero se dicen tantas cosas), los dólares o la huida del sujeto. Nada. Ellos son unos recién nacidos libres de culpa y paja. Todo, el avión, los ahora ministro y el ex presidente, no eran ellos, eso no pasó; todo fue producto de una tortilla de huevos y jamón muy cargada que consumió la gente de la prensa. Todo fue un montaje, todos eran agente de la CIA que aprovechaban que ella y su marido dormían para echarles esa lavativa.   

   Las suyas casi parecen una copia de las infelices declaraciones de William Lara, ministro de desinformación venezolano, quien se arrecha con lo que pasa en Miami, pero en todos estos meses no había hecho nada por enterarse, y que el venezolano común supiera, de dónde salieron todos esos reales (cuando el Gobierno persigue gente que gasta más de trescientos dólares, que si pagan de sus bolsillos porque no es que se los regalan para llevar en valijas), por qué estaban en ese avión y a quienes iban dirigidos. Nada investigó el inocente William, nada hizo y como siempre, por ineptos, ahora están atrapados por las declaraciones de los imperfectos e investigaciones en Estados Unidos, acompañado ahora por la señora K en eso. Siempre les pasa, no hacen su trabajo y luego gritan presas de la histeria, soltando gallos y plumas, que es una trampa, una tramoya, un invento de gente maluca. Y doña K parece haber tomado buenas notas de la manera de responder ante cada caso de corrupción que se presente ahora y muy seguramente en el futuro; ya comió ñema, esa no va a meter la lengua en tapara. Lo dicho, parece una mujer muy hábil en el ñemeo.   

   Esa desvergüenza, falta de escrúpulos y hasta de amoralidad de la que hizo gala la señora K, no debería sorprender en gente que admira los regímenes de cortes militaristas y autoritarios donde los gobernantes hacen lo que les da la gana y se pasan las leyes por el… cuello sudado; pero cónchale, hay que tener un límite. Aunque sólo sea para salvar la cara. Esta señora no puede pretender pararse delante de un micrófonos, decir cuatro imbecilidades no muy bien urdidas, que nada explican, ¡porque NADA explican!, y sólo acusar de que quieren perjudicarla porque ella es bella y maravillosa y eso no lo soportan, siguiendo la vieja cartilla de la dictadura cubana a quienes se meten con “la revolución” (léase, la dictadura castrista). Ella no puede decir sólo vaguedades y pretender que todo se resuelve, mientras piensa: ya, con esto tendrán estos argentinos cretinos…   

   Señora K, tampoco así, al menos intente inventar algo mejor… 

HILARY CLINTON!!! IMPOSIBLE… 

Julio César.

SECRETOS DE AMOR

diciembre 21, 2007

JAKE GYLLENHAAL Y EL TAMAÑO…

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   -No se lo digan, panitas…   

   En la red hay tanto amantes de Brokeback Mountain, como de Ennis del Mar y Jack Twist, tantos como de Jake Gyllenhaal y Heath Legdger. Los fanáticos, algo obsesionados como estamos, parecemos confundirlos. Cosa que no parece muy… sana, hablando de forma ligera, ni justa con los actores. Se desea ver demasiadas cosas. Esta fotografía la copié de una de esas páginas. Se ve que fue tomada o manipulada por alguien que los quiere, se ven increíbles, y sus posturas son insinuantes. Casi podría crearse un guión.  

   -No se lo digan porque se envalentona, pero besa realmente muy bien. Sentí mariposas en el estómago cuando su lengua hizo lo que hizo; y me dejó bastante mal… sÍ me entienden.  

   -¿Con quién y de qué coño hablas ahí?  

   -Deja los celos, papá; lo tuyo nadie te lo quita. –se burla un poco el catire.  

   -Sigue con la vaina y te doy otro beso aquí y todos verán como chillas…  

   -Cállate, Jake, te van a oír. ¡Eres un animal!  

   -Lo mismo dijiste anoche. 

JAKE DECLARA Y ALARMA AL PUEBLO…

Julio César.

FAMILIA MODERNA

diciembre 21, 2007

DESCONFÍA DE LA AYUDA EN LA AUTOPISTA

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   Caritas vemos, calzoncillos no sabemos…   

   Antonio Soto era un joven universitario de dieciocho anitos, bien parecido y papiado, de buen cuerpo y rostro atractivo. Tenía un deje de echador de vaina, de pícaro y de don Juan que gustaba mucho. Pero también era medio mañoso, le encantaba usar ciertas prenditas de ropa interior, aún en la universidad, bajo sus ropas ordinarias: hilos dentales, que no tenían nada de malo, sobre todo en un cuerpo como el suyo, blancuzco pero bronceado, esbelto. El problema era que le gustaban los hilos de mujer, rojos, negros y blancos eran su locura. La sensación de la suave tela contra su tolete, entre sus nalgas, lo excitaba. Vivía con una semi erección perenne gracias a ellos.   

   Ese día estaba especialmente caliente, su madre había salido de compras, regresando cargada, y sabía lo que eso significaba: hilos nuevos. Su madre era una pureta joven, bonita, que tenía un novio nuevo, Beto, un tipo que no lo molestaba ni a él, ni a Julián, su hermano dos años menor. Julián sí era un problema, siempre tomando lo que no era suyo, jorungando, siendo grosero, egoísta, caprichoso y exigente. En verdad no se llevaban muy bien. Pero lo importante en ese momento eran los hilos comprados por su madre, y que tanto ella como Beto y Julián, saldrían a cenar. Él se quedaría estudiando, o eso se suponía. Mientras iban saliendo, su madre le pidió que los acompañara, pero él se opuso. Nada más se fueron corrió al dormitorio materno, rebuscándolo todo, hasta encontrar una vainita roja, casi transparente, baja en la pelvis, mínima en las caderas y en la tirita que bajaba por las nalgas.   

   Casi temblando de excitación la miró desde todos lo ángulos, estremeciéndose al tocarla, suave, pequeña. Sentadote, de culo pelado en la cama, mete una pierna, luego la otra, recreándose en subirla lentamente, casi babeándole el güevo al sentir la suave presión contra sus piernas, al ponerse de pie, el tolete queda totalmente afuera, pero la leve presión entre sus nalgas, que le oprime el hueco del culo al subirlo más, casi lo hace jadear. Con ojos brillantes de fiebre se vuelve hacia el espejo, mirándose, joven y guapo, en pantaletica. Se medio vuelve y admira como la telita desaparece entre sus glúteos redondos y turgentes.   

   -Te ves rica, mami… que nalgotas. –oye una voz grosera. Casi con un grito se vuelve.   

   -Julián, ¿qué haces aquí?   

  -Le dije a mamá que también yo iba a estudiar, y anda como agüevoniada, se lo creyó. –alza las cejas como si de un tontería de su madre se tratara.- Vine porque ya imaginaba algo así… Te calientan las pantaletas dentro del culo, ¿verdad? Hace que te pique, ¿no? Y esa se te ve bien, a todo el mundo va a gustarle. –le sonríe agitando su celular, indicándole que tomó fotografías.   

   -Julián, no, yo… -traga saliva horrorizado.   

   -Julián, yo no… -se burla.- Déjate de güevonadas, Antonio, te gustan las pantaletas, te descubrí, ahora atente a las consecuencias. Ponte en cuatro sobre la cama, quiero ver como se te ve el hilo sobre el culo.   

   Antonio intentó negarse, asustado quiso hacerle entender que eso era malo, prohibido, pero Julián le replicaba que se pusiera en cuatro o gritaba para que todos corrieran para el apartamento y lo verían, no lo dejaría vestirse. Temblando, rojo de vergüenza, Antonio cede, luego lo obedece y arquea la espalda, echando el culo hacia atrás y arriba. Puede oír el jadeo de Julián.   

   -¡Coño!, que reputo te queda esa vainita… -y se recreaba en las nalgotas abiertas, semi lampiñas, y en la tirita que bajaba, sensual, sobre la raja interglútea, atrapándole el saco de bolas, pero con el güevote colgando más abajo.   

   Por alguna razón esas palabras excitaron a Antonio. Sí, se sentía rico, bello y sensual cuando usaba esas vainas, y le gusta que el otro lo note; pero era su hermanito, y ese pensamiento lo hizo temblar cuando la mano caliente del muchacho cayó sobre él, recorriéndolo, sobándole las nalgas. Lo tocaba con fuerza, con codicia. Julián tenía la respiración agitada, y el tolete erecto; por Dios, estaba sobando y deseando hacerle de todo a su hermano mayor, pero esa raja con la ritita, lo enloquecía. Mete la cara, olfatea, restriega, besa, lame y mordisquea. La suave y turgente piel queda entre sus dientes.   

   Antonio chilla sobre la cama, arqueando más la espalda, mirándolo aterrado. Su hermanito estaba comiéndole el culo ahora, apartando el hilo dental, lengüeteándole el agujero, metiéndola de forma enloquecedora. La lengua caliente, babosa, lo cogía provocándole dolores de gusto. Cerrando los ojos, avergonzado de mecer el culo, de abrirlo y cerrarlo contra la cara de su hermanito como una zorrita, baja el rostro contra el colchón.   

   -Estás bien caliente, puta. Y me tienes caliente. –le gruñe Julián, sacándose el tolete erecto, rojizo, no tan grueso pero si largo y cabezón.- Te voy a dar lo que quieres… Te voy a preñar, hermanito…   

   -No, Julián, eres mi hermano y eso no… -se aterra, mirándolo, viéndole la barra dura. Se aterra porque desea probar eso, caliente y mojado ya por dentro; saber qué se sentiría. Su culo era un caldo, un hueco que quemaba y picaba que urgía ser calmado.   

   Gritó cuando Julián, tras él, metió con esfuerzo el glande, gimiendo de gusto al sentirlo atrapado y halado por el esfínter. Y se lo clavó todo. Pegó la pelvis de esas nalgas, y gritó agónico de puro gusto cuando su güevo fue atrapado y amasado de una forma increíble. Y Antonio gimió más, arqueando la espalda, sudando a mares, brillante, con el güevo babeándole de gusto ante tanto placer. ¡Su hermano menor lo estaba cogiendo! Lo sintió bombearlo, cogerlo duro, mientras lo llamaba puta, maricón de mierda, y esos insultos, esas nalgadas, ese toma güevo, maricón de mierda, lo tenían loco de lujuria. Con un toma, tómala toda, perra, Antonio sintió como su culo se llenaba de esperma, cayendo sobre la cama, agitado, casi a punto de correrse también aunque no se había tocado ni una vez.   

   -Vaya niños tremendos… -oyen la burlona voz de Beto, el novio de su mamá, sonriente en marco de puerta, asustándolos.- No has terminado, Antonio… -y se saca un güevo enorme, rojizo.- Creo que si quieres correrte de verdad, debes probar a un hombre de verdad…    

   Y esa tranca erecta, gruesa y nervuda atrapa la mirada del joven que se siente morir de deseo. Cuando Beto va hacia ellos, hacia él, abre la boca, dispuesto a probar nuevos manjares. Esa dada por el culo lo había despertado al fin, cuando bebiera de esa, y luego esta lo cabalgara mientras comía la de su hermanito, Antonio terminaría por convertirse, en una sola noche, en un adicto a los güevos… 

LAS TRIBULACIONES DE MANOLITO CHOCRÓN

Julio César.

SE FUERON TRES

diciembre 21, 2007

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   Octubre y noviembre no fueron realmente buenos mes para Venezuela, como no lo han sido todos estos años de angustia y decepción. Tres venezolanos de calidad se han marchado de este valle de lágrimas (y esta parte sí no lleva connotaciones políticas). Tres, demasiados, lo que crea ya una crisis de hombres decentes que supieron llevar a cabo sus tares, unos mejor que otros, pero guiados siempre por la decencia personal, por la clase en la actuación y el buen gusto de las maneras, cosa que contrasta con un presidente que excreta por la boca, ¡en público! Nadie pudo tacharlos ni ensuciarlos, aunque se intentó en el último momento. A su manera cada uno fue llorado, despedido con tristeza y encomendado a Dios por las voces sinceras de personas que no tienen que fingir en su interior lo que no sienten.   

   Se fue primero el cardenal Rosalio Castillo Lara, el 16 de octubre, el cura de clara vocación que amó y defendió a Dios aún de aquellos a quienes apreciaba pero suponían que la idea del Creador es como una colcha que halándola lo suficiente daba para todo, o justificaba cualquier cosa. Era un hombre de aspecto frágil ya en sus últimos años, pero de valor y tesón, que hablaba claro y atravesado, llamando a la injusticia, injusticia, y al despotismo acusándolo de tal, cosa que angustiaba a tantos medrosos que preferían no oírlo. Ningún honor se le rindió, fuera de haber sido llamado un Satanás con sotana poco antes. No hizo falta, su pueblo lo acompañó mientras la revolución disfrutaba del silencio, por fin, de una voz con tanta autoridad que los señalaba como lo que eran, gente inútil y peligrosa. Sobretodo ineptos; qué galería de inútiles, Dios mío.   

   Luego se fue Carlos Delgado Chapellín, el 21 de octubre, el eterno hombre de la maquinaria pública, del que se decía era muy amigo de una buena botella, cosa que nada tiene de malo. De rostro colorado y risa siempre a flor de piel aun cuando hablaba o explicaba lo más espinoso, ocupó los más variados y disímiles cargos públicos. Fue presidente del antiguo Consejo Supremo Electoral en fechas cuándo no había maquinitas, cuadernos electrónicos o capta huellas, sólo tarjetones y urnas, y conteo manual, donde ya al caer la noche se sabía quién había ganado una alcaldía, una gobernación o la presidencia de la república. Claro, eran tiempos bárbaros, no como ahora que con las maquinitas sólo se tardan de siete a ocho horas (qué eficiencia, ¿cómo pudimos vivir cuarenta años sin esas máquinas? ¡Misterio!) para conocerse un resultado, que muchas veces no llega a ser total.    

   De Delgado Chapellín se dijo, quienes no pueden mostrar ningún logro o mejora, aquello de lo que se acusó siempre a la llamada gente de la Cuarta República, que se robaban las elecciones, que actas mataban votos; sin embargo, cuando comenzó la crisis final de los partidos políticos se dijo que los grandes intereses no querían al viejo Rafael Caldera de presidente, pero las urnas dijeron que él ganó y a él se le entregó el mando; contando manualmente, aunque se aseguraba que todo el mundo estaba en su contra y no lo querían de presidente de Venezuela, Hugo Chávez llegó al poder, y se le reconoció. La gente fue a elecciones, votaron por ellos, se contó y ganaron, si embargo todo eso se olvida para ofender e insultar al pasado. La muerte de este digno funcionario público, fuera de sorprender desagradablemente a la gente común, fue sentida por todos aquellos que son capaces de sumar dos más dos y ver que el resultado no es como dicen ahora, que todavía no se sabe. Respuestas revolucionarias por lo insólito.   

   La muerte de Luís Herrera Campíns, el 9 de noviembre, como la de Delgado Chapellín, fue una sorpresa. Se le sabía enfermo, mucho, pero no tanto. Luís Herrera fue un hombre curioso en este país de gente que abusa de cualquier poder de medio pelo; aunque ex presidente de la república, y señalado como responsable del gobierno que más plata botó en corruptela, más endeudó al país y menos hizo en obras (superado sólo ahora), la gente jamás lo señaló a él como ladrón, ni a su familia. Ni siquiera se le tenía rabia como a tantos otros que habían dejado la Silla; no sé cómo será en otros países, pero aquí los presidentes salen corriendo porque la gente quiere matarlos a palos, invariablemente. A Luís Herrera no. Después del festín del poder, de pernotar en Miraflores durante cinco años, este hombre de hablar sencillo, pero tenido por muy inteligente por amigos y adversarios, regresó con su mujer, doña Betty, a la casa que había ocupado toda su vida con ella, donde llegaba la muchachera que tenían por hijos y nietos.   

   Ni lujos, ni fortunas eran exhibidos por esta pareja de venezolanos discretos, de hablar pausado, educado y respetuoso (de su boca, como ocurre ahora con otros presidentes, no salían latas de mier…), guiando todavía con el ejemplo de la conducta individual. Es gente de la que da gusto, y es un placer, ser amiga. Sus artículos, publicados en el diario 2001, los escribía en una vieja máquina de escribir que lo había acompañado también durante muchos años. Siempre se le asoció al buen comer, cosa que causó estragos en su cuerpo; también se hacían mil chistes sobre su afición al chocolate. A su muerte no se manifestó ninguno de los llamados políticos del Alto Gobierno, no hubo duelo ni banderas a medias astas. Sin embargo los militares, los viejos militares, le rindieron los honores que el mundo político le negó. Y confieso que me emocioné cuando escuche que las vías que llevaban al camposanto habían colapsado por la gran cantidad de personas que decidieron acompañarlo hasta su última morada…   

   Hay quienes imaginan un más allá, donde la gente se encuentra y ríe ante la sorpresa de encontrarse todos allí. Personalmente no lo creo, pero de ser así, y conociendo las costumbres de Luís Herrera como se le conocían, y las de Delgado Chapellin, ya deben tener montada una buena mano de dominó mientras esperan que la parrilla esté bien asada… Que descansen en paz estos tres venezolanos ejemplares que no tuvieron sobre sí manchas, ni muertos, ni perseguidos. 

EL SANTO DE ESPALDAS…

Julio César.

DISCUCIÓN EN EL SENADO IMPERIAL

diciembre 21, 2007

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   ¿Cómo legislan esos tipos con una sola cosa en mente?   

   Los dos estudiantes, hijos putativos y predilectos del que se creía el Séneca del país, el amorfo y envilecido Carlos Corré, esperan su momento de brillar en el Senado Imperial, asegurando así para siempre sus destinos en un sistema que cancelaba quince y último sus buenos salarios. Sus rostros son graves, sus boquitas y culos están apretaditos con un aire de estreñimiento, prestos a la batalla contra el resto del estudiantado que se había levantado en protestas por el cierre de un canal televisivo. La joven es la primera en ponerse de pie, algo demacrada, con ojos brillantes de algo que parece fanatismo, pero es simple vagabundería y algo de hambre.   

   -Señores del senado, el más inteligente, imparcial, representativo y plural de los últimos siglos, vengo a denunciar ante ustedes, excelsas excelencias, la manipulación que se hace del estudiantado al que se obliga a seguir una cartillas extranjera dictada por la CIA. ¡Y eso no puede ser! –grita esta parte, alzando un brazo en el viejo saludo nazi, y estalla histérica.- ¡Patria, socialismo o muerte! –y esta frase autóctona de su mente privilegiada, afectada por el hambre que comenzaba a padecer el país desabastecido, arranca aplausos del Senado Imperial, todos condenando las consignas extranjeras; todos deseosos de ser vistos casi en orgasmos de éxtasis para que el abotargado y decadente comandante Takin los viera.- Esos jóvenes son irracionales y peligrosos, y se niegan a debatir en este glorioso escenario las cosas que imaginan están mal. ¡Que necios son! –estalla nuevamente.   

   -Tienes razón, querida. –se pone de pie la delgada y demacrada Siria Rosas, presidenta del Senado Imperial.- Por cierto, es la última vez que recuerdo que la creación del Partido Único no será discutido jamás, y quien vuelva a proponerlo será sacado por la chusma y la plebe, y apaleado en las calles, ¿estamos claros? ¡Nada de debate! –amenaza, y la estudiante sonríe en el nirvana, ¡cuánta democracia, mi Señor! ¿Cómo no lo notaban los demás?   

   -Magníficos y maravillosos senadores, representantes del glorioso Comandante que nos regala el sol y la luna cada día… -comienza el estudiante, con rostro indescifrable, mostrando que no era un demente como la otra, sino un astuto cínico.- Mi noble compañera está en lo cierto. Esos pobres estudiantes no saben lo que dicen, y participan en marchas y caminatas fascistas que amenazan la paz de la república. –grita esta parte.- Eso no puede ser. Yo exijo que se hagan nuevas listas y que todos sus nombres sean incluidos, y que se utilicen todos los recursos y poderes del régimen para perseguirlos, acorralarlos y destruirlos, por fascistas. –grita, golpeando con los puños el podio, en un colmo de democracia.- Zanjas, fosas comunes y hornos para los violentos enemigos de la paz. Que las naciones aliadas, España y Chile a la cabeza, nos ayuden a perseguir a los que escapen; que la Internacional Socialista destruya al resto. ¡Mueran los fascistas! -y con este nuevo llamado a la cordura y al diálogo, el joven sonríe ante el aplauso general, notando como Carlos Corré, se dilataba más, excitado al borde del clímax. Oh, Dios, ojalá no quisiera sobarle después. 

LA ENCERRONA

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… (5)

diciembre 21, 2007

LUCHAS INTERNAS                         … (4)

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   ¿Dónde está lo mío…?

……   

   Eric y Germán caminan lentamente por los terrenos posteriores de la mansión, cerca del área de la piscina. La noche es tibia, pero la brisa refrescaba. Germán, seco, le dice que ha recibido queja de varios socios, no dice quienes pero Eric imagina que de Ricardo y Aníbal.  

   -Papá, cada nueva dirección recibe quejas. La gente se resiste a los cambios, aunque sean para bien. Hay que darle tiempo al tiempo. -se defiende.- Déjame trabajar. -exige.  

   -Lo mismo dice el Presidente… -suena hosco y Eric lo resiente. Era verdad.  

   -Yo no estoy loco. -se defiende. Germán bota aire y sigue caminando; siempre evitaba hablar de política, al menos con él, se dice el joven para sus adentro.  

   -Eric, eres mi hijo y quería que triunfaras en la dirección de la firma, pero no soy sólo yo. Me debo a los socios. Ellos también tienen voz y voto. -se para y lo mira.- Y sí sólo se tratara de los socios menores, podría… pasarlos por alto. Pero se han comunicado con Manuel Caracciolo en Niza, y él no es tan optimista ni tan paciente contigo como yo. No es tu padre y no tiene por qué guardarte consideraciones. -lo deja de una pieza.  

   -¿Llamaron a los Caracciolo? -ya es posible ver la piscina y notar que alguien la cruza a nado, aunque él no le presta atención.  

   -Y Manuel envió una respuesta. Deberás compartir las responsabilidades de La Torre con su enviado… -mira hacia la alberca.  

   -¿Qué? -grazna, mirando las azules aguas.  

   En ellas se encuentra un hombre casi treintón, de cabellos cobrizos y ojos azulados, fríos, burlones y crueles: Franklin Caracciolo, hijo de Manuel, abogado y enemigo jurado de Eric desde hacía años. Un ser atractivo pero malvado.   -Frank y tú trabajarán juntos. -dice Germán, cansado, odiando hacer eso, pero sin fuerzas.  

   -¡Debes estar bromeando! No voy a trabajar con Frank. -casi grita, furioso.  

   -Eric, Eric… me lastimas, flaco. -se burla con su voz recia, el tipo, quien nada hacia ellos y con un impulso poderoso de sus brazos, sale de las azuladas aguas.  

   Es un hombre enorme, muy alto, musculoso y atractivo. Una cadena algo gruesa, de oro, cruza su cuello recio. Y ese cuerpo tan grande, semilampiño, va cubierto únicamente por una tanguita roja, de suave tela mojada que enmarca su tolete que se nota mucho. Germán hace una leve mueca de desagrado ante eso; hombres en tangas, ¡que horror!  

   -No digas idioteces, Frank. -ruge Eric. Es tanto su virulento odio por ese carajo, que ni verlo así, semidesnudo y sensual, lo afecta. Se vuelve hacia Germán.- Tú me dejaste a cargo y…  

   -…Y tú la cagaste. -se burla Frank, halando la parte superior de la tanga, para acomodársela mejor. Por un momento se ven sus dorados pelos púbicos.  

   Germán desvía el rostro, no entiende a esos carajos que intentan ser tan bonitos como una mujer. Una buena hembra en tanga era una cosa, pero, ¿un tipo? Nunca le han gustado los hombres ‘coquetos’. Dentro de La Torre iba deshaciéndose de tipos con colitas, cabellos teñidos, aretes y cosas así. Claro que a Frank no podía echarlo. Él y su padre, Manuel, tenían casi tanto peso como él dentro de la sociedad. Y los tiempos no estaban como para que mono cargara a su hijo, ni siquiera por un ratico. Eric no sabía de la espada de Damocles que pendía sobre ellos. Los Caracciolo podían hacerles mucho daño, porque así eran: crueles, vengativos, tenaces e implacables. Eso los hacía enemigos terribles dentro y fuera de los tribunales.  

   -Basta. Por un tiempo los dos trabajaran juntos. Es mejor que aprendan a llevarse bien desde ahora. -dice dando por terminado el tema y se aleja. Casi escapa a decir verdad. Eric va a seguirlo, pero se detiene volviéndose hacia el otro, que lo mira burlón.  

   -¿Qué está pasando aquí? -le exige saber a Frank. El otro toma una toalla y se frota el cuerpo, con un gesto indolente de quien sabe que está buenote y es quien domina la escena.  

   -¿No es obvio? Nos van a  probar. Van a decidir quien es mejor al frente de La Torre. Espero que no te hallas encariñado mucho con la silla de la presidencia; de todas maneras pienso cambiarla. Nunca pondría mi culo donde sentabas el tuyo. -se burla. Eric lo encara.  

   -No creas que te va a resultar tan fácil sacarme de allí, Franklin…  

   -No creo que sea muy difícil, Eric… -luego sonríe.- Tómalo con calma, no vine a pelear contigo, sólo a corregir tus errores. Mira, hasta te traje un regalito de Niza. -señala sobre una mesita una caja alargada, como donde se llevaría una botella de licor, pero algo más ancha.- Disfrútalo… -se burla, mirándolo cruel y se aleja.  

   Eric lo mira con un profundo odio, pero ahora nota el porte felino del gran carajo ese. Esa tanguita era muy chica para un cuerpo tan grande y poderoso. La tela quedaba algo atrapada entre las nalgas, que se bamboleaban desafiantes, como queriendo ver qué mano se atrevería a meterse entre ellas, para sacar la roja y húmeda tela, y tenderla sobre los glúteos.  

   Dios, cómo odiaba a esa rata, se dice Eric, mal. Bota aire y mira hacia la noche. Por allí estaba el cuartico de Pedro, cerca de los estacionamientos, se dice. Pero no, no puede ir. Tiene que volver y encarar a Irene y a su madre con la idea de la boda; a Germán y su decepción por la forma en que dirigía la firma; y a Frank, cruel y terrible. Frank venía a echarlo, en eso no podía engañarse. En forma maquinal, toma el regalo y va hacia la casona, preguntándose qué coño le trajo el gorila ese, de Niza.

………………..

   La noche avanza de prisa, y en su elegante penthouse, Frank Caracciolo, atractivo en su traje, descorcha una botella de champaña. Está contento. Muy contento. Está en su elemento, a punto de emprender una gran batalla. Usará todos sus recursos en ella, aplastará, engañará y destruirá al que sea para ganar. Así es él. Es lo que más le gusta. Sentir que venció a todos. Quiere algo y va tras eso, sin desviarse, sin distraerse, sin sentir penas o remordimientos, sin escrúpulos. Y hace mucho que quiere el control de La Torre, un lugar de donde casi fue echado hacía años por debilidad de su padre e intrigas de Norma Cabrera de Roche, la vieja loba.  

   Tiempo atrás hubo una disputa legal entre los Roche y los Caracciolo, quedándose los Roche con una carga accionaria mayor. Por ello el viejo Germán impuso a Eric en la presidencia de la firma, pero ahora sabían que Eric era un imbécil y tenían que recurrir a él. Él demostraría de lo que era capaz, sería el jefe de todo y los dejaría con la boca abierta… antes de terminar con todo. Toma una copa de champaña y la saborea. Tras él se encuentra una muy hermosa catira, que lo mira algo dolida por su falta de caballerosidad.  

   -¿No vas a servirme una copa, amor? -su voz suena melosa y suave, a propósito.  

   -No es guarapita, cariño. No la apreciarías. -la mira burlón, cruel. Le gusta ver como ella resentía eso, pero componía una sonrisa rápida como para que él no lo notara. La muy tonta intentaba hacérsele agradable a costa de lo que fuera.  

   -No digas eso. -suena mimosa, colgándosele de un brazo.- Frank, a veces eres tan odioso que…  

   -¿Me vas a dejar? -finge sorpresa, abriendo mucho los ojos. Ella se alarma.  

   -Claro que no, amor. -le sonríe cariñosa.  

   Frank sabe que es un hombre atractivo, sensual, y su aire canallesco lo hacía irresistible para las mujeres, así había sido desde los trece años. Pero no es tonto, sabe que su posición y dinero también atraía a un enjambre de fulanitas que se ilusionaban con él. Sonríe cruel, sabe que todas soñaban con ser la señora de Frank Caracciolo. A él lo divertían en ese empeño… un rato. Después vendría otra y otra. Toma su copa, mirándola.  

   -Naty, no entiendo como pagándote tanto para que medio muevas el culo en la cama, compras esos pachulíes. Hueles a puta barata. Y sí algo hay que reconocerte… es que no eres barata. -es cruel. Sirviéndose más champaña, sonríe. Está contento. Mucho. Era hora de celebrar.  

   -¡Frank! -la alarma. Ella sabía de su grosería y patanería, pero hoy estaba peor que nunca.  

   Pero lo aguantaba, llevaba ya dos semanas con él, juntos estuvieron en Suiza y él parecía encariñado. Tal vez… ella lograra que él cambiara, que fuera atento. Que se enamorara. Las mujeres siempre creían que el poder del amor podía cambiarlo todo, incluso a ese Monstruo de la Laguna Negra que era Frank precisamente. Las mujeres y sus tonterías sobre el amor…  

   -Déjate de maricadas, anda… -es rudo, mientras se abre el cierre del pantalón.- …estoy caliente… Si quieres tomar algo, comienza por esto… -es vulgar a propósito. Eso lo complace. Ver el escándalo, la humillación, el resentimiento de otra gente contra él, pero que no hacían nada para enfrentarlo, por temor. O no querían, por codicia.  

   Profundamente humillada, la mujer duda, pero cede. Quiere seguir junto a él, hasta que se enamore. Frank burlón, casi parece adivinar sus pensamientos. Que la muy tonta siga creyendo en pajaritos preñados. Cierra los ojos y bota aire al sentir las manitas de ella manipulándole el tolete erecto y nervudo, sacándolo del pantalón. Siente la cálida boca de la joven. Es tan rico… Pero sus pensamientos son igual de maravillosos. Hará lo que le de la gana con La Torre. Será el jefe. Germán lo perdería todo, al igual que la vieja loba de Norma. Eric sería echado como un inútil. Y luego… vendría el turno de su padre. También Manuel Caracciolo recibiría lo suyo. Abre los ojos, vidriosos ante el placer que siente, por esa boca que lo mama, preguntándose sí ya Eric habría abierto su regalo. Seguro que lo encontraría interesante. Ríe en forma amenazante… y alarmantemente maligno, piensa Naty arrodillada, y ocupada como estaba.  

….. 

     En su apartamento, casi totalmente a oscuras como no sea la recamara principal, la cual está bañada por la iluminación del televisor, Eric, recién duchado y envuelto en una toalla, sale del baño. Mira a Irene que duerme apaciblemente. Al joven siempre le había intrigado el que ella pudiera dormir tan apaciblemente después del sexo. Él se sentía lleno de energías, pero también… incómodo. Una buena ducha siempre lo ponía de ánimos para descansar. La mira y sonríe. Sí, Irene será una buena esposa. Es una mujer que ha demostrado que lo quiere; que lo ha visto en sus días malos, cuando era una mierda de gente, y también en los buenos… y cuando está depre y sólo quiere morir, sin ninguna razón aparente.  

   Siempre atenta, amistosa, cariñosa, porque lo amaba en verdad. Claro, ella no sabe, o al menos él espera que no sepa, lo otro… Y eso era parte de la carga que a veces lo agobiaba. Irene era increíble, y merecía cosas increíbles, buenas, maravillosas. Necesitaba un amor como esos de los que ella solía hablar, y el joven temía que sintiera por él, donde el tiempo de no verse era tiempo perdido, donde sólo contaban los momentos para encontrarse, hablar, besarse y tocarse. Irene parecía fría y distante, era una mujer sensata e inteligente, pero también era apasionada. Y quería un gran amor para ella, y creía vivirlo con él. Pero cuando dormía, levemente sonreída, ignoraba la carga de pesadumbre y de insatisfacción que embargaba al otro. Porque a Eric le parecía que la vida, su vida, era una gigantesca estafa. Que defraudaba a Irene, pero sobretodo, a él mismo. Y ese convencimiento, lo torturaba. ¿Podía la gente vivir para siempre con dudas y temores, sintiendo por lo bajo que había algo más, algo que tal vez pudo producirte una carga eterna de clímax, de excitación, de calor, de placer, de felicidad y no se buscó por miedo, dejación, pereza…?  

   El hombre se sienta en la cama con cuidado y mira la televisión. Le gusta oír las últimas noticias del día, aunque fuera poco aconsejable para dormir, como cuando en el futuro viera la noticia, y las imágenes, sobre al general Arcadio Bittar, el mentepollo de Valencia, agrediendo a bastonazos a un grupo de peligrosísimos manifestantes, armados hasta los dientes con pitos y banderas. Lo que le faltó al uniformado fue ordenar que los destruyeran con lanza torpedos. Esa noche se le haría difícil conciliar el sueño; pero el joven era de los que pensaba que siempre era mejor estar preparado para lo que al otro día vendría. Pensar en el día siguiente le provocó acidez. Frank iría mañana a La Torre, y llegaría como los Hunos entrando a Europa, dejando el reguero.  

   En eso su mirada cae sobre el paquete que le regaló el otro. Lo había olvidado, cosa que no es rara. Es tan extraño que ese perro regale algo, y menos a él. Entre ellos no existían rivalidades de casi hermanos, celos de amigos, discusiones de muchachos que crecieron juntos. Nada de eso. Él odiaba a Frank, y Frank a él. Ese era el equilibrio del mundo y así tenía que ser. Cuando los Caracciolo decidieron irse a Europa, dio una fiesta, porque fue feliz. Ahora la rata de alcantarilla esa había regresado, y con una meta muy clara, sacarlo de la presidencia de la firma. Y para ello contaría con Ricardo Gotta y tal vez hasta con Aníbal López. Con esa gente no iba a poder. No con todos a la vez. Endurece el rostro, pero no les iba a ser fácil librarse de él.  

   Decidiéndose al fin a ver qué es o no podría dormir esa noche, Eric va hacia la mesita y toma la caja. No es muy pesada… aunque pesa como una botella. ¿Sería un vino envenenado? Sonríe burlón, sentándose nuevamente en la cama. Pega la oreja a la caja y se siente ridículo, no pesa tanto como para ser una bomba. Pero un sobre bomba era liviano, se dice con ironía. Finalmente lo abre y lo primero que encuentra es un trapito como de seda negra que toma, sintiéndolo liviano y suave al tacto. Su sorpresa no tiene límites…  

   El trapito resulta ser una suave tanga tipo hilo dental, erótica, sensual. El sólo tacto produce un estremecimiento al joven. La extiende ante sí, mira y mide la poca tela. Imagina lo poco que cubriría en alguien como, y se odia por pensarlo, Frank. O en él. Eso le produce una poderosa ola de calor y su boca se seca un poco. Mira la pequeña tira que conforma la parte posterior de la prenda. La imagina perdida, enterrada entre unas firmes nalgas de macho. Unas nalgas sin líneas de bronceado, lampiñas y poderosas. El güevo le abulta poderoso dentro del suave short tipo bermudas que se puso hace poco. Se imagina metiéndose dentro de la prenda. Imagina la presión suave y acariciante que sentiría entre las nalgas al meter la tira. Imagina la poca tela cubriendo únicamente el tolete dado lo escaso de la prenda. El güevo le abultaría halando la tanga hacia abajo. Sus pelos púbicos negros y rizados se verían. Al caminar el bojote se mecería.  

   Alguien como Frank, grandote, dentro de ella, causaría sensación en una fiesta de modelos masculinos o en la escogencia de candidatos para un concurso como el de los misters. Por un momento puede verlo, húmedo, saliendo de la piscina, con esa basurita chica y erótica, pidiéndole a él, Eric, que lo seque con la toalla. Maldito hijo de perra, hasta en las fantasías eróticas, mandaba. Pero le gustaría…  

   En la caja hay algo más. Lo saca y abre mucho los ojos. Se trata de una revista cara, de hojas recubiertas con finas láminas de plástico. Hecha para durar y cuidar. Es una revista porno, pero ¡que clase de porno! En la portada hay un hermoso joven catire, vistiendo la gorra y el saco de un marinerito, sin nada más. El joven tiene el bello rostro sudado y elevado en un gesto de que goza lo indecible. Tras él, totalmente desnudo se encuentra un carajo joven, negro y con un güevo enorme, del que se ve una parte, que coge al catire. Los detalles, lo sudores, los gestos, todo es una obra maestra del porno gay. Eric tiene la boca muy seca. El güevo le palpita. Siente estremecimientos que lo recorren como gritándole que lo sobe ya. Con manos temblorosas abre la revista por otras páginas. En una de ellas hay un tipo sentado, con un joven montado sobre él, enculándose. Están casi cara con cara. Y tras el que es cogido hay un tercer carajo, también metiéndole el güevo. El joven que tiene los dos güevos clavados al mismo tiempo, tiene los ojos cerrados y una expresión de que le duele y lo goza como loco. También los otros dos se ven fascinados, en la gloria, al tener al chico que es capaz de soportar dos enormes falos clavados a un tiempo en sus entrañas, aceptando gozoso sus manducos.  

   Eric jadea, algo escandaloso. Mira mareado y excitado hacia Irene. La mujer duerme apacible. Eric se aferra el güevo con una mano y siente como tiembla. Si lo aprieta un poco más se correrá. Pero tiene que apretarlo al mismo tiempo, para no correrse. Así de caliente está. Sabe que aún queda algo más en la caja, ¡y vaya caja! Mete la mano y saca un trapo largo como una media. La tela es suave y roja brillante. Toca algo que hay dentro y gime. Casi sabe lo que es sin necesidad de verlo. Lo saca y casi grita. Es un enrome güevo de goma, color carne, grueso, largo, nervudo, un poco curvo, cabezón. Eric lo mira horrorizado. El maldito de Frank se lo enviaba para burlarse, para decirle que… sabía que era un sucio maricón. Quién sabe qué estaba tramando. Ya le parecía raro que semejante sapo le regalara nada. Negros pensamientos, donde Frank le gritaba frente a todos, incluyendo a Norma, Germán e Irene que no era más que un maricón, llenan su cabeza por un momento.  

   Y claro que usaría lo que sabía. Es la clase de cosas que al muy coño’e madre le salían bien. Mira el falo y siente cosquillas en las bolas. Lo toca. Lo palpa. Tiene una extraña consistencia dura, como su propio güevo. La brillante cabeza, con todas sus imperfecciones anatómicas tipo nervaduras y cosas así, se veía excitante. Lentamente lo acerca a su rostro. Abre la boca y frota la cabeza contra sus labios. Lo siente gomoso, consistente y estimulante. Siente como el culo se le estremece y el güevo sufre un violento espasmo. Lo frota. La lengua sale y lo lame. Cierra los ojos, imprudentemente con eso en las manos, mientras a su lado su novia duerme. La boca se abre más y lentamente rodeando la cabeza del dildo, lo besa. Lo chupa. Lame suavemente con la lengua. Así debía hacerse. Así había visto que se hacía en esas películas que lo hacían gemir, masturbarse y casi gritar, deseando estar él en esas escenas.  

   La boca cubre la cabeza. Es difícil pues el falo de goma es grueso. Una vez oyó a alguien decir que lo mejor para los que les gusta mamar güevos, es comenzar jóvenes, para acostumbrarse al grosor. Casi ríe; es una risa avergonzada, histérica. Excitada. Su boca baja un poco más, siente nauseas por la presión del tolete. Imagina que está frente a chico del taller. Que está sudado, oloroso después de todo un día de trabajo. Y en tanga. Una tanga con una leve mancha de sudor y tal vez de orine. Y de jugos de macho. Se imagina a sí mismo, caliente y excitado, con el hilo dental negro como única vestimenta  cayendo frente a él, lamiéndole la silueta del güevo bajo la tanga. Lo vería crecer, emerger en toda su grandeza de la telita. Se lo imagina como ese dildo. Cabezón. Se imagina besándolo, metiéndoselo en la boca y chupando esa roja tranca. Lo sentiría caliente, agrio y salino.  

   Mientras piensa en el joven, y su boca sube y baja sobre el dildo, una oleada de saliva escapa de ella, bajando por el falo de goma. Está excitado. Muy excitado. Siente como el güevo le babea. Puede sentir la humedad contra su muslo derecho. Imagina al muchacho jadeando, atrapándole la nuca con una mano joven y fuerte, gritándole que lo mamara bien, que moviera su boca de mamagüevo y que luego lo cogería hasta hacerlo gritar y llorar de gusto.  

   Irene jadea en la cama y dice algo. Aterrado, Eric se saca el juguete de la boca y casi grita. Se siente culpable e idiota. La mujer sigue durmiendo pero él no puede continuar. Temblando de miedo y excitación por igual, deja el dildo y cae de espaldas en la cama. El güevo le abulta terriblemente poderoso. ¡Tiene que ocultar todas esas cosas! Sería horrible que Irene las encontrara. Podría decirle que fue una idiotez de Frank, pero eso sólo traería más preguntas. No. No podía mostrárselo. Ni dejar que supiera que estaban allí. Lo escondería y mañana tendría que enfrentar la sucia mirada de Frank. ¿Tendría sólo sospechas o sabría algo de cierto? Bien, no lo dejaría saber cuánto lo había afectado. Se toca el güevo y éste casi tiembla. Tendrá que volver al baño y desahogarse. Se sienta y mira la revistica porno. Era una joyita, aunque viniera del perro ese. La página abierta muestra al marinerito catire, con la casaca, con expresión de quien grita, mientras esta sentado sobre la cadera del negro, que lo encula. 

…..  

    En la casona familiar, Norma tampoco puede dormir. Tiene demasiadas cosas en qué pensar. Ella no acepta tan fácilmente, como Germán, el que vengan a sacar a Eric de la presidencia de la firma, porque eso era en suma lo que querían hacer. Ella no luchó toda una vida al lado de Germán, incluso contra presidentes de la República, mafiosos y delincuentes de variada ralea a lo largo de los años, incluyendo al viejo sátrapa de Manuel Caracciolo, para que ahora vinieran a quitarle todo. Desde el corredor mira hacia los jardines; los problemas ahora eran mayores. No las cosas cotidianas. Sí Eric supiera lo que pasó y lo que ella tuvo que hacer meses atrás… Pero en lo que a ella respecta, nunca sabría nada de esa oscura y horrible etapa de su vida. El joven no sabría en todo lo que ella y Germán se vieron mezclados. Cierra los ojos, y como hacen y han hecho cientos de miles de millones de pecadores a lo largo de la historia de la humanidad, piensa: sí tan sólo tuviera otra oportunidad de hacer las cosas de nuevo. Abre los ojos con decisión. No puede dejarse vencer. Lo hecho, hecho estaba. Era imposible recoger la leche derramada. Tampoco la sangre de gente  inocente…  

   Ese pensamiento le provoca un muy desagradable estremecimiento. Debe concentrarse en el ahora, en lo inmediato. Y algo qué tiene que resolver y ya, era el matrimonio de Eric. Eso le llena de negras dudas y temores. Es su madre, ella… sabía cosas, pero no quería verlas. Lo mejor era que se casara, que contara con una mujer fuerte, dura y decidida como Irene. No le gustaba para nada esa mujer, y en otras circunstancias, de ser Eric… distinto, habría luchado por una nuera mejor. Pero por ahora, en estos momentos, Irene estaba bien. Era lo que él necesitaba. Un ancla. Estabilidad y respetabilidad, se dice convencida. Con el tiempo vendría la paz de la rutina, el amor del compañerismo y los hijos, y cualquier otra duda, anhelo o deseo, sería acallado y asfixiado hasta morir. Ella quería nietos, y no después de muerta. Ahora. Ese matrimonio debía darse antes de que este año tan infausto terminara, se dice, tomando de la copa de vino que tiene aferrada.  

   Lo otro era Frank Caracciolo. Un frío odio le sube del vientre. No podía perdonar la traición de los Caracciolo; y sin embargo, dudaba. No quería lastimar a Frank, por lo menos no de una forma contundente. Y mucho menos a una persona inocente; pero Frank debía ser controlado. No podía dejar que le hiciera daño a Eric o que lo sacara de La Torre. Ella lo conoció de niño. Era caprichoso, voluntarioso y malcriado, pero hermoso, y no quería herirlo; pero Eric, su hijo, estaba primero. Por eso haría lo que tenía que hacer, por disparatado y cruel que pudiera resultar. Al final, muy al final, Frank sufriría horriblemente, eso era algo seguro, pero no podía evitarlo. Y no sabía sí quería evitarlo siquiera. 

CONTINÚA … (6)

Julio César.

DE AQUÍ NO ME MUEVO…

diciembre 18, 2007

 …BROKEBACK MOUNTAIN

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   Lástima que nunca sabemos cuándo la dicha es completa y total…   

   -Ennis, creo que llueve…  

   -¿Y…? –casi ronroneó, sintiéndose divinamente bien, calentito, adormilado ante el rítmico palpitar del corazón del otro.  

   -Asómate. Creo que tu yegua…  

   -No seas tonto. Afuera está oscuro, hace frío y ahora llueve… Yo de aquí no me muevo por nada del mundo. Hummm… Sí, abrázame así…  

   -Eres un cretino… -sonrió el otro, acunándolo; tampoco él quería que la magia cesara, y moverse acabaría con ese instante infinito de felicidad.

RIVERTON, ENNIS DEL MAR ESTÁ AHÍ…

Julio César.

LA GUERRA DEL GOLFO

diciembre 18, 2007

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   Cuando se hace lo que se quiere, la cara es un poema…   

   Como ya he dicho, los nuevos celulares con sus cámaras son una maravilla. De mi último viaje a Nueva York, para discutir con un pana sobre unos libros que iba a enviarme pero que no llegaron, traigo esta muestra. Lo sorprendí al entrar a su oficina recibiendo una cálida y babeante atención sobre su virilidad. El tipo, cuya boca iba y venía con gusto, fuera de sorber con más fuerza, ni me vio.  

   -Roberto, ¿qué haces? –gemí, asombrado, con la mirada clavada en ese carajo que gruñía ahogado en la séptima gloria.  

   -Ayudo a este pana, JC. Matt estuvo en la guerra del Golfo y como que pasó mucha hambre. No puede estar sin una buena pieza de carne en la boca y sin una abundante ración de leche para tragar. ¡Le encanta! Ahhh… sí, bebé. Trágala toda, como tanto te gusta…  

   -Coño’e madre. –le gruñí, tomándole una foto para ustedes, mis amigos.- Con razón no terminan de llegar mis paquetes a Caracas.  

   -Déjate de vainas y sácate el paquete, que eso es lo que le encanta a Matt.  

   -Hummm… bueno… 

MI AMIGO ROMÁN

Julio César.

OTRA VEZ… ¡¡¡ NIÑOS!!!

diciembre 18, 2007

NADA CUESTA PREGUNTAR, ¿NO?

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UN JEFE MUY EXIGENTE

Julio César.