Archive for 29 noviembre 2010

VAYA CON ESE SUEGRO

noviembre 29, 2010

VAYA TIPO

   -No digas tonterías, yerno. No hay edad para mantenerse en forma. O para seguir las modas. Me gustan las tangas y me las pongo. ¿Crees que se me ve mal?

   -Nada de eso suegro. Se ve muy bien. –jadeó el joven, con los ojos corriendo del tórax al entrepierna.- ¿Por qué no enseña más?

   -Sólo si te pones en cuatro, JA, JA, JA. –rió divertido el otro, jugando como estaban.

   -¿Dónde, aquí o en su cama? JA, JA, JA. –replicó el otro, con los ojos clavados en la bragueta del suegro, siguiendo el juego. ¿O no?

ESE SUEGRO… 2

Julio César.

JARED EL NOBLE, JENSEN EL PLEBEYO… 10

noviembre 29, 2010

JARED EL NOBLE, JENSEN EL PLEBEYO                      … 9

   Esta historia, QUE NO ES MÍA, mal traducida por el Google, larga y totalmente romántica, me la hizo llegar una amiga. Es buena. Es melosa y bobamente sentimental. Sólo una mujer, como MERI, podría escribir esto. Aunque mi amiga me pasó el archivo completo (es largo), sobre el encabezado hay poco. Es un tanto picante (bueno, algo más que un poco), pero es, básicamente, una historia de amor rosa. Disfrútenla:

……

MATRIMONY W ITH HIS MAJESTY

By MERI

Jared/Jensen

CN-17

Cuando el agente de policía Jensen Ackles salva la vida del rey de Monrovia, no sabe hasta dónde llegará el agradecimiento de su majestad, Jared Primero…

   Tan pronto como quedan a solas, y mientras Jensen sonríe a punto de comentar lo que le costara a Bobby regresar a su vida habitual, Jared se inclina sobre él y le besa. Con urgencia. Como si lo necesitara. Jensen responde automáticamente. Como Jared es mucho más alto que él, todavía se sentía extraño cuando se besaban estando de pie, pero después del primer par de segundos, Jensen siempre deja de pensar en ello y se deja llevar por el beso, uno donde los dos luchan.

   La lengua de Jared entra con urgencia en su boca, recorriéndola, tanteando sobre la suya sin dejarse atrapar. Gimiendo en voz baja, Jensen se aferró a él, mareado como siempre, deseando saborearlo también, mientras recorre con sus brazos la recia espalda de Jared, apoyando finalmente sus manos en esas nalgas firmes.

   Jared se echó a reír contra su boca.

   -¿Buscas esto? –y sacando culo, lo frota contra las manos de Jensen.

   Una de las manos de Jared atrapa el rostro de Jensen, recorriéndole la mandíbula con ternura, la otra se desliza por su brazo, atrayéndolo más. Jensen enmudeció cuando la boca de Jared volvió a atraparle, totalmente apoyado contra el recio cuerpo de Jared, con la presión de sus vergas comenzando a dar señales de vida.

   -Padre… –se oye la correcta voz de Jordan.

   Casi gritando, Jensen da un salto atrás, separándose totalmente de Jared, quien parece resentir el no tenerlo a su lado. Y cuando se vuelve, Jensen se encuentra con lo que temía desde que oye la voz del niño. Bobby está ahí, mirándole totalmente sorprendido.

   Incluso horrorizado.

   -¡Estabas besándolo! Ewww. ¿Por qué lo besabas? ¡Es un hombre! –Bobby se frotó los ojos como si estuviera tratando de limpiar la imagen de sxu mente.

   Jensen miró a Jared, su estómago hundiéndose en sus botas. Con todas sus preocupaciones por los demás, lo que dirían sí se enteraban, no había considerado ni por un segundo lo que diría Bobby. O lo que le explicaría al respecto.

   -¿Acaso no sabes que dos hombres pueden besarse? –le pregunta Jordan, de pie junto a Bobby en la parte baja de las escaleras.

   -Sólo si son “gay”. –bufa Bobby, con algo de censura. Después de todo era un muchacho de Texas y Jensen no había hecho nada para cambiar eso.

   -Bueno, sí; pero es igual a cuando se besan niños y niñas. –replica Jordan, sin captar, aparentemente, el insulto en las palabras de Bobby. Este se volvió a mirarlo, entrecerrando los ojos, exasperado.

   -No digas tonterías. ¿Quién querría besar a alguien? Eso es… grave.

   -¿Alguna vez has probado besar a una niña? Porque, ¿cómo puedes pensar que es malo si no lo has hecho? –argumenta con un tono perfectamente razonable.

   -Eso es… sucio. –su rostro enrojece, mirando fijamente a Jensen, señalándolos.- Pero eso es todavía mucho peor.

   -Basta, Bobby, salgamos a la terraza. –Jensen endereza los hombros, señalando hacia la puerta con un gesto de cabeza.

   -Jensen… -la voz de pared es amistosa mientras alza su mano para tocarlo en el hombro. El rubio le esquiva.

   -Yo… espera… necesito hablar con Bobby. –la mirada dolida de Jared sobre él, le altera, pero no tanto como la mirada de Bobby.- Bobby, ¡ahora!

   El niño sabía que no podía resistirse, nunca se había animado a desobedecer una orden directa de Jensen. Terminó de bajar las escaleras y salió por la puerta sin decir una palabra.

   Para cuando salió, Jensen encontró a Bobby sentado en unos escalones que daban al prado, con los codos sobre sus rodillas. Sin mirarle.

   -No puedo creer que estabas haciendo… eso.

   Orando por alguna intervención divina que le mostrara el camino, o alguna idea de cómo manejar la que seguramente será la conversación más difícil de su vida, Jensen tomó asiento a su lado. Como no le llegó ninguna inspiración milagrosa, se decidió por la honestidad total.

   -Sin embargo lo hacía. Besaba a Jared. Y pienso seguir haciéndolo.

   -¿Por qué? ¡Es sucio!

   -En realidad no, Bobby. Es bueno, divertido y a mí me hace feliz, -lo de divertido sería seguramente lo que Bobby recordaría de esta conversación cuando llegara a adolescente, tal vez culpándole de sus problemas de conducta. Bueno, eso si Jensen le dejaba vivir tanto tiempo.

   -¿Eres gay? –la palabra no había perdido en la voz de su hijo ninguna de sus connotaciones negativas. Lo hizo sonar como si hablara de la peste. Y Jensen no sabía ni qué responderse a sí mismo.

   -No lo sé. Tal vez. Es… posible. ¿Vas a tener problemas con eso? –su corazón latía con esfuerzo. Bobby guardó silencio por unos dos minutos.

   -Es terrible. No puedo creer que seas marica. Eso no está bien.

   -Bobby…

   -¿Es por él? Tal vez si no estas junto a él…

   -Soy yo, Bobby.

   -Pero está mal.

   -¡Soy yo, Bobby! –repite con autoridad.

   -¿Y está bien porque eres adulto? –reta, estremeciéndose todo, poniéndose de pie y escapando a la carrera al interior de la vivienda.

   Jensen se cubrió el rostro con las manos, bajándolo. Recibir un disparo dolía menos. Pero debía encarar la situación ahora, por si un día, en el futuro, deseaba mantener una relación con alguien que le entendiera y apoyara. Bobby debía aprender a aceptarlo con el tiempo.

   Amaba a su hijo más que a su vida misma, pero no podía permitir que Bobby dirigiera su vida, o nunca tendría una. No es que hubiera tenido alguna en Texas tampoco, pero existía la posibilidad.

   Un poco más tarde se abrió la puerta nuevamente y Jensen notó como alguien se sentaba a su lado en los escalones. La colonia, el aroma corporal, le dijo quién era.

   -¿Puedo suponer que la conversación no fue tan bien? –pregunta Jared en voz baja, teñida de simpatía. Jensen soltó una risa amarga.

   -Puedes apostar a que te quedas muy corto.

   -¿Tengo que decirte que es probable que mucha parte de su enojo se deba a los celos de tener que compartir tu afecto?

   -Oye, no sicoanalices a mi hijo. –graznó Jensen, con una contracción desagradable de estómago.

   -Bien. –oye el pesar en la voz de Jared cuando este comienza a ponerse de pie.

   -No, espera. No te vayas. –pidió Jensen, colgando una mano en su brazo para detenerlo. Lo necesitaba allí, necesitaba del calor de la piel de Jared para calentar el frío de sus manos y cuerpo.- Lo siento, es sólo que… -suspiró cansado.- …No discutimos mucho entre nosotros. Siempre hemos sido tan sólo él y yo.

   -Y ahora hay más que eso. Lo entiendo. –Jared, acomodándose en el escalón rodeó con un brazo sus hombros. Deseaba decirle tantas cosas. Tranquilizarle. Pero él mismo no lo estaba. Si Bobby se empeñaba…

   -Imagino que… se calmará un poco cuando… volvamos a Texas. Pero debe intuir que algo ha cambiado.

   -La vida es cambio, Jensen. Él lo entenderá. –responde serio, apoyando la barbilla en la nuca de Jensen, mirando hacia el bello prado. No muy feliz en ese momento. El que Jensen enfrentara lo que tenían, defendiéndolo, le hacía bailar el corazón de pura alegría. El que pensara en marcharse…

   -¿Jordan no tiene problemas con esto? –pregunta Jensen, volviéndose a mirarlo.

   -Jordan ni siquiera sabe que hay un problema. –responde Jared, suspirando luego.- Ustedes los norteamericanos están demasiado asustados del sexo.

   -Probablemente, pero tiene sus ventajas. Un buen maestro puede enseñarnos. –Jensen forza una sonrisa. Quería distraer a Jared de esa pequeña sombra en su mirada. Una que no sabe por qué está allí, después de todo el hijo con mala actitud era el suyo, no Jordan.

   -Estoy listo para enseñar dónde y cuándo sea. –Jared se le acerca un poco más.-Pero, ¿y Bobby?

   -No quiero hacer alardes de intimidad frente a él, ya está bastante molesto, pero tampoco voy a ocultarlo. Amo a mi hijo, pero no puedo cambiar el quién soy y cómo soy por él. Deberá aceptarlo. –sabía que lo que decía era correcto, pero el estómago continuaba retorciéndosele a pesar de todo.

   -Tampoco yo quiero que ocultes el quién eres, pecoso. –comenta Jared, cálido, enmarcándole el rostro con sus manos y besándolo suavemente. La respuesta de Jensen, su aliento, era como un dulce caramelo al que se estaba aficionando.

   -Bueno, en este lugar, ¿dónde está mi habitación? Debo desempacar. –pregunta Jensen después de un rato, cuando sus labios ya están rojos e hinchados.

   -No sé si te has dado cuenta, pero este lugar no es tan grande, no hay tanto espacio como en palacio. –responde Jared, sonriendo, apoyando la frente contra la de Jensen.- Así que tengo que pedirte un favor.

   -Vaya, ¿y qué será? – Jensen bajó la mirada para ocultar su sonrisa.

   -¿Te importaría compartir una habitación conmigo?

   -Bien, creo que eso se puede arreglar. Pero te costará. –con una mano le atrapa el cuello, atrayéndolo hacia sí, besándolo nuevamente.

   -Entiendo. –la sonrisa de Jared era segadora.- Estoy dispuesto a pagar por este favor lo necesario. Estoy seguro que lo valdrá.

   -Ni siquiera has oído lo que quiero.

   -No importa. Sé que será lo justo. –desliza sus brazos alrededor de la espalda de Jensen, tirando de él lo más cerca posible, y besándolo con esa urgencia que se le volvía costumbre.

……

   Más tarde, encaramados en la enorme cama, Jensen miró a Jared con una enorme sonrisa, Su Majestad estaba de espaldas sobre el colchón, recibiendo sobre sí el peso del pecoso rubio.

   -Voy a lamer cada pulgada de tu cuerpo. –avisa Jensen. Jared, con los ojos muy abiertos y dilatados, asintió con la cabeza.

   -Lo que tú quieras.

   -Oh si, vamos a llegar a eso más tarde. –promete Jensen, colocando un tubo de lubricante bajo la almohada, prometiéndole cosas a Jared, a quien los ojos le brillaron de inquietud.- ¿Qué? ¿Acaso no te gusta…?

   -No, está bien. –accede Jared, aunque un temblor recorrió todo su cuerpo.- También lo deseo. Sentirte dentro de mí. Es tan sólo que… ha pasado un largo tiempo desde que alguien… -una mano del rubio acunó un lado de su rostro.

   -Sabes que jamás te haría daño, ¿verdad?

   -Por supuesto que lo sé. Aunque es preocupante dejarte hacer, dada la facilidad con la que te distraes y… -lo reta.

   -¿Distraído? Ya veremos lo que hace un distraído.

   Tendiéndose sobre él, Jensen le besa apasionadamente, pero tan pronto como Jared comenzó a responder, el rubio se alejó, concentrándose en recorrer con lamidas, besos y mordiscos el cuello del gimiente rey, para luego bajar a su pecho. Remolineando su lengua sobre la piel de Jared, Jensen se recreó en su sabor, pero también en escuchar los pocos y dulces gemidos que escapaban de la boca del más alto. Eso le complació. ¿Distraído? No había nada que supiera hacer mejor que mantener a la audiencia entretenida cuando dictaba una charla, y Jared iba a descubrirlo.

   Le gustó especialmente el sonido que hizo Jared cuando le atrapó con la boca la verga, besándola y lamiéndole la punta antes de bajar, enterrándola profundamente en su garganta mientras la chupaba. El calor que le producía oír los gemidos de Jared se fueron acumulando en su columna, haciéndole desear tomar de una vez todo lo que Jared pudiera ofrecerle.

   Nunca nada en su vida le había preparado para la idea de que mamar una verga erecta y palpitante podía despertar ese fuego de deseo tan intenso en sus entrañas. Ahora podía admitir que algunas veces fantaseó con ello, con dar una buena mamada. Pero nunca creyó que se presentara la oportunidad. Dios, ni que fuera así de intenso, piensa mientras, con los ojos cerrados, chupa la dura tranca al subir sobre ella, apretándola con sus labios. El suave olor fuerte, almizclado, los estremecimientos de Jared bajo sus manos, hizo que su propia verga le doliera de tantas ganas, haciéndole apretar más y más sus mejillas y lengua contra el miembro de Jared.

   La mano de Jared en el cabello de Jensen, acariciándole, o reteniendo, urgiéndolo a terminar, hizo retroceder al rubio.

   -Pronto, bebé. –le promete con una sonrisa, mientras lo urge a caer totalmente de espaldas sobre la cama.

   Con dedos temblorosos, Jensen recorrió las duras nalgas del otro, quien se agitaba levemente atormentado por la caricia. Lentamente fue empujando uno de ellos contra el culo expuesto de Jared, tanteándolo por primera vez, introduciéndolo lentamente. Al final resultó que le fue más fácil de lo que imaginaba.

   -¿Estás bien? –preguntó mientras deslizaba su dedo dentro y fuera, lentamente, clavándolo y profundizando, buscando ese lugar dentro de Jared que le haría ver estrellas estallando frente a sus ojos. El calor era intenso, el esfínter apretaba de forma increíble su dedo, y Jensen dejó escapar un jadeo, acompañado de un gemido de Jared.

   Los ojos de Jared eran enormes, estaban llenos de ganas y lujuria, esperándolo. Asintió bruscamente con la cabeza.

   -Estoy bien. Realmente bien.

   Como Jared había hecho con él la noche anterior, Jensen pasó un buen rato penetrándolo con dos y luego tres dedos, dilatándolo, a la espera de cualquier palabra de Jared pidiéndole que se detuviera. Sin embargo, sus gemidos suaves y suplicantes, así como el meneo de su culo, decían lo contrario.

   Y cuando Jensen finalmente deslizó la cabeza de su verga dentro de Jared, sintiéndose atrapado, halado y masajeado, casi gritó de sorpresa y gusto. La enterró, suavemente, y se convenció de que Jared estaba hecho para tener una verga, su verga, bien enterrada en el culo. Bien sabía Dios que no mentía. Tenerla allí, totalmente enchufada, pegando la pelvis de las nalgas de Jared, era como volver a casa. Era como la dicha y el placer que había estado buscando toda su vida sin saberlo, sin haberlo probado jamás. Ahora que lo había hecho, que su verga taladra las entrañas de Jared, comprueba que es la sensación más poderosa que jamás ha experimentado, el mayor gusto que ha sentido jamás.

   Tembloroso se agarró a las estrechas caderas de Jared y lentamente continuó cabalgándolo, tratando de llenarlo todo, de llegarle a ese punto mágico, de hacerlo bien y hacerlo durar para ambos.

   -Oh, Dios… -graznó Jared.- Más, dámelo todo, Jensen. Más fuerte, más rápido, por favor… -gimoteó,  incapaz de contenerse, subiendo y bajando sus caderas, buscando con su culo la verga de Jensen.

   -Pide y lo tendrás. –sonríe Jensen, presionándolo más, aumentando su velocidad, penetrándolo con golpes duros y profundos. Un largo y ronco gruñido fue toda la respuesta de Jared, la cual se intensifica cuando la mano del rubio atrapa su babeante verga, acariciándola.- Dámelo, Jared… Córrete para mí. –le susurra tendiéndose sobre él.

   Y entre jadeos, temblando todo, como convulso, Jared se corrió. Jensen sintió que ese semen le quemaba la palma de la mano mientras salía disparada de esa enorme verga que tanto le gustaba.

   Mirar a Jared así, sentirse chupado por ese culo, tan sólo le permitió a Jensen un par de embestidas más. No pudo aguantar y se corrió con fuerza, clavándola toda en las entrañas de Jared, temblando también. Con ojos cerrado y la boca muy abierta, disparó una segunda y tercera vez, mientras Jared le miraba con franca y rendida adoración.

……

   A la mañana siguiente los cuatro desayunaron juntos, el silencio era algo tenso.

   -Ey, ¿qué dirías de un paseo por el campo y un picnic? Propone Jared tomando un sorbo de café, cerrando los ojos con un leve suspiro de placer.

   -Me parece bien. –sonrió Jensen.- ¿Bobby?

   -No. –Bobby le miraba fijamente.- No quiero ir. –Jensen exhaló sin dejar de mirarle.

   -Muy bien, pero debes permanecer dentro de la casa. –Bobby lo mira resentido.

   -¿Puedo llamar al abuelo? –y Jensen se congela un momento.

   -Esta tarde. Cuando yo vuelva. –intenta no mirar a Jared.- ¿Y tú, Jordan? –el otro niño miró de Jensen a Bobby.

   -Me quedo con Bobby. Si está bien para ti, padre.

   -Muy bien, hijo. –sonrió Jared, para nada afectado, aparentemente por la deserción de los niños mientras miraba su reloj.- Le diré al cocinero que prepare algo de comer y nos reunimos aquí en… ¿media hora?

   -Funciona para mí. –responde Jensen… mirando a Bobby, quien le ignora deliberadamente. ¿Acaso llamaría de todas maneras a Texas y…?

CONTINÚA … 11

PARA VER LAS SERIES COMO SUPERNATURAL

Julio César.

¿HABRÁ GUERRA EN EL MAR DE CHINA?

noviembre 29, 2010

GEORGETOWN ATACA A URIBE VELEZ

   Sé que no es China precisamente, pero suena bien. Alicia Machado tenía razón.

   El mundo mira con preocupación hacia la península de Corea, donde Corea del Norte atacó y amenazó con represalias si su vecina, Corea del Sur, participaba en ejercicios militares con fuerzas de Estados Unidos. Y justamente esta madrugada dichos ejercicios comenzaron en el mar Amarillo. El portaaviones nuclear George Washington, uno de los más emblemáticos de la naval norteamericana, participa en las maniobras.

   La presencia del portaaviones ha desatado la ira del régimen norcoreano, quien ve en todo ello una provocación americana. Opinión que comparten muchos, quienes aconsejan discreción, diplomacia y bajar el tono. Fuera de quienes ya se lanzan a la teoría de una conspiración norteamericana para levantar la economía. Aparentemente no fue Norcorea quien atacó al Sur, sino los gringos haciéndose pasar por asiáticos (¡Dios!).

   La verdad es que yo nunca había oído tantas ligerezas dichas en tan poco tiempo. Corea del Norte, bajo la bota de un dictador sanguinario y recién montado en el trono (aunque se hacen llamar comunistas, o tal vez esa basura sí sea comunismo), gasta el dinero que le quita a su pueblo en armas, porque el tamaño de sus testículos se medirán en la cantidad de amenazas y escaramuzas que pueda hacer. Mientras más amenazante sea, más hombre (es el problema cuando los líderes no pasan un simple examen psiquiátrico). Corea del Norte dispara sobre Corea del Sur y mata surcoreanos, luego amenaza con que si Corea del Sur hace algo, o pide ayuda internacional, las represalias serán brutales. El mundo aguanta el aliento, el régimen norcoreano sonríe y continúa amenazante, hasta que el Sur se decide a actuar. Ahora soplan vientos de guerra y no falta el retrasado mental que señale de responsable de tal problema a Corea del Sur y a los mismos norteamericanos.

   Te atacan, pero debes quedarte callado, bajar la cabeza y aguantar o las cosas pueden ser peores, y lo que pase será tu culpa. Es imponerse por el terror. Pero no es la primera vez que escucho semejante argumentación. Hace tiempo, Polonia envió una nota de protesta a Rusia por las declaraciones de no sé que oscuro e ignorante funcionario de su Ministerio de Defensa. Hablando sobre el fin de la Segunda Guerra Mundial, sostenía el enfermo este que la guerra comenzó por culpa de Polonia cuando esta se defendido de la invasión nazi. ¿Qué tal? Si Polonia se hubiera sometido a sus conquistadores, según el ruso, nada malo habría ocurrido. La culpa de todo fue de los polacos, no del demente régimen nazi o de la alianza contranatural entre Hitler y Stalin.

   Ahora Corea del Norte ataca, si Corea del Sur revira e intenta resistir, entonces tendrá que atenerse a las consecuencias y de lo que ocurra serán los responsables. ¿No suena encantador? Lo curioso es como los dementes siempre repiten los mismos argumentos.

   A Corea del Sur voy.

  Por cierto, muchos temen una Tercera Guerra Mundial. No lo creo. Aunque mueran miles en la península coreana, no habrá una guerra intercontinental. China necesita que los americanos le compren, Rusia que le envíen dinero (si toleran al régimen norcoreano es porque molesta a los americanos, pero hasta ahí le acompañan, después de la matanza entre los tres se repartirán la zona), y el pueblo norcoreano ya no aguanta más tanta miseria y represión. Y si un “líder” no cuenta ni con su pueblo para el sacrificio final, no llega a nada. Ahí está Saddam y su guerra a muerte. En cuanto los americanos pisaron Irak la gente derribó las estatuas del tirano.

   Son las lecciones de la Historia, aunque como no suelen mostrar lo que tantos desean, nadie le presta atención.

MUBARAK ABANDONA, ¿QUÉ PASARÁ EN EL MEDIO ORIENTE?

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… 52

noviembre 29, 2010

LUCHAS INTERNAS                         … 51

   -¿Un secreto? Cada noche te sueño aquí, junto a mí.

……

   El grupo no es, ni con mucho, los únicos borrachos que había esa madrugada del domingo aún por ahí. En Caracas, un muy borracho, contento y salvaje Frank, llega a su apartamento, acompañado por uno de los vigilantes del edificio que lo molestó un poco al ofrecerse acompañarlo. Iba a mandarlo al coño de su madre, pero finalmente, al volverse hacia la pared, se le olvidó la presencia del tipo. Dios, cuánta caña tomó. Y esas puticas… aún recordaba la champaña que tomó de la vagina de una de ellas, o de las dos, ya no recordaba mucho. Sólo que había sido una gran fiesta, ese Ricardo sí que sabía vivir.

   Cruza dando traspiés todo el apartamento y sube la oscura escalera; intentando ser sigiloso, entra en el dormitorio, que se encuentra en penumbras. Pero Marina, quien se queda ahora con él, no duerme. Está acostada de espaldas, esperándolo. Se ve dolida, preocupada y traicionada. Era esa mirada que las mujeres siempre le ponían al hombre que había estado de farra, que parecía decir “cómo es posible que hallas estado bebiendo y pachangueando, sabiendo que yo estaba aquí, dolida, sufriendo y preocupándome por ti. ¿Ves lo buena que soy que ni te digo nada?”. Y Frank reaccionó como lo hacen millones de hombres en esas circunstancias, se molestó. Había algo muy desagradable en esa mirada de juzgado, de quien censura y crítica.

   -¿Qué haces despierta? -gruñe. Ella lo mira dolida.

   -Te esperaba. No podía dormir tranquila sabiendo que no habías llegado. -intenta contener la censura, no quiere sonar posesiva o demandante.- Caracas es tan peligrosa de noche…

   -Duerme tranquila entonces, ya llegue. -brama contenido, exasperado con esa actitud femenina. Odia los celos, los reclamos, y esas miradas de mujer dolida.- Estoy de una pieza. -se quita el saco y afloja la corbata, para luego casi arrancarse la camisa. Ella enciende la luz de la pieza. Oh, Dios, piensa él, aquí vamos. -Frank… -pero su lamento no cuaja, mira un arañazo claramente femenino, de perra en celo, como diría su madre, en uno de los hombros del carajo, así como rastros de pintura labial por todos lados. Siente una rabia terrible. -¿Dónde…?

   -Ah, no. No quiero discutir. No a estas horas. Estoy cansado y sólo quiero dormir. ¿Está bien?

   -No voy a compartir la cama… -estalla.

   -Entonces sal, el otro cuarto es bien cómodo, mamita. -se quita los pantalones y el calzoncillo, metiéndose en la cama sin mayores ceremonias.- No quiero oír nada más, Marina. Si me gustaran este tipo de reclamos me hubiera casado contigo o con cualquiera. -es rudo. En el fondo siente algo de remordimientos al tratarla así, pero si no se mostraba firme, ella terminaría creyendo que tenía derechos sobre él. Le gusta, está bien, pero hasta ahí. Tal vez ya era hora de salir de ella. Ricardo habría estado encantado…

   A su lado, Marina siente ganas de gritarle, de golpearlo. Y de llorar. Hasta ahora había sido atento, cariñoso, y ahora se mostraba… desconsiderado. Simplemente parecía no importarle una papa lo que ella pensara o sintiera. Sólo debía estar callada y tranquila, parecía ser su papel. Y en ese momento, lo odió, y le deseó todo el mal del mundo.

………………..

   A la mañana siguiente, en Tacarigua de la Laguna, medio enratonados, con flojera y malhumor, todos debieron dejar las camas, o mejor dicho las colchonetas, a más tardar a las siete y media de la mañana. Sam y Lucas fueron implacables en eso. A Renato no le costó nada, estaba tan sereno como siempre cuando se ofreció a ir a comprar cosas como pan, jugos de naranja y Gatorades para todos. Con la boca pastosa, Néstor le dijo que si podía conseguir dos botellitas de whisky mejor. Todos se medio ducharon, intentando despejar la mente, mientras Lucas y Jorge freían tocino, huevos y jamón. Olía bien, y entre eso y el café, todos recuperaron el ánimo para el momento cuando Renato volvió. No contó, pues no se fijó, que su paso por el caserío despertó cierto revuelo, por su bonito carro, por su aire de muchachón con real, y por su pinta atractiva en bermudas y franela. Estaba tan acostumbrado a destacar, como Sam o Lucas mismo, que ya no se daba cuenta. Pero en el caserío sí se fijaron, ¿quién sería ese?, se preguntaron muchos, incluidos William Bandre y Ramón Dugarte.

   Todos comieron, hablaron y recuperaron poco a poco el ánimo. Alirio se molestó cuando Néstor lo acusó de roncar y gimotear toda la noche, llamando a un tal César. Era una broma pesada del galeno, y Lucas lo sabía, pero Alirio se alteró, pues con las cosas que le habían pasado últimamente no podía dejar de temer nombrar a un tipo en forma comprometedora, aunque, coño, que él recordara, no conocía a ningún César. Ah, pero la conciencia siempre era el peor de los jueces.

   A las nueve en punto salieron en jeans viejos y franelas, o camisetas, según gustaran, a oír el veredicto de Lucas que ya había recorrido toda la casucha por dentro y por fuera. Su dictamen fue desalentador: había que derrumbar tres de las paredes del baño, estaban muy agrietadas y podían caer. Se apuntalarían otras, con una viga aérea se podía construir otro dormitorio, uno pequeño. Había que ir derribando el techo por partes, quitar una pared en la sala para unirla al comedor, dos habitaciones minúsculas que podían convertirse en una y derribar una pared de la cocina para darle espacio. Había que raspar el friso de las paredes y aplicarlo nuevamente, no podía sólo montarse una capa de mezclilla ya que volvería a agrietarse.

   -Quien lo aplicó, utilizó demasiada tierra en la mezcla, le faltó cemento y polvillo. -sentenció tocando la pared.

   -Sólo un tonto como tú podía comprar semejante mierda. -Sam mira feo a Eric.

   -¿Y qué sé yo? Sólo quería la propiedad. En verdad pensaba echarla abajo y edificar algo nuevo.

   -Si aún piensas hacerlo, dilo. Así nos ahorras el trabajo. -dice Néstor, esperanzado en escapar de eso.

   -No lo sé… -bota aire Eric, mirando a Sam y Jorge. Sam se encoge de hombros.

   -Creo que lo mejor es lo que construye, arma o crea uno mismo. Hay algo de ti… en eso. Y más si te ayudan tus amigos. -dice algo cortado Jorge, mirando de Eric a la casa.

   “Cómo hay gente que dice maricadas”, gruñe para sí, Néstor.

   -Bien dicho, hijo. -aprueba Lucas; le agrada ese jovenzuelo.

   -Eso lo decide todo, ¿no? -Eric mira al grupo, buscando una respuesta.

   -Si vamos a empezar, que sea ya. Ya viene la hora de la comida, y después de las cuatro nunca trabajo en sábado. -gruñe Alirio.

   -Y se puede saber, ¿exactamente en qué trabajas tú? -le pregunta Sam.

   -Vendo mi cuerpo a viejas ansiosas y ociosas.

   -¡Ju! Mercancía que queda fría. –sentencia Néstor.

……

   Si algo podía decirse de Venezuela es que las personas nunca tenían tiempo de aburrirse. Siempre se hablaba de lo del momento, del desastre y el caos del ahora. Siempre era así. Siempre había noticias y corruptelas que asombraban y escandalizaban, shows, personajes e informaciones que mantenían al país en vilo. Desde mujeres con cachos a quienes Dios castigaba por ser groseras con sus madres, hasta avistamientos de platillos voladores o ruidos extraños que estallaban sobre Caracas. Todas eran creídas en mayor o menor grado, y eran noticias seguidas. Si en una novela un cura era tentado por un mujerón, ya sólo de eso se hablaba. Era recordado el diputado del antiguo Congreso Nacional que una vez propuso interpelar a un cantante, al líder de esa generación como se le conocía, porque cantaba algo como que iba a violar de amor a una mujer. Todo terminaba convirtiéndose en el escándalo del momento, que muy pronto era olvidado. Había algo de generoso y de terrible en el pueblo venezolano. Podían perseguir implacablemente a alguien, para luego perdonarlo. Alguien podía cometer los crímenes más terribles, escapando por los pelos de ser detenido, gozar por el mundo de lo malhabido, para luego tenderse por ahí, soñando con el regreso a su país. Hasta hace pocas décadas el venezolano era poco emigrante, el país recibía a todo el mundo, pero su gente poco se iba. Fueron los últimos y desastrosos gobiernos los que cambiaron esa tendencia. ¡Un gran éxito para ellos!

   Ahora había familias enteras que soñaban con irse, pero no de la miseria, no del trabajo duro; escapaban de una horda de criminales que se permitían atacar, herir y matar gente, para aplastar a las masas, acallar a los que protestaban por la falta de seguridad, de justicia y de libertades. La gente no se iba de un país en crisis sino de una gigantesca prisión que se estaba montando alrededor de todos, con la complicidad de diputados, ministros y militares que cada noche se reunían con su gente a felicitarse y reírse del daño, del dolor y la muerte que habían causado ese día, asegurándose otro día más para robar, dilapidar y saquear al país. Y sin embargo había gente que tomaba la decisión, valerosa y hasta temeraria, de enfrentarlos cada día, de gritarles en sus caras que no eran más que basura, basura, depravaciones y basura. Y cómo se molestaba la basura de izquierda al verse así descubiertos, en lo que eran, en lo que hacían, en lo que producían. El proceso sólo podía mostrar al arribar a su tercer año, miseria y necesidad, todo bañado en sangre y violencia. Por eso los enfrentaban los medios de comunicación, los curas, los empresarios, industriales y comerciantes, las organizaciones sindicales y grupos civiles organizados alrededor de la única meta común: salir del tirano y sus secuaces.

   Gente que hasta ahora había sido mimada y cuidada (maestros, médicos, amas de casa de clase media variada, estudiantes universitarios, industriales y gente de la televisión, la radio y los periódicos), de pronto se vio atacada, pero no sin propósito. Para que el plan nefasto de los que habían decidido apoderarse del país triunfara, tenía que pasearse por la destrucción de toda iniciativa, prosperidad o injerencia de ellos en la vida pública. Para que los delincuentes que habían tomado por asalto rastrero las instituciones, prosperaran, ellos debían menguar, ser acorralados y destruidos. Se creyó en el Alto Gobierno, que huirían, que abandonarían todo y correrían, que se esconderían en sus casas, encerrados, temerosos, diciendo sí a todo, como autómatas, como esclavos; pero de forma inesperada, salieron a gritar, a marchar, a enfrentar al delincuente que capitaneaba a la banda de malandros. No se asustaron como esperaban. En cierta forma era una redención de culpas, los grupos mimados que jamás se preocuparon realmente por la forma en que se dirigían los destinos del país, y que hasta abstencionistas eran, estaban pagando y expiando sus culpas.

   El error del régimen fue olvidar que el venezolano, al verse acorralado contra la pared, se volvía con uñas y dientes a luchar por su vida, como podían atestiguar las viejas crónicas independentistas, en La Victoria, en San Mateo, en la toma del castillo en Valencia, o durante ese horrible episodio que la historia llamaba coloridamente el Éxodo a Oriente. El país había sobrevivido a traiciones, propias y de otros, contra ella. El país expulsó a Bolívar, para que muriera afuera, pero fue castigado con Zamora y Guzmán Blanco. Casi cien años después, olvidaron las virtudes de los viejos, y un hombre indigno fue presidente dos veces; se pensó que una frívola miss y luego un militar golpista, que no fue capaz de aprobar en las pruebas de la academia militar, podían dirigir a la nación. Ahora, pagando sus cuentas, una voz, y otra, y otra, comenzaron a oírse hasta formar un coro al que no podían ni sabían cómo acallar como no fuera con la violencia y el crimen; y la gente resistió a pesar de la traición, cobardía, estupidez y avaricia de los transportistas y autobuseros, y de la gente del transporte subterráneo, quienes cambiaron al país por un aumento del pasaje.

   Los periodistas fueron los que más arriesgaron el cuello, protegidos únicamente en la esperanza de ser figuras públicas y conocidas y que no los asesinarían de forma notoria por miedo a las consecuencias. Así salían día a día a enfrentarlos, a gritarles en sus caras que eran una masa psicópata, criminal, ladrona e inepta. Mujeres como la Colomina, cada mañana desde su espacio en televisión los denunciaba, enfrentaba a un país que se resistía a creerle del todo, con el horror a donde la dirigían. Y a la aguerrida mujer la acompañaban otros y otros, valientes, temerarios.

   Pero aún dentro de los que seguían al criminal, había gente que sentía que debían hacer algo, que no podían continuar amparando crímenes, delitos y a delincuentes. Lamentablemente eran pocos los que saltaban a la palestra y gritaban lo que sabían, alertando a los demás. Eso pasó con el Partido Socialista, después de un pragmatismo que bien podía llamarse oportunismo y arribismo, la tolda mandarina había terminado apoyando en las últimas contiendas electorales al hombre fuerte del régimen, ¿por qué lo hicieron? La respuesta habría que buscarla en el año noventa y ocho, cuando al principio pensaron en seguir acompañando el partido del doctor Calderón, el viejo estadista, de cuyo gobierno habían formado parte importante, pero al que desecharon porque salía mal en las encuestas. Luego estudiaron las opciones de Claudes, un moreno salido de la socialdemocracia; luego a Irma, la exreina de belleza; después a Salóm Rosas, gobernador de Valencia. Todo, según aparecían en las preferencias públicas. Fue por ello que apostaron por el militar fracasado en los exámenes de Estado Mayor, pero que punteaba en las encuestas.

   Durante un buen tiempo lo siguieron y ayudaron, pero los vicios, delitos y excesos, así como la demencia peligrosa y criminal del entorno y la cúpula podrida, fueron demasiado. Poco a poco fueron tomando distancia, soportando los ataques de despecho y frustración de esa mente insana, enferma, que los acusaba de todas las traiciones habidas y por haber. Los socialistas se fueron, pero no antes de sufrir una nueva fisura, donde lo más abyecto del partido, esos que harían lo que fuera por su parte del botín así tuvieran que arrancarlo de las manos muerta del venezolano tirado debajo de puentes y azoteas, se quedaron, sumando sus votos en el Parlamento para aprobar toda ley dirigida a terminar con las libertades y la justicia. Sólo podía haber libertad a morir de hambre en los pueblos o montes, y la justicia sería la que saliera de los jefezuelos del régimen, gente que jamás en su vida trabajó honradamente o se preocupó de hacer algo por alguien, aún de sus propios hijos.

   Pero aún dentro de los que se quedaron a participar del festín del régimen, perros unos, zamuros los otros, alrededor todos de la gente que agonizaba, hubo quienes tocaron fondo, vomitaron y decidieron hablar. Uno de ellos fue Manuel Laya, concejal capitalino, quien ante la gente de la prensa escrita, de la radio y televisión, hizo importantes señalamientos. Era un hombre joven, que se veía nervioso, como quien carga un peso demasiado grande y quiere soltarlo, pero sabiendo que eso podía acabar con su tranquilidad, con la de los suyos y con su vida. El hombre dijo con voz tensa que sí habían persecuciones dentro de la Alcaldía Capital, que sí se vigilaba a la gente, que sí se les oían sus conversaciones, aún las telefónicas; que sí era cierto que había una persecución previa contra la gente del sindicato de la alcaldía, que ganó en unas elecciones abiertas donde el alcalde Bermúdez y su gente gastaron una fortuna chantajeando y comprando votos, pero aún así perdieron y luego intentaron desconocerlo, porque no soportan ni entienden que la gente no se someta a lo que ordenan.

   Habló de Mara García y Sonia Montero, dos mujeres embraguetadas que toda su vida la habían dedicado a la alcaldía desde que era Consejo Municipal, que no eran unas recién llegadas y que todos las conocían bien; que sí existía el director Rubén Vivas, un hombre de Bermúdez, que vino de una compañía de seguridad; que sí manejaban armas, que sí subieron a la azotea del edificio de La Nacional ese día en que se disparó contra la gente en El Silencio. Que era cierto que había testigos que lo habían visto dirigir las operaciones y disparar contra la gente. Laya contó que ese hombre, el alcalde, Cermeño, Isis, Barroeta e Irsia debían ser investigados por los tribunales, La Fiscalía y las policías del país. Sus declaraciones fueron brutales, inesperadas y candentes. En su casa, Ricardo Gotta las oyó y una vena palpitó dolorosamente en su frente. Ese hombre, ese Rubén Vivas, venía de la compañía de seguridad que él creó para La Torre. Era un nombre rastreable, que podía llevar a alguien, como a Las Chicas Superpoderosas, hasta él…

……

   A Tirzo le gustó Tacarigua de la Laguna, era atrasado, pobre y lleno de esa vileza y mala fe que habitualmente podía encontrarse en lugares así. Además el sol y el mar eran maravillosos. Llevaba dos días en la zona, en Río Chico, deslizándose hacia Tacarigua y averiguando todo lo que podía de William Bandre y de Eric Roche.

   Se llevó un susto de muerte cuando supo que Eric andaba por ahí, por lo que entendió la urgencia de Nelson y el Capo, el maldito doctor Gotta, en resolver el asunto William Bandre. El abogado podía hablar en cualquier momento. Y lo que supo, que se la pasaba borracho de sol a sol, lo alarmó más. Igual a Nelson cuando le informó. Llevaba la misión expresa de neutralizar de una buena vez la amenaza que representaba el joven borrachín suelto por ahí. Lo que Bandre sabía, o las pruebas que tuviera, debían ser algo grande para que movilizaran a alguien contra él. Su tarea consistía en saber qué hacía y con quién hablaba, y qué hablaba. Convencerlo de volver a Caracas, que volviera a La Torre; rara muestra de debilidad del Capo, ¿le gustaría el tipo? Bandre era… muy atractivo, así lo había oído en Vigilancia, pero no creía que Ricardo Gotta tuviera esas debilidades. Como él, por ejemplo.

   Ojalá se dejara convencer y volviera, porque lo otro era matarlo. Eliminarlo de una vez. Los muertos tenían la saludable costumbre de no hablar jamás. Pero esa alternativa lo preocupaba, como piensa en esos momentos cruzando la pequeña plaza del poblado, comiéndose un desabrido helado. No le molestaban los aspectos morales, él sabía en lo que se metía, lo que hacía. Ya antes había infringido la ley, como parte del Dasnap. No podía decir que cuando espiaban gente, la seguían, las amedrentaban sacándolos de la vía con todo y carros, les lanzaban disparos o los llamaban amenazándolos, lo hacían por el bien de la democracia o de la patria. Lo hacían para que un grupito retuviera el poder, y siguiera viviendo de eso, del erario público. Eran delincuentes sirviendo a delincuentes de cuello blanco. Y eso estaba bien. La paga era buena.

   Lo que le molestaba era la forma de actuar del Capo; era cruel y no muy leal para con su gente. Supo lo de Serena Salgado, la asistente de Eric. Cuando la descubrieron, dejó que la sacaran. Sí algo salía mal en todo este asunto de Bandre, sabía que lo dejarían solo, librado a su suerte. Sí algo salía mal, el que se jodería sería él. Le da un mordisco rabioso al helado, al pensar en joder. Esa palabrita le recuerda la forma en que Nelson lo jodió metiéndolo en todo este problema. O como lo jodieron, aquella noche en aquel callejón, ese tipejo que resultó un agente del Capo. Aún recuerda esa maldita noche con una mezcla de odio, un odio intenso hacia Nelson y el Capo, pero también de una forma excitada. Y eso le molestaba. Era un pobre marica que al parecer estaba esclavizado al culo. Esa noche, apoyado en el cubo de basura de ese callejón oscuro y sucio, donde había salido a mear cuando Nelson le dijo que los baños de botiquín estaba dañados, se encontraba desnudo de la cintura para abajo, con el pantalón y el calzoncillo en los tobillos, abiertote de piernas, ofreciéndole sus nalgas y culo a ese tipo alto, de lentes oscuros, que lo nalgueaba, sonriendo medio sádico, gozando sus gemidos mitad dolor, mitad placer, mientras meneaba esas nalgas enrojecidas y muy calientes.

   El tipo le decía guarradas, que sí mira como meneas ese culo, te encanta que te den por el culo, ¿verdad?, eres una putica caliente, y cosas así. Él no pensaba, no sentía vergüenzas ni ganas de huir. Sólo deseaba menear el culo, sentir esas nalgadas duras, lentas y acariciantes. Casi gritó y tuvo que apretar los dientes cuando el tipo le metió, de un golpe, dos largos dedos por el agujero, empujándolos, meneándolos, hurgando con ellos dentro de sus cálidas profundidades. Todo él se estremeció, mientras su culo se cerraba fiero sobre esos dedos largos, así como su güevo estaba tan tieso que dolía. Y fue el momento en que oyeron esa voz, varonil y jovial.

   -Vaya, se ve que ese tipo es bien caliente.

   Con un gemido de miedo, Tirzo lo vio, ¿y si fuera algún otro compañero de la compañía de vigilancia de La Torre, de los que estaban dentro del bar bebiendo? No lo era. El otro tipo lo miró fijamente tras sus lentes oscuros.

   -Ni te lo imaginas, compañerito. Este culo esta mojado y caliente. ¿Verdad que quieres güevo del bueno? -le rugió, dándole otra sonora nalgada. Tirzo chilló.- Dilo. -le ordenó, nalgueándolo nuevamente.

   -Si. Quiero que me cojas… -jadeó, débil, humillado, entregado a ese macho, su macho, que lo cogía con dos dedos.

   -¡Guao! -jadeó el joven, un catirito veinteañero, vestido de marinero, con mirada algo turbia, tal vez deseo, o caña. El tipo lo miraba fijamente, era lindo el marinerito, tal vez tuviera un dos por uno.

   -Ayúdame a darle lo que tanto quiere. -le ofreció al joven, sonriendo duro, meneándole las nalgas a Tirzo con cierta violencia, invitándolo a gozar del delicioso festín.

   El joven fue junto al tipo, mirándole las nalgotas abiertas a Tirzo, la línea chica del bronceado, la raja lampiña y el culito que titilaba, abriéndose y cerrándose, como esperando por más. El marinero lo miró fascinado, y su mano sobó la musculosa nalga, sintiéndola dura y caliente, excitante. Sus dedos fueron a la raja y un dedo se frotó contra el culo de ese carajo y se metió, hundiéndose hondo, hurgando. El joven, sorprendido, percibió como ese culo suave y caliente se lo apretaba, chupándolo, halándolo. ¡Era un culo de verdad hambriento! Sacó y metió el dedo, con rapidez y fuerza. El otro tipo, a su lado, le halaba las nalgotas a Tirzo, abriéndolo mucho, tanto que le dolía. El culo se extendió. El chico ahora frotaba dos dedos y los metía, hurgando hondo.

   -Está bien caliente. -jadeó el marinero. El tipo lo miraba, midiéndolo.

   -Una buena manipulación del culo da mucho placer, ¿nunca lo has probado? ¿No te has metido nada por ahí? Seguro que un chico joven y atractivo… ha experimentado un poco con un amiguito dentro de un auto, o en su catre.

   -¡No! -jadeó el joven.

   -Es fácil. -dijo apartándolo, enfilando su increíblemente largo y grueso güevo contra el culito, sobándolo viciosamente de la raja caliente.

   Tirzo se tensó y abrió mucho los ojos. La roja y suave cabezota comenzó a enterrarse lentamente, cogiéndolo poco a poco. Chilló apretando los dientes y el culo, cosa que le gustaba al otro tipo. Le excitaba vencer esa resistencia. Lo metió casi todo, deteniéndose para gozar de ese hueco caliente que lo chupaba y amasaba. Con un golpe de cadera enterró lo que quedaba, dejándolo allí, sintiendo las palpitadas bruscas de ese agujero sobre su barra. Tirzo gritó largamente, sin detenerse a pensar en que lo podían oír dentro del bar y salir alguien a ver qué pasaba.

   El tipo sonrió con una mueca dominante y cruel, con la mano derecha le atrapaba el grasiento cabello, halándolo y obligando a echar la cabeza hacia atrás, y con la izquierda lo nalgueaba feamente mientras sacaba medio tolete y volvía a clavárselo. Lo sacaba y metía, cogiéndolo con fuerza, con violencia, con ganas. Sus fuertes embestidas hacían que todo Tirzo se estremeciera sobre el pote de basura, gimiendo y gritando de gozo. Su culo chico, lampiño, dejaba que la enorme tranca rojiblanca, nervuda, entrara una y otra vez, metiéndose toda, para luego salir, halándole casi el intestino. Esa tranca iba y venía contra el dilatado y vicioso culo que se contraía con espasmos de lujuria.

   El sujeto, aquel extraño, lo cabalgaba rudo, halándole el cabello y nalgueándolo. Fascinado, el marinero miraba el güevote que salía y entraba del chico culo, que hacía que Tirzo gritara, sudara y gimiera como si quisiera llorar, como si quisiera que le sacaran eso del culo, pero deseándolo en verdad. El güevote entraba, llenándolo de calorones, de ganas de gritar y agitarse, de sobarse con eso por dentro. El tolete palpitaba, nutriéndolo, llenándolo de cosas duras y palpitantes que lo hacían estremecerse y gemir, deseándolo más. Todo Tirzo se tensaba, el güevo lo tenía como una dura barra. El tipo miraba y miraba al marinero, y con un brusco movimiento sacó su tranca del culito, que por un momento quedó abierto, hambriento, esperando por más.

   -Tú… date la vuelta sobre esa tapa, y quítate los pantalones. -le dijo a Tirzo.- Y tú, bájate el pantalón, vas a catar ese culito ávido de machos y güevos. -le ordenó al marinero.

   Tanto Tirzo como el joven, se miraron un momento. Tirzo sentía una vergüenza horrible, y un miedo grande a ser descubierto así, pero estaba tan caliente como una plancha, con gestos desmañados se quitó el pantalón y el calzoncillo, montándolo sobre la tapa sucia, donde se sentó. El marinerito dudaba más, estaba tomado y solo fue a mear, pero para combatir el mareo salió un momento encontrándose con tan increíble escena. Pero a igual que Tirzo, estaba caliente, tenía el güevo convertido en una barra de acero. Con movimientos más lentos se quitó el pantalón, la pequeña tanga de licra blanca se veía tensada sobre sus nalgas y el güevo, que casi escapaba, se la quitó también y fue hacia Tirzo, quien lo miraba lujurioso, enfocada su vista sobre la pequeña prenda que ocultaba algo que ahora sabía le encanta.

   El tipo se colocó a un lado de ellos y le alzó las piernas a Tirzo. Abriéndole mucho las nalgas y el culito, que titilaba, contrayéndose hacia adentro, pidiendo a gritos que lo calmaran. El marinerito miraba ese hueco que palpitaba, con fascinación. El tipo lo miraba a él, sin sonreír, pero divertido. Con su manota le atrapó el güevo al joven frotándolo, acariciándolo, eso le gustaba. A ambos. El catire lo miraba como asustado, rojito, y muy caliente. El tipo acercó la roja cabeza a la entrada del culo y lo medio metió, cosa que tensó a Tirzo que jadeaba largamente.

   -Hummm, cógeme ya… -jadeó vencido.- Clávame el güevo ya…

   El joven empujó su güevo desmañadamente, cogiéndolo, metiéndosela toda. Tirzo chilló, alzando el torso sobre la tapa. Era un güevo joven, muy duro, que lo calentó y lo excitó. Su culo lo atrapaba, lo amasaba, lo chupaba con ganas. Su agujero estaba muy caliente y era exigente. El joven sintió que eso lo mamaba, quitándole la vida. Abrió la boca y jadeó, sudando. Sacó un poco el güevo y lo metió de nuevo, sintiéndose mareado mientras iba deslizándolo dentro del ojete de ese otro carajo. Nunca imaginó que coger a otro tipo fuera así, pero le encantaba y lo cogía. El güevo entraba y salía, con falta de ritmo, pero con dureza. El carajote, sonrió y miró en forma enigmática hacia una oscura ventana abierta al otro lado del callejón. ¡Allí estaban!, y seguro que pajeándose con lo que veían, aunque lo ocultaran luego. Bien, les daría un show digno de un Oscar en Hollywood. Y cuando terminaran, Tirzo Ramos sería un esclavo sumiso e incondicional del Capo…

CONTINUARÁ … 53

Julio César.

JUEGOS ENTRE PANAS

noviembre 29, 2010

RETO

   Estaba ya caliente… por el sol.

   Le encantaba jugar al rugby con sus amigos sobre la verde grama en las calurosas tardes de los sábados. Se enlazaban, luchaban. Las manos lo recorrían de arriba abajo, sobre su abdomen, dentro de la camisetita, sobre el pantaloncillo caliente y ajustado, sobre el bulto, entre las nalgas. Había momentos cuantos todos caían, él gimiendo con sus labios abiertos, con el duro entrepiernas de otro sobre su rostro, y sentía una mano grande, ruda y traviesa meterse dentro del shorts. No sabía la de quién, pero recorría, tocaba, se metía… y era lo mejor del día.

CUANDO ACTUALIZA FACEBOCK

Julio César.

COSAS DE MATRIMONIOS

noviembre 29, 2010

LECHE DERRAMADA

EL CHICO MALCRIADO Y EL VECINO  

Julio César.

RED BULL, ¿DAGER?

noviembre 29, 2010

NCIS… ¿NOS TRAERÁ ROMANCE?

   Este comentario me llega vía Myriam, la dama que lleva la página COCTEL. No sé qué tan serio sea el asunto, pero de la fulana bebida si he oído que es adictiva. Aparentemente es de cuidado.

   Realmente no soy aficionado a esta bebida. Una vez, amanecido, necesitado de algo que me reviviera, tomé una. Me supo horrible y no me sentí mejor. Creo que no le llega ni por los talones al maravilloso Gatorade, ese vuelve a la vida, como le dicen a ciertas cosas por aquí. Pero veamos el correo que Myriam, haciéndose eco en una campaña de alerta, me envió. Por cierto, se lo agradezco.

……

PELIGRO… OJO

DEBERIAN ELIMINARLA DEL MUNDO 

Mi sobrina, en tercer año de Medicina, quedó en estado de coma después de tomar RED BULL.

  Tres años después todavía cae en terapia cada año, perdió sus estudios y la enfermedad se ha confundido con todo: Lupus, Inflamación de las Meningues, derrames cerebrales; parece que se fuera de este mundo y luego sale a  fuerza de medicamentos.

La vida de sus padres es un saco de nervios y problemas. 

El cerebro no es un vaso para llenar, sino una lámpara para encender.

La verdad sobre RED BULL, por favor, léelo.

 LA VERDAD SOBRE LA BEBIDA RED BULL

Esta bebida se vende en todos los supermercados de nuestro país. Es de venta libre, está de moda, cualquiera de nosotros la puede consumir y probarla aunque no sea más que por curiosidad… Y puede ser mortal.

RED BULL fue creado para estimular el cerebro en personas sometidas a un gran esfuerzo físico y nunca para ser consumido como una bebida inocente o refrescante. RED BULL  se comercializa a nivel mundial con su slogan: ‘Aumenta la resistencia  física, agiliza la capacidad de concentración y la velocidad de reacción, brinda más energía y mejora el estado de ánimo’. Todo eso se puede encontrar en una latita de RED BULL, la bebida energizante del milenio, (según sus codiciosos propietarios).  

RED BULL ha logrado llegar a casi cien países en todo el mundo. La marca del Toro Rojo tiene como principales consumidores a jóvenes y deportistas, dos segmentos atractivos que han sido cautivados por el estímulo que produce la bebida. Dos segmentos vulnerables a las modas del momento.

HISTORIA: Esta bebida fue presentada al mundo por Dietrich Mateschitz, un empresario de origen austriaco, quien la descubrió en un viaje de negocios a HONG KONG, cuando trabajaba para una empresa fabricante de cepillos de dientes.  

El líquido – basado en una formula que contiene cafeína y taurina – causaba furor en ese país; entonces pensó en el rotundo éxito que esta bebida tendría en Europa, donde todavía no se conocía este producto, además de ver una oportunidad de convertirse en empresario. 

¡PERO LA VERDAD DE ESTA BEBIDA ES OTRA! En Francia y Dinamarca la acaban de prohibir por ser un coctel de la muerte, debido a sus componentes de vitaminas mezcladas con GLUCURONOLACTONE. 

El GLUCURONOLACTONE es un químico altamente peligroso, desarrollado por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos en los años sesenta para estimular la moral de las tropas acantonadas en VIETNAM, el cual actuaba como una droga alucinógena que calmaba el estrés de la guerra. Pero sus efectos en el organismo fueron devastadores y fue descontinuado ante el alto índice de casos de migrañas, tumores cerebrales y enfermedades del hígado que mostraron los soldados que lo consumieron. Y a pesar de ello, en la lata de RED BULL se lee en sus componentes: GLUCURONALACTONE, catalogado médicamente como un estimulante.   Pero lo que NO DICE la lata de RED BULL, son las consecuencias de su consumo, que obligan a colocar una serie de:

ADVERTENCIAS

1. Es peligroso tomarlo si después no haces ejercicio  físico, ya que su función energizante acelera el ritmo cardíaco y te puede ocasionar un INFARTO FULMINANTE.

2. Corres el peligro de sufrir una HEMORRAGIA CEREBRAL, debido a que el RED BULL contiene componentes que diluyen la sangre para que al corazón le cueste menos bombearla, y así poder hacer un esfuerzo físico con menos agotamiento. 

3. Está prohibido mezclar el RED  BULL con alcohol, porque la mezcla convierte la bebida en una ‘bomba mortal’ que ATACA DIRECTAMENTE EL HIGADO, provocando que la zona afectada no se regenere nunca mas.

4. Uno de los componentes principales del RED BULL es la vitamina B12, utilizada en medicina para recuperar a pacientes que se encuentran en coma etílico (coma producido por consumo de alcohol).  Es por ello que al tomarlo se produce la hipertensión y un estado de excitabilidad, como si estuvieras  borracho sin haber tomado  bebidas alcohólicas.

5. El Consumo regular de RED BULL desencadena  la aparición de una serie de enfermedades nerviosas y neuronales irreversibles (no hay recuperación).

CONCLUSIÓN: Es una bebida que debería prohibirse en el mundo entero. Venezuela, Republica Dominicana, Puerto Rico y otros países del Caribe están alertando a otras naciones, ya que la mezcla de esta bebida con alcohol crea una bomba de tiempo para el cuerpo humano, principalmente entre los adolescentes y adultos ignorantes por su poca experiencia. 

POR TRATARSE DE UN TEMA DE SALUD PUBLICA, POR FAVOR PASEN ESTE E-MAIL A TODOS SUS CONTACTOS, HIJOS E HIJAS Y SAQUEN COPIAS PARA MOSTRARLO A TODAS LAS PERSONAS QUE CONOZCAN.

Esta bebida se vende en supermercados y comercios del país y cualquiera de nosotros  nuestros amigos o nuestros hijos la pueden consumir para probarla atraídos por la publicidad,  curiosidad que puede resultar MORTAL. 

……

   Hasta aquí el correo. A mano no tengo el dato de sí vino firmado inicialmente por alguien (a veces leo y voy borrando), pero es una advertencia bastante seria. De parte y parte. Podría ser un ataque de gratis, pero los efectos y peligros a los que supuestamente se expone la gente que consume esa bebida, hace que uno se detenga por un momento a considerarlo, ¿verdad? Como dije, no me gusta su sabor. Ni me interesa. Le hablaré a los que conozco de esto, qué cada quien decida. Si me intrigara, ¿saben qué haría? Compraría otra lata (aquella vez, mal como estaba por el ratón, ni me fijé), y buscaría los ingredientes, y si el tal GLUCURONOLACTONE está presente, buscaría por Internet qué es, qué efectos produce y hasta su historial. La referencia a Vietnam no me suena a exageración, aparentemente los gobiernos parecen siempre muy dispuestos a probar vainas con sus pobladores, o los ajenos. Así que, quedan advertidos.

FUE EL DÍA DE LOS DERECHOS HUMANOS

Julio César.

GENEROSO

noviembre 29, 2010

 RACIONAMIENTO

RAZONES

Julio César.

TOM CRUISE SABE RELAJARSE

noviembre 29, 2010

TOM WELLING, HOT…

   -Coño, es que me lo pidió tanto…

   ¿Recuerdan aquella película donde Tom Cruise bailaba en calzoncillos fingiendo que cantaba? Creo que esa escena formó parte de mil fantasías, porque el niño era lindo y aún lo es. Aunque el tipo parece antipático (y medio maniático por lo que uno lee por ahí con eso de su religión), buena pinta tiene. Ha tenido que lidiar con mil comentarios sobre su sexualidad, y por lo que sé, ha demandado a medio mundo a causa de eso. Hace poco leí de alguien que trabajaba con él que era insoportable, haciendo a cada rato un chiste homófobo, medio racista. Quién sabe si es cierto, pero que un día se descubriera un video del Tom, todo regalado a sus amigos, no sería malo, ¿verdad? Algo tan homo erótico como Top Gun, por ejemplo.

ASHTON KUTCHER AND TOBEY MAGUIRE HOT

Julio César.

SABIENDO DÓNDE…

noviembre 29, 2010

EL ECHÓN

   Les encantaba…

   Era insólito. Cada vez que bajaba al depósito encontraba a Tomás siguiendo el mismo camino todos los días… dentro de esos catiritos que gritaban de alegría. Había algo en él que les encantaba y que hacía que lo buscaran. No me imagino cuál puede ser ese gran atractivo, pero más de uno, cuando les mostraba una fotita tomada con el celular, me confesaban que sí, que era grande… el atractivo. Debe ser que hay gente así, que sabe dónde dar el golpe, ganándose a los amigos.

NIÑOS XXX RUMBO AL COLEGIO…

Julio César.

EXIGIDO

noviembre 26, 2010

RETO

   Caía jadeando…

   Al pobre chico el jefe le exigía entregarle todo, siempre, con manos rudas, con palabras roncas, demandantes. Era quitarse toda etiqueta, despojarse de sus máscaras y caer de rodilla frente a ese hombre que lo dominaba, que le halaba de una oreja hasta que caía sobre manos y rodillas, que rápidamente se metía bien hondo y duro… en su vida, manejándolo, guiándolo. Siempre queriéndolo montado, entregado y bien abierto a sus caprichos. El pobre chico tenía un jefe estricto: él mandaba, el chico se sometía. Pero en el fondo le gustaba, se sentía protegido. Querido.

JUEGOS ENTRE PANAS

Julio César.

HUGO CHAVEZ CONTRA GUILLERMO ZULOAGA: LA RIDICULIZACION DEL PROCESO

noviembre 26, 2010

JOSE VICENTE E IZARRA

   Le tiene unas ganas…

   Cuentan que durante los tiempos del coliseo romano, un negro fue enterrado en la arena para que enfrentara a un feroz tigre mientras el público gritaba feliz y aupaba. Cuando el tigre, tranquilo y sin nervios, se acercó, el negro le mordió de tal forma que le arrancó un tajo y el animal huyó. El público, molesto, comenzó a pitar mientras exclamaba: Juega limpio, negro tramposo.

   Algo así lloriquea de manera poco digna Hugo Chávez y su patético régimen cuando Guillermo Zuloaga se defiende de la macolla montada en su contra para robarle todo lo que le pertenece y que el gobierno codicia, olvidando aquello de que si quieres lo que tengo yo, no envidies, trabaja.

   Hugo Chávez quiere echarle el guante a Globovisión, la cual se defiende como gata patas arriba. Por más que la han cercado de multas y juicios idiotas, no han podido cerrarla ni obligarla a auto censurarse como pasó con VENEVISION la cómplice, y TELEVEN la cobarde. Por una parte quieren quitarse la espina que les clava el canal con aquello de “Usted lo vio”, donde los jerarcas del régimen violan la ley y las normas para satisfacer sus caprichos de una manera soez; o el “Aunque usted no lo crea”, donde aparece Chávez gritándole insultos a Manuel Santos y luego le abraza, o guarda silencio por Raúl Reyes y después niega que lo hizo o que ese era él. Y por otro lado porque creen que si transmiten desde Globovisión la gente sí los verá. Nadie sintoniza la basura de VTV (y miren que es basura), y la alta sintonía que gozaba la frecuencia de RCTV, se perdió en menos de un mes en manos de TVes, cuando Chávez ordenó que silenciaran esa pantalla crítica a sus desmanes y crímenes.

   Contra Globovisión han ensayado destruir uno a uno a sus dueños. Quisieron meter preso a Nelson Mezerhane cuando Hugo Chávez e Isaías Rodríguez crearon a un falso testigo que denunció una conspiración criminal y forjaron actas policiales para imputarlo, vaina que se cayó por su propio peso cuando se supo que el testigo estaba preso en Colombia cuado decía que conspiraba con Mezerhane. Luego salen con aquello de que Guillermo Zuloaga y el hijo eran unos acaparadores porque encontraron unos autos de lujos en un local de su pertenencia. El que se dedicaran al negocio de vender autos no parecía ser suficiente justificativo… porque Chávez había gritado por televisión que era unos acaparadores, unos delincuentes y que debían estar presos.

   A esa orden dada por televisión (es que no se cuida, ya está tan extraviado que grita semejante aberración frente a un país sorprendido y asqueado, y se extraña luego de las reacciones adversas), se corre presurosos para darle curso. Un batallón de policías y guardias nacionales caen sobre el deposito mientras el hampa mata a diestra y siniestra; la Fiscal Chavista tiembla de “justa indignación” por semejante “delito” (tanto que hasta en INTERPOL los acusaron y en INTERPOL les mostraron un dedo), mientras los narcogenerales no son tocados; los jueces se empujan para ver quién llega primero a sentenciarlos y ver si ascienden así no sepan ni limpiarse… la nariz. Es de esta justicia televisiva que escapan los Zuloaga, para no verse sometidos al mismo escarnio de los presos políticos en la Cuba de los Castro. Escape que a Chávez, quien ordena a todos los organismos de justicia que los sentencien y encierren antes de ir a juicio, le parece confesión de culpa.

   Qué toneladas de alimentos comprados a precio de oro y que se pudrieron en contendores mientras en el país hay gente comiendo basura, todavía apestara, y que nadie lo investigara por ordenes del Presidente ya que las culpas llegan a la familia, el entorno, la cúpula del PSUV y los cubanos, eso sí no era prioritario. Ni grave. Que un vendedor de carros tuviera carros en un deposito de su propiedad, eso sí clamaba contra la humanidad.

   Ah pues, resulta que el fugado salió respondón. Zuloaga se reúne con todo el mundo fuera de Venezuela para denunciar tal aberración a pesar de las maniobras de grupos como el PSOE que intentó por todos los medios sabotear el acto en España; incluso va al congreso norteamericano… y Hugo Chávez grita con histeria que es traición, que es un abuso, que eso le quedó muy feo. Pide cárcel, pide que le roben… digo, que le expropien todo. ¡Porque lo denunció fuera del país! (qué atrevido). Él puede destruirlo usando todos los medios a su disposición, esos que se arrodillan, todas las instancias, todos los poderes públicos incluyendo CONATEL y el SENIAT, pero que su víctima no haga nada, que no se defienda… porque entonces es una canallada.

   Es el malandro que golpea y mata alegando que la víctima reviró; es el marido que viola a las hijas y golpea a la mujer porque se atrevió a interferir. Es tan primitivo, tan enfermo, que uno no sabe ni qué decir. De hecho aún dentro del siniestro grupo del ALBA se guarda silencio al respecto, tanta demencia y brutalidad es difícil de defender, con la excepción de la España socialista.

   Guillermo Zuloaga es un traidor porque fue a denunciarlo frente a instancias internacionales. Vaya, y eso que Zuloaga no fue quien le entregó el país a los cubanos para que mandaran como en su casa, y saquearan; ni le levanta estatuas a guerrilleros que han asesinado a decenas de venezolanos; ni anda regalándole lo que no es suyo y hace falta en el país a esa pila de vividores que le dicen bonito; o está desmantelando PDVSA y entregándosela al imperio ruso porque ya rasparon la olla y no queda ni para pagar los sueldos de la administración pública.

   El problema para Hugo Chávez es que está demasiado acostumbrado a la gente que se le arrodilla o calle ante sus groserías, desmanes o arbitrariedades. Cuando el Rey le gruñó en aquella cumbre “¿Por qué no te callas?”, fue por la enferma pasividad de Rodríguez Zapatero ante el guapetón de barrio. Cuando alguien se para y se defiende, el Presidente Comandante pierde los tapones. Sin embargo, la tiene difícil Globovisión, Chávez quiere robársela y no ahorrará insulto, juicio amañado o vagabundería para obtenerla. Sólo que esta vez se encontrará con que nadie reirá su gracia. Excepto, seguramente, doña Trinidad Jiménez.

CHAVEZ, PROPIEDAD PRIVADA, PODER Y UNIVERSIDADES

Julio César.

CUMPLIDO

noviembre 26, 2010

 ELOCUENCIA

   En el vestuario del gimnasio alguien te alaba y te gusta. Dejas que compruebe. Te dice que te ves del carajo, ¿qué queda sino es darle las gracias?

BASICO

Julio César.

NOTA: Bueno, hacerle un cumplido a un tipo así es fácil. También yo se lo haría.

…AL SOL

noviembre 24, 2010

…AL SOL

   En la tarima de los machos calientes en aquel carnaval sólo para ellas, el tipo le gruñe al otro deja de verme las bolas. A lo que el otro contesta que no le mira las bolas sino el culote rico, y que lo que quiere, él se lo coje, y duro.

   -Si, mi mujer dice que estoy gordito, pero aún así los carajos que pasan por aquí siempre quieren meterme mano. Bueno, sí, uno me metió dos dedos, pero creí que jugaba…

   El hombre sonríe con burla dejando atrás al grupito que jugaba en la arena y quedó paralizado cuando pasó. “Muchachos pendejos, muchas novias tetonas, muchos músculos de gimnasio y tan sólo quieren un buen macho que les ponga preparo, un tío velludo, masculino que les de duro por esos culos”.

…AL SOL

Julio César.

NOTA: Todas las imágenes han sido tomadas de portales gratuitos; me aseguran que estás también (no las encontré yo). Qué nadie se moleste, por favor. Aunque con esas pintas… seguro que esos carajos se divierten bastante, ¿no?

CORRERÍAS EN BOSTON… 4

noviembre 24, 2010

CORRERÍAS EN BOSTON                        … 3

   La siguiente historia, QUE NO ES MÍA, es un Wincests enviado por una amiga. Que me perdone la autora, pero era una mala traducción del inglés y tuve que llenar algunos espacios. Me gustó mucho. Me gusta cuando Dean sorprende a Sam, y cuando Sam anda perdido de celoso (¡ha hecho sufrir tanto a Dean!). Disfrútenlo.

……

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Tema : wincests

Estado: en proceso

Rating: PG-17

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

   ¡Le beso! Sam lo entiende. En algún momento ese sujeto estuvo tan cerca de Dean que tomó su rostro entre sus manos, le atrajo y probó esos labios que eran de fuego. ¡Él lo sabía bien! La imagen de ese sujeto alto, fornido y guapo, atrapando entre sus dientes el labio inferior de Dean, mordiéndolo antes de introducir la lengua en su boca de forma posesiva, saboreándolo… Se marea. La rabia que siente es tan grande que teme sufrir una aneurisma. Aunque lo mejor sería…

   -¡Ouch! ¿Qué diablos te pasa? –ladra Dean, mirándole desconcertado, sintiendo el cosquilleo del puñetazo de Sam en su hombro.

   El menor no responde, todo malas caras. Pronto empeora cuando Dean responde con un manotón a su nuca. No hablan mientras recorren las calles.

   Aunque el silencio era incómodo y la tensión entre ambos podía cortarse con un cuchillo, y Dean comienza a temer que Sam podría intentarlo, el mayor lo agradece. Por lo general no expresa muy bien sus pensamientos, y aunque fuera de esa clase de hombres que llora sobre sus sentimientos, este en particular no lo compartiría jamás. No le diría a Sam que cuando más solo estaba, conoció a ese tipo orgulloso, insufrible y egoísta que se creía mejor que el resto de la humanidad. Y que a él le divirtió molestarle, como hacía generalmente con todos, hasta torcerle la vida. Mira de reojo al menor, quien no podía estar más enfurruñado aunque lo quisiera. Pero estaba callado. Amén.

   -¿Él y tú tuvieron algo? –se vuelve Sam, exigente. Adiós paz, suspiró mentalmente Dean.

   -¿Algo?

   -Intimidad. –aclara. Dean pierde un tanto el control del auto, mirándole directamente, vuelto todo ojos.

   -¿De qué hablas?

   -¿Te acostaste con él? –la dureza en su voz es inequívoca.

   -¡No! ¿Cómo se te ocurre? –Dean enrojece hasta la raíz del cabello, y no engaña a Sam ni por un segundo. El menor siente un vacío doloroso en su pecho.

   -¡Lo hiciste! ¡Le pusiste el culo! –acusa.

   -¡Sam! –ladra incapaz de reaccionar, balbuceando, moviendo los labios como pez fuera del agua.- Eso es… Eso es… insultante y no voy a contestarlo.

   Ya lo hiciste, mamón, no puede dejar de pensar el menor con toda la mala leche del mundo.

……

   De su niñez Sam Winchester recuerda dos poderosas emociones mientras enfilaba hacia los ocho años: una era insatisfacción por esa vida errática, irregular, de noches en moteles, de dormir en el impala, comer en fondas, el vagar de aquí para allá. Eso despertó en él el deseo de escapar hacia lo cotidiano. Le hizo añorar una vida normal… Pero sobre todo, lejos de su padre, a quien terminó responsabilizando de todo. El otro gran sentimiento era Dean.

   Recuerda con cierta vergüenza la facilidad con la que lloraba porque algo se le caían de las manos y se rompía, o por el juguete que se le perdía debajo de la cama, o el helado que se terminaba. Aún ahora puede ver a Dean, concentrado, rostro tenso buscando a tientas bajo esa cama, pegando cosas… dejándole la mitad de su helado. Años más tarde le parecería extraño el actuar de su hermano, lo normal habría sido que Dean lo resintiera, le molestara ser el guardián de un hermanito quejoso y muchas veces llorón. Que deseara para sí el cuidado de otra persona. Pero para el mayor parecía una misión. No, una tarea de vida. Aunque le exasperara y le molestara a veces, dejándoselo notar, Dean siempre estuvo para él. Para lo que fuera, muchas veces dejando en segundo lugar lo que deseaba para sí. Tal vez por ello desarrolló esa creencia egoísta: Dean es mío. Me pertenece.

   Mal que bien jamás ha podido desprenderse de esa idea. Por ello le lastimó que Dean no dijera nada la noche que partió a la universidad, cuando su padre prácticamente le expulsó de la familia.

   Era tan sólo un niño cuando obligó a Dean a contarle la verdad, lo que hacía John cuando partía, lo que eran. Cazadores de monstruos. Pero mientras a él le desagradaba la idea, a Dean le emocionaba. Con doce años, a Dean le parecía que la mayor muestra de afecto de John era dejarle usar su rifle o conducir el impala. Sus ojos brillaban, sus mejillas enrojecían mientras los tomaba, llevando apuntes mentales sobre lo que debía hacer si un wendigo saltaba sobre él, o una criatura extraña le atrapaba los tobillos en una laguna arrastrándole al fondo. A Sam le parecía confuso, e injusto tener que pasar por todo eso. Pero le gustaba ver a Dean feliz, porque era su querido hermano mayor. O eso se dijo hasta que tuvo edad suficiente para entender que había algo más.

   Compartir la secundaria cuando contaba doce años con Dean, fue un infierno. Él era tímido e introvertido, siempre temeroso de que alguien le preguntara por su familia, dónde vivía o qué hacia su papá para ganarse la vida. John le había inculcado la noción, a ambos, de que no debía sobresalir. Él lo hacía, incluso limitándose en sus clases. Dean parecía tener otras ideas. No practicaba futbol ni era miembro de la banda, sin embargo sí destacaba. Y mucho. Era desenfadado, altivo, todo chulo. Algo en él indicaba claramente que no era buena idea molestarle. Uno que otro, de tarde en tarde, no entendía las señales y terminaban tragando tierra. Por lo demás, su hermano mayor parecía vivir con un reflector sobre él. Había descubierto el sexo.

   Dorado, pecoso, rubio, ojos verdes, de boca llamativa y sarcástico de personalidad, miraba a las chicas prometiéndoles indecencias. Y ellas sonreían emocionadas. Todas. Todas estaban loquitas por él, entre las porristas era un depredador total. Sam, por su naturaleza silente, discreta, le tocó oír conversaciones entre ellas. Sobre las cálidas y atrevidas manos de Dean, de sus besos, de esos labios de fuego, de esa lengua que enloquecía obligándolas a bajar la guardia. Y eso le afectaba. No sabía si eran los celos del hermano menor ante los éxitos del mayor, pero le pasaba. No le agradaban esas niñas tontas que seguían a su hermano con desesperación buscando sus atenciones.

   Pero todo estalló más o menos cuando comenzaba los trece años. Estaba esta chica, Elda. Cabello castaño trenzado, pecosa, ojos verdosos, de sonrisa tímida a causa de los aparatos correctores, quien le miraba en clases. Nada más verla, Sam se calentaba por dentro, no podía dejar de pensar en ella, de imaginarla… de imaginar que hacia con ella esas cosas que oía que Dean hacía con sus chicas. Deseaba hablarle, tocarla. Besarla. Pero se sentía inadecuado. Todo brazos y piernas, mucho cabello, mirada huidiza. Le enloquecía no tener el valor de acercársele, pero tampoco poder apartarla de sus pensamientos… O bueno, eso hasta que miraba a Dean. A su lado desaparecía toda otra idea.

   Ocurrió una tarde de ese año. Eran casi las seis cuando escuchó llegar el impala. Oyó las voces, baja de John, emocionada de Dean, el cual entró lanzando un grito de victoria en la habitación. Estaba cubierto de lodo, sudoroso, la franela hecho jirones, pero lleno de una energía febril. Nada más mirarle, se le lanzó al cuello, bailoteando contento.

   -Enano, acabé con un zombie. Se me lanzó encima, no le había oído llegar y casi me atrapa. –cuenta apretándole, alzándole un poco aunque ya Sam era tan alto como él.- Pero me arrojé al piso, rodé, me volví y disparé. “¡Adiós, zombie!” (NOTA: en español en el original).

   -Te descuidaste. –ataja John, complacido a pesar de todo.

   -Le di. –se defiende Dean, rodeándole a Sam todavía los hombros con un brazo.

   Cuando la verde y brillante mirada cayó nuevamente sobre él, a Sam le costó reaccionar, componer una sonrisa y felicitarle mientras se libraba de su brazo. Estaba temblando todo. La piel de Dean ardía, y olía a sudor y a otra cosa que al menor le mareó, secándole la boca, haciéndole palpitar el corazón de manera errática y provocándole leves pinchazos en su entrepiernas que le aterraron. Dean era… a falta de otra idea, sexo en ese momento.

   Caminando de un lado a otro, el mayor contaba cómo lo había cazado, cómo se persiguieron uno al otro, cómo fue el ataque final, y mientras hablaba su piel enrojecía, su respiración se volvía pesada, sus ojos brillaban como fuego verde. Con movimientos bruscos se despojó de la franela, su piel brillaba y Sam no pudo dejar de mirarle mientras el otro tomaba una toalla e iba al cuarto de baño.

   -Voy a salir. –anunció Dean, con voz ronca, pesada, cargada de algo que a Sam le erizó la piel.

   Esperó despierto en medio de la oscuridad. Simplemente no podía dormir hasta que regresara. Sabía que su padre, en la otra habitación, descansaba a medias. Y un pensamiento totalmente adulto ocupó su mente en ese momento: su padre estaba furioso por la salida de Dean, pero no se la impidió… porque entendía que el muchacho la necesitaba. Descargar toda esa energía, esa adrenalina. Toda esa carga que el hijo mayor convertiría en sexo salvaje. Tragando con un nudo en la garganta, a Sam no le cupo la menor duda de que Dean estaba teniendo ese sexo salvaje, rudo, caliente y excitante, como había oído en esas conversaciones en las canchas, de jovencitas que lo seguían, se le entregaban, lo celaban y luego parecían buscarse unas a otras para contarse que Dean Winchester había pasado por sus vidas.

   Contuvo la respiración antes de que hubiera algún movimiento; también él era un cazador, reacio, pero cazador al fin.

   La puerta se abrió y un algo tambaléate, sonriente y transpirado Dean entró. A pesar de la oscuridad, gracias a la luz de neón que le incomodaba y cuyo resplandor bañaba la habitación desde la ventana, al menor le pareció algo tomado, algo tonto y con un buen machón rojo en un pómulo. Seguramente había buscado una pelea. Y vencido. Pero no pudo detenerse en esos detalles, su mente racional se apagó en la misma medida que sus sentidos estallaron; todo el cuarto se llenó con Dean. De Dean. Su cuerpo parecía exhalar horribles cantidades de calor, uno que llegó hasta él. Y el olor. Era sudor y algo más, algo fuerte, picante. Excitante.

   En su cama, Sam sintió como su propio cuerpo respondía, erizándose, su respiración se agitó. Viéndole arrojar la chaqueta, quitarse la franela, resplandeciendo en las penumbras, para caer sentado y salir de sus botas, el pequeño sintió la dureza de sus carnes. Ese hormigueo salvaje, ese deseo casi irrefrenable de tocarse, le avergonzaba. Pero se tocó, lentamente, sin llamar la atención. Cerrar el puño sobre su verga, por encima del pijama, le hizo temblar. No quería, pero no podía apartar los ojos de un Dean que le daba la espalda bajando sus vaqueros; la espalda, el trasero bajo la tela oscura, todo ello obligó al menor a apretar y soltar su miembro, una y otra vez, sintiéndose más duro que nunca en su corta vida. Le vio caer de panza en la cama, sobre las mantas, le oyó lanzar un largo suspiro y disponerse a dormir. Tal y como cayó, sin preocuparse aún de guardar un cuchillo o una pistola bajo la almohada. Eso llegaría después.

   En serio, Sam no quería hacerlo, sabía que estaba mal, pero no podía dejar de recorrer el cuerpo de Dean con la mirada, ni de aspirar para atrapar y retener ese olor increíble que terminaría asociándolo el resto de su vida a la masculinidad, a la virilidad de Dean. Su mano delgada entró bajo el pijama, y al tocarse en directo la cálida, dura y palpitante verga, se estremeció con tal fuerza que creyó correrse. El puño subió y bajó, recreándose en la nuca del rubio, la espalda, bajando por ella, quedando atrapado en ese trasero que mordía algo del bóxer. Tuvo que apresurar el ritmo, era verlo y desear saltar de la cama y caer sobre la de Dean y hundir su mano allí, entre las jóvenes nalgas mientras le mordía un hombro, con rabia y lujuria.

   Nada más pensarlo, imaginándose darle la vuelta y meter la nariz en su cuello, aspirándolo, besándolo, subir y atrapar con la boca esa otra, le hizo gemir bajito; no podía parar de masturbarse como no podía dejar de agitarse en la cama, por suerte Dean parecía muerto para el mundo. Cerró por un segundo los ojos, tuvo que hacerlo, cuando imaginó morder esos labios carnosos, lamerlos y meter la lengua entre ellos, atrapando y saboreando la de Dean. Probar esa boca que todas las chicas decían era de fuego. Y debió morderse los labios cuando todo su cuerpo tembló, espasmódicamente, doblando los dedos de sus pies mientras se corría de forma abundante y violenta. Casi dolorosamente de lo bueno que fue.

   Aun jadeaba, sin fuerzas, cuando la culpa regresó.

……

   -Despierta Sam, llegamos. Debemos estar atentos. –oye la voz del otro, trayéndolo al presente.

   -Por muy atento que se esté, algo siempre se escapa. –gruñe el menor, despechado todavía, bajando y golpeando nuevamente la puerta.

   ¡Maldito crió!, rezongó Dean, pero tomó aire intentando controlarse.

   Recorren el callejón donde Ada Brenner y Bruce McCoy encontraron la muerte.

   -Es una zona céntrica. La barriada es buena. Eran personas de recursos. Fueron víctimas de riesgo. Las autoridades, forzosamente, investigarían sus muertes; cualquier pudo cruzar la entrada de la intercepción, alguien pudo salir de uno de esos edificios, a pesar de la hora del ataque. –enumera Dean, ceñudo, recorriéndolo todo.- Se arriesgaron bastante. –mira a Sam, quien asiente.

   -Eran las víctimas elegidas. No parece algo al azar.

   Lo siguiente que hacen es hablar con una vecina del lugar, una mujer treintona, de anteojos, bonita aunque reprimida y nerviosa, quien los mira como si desconfiara. Ella, después de aclarar que ya se lo contó a otros agentes, relata que oyó gritos, se asomó a la ventana del cuarto y no pudo ver nada, cuando salió a la sala, señala el balcón, y se asomó, estaban esas personas tiradas en la calle, echas pedazos en medio de un charco de sangre. Se estremece al recordarlo, llevándose una mano al cuello. Y los hermanos intercambian una mirada.

   -El informe dice que creyó ver unas sombras. –comenta Dean. Ella da un respingo.

   -Creí… me confundí. Estaba algo oscuro. Y se alejaban a toda prisa.

   -Pero vio el charco de sangre y los pedazos.

   -Estaban… ahí, quietos. Los cadáveres no se movían. –insiste, toda ojos. Sam da un paso adelante, mirándose todo comprensivo, amistoso y confiable.

   -Tranquila. A veces tememos que nuestras impresiones sean erradas. O que la imaginación nos juega malas pasadas haciéndonos ver cualquier cosa. –endurece la voz sin mirar a Dean, que rueda los ojos.- Pero está bien hablar de ello.

   -No sé que quiere…

   -¿Le dijo la policía que muchos miembros de estas pandillas que atacan, usan mascaras para ocultar sus identidades? –facilita y ella casi jadea, roja de alivio.

   -¡Mascaras, claro! –sonríe.- Así la gente oculta lo que es.

   -Mucha gente lo hace. Cargan sus máscaras y uno no sabe qué callan. –nuevamente la inflexión y Dean siente unos deseos enormes de darle un buen manotazo por la nuca.

   -Si, llevaban mascaras. De esas completas, no sólo en las caras sino cubriéndoles las nucas. Con muchos pelos.

   -¿Qué… parecían?

   -Lo primero que pensé fue en… hombres lobos. –casi sonríe avergonzada. Sam asiente. Dean frunce el ceño.

   Poco después salen.

   -¿Hombres lobos?

   -Eso creyó ver.

   -No tiene sentido, Sam. Los hombres lobos no desarrollan pelambres, es un mito. Y en este ataque no devoraron el corazón ni… -arruga la frente.- ¿Qué diablos pasa aquí?

   -Aún queda otra parada. Tal vez saquemos algo más en claro. Esta mujer está tan desesperada por no creer en lo que vio, que es difícil saber si nos cuenta todo.

   La siguiente visita también es una mujer, quien resta toda importancia a lo que su hijo dice que vio, y todo eso sin dejar de sonreírle e invitarle a tomar cafés al agente Murdock (Dean), para incomodidad del niño y de Sam.

  -¡Vi monstruos! –enfatiza el niño, todo ojos azules y cabello castaño, pecoso y sin dos dientes superiores. Contaría siete u ocho años de edad. Sam hace una leve mueca, Dean parpadea.

   -¡Jake! –retiene la madre, sonriéndole a Dean.- Es tan imaginativo.

   -¡Eran monstruos, mamá! Vi dos, pero tal vez eran más.

   -¿Qué viste exactamente? –interroga Dean, seriedad amistosa.

   -Estaba… -enrojece mirando a su madre.

   -Mirando el Teatro del Horror, aunque se lo tengo prohibido. –informa la mujer, molesta todavía.

   -¡Mama! –se avergüenza. Mira a Dean.- Me fui temprano a la cama para despertar… tarde y ver a Elvira. Dormía y despertaba… Soñé que ella venía a chuparme la sangre. –informa con una sonrisa enorme, y Dean se pregunta si es imaginando las tetas de Elvira, pronto esa sonrisa muere.- Fue cuando oí los gritos. Me asomé y… y… -tiembla.

   -Viste a los monstruos. –termina Dean, sonriéndole consolador.

   -No fue eso, eran… esas personas. –baja la mirada.- Y eso que cando me asomé ya habían caído. Los monstruos se alejaban, uno pasó bajo la farola y fue cuando lo vi bien.

   -¿Qué parecía?

   -¡Un monstruo! –parece exasperado. Sam sonríe de la mueca divertida de Dean.

   -Bien, lo siento, ¿a qué se parecía? –maldita sea, ¿sería realmente un hombre lobo, u hombres lobos atacando en manada? Eso nunca había ocurrido.

   -Era como un perro enorme en dos patas.

   -¿Un hombre lobo?

   -No, como un perro. Parecía un Doberman. –aclara. La madre deja salir el aire, mortificada. Sam y Dean se miran realmente confusos.

   -Bien, bien… -Dean sonríe todo muecas al niño, y la mujer se esponja, como nota mortificado Sam.- Has sido muy valiente, amiguito. –le tiende una mano y aprieta, acercándosele un tanto.- Ten cuidado, ¿sí? Vigila las sombras. –aconseja bajito. El niño asiente, muy serio.

……

   -¿Un perro gigante? –se intriga Sam mientras se alejan.

   -Ha habido casos. Sabuesos infernales. Cancerberos. –acota Dean, y no entiende porqué, pero se estremece violentamente.

   -Si, Dean, pero siempre como perros, en cuatro patas, por muchos ojos rojos o fuego por la boca que arrojen. Estos iban en dos patas.

   -¿Entonces? ¿Alguna otra basura sobrenatural?

   -Ni idea.

   -Ojala papá estuviera aquí. –deja salir Dean, luego sonríe.- Aunque si estuviera conmigo, tú no. –Sam aspira aire ruidosamente.- Oye, podríamos llamar a Bobby Singer, llevo años sin verlo.

   -Puede ser. –llegan al impala.- Primero lo primero.

   -Cierto, saber sobre las víctimas.

……

   En mangas de camisa remangadas, Sam estudia su portátil. Pronto el silencio del cuarto de motel se interrumpe con la llegada de Dean, quien carga dos bolsas.

   -¿Has adelantado algo? –pregunta dejando las bolsas, las llaves y el saco del traje sobre la mesa.

   -Hay bastante poca información sobre los asesinatos.

   Dean calla, pero en verdad no le sorprende si Nicholas Stanton tiene algo que ver con la investigación. Pero se lo guarda para sí.

   -Tu ensalada y cola dietética. –le tiende una de las bolsas a Sam, con una mueca de incomprensión, sentadote al frente, con una sonrisa de niño perdido en una confitería, extrayendo dos hamburguesas especialmente grasosas y una Pepsi normal de la suya. Sam le mira fijamente.

   -Morirás joven.

   -Todos moriremos jóvenes Sam, ¿sabes cuánto vive un cazador?

   -Papá y Bobby se defienden bien. –gruñe por hablar y distraerse en lo que sea, porque ver a Dean abrir esa boca a todo lo que le daba para morder su hamburguesa, de pronto le parecía algo tormentoso.

   -Ellos son la excepción. Son los mejores cazadores del mundo.

   -¿Mejores que el gran Dean Winchester? –se burla destapando su ensalada, probándola.

   -Ellos son buenos, yo voy camino a la leyenda. Un día escribirán libros sobre mí. –dice todo pancho, mordiendo más.- Hummm… Sammy, esta carne está tan tiernita y jugosita que… -y se pasa la lengua por los labios para recoger la salsa.

   Sam enrojece y baja la mirada a su ensalada, probándola sin encontrarle el gusto, aunque parecía levemente amarga. Pocos mordiscos más, Dean termina y se estira en su asiento, sonriendo satisfecho.

   -¿Continuarás con la computadora?

   -Si, ¿y qué harás mientras investigo?

   -Una ducha y una siesta. –responde, sobándose la barriga.

   -¿Qué? ¡Es un abuso! –reclama, pero cuando enfoca al otro y encuentra a Dean mirándole con sus enormes y brillantes ojos, mostrando esa sonrisa suave, todo su enojo desaparece.- Vete de aquí.

   -Eres tan extraña, Samantha.

……

   Intentando no pensar en Dean bajo la fina llovizna de la ducha, cosa que le cuesta mucho, Sam busca y busca en Internet, metiéndose en archivos policiales y de hacienda. De pronto, allí está ese sujeto, Nicholas Stanton… con una de las víctimas. Pero ¿qué diablos…? Ahora sabe qué buscar. Y sus ojos rasgados se ensanchan todo lo que pueden. Ese tipo tenía muchas explicaciones que dar.

   Y Dean no podía fiarse de él, ¡claro que no!

CONTINÚA … 5

Julio César.