Archive for 27 mayo 2009

NCIS… ¿REGRESARÁ?

mayo 27, 2009

MUJERES, ¿EN EL BAÑO?          BRITNEY SPEARS BAJO LA LUPA

NCIS

   Nadie parece saberlo.

   El final de la última temporada, la sexta, nos dejó fríos. La verdad que fue un capitulo final, final. Al equipo lo destrozaron, burocráticamente hablando. Ziva David debe regresar a Israel; Tony DiNozzo va destinado a un buque; Timothy McGee pasa a otro departamento; y a Leroy Jetthro Gibbs le entregan las carpetas de nuevos reclutas. ¡Qué final!

   Recuerdo que cuando transmitieron por segunda vez esa última temporada, cuando también retransmitían la de CSI Miami, donde a Caine le disparan y dejaban ‘agonizando’, esperaba con ansiedad que terminara para ver qué sucedía luego, ¿cómo salvaría Gibbs la situación? Llegó el último episodio, el grupo separado, los rostros graves… y la semana siguiente comenzó otra serie en ese horario. Hablo del canal AXN. Y yo me quedé en el aire. Entré a la Web para ver sí alguien sabía algo, pero nada.

   Esta serie continúa manteniéndose interesante a pesar de sus seis temporadas, porque está muy inteligentemente escrita, pero como dije una vez, es por sus personajes, tan complejos y enteros, tan cada uno en su rol. Los personajes son sumamente atractivos y uno toma partido por uno o varios al mismo tiempo. Sin embargo, ha perdido parte de su frescura. Será porque se volvió algo más personalista. A muchos personajes se les dio una profundidad más privada que la hace algo menos dinámica e interesante. Las primeras temporadas trataban sobre los casos, la investigación, las sorpresas, y de uno que otro chispazo de intimidad entre los personajes, algo muy puntual y picante: la fotografía de Kate en un concurso de camisetas mojadas, DiNozzo y la transexual y cosas así; en las dos últimas temporadas cayeron en algo que muchas veces no funciona, largas tramas que abarcan muchos capítulos, que si te pierdes uno, te enreda un poco dificultándote seguirla. Lo de DiNozzo y su doctora fue bueno, pero demasiado largo para culminar en lo que terminó, y eso que fue sorpresivo.

   La aparición de Lauren Holly como Jennifer Shepard, jefa y ex amante de Gibbs, tuvo sus momentos, pero en realidad no era un personaje necesario, la dinámica del grupo se la tragaba muchas veces. Su salida de la trama pareció forzada. Sin embargo, el libro sigue siendo bueno. Entre DiNozzo y Ziva la cosa ha ido funcionando. Ahora nos cae mejor esta joven y hermosa hija de latinos, Cote de Pablo, de quien dicen habla perfectamente el castellano (qué bien), y casi olvidamos que para incluirla mataron a Kate: pero esa relación que existía entre Kate y DiNozzo no pudo repetirse con Ziva. Esa ambivalencia amor-odio, más bien el de un matrimonio viejo y rencorosamente divertido, no funciona con Ziva. No hubo manera.

   ¿Debería continuar la serie? Por supuesto, los personajes tienen gancho. Gustan. Ese capitulo donde Gibbs sale con una coronel a quien le toca investigar una muerte y una de las sospechosa es la ex de Gibbs, fue inesperado. Hay una escena donde Gibbs va llegando con la coronel y la ex está ahí, con Jennifer, y las tres lo miran y él se ve todo azorado, fue increíblemente ameno. DiNozzo y Ziva pasan por ahí y él comenta, “Choque de trenes, sé que no debería mirar pero no puedo evitarlo”. Cómo reí cuando se lleva a Gibbs por algo y le susurra “Seguro que te alegras de verme”.

   El barco fantasma fue igual de bueno, la escena donde DiNozzo se cree enfermo y se lamenta que deseaba morir en una balacera como fulano, o una explosión como zutanito, y Gibbs le gruñe “¿Por qué no como Chaplin?”, “¿Cómo es eso?”, “En silencio”, fue genial; el marine sepultado vivo en el campo donde se representaba la guerra civil, con un celular donde marcó innumerablemente el 911 pidiendo inútilmente ayuda, fue conmovedor; Ziva acusada de matar a un árabe, perseguida por todos, asustada, dándose puñetazos del bueno con otro agente, fue emocionante; el novio demente de Abby Sciuto, fue trepidante; el viejo que viene a confesar un crimen que no recuerda, alguien que ha vivido atormentándose durante años por un crimen que cometió únicamente en su corazón, también fue conmovedor, sobretodo como Gibbs logra darle paz; el cuerpo mutilado por el que acusan a DiNozzo de asesino fue uno de los mejores que jamás he visto, recordar a Abby gritarle a McGee que no culpe de nada a DiNozzo quien prácticamente está en el pabellón de la muerte, fue estupendo; ese donde acusan a Ziva de matar a un sospechoso en un ascensor, y luego ella discute con DiNozzo, quien le pide no le aplique el golpe de la muerte, fue hilarante; cuando McGee mata accidentalmente a un policía en un callejón o cuando su hermana es acusada de asesinato y trata de encubrirla, fueron muy humanos; Ziva enamorada de un hombre que agoniza, asesinado al llegar, fue duro; la joven que le recuerda a Gibbs a su hija, salvados todos en el último momento por DiNozzo, fue revelador; pero uno de los mejores momentos fue aquel cuando Gibbs pierde la memoria reciente y su viejo ex compañero le recuerda algunas cosas, el relato que hace del once de septiembre, la cara de Gibbs, fue emotivo… Todos han sido grandes episodios.

   Después de la muerte de Kate, la serie continuó exitosa, tal vez sin esa buena química, pero continuó, aunque la sexta temporada estuvo algo floja. Como dije, hubo demasiadas cosas personales de los personajes. Pero ojalá regresen con una nueva temporada… aunque no encuentro datos sobre ello. Si deciden dejarla morir así, sería una lástima. La extrañaremos mucho.

COSAS GAY              MICHAEL Y FARRAH, EL MISMO DÍA

Julio César.

LA DIETA BALANCEADA LLEVA LECHE TAMBIEN

mayo 27, 2009

DE ARMAS TOMAR

CHICOS XXX

   En esa fábrica esos hombres sólo trabajaban la ociosidad…

   Viernes en la tardecita es un momento de locura en toda fábrica. En los vestuarios los carajos, todos jóvenes y llenos de testosteronas, se tomaban sus copitas y comenzaban a juguetear. Manuel, que era místico para comer, fue atacado por Pablo, quien lo acusó de verse paliducho por no comer bien, ni sopas ni vegetales, “Como tu mamá te decía. Te voy a meter los vegetales como sea”. Y en medio de la sorpresa se lo va metiendo, lentamente, empujando, venciendo la resistencia del otro a algo que no quería, o que pensaba que no quería, porque entre risitas y dientes apretados, sintiéndolo deslizarse, comprende que no era tan malo. Cuando la mitad ya ha desaparecido, se miran, enrojecidos y sorprendidos de descubrir que la cosa era sabrosa. “¿Viste? Te gustó tu ensalada, ¿verdad? Ahora necesitas carne de la buena”, dijo ronco, Pablo. Un poco más allá, Germán abre mucho los ojos cuando Julián le dice que necesita carne también. ¡Cosas de hombres!

OCASIÓN CALVA… Y LISITA

Julio César.

DE TUTORES Y PUPILOS

mayo 27, 2009

LA APUESTA

MAESTRO Y ESTUDIANTE XXX

   Esos chicos saltaban literalmente sobre sus lecciones…

   Mientras el chico se estremecía y gemía sus agudos “hummm”, subiendo y bajando sobre su asiento, el tutor lo guiaba hacia el borde del duro aprendizaje, llevándolo a las profundidades mismas de la lección del día. El hombre joven disfrutaba de meter a los muchachos en lo que debían y querían aprender de forma entusiasta. Y el chicuelo continúa, enrojecido, transpirando, metiéndose bien hondo su gruesa tarea, aunque… el tutor sobre el juguete traído por el chiquillo, también aprendía.

TRAMPA EN EL OESTE

Julio César.

MARIANELLA SALAZAR Y LAS LISTAS NEGRAS DEL CHAVISMO CONTRA LOS INTELECTUALES

mayo 27, 2009

MARTA COLOMINA…

MARIANELLA SALAZAR

Es política oficial que cualquier extranjero que venga a disertar sobre política, que no sea invitado por el Gobierno para respaldarlo, para expresar afinidad con el proceso, ponderar sobre las maravillas del fulano socialismo del siglo XXI y adular a su inventor ­como impúdicamente lo hace Ignacio Ramonet­, será hostigado, humillado y finalmente deportado.

No es ninguna novedad. Recordemos la amenaza, que el mismo Chávez en tono intimidatorio y vergonzante, le lanzó a la ex candidata presidencial peruana, Lourdes Flores, que lo comparó con el entonces prófugo Alberto Fujimori, o las proferidas contra el presidente del partido conservador, Acción Nacional de México, Manuel Espino, que lo criticó por intentar perpetuarse en el poder.

El juez español Baltazar Garzón también recibió una andanada de insultos por hablar de violación de los derechos humanos, al referirse al cierre de RCTV. El año pasado, las policías políticas sacaron a patadas de su hotel al presidente de la ONG Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, y un mes después, al eurodiputado español Luis Herrero; además, le impidieron a Lech Walesa, premio Nobel de la Paz, acudir a un foro sobre Democracia en la UCV.

Tampoco se han salvado del hostigamiento gubernamental los nuncios apostólicos, tanto monseñor André Dupuy como el actual, que han estado a punto de ser declarados personas no gratas por su solidaridad con la Iglesia venezolana y su inocultable malestar frente al autoritarismo del régimen.

El Gobierno tiene su lista negra de intelectuales y escritores extranjeros. En ella se encuentran, Mario Vargas Llosa y su hijo, Álvaro, Plinio Apuleyo Mendoza, Enrique Krauze y Jorge Castañeda que participarán la próxima semana en Caracas en un foro en Cedice.

Da pena que estas prestigiosas personalidades sean maltratadas ­incluso antes de llegar al país, como si pertenecieran a una mafia internacional que cumple una misión de la CIA para derrocar al caudillo bolivariano­ que sean ofendidas y calificadas como lacayas del imperio, o acusadas de conspirar.

Todas esas artimañas disuasivas no les intimidarán, vendrán, a pesar de las bravuconadas. Saben cómo desdeñar la reacción ciega, inducida e incentivada por ese necio total, universal y definitivo que es Hugo Chávez.

Tic tac

Plan revolucionario de lectura: los interesados pueden dirigirse a la división de Publicaciones del Despacho de la Presidencia para retirar ejemplares de Alí Primera, padre cantor del pueblo, por José Millet; Che Guevara, un marxismo para el Siglo XXI, Néstor Kohan; Reflexiones de Fidel, Fidel Castro Ruz; Breve historia del petróleo en Venezuela, Salvador de La Plaza; Cómo repudia una clase social a su Libertador, Miguel Acosta Saignes; Carta de renuncia al Congreso Nacional, Fabricio Ojeda; Reflexiones del comandante, pensamiento crítico, Fidel Castro; El día en que asesinaron a Colombia, Víctor Hugo Morales; Año de la revisión, rectificación y re-impulso de la Revolución Bolivariana, Hugo Rafael Chávez Frías; Proclama de 1902 ante el bloqueo imperialista, general Cipriano Castro; Miranda, Bitácora de un visionario de nuestra América, Carmen Bohórquez; Sucre, resumen sucinto de la vida del general, Simón Bolívar; Las aventuras de Simón Bolívar, Vinicio Romero Martínez; La Segunda República de Venezuela (1812-1814), Julián Fuentes Figueroa Rodríguez; Contra el burocratismo, Ernesto Che Guevara; Consejos Comunales, Felipe García, y Proyecto Nacional Simón Bolívar, Primer Plan Socialista de la Nación.

Ojo pelao: la DIM adquirió ­a través de a una empresa fachada de equipos contra incendios, en La Urbina­ equipos para intervenir blackberrys… tic tac.

……

TIC TAC (20-05-2009)

Marianella Salazar.

   Tomado del portal NOTICIAS24

……

   Esta vez, o hasta donde leí comentarios (los primeros de la página), no encontré replicas contra la apariencia de Marianella, cosa que me sorprendió. No, esta vez la cosa vino desde el punto de vista de lo que dijo, lo que, en verdad, me agrada más. Eso que denuncie esto o aquello, y la llamen zorra borracha como respuesta a la denuncia, dejaba muy mal parado al chavismo. Pero veamos un caso en especial:

PANASONIC
20 / Mayo / 2009

9:40 am

ESPERATE… Si hablas de intelectuales como las basura de: vargas llosa, los intelectuales de Globovisión, Granier y su combo… ni le den derecho de palabra, ni so lo merecen… o plomo o cárcel, una de las dos o ambas.

   Llegó una replica:

exveneco
20 / Mayo / 2009

10:57 am

PANASONIC: no me queda dudas de tu ignorancia, a los pensadores no se les da cárcel y plomo sólo porque no estés de acuerdo con ellos. Voltaire lo dijo: “No estoy de acuerdo con tus ideas, pero defiendo tu sagrado derecho a expresarlas.”
Ni tú ni tu macaco presidente deben saber quien es Voltaire!! Voltaire no es para prender bombillas!

   A lo que contrarreplicó Panasonic, más humano esta vez:

PANASONIC
20 / Mayo / 2009

11:49 am

Rosa y exveneco – no se si son estúpidos o se las dan… lo famosos intelectuales que nombra la fascista de Salazar (Mario Vargas Llosa y su hijo, Álvaro, Plinio Apuleyo Mendoza, Enrique Krauze y Jorge Castañeda) TODOS son pagados por USA y la CIA y el único objetivo que tienen es tumbar o incitar un golpe de estado… Si hay intelectuales que critican constructivamente y se les respeta… entonces métete volteire, montesquieu o rousseau por el mismo orto

……

   Aparentemente Panasonic ignora que a Chávez se le baja las medias cada vez que ve a un gringo que le sonríe como Sean Penn u Oliver Stone cuando vienen del Norte enviados por el Imperio para seducir al indiecito que abarata a Venezuela mediante el recurso de destruirla; allá, mi amigo, esos viven y ganan en dólares; o la Eva Golilla que le mete el miedo en el cuerpo al Comandante con los retazos de documentos que la CIA le da para que se gane esos realitos. Todos saben que Chávez es uno de los agentes más feroces del Imperio, el único que se atrevió a destruir el sistema productivo venezolano para convertirnos en mono productor de petróleo y exportador totalmente de comida, medicinas y tecnologías… como Estados Unidos lo deseaba desde el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, ¿o no lo sabías tú que te la das de sabrosote y que te las sabes todas, mi amigo intelectual? Chávez será protegido, y mantenido ahí por sus amos del Norte, hasta que PDVSA esté totalmente en el suelo y deba vendérsela a Estados Unidos para tener unos cobres y escapar con la familia. Infórmate.

SE FUERON MICHAEL Y FARRAH EL MISMO DÍA

Julio César.

¿QUÉ DICE?

mayo 27, 2009

¿QUÉ?

MILITARES Y CARAJITOS XXX

   La guerra civil era dura y duraba demasiado, y de tarde en tarde el Sargento debía inyectarles valor y patriotismo a los muchachos que luchaban contra el Norte. Y lo hacía a conciencia, disfrutando su trabajo, viéndolos responder emocionados, pidiendo más, que les diera más, por favor, señor. Y él no se detenía aunque parecieran desmayarse ante la extenuante prueba. Cuando caían sobre él, y debía sostenerlos… continuaba dándoles, como buen militar.

PADRE E HIJO XXX

   No había peor delito que la deserción, pensaba el Sargento mientras administraba su dura disciplina a los jóvenes cobardes. Como no podían darse el lujo de encarcelarlos, y que los vigilantes les inyectaran a cada momento su desprecio, él prefería reeducarlos. A esas nalgadas duras, firmes, lentas, haciéndolos gritar y estremecerse entre sus piernas, seguían sobadas para calmar la tersa piel joven y poder darle más. Gruñéndoles un “toma, maldito cobarde”, los acuchillaba con uno, dos y tres dedos. Los gemidos de los chicos eran un coro de gozo, de quiénes entienden que la cosa no era tan mala por allí. Para cuando el Sargento les daba fusil del bueno, disparando su metralla bien hondo, ya esos chicos no pensaban más en huir.

¿QUE DICE?

Julio César.

LOS SIMPSON DE CUMPLEAÑOS

mayo 17, 2009

GALLY                         BRITNEY SPEARS BAJO LA LUPA

THE SIMPSON

   -Pequeño… ¡demonio!

   Comenzó la vigésima temporada de esta ya legendaria serie animada. ¡Veinte años en el aire! Regresa un nuevo año, salvando de tarde en tarde a la cadena Fox, como ha dicho Bart varias veces. El señor Matt Groening la pegó de la cerca cuando ideó a esta familia disfuncional, egoísta, medio salvaje y totalmente irreverente. La sátira hacia la cultura norteamericana es sardónicamente cruel, pero ajustada a la realidad. En esta gente, los Simpson, muchos nos vemos reflejados, aunque todos lo niegan con ferocidad cuando lo digo. Las manías, temores y traumas de la pequeña e inteligente Lisa, luchando contra el gen Simpson; Bart, un anarquista extrañamente no terrorista, sus tremenduras no van guiadas por la maldad; y Homero, la joya de la corona, nos hacen pasar gratos momentos.

   Hay quienes alegan que la serie ha perdido gracia, más no vigencia (ese episodio donde son declarados traidores, y aclamados en el Medio Oriente por ello, fue jocoso, igual que la sátira final, cuando regresan ocultos a gozar los beneficios de los inmigrantes europeos); lo que ocurre es que en veinte años hemos ido perdimos la inocencia, la capacidad de sorprendernos con esta familia genial. Y eso que ha pasado por malos ratos. Un duro golpe fue el cambio de voces, pero aún a eso, que en otros programas fue fatal, ha logrado sortearlo. Si te sientas a mirarlos, aunque hallas visto un capítulo muchas veces, encuentras el detalle que hace sonreír de forma irónica, por el sarcasmo, por el detalle de la vida misma. Hace poco vi un episodio donde Bart arruina las navidades de todos quemando el árbol de navidad y los regalos, ocultándolo, y llorando dice que vio a un ladrón robarse todo, y hace un aparte para decir “y el árbol también”, para continuar llorando. Homero grita qué desgracia, lo abraza llorando y viendo a Marge exclama: “qué dolor, ¿podemos faltar a la iglesia?”.

   Pero ya antes, en ese capítulo, me había reído bastante. Cuando fueron al centro comercial de compras, Homero, con total impunidad ocupa el espacio, dos espacios, para minusválidos. Ante la mala cara de Marge, sale… arrastrando una pierna. Es que es así, como la gente normal, la detestable, claro. Hacia el final, cuando Bart, acosado por un raro sentimiento de culpa (debió ser el espíritu navideño), confiesa que no hubo ningún robo sino que todo fue culpa de él, todos quedan impresionados. Es Lisa, chirriando dientes, quien gruñe “pequeño demonio”, frase de Homero, y se le va encima, ahorcándolo, como hace su padre cada semana. A esa escena, hilarante, se suma Homero al grito de “¡Lisa!”, como si fuera a detenerla, y termina con un “Lo haces demasiado suave. Es así” y la aparta estrangulándolo él, y Lisa le toma un brazo y hala como para hacer más fuerte el apretón, mientras le da de puntapiés al hermano. Cómo reí, pero faltaba aún. Marge se arroja intentando apartarlos, y como carga a Maggie, esta, malencarada también, le atrapa el cabello a Bart y se lo hala. Dios, fue una locura de lo más divertida.

   La serie conserva su encanto, y de tarde en tarde logra sacarnos una carcajada. Ojalá continúen por mucho tiempo más.

ISABEL, ESOS MOMENTOS              NCIS… ¿REGRESARÁ?

Julio César.

EXIGENCIAS DE TRABAJO

mayo 17, 2009

…MILITARES

MACHOS HOT

   -Hummm… ay, jefe, tenemos que trabajar, coño…

   -Este es tu trabajo, pendejo, así que hazlo bien. Muévelo y aprieta bien la pieza.

¿RELACIÓN CAUSA-EFECTO?

Julio César.

¡¡¡FLEX!!!

mayo 17, 2009

FLEX!!!                         FLEX!!!… 2

MAMANDINI

   No lo entendía, cómo podía hacer eso don Red; pero no le importa en verdad mientras se mece al ritmo de la melodía marcada por el otro, con calor y dureza, extrañado ante la expresión de gozo y  el brillo de lujuria extrema en esos ojos, haciéndolo preguntarse… cosas que no le interesaban. Pero el suegro, viejo sátiro, entiende, y su mano caliente atrapa una redonda nalga… para no caer, y aprieta y soba. Inquietando a Anthony, pero sin ser detenido. Subirá más en esa masa redonda y entrará en el valle secreto de su yerno, piensa sonriendo ya, imaginándose al otro, un día, gritando de gusto cuando alguien, tal vez él, otro de los yernos o un amigo de la casa, le bañara la cara de… reproches de machos.

ATENDIENDO AL PANA

   El hombre se estremece, Red sabe que no de repulsa, mientras lo vigila, esperando el momento de meter un dedo… en aquella herida abierta, que esperaba, en algún momento, abrir más. Toda. Totalmente. Para llenarla luego de dura, caliente y larga amistad. La suya y la de otros que saben que disfrutarían de las atenciones del yerno. El viejo era un sátrapa a la cubana.

FLEX!!!… 4

Julio César.

GAY DURO Y SUCIO

mayo 9, 2009

GAY DURO Y SUCIO                       SUCIO … 6

   Lo dicho, la violación fue el menor de los tormentos para el sargento Anderson (bueno, tal vez no el menor), ahora le toca padecer torturas horribles… que todavía no terminan. Este Abdul es realmente un sádico demente. Esta historia contiene situaciones que podrían resultar ofensivas para personas que les disguste leer acerca de violaciones, sadomasoquismo, bondagge y sexo no consentido. Aquí hay mucho de todo eso. Si es tu caso, no contiendes leyendo. Si, por el contrario, te interesa, disfruta de esta buena historia del amigo capricornio1965:

     EL SOLDADO AMERICANO… (7)

SOLDADO AMERICANO

   De soberbio soldado a sometido, ¡nunca lo imaginó!

……

   Mientras Steve “descansa”, como si eso fuera posible, parte de su destino en decidido por Abdul y el Dr. Farrel, quienes viendo como han logrado la primera fase de sometimiento del viril soldado americano. Despojándolo de su vello, una de sus características más distintivas como macho y que lo hacía lucir más masculino, están ahora decidiendo el futuro de otra parte viril; ya anularon la actividad de sus bolas, ahora les queda decidir sobre el miembro, ese largo y grueso tolete, del que cuelgan las neutralizadas bolas. El pene de Steve en estado flácido mide un poco más de 15 cm. y casi 3.5 de diámetro, sin circuncisión. Así que eso es lo primero que el Dr. Farrel, trata de resolver en el rebelde macho americano.

   -No hay esclavos que no estén circuncidados, Abdul. -le repite una y otra vez, el malvado y deshonesto médico a su jefe, tratando de que acepte que Steve sea sometido a la circuncisión lo mas pronto posible.- Además recuerda la argolla que vamos a colocarle, es necesario que su miembro sea circuncidado lo más pronto posible, no hay por que dejar pasar tiempo. Debe hacerse esta misma tarde.

   Abdul se queda pensando en lo que su asesor médico le esta sugiriendo. Realmente Farrel tiene razón, Steve necesita que su miembro sea el de un esclavo real, el prepucio debe ser removido: los esclavos no deben ocultar la cabeza de su miembro debajo de piel alguna. Además junto con el doctor Farrel ha decidido ponerle a Steve una argolla o piercing como les dicen en otras partes, así que debe de decidir lo mas pronto posible, ya que primero debe hacerse la circuncisión antes de los piercing.

   -Está bien, hazlo esta misma tarde; ordenare que te lleven a Steve, pero yo quiero estar presente, ¿entendiste? -le remarca la última frase para que no haya duda de cómo será el tratamiento que le darán a Steve en ese pequeño consultorio.

   -Se hará como tú digas, jejejejejeje… Iré a preparar todo para recibir a ese perro. -dice muy contento el Dr. Farrel mientras sale dejando a Abdul muy pensativo, quizá cavilando aún en el manejo que van a darle a Steve y que lo hará ser definitivamente otro; ya no podrá ser el arrogante macho, sino mas bien el sometido y puto americano. Su dulce y dócil esclavo, puesto en este mundo únicamente para servir a sus caprichos sexuales.

   Una leve sonrisa se dibuja en el delgado rostro de Abdul; sabe que Steve se sentirá más humillado, sus bolas ya estaban controladas, ahora trabajaran sobre su miembro, el que como todo buen esclavo debe mantenerse casi rígido definitivamente.

   Por su parte Steve, ajeno a todo lo que se decide hacer con su cuerpo, permanece aun tirado en el suelo de la jaula, sin poder levantarse, sin ni siquiera desear hacerlo. Esta aún dormido cuando siente que es levantado en vilo, por varios pares de fuertes brazos de los soldados.

   -¡¿Eh?! ¿A dónde me llevan? -pregunta aún atolondrado por lo que le pasa; nadie le responde, sólo es sacado de la jaula y llevado por largos pasillos hasta llegar a lo que supone es un consultorio médico.

   -Ya verás lo que te espera, perro americano. -responde al fin uno de los soldados que más odio siente por él musculoso macho. Lo trasladan hasta el consultivo, esperando las órdenes del Dr. Farrel quien llega en ese momento.

   -¡Vaya, vaya! Ya está aquí nuestro, “paciente”, perfecto. ¿Cómo van esas bolas? -le pregunta burlón a Steve, quien está sujeto por los soldados, manteniéndolo de pie. Eso le da la libertad a Farrel de tocar obscenamente las bolas del americano fingiendo examinarlas después de haberles colocado la liga de presión alrededor, pero buscando más que nada el humillar al rebelde soldado americano.

   -Te voy a matar, perro. -le grita Steve al sentir como sus bolas son examinadas con una fuerte presión por parte del doctor; forcejea tratando de liberarse, de soltarse de los brazos que lo sujetan, pero no lo consigue.

   -¿Aún rebelde, sargento? –le interroga con una sarcástica sonrisa, el demente doctor, quién al ver como Steve se revuelve por la humillación empieza a presionar más fuertemente las bolas, para causar dolor al americano. Presionándolas más duramente causando el dolor en la parte más sensible de cualquier hombre, aún más en Steve, quien con la fuerte presión que tiene en sus bolas y su indefensión física, lo colocan como un blanco perfecto del sádico sujeto.

   -Aghhhhhhhhh, aghhh… -el grito de Steve no se hace esperar, a pesar de ser uno de los soldados mejor entrenados, no puede dejar de sentir el intenso dolor que le provoca la fuerte presión de esas manos que parecen pinzas de acero tratando de “quebrarle” sus “güevos”.

   -Tranquilícese, Anderson. No tiene por que ponerse así. No quiero lastimarle. -le repite en un tono más condescendiente, mientras su cara dibuja una sonrisa burlona

   -Aghhhhhhh, aaghhhhhhh, mhmhm. -Steve trata de controlar el intenso dolor, de no darle la satisfacción de demostrar que está sufriendo, que le duele en exceso lo que le está pasando a sus bolas, pero conciente de que solo su inmovilidad lo liberará de esa tortura poco a poco va quedándose quieto dejando de forcejear, para que sus adoloridas pelotas puedan estar tranquilas al menos un tiempo.

   -Así me gusta, así está bien, sargento, siga así, buen chico. -le dice Farrel cuando ve que Steve deja de forcejear con los soldados que lo mantienen sujeto y él va aflojando la presión pero remarcando con sus movimientos que si vuelve a moverse la presión será mayor esta vez.

   -Aaahh, ahhhh. -gemidos de alivio se dejan oír de parte de Steve al sentir que sus bolas ya sólo tienen que soportar la presión de la liga y no la de los dedos del Dr. Farrel.

   -Colóquenlo en la mesa. -les ordena Farrel a los soldados, quienes suben entre cuatro el pesado cuerpo musculoso de Steve, casi 100 kilos de músculos sólido. Desnudo lo ponen boca arriba en la mesa de cirugía mientras siguen sujetándolo.

   -Listo Dr. Farrel. -dice uno de los soldados.

   -Atenle las piernas a las esquinas de la mesa, que no pueda moverlas. Mejor aún que el borde de la mesa quede en las rodillas del sargento.

   Así que en cuestión de minutos Steve está atado el borde de la mesa, que queda justo en la parte posterior de sus rodillas, así que sus musculosas piernas están flexionadas, para después ser sujetas manteniendo la separación entre sus muslos, ya que cada una de sus rodillas está sujeta a los ángulos de la mesa. Su gran miembro cae pesadamente sobre la parte superior de su muslo izquierdo.

   -¿Qué van a hacerme? –pregunta con algo de temor, más por la respuesta que puedan darle.

   -Sólo será cuestiones de manejo, sargento, no se preocupe. -le responde Farrel.- sujétenle la cabeza también, que no pueda incorporarse.

   Tomando una de las fuertes cadenas la unen al collar que Steve tiene en el cuello, y lo sujetan al extremo contrario de la mesa para poder mantenerlo recostado sin que pueda levantarse. Aún con los brazos inmóviles a sus espalda.

   -Los brazos pónganlos sujetos a los lados. -les ordena el doctor Farrel.

   Los soldados inmediatamente sacan la llave para liberar los fuertes brazos del solado y fijarlo a los lados de la mesa para que quede el cuerpo de Steve, en forma de “x”. Para evitar que mientras sus brazos están libres, Steve pueda forcejear, el doctor Farrel vuelve a tomarlo de las bolas presionándolas sin dañarlas, pero marcando que si hace cualquier movimiento por tratar de liberarse, sus bolas son las que pagarán las consecuencias. Steve capta el subliminal mensaje y permanece quieto, sin poder moverse, más bien por no exponer a sus bolas a sufrir las consecuencias de lo que le pueda suceder. Suda y está frío de temor.

   Los soldados terminan de poner los brazos de Steve fijos a la mesa, así que ya está indefenso, fijo firmemente en la mesa, boca arriba en espera de su suerte en manos de esos dementes. ¿Qué pensaran hacerle?, se pregunta una y otra vez, sin poder contestarse a sí mismo; sabe que no será nada agradable ni placentero, después de hacer sido desflorado por Abdul y de aprisionarle sus bolas de forma definitiva, lo que está por venir debe de ser algo más grave.

   El doctor Farell observa divertido mientras los soldado reducen a Steve a la impotencia física más aún al ver la cara de asombro del soldado (ese hermoso rostro, se dice excitado), que no sabe qué ocurre pero teme lo que le sucederá. Espera sólo la llegada de Abdul para poder dar comienzo a lo que tiene planeado para el musculoso macho. No es mucho el tiempo que tiene que esperar, la puerta se abre violentamente y es Abdul quien entra, esbozando otra sarcástica sonrisa al ver como Steve está reducido a la impotencia física en espera de ser circuncidado, aunque él no lo sabe aún.

   -Veo que ya tiene todo listo, doctor Farell.

   -Así es, usted me indica cuándo empezamos, señor. -responde de manera servil.

   -¿Qué me van a hacer? –vuelve a preguntar Steve.

   -Jejejejeje… -la risa burlona de Abdul le da a entender que lo que le espera será algo muy desagradable.- Sargento Anderson… -le contesta mientras avanza lentamente hasta la cara de Steve, quizá para poder observar más detenidamente la expresión del soldado americano cuando sepa que perderá su prepucio y que tendrá que cargar de ahora en adelante con algunos “accesorios” más en su atractivo cuerpo.- …usted es un esclavo y debe tener la verga como todos los esclavos.

   -¡¿Queee?! –deja salir entre sorprendido y algo extrañado.

   -Si, sargento Anderson, usted será circuncidado; los esclavos no deben ocultar su miembro a la mirada de su amo.

   -¿Qué? Noghhh… -se rebela al oír lo que va a pasarle; trata de forcejear, pero es inútil está fuertemente sujeto, sus movimientos son muy leves y no puede escapar a su destino, su miembro esta destinado a dejar de usar la “capucha” que mantiene lubricada la cabeza de su verga.

   -Si, Steve, tú eres mi esclavo, desde que te llene el culo con mi leche, alimentándolo de macho, te volviste mío, ¿no lo recuerdas PUTO AMERICANO? -se lo repite mirándolo fijamente a los ojos, recordándole que lo desfloró, que lo penetró salvajemente y que lo hará suyo cuantas veces lo desee y que hará con su cuerpo todo lo que se le antoje.

   -¡PUF! -Steve escupe el rostro de Abdul, ante el desconcierto de los presentes por la osadía del americano de hacer eso con su jefe.

   ¡PLAF! Un fuerte golpe se estrella en el varonil rostro de Steve como respuesta a su osada acción.

   -¡Perro! Esto lo vas a pagar muy caro.

   El doctor Farell está llevando a cabo la asepsia para poder remover el prepucio, está limpiando el área y desinfectándola para evitar posibles infecciones. Un procedimiento muy sencillo y rápido, pero cuando está por aplicarle la anestesia local inyectándosela alrededor del prepucio, es detenido por una mano de Abdul.

   -Sin anestesia, doctor, quiero que este perro sienta cuando le quita el capuchón.

   -Si, señor. -con alegría en la mirada, Farell cumple la orden. Su sadismo será halagado al máximo cuando escuche gritar a Steve mientras vaya cortando el excedente de piel.

   La mirada de Abdul se topa con la mirada desafiante del impotente soldado, quien aún en esa situación no deja de sentirse altivo y orgullos, tratando de demostrar que puede soportar eso y mas, al menos eso es lo que el cree. Mientras Farell prepara el instrumental las miradas de Abdul y Steve no se despegan la una de la otra; ambos están como imanes unidos por esa constante lucha de dominar y de rebelarse; de poseer y de resistirse.

   -Listo señor, vamos a empezar. -dice Farell mientras mantiene unas tijeras en su mano listas para empezar a cortar el prepucio de Steve.

   -Hágalo. -ordena Abdul, sin siquiera voltear a verlo, fija su mirada en los azules ojos de Steve.

   -Será un placer, señor. -responde feliz, el doctor.

   Steve aprieta las mandíbulas mientras su mirada se torna furiosa, al sentir como su miembro está ahora en manos del doctor Farell, quien después de enrollar su mano en el grueso miembro le da varias fricciones para poder lograr que presente una erección leve, después recorre el prepucio hacia atrás para descubrir el glande de Steve, sin conseguir que este deje ver alguna mueca de vergüenza o dolor. La mirada de Abdul permanece fija en la cara del soldado para no perderse detalle alguno cuando lo escuche gritar de dolor.

   -Iniciamos. -dice el doctor Farell mientras coloca las tijeras en el prepucio.

   Steve pasa saliva al sentir el frió del metal de las tijeras aprisionando primero el frenillo que une el prepucio con el glande, y como poco a poco van cerrándose las tijeras para separar primero el prepucio. La mirada de Abdul espera impaciente la reacción de Steve, el grito que le provocará ser circuncidado sin anestesia. Farell descarga un certero corte en el frenillo del prepucio, la sangre brota y un lamento, más que grito parece aullido, es ahogado por parte de Steve.

   -Aghhhhhhhhh, mmmghmmmmm, ngghnnnnn. -trata de no darles el place de oírlo gritar. El tratar de forcejear o moverse es intuí, todo su cuerpo está perfectamente sujeto con una precisión asombrosa que les permite manejarlo quirúrgicamente con toda la libertad del mundo. Trata de asimilar el dolor que le provoco ese primer corte, siente como la sangre escurre y moja parte de su miembro y sus bolas; como ahora está sin vello, puede sentir claramente como la sangre resbala.

   -Jajajajaja… Aun no empezamos, Anderson. -le dice Farell mientras continúa tomando con las pinzas el extremo del prepucio para separarlo del glande e iniciar la circuncisión del rebelde macho.

   Steve siente la presión de las pinzas en el prepucio, y como lo estira para hacer un corte perfecto y dejar definitivamente descubierto el glande del pene. Sabe que será doloroso pero espera poder resistir, no darles la satisfacción de gritar.

   -HÁGALO, FARREL. -ordena Abdul para apurar la tortura del macho americano.

   Todos los músculos del atlético cuerpo del americano están en tensión, sabe que su miembro es una de sus partes más sensibles así que será difícil soportar; su cuerpo ya bañado en sudor empieza a sentir como las frías tijeras se preparan para separar definitivamente su exceso de prepucio.

    -AGHHHHHHHHHHHH… AGHHHHHHHHHHHHH, AGHHHHHHHHHHHH… -el grito de Steve es imposible de ahogar debido al intenso dolor que padece cuando las tijeras van cortando lentamente el prepucio; Farrel lo hace lo mas lento posible para tratar de que el americano sienta más dolor.

   -¿Lo sientes, puto? ¿Te duele?

   -Aghhhhhhhhhhhhhh, aghhhhhhhhhh, aghhhhhhhhhhhh, ngggggggg… -Steve trata de moverse pero lo único que consigue es que el corte de su prepucio sea mas lento que antes. Farell ríe ante el sufrimiento del americano. Abdul disfruta como se revuelve Steve, toda su resistencia está siendo doblegada mientras está siendo circuncidado. Farell lentamente va recorriendo toda la circunferencia del miembro para ir desprendiendo el prepucio, mientras cada músculo de Steve se contrae; se nota como las venas de su cuello se dilatan por la desesperación de soportar el dolor del corte.

   -Tranquilo, americano, ya casi…

   -Aaghhhhhhhhhhhhh, aghhhhhhhhhhhh, ngghhhhhhhhhh… -por más esfuerzos que Steve hace por no gritar, estos resultan infructuosos; el dolor es intenso, lo doblega. Están transformándolo en un real esclavo, en un real puto, en el puto americano que estará a la disposición de Abdul y que lo someterá en todas su formas. Lo que Steve era anteriormente quedará en el olvido para dar paso al mejor esclavo que hay tenido el ejercito iraquí, la puta más caliente que aquellos hombres puedan conseguir. El culo más ávido de vergas babeantes, paradas de ganas por clavarse en sus carnes.

   Los pocos minutos que dura la cirugía le parece eternos a Steve, quien apenas puede reponerse. Queda exhausto después de que su prepucio es removido totalmente.

   -Aquí esta señor. -dice Farell, mientras le muestra el pedazo de piel que le ha quitado a Steve. Con una fría mirada sólo voltea un segundo para no perderse de la imagen del americano sufriendo.

   -Cauterízalo. -le ordena Abdul.

   -Con gusto , señor. -el doctor Farell toma el pequeño cauterizador, que es una especia de cautín diseñado para cauterizar pequeñas hemorragias, así que solo va pasándolo por el borde de piel para que la sangre deje de brotar por la herida.

   Steve siente que toda su entrepierna esta húmeda por la sangre que escurrió. El dolor de la cauterización es también intenso, fuerte, pero no tanto como el del corte, en unos cuantos segundos ha sido cauterizado todo. Así que después de esto, Farell empieza a frotar el miembro de Steve, tratando de que se erecte (estremeciéndose lujurioso al tenerlo en su mano), lo que es algo difícil tomando en cuenta que está adolorido, pero sabiendo que en esos momentos el culo de Steve está sensible por la sustancia que le aplicaron, así que es sólo cuestión de estimularle la próstata para poder hacer que se erecte. Es un trabajo que el perverso médico desea realizar, con todo e placer del mundo; el dedo penetra de improviso el indefenso culo del musculoso soldado.

   -Aaghh… -la inesperada invasión lo hace gemir por la brusquedad en su adolorido culo que fue violado apenas unas horas antes.

   -Colócale primero el piercing. -ordena Abdul a Farell, quien casi con un gesto de molestia tiene que sacar su dedo del fabuloso, redondo, duro y perfecto culo de Steve. Pero sabe que Abdul está en lo correcto, primero el piercing, luego podrá jugar con ese culo, tal vez su amo lo deje meter dos dedos, o pasarle la lengua al suculento manjar…

CONTINÚA SUCIO… 8 

Julio César.

JUGANDO A LA COMIDITA

mayo 9, 2009

DE ARMAS TOMAR

PROBANDO LA AMISTAD

   Sabía… ¡rico!

   -Déjate de vainas, que me haces cosquillas. –gruñó Jairo, cuando Gregorio, en los vestuarios, acompañado de las risas del resto del equipo de futbolito de fines de semana en la cuadra, juega a probarle el palito de carne.- Además, lo tengo todo sudado, güevón.

   Todos ríen todavía mientras los dos amigos se juegan, aunque Gregorio no juega, tiene hambre… de más. De mucho más. Y como todo macho de acción que se respete, sabe que no cejará hasta comerse ese dulcito, en algún momento.

LA DIETA LLEVA LECHE TAMBIEN

Julio César.

UN EXTRA DEL DIARIO VEA: VEA LO QUE “VEA” VIO: ¡EL DIABLO EN CARACAS!

mayo 9, 2009

SE FUERON TRES

VEA... Y LE DIGO

   El Gobierno siempre se queja de que Globovisión, una televisora de señal abierta que únicamente tiene potencia para transmitir en la región Centro Norte, y El Nacional, un periódico grande e incómodo, apabullan al régimen con sus mensajes subversivos, traidores y cobardes. Es increíble tanto poder comunicacional cuando el Gobierno logró censurar las noticias, mantiene cobrando a un grupo de vividores en CONATEL para perseguir a periodistas, y es dueño de una inmensa cantidad de medios radio eléctricos. Ellos no entienden qué pasa, ¿por qué la gente ve Globovisión y no VTV? La cosa no es tan complicada… sus medios sólo transmiten basura y ya todo el mundo se dio cuenta. ¿Quién pierde su tiempo sentándose a ver nada, y menos “noticias”, en VENEZOLANA DE TELEVISIÓN, Tves, VIVE TV y otros. Y es que son chimbos y sin remedio. Es más, se esmeran en ser malos.

   En medio de la locura que siguió a la fuga de Nixon Moreno de sus manos, líder estudiantil perseguido político de Hugo Chávez (ah, el ministro Al Assaime no se consuela, él ya se veía atrapándolo con sus manos, aplastándolo contra una pared y… cuánta pasión), el diario oficialista Granma, digo VEA, lanzó una portada sensacional: ¡captaron en una imagen, al Nuncio Apostólico recibiendo un cheque de manos del Diablo mismo, agradeciéndole sus buenos oficios! ¡Ah! ¡Fin de mundo! VEA lo ha confirmado más allá de toda duda razonable: el Diablo sí existe… y está en Venezuela, lo que no sorprende tanto, desde que el Gobierno ceduló y dio vía libre, esto se ha llenado de indeseables. Pero es noticia.

   Ellos lo vieron y así lo informan, veraces como ellos solitos. Yo no salía de mi asombro; el director de ese diario, el viejo García Ponce (a quien jamás se le ha conocido oficio), quien es lo suficientemente viejo como para conocerlo, de cuando el Diablo era un muchachito (hay quienes sostiene que fue quien lo mal aconsejó en la guerra contra Dios, no me extrañaría), fue testigo de excepción del chequezazo ya que iba pasando por ahí en el momento. Lástima que no tenían una filmadora; imagínense: una entrevista al Diablo, riéndose como colegiala, gesticulando al hablar de lo que sabe sobre Bush y… Aunque no creo que se atrevieran… quién sabe a quien habría señalado Lucifer como su preferido. Aunque ahora (siempre hay gente así) hay quienes dudan que la noticia, y la imagen, sean ciertas. Dios, cuánta falta de fe.

   Hay quienes sostienen que la imagen está truncada, que es de Chávez cuando va repartiéndole su “amor” a los presidentes satélites de Bolivia o Nicaragua. Y que la idea fue de otro de los cerebros jóvenes, ágiles y felinos del Gobierno, el general Müller Rojas, más viejo todavía que García Ponce (aunque lo niega con fiereza), tanto que aseguran ya existía antes del inicio del tiempo mismo. El problema es que eso termina de restarle algo de seriedad al diario VEA. Y creo que es allí donde hay que buscar la razón de que nadie lea, escuche o vea noticias ofrecidas por los medios oficiales. Y eso que VEA venía cojeando hace mucho tiempo. Recuerdo cuando la guerrilla, después de vender a aquellos rehenes dándole su libertad, cuando la señora Rojas no pudo aparecer con su hijo, Emmanuel, porque la FARC se habían desecho de él. El diario VEA dijo, sin ningún recato o medida de la idiotez que aseguraba, que la entrega de Clara Rojas había obligado al gobierno cruel de Uribe a decir dónde estaba el niño Emmanuel; en ningún momento el periódico se preguntó ¿por qué la guerrilla no lo había hecho antes? ¿O cómo negociaban al niño en el precio final, sabiendo que no lo tenían? Pero esas son las cosas que los enreda y producen la sensación de que… mienten, encubren o cambian la verdad según convenga.

   Un diario serio, aquí en Venezuela, que cayera en semejantes ligerezas, provocaría gritos de escándalo, llanto de indignación justiciera en la Asamblea, Fiscalía y el comité de usuarios de los bienes nacionales que ayuda a CONATEL para armar un escándalo mayúsculo contra esos mercaderes de la noticia. Pero… lo que es bueno para unos, no lo es para los otros. Es una revolución de izquierda, debemos recordar, así que siguen la vieja maña socialista de usar cuantas porquerías puedan y gritar si alguien intenta rozarlos con ella. Pero yo sigo con la duda, ¿y sí el Diablo sí anda por aquí? Eso explicaría tantas cosas…

JUSTICIA ROJA… SANGRE  

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… (18)

mayo 9, 2009

LUCHAS INTERNAS                         … (17)

HOMBRES TRABAJANDO

   No todo puede ser trabajo en la oficina, ¿verdad?

……

   Nicolás, en el corto tiempo que llevaba en el bufete, pocas veces había visto al cretino de Frank Caracciolo tan molesto como se puso con uno de los pasantes que la firma contrataba como parte de un intercambio con la universidad Santa Anita. El joven intentó justificar las fallas del documento como una mala trascripción y eso fue peor. Frank rojo de rabia, molesto por ese fallo que le llevaría días resolver otra vez, ¡después de que el precio de la sentencia estuvo convenido y pagado! (y arrecho también por cosas que ni él mismo entendía), estalló en furia, y a Nicolás le pareció que el edificio realmente se tambaleó un poco. Nada lo satisfacía, estaba molesto y punto. El pasante sólo era una víctima al que no dejaba hablar, ni dejaría defenderse. El joven decía que iría personalmente hasta Aragua a entrevistarse con la gente que firmó la gestión, pero Frank continuaba acusándolo y degradándolo con su lengua dura y cruel, como con ganas visibles de atraparlo por los hombros y batuquearlo hasta sacarle la cabeza.

   -Sí, claro, para que te pierdas en la carretera y también tengamos que responder por tu estupidez. Sal. Sal de aquí. Yo me encargaré de esto. Que te manden para otra parte, no quiero volver a verte. -le grita feo.

   El joven sale casi llorando y Nicolás tiene que hacer unos esfuerzos inauditos para no estallar de rabia. Él sabía lo que era ser tratado así, por un error que la experiencia habría corregido, pero explicable en alguien que comienza, si tan sólo el troglodita lo hubiera leído antes… Frank mira su cara roja, su ira contenida, de pie a su lado.

   -Parece que encontramos a alguien más incompetente que tú, ¿no? -el insulto es feroz y Nicolás lo mira con la boca abierta, impactado. No lo esperaba.

   -Doctor, yo… -se atraganta. La sorpresa y la rabia lo ahogan. ¡Como odiaba a ese hijo de puta!

 

   -Hay gente que parece no poder hacer nada bien. Y uno tiene que calárselos… -farfulla, sentándose, como si hablara consigo mismo, tomando las hojas y acomodándolas.

   -Esos permisos son casi ilegales, si pensaba  hacer una trastada así, debió leerlos usted mismo. -le ruge, con voz chillona y algo tartajeante, pero ganado por la rabia.- Se lo dije ayer, que los revisara porque había fallas. -casi tiembla. El otro lo mira impactado, con la boca cómicamente abierta.

   -¿Me estás gritando? -le ruge, parándose, sorprendido de que alguien se atreva a responderle.

   -Usted me estaba gritando a mí. Está bien, no soy el doctor Caracciolo, no soy el hijo del jefe, ni soy abogado, pero soy un profesional y usted no tiene el derecho a… -comienza vehemente, sin pensar, sólo respondiendo.

   -No eres nada. Sólo un imbécil; mira lo que pasó con este documento.

   -Sé de archivo y de contabilidad, no de términos legales. ¡El abogado es usted!

   El joven se detiene bruscamente cuando nota que los ojos claros de Frank echan chispas terribles de luz. Parecen velarse luego por una cortina oscura. Una vena palpita en su sien, un tic arruga su mejilla. El hombre oprime los puños. Mira a ese joven, delgado y pálido de miedo, y siente unas ganas horribles de caerle encima y golpearlo, de machacarle el puño contra la boca hasta verlo caer, inconsciente. Frank era un hombre violento, siempre lo fue. Grande y fuerte, desarrollado en artes marciales, boxeo y luchas sucias, pocas cosas lo paraban. Y había una rabia sorda en sus entrañas, no de ahora, siempre había estado allí, una insatisfacción, algo no cubierto ni con los reales o las vivencias llevadas hasta el momento. Él era un tipo colérico. Siempre quiso ser el primero, el número uno, pero a veces había alguien en el medio. Aunque era un brillante abogado, y casi siempre ganaba, su padre apreciaba más a su hermano Fabián, quien no era más que un oscuro bibliotecario en Florencia. Aunque era mejor, Roche y su padre habían decidido que Eric debía dirigir la firma. Y eso lo llenaba de un odio, de un feroz resentimiento, que siempre debía drenar.

   Recuerda la noche en que, a los quince años, Alicia Rojas, hija de portugueses socios de su padre, no quiso acostarse con él, mandándolo al diablo por patán en medio de una fiesta de bachillerato. Esa noche salió viendo rojo; y fuera del club donde habían estado bailando se tropezó  con dos carajos de la clase. Eran mayores que él y estaban algo ebrios. Tropezó a uno y tal vez la cosa habría quedado así, pero el tipo le dijo algo que rebosó el vaso: fíjate por donde vas, mierdita. Ah, no, él no iba a dejar eso así. Tenía que sacarse esa rabia que lo consumía. Con un alarido de odio empujó a uno que estaba sentado en una acera y que salió rodando hacía atrás, por una leve pendiente. Se volvió hacia el otro, el cual estaba muy sorprendido, y tomando la botella que tenían, lo golpeó con ella en la cabeza, con furia, sintiéndose bien cuando asentó el golpe, oyó el grito y vio el cristal roto. El carajo se tambaleó y él comenzó a darle puñetazos contra el rostro. No oyó sus gemidos ni sus lloriqueos pidiéndole que no le pegara más. Sólo quería hacerlo, golpearlo, matarlo (aunque la idea no había entrado cabalmente en su conciente). No lo dejó en paz hasta que cayó al piso. No veía. No oía. Sólo recordaba a la puta de Alicia Rojas, despreciándolo, a él, a Frank Caracciolo.

   Bajó por la pendiente y encontró al otro, a quien el licor se le había revuelto en el estómago y vomitaba, doblado. Le dio un coñazo en una sien. El muchacho cayó, gimiendo, vomitándose encima. Y allí le dio tres buenas patadas. Sintiéndose feliz, contento y liberado cada vez que su pies hacia contacto con ese tipo caído. Sólo así sintió alivio. Algo de paz. Se alarmó un poco, después, pero no mucho. Era incapaz de preocuparse por el dolor de otros, y de manera velada sabía que a él jamás le sucedería nada malo. Su familia, los reales, lo protegían. El asunto fue callado; los otros dos tenían drogas en su poder y prefirieron no hacer ruido. Manuel Caracciolo se molestó con el hijo; y Norma, su amiga, la vieja loba, le aconsejó enviarlo a Europa. Eso tampoco se lo perdonaba a la maldita vieja. Y así, la naturaleza egoísta, caprichosa y mezquina de Frank, se rebeló también como violenta; eso, unido a su incapacidad de sentir pena o remordimientos, nunca los tenía, había creado un monstruo. Uno que creía poder escapar a las consecuencias de sus actos, como lo había hecho esa vez.

   Ahora sentía nuevamente esa furia ante Nicolás Medina. No entendía por qué, pero le molestaba. Estaba obteniendo todo lo que deseaba, pero aún así, estaba furioso. Aún estaba Ricardo allí, y Eric, y la basurita ésta. Aún no controlaba la firma de la que había sido sacado hace algunos años. Sentía unos deseos horribles de machacarle la cara al otro. Y notó, aliviado, que el joven lo miraba con miedo, que había notado su violencia y se amedrentaba. Eso le provocó una felicidad salvaje, cruel, como la del bravucón de la escuela que goza sabiendo el miedo que provoca en los demás, sabiendo que todo y todos le pertenecían porque era el más fuerte y malo, y nadie le daría la pelea.

   -Vete de aquí, cucaracha. Hazlo y ya. -le dice ronco. Nicolás asiente y sale rápidamente.

……

   Eric, en su oficina, aprovechando la tarde, espía a su mecánico favorito. El joven se frota vigorosamente con una toalla, ya bañadito y perfumado. Seguramente tendría una cita con alguna putica, se dice el abogado, desasosegado, sonriendo levemente ante su patetismo tan evidente. Algunas veces había considerado la posibilidad de comprarse unos binoculares, pero eso le parecía el colmo del mariquerismo, aún a él mismo. Además, si alguien entraba y lo encontraba con eso en las manos y se asomara a la ventana para ver qué le interesaba tanto, tendría que arrojarse desde allí. O arrojar al entrépito. Sonríe amargamente, está deprimido. Aún mientras mira como el joven toma un pequeño calzoncillo (tipo bikini, claro), Eric se siente tristón. Más bien, preocupado. Hay cosas que no le había contado a Samuel, pero que tendría que hacerlo. Sus dudas, sus temores. Sus sospechas. El mecánico se acomoda la tanga y se ve hermoso. Un carajo en tanga es casi tan guapo como uno desnudo, piensa. Recuerda sus años de crecimiento, cuando se iba al resort o al club de playa y se quedaba horas bajo una sombrilla, fingiendo leer algo, pero espiando a los carajos que pasaban por ahí, grandotes, viriles, pero en tanguitas, algunas escandalosamente pequeñas. Sintiéndose sabrosotes, buenotes; intentando ser más coquetos y lindos que las mujeres.

   Su teléfono suena y con un suspiro, lo atiende. Oye algo que lo excita y altera al mismo tiempo. Serena, sus asistente dice que le llega una llamada de la señora Marsella Salas. Eric la toma. La mujer lo saluda, le pregunta sí aún quiere averiguar más y le da una dirección y una hora. No le dice a quién verá por más que insiste. Le agradece y la mujer cuelga, con un ‘llámame después’. Seguro que quería saber de qué hablaron, piensa el joven, colgando.

   En la oficinita de Serena, la mujer también cuelga. Fue una llamada interesante, y más o menos del tipo que le advirtieron que llegaría. Mira hacia la puerta cerrada de la oficina de Eric y nuevamente levanta el auricular, marca un número interno. Seguramente al Capo le gustaría saber de esto, se dice.

                   ………………..

   Atardece sobre Caracas, el fin de otro día de jornada, llega. La gente sale casi a la carrera de los trabajos, la idea de pasar horas encerrados era una tortura para muchos. Para Sam y Eric, que tal idea era abstracta, las cosas eran distintas. Ahora La Torre era un nido de chismes y chocancias. El no toparse con Frank se había vuelto todo un trabajo para los dos. Eric, por su parte, también evitaba a Aníbal, el cual había intentado hablarle dos veces. El que Ricardo hubiera actuado contra él, lo esperaba. Ricardo era un ser prepotente y desagradable, que sentía que su prestigio y poder se desperdiciaba tratando con ellos (con Sam y con él). El caso de Aníbal era distinto. Eric no podía decir que era su amigo, pero respetaba la forma en que organizaba, dirigía y solucionaba sus casos. Era un hombre metódico y trabajador. También era astuto y taimado, cosa que no ocultaba. Pero de él, Eric nunca esperó un ataque, y su alianza con Ricardo primero, y con Frank después, era una traición. Saliendo de su oficina, hablando con Sam por celular, se despide de Serena que le sonríe en forma encantadora; pero en cuento sale, la mujer, con rostro duro, toma el teléfono y llama a alguien. Eric se aleja y le dice a Sam que va a la cita, que pronto sabría a quién quería Marsella Salas que conociera.

   Baja a los sótanos, mirándose al espejo y acomodándose la corbata. Ojalá José Serrano no estuviera allí. Él era otro a quien también evitaba. Sentía una oscura vergüenza de encontrárselo después de lo que pasó en los baños. Lo mismo podía decirse de Jerry Arteaga y del mismo Pedro Correa. ¡Ahora había muchos hombres en su vida!, piensa con un irónico y alarmante tono de pánico. Al rato sale al estacionamiento y ve en la garita a Nelson Barrios. Que bien. Se despide y va hacia su carro, cargando su maletín. Entra y pasa el encendido. Nada. Se intriga, ¿qué le pasaba? Estaba bien esa mañana. Lo intenta una y otra vez. Nada. Sintiéndose frustrado le da un golpe al volante, como si pensara que tenía algo flojo que podía caer en su sitio por la sacudida, reparando la falla. Algo que todo el mundo intentaba en momentos así, contra toda lógica.

   -¿Algún problema, doctor Roche? -oye una voz a su lado. Es Nelson.

   -No quiere encender. No sé qué le pasa. -se oye frustrado. Lo intenta en vano.

   -Abra el capote. -dice Nelson. Lo hace. El hombre mira con interés el motor.- Aquí hay algo. -le habla de una manguera que parte de la bomba que está desgastada o algo así. Para Eric es como oírle hablar en chino.

   -¿Será grave? -baja, mirando el reloj. La cita puntualizaba una hora específica.

   -Si consigo la manguera, y las llaves, como una hora. -se endereza el negro.

   -¡Coño! Pero estoy de afán. -jadea frustrado.

   -Si quiere pregunto si hay algún otro carro de la firma por aquí. O alguien que lo lleve. –ofrece con mirada astuta. Eric duda, no cree que sea fácil conseguir un carro a esa hora, y no quiere que nadie sepa a dónde va.

   -No. No es necesario, gracias, Nelson. -mira el carro, molesto por su falla.- Tomaré un taxi.

   -Voy a repararlo de todos modos. -ofrece el otro. Eric le sonríe.

   -Gracias. Volveré por él, es como mi reloj, si no los tengo conmigo ando como desnudo. Gracias, pana. -le da una palmada y se aleja, dejando maletín y todo lo demás en el carro, excepto el teléfono.

   Nelson lo mira, mira el carro y sonríe levemente…

……

   Ricardo estaba molesto con la gente que trabajaba para él. La desaparición de William Bandre, un pobre imbécil que no era nadie como no fuera un abogaducho, atractivo, sí, cosa que era buena para ciertas clientes, e incluso para algunos carajos, pero nada más, lo tenía trinando de rabia. Era débil de carácter y eso también había tenido su utilidad. Se le podía enviar a hacer cosas donde tal vez dudaría pero terminaba haciéndolas. Carecía de la voluntad necesaria para oponerse a alguien como él. Pero ahora había desaparecido, cosa que de por sí, era inquietante, sabía mucho; pero no un drama. La cosa fue que se llevó mucha información que ahora era necesaria. En el orden natural de las cosas, él habría iniciado una investigación para encontrar al mariconcete ese, pero ahora no podía. No sólo por Eric y Sam que sabían de su ausencia, y peor, de los casos que llevaba; sino también por Aníbal y Frank. Nada más pensar en Aníbal, un rictus de odio cruzaba su cara. Un día saldría de ese maldito perro hijo de puta. No podía perdonarle el que lo humillara cuando…

   Lo deja así, ni a solas, le gusta recordar aquello. Volviendo el pensamiento a sus inútiles ayudantes, Cecilio Linares tampoco le había servido de mucho. Había sido incapaz de recuperar los archivos de Bandre de su computadora. Ya lo habría echado si no fuera… por su mujer. Era una puta sucia que disfrutaba algunas de las cosas que a él le gustaba hacerles a las mujeres. Era una puerca, y no era fácil encontrar mujeres así, se dice con un estremecimiento libidinoso. Ojalá el maricón ese sirviera para algo, como la mujer; pero nada… era un completo inútil.

   Ignorante de lo que Ricardo pensaba de él, Cecilio se afanaba por encontrar los datos de William Bandre en su computadora. Eso no se le daba muy bien. Estaba nervioso, Ricardo andaba furioso con él, y temía que se cansara y lo sacara de la firma. Su mayor ambición era llegar a ser un socio de verdad. No sólo otra voz entre el relleno de los abogados. Un socio real. Sentado tras el escritorio, lanza un ahogado juramento. Le había asegurado al otro que podía sacar los datos de la computadora, pero eso fue hace semanas. El hombre ya no le tenía paciencia; por eso le dijo esa mañana que esperara a un técnico que la  revisaría. Deseaba resolverlo antes de que el carajo ese se presentara. Sería horrible que llegara un extraño y los consiguiera en quince minutos. Ricardo tenía la idea de que él, Cecilio, era un imbécil. Era una lástima que William hubiera desaparecido así, era tan guapo, sonríe un poco al pensar en lo majo que era el otro. Muchas veces se preguntó qué se sentiría besarlo. Tenía unos labios delgados, pero rojos y sensuales. Una vez, en una parrillada en casa de Ricardo, lo vio en la piscina, con un pequeñísimo traje de baño azul, recostado en una tumbona, con el paquete notándosele bajo la húmeda tela, y la boca se le hizo agua. Tuvo unas ganas locas de ir y aplicarle bronceador, pero eso habría sido demasiado. Ah, pero que ganas le tenía…

   Alguien llama a la puerta. Debía ser el técnico. Fastidiado, concede la entrada. Quien entra es un carajo alto, de cabellos claros peinados hacia atrás, con ojos cubiertos tras unos lentes oscuros. Lleva una franela roja ajustada, que deja que se noten unos pectorales fuertes, con las tetillas visibles. El abdomen es plano y la cintura delgada. El jeans muy azul que usa, también es ajustado, dejando que se note un paquete como puesto al descuido, abultando hacia la izquierda. Visible. Si un puño se cerrara allí, lo atraparía. Los muslos son musculosos y se aplastan contra la tela. El carajo se ve indolente. Cecilio tiene la boca seca y los ojos clavados en ese paquete.

   -¿Doctor Linares? Soy Alex, el doctor Gotta me envió a revisar una computadora. -dice sereno, como si no notara el nerviosismo del otro.

   -Si… es esta. -dice ronco.

   El carajo va hacia la máquina, deja una pequeña maleta en el suelo y se inclina casi sobre él, mirando la pantalla, haciéndole preguntas sobre claves, contraseñas, memoria y velocidad. Cecilio responde como puede, muy consiente de ese carajote sobre él, tibio, fuerte, con un leve olor a colonia y cigarrillos. De reojo mira el paquete que se nota más, algo cerca de su brazo, bastaría moverlo un poco y lo tocaría. Esos bíceps y esos pectorales lo tenían mareado. Se aparta, cubriéndose la erección que tiene, para que el otro tome lugar en la silla.

   -Tiene ese culo caliente, doctor. -dice el carajo, sin mirarlo, parándose un poco y aleteando con la mano sobre la silla. Cecilio se estremece, ¡sí supieras cuanto, papito…!

   Durante casi cuarenta minutos, el carajo manipuló los mandos y controles. Tuvo acceso a datos viejos, buscó y buscó. Nada. El hombre iba molestándose, lleno de frustración. Su frente se arruga. A Cecilio le parece que así se ve más bello todavía. Hay algo muy viril y salvaje en él. A su lado, como si mirara la pantalla, no hace más que mirarle el tolete, calibrándolo, casi sopesándolo y acariciándolo con la mirada.

   -No hay caso. No encuentro nada. Es como si no hubiera trabajado en esta terminal nunca. -dice frustrado y molesto.- Ha sido una perdida de tiempo. Y eso me calienta.

   -Yo se lo dije a Ricardo… -sonríe Cecilio; menos mal que no logró más que él.

   -No me gusta fallar. Me arrecha. Me llena de mucha… -parece no encontrar palabras adecuadas.- …tensión. Necesito desahogarme.

   Y allí, con Cecilio a su lado, el carajo se abre la bragueta, sacándose el tolete, semierecto, blanco y grueso, del pantalón. Cecilio lo mira asombrado. Una vez afuera, ante la mirada de Cecilio, que el carajo siente como una caricia, el tolete crece increíblemente, nervudo, cabezón y rojo. Se ve muy tieso.

   -¿Qué hace?

   -Necesito alivio, ya te dije. -dice ronco, con una leve sonrisa. Su mano grande, cae sobre el mismo, sobándolo. Masturbándolo.

   -¿Está loco?

   -Estoy caliente. Siempre me pasa cuando no logro algo. ¿Qué te parece? -le sonríe a Cecilio, agitando el güevote ante él, como una varilla. Cecilio siente la boca muy seca.- ¿No es grande?

   -Es… un güevo muy bonito. -lo mira con ojos húmedos y boca arenosa.

   -Mi mujer dice que los ha visto mejores…

   -No lo creo, este se ve rico. -grazna, agitado.

   -¿A ti te gustaría uno así?

   -Tengo uno. -aclara algo picado.

   -El mío está bien duro. Tócalo… -le ofrece, agitándolo otra vez, frente a él.

   Cecilio sabe que es una locura, pero nada le importa ya. Su mano cae sobre el tolete, rodeándolo, encontrándolo grueso y duro, muy duro. Al tocarlo, sintió corrientazos de deseo y placer. La mano sube y baja. El tipo se echa hacia atrás en el sillón, y gime.

   -Ponlo en tu boca. Así es más rico. Creo que a ti te encanta tenerlos en la boca, ¿no? Tienes cara de lamebolas y mamagüevo. -es seco, atrapándole la nuca y obligándolo a bajar más.

   -Oye, no… Yo no hago esas cosas. -jadea ronco.

   -No digas maricadas; tienes cara de maricón… de ser un gran maricón. Seguro de que eres de los que van a los botiquines de camioneros los sábados en la noche y te les ofreces hasta que te llenan la boca de güevos y el culo también. Eso te gusta, ¿verdad? Tragar todas esas trancas y que te jodan ese culo entre varios, hasta la madrugada, como una buena putica. -suena sucio y provocativo.

   Esa mano lo obliga a bajar más. Los labios, cerrados se frotan contra la roja, suave y descubierta cabezota color púrpura. Está caliente. Abandonando todo disimulo, la boca de Cecilio se abre y con un ‘aggg’ comienza a metérsela; sus labios palpan y resbalan lentamente sobre la enormidad de tranca. Traga un buen pedazo, pero ya se siente ahogado; ¡era tan grueso!, piensa sintiendo el culo mojado ya. Es caliente y palpitante. El carajo jadea, atrapa esa nuca con las dos manos y lo obliga a subir y bajar sobre el falo, intenta metérselo más y más; pero Cecilio se ahoga, se atraganta, siente que no puede respirar de lo grande que es. Le llena toda la bocota de sexo.

   El hombre se encuentra en la gloria, cierra los ojos y su lengua se frota, aplastándose, contra la dura tranca, lamiéndola, chupándola y sacándole los jugos pre-eyaculares que saben deliciosos a su vicioso paladar. Siente que lo quema. El carajo lo deja atrapado sobre el güevo con su mano, la otra baja por la espalda del abogado, sobándolo,  arrugándole la ropa con rudeza. La mano cae en sus nalgas, que pellizca y hala en forma brusca. Cecilio jadea ante esa ruda caricia. Siente que el culo lo tiene hecho una sopa, listo para consumo, caliente y húmedo. Sabe para dónde va la cosa, ese güevote va a terminar allí. El carajo le ordena desnudarse, Cecilio se incorpora, con los labios y barbilla llenos de baba. Lo hace con dedos febriles, de excitación. El saco y la camisa salen rápidamente. El tórax esta cubierto por una fina capa de pelos. Se quita los zapatos y el pantalón luego. Enrojece un poco cuando el carajo lanza una sonrisa despectiva al ver su tanguita rosa, chica y sensual.

   -Déjatela… -ordena rudo el carajo, mostrándole el güevo.- Y vuelve aquí.

   Ansioso, Cecilio se inclina otra vez y su boca cae sobre la dura tranca tragando todo lo que puede, dándole cálidas mamadas, dejándola brillante de saliva. Una manota del carajo cae sobre sus nalgas, se mete dentro de la suave tela de la tanga y amasa las tibias carnes. Las pellizca rudamente, arrancándole gemidos de placer. Cecilio, putón, menea el culo, desesperado ante los enormes dedos tibios que lo amasan,  se clavan en su carne y lo pellizcan. El tipo sonríe: vaya que era una puta caliente ese abogado, pero él sabía tratar a los putos así.

   -Párate aquí, y deja de becerrear o me vas a sacar toda la leche. -le dice grave, parándose.

   Cecilio, temblando de lujuria ante el asalto que sabe inminente, se apoya del escritorio apenas conteniéndose. El carajote, con el güevo que parece una barra de acero, se para a su lado. Se inclina como para verle mejor las nalgas. Su manota recorre las masas sobre la tanga. Sonríe metiendo toda la suave tela dentro de la raja. Es una visión erótica. Le da un feo azotón y Cecilio gime, sintiendo como le pica y arde la nalga. El técnico le rasga la tanguita, sintiéndose fuerte, sádico y morboso. Le gusta hacer eso, que sientan su violencia y su fuerza. Un puto como éste seguro que se pondría más caliente.

   Y no se equivocaba, Cecilio suda y jadea, su culo titila abriéndose y cerrándose con ansiedad, muy excitado, deseando ya a ese machote dentro de sí. Siente la raja húmeda, como si le bajara agua tibia. El tipo le sonríe, colocando su rostro, tras los lentes, a la altura del suyo mientras su manota bajaba hacia la raja, hurgándola, sobándola. Cebándose en el culito tembloroso.

   -Lo quieres adentro, ¿verdad? Ya estás caliente. Ese culo tiene ganas… -el dedo se hunde un poco, cogiéndolo lentamente.

   -Hummm, sí, lo quiero. Cógeme ya… -dice abatido, sintiéndose bajo y ruin, pero incapaz de contenerse.- Métemelo todo, cógeme. Cabálgame.

CONTINÚA … (19) 

Julio César.

GAY DURO Y SUCIO

mayo 4, 2009

GAY DURO Y SUCIO                         SUCIO … 5

   Consumada su violación, Steve descubre que aún lo aguardan suplicios mayores, que su carne toda será objeto de violencia y vejámenes. Tan sólo el llanto le queda al saber que traman convertidlo en un adicto a las vergas, despertando en él un deseo por ellas que lo transformará finalmente en el puto americano de Abdul. Esta historia contiene situaciones que podrían resultar ofensivas para personas que les disguste leer acerca de violaciones, sadomasoquismo, bondagge y sexo no consentido. Aquí hay mucho de todo eso. Si es tu caso, no contiendes leyendo. Si, por el contrario, te interesa, disfruta de esta buena historia del amigo capricornio1965:

      EL SOLDADO AMERICANO… (6)

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   Lo que le esperaba era eneas… si cabía.

……

   Los minutos que tarda en eyacular Abdul le parecen eternos por la tortura que esta sufriendo a Steve; jamás imaginó que su premio en esa guerra fuera una verga para el culo. No sabe cuánto tiempo transcurre, su mente divaga mientras su culo sufre, trata de negarse a la realidad sexual que está viviendo. Los movimientos de Abdul se vuelven más rítmicos, de manera frenética embiste una y otra vez el culo de Steve, para poseerlo y demostrarle su superioridad, dominio y control. El joven soldado cierra los ojos, pero todavía siente cuando la dura y gruesa polla, ardiente, se le clava hondo, lastimándolo, saliendo y volviendo a entrar en su cerrado y redondo culo.

   Los calientes disparos de abundante semen en lo más profundo de sus entrañas le indican al varonil macho americano que la violación ha siso consumada completamente, esa enorme y gruesa verga se contrae, escupiendo una y otra vez su blanca secreción en el intestino del varonil soldado. Quemándole las entrañas. El ardor de sentir su culo lleno de semen es aterrador, esa secreción caliente que choca una y otra vez, en cada ocasión que es disparada por esa persistente verga, lo atormenta.

   -Aghhhhhh… -lágrimas de humillación corren por sus mejillas, en su cuerpo quedan las huellas del semen, la semilla de su enemigo, el robo de su hombría; todo eso hace que el atractivo americano se desahogue, las lágrimas corren libremente aunque el trata de resistirse a dejarse quebrantar mas.

     -Hummm… ¡Sí! Qué culo tan maravilloso, me la halaba con gusto.

   -Aahhhhhhhhhh… -un gemido de alivio escapa de sus labios cuando la verga de Abdul deja de disparar el caliente semen, mientras sus manos aprietan más fuerte el musculoso pecho, codicioso ante el bello ejemplar.

   Steve aprieta las mandíbulas para ya no gritar o suplicar, ya nada puede evitarse, los iraquíes han tomado su culo como propio. Queda como ausente, verlos a los ojos es saber que se burlan de él, de su humillación. Lo han convertido en su puto americano que les servirá de diversión sexual, ahora sabe que Abdul lo usará una y otra vez, para vengarse de las derrotas infringidas por el ejército norteamericano.

   La dureza de la verga de Abdul va perdiéndose, así que saca su larga verga del desflorado culo de Steve. Se pone nuevamente una túnica para cubrirse, dejando su verga intacta de como salió del culo del americano.

   -Póngale la sustancia en el cuerpo, Dr. Farrel. -le ordena Abdul al médico.

   -Esta bien señor. Levántenlo. -les ordena el doctor a los hombres, que inmediatamente levantan al musculoso soldado americano.

   -¿Qué van a ponerme? -pregunta a Abdul, viéndose hermoso en su indefensa masculinidad invadida.

   -TU NO ERES MAS UN HOMBRE, ERES UN PUTO AMERICANO. TU ERES UN CULO PARA COGER, PARA QUE CUALQUIERA DE MI EJERCITO TE POSEA Y SE VACIE EN TUS ENTRAÑAS. ESA SUSTANCIA TE MATARA LA RAIZ DEL VELLO. TENDRAS TU CUERPO LAMPIÑO, SUAVE Y MARFGILEÑO COMO EL PUTO QUE ERES. POR AHORA TE DEJARE EL CABELLO. –le grita, triunfal.

   -¡Bastardo! Mghhhhmm. -un nuevo forcejeo le recuerda a Steve lo adolorido que queda el culo cuando una verga de esas dimensiones lo visita.

   Los soldados rápidamente lo inmovilizan y usando una brocha para pintar, el doctor Farrell, aplica la solución del cuello hacia abajo, en todo el cuerpo de Steve, incluyendo el área de la barba. La solución es incolora, solo tiene algo de brillo y se absorbe rápidamente por piel, no es toxica, y elimina en una sola aplicación el vello del cuerpo matando el folículo piloso.

   -Nggggggggggggg… -se resiste el soldado a dejar que su cuerpo sea como el de un adolescente nuevamente; pero nada puede hacer, en pocos minutos todo su cuerpo ha sido cubierto y su piel empieza a absorber la solución.

   -Jejejejejejeje. Así estarás mejor, PUTO AMERICANO. Traigan la placa. -ordena.

   Uno de los soldados regresa inmediatamente con la placa en la que está grabado el sobrenombre que le han dicho desde que llego: “PUTO AMERICANO”. Con una cadena corta que sólo alcanza a rodear el ancho y fuerte cuello de Steve, para ser como una macota a la que se le asigna nombre, la cadena es cerrada y la placa descansa sobre sus firmes y definidos músculos pectorales. En donde luce su nuevo adjetivo. “Puto”. Jamás podrá negar ante ellos que ha sido cogido por otro hombre, penetrado fuertemente hasta aceptar la leche de otro carajo, aunque haya sido en contra de su voluntad; en las personas violadas siempre hay un sentimiento de culpa y de responsabilidad ante lo que les ha sucedido, lo que les ha pasado. Abdul lo sabe, y lo usa contra Steve.

   -Pónganlo boca abajo. -ordena nuevamente el infame doctor Farell.

   Los soldados lo colocan en la mesa en donde ha sido desflorado, pero en esta ocasión lo ponen con la cara hacia el suelo, las nalgas en alto, el adolorido culo expuesto, culo donde caen, codiciosamente, las miradas del resto de los hombres. Las piernas las separan, el musculoso, duro y amplio tórax queda sobre la mesa.

   -¿Es esa la formula? -pregunta Abdul.

   -Así es señor. -responde Farell.

   La vista de Abdul se fija con morbosa fascinación en la solución amarillenta que esté en un matraz, casi medio litro de esa sustancia está lista para ser usada.

   -Quiero ser yo el que la aplique. Mi puto merece ese honor. –dice, determinante, Abdul.

   Steve empieza a forcejear nuevamente, sabe que algo le espera, ya le han cubierto el cuerpo con la sustancia que le eliminara toda posibilidad de tener vello corporal, jamás tendrá rastros de masculinidad, de virilidad, ya que el vello masculino era un atractivo más para el atlético americano. No sabe lo que le espera, pero sospecha que no será nada agradable. Por la posición piensa que será inyectado con alguna otra sustancia.

   -¿Sabes lo que hay aquí, Anderson? -pregunta burlón, Abdul.- Jejejejejejeje… esta sustancia hará “muy sensible” tu culo. Extremadamente sensible… Jejejejeje. De ahora en adelante será tu culo será tu punto de mayor placer sexual. Lo quieras o no. Será algo más fuerte que tú, que tu voluntad, jejeejejejejejejejeje… Tu culo sólo deseará una buena verga metida cada vez. Las buscará. Las suplicarás…

   -Jejejejejejeje… -la risa del doctor y los soldados no se hacen esperar, saben que Steve será convertido en un puto insaciable de vergas, y cada uno espera tener su turno para probárselo.

   -Esta será tu primera dosis. Después de la quinta dosis ya no habrá posibilidad de que te liberes se sus efectos, jamás. ¿No es así doctor? -voltea a preguntarle a Farrel.

   -Así es señor; sargento Anderson, en cuestión de unas semanas se convertirá en un culo hambriento de vergas, de carne, no podrá resistirse. –le dice mientras pone la sustancia en un aplicador parecido a las bolsas en las que vienen los enemas (lavados- lavativas), con una manguera pequeña para permitir la salida de la solución y al final, para hacerlo mas humillante, le coloca una pipeta de unos 50 cm. de largo por medo cm. de ancho.

   -Ngghhhhhhhh, nooooooooooooooo, mghhhhhhhhhh. -la desesperación regresa al musculoso soldado. La rebeldía, el deseo de evitar ser convertido realmente en un puto americano, lo hacen luchar.

   -Jejejejejejejeje…

   -Jejejejejejejeje…

   La risa burlona y confiada resuena en sus oídos; Abdul y el doctor Farrel, caminan hacia atrás de Steve, para quedar frente al musculoso trasero del americano, que está listo para recibir su primera de las 5 dosis que requiere para poder estimular todas las terminaciones nerviosas en las entrañas del varonil soldado.

   -Nnngggggggggggggggg… -inútilmente se resiste, sus brazos y piernas se hinchan para que sus músculos hagan un esfuerzo doble por tratar de liberarse.

   Steve siente como la punta de la larga pipeta está en el borde de su culo, como usando los dedos, alguien le aplica una solución aceitosa que supone debe ser lubricante. La pipeta se dirige hacia el centro del culo del americano.

   -NOOOOOOOOOOOOOOOO, aghhhhhhhhhhhhh. -aprieta las nalgas, pero el delgado instrumento es firme y no se mueve de su lugar; el culo de Steve siente como la punta de la pipeta empieza a presionar para lograr entrar hasta los más profundo de sus entrañas.

   La extrema delgadez de la pipeta facilita su ingreso. Steve puede sentir como el delgado instrumento se hunde más y más en su adolorido recto, para llegar hasta la primera segunda porción del intestino grueso, el lugar indicado para empezar el tratamiento.

   -Aghhhhhhhhhhh. Nnooooooooooogggggghhhh. Déjenme, nooooooooooo… -la desesperación por evitar volverse esclavo de su culo lo hace patalear; si eso que dicen esos hombres es verdad, estará a merced de la verga de los iraquíes de por vida. Y de cualquier verga en cualquier parte.

   Steve siente un leve ardor cuando Abdul empieza a vaciar en sus entrañas la primera dosis de la sustancia que experimentan en el macho americano. El ardor que siente va extendiéndose por todo su intestino a medida que la sustancia esta siendo vaciada en sus entrañas; les lleva aproximadamente unos dos minutos vaciar todo el contenido.

   -Listo… jejejejejejejeje… -respira satisfecho Abdul.

   -¿Le pondremos la “liga especial”?

   -Aaghhhhhhhhh. -Steve siente como el ardor se apodera de todas sus entrañas aunque empieza a disminuir lentamente, mientras la sustancia se absorbe.

   -Por supuesto, doctor. Traigan la liga que usaremos en las pelotas del americano.

   -Lista señor. -responde uno de los hombres de Abdul.

   La liga especial, es una liga de un material que permanece contraída, mide aproximadamente unos 0.5 cm. de grosor y el material del que está hecho es fuerte, es de material similar a la liga que se usa en algunas partes para castración, aunque en este caso Abdul, no quiere castrar a Steve, pero si mantener las grandes bolas del rebelde macho estranguladas por la fuerte liga, para que no puedan liberar el semen mientras esté puesta. El soldado ya no podrá eyacular a menos que lo liberen de la liga.

   -Traigan las pinzas para ponerle la liga. -ordena el doctor.

   -Noooooooo, por favor… Nooooooooooooo. Aghhhhhhhh. Nooooooo. -la sola idea de que torturen sus grandes y colgantes bolas es aterradora para Steve, quien aún permanece sujeto fuertemente boca abajo en la mesa.

   Dos de los más fuertes soldados de Abdul colocan la liga en las pinzas para abrirla y que pueda ser puesta en el escroto de Steve. El forcejeo se intensifica, pero la dura y fuerte mano de Abdul toma entre sus dedos las bolas del americano y la estira con gran fuerza, para separarlas lo más posible del resto del cuerpo.

   -Calma, puto, no queremos que te lastimes. –se burla.

   -Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh. -el intenso ardor de sentir sus bolas estiradas lejos de su cuerpo hace que el dolor se apodere nuevamente de Steve.

   La fuerza de la liga es tanta que apenas entre dos de los más fuertes soldados la mantienen abierta, usando las pinzas. La mano de Abdul suelta momentáneamente las pelotas de Steve, para que sean pasadas por el interior de la liga, teniendo cuidado de que no se zafe esta antes de tiempo o de lugar. Una vez que la liga esta alrededor del escroto, y del otro lado de las pelotas de Steve, Abdul vuelve a tomar entre sus manos las bolas del soldado. Para jalarlas con fuerza y separarlas lo más posible para que el escroto quede totalmente estirado. Steve siente como su escroto esta siendo forzado al máximo. Su cadera está sujeta también para evitar que se mueva. Las bolas de Steve están a un poco más de distancia de los 5 cm., presionando su escroto, que está totalmente extendido.

   -Aahhhhhhhhggggggg… -el intenso dolor no le permite quedarse sin gritar.

   -Listo, suelten la liga. -ordena el doctor a los dos soldados que tienen las pinzas abiertas.

   Un rápido movimiento para retirar las pinzas y dejar la liga colocada alrededor el escroto, para mantener fuertemente estranguladas las enormes pelotas lampiñas de Steve, y todo queda consumado.

   -Aghhhhhhhhhhhhhhhhhh… -el intenso dolor inicial de sentir la presión alrededor de su escroto que está totalmente estirado sobre sus grandes bolas, sin pliegues, por la fuerte liga que evita que haya salida de semen, casi le hace perder el conocimiento.

   Esa liga únicamente permite el ingreso a ellas de una mínima cantidad de sangre para evitar que se necrosen. O se forme tejido muerto por la falta de irrigación sanguínea. Ambas bolas están perfectamente delimitadas pudiéndose apreciar a simple vista la forma exacta, la coloración del escroto que apenas alcanza a cubrir las bolas se torna de un color más pálido por la poca sangre que llega hasta ellas; las piernas de Steve se mueven fuertemente para tratar de liberar sus pelotas de esa fuerte presión que las condena a vivir encarceladas a ellas también en una diminuta prisión en la cual estarán circunscritas de forma definitiva, negándoseles la liberación de semen hasta que Abdul lo decida.

    -Aghhhhhhhhhhhhh, nnggggggggggggggggg, aghhhhhhhh…

   -Jejejejejejejejeje, no más leche de tus bolas Steve. –ríe con perverso placer.- Jejejejejejeje. -la risa y la burla de Abdul y de los soldados que se sienten satisfechos por el tratamiento inicial, acompañan al soldado en su agonía.

   -Aghhhhhhhhhhhhhhhh… -Steve siente como sus pelotas están estirando su escroto al máximo, por la presencia definitiva de la liga; esa mierda difícilmente podía ser retirada sin un equipo especial, condenando las bolas del macho americano a la inactividad.

   -Llévenlo a su jaula, por ahora está bien. -ordena Abdul.

   Entre dos soldados llevan arrastrando al dolorido soldado americano, quien por el dolor no puede ni siquiera mantenerse de pie; siente como sus bolas rozan la cara interna de sus muslos. Mientras es llevado hasta su jaula y arrojado al piso de ella, esos hombres no dejan de burlarse hablando, mitad en broma, mitad en serio, de su rico culo.

   -Jejejejejejejejeje… -las burlas de ver lo grotesco de las bolas de Steve siendo controladas por la liga especial, no deja de provocarles risas. También porque sabían que ese ha sido tan sólo el principio, aún le faltaban muchas más cosas por experimentar el puto americano.

   La humillación y el dolor hacen que el cuerpo de Steve se revuelva hacia uno y otro lado en le piso de la jaula, teniendo aún sus manos esposadas a la espalda. El dolor en sus bolas ha disminuido para dar paso a una extrema presión en ellas. La mirada de Steve enfoca como los pies de Abdul se acercan a la jaula, para verlo retorcerse de rabia, vergüenza e impotencia.

   -Te vas a arrepentir de haber derrotado a mi ejercito, PUTO AMERICANO, lo vas a pagar el resto de tu vida; esto es sólo el dulce inicio, cabrón-la sarcástica risa en los delgados labios del iraquí, demuestran que hay mucho más planeado para el musculoso macho, quien siente que va perdiendo la conciencia, agradeciéndolo.

   Por unas horas Steve es dejado ahí en el suelo de la jaula, a veces inconciente, otras revolviéndose furiosamente tratando de romper las fuertes esposas que mantienen sus fuertes brazos fijos a su espalda, sin posibilidad de poder utilizarlos para defenderse o quitarse esa presión que siente en sus grandes bolas. El sentir como todo su impotente lucha física es observada por algunos soldados del ejército de Abdul, lo hace sentir más humillado, menos hombre; la presión en sus bolas disminuye, pero la presencia de la fuerte liga no deja de sentirse. De imaginarse como lucirán sus grandes bolas, lampiñas desde hace unas horas y restringidas a un pequeño pedazo de piel del escroto, lo enerva, todo su musculoso cuerpo desnudo se rebela ante tal situación de ignominia y vergüenza para cualquier hombre, más para un soldado del ejército más poderoso del mundo, el americano. Como su suerte es en definitiva de ahora en adelante, la que decida para él Abdul, lo que el mande que se haga con su cuerpo, es lo que sucederá, no abriga ninguna esperanza.

   -Mghm… -fuertes gemidos de angustia y de impotencia, dan lugar a un llanto silencioso en donde gruesa lágrimas resbalan por el varonil rostro de Steve, quien no sabe cómo poder evitar su suerte, cómo poder defender su cuerpo de las brutales humillaciones que le tienen deparadas en esas tierras en manos de su peor enemigo, quien no descansara hasta anularlo, física, mental y sexualmente. El saberse dominado físicamente lo tiene en constante tensión, lo hace presa de una ansiedad que no disminuye, siempre en aumento, más y más. Su mente da vueltas y vueltas sobre el círculo vicioso de lo que será su vida de ahora en adelante, por ser quién es, por haber hecho lo que ha hecho en beneficio de su país y en contra del ejército iraquí. Y eso que todavía no sabe de las dos horrendas torturas que le guarda su odiado enemigo…

CONTINÚA SUCIO… 7 

Julio César.

PEQUEÑA HISTORIA DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

mayo 4, 2009

LOS NIÑOS PERDIDOS PARA SIEMPRE

   En todas partes existen, se dan allí donde se reúnen los seres humanos para vivir, pequeños relatos de dolor, de amargura, de decepción. De injusticias tales que únicamente nos queda, con rabia suprema (en mi caso es rabia) y ojos llorosos, elevar la mirada al Cielo y exclamar (impíadamente): Señor, castígalos. Esta es una de esas vivencias. No la presencié. No tenía un conocimiento cabal de ella, ni de sus circunstancias. Sabía que hubo algo llamado la Guerra Civil Española, como amante de la historia universal que soy, y que sirvió de práctica para los ejércitos europeos antes de la Segunda Guerra Mundial. Poco más. Era un nombre, un sonido hasta interesante. De los iberos llegados de esos días, uno tenía la idea de gente que se vino por alejarse de un conflicto duro, preguntándose, de pasada: ‘¿Cómo pudieron dejar sus tierras y todo atrás?’. Tan sólo eso. Pero la guerra fue mucho más. Se libró contra la gente sencilla, casa a casa. Cayendo, muchas veces, de noche, como suele atacar el mal.

   Esto lo contó una de esas amistades cibernéticas. Alguien a quien he leído como si la oyera hablar, y que a veces me parece (y me gustaría) que vive en la puerta de enfrente de mi apartamento; estoy seguro que sería grato verla, reír con ella, hablar de las pequeñas cosas de todos los días. Lástima que está lejos.

   Ella me habló de esto:

……

… DE TRAICIONES Y OTROS DOLORES

   Hace un par de días vi ‘La Pasión de Cristo’. Me impactó. No la había visto todavía, y creía que una película hablada íntegramente en arameo y latín, de la que me habían dicho que tenía un exceso de sangre y crueldad, no me iba a gustar. Lejos de eso, me encantó. Me pareció que debe acercarse mucho más a la realidad histórica que otras versiones. Y sobre todo me gustó el punto de vista: la relación entre María y Jesús. Nunca me había parado a pensarlo.
Para esa madre, que al fin y al cabo es lo que era, la pasión fue ver a su hijo escarnecido, maltratado, torturado, y finalmente asesinado…

   Y creo haberte hablado ya de otra María, de aquella que dos meses después del inicio de nuestra guerra Civil, allá por el 36, recibió una llamada en su puerta en plena noche. Eran tiempos difíciles, tiempos de miedos y de venganzas. En casa estaban con ella dos de sus hijos y su única hija, también María, la que 35 años después sería mi abuela, embarazada de ocho meses de la mayor de mis tías.

   María Galera, mi bisabuela, abrió la puerta, y se sintió aliviada al ver que quien picaba era el mejor amigo de sus hijos. Ese que había compartido con ellos tantos días de siega y de campo, y que solía comer invitado a su mesa, porque la casa de mi familia era de las primeras que se encontraban al entrar en el pueblo, y María siempre le decía al verlos llegar agotados por un día de durísimo trabajo bajo el sol andaluz “¿ahora te vas a ir para arriba?, hombre, ¡quédate a comer con nosotros!”.

   Pero el alivio le duró muy poco tiempo, tan poco como él tardó en pronunciar: “diles que salgan”.

   Ella no lo podía creer, a pesar de que en la puerta también había más gente. La historia me la explicaron hace muchos años, y hará cosa de cuatro me la repitió, en una de las pocas conversaciones serias que tuvimos, María Olmo, mi abuela. No recuerdo muchos detalles. No sé cómo se llamaba el amigo de mis tíos, seguramente porque no hemos querido repetir mucho su nombre. No sé cuántos eran, pero lo que sí sé es que María Galera suplicó, lloró, rogó… se arrodilló abrazando las piernas de aquel que había sido como su hijo mientras le decía: “¿tú?, ¿tú que has comido tantas veces en esta mesa?… ¿tú a quién he querido y tratado como a mi sangre?”

   En ese momento una de las armas que traían se dirigió a la frente de María, y apoyándola en ella alguien dijo: “y como no te levantes ahora mismo del suelo y ellos salgan, te llevamos a ti también”.

   Los dos muchachos, porque no eran otra cosa, salieron al oír la amenaza. Y se los llevaron.

   María Galera pasó la noche recorriendo, como loca, los campos, las acequias… todos los lugares donde creía que pudiera localizar a sus hijos. No los encontró. Al amanecer sus dos gorras estaban colgadas en la tapia del cementerio. Esa era la forma gentil en que los verdugos hacían saber a las familias de las víctimas que ya no había esperanzas. Aparecieron debajo de un puente por el que María había pasado una y otra vez esa noche… pero no miró debajo.

   Nunca se recuperó. Nunca volvió a hablar. Nunca volvió a salir de su casa. Se vistió de luto y nunca más lo abandonó.

   Durante la Guerra se vivieron muchos otros momentos duros, y al finalizar esta aún más, porque los vencedores se sintieron siempre con derechos sobre los vencidos. La familia del traidor siempre vivió cerca de la mía, pero no éramos una excepción en el pueblo.

   ¿Qué debió pasar por la cabeza de aquél hombre…? ¿Qué amenazas debió recibir para hacer aquello, si es que ese fue el motivo…? ¿Cómo siguió adelante con su vida sabiéndose responsable de la muerte de sus dos mejores amigos que habían cometido el único delito de ser simpatizantes socialistas y fieles a la República que el pueblo votó…? ¿Qué hacía cuando se cruzaba con mi abuela por la calle…? ¿Qué hacía mi abuela cuando lo veía…?

   Mi madre me ha contado muchas veces que pasó mucho tiempo con María Galera. María Olmo, mi abuela, la enviaba a hacerle compañía porque nunca más volvió a salir de su casa. Ella nunca le contó nada, ni de esa noche ni del resto de miserias de la Guerra, porque no quería inculcar en sus nietos la semilla del rencor ni el odio. Habló muy poco después de esa noche. Sólo suspiraba.
“…Y de vez en cuando, se le escapaba un suspiro… que helaba el alma”

M.

……

   La verdad que es difícil ponerse en el lugar de una señora, y no tan sólo porque yo sea hombre y no entienda el dolor de una madre, los hombres también quieren a sus hijos. Pero ella estaba ahí esa noche, inquieta al oír el llamado a la puerta, incrédula ante la realidad, ¡venían por sus hijos! Los de ella, los que fueron el dolor de su carne un día pero que la hicieron sonreír de amor al ver sus caras de bebé; era la sangre de su sangre la que se llevaban para derramarla. Es imposible imaginar su llanto y sus gritos mientras los muchachos salían y eran arrastrados, desapareciendo en la noche. Imaginarla resulta estremecedor, desesperada, tal vez desorientada, con pasos vacilantes, buscándolos por todas partes, todavía conservando la esperanza de que estuvieran detenidos, de que todo no fuera más que un error. Una pesadilla. Pero no, estaban muertos, sus hijos le habían sido arrebatados y asesinados, en su pueblo, el lugar donde siempre vivió. ¿Qué sintió después al recorrer esos lugares? M, cuenta que salía poco, pero debió salir de tarde en tarde. ¿Se llegaba al puente? ¿Lo miraría, confundida todavía por todo lo vivido, preguntándose por qué pasó? M, no recuerda o nunca supo el nombre del “amigo”. Seguro sí lo oyó, aunque no se hablara de eso. Su abuela, y la madre de esta debieron recordar bien ese nombre, el del traidor; tal sólo ha sido relegado, como en la Biblia algunos nombres, al ‘fulano de tal’, alguien que no merece otra consideración. O un día, sobre su tumba, se le reconoció al fin: aquí yace Judas.

   La Guerra Civil Española, habrá quienes cantaran epopeyas, hubo quien lloró, de noche, junto a una batea, por alguien caído mientras encendía una vela, dejando ver su dolor y lágrimas únicamente a Dios. Es una historia que no necesita de muchos estudios. Es el horror del odio desatado y sembrado en una tierra para dividir y reinar, donde unos pocos que desean el control y el poder para sí, no se detienen en comenzar matanzas, persecuciones y violencia exacerbando los odios tribales y ancestrales del hombre. “Ve, mátalos y seremos felices. Yo te haré feliz”, grita el monstruo; algunas veces lo llaman Gengis Kan, otras Napoleón, Hitler es otro nombre, también Idi Amín, Milosevic, Saddam, Al-Bashir, Fidel Castro… o alguien más nuevo, que grita y habla, y el mundo le ríe mientras persigue, acosa, encarcela y lastima.

   Es la vieja maldición bíblica que se cumple, cada vez, de vecino contra vecino, padres contra hijos; cuando enfermo de una ‘visión’ superior alguien decide que el mundo debe entrar en los cánones de su entendimiento, así deba forzar a los demás a golpes para que encajen. Pasó ya, seguramente continuará ocurriendo; los monstruos jamás son detenidos hasta que han causado mucho mal, y a muchos sólo los vence la edad, como al viejo sátrapa cubano, quien morirá cómodamente en su cama después de toda la violencia y muertes que ha causado.

   Y muy de cierto, en muchas partes del mundo, pasa ahora; por allí sufre el hombre encarcelado y el hijo perseguido por la jauría; otro que tiene que huir de una justicia entregada a los juristas del terror, y esta volviéndose contra la mujer y los hijos, sedienta siempre de más miseria, de nuevos sacrificios; y todo ante la mirada indiferente de un mundo demasiado ocupado en “ser mejor”. Vano y estúpido intento.

CARARABO, LA NOCHE DE LA INFAMIA…

Julio César.

CARAJO CON EL VECINO

mayo 4, 2009

CHICOS, PLAYA Y SOL…

hombre-en-calzoncillos

   Ya no quería verlo más así.

   Realmente la cosa ya era mortificante; desde que atraqué mi bote en Marina Grande, tuve que soportar a este tipo de ‘vecino’, un carajo que parrandeaba hasta tarde, con gran cantidad de tíos y chicas entrando y saliendo, sobretodo marineritos. Y cada mañana parecía sudar la rasca… en calzoncillos. Y ya me tenía harto, ¿cómo podía pasearse así? Por eso resolví, hace días a decir verdad… comprarle unas cuantas tangas.

ME DIO SED

Julio César.