Archive for 28 abril 2009

SÍ PUDIERA…

abril 28, 2009

ENNIS DEL MAR

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   Un día tendré el valor…

 

   Desperté sintiéndome desasosegado. Quise escuchar tu voz, oír tu risa. Deseaba verte, tenerte aquí, alargar mi mano y tocarte. Pero no estás. Nunca estás porque jamás me atreví a correr detrás de ti para retenerte. A solas con mi corazón comprendo este pesar: cuando te conocí comencé a vivir, a sentir y amar… pero no supe cómo decir: ven conmigo, juntos hoy y mañana. Y ahora, a solas en mi cama, mirando el techo, sintiendo el silencio, entiendo con rabia y amargura que mi existencia ha estado en suspenso. Durante casi veinte años he esperado; los años se me han ido aguardando a que continúe mi vida. También la tuya, por mí te has detenido esperando a que una vez te llame y simplemente diga: ven. ¿Por qué no me odias?, tu cariño sin egoísmos es otra espina en mi alma. ¿Dejaré alguna vez de sentir este pesar, este vacío, este dolor? Sé que podría, tan sólo debo reunir coraje y llamar…

 

NADIE DIJO QUE AMAR DOLÍA…

 

Julio César.

 

NOTA: Es poco, lo lamento, pero no siento deseos de escribir. Ando tan deprimido que ni hacer esto, que me divierte, me distrae.

NO HAY ÁNIMOS

abril 28, 2009

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EN LA ESCUELITA…

 

Julio César.

VAYA TIPO

abril 28, 2009

VAYA TIP O                        VAYA… 2 

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   Quién lo encuentra en la calle, quiere cogérselo… para sí. 

 

   Sean sinceros, ¿a quién no le gusta este tipo de ropa sexy? En el gimnasio es la locura, a los muchachos les encanta verme este tipo de atuendo para el deporte. Si no me los quitara de encima andarían tocando las elásticas todo el tiempo para comprobar la calidad, con tan mala suerte que pelan la mano y siempre me tocan la raja del culo; coño, son tan cumbres que hasta uno que otro dedo entra, ¡son tan descuidados! Y olvidadizos, quien me toca a las dos de la tarde, a las dos y diez ya olvidó que lo hizo y quiere tocarme otra vez. Lo único malo es tener que rasurarse, y claro que no se lo pido a mi mujer. Uno es hombre y tiene su dignidad. Gracias al Cielo está mi amigo Joseito, quien me auxilia en tales menesteres. Es tan meticuloso haciéndolo que pasa largos minutos enjabonándome (y vaya que tiene unas manos grandes ese carajo), antes de rasurar. 

 

VAYA TIPO… 4 

 

Julio César.

MARZO FUE UN MES DE CIRCO SIN MUCHO PAN

abril 28, 2009

MARTA COLOMINA…

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   Qué reincidente son tantos en sus momentos más flacos. Ha pasado todo un año ya desde que Colombia fue al Ecuador a rescatar un territorio que la guerrilla se había tomado para sí, dicho en boca de su presidente, Rafael Correa, que Ecuador no limitaba con Colombia sino con ese territorio de la FARC. Y el hombre todavía le tiene tirria a Álvaro Uribe Vélez. Por lo menos malagradecido es. Colombia liberó y les devolvió ese territorio, eliminado esos bichos; hasta más seguro vive ahora el campesino en la sierra y el policía de campo. Pero no fue únicamente Rafael Correa quien chilló contra Colombia, también Hugo Chávez en Venezuela, alzando la voz a gritos, lo hizo, diciendo que si Colombia se atrevía a hacer algo así en Venezuela (¿qué le habrá querido decir a Correa?) lanza los tanques contra Bogotá. Un exceso, claro, con impedir que los terroristas de la FARC entren a Venezuela, se acaba el problema. Además, como le recordaron los generales al señor Presidente: si quiere enviar tanquetas a la frontera, terminen las carreteras y tapen los huecos de las que hay.

 

   La fuga de Nixon Moreno, líder estudiantil merideño, perseguido del ministro del Interior Tarek Al Assaime y reo político de Hugo Chávez, ha levantado toda una serie de ronchas dentro del país. El Gobierno ha intentado volver a la gente contra la Iglesia, o los cura, como les dicen para rebajarlos, pero fuera de los grupitos pagados para ir a marchas, en nominas de alcaldía y gobernaciones, nadie más les ha hecho caso. La fuga de Nixon fue motivo de muchas preocupaciones para quienes deseamos que le vaya bien… pero también de cháchara. Hay quienes sostienen que el líder estudiantil escapó vestido de cura, y que cuando salía un vehiculo de la DISIP, la policía política, se detuvo de golpe frente a él, y asomándose los agentes a las ventanillas dijeron: “¡Bendición, padre!”; a lo que el otro contestó, llegando al colmo de hacerles la señal de la cruz, “Dios los bendiga”. Tal especia debe ser falsa, claro, pero ¡conociendo a estos organismos de inteligencia…!

 

   La crisis económica mundial está toando visos impresionantes en cuanto a las cifras que piensan invertirse: Estados Unidos considera un plan de inversión de un trillón de dólares. Da escalofríos. Y uno se pregunta, ¿será dinero sostenido con reservas, o dinero inorgánico como los que se emiten en países paupérrimos como estos en crisis perpetua? Ojalá funcione, pero ahora sabemos que todo el sistema económico y financiero sobre el cual se asienta la existencia misma del orden social, tiene las patas cojas. No quiero ser pájaro de mal agüero, pero espero que esto no vaya a estallar de otra manera. Curioso es que, en teoría, el dólar bajará en todo el mundo… y eso es malo porque los norteamericanos perderán poder de compra. Malo para el mundo. Aquí, después de decir que la crisis no nos tocaría (¡y lo dijeron ministros y ex ministros de finanzas!), y de que entraron en diez años más de ochocientos mil millones de dólares, el Gobierno, en crisis, dicta su paquete de mini medida neoliberales. Mini para engañar incautos con su trampa para turistas. Es que cuando se escupe para arriba…

 

   Venezuela vivió momentos de gloria en este último Mundial de Béisbol, el cual va ganando en prestigio y atractivo. De verdad tenía muy pocas expectativas al respecto, ¡pero cómo respondieron! Caímos antes de la final, pero creo que se hizo un buen papel, y esta campanada nos dice que debemos esforzarnos y mejorar más. Hubo batacazos de todas clases: cayó República Dominicana frente a Holanda (increíble), y a Venezuela le costó ganarle. Cayó Cuba frente a Japón (ja, ja, ja), cosa que marca un hito, es la primera vez en sopotocientos años que el equipo de béisbol cubano no se cola en una final. Lo de Puerto Rico me tiene desconcertado, lo de Estados Unidos también. Sin embargo, en lo referente a Venezuela se dieron varias cosas interesantes. La pita y repudio del público a Magglio Ordóñez fue inquietante porque denuncia hasta donde nos arrastra el odio derramado desde Miraflores. Hubo quienes criticaron esa reacción de repudio al criollo, pero a decir verdad, cuando Chávez ofende gente en Aló Presidente, y Magglio ríe y lo celebra, se incapacita para reclamar. La gente que aplaudía a Venezuela cuando pasó a la semi final, repudiándola luego feamente, me recordó el cuento de Aquiles Nazoa, así son las masas: a Cristo lo aplauden un domingo mientras entra a lomo de asno a Jerusalén, tres días más tarde esa misma gente le gritan insultos y piden que lo crucifiquen. Aunque, y sin que me quede nada por dentro, basta de Luis Sojo como manager, por favor…

 

 LISTAS NEGRAS CONTRA INTELECTUALES

 

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… (16)

abril 28, 2009

LUCHAS INTERNAS                         … (15)

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   El muchacho tenía algo que enternecía…

……

 

   Llorosa la mujer lo abrazaba y lo miraba con ojos radiantes, de amor y arrepentimiento. Sam sentía una infinita piedad por ella. La amaba, pero estaba llegando al límite en que le tenía… lástima. Abrazándola con fuerza, se maldice por pensar así. Cuando la conoció era una mujer reilona, feliz, sin ataduras ni problemas. Nunca imaginó que fuera temática y maniática. A cierto nivel, muy profundo, pensaba que tal vez todo eso era culpa suya. Muchos decían que él la había enloquecido. Le cuesta un buen rato tranquilizarla y salir finalmente del apartamento. Mientras va hacia el ascensor, se dice que tiene que llamar a Cora, la madre de Linda. Ya era hora de que volviera a visitarlos. La mujer dragón siempre lograba tranquilizarla. ¿Quién coño le habría venido con cuentos? El ascensor se abre y allí se encuentra, muy elegante y atildado, Renato Mijares, quien lo saluda con una sonrisa. Sonrisa que no dura mucho en su atractivo rostro.

 

   -Hola, tigre, ¿sabías que tienes un poporo en la frente? -lo mira intrigado. Sam se mira al espejo.

 

   -Si… tropecé saliendo del baño. -dice rápidamente, sonriendo ante la mentira. Parecía un hombre sometido a la violencia doméstica que tiene que engañar a los vecinos. Nota la mirada fija del otro.

 

   -Debes tener cuidado con esos accidentes… ¿Duele? -suavemente lo toca en la frente. Sam siente un dolor palpitante y horrible.

 

   -Ay, coño, sí… -el otro ríe.

 

   -Llorón. Ponte mantequilla con sal. Con eso mi madre me bajaba los chichones.

 

   -Medicina de viejas. -se burla, mirándose al espejo. A las diez de la mañana ese chichón ya se vería horrible.

 

   -Pero funciona. Esta tarde no te verás tan lindo como ahora con tu moretón en la frente. Dile a tu mujer que te dé donde no deje marcas. -le dice suave, casi sonriéndole sobre un hombro. Sam lo mira en el espejo.- En la barriga, tal vez.

 

   -Ella no… -calla ante la sonrisa del otro, que es burlona pero amistosa. Lo confunde, como siempre.- No la juzgues, Renato. Linda no es una mala persona.

 

   -Si la quieres tanto y sigues con ella, debe valer mucho; si no, no estaría a tu lado. -dice simple, mirándolo en forma lejana. Inquietándolo como siempre.

……

 

   Rara vez un pueblo había puesto tantas esperanzas en una sola persona, en un Gobierno que comenzaba; como sucedió con el actual periodo iniciado en el noventa y nueve, con el fin del siglo veinte. Nunca antes un Presidente había contado con tantas simpatías, había estado rodeado de tantos buenos deseos, todos deseaban que ese hombre triunfara en su gestión. La gente, cansada de los antiguos partidos y sus políticos agotados, mañosos, poco inteligentes, poco planificadores, poco trabajadores, pero hábiles en maniobras y ñemeos, así como en traiciones y oportunismo, le dio la oportunidad al hombre que venía de los cuarteles. Su gente dominó totalmente el antiguo Congreso y así inició una serie de cambios que en los menos necios de la población, gente vieja que no creía en payasadas como los muchachos, despertaron suspicacias y ceños fruncidos, aunque ya un hombre, el viejo reportero Rafael Poletto, lo había advertido, anunciando que vendrían cambios como los ocurridos en la Alemania de los años treinta, con todo el odio, las persecuciones, los juicios populares, la demencia y el horror; pero nadie lo escuchó.

 

   Se eliminó la bicameridad del Congreso, y al modelo cubano, se conformó un Parlamento unicameral, lo que afectó la representatividad equitativa de los estados; se nombró a todos los miembros de Los Poderes Públicos basados en la aplanadora de esa mayoría parlamentaria. El poder Judicial, el Moral y el Electoral quedaron en manos de gente que no tenía mayor credencial o curriculum, como no fuera un carnet del partido de Gobierno, y una sumisión perruna, real o fingida, al líder, a quien le decían ‘que inteligente y maravilloso es usted, señor, mi señor’ y aseguraban el cargo. Un pequeño grupo, una pequeña cúpula podrida y partidista, secuestró todos los poderes e impartía órdenes y directrices que no se discutían ni consultaban con nadie, como si de los dueños del país, de la vida de sus habitantes y destinos se tratara. Todo estaba servido para un gobierno autoritario y autocrático que se aseguraría la lealtad de muchos en el exterior repartiendo dineros y prebendas a los más menesterosos, incluyendo a los llamados círculos de la izquierda europea y norteamericana; pero una inesperada incapacidad mental del gobernante y sus seguidores los hizo perder esa oportunidad de oro. Una pelea a destiempo y sin necesidad con la prensa, que les había sido partidaria hasta ese momento, causó la primera fisura. El intentar utilizar las escuelas como centros de adoctrinamiento para alabar al régimen y al gobernante, satanizando y persiguiendo a los opositores, contó con la postura sólida y firme de padres, representantes y maestros que alzaron la voz de protesta. Algo que nadie esperaba, y que sorprendió al régimen acostumbrado a sus vividores y halamecates.

 

   Los evidentes, aterradores y escandalosos casos de corrupción del régimen, del entorno presidencial, de la rapaz familia imperial, los de la cúpula podrida y de los funcionarios del Gobierno, terminaron por quitarle la venda de los ojos a la mayoría. Y de forma valiente, y totalmente imprevista, la gente salió a la calle a protestar, acompañados por los medios y la reaparición de los viejos partidos. El régimen que pensó que los grupos violentos y armados que capitaneaban en las calles, de los que la señora Irsia Roce era una de las comandantes, aterraría y callaría al país, perdió la paciencia cuando no lograron controlarlos. Los ideólogos pasaron entonces al ataque. De una manera que parecía burda, torpe, grosera y de gente brutal, el régimen fue granjeándose la enemistad de países serios donde las libertades civiles y las seguridades jurídicas y económicas de sus habitantes eran la prioridad; para acercarse e imitar (cosa de imbéciles totales) a regímenes delirantes, criminales y déspotas, de gente con dinero y poder que no lo utilizaba en educar a su pueblo para que fueran médicos, maestros, ingenieros o arquitectos, sino que los adoctrinaban hasta el delirio, pensando que la culpa de lo que padecían ‘venía de afuera’, y que había que morir por eso y  luchar contra los que sí tenían. Se pactaron alianzas con simples delincuentes como el matarife del Caribe, quien llevaba cuarenta años martirizando a su pueblo, secundado por una cúpula de asesinos disfrazados de cancilleres, artistas, deportistas y militares que lo ayudaban a controlar a un pueblo famélico y adoctrinado.

 

   Pero había que ir aún más a fondo, había que desacreditar y destruir a unas Fuerzas Armadas apegadas a la ley y la legalidad. Los medios de comunicación debían ser controlados, lo que informaran debía ser lo que el régimen decía y si no se sometían, debían ser callados, por el terror a las amenazas o a una ley prostituida a niveles nunca antes vistos. Los empresarios, industriales, productores y ganaderos fueron perseguidos abiertamente, había que ir contra ellos. Había que poner a los más ignorantes y gritones de la población a perseguirlos, invadirlos y saquearlos. La consigna era arruinarlos, que se fueran del país, con empresas y todo, así se cerraran fuentes de trabajo, cosa que no se hacía por descuido, sino por una maldad calculada, copiada de la tumba que era la isla antillana. El sistema que habían decidido instaurar sólo podía sostenerse en un país en la miseria, donde la gente pasara hambre, donde nadie tuviera fuerzas para discutir, marchar o protestar. Que la gente sólo pensara en lo poco que comía y en cómo conseguiría la otra; mientras temía a los comisarios de la revolución, que podían quitarle por la fuerza y a palos lo poco que tenían. Debía ser un lugar horrible, lleno de miseria, de hambre, de miedo, de terror… una nueva Cuba.

 

   Garcés Porta, el viejo y degenerado comunista, y Juan V. Rojas, el antiguo y gallardo tribuno defensor del Estado de Derecho, fueron los que montaron toda la trampa. Ancianos decrépitos llegados al poder en plena decadencia moral y física, sentían que tenían muchas cuentas que cobrar y saldar. Para ello se arrastraron a crímenes, vicios y excesos de los que, en otros tiempos, nadie los hubiera creído capaces. De Garcés Porta se tenía la idea del ideólogo aséptico de la revolución social, el viejo comunista, todo ideal y nada de ambición, luchador de la justicia extrema; y terminó sembrando el país de milicias armadas para que agredieran y destruyeran a los que no se sometieran a él, que babeaba esperando ser llamado eminencia. El poder y el dinero alcanzado ahora, no iba a soltarlo por nada del mundo. Ni podía, sabía que sus hijos y nietos, rapaces y peligrosos como ellos solos, no se lo perdonarían.

 

   J. V. Rojas, el antiguo periodista, serio, brutal en su lucha contra la corrupción y las componendas contra el país, enemigo de la narcoguerrilla, el tribuno de ayer; era la piltrafa de hoy, envilecido hasta los extremos, renegando de todo lo que ayer fue. Su corrupción, avidez y vicios, unidos a los de su mujer e hijo, eran ya legendarios. De la sólida reputación de antes, sólo quedaba la catadura sórdida del delincuente político, donde la mancha de un carcinoma devoraba su rostro, como sus crímenes trituraban su alma; pero en cierta forma, también él era un prisionero, de la ambición y avidez de su impúdica mujer. Ambos hombres aseguraron el destino de sus familias, quienes eran exactamente como ellos. Y sin embargo, Garcés Porta y J. V. Rojas sólo eran patéticas marionetas en manos de una mente enferma, cruel y sanguinaria: Fidelio, el monstruo que durante décadas enteras había vivido asesinando a su propia gente en la isla caribeña. Así, bajo la inspiración del tirano, una pobre empleadilla de tercera, ayudó a dictar leyes apresuradas y supraconstitucionales, conocidas como Las Leyes Habilitantes, destinadas a confiscar propiedades y aniquilar al empresariado, como primer paso para destruir al país. Fue el momento en que éstos reaccionaron.

 

   Un régimen brutal decidido a arrasar el país, oyó con burla el desafío de los hombres de empresas y negocios, al decir que paralizarían por doce horas a la nación en diciembre del dosmil uno, en protesta contra esas leyes anticonstitucionales. El gobernante rió tanto que le dolió la barriga, extraviado ya en sus cuentos y mentiras. Creyendo ya las tonterías que decía, pensó que el pueblo lo seguiría hacia la fosa de miseria que les ofrecía mientras él y su entorno vivían como reyes. Ese día de diciembre, día diez, fue una sorpresa desagradable para él comprobar que realmente el país se detuvo. Amenazó y gritó como drogado desde la base aérea en la capital donde realizaba uno de esos actos tan excitantes para los dictadores, un desfile militar, insultando a media humanidad, soltando basura y mierda por esa boca como una cloaca cualquiera. El país se les oponía. Pero el régimen y sus hordas ya no podían volver atrás, habían apostado todo a destruir el espíritu de los venezolanos. No iban a crear fuentes de trabajo incentivando las empresas y las inversiones; no iban a proteger a los trabajadores con salarios reales, con pensiones, con fondos de jubilación;  no iban a detener al hampa o a desarmar a los delincuentes. Ya no había tiempo para crear un país. Habían apostado por su destrucción y ese camino se siguió. El siguiente paso fue lógico, el país no sería totalmente una casa en ruinas mientras funcionara La Petrolera Nacional. Había que intervenirla y acabarla, desmejorarla, vender lo que se pudiera,  guardando las ganancias para el entorno. Alison Recado, el farsante que juraba tener una conciencia social; y Francisco Merentes, otro que se fingía un luchador popular, pero que siendo izquierdista sólo podía aportar ruina, se ocuparían de eso…  ¡Cuanta daño era capaz de hacer la vieja y torcida Izquierda!

 

   La intervención de La Petrolera, los despidos injustificados, y el ascenso de gente que no tenía otro aval que una recomendación, activó el segundo gran paro del país, que fue convocado por La Central de los Trabajadores y La Cúpula Empresarial a la que se unió la gente de La Petrolera. Fue así como un día de abril se convocó a una gran concentración que iría desde el Oeste hasta la llamada plaza de Los Méritos, sede de La Petrolera. Pero la marcha la rebasó y continuó más allá. La gente, marchando y cantando iba hacia Miraflores, a gritarle al gobernante que se fuera; pero, ¿cómo aceptar que miles y miles llegaran a decirle que era repudiado? Se había gastado millones y millones en crear una falsa imagen de líder amado por las masas, ¿cómo justificar ese repudio? Ya no bastaría conque la cadena norteamericana NCC dijera que era una lucha de ricos contra pobres, o que el Le Coime Diplomatique dijera que era una guerra de blancos contra negros, a pesar de todo el dinero recibido. El hombre sintió miedo, ese miedo patológico que había sentido en otras ocasiones, que lo anulaba, lo ataba y lo hacia lloriquear en forma patética.

 

   Las órdenes se dieron: ¡Que no lleguen! Hay que detenerlos. ¡Que los paren como sea! Y desde las azoteas de El Silencio llovió la muerte, inesperada, sorpresiva, insospechada. ¿Quién podía imaginar que alguien diera una orden tan brutal, tan insana, tan demencial? Y los muertos cayeron, sangrando, boqueando, con los ojos llenos de sorpresa, de extrañeza. ¿Qué pasó?, se preguntaron mientras morían. ¡La Masacre de El Silencio! Desde las azoteas y puentes disparaban contra la gente, desde la calle La Guardia Nacional, enviada por el general Balandrí, impedía la huida; desde Maracay, la capital de un estado vecino a Caracas, el general Buñuel recibía y se aprestaba a poner en marcha el plan Cábala para que el ejercito cargara contra la población en las calles. Era la demencia en toda su miseria, y en todo eso piensa Eric, sentado tras su escritorio, con rostro cansino. Piensa en las armas traficadas, piensa en las denuncias de que entrenan grupos paramilitares; recuerda a Las Chicas Superpoderosas en su rueda de prensa denunciando la existencia, video en manos, de nexos del Gobierno con los narcos de la frontera que se hacían llamar guerrilleros. Piensa en su madre… y en su prohibición expresa, tajante de que no fuera a la marcha de abril. La marcha que comenzó con risas, consignas y alegría, terminando en muerte, dolor y caos.

 

   -Hola, pato. -le dice un poco alegre Sam, abriendo la puerta y entrando. Eric lo mira y se inquieta.

 

   -Coño, ¿qué te pasó en la frente? ¿Al fin te salió el cacho que te monta Linda? Te ves horrible, pana. -Sam va hacia él.

 

   -Que raro, alguien me dijo que tenía una hermosa cara. -dice sentándose y frunciendo el ceño al recordar a Renato Mijares. ¿Será marica?, se pregunta por enésima vez desde que lo conoce.

 

   -Lo que te diga tu ego no significa nada. -lo mira con preocupación. Sam se toca el chichón.

 

   -Fue un accidente… -lo mira con ojos preocupados.- Linda está mal, güevón. Alguien le fue con un cuento sobre Lesbia y yo, y me tiró esta mañana una mierdita de esas que tanto le gustan de adorno.

 

   -Sam, eso es grave. Linda está perdiendo el control sobre sí, otra vez… -se alarma.

 

   -¿Quién no termina perdiendo el control en este país? Estamos sometidos al estrés. -toma aire.- Anoche me enteré de algo perturbador…

 

   Le hace un relato pormenorizado de lo que pasó. Le habla de lo desmejorada físicamente que está Lesbia, que bebe algo más de la cuenta, que oyó que William Bandre también estaba bebiendo mucho antes de desaparecer. Que algo atormenta a la mujer y no es sólo la ida de William…

 

   -Creo que le montó los cachos y él se enteró…

 

   Le cuenta que el hombre llevaba tiempo sin hablarle de sus casos, pero que algo en uno de ellos lo inquietaba. Que desaparecía fuera de horas de oficina y luego regresaba asustado y deprimido, que el día de la masacre (no nota que Eric se tensa), fue llamado por sus clientes y fue a los alrededores de Miraflores. Que nada supo de él en todo el día. Que luego vino la masacre y ella estaba aterrada. Que él volvió hecho talco, se encerró en su despacho y lloró toda la noche…

 

   -Lloraba y bebía caña, según ella, como sí algo muy horrible lo consumiera…

 

   Que el día siguiente la pasó sin moverse de su casa, que cuando la situación se normalizó y el gobernante volvió a la casa presidencial, volvió a deprimirse, tomó todas sus cosas y desapareció como sí estuviera asustado. Que desde entonces no sabían nada de él.

 

   -¿Qué opinas? -Eric parece muy inquieto.

 

   -Que… o andaba en algo contra el Gobierno y tuvo que escapar. O… tenía tratos con narcos, o con la guerrilla. O… -se miran fijamente a los ojos. ¡La Masacre de El Silencio! La masacre… él fue a los alrededores de Miraflores… Esas frases  daban vueltas y vueltas en sus cabezas. Y lo que veían no era grato.- Creo que no vale la pena especular sin hablar antes con William. -termina resuelto. Eric se ve consumido.

 

   -¿Crees poder encontrarlo?

 

   -Lesbia tiene una idea, o sabe de cierto dónde está. Sólo debo dejar que se convenza de que lo mejor que puede hacer es confiar en mí. Que mi… atractivo rostro la decida… -sonríe. Eric arruga el ceño, intrigado por primera vez.

 

   -¿Se puede saber quién coño dijo que tenías un bonito rostro? Te impresionó mucho…

 

   -Déjate de tonterías. -sonríe leve.- Y a ti, ¿cómo te fue con la reina de las vampiresas?

 

   Sam conoce bien a Eric, nota en seguida que la cosa fue dura ya que el rostro del otro se ensombrece feamente, como cuando algo muy grave lo preocupa o amenaza. El abogado habla de Marsella Salas, de cómo estaba físicamente, del interés que tenía en conocerlo como jefe de La Torre, del desprecio que sentía por ellos. Le cuenta de la agenda Tiburón, de cómo ella llegó al convencimiento de que él no dirigía la firma, y de que Germán, su propio padre le ocultaba cosa.

 

   -Sabía de la jefatura de Franklin, al que llamó una bella bestia… y de que era algo lógico que yo fuera desplazado, si no estaba al tanto de las agendas ocultas del bufete…

 

   Cuenta de los tenebrosos manejos del diputado Guzmán Rojas y del general Arcadio Bittar; cuenta del diputado por el estado Bolívar que se embriagaba y llevaba jovencitos a su casa y cuando éstos intentaban irse, los atacaba, y de como agredió a uno a machetazos, que era novio de una de sus hijas, pero que en sus calenturas, ni eso respetó. Cuenta de cómo la firma, metiendo a un familiar de él al juzgado como juez accidental, una de las agentes de la tribu de Damasco, engavetaron el asunto, se alejó a la fiscal que instruyó el caso y al juez que lo llevaba lo tenían bajo investigación disciplinaria. Habla de una mafia de árabes ligados al terrorismo, protegidos en la isla de Margarita por ellos, habla de diputados que venden terrenos en zonas municipales a precios de dólar vigente, cambiando las zonificaciones. Habla y habla, de las denuncias, de los pozos de corrupción, de malandraje, de los vicios y excesos de una gente que enarbolaba la bandera del cambio y la lucha contra la corrupción. Y La Torre allí, directa o indirectamente, protegiéndolos a todos.

 

   -Algo de eso, sabía. -se encoge de hombros Sam. Eric lo mira, algo calla. Algo grave. Y Sam lo sabe.

 

   -No quiero eso, Sam. No quiero la agenda Tiburón aquí. No quiero a los que pactan con ellos. Quiero al responsable… sea Caracciolo, López o Gotta. Lo quiero fuera.

 

   -¿Y si es… Roche?

 

CONTINÚA … (17) 

 

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… (15)

abril 23, 2009

LUCHAS INTERNAS                         … (14)

el-urologo-se-divierte-mas

   Si, el urólogo se divertía mucho más…

……

 

   Mientras se pone los guantes sentado tras su escritorio, mira al joven militar quitarse la ropa. No tiene un biombo, lo eliminó hace tiempo para su propia diversión. Le encantaba, deleitaba una vena maligna y perversa en él, ver a los carajos que  iban allí buscar donde desnudarse, sintiéndose pequeños e indefensos ante él al tener que hacerlo en su presencia; sobretodo si no esperaban el examen físico el mismo día de la primera consulta, siempre daba a entender que era una entrevista preliminar y los exámenes vendrían después. Pero era falso, sólo buscaba… sorprender.

 

   El médico medita en esos momentos en las muchas veces que él mismo ha pensado en irse del país. Con movimientos lentos calza cada dedo dentro del guante, preguntándose por qué no lo ha hecho ya. Con cierto sarcasmo se dice que todos los días se aprende algo de la gente, y de uno mismo. Él era un hombre cínico, hasta malintencionado como decían sus enemigos (y uno que otro amigo), pero cuidaba de los suyos, de la gente a la que quería o apreciaba; por eso en la última borrachera que agarró con el grupo les propuso que sí un día todo se ponía muy difícil, sí el país se volvía invivible para la gente decente y trabajadora, emigraran todos, con sus reales, sus peroles, sus familias y se fueran a Miami, por ejemplo. Todos juntos, como vecinos y amigos. Los… apreciaba, coño, y pensar en escapar de esa ratonera, dejándolos atrás, lo perturbaba.

 

   La idea no caló. Todos parecían dispuestos a quedarse y afrontar lo que viniera. Pero en fin, él los previno. Era un treintón exitoso, casado y bien situado en el ranking médico nacional. Y sin embargo… había cosas que ni eso remediaba. Sentía una desazón extraña, un sentimiento de futilidad con su vida, con su trabajo, con lo que era Caracas en esos momentos; sabía que era un malestar de pesimismo por el futuro. Mira al joven fornido que tiene en frente. El cadete duda, es alto, musculoso y de un tono de piel canela atractiva, se dice el hombre, sin que eso lo afecte en mayor manera. Le mira los desarrollados pectorales donde la cadena con las placas de identificación se balancea, y la cintura es estrecha. El joven lo mira, indeciso.

 

   -Pensé que la primera consulta era… sólo para abrir la ficha. -sonríe apenado.

 

   -Lo primero es lo primero. Para mí: el examen médico. -le sonríe profesional, tranquilizador.

 

   Ahora sabía que se llevaría una sorpresa cuando al final el ajustado pantalón verde oliva cayera. El joven dudaba mucho en quitárselo. Algunas veces se llevaba esas sorpresas. Tipos que iban sin saber del examen y vestían prendas íntimas de lo más curiosas. Y esa era una de las cosas que lo sorprendían de él, y que no comentaría con el grupo; ahora… le gustaba ver qué había bajos los pantalones. El cosquilleo malvado que sentía en el maldito tolete, que se le movía un poco al ver las tetillas, también era una sorpresa algo resiente. Y no muy grata.

 

   El joven duda aún, toma aire y abre el pantalón. Los ojos del médico van al pequeño triángulo invertido del cierre abierto. Hay una prenda suave, elástica, de color blanca allí, algo baja, dejando ver unos pelos púbicos revueltos. El pantalón baja y el carajo de piel canela, enrojece un poco. Lleva una mínima tanga blanca, con tiritas delgadas que suben por sus caderas. El tolete le abulta, colgando en reposo. Apenado se medio vuelve a dejar el pantalón sobre un sillón y Néstor, con una sonrisa, entiende el por qué de su vergüenza. La prenda íntima y sensual es un hilo dental que desaparece entre las nalgas firmes y musculosas. Hummm, piensa como relamiéndose el galeno, sonriendo en forma torcida, otro más. Esto sería interesante.

 

   -Es algo que… me regalaron en una fiesta. Una broma, ya sabe… -dice apenado el muchacho, metiendo los dedos en las tiritas de la tanga.

 

   -No, déjatela. -ordena Néstor, parándose y entendiendo varias cosas al mismo tiempo. Era un hombre sagaz. Inteligente, aunque muchos quisieran tacharlo de redomado imbécil.

 

   Entiende que al joven le gustaba la prenda, le gustaba estar atrapado en ella, percibir la presión de la tira sobre el culito que lo hacía sentirse sexy y algo sucio. Supuso que se la había regalado otro carajo, como parte de una burla, de una broma, pero que muy posiblemente el otro se lo imaginaba metido en ella, y eso lo excitaba aunque nunca lo diría. Seguro que quien se la regaló, un amigo o un colega de la academia, se moría por verlo así como lo ve él, enfundado en la tanguita. Tal vez hasta soñara con tocarla. Lo otro que entiende el hombre, es que al joven le gustaría mostrarla, le gustaba aún ahora, aunque estaba apenado. Seguro que había fantaseado más de una vez en presentarse ante un grupo de amigos, así, en hilo dental, como si tal cosa, sabiendo que se veía del carajo. Finalmente, comprendió que ese joven cadete buscaba guerra…

 

   -Me encontré con que iba a salir y no tenía nada más limpio y… -aún se ve avergonzado.

 

   -No hay problema. -lo mira a los ojos, sonriendo.- Te queda muy bien. Alguien con tu cuerpo, puede lucirla. En una playa o en una piscina, causarías sensación -dice audaz. Nota que el joven se sofoca un poco, enrojeciendo.- Pasa por aquí. -le señala una báscula.

 

   El joven va algo desmañado hacia el peso y sube. A sus espaldas, Néstor lo recorre con la mirada, burlón. Sus ojos están clavados en esas nalgas que se tragan la tirita del hilo dental. Coño, que calienta braguetas era ese carajito, porque difícilmente llegaría a los veintiún años. Va al lado del joven y mira el peso. Noventa y dos kilos, un buen peso para alguien tan alto y musculoso, piensa.

 

   -Esto está bien, ahora pasa por aquí. -le dice jovial y una de sus manos enguatadas cae como al descuido sobre una de las nalgas, sobándola casi imperceptiblemente.

 

   El joven se tensa. Percibe que hay un aire de sensualidad en el aire, y se siente débil en su tanga frente a ese carajo. Mira la camilla que le muestra el profesional y va hacia ella, a sentarse.

 

   -No. Comencemos de una vez con la exploración prostática. -lo dice burlón, eso siempre asustaba a todos.- Tiéndete boca abajo, muchacho. -le ordena con una sonrisa torcida.

 

   El cadete vacila, pero finalmente lo hace, echándose sobre la camilla acojinada. Néstor lo toma por la cadera y el joven casi da un brinco por la sorpresa. Lo mira como asustado, confuso y expectante sobre un hombro.

 

   -Un poco más acá. -le dice el otro, halándolo. Sus manos aprietan esas tibias caderas. El joven cierra los labios como para no dejar escapar una bocanada de aire. Y el médico lo nota.

 

   Lo echa hacia atrás. Una de sus piernas cae por un costado apoyándose del suelo, la otra es doblada un poco por el médico y el espacio entre la raja del culo y las bolas queda expuesto, enfundada aún dentro de la tanga. La tirita cruza la raja, tapando sólo el culo, se ensancha más abajo como un saquito y contiene los dos testículos. Todo eso, rodeado por los musculosos muslos del joven, hace una visión exquisita. Néstor lo mira fascinado; hay tanta fuerza y belleza en la juventud, se dice burlón.

 

   -Debo hacerte un pequeño examen, ¿sí? No tienes nada de que preocuparte. -le dice bajito, mirándole las nalgas de color canela, algo sonrosadas por la vergüenza de la exposición. La línea del bronceado es chica.

 

   -Bien, doctor. -jadea contenido, el cadete.

 

   -Tienes la línea del bronceado muy pequeña, te gustan las tangas en la playa, ¿eh?

 

   Toma asiento en un banquito, cerca de ese joven de piel caliente. Su calidez le llega en oleadas aunque no lo toca aún. Sus manos enguantadas caen con ganas sobre las caderas, apretándolas, sintiendo la firmeza y vigor del  muchacho, cuyo rostro refleja algo de indecisión, confuso ante las maneras del galeno. A Néstor le brillan los ojos, podría decirse que de interés más que de deseo, ¿hasta dónde llegaría el joven? Su mano izquierda, acariciándolo deliberadamente, se mete bajo la tirita de la tanga al final de la espalda. Atrapa la tirita que baja, con un grosor no mayor de centímetro y medio, y la hala hacia la derecha, sacándola un poco de la raja interglútea, exponiendo el sonrosado culito, rodeado de algunos pelos crespos.

 

   El joven siente la boca seca; hay algo en ese carajo que lo inquieta mucho. Algo tibio recorre todo su cuerpo y nuevamente tiene que cerrar la boca para no dejar escapar una bocanada contenida. Néstor mira la raja y acerca un poco el rostro y aspira el olor. Está limpio. Caliente. Suelta la tanga y el hilo vuelve a cubrir el culo. El médico dirige la vista hacia una charolita en una mesa cercana. Toma un largo y muy delgado agitador de vidrio que termina en una punta algo más cabezona, redonda. Algo totalmente fálico. Toma un pote de glicerina y lo unta, sonriendo ante lo que va a hacer. Nuevamente atrapa la tirita del hilo dental, con suavidad acariciante.

 

   -Si quiere… me la quito. -dice ronco el joven.

 

   -No hay problema. Relájate… -responde ronco, mientras piensa ‘y disfrútalo’.  Se ve serio.

 

   La mano enguatada se pone a la altura del culito y con los dedos índice y pulgar separa las nalgas, exponiendo el sonrosado agujerito. El agitador va hacia él, la redonda punta se frota de la entrada, de arriba abajo, acariciante, estimulante. Lentamente se frota y soba. El joven abre mucho los ojos, impactado. Enrojece todo. Espera… algo. La punta roma va entrando lentamente. Entra la cabecita y se queda allí. Ese culo se abre y cierra sobre él. Néstor sonríe más. El agitador entra, acaricia, soba. Se frota contra las paredes del culo. Entra empujando el anillo del esfínter, sale y lo deja abierto por un instante. El hombre lo mete, dejándolo allí, moviéndolo de un lado a otro, sintiéndose muy morboso. Lo mete hondo, sacándolo luego todo. Lo frota contra la raja, acariciándola y vuelve a meterlo. El joven tiene la boca seca, le cuesta tragar. Siente como ganas de gritar, de agitarse, siente ganas de…

 

   -Está frío, doctor… -jadea ronco. El otro sonríe, soltando la tirita de la tanga, pero cogiéndolo aún con el agitador, que ahora mueve con fuerza, con rudeza.

 

   -¿Preferirías algo más caliente?

 

   -Tal… vez sí… doctor. -gruñó, mal.

 

   -Te lo puedo dar. No te preocupes, muchacho; pero antes… -se para tras él, el güevo le abulta escandalosamente contra el pantalón.

 

   Nuevamente las manos del hombre caen sobre la cadera del otro, cerrándose sobre las tiritas de la tanga. La hala. Se la quita. El joven lo mira confuso. El doctor sonríe leve. El otro acomoda las piernas y la tanguita enrollada baja por las musculosas extremidades. Con una leve nalgada, Néstor le indica que se acomode. El joven nuevamente monta el pie izquierdo sobre la camilla y el derecho queda extendido; ansioso, esperando lo que viene, sintiéndose débil ante ese carajo. La raja interglútea se abre mostrando su fruta secreta. El galeno juraría que el culito titilaba. Más abajo están las dos enormes bolas y el güevo flácido aún. Vaya, lo que sé le calienta es el culo…

 

   El profesional, sin que el otro lo vea, olisquea un poco la pequeña prenda. Sonríe sintiéndose perverso. Ojalá pudiera quedársela, piensa, colocándola sobre la charolita. Toma la glicerina y se empapa el índice de la mano derecha, lo que viene será poesía pura. El joven pasa saliva, sintiéndose confuso, asustado y expectante. No sabe lo que le espera, pero lo aguarda. Néstor se para tras el joven y con la mano izquierda le hala la nalga de ese lado, abriéndole más la raja. El culo tiembla. El dedo del galeno se frota allí, con suavidad, y con unas ganas nada profesionales. Es una caricia con claras connotaciones eróticas. El joven abre mucho los ojos, tenso, con el cuerpo rígido. El dedo se frota contra el culito, abriéndolo, entrando un poco. El tipo se muerde los labios, lo encuentra caliente. No es una invasión desagradable, es más como una dulce cosquilla. Algo mareante, excitante y delicioso.

 

   El dedo sale y vuelve a entrar, todo, hondo.  Néstor sonríe con una mueca. Clavándole el dedo, dejándolo allí. Siente como ese culo va calentándose, como sus músculos se cierran sobre su dedo. El culo palpita. El chico siente la mirada nublada, la boca muy seca y la respiración agitada. Intenta controlarse, pero el otro no sería un buen médico si no notara el aumento de su frecuencia respiratoria y cardiaca, aún desde donde está. El dedo está muy clavado, sintiendo el calorcito contra el puño.

 

   -Esto parece estar bien, pero necesita más exploración, muchacho…

 

   -Lo que usted diga, doctor. -jadea el chico, mirándolo sobre un hombro, con la boca abierta y una expresión de dulce tortura.- Haga su trabajo, como debe ser.

 

   -No te preocupes, muchachote, quedarás satisfecho con la atención.

 

   El dedo sale y entra, profundo. El médico aprieta los dientes, metiéndolo duro, con fuerza. Lo mete y lo agita de un lado a otro dentro del caliente hueco. Levanta el puño y el dedo queda clavado como un garfio hacia arriba dentro del culo, lo hala y el joven deja escapar un prolongado gemido, de placer. No hay manera de confundir ese lamento de excitación, de quien goza. Néstor sonríe satisfecho, es lo que pensaba. Es lo que buscaba.

 

   Ahora el dedo se clava hacia abajo, hacia la panza contra la mesa, palpando y sobando allí. Él es un buen urólogo y sabe de eso. Sabe de los hombres que al estar con mujeres les gusta que le metan el dedo en el culo, como el actorcillo aquel que tuvo la ocurrencia de grabar un video de eso; son carrizos que odian la idea de ser tocados o tocar a otro hombre, pero sienten placer al meterse cosas por el huequito. La explicación era sencilla, a través de la palpación anal era posible para un hombre, estimularse la próstata, la poderosa glándula masculina que al ser bien tratada, produce infinidades de erecciones y de clímax y corrientazos ricos de placer. El masaje a la próstata nunca fallaba.

 

   Vuelve a clavar el dedo y su puño se mueve en forma circular y el joven jadea más, sus nalgas suben un poco, al tensarse sobre la camilla. Sonriendo con una mueca, el médico retira la mano y el joven jadea mirándolo, atormentado sobre el hombro.

 

   -No te preocupes, bebé. Te daré el tratamiento completo. Tu culito no va a quedar huérfano.

 

   Se quita los guantes, moja sus dedos con glicerina y nuevamente abre esas nalgas. Dos dedos se frotan ahora contra ese culo. Los mete con un gemido de gusto. El chico casi chilla, agudo, pero no es dolor, es excitación. Los dos dedos entran muy profundamente, hurgando, enloqueciéndolo. El joven jadea más y su rostro se apoya contra la camilla, cansado, abatido. Los dedos salen y entran hondo, cogiéndolo. El cadete gime más, sus nalgas se mueven. Su culito va y vine contra esa mano enloquecedora. Quiere más y más de eso. Sus nalgas suben y sus bolas y güevo quedan colgando. El tolete está erecto, grande, joven, vital, pidiendo a gritos ser tocado y mimado por un hombre complaciente.

 

   -Hummm… Hummm… -jadea el joven, subiendo y bajando su culo, cayendo una y otra vez sobre esos dedos que lo penetran.

 

    El chico cierra los ojos y abre la boca como buscando oxígeno, o vida, casi mordisqueando la camilla, su lengua sale un poco, babeante, y la frota allí, sin pensar en quién pudo estar acostado antes. Sólo siente deseos, su cuerpo vibra y se quema, su culo palpita y titila, buscando aún algo nuevo.

 

   -Muévelo, bebé. Mueve bien ese culo. Así se hace… lo haces muy bien. -le susurra ronco Néstor, sonriendo, mirando la sudada espalda. El joven estaba muy caliente.

 

   -Hummm, que rico… -jadea, mirándolo con ojos empañados, empujando el culo hacia atrás.

 

   -Eres bien caliente, bebé. ¿Lo habías hecho antes? -ahora le aprieta las bolas con la mano izquierda. Sobándolas. El joven gime más, ocultando el rostro contra el colchón.

 

   -No… Nunca… -jadea mal. Y Néstor le cree.

 

   -Tienes un culo caliente y hambriento, bebé. Y se ve que quieres experimentar. Estás en la edad y en el lugar indicado. -ya sabía yo que en los cuarteles solo se mariconeaban, piensa.- Búscate un amiguito. Grandote, tetón, con el cuello como un toro. Eres bonito, seguro que te será fácil. Busca alguien que te sobe, que te mime, que de noche te bese en tu camastro, para que se pajeen juntos. -le habla ronco, divertido.- Alguien que te haga cositas ricas en este culo…  no sólo con los dedos. Alguien que te abrace, que te bese en tu cama, que se te monte y te haga aullar…

 

   El joven jadea, una parte de sí le dice que deje de menear el culo así, que deje de abrirlo y cerrarlo con tantas ganas y lujuria sobre esos dedos largos y gruesos que lo cogen una y otra vez; que se comporte como un hombrecito y no sienta esas ganas de gritarle para que lo coja con su güevo, para saber cómo era, para probarlo, para… enviciarse con eso. Cierra los ojos y se imagina a Geraldi, un compañero catire que sirve con él. Lo imagina haciéndole eso, sobre su camastrón, oyendo a los otros carajos afuera. Y Geraldi lo haría, era un sucio degenerado. La mirada del médico está clavada sobre esas nalgas que van y vienen, sudadas y brillantes, musculosas y paraditas, que esconden un culito ardiente, que se cierra sobre sus dedos, chupándolos y atrapándolos, como queriendo metérselos más adentro. Que fácil sería sacarse el güevo, que lo tenía duro y babeante de jugos pre-eyaculares, palpitándole dentro del pantalón, y enterrárselo allí, sin glicerina, sin saliva. Sólo sacarlo y metérselo, hacerlo gritar y chillar más. Estaba convencido de que el cadete lo gozaría.

 

   Ruge cogiéndolo con más velocidad. Frenético. El joven jadea mucho, babeando un poco. Siente todo su cuerpo caliente, vibrante. Sus tetillas están erectas al límite, así como su güevo. El calor lo embarga todo. Sólo puede pensar en menear más y más su culo, sintiendo esa rica caricia interna, que le ponía las entrañas  húmedas y hambrientas. Todo su cuerpo se tensa y cae sobre la colchoneta, apretando las nalgas y tensando las piernas. El güevo, muy erecto, le queda apuntando hacia abajo, y Néstor ve como se corre. Abundantes raciones de semen escapan de ahí, casi mojándole los zapatos, acompañado por los lamentos de agónico placer del cadete. Que puto, se dice burlón, el médico, teniendo aún los dedos clavados en el culo que también sufre espasmos. Los retira. El joven queda sudado, jadeante y como encogido en la camilla. No quiere ver a nadie, en especial a ese hombre. Siente una vergüenza horrible, esa sensación de culpa infinita que se sufre después de hacer algo que se considera que esta mal; pero que nunca  detiene a nadie, sino que ataca después. Néstor lo entiende, le da una sonora nalgada.

 

   -Todo está bien, por aquí, muchacho. -lo dice con su tono más profesional, caminando hasta el pequeño lavamanos. Se asea.- Puedes ponerte el calzoncillo… -lo mira con médica indiferencia. El joven lo agradece.

 

   Néstor aún no lo dejará ir. Sabe quién es, sabe de quién es hijo. Y tal vez pudiera sonsacarle algo interesante para contárselo a ella, a esa mujer que lo enloquecía tanto…

……

 

   Las reuniones que sostuvieron Eric con Marsella Salas, y Sam con Lesbia, cada uno por su lado, habían traído cola. Eric vivía deprimido y Sam tuvo un serio disgusto con Linda, quien se enteró que había estaba cenando con ‘una bella catira’ a la que le tomaba la mano y miraba con ojos de perro velón. De nada le valió confesar que se trataba de Lesbia de Bandre y que era una cuestión de trabajo. La mujer se molestó en un grado casi frenético, tanto que le arrojo un cenicero que casi le da en la frente. El hombre se alarmó y le pidió que se calmara, pero no pudo contenerla hasta que la mujer le dio de lleno en la sien derecha con un pequeño adorno de cristal. Con un alarido, Sam cayó sentado. Fue el momento en que Linda se asustó, por herirlo; pero no era un miedo de lastimarlo y ser castigada. Era el horror de provocarle dolor a lo que tanto amaba. El amor de Linda por Sam era  obsesivo y asfixiaste. Era la razón de su vida. Toda llorosa corrió hacia él. Lloriqueó tanto, que Sam se ablandó, y con un chichón palpitante en la frente, tuvo que consolarla, abrazándola y acunándola, diciéndole que no era nada, pero que tenía que contenerse. Que él nunca la dejaría ni le haría daño.

 

   Llorosa la mujer lo abrazaba y lo miraba con ojos radiantes, de amor y arrepentimiento. Sam sentía una infinita piedad por ella. La amaba, pero estaba llegando al límite en que le tenía… lástima. Abrazándola con fuerza, se maldice por pensar así. Cuando la conoció era una mujer reilona, feliz, sin ataduras ni problemas. Nunca imaginó que fuera temática y maniática. A cierto nivel, muy profundo, pensaba que tal vez todo eso era culpa suya. Muchos decían que él la había enloquecido. Le cuesta un buen rato tranquilizarla y salir finalmente del apartamento. Mientras va hacia el ascensor, se dice que tiene que llamar a Cora, la madre de Linda. Ya era hora de que volviera a visitarlos. La mujer dragón siempre lograba tranquilizarla. ¿Quién coño le habría venido con cuentos? El ascensor se abre y allí se encuentra, muy elegante y atildado, Renato Mijares, quien lo saluda con una sonrisa. Sonrisa que no dura mucho en su atractivo rostro.

 

   -Hola, tigre, ¿sabías que tienes un poporo en la frente? -lo mira intrigado. Sam se mira al espejo.

 

   -Si… tropecé saliendo del baño. -dice rápidamente, sonriendo ante la mentira. Parecía un hombre sometido a la violencia doméstica que tiene que engañar a los vecinos. Nota la mirada fija del otro.

 

   -Debes tener cuidado con esos accidentes… ¿Duele? -suavemente lo toca en la frente. Sam siente un dolor palpitante y horrible.

 

   -Ay, coño, sí… -el otro ríe.

 

   -Llorón. Ponte mantequilla con sal. Con eso mi madre me bajaba los chichones.

 

   -Medicina de viejas. -se burla, mirándose al espejo. A las diez de la mañana ese chichón ya se vería horrible.

 

   -Pero funciona. Esta tarde no te verás tan lindo como ahora con tu moretón en la frente. Dile a tu mujer que te dé donde no deje marcas. -le dice suave, casi sonriéndole sobre un hombro. Sam lo mira en el espejo.- En la barriga, tal vez.

 

   -Ella no… -calla ante la sonrisa del otro, que es burlona pero amistosa. Lo confunde, como siempre.- No la juzgues, Renato. Linda no es una mala persona.

 

   -Si la quieres tanto y sigues con ella, debe valer mucho; si no, no estaría a tu lado. -dice simple, mirándolo en forma lejana. Inquietándolo como siempre.

 

 

CONTINÚA … (16)

 

Julio César.

LA MEJOR POLITICA ES LA DEL VECINO ATENTO…

abril 23, 2009

VECINOS!!!

bebezote-gay

HOMBRES TRABAJANDO UN SÁBADO

 

Julio César.

LOCURA!!!

abril 23, 2009

 

ESCALOSFRÍOS

 

   Hay cosas que dan miedo sin necesidad de ser sobrenaturales. A veces abrimos un periódico y leemos algo insólito: un tipo se cita con otro… para que lo mate y lo devore. Un hombre mantiene encerrada durante años y años, sin que nadie parezca notar nada extraño, a una pariente, atormentándola. El mundo sigue girando, pero sí, hay muchas cosas a las cuales temer. Una vez hablando con una colega de trabajo sobre el crimen en Caracas y lo poco que el Estado puede hacer por protegernos en muchos casos, ella definió la diferenciación exacta. Las autoridades pueden colocar vigilantes en una esquina y disuadir a quien quiere robar, secuestrar o matar. Pero nadie puede protegernos del vecino que cava en medio de la nada, un sótano para encerrarnos.

 

   El siguiente relato tiene algo de eso. Disfrútenlo…

……

 

MUÑECAS

Luis Bernardo Pérez

momia

   Acepté ver la colección de muñecas sólo por cortesía, no porque me interesara. La vieja acababa de adquirir uno de los extractores de jugo que ofrezco de puerta en puerta y ello me hacía sentir comprometido. Además, una de las reglas básicas de todo vendedor exitoso es la de no contrariar al cliente.

 

   La casa era humilde, pero lucía ordenada y limpia. Había jarrones con flores frescas, varias imágenes religiosas colgaban de las paredes y una radio antigua descansaba en un rincón. Desde el principio el lugar me resultó sombrío, aunque no puede precisar el motivo.

 

   Me levanté del sillón forrado de plástico y me dejé conducir por un estrecho pasillo hasta una puerta cerrada con llave. La vieja abrió y entramos en una habitación poco iluminada. El penetrante olor a perfume de violetas hizo que se me revolviera el estómago. Entre las sombras distinguí a las muñecas. Había de todos los tipos y tamaños. Algunas se apretujaban en los entrepaños que cubrían las cuatro paredes, otras se encontraban arracimadas en un diván, recargadas contra la pared o sentadas en el piso apoyándose las unas en las otras.

 

   La vieja no ocultaba su orgullo.

 

   -Aquí están mis nenas- dijo.


   -Es impresionante- afirmé fingiendo entusiasmo-. ¿Cuántas tiene?


   -No estoy segura. Hace mucho tiempo que perdí la cuenta, pero seguro son más de mil.

 

   Caminé entre esa multitud de rostros infantiles. Mi anfitriona corrió las cortinas para aclarar un poco el cuarto. Vi cientos de niñas rubias y morenas, de trapo y de plástico, con el pelo lacio o rizado, con sus zapatos brillantes, sus pulcros baberitos y sus vestidos impecables.

 

   -Esta es una de las primeras que tuve- dijo la vieja señalando una figurilla llena de encajes en cuyo inexpresivo rostro se advertía el brillo de la porcelana-. Mi papá la mandó traer directamente de Francia cuando cumplí diez años. Y esa otra, la que tiene la falda bordada, me la regaló mi hermano Francisco cuando estuve enferma. Eso fue en el año… Déjeme recordar…

 

   La fragancia de violetas resultaba intolerable. Me sentí mareado, pero no quise interrumpir las explicaciones de la vieja, quien hablaba sin parar sobre su colección Yo miraba sin ver, paseaba la vista sobre la mesa de cuerpecitos inertes que ella había ido acumulando a lo largo de los años y de quienes se expresaba con tanta familiaridad. Entonces, fijé mi atención en dos de las muñecas, las cuales se distinguían del resto por su absoluta falta de gracia. Eran dos monigotes con los brazos torcidos, el pelo maltratado y la cara cenicienta.

 

   Me acerqué para observar aquellas esperpénticas figuras. Ambas estaban vestidas de azul y llevaban listones rojos en la cabeza. Parecían fabricadas de cartón o de arcilla sin cocer. La boca se abría para formar una mueca ridícula. Al aproximarme más noté que las dos presentaban oscuras oquedades en el lugar donde deberían ir los ojos y la nariz. Fue entonces cuando, percibí, mezclado con el aroma de las violetas, un peculiar hedor, una exhalación putrefacta. Retrocedí aterrado.

 

   Mascullando una excusa, salí de la habitación. Al pasar por la sala tomé mi caja de muestras y, sin mirar atrás, me lancé a la calle a toda prisa. En el cerebro resonaban con insistencia las palabras de la vieja:

 

   “-Aquí están mis nenas”.

……

 

   Simple, conciso, corto. No entiendo cómo alguien puede describir algo tan bueno con tan pocas palabras. Y qué siniestro. La demencia, esa es otra cara del horror. La demencia que transforma a gente común, a comunes seres humanos en monstruos capaces de las peores atrocidades. El cuento, como digo, fue bueno, pero yo como lector independiente, que lo miro desde afuera, habría agregado detalles. En lugar de un vendedor adulto, el mirón habría sido un niño que comió galletas y tomó leche antes de ver las muñecas. Al bajar, sintiéndose mareado por el olor a violetas, habría recordado cuentos sobre la anciana, y al descubrir la creciente colección de “nenas” entendería que su mareo tiene un significado más siniestro mientras ella cierra una puerta a sus espaldas. Brrrr… nada más de imaginarlo da… escalofrío.

 

MIEDO Y ASCO

 

Julio César.

MINI FLOJA

abril 23, 2009

FLOJERA DE ESCRIBIR

comics-very-gay

   A los descuidados exploradores era la quinta vez que los atrapaban… esa semana.

……

chico-en-calzoncillos

   -Hey, amigo, pasa y toma lo que quieras…

……

trio-gay1

   Sí, era un mecánico que trabajaba duro y a fondo, por eso tenia tantos clientes…

 

DE TRABAJITOS RAROS…

 

Julio César.

EL NOVIO

abril 23, 2009

CADA UNO A LO SUYO

enculada-gay

 EL TIEMPO EN PRISIÓN

 

Julio César.

INTERACTIVO

abril 23, 2009

HOMBRES Y EJERCICIOS

juegos-de-machos

   ¿Imaginan a dos carajos calientes jugueteando uno con el otro dentro de un ascensor? Hasta para un cuento da. Sobre eso, dos tipos bien masculinos y atractivos sosteniendo un toma y aprieta así, tratan unos cortos que me llegaron. Me los enviaron y descubrí algo que me impactó: qué sexy es la gente de traje y corbata en diabluras. Y sobre este fetiche, la firma MENATPLAY, ha filmado una buena variedad de cintas de las cuales, desgraciadamente, no he conseguido ninguna. Estos cortos que me llegaron, son eso, cortos bien cortos, pero si alguien los desea, que los pida. Sin rollos.

tocando-lo-bueno

 

DISCIPLINA ESCOLAR

 

Julio César.

COMPROMISO

abril 23, 2009

…MILITARES

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    -No se preocupe, general Sherman; no nos rendiremos sin pelear, señor.

 

   -¡Tenemos los rifles bien cargados! Deje que esos norteños enseñen sus culos, señor.

EXIGENCIAS DE TRABAJO

 

Julio César.

LA ASAMBLEA Y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL INDEPENDIENTES

abril 23, 2009

CHÁVEZ Y EL TÁCHIRA

bulto-de-macho

   -Ahora vendrán también por lo mío.

 

   Chávez termina de enloquecer; como los medios controlados por el gobierno, nadie los ve (ni ellos), se lanza de frente, y nuevamente, contra Globovisión, RCTV Internacional, El Nacional y otros medios informativos. El desastre nacional, desempleo, deterioro de la infraestructura y delincuencia (cuatro mil muertos a manos del hampa en tres meses) no es culpa de Gobierno, ni responsabilidad de ellos: es culpa de los medios, por lo tanto, si matan al perro, se acaba la rabia.

 

   Al tirano no le importa lo que ocurra aquí, es un gobernante de izquierda, esta gente no sirve sino para malbaratar y destruir lo construido por los gobiernos serios; lo que le importa, y molesta, es que se sepa que no sirven ni se ocupan, al ser reflejado por los medios de comunicación independientes. Entonces… se irá contra ellos, se cometerá otra aberración… y el mundo continuará haciéndose el pendejo, mientras sacan lo que pueden de este campamento minero devastado.

 

   Qué constaste con gente como los paraguayos, donde un Congreso Nacional dice: “No, ese señor no es demócrata, por lo tanto a mi mesa no se sienta”. O el Perú, que desafiando las iras del basilisco, cobija a los venezolanos que huyen de la persecución, a diferencia de El Salvador de Tony Saca, el cobarde que entregó gente a este régimen monstruoso. Pero, claro, la gallardía es difícil de encontrar. Lástima.

 

…HAY INSEGURIDAD PORQUE LO MENCIONAN EN LA PRENSA

 

Julio César.

CAMINOS DE NADA…

abril 17, 2009

ENNIS DEL MAR

tesoros-de-brokeback

   Poco para unos, mucho para otros…

 

   ¡La muy descuidada había dejado su saco!, reparó, sereno, doblándolo cuidadosamente antes de abrir el ropero. Allí, al alcance de sus manos como siempre, estaban sus tesoros. Pocos pero preciados. Las dos camisas. La postal del paraíso. Las miró por un segundo y no pudo evitar el reflujo de sentimiento subiendo por su garganta, amargos por intensos, que humedecieron sus ojos. “¡Mi niña se casa, ¿puedes creerlo, Jack?!”. Su niña ya era una mujer. Él hizo lo que debía por ella. Hizo las preguntas que importaban: ¿Lo amas? ¿Te ama? ¿Es un buen hombre? Al parecer, sí. Ella estaría bien. Fue cuando miró por la ventana abierta que dejaba entrar el cálido viento del desierto y que a veces traía ecos que susurraban nombres del pasado.

 

   Tendría a alguien. Su niña no estaría sola. Pero reparar en ese camino de tierra que se perdía en la distancia, le pesó, porque lo llevaba a lo que era su existencia. Era un camino de estéril soledad, una vía que no llevaba a ninguna parte. El camino que él debía recorrer ahora cada día de su vida porque ya no tenía fuerzas, ni deseos, de regresar. Era el sendero árido de su ser, uno que esperaba terminara una noche cualquiera al ir a dormir. Deseaba cerrar sus ojos y despertar a una noche oscura, a un cielo desconocido donde brillaran con increíble intensidad dos estrellas azuladas, brillantes y vivas, que le dirían que ya todo estaba bien. Nunca esperó que la espera fuera tan larga, pero está convencido que un día tendrá final, cuando al grito de un vaquero de comiquitas sabrá que ha terminado la soledad de su transitar.

……

 

   O así lo esperamos, por él. Por tantos otros.

 

SÍ PUDIERA…

 

Julio César.

¡¡¡FLEX!!!

abril 17, 2009

FLEX!!!

hombre-en-suspensorio1

   Sí, le encantaba el yerno, tan fornido dentro de su chico y ajustado suspensorio. Y sabía qué hacer para que se ablandara… de ánimo, ya que le gustaba bien duro de todo lo demás. Sabía que con un tipo así, todo forrado de músculos, velludo y machote, había que admirar su cuerpo, decirle lo bien que se veía y tocarlo todo mientras se le decía que seguro a todas las mujeres se les hacía agua la boca al verlo. Eso les gusta, los excita; y que cuando se acaloran un poco, hay que tocar más y más, hasta que venga el: “Pero ¿qué hace? ¿Qué quiere?”. “Tragármelo todo el… momento”, es la respuesta. ¿Qué pasará?: o se va, callando y medio caliente, o sede y saca todo su ser. El viejo lo sabía.

 

 

men-gay

   El suegro sabía que si el yerno aflojaba un poco, sin negarse de plano, la cosa era de urgencia. Había que caer rápido adorándolo, bajarle la prendita lentamente, acariciándolo, luego de tocarlo un poco sobre ella. Seguramente no estará muy… dispuesto todavía, nervioso como está, pensando que todo eso es malo. ¿Solución? Un solo bocado y dejarlo allí, saboreando y masajeando con la lengua caliente y las mejillas. Un poco de aliento pesado en la base también inquieta. No hay uno que no se arme con toda su fuerza y hasta dispare una que otra gota viéndose obligado a ello. Si se va y viene con fuerza sobre el juguete, el bebé no escapa. Menos si el otro se vuelve un pulpo tocando todo, pellizcándolo todo.

 

FLEX!!!… 3  

 

Julio César.