Archive for 29 junio 2009

SE FUERON MICHAEL Y FARRAH EL MISMO DÍA

junio 29, 2009

MARTA COLOMINA…              BRITNEY SPEARS BAJO LA LUPA

FARRAH FAWCETT

   De verdad que estas dos noticias, trágicas las dos, me dejaron melancólico. Cada uno de ellos signó un tiempo. Y les tuve cariño. A finales de los setenta, siendo un niño a quien le encajaba la televisión, me enamoré de Los Ángeles de Charlie, de esas mujeres fuertes, aventureras, hermosas y hasta peligrosas, que corrían peligros, se golpeaban con hombres y eran increíblemente bellas. Sé que todos admiraban más a Farrah Fawcett ‘Majors’ como la conocíamos por aquí en esa época. Claro, era la catira de rostro angelical y de grandes curvas, pero siempre sentí especial cariño por Kate Jackson, el ángel inteligente, dura y lista, la no tan bella como las otras, aunque lo era. Pero mi preferida era Jaclyn Smith, la morena de cabellos largos, delgada, hermosa. Sin embargo también admiraba al ángel rubio. Fue duro saber de sus últimos momentos, minada de dolor, con la metástasis atormentándola, casi siempre en cama, muy débil, recibiendo a los más allegados. Y allí, en el duro momento, estuvieron ellas, Jaclyn y Kate, acompañando al ángel enfermo. Le tocó a su compañero de años y años, Ryan O’Neil, dar la noticia: “Farrah se ha ido, ahora está con su madre, su hermana y con su Dios. Yo la amaba con todo mi corazón y voy a extrañarla mucho”. Algo parecido nos pasará a los que amamos al hermoso ángel, esa bella mujer que junto a las otras tres, nos hizo soñar y fantasear.

MICHAEL JACKSON - BAD

   A Michael Jackson lo conocía más, porque su paso como figura de éxito duró mucho más. Recuerdo la primera vez que vi Thriller, y me quedé asombrado, era tan sólo un muchacho y sentía la adrenalina corriendo por mi cuerpo. En el colegio lo comentábamos, lo perseguíamos por los canales de televisión. Recuerdo que lo bailé en esas fiestas del colegio. Michael Jackson fue un artista completo, bailarín, cantante, compositor, un hombre espectáculo. Lamentablemente sus excentricidades personales tal vez opaquen un poco el recuerdo de lo que fue su vida, pero siempre lo recordaré por los zombies que bailaban, por Billie Jean, dando yo torpemente el pasito hacia atrás, y como el hombre bailando sobre la luna. Fui de los que se alegró mucho cuando aquel jurado de gente sensata desestimó aquel caso de circo que un fiscal irresponsable (el sistema jurídico norteamericano cada vez parece más un Realty Show), declarándolo “no culpable”. Me gustaba saber que a donde iba, la gente lo esperaba con el cariño y admiración al ídolo que fue. Ahora murió, a los cincuenta años de edad, cosa rara, lo creía mucho más joven, de un paro cardiaco. Desde el momento de la noticia he oído muchas de sus melodías en la radio, he escuchado a moderadores hablar cosas bonitas, porque, a pesar de su vida extraña, representó algo para todos nosotros. Era, es y será “El Rey del Pop”.

   Ahora que hablando de otra cosa que merece la pena ser mencionada, está la resbalada fea que dio España frente a la oncena de futbol norteamericana. Esa noticia me dejó frío.

…LAS CANCILLERÍAS          CSI NUEVA YORK, FINAL DE TEMPORADA

Julio César.

ES POR SU BIEN…

junio 29, 2009

EL PROFESOR ENSEÑA…

MAESTRO Y ALUMNOXXX

   Hay chicos a los que hay que reprender a diario.

   -Por favor… no, profesor… -gemía estremeciéndose a cada golpe.- No, no más, por favor… ¡Ahhh…! -y lloriqueaba.

   -Aguante, Jiménez. Tan problemático que es y tan llorón. Pero está bien, no le daré más con el libro. Estoy algo cansado, voy a sentarme, usted subirá a mis piernas y terminaré sus veinte minutos de azotes con mi mano.

   -No, profe, por favor… -suplica.

   -Aguante. Esto me lastima más a mí que a usted… uso un pantalón demasiado ajustado desde que engordé.

MAMÁ TENÍA RAZÓN

Julio César.

ME DIO SED

junio 29, 2009

CHICOS, PLAYA Y SOL…

SPEEDOS MAN

   Sale con la indolencia del que sabe que está buenote…

   No era el único que lo miraba, lo sabía. Había otros que seguramente padecían igual que yo. Verlo salir de aquella piscina daba sed, dejaba la lengua seca en la boca (aunque un carajo me diría después, que a él se le hacía agua). Daban ganas de llegar y recoger cada gotita de las que chorreaban por su cuerpo, para luego caer, jadeando (de sed) y darle una buena mordida y chupada… a ese bañador, para escurrirle el agua. Sé sincero, ¿no te gustaría?

PARA VER CÓMO ERA

Julio César.

ALEJANDRO CHABAN Y FOTOS COMPROMETEDORAS

junio 29, 2009

MARIO LÓPEZ…?

ALEJANDRO CHABAN

   Nuevamente hay un actorcito en problemas, y esta vez parece que le tocó en turno al joven venezolano, Alejandro Chabán, joven de rostro bien parecido que parece que gusta y triunfa fuera del país. Y eso que aquí tenía fama de tremendo. Le robaron su computadora portátil, y con ella se llevaron muchas cosas. Al parecer los cacos encontraron cierto material fotográfico que resulta excesivamente personal, intimas pues, del muchacho y le exigían por su devolución (y no darlas a conocer) cincuenta mil dólares. Na’ guará, mochila de real. Es que se afincan. Es como aquí, secuestran a alguien y exigen de rescate mil millones de bolívares de los viejos, que diga como se diga, es un realero.

   Aparentemente no piensa pagar, y alega que no tiene miedo, ya que dichas imágenes son recuerdos de familia y de novias. Hummm, ojalá, porque en casos anteriores ha habido bastante escándalo. El video de Roxana y la imagen del mister aquel, autosatisfaciéndose ante una cámara Web, aún se encuentran en la red para quien quiera buscarlos.

   De verdad que hay que tener cuidado con ese tipo de material. Del que sea. No creo que a nadie le guste ver por allí una fotografía de la mama vistiéndose enseñando el sostén o algo así. Ese tipo de fotos familiares que a veces uno guarda como broma. O recuerdo.

   Ahora en el terreno del chisme, lo que hace despertar ecos e imaginaciones en Venezuela al recibir la noticia, se refiere a este muchacho cuando actuaba aquí. De Alejandro Chabán se tenía una imagen bastante alarmante hace algún tiempo. Era la clase de joven que ningún padre quisiera para sus hijas, aunque ese aire de chico malo siempre fue atractivo para mucha gente. Incluso se llegó a especular, en boca de doña Chepa Candela, de cierto pase de corriente que fue presenciado por una gente en la antigua RCTV entre el muchacho (muy joven para ese tiempo) y un galancito del canal. Bueno, fue más que eso, al parecer los pillaron besándose, o dicho con el tono de doña Chepa, en tremendo jamón de lenguas y manos. Pero en fin, los jóvenes experimentan, ¿no?

   Ojalá su familia no se vea expuesta por el asunto de las fotos estas. Por cierto, aquí encontré algunas del muchacho, para quien lo admire:

CHABAN HOT

ALEJANDRO CHABAN CALIENTE

ALEJANDRO CHABAN SEXY

   “Hummm… es que cuando me acuerdo de esa vez en RCTV, yo…”

HAY GENTE CON UNA PINTA…

Julio César.

ACALAMBRADO

junio 29, 2009

EL MOMENTO

CHICO MAMANDO

   Como lo quería tanto lo despertaba así…

   ¿Nunca has sentido una pierna dormida mientras haces algo? Así también hay partes que despiertan antes del todo. Eso lo sabe Tomás quien gemía en sueños, soñando rico, para abrir los ojos y encontrarse con el cuñado que estaba de visita. La sorpresa lo dejó frío, aunque del otro lado estaba bien caliente.

   -Pero ¿qué coño’e la madre haces, imbécil? –le gritó, notando como el goloso muchacho se estremecía de inquietud, con sus rojos labios casi fuera del caramelo que saboreaba.- ¡Es así! –y le atrapa la nuca, empujándolo, hundiéndolo.- ¡Ahhh…!

   Aunque sabía que lo ahogaba un poco, Tomás sonrió, sólo permitiéndole sacarse un pedacito de chupeta, le gustaba mucho que se lo comieran así. Y el cuñado agarró el ritmo, resollándole feliz, atragantado de gusto, sobre la barriga.

AH, COÑO, ESO PASA…

Julio César.

EL CHICHARRON Y LA BOCA ABIERTA

junio 29, 2009

DE MÚSICA Y OTROS TÉRMINOS

CHICHARRON

   De haber sido una embarazada, el muchacho me habría nacido así, con la boca abierta. Hace poco me tocó bajar a la cercana población de Guatire en el estado Miranda, y el viaje fue agotador. Qué trafico. Y eso que era temprano. Aunque no tenía prisa, iba a una ocupación nada grata. Un funeral. Bien, después de calarme la cola de entrada a la población, pesada, lenta, decidí quedarme en el terminal de Guatire, justo a la salida técnica del pueblo. Más allá están Las Barrancas y El Ingenio, que es Guatire, pero lo que es el pueblo pueblo, termina allí. El sol, a pesar de la hora, quemaba. Y qué calor.

   Pero mientras cruzaba frente a los dos grandes centros comerciales que flanquean la entrada, iba ya distraído. Allí estaban las cuatro esquinas de abajo. La esquina de El Mocho Nicolás, un señor trabajador donde los haya, fallecido hace tiempo, que mantenía un puesto de revistas y periódicos conocido por todos (haciéndome el loco ojee las primeras revistas nuevas y caras de chicas allí). Y justo frente al negocio del Mocho Nicolás, estaba el que yo buscaba: un puesto donde vendían chicharrón, ese cuero rico que le sacan al cochino cuando lo pelan, lleno de grasas y carnes, que es freído en su propio aceite y que sabe a gloria. Es, como decía Alicia, una amiga, colesterol en barras, y no en barritas, sino barras de las grandes. Cuando comía chicharrón frente a ella, hincando el diente en el cuero de donde manaba aceitico, arrugaba la cara como con asco. Pero repito, qué rico es… por lo que, obviamente, es poco saludable ingerirlo en grandes cantidades.

   No se trata de una tienda, ni siquiera un tarantín. Allí se encuentra un señor moreno, mal encarado, con un recipiente grande tipo escaparate, de vidrio, y dentro, el chicharrón. Este señor, de por sí, es todo un personaje. La primera vez que compré allí, hace muchos años, le pregunté “¿está sabroso?”. ¿Saben que me contestó?: “yo no sé, yo no como esa vaina”. Dios, cómo me reí. Pero compré. Lo probé y era muy bueno. Recuerdo que otra vez fui y le pedí: “deme un pedazo con bastante carne”. A lo que replicó, con ese tono de quien vende eso porque no halla nada más que hacer: “Cómprate un kilo de chuletas”.

   Bien, ahí iba yo, salivando, imaginándome ese cuero, esa grasa, esa carne deliciosa metida dentro de un pan caliente; caminando como ido por la esquina del Mocho Nicolás, crucé la calle… y el carajo estaba vendiendo guayabas, tomates y otras porquerías. Qué impresión. Es difícil poner en palabras tanta arrechera y decepción. Le pregunté qué pasaba y me respondió que mientras durara la gripe esa, la llamada porcina, no vendería más cochino. Fue inútil que intentara explicarle que una cosa nada tenia que ver con la otra, tan sólo dijo: “esa vaina, como sea, hace daño”. ¿No es horrible la campaña que le tienen montada al cochino? Es casi tan feroz como la que le tienen al cigarrillo.

   Y yo con las ganas que llevaba.

UN AREPAZO

Julio César.

LO NUEVO

junio 29, 2009

…MILITARES

GOZANDO UNA BOLA

   -¡Julián! ¡Deja de mamarlo!

   -Pero Teresa, dijiste que había que probar algo nuevo. Y tu saborcito ya lo conozco…

MIRANDO!!!

Julio César.

MEMORIAS DE DESGRACIADOS… (2)

junio 27, 2009

…DESGRACIADOS

TIO EN BIKINI

   ¿Te negarías a una mamada si te lo pide?

……

   Pero la sorpresa es esa, encontrarse allí a Martín, recién bañado, agitada todavía su respiración, enrojecida su piel, aseado, con el cabello pegado a su nuca. Envuelto en una toalla. Los dos hombres se miran por un momento. Sin desearlo, Valente lo recorre (¡estaba buenote el güevón ese!); Martín lo mira con la sonrisa despectiva de quien dice: “¿Te gusta lo que ves, sucio maricón?, seguro que quieres mamar, ¿verdad?””, y entra en la vivienda. Sin saludar ni un carajo. ¡Guevón, no estás tan bueno!, pensó molesto Valente, diciéndose que algún día le daría una lección; molestia que le duró hasta que…

   Allí, sobre la verja, casi donde comienza la separación de ésta de la pared que divide las dos viviendas, colgaba el calzoncillo. Valente no tuvo dudas, ni dificultades en deducirlo, era esa pequeña pieza azul eléctrica que vio poco antes. Estaba enrollada sobre sí, colgando. Y Valente era un fetichista. Le gustaba el sexo, mucho, y los hombres; morderlos, pasarles la lengua, poseerlos, era su locura. Pero sí, era fetichista. Y una prenda íntima masculina era algo que lo descontrolaba. Y allí estaba una, a su alcance. Y el deseo de tomarla era poderoso. Quería cerrar su mano sobre ella. Ese desgraciado, ¿cómo dejaba sus vainas…?

   Mejor entraba a su casa, tomaba más café o una cerveza fría ahora que se sentía menos mal, tomaba otra ducha y salía a ver a quien veía y, tal vez, acorralarlo y meterle la lengua hasta la garganta mientras lo maraqueaba contra una pared. Era mejor…

   Fue hacia la verja. Su mano subió y tembló todo él al cerrar sus dedos sobre la prendita, tomándola. Fue cuando oyó la colérica voz de Martín.

   -¡Coño’e la madre!, ¿dónde dejé esos zapatos de goma? –mientras iba saliendo.

  El corazón de Valente, de pie, en bermudas, sin camisa, con el calzoncillo ajeno en las manos, se detuvo en su pecho… La cosa fue tan inesperada y rápida, que no puedo reaccionar. Ese carajo saldría y lo encontraría con su calzoncillo en las manos. ¡Qué torta! Ya imaginaba la famita que ganaría en la cuadra.

   -Ah, carajo, ¿qué hacen aquí? Como que si caminan, ¿eh? –lo oye, seguramente encontrando los dichosos zapatos.

   El vacío de alivio casi le provoca un mareo a Valente Fernández, quien rápidamente entra en la vivienda, cerrando su puerta. Y allí, en la cocina, se detiene a admirar el calzoncillo tipo boxer, de los cortos, de los que llegaban justo bajo las bolas. ¡Las bolas de Martín Serrano!, sonríe mórbido, perverso, al llevarlo a su rostro. Da una buena olfateada. Estaba tibio y húmedo de sudor. Pero también huele acre, a bolas, a macho. “Ahhh…”, deja escapar extasiado. Ese aroma lo marea. Había algo delicioso, se dice olfateando una y otra vez extendiendo la prenda con sus dos manos teniéndola totalmente pegada de la cara, en oler calzoncillos así. Bueno, tal vez mejor era olerlos cuando todavía los tenían puestos. Y lo había hecho. Muchas veces. Sonríe pícaro, eso siempre hacía que se mojaran más. Con un alarido de perro, alegre por fin, muerde la telita, lamiéndola, encontrándola rico.

   Va hasta su cuarto, silbando, cerrando las cortinas, despojándose del bermudas y chino en pelota cae culo en la cama, acostándose sobre los almohadones, arrastrando en su mano el boxer. Cierra los ojos y lo lleva nuevamente a su rostro con una mano mientras la otra baja a su güevo tieso y grueso, enorme, duro, rojizo y lisito de cabeza; lo olfatea llenándose la nariz con el fuerte olor. Lo imagina sudoroso, sexy, guapo, jugando al básquet con los otros, y como en toda fantasía, cae y se dobla un pies. Él lo ayuda cargándolo por los hombros, excitado de su calor, de su sudor, del olor que imagina bien por el boxer que olfatea una y otra vez. Lo imagina allí, llevándolo al cuarto para buscar vendas. Lo imagina amoscado y a él, más fuerte, arrojándolo en la cama. Ahí Martín entendería que algo pasa y lucharía, pero él es más fornido y logra retenerlo, arrojándolo de panza en medio de la cama, bajándole a toda prisa el bermudas y el calzoncillo (que era ese que cae en su cara mientras olfatea como perrito), atrapándole el tolete flácido pegado al colchón, sudado y con gotitas de orina. Ahora lo tenía. De esa boquita saldrían maldiciones y acusaciones, pero lo calla con la fuerza de sus mamadas. Lo tiene allí, tibio, sudoroso, con la tranca en su boca.

   Se imagina teniéndolo de espaldas en la cama, rabioso porque se deja aunque no quiere. Se imagina recorriéndolo con su lengua, lamiéndole los cachetes, oyéndolo gruñir de asco y rechazo, antes de bajar por su cuello salado y transpirado, rico aperitivo que completa al lamerle las axilas (las tiene depiladas, lo notó). Allí lamería y lamería mientras sus manos recorren cada centímetro de ese cuerpo que se resiste. Los pectorales y las tetillas serian apretadas, haladas, la barriga se contraería bajo el paso de su mano. Podría tocarlo, lamerlo, chuparlo por cada centímetro de su cuerpo antes de atrapar goloso el flácido güevo, estimulándolo, lamiéndolo, majándolo dejando los labios pegados del pubis, resollándole ahí, trabajándoselo con la calida lengua y la garganta… hasta estimularlo.

   Lo imagina gimiendo de asco porque su güevo responde, endurece, caliente, grande. Y él majándolo, de arriba abajo, tragándolo todo, con glu glu de vicio, subiendo, dejándolo brillante de saliva, antes de besar dulcemente la roja cabecita, de lamer cada arruguita, de jugar con el ojete de donde mana algo cálido, salobre y dulce a la vez, antes de recorrer el tembloroso güevo de arriba abajo con su lengua, de lamer y ensalivarle las bolas, metiéndoselas en la boda, oyéndolo gemir. Sabe que Martín no quiere, pero que goza. Y le toma las piernas alzándolas, dejando al descubierto las nalgas rojas, la suave y lampiña raja interglútea; y más debajo de los testículos el capullito cerrado que es ese culo, tembloroso, queda expuesto a su gula ávida. Un culo que pide lengua, y lo lame suavemente, titilando sobre el hoyito, sintiendo como Martín Serrano se estremece de lujuria, como se tensa, oye como gime. Su boca caería totalmente sobre el huequito, cubriéndolo, besándolo, lengüeteándolo todo, lamiéndolo, intentando cogerlo con la lengua. Y el culo rojo temblaría, listo para el duro y largo asalto a su virginidad que…

   ¡Riiiiiinggggg! ¡Riiiiiingggggg!

   Desconcertado deja de masturbarse, su güevo erecto, enrome y grueso, surcado de venas, cae sobre su panza; está mareado todavía. Su mano que lo aferraba, subiendo y bajando sobre el rico tolete, estaba caliente. ¡Coño! Alguien llamaba a la puerta. Jadeando, maldiciendo, se pone de pie y grita ya va, cuando llaman con insistencia otra vez. Con mano torpe levanta su bermudas y se lo pone, intentando cubrirse, pero es inútil, el güevo parece un mástil de barco levantando la vela. Va a la sala.

   -¿Sí?

   -Vecino, soy yo. –oye una voz algo ruda. ¡Martín!

   El corazón de Valente vuelve a resonar con fuerza, ¿qué buscaría? ¡El boxer, claro! Tomando aire abre un poco, asomando el rostro, mirándolo. Martín está recién bañado, vistiendo una camisetica que deja al descubierto casi todo su pecho y costados, con las tetillas marrones afuera, muy sensual. Su short no es muy largo y deja al descubierto unas piernas de ciclista, levemente velludas. Los zapatos sin goma, y sin medias, completan el atuendo. Parece molesto, y eso divierte a Valente, quien dice “bueno no tengo nada mejor que hacer”; y abre totalmente la puerta, desconcertándolo.

   Allí en la puerta estaba Martín Serrano, joven y sexy, caliente, un letrero ambulante de sexualidad; del otro estaba Valente Fernández, también apuesto, sensual también, robusto, bien formado, con un güevo erectando bajo su bermudas. Martín mira ese tolete con incomodidad y algo de vergüenza; ¡ese desgraciado marica!, pensó.

   -Disculpe que lo moleste, vecino, pero ¿no ha visto un calzoncillo mío que desapareció de la barda? –pregunta seco, dándole a entender que sabe que lo tiene él.

   -Pues… sí; un perro se metió en mi patio y lo traía en los dientes. –admite, sereno, con una leve sombra de sonrisa en su atractivo y varonil rostro de hombre hecho y derecho.

   ¡Un perro!, pensó divertido Valente. ¡Un perro!, pensó molesto el otro.

   -¿Me lo puede regresar?

   -No faltaba más. –se aparta indicándole que entre, y Martín lo hace después de dudar un momento, fijándose con curiosidad en lo bien arreglado que estaba todo.- Voy por él –anuncia divertido, sabiendo que apuesta alto.

   Confuso, Martín Serrano lo ve abrir la puerta que da a su dormitorio, y enrojece al verlo tomar la prendita de su cama, y amasarla en su puño, viéndola sonriente. ¡Qué cochino!, se dijo. Pero soportó su mirada mientras regresaba.

   -Es la que usabas cuando jugabas, ¿verdad? Huele a macho de acción. –dice, lento, sorpresivo, sin dejar de mirarlo, sonriente al acercarse a prendita al rostro y darle una larga y sonora olfateada.

   -¡Deja eso, maricón! –ladró incapaz de contenerse, Martín, estremeciéndose ante el grotesco espectáculo.- ¿Cómo puedes hacer esa vaina?

   -Oye… oye… cuidadito con el lenguaje, muchachito. –advierte, medio serio, volviendo la mirada nuevamente al boxer, olfateándolo otra vez.- A ti te gusta el físico culturismo, eso lo saben todos, y eso le parece grotesco a muchos. Ver tipotes en tanguitas calientes, untados de aceites y…

   -¡No lo hago por eso! Yo practico a levantar pesas. –se defiende rápido, temeroso como todo heterosexual de que se confundiera lo que hace.

   -Y lo haces porque te gusta. A mí me gusta este olor, y olfatearlo. –explica.- Llegarme a esos vestuarios donde todos se duchan y tomar los calzoncillos y olerlos. Paso horas ricas haciéndolo. A veces debo robarme alguna, sobretodo las más chicas y putonas, imaginando que su dueño la tiene puesta mientras la levo a mi cara. –lo mira fijamente, viéndolo desconcertado.- Tengo un amigo que practica lucha olímpica, y cada vez que compite se excita y se corre todo; descubrí que deja sus suspensorios todo llenos de leche caliente y olorosa. Y a mí me encanta… y este tuyo huele casi tan rico. –y da un paso hacia él, sonriente, con el güevo tieso bajo el short.- ¿Alguna vez alguien te ha abierto el cierre del pantalón y ha olfateado lo rico entre tus piernas?

   -¡No! –está todo rojo.

   -No lo entiendo, ¡un carajote bello como tú! Creí que todos esos tipos que jugaban contigo allá afuera, al terminar se metían entre dos autos y te lo mamaban. ¿No te atrae esa idea? ¿A uno de esos carajos a tus pies, mamándotelo sabroso, con hambre, allá afuera entre dos autos? ¿Te has preguntado que sentirías ante una mamada caliente dada por otro, mirándolo subir y bajar como un becerrito hambriento? –se juega el todo por el todo, y el otro lo mira muy serio, casi furioso.- A mí me encanta mamar, no paro hasta que la leche me baña la cara…

   Valente apuesta alto, ¿le saldrá bien? ¿Quiere olfatearle los calzoncillos mientras los tiene puesto? ¿O planea echarlo en su cama? ¿Qué hará Martín Serrano? Puede marcharse, pero ¿lo hará y dejará pasar la oportunidad, tal vez, de que alguien se lo mame? ¿Qué hombre escapa de tal oportunidad, de sentir una boca becerreándolo hasta sacarle la leche?

CONTINUARÁ … (3)

Julio César.

GAY DURO Y SUCIO

junio 24, 2009

GAY DURO Y SUCIO                          SUCIO… 8

   Steve Anderson, sargento del ejército americano, está siendo sometido sexual y físicamente por sus enemigos. La traición de su cuerpo es tan intolerable que incurre en un nuevo acto de desafío que le acarreará otra dura prueba. Una de la que no saldrá bien librado. Esta historia contiene situaciones que podrían resultar ofensivas para personas que les disguste leer acerca de violaciones, sadomasoquismo, bondagge y sexo no consentido. Aquí hay mucho de todo eso. Si es tu caso, no contiendes leyendo. Si, por el contrario, te interesa, disfruta de esta buena historia del amigo capricornio1965:

EL SOLDADO AMERICANO… (9)

CON EL EQUIPO

   Con el equipo a mano a cualquiera se somete…

……

   -Nghhhhhhhh, bastardo, aahhhhhhhhhhh. -los insultos ahogados de Anderson son un halado para Abdul.

   -Jajaajajajajajajajajaja. -la risa de ver como la resistencia mental de Steve, es anulada poco a poco por el placer sexual que siente en sus entrañas por el vibrante dildo metido; la sustancia hace su afecto y las terminaciones nerviosas de Steve generan goce sexual.- Aún falta que experimentes esto. –le dice mientras sus manos se posan sobre los pezones de Steve. Y los presionan gentilmente.

   -Aggggghhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhh, ngghhhhhhhhhh. Bastardo, ahhhhhhhhhhh. -la sorpresa que siente Steve al contacto de las rudas manos de Abdul con su pecho no tiene límite, el placer que se genera es intenso e inmediatamente recorre todo su cuerpo anulando su razón y su voluntad. No puede oponerse, es tan delicioso sentir que las expertas manos de Abdul le manipulen los pezones, que la voz se entrecorta por la extrema sensación.- Ahhhh, ngghhhhhh, bastahhhhhhhhhhhh, aaaaghhhhhhh. -los ojos se le cierran al sentir como el placer inunda su mente y su cuerpo.

   -Jejejejejejejejeje. Te tengo en mis manos, puto. Eres mi puto esclavo. -le repite burlonamente Abdul mientras con sus mano sigue manipulando el fuerte y musculoso tórax del soldado americano quien se ve envuelto en un éxtasis de placer y goce que no le permite controlarse, defenderse. Su culo está gozando y sus pezones también, sólo su mente es la que esta alerta, pero no puede evitar que su cuerpo goce, que su cuerpo disfrute de la fuerte estimulación que sufre, el dildo lo marea, debe concentrarse para no subir y bajar su culo sobre él.

   La humillante escena de ver al macho americano gimiendo como perra en celo, mordiéndose los labios pero jadeando, mientras el dildo le explora las entrañas y las manso de Abdul manipulan los pezones una y otra vez, excita a los presente. Ese cuerpo grande y sólido, viril, enrojecido de placer es algo increíble.

   -Jajajajajajaja. -la risa de Abdul acompañan los esfuerzos inútiles que hace el rebelde macho por anular las sensaciones de su cuerpo sin lograrlo, sin poder detener la creciente sensación que lo domina y lo somete, y que lo mantiene en el éxtasis total de placer y satisfacción. Su mente se resiste, pero su culo es una sopa ardiente de lujuria, de gozo, casi deseando más. ¿Que dirían sus subalternos si pudieran verlo ahora?, será la vergüenza pública del ejercito americano. Él, es macho sometido.

   -Nnooooogghhhhhhhhh… -el grito de pavor al ver como su cuerpo sale de control, mientras su mente lucha una y otra vez intentando contenerlo, lo desespera. El deseo de agitar su culo sobre el grueso dildo es terrible. Mientras su cuerpo se deja llevar por las estimulaciones anales y manuales en el pecho, la mente se fragmenta.

   -Jejejejejejejejeje…

   -Jejejejejejejejeje… -la risa de los soldados iraquíes al ver como el placer vence el culo del americano, es un coro que ofende al macho.

   El oír las risas humilla más a Steve, más aún al saber que no puede controlar los estímulos, de su verga sale una pequeña gota de líquido seminal que logra colarse por la fuerte ligadura que tiene en la base de su miembro, de lo mucho que disfruta. Steve siente como sus bolas empiezan a hervir de excitación y clausura de no poder relajarse, de no poder eyacular, pero no puede dejar de sentir de gozar, de experimentar la traición ya no sólo de sus compañeros que lo vendieron a Abdul, sino también de su cuerpo, de sus pezones que quieren ser tocados, apretados, mordidos, de sus bolas y su miembro que desean ser tocados, de su culo que es un caldo de lujuria. Entiende que van aplastando su voluntad y su resistencia y va quedando en manos de los depravados iraquíes.

   Steve, siente como los músculos de su pecho están dándole un intenso placer, siempre ha sido una de sus zonas erógenas, pero al sentir la fuerte manipulación por las manos de Abdul, el placer es incontrolable, haciéndolo gemir de placer y anulándolo mentalmente, quiere que lo toque, que pellizque sus pezones. Sus bolas reendurecen por la intensa presión del semen acumulado y la excitación que le está provocando el estar siendo estimulado tan rudamente. La sustancia que el Dr. Farrell inyecto en su pecho lo ha llevado al constante orgasmo en el que se encuentra, sabiendo que la relajación esta vedada a su miembro. la fuerte erección de su larga y gruesa verga le causa dolor ya que la circuncisión esta muy reciente, pero con las manos atadas y suspendido al techo de la jaula, con el culo, lleno por el gran dildo, está siendo estimulado con toda libertad. Y lo desea, su cuerpo quiere ese vejamen y sometimiento. Su culo cae babea de placer…

   -Nghhhhhhhh, bastardghhhhhhh… -los insultos del musculoso macho americano, son los más placenteros halagos para Abdul; sabe que lo tiene en su poder, disfruta de verlo en esa constante lucha mental y sexual de resistencia, que cada vez le es más difícil ganar. Para Abdul el placer de irlo dominando poco a poco, de irlo controlando, de irlo sometiendo y mantenerlo en constante humillación, el quebrantarlo física mental y sexualmente es su principal objetivo. Verlo en cuclillas con el dildo bien enterrado, estimulándolo, lo excita también.

   -Creo que quiere más… -comenta un guardia, con la boca abierta.

   -Jejejejejeje… -la risa de los otros soldados es la respuesta. Disfrutan al ver como el rostro de Steve hace muecas de dolor y rebeldía por no dejar que su cuerpo controle su mente, por no dejar que las sensaciones inunden su mente y lo reduzcan a agujeros para ser llenado de carne. Pero saben que pierde, que al macho americano le angustia más saber que desea aquello, que su culo desea ser penetrado una y otra vez.

   El sudor es grueso, todos los músculos de Steve están cubiertos del espeso sudor que le provoca el estar siendo estimulado tan rudamente. No puede evitarlo. Ahora sólo su mente permanece de su lado, ya que incluso su cuerpo lo traiciona y se pone de parte de sus captores y violadores. Su cuerpo incluso traiciona a su país, a su ejercito, dándole la espalda y dejándose conducir sexualmente, ayudado por los químicos que Farrell, ha usado en el y el tratamiento de dolor-humillación que Abdul le ha infringido a su musculoso cuerpo desde que lo capturaron, gracias a la ayuda de sus mejores amigos, que accedieron a traicionarlo, entregándolo prisionero a su peor enemigo.

   -Jajajaaja, ¿qué tal americano? ¿Te gusta ser mi perra? Jajajajajaja. -el grotesco rostro de Abdul está frente al varonil rostro de Steve, quien sólo tiene los ojos entreabiertos, pero puede ver la sonrisa de satisfacción que tiene el depravado hombre que no lo deja descansar ni un solo momento.

   Las manos de Abdul le masajean rudamente el tórax, logrando que sus pezones de color café oscuro endurezcan y se forme enrojecimiento alrededor de ellos, por el orgasmo que no puede presentarse, el dolor en el vientre bajo de Steve aumenta al sentir como sus grandes bolas están listas para descargar su leche, pero la presión de la fuerte liga les impide el tan ansiado orgasmo, el dildo-vibrador que tiene Steve dentro del culo también hace su parte masajeando fuertemente las entrañas del macho americano. El culo de Steve también ha sido tratado con sustancias que estimulan sus terminaciones nerviosas y lo hacen gozar de la fricción del dildo aún contra su voluntad. Su sexualidad está bajo las ordenes de Abdul y el doctor Farrell, quienes practicarán en él las más denigrantes y humillantes torturas, usándolo como un instrumento de venganza en contra del los odiados americanos.

   -Aghhhhhh, aghhhhhhh, ngghhhhhhhhh. Bastardoooooo, aghhhhhh… -Steve siente como su cuerpo sale de control, como su mente se pierde en el éxtasis del placer sin poder controlar sus sensaciones, ni sus emociones.

   Su mente se resiste, pero su cuerpo cede al placer, sus pezones, su culo, su miembro que está durísimo, remarcando más la reciente herida de la circuncisión que le fue practicada. El dolor en sus bolas que insisten en disparar la preciada leche del americano, sin que se les permita lo tortura, mientras la mirada burlona de Abdul continúa frente al atormentado y varonil rostro de Steve, que no puede hacer nada. El hombre no puede contener jadeos y estremecimientos mientras el dildo sigue vibrando en su culo, esta fuera de sí y la impotencia física y sexual de no poder oponer resistencia lo lleva al límite de la resistencia mental. Pero todavía es un hombre valiente y rebelde, y teniendo frente a él a Abdul, en un gesto más de odio que rebeldía, escupe la cara del odiado enemigo.

   -¡PERRO! –trona el grito de Abdul al recibir la escasa saliva de Steve, en su cara; instintivamente cierra los ojos para limpiarse inmediatamente la saliva del americano, que ha caído sobre sus ojos y su nariz.

   El haberlo hecho enojar con esa acción le de a Steve la satisfacción de que su tormento sexual en su musculoso tórax se interrumpa, al menos mientras Abdul, que ya se creía triunfador sobre el macho americano, se detiene temporalmente; no así el dildo que continúa masajeándole las entrañas mientras el rostro de Steve está viendo fijamente a Abdul, desafiándolo, retándolo.

   ¡Plaf!

   -¡Perro americano! -una fuerte bofetada se estrella contra el varonil rostro de Steve, dejándole enrojecida la mejilla; pero, Steve prefiero los golpes a la tortura sexual, está mejor entrenado para soportar la tortura física que la sexual. Como típico macho heterosexual, su culo es el punto débil, por medio del cual pueden degradarlo y humillarlo.

   Steve voltea inmediatamente su cara, para volver a ver a Abdul de frente desafiante, como demostrándole que no será fácil someterlo, dominarlo, aún y cuando la excitación y el gozo que el dildo en su culo le produce al macho americano es evidente. Ambos se miran por leves segundos. Abdul no toca más a Steve.

   -Ya te veré suplicar, cabrón. –le asegura Abdul.

   -¡Nunca! -responde sereno y firme Steve; aún sintiendo su culo vibrando, el dolor en sus bolas y la excitación en su miembro, no deja que Abdul se sienta ganador, todavía puede darle mucha batalla, aún no lo ha quebrantado. Él es un soldado americano que no es vencido fácilmente.

   -Denle agua, ya saben cuanta necesita. -ordena Abdul a sus hombres que se quedan ahí mientras él se aleja dejando al americano con el culo aún estimulado, en manos de los soldados.

   -¡Jajajajajaja! -el grupo se soldados se acercan al musculoso militar, rodeándolo. Tocándolo. Saben que el pecho de Steve está en ese momento muy sensible, así que varios pares de manos estrujan fuertemente su musculoso tórax, pellizcando los pezones. Abdul no se encuentras así que pueden tomarse ciertas libertades con el rebelde macho.

   -Nnogghhhhhhhh. Bastardos, déjenme, peleen de hombre a hombre, noghhhhhhh, aghh… -grita furioso de sentir placer ante esas manos que lo profanan.

   Son inútiles las palabras de Steve, los soldado lo ignoran, al contrario lo hacen más rudo el tratamiento a los pezones. Steve siente como el rudo contacto de su musculoso tórax con las manos de los soldados, que están rasposas y llenas de callos, hace que sus pezones se erecten en respuesta a la sustancia que le inyecto Farrell. Le es imposible dejar de sentir placer, desear más, siempre había sido una de sus áreas más sensibles, pero ahora el placer le nubla la razón y le crea el confincito de sentirse dominado sexualmente y humillado. El placer en el musculoso americano se inicia como una fuerte descarga que le recorre todo el pecho, haciendo que la excitación regrese rápidamente y el dolor en sus bolas continúe y se vuelva a intensificar.

   -Aaghhhhhhhhhhh. Ahhhhhhhhhhhhh… -descarga tras descarga de placer nublan la razón del macho, y nulifican su resistencia mental. Saben que el placer evita pensar con claridad, así que Steve está siendo nulificado esta vez por varios pares de manos que le provocan intenso placer- Ngghhhhhhhh…

   -Jejejejejejejeje. -la risa de los soldados no se hace esperar al ver como nuevamente una diminuta gota sale del ligado miembro del americano, que no puede obtener el ansiado orgasmo, el orgasmo que Abdul mantiene prisionero en las bolas del rudo macho, obligándolo a tener la erección constante y el dolor en las bolas, mientras el placer lo domina y lo somete colocándolo en un estado de constante debilidad mental por la excitación que sale del control del rebelde macho americano.

   Mientras varios soldados siguen trabajando y estimulando el musculoso cuerpo del americano, otros lo tomas de la cara, que está bañada de sudor.

   -Abre la boca, cabrón. -le ordenan mientras presionan con sus manos la unión de las mandíbulas para obligarlo a abrir la boca.

   -Ngghhhhhh- mgghhmmm ghhhhhhhhhhhh. -la resistencia física que Steve puede oponer contra sus torturadores, es poca; en unos cuantos segundo las fuertes manos de varios de los soldados someten sus mandíbulas obligándolo a abrir la boca, impidiéndole cerrarla.- Ghhhhhhhhhhhh… -boca, culo, pezones, bolas, verga, todo su cuerpo esta siendo trabajando constantemente, debilitando cada vez más la resistencia del rebelde macho.

   -Tápale la nariz. -le ordena un soldado a otro.

   -Jejejejejeje… -mientras ríe el malvado sujeto, presiona fuertemente la nariz del musculoso macho mientras su cara es sujetada e inmovilizada.

   -Nghhhhh… -Steve se resiste, trata de cerrar la boca, pero está fuertemente sujeto con varias manos presionándole las mandíbula para mantener abierta la boca, así que empiezan a obligarlo a beber agua.- Ghhhhhhhhhhh… -el hombre se rehúsa a beberla así que el agua escurre por su mandíbula sobre todo su cuerpo mojando el musculoso tórax.

   -Tómate el agua, cabrón. -le ordenan, pero Steve se resiste a hacerlo, aunque sabe que es sólo por unos minutos ya que como un soldado le mantiene tapada la nariz la falta de oxígeno terminará por obligarlo a empezar a beber el agua.

   -Ghhhhhhhhhh, ngghhhhhhh… -es asombroso ver como la rebeldía de Steve se mantiene a pesar de la precaria situación en la que se encuentra. Son eternos los minutos que Steve se resiste tratando de dar pelea al numeroso grupo de soldados perfectamente entrenados para torturar a los prisioneros.

   El rostro de Steve muestra la desesperación por la falta de oxígeno, resiste hasta el último momento sin darse por vencido, pero todo es intuid, tiene que respirar, no puede definitivamente estar sin aire, así que tarta de jalar aire por la boca sin beber agua, pero su boca está llena del vital líquido, para poder respirar primero tiene que pasarla, así que no le queda mas remedio.

   -Glub, glub… -rápidamente pasa el agua para poder respirar pero no es demasiado el tiempo que le dan antes de volverle a llenar la boca, Steve tiene sed, es cierto, pero la cantidad de agua que intentan obligarlo a beber es bastante; aún en esa precaria situación, Steve puede ver como el doctor Farrell se acerca hasta donde están torturándolo, física y sexualmente, lleva consigo un catéter y una sonrisa malévola que le indica al musculoso macho que nada bueno le depara la presencia de Farrell.

   -Jejejejeje, ¿cómo se porta mi “muchachito”? -pregunta burlón, mientras Steve no pude dejar de tomar el agua y de seguir respirando por la boca, mientras los demás le siguen estimulando el tórax y el dildo el culo lo lleva a las alturas del éxtasis sexual. Es atacar al Hércules americano por todas las vías posibles para derrotarlo, dominarlo, humillarlo, y así sentir que toman una leve revancha contra todos los americanos usando a Steve como muestra.

   -Ya colabora…

   -¿Cuánta agua le han dado? Déjenme colocarle el catéter, antes de que sigan dándole más agua. -les ordena a los soldados que mantengan fijo el rostro de Steve, y que lo están obligando a tomar grandes cantidades de agua. Obedecen y  le permiten a Steve que cierre la boca y dejan de manipularlo sexualmente.

   El sádico médico se coloca frente al atlético macho, verlo así con el culo lleno, vibrando, jadeando, con el cuerpo brilloso por el sudor y el agua que resbalo por su musculoso cuerpo, haciendo que con el reflejo de la luz se marque perfectamente cada curvatura de su perfecta musculatura, es algo que excita al cruel hombre; aún en esas condiciones Steve sigue siendo un macho en toda la extensión del naturaleza, viril atlético, rebelde e indomable.

   Steve está exhausto pero mira desafiante a Farrell, sin demostrarle temor. Sin saber qué es lo que el demente doctor le tiene preparado, decide resistir; piensa que va a inyectarle de nuevo esa droga en el pecho para volverlo más sensible a la excitación pero, no es así. Farrell con toda la calma del mundo saca un largo catéter y se lo muestra a Steve, sonriendo, después empieza a manipular el grueso y largo miembro del americano que está caliente, palpitante y erecto permanentemente por la presencia de la liga que mantiene el pene lleno de sangre y durísimo.

   La mirada de Steve está puesta en las manos de Farrell que están manipulando su duro miembro, los dedos de Farrell presionan a ambos lados del glande, para hacer que el meato urinario (orificio) del pene se abra mejor. Poniendo sólo un poco de lubricante, Farrell coloca la punta del catéter en el orificio, tratando de que el piercing que le coloco antes no interfiera en la introducción del catéter por toda la uretra hasta la vejiga. Cuando Farrell empieza a meter el catéter, sin ninguna delicadeza, tratando de lastimar lo más posible al rebelde macho, el grito de Steve no se hace esperar.

   -¡Aghhhhhhhhhhhhh! -después de ese primer grito, al ser tomado por sorpresa, el intenso dolor que le provoco el catéter al comenzar a deslizarse por el interior de su pene, sobre todo al pasar por donde esta el piercing que está más estrecho, es terrible, calla. Se repone y aprieta las mandíbulas para soportar la dolorosa penetración del catéter por su uretra. Sus musculosas piernas tiemblan al sentir como el duro catéter va penetrando, siente como va deslizándose hasta llegar a la base de su miembro, justo donde la liga está cortando el paso de la sangre y el catéter.- ¡MHHHMMMM! -Steve muerde sus labios para ahogar el grito mientras la mirada burlona de Farrell observa el sudoroso rostro del americano.

   Él sabe lo doloroso que será cuando el catéter vaya pasando por esa parte de su pene que está fuertemente ligada; el catéter es presionado con fuerza mientras Steve dobla el cuello, baja la cabeza cerrando los ojos y apretando más las mandíbulas para no gritar mientras siente que el catéter está tratando de abrirse paso en la base de su miembro, sin conseguirlo, mientras Farrell sigue empujando con más fuerza, disfrutando el dolor que le causa al rebelde macho americano, sin detenerse cuando ve que la resistencia del atlético americano se está debilitando.

   Steve retrocede su cadera tratando de cerrar sus muslos en un afán de proteger su miembro de esa tortura, pero lo único que consigue es que su culo sea penetrado más profundamente por el grueso dildo que está ensartado en su culo y sujeto a la jaula. Esta literalmente entre el dildo y el catéter, tortura en el culo y en el miembro.

   -Jejejejejejejeje… -la risa de los soldados no se haces esperar al ver la humillación del imponente macho; les hace felices verlo ahí incapaz de defenderse, de proteger su integridad, atado, ensartado, ligado de los genitales y ahora siendo cateterizado por el miembro para llegar hasta la vejiga.

   -Nghhhhhhhhhhh, aghhhhhhhhhhhhhh… -por más esfuerzos que Steve hace no puede dejar escapara un grito de dolor cuando el duro catéter se abre paso y empieza a entrar por la parte más estrecha de su miembro, debido a la liga, en donde la uretra esta casi cerrada completamente negándole la salida al semen que hierve en sus bolas sin poder salir.

   -¡Jajajajaja! -la risa de Farrell no se hace esperar, es parte del sometimiento el carcajearse frente a Steve en su propia cara, mientras las fuerzas del musculoso macho están siendo minadas. El catéter sigue lastimándolo, sólo ha entrado una parte, pero continúa transitando por la estrecha uretra lentamente. Farrell goza con el dolor de Steve, con ver como los músculos del rebelde soldado se hinchan tratando de liberarse sin éxito, sin poder hacerlo. Esta dominado físicamente y ahora también lo estará sexualmente.

   -Aghhhhhhhhhhhhh, ngooohhhhhhhhhh… -el intenso dolor hace que Steve grite otra vez, mientras el catéter somete el interior de su miembro. Farrell, con una asombrosa pastosidad, va introduciéndolo lentamente para dañar lo más posible a Steve. El oírlo gritar le produce uno de los más grandes placeres de este mundo. El musculoso cuerpo está bañado por gruesas gotas de sudor que resbalan por las curvaturas de sus músculos, hasta empapar el suelo.

   -Jajajajajajaja, ya falta poco, soldado, pórtese como HOMBRE, jejejejejeje. -le repite burlón en la cara una y otra vez Farrell, mientras el varonil rostro de Steve exhausto, cae sobre su musculoso pecho, la barbilla se entierra prácticamente en los prominentes músculos del amplio tórax del casi desvanecido soldado.

   El dolor es intenso, así como la humillación que está sufriendo; siente que en esas condiciones, en las que se encuentra, es una vergüenza para su patria, es mejor que lo crean muerto a que alguna vez lleguen a saber lo que le pasó. El sudor que resbala por el atractivo rostro de Steve cae sobre su musculoso pecho resbalando por las curvaturas de su tórax. El intenso dolor lo ha dejado casi inconsciente.

   -Listo. -apenas si escucha la voz de Farrell cuando termina de colocar el catéter hasta su vejiga: en la punta del catéter que queda fuera de su miembro Farrell le pone un tapón, así que nada puede salir de su cuerpo mientras el catéter esté sellado. Y Steve sospecha que algo horrible se acerca, no puede imaginar que pronto gemiría suplicando piedad…

CONTINÚA  SUCIO… 10 

Julio César.

JACKIE TONAWANDA, EL ADIOS A UNA LEYENDA

junio 24, 2009

CADA DÍA MÁS LIMITADOS

JACKIE TONAWANDA

   Este pasado 10 de junio se fue esta mujer dura, aguerrida. Pionera. Jackie Tonawanda cerró sus ojos a los 75 años de edad, vencida finalmente por un cáncer en un hospital de Harlem en Nueva York. O tal vez sea injusto decirlo así, que fue vencida. Es el tiempo, la vida, ante ella todos caeremos. Digamos que partió invicta. Esta fue la primera mujer boxeadora profesional en la historia del pugilismo. Fue llamada “la mujer Alí”, de quien llegó a ser guardaespaldas, retratándose muchas veces, desafiante y altanera, al lado del legendario Muhammad Alí.

   Fue tan dura sobre el ring que rápidamente fue aceptada dentro del circuito por sus colegas masculinos, llegando a formar parte del exclusivo club Ring 8. Parte de su carrera la hizo prácticamente en la clandestinidad ya que durante años le negaron la licencia profesional, llegando a derribar, por nocaut, a varios sujetos que se animaron a enfrentarla.

  Como toda pionera, le tocó transitar el camino legal, muchas veces se enfrentó a las cortes por el derecho de las mujeres a boxear. Y aunque personalmente no me agrada ver mujeres golpeándose con guantes, estaba en su derecho. ¿De dónde vino, cómo llegó a eso, qué clase de mujer era? Todo eso resulta atractivo, sería bueno buscar un poco más en la vida de la mujer tras la boxeadora.

   Paz a sus restos.

50 AÑOS DE LA ERA ESPACIAL

Julio César.

DE AMISTAD SENTIDA

junio 24, 2009

…MILITARES

HOMBRES MUSCULOSOS

   -Pues… a mí sí me encanta recibir a mis amigos y ser cariñoso con ellos, ¿qué tiene de malo un abrazo, unos besitos o jugar un ratito a luchar sobre una cama? Nada. ¿No quieres ser amigo de nosotros y jugar también?

LO NUEVO

Julio César.

HOMBRES TRABAJANDO UN SÁBADO

junio 24, 2009

VECINOS!!!

SEX GAY

 FUTBOL DEL CALIENTE

Julio César.

MEMORIAS DE DESGRACIADOS

junio 23, 2009

TIO EN BIKINI

   De cada noche de su vida hizo una fiesta, ¿no te animas a vivirla?

……

   ¡Esos malditos coños’e mae! Aunque intentó por todos los medios aferrarse al sueño, Valente terminó abriendo los ojos, para cerrarlos rápidamente. Había olvidado cerrar las cortinas del dormitorio (que algún imbécil había diseñado al lado de la pared que daba a la calle) y la luz fue fatal para su cerebro embotado de tanta caña la noche anterior. Cierra los ojos y deja que esa primera punzada de dolor pase mientras chasquea la lengua. Y demostrando que es un hombre inteligente, piensa en dos cosas al mismo tiempo, en los desgraciados de la cuadra que juegan a algo afuera en la calle y que lo despertaron con su gritería… y en el por qué de ese sabor pastoso en su lengua: vomito. Sí, se había vomitado nada más llegando, pero… una leve sonrisa ablanda su rostro delgado de mandíbula cuadrada, saliente, de carajo terco. Los labios algo resecos (por el alcohol) se distienden un poco: la noche anterior le había dado una buena mamada al culo de alguien… y no se acordaba de a quién fue. ¡Estaba mal! Ya se le olvidaban las vainas cuando tomaba.

   Recuerda que todo mareado, con paso inseguro fue al sanitario, que estaba lejísimos de la mesa donde tomaba, y allí estaba él, en uno de los privados, meando, dándole la espalda; ¿qué hombre mea en un privado?, eso le intrigó y molestó por alguna razón (borrachera) por lo que fue a preguntarle. O reclamarle. No sabe que pasó exactamente, pero recuerda que se encontró de rodillas, bajándole los pantalones, sobando unas nalgas plenas, musculosas y duras de hombre, semi cubiertas por un calzón no bikini pero no muy grande tampoco. No recuerda quién era, pero cree recordar que el tipo se negaba a dejarse desnudar, aunque no se iba. Y sus dedos jugaban con esa carne rica, cálida, sabrosa como sabe todo el que ha manoseado el trasero de otro carajo sobre el calzoncillo; hasta que bajó la suave prenda y mordió una de las ardientes y saladita nalgas.

   Mordió, besó, lamió y oyó gemidos asustados, de alguien que no quería sentir eso, pero que tampoco se negaba. Asustado de que los pillaran o de lo que sentía. No sabe. Sólo recuerda que rudamente le dio un manotón por la espalda, inclinándolo un poco, abriéndole las nalgas y descubriendo una raja rojiza, poco peluda, donde enterró la cara y chupó sobre el huequito. Eso fue mortal para el otro, recuerda sonriendo en su cama, con el güevo amoratado de gusto, erecto ya. Frotó su cara de ese trasero, su lengua lamió, subió y bajó por esa raja degustándolo. Y se centró en ese huequito; su lengua voraz se enrollaba y entraba. Lo oía gemir, lo sentía estremecerse, rindiéndose, casi sentándosele en el rostro. Y él sonrió. Casi ahogado comió ese culo rico, como lo era siempre. Su lengua bajó lamiéndole las bolas, cosa que le dejó lugar para mover un dedo no muy firme hacia el cerrado capullito, y frotarlo, oyéndolo gemir contenido porque fuera del privado se oían voces. Sabiendo que no pueda negársele ya, Valente fue enterrándole lentamente ese dedo aunque el otro gimoteaba bajito que no. Pero se lo metió, lo sintió resistirse, pero lo clavó hondo, mordiéndole una nalga, y lo dejó allí, sintiéndolo caliente, húmedo, sintiendo como esas entrañas se lo apretaban, respondiéndole, cediendo al dedo del otro carajo dentro de él…

   Pero, ¿a quién fue que se lo mamó? No lo recuerda.

   -¡Cuidado, mamagüevo! –oye un vozarrón antes de que algo golpee su pared, alejándose al rebote.

   ¡Esos gran carajos!, pensó Valente molestándose y dejando la cama se acerca a la ventana asomándose. Ocultándose un poco, mira; era un carajo sólido de treinta y seis años, velludo de pecho, pero no exagerado, de pectorales desarrollados y brazos fuertes, de venas visibles. Luchaba a muerte con la grasa, que no se observa en su panza o cintura. Y está desnudo de bola, con el güevo bamboleándose en el aire, duro y algo babeante ante el recuerdo del suculento culo comido la noche anterior.

   Allí estaban unos siete u ochos carajos de la cuadra. San Miguel era una buena zona para vivir, las casas tenían jardines y cercas (y rejas, claro, después de todo estaban en Caracas). Era una urbanización de clase media alta, donde la gente tenía ciertos cánones de conducta. Y muchas eran parejas jóvenes, como jóvenes eran esos tipos allá afuera; muchos de ellos veinteañeros, que jugaban una caimanera de básquet, saltando contra un aro sin red. Todos eran de buen ver, pensaba la parte maricona de Valente, aunque muchos era desagradables como personas. Pero eso… ¿qué coño le importaba? No los quería de amigos, únicamente para enterrarles el güevo por esos culitos vírgenes y apretados. Ese pensamiento le hace sonreír aunque hasta eso le duele. Pero no está tan muerto, tan sólo ver esos cuerpos flexibles, poco velludos, sin camisas, con sus shorts largos muy bajos, dejando ver sus calzoncillos, lo llenan de una agradable corriente de vida. Era una buena vista de muchachos sudorosos, luchando, empujándose unos a otros, y alguien como Valente podía imaginar que se tocaban o sobaban más de la cuenta.

   Suspirando va hacia el baño; pensó en hacerse la paja, pero últimamente le parecía un ociosidad. Sonriendo frente a su espejo, mirándose detenidamente, piensa que es mejor guardar la leche y descargarla luego sobre un bonito y varonil rostro de macho que ni imaginara que un día haría eso, mamarle el güevo a otro sujeto. Su cabello negro, mucho, aunque jamás se aplica tintes ni nada tan solo acondicionador, parece algo levantado en puntas. Su frente cuadrada no muestra mayores arrugas que aquellas de cuando tenía trece años, tal vez algo más acentuadas. Su nariz no es larga, sus labios son llenos. Sus ojos, marrones oscuros a veces, claros a la luz del sol, era chispeantes, pícaros, cálidos… y desgraciados. Valente podía ser un bicho; o como dice su hermana, Nelly, “una perra”.

   Valente piensa en los carajos allá afuera, de salir lo saludarían, y si insistía tal vez jugaría con ellos; pero no lo invitarían de iniciativa propia. Esos tipitos… se metían con él, porque era el solterón de vida disoluta a cuya casa iba mucha gente, sobretodo carajos. Así que… era el marica de la cuadra. Aunque no lo dijeran. Al menos no delante de él. Mientras cepilla sus dientes, se pregunta qué hablarían entre ellos, de él. Y lo más sorprendente de este hombre, era que le importaba un carajo. Cosa que tenía su explicación…

   Duchado, sintiéndose medio humano, entra en su cocina. Necesita, urgentemente, café y un jugo de mandarinas. Con darle a un botón pone en funcionamiento la cafetera, en la nevera, agradeciendo de paso el aire frío, encuentra el jugo hecho especialmente para él por la señora Elena, la mujer que tres veces por semana dejaba esa casa en orden. Bebe un poco, del pote como corresponde, y mira por la ventana que da, coincidencialmente, a la calle. Mira a los carajos disputar una jugada y como Martín Serrano, el vecino de al lado, arrebata un balón, corre y lo encesta, irguiéndose masculino, saludable, joven y hermoso al hacerlo, y más porque uno de los otros intentó halarlo y su bermudas bajó un poco, dejando al descubierto buena parte de un boxer azul eléctrico.

   Valente bebe y lo mira fijamente. Qué guapo era ese tipito. Con sólo verlo sentía que su piel se erizaba, que las pelotas le cosquillaban, tal como cuando contaba trece años e iba a la piscina donde practicaba natación. Martín era… uno de los peores del grupito. Sabiéndose guapo con su rostro delgado, ojos claros y cabello castaño suave y algo largo, era engreído. Y grosero con Valente. Pero allí estaba, brillante de transpiración, hermoso. ¡Qué  mariquera!, se dice auto burlándose. El olor del café lo distrae. Al tomarlo estaría mucho mejor.

……

   Valente pasa la tarde entre la actividad y la flojera. El ratón no lo dejaba levantarse y salir. No se decide entre visitar a su madre o quedarse allí. Sabe que a la mujer le gusta verlo, pero luego comienza con aquello de “pero Valente, ¿cuándo te vas a conseguir tu negrita para casarte? Estás muy solo, mijo”. Pero allí al menos tendría sopa caliente. Al final gana la pereza y se queda viendo futbol, que fuera de emocionante, era grato a la vista. El control remoto, más tarde, lo pasea por cientos de canales. ¡Mierda!, tantos canales y ninguno transmitían un Mister Bikini International, con chicos bellos y musculosos corriendo al lado de una playa en tangas, o una competencia de culturismo. Nada que valiera la pena. Echadote en su cama, se termina el jugo e iba a arrojar el bote, pero se lo piensa mejor, sabe que si lo hace, no lo levantará y mañana vendría la señora Elena; no quiere que la mujer piense que es un cerdo. Pero… no encuentra el pote del baño, y ahora a su mente regresa el recuerdo: fue allí donde vomito anoche. Maldita sea, lo dejó en el patio.

   Con paso cansino sale al patio, deteniéndose por la sorpresa. Una pequeña barda separa dos corrales, el suyo y el vecino, y allí, en la entrada misma de la puerta a la cocina de los vecinos, estaba Martín Serrano sin ropas. Estos tenían unos pipotes llenos de agua para prevenir los últimos racionamientos que habían ocurrido. Valente había pensado conseguir dos pero… le dio flojera. Sólo lo recordaba, entre maldiciones, cuando el agua se iba.

   Pero la sorpresa es esa, encontrarse allí a Martín, recién bañado, agitada todavía su respiración, enrojecida su piel, aseado, con el cabello pegado a su nuca. Envuelto en una toalla. Los dos hombres se miran por un momento. Sin desearlo, Valente lo recorre (¡estaba buenote el güevón ese!); Martín lo mira con la sonrisa despectiva de quien dice: “¿Te gusta lo que ves, sucio maricón?, seguro que quieres mamar, ¿verdad?””, y entra en la vivienda. Sin saludar ni un carajo. ¡Guevón, no estás tan bueno!, pensó molesto Valente, diciéndose que algún día le daría una lección; molestia que le duró hasta que…

   Allí, sobre la verja, casi donde comienza la separación de ésta de la pared que divide las dos viviendas, colgaba el calzoncillo. Valente no tuvo dudas, ni dificultades en deducirlo, era esa pequeña pieza azul eléctrica que vio poco antes. Estaba enrollada sobre sí, colgando. Y Valente era un fetichista. Le gustaba el sexo, mucho, y los hombres; morderlos, pasarles la lengua, poseerlos, era su locura. Pero sí, era fetichista. Y una prenda íntima masculina era algo que lo descontrolaba. Y allí estaba una, a su alcance. Y el deseo de tomarla era poderoso. Quería cerrar su mano sobre ella. Ese desgraciado, ¿cómo dejaba sus vainas…?

   Mejor entraba a su casa, tomaba más café o una cerveza fría ahora que se sentía menos mal, tomaba otra ducha y salía a ver a quien veía y, tal vez, acorralarlo y meterle la lengua hasta la garganta mientras lo maraqueaba contra una pared. Era mejor…

   Fue hacia la verja. Su mano subió y tembló todo él al cerrar sus dedos sobre la prendita, tomándola. Fue cuando oyó la colérica voz de Martín.

   -¡Coño’e la madre!, ¿dónde dejé esos zapatos de goma? –mientras iba saliendo.

  El corazón de Valente, de pie, en bermudas, sin camisa, con el calzoncillo ajeno en las manos, se detuvo en su pecho…

   ¿Lo pillaría ese carajo con su calzoncillo en las manos? ¿Lograría llevársela?  ¿Qué pensaba hacer con la prenda íntima del otro sujeto? Ya lo sabremos cuando todo tome un giro inesperado…

CONTINUARÁ … (2)

Julio César.

EN LA ESPERA

junio 20, 2009

 ¿SOÑANDO?

HOMBRE MUSCULOSO

   Espera saber si amará…

   Nelson oye las voces lejanas, ya todos estaban marchándose. Su corazón se agita, su cuerpo enrojece. Pronto Rodrigo comenzaría a revisarlo todo antes de cerrar el depósito y lo encontraría. ¿Qué haría? ¿Reiría, le gritaría o… caería a su lado, acariciándolo, recorriéndolo con sus manos por cada rincón, se apoderará de sus labios mientras sus partes más secreta son exploradas, sus pezones recibirían atenciones antes de ser amado? Espera. No sabe qué sucederá. Confía en que será querido, pero no está seguro. ¿Qué piensas tú?

NATURALEZA

Julio César.

LA REINA ISABEL Y ESOS MOMENTOS

junio 20, 2009

GALLY

REINA ISABEL-MICHELLE OBAMA

   -Sí, estoy cansada, es que con estos hijos que me tocaron…

   Siempre he sentido admiración por esta mujer; como saben, me gustan las mujeres fuertes. Y ella debe serlo. No ya tanto como sus predecesoras, que altivas y mal encaradas señalaban a alguien y soltaban un: “cortadle la cabeza”. Pero sí, me agrada. A pesar de los escándalos que le ha tocado enfrentar a la Casa Real inglesa, ella, como su señora madre antes que ella, ha sabido presentarle cara al momento; y eso que dentro del Reino Unido hay cierta y creciente resistencia, y rechazo, a las figura reales. Contrario a España, donde la pareja real es muy apreciada. Bueno, el rey don Juan Carlos hasta por estas tierras es bien recibido.

   No le ha tocado fácil a la reina. La mujer ha envejecido, cada vez más amarga de cara (rostro que dudo alguna vez fuera dulcito o muy bonito), en su empeño por sostener la majestad real. Y eso pasa por retrazar lo más posible el ascenso del díscolo Carlos, el príncipe viejo, al trono. Seguramente llegará a rey, pero mientras ella tenga fuerzas, continuará… para ver si les deja algo a los nietos sin que el hijo lo deje perder todo; porque de todos los problemas a los que ha enfrentado la monarquía, los peores han sido atraídos por Carlos y su hermano, el príncipe Andrés; así como las ex mujeres de estos dos, Diana Spencer y Sarah Fergunson, brindaron duros y desagradables momentos, porque tocaron a la calaña personal de los herederos, algo que el pueblo ingles vio y tal vez le disgustó. El recuerdo de ambas nueras debe sentirse en la cabeza de la reina, como coronas de espinas.

   Mucha gente le crítica a la mujer que no le permite a Carlos ascender, pero ¿cómo? Cosas como escándalos de dormitorios, traiciones y otros, suceden en todas partes, aún en la nobleza, a cada rato… el punto es que Carlos y Diana, Andrés y Sarah lo dejaron saber. ¿Qué no fue nada grave? Quien pretender ser rey, debe al menos mostrar, si no inteligencia, sentido común, tolerancia y constancia a la hora de elegir a la mujer que compartirá su cama, su vida, le dará hijos herederos y reinará con él. Él, o ellos, más que ningunos, son presos de lo que son, de su destino. Pero no, estos dos príncipes lo vieron como algo alegre y ligero… y lo resintió la monarquía como institución.

   El caso Diana, que en paz descanse, dio golpes y zumbidos. Aún aquí, gente seria como Jurate Rosales y Rafael Poleo se ensalzaron en feroces batallas de pareceres, pero lo que más recuerdo fue una caricatura donde un narizón, flaco y dentón Carlos ve llegar a su madre, con la corona, con una llave de las usadas en mecánica en una mano, manchada de grasa y diciendo: “Bueno, ya me encargué de eso, espero que no sea necesario otro accidente”. Fue una caricatura divertida, y dura, pero en buena medida habla de las presiones que el resto de los mortales nada sabemos ni debemos enfrentar muchas veces: no es que ciertas personas deban ser ‘perfectas’, también deben parecerlo.

   Luego están las obligaciones protocolares, quien va a Inglaterra por equis o ye (bueno, los poderosos, voy yo y a lo mejor me sacan del patio del palacio a bayonetazos), siente que debe verla. Es más, está en su derecho. Y ella debe soportar todo eso, con rostro que quiere ser amable, sin lograrlo. ¿Quién no se rió al saber de la visita de Bush padre, tan patón (qué en paz descanse) como el hijo, que en una reunión con la mujer, luego de la reverencia de saludo, tomó asiento antes que ella? Lo que es insólito, todo carajo sabe que debe esperar que las mujeres tomen asiento haces de hacerlo ellos. También estuvo el episodio con Hugo Chávez…

   Según el protocolo real, explicado cuidadosamente a cada visitante, nadie puede tocar a una mujer como la reina; pero Chávez no le paró a eso, en su primera gira triunfal a Europa, que duro semanas de jolgorio y derroche (ah, fue tan fastuosa, y eso que todavía hablaba de vida frugal). Bien, cuando a nuestro presidente lo presentaron a la reina, este abrió los brazos como aspas de molino, pero la reina dio dos pasos atrás. Estaba alertada la mujer por una llamada de la reina de España, doña Sofía, quien debió soportar su abrazo campechanote (qué hoy sabemos no es sincero) del mandatario venezolano. Fue un momento incómodo que gente de la embajada (todavía Venezuela los tenía, personal diplomático, no gritones que chillan “uh ah Chávez no se va”), supo capear.

MICHELLE Y LA REINA

   Cosa que vale la pena recordar, los dos pasos atrás de la reina, a raíz de otra gira presidencial al viejo continente, también triunfales, la de Barack y Michelle Obama. En presencia de Su Alteza, la Primera Dama norteamericana hizo pedazos el rígido protocolo ceremonial de la vieja y rancia Corte Inglesa. La espigada y bonita morenaza cruzó con su brazo la real espalda, gesto no sólo no tolerado, sino mal visto. Pero, para sorpresa de los asistentes, la cosa no pareció molestar a la otra, quien aceptó el gesto afectuoso y correspondió posando su brazo sobre la espalda de la señora Obama. Bueno, también la reina es humana, seguramente tiene sus preferencias, sus simpatías… pero también es lista y seguramente hubo mucho de cálculo en el gesto; sabía bien que los Obama, para ese momento, estaban en una onda de popularidad sin precedentes en Europa. Fue bueno que la vieran así.

   Es por detalles así, que uno la mira con simpatía. Tenga paciencia, Su Majestad, coma bien, respire profundamente, deje que el príncipe Guillermo madure.

HAY GENTE CON UNA PINTA…

Julio César.