Archive for 31 marzo 2010

MISTERIO GOZOSO

marzo 31, 2010

ABIERTO

   Fermín no entiende cómo es que cada vez que va con su mujer y parejas amigas a una orgía, termina ensartado. Y siempre a manos… o palo, de un amigo.

PADRE Y ADOLESCENTES

Julio César.

CASTIEL NO PUEDE ESTAR LEJOS DE ÉL

marzo 31, 2010

DESVARIOS DE FANS               TENTACIÓN?

   Este cuento lo encontré en la red. Y de entrada les advierto que es pornográfico, no quiero quejas después. Alguien, alguna poetiza, escribió este encuentro cálido entre el Ángel del Señor y nuestro cazador preferido, Dean Winchester. Disfrútenlo:

……

Título: Cinco años (sin espacio personal)

Fandom: Supernatural

Pairing: Dean/Castiel

Advertencias: Nc17. Sexo explícito, porno gay, lo de siempre. Post series.

Nota de Autora: Lo escribí mientras estaba más o menos con fiebre así que no me hago responsable del resultado.

CINCO AÑOS (SIN ESPACIO PERSONAL)

   La habitación del motel es cutre, para qué negarlo. El empapelado está a punto de caerse de las paredes y las sábanas necesitan un buen lavado (huelen a alcohol y sexo entre hombres, y mucho) y hay un nido de cucarachas en la esquina junto al fregadero; pero aparte de ello, está relativamente presentable. La cama es cómoda y el techo no tiene la pinta de estar a punto de caerse así que, ¿Dean?, le da un seis. Si la cama hubiese tenido dedos mágicos hubiese sido un siete pero lástima que no.

   Se levanta aún sin recordar que está desnudo. Tiene la sombra de barba más notoria de lo normal y esa expresión de satisfacción propia de quien ha cogido o ha sido cogido y dejado abierto en canal, sudando orgasmos hasta la madrugada. Sonriente.

   Se rasca la panza mientras bosteza. No tiene sueño pero sí se siente cansado y lo que le apetece ahora mismo más que cualquier cosa es…

   -Tráeme un café bien cargado, Cas, y te juro que iré a misa todos los domingos del año.

   No es hasta que no escucha respuesta que se da cuenta de que Castiel no está allí. Un vistazo a la cama. Unos pasos hasta el baño. Tampoco.

   -Eh, ¿Cas?

   Hay ropas desperdigadas por el suelo. Camisas, un pantalón de traje, vaqueros. Hasta la corbata de Castiel. Siempre está ese momento cuando al recordar la noche anterior hace que el verde de los ojos de Dean se oscurezca, nublándoseles de lujuria líquida, inyectándole en las mejillas rubor de sexo y todas las cosas guarras que se pueden hacer con Dean Winchester en una cama.

   Se relame los labios mientras recuerda esos momentos, esos minutos previos que a veces son mejor que el sexo mismo, de besos con más saliva de la estrictamente necesaria, piel por todas partes mientras trastabillaban hasta la cama como dos posesos, un gemido de Cas que le lamía desde la boca y ese impulso de embestir por inercia porque: “Dios, Cas, no aguanto más, joder ven aquí”.

   Ve la gabardina en el suelo y se la queda mirando atentamente, casi analizándola. Entrecierra un poco los ojos. No, en serio, Dean no puede creerse que aún después de SIETE jodidos AÑOS, Castiel siga usando esa cosa. Tiene agujeros de balas y pequeñas manchas de gotas de sangre en el forro interior pero a pesar de todo, por algún motivo se rehúsa a tirarla.

   Dean la recoge del suelo y se la coloca sobre los hombros, con curiosidad. Le queda bastante larga y la verdad es que debe verse ciertamente ridículo usando solamente esa prenda, pero le va bien y calza justo, seguramente porque Castiel es decididamente más delgado y de espalda menos ancha (espalda de músculos fuertes que se tensan con cada embestida de la verga de Dean, casi moldeada para que caiga el sudor hasta el comienzo de las nalgas y pueda recogerlo con la lengua como si fuese caramelo líquido).

   Se mira en el espejo del baño. No es de cuerpo entero pero sí refleja hasta el torso y Dean pone cara seria, mirada fija y los labios tensos, todo ojos grandes, inocentes e ingenuos.

   -Soy Castiel. Soy un ángel del Señor.

   Pone la voz más grave de sus registros, una que ni siquiera sabía que tenía. No le sale exactamente igual a Castiel pero sí bastante parecida y Dean asiente, satisfecho.

   -Tenemos trabajo para ti, Dean. Mi Padre te necesita, Dean. Soy gay y moñas y quiero comerte la verga a cada momento, Dean. Cógeme, Dean. Quiero ser tu perra, Dean.

   El reflejo cambia.

   -Jamás dije eso.

   -¡Coño!

   Se sobresalta y se lleva una mano a un inexistente bolsillo del pantalón, buscando una inexistente arma por puro reflejo. Castiel acaba de aparecer de la nada, justo atrás de él, mirándole a los ojos a través del espejo. Lleva puesto sólo una camisa abrochada desastrosamente, sin corbata ni gabardina para acompañar, y unos pantalones que debe haberle robado a Dean. Es la primera vez que ve a Castiel en vaqueros y (¡coño, coño, coño!) tiene que reprimir las ganas de estamparlo contra una pared y besarle guarro hasta que manche esos mismos pantalones con la verga latente y goteando, hasta que suplique: “Como me suplicaste ayer Cas, que no me olvido como pedías que te besara, te tocara, te penetrara”.

   -¿Te lo tengo que repetir de nuevo, lo del espacio personal? –dice, dándose la vuelta.

   Castiel no responde. En realidad hace ya un rato que lleva mirándole. Con esos ojos que pueden traspasar cosas y Dean recién ahora se da cuenta de que está de pie frente a Cas sin nada más que una puta gabardina encima, desnudo y, eh, eh, EH, ¿eso que hay sobre su estómago es semen de la noche anterior?

   Cristo.

   -No te queda mal.

   Está sonriendo un poco. Es evidente que se partiría de la risa si supiera cómo hacerlo. En un momento Dean está pensando “cabrón, puto cabrón”, en un momento está pensando en decir “sí, yo me veo mucho más guapo en ella” y en un momento quiere morderle en la boca hasta partírsela y que no pueda sonreír más, pero lo que sucede, lo que SUCEDE en mayúsculas, es que Castiel está tan cerca (no en serio, demasiado cerca, en plan arrinconándole) que Dean nota cómo su verga endurece bajo los vaqueros.

   Ahora el que sonríe es él.

   -No sabía que te excitaba el exhibicionismo, Cas.

   Se sonroja. Sí, señor, un jodido ángel se está sonrojando y Dean lo aguantaba perfectamente hasta entonces, pero ¿ahora? No puede ver esa sangre acumulándose en el rostro de Castiel sin que piense en cómo esa sangre puede acumularse mejor en otros lugares más concretos y eso es todo, al carajo, si no le besa Dean va a desarrollar un tumor en la boca.

   Los primeros besos son siempre los mejores. Castiel besa como un gato que se lame el cuerpo, lento, perezoso y húmedo, movimientos exactos y precisos para que Dean se ponga duro en cero coma un puto segundo. No sabe si es él quien le saca la gabardina o lo hace por sí mismo, pero sí sabe que ahora está contra la pared del baño, “cerámica fría del carajo”, todo piel llena de pecas y si abriera los ojos por un segundo y viera los de Castiel, se correría simplemente con su mirada.

   No dejan de besarse. Maldita sea, será moñas o lo que sea pero tiene algo así como un fetiche sexual con la boca de Castiel. Hace cuarenta cosas con esos labios además de besarlos; tirar de ellos, morderlos suave, luego lento y agónico, pasarle la lengua por las comisuras, delinearles el contorno como si fuera un chocolate que no se derrite jamás.

   Le arranca la camisa casi casi a zarpazos, rompiendo un par de botones. Los pantalones caen así como la ropa interior. Chocan contra las paredes y lo arrastra contra la ducha y cuando el ángel gime, Dean abre el grifo y luego está blasfemando en cinco idiomas diferentes contra el que colocó la llave del agua fría en el sentido opuesto al resto del jodido país. Un manotazo a la que está al lado y pronto el calor se abre paso entre las gotas de agua, Dean respira aliviado y Castiel suspira un poco.

   -Ponte contra la pared.

   Han pasado por la misma escena muchas veces a lo largo de estos años que llevan de acostarse juntos pero aún así parece que Castiel nunca entenderá, el muy lento, porque aún sigue preguntando

   -¿Para qué?

   Y Dean pone los ojos en blanco sin pensarlo antes de responder

   -Para que te pueda comer la verga mejor, ¿okay?

   Y lo hace. Su lengua recorre la verga erecta y Castiel contiene un gemido. Los dedos del cazador están en la abertura de las nalgas, mientras lame y mama grande y entero, hasta que Castiel echa la cabeza hacia atrás y se muerde los labios, embistiendo a medias contra su boca, cogiéndosela. Es cuando dos dedos entran en su culo y el ángel parece a punto de desmayarse. Dean lo mira, con sus gruesos y rojos labios rodeando la verga dura, le encanta ver esos ojos cerrados y ese punto en su yugular palpitando frenéticamente. Y Dean quiere morderle allí mismo, donde la sangre se agolpa y retumba.

   Cuando Castiel jadea “Dean” en voz baja, sabe que está a dos segundos de correrse. Dean lo sabe porque conoce ese tono y esa expresión de Cas y sabe cómo utilizarla para su propio beneficio. Saca los dedos, separa la boca y retira cualquier contacto. Cuando Castiel gime otra vez “Dean” esta vez como una pregunta-protesta-súplica, casi lloroso al verse privado de las atenciones del mayor de los Winchester, este se pone de pie y le dice “Date la vuelta” mientras le muerde ese mismo punto del cuello que recién veía latiendo bajo la piel.

   “Vamos Cas, date la vuelta, déjame llenarte de mí” y allí está, ese tono de Dean, ese que si tuviera título sería ¿Pero no ves, cariño, que me muero por cogerte? Lo han escuchado docenas de camareras y decenas de nenas en el Impala pero desde hace cinco años el único que lo oye, que puede oírlo, es Castiel, quien gime apoyando la frente en las frías baldosas, con ojos cerrados y boca abierta, gimiendo roncamente mientras sus entrañas dan la bienvenida al duro miembro del cazador. Y su culo lo atrapa, como a Dean le gusta, y comienza a cabalgarlo como a ambos enloquecía…

   Cinco años tirando y nunca lo habían hecho en la ducha.

   Cinco años y espacio personal, mis pelotas.

(Fin)

……

   Qué relato, ¿no? lamentablemente se me escapó el nombre de la autora. Que me disculpe.

SUPERNATURAL… DE CULTO

Julio César.

ESPLENDORES DE LA REVOLUCIÓN Y LAS NECESIDADES DE LA GENTE COMUN

marzo 31, 2010

…LA PUTA ORGULLOSA

   Por si hay una brisita que refresque…

……

   Durante cuatro días ardió el cerro Ávila, escudo que rodea la ciudad capital de la república bolivariana de Venezuela, o lo que es lo mismo, la republica de quinta. El fuego consumió hectáreas tras hectáreas y la ciudad se cubrió de humo mientras bomberos, Defensa Civil, Guardia Nacional y voluntarios luchaban a brazo partido para controlar el fuego. Durante esos cuatro días sólo un pequeño helicóptero sobrevoló el área arrojando una neblina de agua. Tan sólo uno. Y al estarse usando en Caracas, no pudo socorrer a los que combatían otros incendios en los estados Miranda y Vargas.

   Tan sólo un pequeño helicóptero… pero Venezuela y el gobierno revolucionario de marras tienen una deuda con Rusia por dos mil millones de dólares en un negocio de compras de armas. Armas que, obviamente, no sirven para apagar incendios, hacer llover o producir alimentos en tierras arrasadas por un Gobierno inepto. Un helicóptero para apagar incendios… dos mil millones de dólares en armas. ¡Cosa más grande es la revolución!

   En una nota aparte, creo que hay que compadecer a Francia, atrapada como está entre Sarcozy por un lado, y la izquierda por la otra. Parece que los franceses son tan sensatos como la gente del Tercer Mundo. Aunque, para ser sinceros y aunque me quede mal decirlo en plena Semana Santa, me da una ligera alegría lo que les pasa. Es bueno ver sudar a uno de los Tres Chiflados, y la verdad es que el futuro no augura nada bueno para ninguno de los tres, aunque todavía, pataleando, se sostienen Rodríguez Zapatero y Berlusconi. Qué gente…

CALÍGULA, EL HAMBRE, EL IMPERIO RUSO Y LAS ARMAS

Julio César.

CORAZÓN ABIERTO

marzo 31, 2010

MOMENTOS

   ¿Quién no aprecia a los amigos que siempre tienen sus puertas, todas, abiertas para ti? Tan sólo queda traspasarlas y llenar bien y a fondo sus vidas, ¿no?

MISTERIO GOZOSO

Julio César.

EL INOCENTICO

marzo 28, 2010

DESAFÍO LANZADO

¿QUIÉN LO ENTIENDE?

Julio César.

OCULTO

marzo 28, 2010

UPA

   -Si lo quieres ver, ven acá…

   Quien lo quiera… que meta la mano.

PROVOCA…

Julio César.

CARLOS FERNANDEZ PÉREZ, HOY LO RECORDÉ

marzo 28, 2010

ISAÍAS RODRÍGUEZ… CARA DE PAYASO

   Confieso que también yo lo había olvidado. Han pasado tantas cosas en este pobre país que el escándalo, la arbitrariedad y el abuso del día a día eclipsan el del anterior. Recuerdo una marcha que cubrí a paso ligero cuando salimos de Los Dos Caminos, más cerca de Petare que del Centro, acompañado de unos hermanos y de Alicia, mi novia del momento. De hecho fui por ellos, quienes habían estado en la marcha anterior, la del 11 de abril de 2002. Después de aquel espantoso crimen, creo que el régimen esperaba que la gente se moderara, o temiera salir. No fue así. Recuerdo mientras nos preparábamos para marchar esa vez que había una gente joven entregando unos papelitos, cuando leí uno resultó ser una oración, según para protegernos. La imagen de los pistoleros de Puente Llaguno estaba muy viva en los recuerdos. Partimos, marchamos durante bastante tiempo, rumbo a la avenida Bolívar al lado del Nuevo Circo. Hacía calor y el sol brillaba en toda su majestad, pero había tanta gente animosa que no se notaba. Había de todo, familias enteras, viejos políticos que uno reconocía, artistas… Y un rumor había comenzado a rodar, ilusionándome.

   Sudados y asoleados, llegamos a la avenida Bolívar, en una tarima algunas personas declamaban algo que en verdad nadie escuchaba. Hasta que Carlos Correa, presidente de la Confederación de Trabajadores de Venezuela, tomó la palabra. Callamos porque esperábamos el anuncio… Paro Cívico General. Detener el país, en brazos caídos, hasta que se adecentara el CNE controlado por el Gobierno, la OEA y el gobierno brasileño, y que se llamara a referéndum contra el Presidente. Eso era lo esperado, pero creo que todos sabíamos que si íbamos al Paro no lo detendríamos hasta la salida de Chávez. Grande fue el estupor cuando Carlos Correa anunció que todavía no estaban dadas las condiciones para el llamado a Paro. Yo pité.

   No podía saber yo que se intentaba, bajo cuerda y a pulso feroz, amarrar al Paro a sectores que guabineaban y coqueteaban con Hugo Chávez, esperando medrar con el esfuerzo de otros (ratas con nombre y apellidos que un día deben ser recogidos en un artículo de Rafael o Patricia Poleo). Pero acercándose el final de ese movido 2002, año revuelto que había presenciado la marcha de abril, la matanza a las puertas de Miraflores, la salida y el regreso de Chávez del poder, y la toma de la Plaza de Altamira por parte de un grupo de militares de altos rangos declarándose en desobediencia militar, el comentario era el mismo: el Paro se acercaba. ¡Lo esperaba yo con tanta ansiedad! Y una tarde, anunciado por todas las televisoras, Carlos Correa llamó al Paro Nacional. Hubo aplausos. Yo reí. Era una medida dura, pero ya para ese entonces nos sabíamos gobernados por gente incompetente, corrupta y peligrosa en su violencia, creyentes de la basura del credo de izquierda. No podíamos llamarnos a engaño sobre el triste y oscuro futuro. Este que padecemos ahora, un país arruinado alumbrándose con velas y aseándose con un tobito de agua, nadando en un mar de petróleo. ¡Qué logro tan revolucionario!

   El país fue deteniéndose poco a poco, ¿quién no recuerda las largas colas para comprar gasolina, la desaparición de la cerveza, la incomodidad de los negocitos del día a día cerrados? Buena parte del país se detuvo, pero más importante, la gente se declaró pro activista. En Valencia las mujeres enfrentaban a los militares, quienes tenían que rodearlas y atacarlas por la espalda para contenerlas, “brillante batalla” donde destacó el cobarde Acosta Carles, el General Eructo. Basta recordar a lo gallarda Gente del Petróleo, a los oficiales de la Marina Mercante paralizando sus navíos (navíos con nombres de misses en homenaje a ellas; recuerdo que Pilín León, una de nuestra Miss Mundo, estando el Londres se sorprendió al pasar junto a un puesto de revista y leer: Se detuvo el Pilín León). Las empresas, fábricas y mercados mayoristas (incluido Makro), cerraron. Cada tarde aparecía Carlos Correa por televisión, hablando de lo ocurrido ese día, ordenando movilizaciones y acciones. Recuerdo a una querida amiga, chavista, enemiga del Paro, que decía que ese carajo era asombroso, decía: “Se me van mañana desnudos a las doce del día y se acuestan en la Cota Mil… y la gente iba”. Lo sorprendente era que al lado del presidente de la CTV estaba el máximo representante de los empresarios, el presidente de FEDECAMARA, Carlos Fernández Pérez.

   A Carlos Fernández no le tocó fácil, la abrupta salida de Pedro Carmona Estanca, ido al exilio, lo catapultó a la presidencia de la cúpula empresarial, y le tocó el momento histórico de decidir entre callar y someterse, esperando hacer negocios con el Gobierno, o llamar a su sector a la lucha. Y a la lucha fueron. Era extraño verlo, parpadeando siempre, con el cabello blanco, tartajeante en su hablar. Mientras el Paro avanzaba, de tarde en tarde era él el encargado de resumir las acciones del día, y en un país donde al empresariado se le ve como el enemigo, el hombre era escuchado. Y se mantuvo firme cuando ya era obvio que el Gobierno jugaba al desgaste del país.

   A la campaña del Paro, el gobierno contraatacaba mostrando a gente trabajando, José Vicente Rangel, Vicepresidente de la época, María Cristina Iglesia, ministra del Trabajo, Mari Pili Hernández, periodista afecta al régimen y Hugo Chávez gritaban que el Paro era un fracaso, que el país continuaba moviéndose (años después, para explicar la ruina del país, Mari Pili hablaba del Paro Cívico como causante de todo… ¿no  que el paro fue un fracaso? ¿Entonces? ¿Mentía ella y los otros antes, o mentían después?). El fracaso estuvo dictado por los esquiroles. Los transportistas de pasajeros no se sumaron al Paro, porque ellos, aparentemente, eran los únicos que necesitaban comer; los empleados de El Metro continuaron laborando; y grupos de gente poco capacitada ponían en movimiento a PDVSA. Tampoco se sumaron las panaderías de los portugueses y españoles, así como el mega mercado Éxito, el cual lucraba de lo que Makro dejaba de facturar. Era claro para mí, que sin esa gente respaldándolo, el Paro fracasaría, porque a Chávez únicamente le preocupaba aferrarse al poder, por él el país podía irse al carajo mientras siguiera aferrado al esqueleto, grotesco con su boina y uniforme, como otro enloquecido Idi Amín.

   Ya en diciembre del 99 se sabía de su locura, de su desprecio por la gente que lo aclamaba (tal vez por eso, porque la golpeaba y ofendía y esta continuaba abrazada a él, y eso siempre produce algo de asco y desprecio de parte del abusador); La Guaira había sido destruida por un feo deslave, y mientras la gente lloraba a los muertos e intentaba encontrar algo qué comer o dónde cobijarse, Chávez se negó a la reconstrucción de Vargas ofrecida por Estados Unidos y a la ayuda de la Comunidad Europea. Él estaba bien, abrigado y comía, podía darse el lujo de despreciar a sus rivales… total, eran los pendejos quienes pagarían. Pero… y hay que ser sinceros, esa gente se lo merecía.

   Cuando se entendió que el Gobierno esperaba que el Paro se consumiera por sí mismo, no quedó más remedio que levantarlo, fue el momento cuando el régimen se lanzó contra la Gente del Petróleo inventándole delitos, y despidió a toda la nómina de la Marina Mercante, robándole sus ahorros y prestaciones. También fue contra Carlos Correa y Carlos Fernández. Recuerdo cuando a Carlos Fernández lo detuvieron. Lo esposaron y a la carrera lo sacaron de su casa en medio de un aparatoso procedimiento policial, para humillarlo en un país donde al malandro más ruin se le protege su identidad y no se permite sea fotografiado. Para poder condenarlo de algo se inventaron delitos que no existían en el Código Procesal Penal, sin temor, ¿quién les diría algo? ¿La OEA? ¿Brasil? ¿España?

   Y así, de capitán de empresas, Carlos Fernández Pérez pasó a paria social, con sus fábricas en la picota, su casa allanada, su familia vejada. Fue encarcelado y escarnecido desde los canales controlados por el Estado, pero nadie se atrevía a decir nada, sabíamos que vendría una represión feroz y nadie quería estar en la mira. Cuando en el 2003 se le dio un respiro legal (las acusaciones eran tan inverosímiles que no se sostenían, aún quedaba algo de recato, más tarde llegarían seres tan siniestros como Marjorie Calderón, jueces que se prestan a toda bajeza), Carlos Fernández tomó a su mujer y a sus dos hijos y escapó a Miami. Bien sabía que no lo dejarían en paz, que Chávez no se detendría hasta cobrarle a él todas las malas horas vividas. Se le sabía cobarde y rencoroso.

   En Miami le tocó contar con el apoyo de conocidos. Ya no era el hombre rico. Su señora esposa viajaba de Valencia a Miami cuidando los negocios familiares, negocios que iban siendo cercados, hasta que el vencimiento de su visa la detuvo un día de este lado de la frontera. Ahora era una prisionera detrás del muro legal y no ha podido regresar a Miami donde dejó a dos hijos de once y trece años que hoy tienen dieciséis y dieciocho. Ese ex empresario, aplaudido y querido un día por todos aquellos que seguíamos las directrices del Paro, pasa sus días dividido entre la tarea de criar solo a dos hijos y gestionar, día si, otro también, la visa para su esposa frente al estado Norteamericano. Según Patricia Poleo, estuvo a punto de conseguirlo este año, en febrero, pero en Caracas, en la embajada Americana, le niegan un triste sello que le impide a esa mujer estar con su gente. Carlos Fernández aguarda trabajando como el luchador decente que siempre ha sido, enviando a sus hijos al colegio, esperando por la pronta llegada compañera fiel, tal vez recordando cuando tenía sus empresas y el “aprecio” de tanta gente que ahora no se acuerda de él. Ese es el drama de quienes tienen que partir de sus tierras cuando estas dejan de ser libres.

   Hoy Venezuela vive la pobreza extrema, racionamiento de agua y electricidad bajo amenaza de multa y castigos si se exceden, víctima del imperio del hampa y de la corrupción rapaz y torpe de un gobierno comunista. La Guaira sigue esperando justicia, una a la que en verdad no es merecedora, bastante que acunó y le rió las gracias a quien la condenó al eterno atraso. Los transportistas, cansado de ser asesinados, robados y con deudas que ya no pueden sostener, gritan que necesitan el apoyo del país porque “esto ya no es vida”, y amenazan (oh, destino, cómo eres de irónico y cruel) con un paro nacional, al cual responde el Gobierno con aquello de que confiscará (robará) las unidades si lo hacen, a los que los choferes responden: “Esa vaina es mía y antes la quemo”; ahora viven la hora amarga, nadie estará con ellos, ellos ayudaron a la destrucción de todos los que ahora podrían darle una mano.

   Panaderías y carnicerías viven llorando porque son multados y cerrados al promover productos por encima de regulaciones que los obliga a vender a perdida; nadie se compadece de ellos, ¿qué derecho tienen? Los empleados de El Metro viven denunciando burlas contractuales, Éxito fue expropiada. Los esquiroles de PDVSA y SIDOR, que ayer aplaudían con llanto en los ojos a Chávez, hoy denuncian abusos, falta de pagos y el cierre de fuentes de trabajo… Como que sí hay un Dios que para abajo ve. Hoy, el país, está un paso más cerca del infierno del Quinto Mundo.

   Me pregunto si de tarde en tarde ese hombre de pelo blanco, diabético, de voz tartajeante, no se reprochará lo hecho. Fue uno de los que perdió todo. Como tantos. Pero no lo creo, por algo que le leí hace tiempo a Patricia Poleo (también en el exilio). Parece que cuando Carlos Fernández no está preparándole la comida a sus hijos adolescentes, vendiendo propiedades en una hora que nadie compra por la crisis económica, o soñando con pesar y esperanza en su esposa lejos, carpeta en manos se pasea por todas las redacciones de los diarios de Miami, haciendo una eterna antesala, esperando por alguien que quiera escuchar lo que tiene que decir.

   Y esa vaina da cosa. Puedo imaginarlo escudriñando la presa venezolana, tomando nota de cada nueva arbitrariedad, del nuevo perseguido, del preso político detenido esa noche, del juicio amañado por una Marjorie Calderón, de la Constitución violada una y otra vez; tomando apuntes con los que llena esa carpeta, y luego va y espera pacientemente poder denunciarlo en medio del silencio cómplice de la OEA y de la comunidad internacional. Lo veo esperando, tal vez caído de hombros, sabiendo que ya cansa, que a nadie le importa lo que ocurre en Venezuela como nunca importó lo que pasaba y pasa en Cuba… pero imposibilitado de irse porque su lucha aún no termina. Porque debe perseverar. Y esperar.

   Gracias, señor Fernández.

LUIS RAVEN, EL CUARTO BATE…

Julio César.

ESOS TRIATLONES…

marzo 28, 2010

DEPORTE DE LOS MUY DUROS

   ¿Mejor que esto?: Un carajo en speedos sobre una bicicleta…

   Todos masculinos, fuertes, jóvenes y viriles. Esos abdómenes planos, esas piernas musculosas… esas trusas chicas enmarcando paquetes de forma adorables, metiéndose donde debían meterse… ¿a quién no le gusta ver este deporte? ¿Lo mejor?: Cuando emergen del agua, agitados, chorreando, con sus trajes de baños achicados en sus cuerpos, con las telas dentro de las nalgas, ¿o no? ¿Saben que me gustaría? Ir por una carretera y verlos con los speedos bien metidos sobre el asiento de las bicis… y bajárselos.

EN EL FUTBOL SIEMPRE PASA…

Julio César.

BOCA LLENA, MENTE VACÍA

marzo 28, 2010

EL MOMENTO

   No había plátano por grande que fuera que no se lo tragara.

   No recuerda cómo pasó. Cree que David bromeó sobre el tamaño de los plátanos, y él cayó en la trampa y los pelaron. Y vaya que el que David cargaba era grande, tanto que no pudo evitar tocarlo y apretarlo. Era un plátano verde todo duro. Lo siguiente fueron las manos de David guiándolo al plátano apetitoso que tenía para que lo probara… y le pasó la lengua. Qué error… la boca se le hizo agua y el hambre despertó. Ahora sube y baja, comiéndoselo todo, aunque sabe que está mal. Recuerda que su mujer le dijo que hiciera algo antes de volver a casa, pero por más que se esfuerza, tragándolo todo, no logra recordar qué era. Al menos no llegaría con hambre.

AMAÑADO

Julio César.

CON RAZÓN…

marzo 28, 2010

EL ECHÓN

   Al menos había algo que hacían con ganas…

   No falla. ¿A quién no le ha pasado? Meter gente a trabajar en tu casa es un rollo. Levantar un muro, reparar un baño, montar baldosas, todo es terrible. Estos carajos que estaban desmontando un techo raso en mi apartamento no avanzaban. Y cómo. En cuanto me iba, uno se dedicaba a trabajarle los orificios al otro, tratando de taparlos dándole duro y sabroso, y debo admitir que tenía una buena técnica. Claro que me molestó, yo estaba pagando por ese día de trabajo, y darle machete al pana que acaba de conocer el día anterior no era parte del trato. Y de paso me jodían la mesa con los golpes. Decidí, sin quitarle los ojos de encima, que tenía que salir de ellos, así que cuarenta minutos más tarde (el tipo se aplicaba y no me gusta interrumpir al que labora) cuando lo dejó todo embarrado de líquidos calientes, los boté. Que arrechera. Ahora siempre hablo mal de los trabajadores que cobran por horas, y para ejemplarizar, muestro esta foto que tomé.

AL PELO

Julio César.

LAS PROTESTAS CONTRA LOS PAÍSES RICOS

marzo 28, 2010

¿QUIÉNES PROTESTAN CONTRA LOS RICOS?

   Cada vez que se reúne el llamado grupo de los siente países más industrializados del mundo (los más ricos, pues), dejando colar a Rusia ya que cuenta con armas nucleares, casi en seguida se reúne el grupo de los quejosos, quienes gritan y hacen mucho ruido alrededor del edificio donde se juntan los pudientes, llegando a escaramuzas contrarias a la paz pública y que muchas veces deben ser contenidos. Yo no los critico, como ciudadano de un país del Tercer Mundo, convertido por obra y gracia de un gobierno retrograda como el mono, en una república de quinta, sólo puedo albergar un sentimiento contra los fulanos siete más uno: una dolorosa, amarga y rencorosa envidia. Ah, es que uno ya se los imagina, reuniéndose para discutir qué hacer para prosperar más, para que cada uno de sus países sea más rico, sus gentes vivan mejor y ser más prominentes. Seguramente comen caviar y toman champaña mientras ríen y chocan copas diciéndose unos a otros: no las estamos comiendo. No faltará el que abra mucho los ojos, y con voz de burla se ría preguntando con sorna: “¿Y han visto lo mal manejada que está Venezuela? Es que no aprenden, ese hombre debe ser un pobre demente…”.

   Si ya los imagino, qué vergüenza, riéndose a mandíbulas batientes. Los muy malditos. Es por eso que los odiamos tanto en el Tercer Mundo, y en todos esos países donde los líderes no sirven para nada, no resuelven un sólo problema y cada cosa que hacen únicamente las embarra más, ah, pero que grita con pasión y fuerza: “No es culpa mía ni nuestra, son los siente más uno que se han vuelto a reunir, eso no nos deja trabajar, son ellos los culpables, ¡mueran los siete más uno!”. Claro, uno pensaría que sus conciudadanos verían la falsedad, y estupidez, del argumento, pero no, no lo ven. Imagino que porque en el fondo deseamos creerlo en verdad, que no somos responsable de nuestros problemas. No es mi culpa, es de ‘ellos’, de ‘los otros’ como dicen en la serie de televisión LOST.

   Pero la cosa no es tan sencilla de analizar. Sí, está bien, los envidiosos del Tercer Mundo, resentidos por nuestra incapacidad para resolver problemas, culpamos a los otros, es justo; y se entiende que se grite en Cuba (sobretodo ahí), Venezuela, Ecuador, Bolivia (pobre gente, aunque todavía dan la pelea), o Haití, quienes sí son pobres de solemnidad, no como los otros que medio tienen recursos pero no sentido común. Está bien, hasta ahí estamos claros. Se entiende también que grupos con intereses en el caos general, como el narcotráfico, los radicales musulmanes o los aprendices de dictadores militares, financien organizaciones como Las Madres de la Plaza de Mayo y grupos de gritones variados para sus fines; pero entonces, ¿por qué hay alemanes, italianos, españoles y americanos que salen a protestar contra los siete más uno? La sana lógica dice que esas personas deben ver que cada vez que sus líderes se reúnen, sus medios de vida, las facilidades en seguridad social, empleo y vivienda, mejoran, aunque todo tiene su límite, claro. Entonces, ¿por qué gritan y protestan? Creo que debemos considerar algunas causas probables, y aunque utilice un tono ligero, de verdad hablo muy en serio.

   ¿Será por seguir necias modas? No se crean, este motivo tiende a ser importante, sobretodo en los jóvenes, y en muchos adultos que por alguna razón se eternizan en la adolescencia. Las modas dan un sentido de permanencia, de seguridad en espíritus un tanto alocados o díscolos. Muchas personas necesitan sentir que pertenecen a un grupo, que son parte de algo mejor y superior, así sea gritando contra leyes que extraditan capos de las drogas o prisiones donde detienen terroristas quienes no vacilarían en dejar caer un arma nuclear sobre una gran capital, sí la tuvieran. Muchos lo hacen por parecer… modernos, hay gente muy vieja que sigue usando la misma camisa de hace treinta años y eso no lo dejó avanzar más, y ya es tarde para ellos, son sólo una carga que los siente más uno deben cuidar y darles algo de comer y vestir de vez en cuando. También gritan porque el sentido común no es popular, ser racional no es tan… cool; si lo fuera no ocurrirían tantas tonterías. En este mundo hay tantas causas, creencias, gustos y modas como personas pueden haber. Están los que creen en el poder curativo de las piedras, o de los olores, o en bañarse con delfines para mejorar, o en tomar flores de Bach. Está el que dice que es católico, pero cree en la consulta con la bruja o en la reencarnación. Las modas dan para todo.

   ¿Pueden moverse estas personas por sentimientos de culpa al comer bien y sabroso y saber que otros no lo hacen? De alguna manera este motivo me parece menos plausible que el anterior. El que se sintieran mal, dolidos por esta gente, debería obligarlos a intentar hacer algo para remediar el problema de los países en desastres, con poblaciones desplazadas y gente muriendo de hambre. Y este punto lo uno al último motivo que puedo encontrar para las protestas de los pobladores del Primer Mundo: ganas de buscar aventuras originales y emociones. ¡Turismo, pues! Y esta si me parece la causa real, ya que explica el pasear alegre de los manifestantes protestotes que van alrededor del mundo gastando plata de la buena, para criticar a los líderes que acumulan… vaya, plata.

   Personalmente yo creería en estos grupos que protestan si no fueran a Roma, Madrid, incluso Brasilia, a protestar contra los siete grandes más uno. Uno los ve reunirse en esas grandes, hermosas y próspera capitales, gritando contra los explotadores del mundo, y es cuando me pregunto: ¿acaso lo hacen allí porque saben que sus derechos humanos y ciudadanos serán respetados y tratados con pinzas por las autoridades? Porque sí la cosa es pelear contra el hambre, la discriminación, las persecuciones y a favor de los desplazados, ¿por qué no van a gritar a Cuba, o a Corea del Norte, China o a Irán, para luchar por el derecho de ser de las mujeres? Jamás hacen un viaje a Zaire, o a uno de esos países horribles donde la gente agarra fuerzas comiéndose medio pan enviado por las naciones ricas para que no perezcan, y agarran un machete para ir a cortar al vecino en rodajas. No van porque son lugares feos, sucios y llenos de miseria, sin agua caliente o televisión por satélite. Pero, ya va, la razón puede ser otra: ¿acaso no van a uno de esos países africanos donde el presidente es vitalicio, como el señor Mugabe, porque esos regímenes pueden cargar contra ellos a palo limpio? (Dios, perdóname por mal pensado) ¿Por qué no van a protestar a Cuba por el régimen despótico de un tirano que lleva cuarenta años mandando? ¿O pretenden hacer creer, después de cuarenta años y miles de desplazados cubanos, que no lo saben un déspota sino que lo imaginan un líder bueno, revolucionario y decente, un dulce viejito que regala caramelo en las plazas? (bueno, a Fidel puedo imaginarlo así, sobando niños como tanto le gusta a otro tipo de turistas) ¿O temen que les pase lo que a los disidentes, condenados a veinte años de cárcel sin derecho a pataleo, o lo que le ocurre a los que intentan huir en una balsa y los atrapan, que lo fusilan?

   Bueno, hay que entender que es más bonito gritar bajo el bello cielo de Paris o Génova, y de paso visitar los museos y tiendas, que ir a Ruanda. En Grecia las autoridades se cuidan de no agredir o matar a nadie, por eso es seguro ir allá a aullar e insultar, lanzar piedras, escupitajos y luego gritar represión si un policía pone mala cara; porque en Cuba la cosa no es tan segura, ¿y si te caen a palos o te matan y dicen luego que fue un error? No, eso mejor déjenselo a los cubanos, ¿verdad? No sé, seguramente es una falsa impresión mía, pero uno se pregunta, ¿por qué no acosan a los dictadores que compran armas y no abren fábricas? ¿Por qué no invaden con sus gritos y flores y deseos de un mundo mejor esos países donde los gobiernos gastan y gastan real en corrupción y financiar movimientos raros en lugar de construir escuelas, viviendas y crear fuentes de trabajo? ¿Por qué no se preguntan los italianos, alemanes y franceses cómo Italia, Alemania y Francia se recuperaron después de la guerra, prosperaron y salieron de abajo, y otros pueblos no, aunque tienen menos habitantes, mucha agua, petróleo, maderas y tierras cultivables? ¿Culpa de los siete grandes más uno? Seguramente se responderán eso, no parecen ser muy listos en verdad (por suerte tienen líderes que se ocupan de limpiarles las babas). Pero si eso creen, ¿cómo imaginan que los siete más uno arruinan a esos pueblos? ¿Cómo lo hacen? ¿Con hipnosis? ¿Cuántos países del Tercer Mundo, realmente, están bajo la tutela de ejércitos norteamericanos de cuerpo presentes y no sólo en la imaginación o la naturaleza evasiva de muchos?

   Tal vez soy muy simplista, pero hasta que se me demuestre lo contrario con argumentaciones lógicas, de los grupos de manifestante sólo creeré que salen a hacer turismo, pero a lugares bonitos y seguros, jamás a los infiernos de donde la gente intenta escapar en el Tercer Mundo, o donde mueren de hambre al lado de la abundancia de recursos por obra de gobiernos mentecatos. Esos, a Venezuela, después de los muertos de abril de 2002, no vendrían a protestar jamás. Ni que fueran tan idiotas…

JUDAS ISCARIOTE?

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… 34

marzo 28, 2010

LUCHAS INTERNAS                          … 33 

   Sí, en el mar la vida sí es más rica…

……

   Eric continúa en la playa, viendo hacia el mar. Recuerda a Sam diciéndole que si La Torre estaba metida en algo ilícito, había que enfrentarlo, averiguar, saber y luego atacar para resolverlo. ¡Eso debió hacer!, pero prefirió escapar. Botando aire se tiende de espaldas sobre la toalla nuevamente, mirando hacia ese cielo tan azul, diciéndose que para Sam era más fácil decirlo, al final del cuento no iba a encontrarse con la posibilidad de saber que sus padres eran unos homicidas, o cómplices de un homicidio. Cierra los ojos, intentando desconectar su mente, concentrándose sólo en la salada y tibia brisa, en el agradable calor que emanaba del sol, calentándole cada músculo, acariciándolo. Curándolo. Nuevamente cruza las manos bajo su nuca y monta su pierna izquierda sobre la derecha, extendiéndose todo. La tanga resalta sobre su cuerpo, así como el bulto, acariciado también por el sol.

   Cerca de allí quedan dos resorts, el más cercano a esa porción de la playa es el de Los Canales. Caminando desde esa dirección, viene Andrés Burgos; un joven veinteañero, algo más bajo que Eric, pero más, mucho más, musculoso. Blanco, de cabellos muy negros y cortos, de ojos oscuros. Atractivo, por su juventud, por su cuerpo y por su carita. Usa una camisetica azul, con aberturas que bajan por sus costados que dejan al descubierto sus pectorales abultados, de pezones erectos. La prenda se adapta al musculoso cuerpo de panza plana y deja al descubierto una franja de piel antes de llegar a la tanga gris, de muchos punticos, mínima y sensual que lleva.

   La prenda baja bastante en el frente, pero no se ven pelos púbicos que seguramente rasura. El bulto del tolete resalta. Las delgadas tiras suben algo en sus caderas, y sus nalgas, plenas y musculosas, están semicubiertas por una no muy ancha franja de suave tela, que se tensa al máximo, hundiéndose levemente sobre la raja interglútea. Siguiendo una moda horrible que comenzaba a ganar fuerza entre muchos hombres, las extremidades inferiores son lampiñas, depiladas. Sus piernas, muy desarrolladas, van algo separadas al caminar. Sus brazos igual. Es un carajo musculoso en verdad. Eso se explica fácilmente, Andrés gusta ejercitarse ya no sólo por placer o sentirse bien. Se le ha vuelto una obsesión. Le gusta verse, más que bien, hermoso y provocativo; por ello se dedicó al desarrollo muscular, a levantar pesas y al arte del físico-culturismo. Eso… lo excitaba un poco.

   Ha estado en dos presentaciones para principiantes y le gustaba mostrarse con sus tanguitas, sentirse admirado. Veía no sólo interés profesional en algunos jueces, sino deseo. Los miraba clavar sus ojos en sus pectorales, en su abdomen, en el pequeño triángulo de la tanga o en sus nalgas. En la segunda presentación, el joven que le aplicaba el gel resaltador, lo sobó de una manera intensa, acariciante y sensual, y tuvo que recurrir a toda su fuerza de voluntad para no tener una erección allí mismo; porque en muchas de sus fantasías secretas, se encontraba con hombres guapos y rudos que lo atrapaban, lo sobaban y lo mamaban, cuyas lenguas le entraban hondo, muy hondo, en su culo. Pero eso era algo de lo que nunca hablaba. Venía de un mundo cerrado, de padres de clase media alta, con viajes, universidades, amistades. Su grupo de amigos era de toda la vida ya que estudio primaria y secundaría en el mismo colegio católico; los vecinos eran de años. Todos esperaban que fuera un machito, un galán, bebedor de cerveza, amante de los deportes y de las muchachas. Pero lo que le gusta en verdad era eso que ahora podía ver acostado sobre una toalla en la arena; un hombre joven, delgado, sexy y en tanga. Puede verle la entrepierna y el bulto que se dibuja bien. Lo que le gusta es eso; le encantaría ir, sobársela sobre la tanga, verla crecer, llenarse de sangre. Verla erguirse, calienta y dura, hasta que pudiera sobarla o mamarla o…

   Debía andarse con cuidado. No podía arriesgarse otra vez a lo que pasó hace dos meses, estando en Caracas. Era un asiduo visitante al gimnasio donde el grupito que practicaba era conocido, gente de toda la vida. Su primo, Tomás, también iba al lugar. Se ejercitaban, competían en los aparatos, se mostraban sus atributos unos a otros; y sí, se exhibían, buscando las miradas de aprobación de los demás, de admiración. Pero no de forma homosexual, o al menos eso pensaba Andrés. No parecía haber nada de eso allí. Todo el gimnasio, aún las duchas y vestuarios, contaban con un animado fondo musical. Era música estridente y de moda. Para gente joven. Era común ver a los socios bailoteando en las duchas y cosas así, desnudos o semidesnudos.

   Era gente hermosa, musculosa, limpia y sensual. No sentían inhibiciones o penas raras. Ese día, hace dos meses, Andrés estaba con el resto, riendo, en los vestuarios. Desnudos. Se contaban exageraciones, invenciones y mentiras claramente descaradas sobre la cantidad de chicas que tenían, cuántas veces podían hacerlo en una noche y cosas así. Andrés, tras la barra donde se guardaban toallas, jabones y paños, reía con el resto, bailoteando como algunos otros. Tomás, su primo, quien jugaba con una de esas perinolas de plástico brillante, lo miraba en forma malintencionada. Tenía una que cobrarle al primo e iba a ser ese momento; aprovechando que todos miraban a Joel, quien contaba una idiotez con aire echón, se metió con rapidez bajo la barra, saliendo tras Andrés, quien no reparó en él.

   Arrodillado tras él, sonriendo, Tomás le vio las nalgas, que se mecían de aquí para allá al ritmo de la música, y se dispuso a realizar un juego tan viejo como inquietante entre algunos hombres: meterle un dedo en el culo. Extendió el dedo índice de la mano derecha y lo empujó hacia aquellas nalgas musculosas y algo abiertas, lampiñas a fuerza de afeitadoras, con la delgada línea del bronceado, hacia el sonrosado culo. El dedo chocó allí, abrió camino y entró la primera falange, la segunda y la tercera. Tomás se iba a reír burlón de la cara que puso Andrés, quien sorprendido y aterrado se volvió a mirarlo, ¿cómo coño hizo eso y más en ese lugar? ¡Tenía que formarle su peo! Pero ese culo prieto y caliente se cerró sobre el dedo de Tomás, quien se impactó al sentirlo. El dedo salió una falange y volvió a hundirse. Tomás no podía creer lo que hacía, pero lo hacía. Metió el dedo, hondo, lo empujó hasta que su puño se frenó en las nalgas del primo. Tomás miró a Andrés, serio, con la boca abierta. Sacó el dedo, todo, y volvió a meterlo. Andrés iba a gritar, pero el dedo entró caliente, recto, moviéndose allí, frotándose contra las paredes de su culo, provocándole cálidas oleadas de placer, de deseo.

   Andrés bizqueó un poco, mirando al frente, hacia los otros que hablaban y reían. Intentó parecer normal mientras el primo, tras él, lo cogía con un dedo lentamente; pero tragó saliva con esfuerzo, sintiendo que enrojecía todo. Tomás sonrió satisfecho, ¡le gustó, coño, al primo le gustó! Ahora, sin nada que se lo impidiera, saca y mete su dedo allí, notando que ese culo se ponía caliente, húmedo y le atrapaba el dedo, hambriento. Vaya con el primo. El dedo entraba y salía, y las caderas de Andrés iban y venían lentamente, mientras su güevo se endurecía rápidamente bajo la barra. Sonriendo libidinoso, lujurioso y ocioso, mientras seguía cogiéndolo con el dedo, Tomás agarró su perinola, volvió el mango y lo lamió. Era una pieza de plástico delgada terminada en una punta redonda. Sacó su dedo del culito y frotó la punta de la perinola allí. Andrés se inquietó, quiso apartarse, pero Tomás le atrapó un muslo inmovilizándolo; y sacando la lengua en un momento de sucia inspiración, le lamió suavemente una nalga, petrificándolo. Tomás casi gritó contendido de gusto, esa piel temblorosa sabía bien.

   Andrés casi chilló ante eso, asustado. Esa lengua despertó fuegos y calores en todo su cuerpo. La punta roma comenzó a empujar, metiéndose dentro de él. El joven temblaba todo. Era una locura, podían verlos, descubrirlos, que les gritaran maricas; pero no podía hacer nada. La punta entró al fin, y se sentía delicioso. La perinola entraba, se detenía, era agitada dentro de él, salía y volvía a entrar. Tomás, sudando, miró como el culito titilaba contra el mango de la perinola cuando lo sacaba toda, esperando por más; veía fascinado como lo penetraba. Veía como Andrés se estremecía, como echaba el culo hacia atrás, buscando más de la perinola y atrapándola con los músculos de su culo. Ver eso lo enloquecía. Su güevo estaba palpitante, babeando ya. ¡Si Andrés lo dejara…! Quería clavarlo, cogerlo con fuerza, haciéndolo chillar de gusto.

   Enloquecido de lujuria introdujo parte de la perinola, con pasión, con ganas, dejándola allí, agitándola un poco, casi oyendo la respiración pesada e irregular de Andrés, quien aún bajaba más el culo; la visión de ese hueco era enloquecedora, por lo que levantó la mano y la perinola, alzándola un poco, dejando algo abierta la entrada del culo, a donde llevó su boca. Sacó la lengua y dudando, la posó al fin en la pequeña ranura que dejaba el mango. Al tacto de esa piel, un corrientazo lo recorrió de pies a cabeza. Andrés casi saltó al sentir eso baboso, caliente y consistente caer sobre su culo penetrado. Con un gruñido ronco y bajo, Tomás retiró el mango de la perinola. Por un momento se vio el culo abierto para luego cerrarse. Las manos del joven cayeron sobre las nalgas, abriéndolas, exponiéndole el ojito titilante, que miró fijamente, fascinado. Si alguien le hubiera dicho que podía llegar a hacer eso, o le ordenaran que lo hiciera, se habría reído a carcajadas o le habría dado un coñazo al insolente; pero en ese momento quiso hacerlo. Sus pulgares cayeron sobre los pliegues de las nalgas, abriéndolas y su lengua titiló sobre el rojo y lampiño culito.

   Esa caricia excitante y caliente hizo que Andrés casi chillara. Lujurioso, Tomás enterró su rostro entre esas nalgas, su boca cayó sobre el culo, su lengua lo lamió y lo penetró. Estaba loco de ganas. Quería cogerlo, ya, ahí, en presencia de todos. Sintió como su primo temblaba, como intentó alejarse un poco, y como capituló al final y sus caderas cayeron hacia atrás, apoyándose sobre su boca, casi sentándose sobre él, cuyos labios y lengua saboreaban ese manjar tan inesperado como delicioso. Oh, Dios, que rico… era todo lo que podía pensar tomas con los ojos cerrados, frotando su cara de la raja, teniendo los cachetes apretados por las nalgas, mientras su lengua buceaba, lamía y saboreaba la dulce fresa de su primo. Paladeándolo con su lengua y boca, piensa que jamás había probado algo tan estimulante, erótico ni excitante: el culito caliente y tembloroso de su primito. Ahora, Tomás sabía que probar con su boca el culo de otro carajo, podía ser divino.

   Sentado sobre la arena, con el güevo abultándole de forma realmente escandaloso bajo la tanguita, Andrés recuerda esa tarde, fue algo rico y excitante, recordar ese dedo frotando, esa lengua cálida lamiéndolo allí, la punta de ese trompo cogiéndolo… Pero después notó, a los días, que algunos chicos lo miraban raro dentro del gimnasio. Más de una vez vio a Tomás diciéndoles algo, riendo todos. ¿Acaso les habría contado lo que pasó? Si lo hizo, seguro que sólo contó la parte y de forma que no lo afectara a él. Asustado, y apenado, Andrés lo dejó todo y se vino a Tacarigua de La Laguna, al resort donde la familia tenía una acción, pasando una buena temporada allí, con buenos amigos, gente que no hablaba de él.

   -Hola. -dice una recia voz frente a él. Mira impactado, perdido en sus recuerdos, a Eric, quien está a su lado y a quien no vio acercarse hasta ese momento.

   Eric mira al bello y musculoso joven, un muchacho forrado de músculos, con una tanguita que dejaba ver una protuberancia evidente y… deliciosa.

   -Hola. -responde ronco, enrojeciendo, Andrés. Eric le sonríe, lo encuentra bonito.

   -¿Qué hace un lindo chico en tanga por aquí solito con semejante erección? ¿Me veías a mí o recordabas a algún amiguito? -increíblemente, Eric se siente osado; si la cosa sale mal se va y punto. El culo de William alcanzaba para más. Pero era un hombre, tal vez uno que gustara de otros carajos, pero hombre al fin y al cabo, y como todos, probaba a ver si las cosas salían bien con alguien más. El sexo era… divertido.

   -¡No es eso! -chilla a la defensiva.

   -Que lástima. Esa es mi casucha, una ruina, pero mía. Iba a invitarte a entrar a tomar un refresco, pero si… -se encoge de hombros, mirándole una tetilla marrón, erecta, fuera de la camiseta.- Vaya que eres tetón… -su mano sale un poco y soba con un dedo el pezón, que se agita y crece más.

   -Yo… yo… -Andrés siente que el güevo se le estremece, siente el calor de algo caliente que mana de allí.

   -Andrés… Andrés… ¿dónde estás? -se oyen unas voces, de chicos y chicas que llaman, que vienen del resort. Eric mira al grupo.

   -¿Te buscan a ti? -el otro asiente triste, ¡vaya oportunidad perdida! -No hay problema, ya sabes donde vivo. -le sonríe, alejándose.

   Andrés lo mira, caliente, reparando en la poca tela del bikini que se mete, acariciante, dentro de sus nalgas; pero ya vuelven a llamarlo. Coño, tenía que bajar esa erección ya. Corre hacia el mar, quitándose la camisetica y lanzándose en las aguas, mientras los amigos le gritan ‘¿a dónde vas, loco de mierda?’.

……

   Aníbal, en su oficina, revisa unos casos. La puerta se abre y entra un muy ceñudo Frank. No parece haber dormido bien. Y así es. Después de su pesadilla, sueño, o lo que fuera con Nicolás Medina, no volvió a pegar un ojo en toda la noche. Y ahora, para colmo, le dolía un poco la cabeza, vaina que casi nunca le ocurría.

-¿Tienes un momento? -interroga, sentándose, como si no creyera que él tuviera nada más importante que atenderlo. Aníbal toma aire y cierra sus carpetas, exasperado.

   -Tú dirás.

   -Quiero que despidas a Nicolás. Ya no lo quiero como asistente. -Aníbal toma aire.

   -¿Otra vez con eso? Te dije que… -Frank casi grita, violento pero conteniéndose.

   -Tienes que salir de él o voy a terminar partiéndole la nuca contra el piso. ¿Sabes que hizo hace un rato? Abrió mis datos en la computadora cuando Mary y Elena, las asistentes de Ricardo Gotta estaban allí.

   -Ya veo… -Aníbal se molesta. Fue realmente una idiotez. Claro, Nicolás Medina no podía saber de las luchas internas que se libraban dentro y fuera de… la firma. Mira fijamente al otro; está convencido de que la tal Mary fue por Nicolás, pero Elena era harina de otro costal, era una astuta y hábil agente del otro abogado.

   -¡Échalo de aquí! -suena agudo, mal. Aníbal medita aún más en la visita que tendrá dentro de poco. Como encajaban las cosas, se dice con cierta sorpresa… y respeto. Y temor por esa despiadada mujer que parecía saber demasiado sobre todo el mundo.

   -Está bien. Ya no seguirá como tu asistente. -lo impacta.- Puedes elegir a alguien. De hecho hay una tal Marina no sé que cosa… -revisa una carpeta.- Te la enviaré… -lo mira intenso.- Puedes encargarte de Nicolás, lo enviaremos a otro departamento. Lamentablemente no hay nada bueno ahora… sólo en Correspondencia. -eso impacta al otro. Frío, el hombre negro lo analiza. Nota como Frank se llena de una rabiosa alegría, de una malsana felicidad, porque lastimaría al joven. Todo encajaba…

   -¡Perfecto! -dice salvajemente contento. Se despide y sale.

   Aníbal con una leve sombra de sonrisa, lo mira irse. Debía ser agradable ser tan atractivo como Frank, pero sin su personalidad de gorila cagado. Esto iba a interesarle mucho a ella.

……

   En su oficina, Frank, sonriente, atractivo y amable, atiende a una mujer cercana a los treinta, morena y bonita, de rostro dulce y sosegado, tranquilo e inteligente. Es Marina Cedeño, la mujer de quien le habló Aníbal. Él habla de sus obligaciones y sus responsabilidades. Oye atento lo que ella responde. La mujer está impresionada, ¡que hombre tan atractivo! Siente que el corazón le palpita un poco loco cuando el otro sonríe, y teme que él adivine lo que piensa.

   Es todo un rorro, se dice la mujer. Frank capta que la impresionó, ¡perfecto! Se oye un toque a la puerta y Nicolás asoma el rostro, intrigándose ante la mujer que lo mira con suave interés. Frank entrecierra los ojos, respirando agitado. No puede evitarlo. Se siente rabioso y azorado frente al muchacho, al que casi cogió la noche anterior allí, en su oficina, al que acarició sobre su escritorio, en sueños. No, en una maldita pesadilla. Sabe que hará una coño’e madrada para lastimarlo. Y desea hacerlo, pero quiere ser discreto ante la mujer. No quiere asustarla, todavía.

   -¿Quería verme, doctor Caracciolo? -Nicolás mira de Frank a la mujer, con un mal presentimiento. ¡Este hijo de puta…!

   -Si, Medina, quería que conociera a Marina Cedeño. -los presenta y ellos se dan la mano. Que guapo, se dice ella. Parece linda, se dice él. Frank los mira cruel.- Ella será mi nueva asistente. Recoge tus cosas y repórtate en Correspondencia ahora mismo. -es brutal. Goza del impacto de Nicolás. Marina los mira, sorprendida e incómoda, ¡Dios, que forma de decírselo!

   -¿Cómo…?

   -Lo que oíste. No diste la talla aquí. Irás a Correspondencia. Recoge tus… cosas. -contiene el ‘tus porquerías’ ante Marina. Nota maligno como el otro palidece, tragando saliva, sintiéndose humillado.

   -Bien doctor… es la mejor noticia que he recibido desde que estoy aquí. Gracias, no tengo palabras para agradecerle el salir de esta oficina. -casi jadea, sonriendo y saliendo dando un portazo. Marina gime abriendo mucho los ojos. Frank se ve feroz.

   -Me esperas un minuto… -la señala con un dedo, con una mueca que no llega a sonrisa; sale y cierra la puerta con exagerado cuidado.

   Frank mira a Nicolás inclinado recogiendo unas cosas. Se ve rojo de la rabia y sus ojos evitan mirarlo. ¿No sería divertido que la ratica llorara?, se pregunta con feroz gozo el hombre, pero molesto aún. Lo odia, lo odia mucho, por seguirlo en sus sueños, por meterse en su cabeza y enloquecerlo.

   -Así que la mejor noticia, ¿eh? Vamos a ver cómo te va en Correspondencia, ratica inútil… -es feroz.

   -No puede irme peor que aquí. Nada puede ser peor que trabajar para us… -calla, traga saliva.- …para ti. Eres una basura. Una grandísima y hedionda pila de basura, Franklin Caracciolo. –ruge lentamente, feroz; estaba muy dolido.

-Pequeña comadreja… -ruge bajito y furioso.- Vas a arrepentirte de esto. Va a llegar el momento en que lamentarás el haberte ido de aquí, de mi lado. No te va a ir mejor en ninguna parte. Alguien tan incompetente como tú no encontrará jefe que se lo cale. Nadie te va a soportar como te soporté yo. -le reclama. Rencoroso. Resentido.

   -Eres un loco, un pobre e infeliz loco. -le grita bajito, casi al rostro, incapaz de creer lo que oye.- ¿Tratarme mejor que tú? Hasta los ladrones pueden tratar a alguien mejor que tú… arrogante basura. Es verdad lo que dicen de ti en toda La Torre, eres un marica reprimido que quiere amargarle la vida a todos para drenar tus fallas hormonales y…

   Nicolás se detiene un poco más tarde de lo prudente, retrocediendo en la habitación. Mira como los ojos del otro se llenan de una furia homicida. No puede saber cuanto cala eso dentro de Frank, el hombre que soñó, coño, con él desnudo, en sus brazos. Eso le provoca una rabia visceral. Un miedo profundo. El miedo de ser algo extraño… y miedo de que se sepa, que hablen de él en la oficina, lo domina.

   -Maldito… -ruge tomando algo del escritorio, parece un pisapapeles, y se lo arroja con rabia, con violencia, buscando darle en la cabeza.

CONTINÚA … 35 

Julio César.

MIRANDO LA TV

marzo 28, 2010

EL ECHÓN

   ¿Las mejores horas? Con amigos…

   Hay que ser sinceros, ¿quién no se ha sentado con un panita a mirar un partido de futbol y ha terminado pasándole la mano a las bolas? Y si la pasas bien, sobando y apretando cuando hace falta, oyes gemidos de si, dale, mientras suben y bajan las pelotas para que las toques. Y tocas, y metes manos para tocar mejor, ¡y es tan rico! Hasta ahora no he encontrado al primero que diga que no, se pare arrecho y se vaya… cuando te ofreces a lavarle esas pelotas con la lengua. ¿Tú sí?

CON RAZÓN…

Julio César.

NO SE PUEDE CON ESTA MÚCURA…

marzo 25, 2010

MAGALLANES CAMPEÓN…

   -Sufro un ratón anímico.

   Pensaba escribir algo sobre la familia (la mía), algo sobre mi primera cita (vi al amigo que me acompañó en un dos para dos, qué desastre). También sobre Supernatural, algo de Brokeback Mountain y de Trinitarias… pero…

   Hace demasiado calor en estos momentos en Caracas. En mi edifico estamos racionados con el agua otra vez (debo llegar antes de las ocho de la noche o me toca bañarme con tobos, cosa para mala). Toda la ciudad esta envuelta en el humo de los incendios forestales, el cerro Ávila no tiene vida, arde desde el domingo. Y ahora el Gobierno es más brutal y descarado en sus ataques contra una Oposición cojitranca. El doctor Álvarez Paz, ex gobernador del estado Zulia fue detenido por un delito de opinión. Por opinar. Otro preso político del régimen de Hugo Chávez. Y ya no hay estómago para tanto.

   Por ahora no puedo unir verbo al predicado. Ya nos leemos.

SEMANA SANTA EN GUATIRE

Julio César.

RELATO DE PROFESOR MALDITO

marzo 21, 2010

MALDITOS GRANDE Y CHICO

   He aquí un cuento que me enviaron (qué gente tan diligente), pero con una ortografía terrible. Lleva trabajo corregirlo y volverlo medio coherente. Creo que es una traducción de un cuento en ingles porque la redacción es difícil de entender. Pero es bueno. Es sobre ese tema tabú, maduro y joven, maestro y pupilo. En la trama hay sadismo, violación, abuso y humillación (¡es un relato maldito!), así que si eso molesta u ofende a alguien, que no siga leyendo, que después envían comentarios desagradables como si los obligara a continuar. La historia fue escrita por el meritorio kablay01, disfrútenla… por así decirlo. O mejor dicho, como será:

……

   LAS PENAS DE PARKER

   Lo tenía como lo quería…

……

   Parker, brillante de sudor su joven cuerpo, echa la cabeza hacia atrás y grita ahogadamente a través de la cinta adhesiva que cubre su boca. Nunca antes le habían clavado algo por su cerrado y estrecho culo, para no mencionar algo de ese tamaño, largo y grosor que estaba taladrándolo. Trata de luchar, alzándose, para escapar del quemante dolor que lo atraviesa, pero la presión que ejercía el señor Quirk sobre sus muslos, reteniéndolo y obligándolo a empalarse de su titánica verga, era demasiado fuerte. Su lampiño y joven ojete parecía a puto de estallar mientras la cilíndrica barra amoratada de sangre, lo penetraba.

   El señor Quirk, recostado de su silla de maestro que lo alzaba un metro del suelo y que parecía diseñada especialmente para ese tipo de tareas, mira con una sádica sonrisa de control al muchacho montado de frente a él, gimiendo de dolor mientras lentamente iba enterrándole sus veintitrés centímetros de dura verga en su prieto y sedoso agujero que le apretaba la verga con fuerza; el chico con las manos atadas a sus espaldas, los pies encadenados por los tobillos al piso y su propia verga atrapada en un blanco y pequeño suspensorio, unas cuatro tallas más pequeño de los que usa generalmente, estaba totalmente cubierto de sudor.

   -¿Te gusta mi verga dura en tu culo, Parker? –pregunta con un ladrido el señor Quirk, acariciándole los muslos tersos y lampiños antes de mover las enormes manos y enterrar sus dedos en las duras, blancas, transpiradas y turgente nalgas del adolescente, gozando como siempre que tenía a un chico atrapado así, reteniéndolo, mirándolo fijamente a los ojos, observando su dolor y miedo, un momento antes de bajarlo de golpe sobre lo que quedaba fuera de su gruesa verga, metiéndosela toda.

   -¡NNNN…mmmmh! –gritó, apagadamente, Parker, con ojos bañados en lágrimas cuando ese tolete ardiente y tieso lo encula.

   -Hummm…

   Las fuertes manos del señor Quirk, con los dedos clavados en las tersas nalgas del muchacho, lo alzaron un poco fuera de su gruesa verga, con violencia, haciéndolo gritar otra vez, dejándolo mitad clavado de la tranca, mitad afuera. Y esa amoratada verga parece palpitar de gusto, de puro placer.

   -Ahhh… aprietas bien, Parker; tu culo si que sabe dar placer, muchacho. ¿Listo para una de las enculadas más duras que nunca tendrás en tu vida de mierda, bebé? ¿Listo para que tu maestro te enseñe?

   -¡NNNNH…! –Parker, totalmente enrojecido y con los ojos muy abiertos de miedo, niega sacudiendo su cabeza violentamente.

   -Aquí va, bebé… -le grita contenido, al rostro, el señor Quirk, empujando su verga al tiempo que deja caer al muchacho sobre ella, metiéndola salvajemente hasta lo más hondo en el culo de Parker.

   -¡MMMMMMMMMMNNNNNNHHHHH! –grita Parker cerrando los ojos y apretando los dientes tras la banda adhesiva, totalmente tenso, casi estrangulando aquella verga ardiente con su esfínter, dándole más placer al degenerado aquel.

   -¿Te gusta así, muchacho? ¿Te gusta duro? ¿Te gusta, Parker? Estoy seguro de que te encanta, niño. –ruge nuevamente el señor Quirk, sosteniéndolo nuevamente con sus manos y pintoneándolo fieramente, con rapidez, subiendo y bajando sus caderas, enterrando su gruesa y dura verga una y otra vez dentro del redondo y enrojecido culito que tiene que abrirse violentado para aceptarlo en sus entrañas.- Ahhh… que bien, Parker… tu culo… tu culo es tan delicioso, muchacho. Este culo quiere… y quiere bastante. –y sus caderas van y vienen, metiéndole y sacándole la enorme barra de carne dura en las adoloridas entrañas.

   A pesar de que el señor Quirk era tan sólo un profesor de matemáticas, tenía un cuerpo endiabladamente sólido y bien constituido, todo forrado de músculos, con unas piernas fuertes y unos muslos musculosos, bronceados y velludos, donde el rubio y lampiño Parker, atado y gimiente, era sostenido sobre su verga titánica. El musculoso pecho subía y bajaba mientras agitaba su cuerpo para encular una y otra vez el adolorido culo del muchacho. Sus brazos fornidos sostenían al adorable adolescente en su lugar, quitándole cualquier posibilidad de saltar de su regazo y huir, atrapando con sus manos grandes las turgentes y enrojecidas nalgas, subiéndolo y bajándolo sobre su mole dura de carne que era atrapada ricamente por las apretadas entrañas del estudiante.

   -Hummm… qué rico. Ah, muchacho, podría cogerte por horas… ¿Lo sientes, Parker? ¿Notas como palpita en tu culo?

   -HUMMMMGGGG… -Parker apenas podía respirar, el maldito bastardo le sacaba el aire cada vez que embestía su dulce culo y la cinta adhesiva sobre su boca lo hacía todo peor. Cuando trataba de conseguir una buena inspiración por la nariz, debía exhalar rápidamente cuando gemía agudamente al gritar de dolor al ser atacado por la monstruosa verga que llevaba tiempo cogiéndolo.

   -Oh, si, chico… tu culo es una delicia… -sonrió el sádico profesor mientras levantaba por las nalgas al adolescente, sacándole la verga del adolorido culo casi hasta la punta, dejando sólo el glande enterrado en él, para dejarlo caer con todo su peso sobre la dura y gruesa verga, enterrándosela toda al lloroso alumno.

    Esto aumentó la agonía de Parker, quien sollozaba ahogadamente; ese tolete estaba destrozándolo. El señor Quirk no había utilizado ni siquiera saliva para lubricarlo y ahora que lo alzaba y dejaba caer, había más fricción y dolor.

   -NHHHHH…

   -Maldita sea, muchacho, tienes ese culito tan estrecho, me aprieta tanto… -gruñó vicioso el señor Quirk, sonriéndole amoroso.- No puedo creer que mi verga entera quepa toda… y sin embargo tú la aceptas. Eres un putico delicioso, Parker… Y en mis manos, o sobre mi verga, puedes convertirte en la princesa de las putas. Para ser reina debes llegar antes a la universidad… -y ríe burlón.

   -MMN… MMN… -Parker grita en respuesta, también al nuevo ritmo del mete y saca que el señor Quirk imprime a su verga, taladrándole una y otra vez el culo. Era increíble que ese cerdo pareciera asombrado (y contento) de que su agujerito aún continuara intacto después de la brutal cogida.

   Cada vez que el señor Quirk metía y sacaba su verga, Parker sentía como si hubiera llegado cada vez más lejos. Para ese momento su culo ya ardía tanto que cuando el profesor vuelve a elevarlo hasta la cabeza de su verga y lo deja caer, violentamente, apenas siente un poco más de dolor. Su ano parecía ir insensibilizándose con los duros y rudos golpes de verga que estaba recibiendo.

   Mirándolo con lujuria y maldad, todo rojo, transpirado, cautivo y lloroso, el señor Quirk lo deja deslizarse nuevamente sobre su dura verga, clavándosela toda, con las rojas nalgas apoyándose sobre sus muslos donde destacan sobre sus bolas enormes.

   -Creo que es hora de salir de esto. –anunció el señor Quirk, elevando su mano al rostro del muchacho, tomando una de las putas de la cinta adhesiva que mantenía cerrada su boca, arrancándola con un brusco y rudo movimiento.

   -OOOWWW… -gimió Parker, tomando aire desesperadamente.- Por favor, señor Quirk… más no. –suplica.- Por favor, deje de…

   -Ay, pero mi querido Parker… -se burla el señor Quirk.- …La noche apenas está comenzando… y tú y yo aún tenemos mucho que experimentar… -sonrió elevando una mano y atrapándole una de las tetillas marrones… dándole un feo apretón, sonriendo con una mueca del grito del chico.

   -No, señor Quirk… por favor, ya no, señor…

   Pero antes de que Parker pudiera terminar de quejarse, el musculoso profesor comenzó a levantar su trasero de la silla, tensando y alzando al joven que grita, sus tobillos sujetos con unas correas agarradas por unas cadenas a las patas del escritorio no lo dejaban alzar su cuerpo en respuesta al movimiento del maestro cachondo.

   -Oh, si, tómalo, Parker… -graznó, vicioso, con sus manos en las turgentes y temblorosas nalgas, sosteniéndolo, alzándose, obligándolo a estirarse, con las correas mordiéndole los tobillos.

   -Huggg… ahhhh… -Parker gime cuando siente el dolor de las correas sosteniéndolo por los tobillos, cosa que parecía lograr que la verga del señor Quirk se le clavara más profundamente en su redondo culito, forzándolo. Gruñendo, mirándolo torvo, con sus dedos clavándose en la joven carne, el señor Quirk continúa subiendo y empujando aunque ya parece físicamente imposible. El chico grita y su pecho se agita contra el musculoso torso del maestro

   -Oh, lo siento, Parker, olvidé tus tobillos. –le sonrió, cruel, elevando una de sus piernas y apoyando el pie en la silla, sin sacarle ni por un segundo el grueso y tieso tolete del culo que apretaba desesperadamente intentando librarse de él.

   -¿Qué… qué hace? –preguntó con una mueca de dolor, el joven, pero cuando iba a pedirle que bajara el pie, este se impulsó en la silla elevándose un poco más, enviando su gruesa tranca un poco más dentro del sedoso y apretado culo.- AHHHH… -el chico gritó de dolor.

   Mareado, el chico se preguntó qué había pasado, ¿acaso hasta ahora el señor Quirk no le había enterrado lo más grueso de su verga? Debía ser, porque ahora le parecía que ese tolete era el doble de grueso, estirando el redondo anillo de su culo de una forma terrible que él habría creído humanamente imposible en este punto. Pero, aparentemente, si lo era, se convence mientras el señor Quirk estira totalmente su pierna en la silla, casi alzando al chico sobre su barra caliente, y el escritorio. Sus tobillos estaban extendidos al máximo, dolor adicional que le obligaba a apretar los dientes.

   -¿Te gusta así, muchacho? –pregunta el señor Quirk, con un sádico brillo en sus ojos.- Voy a soltarte de las cadenas, pero te lo advierto, no intentes escapar; para eso te haría falta más fuerza de voluntad de la que tienes, putico. –le dijo el maestro.

   Parker apenas lo escuchó, sin embargo, demasiado ocupado como estaba jadeando agudamente por la intensidad del abuso al que estaban siendo sometidas sus entrañas. De pronto, y sin tener aún sus pies apoyados sobre el piso, con un movimiento rápido y rudo que le hizo gritar, el hombre sacó la descomunal verga de su culito rojo y tembloroso. Gime al caer sobre los musculosos muslos cuando el hombre se agacha y libra sus tobillos. Medio mareado como está, Parker no piensa en ponerse de pie, menos en escapar. El señor Quirk sabe de su confusión y sonríe, tomándolo por la cintura y con un movimiento brusco, fácil y experto, lo alza, acostándolo de panza sobre uno de sus hombros anchos y recios.

   El adorable muchacho, transpirado y desnudo fuera del blanco suspensorio, gime por el rudo trato. Mientras una de las manotas del señor Quirk le atrapa los tobillos, la otra sube hacia las turgentes nalgas expuestas hacia arriba del muchacho, esos dedos soban y tantean sin mirar, recorriendo la roja y lisa raja interglútea, frotando con la yema de los dedos la entradita estrecha del culo adolescente, ahí, justo a un lado del rostro del vicioso maestro.

   -Señor Quirk, por favor… -jadea adolorido Parker, revolviéndose en su hombro, temeroso de esos dedos enormes cerca de su culito forzado. Desea que ese monstruo se detenga. El otro sonríe sádico y burlón.

   -Calma, muchacho; no tienes que suplicarme… sé que lo quieres y voy a dártelo… ¡Todo!

CONTINUA PROFESOR MALDITO… 2

Julio César.