Archive for 31 julio 2008

DESPEDIDA

julio 31, 2008

…MAR DEL NORTE… POESÍA 

   En mis labios una sonrisa, en mi corazón una herida.

 

   Ve en paz, una que yo no tendré. Para conocerte bastó un instante, decirte hola llevó un minuto, decirte adiós me tomará toda la vida.

 

SUFRIENDO… AMANDO

 

Julio César.

¿QUÉ HACER…?

julio 31, 2008

APRENDIENDO A AMAR

   “¿Me atreveré…?”

 

   ¿Puedes fingir que todo va bien, que todo es normal, que sólo lo estimas cuando únicamente quieres verlo llegar de su casa y salir al patio a jugar contigo a básquet, sin su camisa? ¿Puedes creer que es todo cuando de noche sueñas con él, con su risa, sus ojos, que lo encuentras en tu ducha, desnudo, cubierto de gotitas de agua, mirándote con picardía, esperando que te le unas? Aquí estás, en plenos carnavales de Margarita, medio borracho, ‘juguetón’ para escandalizar divertidamente a las mujeres, cuando en verdad quieres eso, abrazarlo más, retenerlo contra ti, sentir su corazón contra el tuyo, posar tu lengua en su mejilla tersa, recorriéndola, saboreándola. Sí, es duro, pero te gustaría comprobar que tan… duro podría ser, y eso ya no te deja vivir; deseas bajar una mano y apretar, sobar, imaginas cayendo de rodillas, mirándolo a los ojitos y… decirle cuanto lo quieres. ¿Te atreverías, saltara sapo o saltara rana? El tiempo pasa, mañana puedes dejar de verlo, haz tu movida, vaquero, o luego puede ser tarde.

 

NOCHES DE FIESTAS

 

Julio César.

RESPONDIENDO A PROFUNDIDAD

julio 31, 2008

ACLARANDO PUNTOS

EL MAESTRO ENSEÑA

 

Julio César.

HEATH, COMO DE ESTRENO

julio 28, 2008

JAKE

   Se lo dije, yo se los dije…

 

   ¡Es oficial! La cinta ya es un éxito taquillero y en críticas, ya ha barrido con otros éxitos en su semana de estreno que parecían duros, como SPIDERMAN 3, o LA VENGANZA DE LOS SITH. Lo logró. Confieso, puedo hacerlo ahora, que esperaba con aprensión el estreno de BATMAN, EL CABALLERO DE LA NOCHE. Me gustan las historias del hombre murciélago, pero esta era especial porque estaba Heath Ledger, el recordado chico australiano. Deseaba verlo en ese nuevo trabajo, allí, en la pantalla grande muy lleno de ‘vida’, moviéndose, actuando. Aunque sabía que también recordaría en todo momento que está muerto, como ocurre cuando se le ve en El Patriota, que no hay día que no la transmitan por el cable. Cuando se encadenan se encadenan.

 

   Igualmente temía lo que pudieran decir, que su GUASÓN era un fraude, una equivocación. Temí comparaciones con el pasado y que saliera mal. Debí tenerle más confianza, me avergüenza haber dudado. Quienes la han visto dicen que es una película tan buena o mejor que la primera, BATMAN BEGIN, y que él da un sello muy personal, poderoso e intenso a este villano que no es uno de mis preferidos. Pingüino y Gatúbela sí, de siempre; pero él hará que también este malvado se convierta en objeto de culto.

 

   De forma egoísta estoy muy contento, carajo, por mí, es como si les dijera a los conocidos que pensaban que no era el actor para encarnar un personaje así: Sí, miren que grande era, se los dije, yo se los dije. Escribí por ahí hace casi año y medio al saber que rodaban la cinta, que era irónico que la galana fuera Maggie Gyllenhaal, hermana de Jake, y que si Heath llegaba a besarla, lo habría hecho con los dos hermanos, en la ficción, claro; y que ahora, aunque me gusta este Batman oscuro y torturado, creo que le apostaré al Guasón, esperando su triunfo sobre el encapotado.

 

FOX NEWS SACANDO PROVECHO

 

Julio César.

A PELO…

julio 28, 2008

DESCONFÍA DE LA AYUDA EN LA AUTOPISTA

   Ayudándolo a encontrarse… con el bate…

 

   Silvio, con su maleta de trabajo, su bermudas largo, zapatos de goma y franela blanca que parece muy grande para él ya que es delgado casi flaco, se detiene frente a la tercera puerta a la que llama. Había descartado las dos primeras porque los carajos que habían abierto no llenaban los requisitos. No puede pensar en nada más que ‘eso’. La puerta al abrirse muestra a un tipo enorme, de piel muy bronceada, brazos de oso… cubiertos de una pelambre negra abundante. Con la camisa medio abierta mostraba dos cosas, unos pectorales grandes, y más pelambre… algo que hizo que el joven enrojeciera y se estremeciera, lujurioso. ¡Cuánto pelo…!

 

   -¿Qué quieres, muchacho? –pregunta aquel tipo, no molesto pero sí enérgico, macho, algo amoscado ante el lampiño catirito de pinta amariconada.

 

   El joven, todo turbado le dice que representa a un SPA que abre pronto y están ofreciendo masajes de prueba, que si tiene tiempo se lo demuestra. El carajo ruge que no está interesado. Pero el joven casi gime que debe hacerlo porque luego averiguan y no le dan el trabajo, y que es un estudiante que vino de Mérida y tiene que pagarse libros, escuela y alojamiento, y… El tipo, como obstinado le dice que está bien, que no entiende qué ganan porque la vaina es gratis, pero que pase, que está solo porque su mujer salió de compras. El joven entra, la casa es pulcra, mira el ancho sofá y le dice que tiene que quitarse la camisa y el pantalón. El sujeto ruge un qué, y parece que todo acaba, pero el muchacho gimotea nuevamente, que tiene que ser así, que él es un profesional y todo eso. Al carajo le parece, cada vez más, que sólo es un marica que quiere sobarlo, pero es tan macho, tan grande y masculino, tan seguro de sí que puede permitírselo. Sabe que muchos carajitos fantasean con él, por su porte imponente y su cuerpo velludo. Se quita la franela y el corazón del joven casi se detiene. Al caer zapatos y pantalones, quedándose con un ajustado bóxer negro, mínimo casi enrollado alrededor del bulto únicamente, se siente morir. Qué cuerpo, cuanto vello…

 

   Sonriendo el tipo se acuesta boca abajo como le indican. Silvio mira esa espaldota y jadea. Tiene una erección granítica. Del maletín saca un aceite, se embarra las manos, deja caer chorritos sobre el otro, que gime que está frió. Esas manos delicadas, estrechas, lo recorren. La piel es firme, dura, masculina y el joven está en el séptimo cielo. Toca, soba, y el carajo se va amodorrando, se sentía tan bien. Esas manos en sus muslos sobando, apretando, mimando, eran… extrañas. Cuando le indican que se vuelva, se sonroja un poco, el bulto le abulta un poquito, pero lo atribuye al… toque. El chico lo mira a los ojos, aplica aceite, las manos soban los pectorales firmes, los pelos se pegan de sus dedos. Las manos bajan y suben, el tipo cierra los ojos, inquieto, algo achispado. Esas manos eran… ¡Dios!, casi gimió, el chico le atrapó los pezones y los frotó entre sus índices y pulgares, antes de abrir las manos y casi clavarle los dedos en los pectorales. El carajo quería parecer de roca, pero cuando una mano le sobaba una teta y la otra un muslo eso lo puso mal, no podía disimular el bulto entre sus piernas, ni el ardor de su piel o la pesadez de su respiración; pero en fin, si el chico quería güevo…

 

   A la indicación de que se vuelva, el hombre jadea, cae de panza, cierra los ojos, estar así aprisiona rico su verga contra el mueble, y esas manos lo debilitaban. Sin quitarle los ojos de encima, atrapándolo de costado al centro de la espalda, las flacas manos aprietan y bajan, bajan a la cintura, Los dedos rozan el calzón y el carajo suelta aire, casi quiere que… Esas manos se meten bajo la prenda y el chico jadea. Esas nalgas duras se estremecen al tacto de sus manos. ¡Cuánto pelo!, piensa asombrado, quiere verlo ya… y soba y soban rumbo a la raja interglútea. Lo oye respirar entrecortado, lanzar aire y medio agitar las nalgas. Eso le da el permiso que necesita. Con una sonrisa dice que no puede trabajar así, y con mano firme comienza a bajarle el calzón. El tipo, enrojecido bajo el bronceado, no lo mira pero sube sus nalgas y se lo quitan. Esos glúteos redondos, grandes y firmes están cubiertas de vellos por todos lados. El aceite vuelve a las manos, cae en las nalgas, en la raja y el tipo cierra los ojos. Las manos soban, aprietan, pellizcan, los dedos se clavan con esfuerzo en la firme piel. Los pulgares comienzan a separar las nalgas, allí estaba el arrugado culito, totalmente rodeado de pelos negros. El chico bota aire, que al estar algo cerca cae ahí, quemándolo, y el tipo gime; era extraño sentir ese aliento allí. Los pulgares abren, soban, bajan y frotan el esfínter, alisándolo, moviéndolo. El tipo siente calambres, no puede estarse quieto y agita las nalgas, subiéndolas y bajándolas, ofreciendo sin saberlo su cuevita rica. Y grita un ronco ‘ahhh’ cuando el primer engrasado dedo se mete, lentamente, pero hasta el fondo…

 

   No podía creerlo, él tan grande, macho y peludo estaba dejándose meter el dedo así y ese dedo largo y fino entraba, salía, lo cogía y lo calentaba más, tanto que no se dio cuenta cuando comenzó a jadear, a gruñir que sí que se lo metiera bien, babeando y agitando el culo de arriba bajo, buscándolo, apretándolo. A Silvio le encantaba eso, ver a ese carajote tan caliente, y mientras lo cogía saca su güevo largo y delgado, rojo totalmente. El tipo, como trastornado, pero consiente vagamente de que su mujer ya llevaba hora y media fuera de la casa se volvió a verlo, con ojos brillantes.

 

   -¿Qué esperas, güevón? Cógeme ya… no aguanto…

 

   -Voltéate, quiero verte a los ojos cuando te culee… -le ordenó.

 

   Y el tipo obedeció, atrapado por esa fiebre que padecía. De espaldas, alzo una pierna sobre el respaldo del mueble, la otra fue atrapa por el chico que estaba semi sentado entre ellas, apuntando su güevo hacia su culo engrasado y alineado. Notar la suave cabeza, sentirlo entrar lo hizo gritar y estremecerse, echando la cabeza atrás. Cada pedazo que entraba le despertaba más y más ganas de ser poseído, cogido por ese carajito. Eso lo frotaba por dentro y lo hacía sentirse vivo, caliente, con ganas de agitarse, de apretar con el culo, con ganas de más y más sexo duro, babeante y ardiente. Y el chico comienza a cabalgarlo, expertamente, ¡lo que tenía de joven lo tenía de experimentado! Eran muchos los sujetos como ese, velludos y viriles a quienes había convertido en sus hembras. Se lo metía y sacaba casi todo, hasta la roja cabezota antes de enterrárselo otra vez, haciéndolo gritar y estremecerse sobre el sofá.

 

   Ese culo apretaba y quemaba. Su güevo entraba, cogía, lo llenaba y salía haciéndolo querer otro pedazo. Silvio lo miraba, grande, velludo, macho, y al mismo tiempo agitado, sudoroso, con ojos entrecerrados, meciendo el culo de arriba abajo contra sus caderas. El redondo agujero, rodeado de crespos pelos, se abría y recibía el cilíndrico tolete, que lo enculaba duramente. A Silvio sólo le gustaban así, ya sobre la treintena, grandes, masculinos, velludos y con complejos de héteros, engañándose a sí mismos, casados, con tipas por ahí, pero buscando eso, un güevo caliente que los pusiera en orbita alrededor de la tierra de los toletes duros, babeantes y siempre dispuestos para satisfacer las necesidades de esos medios machos… Ese era su gusto, sus profesores habían caído víctimas de él, también uno que otro padre de sus amigos. Ver a un tipo velludo, de cuerpo masculino hecho por los años, lo excitaba al punto de que se obsesionaba… y era de los que si quería algo, lo buscaba y no paraba hasta tenerlo… clavado sobre su tranca.

 

DISCIPLINA CON AMOR 

 

Julio César.

 

NOTA: Este relato de tipo fetichista es de mi otro blog, el que cerré. Sé que he utilizado antes está fotografía, pero mientras escribía el cuento sobre un amante del ‘vello’ no encontré otra al momento.

OJALÁ NO SEA TODAVÍA

julio 28, 2008

JAKE GYLLENHAAL, ¿EL MÁS GUAPO…?

   Hace tan poco como el 18 de junio de este año varios departamentos bolivianos se encontraron declarados en emergencia bajo las aguas que arrasaron con casas, carros y gentes, afortunadamente pocos, pero enorme en el daño material que causó. Las reconstrucciones siempre son mil millonarias, generalmente en dólares, pero para el hombre y la mujer de a pie, que perdió sus cositas, la situación es terrible. Mal que bien tenían algo, algo propio y lo perdieron todo. Como gente normal, o como debería ser la gente normal, no tienen muchas esperanzas puestas en políticos o gobiernos, ¿quién ayuda al pobre en su día a día para salir de abajo, juntar sus cosas y prepararse más o menos bien para el futuro? Sus pérdidas son lamentables. Estas inundaciones, generalmente atribuidas a un fenómeno natural llamado La Niña (debe ser una de mis sobrinas, son terribles), lleva cierto tiempo causando estragos en la zona, aunque en el pasado era el Perú su víctima preferida, se había encariñado con ellos.

 

   Por otro lado, un volcán que llevaba tiempo preocupando en el Ecuador, el Tungurahua ha comenzado a atormentar a todo el mundo con sus temblores, humo y llamaradas más resientes. No la han tenido todas consigo los ecuatorianos, por un lado ese problema, y por el otro su frontera que limita con la guerrilla en palabras de su presidente, Rafael Correa, es testigo de escaramuzas entre los irregulares y el gobierno colombiano; es que cuando se está de malas todo llega junto. Igual ocurre en Chile y su volcán Chaitén. Colombia se ha visto sacudida por una serie de temblores, que han afectado también la zona andina de Venezuela.

 

   Pero las cosas no van mal sólo en estos lados del mundo, aunque no pienso hablar de Sri lanka, realmente no entiendo cómo esa gente vive todavía por allá, hace tiempo que yo me habría lanzado canoa abajo y abandonado esa parte del planeta; o Birmania, que fuera de la feroz represión de una dictadura militar, la naturaleza se las juega; o China con su pavoroso temblor; no, hablaré de Estados Unidos. Las cicatrices que los más o menos frecuentes tornados han ido causando en La Florida, que nadie puede ignorar, han ganado en violencia y fortaleza de manera inquietante; pero a pesar de sus víctimas y destrozos materiales, son nada comparado con la herida mal curada de Katrina sobre Nueva Orleáns. Y ahora aparece otro, y otro, azotándolos en su propio territorio. Creo que esas campanadas de alerta, estridentes, van a terminar despertando a la sociedad norteamericana.

 

   Ya no puede hablarse de problemas aislados, de fenómenos más o menos violentos que surgen de la nada. Algo está ocurriendo en su conjunto, no sólo con el clima, sino con la estabilidad misma de todo el planeta. La serie de pequeños (y otros no tan pequeños) terremotos que han sacudido la cordillera de Los Andes durante los últimos cuatro años, como la violencia de los tornados, maremotos e inviernos, por no hablar de las sequías y calorones capaces de achicharra todo ser viviente, no pueden seguir observándose como cosas que pasan por caprichos de la Madre Naturaleza. Es obvio que algo sí está pasando, que afecta y afectará al mundo globalmente, y que puede terminar siendo muy serio y desagradable para todos. Las sequías condenan a muerte muchas cosechas, como ocurre en La India y China, y cuando no hay alimentos, no hay sustitutos para paliar el hambre, y no sé otros, pero a mí me gusta comer cuando tengo apetito, y me pongo mal si no lo hago.

 

   ¿Qué piensas?

 

   ¿Estará deteriorándose el clima? ¿Estamos preparados para enfrentar temblores, olas gigantes, cerros que van deslizándose entre barros y escombros arrastrando gente, sucediéndose uno tras otro o simultaneadamente, sin dar tiempo para el socorro internacional o para cubrir todas las necesidades de los sobrevivientes? ¿Podemos hacer frente a la ruina de cosechas tras cosechas por lluvias o sequías, contando con reservas de alimentos ocultos bajo las camas de nuestros líderes políticos?

 

   ¿Llegaremos a tener que elegir entre nuestro modo de vida, consumo acelerado sin querer ver consecuencias molesta que arruinan los buenos momentos, o el freno a los mismos? ¿Tenemos el derecho de destruir el mundo donde nacimos sin dejarle chance a los que vendrán después, repitiendo con esa irresponsabilidad tan nuestra aquello de… después de mí, el diluvio?

 

   ¿O serán simple imaginaciones mías y me dejo llevar por el tremendismo y no está pasando nada, o al menos nada grave?

 

   Ojalá lo sea, ojalá todo esté bien. Ojalá que nuestros líderes y capitanes de empresas sepan lo que están haciendo, mientras yo continuo navegando alegremente por a red, envío mis mensajitos de texto citándome para ir a la playa a tomar cervezas y luego me recuesto a ver una buena película. Sería terrible tener que abandonar todo eso, así que espero que piensen que no, que todo está bien y que no debo preocuparme (nota: es la única respuesta que me gustaría).

 

ALÓ, ¿MARTE?

 

Julio César.

RECREO

julio 28, 2008

LA CATA

   -Dime, ¿sabe a pollo como todos dicen?

 

   En cuanto la profesora de Artes Plástica salió, dejándolos limpiando las mesas que habían ensuciado con pintura, Víctor y Andrés comenzaron su propia obra de arte. El aula de Dibujo era buena para eso, con sus grandes mesones, donde se adoptaba rápidamente la doble posición boca teterote, que eran chupados con vigor de lactantes hambrientos. A Víctor le había dado hora por paladear y comer papaya, y al otro jovencito le encantaba notar esa lengua recorriendo todo. Generalmente se volvía majarete y no podía hacer nada más, loco de gusto mientras la papaya le era saboreada por esa lengua hábil que sabía bien cómo meterse en la jugada. Un día eso terminaría mal… si no contaban con buenos condones. Pero eso no sería todavía, a Víctor le encantaba mucho comer lo que comía, esos otros platillos vendrían después… ¡Coño, la profe como que ya venía!, gruñó para sus adentros, enfilando la lengua y…

 

   -Ahhh… -gimió Andrés con los ojos y boca muy abiertos. Qué rico era cuando te probaban la papaya con gusto.

……

 

   ¿Quién no fantaseó en su época de liceísta con probar vainas, sobretodos los de algún amiguito bien papiado, usando la lengua tensa y otras vainotas duras? En mi instituto cada salón contaba con un medio muro que nadie sabía para qué servía, pero metido ahí, era posible que alguien asistiera a una clase sin ser notado. Cuántas veces no imaginé candentes escenas tras él.

 

LO QUE LE GUSTA AL NIÑO

  

Julio César.

 

NOTA: Es de otro blog, inactivo ahora (creo que nadie entró nunca en él y eso me deprimió), bajo el título FETISH.

COGIDO EN SU TRAMPA

julio 28, 2008

LA CATA

   Quería probar… y lo hizo. ¡Y le gustó!

 

   Rogelio andaba loco con la idea de que su compañero de trabajo en la obra de demolición, Esteban, era pato, pero no hallaba qué hacer para probarlo. Al parecer, le angustiaba mucho el no saberlo a ciencia cierta. Mientras recogen una carga de dinamita para un estallido controlado, el hombre se quita la camisa mostrando el pechote, sabiendo que Esteban lo tiene pillado. Dice que va a mear y casi se desnuda bajando mucho el pantalón, sintiéndose caliente de tremendura, queriendo sorprender al otro. El sorprendido es él, cuando Esteban a su lado, le mete una mano entre el pantalón y la cálida piel, recorriendo redondeles turgentes, y expertamente mete un dedote que explora… la textura de su piel. Lo saca y mete repetidamente con rapidez. El experimento de Rogelio le estalla en la cara diez minutos después, con gemidos de boca muy abierta y regueros calientes. Veinte minutos más tarde hay otro estallido, pero controlado bajo tierra, en cierto agujerito que no sospechaba, al menos en él, tan ávido de metralla…

 

 RECREO

 

Julio César.

MARTA COLOMINA: CON ESTOS AMIGOS…

julio 28, 2008

QUE NERVIOS, QUE ANGUSTIA, QUE DESESPERACIÓN…

   Esto lo escribió Marta Colomina, la decana y valiente periodista venezolana nacida en España, para el diario El Universal, el domingo 13 de julio, comentando la semana que el aparato comunicacional del Gobierno pasó. O padeció. Veamos:

……

CON AMIGOS ASÍ…

   Miles de periodistas y agencias transmitieron los detalles del audaz operativo militar que, sin disparar un tiro, rescató sanos y salvos a Ingrid Betancourt, once militares colombianos y los tres norteamericanos secuestrados en 2003. Los massmedia del mundo reconocieron el triunfo político y humanitario del presidente Uribe y la impecable labor de inteligencia del Ejército colombiano en una operación calificada como “el éxito militar más importante de los últimos años” y “el más duro golpe para los rebeldes de las FARC”.

   A la aclamación general por tan eficaz acción militar, se suma la admiración hacia Ingrid Betancourt quien, ante tantos sufrimientos en su largo cautiverio, no cayó en la tentación de arremeter contra el Gobierno por su posición ante los secuestros, sino que calificó de “perfecto” el operativo, agradeció a Uribe “que se la jugó por nosotros” (“su reelección fue buena para el país porque fue clave para reducir a las FARC”) y dijo estar orgullosa del Ejército de Colombia.

   Ingrid reconoció que Chávez y Correa “son aliados importantes de este proceso, pero bajo un condicionante que tiene que ser el respeto de la democracia colombiana. Los colombianos eligieron a Álvaro Uribe, no eligieron a las FARC. La ayuda de esos países es importante, pero a condición de que sea respetando la democracia colombiana”. (¡Toma tu tomate!)

   Cuando el triunfante Uribe recibía miles de felicitaciones y apoyos de presidentes y personalidades mundiales, los ciudadanos de a pie mostrábamos nuestra envidia ante el profesionalismo técnico e institucional de los militares colombianos (es inevitable llorar cuando se les compara con los vociferantes ramplones del “patria, socialismo o muerte”).

   Entre tanto los alter-ego de Chávez vomitaban denuestos en VTV contra Ingrid Betancourt y el exitoso Jaque. Uno dijo que Ingrid era “un Borregales con falda” cuando la secuestraron y ahora es “un emblema político” que Uribe utiliza para enfrentarla al “gran liderazgo” de Piedad Córdoba en Colombia. Además acusó a Ingrid de haber pactado con Uribe en el trayecto del avión hasta el aeropuerto.

   El escatólogo nocturno, con cara de funeral, llamó mezquina a Betancourt, porque “minimizó la importancia de la participación del presidente Chávez”. Según él, fue Chávez quien “sacó el tema de los rehenes de debajo de la tierra”, El “hala, pero no te guindes” no es lema de los “juglares” de este reino. Otayza, (”estamos todos bajo sospecha“) alardeaba de su condición de experto en seguridad al jurar que los 15 secuestrados iban a ser entregados por las FARC gracias a la intermediación de Chávez, acto que fue interceptado por los militares colombianos. La fiebre sube a medida que aumenta la creatividad del declarante. Brito García, asegura que las FARC ejecutaban una acción unilateral de liberación de los 15 prisioneros, cuando el Ejército colombiano colocó un helicóptero falso, se apoderó de los 15 rehenes, y ahora los presentan como rescatados por ellos.

   La Defensora del “pueblo” también quiso vela en este entierro y mostró su disgusto porque Ingrid, al ver los helicópteros, pensó que los llevaban a “otro circo” y porque no reconoció el trabajo de Chávez por la paz. La misma doñita no se dio por enterada de que un digno general fue detenido por la DIM, solo porque solicitó una definición del TSJ sobre el inconstitucional grito de “patria, socialismo o muerte” (Con amigos así…).

   Los canales privados venezolanos, a diferencia de los oficiales, se encadenaron con la rueda de prensa del presidente Uribe acompañado de su alto mando militar y de los ex secuestrados. El patético comunicado de la Cancillería venezolana dedicó el 80% de su pobre texto a alabar el “protagonismo” de Chávez en la liberación de los “rehenes” y en el “proceso de paz”. El silencio de Yo el Supremo en torno al rotundo triunfo de la política de Uribe sobre las FARC fue roto casi 24 horas después del rescate (dijo haberse enterado porque ¡¡se lo contó un obrero!!).

   Desde Margarita un Chávez con cara amarrada dijo compartir el júbilo por la “liberación de esas personas” y estar “a la orden para lograr la paz plena en Colombia”. Aún con el sapo real del “por qué no te callas” danzando en su estómago, gritó que “España no fue una buena madre patria” y pidió “tomar represalias contra Europa” por la ley de inmigración (¿Cuantos cientos de miles ha aventado Chávez fuera de Venezuela?). Aprovechando el aquelarre contra los medios libres denuncia “la tiranía comunicacional” (consejos vendo y para mí no tengo) y reta: “No te tengo miedo, Imperio”. Por la noche se dirige a un grupo de incrédulos oficiales, seguramente impresionados aún por la eficacia militar del país vecino, y les dice que “Si el Imperio y la IV Flota quieren guerra, ¡¡¡los derrotaremos!!!”. (Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces).

……

   Si me pongo a decirlo yo, lleno hojas y hojas, pero esta mujer tiene la cualidad de llegar al punto y describirlo con pocas palabras. Sin embargo, donde esta fémina fuerte y dura destaca es en los medios audiovisuales, por eso la sacaron de la televisión. Es una mujer indoblegable; tiranía, malandrismo, robo descarado, oligarcas en Barinas, gobiernos sobornados… todas esas linduras salen de su boca sin miedos, sin medias palabras. De la prensa escrita e ido desprendiéndome un poco, pero no oír a la Colomina en las mañanas leyendo los titulares (no le da tiempo, comentándolos), me amarga el día. Y sin embargo, estoy molesto con ella.

   Del golpe de abril de 2002, cuando el Alto Mando militar le pidió la renuncia a Chávez por ordenar cargar contra la gente en las calles (renuncia que él aceptó, en boca de su general en jefe, diplomático ahora de su gobierno, Lucas Rincón), un gobierno en las sombras se montó, una gente que quiso pescar en río revuelto. Cuando este cae, y Chávez regresa al poder, Patricia Poleo, otra seca y dura periodista venezolana, denunció las cosas que se hicieron en las sombras y que forzaron el regreso a la pesadilla. Su padre, Rafael Poleo, los había denunciado desde antes; lo recuerdo en un programa de televisión donde Anna Vacarela le dijo: pero señor Poleo, el gobierno (el de Carmona Estanga, el breve) no ha comenzado y usted ya está en la oposición. Él respondió que el deber de todo buen reportero era seguir, vigilar y denunciar las desviaciones de todo gobierno, que periodista amigo de gobiernos, no es más que un publicista. Patricia denunció todo aquello y mucha gente dentro de la oposición la acusó de revelar cosas que no debían saberse. Es decir, nuestros ‘líderes’ consideran que, por nuestro bien, muchas cosas no deben saberse, o saberlas nosotros.

   Actualmente la ‘oposición’ parece enguerrillada con la selección de quiénes será alcaldes y gobernadores. No hay unida porque mucha gene aspira, habrá unidad sólo si cada uno es el candidato. Y en un programa de mesa de análisis, donde Marta Colomina tenía a los representantes de todos los partidos de oposición, los regañó (lo hace al aire, y feo) por no poner el orden dentro de sus organizaciones, y que si continuaban así los periodista iban a tener que revelar lo que sabían sobre eso. Amenazaba con que, o se ponían de acuerdo, o los delataría frente a la gente como oportunistas o agentes del Gobierno. Y yo creo que eso es un abuso, si algo así se cocina se hace para torpedear la unidad, y debe ser denunciado para que todos lo sepamos. Ahí, en ese momento, reconociendo que la información no llegaba completa a la gente, ni debía por su bien, Marta Colomina falló feamente. ¡Su deber es informar! Aunque no es la única, don Rafael Poleo anda en una igual, ¡qué falta hace Patricia! Pero aún así, Marta sigue siendo mi chica Súper poderosa preferida. Patricia es la número dos, pero con oportunidades a subir.

USA, OBAMA Y LA CAMPAÑA

Julio César.

SECRETOS DE MUCHACHOS

julio 28, 2008

EL SECRETO DE MI ÉXITO…    

CONFESIONES DE UNA TARDE FAMILIAR         

 

Julio César.

AMANDA SUBIÓ…

julio 20, 2008

…MAR DEL NORTE… POESÍA     

   Así los imaginaría siempre…

 

   Mientras hacía la cola en el estadiun universitario para comprarle a los hijos unas entradas para un juego de béisbol (no podía ocurrírsele regresar a casa sin ellas), la mujer planeó su viaje al cine. ¡Porque iba a ir al cine!, se dice con determinación. Obligaría a Roberto a llevarla. Nada de ver cintas mal quemadas en el reproductor de DVD. Sonríe al recordar la cara que puso cuando ella se lo propuso, estaba segura que habría preferido dar un brazo, un pie y un ojo por negarse. Pero no podía. Ella había asistido a la reunión de sus padres, que se habían casado hacía cien años atrás por lo menos, y había sido amable con todos. Y se portó bien, aunque en más de una ocasión tuvo la oportunidad de colocar algún veneno en la sopa, no lo hizo.

 

   Ahora él le debía una, así que tendría que acompañarla a ver Brokeback Mountain, aunque gimoteara como un chivo recién nacido. ¡Que tontos eran los hombres!, pensaba al conseguir las entradas y regresar a su carro; les daba miedo que sus amigos fueran a saber que entraron, ¡en un cine!, a ver la película de los vaqueros maricones. Y en cierta forma, Amanda lo hacía para molestarlo, como una tremendura, aunque en verdad esperaba entretenerse con la cinta. Desde que supo que la proyectarían decidió verla, se dijo que lo haría. Lo extraño, aún para ella, fue esa determinación. Otras veces había deseado cosas, pero el trabajo en la escuela, la rutina de la casa, los mil problemas de la familia, siempre la distraían. Pero esta vez no. Había decidido verla, e iría. Quería verla en pantalla grande, cómodamente sentada en una butaca, con Roberto a su lado. Quería… que fuera como años atrás, no salir por compartir un momento de calidad, sino ir porque lo deseaba, con el único propósito de pasarla bien.

 

   La lucha de última hora con Roberto había sido titánica, nada ayudada por los hijos que bromeaban a costa de él. Su marido la miró de forma suplicante y por un instante pensó en perdonarlo e ir sola. O ir a otro lado con él. Pero no. Fueron, hicieron cierta cola, compraron sus entradas y algo de golosinas, cosa que la hizo sentir bien, como un regreso a esos otros tiempos más fáciles, más sencillos, sin tantas presiones (¡sin hijos!, se dijo entre divertida y culpable). Ocuparon sus asientos y esperaron. Por alguna razón su corazón latía algo más de prisa, y no sabía por qué. Allí estaba Wyoming, sabía que así se llamaba el estado, y por alguna causa ajena le sonó musical; era seco, árido, solitario. Y aquella música de cuerdas reverberó dentro de ella, inquietándola más.

 

   El hombre silencioso de mirada baja le pareció atractivo al estilo gringo, aunque decían que no lo era realmente. El moreno de mirada curiosa le pareció agradable. Cuadro a cuadro fue conociéndolos, los vio enfrentar lo que sentían, los vio tomar el camino que la sociedad y la vida común, así como el de sus propias convicciones, al menos las del catire, les obligaba, uno que los separaba. Una mirada del moreno, de despedida, le pareció bella; la visión del catire que se encogía casi vomitando ante la inmensidad de lo perdido, le dolió. Vio una lucha de amor, de miedos, de conveniencias sociales. Los vio cometer errores, dejar pasar oportunidades. No entendió bien una muerte, una que fue dolorosa, que le hizo arder los ojos y el corazón. Miró a un hombre mayor sin nada como no fueran sus recuerdos, tal vez deseando como miles de millones en situaciones terribles, tener una nueva oportunidad, comenzar otra vez y hacer las cosas distintas.

 

   Todo finalizó, los créditos terminaron su aparición y la guitarra dejó su lloroso rasgar, y aún así Amanda continuaba sin fuerzas, traspasada por emociones que no podía clasificar todas, incluso que no entendía. Estaba triste, por Jack, por Ennis, y por alguna razón, por ella. No podía moverse y fue el toque de Roberto sobre su hombro, para luego atrapar su mano y apretarla con calidez, lo que la trajo al presente, a la realidad, rescatándola de ese dolor. Y le sorprendió mirar comprensión en los ojos de Roberto, y ese cariño, esa calidez que tenía tiempo sin ver, o notar; pero por alguna razón, eso le agrandó el nudo de la tristeza.

 

   -¿Por qué, Roberto?

 

   -Eran hombres. Eran otros tiempos. Son estos tiempos. Somos nosotros, la gente. Los hombres no se pueden querer así, Amanda; o yo me molesto si sé que están junto a mí, mirándose… como maricones.  O si descubro que son amigos míos y cayeron en eso, o si son vecinos. Y a ti te asustaría que vivieran cerca de los muchachos, porque se les tiene idea, de que andan por ahí todos promiscuos. O la gente de nuestra iglesia los condenaría. O se les pitaría en la calle, o les gritarían vainas y no faltaría quien les buscara pelea.

 

   Amanda quiso decir que no, que ella no pensaría algo así, que él no haría eso, pero no pudo. Ese maldito nudo en la garganta no la dejaba hablar, y recordó algo que años atrás, en una reunión, comentó Félix, un amigo extravagante, sobre el poder del tiempo y las masas.

 

   -A uno siempre le gusta creer que es distinto, que en cualquier situación será bueno y mejor que los demás. Uno quiere pensar que de haber estado en tiempo de Jesús, cuando Pilatos preguntó: ¿a quién quieren que libere?; uno gritaría a todo pulmón: a Jesús, libera a Jesús. Pero eso no es así, de haber estados todos nosotros allí, tal vez habríamos gritado con el resto, con fuerza, agresividad o burla: a Barrabás, suelta a Barrabás; mata a Jesús, crucifícalo, crucifícalo.

 

   Pero no quería pensar en eso. No quiso hacerlo aquella vez, ni deseaba hacerlo ahora. Su marido continuaba mirándola, sonriendo con ternura y le dio un leve beso, algo que no hacía espontáneamente desde hace tiempo. Un beso de despedida, de bienvenida, de compromiso, como un hola o un adiós, era lo normal. Pero este había sido cálido, bonito, y a ella le gustó, lo agradeció con una sonrisa de amor, pero también le dolió, porque recordó que hubo un tipo hermoso, de grandes ojos, que también había amado y nunca oyó decirlo.

 

   Para Amanda no fue una noche fácil, ni lo fue el día siguiente. La familia guardaba silencio, la miraban inquietos, pero no la molestaban mientras hacía sus cosas, contestando con sonrisas ausentes, perdida en algún paraje lejano, y por su expresión no sabían si era hermoso o terrible. Tres días más tarde, encerrada en su cuarto con el disco de El Día Después de Mañana, de la colección del hijo (la que tenía junto a la otra, la porno, que él creía ella no conocía), la mujer miraba y miraba a un tipo que hacía de hijo de Dennis Quaid, irónicamente llamado Jack ahí. Lo miraba, con su sonrisa, sus ojotes azules, y una y otra vez volvía a una hermosa montaña, donde ese rostro, esos ojos, habían mirado con intenso amor y entrega a otro hombre, el que desde ese momento fue el dueño de su destino.

 

   Diez días después de ir al cine, fue a una función de media tarde con Martina y Alejandra, colegas de trabajo, quienes andaban de lo más curiosas por el tema, lo veía algo mórbido y excitante, pero extrañadas por la urgencia de Amanda por verla de nuevo. Juntas esperaron, Martina comía algo, Alejandra hablaba como loca. Amanda no había comprado cosa alguna, sabía que no podría pasar nada en esos momentos, y respondía con monosílabos. Allí estaba el camino agreste y solitario, ahí estaba la guitarra, esa música hermosa y maldita que le hacía sangrar el corazón. Y mientras las escenas se sucedían, a ella le parecía que demasiado rápidas, despiadadas en su urgencia por llegar al dolor, los ojos se le cuajaron de lágrimas y lloró contenidamente, sin aspavientos, pero dejándolas correr. Necesitaba llorar.

 

   El llanto fluyó y corrió abundante, a su lado, Martina se sentía atravesada también, con las cotufas olvidadas a un lado, y Alejandra miraba con ojos llorosos, y aunque oían risitas y rechiflas que salían de vez en cuando de algún grupito de espectadores, callaban. Amanda no escuchaba nada, ella estaba en Brokeback Mountain, enamorándose otra vez; emocionada a los pies de una escalera presenciando un encuentro que era el reencuentro con la vida, con el amor. Al momento siguiente corría al lado de Jack mientras le gritaba a unos hombres que lo seguían que lo dejaran en paz, que no lo tocaran; en esa casa rodante abrazaba a Ennis e intentaba darle consuelo, acunándolo como le había tocado hacer, de tarde en tarde, con Roberto o sus hijos.

 

   Salieron silenciosas, comentando únicamente lo buena que fue, aunque demasiado triste. Se despidieron e intentaron parecer más ligeras, pero en su carro, estacionada, la mujer lloró nuevamente, y le llevaría un tiempo dejar de hacerlo. Pero no le pesaba aunque le parecía extraño, tal vez un poco tonto. De tanto en tanto, recordaba al tipo de los ojotes azules, y estaba a su lado cuando moría, sosteniéndolo, llorando desconsoladamente. Otras, le tomaba las manos a Ennis y sufría con él, repitiéndole que todo saldría bien, pero sabiendo que era mentira, sabiendo que todo había terminado para el catire, que sólo le quedaría la soledad y el arrepentimiento por lo no hecho.

 

   En cuanto pudo, compró el original de la película, y de tarde en tarde, la reproducía, en aquellas partes que necesitaba explicarse. En aquellas donde se encontraban y entendían que nada más importaba y Ennis lo acunaba en sus brazos, con amor. Pero también recordaba la separación, el tiempo no vivido, el amor no realizado a plenitud porque el mundo no los dejaría. Recordaba la discusión final, la amargura, y el que no hubo tiempo para una disculpa, para otro encuentro, para nuevas caricias o amor. Para Amanda el mundo se había vuelto algo extraño, cuando hablaba de aquella película, le molestaba notar que muchos no vieron todo eso que ella notó. Sólo observaron melodrama, morbo oscuro, un final trágico a propósito, una película demasiado larga o lenta. Para ella había sido una increíblemente bella historia de amor, una triste, como triste era la vida misma. ¿Acaso no envejecería ella un día y moriría, dejando a sus hijos sumidos en la pena? ¿Y si, Dios no lo permitiría nunca, Roberto se iba antes? Ella enloquecería. Pero así era la vida. De la historia de Ennis y Jack lo único lamentable fue todo el tiempo que se perdió sin amar, separados, todo aquello que no se dijo, lo que no se hizo. E imaginaba un final distinto donde Ennis, cincuentón, enjuto, sonriente, entra a su cabaña y encuentra a Jack, más panzón, con un bigote de morsa, tocando su armónica, dejándola para sonreírle en saludo, con sus ojos rodeados de arruguitas, pero viéndose a los ojos del catire tan hermoso como a los veinte.

 

   La mujer no podía comentar, excepto con Roberto, en su cama, abrazada a él, el único que no la juzgaría necia, tonta u obsesionada, sus sueños o esperanzas. Estaba convencida de que Jack acompañaba a Ennis cada noche, porque este lo mantenía vivo en su corazón, como un viudo; y que un día, cuando la vida lo llamara al fin, en otro paraje, en otra tierra, bajo el nuevo cielo, volverían a encontrarse, y Ennis ya no lo dejaría irse nunca de su lado, porque había aprendido la lección: muchas veces hay que disculparse, pararse a tiempo y no dejarlo para después; y que la vida puede dar una sola oportunidad y lo que después queda es vivir para lamentarlo.

 

   Amanda estaba convencida de todo ello, y ahora miraba el mundo bajo esa nueva óptica. El tiempo pasa y ella sigue con su vida, intenta que sus muchachos en el colegio entiendan las nociones que trascienden, una de ellas era la tolerancia hacia los demás, el respeto a los otros, a lo que piensan o sienten; la otra, más difícil de entender para los jóvenes, era lo frágil de la vida, de lo que damos por sentado hoy, incluso que se tiene tiempo para rectificar o disculparse, no era necesariamente cierto. De tanto en tanto, mientras revisaba algún trabajo o un examen, mirando por una ventana, se marchaba, y tenía que sonreír al mirar la belleza del cielo en Brokeback Mountain, ese pedazo de Paraíso en la tierra. Y detenía su vista en un tipo enjuto y catire cocinando algo en una hoguera de leñas, que lanzaba miradas de divertido amor a un moreno de ojos grandes, gritón y escandaloso, que hacía corcovear un caballo, riente, joven y hermoso…

 

DESPEDIDA

 

Julio César.

FORZA

julio 20, 2008

FORZA…!

   -No se moleste conmigo, Coronel, por favor. Haré todo lo que usted quiera para que me perdone…

 

REVISIÓN

 

Julio César.

 

NOTA: Todas las fotografías han sido tomadas de portales gratuitos; que nadie se moleste, por favor…

JAMES FRANCO… OTRA NOCHE DE GRADUACIÓN

julio 20, 2008

KLARK KENT TOMA VENGANZA

   “Debo escapar antes de que vuelva con el fulano juguete…”

 

   Aún, no con tanta frecuencia como antes, Hollywood sigue produciendo película juveniles y ‘ligeras’ sobre chicos que únicamente quieren sexo. Cosa que no está mal, pero los argumentos dejan mucho que desear. Una de ellas fue CUESTE LO QUE CUESTE, con el acierto de los protagonistas jóvenes, las chicas Marla Sokoloff (la bella y deseada) y Jodi Lyn O’Keefe, y los galancitos de ese momento Shane West (realmente muy bien en La Liga Extraordinaria) y James Franco, quien tenía (y tiene aún, como el Harry Osborn en El Hombre Araña) una carita increíblemente bella. No es un carajo atractivo, no, es bonito. En la cinta era el pillín capaz de entregar a la prima a un sujeto que la tenía por bella y en un ideal de la elegida, y la ‘cambiará’ por una vecinita seria que siempre lo ha amado. A Shane (ni idea de cómo se llamaban en el film) no le gustaba ella, pero a James sí, y pactó con el otro un engaño para que cada uno sedujera a la otra, siendo ruin, manipulador y cruel. James engañó por un tiempo a Jodi, pero la joven lo descubrió jurándose darle una lección. La noche de graduación, cuando alquilan el cuarto para ‘pasarla bien’, él sonríe, creyéndose triunfador, y llega esa escena memorable (se vio tan bien) donde James se baja el pantalón mostrándole a ella su trasero, aparentemente usaba un hilo dental. Ella abre mucho los ojos. La cosa fue que ella lo sujetó a la cama, con su bikinicito mínimo, de esos que llaman thong en los Miami, y se veía realmente llamativo atado, amordazado, esbelto, lisito y en tanga.

 

   Es aquí donde cambia todo, Shane, busca a su vecinita, a la que ahora sabe que ama, después de ‘probar’ también Marla, y anda molesto con James por usarlo. Es ahí cuando entra en esa habitación, encontrándolo atado. James  gime tras la mordaza, pidiéndole que lo suelte, pero el otro sonríe, lo llama idiota, que lo manipuló y debería darle una lección. Lo dice mientras se sienta en la cama y comienza a pellizcarle duramente esas rosadas tetillas, lastimándolo. El otro se cimbra y gime en esa cama. Esos dedos lo atormentan, pero también le gusta. Sus atadura lo retienen, se sienta furioso por la situación, no puede gritar y el otro, atrapando de una a otra, torciéndolas, viéndolo burlón, lo abusa. “¿Qué es esto?”, le pregunta entre acusador, divertido y sorprendido al notar bajo la tanguita cierta dureza que amenaza con escapar. “Ah, ¿te gusta sentir la mano ruda de la autoridad?”, se burla medio ladeándolo, exponiendo una de esas nalgas turgentes, tocándola procáz, para que el otro sepa que puede hacerlo. James gime entre rabioso y avergonzado, no entiende, pero le gusta.

 

   Y viene la primera nalgada, dura, le pica, le arde. Sus brazos y piernas se estremecen, quiere soltarse, gritar, pero no puede. Y Shane, con el rostro rojo, mirando de la nalga rojiza a la tanguita, vuelve a azotarlo una y otra vez, intentándolo no pensar en su propia dureza bajo el traje de etiqueta a propósito para la graduación. Azota y azota, y su mano recorre la piel caliente. Con voz ronca le gruñe que se quede quieto o llama a todos para que lo vean así, amarrado, en pantaleta y excitado. El otro jadea, vencido. Shane desata sus piernas y lo obliga a dar la vuelta, atándolo nuevamente, exponiendo su espalda y nalgas rojas de vergüenza una y de nalgadas la otra. La telita se mete entre ellas. Inclinándose sobre esa cama, a su lado, las manos del catire lo recorren, palpándolo, sobándolo, pellizcándolo, halándolo y descubriendo los cachetitos, admirando la telita que baja entre ellas. Nalguea una y otra vez, duro, seco, le pica la mano, pero James, con ojos cerrados, jadea, se agita ante el dolor, pero mece sus nalgas, alzándolas. Le da y le da, y para cuando Shane meta la mano apartando la tirita, y meter nuevas cosas en… la situación, ya el otro lo espera con ansiedad, con la mordaza llena de saliva y bajas.

 

KEVIN RYAN Y JAVI ESPOSITO SE MIRABAN

 

Julio César.

PADRES E HIJOS ADOLESCENTES

julio 20, 2008

EL 2000 Y LOS BUENOS DESEOS

   Hace unos ocho años atrás, Esperanza, una niña del piso donde vivía para esa época, me dijo con media voz y todo apenada, que deseaba que yo fuera su padrino de bautismo. Me sorprendió saber que aún no lo estaba, y acepté. Era una niña linda y yo me llevaba bien con sus padres, sobretodo con  Nelly, la mamá, mi comadre ahora. La niña se convirtió en una muchacha espigada, toda piernas, y ahora es una joven señorita de catorce años, los quince están a la vuelta de a esquina. Ya no vivo en ese lugar pero de tanto en tanto la visito y la animo a que me llame si tiene algún problema. Hace poco una hermana mía me dijo que hablara con ella porque andaba muy rebelde y contestona, teniendo incluso problemas en el liceo. Todos dicen que está en esa edad de enfrentamientos, no quiere obedecer y se la pasa en la calle con la amigas. Ese problemón, pues.

 

   La llamé y hablamos. Nelly, la comadre, se divorció (lo sabía), quedando con tres muchachos, de los cuales Esperanza es la menor. El pequeño apartamento de tres habitaciones mínimas había quedado holgado cuando Marta, la mayor, se casó y se fue; a mí nadie me quita de la cabeza que lo hizo para no vivir más con Nelly, quien ahora salía con un muchacho que a veces se quedaba en el apartamento. Nada del otro mundo. Lo que ahora ocurre es que Marta regresó, divorciada a su vez, con un bebé. Y Esperanza tuvo que dejarle su cuarto e irse con Nelly, ya que con Esteban no podía dormir, un muchacho medio malandroso, de diecisiete años. Es por ello que Esperanza anda rebelde, molesta, inconforme, gritando y discutiendo con todo el mundo, prefiriendo estar más tiempo fuera que dentro de su casa. Y en nuestra cultura eso es peligroso, porque aunque ella me dice que no, que quiere estudiar, ya tiene su cuerpecito y muchos la miran al pasar. Me aterra pensar que alguno pueda prometerle villas y castillas, y que ella se vaya tras él para escapar de su casa en un momento de furia o depresión.

 

   Intenté hablar con Nelly, que entendiera que lo que sucedía no eran simplemente malacrianzas de una niña grande, sino algo más complejo. Dentro del pequeño apartamento, Esperanza tenía su cuarto, su lugar, su espacio, su mundo propio, uno donde podía encerrarse a estudiar, leer, hablar por teléfono o hacer lo que le diera la gana. Ahora no. Ahora lo comparte con una madre a quien puede fastidiarle el que hable por teléfono, o que vigila más de cerca la ropa que usa, el maquillaje o sus amistades. Fuera de la mayor carga de parientes. Ya no son solamente los tres, Nelly, Esteban y ella, ahora están Marta, el niño y el novio de la mamá. He comprendido que es difícil que la gente entienda que los muchachos que gritan, son propensos al llanto, al mal humor, las tristezas súbitas e incluso a la agresión, no son simplemente ‘niños’ desafiantes o exagerados frente a la vida; médicamente se habla en la adolescencia de un exceso hormonal, incuso de la adrenalina, que les imposibilita controlarse muchas veces, incapaces como son por falta de experiencia, de asimilar semejantes impulsos cuando se siente atacados o amenazados, llegando a responder con violencia.

 

   Una de las quejas más reiteradas de los muchachos es la intromisión de todos en sus vidas, sienten que no tienen descanso ni paz. Pero quien se toma la molestia de oírlos (no me gusta mucho hablar con gente menor de dieciocho, no los entiendo), comprenderán que lo que desean es un momento de tranquilidad, para pensar en lo que desean, lo que quieren. Muchas veces sólo necesitan silencio, no ser vistos ni que les hablen, que se les deje a solas. Es una aspiración normal, tienen mucho en que meditar. Cuando un joven exige a gritos más privacidad simplemente pide calma, un momento de sosiego, tal vez para pensar en qué es lo que le pasa, por qué se siente rabioso, incómodo, poco apto o capacitado, o hasta menos dotado de ‘gracias’. Una aspiración normal de un muchacho es tener su mundo, un cuarto para sí. Es posible que el llanto de un niño moleste, o el que se le deje encargado muchas veces de vigilarlo, o las discusiones con un hermano que toma sin pedirlo sus cosas… Y es aquí donde debe entrar en juego la guía de padres y maestros, a ese adolescente debe explícasele que esa es sólo una faceta de la familia, los problemitas, las incomodidades momentáneas, pero que como núcleo, este es el grupo más importante para él o ella ya que son los únicos, en últimas instancia, a quienes pueden y deben recurrir en momentos de problemas. Y estemos claro, tal vez sean los únicos que realmente se interesen en su suerte, ¿a quién otro le dolería si algo malo les pasa? (punto que debe ser machacado por padre y maestros). A estos muchachos debe hablársele claramente de los aspectos más oscuros de esas tendencias hormonales, cuando están llenos de energías y adrenalinas y no pueden o no quieren ponerse frenos, dejando aflora tendencias vandálicas, desde los muchachos que zarandean con rabia a un bebé, rompen vidrieras, arrancan teléfonos públicos o incendian una zona verde, a los que en grupito salen a cazar gente distinta, otros muchachos, para acosarlos, perseguirlos y agredirlos; sin muchas veces ni saber por qué lo hacen. No todo eso es ‘normal’, o aceptable, y eso debe metérseles en la cabeza cuando tienen seis, siete, nueve u once años de edad.

 

   Es obligación de la escuela, y de los padres, qué dudas caben, explicar la ‘naturalidad’ de ciertas conductas, pero también de las responsabilidades individuales que acarrean. No puede simplemente obviarse el ver a muchachos que golpean a otro, generalmente uno que anda solo, o intentan forzar a una muchacha como ‘tremenduras de adolescentes’, porque el día de mañana se tendrá al carajo que golpea a la mujer, con placer, dejando escapar lo que es, o al que va a un sitio público y cree que es su derecho patear en la cara a otro. Padres, escuela y maestros deben trazar claramente una línea que divida lo que es travesura del momento, de la conducta delictiva. Los muchachos, desde los nueve años en adelante, incluso antes, deben entender porque se les explica claramente que hay límites entre conductas naturales y permitidas y las que no, y que estas no pueden cruzarse sin consecuencias, que hay puntos de difícil retorno que pueden acarrear sanciones (correccionales) o consecuencias peligrosas (el chico alcohólico que conduce, manipula un arma u otras). Nadie experimenta o aprende en cabeza ajena, pero por lo menos, en busca de ‘ciudadanos’, debe hacerse un esfuerzo. Y muchas veces los problemas comienzan por cosas sencillas, un adolescente que ‘no soporta’ a su familia que lo asfixia, avergüenza o ridiculiza, obligándolo a tomar medidas extremas, como buscarse quien la o lo resuelva, cambiando un problema por otro.

 

CONSTANCIA, ALGO QUE NO ES CONSTANTE

 

Julio César.

DESCUBRIMIENTOS

julio 20, 2008

DESCONFÍA DE LA AYUDA EN LA AUTOPISTA

   Amor en el hogar…

 

   Ángel regresó molesto al apartamento. Era un muchacho de unos diecisiete años, alto, no muy fornido pero si lo suficiente para llamar la atención de todo el mundo, sobretodo de las vecinitas. Sin embargo Rubén, su hermano mayor, aunque el maricón apenas contaba veintidós años, vivía jodiéndolo, tratándolo como un muchachito tonto delante de todos. Hace poco, reunido con unos panas de la cuadra en la acera, este había pasado con unos amigos y le dijo que subiera o le contaría al papá para que le bajara los pantalones y le diera unos azotes otra vez. Subió mortificado por la pita de los otros, que era lo que Rubén buscaba, para divertirse. No puede estarse sentado, camina de un lado a otro y cuando la puerta se abre y entra Rubén, silbando, alegre, le ruge con rabia.

 

   -Maldito coño’e madre, ¿cómo me pones en ridículo delante de todo el mundo? –grita exigente, encarándolo.- No soy un muchachito para que me trates así. –a pesar de su furor, Rubén ni le paraba.

 

   -Deja los gritos, claro que eres un carajito, un culo cagado que ni se le para el güevo todavía. –se burla.

 

   -Claro que se me para, güevón, y seguro que más que a ti.

 

   -¿Ah sí?

 

   -¡Mira! –ruge llevado por la furia, bajándose el mono y el calzoncillo, mostrando un aparato flácido en reposo, pero de buen tamaño. Rubén lo mira entre sorprendido y sonriente.

 

   -No está mal.

 

   -Seguro que tú tienes uno mejor, ¿verdad? –lo reta ahora llevado por la adrenalina, consiente de que se le estaba parando y que Rubén lo miraba.

 

   -Juzga tú. –abrío su correa y bajó un poco el jeans, librando un tolete rojizo de buen tamaño, que iba creciendo. Ángel lo miraba confuso, nunca antes se lo había visto, no compartían cuarto, ni le había interesado eso, hasta ese momento sus citas eran con chicas.- No es ninguna maravilla… -se burla, teniéndola ya muy erecta.- Yo la tengo como una barra de acero… ¿quieres verlo? –propone, ronco.

 

   Y no dicen nada. Están solos en el apartamento, sus padres andaban en una parranda con amigos, y sus güevos estaban afuera y duro. Ah, qué coño, es mi hermano y no es tan serio, pensó Ángel, dando un paso al frente, bamboleándosele el tolete. Lo mira, duda, luego mira la barra y la toca. Le quema la mano. Sí, era dura, bien dura como está siempre a esa edad, pero también ardía. La tocó, apretó y sobó duro, se sentía tan bien tenerla en su mano. Y Rubén jadeaba, tenerla atrapada así por su hermano era algo tan prohibido y sucio que lo excita mucho.

 

   Más maduro alza una mano y atrapa el güevo de su hermanito, duro también, masajeándolo. Jadean roncos, en silencio. Se miran, están muy cerca, y cuando Rubén traga saliva, abriendo los labios, la boca de Ángel se abre también, invitándolo. Sus labios se unen mientras siguen masturbándose. Se sentía sabroso darse manos así, mientras sus bocas chocaban, inexpertas todavía. La lengua caliente de Rubén entra y enloquece a Ángel que gime, jadeo que el otro se traga con su saliva.

 

   Atados de boca y de manos en güevos caen en el sofá y continúan dándose lenguas y manos. Se miran a los ojos, sin decir nada, y Rubén cae sobre él, acostándolo de espalda en el sofá, maraqueándolo, revolviéndose contra su cuerpo. Se besan, se soban, los dos güevos se frotan y se sentía bien. Las manos de Rubén bajan el mono y el calzón hasta sus tobillas, y Ángel enrojece como el adolescente avergonzado que es, semi desnudo frente al otro, quien lo estudia atentamente, con una gota espesa que cuelga del ojete de su güevo. Ángel la miraba fascinado.

 

   -¿Tienes hambre, hermanito? –se burla Rubén.

 

   Con un dedo toma esa gota y le lleva a los rojos labios del otro, que la prueba después de una leve duda, encontrándola acre, salida… y rica. Chupa ese dedo, la saborea y traga entre jadeos. Verga, ¡nunca creyó eso posible! Pero Rubén también quiere probar, y más decidido baja y atrapa con su boca ese güevo no tan grueso como el suyo. Lo cubre y lo chupa haciendo gritar a Ángel, esa vaina estaba provocándole un rico y desesperante calambre de gusto cuando la boca subía y bajaba, halándolo, mamándolo. Rubén cierra los ojos y goza ese güevo, lo mama sabroso mientras con el dedo sigue recogiendo sus licores y obligando a Ángel a tragarlos. Con un jadeo le alza las piernas, con el mono en los tobillos, montándolas sobre uno de sus hombros y bajando el rostro, loco de lujuria, pasa la lengua por ese culito semi lampiño, sudado, saboreándolo. Eso hizo gritar a Ángel, tensándose sobre el sofá. Esa lengua lo lamía y chupaba, humedeciéndolo, preparándolo para ese dedo rígido y argo que entró, tanteándolo, cogiéndolo lentamente.

 

   Ese dedo exploraba, duro, sobándolo por dentro, y Ángel solo gemía, sudaba, se retorcía, sabía que Rubén ya lo tenía atrapado, que no podía salvarse. Y ahora Rubén le decía guarradas como putica caliente, que es la nena más caliente que ha conocido en tiempo. Le mete dos dedos, firmes, a fondo. Costó pero entraron. Y ahora lo cogía con ellos. El tercero costó pero entró, abriéndolo, dándole duro a la próstata. Rubén le pregunta si quiere güevo, ser su hermanita caliente. Y Ángel gemía que no, que se detuviera, pero temblaba, se estremecía, se agitaba. Sin sacarle los dedos, cogiéndolo con ellos, la cabezota de su tranca choca de esas nalgas, y eso los pone más cachondos. Es cuando sucede…

 

   Se oyen voces afuera, así como tintineo de llaves. Se miran aterrados, saltan y se acomodan. Rubén le gruñe bajito que quiere su culo. Ángel, jadeando gime que no. Cada quien corre. Más tarde discuten, Rubén no quería dejar las cosas así. Esa noche en su cama, desnudo y caliente, Rubén espera que sus padres se duerman para ir a buscarlo. Suspira, cierra sus ojos y bajando la mano se masturba, caliente, rico, pensar en Ángel lo pone mal. Su cuerpo arde, su sangre corre, su carne está bien dura, por lo que gime… cuando la boca de Ángel cae sobre su güevote, apartándole las manos, tragándolo vicioso, entregado, tanto que arrodillado sobre la cama, bajando el rostro hacia la ingle de su hermano, comiéndole el güevo, expone al rostro de este, sus nalgas abiertas y su culito firme y joven que titila.

 

   Rubén sonríe, qué rico era esa boca en su tranca. Que rico era tener un hermanito para pasar las noches en casa, se dice mientras eleva la cara y la entierra en esas nalgas, comiéndole el culito, metiéndole la lengua caliente, saboreándolo. Lo oye gemir, aparentemente una lengua en el culo era mortal para la hombría, se dice el joven, dándole más y más. Mientras besa, mordisquea y ensaliva esas nalgas, bolas y culo, se dice que lo hará sufrir, no le enterrará su güevote en el culito si no se lo pedía con humildad y llanto en los ojos…

 

A PELO…

 

Julio César.