Archive for 30 octubre 2008

IMAGINO ERA EL PARAISO

octubre 30, 2008

BRITNEY SPEARS BAJO LA LUPA

   Casi es posible imaginarlos por allí…

 

   En el blog de Mar del Norte, no sólo fluye poesía en forma de palabras, también en manera de imágenes. Una de sus entradas resientes, que copiaré a este espacio próximamente, la acompañó con esto. La imagen me dejó sin palabras. Tanta belleza, tanta grandiosidad era eso, increíble, pero los contrastes en ella hablaba igualmente. De perfección en la Creación. A veces las palabras son un pobre paliativo de los sentamientos, o tal vez no sepa yo exponerlas en su justa medida, pero este paisaje, fuera del hermoso soneto que no traigo a colación todavía, era… dolorosamente bello. Era sublime, uno se recreaba mirándolo, disfrutando que existiera semejante belleza, pero al mismo tiempo dolía un poquito por dentro.

 

   Esas cumbres heladas de rocas grisáceas y apariencia cortantes, cubiertas con nieve, recuerdan cosas; un avión que se estrella y los sobrevivientes deben tomar terribles decisiones, entre el espanto y las ganas de vivir; o a un joven venezolano que sube y sube a un alto pico en busca de la gloria, y se pierde, y rezamos porque aparezca, herido, derrotado pero vivo; incluso a un filme donde se estaba a solas en la cima del mundo y allí se descubre la vida. La neblina es perfecta porque oculta sus historias, y ayuda a preservar su belleza de ojos rapaces. Y a un lado está esa ladera, verde, llena de vida, con esos pinos alzándose. El conjunto resulta hermoso. En Venezuela hay paisajes soberbios, está el Auyantepuy en Sari-sari-ñama, en el amazonas; una de las caídas de agua más imponentes del mundo, el Salto Ángel en Canaima; el caudaloso recorrido del Orinoco, azul claro u oscuro según su profundidad mientras corre a unirse al Meta; están nuestras playas con el verde azulado del Caribe. Incluso está nuestro Pico Bolívar, con sus nieves que menguan por el aumento de la temperatura. Pero no tenemos nada como esto, estas altas montañas que parecen elevarse para preservarse, cubres frías que conservan su primitivo encanto. Y sin embargo, el hombre ha llegado a todas partes, esperemos que ante su majestad siempre sepamos comportarnos.

 

   No sé de dónde saca esta fotografía Mar del Norte, pero sé que son de un lugar donde, como se dijo una vez en el blog de EL PUTOR JACK TWIST, estuvo una vez el paraíso, allí donde se filmó Brokeback Mountain. Imaginen el frío a toda hora, el viento silbando, helado, cortando la piel de tu cara, enrojeciéndola, el tibio sol dando en tu rostro, sin quemar. Pero también podemos visualizar un pedazo de él, con ese cielo límpido y esas nubes como motas, rodeados de montes que albergaban vida, alces, pájaros, y en un pequeño prado, cerca de un arrollo, una tienda alzada, una donde se está con esa persona ideal, alguien tan especial que nada más importa, y aún así la belleza del lugar te dejaría sin aliento. Aunque a cierta amiga actual le parezca rústico y signo de vida salvaje dormir sin aire acondicionado y al arrullo de la televisión a bajo volumen, no hablemos ya de caer de cabeza en un río de aguas frías, corriendo desnudos, riendo entre castañar de dientes, hacia las mantas y una fogata. Se moriría y debería cargar con su bonito cadáver. No tiene alma de exploradora, pero creo que aún ella sucumbiría a tal encanto.

 

   Me gustaría saber exactamente el nombre y la ubicación de este lugar. No soy dado a la aventura de viajar, pero por contemplar un paisaje así, bien vale la pena movilizar la flojera. Un lugar así debe ser admirado, amado y preservado para siempre, para que en un lejano mañana nuestros nietos, hombres y mujeres ya, puedan contemplarlo y, quien quita, tal vez sientan exactamente lo que ahora sentimos.

 

BOCAS DEL TORO, PANAMÁ

 

Julio César.

SEXO DEL DURO Y SUCIO

octubre 30, 2008

…DURO Y SUCIO                          …DURO Y SUCIO 7   

   Inesperadamente termina aquí esta historia de violencia sexual que venía reproduciendo de otro autor. El vicioso suegro ha consumado su obra, gozándose en ella, marcando al joven con su sello, y veladamente nos promete que ahora es cuando está comenzando a hacer uso de él. Una historia muy bien contada, ¿verdad? Como ya dije antes, es una trama dura pero buena. Si no te atraen estos temas, violación, crueldad, tortura, sometimiento y vejación, no sigas leyendo. Aún así, felicito al autor, me encantó: CAPRICORNIO 1965. Disfrútenla, a pesar de ser algo lenta:

 

      EL SUEGRO… (8)

   Pobre chico, esto fue su perdición…

……

   El leve mareo por el intenso dolor que Pablo tuvo, lo vence rápidamente, pero aún así tratar de reponerse y para liberarse intenta levantarse apoyando sus fuertes brazos en la cama pero el peso de Félix es enorme en esas condiciones así que su poca fuerza se agota rápidamente

   -Nggggggggghhh. -un gemido desesperado sale de su garganta al sentir como su culo es separado violentamente, partido en dos por la dureza de esa carne ardiente que violentamente se abre paso.

   Una nueva e intensa embestida con pocos resultados trata de penetrar más, de pasar ese duro anillo de fibras musculares que forman el culo de Pablo, un anillo que se rebela y se niega a dejar escapar su virginidad. Y eso excita y brutaliza más a Félix, quiere cogerlo de una vez, rasgarlo, lo desea desde hace tanto tiempo que no puede contenerse, pero también desea que dure, que el otro sufra lo que sabe le ocurrirá.

   Con feroces embestidas Félix continua el asalto en el atormentado culo de su musculoso yernos, quien no tiene fuerza para defenderse y en cada embestida siente como su culo se abre más y más y como el dolor aumenta de forma súbita con cada empujón de la verga en su esfínter, el sudor aumenta y sus gemidos de dolor también. Pero nada es comparable al horror de saber que pronto ese grueso instrumento de hombre penetrará en su cuerpo, cogiéndolo, sometiéndolo.

   Félix percibe como la firmeza de su carne viril va rompiendo y acabando con el esfínter anal de Pablo, pronto sería su puta, así que las frenéticas embestidas se continúan, aumentando de intensidad una vez que siente que puede traspasar el culo de golpe. Retrae su miembro y empuja la cabeza de la verga con todas sus fuerzas. Aprovechando el impulso de su cuerpo deja ir la estocada final

   -AGGGHHHHHHHHHHHHHHH… -un grito intenso escapa de Pablo, al sentir como la gruesa cabeza se abre paso y entra en su culo de forma súbita. Causándole un dolor tan intenso que lo hace casi perder el sentido.

   -Listo, puto, jejejeje… -la risa de Félix se deja oír mientras continúa empujando su gruesa verga para que se adentre en el virginal culo de su agredido hijo político.

   Las fuertes nalgas de Pablo se contraen por el intenso dolor mientras su cuerpo queda desmadejado sobre la cama vencido anulado, sometido y humillado a las manipulaciones de su perverso suegro que resuella en sus oídos, atrapando sus hombros con dedos fieros. Nada puede hacer y es sometido. Semiinconsciente Pablo siente como la verga entra más y más, sin tener ya siquiera fuerza para intentar algo. Se clava toda, ganándolo. Lo rasga, le quema horriblemente y casi no tiene fuerzas ni para gritar. El intenso dolor de sentir como sus músculos cuerpo es partido en dos, marcando firmemente cada una de las mitades, lo enloquece, no puede pensar, únicamente sentir como la dureza entra y se mueve en sus entrañas demostrándole la victoria. Un hilo de sangre escurre por su culo hacia sus muslos llegando hasta la cama, como muda prueba de la pérdida de su virginidad. Pablo siente como todo su hombría se reduce a sentir como su culo es degradado, la estrechez en su culo, y en las paredes de su recto, le permiten captar cada movimiento de la verga de Félix en sus entrañas.

   Pablo aprieta las mandíbulas mientras su mente vuelve en si, comprendiendo que aparte de su culo su vida ha sido partida en dos, nada será igual, su hombría termina por una violenta posesión que desflora su culo y su mente. ¿Cómo podría volver a ver a Karina estando ese hombre, su violador, a su lado? Todas las ideas se agolpan en su mente mientras su culo sigue siendo torturado, quebrantándolo, aniquilándolo, dejándolo a merced de la sexualidad de su suegro, quien como demente lo embiste frenéticamente una y otra vez, causándole un intenso dolor tanto físico como emocional y moral, destrozándole el culo y la vida que era tan perfecta. El altivo piloto Pablo Arenas Tapia, estaba ahora reducido a ser una “meretriz”, un puto, un agujero ajustado que estrangula la dura carne que lo agrede.

   Félix gruñe, sus dedos se clavan en los musculosos hombros de su yerno, mientras sus nalgas velludas suben y bajan, dirigiendo su grueso y tieso tolete dentro y fuera de ese redondo anillo violado, de ese culito ardiente que lo aprieta, lo soba y la hala aunque su dueño no quería, produciéndole un placer indescriptible. Así le gustaba, cogerse a esos tipitos orgullosos, altivos, grandes y muy masculinos, quienes no podían evitar encontrarse así, sobre una cama, con sus nalgas muy abiertas y sus culos sometidos al vaivén de su güevo monstruoso que los sodomizaba, convirtiéndolos en algo que minutos antes no hubieran imaginado, porque a él le gustaba poseer. Su yerno estaba conociendo en su carne dulce el calor de su marca, su ‘hierro’ lo estaba marcando como suyo, porque… ese cuerpo, ese culo, esa voluntad le pertenecía ahora. Pablo era su puto, se repite con gozo sádico mientras saca casi todo su miembro y vuelve a clavárselo con furia salvaje, gozando de su dolor y humillación.

   -¡PUTO!, JEJEEJEJEJE… -las palabras resuenan en los oídos del joven, siendo reforzadas por la verga de Félix que entra y sale enculándolo , el cuerpo pesado de sus suegros que está sobre el, cargándolo a sus espaldas, asfixiándolo. El movimiento en sus brazos y piernas es mayor pero no ha podido evitar que la verga cumpla su cometido, que ese depravado se salga con la suya, apenas intenta moverse pesadamente cuando Félix ya esta actuando de nuevo agotándolo inmediatamente. el dolor no termina así como la humillación, medio inclinándose, separándose un poco de su espalda pero montándole una manota que lo aplasta contra el colchón, el otro continua cogiéndolo, pellizcándole con su otra mano las nalgas, dándole fuertes azotes. Su recto es dañado, destruido, la verga de Félix ansiosa de explorarle las entrañas, de dominar, convierten a Pablo en un indefensa hembra dominada por el fuerte y agresivo macho, anulado, poseído. Ahora estaba marcado como de su propiedad.

   Todo gira en la cabeza de Pablo, no puede coordinar las ideas, sus sentimientos, su repulsión, su odio, su amor por Karina.

   Las paredes del recto de Pablo sienten como la cabeza de la verga de Félix se agranda para frotar toda la mucosa interna, dilatándolo, casi rompiéndolo por las fuertes embestidas, una y otra vez lo doblega. Y mientras oye como lo llama perra, su perra, Pablo nota como el calor en sus entrañas va en aumento, sin que pueda casi ni siquiera moverse; el dolor en sus entrañas es intenso, pero más lastimado aún está su orgullo.

   -AHHH… puta… -grita Félix, convulsionando, clavando otra vez sus dedos en los hombros viriles, clavando hasta el fondo su grueso tronco.

   Y las dañadas paredes rectales del joven son fusiladas por los calientes disparos de la ardiente leche de su futuro suegro que es como una cascada de semen blanco espeso chocando fuertemente contra sus entrañas. Un hombre… ese hombre estaba corriéndosele adentro, llenándolo con su esperma, como si… de una hembra se tratar. Aunque ahora era eso, su hembra.

   -Noghhhhhhhhhh… -un girito de repulsión y rebeldía escapa de sus labios, casi mordiendo el colchón. Aún siente como la verga de Félix se mueve duramente en sus entrañas para descargar por completo su arma sexual en el culo, hasta entonces virginal.

   La respiración de Félix se agita al eyacular, después permanece por varios minutos sobre Pablo sin moverse ni sacar la verga de su culo, dejando que poco a poco vaya desinflándose la carne dentro del muchacho.

   Por su parte Pablo esta destrozado física, mental y sexualmente. Inmóvil, quedándose quieto ahora que todo paso, nada puede hacerse ya. El movimiento está volviendo a su cuerpo, Félix saca su verga del culo, su verga casi flácida, y empieza a vestirse dejando a Pablo sobre la cama, desnudo aún, con el culo sangrante por la salvaje monta.

   -Ahora sí estás listo para la boda, nos vemos mañana en la iglesia. M’ijo. Y te advierto, será mejor para ti que no faltes… o me molestaré. – le dice mientras ríe de satisfacción.

   La vista de Pablo se oscurece sumiéndolo en las tinieblas, su mente se niega a seguir pensando más, así que la inconciencia es lo mejor. La puerta de la recamara se cierra cuando Félix sale y se puede ver que a un lado del musculoso cuerpo que está desmadejado sobre la cama, está el traje oscuro que usara Pablo el día siguiente en la boda. ¿Cómo cambiara su vida a partir de ese momento?

……

NOTA: Lo siento, me engañé con el cuento; el amigo Capricornio suele hacer relatos aún más largo que este sobre lo que le sucede a sus pobres heroínos a merced de sus torturadores, hay unos que tardan muchísimo en leerse (¡y les pasa cada cosas a sus héroes!), pero yo escogí este porque en realidad no lo había leído todo y deseaba hacerlo mientras lo medio revisaba ortográficamente. Aunque es totalmente suyo, lo medio remendé. El caso es que… El Suegro termina aquí, por ahora. No ha seguido publicándolo, aunque había prometido una continuación que se llamaría: “He ganado un… hijo” (qué maldito desgraciado, ¿no?). Bueno, esperaremos.

RELATO SUCIO DE CHIQUILLOS

Julio César.

APRENDIENDO

octubre 30, 2008

EL SECRETO DE MI ÉXITO…

DEPORTISTAS UNIVERSITARIOS

 

Julio César.

PRESTADO DE LA GITANA RUBIA…

octubre 27, 2008

ADIÓS ENNIS DEL MAR

   Ojalá nunca me acostumbre a pensar que se puede vivir sin amor, o que vale la pena vivirla así, como si de algo sin importancia se tratara.

……

   Prestado, con tan inocente denominación quiero encubrir la toma de una bonita entrada que merece ser leída por muchos, aunque no sea a través de este conducto. Fue hermoso, Gitanilla de Barcelona…

 

LA VIDA SE GASTA

 

Nos acostumbramos a vivir en pisitos y a no tener otra vista que no sea las ventanas de alrededor.


Y porque no tenemos otra vista, luego nos acostumbramos a no mirar hacia afuera.


Y porque no miramos hacia afuera, luego nos acostumbramos a no abrir del todo las cortinas.


Y porque no abrimos del todo las cortinas luego nos acostumbramos a encender más temprano la luz.


Y a medida que nos acostumbramos a encender más temprano la luz, olvidamos el sol, olvidamos el aire, olvidamos la amplitud.

 

Nos acostumbramos…


– A despertar sobresaltados porque ya se nos hizo tarde.


– A tomar café corriendo porque estamos retrasados.


– A leer el periódico en el transporte porque no podemos perder tiempo.


– A comer un sándwich porque ya no hay tiempo para almorzar.


– A salir del trabajo y llegar a casa rápidamente porque ya es de noche.


– A dormir en el trayecto de regreso porque estamos cansados.


– A cenar rápido y dormir pesados sin haber vivido el día.

 

Nos acostumbramos:


– A esperar el día entero y oír en el teléfono: “hoy no puedo ir”… “a ver cuándo nos vemos”… “la semana que viene nos juntamos.”


– A sonreír a las personas sin recibir una sonrisa de vuelta.


– A ser ignorados cuando necesitábamos tanto ser vistos.


– A sentarnos en la primera fila y torcer un poco el cuello, si el cine está lleno.


– A consolarnos pensando en el fin de semana, si el trabajo está complicado.


– Y si el fin de semana no hay mucho qué hacer, o andamos cortos de dinero, nos vamos a dormir temprano y listo, porque siempre tenemos el sueño atrasado.

 

Nos acostumbramos a ahorrar vida. Que dé a poquito se gasta, y que una vez gastada, por estar acostumbrados, nos perdimos de vivir.

 

Alguien dijo:


“La muerte está tan segura de su victoria, que nos da toda una vida de ventaja”…

www.conocimientosweb.net

Pido a mi Dios no acostumbrarme tanto a todo eso que llegue a no echar de menos la luz, la amplitud, el aire, el paisaje, las sonrisas, el saborear… en definitiva: EL VIVIR.

 

Empieza la Primavera, cargada de alergias, de rinitis, de asmas y bronquitis… Y DE VIDA!… A RENACER SE HA DICHO!!!!…

 

 

31/03/2008 15:28 | Agregar un comentario | Enviar un mensaje | Vínculo permanente | Ver vínculos de referencia (0) | Agregar al blog

……

 

ALGUIEN QUE LOS CONOCIÓ

 

Julio César.

ASÍ SE EMPIEZA…

octubre 27, 2008

EL REGALO

   Tenía la boca hecha agua…

 

   -Dios, es tan grande y sabe tan bien… -jadeó, sorprendido como siempre, Vicente, recorriendo con la mano el güevo rojizo y erecto, resbaloso de saliva. El recuerdo del tolete sobre su lengua aún lo mantenía extasiado.

 

   -Sigue mamando, le va a dar frío. –sonrió Manuel, pomposo. Sabía que su verga fuera del promedio lograba esas atenciones.

 

   Imaginársela ya metida en su culo logra que un espasmo de lujuria recorra a Vicente, su güevo endurece a su vez y Simón, subiendo y bajando su boca golosa, lo disfruta. Manuel suspira, era tan rico sentir esa boca cálida, esa lengua ávida, apretar, sobar y chupar su tranca. Una de las mejores cosas de la vida que había conseguido era esa: tener a Vicente y a Simón a merced de sus ganas. La cosa entre los tres había comenzado de lo más inocente….

 

   Una tarde, al término de un partido de fútbol, de donde escapara como diablo ante la cruz, Sonia, la mujer de Vicente, dejándolos solos con su afición infantil y estúpida, el trío de amigos comenzó a ver el programa de las lesbianas, L Word. Eso los excitó tanto que comenzaron a sobarse sus vergas sobre las ropas, luego las sacaron, ganando en confianza. Era cosa de hombres, una masturbada cada uno a su güevo y punto. Al principio les pareció algo violento a Vicente y Manuel, estaban en el sofá, demasiado cerca para dos machos como ellos, y con simón en un sillón. Pero lo hicieron. El problema fue cuando el güevo de Manuel ganó en poder, rojizo, erecto, babeante y nervudo.

 

   -¡Coño, qué grande es! –se asombró Vicente, mirándolo con los ojos muy abiertos.

 

   -Es para tapar el hueco de los culos de los mirones mejor. –bromeó este.

 

   -¡Verga de güevo! –jadeó igual Simón, sin embargo. A Manuel le divertía esa admiración.- Esa vaina debe lastimar a las mujeres.

 

   -No tanto. Cuando la meto todo se abre y acostumbra. Después gritan y saltan de gusto sobre ella, queriendo más.

 

   -¿No las lastimas?, pero sí parece un arpón. –rebatió Vicente; e irreflexivamente, la agarró con su mano, apretándola, sorprendiendo en verdad a Manuel.- Qué dura está… -y apretón sin mayores connotaciones, asombrado del grosor de ese tolete en su palma.

 

   -¿Si? ¿Está muy dura? –se intrigó Simón, acercándose y medio arrodillándose frente a Manuel, quien asombrado y tomado por sorpresa no supo qué hacer.

 

   Cuando la mano del otro también apretó, casi se corre. Esas dos manos que soban y palpan, esas miradas admiradas en rostros que se le acercaron un poco, cayendo sus alientos sobre su titánica barra, lo puso mal. Pero bueno, pensó Manuel, mirándolos, estos güevones no saben que eso pone mal a cualquiera.

 

   -¿Sabes dónde quema? En la cara. –dijo ronco, atrapándole la nuca a Vicente, venciendo una leve resistencia, y pegándole la nariz y las mejillas del tronco palpitante.

 

   Simón se alejó un poco, asustado, pero al ver la boca abierta y los ojos extraviados de Vicente, frotando sus mejillas de ahí, como gozando ese contacto ardiente (luego sabría que un güevo caliente, duro, recorriéndole el rostro, era la gloria), quiso probar también pegándose al tolete. Esos dos hombres jóvenes, viriles, masculinos, se restregaban del rojizo tronco nervudo, quemándose cada uno, encontrándolo increíble. Manuel sentía que se quería morir de gusto. Esos dos carajos, sus mejores amigos, frotaban sus rostros de su güevo caliente y babeante como si lo necesitaran. Fue sólo cuestión de segundos para que dos pares de labios se frotaran y lo besaran, para que dos lenguas probaran y lamieran.

 

   Al rato uno lo becerreaba y el otro se tragaba sus bolas. Y Manuel chilló, esa boca rojiza que bajaba hasta la base de su enorme tronco, atrapándolo todo, chupándolo con sus músculos, era algo que lo encloquecía de gusto. Atrapando el rostro de uno y otro, comenzó a subir y bajar sus caderas, cogiendo de una boca a la otra. Y no sólo las llenó de güevo, uno que arrancaba gemidos ahogados de gustos de esos sujetos adoradores de vergas, sino que les cubrió las lenguas, mejillas y ojos de leche caliente.

 

   Ahora, cada vez que se reunían, pasado los saludos iniciales, Manuel sacaba su porra y los otros dos caían rendidos ante el macho alfa y sus bocas competían realmente por tragar el hermoso y delicioso bocado; aunque ahora Manuel sabía que podía gozar de más cosas, como los gemidos de Vicente que se estremecía y contorsionaba, y de las apretadas que ese culito rico le daba a su güevo mientras se lo cogía duro y a fondo, sacándolo casi todo, casi hasta la roja cabezota, antes de clávasela nuevamente hasta los pelos, golpeándolo con sus bolas. Poco después cogía también a Simón, nalgueándolo, le gustaba eso, que le diera, que le halara el cabello, que le gritara obscenidades. Sí, gozaba de coger a sus dos mejores amigos… sus dos puticas más caliente.

 

RECEPCIÓN DE DATOS

 

Julio César.

ESTÁS AQUÍ POR FIN

octubre 22, 2008

ADIÓS ENNIS DEL MAR

   -Has llegado al fin, amigo mío…

 

   El cuerpo me arde. No sé si tengo fiebre. Debe ser, porque sudo un poco, siento escalofríos en mi espalda y calambres en mi estómago. Pero no, no debo engañarme, sé que no se trata de eso. O no del todo, es fiebre, está bien, pero es de otro tipo, el de la ansiedad. Es la fiebre anticipada que padezco porque dentro de poco podré tenerte cerca de mí otra vez. No puedo estarme quieto ni un segundo por lo que debo caminar de la nevera a la ventana, buscándote con tal fijeza que me arden los ojos por el reflejo de la polvorienta carretera, y de allí voy al sofá, casi tendiéndome para no comenzar a caminar como fiera enjaulada nuevamente. Tomo de la cerveza intentando controlarme, pero no sé cuánto más aguantaré. ¡Una camioneta! Sí, es el traqueteo de una camioneta. Salto del sofá y la miro por la ventana, corro a las escaleras con el corazón latiéndome en la garganta; el impacto de verte, de pie, sereno, con tu sombrero claro, con tu mirada anhelante pero controlada, me paraliza un instante, deteniendo ahora el latir de mi tonto corazón, hasta que bajo a tu encuentro, a mi encuentro con la felicidad.

 

   Te saludo y hay mucho que quiero decirte, maldito hijo de puta, mientras mi cuerpo choca del tuyo y siento nuevamente tu calor, el viejo olor de tu cuerpo amado llena mis fosas nasales, mientras te digo, ahogado de emoción, que me alegra verte, amigo mío. Las preguntas pugnan por salir de mis labios, pero me los muerdos aunque muero un poco con el silencio. ¿En dónde has estado todo este tiempo, puto Jack, tan lejos de mí, matándome con este abandono? ¿Acaso no sabías que no vivía sin ti, que me costaba respirar, que ya no sabía de dónde sacar fuerzas para levantarme de la cama cada mañana? ¿Ignorabas acaso que eras lo primero en lo que pienso al clarear el día, y lo último al irme a la cama en las noches, cuando ya mi mujer duerme? ¿Por qué jamás me escribiste? Sabías donde estaba, maldito Jack, tú mismo lo dijiste en tu postal, esa postal que me regresó a la vida. ¿No sabías que la distancia y la separación estaban acabando conmigo? ¿No podías imaginarlo al recordar cómo me puse en lo alto de aquella montaña, cuando golpee tu rostro amado ante la desesperación de la separación? ¿Acaso me has olvidado, Jack? ¿Es eso? ¿Es posible que ya no sea tu Ennis?

 

   Anoche soñé contigo, amor mío. Estabas allí, esperándome, sin camisa, con tus enormes y hermosos ojos escudriñando la noche, con temor de no verme llegar. Y fui a ti, porque necesitaba nuevamente del sabor de tu piel, del aroma de tu cuerpo. Saborear otra vez tu boca cálida se me había vuelto obsesión ya. Y aunque estaba mal por admitir por fin esa necesidad que tenía de ti, tu entrega, tu ternura y tu deseo de mí lo allanaron todo, todo parecía correcto, como debía ser cuando tus brazos me acunaron, compasivos y amorosos. Sentir tus besos, tu cuerpo tibio contra el mío, firme y joven, me enloqueció de ganas, y sólo podía besarte también, restregándome de ti. Por ellos mis manos te tocaron a placer, sin tapujos, en cada rincón, por ello tu torso fue arañado por mí, tus tetillas mordidas por mis dientes, tus carnes poseídas por mí me urgía, algo que necesitaba, como necesitaba oírte gemir de gusto, excitado hasta la locura.

 

   Y ahora estas aquí, junto a mí, a mi lado. Dios mío, ¿siente esto todo el que se ha enamorado de tal manera que el mundo le parece gris y triste cuando no está junto a la persona amada? Debe ser, porque ahora el cielo me parece más azul, el sol más cálido, el viento seco es agradable; pero entiendo que todo eso es porque tú estás aquí, porque mis brazos están rodeándote otra vez, atrapándote con fuerza contra mí. Tu calor me enloquece y sólo puedo pensar en acariciar tu cuerpo con mis manos y recorrerlo todo con mis labios. Mirándote me parece que te ves más joven y guapo que antes, más vital, más amable… más hermoso. ¿Cómo es posible, Jack? ¿El tiempo que marca mi frente con arrugas de insatisfacción no pasa por ti? Sonrío viéndote recostado de mí con ese puchero de niño temeroso, y con sorpresa entiendo que no sabías qué esperar de mí a tu llegada; ¿no lo entiendes aún?: te amo, hijo de perra. Pero basta, quiero que me mires, abre tus ojos completamente para que yo pueda sumergirme nuevamente en sus azulados reflejos. Quiero perderme en ellos, como esa noche cuando entré en la tienda y me miraste, y entendí que quería hundirme en ti, perderme en tus profundidades. Sin embargo, viéndote tan maravilloso como siempre te he recordad en estos cuatro años, un dolor me atenaza las tripas aunque jamás te diré nada; Jack, estás aquí y te amo, pero me pregunto: en todos estos años, ¿no han enloquecido otros bajo el brillo de tus pupilas, cometiendo todos mil locuras por una sonrisa tuya? No, debo alejar los celos…

 

   ¿Recuerdas esa noche en la montaña? Tu boca comió y bebió de mí con urgencia, con inexperiencia pero con avidez, algo nuevo y extraño que al principio me produjo algo de repulsa; pero en cuanto estuve así, atrapado por ti, que continuabas tomando de mi cuerpo, mirándome con picardía, con lujuria, ya no supe más, sólo pude gritarte como un poseso que siguieras, que no pararas, que llegaras al final, y tu sedoso cabello negro quedó atrapado en mis dedos, y creo que te lastimé, lo siento, pero es que  no podía detenerme, tenía que poseerte así también, atraparte, sentirme tu amo para poder tener control sobre mí mismo.

 

   Luego mis dedos exploraron en ti, y gemiste, tu rostro se contraía y esa boca amada que nunca callaba con sus cuentos, historias tontas, con las locuras que salían de ella, o con los ruidos que hacía con la  armónica, se cerró con fuerza, mientras contenías tus jadeos. Una y otra vez penetré en ti de esa forma, y te vi revolverte sobre la vieja frazada, y deseaba continuar y continuar, viéndote disfrutar tanto, deseaba verte así, excitado por algo que yo hacía; pero ya no pude más, y cayendo sobre ti, besando tu boca, bebiendo tu aliento y tu saliva, mis carnes buscaron ese camino secreto abierto por mis dedos. Y la unión llegó, y gritaste de placer, ocultando tu rostro en mi hombro. Eras feliz, lo sabía por la forma en que gemías, pero creo que tu reacción fue sólo un pobre reflejo del indescriptible placer que yo disfrutaba en esos momentos. En ese instante de comunión, me sentí unido no sólo a tu cuerpo, sino a la vida misma, al cielo infinito, al sol, a cada árbol, caballo y ser humano de este mundo. Estando en ti, entendí que estaba vivo, y que deseaba estar vivo, que quería atrapar la vida con dientes y uñas. Te llamé, ¿recuerdas? Esa noche te llamé (Jack… Jack, mírame…), porque deseaba verme en tus ojos en ese momento mágico cuando alcanzáramos el Cielo, y allí entendí a nivel subconsciente, aunque intentara negármelo después, que te amaba como nunca había querido a nadie en toda mi vida.

 

   Ahora no me importa que estemos en la calle y que Alma esté arriba, en casa, abrázame fuerte, porque esos recuerdos de la montaña ya me tienen listo para estallar de deseo, son tantas las ganas que siento de ti que me duele y angustia. Abrázame fuerte, Jack. Quiero que me dejes sin aliento, deseo que tus dedos se marquen en mis carnes. Mira mis ojos, Jack. Quiero gritarte que eres mi vida, que te amo, que te necesité cada segundo de estos cuatro años, que mis días sin ti han sido tiempo no vivido, que mis noches eran largas, que no descansaba y no encontraba la paz. Tu corazón palpita como tambor loco, tú debes notar igual el mío. Lo sientes contra tu pecho, ¿verdad? Yo, el hombre seco e inarticulado estoy ahora así, temblando como un niño ante el juguete más hermoso que ha contemplado jamás, y es por ti, mi Jack. Sólo por ti. Dios mío (perdóname Señor por decir esto), cuánto te amo, amigo mío; y aunque debes sentir contra ti la dureza de mis ganas por tu cuerpo, eso es nada comparado con lo que siento por dentro. Si pudiera, lloraría como un niño, como el niño que despierta después de una fea noche de miedos y pesadillas y sabe que ahora todo estará bien. Junto a ti, teniéndote a mi lado, sé que todo estará bien.

 

PRESTADO DE LA GITANA RUBIA…

 

Julio César.

FÓRZALO, PAPÁ

octubre 22, 2008

 FORZA…!

   No era la flexibilidad que deseaban ver, era saber si le entraban dos…

 

BACK MAN

Julio César.

ESOS MOMENTOS DEL FUTBOL

octubre 22, 2008

DEPORTE DE LOS MUY DUROS

   La juventud y los bríos siempre brindan momentos grandes y cálidos…

 

   Habían ganado y eso los tenía eufóricos, calientes y llenos de ganas de… seguir jugando. Tener al catire así, sobre él, duro y ardiente, divertía a Vicente, pero sentirlo con el peso de los otros dos era mejor. Y el catire ríe ante ese sánguche de afecto, y de las meneadas de su amigo Ramón, que gritaba y agitaba todo su largo, duro y cálido… cuerpo sobre él. Y más arriba Héctor quiere metérsele también… en el ánimo, a Ramón y los otros. Y aunque quisiera no pede bajar ya que las manos de Vicente lo halan. Ah, el fútbol, no hay nada más masculino y viril que sus jueguitos, ¿verdad?

 

SÍ, TODOS LO QUERIAN…

 

Julio César.

RECETA PARA EL DESASTRE: INFRAESTRUCTURA ELECRICA… SIN CORRIENTE.

octubre 22, 2008

 

SE FUERON TRES

 

   Este domingo el país se apagó, por tercera, vez en poco tiempo. Comenzando el mes de septiembre, Venezuela sufrió el segundo apagón grave en menos de un año. Hablo de que el país quedó detenido y a oscuras, no sólo Caracas. Cuando en mi oficina quedé a oscuras, gruñí y no vi mayor gravedad porque no sabía, durante el apagón anterior estaba yo en mi casa y no sufrí lo que ahora padecí. Qué infierno fue llegar cada quien a su hogar. No relataré las horas que esperaron muchos atrapados en ascensores; los hospitales que tuvieron que lanzar a los pacientes a las calles porque las plantas de emergencia, ni las luces de emergencia, funcionaron; así como los semáforos que callaron mientras desaparecían los fiscales de transito. Parado el Metro la gente llenaba como hormigas, en gran cantidad, calles, avenidas y aceras. Muchos negocios, a oscuras también, cerraron, y la gente se dispuso, entendiendo que estaban abandonados a su suerte, a caminar largos kilómetros rumbo a su destino. Los que debían viajar a rutas largas debieron calarse su calvario en los terminales.

 

   En medio del desastre, no pude evitar una sombría, macabra y ácida humorada: pensé en Hugo Chávez declarándole la guerra a Colombia y a Estados Unidos… cuando basta que falle una sola línea eléctrica para que el país se detenga. Colombianos o norteamericanos no necesitarían más que hacer volar el Guri y Venezuela volvería a la edad de piedra. Todo el país, ¡todo el país!, dependiente únicamente de una sola central… y una a la que no se le hace mantenimiento jamás. ¿Qué país es ese? Uno revolucionario, por supuesto. Aquí quiero reproducir las palabras álgidas pero bien hiladas del señor Rafael Poleo, sobre un editorial en la revista ZETA, de su propiedad, en esos días. Luego haré un comentario. Léanlo, de verdad lo ‘disfrutarán’:

……

 

PÉNDULO

 

EL GENERAL IZQUIERDO ESTÁ DE LUTO, por Rafael Poleo. 

   El general Hipólito Izquierdo es el venezolano que a partir de esta semana se encuentra en  situación más desagradable. El general está mucho más jodido que el propio Presidente, aún considerando que Chávez vive y mora frente a un fracaso colosal e irreversible de los que impiden dormir sin pastillas y provocan esas recto-colitis que se manifiestan en los momentos menos oportunos y con las cuales no pueden ni los caratos de orégano con guayaba verde prescritos por los babalaos. Empavado como está desde el apellido, el mentado general Izquierdo va camino de convertirse en la imagen viva de la incapacidad de un régimen minado por la ignorancia y la corrupción, lo cual se traduce en escandalosa incapacidad para conducir la república a cualquier sitio que no sea el más profundo barranco. De hecho, este general cuyo destino debería mover a compasión aparece como el responsable de los apagones que a partir de ahora se harán más y más frecuentes hasta degenerar en un apagón casi permanente en regiones tan importantes como lo estados Lara, Falcón y Zulia.

 

   Es fácil imaginar la maraca de peo que Chávez le montó a Izquierdo el día que se fue la luz en media Venezuela. ¡Cómo goza un teniente coronel carajeando a un general! En condiciones normales, o sea por cualquier pendejaíta, el vergatario presidente pone como la suela de sus zapatos a cualquiera de sus más ilustres empleados. Comprendámoslo. Es la reacción normal en un jefe a quien todo le sale torcido. Para eso tenemos la antigua institución de los ‘pagapeos’, que en este gobierno son todos, empezando por los ministros y generales. Como no tenemos derecho a presumir debilidad moral en el general Izquierdo, hemos de suponer que en la punta de la lengua tuvo protestas como la de “Cómo le iba a decir el estado en que están los generadores si usted se la pasa entre Nicaragua, Irán y Corea”. O “Varias veces empecé a explicárselo y usted me interrumpió para darme instrucciones sobre el adoctrinamiento socialista del personal y su alistamiento electoral”. Cuando no aquello de “¿No se acuerda que ‘usté’ me ordenó mandar los generadores de emergencia para Camagüey?”. Mucho menos un “Qué voy a hacer si no puedo botar a nadie porque cuando voy a hacerlo me llama el ministro de la Defensa, o el profesor Chávez, o la burra más pelúa de Barinas”.

 

   Por supuesto que esta de los apagones es una historia de incapacidad, de incompetencia y, como buenos venezolanos que semos, de torpeza y corrupción. El propio general Izquierdo lo ha confesado de hecho cuando, a setenta y dos horas del primer desastre –porque ahora es cuando viene la oscurana-, botó al directorio de Cadafe, más a los jefes de mantenimiento, desarrollo, operación, transmisión, distribución y cuanto hay. O sea, que ahí nadie servía. Uno se pregunta si fue que el apagón le iluminó el entendimiento al general Izquierdo, que si no es por eso no se entera de que los altos cargos de Boli-Cadafe, o Boli-Corpoelec, o como sea que se llamen ahora esos boli-técnicos con quienes desde hace años trataba cada día, eran una hermosa colección de incapaces.

 

   Si el silencio no fuera norma impuesta a los funcionarios de este gobiernillo, pobres diablos a quienes se les prohíbe informar hasta sobre lo más elemental de su área de responsabilidad –o sea, sí fuéramos ciudadanos dignos en una república seria, o sí tuviéramos una oposición manejada por algo más que unos mangasmeadas que hasta cómplices son de lo que pasa, y lucran de ello-, los venezolanos tendríamos que haber escuchado las explicaciones del general de planificación y/o desarrollo de la empresa eléctrica del Estado. Ese señor tendría que explicarle a los ciudadanos cómo es esa vaina de que los cuatros generadores de Planta Centro se han venido parando uno por uno hasta quedar uno sólo, el cual está fallando y cuando se pare quedarán a oscuras, durante meses, los estados Lara, Falcón y Zulia. Cómo es eso de que los generadores en cuestión no se compran porque no los tienen ni Rusia ni China, sino El Imperio. Y lo del crecimiento del consumo, ¿acaso es algo inesperado en un país donde el régimen corrompe al pueblo regalándole línea blanca que funciona es… enchufándola?

 

   Hasta ahora, las explicaciones que ha dado el regimencete este de medio pelo con que Dios nos tiene justamente castigados, son confesiones de su incapacidad esencial. Eso de que los equipos tienen cuarenta años y están obsoletos quiere decir que si todavía tenemos un hilito de luz es porque en tiempos de La Cuarta los gobiernos tenían la capacidad de planificación y ejecución para dotarnos de lo que hacía falta en materia de energía, pero que hace diez años, cuando los equipos tenían transcurridos tres cuartos de su vida útil, el país cayó en manos de un incompetente que en lugar de prever las renovaciones necesarias para el desarrollo, los reales de los venezolanos se los prestó a países estructuralmente insolventes, y los comprometió en la manutención de un país que nunca será capaz de producir para vivir, como es la Cuba fidelista. Conducta explicable en quien no tenía ni ha logrado tener la menor idea de cómo funciona una nación…

……

 

   Ahora el apagón vuelve a repetirse, pero el Presidente, tal vez cubriendo espaldas, pide un  aplauso para el general Izquierdo por detectar el apagón a tiempo. Sea lo que eso signifique, ya que la falla donde logró corregirse a prisa se llevó dos horas, y en las zonas más afectadas se tardó hasta cuatro horas. Pero ese es el sino de regimenes autocráticos, donde no se dan las explicaciones al ciudadano porque a este sólo le queda calarse lo que ocurra y lo que se le diga. El hecho más insólito y difícil de creer es que no se encargarán piezas y reparaciones porque ni Rusia ni China las tenían, y en Estados Unidos “no iban a comprarlas”, ¿en manos de qué anormales estamos? Decir que de gente de izquierda ni siquiera lo explica bien. Debe haber algo más.

 

   Es fácil decir que la electricidad es del pueblo porque el Gobierno la privatizó, pero eso ¿de qué sirve si ahora falla? ¿Dónde está el progreso o el adelanto en eso? ¿No les avergüenza que durante “los cuarenta años” se levantaran obras de infraestructura que funcionaron cuarenta años, sin fallas graves y ahora en tan sólo diez años han fallado tres de las cuatro plantas generadoras? ¿A quién pretenden engañar con sus arengas vacías? La verdad es que… palabras no son hechos, decirlo no es hacerlo, y cuando los pueblos olvidan o no entienden esa diferenciación básica, están condenados a transitar por este camino de desastres, de ridículos, penurias y humillaciones públicas. Ayer se perdieron, quemados, televisores, neveras, microondas, mañana ¿qué? ¿Se detendrá PDVSA, los taladros, las excavadoras? ¿Qué será entonces de Venezuela?

 

AHORA LE TOCA A EL SAVADOR

 

Julio César.

POCAS COSITAS

octubre 22, 2008

QUÉ BIEN TE QUEDA…

   Lo hacía por el equipo, sabía que los inspiraba, a ellos que sólo andaban pendientes de bolas. Prometió, para incentivar, que quien metiera más goles podría comerse luego un helado de palito.

   “Chamos, no están llamando a nosotros”, dijo con cierta sorpresa Germán. “Son marineros, pero ¿de donde?”, preguntó Gabriel. “Por lo catires y grandotes creo que son daneses o finlandeses”, reconoce Mariano. “¿Que dicen?, ¿tú no y que entiendes nórdico?”, pregunta Gabriel. “Creo que es algo como ‘vamos, pasemos un buen rato en el barco’, y creo que se refieren a…”, traduce el otro. “Sabemos qué quieren, mira como se los aprietan sobre los uniformes, ¿vamos?”, interviene Germán. “Son muchos”, jadea Mariano. “Claro, vamos y acabemos con todos los tabúes entre las razas”, sentencia agitado y excitado Gabriel… ante la posibilidad de hacer amigos nuevos.

   Los nuevos uniformes reglamentarios de las Olimpiadas habían resultado un éxito de lo más caliente…

 

COMO NOS GUSTA…

 

Julio César.

EN UN MIERCOLES DE DÍA

octubre 21, 2008

PROTECCIÓN

   -Y pensar que me iba a acostar temprano hoy…

 

   Has trabajado, estudiado o hecho lo que sea que haces durante dos duros días de la semana, lunes, cuando se viene agotado del fin de semana, abatido por la tortura de volver al trabajo y el pesar de dejar el descanso, y el martes es casi tan largo como el miércoles. Estás harto de todo, la noche va cayendo, es alegremente cálida, o fresca pero no fría, y nada nublada. Te dices, al coño, y tomas una larga ducha enjabonando bien tu cabello, axilas, genitales y entre las nalgas. Te secas y medio canturrea mientras te peinas frente al espejo. Y así como te aplicas el desodorante y el talquito donde conviene por si alguien se pierde por allí, revisas tu aliento con el simple procedimiento de soplar sobre tu mano medio cerrada. Está bien, o algo fuerte, bueno, a cepillarse bien los dientes y lengua, a usar enjuague, y te dices que debes recordar tomar ese chicle de menta antes de salir. Silbando te vistes, sabes que en tu cartera llevas varios sobrecitos de seguridad, no sabes, aunque esperas que halla suerte.

 

   Un buen bóxer, por lo mismo, si hay suerte ese se te ve del carajo, sin hoyitos, sin hilos sueltos, uno largo y elegante, o uno corto justo bajo las pelotas, que te hace ver de lo mejor. Te vistes, ¿una sugerencia si eres de los que no transpiras mucho y quieres algo de lo más informal? Usa un suéter algo corto, sin nada debajo, de colores grises, ese viste bastante. Te ves bien, no pareces un saco, quien te vea sabrá que algún deportes prácticas, y si es la bicicleta, tus piernas y trasero se verán de lo mejor. Ahora sí, sales, y esta puede ser una noche especial. Llégate a una tasca, de esas que conoces, nada muy sofisticado, donde la gente va a tomar algo a solas, o a dejarse ver, o a mirar. Te ves bien, estás aseado, viste con propiedad sobria. Sentado bebes algo y recorres el lugar con la mirada; alguien cae a tu lado, no miras de inmediato, pero te sonríes, algo es algo y ya comienzas. Tal vez sea alguien lleno de esos detalles que te desagradan, pero ¿y si se trata de alguien que te deja el estómago inquieto, te obliga a dejar salir un suspiro casi inaudible, que atrapa tu mirada y hace que todo tu cuerpo se caliente un poco, de forma sabrosa?

 

   Es un inicio, un buen inicio. A veces hace falta eso, dejar la pereza, el sillón, la cama y la televisión, dejar la computadora, los mensajitos en celular y salir, a sentir el aire cálido, el real. Era una noche de mierda en un día de mierda, y aunque no llegues a más de pronto notas sobre ti una sonrisa atractiva, detectas interés en unos ojos agradables, y más importe… sabes que gustaste. Lo demás queda a la suerte, a las ganas, manejándose con prudencia y teniendo cuidado de en dónde te metes. ¿Imaginas presentarte, y que con una voz grata, en un mal español, una persona atractiva como el infierno te responda?:

 

   -Mucho gusto, me llamo Jake…

 

   Ahora algo que oí una vez: dos tipos entran a un bar, emocionados, y uno le pregunta al otro: “¿Tú crees que en verdad esa tipa se irá con los dos al mismo tiempo?”. “Claro, es la puta más puta de la zona, allí está sentada”. “¡Amanda!”, grita el hombre. “Jesús”, gime ella viendo al marido, molesta “¿Qué haces en un lugar como este, ah?, hombre sinvergüenza”.

 

¿NO AMAS MI NARIZ?         

 

Julio César.

VECINOS!!!

octubre 21, 2008

ACLARANDO PUNTOS

MÓNTAME A CABALLITO

 

Julio César.

CARRERA IMPOSITIVA

octubre 17, 2008

…SENADO IMPERIAL

   La meada impositiva…

 

   El Capitán Cobrador de Impuestos, altivo, de rostro que intenta sea la del tribuno espartano, pero que sólo logra conjurar el rictus del soberbio que sabe infunde temor, encara al periodista, otro más que intenta comprometerlo sacándole alguna reacción contraria a la decisión tomada por el comandante Takín, de cerrar aquel medio de comunicación (perdón, no renovar la concesión, rectifica mentalmente, temeroso de ser captado por los telépatas cubanos). El joven periodista insiste e insiste en que diga algo, pero él era demasiado inteligente, demasiado para este pobre país tercermundista y de mierda que jamás había visto tanta eficiencia como la suya, pensaba con modestia.

 

   -Mire, amigo, no va a cazarme en un contra sentido. –dice metálico.- A ese canal de televisión no se le renovará la concesión para trasmitir porque ya llevan más de cincuenta años en eso. Nadie debe poseer jamás privilegios de por vida, y muchos menos legados de padres a hijos como si esto fuera la colonia, y los derechos divinos. –Dios, ¡que bien me salió!, piensa. ¡Me la comí!

 

   -Pero Superintendente… -jadea el joven con la boca muy abierta.- …si yo no le estaba preguntando sobre Fidel Castro y sus cincuenta años en el poder, ni el que se lo entregue a su hermano, o lo que pasa en Corea del Norte, o lo que intenta el Comandante aquí… ¿Se siente bien, señor? Hablar de eso es delicado y…

 

   -Maldito conspirador, maldito agente de la CIA. –gritó el Capitán de los Impuestos, aterrado de haber criticar al tirano sin darse cuenta. Y mirando en todas direcciones, con ojos desorbitados, buscando las cámaras y micrófonos, grita nuevamente.- Que viva Fidel… Que viva Fidel…

 

   La patética figura del todopoderoso Cobrador de Impuestos, se aleja a la carrera, dejando cierta mancha sospechosa de ser orine en la acera. El joven reportero lo mira, entre asombrado y asustado, sabía lo peligroso que era criticar al desalmado y sanguinario asesino cubano. Traicionado por los nervios, echa a correr también, en dirección contraria a la del Capitán Meado. Así estaba Venezuela…

 

DE CONVENCIÓN

 

Julio César.

ESE VAQUERO NO SE LE ESCAPABA…

octubre 17, 2008

DUDA INOCENTE

   Iba a jugarse todas sus abultadas cartas…

 

   Si señor, pensaba el joven, sintiendo sobre sí la sorprendida mirada del otro, tomándolo por sorpresa. Era lo que deseaba, sacudirlo. Llevaba dos meses en el rancho y el otro no se había acercado a hablarle, a buscarlo aunque él lo seguía con la mirada, presintiendo, más que sabiendo, sus ganas, de la urgencia que tenía ese hombre maduro de desahogare con alguien. Y él quería ser ese alguien, piensa mientras su torso sube y baja, sonriendo, todo enrojecido al encontrar la mirada del maduro vaquero.

 

   -¿Cómo está, señor Del Mar? Necesito algo de usted con urgencia, ¿me puede atender?

 

ESPERANDO AYUDA…

 

Julio César.

LEJOS DE TI ESTA PRIMAVERA

octubre 17, 2008

EL CODIGO DA VINCI

   Mientras escribía un relato sobre personajes que sufrían de soledad, una semejante a la que padecía el personaje de Ennis del Mar en Brokeback Mountain, una que le pesaba y dolía tanto que lo hacía casi encorvarse bajo su peso, recordé que habían otras soledades que podían incluso ser peores. Hace tiempo, leyendo una novelita corta de Ágatha Christie, que nada tenía que ver con misterios o asesinatos, encontré un ejemplo desconcertante al respecto. De una soledad que se sufre sin que su víctima lo sepa, aunque marcha contenta y satisfecha de sí por la vida, impaciente con lo demás, quienes sin embargo le tienen piedad porque la ven sola, encerrada dentro de su pequeño y mezquino mundo interior donde nadie puede acompañarla. Fue una lectura grata, amena, pero sobretodo, ingeniosa. Llamaba a la reflexión. Realmente esa mujer era una gran escritora. Esa novela era LEJOS DE TI ESTA PRIMAVERA. Y con este título, la escritora jugó a varias insinuaciones.

 

   Recuerdo haber leído después una reseña que decía que esta historia había sido recibida muy fríamente por la crítica y seguidores de la magistral mujer; es evidente que la fama, cierta fama, termina aplastando a todos. Como no estaba Poirot o la señorita Marple, fue desdeñada. Y sin embargo fue una lectura apasionante, y ese aire ligero que le imprimió casi dejó escapar la trama más profunda que ocultaba. Lamentablemente mi ejemplar fue robado, es la única palabra que cabe cuando se presta y no te devuelven las cosas (realmente no se puede prestar un libro), y no he podido conseguir otro, así que hablaré casi de memoria.

 

   Cuando se inicia la historia encontramos a una mujer de mediana edad, María, inglesa de clase media alta, bien acomodada, que hace un viaje de regreso de Oriente a Londres, luego de visitar a una hija que había sufrido algunos trastornos de salud. Sonriéndose, la mujer se felicita por lo bien educados que estaban sus hijos, y lo considerados que eran; estando enferma, su hija no había querido molestarla obligándola a realizar ese viaje, diciéndole que no era necesario. Pero ella fue, desoyendo también a su marido que le aconsejó no ir, porque era una buena madre.

 

   En el viaje en tren encuentra a una vieja ex condiscípula, cosa que no le agrada, recuerda que era alocada, de vida poco seria y que se había visto envuelta en escándalos de divorcios, aventuras y maridos ajenos. La trató condescendientemente, como una gran dama a otra caída en desgracia, con ese airecillo de superioridad. Cuándo esta le dice que no se preocupe por su hija, que a veces un susto enseñaba y arreglaba las cosas, la mujer no entiende a qué se refiere, pero se alegra cuando la otra abandona el tren, por alguna razón que evita analizar, prefiere continuar a solas; eso le recuerda los días del internado, cuando la monja le dijo a la otra que moderara su temperamento, que pensara antes de actuar. Y a ella le había recomendado que no se conformara con mirar las cosas por encima, que indagara qué había más debajo de toda acción. Pero como esos recuerdos no le agradan, los abandona también.

 

   Durante su recorrido se ve obligada a quedarse en una mísera posada árabe donde nadie parece poder comunicarse con ella, y eso la obliga a estar a solas consigo mismo y pensar sobre su vida, cosa que le parece será fácil y muy grato. Casada con un próspero hombre de negocios, importación y exportación, con tres hijos adultos, casados, cada uno con su propia vida fuera de Londres, todo había salido muy bien. Y allí comienzan las preguntas, ¿por qué ninguno se quedó cerca de ellos? Eran irregulares en sus cartas, las visitas eran… sólo lo suficiente. Y ninguno hablaba mucho con ella. Pero recuerda que los chicos sí amaban a su padre, y eso le inquieta mientras pasea bajo el sol del desierto. A su mente vuelve la imagen del hijo varón a los ocho años entrando al cuarto diciendo: papá creo que me voy a morir, y quiero hacerlo a tu lado; solemne, prendido en fiebres. Ahora le parece extraño que no dijera, mamá, creo que me voy a morir, buscando sus mimos y atenciones. No era lógico que un niño pequeño buscara ese tipo de consuelo de su padre y no de su madre.

 

   Pero claro, era porque su marido era un muy buen hombre. Bueno, trabajador y muy responsable. Confiable, aunque cuatro años antes tuvo que ser hospitalizado por una crisis nerviosa, una terrible melancolía atribuida al agotamiento; ella, como toda buena esposa, alegre, diciéndole a todos que iba a visitar a su marido, lo había encontrado una tarde en los jardines de la casa de reposo, sin hablar, sin hacer nada, sólo con pérdida y tristeza en las pupilas, mirando hacia la nada. Eso la alarmó y quiso preguntarle qué le pasaba, pero sintió miedo. No, nada le pasaba, se convenció, todo se debía a un exceso de trabajo. Y recordaba que antes de ir a verlo su hija mayor le había gritado que no fuera, que lo dejara en paz. Reviviendo eso en esas inmensidades solitarias, la mujer intentó explicarse todo, diciéndose que su marido era propenso a esas tristezas irracionales, que durante los primeros años del matrimonio ya había sufrido una. Recuerda su rostro alegre, ilusionado cuando fue a verla porque quería comprar una granja fuera de Londres y dedicarse a sembrar y a criar ganado.

 

   Eso la había asustado, verlo tan emotivo, tan poco práctico, una granja fuera de la ciudad restaría posibilidades de ascenso y brillo en los negocios del hombre, no lo dijo porque no lo entendería. Lo que hizo, y utilizó como arma disuasiva, fue la noticia del primer hijo que estaban esperando, y que debían pensar en su futuro y el de los que luego llegarían. Siempre se había felicitado por su forma de actuar, no gritó, amenazó ni lloró, pero él entendió sus objeciones y comprendió que seguir en Londres era lo mejor para la futura familia que estaba ya en camino. Nunca más se habló de aquellos planes idílicos, de escape a una vida más sencilla de trabajar con sus manos, pero a ella le pareció que desde ese momento lo notó más distante, más cansado, y varias veces al ir a visitarlo a su oficina lo encontraba absorto mirando hacia la calle, con una mirada cargada de añoranzas. Y mientras regresa a la pozada, agitada y cansada de un paseo que no le brindó paz, es cuando cae en cuenta que desde esa ventana, cruzando la calle, se veía un gran mercado donde comercializaban con legumbres y animales de granjas.

 

  Pero ella lo había hecho por la familia, le gritaba una parte que quería justificar un punto sobre el que ni deseaba pensar, acallando aquella otra que aseguraba, tajante, que salir de Londres le habría molestado a ella que deseaba brillar en sociedad. No, no deseaba pensar en eso, como no quería recordar a unos vecinos arruinados y desordenados que vivían en la casa de al lado. Por aquellos días una bonita joven parecía perseguir a su marido descaradamente y todos miraban asombrado como ella ni se preocupaba de eso; aunque una conocida bien intencionada le había advertido que el hombre se veía distinto, y que eso sólo podía significar que alguien más estaba en su corazón. Ella rió, su marido no era de los aventureros que seguían hermosas mariposas, él prefería hablar de libros, caballos y plantas con la vecina, una mujer delgada cargada de niños, de enfermedades, deudas y problemas. A ella siempre le molestó un poco que perdiera su tiempo ayudando a una mujer que no sabía manejar su propia vida, pero él decía que debían ser caritativos. Recordaba como una tarde, al salir al patio los encontró a los dos sentados en un largo banco, cada uno en un extremo, y que no hablaban, ni se miraban, estaban serios, con las miradas perdidas en un punto lejano. Ella pensó que era algo casi… grosero de parte de su marido, descortés, como si no la soportara. Poco después esa mujer murió enferma, y a ella no le importó. Pero deteniéndose en seco dentro de la pequeña habitación en la posada, la mujer se da cuenta de que fue por esos días cuando su marido sufrido la crisis de depresión, de melancolías y tristezas.

 

   No quiero entrar más en honduras, mis amigos, el librito hay que leerlo para disfrutarlo; pero esa mujer, pedazo a pedazo, recuerdo tras recuerdo recompone toda su vida, cómo era ella, sin adornos. Se había casado con él, porque se veía bien, era agradable y proveería, no por amor, no uno que lastimara, que doliera… como lo que él había sentido por la vecina, que era tan fuerte que no lo dejaba mirarla por temor a que su pasión se notara, que ella u otros se dieran cuenta, o no poder controlarla y dejarla salir desbastando a dos familias. La mujer comprende que siempre le hizo difícil la vida a todos, que jamás escuchó qué sentían o qué deseaban; ella les trazó la vida, con sonrisas, con manipulaciones, implacable. Entendió que su hija en Oriente se había casado para escapar de ella, encontrándose atrapa en un mal matrimonio, y sí, ella había oído aunque intentó fingir que no, los rumores de que tenía un amante que la traicionó e intentó matarse. No había estado enferma, intentó acabar consigo misma.

 

   A ella se lo ocultaron, su marido, el marido de la hija, la hija; no por consideración, sino para que no lo empeorara todo. Sabía que su hija había enviado una carta a su padre pidiéndole que por ningún motivo permitiera que ella fuera; eso lo interpretó como que no quería darle mortificaciones, pero lo que en verdad deseaba la joven era que no la atormentara. Aún sus motivos para ir no fueron altruistas o nobles, no fue para acompañarla, sino para pasear y que todos notaran lo buena madre que era. Pero la tragedia los había unido, pues el marido no la dejaba sola con la hija, que fue lo que su ex condiscípula, generosa y bondadosa, había intentado explicarle, que ahora todo mejoraría para la muchacha, que ahora se fijaría en las cualidades de su marido.

 

   La novela es rica en matices, en giros, en el análisis de una personalidad superficial, indolente y algo idiota, la de tantos que se dejan llevar por el viento o el agua como el diente de león. La mujer se da cuenta de que ha vivido toda su vida de forma simple, superficial, sin querer saber de problemas, sin entender que todos eran distintos, empeñada en verlos de cierta manera y obligándolos a ajustarse a esa forma. Pero se jura que cambiará, que será otra. Llega a Londres y tiene un frío encuentro con su hija mayor, que enfrían un poco sus ímpetus de redención; ahora todo le parece tan cotidiano, tan normal que cree lo analizado en el viaje son fantasías, delirios sufridos por estar lejos. Cuando encuentra al marido, es nuevamente la de antes, la que no nota su tensión aunque sabía que había estado discutiendo con la hija mayor, la rebelde. Pero ella no quiere saber por qué o de qué, ni ver nada como no sea su vida ordenada, cómoda; desea imaginar que todo andaba bien. Y cuando el marido la abraza, este piensa: pobre Maria, está tan sola y no se da cuenta; gracias a Dios que no se da cuenta…

 

   Sí, fue una buena novela.

 

EL TERCER LADO DE LOS OJOS 

 

Julio César.