Archive for 31 enero 2010

CUIDADO CON EL FAN

enero 31, 2010

 DE CINE

   El joven era un gran admirador del chico malo…

   Steve era un joven que no destacó jamás en su secundaria, era considerado de los empollones, y siendo tan tímido como era, no podía destacar. Admiraba a Ponch, con sus chaquetas de cuero, su motocicleta, su aire de rebelde, de peligro. Lo buscaba, intentaba ayudarlo con a tarea, lo saludaba a gritos, patéticamente admirándolo. A Ponch le divertía, y sabía que era aprovechable, como esa tarde en los vestuarios cuando se quitó las ropas, quedándose en suspensorio, sabiendo que eso atraería la mirada del otro. Steve miró, ¡cómo iba a evitarlo!, y ahora era conminado a lamer sobre gruesas telas, notando durezas y tamañote, antes de morderlo y atrapar cierto nabo bajo la tela, ya mojada. Rato después Ponch, quien le había prometido hacia tiempo un paseo en su moto, totalmente desnudo, se sentó, invitándolo. Steve, temblando, desnudo también, se sentó, no sobre el asiento de cuero sino sobre las piernas del otro que ocupaba mucho espacio, al parecer no sabía ir de pasajero. Steve chilló agónico y feliz… al sentarse sobre la moto, cosa que le produjo una profunda y cálida emoción. Ponch lo pone a jugar a la motica, y Steve chilla agarrado a los manubrios, subiendo y bajando a saltos sobre la enorme y rígida… máquina que lo excitaba al límite de la locura. Estaba todo mojado de sudores y vainas, mientras cabalgaba por casi cuarenta minutos… ese armatoste; y es que pareció acabar de jugar, tres veces, pero en seguida comenzaba otra vez.

SU MUJER SOSPECHABA QUE… 

Julio César.

ESE DÍA NACÍ…

enero 31, 2010

PALABRA VIEJA, PALABRA NUEVA…

   Un día te esperé, papá…

   Mira a la pequeña Alma al alcance de sus manos en el regazo de su madre, y su corazón se hincha con una felicidad que hace demasiado tiempo no sentía, desde el momento que descendió de cierta montaña engañándose, diciéndose que la vida continuaría y que todo pasaría. Que olvidaría y no dolería, aunque se sintiera morir contra aquel muro cuando entendió que la razón de su ser realmente se había marchado. Que se había alejado y él nada hizo por retenerlo. Pero ahora…

   Casi con un temor reverente, toma la pequeña cosita que es su hija, con minutos de nacida, y vuelve a sentirlo. Su mujer lo mira, aprobando sus mejillas rojas, sus ojos algo desfasados por una emoción intensa. Nacer. Sí, ese era el gran milagro. Eso fue lo que sintió hace años.

   Nació a la vida dejando una no existencia gris sin alegrías, cuando lo vio la primera vez, por eso su corazón había latido con fuerza, porque estaba despertando al fin. Nació con cada mirada de su propio reflejo en esos otros ojos, en cada sonrisa que recibió de aquellos labios que no se cansaba de besar. Cada vez que su nombre resonó en aquella voz, alegre, excitado, molesto… fue un alumbramiento.

   Abraza a su hija con fuerza porque quiere decirlo, quiere que ella sepa que se alegra de su llegada porque llena algo que estaba vacío… pero no lo hace. Es un hombre; los hombres no hablan de esas cosas, guardándose lo que sienten y piensan bajo pesados candados. Así hace él. Como un hombre. Como le enseñó su propio padre.

   La sostiene contra su corazón, mirando en su niña el rostro del amor, de uno que un día fue suyo y luego perdió haciéndolo llorar muchas veces en largas noches de soledad, y no entiende que tal vez, un día, a esa pequeña le habría gustado oírle decir todo eso, el cuánto la amaba… Como le habría gustado a ese hombre que años después moriría a solas en una carretera sin habérselo oído decir jamás.

   Pero ¿qué se le hace? A veces aprendemos, otras no.

MIEDO AL ADIÓS

Julio César.

TIOS CALIENTES

enero 31, 2010

UPA 

   El muy pillo siempre encontraba la manera de convencernos a ayudarlo…

   Los defensores de los animales amaban ese escarabajo.

OCULTO

Julio César.

DE CINE

enero 31, 2010

LA CATA

   “Ay, Dios, nadie me dijo que era una película de estas… Ahora ¿qué le digo a mi mujer?”

   -Lo siento, Rodrigo. Hay que repetir la última toma. –le dice el ‘director’, gritando luego al asistente.- ¡Qué vengan los gamberros  violadores otra vez! ¡Y más condones esta vez, por favor!

CUIDADO CON EL FAN

Julio César.

DOS DE HUGO Y UNA DE VEA ESTE SABADO CUANDO EL MAGALLANES LLORA

enero 31, 2010

CHÁVEZ Y EL TÁCHIRA

   Siempre se quiere meter en el paquete…

   El jueves al caer la tarde iba rodando yo en un autobús por Las Fuerzas Armadas cuando Hugo Chávez, el pavosísimo presidente de la empavada republica de quinta, dijo que felicitaba al Magallanes, y que lo sentía por el Caracas, pero que esa noche los liquidaban. Recuerdo que grité (sí, grité), “coño’e la madre, ya empavó al Magallanes”. Pero no fui el único, mucha gente se molestó y le regaló los epítetos que él sabe que recibe y que lo mantienen ponchado fuera de los estadium de béisbol. Los caraquistas, por el contrario, reían y se felicitaban. Un hermano me dijo que no había que creer en eso, que el Magallanes tenía un mejor equipo y el Caracas no les había ganado más de un juego de cada cuatro en la temporada regular y la semi final. ¿Qué pasó el jueves y el viernes en la noche? ¡El Caracas todavía celebra el desconcertante e inesperado triunfo sobre el Magallanes! ¡De que vuelan, vuelan!

   Angustiado porque los estudiantes no se someten a su satrapía y se atreven a salir a la calle a protestar por el cierre de RCTV, que grupos fariseos como el PSOE en Europa no hallan cómo justificar, Hugo Chávez ordenó que gobernador que no arremeta con todo contra los estudiantes, perderá sus policías. En un país donde matan a más de cuarenta personas cada semana (cuando hay suerte y el hampa anda de capa caída), el insensato este sale con esa vaina. Pero después culpan a los medios de comunicación cuando esas locuras salen reflejadas en pantalla.

   El diario oficialista VEA, que nadie ve (si las televisoras no leyeran los titulares de toda la prensa la gente creería que ya cerró), no habló este sábado de la estrepitosa caída del Magallanes (era imposible hacerlo sin señalar a Hugo Chávez y su pava), pero sí salió con esta perla: Ya es inocultable las intensiones desestabilizadoras de Globovisión y El Nacional. Aparentemente retratar las medidas autocráticas y reñidas con la Constitución que hace el gobierno cuando persigue, roba propiedades privadas y cierra medios de comunicación, es servir la mesa para la desestabilización. A VEA no se le ocurre sugerirle mesura a quien ordena todos esos desaguisados, eso es muy difícil. Ese titular habría quedado que ni pintado si más abajo hubiera puesto: El Gobierno continúa dando señales de ser una tiranía sátrapa como la cubana cuando esta tarde…

…LA PUTA ORGULLOSA

Julio César.

EMPLEO NECESITADO

enero 31, 2010

EL PROFESOR ENSEÑA…

   Y tenía que agradecérselo… meneando la colita.

   Roberto está sufriendo en pleno la crisis económica. La fábrica donde trabajó durante tres años cerró, su mujer perdió su empleo también, el alquiler del apartamento se disparó y las cuotas del colegio de los muchachos subieron. Con esperanza fue donde Lorenzo, su antiguo patrón, pidiendo el empleo que había abandonado tres años antes por más dinero. El hombre se hizo el dubitativo, tan sólo para verlo suplicar, rogar y finalmente llorar de rodillas pidiéndole una oportunidad. Lorenzo cruel le dijo que el único empleo disponible era el de su perra. Sería por tres meses y luego podía pasar a Contabilidad. Y llorando, Roberto se sometió al collar, a andar desnudo en cuatro patas con un juguetito de goma que salía de su culo como una cola, a vivir bajo el escritorio, lamiendo zapatos, olisqueando bolas. Comiendo de aquella bragueta, gimiendo cuando el perro macho llegaba con ganas. Su amo a veces le daba con el diario si era una perra mala, otras le acariciaba la nuca, siempre le dejaba un buen regalo en efectivo… Ya han pasado cuatro meses, y Roberto no da señales de querer irse, ni siquiera ahora que el jefe lo encierra en una jaula que descansa en un rincón y lo hace comer de un tazón sin usar las manos. Seguramente se siente agradecido, y es muy fiel.

DIAS DE IMPUESTOS

Julio César.

MEN…UDO REGALO

enero 29, 2010

MOLESTO

   -Ah, también tú me regalaste una tanga… quieres que me la pruebe, ¿no?

RAJA MAN

Julio César.

MÁSCARAS QUE PESAN

enero 29, 2010

PALABRA VIEJA, PALABRA NUEVA…

   Encontré una corta pero hermosa entrada escrita por Alas Simplemente… un bonito espacio donde todavía hablan sobre cierta película que me encanta. El título y el planteamiento son sencillos, y sin embargo también profundos. Por manía mía, cambié una que otra coma, pero era perfecto como estaba, pueden descubrirlo con un clip sobre las palabras Sombrero o Leños. Disfrútenlo.

……

Sombrero

   Aún llevo sombrero. Me protege del sol y del viento. Me protege de tu mirada que me asusta porque hace temblar mis piernas y tambalear mi mundo. Protege mi mirada que quiere caer sobre ti y no dejarte jamás, exponiendo lo que siento. Aún cuando duermo lo dejo descansar sobre mi pecho para que no huya mi corazón en tu búsqueda.

   Mi sombrero cesta, pañuelo, escondite. Mi sombrero, espejo de todo aquello que, tarde o temprano, vuelve a quedar vacío.

Publicado por Alas… 2:14 AM 5 leños

……

   ¿No es hermoso? ¿Te ha pasado? ¿Has caminado por una calle o detenido en una esquina y tus ojos han querido partir de ti, siguiendo esa figura que ni te ha notado? Es cuando generalmente debemos cubrirnos, ocultar la mirada, esconder lo que pensamos, porque permitir que nos delaten es entregarnos a lo que no sabemos. Y eso asusta. Siempre asusta. Aunque… si la recompensa final es la soledad, ¿de qué nos protegíamos? ¿Qué salvamos? ¿El derecho a lamentarnos y sufrir?

   Quien no arriesga no pierde… pero tampoco gana.

ESE DÍA NACÍ…

Julio César.

BIEN FAVORITA

enero 29, 2010

FAVORITY

   Lo atracaron, pero esos sujetos querían más… ya que no sólo de pan vive el hombre…

   Es fácil ver porqué es una favorita, ¿no?

VIEJAS FANTASÍAS

Julio César.

MARIA DE QUEIPO, ¿CÍNICA, SOCIALISTA O LAS DOS COSAS?

enero 29, 2010

CHÁVEZ Y EL TÁCHIRA

   La oyó y cayó impresionado.

   La verdad es que cuando escuché a esta mujer gris, coautora de esa aberración llamada Ley de Educación, me desconcerté, ¿estaría la buena mujer sufriendo un ataque de decencia? (así de ingenuo todavía soy). Con voz airada, molesta, la mujer pedía que se investigara la violencia y exigía que si las autoridades no podían evitarla o contenerla, debieran ser separados de su cargo. Me dije: “coño, se arrechó, seguro le atracaron o mataron a un primo y exige que de una buena vez se haga algo con ese inútil llamado Tarek Al Aissaime, ministro del Interior y Justicia”… Pero no, la muy cínica estaba atacando a los rectores de las universidades autónomas porque no podían evitar que el estudiantado saliera a gritarle “tirano” al tirano, cuando este cerró nuevamente un medio de comunicación, RCTV Internacional. Si es que ya me parecía demasiado decoro de semejante señora.

   La cara dura esta pretende señalar de violentos a un grupo de jóvenes que salen a gritar que no se calan al autoritarismo del autócrata, cuando todo el mundo ve a los encapuchados armados al lado de policías y guardias nacionales, intercambiando miraditas, sonrisitas y números telefónicos (para lo que quedaron). No pregunta ella quiénes son esos que portan armas y no son detenidos. Le horroriza, no los estudiantes muertos y heridos, sino que los muchachos griten consignas, que griten que no se calan al déspota… ella, que cabronamente ha encubierto a grupos como el de Lina Ron cuando, armas en manos, atacaban y amenazaban de muerte a gente desarmada. Ella, María de Queipo, grita contra los que no quieren someterse a la ley, olvidando (los excesos y vicios tienen esa virtud) que toda Venezuela vio a Chávez gritar desde las televisoras ordenándoles inventar leyes a la carrera para cortar la señal. Piensa que la gente no oye, no ve, no se entera… que no entiende lo que pasa. Y aquí debo detenerme… ¿es que acaso todos mascan hoja de coca? Porque es la única explicación. ¡Qué negocio está haciendo el Evo Morales!

   Pero bueno, cuando llega al colmo de la desfachatez doña María de Queipo, y que la retrata como una socialista de cuerpo entero, es cuando se pregunta con voz arrecha de mujer decente (lo fingió tan bien que por dos segundos se lo creí), preguntándose qué se enseñaba en esas escuelas, ¿el odio, la violencia? Parece olvidar la dama en cuestión que cada vez que el presidente Chávez aparece en cadena es para insultar, dividir, llamar al odio y la violencia. Parece ignorar (tal vez si sea ignorante… del hecho) que desde VTV se llama a la confrontación y a la persecución. Ella, que le ríe las vulgaridades escatológicas a Mario Silva, no lo sabe, el resto del país sí.

   Señora de Queipo, sí va a pedir que los rectores “ejerzan” controlando a los grupos que manifiestan, creo que debe comenzar por exigirle a sujetos como Tarek Al Aissaime que cumpla con su trabajo y evite los más de cuarenta muertos semanales a manos del hampa. Pedir que se le investigue y se del destituya si no sirve para nada, y luego ir contra el inepto que nombró al inútil… o de lo contrario sólo quedará como otra habladora de pistoladas, como Pedro Carreño, Carlos Escarrá, Mario Isea y Cilia Flores, gente que cuando aparece señalando algo, todo el mundo sabe que miente mientras se tantea la cartera para ver si no los han robado. Seguramente pretende que la Fiscal Chavista de la Nación intente detener y encarcelar a esos rectores que no comulgan con el lema “socialismo o muerte… para los demás”, y tal vez tenga éxito, se han revolcado tanto en el lodazal que uno aún no entienden como no los ha atacado la porcina, pero no se confíen en el triunfo, son tan ineptos.

   La verdad es que la mujer es notable, tanta desvergüenza y cinismo sólo se había visto dos veces antes, una con Carlos Andrés Pérez; la otra, casi cien años antes, fue cuando José Vicente Rangel comenzó su carrera política.

CUANDO EL MAGALLANES LLORA

Julio César.

JUGUETES ADICTIVOS

enero 29, 2010

…ESE ESTILO DE VIDA!!!

   Con sólo verlo, se le mojaba… todo.

   No sabe cómo ocurrió. Un día era un chico flaco y tímido que jugueteaba con su dedo, lento al principio, ansioso y frenético luego, que pasó después a dos y tres… y a los marcadores gruesos y velas de su madre… a jugar con juguetes de chicos grandes. Nervudos, curvos… hasta que un vendedor le dijo que jugar solito era malo y en esa trastienda lo puso a probar que se sentía estar vivo. Luego llegó otro y otro… que en una tarde de locura metió mano, toda la mano, en el juego. Ahora no podía detenerse… tan sólo podía besar y adorar las cosas que había conseguido a lo largo de su vida. Subir y bajar sobre ellas, lento, gimiendo, meneándose, hasta sentirse totalmente lleno, pleno y dichoso. Pero… ¿qué vendría luego?

METIÉNDOSE EN HONDURAS

Julio César.

HOMBRE Y NATURALEZA

enero 27, 2010

RETO ACEPTADO

   Ardía…

   Bien sabía yo que si se ponía a frotar ese palo frente a mí, habría candela de la buena.

DANDO LA COLITA

Julio César.

RCTV Y EL FRACASO COMUNICACIONAL DEL GOBIERNO DE CHAVEZ

enero 27, 2010

¡TEMBLÓ!

   La gente cree que el presidente Hugo Chávez actúa por impulsos irracionales, porque lo ven irracional. No es así, hay pautas en sus crisis. Marcel Granier no se le arrodilla como sí hace Gustavo Cisneros (viaja con rodilleras), entonces embiste contra él cerrando RCTV Internacional. Esto no es tan simple, aunque esas razones también privaron. Sin embargo la cosa es un poco más compleja, lo que explica porque en el 2007 se empeñó en quitarle la señal abierta y robarle los equipos de transmisión, todo legalizado por jueces que ya se habían visto actuando durante el régimen nazi bendiciendo toda atrocidad. En aquella oportunidad el Gobierno debió pagar un precio muy alto, perder el referéndum con el cual pretendía eternizarse en el poder (noche en la cual se le vio más irracional todavía), resuelto más tarde por su gente en el CNE convocando a elecciones.

   Creyó el régimen haber resuelto ese problema, ¿cómo sobreviviría RCTV sin entradas de dinero cuando a ellos les llegaba casi un millón de millones de dólares y tenían quebrada a Venezuela (casi dan miedo de lo inútiles que son)? Pero la gente de RCTV mostró ingenio y logró regresar por señal privada, pagando su derecho a transmitir a través del cable. Para Chávez fue una afrenta, Marcel Granier había vuelto a derrotarlo; de la jornada del 2007 pagó el perder y despertar el avispero de los estudiantes (esta es la única revolución que no cuenta con clase obrera, estudiantes, intelectuales o clase media, cosa que los mercenarios tarifados en Europa no comentan), y ponerle la cosa difícil a los gobierno cómplices y cabrones como el argentino, el brasileño y el español. Era difícil explicar el porqué apoyaban a semejante bárbaro. Por ello se crearon leyes para sacarlos del aire, y los sacaron cuando esas leyes se aplicaron. Es como dijo aquel escritor norteamericano: el sistema se esfuerza en convertir a los negros en limpia botas, y luego exclama alegremente que los negros sólo sirven para limpiar botas. Es de notar que Venezuela es el único país en el mundo (bueno, también ocurre donde hay regimenes vitalicios) donde las leyes son retroactivas, así que la planta fue sancionada por cosas pasadas. Sabe el régimen que puede sortear este escándalo, con estudiantes asesinados y todo, con las armas de los militares conteniendo a la gente en las calles, y que MERCOSUR, UNASUR, la OEA y grupos como el PSOE, se encargarán de difundir la verdad oficial… por unos cuentos dólares.

   Pero como dije al principio, no es este un acto gratuito de odio maniaco, qué mucho de eso tiene, sino una necesidad estratégica. En su mente común y delirante el régimen socialista bolivariano cree que la señal de RCTV les resta lealtades dentro de las clases pobres que ellos imaginan están de su parte. Grupos que no están contentos. Creen que esa gente se queja de la miseria, el hampa, la falta de servicios públicos o atención médica (¡cómo se quejan esos malagradecidos!) porque RCTV les dice que nada de eso funciona. Que si no estuviera RCTV, esa gente, su gente, no se enteraría de nada, no se quejaría y se dejaría enamorar por el mensaje que viene de las televisoras del Gobierno. Lo más aterrador es que en verdad lo creen, ya están más allá de cualquier ayuda médica. Aunque hay que confesar que es cierto el razonamiento, en parte; la señal de RCTV, con su Quién Quiere ser Millonario, Alerta, A Puertas Cerradas, La Bicha y sus novelas, llegaba hasta el último rincón de este país. Primero por señal abierta y luego por cable, porque el Gobierno trina de rabia cuando tiene que explicar que ese canal sigue siendo popular porque la gente pobre de solemnidad, se costeaba el servicio.

   Pero se equivoca el Régimen al creer que puede mantener cautiva a esa gente al acallar a RCTV. El Gobierno lleva once años poniendo la cómica y la violencia, ya no pueden acusar a la Iglesia, a los empresarios, a los colombianos oligarcas, a Bush y ahora Obama, del estruendoso fracaso de las autopistas colapsadas y las ciudades y pueblos sin los servicios básicos como el agua y la electricidad. No entienden, o no pueden ver (cierto males mentales obligan a torcer la verdad o ver una totalmente distinta) que ya no engañan a nadie, que las palabras son huecas, el discurso se repite, vacío y necio, que cuando hablan de revolución pero saquean el erario público y predican contra la pobreza pero se muestra a la familia del presidente en bacanales, sólo cultivan asco.

   El cierre de la señal de RCTV Internacional no logrará jamás que la gente sintonice VTV, lea el diario VEA o escuche la Radio Nacional. Lo de VTV es patético, tres de las personalidades más enfermas, escatológicas y cínicas de este país, se pelean por ver quién se arrastra más: Vanessa Davies, Alberto Nolia y Mario Silva. La gente sabe que eso que sale de sus bocas es propaganda y encubrimiento de problemas y delitos. La gente sabe de José Vicente Rangel y su familia, de Diosdado Cabello y su grotesca fortuna, de los testaferros de los hermanos del Presidente…

   De alguna manera RCTV continuará, y la gente volverá a sintonizarla, pero… ¿quién se sienta un domingo a ver un “Delira el Presidente”? ¿Quién le cree algo a Vanessa Davies? ¿Quién no sabe de los vicios personales y no tan privados del señor Nolia y de Mario Silva? Dígame ese Nolia cuando se emperró con ese muchachito Goicoechea, babeando en cámaras. Ese es el verdadero problema del Gobierno, que a sus emisarios, a sus comunicadores, ya se les conoce de sobra. Y cuando se les compara con RCTV… ni compiten.

DE ORLANDO ZAPATA Y EL MUNDO BIZARRO

Julio César.

QUÉ AGUA TAN FRÍA

enero 27, 2010

CHICOS, PLAYA Y SOL…

   El frotecito daba calorcito…

   El gerente del lugar estaba pensando en cambiar el agua. Porque debía ser el agua fría la que hacia que tantos carajos que ni se conocían terminaran tan juntos, abrazados, con manos rodeándose, algunos hasta en forma de cucharitas… notándose que intentaban inyectarle calor más profundamente al otro. Dudando aún entró… y ese carajo salido quien sabe de dónde se le pegó. Y ahora siente un friíto traidor… en el culito.

SIEMPRE HAY UNA OFERTA

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… 30

enero 27, 2010

LUCHAS INTERNAS                          … 29

   El muchacho lo perseguía en sueños…

……

   Sin embargo el aire de ruina, de dejación, de conformidad seguía sobre todos, incluso sobre los resorts. Todo el que podía soñaba con largarse de ahí, pero como ocurre con un mal trabajo, nunca lograban abandonarlo. No llegaban lejos. Otros se iban y regresaban al tiempo, fracasados, el salitre en el alma los perseguía donde fueran. Así estaban Roberto Rivera y Ramón Dugarte, dos jóvenes amigos de toda la vida. Ambos nacieron en la zona, Ramón en Tacarigua de la Laguna y Roberto en Río Chico. Se conocieron en la escuela, echaron vaina juntos con las pandillitas de siempre y fueron al liceo. Ramón terminó, Roberto no. Ambos soñaron con irse a Caracas, a hacer lo que fuera, pero lejos de esos basureros. Pero los días pasaron y Roberto embarazó a una vecinita y tuvo que quedarse. Ramón lo pensó, lo pensó mucho, y el tiempo se le pasó. Roberto se hizo conductor de autobús entre Río Chico y San José de Mamporal, la unidad era vieja, lenta y desesperante, pero le daba para comer. Ramón se hizo policía municipal, no había nada más. De vez en cuando se reunían para comer, beber caña, o pescar, como ahora.

   Nunca, o casi nunca, hablaban de otra vida, de lo qué pudo ser. Se habían conformado con lo que eran, vivir cada día haciendo exactamente lo mismo; para ellos, como para mucha gente, eso era bueno. No conocieron nada más, no supieron de un mundo donde un joven podía viajar con amigos a España y correr en Pamplona frente a los toros, o conocer a las francesitas o a las italianas. Vivían cada día como sabían, o podían. Cada día era exactamente igual al otro, cada fin de semana tenía el atractivo de perderse en una borrachera con amigos o conocidos exactamente iguales a ellos; odiando el cercano día lunes. Roberto era un carajo bachaco, de ojos amarillentos, alto. Ramón era de cabello muy negro, de bigote, algo más bajo y mal encarado la mayoría de las veces. Mientras hablan de la mujer de un conocido de ambos, que lo volteaba con todos (ya al hombre le decían el bistec por lo de vuelta y vuelta), van hacia la desierta playa, en franelas y bermudas, con una cavita para la comida y otra, mayor, para las bebidas. Uno de ellos, Roberto, parece oír algo.

   -¿No oyes como unos chillidos? Parecen de cochinos en chiquero. -intenta adivinar de donde viene el sonido.

   -Eso no son cochinos, pana. Suena como gente tirando. -sonríe libidinoso el otro.

   -¿A esta hora? -parece aterrado. Ramón ríe burlón ante su amigo casado.

   -Hay gente a la que el sexo no le da grima como a ti con tu mujer.

   -Deja de meterte con ella, güevón. -mira por la playa. Más allá de la línea de arena se encuentra un pasto descuidado. Un poco más allá, una casa destartalada. Sabe que esa vieja casa se encuentra desierta.- Viene de la casa esa. Seguro que se metieron a tirar. -se emociona pensando en mujeres que jadean, bamboleando las tetas sobre un carajo que les clava el güevo en la cuca. Los dos hombres se miran.- ¿Vamos a ver?

   -Creo que es mi deber, ya que soy policía del poblado, ¿no?

   -Claro. Claro. Es tu deber.

   Con esa agradable excitación que se siente cuando se va a ver algo prohibido y privado, como una mujer tirando, por ejemplo, los dos se dirigen hacia la casucha. Se miran y Roberto le hace una seña para que no haga ruido. Rodean la propiedad hacia el lado oeste, hacia una ventana destartalada. Hay orificios. Los dos medio ríen y se asoman. Lo que miran los impacta feo. Ven a un carajo sudado, de cabellos muy negro y finos, desnudo, de espaldas sobre una colchoneta, mientras otro tipo, también moreno, metido entre sus piernas, lo enculaba con ganas. Los miran sudar y gemir. Miran como sus cuerpos se agitan, como van uno contra el otro. Calientes, con ganas de sexo rico y ardiente. Los miran danzar con gracia y miran el momento exacto en que Eric, ya que de él se trata, se tiende sobre el cuerpo del otro, atrapando levemente su boca. Miran su lengua entrando allí. Ven la lengua ágil y ávida del cogido, saliendo y atorarse con la del cogedor. Los oyen jadear, ven como el sudor de Eric cae sobre William.

   ¡Malditos maricas!, piensa Ramón, con un estremecimiento que es mitad asco. Sólo mitad, porque la visión le parece… inquietante. Esos dos carajos se veían jóvenes y bonitos, y culeaban con ganas. El que cogía al borrachín (había identificado a William), movía con ganas sus caderas, sacando y metiendo su tolete dentro del culito rojo del otro. Lo cabalgaba con fuerza. Quiere irse, no quiere ver más. Va a decirle algo a Roberto, pero lo encuentra absorto, mirando con la boca algo abierta, hacia el cuarto.

   -Vámonos de aquí… -le susurra ronco. El otro lo mira, y nota una fina capa de transpiración sobre su faz.

   -No. Espera… -jadea ronco.

   Ramón no lo entiende, ¿por qué los mira así? ¿Acaso eso lo excitaba? Debía arreglar cuentas con ese par de maricas. Gente así podía ser peligrosa para la barriada. Eran carajos muy bonitos, admitía sintiéndose algo apenado e inquieto; podían causar un revuelo dentro de la gente de Tacarigua, había muchos muchachos desocupados por allí. También tendría que averiguar quiénes coño eran, qué hacían ahí y cuánto se quedarían. Quiere irse, pero Roberto sigue mirando con absorta atención a la pareja de machos que tiran en la colchoneta.

……

   Nicolás estaba decidido a evitar a Frank todo lo que pudiera. Había sido un error enfrentarlo así, agrediéndolo (dándole en las bolas) pero es que ya no aguantaba más. La vida en la pensión se le hacía difícil. No ganaba tan mal, comparado con todos los otros horribles trabajos que tuvo antes, incluyendo el de la morgue (y comer ahí sí que era horrible); pero aún así, no era suficiente. Debía plata a la dueña de la casa, a amigos y conocidos que en los momentos más duros le tendieron la mano. Pero ahora a ellos les habían llegado momentos malos, como a todo el mundo en este país. Este Gobierno iba a acabar con todos, o lo intentaba al menos, piensa el joven con malestar. Por eso estuvo tan sensible cuando Frank le gritó esa mañana.

   Fuera de todos sus problemas monetarios, y peor, estar en deuda con los conocidos, también tenía que soportar los accesos de iras del gorila ese. Pero fue un error. Una de dos: o se comportaba como sí nada hubiera pasado, a pesar del chichón doloroso y amoratado que tenía en la frente, o pedía un cambio. ¿Habría alguna otra cosa disponible en esa firma? Por otro lado estaba Frank… ese carajo no estaba bien. La gente normal no salta como un orangután con dolor de muelas sobre uno. La gente normal no actuaba así, coño.

   Por más que lo medita, no puede entender esa actitud. Sabe que Frank es egoísta, mimado, egocéntrico; que se cree el centro del Universo, que el mundo existía porque él estaba ahí; pero aún así no esperaba un ataque como ese. Quién sabe que mosquito lo había picado esa mañana. Sentado en el salón del café, sostiene contra su frente un pañito que envuelve un pedazo de hielo que le trajo Jerry; quien por cierto, ahí volvía.

   -¿Cómo te sientes? -pregunta con interés. Nicolás nada dice, quita el pañito y se le ve el hematoma.- ¡Uy!

   -Ya no me duele tanto. Sólo se ve feo.

   -Si. Arruina tu carita. -dice con mimos, incomodando un poco al otro, sobre todo cuando lo toca fugazmente en la frente con sus dedos delgados. En sus ojos hay un interés confuso que al herido corta todo.

   Casi involuntariamente, Nicolás ladea algo la cabeza, alejándolo. Sabe que el otro es gay, y que parece algo más que interesado en él, pero eso no le atrae. No siente repulsa por Jerry, pero tampoco ningún tipo de interés. Sin embargo, el gesto de tocarlo fue observado por Frank, quien llegaba en esos momentos, y arruga la frente y oprime los labios con molestia. ¡Par de maricas!, se dice feroz, con una rabia sorda hacía Jerry; un deseo grande de atraparlo por la nuca y arrojarlo de cara contra una pared se apodera de él.

   -¿Todo bien? -suena ronco, molesto, mirando a Jerry como quien mira a una cucaracha especialmente grande y desagradable.

   Jerry, quien sabe cuando no es querido, se disculpa y sale, volviéndose levemente para mirar a Frank, quien ni lo nota. Al amanerado joven le parecía… extraña la actitud de ese carajo hacia el pimpollito de Nicolás. Nadie se lo ha dicho, pero está seguro de que ese moretón en la frente del joven, no fue un accidente. Nicolás tampoco lo mira al salir.

   -Todo bien, doctor. -cuanto lo odia. Pero estaba loco, ahora sabe que estaba loco y era peligroso.

   Frank calla y lo mira intensamente un momento, con el rostro tan serio y ceñudo que lo asusta nuevamente. El abogado quiere gritarle que se mueva y deje de parecer un bagre muerto en la playa, que por qué andaba toqueteándose con el tal Jerry, (toqueteándose, así lo piensa); siente furia. Una rabia sorda y grande. Mira al joven, quien sólo mira al piso, con una mirada triste, desolada, y siente ganas de gritarle y de golpearlo nuevamente. Tiene que salir de él. También Jerry tenía que irse. Finalmente no dice nada y se aleja sintiéndose insatisfecho. Siente en su nuca y espalda la mirada feroz, caliente y rencorosa de Nicolás; y por alguna razón, eso lo deprime.

………………..

   Lo poco que podía salir de los cerebros vetustos y de pocas luces del régimen se tradujo en un mamotreto jurídico conocido como Las Leyes Habilitantes, destinas a destruir toda propiedad privada, expropiar los bienes de otros, desestimar y destruir la producción y el comercio; buscando tener a una población temerosa de hablar, protestar o exigir, mientras se contentaba simplemente con tener algo que comer. Sembrar el hambre era prioritario para esta gente. Lamentablemente para el régimen la gente no se dejó; fuera de grupos a quienes un hambre crónica padecida años y años mientras hacían lo posible y lo imposible por no trabajar nunca, esperando eternas ayudas a las que creían tener derecho sin necesidad de sudar por un sueldo, el resto de la población reaccionó con una energía y un coraje que sorprendió a todos.

   A cada uno le había costado mucho conseguir lo que tenía para que llegaran otros, que nunca habían hecho nada de sus vidas, sin un logro evidente qué mostrar, sin levantar una casa, mandar un hijo al colegio o invertir la platica duramente ganada en un negocio, viniera ahora a gritarles cómo debían vivir, qué debían tener, o cómo gastarlo. El venezolano había vivido libre durante demasiado tiempo, y no sería fácil reducirlo a la abyecta y aberrante condición de infrahumanidad que se vivía en la Cuba regenteada por la vieja matrona del burdel en que habían transformado la isla caribeña en beneficio de tantos empresarios y turistas del primer mundo, que sabían apreciar en su justo valor la joven carne inocente de niños que se entregaban por hambre; matrona a la que se le conocía con el exótico nombre de Comandante Fidelio.

   Tristemente fueron muchos los que tardaron en darse cuenta del horror hacia el que dirigía una pandilla de delincuentes al país. Fueron muy pocos los que supieron verlo, entre ellos, varios periodistas y reporteros, a quienes les tocó la desagradable, peligrosa e ingrata tarea de desenmascararlos, de retratarlos en todas sus bajezas, miserias, iniquidades e infamias. Uno de los primeros fue el viejo reportero Rafael Poletto, quien alertó sobre las ideas totalitarias del ahora gobernante, antes de que fuera Presidente, retratada en su enfermiza y viciosa sumisión hacia el viejo que lo jineteaba desde Cuba. Era repugnante ver al jineteado con una expresión de gozo y felicidad mientras el anciano vil, manchado mil veces con la sangre de su propia gente, lo cabalgaba de forma obscena y morbosa.

   Marsella Salas, exquisita, sifrina y altiva, los retrató como un atajo de ignorantes, de gentuza nueva con hambres viejas. La profesora Colombina los encaró públicamente desde su programa de televisión cada día, llamándolos por sus nombres, descubriendo ante un país sorprendido la corrupción de un entorno enfermo y una cúpula podrida; todo con su gesto agrio, de quien mira algo especialmente asqueroso. Ercilia Poletto también los encaró desde el principio, con denuncias, con nombres, fechas, lugares, cifras y cuentas secretas. El Napo, Ibis Pachán y Nerio Bucarán, después de un tiempo cegados y confusos, creyentes como fueron por años de las ideas de justicia social, finalmente vieron la fosa común que prometían como recompensa de un Proceso donde lo más relevante era la avidez del robo y la vulgaridad del acto.

   Los medios de comunicación tuvieron que asumir el papel de controlar, investigar, denunciar y exponer las bajezas y crímenes de un Estado totalitario que anuló y secuestró todos los Poderes Públicos, entre aplausos de parte de Argentina, Brasil y España, mientras colocaba al frente a gente ramplona, corrupta y torpe en la Fiscalía, Contraloría y Procuraduría. Ninguno era alguien capaz, o medianamente decente, lo único para lo que eran bueno era para adular y taparear delitos. Por eso, lo medios, los periodistas y los dueños de los medios eran odiados, enfrentados, desacreditados y calumniados. Lamentablemente para el régimen, no eran capaces, como no lo era para nada bueno o creativo, de inventar algo con pies o cabeza contra ellos. Siempre eran gritos destemplados de gente que daba pena ajena acusándolos de oligarcas, corruptos o contrarrevolucionarios. De sus bocas sólo salían obscenidades y mierda literal.

   Gritos que generalmente venían de los ladrones más representativos del régimen. Sus chillidos eran coreados por gente débiles de mente, a quienes les metían el dedo en la boca y los halaban de aquí para allá, repitiendo lo que otros decían, sin detenerse a pensar sí era verdad o no; o de pensar que sí hubieran trabajado o enviado a los hijos a la escuela, no estarían tan mal y otros tan bien. La guerra del régimen contra los periodistas, sobre todo contra Las Chicas Superpoderosas, Ibis, Ercilia, Marsella y la Colombina, era a muerte; obviamente, también era sucia al no poder contraatacarlas con pruebas, fotos y cifras comprobables como hacían ellas desde sus columnas periodísticas o sus programas de radio o televisión. Eran estas mujeres implacables, duras y valientes, que estaban a punto de tropezar con un nombre que las llevaría hasta La Torre misma…

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   En su apartamento, Frank no piensa en nada de eso. Se encuentra en su amplia cama, besando con un leve mordisco a Rita, quien cae con un gemido a su lado, cansada. Ese hombre era una bestia, piensa la mujer. Y no sólo en la cama. Lo mira, él jadea, recuperándose, cerrando los ojos con una leve sonrisa y la mujer lo encuentra atractivo. Muy atractivo, pero también violento y cruel. Siente una naturaleza ruin en el hombre. Como mujer de negocios, con algo más de treinta años, como aclara a los preguntones de edad, ha conocido a otros como él. Buenos en la cama, buenos para cenar, hablar, reír y vivir emociones fuertes; pero inútiles para todo lo demás. Frank no era un hombre que se comprometiera, porque para eso alguien debía interesarle y gustarle, para poder sentirse protector. Y esas emociones un hombre como él nunca podría albergarlas. O al menos le sería muy difícil. Tal vez jamás lograra amar a alguien de verdad, con todas sus fuerzas. Rita sonríe, segura de que ese hombre creería una tontería total el que ella le dijera que un amor así sí podía existir.

   La mujer no se engaña mientras se acurruca con una sonrisa junto a él, acariciándole el tórax y la tetilla más lejana. Era fuerte y vital, hermoso como un tigre; pero peligroso y mortal como uno de ellos. En Frank Caracciolo había una fuerte e irrompible capa de egoísmo. Sólo él contaba, sólo él importaba; los demás eran meros planetas opacos y sin brillo propio que reflejaban su luz, mientras giraban a su alrededor. Pero eso no le importaba, le gustaba como era ahora, bueno en la cama, atento en la mesa… y de vez en cuando la llamaba preguntándole cómo estaba, algo que no todos hacían.

   Frank siente rico esa caricia sobre su tetilla. La suave manita de la mujer lo adormece, lo hace sentirse bien. Era maravilloso estar con Rita, una mujer sin complicaciones, sin exigencias. Lo hacía olvidar todos los malos ratos del día, todos relacionados (¡que extraño!) con la ratica de Nicolás Medina. Recordarlo así, aún de pasada, lo alteraba. Su cara se tensa un poco y Rita lo nota, por lo que oprime la cara contra su cuello y mejilla. Él sonríe con agrado, adormeciéndose más y más; con las defensas bajas… le parece volver a ver el momento en que iba a aplastarle la cara a Nicolás contra el archivero. Vuelve a mirarlo allí, agachado, con el cuello al descubierto, con sus pecas en el hombro y la finísima cadenita de oro. Pero las cosas son diferentes ahora…

   Las manos no bajan rudamente hacia el joven. La mano de Frank cae sobre su nuca, casi sobre su cuello. Nicolás se vuelve hacia él, sorprendido, pero sin odio, sin rencor, sin verlo como si fuera una pellada de mierda pegada a su zapato (vaina que le choca al abogado). Frank siente el calor del cuello y las cosquillas de los cortos cabellos de la nuca. Su pulgar lo frota levemente y el otro abre la boca, como para preguntar algo. En ese momento Frank lo hala hacia sí, mientras baja su propia cara. Mira los labios del otro y por un leve momento parece que van a besarse. Frank reconoce para sí, que quiere hacerlo, desea atraparle la boca con la suya, hacerlo callar para siempre. Que dejara de odiarlo y reclamarle, besándolo. Quiere aplastar su boca contra la de él, hundiendo su lengua allí, saboreando su saliva y su aliento, tragándolo. Quiere sentirlo, paladearlo, sabiendo que el joven respondería a su pasión…

   Frank despierta del adormecimiento con un alarido, sentándose en la cama, agitado. ¿Qué coño fue eso? Tiembla de asco y de rabia. Una repugnancia horrible le sube desde el estómago. A su lado, Rita que estaba adormecida también, lo mira, sentándose. La sábana baja y deja al descubierto sus hermosos senos. Mira como Frank jadea, asustado, sudando; con un brillo de locura, de rabia y de odio inundándole los ojos.

   -Frank, ¿qué tienes? ¿Una pesadilla? -suena interesada. Él no puede hablar, respira agitado.

   La mira en forma vaga, como si no supiera quién es o en dónde está. Siente rabia. No puede pensar en nada porque su mente es una sola macha roja, dolorosa, caliente y aterradora. Siente tanto odio como miedo, él, a quien nada lo asusta. ¡Era él!, esa maldita ratica de Nicolás Medina quien lo estaba afectando. Esa basurita lo estaba enloqueciendo, se dice con salvaje furia. Tenía que acabar con él, tenía que… destruirlo; y ese pensamiento lo llena de consuelo, de algo parecido a la paz. No quiere pensar en lo que soñó, en lo que sintió (porque lo sintió, no puede negárselo a sí mismo); pero todo cambiaría cuando acabara con él.

   Como un salvaje se vuelve hacia Rita y cae sobre ella, atrapando sus labios como imaginó que haría con… ¡No! No pensará en eso, se dice mientras la besa con urgencia, con desesperación. La mujer responde con pasión, y gime cuando la mano del hombre atrapa uno de sus senos apretándolo suavemente con su manota cálida, excitándola, pellizcándole el erecto pezón. Frank quiere sexo caliente y salvaje con ella, para no pensar, para no sentir nada más. Rita accede a su deseo, pero siente que él… oculta algo.

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   Es muy temprano en la mañana cuando Frank Caracciolo llega a La Torre. Silba alegremente mientras se dirige hacia su oficina. Siente el alivio de saber lo que tiene que hacer: hoy botaba a Nicolás Medina. Y no es que lo iba a sacar de su oficina para enviarlo a recoger mierda a los baños. No, iba a botarlo. Que se largara. Era extraño ver las oficinas y cubículos vacíos, así como los pasillos. Llegó muy temprano, pero era porque ya no podía perder un minuto más. ¡Hoy botaba a Nicolás Medina! Entra a la antesala de su oficina, donde se supone que debería estar su asistente, es decir, la pequeña ratica esa. Pero no estaba. Aún no llegaba. No importa, se dice con algo de mal humor. Lo esperaría y lo correría. Bien valdría la pena esperar. Ojalá llorara, se veía llorón. Va hacia su oficina cuando oye unos leves ruidos, como de alguien que rezaba o leía algo en voz baja. ¿Qué podría ser? Intrigado, toma el picaporte y abre con cuidado, sin hacer ruido. Asoma los ojos y se queda con la boca abierta, terriblemente impresionado.

   Sobre su escritorio, del cual han retirado todos los perolitos de oficina, se encontraba Nicolás Medina; pero un Nicolás Medina que el otro jamás imaginó que llegaría a ver. El joven estaba desnudo, a excepción de un suspensorio blanco de eso que utilizan los deportistas para colocarse el protector, y unas medias de paño también blancas. ¡Nada más! Estaba semirrecostado, con una pierna extendida que colgaba y la otra flexionada apoyada en el escritorio. El joven, con los ojos cerrados, tenía algo en sus manos. Frank lo reconoció como una camiseta suya, una que había dejado en su armario de la oficina ayer, antes de salir para una junta.

   Nicolás enterraba su rostro joven y atractivo dentro de la tela, oliéndola con fuerza y dejando escapar unos débiles quejidos tipo suspiros, mientras su mano derecha bajaba por su cuerpo, atrapándose el tolete que le abultaba debajo del suspensorio. Se veía grande y erecto. El joven lo apretaba y gemía, enterrando más el rostro en la camiseta. Frank, con asco, con rabia, miraba la mano del otro que se sobaba las bolas sobre la tela. La pequeña penda terminaba allí, recibiendo la bifurcación de las tiritas que rodeaban sus muslos. Más abajo se veía la hendidura que llevaba a las nalgas abiertas. Y el rojo ojo del culo, lampiño como todo el joven. Frank, horrorizado, nota como la mano de Nicolás baja más, como sus dedos se frotaban contra la entrada de su culo, con urgencia.

   ¡Un marica! Lo sabía.

CONTINÚA … 31

Julio César.