A EJERCITAR ESOS MÚSCULOS…

LA APUESTA

   Les encantaba cuando usaba la barra fija…

 

   -¿Lo sientes, Ramírez, sientes como te llena de gusto y sabor… el ejercicio? –gruñe riente y ruin, en entrenador.- ¿Estas bien caliente? Únicamente con el cuerpo caliente se debe practicar…

 

   -Si, si, lo siento, entrenador… lo siento bien caliente… -gemía putonamente aquel carajo que había ido a vigilar a la mujer que hablaba demasiado del entrenador de aquel gimnasio.

 

   El tipo había resultado realmente atractivo con su tamañote, pinta y sensualidad, pero él dejó de preocuparse por su mujer cuando aquel carajo lo arrojó sobre la colchoneta, de espaldas, alzándole una pierna a alturas imposibles, tendiéndose sobre él entre sus muslos. Allí sintió que a ese carajo no le gustaba su mujer, ni iba a hacerle nada… por muy grandote, duro y caliente que fuera. O tal vez lo supo por eso. Como fuera, ejercitarse así había resultado muy grato, se dice de espaldas, sin pantaloncillos, todo el cuerpo rojo y tenso, bañado en sudor, mientras el entrenador le daba una y otra vez… sus indicaciones, preguntándose qué vendría después si apenas el otro lo había metido en la calistenia.

 

LA ASEVERACIÓN MISTERIOSA 

 

Julio César. 

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