ESPERANDO UNA NOCHE CUALQUIERA… (2)

 …MAR DEL NORTE… POESÍA                 …UNA NOCHE CUALQUIERA

   ¿Quién no sentiría celos?

 

   La última vez echaba un cuento cualquiera donde Jack espera una noche en una cantina a Ennis, para verse, para ir a donde generalmente acudían para matar las ganas que siempre sentían el uno por el otro. Mientras esperaba, Jack reparó en un joven que lo miraba mucho. Recordemos todos que el vaquero de rodeos es un tipo increíblemente apuesto, y a su llegada, Ennis lo encontró como muy amistoso con el muchacho. Eso lo llenó de rabia y discutieron. Ennis dijo cosas terribles, y Jack le replicó con ese genio siempre tan vivo como tiene.

 

   Amigos que leyeron el cuento, me dijeron que era tonto ponerlos a pelear así, pero debemos recordar que esos dos estuvieron viéndose, a escondidas pero viéndose al fin y al cabo, durante veinte años, entre ellos debió pasar de todo. Además, me agradan las historias donde Ennis cela y sufre por Jack. Su cuenta con él no estará cubierta jamás, al menos en mi opinión. Debemos recordar también que después de una buena pelea… Ahora me disculpo por si alguien leyó la otra parte, por cuestiones ajenas no lo había terminado y tardé en continuarlo. Lo siento.

……….

Te necesito…

 

   -No puedes salirme con eso, decirme que tienes otro compromiso. Habíamos planeado este encuentro hace días. ¡Tú lo sabías! No puedes irte así. Te he estado esperando desde hace semanas. –le reclama Jack, en la oscura y estrecha calleja.

 

   -Y eso ¿qué? Vuelve a tu mesa y sigue con lo que hacías. –acusa con voz acerada, oprimiendo los labios, lleno de rabia.- Eres un maldito puto, Jack Twist. ¿Tanto necesitas eso que te expones por un mesero en una cantina cualquiera? –reprocha con rabia y dureza.- Eres un tipo desvergonzado y un día de estos nos meterás en problemas a los dos. Y no voy a dejar que me hagas caer contigo en tus cochinadas.

 

   -¿Qué? –exclama Jack, con boca y ojos muy abiertos.- ¡Cállate, maldito bastardo! –le grita, señalándolo con un dedo.- Toda mi maldita vida contigo me la he pasado protegiéndote, y cuidando a todos, porque no me quedó otro remedio. ¿Cuándo te he hecho una escena o he provocado un escándalo? Siempre he estado ahí para ti, porque quise, sin pedirte nada. Siempre he sido tu amigo bajo tus términos, el amigo a quien quieres ver unas pocas veces al año, manosear un rato y luego alejar como a un sarnoso, pero yo lo acepté así. Por ti cruzo todo este territorio, por ti dejo los riñones en la carretera, por ti dejo a mi familia y mi casa mientras tú sólo esperas que yo llegue y te des… el gusto y luego me miras cansado, aburrido, deseando que me vaya y te deje en paz. Tú te ocultas. Tú me ocultas. Me acusas de marica, y en tu cabeza eso soy, ¿verdad, Ennis?: ¡Jack, el marica! Por eso jamás me has presentado a nadie en la calle aunque saludas a uno que otro cuando vamos a una cantina, como si temieras que fuera tan marica que todos se darán cuenta. Ese soy yo, ¿no?: Jack, el cochino. El cochino marica. –deja escapar con rabia y amargura.

 

   -¡No me culpes de nada, hijo de puta! –gruñe incómodo, molesto consigo mismo, pero sobretodo con Jack.- Vienes porque quieres. Tú lo quieres…

 

   -Sí, porque quiero venir. Cuando paso tiempo sin verte… deseo estar aquí, Ennis, porque verte se me hace una necesidad. Pero me cansa ver la distancia que pones siempre entre los dos. La cautela con que me hablas, con la que me miras. Me molesta ver tu cansancio cuando estamos juntos en una cama y te hablo y piensas que sólo digo tonterías. Jamás te haría daño, no soy un sucio monstruo ni el marica necio que te marcará delante de todos, pero siempre temes que te lastime. ¡No lo haré! Sólo soy el tipo que de vez en cuando se deja caer por aquí y quiere estar cerca de su amigo, nada más, porque eso lo dejaste muy claro años atrás, que para mí no había nada más, que para mí no existía futuro. Sólo soy eso… tu amigo que viene de vez en cuando. Dijiste que sólo podíamos aguantar, y he aguantado todos este tiempo.

 

   -¿De verdad? –le grita al rostro, transfigurado por una rabia que Jack no entiende. La verdad es que un fuego malo consume el pecho de Ennis.- ¿Mi amigo que viene de vez en cuando? ¿Eso es todo lo que haces de tu vida, Jack? ¿Nunca has hecho más? ¿Que pasó durante los años que no nos vimos? ¿Qué haces en los meses que no nos vemos? ¿Sólo Lureen comparte tu vida? ¿Sólo ella entra en tu cama? –demanda saber con rabia.- En tu guantera, esos fósforos mexicanos, ¿de dónde salieron? ¿Desde cuándo están ahí? ¿De qué hablabas con ese tipito dentro del bar, tan sonriente? ¿Qué le decías mientras lo mirabas con fijeza? ¿Qué te decía él con su sonrisa boba? ¿Que tus ojos son bonitos, que tu sonrisa es maravillosa, comentaba sobre lo bien que hueles? ¿O hablaban de mujeres? ¿O de toros y caballos? –quiere saber, casi escupiendo al rostro de Jack, con furia.

 

   Para Ennis era una tortura permanente pensar en Jack cuando no estaban juntos. Había momentos en los que se enternecía recordándolo dormir a su lado, cuando deseaba besarlo y acunarlo con una ternura que le asustaba, pero la mayor parte del tiempo sentía un miedo que no expresaba nunca: ¿y si estaba con otro? Le quemaba en el alma el entender para sí que la única persona a la que amaba más que a su vida misma era precisamente otro hombre, pero no había podido hacer nada para evitarlo, no fue algo que quiso, no lo decidió. Un día vio los ojos de ese tipo frente a él, mirándolo con franca curiosidad frente a una oficina a la que fue en busca de empleo, y supo en ese instante que estaba perdido. En ese momento pensó en huir, pero temblando, había decidido esperar, porque le gustaba mirarlo y en su inocencia de muchacho tonto pensó que con eso bastaría para sentirse bien, con sólo estar a su lado y mirarlo cuando él estuviera descuidado. Ahora le atormenta pensar que a ese otro hombre no le bastara uno que otro encuentro al año para ser feliz, y que busque por ahí, por fuera, lo que no encuentra con él.

 

   -No estaba haciendo nada malo. –grita molesto Jack, con el rostro muy rojo, arrecho realmente, dejando salir su temperamento explosivo también.

 

   -¿De qué hablaban entonces? ¡Yo los vi! Parecían encantados de la vida.

 

   -¿Por qué me tratas y gritas así? –ruge a su vez.- Yo no tengo por qué explicarme ni explicarte nada, maldito desgraciado. Estoy harto de entender y de disculpar. Me arrecha tener que mantenerme distante para no molestarte con mi necesidad de ti. Me mata mantenerme apartado, lejos, sin llamarte, sin buscarte, para que tú vivas tranquilo y seas feliz; para que encima tenga que soportar tus gritos.

 

   -Nunca he estado tranquilo desde el maldito día en que te conocí. –le replica con rencor.- ¿Crees que mi vida ha sido fácil? ¿Crees que soy feliz? ¿Crees que lo he sido desde esa condenada noche en la montaña Brokeback? ¿Piensas que esta es la vida que quería para mí? –demanda saber, y Jack retrocede un poco, como golpeado en la mandíbula, desconcertado, casi oyendo como se rasga y rompe en mil pedazos su vida, esa poca cosa que era su existencia.

 

   -Vete a la mierda, Ennis del Mar. –casi susurra, con esfuerzo, y se aleja por ese calleja abierta al final, caminando lentamente, como pisando sombras.

 

   Ennis se siente mal, un escalofrió desagradable lo recorre todo. Por un momento piensa en seguirlo y gruñir algo que sonara como a un ‘espera’, pero traga saliva y se lleva las manos a la cabeza, hundiendo más el viejo sombrero sobre su frente, con desesperación. Ahora le duele todo lo que dijo, toda la rabia que sintió; pero recordar a Jack hablando con el tipito del bar le da fuerzas para alejarse en dirección contraria. Va frenándose, no puede seguir, jadea pesadamente. Jack se alejaba…, Dios, cómo dolía. Camina con torpeza cuando pasa frente al bar, desgarrándose por sus ganas de volver, de correr tras el otro. Sólo ese horrible orgullo suyo le permite continuar; y es allí donde encuentra al cantinero, ¿buscando a Jack? Se detiene en seco, apretando los puños y mirándolo con total hostilidad. Siente unos deseos enormes de golpearlo, de pagar con él todo lo ocurrido con Jack; desea borrarle a puñetazos ese rostro joven de muchacho impresionado, porque entiende que una cara así debía atraer forzosamente a Jack, al puto de Jack Twist. El joven lo mira de forma altanera a su vez, como si le desagradara.

 

   -Oiga, ¿dónde está el vaquero del cumpleaños? Dejó su sombrero. –lo alza, y Ennis sabe que se trata del sombrero de Jack.

 

   -¿Su cumpleaños? –jadea, sintiéndose torpe, algo mareado.

 

   -Eso me dijo. Que era su cumpleaños y que estaba esperando a un buen amigo para celebrarlo, a su mejor amigo de todo el mundo, dijo. Me pidió una botella de whisky. Fui a buscarla pero cuando volví ya no estaba.

 

   -Mantenla fría en la mesa. –ruge Ennis después de unos instantes, quitándole el sombrero de un zarpazo y echando a correr por la calleja.

 

   El hombre se siente mal, culpable. ¡El cumpleaños de Jack!, lo había olvidado completamente; pero bueno, hablaron de eso hace mucho y él olvidaba hasta el cumpleaños de sus hijas. Lo que le molesta en esos momentos era haberle gritado como lo hizo, carcomido por los celos, porque a todo se reducía eso, sus celos. Sintió tanta rabia de verlo, bonito y sonriente, hablando con el carajito carilinda, que sólo pensó en lastimarlo, en herirlo y hacerlo sentir bien mal; por eso lo había insultado en esa forma tan terrible. ¿Y si ya se había ido? Estremeciéndose se dice jadeando para sus adentro: no, que no se halla ido, Dios mío. Esperó semanas enteras para ese encuentro, para verlo frente a él, sonriendo siempre, con sus ojos hablando de alegría, de ternura, de amor. Esperó mucho para tener a Jack al alcance de sus manos.

 

   Los tres últimos días los había pasado entre la ansiedad y la impaciencia, deseando tenerlo ya frente a él para atraparlo entre sus brazos, para besarlo, para amarlo como siempre hacía, sintiéndose lanzado hacia las alturas en ese momento. Había contado las horas que faltaban para verlo, y le parecieron días enteros; y bastó verlo un segundo hablando con otro para mandarlo todo al carajo. Lo esperó por semanas y ahora el otro se había ido. Había desperdiciado la oportunidad en meses de ser amado por Jack. Cuando casi llega al final de la calleja, a punto de gritar de frustración, se detiene. Jack está sentado en una acera algo alta, cabizbajo. Ennis sintió alivio y vergüenza, estaba profundamente arrepentido de haberlo ofendido, pero en ese momento lo que más sentía era dicha: ¡Jack no se había ido! Va a su lado, y se detiene, tieso.

 

   -Esperé este encuentro durante días enteros. Imaginé cómo sería esta vez y sonreía de felicidad; Lureen me preguntaba qué me pasaba que me veía tan contento. Hasta pensé en lo que te diría mañana, al despertar en la cama entre tus brazos: te diría no desayunemos, aliméntame de ti. –sonríe con gesto torvo, sintiéndose idiota, sin mirarlo.- Por eso estoy aquí, sentado todavía, Ennis del Mar. No podía irme así, maldito desgraciado, como si la semana que viene pudiéramos vernos, como si fuera tan fácil, tan simple como llamar y encontrarnos. –confiesa con voz opaca, muerta, Jack, con la vista en la nada.

 

   -Jack… -comienza ronco, Ennis.- Mi vida comenzó…

 

   -No digas una maldita cosa ahora, Ennis del Mar, o me levanto y me voy al carajo en este instante. –lo mira con ojos brillantes de rabia, de frustración.- No digas que no me crees un sucio marica. No digas que mentías al decir que tu vida ha sido peor desde que me conociste. No digas nada.

 

   Callan. Pero Ennis sí quiere decirle que mentía, que hablaba con rabia. Quiere explicarle que antes de él estaba vacío, que no había nada, que él mismo sentía que algo faltaba, que estaba muerto, que cuando miró sus ojos por primera vez y se estremeció de pies a cabeza, supo lo que era estar vivo, sentir. En ese momento sintió realmente el calor del sol y la caricia de la brisa. Pero calla, mira el sombrero en sus manos y va a colocarlo sobre la nuca del otro, pero Jack se lo quita casi de un manotón. Estaba molesto, molesto y dolido. Ennis no sabe qué decir, y cae sentado a su lado. Jack mira al frente, al piso, perdido en mil recuerdos, unos felices, otros no tanto; su vida ha dado muchas vueltas alrededor de momentos así, alrededor del hombre que amaba pero que nunca le diría siquiera que lo extrañaba a veces.

 

   Ennis lo mira intenso y alza sus manos, pero es Ennis del Mar, no puede evitar mirar en todas direcciones antes de rodear a Jack con sus brazos y acunarlo. Le cuesta porque Jack, envarado, se resiste; pero él lo hala, lo pega de sí, y comparten el calor y el palpitar de los corazones. Ennis cierra los ojos un momento y siente que toda la rabia, los celos, la frustración y felicidad de saber que ama a ese carajo, van fundiéndose, calmándolo, encontrando esa extraña paz que siempre lo cobijaba al lado de Jack. Ahora estaba bien, en ese momento alcanzaba la estabilidad. No habían hablado, no se había explicado. Ni siquiera disculpado y sabía que eso estaba pendiente, pero por ahora no importaba, Jack estaba ahí, lo sentía contra su cuerpo, podía olerlo. Nota que Jack se deja llevar, y que finalmente deja caer su cuerpo, relajado, contra el suyo.

 

   -Perdóname… -gruñe muy bajito el catire, en un susurro que suena a toda una historia, como ha pedido muchas veces. Y Jack, como siempre, se deja llevar por aquel carajo que es el dueño de su vida.

 

DIME, VAQUERO…

 

Julio César.

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