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GAY DURO Y SUCIO

noviembre 26, 2009

GAY DURO Y SUCIO                        SUCIO… 18

   Pobre sargento Steve Anderson, aparentemente el diabólico doctor Farrell es aún peor que Abdul. Y lo desea para sí con una obstinación preocupante. Nuestro héroe está a punto de “probar” nuevos placeres, quién sabe cómo le irá. Esta historia contiene situaciones que podrían resultar ofensivas para personas que les disguste leer acerca de violaciones, sadomasoquismo, bondagge y sexo no consentido. Aquí hay mucho de todo eso. Si es tu caso, no contiendes leyendo. Si, por el contrario, te interesa, disfruta de esta buena historia del amigo capricornio1965:

     EL SOLDADO AMERICANO… (19)

   -Grita, perra… grita y te daré lo que deseas.

……

   Farrell embiste fuertemente a Steve, hace retroceder su verga del culo del americano para luego ensartarla de golpe. Una y otra vez el perfecto culo del soldado es ensartado por el largo y grueso miembro del malvado doctor, el cual se interna por entre esas duras nalgas, abriendo más el esfínter anal que se resiste a perder esa firmeza de macho. Las fuertes piernas del soldado, sujetas también por grilletes en los tobillos, no tienen la suficiente fuerza para sostener su propio peso, sus mas de 100 Kg. de músculo sólido que están suspendidos por los grilletes. Su culo, siendo embestido por una dura verga, recibe el más exquisito placer, frotándole la próstata, incendiándole las entrañas; la lengua de Farrell le llena de saliva todo el oído, mientras no deja de intentar meter la punta de la lengua.

   Las sensaciones son intensas, el deseo es fuerte, el control absoluto, el deseo que se interna por entre su culo y sus oídos mientras sus pezones y verga son succionados fuertemente, lo tienen al borde de la locura. La verga del médico entra una y otra vez, firmemente; las paredes del culo de Steve pueden sentir la dureza del miembro que entra bruscamente, una y otra vez, siente como las grandes bolas de su captor golpean sus duras nalgas, el vello púbico de Farell rosa la piel de esos dos globos de carne firme que son separados por ese largo garrote enemigo. Ambos cuerpos están bañados en sudor pero es en Steve en quien se marca más ya que estando completamente desnudo, su perfecto cuerpo se acentúa más.

   Para Steve todo va mal, se encuentra en una guerra que desconoce, en la que no sabe qué armas empelar para salir victorioso, más aún, está indefenso, inerme ante el astuto enemigo que gana más y más terreno, aunque ese terreno sea su culo y en su cuerpo. Su boca gime levemente, ya que el rebelde no desea darse por dominado, por vencido por sometido antes su captor, pero es también un gemido de placer, los estremecimientos que recorren su poderoso cuerpo gritan claramente que desea eso, ser usado, sometido, esclavizado sexualmente.

   El deseo que crece en sus entrañas y en toda su piel, es imposible de detener, no hay nada que lo haga disminuir. Por más esfuerzos que hace Steve, por más que se resiste, las sensaciones no cesan, por el contrario, la dura verga le causa un intenso placer en su culo, las succiones en sus pezones y verga lo hacen desear más, y el contacto de la lengua en el oído, tratando de meterse para explorarlo, lo hacen delirar. Exacerban sus sentidos y lo guían hasta un estado constante de éxtasis.

   Mientras su culo siente que la verga de Farrell entra y sale una y otra vez, las sensaciones se agrandan a pesar de haber eyaculado recientemente. Su verga se mantiene dura y el orgasmo se empieza a gestar en las entrañas de Steve, quien siente como sus bolas empiezan a hervir de nuevo, como su leche se agolpa en ellas para salir otra vez, por más que él desee que esas sensaciones terminen y demostrarle a su enemigo que aún puede oponer resistencia, pero lo único que se hace evidente es la creciente excitación su cuerpo sudoroso y sus ahogados gemidos mientras su culo continua siendo atacado inmisericordemente, por esa verga larga que sale y se hunde una y otra vez. Todo su cuerpo es mantenido en esa excitación intensa.

   -Mghghmghgmh, aghhhhhhhhhhhhhhhhhh. -los gemidos no pueden ser evitados, el placer lo obliga a externarlos, lo que hace que Farrell se excite más, sonriendo, mordiéndole suavemente una oreja antes de clavar nuevamente su lengua en ese oído (quiere escucharlo gemir otra vez) y aumente las fuertes embestidas.

   El esfínter anal de Steve estrangula la verga de Farrell mientras este continúa la placentera penetración. Steve no puede evitar el sentir, el desear, el estar excitado, el que su cuerpo pida a gritos ser cogido, ser esclavizado sexualmente, el dominio perfecto que ejerce Farrell sobre él, y la manera en que lo aprisiona mediante el deseo y el placer.

   -ASI, PUTO, ASI. TE TENGO EN MIS MANOS. -la risa de Farrell se deja oír al sentir como la débil resistencia de Steve se pierde, como el cuerpo se desmadeja por el segundo orgasmo. Y grita.- ¡AHHHHHHHH!

   La verga de Farrell empieza a disparar semen en las entrañas de Steve, una y otra vez, la blanca leche es arrojada con fuerza contra las paredes rectales del soldado, leche abundante y espesa, sexual, que resbala por las paredes de las entrañas para después mezclarse con las secreciones, con los fluidos. El diámetro de la verga de Farrell se hace mas ancho al momento de eyacular y Steve se muerde los labios de gusto, los espasmos son intensos, fuertes así como la velocidad a la que el semen es arrojado, estrellándose en le las entrañas. Un intenso choque de la leche caliente que se interna en Steve para permanecer, ahí y ser absorbidas, y quedarse definitivamente en el hasta entonces rebelde macho.

   Steve siente como su culo tiene problemas para mantener su elasticidad apretando el diámetro de la verga de Farrell, más aún cuando está eyaculando ya que la verga de Farrell se engruesa y estira al máximo su esfínter; pero no siente el dolor mas bien el placer de experimentar el recibir la leche caliente de un macho, que lo somete y lo domina, que lo reduce a un agujero caliente, ansioso de mas, deseoso de carne. De sexo, de caricias, de posesión y dominio. El calor en el cuerpo de Steve no disminuye, el sentir la eyaculación no reduce el calor que siente en sus entrañas. Desea más, otra verga dura, otras, es como una fuente inagotable que no se calma, sino por el contario se engrandece, se acostumbra y se envicia en recibir una y otra vez el mismo tratamiento. La mente de Steve no piensa en nada, no razona nada, sólo recibe, sólo siente, sólo desea, sólo se somete. Deja de ser el soldado que alguna vez fue para convertirse en un ente sexual, en el que ha sido convertido gracias a los experimentos de Farrell.

   La verga de Steve escupe una vez más leche concentrada que es succionada inmediatamente para ser colectada, así como la leche de las eyaculaciones anteriores; sin embargo el deseo no cesa, se incrementa. Las últimas embestidas de Farrell en su estrecho canal rectal lo excitaron nuevamente. Mientras la verga del enemigo termina de descargar todo su contenido en el terreno del derrotado americano, el éxito del experimento de Farrell es obvio en la respuesta del soldado, en como gime, en como su cuerpo se estremece y vibra ante las fuertes embestidas, en como la necesidad lo domina y embriaga, en como aprieta sus nalgas queriendo retener la carne en sus entrañas por el máximo de tiempo; pero Farrell, cruel como él sólo, sabiendo esto, saca su verga que empieza a perder su dureza, retirándola lentamente dándole las ultimas oleadas de placer anal a Steve, contra su voluntad, el hombre se odia a sí mismo por ser sometido de esa manera, pero desea más.

   Mientras la calma regresa a Farrell, no así al americano quien sigue con más ganas de ser penetrado, de ser dominado, de ser usado y abusado sexualmente. El calor no abandona su cuerpo y le exige más, aún sin desearlo, sin quererlo, tratando de que no se note, no puede evitar que su espalda siga arqueada y sus piernas entreabiertas para mantener separadas sus nalgas esperando recibir, deseando seguir en esa tortura que para él no es dolorosa, aunque si sigue siendo humillante y vergonzoso para un hombre como él, pero que no puede evitar.

   -Jejejejejeje, Anderson, veo que aún quiere más, le daré gusto. -le dice mientras camina hacia una de las mesas que están cerca de donde Steve está sujeto.

   En el contenedor del semen eyaculado ya se nota la cantidad ordeñada sin que por eso la verga del americano se ponga flácida, las intensas succiones en su miembro y pezones lo mantienen en una constante y latente satisfacción erótica, su mente se pierde en un remolino de ideas y sensaciones sin permitirle salir a flote, ofrecer resistencia, defender al meno su orgullo. Su hombría, su país, todo eso queda fuera anulado, nulificado.

   -AGHHHHHHHHHHH. -un grito mezcla de dolor y placer, que lo saca de sus más escondidas sensaciones y pasiones, se deja oír al sentir como un largo y grueso dildo-vibrador es insertado en su culo de golpe abriéndole las nalgas y las entrañas, retomando el calor y el placer interior que lo consume. Es un juguete realmente enorme y grueso.

   -Jejejejeje, esto te mantendrá caliente durante unas horas. Debo salir a “planificar tu fuga” lejos, jejejejeje; no te buscarán aquí, y serás sólo mío.

   -NOGGGGGGGGGGGGGHHH. -trata de resistirse, de oponerse, de demostrar que no pueden vencerlo tan fácilmente, que el dominio aún no es total.

   -¿Aún de rebelde? Jejejejejejejeje. -le dice mientras enciende el dildo que empieza a vibrar insistentemente.

   -GAGGGGGGGHHHH. NOGHHHHHHHHHH. -los gemidos de rabia, furia y rebeldía se ahogan cuando siente el fuerte vaivén del dildo, trata de no gemir de placer al sentirlo moverse dentro de su culo caliente, de no demostrar que lo disfruta, de no admitir los efectos satisfactorios… pero le encanta, se tensa y se estremece mientras el grueso juguete lo llena de placer.

   -Jejeje, de todos modos, Anderson, usted estará así toda la noche, así que lo dejaré solo para que disfrute. -le repite mientras sale del cuarto dejándolo suspendido del techo atado de las muñecas, mangueras conectadas a su verga y pezones que succionan constantemente.

   Aún sin estar amordazado Steve sólo alcanza a gemir, las energías que tiene las utiliza sólo en gemir como débil protesta por ese destino tan extraño que le fue reservado; qué más puede hacer para demostrar que no se dejara derrotar, que su mente aún no está vencida aunque su cuerpo sucumba al placer, que su mente es aún rebelde aunque su cuerpo sea esclavo.

   El placer que siente Farrell es total al ver como aún en su precaria situación sexual, el macho enemigo no se rinde, que aún cree que puede evitar su destino; la cara de Steve, incapaz de mantener erguido su cuello, cae, su barbilla vuelve a enterrarse en su desnudo pecho, mientras Farrell sale de la sala de laboratorio donde deja a Steve sometido al cruel tormento.

   Las fuerzas del americano se merman rápidamente, se consumen con una asombrosa intensidad, dejándolo cada vez más débil, en su mente sólo repite la idea de resistir, una y otra vez su pensamiento se centra en eso, en la resistencia, mientras su cuerpo se mantiene en vibración constante. No puede evitar agitar un poco su culo, apretándose sobre el grueso vibrador. Su verga es succionada, extrayéndole la leche que le queda aún en las bolas, ordeñándolo, rebajándolo al término de semental. Su mente se va apagando, ni siquiera puede mantenerse despierto de la debilidad. Aunque el placer no cesa el cansancio termina por vencerlo, por dejarlo sometido, dominado y esclavizado. Tan sólo en su inconsciencia siente lejanamente como su verga y pezones siguen siendo succionados y su culo vibrando al igual que su cuerpo.

   Mientras está sin sentido su verga sigue eyaculando, produciendo leche, el experimento de Farrell también hace que las bolas de Steve produzcan una mayor cantidad de semen y que necesiten ser vaciadas constantemente, así que Steve se convierte prácticamente en una vaca sexual, productor de leche de primera calidad.

   La oscuridad que se apodera de su mente, no es así en su cuerpo sudoroso y caliente. Farrell disfruta viéndolo por medio de un circuito cerrado de TV, disfrutando su inminente victoria, su anhelado deseo de tener a ese macho en esas circunstancias, sin compartirlo con nadie, sin permitir que otra verga invada el culo de Steve, sólo la suya, ser sólo él quien disfrute de ese cuerpo, de ese enemigo. Se estremece de gozo tocando la pantalla, como si pudiera tocar a Steve.

   Abdul no debe saber que Steve está en sus manos, debe seguir buscándolo infructuosamente. Afortunadamente nadie puede entrar en su laboratorio, y difícilmente podrán imaginarse que Steve se encuentra prisionero ahí, todos deben creer que escapó mientras él planea la manera de poder tener a su servicio al americano enemigo, al rebelde, al indomable. Las cosas han salido mejor de lo que él las había planeado, de lo que tenía proyectado. Entrecierra los ojos para recordar cuando tenía su verga en el culo de Steve, recordar como se movía, como gemía, como lo reducía a un puto, a un agujero caliente. Pasa su mano por su entrepierna presionando su verga, recordando como penetró al rebelde americano. Lo desea. Lo desea… demasiado.

   Para Steve la conciencia lo abandona, su mente está ajena a que su cuerpo sigue bajo la tortura sexual que Farrell le ha impuesto, su cuerpo está suspendido inerme; aún frotándose la entrepierna Farrell se levanta, para recuperar fuerzas mientras el cuerpo de Steve continua en el efectivo tratamiento.

   Las horas parecen segundos, el amanecer del nuevo día sorprende a Steve aún en el laboratorio. Farrell, ansioso por segur disfrutando de ese cuerpo, avanza lentamente hacia el laboratorio donde ha dejado al rebelde, abre la puerta y ve al aún inconsciente soldado. Despacio se acerca a él para observarlo detenidamente, el musculoso cuerpo está empapado en sudor, el varonil rostro, desencajado, algo adelgazado por el tratamiento de los últimos días, su mentón se clava en su amplio tórax perfectamente definido, de buen desarrollo muscular, sus fuertes brazos parecen agrandarse más por la tensión de estar suspendidos.

   Farrell empieza a quitar las mangueras conectadas a los pezones y miembro de Steve, cuando quita los de los pezones, se observan algo mas pronunciados, el botón del pezón se agranda por haber estado sometido a la succión de varias horas, la verga de Steve cae pesadamente al zafarla de la manguera que la mantenía erecta, apaga el vibrador que le había insertado en el culo y lo saca lentamente dejando vacío el culo.

   Después de colocar todos sus utensilios en una de las mesas más cercanas hace descender el cuerpo del soldado, hasta hacer que sus rodillas toquen el suelo y quede arrodillado, se acerca a él, el rostro varonil aún sin sentido. Esos labios varoniles, gruesos y carnosos en una boca perfectamente viril y dibujada, lo llama. Se inclina sin resistir la tentación aprovechando los instantes en que está sin sentido, levanta la cara del soldado y agachándose un poco sus labios se unen a los del americano. Sin encontrar resistencia paladea la calidez, el sabor, percibe el olor de un macho extenuado por el sexo mientras muerde lentamente cada labio de Steve. Mete su lengua en la boca del rebelde, entrecierra los ojos y explora detenidamente la boca de Steve con su lengua, besándolo profundamente, venciéndolo, aprovechándose, dominándolo.

   Nunca antes un hombre había besado a Steve y ahora que no puede darse cuenta, sus labios son violados, su boca es poseída, las paredes bucales y la garganta de Steve son repasadas por la áspera lengua de Farrell, quien dispone de todo el tiempo del mundo para hacer de esa boca un manjar sexual, durante varios minutos continúa introduciendo sus lengua una y otra vez, aspirando succionando, mientras Steve continua ajeno a lo que pasa. Farrell gruñe ahogado, atrapando su lengua, chupándola, tomando su saliva.

   Después de saciarse de esos labios Farrell fija su mirada en los erectos y hermosos pezones que se han pronunciados por la fuerte succión de la que fueron objeto, acerca sus dedos y empieza a acariciarlos, entre sus dedos, usando el piercing que perfora el botón de cada pezón. La verga de Farrell endurece de nuevo al ver la derrota que siempre quiso, la que siempre deseó y ahora se le da. Unos minutos después de terminar de manipular los pezones erectándolos, viendo aún esos labios rojos y húmedos aún por estar cubiertos de la saliva que Farrell le dejo al estarlo besando, el médico se pone de pie y libera su verga lentamente. Sin dejar de ver al vencido, con una de sus manos levanta de nuevo el rostro de Steve y comienza a frotar la cabeza de su verga en los varoniles labios del americano, embarrándole el líquido seminal que ya escurre abundantemente, ese líquido viscoso trasparente que parece unirse como pegamento en los rojos labios.

   Pasa su verga alrededor de la boca del musculoso rebelde, una y otra vez, sintiendo el placer de la fricción entre su duro miembro y el rostro, el placer de ver como el líquido seminal se embarra en todo el varonil rostro de Steve. Recorre cada centímetro de la cara del musculoso macho inconsciente. Una y otra vez, Farrell frota la cabeza de su verga, para al final detenerse en la entrada de su boca entre esos viriles labios. La punta de la verga empieza a separarlos despacio, disfrutando el ingreso, gozando al momento de sentir como esos labios rozan la superficie de su duro miembro, viéndole los ojos cerrados aún lo excita más; casi se le sale la leche al saber que puede hacer con su esclavo lo que desea y que Steve nada puede hacer; ni siquiera darse cuenta de que un grueso, largo y duro miembro está punto de violar su boca, de tomarla por la fuerza, de internarse en su garganta y vaciar su leche allí.

   -¡AHHHHHHHHH! -un gemido de satisfacción escapa de sus labios mientras regula la penetración bucal de su verga en la boca de Steve, entrecierra los ojos para demostrar que disfruta, que goza, que es satisfactorio hasta el exceso.

   Poco a poco el duro y grueso miembro se abre paso mientras Farrell sujeta la cabeza de Steve, para facilitar el acceso, sin dejar de deslizar su miembro disfrutando cada centímetro que se interna en la cálida boca del enemigo, sin dejar de gozar; ver a ese macho indomable de rodillas y con la boca llena de su carne jugosa, más aún si esa carne le pertenece, es un placer y una satisfacción personal y total para Farrell.

   Aunque ha estado tratando de hacerlo con firmeza, pero suavemente, la verga de Farrell pronto llega hasta el fondo de la boca del indomable macho. Al sentir la resistencia del paladar blando al final de la garganta del americano, Farrell empuja con más fuerza para penetrar más profundamente, presiona con firmeza empujando con más fuerza que antes, sosteniendo la cabeza de Steve también para facilitar el deslizar su verga.

   -Mhm… -Steve comienza a gemir por la incomodidad que sufre su garganta sin imaginarse que es un güevo duro y jugoso el intruso que invade su boca y que le impide el paso libre de aire.

   Su rostro empieza a dar señas de querer recobrar la conciencia, pero Farrell sabe que es importante aprovechar el que no sabe lo que pasas, así que antes de que logre estar al cien por ciento conciente con lo que está pasándole, aprovecha y empuja su verga fuertemente sujetando con firmeza la cabeza del musculoso macho venciendo la poca resistencia anatómica que su verga había encontrado en la húmeda y cálida boca de Steve. El miembro de Farrell se interna por ese estrecho conducto al mismo tiempo que le corta el paso libre de aire al soldado.

   -¡AHHHHHH!

   -Ghghg -Steve gime de nuevo, ahora empezando a sentir la angustia de la asfixia, algo obstruye su garganta ahogándolo, algo duro pero de corteza esponjosa.

   -Jejejejejej ¡Trágala toda, perro! -le ordena Farrell mientras empuja con más fuerza antes de que encuentre resistencia consiente en Steve.

   Su miembro se interna más en la faringe del enemigo, disfrutando más al ver el rictus de desesperación en Steve mientras se le dificulta aún más el respirar libremente. Los movimientos de Steve se van haciendo más fuertes, su mente divaga entre la conciencia y la oscuridad, el sentir que le falta aire lo hace recobrar poco a poco la conciencia, lentamente sus ojos empiezan a abrirse entre leves forcejeos por tratar de liberarse inútilmente de su obstrucción.

   -¡GHGHH! – sentir como su garganta está siendo bloqueada, lo obliga a tratar de mover su cara, pero Farrell lo mantiene fuertemente sujeto, preparado para cualquier reacción de rebeldía de Steve al saborear una verga.

CONTINÚA …SUCIO… 20  

Julio César.

DE CHAVEZ Y URIBE, Y DE BOTAS EXTRANJERAS…

noviembre 26, 2009

¡TEMBLÓ!

   Ahí está Venezuela en la ONU y en la OEA denunciando un acuerdo al que Colombia llegó, soberanamente, con Estados Unidos, sobre cooperación militar. Uno no entiende el miedo a que nos hagan algo, ¿acaso Venezuela no es una tierra arrasada que debe comprarle comida a todo el mundo y todo el mundo le vende, y que envía religiosamente petróleo para que Estados Unidos mueva su maquinaria bélica mientras espera ansiosa por los dólares? ¿Quién querría hacerle daño a una nación tan demente y mal manejada de la que todos se aprovechan como si fuera la loquita del barrio? Lula y Rodríguez Zapatero nos chulean de una manera grotesca, por no hablar de los Castro. Uno no lo comprende, como no sea por el eterno complejo de inferioridad que tantos latinos sienten por los primos del Norte, cosa que tampoco entiendo, gente para bruta los gringos. Mira que preferir al Obama por encima de la Clinton. Pero así les irá.

   El argumento, peregrino y absurdo como todos los que maneja esa cómica llamada Cancillería bolivariana, habla de la llegada de tropas norteamericanas a suelo neogranadino. Siete mil efectivos. Hablan de la desvergüenza de Uribe y de la deshonra al pueblo colombiano. ¿Acaso Venezuela no es controlada por sesenta mil cubanos que dirigen los cuarteles, los registros y notarias del país? ¿Y eso no es una desvergüenza y una humillación para el pueblo venezolano, sometido y controlado en su propio terruño por un ejército invasor?

   Curiosamente nadie le saca esas cosas a la cómica Cancillería. Claro, nadie quiere perder la oportunidad de meterle mano y sacarle algo a la loquita del barrio. Hasta Uribe lo hacía hasta hace poco, ahora paga con una enfermedad venérea. Bienhecho. Por la forma en que cerraron los ojos hace años cuando las persecuciones y represiones comenzaron aquí, Colombia merece un gobierno bolivariano también, con la Piedad Córdoba a la cabeza.

HONDURAS MARCÓ LA PAUTA

Julio César.

EL JUGUETON

noviembre 26, 2009

ASOCIACIÓN

   -Aquí, clava tu torpedo aquí. –gemía riente, pero haciendo trampa ya que movía con un bailoteo el blanco.

   Ah, ¿qué puede haber más tierno que un marinerito juguetón? Nada. Y es por eso que cuando uno se pone en ese plan, muchos juegan a clavárselo. Y ¿quién no?

VAN POR UNA Y TERMINAN CON OTRA

Julio César.

MINGONERIAS

noviembre 26, 2009

RETO ACEPTADO

   Hacía tanto calor que quemaba…

   Casi gemía al recibir el pequeño chorro de agua tibia, fría sería mejor pero el calor era extremo. El agua moja sus cabellos, corre por su cuerpo, y los carajos que comparten el vestuario con él, sienten las bocas secas, con ganas de abrirlas y dar una probada. Casi nunca había agua en las tardes, pero por alguna razón siembren guardaban la que quedaba para que Gabriel se diera un bañito. Seguramente le apreciaban mucho…

DANDO UNA MIRADA

Julio César.

MANCITO

noviembre 18, 2009

…MEN

   Fue a reclamarle, pero en cuanto le abrió la puerta se le olvidó a que iba.

HOT MOLESTO

Julio César.

SAM Y DEAN, UN AMOR INFERNAL… 3

noviembre 18, 2009

…UN AMOR INFERNAL                         … 2

   Este relato de los hermanos Winchester corresponde al tipo del Wincest, el incesto entre ellos. Celos y dolor. El puto Rey del Infierno, dueño de todo, sufre por culpa de los celos. ¿No es divertido? Es que quién más ama, o desea, es quien más se expone, aunque el amante fiel se entregue con todo. El que cela y sufre no encuentra jamás límite para sus exigencias. Jamás tiene paz.

   El cuento no es tan exacto, fue escrito por UNA CHICA, originalmente en inglés, idioma que desconozco totalmente, y la traducción del equipo fue fatal. Así que únicamente será una aproximación. Disfrútenlo, vale la pena.

……

Título: La Seducción del Poder… (3)

 Por: Bridget McKennitt

 Vinculación: Sam Dean

 Rating: NC-17

   ¡Mío, mío para siempre!

……

   -Sí, esa noche. –le recuerda.- Cuando te vi salir de mi recamara con la mirada perdida y el rostro tenso, supe que escaparías. Que lo intentarías al menos, así cayeras abatido. –y traga, como si rememorar aquello le molestara muchísimo. O le doliera.- Yo lo sabía y pude haberte detenido, Dean. Pude ordenar que te encadenaran con grilletes a mi cama y tenerte para mí cuando lo deseara, pude mantenerte allí hasta que terminara el embarazo y que Austin naciera en mi presencia, y verlo crecer estos años con demonios como niñeras de su cuna infernal. ¡Pero no lo hice! –su rostro refleja ira contenida, pero también exasperación, como si gritara “¿ves lo que hago por ti? Esto no lo hago por nada ni nadie, SOLO POR TI”.- Estabas… agotado, de todo, y cuando corriste dejé que lo hicieras. Pensé que regresarías pronto. Que tu… estado te obligaría a buscar mi ayuda. Pero no lo hiciste. –casi le grita entre dientes, dando un paso al frente.

   -Si pensaste eso, ¿por qué no lo dejas así? ¿Por qué cambiarlo ahora? Vete, Sam, por favor. Vete y pretende que no me encontraste; que llegaste y ya no estaba… -y sus ojos esmeraldas brillan con algo que parece humedad.- Te lo suplico, por favor, déjame ir. Déjanos marchar; yo…

   -¡Nunca! –es tajante, pero ahora sonríe, como si la angustia de su hermano, sus preguntas y dudas fuera algo divertido.- Vine porque Austin está cada vez más grande y poderoso, puedo sentirlo. –y los labios de Dean tiemblan, “poderoso, sentirlo”, esas palabras lo aterran.- Regresé porque… te hecho mucho de manos, Dean. Y sin que importe el porqué, aquí estoy y aquí me quedaré hasta que consiga lo que deseo. Cuando parta al Infierno, tú irás conmigo.

   -Supongo que entonces no te irás nunca, porque yo no pretendo regresar al Infierno, ni dejar que lleves a Austin contigo. –lo encaró, su hijo le daba el valor para enfrentar al príncipe oscuro.

    -No tengo prisa, Dean. La costa oriental de los Estados Unidos no se conquistó en un día.  -Sam se echa a reír ante la mirada asombrada de Dean e hizo un gesto desdeñoso. – No lo he hecho todavía, así que deja de mirarme así. Vamos, ser un buen anfitrión, cariño, y muéstrame nuestra habitación.

   Dean miró a Austin, su hijo parecía seguro donde estaba, y se volvió hacía Sam, entre molesto y resignado, ¿cómo enfrentarlo? 

   -Está arriba. -no tenía sentido luchar contra Sam; no en ese momento al menos.

   Subió las escaleras de dos en dos, sin esperar al otro, y abrió la primera puerta a la izquierda. Sam lo alcanzó y se detuvo a sus espaldas. Dean podía sentir el calor de su cuerpo justo detrás de él, alcanzándolo, envolviéndolo. Notó que se le acercaba más, y que aspiraba. Sam parecía… olerlo, fue cuando sintió el calor de su aliento en la oreja cuando le habló, bajito, ronco.

   -Me has sorprendido, Dean. Jamás esperé que terminaras pariendo de manera natural; pero debí saberlo. Siempre fuiste… una madre para mí, esa que no tuve mientras crecíamos. –y no hay burla.

   Él, el Señor del Infierno sabía. Ahora podía ‘recordarse’ de bebé en un corral, llorando hasta que una pequeña cara redonda de ojos verdes se asomaba, con un biberón o un juguete en sus manitas, con amor solicito recitando aquella frase que parecía un mantra: “No llores, Sammy”. Dean se estremece y sus hombros quedan rígidos cuando los dedos de Sam, largos, calientes, juegan con los pelillos de la parte posterior de su cuello.

   – Yo sabía que serías una buena madre para mi hijo, estabas destinado a ello, a ser mi consorte. Y lo serás otra vez.

   -Sammy, no voy a hacerlo. No iré contigo. Austin me necesita aquí. –se estremeció mientras apelaba al nombre del pasado buscando encontrar un eco del afecto del ayer.

   -Yo te necesito, Dean. Y Austin se viene con nosotros. ¿De verdad crees que dejaría a nuestro hijo valerse por sí mismo? Él es el Príncipe del Infierno. –dice con voz ronca mientras un brazo rodea la cintura del otro, atrayéndolo.

   Y se estremece. Sam, el rey inicuo, el amo de todo, se estremece de gozo al rodear esa cintura. Su mano grande se apoya en el plano y duro abdomen de su hermano y a duras penas resiste el deseo de recorrer ya esa piel. Y la encuentra allí. La cicatriz. Sabe que está allí mientras su mano lo frota. Él la quitaría, la borraría de su piel como de su mente, y Dean jamás recordaría todo aquel dolor. Esos labios finos y tibios bajan, y Dean tiembla por el contacto. Sam lo besa, los labios recorren su nuca, y vuelve a aspira, parece buscar un olor del pasado.

   En ese momento se escucha el timbre y Dean se distancia de Sam, con las mejillas rojas, avergonzado de las sensaciones que recorrieron su cuerpo. 

   -Debe ser el tipo de pizza. Mejor bajo antes de Austin decida abrir la puerta.

    Dean llega a la puerta antes de que Austin pueda girar el pomo. Aparta al niño antes de abrir la puerta, recordándole por enésima vez que nunca debe abrirle a extraños. Esta vez sí es el hombre de la pizza.

   -Hey. –saludo Dean al desconocido con una leve sonrisa tanto en sus hermosos ojos como en sus labios algo gruesos; agradecía que estuviera allí, la llegada de Sam lo tenía trastornado. Cambió a Austin de una cadera a la otra para poder firmar el recibo de la recepción. Garabateó su firma y lo regresó antes de que el hombre joven le entregara la caja con la pizza.

   -Qué tenga una bonita tarde, señor Winchester. -sonrió el muchacho, seguramente comenzando los veinte, recorriendo con cierto azoro al otro. Dean no pudo evitar devolverle ahora una sonrisa nerviosa, con cierto embarazo notaba, a veces, que gente más joven lo miraba de forma apreciativa, como hacia este, detallando sus ropas y rostro.- Me llamo Erik.

   -A nadie le interesa, Erik. -Sam apareció y tomó la caja de pizza, mirando con una frialdad terrible al muchacho, sus ojos brillaban amarillentos y amenazantes. – ¿No tienes algunas otras entregas por hacer?

   -Uh, sí, señor. Lo siento, señor. -Erik se dio vuelta y regresó rápidamente a su camioneta, casi tropezando con sus propios pies al escapar de aquella sensación horrible de peligro que lo envolvió.

   Dean gruñó bajo y empujó con violencia a Sam con su hombro antes de llevar a Austin a la sala de estar.  Sam, molesto y ceñudo, siguió detrás de él y dejó caer la caja de pizza sobre la mesa de café.

   -¿Se puede saber qué hacías? –pregunta el mayor de los Winchester, alterado.

   -Lo que tenía que hacer, espantar a esa cucaracha. Sabes que estaba en mi derecho a hacerlo, Dean, nadie puede mirarte como él lo hizo.

   Dean bajó a Austin sobre un sillón antes de girar para hacerle frente a Sam.

   -No, no tenías ninguna necesidad de dejar salir tu esencia maligna. No tienes que andar asustando gente sin necesidad. Ese muchacho no era una amenaza.

   -¡Te deseaba! –casi acusa, sus ojos de un amarillo oscuro y tormentoso.- Sí no hubiera estado aquí habría intentado algo, un acercamiento, sin importarle que tuvieras a Austin en brazos. –su rostro es severo, recorriendo nuevamente el cuerpo de su hermano, estremeciéndose.- No se lo iba a permitir. Sí te hubiera tocado… lo habría matado. O ¿acaso deseabas que ocurriera algo? ¿Acaso desbaraté algún encuentro? –su voz es aterciopelado. Celoso.

   -¡Sammy! -Dean gira exasperado sus ojos, callándole, mirando hacia Austin, quien podía escuchar. Baja más la voz.- Yo no hago esas cosas. El único hombre con el que… has sido tú. –cierra los ojos.- Siéntate mientras sirvo la pizza. Haz algo bueno, trata de encontrar el programa favorito de Austin en la televisión. Lo transmiten en este momento.

   -Puedo hacerlo. -dijo Sam mirando a Austin; ese hijo que lo miraba con los ojos verdes de su hermano. Tan sólo por eso ya lo amaba.- ¿Qué te gusta?

   –Avatar. -respondió Austin.- Quiero ser como Aang.

   -Es en Nickelodeon. –susurró Dean con voz gruesa, lanzando una dolorosa mirada de amor a Austin, antes de dirigirse a la cocina por platos, servilletas, y bebidas. 

   Sam lo miró salir, sintiéndose un tanto molesto, ¿por qué tenía que sufrir así, resistiéndolo, resistiéndose a su destino de príncipe consorte? ¿Acaso no entendía que estaba ahí para darle la vida que merecía? Qué tonto era Dean, sonríe; siempre lo fue. Y eso siempre le gustó. Lo vio Regresar un momento después, para sorprenderse al encontrar a Austin sentado en su regazo, perdida su atención en Aang.

   Austin parecía cómodo, apoyando su cabeza sobre el pecho de Sam, y aceptando el musculoso brazo alrededor de él.  Cada tanto, Sam le daba un beso en la parte superior de la cabeza. Y Dean no lo entiende. Normalmente Austin siempre se resistía a la cercanía de extraños, pero ahí estaba, contento sentado sobre Sam. 

   Dean sintió un dolor en su corazón al ver la escena. Esto era lo que siempre había querido, a su familia junta y unida. Nunca pudo conseguirlo con John y Sam, por mucho que lo intentó. Aún recuerda la mañana que Sam había partido para Stanford. Su padre salió de cacería y no apareció en semanas. Y Sam ya no estaba. Y él lloró, era un hombre joven y duro que se permitió llorar en medio de la soledad. ¿Por qué le hacían todo aquello? ¿Acaso no había renunciado a ser hijo pàra convertirse en un fiel y obediente soldado para su padre? ¿No le dijo adiós a su niñez para convertirse en el guardián de Sam, haciendo todo lo que pudo para protegerlo? Al final había fallado, algo hacía mal y por eso todos le abandonaban. Ahora había una nueva oportunidad. Se estremece, Sam lo mira, y de alguna forma sabe que el otro conoce de su angustia.

   No, no podía dejarse engañar por Sam, sabía que no había un futuro donde coincidieran Sam y Austin. No importa lo que él pensara, Sam seguía siendo el Rey del Infierno, y ese tipo de cosas nunca traería felices para siempre. Sam lo mira adivinando sus pensamientos, luego se inclina hacia Austin. 

   -Austin quería empezar a comer, pero le dije que teníamos que esperar a papá.

   -Gracias. –y no pudo evitar una tímida sonrisa.- Es tragón, como yo. –y no reparó en los ojos de Sam sobre sus labios. Abrió la caja de la pizza y colocó una rebanada en cada plato, antes de entregar uno a Austin y otro a Sam. -Ahora, Austin, recuerde no ensuciarte.

   -¡No lo haré! –sonaba ofendido, tomando la rebanada de pizza con ambas manos y empezando a comer. La salsa se derrama por toda su la boca y camisa.

   Dean fue a recoger una servilleta para limpiarle cuando Sam tomó la servilleta de su mano. 

   -Déjame hacerlo. Relájate y disfruta de tu pizza, Dean.

   Dean sintió que las rodillas no le aguantaban, sabía que era un truco del otro, y cayó sentado en el suelo, apoyado contra las piernas de Sam mientras lo miraba limpiar suavemente la salsa sobre la boca de Austin. El corazón de Dean se aceleró de nuevo. Sam parecía tierno, Austin feliz. No, esto no era real.  Nada de esto era verdad. Sam era malvado.

   Después de la cena y de una ducha, Dean lleva a Austin a su dormitorio. El niño, apoyando la cabeza en su hombro, sacando su dedo pulgar de la boca, pide:

   -Papá, quiero dormir contigo esta noche. ¿Puedo, por favor?

   -Esta noche no, Austin. El amigo de papá y yo tenemos mucho por conversar. ¿Quieres que te lea un cuento?

   -¿Puedo leérselo yo? -Sam estaba ya en la habitación de Austin con un libro en las manos.  Dean vio que era favorito de Austin.

   -Sí, puedes hacerlo.

   Dean se apoyó en el marco de la puerta y vio como Sam metió a su hijo en la cama y como se sentó en el borde mientras leía. Sam apenas leyó la mitad del cuento cuando los ojos de Austin se cerraron y se acurrucó más profundamente dentro de sus mantas. Dean se dirigió hacia la cama y se arrodilló para besar a Austin en la frente; Dios, lo amaba tanto, ¿cómo saber qué hacer? 

   Sam hizo lo mismo antes de cerrar el libro y dejarlo a un lado. Miraba a su hijo con amor, pero al levantar la mirada hacia Dean, sus pupilas parecieron velarse de lujuria, de deseos largamente insatisfechos.

   -Es hora de que también nosotros vayamos a la cama, Dean…

CONTINÚA… (4)

Julio César.

YO, EL REY SOL

noviembre 18, 2009

…SENADO IMPERIAL

   Todo lo buenote es pa’ mí…

   El salón de prensa estaba semi lleno de reporteros con caras serias, que miraban al Comandante con ojos de evaluador de cheques dudosos en un banco. El resto del público estaba repleto de grupos gritones vestidos de rojo que habían ensayado hasta el cansancio su espontánea reunión de apoyo.

   -No soy yo. No soy yo, Takín quien quiere la reelección infinita. Es la historia la que me llama, es casi un llamado divino. Hay cambios necesarios y estructurales que deben realizarse y para los cuales es imprescindible que gobierne hasta caer de muerto, como tantas almas que se han sacrificado por el bien de la humanidad, como Stalin o Fidel, que en gloria esté… –mueve la cabeza de arriba abajo, convencido, con ojos sinceros, llenos de bondad, de comprensión, de raciocinio.- Y no será algo impuesto, será el pueblo quien me elegirá. Miren, aquí el Colegio Gobiernero Electoral en voz de su presidenta, ya me pasó los números que indican con cuánto ganaré dentro de dos meses; estas les serán dadas al término para que vayan publicándolas de una vez. –informa mientras junta sus manos en forma beática.- Todo muy legal y transparente, España, Brasil y Argentina no pierden detalle… -se oyen unos feroces susurros dentro de los periodistas, y eso lo altera un poco.- Señores, no soy un dictador, soy un pobre siervo de la Providencia. Es un derecho del pueblo decidir quién quiere que los gobierne, la soberanía reside en ellos, y yo los represento. A quien ellos nombran, lo que deciden, debe respetarse. –se golpea el pecho, mirando luego a la reportera peruana ponerse de pie.

   -¿Y el Alcalde Mayor, Antonio Ledezma, o el gobernador de el Táchira?

   -¡Esos son unos bellacos! ¡Son opositores! ¿Qué vagabundería es esa de que tengo que calármela? Tú eres un infiltrado. A ti te mandó el Alan desde Perú, ¿verdad? Fue él quien te mandó a joder. –grita descompuesto, enrojeciendo e hinchándosele las venas del cuello y las sienes.- La gente no puede ir votando por quién le de la gana. Claro que no, ¿cómo voy a reconocer yo, yo, el rey sol, tan cosa? Sí algún gobernador o alcalde no sale de la recua de halamecates que me ríen los chistes y hacen únicamente lo que se les ordena… -no se sabe de donde saca un pito y lo hace sonar estridente.- …pa’ fuera. Aquí nadie es indispensable o insustituible, aquí no manda sino quien digo yo… -grita y enfatiza dando unos golpecitos sobre su escritorio, mirando la sorpresa de todos, cayendo en cuenta.- Sólo yo digo quien gana; sólo yo que encano nuevamente al rey sol…

   -¡Ahhh! –se deja oír en la sala, acompañados de los “así, así, así es como se gobierna” de la prensa española, argentina y brasileña, ganándose una sonrisa en mofletudo rostro del Comandante, Dios, cómo lo amaban…

AL MAESTRO CON CARIÑO…

Julio César.

ORGULLO PROFESIONAL

noviembre 18, 2009

CADA UNO A LO SUYO

EN TIEMPOS DE HONOR FAMILIAR

Julio César.

JOSE VICENTE RANGEL, HACIENDOSE LLAMAR MARCIANO EN EL DIARIO ‘VEA’, PONE LA LUPA SOBRE LAS SABANDIJAS QUE IMPIDEN QUE VENEZUELA ENTRE AL MERCOSUR

noviembre 18, 2009

¡EL DIABLO EN CARACAS!

   Comienza el anciano decrepito con un reconocimiento de culpas, señala con su dedo marchito y tembloroso al verdadero culpable del desastre… pero termina en una perorata sin sentido. Veamos.

……

POCAS VECES SE HAN EJERCIDO presiones tan insistentes como las que toda suerte de sabandijas pusieron en juego sobre los senadores, los medios de comunicación, los partidos y multitud de otros factores, al considerarse en el Senado de Brasil el ingreso de Venezuela al MERCOSUR. Las razones económicas a favor, nadie las ponía en duda, pero se trataba de impedir una victoria diplomática de Chávez. Estados Unidos y toda la contrarrevolución internacional movieron recursos e influencia. Fue una batalla singular y una derrota significativa de los enemigos de Chávez. Se puso a prueba la especial relación entre Lula y Chávez y los dos han podido festejar en Venezuela, en el marco de las siembras de soya brasileña, el voto favorable al ingreso de Venezuela.

……

   La verdad es que José Vicente, al fin dice una verdad, todas las maniobras y presiones que esas sabandijas gobiernera usaron para embarrar la propia posibilidad de Venezuela de entrar a MERCOSUR, fue increíble. Se llegó a la imbecilidad total de oír al Presidente, sabandijeando como ninguno, gritar que arrasaría la comarca con una guerra. Claro, eso alarma al senado brasilero y es lo que denuncia Marciano, la demencia del Presidente. Marciano, descarnadamente sostiene que por muy cabrón que sea el régimen de Lula, los visos dictatoriales de las sabandijas le hacen muy cuesta arriba el engañar al pueblo brasilero. Y sigue…

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LA SITUACIÓN INTERNA en la oposición pasa por su peor momento. La motivación es la tajada de la Asamblea Nacional que cada partido de la oposición sueña con ganar en las elecciones del 2010. Las encuestas, ciertas o falsas, han despertado toda suerte de ilusiones y ya cada grupo y cada individuo aspira a tener reservada la mejor porción. Dan por seguro ganar la mayoría de los diputados de Táchira, Zulia, Miranda, Caracas y Carabobo. En las más recientes reuniones se han producido rupturas irreparables. Una entre los “grandes” y los “pequeños”, que no tiene composición alguna. Pero, además hay divisiones que tienen fundamento en lo que llaman “poder regional”. La gente de Rosales no quiere que nadie se le meta en Zulia. Pérez Vivas y los adecos ya han asumido la posesión total de los diputados del Táchira. En Caracas, Ledezma proclama “sus derechos” como alcalde y “todo es para él”. En Miranda la situación es más complicada, porque López no acepta injerencia de la Mesa de Unidad opositora.

……

   El pobre y enloquecido anciano cae en el lugar común de intentar engañar. Lamentablemente el viejo cortesano ya no es lo que era. La escandalosa corrupción moral y política de la familia, lo tiene mal. Aquí se permite encomillados cuando habla de los “derechos” de Ledezma como Alcalde Mayor. No, no son “derechos”, es que tenía derechos, señor Marciano, porque la gente del área metropolitana votó por él dándole esos derechos, aunque sabandijas que quieren impedir la entrada de Venezuela a MERCOSUR, lo hallan desconocido, y a dedo colocaran a otra de esas fichas gastadas e inútiles en el cargo. Pero es que son tan sabandijas que después de que Antonio Ledezma casi aseguró la entrada de Venezuela al MERCOSUR con su declaración en el senado brasilero, el presidente Chávez, para robarle el éxito, despechado como muchacha fea en fiesta, sale con la sabandijada de anunciar guerras. Es que no mejora el enfermo terminal de la izquierda.

CUANDO LA GENTE ES INSENSATA

Julio César.

MARINEROS CALIENTES

noviembre 18, 2009

…ESE ESTILO DE VIDA!!!

   Las bocas se tragan, los cuerpos se frotaban, los troncos se pegaban duros y calientes. Miren que hace calor en ese submarino, y cuando el capitán ordenó a los dos chicos asear los baños en ropa interior, no pensó que los cuerpos les arderían tanto. Y el calor estaba bien adentro, y cada uno pensaba en apagárselo al otro metiéndole bien hondo su manguera. Lo que no saben es que en cuanto el capitán aparezca, los dos llevaran palo del bueno. Duro y al fondo. Y esos chicos gritarían de gusto cuando los atendieran.

JUGUETES ADICTIVOS

Julio César.

EL MÁS MEJOR

noviembre 18, 2009

TE PARECES TANTO A MÍ…

   Dios, pero que rey tan guapo, pensó el obispo.

   Así tenía que ser. Para eso se había trabajado tanto durante una década. Ahora el mundo lo reconocía por lo que era, comenzando por en el Rey, el barbudo, quien aplaude a rabiar junto a Rodríguez Zapatero, el cual se parece más que nunca a Mr. Bean. Para eso habían cabroneado tanto. Y claro, sólo él mismo podía coronarse. Lógico, siendo tan maravilloso, inteligente y guapo, el “grande”, como lo llamaba el Rey, el otro.

   Ahora sólo faltaba la fotica.

CACHICAMO TRABAJA PA’ LAPA

Julio César.

COLIRIOS

noviembre 18, 2009

UPA

   “Cómo quisiera que Armandito estuviera aquí con esas manos tan grandes…”

   Siempre querían meterle el dinero por… el mismo lado.

SÚPER

Julio César.

PIEDAD CÓRDOBA: HUELA A CHAMUSQUINA

noviembre 13, 2009

¡EL DIABLO EN CARACAS!

PIEDAD

   En el cochino todo es ganancia.

   En estos días cuando el presidente Chávez amenazaba a medio continente con iniciar una guerra (ya les aterra el estado mental), la senadora colombiana, Piedad Córdoba, ha dejado colar un ‘temor’ suyo. Aparentemente ella cree que hay una campaña horquetada para descalificar’ al presidente Hugo Chávez (qué alguien lo obliga a abrir la boca y decir barbaridades), vaticinando que sí le asesinan la situación en America Latina se agravaría enormemente (cuesta trabajo imaginar cómo podría estar peor), terminando con un (y los inocente piensan que debe ser por el ajustado turbante que le impide la oxigenación del cerebro) “la región perdería uno de sus mejores lideres”.

   Pero yo, siendo Chávez, comenzaría a dormir con un ojo abierto para vigilar a esos ‘amigos’, no olvidemos que la mujer representa a grupos peligrosos. Todas esas declaraciones parecen más bien dirigidas a preparar el terreno por sí ‘algo ocurre’, incendiar la sabana. A los grupos extremistas y violentos de la izquierda retardataria (dígame eso, los caudillos mesiánicos), después de tanto fracaso político, económico y del retroceso social, no les queda otra que recurrir a la violencia para sostenerse (bueno, también con la carbronería de ciertos regímenes que venden baratijas). El ejemplo de Itamaraty, la peligrosa cancillería brasileña, interviniendo abiertamente en los asuntos internos de Honduras en apoyo al hombre del eje Caracas-La Habana, llegando a amenazar con su creciente poderío militar, habla ya de una demencia franca de quienes se creen dueños de vidas y destinos.

   No sería extraño que ante los desvaríos y delirios de un hombre que hoy dice, golpeado, esto y aquello, y mañana se desdice, teman perderlo para la causa (¿quién se entiende con locos cuando ya están declarados?), decidan usarlo como mártir.

SABANDIJAS Y EL MERCOSUR

Julio César.

TRISTEZA MARINA

noviembre 13, 2009

…MEN

HOT MAN

   Pobrecillo, anda triste y necesita de abrazos y cariño, ¿no te animas?

MANCITO

Julio César.

SAM Y DEAN, UN AMOR INFERNAL… 2

noviembre 9, 2009

…UN AMOR INFERNAL

   Este relato de los hermanos Winchester corresponde al tipo del Wincest, el incesto entre ellos. Conoceremos el poder de una obsesión. La de aquel que sonríe viendo al mundo en las llamas provocadas por sus manos tan sólo para encender un cigarrillo. O será, tal vez, que ese pequeño, perecedero y fútil cigarrillo signifique para él, toda la Creación. Casi asusta imaginar que seres así puedan existir.

   El cuento no es tan exacto, fue escrito por UNA CHICA, originalmente en inglés, idioma que desconozco totalmente, y la traducción del equipo fue fatal. Así que únicamente será una aproximación. Disfrútenlo, vale la pena.

……

Título: La Seducción del Poder… (2)

 Por: Bridget McKennitt

 Vinculación: Sam Dean

 Rating: NC-17

WINCEST

   No lo soltaría, ¿cómo podría?

……

   Sam, por su parte, fue todo sonrisas y encanto cuando se arrodilló frente a Austin, mirándolo fijamente, fascinado. 

   -Hola, Austin. Eres un niño muy guapo. Eres la viva imagen de tu padre. –repara en los ojos verdes del niño, pero algo achinados, en su cabello corto, no claro sino de un castaño oscuro, y en las pecas de su nariz. Ahora mira a Dean, y en sus ojos brillaba un tono más oscuro de amarillo.- Vas a llegar a ser todo un rompecorazones, todas las chicas te amarán y atesorarán con una sonrisa tu recuerdo… También tu hermano.

   -Yo no tengo herma…

   Dean tragó en seco y atrapó a Austin en sus brazos y lo mantuvo de espaldas a Sam. 

   -Bueno, ya es suficiente, Sam. ¿Qué quieres? –demanda temeroso pero decidido, alzando la barbilla, magnifico, o así lo piensa el otro mientras se pone de pie.

   -¿Qué quiero, Dean? ¿Qué crees que cada rey quiere? –lo mira a los ojos, firme, demandante.- Quiere a su consorte en su vida y en su lecho, y quiere una familia. Y tú eres mío. –se le acerca tan sólo un poco.- Te quiero a ti, Dean, junto a mí, compartiendo mi trono y mi poder… y a Austin.

    Dean lo mira aterrorizado, no podía dejar de apretar los puños alrededor del pequeño cuerpo de Austin, temblando ante las palabras de Sam… las cuales Austin escuchaba.

   -Sam… –pidió, totalmente rojo su rostro y destacándose sus pecas.

   Y el otro sonríe, le sonríe aunque sus ojos son fríos, levantando las manos en señal de rendición. 

   -Está bien, puedo esperar un poco más para que hablemos. ¿No te he esperado tanto tiempo ya, Dean? –y su voz es suave, sedosa, su sonrisa amable. Ese Dean suena a intimidad, a “te he extraño mucho en mis noches frías”. Pero sus ojos siguen siendo helados.- Tan sólo quería saber cómo estabas, hermano; ya no soportaba pasar otro día sin verte. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que me dejaste?

   -Austin cumplió cuatro años este año.

   -¡Cinco años! Cinco largos y vacíos años sin verte, Dean. Sin oír tu voz, sin… tenerte a mi lado. Dime algo, ese Austin… ¿de qué viene ese nombre?

   -Él nació en Austin, Texas. –y se estremeció, cosa que no pasó desapercibida a esos ojos amarillos.

   Dean podía recordarlo todo, todo sobre ese día en Austin, Texas. Las lágrimas que derramó aunque quiso aguantar, los roncos gemidos pidiéndole ayuda a alguien o algo (sí Castiel hubiera podido, seguro que habría aparecido para asistirlo, pero ya había muerto). Recuerda bien el sufrimiento lacerante en sus carnes que acompañó el nacimiento de Austin, de cómo casi se sintió flotar y morir entre el dolor y la sangre derramada, y de cómo el mundo pareció perder consistencia. Estaba convencido de que moriría… y de que el niño que escuchaba llorar quedo a su lado, lo acompañaría. Y casi lo pidió al Cielo.

   Había dos cosas sobre ese hijo que amaba que jamás podría olvidar: el momento de su llegada a este mundo… y el cómo llegó a ser gestado. Su rostro, rojo de vergüenza, amargura y dolor, se desvía hacia la nuca del niño, y por un momento llega el alivio. Valió la pena. Ignora que Sam sabe de esa aceptación.

   -Entiendo; entiendo mejor de lo que crees. Y, bueno, en alguna parte debía nacer, ¿no es así? -Sam se echa a reír y el amarillo en sus ojos se aclara hasta que casi fue de su color avellana normal.- Voy a estar aquí por un tiempo más, Dean. No estaba bromeando acerca de lo que dije antes, así que deja a Austin, creo que lo asustas.

   En el niño creció la ansiedad al estar atado a su padre durante tanto tiempo y se agitó hasta que se liberó del cuerpo de Dean. No entendía qué le pasaba, lo sabía cariñoso, pero ese abrazo era… temeroso. Luego corrió a la sala donde sus juguetes se extendían por todo el suelo. 

   -¿Qué quieres? –sin alzar la voz, encarándolo y temiéndole, un atisbo del antiguo Dean se hizo presente mientras Sam miraba al niño alejarse. 

   -Ya te lo dije, vengo por mi familia. –lo mira a los ojos, sonriendo con la picardía y ruegos siempre presentes en los años de su adolescencia cuando convencía de lo que fuera a su hermano mayor.- Te necesito, Dean. Los necesito a los dos. El motivo que me llevó a embarazarte fue el que quería una familia. Hijos. Quería mis hijos, pero no con cualquiera, Dean, querías hijos contigo. –sonríe aún más al decirlo y Dean palidece.- Y aquí están los dos. El hecho de que estuviera fuera de sus vidas durante cinco años no significa que los haya olvidado. Ni fue mi elección.

   -Por Dios, Sam… -Dean traga saliva.- Yo esperaba que… que no me buscaras. Que hubieras decidido continuar sin nosotros y…

   -¡Jamás! Eres mío, ¿no lo entiendes, Dean? Quise darte tiempo para que recapacitaras. Que te calmaras y volvieras por tu cuenta. Esa noche, cuando… -y calla ante el dolor en la mirada de su hermano. Y una furia homicida crece en el pecho del menor. De celos. De frustración. Él, que lo tenía todo…

   -¿La noche que asesinaste a Bobby, a Ellen, a Rufus y…?

   -¿…Y a Castiel? –termina por él, con rencor. ¡Cómo había odiado al ángel!

   Lo recordaba, sonrió con crueldad al ir acabando con sus enemigos. Por muchos no sintió nada. Bobby… Ellen… Tal vez ellos habrían podido sobrevivir. De haberse sometido, de haber caído de rodillas, como tantos cientos de millones, pero no lo hicieron. Pero Sam, el maestro de la mentira, no se engaña. Aunque hubieran doblado sus espaldas, habrían tenido que morir, porque jamás habría podido confiar en ellos. No con Dean ahí, no con Dean gritándole, entre la furia y los sollozos, que se detuviera, que diera marcha atrás, que resistiera a Lucifer.

   No podía confiar en Bobby ni en Ellen mientras embarazaba a Dean, porque lo deseaba, deseaba herederos, y los quería de Dean, para que siempre estuviera atado a él, para que jamás pudiera escapar. Bobby y Ellen, lo sabe, aunque hubieran jurado lealtad ante el trono de las abominaciones, en el fondo, aunque sus almas estuvieran condenadas, habrían intentado proteger a Dean, y lo habrían secundado en sus planes, fueran los que fueran, contra él. Y sin embargo, todavía no era sincero del todo.

   Mató a los dos cazadores que en un momento representaron a su madre y a su padre, muertos mucho antes, porque amaban a Dean, y Dean los quería. Por ello fue terriblemente cruel y sanguinario cuando terminó con Castiel. A él sí que lo odió. El ángel se había atrevido a ocupar su lugar en el corazón de su hermano, a ser su amigo, su apoyo. Dean se volvía hacia Castiel como únicamente DEBIA hacerlo hacia él. Y supo adivinarlo. Castiel jamás lo engañó. Notaba sus miradas hacia Dean, su eterna vigilia, la de pequeñas cosas que hacía para buscar la aprobación de su hermano. Y de las muchas veces que le advirtió del peligro que representaba Sam.

   Lo mató porque amaba a Dean. Acabó con todos para que a Dean ya no le quedara nada ni nadie, sólo él. Únicamente él. Por Dean, el Cielo, el Infierno y la Humanidad podían irse a la mierda. Fue en ese momento, con los cadáveres apilándose, Rufus, Bobby, Ellen y Castiel destrozados, muertos para siempre, que intuyó los planes de su hermano. No, no un plan. Dean se dijo simplemente “hasta ahí”, había soportado sus caricias y besos, su ‘amor’, incluso la idea terrible de aquel embarazo (esperando que cambiara, qué entendiera), pero ya había cruzado el límite.

   -Sí, esa noche. –le recuerda.- Cuando te vi salir de mi recamara con la mirada perdida y el rostro tenso, supe que escaparías. Que lo intentarías al menos, así cayeras abatido. –y traga, como si rememorar aquello le molestara muchísimo. O le doliera.- Yo lo sabía y pude haberte detenido, Dean. Pude ordenar que te encadenaran con grilletes a mi cama y tenerte para mí cuando lo deseara, pude mantenerte allí hasta que terminara el embarazo y que Austin naciera en mi presencia, y verlo crecer estos años con demonios como niñeras de su cuna infernal. ¡Pero no lo hice! –su rostro refleja ira contenida, pero también exasperación, como si gritara “¿ves lo que hago por ti? Esto no lo hago por nada ni nadie, SOLO POR TI”.- Estabas… agotado, de todo, y cuando corriste dejé que lo hicieras. Pensé que regresarías pronto. Que tu… estado te obligaría a buscar mi ayuda. Pero no lo hiciste. –casi le grita entre dientes, dando un paso al frente.

   -Si pensaste eso, ¿por qué no lo dejas así? ¿Por qué cambiarlo ahora? Vete, Sam, por favor. Vete y pretende que no me encontraste; que llegaste y ya no estaba… -y sus ojos esmeraldas brillan con algo que parece humedad.- Te lo suplico, por favor, déjame ir. Déjanos marchar; yo…

   -¡Nunca! –es tajante, pero ahora sonríe, como si la angustia de su hermano, sus preguntas y dudas fuera algo divertido.- Vine porque Austin está cada vez más grande y poderoso, puedo sentirlo. –y los labios de Dean tiemblan, “poderoso, sentirlo”, esas palabras lo aterran.- Regresé porque… te hecho mucho de manos, Dean. Y sin que importe el porqué, aquí estoy y aquí me quedaré hasta que consiga lo que deseo. Cuando parta al Infierno, tú irás conmigo.

CONTINÚA… (3)

Julio César.