ESA PISCINA…

EL REGALO

   -Ufff… -si soplo le tiembla el ojito…

 

   -Toma, toma, puta cabrona… -graznó Sebastián mientras azotaba esas nalgotas firmes, haciendo gemir de gusto al catire, ahogadamente porque su boca estaba muy ocupada con el grueso y tieso güevo de Ricardito.

 

   -Mira como mama… -jadeaba uno de los asistentes, congelado en el agua a pesar del increíble calor, mirando la boca roja subiendo, dejándolo ver brillante de saliva, y bajando sobre el rojizo tolete que era amasado por esas mejillas.

 

   -Dale, Sebastián. Dale nalgadas, enséñale a esa perra que eres un hombre… -invitaba uno, riendo, excitadísimo

 

   -Métele un dedo… ábrele ese culito con tus dedos. Cógelo con tres…

 

  Sebastián estaba como hipnotizados, esas nalgas calientes lo tenían mareado, y abriéndolas, miraba el rojizo botón, chico, cerrado… invitador. Su pulgar va hacia él, apoyando la yema, quemándose. Y el catire gimió cerrando los ojos saboreando el güevo que le llegaba a la garganta, tenía tanto tiempo deseado eso, saborear la  porra de un buen macho caliente, y aquella era inmensa. Le costaba tragarla, pero lo hacía, sus labios delgados bajaban y subían mientras lamía, mamaba y halaba. Si, lo que las mujeres temieron desde que los maridos comenzaron a festejar los sábados en la tarde después de sus juegos de fútbol y béisbol, tomando caña, había pasado: relajo. Ninguna deseba mirar para allá, lo que era mejor.

 

   El dedo de Sebastián frota ese culito, empuja sin meterse, lo mueve circularmente, masajeando la entrada, y el catire parecía enloquecer, subiendo y bajando sus nalgas. Incapaz de soportar más, Sebastián bajó el rostro y sopló un poco, viéndolo titilar, deseoso. Y su lengua caliente cayó sobre él, electrizando a todos que se quedaron con la boca abierta. Eso era más sorprendente que ver a Ricardito, sentado en la orilla de la piscina con su calzoncillo tanguita jugar con la cara del catire, halándolo hacia su barra gruesa hasta que esta emergió y con un jadeo de gusto increíble, de quien mucho lo quería, la bonita cara del catire se enterró allí, mamando. Pero esto… ver esa lengua azotar el ojete, lamerlo, chuparlo, ver como Sebastián iba excitándose más y más, atrapándole las nalgas, enterrando el rostro entre ellas, soltando su aliento en la raja, mamando sin reparos, deseando meterle esa lengua bien hondo, los enloqueció a todos.

 

   Mientras el catire saboreaba el cálido y tembloroso güevo que se deslizaba sobre su lengua ávida y golosa que recogía con gemidos ahogados de gusto las gotas acres que deja caer, la lengua de Sebastián bucea dentro de él, excitado como nunca, sintiendo al otro temblar, agitarse, contraer el esfínter y… aguarse todo. Ese culo se abría y cerraba, y su güevo le ardía también. Con un jadeo abandona el rico orificio y se endereza, y la gente queda shock. Su glande, liso y amoratado, se enfila hacia el ojete, se frota, y todos gritan. El catire quiere decir algo verlo, tal vez negarse, pero la manota de Ricardito le atrapa la nuca y lo obliga a seguir tomando de su bebieron que pronto lo dejaría ahíto de leche caliente y espesa. El glande se frota, empuja, hay resistencia, pero un empellón leve lo hunde. Y los tres gritan, como conectados (y lo estaban), y sus mentes quedan en blanco, no piensan. Solo sienten. Y lo que siente es bien rico…

 

SENTIMIENTOS

 

Julio César.

2 comentarios to “ESA PISCINA…”

  1. deysi Says:

    uy q rico soy mujer y me gustaria q me lo metieran 3 a la vez oo q rico

  2. jcqt1213 Says:

    Ja ja ja… ay, Deysi, esos tipos lo que pueden pasarte es un violín (mal olor en la axila). Saludos.
    JC

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