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UN VECINO LO CONVIERTE EN SU PERRA

enero 30, 2011

REPARTIDOR DE LECHE

   Este relato, enviado por un amigo, estaba en ingles. El Google lo traduce, pero raro, así que seguramente perderá algo de su esencia mientras lo transcribo. Es curioso, me lo envía este panita que hace tiempo no se reportaba, lo extraño es que no intente hilarlo él. Como sea, la historia es buena. Encontramos a un treintón formal, casado, prudente y discreto, quien de pronto es abordado por un joven vecino que lo transforma en su puta. Literalmente. Es un relato de dominio, de control y de ropas de mujer. Disfrútenlo:

……

El nacimiento de una nueva parte Sissy

Por DarkPrince67 (también conocido como AltErik)

darkprince67@yahoo.com

   EL NACIMIENTO DE UNA PERRA

   Mirarle fue su primer error…

……

   Conocí a Jeff un día jugando al tenis. Y ni por asomo pude imaginar cómo terminaría ese encuentro fortuito.

   Supongo que debo decir algo sobre mí. Soy un hombre de treinta y cuatro años felizmente casado. Aunque con medio caucho formándose en mi línea media debo decir que me conservo bastante bien. Llevo el cabello corto, con bigote y perilla. He estado casado por seis años y he sido totalmente fiel, físicamente al menos, a mi esposa. Digo físicamente ya que mentalmente he sido tan veleidoso e infiel como todos los hombres… aunque mis fantasías son un tanto oscuras.

   Desde mi adolescencia he tenido ocasionales y muy reprimidos pensamientos homosexuales. Nada realmente fuerte. O persistente. Pero sí lo suficiente para vivir masturbatorias fantasías culposas. Bien, estos sueños bisexuales se reforzaron un poco durante mi paso por la universidad, una sola vez, con un amigo gay. Fue un intercambio de sexo oral que todavía hoy inflama mis fantasías. Generalmente me siento atraído por las mujeres, debo estar realmente caliente como para que en mi mente se cruce la idea de otro hombre. Tampoco puedo imaginarme viviendo nada romántico con alguno. Generalmente son las mujeres quienes se llevan mi atención. Es por ello que todo resulta más extraño.

   Así que ahí estaba yo sin nadie con quien practicar unos lances de tenis ese fatídico día que mi destino se torció para siempre. Acababa de terminar de ver el Wimbledon por televisión y, como siempre, quise lanzar unos raquetazos, por lo que terminé golpeando la pelota contra la pared de la prefectura de nuestra calle, cerca de mi casa. Cuando comencé a jugar estaba solo, no había nadie más por todo eso, así que me sorprendí al oír unos aplausos contenidos y educados cuando terminé con un salvaje lance, exclamando un fervoroso aullido de victoria.   

   Me volví para encontrarme con un hombre joven muy bien constituido, vistiendo unos pantalones cortos azules, ajustados, y una camiseta sin mangas. Iba bien afeitado de cara, su cabello era rubio. Tenía la apariencia de un mariscal de campo, con un cuerpo delgado pero decididamente musculoso. No podía tener más allá de veinticinco años de edad. Y al principio me pareció notar algo familiar en él, pero no pude decir de qué.

   -Gran victoria, aunque temí por un segundo que esa pared lograría vencerte. –comentó con una sonrisa agradable.

   -Casi lo logra. –estuve de acuerdo, jadeando todavía. Él se acercó tendiéndome su mano.

   -Hola, mi nombre es Jeff, vivo en esta misma calle, precisamente frente a la casa que ocupas con tu esposa.

   Estrechó con fuerza mi mano. Su apretón era seco y firme. Y su agarre duró dos o tres segundos más de lo que debía, confundiéndome un poco.

   -Mi nombre es Eric. Ya decía que me parecías conocido. –repliqué soltándome, tomando mi toalla y secándome el sudor.

   -Si no te agotó tu batalla contra la pared, ¿podemos jugar un doble contra ella?

   -Claro. –respondí encogiéndome de hombros.- ¿Por qué no?

   Nos pusimos uno al lado del otro y nos adaptamos bien. Fue un juego rápido, competitivo, casi violento, y en todo momento estuve muy conciente de él. Transcurrió más o menos una hora de juego cuando finalmente nos detuvimos. Él no parecía afectado en lo más mínimo como no fuera estar un poco brillante de sudor. Yo estaba semi ahogado, por otra parte.

   Sonriendo se acercó a apretar mi mano nuevamente.

   -Buen juego. –dijo sacudiéndomela y posando su otra mano en mi hombro me dio un apretón.

   -Gracias. -repliqué, consiente de esa mano mientras me agachaba para recoger mi bolso para sacar nuevamente la tolla. Sentí como su mano se deslizaba por mi espalda, cálida, grande, bajando a mis lumbares, deteniéndose un poco por encima de mi glúteo derecho.

   Mientras caminábamos, comentando los puntos culminantes del juego, notaba esa mano todavía sobre mí, casi sobre mi culo. Al caérsele momentáneamente su propio bolso y agacharse, la mano bajó más, y podría jugar que acarició deliberadamente mis nalgas. Me sentía nervioso a pesar de que realmente no había pasado nada. Pero mi corazón comenzó a latir con fuerza, mientras mi verga comenzaba a inquietarse dentro de mis pantaloncillos.

   No quería darle mayor importancia. Digamos que soy algo sensible… y que recientemente mi esposa y yo no manteníamos relaciones sexuales con regularidad. Hablando, y tocándome, fuimos caminando calle abajo hasta situarnos frente a nuestras casas. A esas alturas sabía que era un joven programador de computadoras que acababa de terminar sus estudios universitarios no hacía mucho tiempo, que trabajaba fuera de casa casi todo el día, que era soltero y en la actualidad estaba sin ataduras tras haberse separado de su novia de años en la universidad.

   -¿Por qué no vienes a mi casa a tomar algo? Creo que ambos estamos bastante deshidratados. –invitó dándome una palmadita en el hombro, casi frente a mi casa.

   Miré a través de la calle, sopesando el sí decirle a Laura dónde estaba; pero para qué, después de todo no estaba haciendo nada malo. O peligroso. Jeff, notando mi mirada, se echó a reír.

   -Supongo que es evidente quién lleva los pantalones en tu casa.

   -No… -repliqué sonrojándome un poco.- Tan sólo me preguntaba sí debía decirle donde estaba por sí ocurría un imprevisto. –a mis propios oídos sonaba a la defensiva.

   Sin responderme, continuó riendo entre dientes mientras le seguía al interior de su casa.

……

   El lugar se veía bastante espartano. Había unos pocos cuadros de familiares mirando desde sus marcos y un súper ordenador en el centro de la sala. Diciéndome que me pusiera cómodo, él se acercó a la computadora.

   -Necesito revisar mis correos electrónicos. Cosas de trabajo. –después de unos segundos, sonrió de forma malvada, riéndose luego entre dientes.- Oye, ven a ver esto. –me invitó señalando su monitor plano.- Tengo un amigo que me envía toneladas de porno. Y algunos son bastante buenos. –dijo mirándome a los ojos mientras me le acercaba, curioso.- Una parte es bastante caliente. Otra, muy retorcida. –informaba mientras parecía estar comprobando mi reacción.

   -Ciertamente no hay nada de malo en mirar algo de buen porno. –le dije antes de mirar la imagen.

   Y mi corazón dio un vuelco. En la pantalla un joven semental del tipo universitario, muy parecido a Jeff, apoyado de espaldas contra una pared, las piernas totalmente abiertas y desnudas, mostraba una verga enorme, gruesa, nervuda y totalmente dura. Y a sus pies, la imagen mostraba esa gigantesca pieza dentro de la boca de un transexual delgado, en bonita y sexy ropa interior de mujer. Él/ella estaba en cuclillas, las manos a sus espaldas, atadas las muñecas con una fina cuerda, mientras él/ella misma parecía subir y bajar su culo, empalándose, sobre un grueso consolador negro.

   Sentí como mi rostro se cubría de rubor y como mi verga se endurecía al instante a la vista de la erótica escena. Y estoy casi seguro de que Jeff, con el rabillo del ojo, lanzó una fugaz mirada a mi entrepiernas.

   -No sé en qué categoría cae esta joyita. Tengo un directorio competo lleno de fotos como esta. –me indicó, señalando un directorio en el escritorio llamado, apropiadamente, “Hardcore”.

   Me limité a asentir sin saber qué más hacer, mientras él daba media vuelta y se dirigía a la cocina para conseguir algo de agua. Me encontré mirando la imagen, ese chico/chica goloso, saboreando la enorme pieza del macho… pero desvié la mirada cuando noté que Jeff regresaba. Él, mirándome y sonriendo levemente me entregó un vaso con agua.

   -Me siento realmente viscoso. –dijo mientras se terminaba el agua.- Me daré una ducha rápida. Siéntete como en tu casa. –sin esperar respuesta se volvió y comenzó a ir hacia la habitación, quitándose la ropa mientras se iba.

   Tan pronto como se perdió de vista, abrí el directorio “Hardcore”. Estaba realmente curioso sobre qué otras imágenes podía contener. ¡Y no me decepcionó! Había una buena cantidad de fotografías dedicadas a la servidumbre masculina, de chicos afeminados que eran sometidos por algún exótico y enorme juguete sexual. Una cantidad desproporcionada era sobre travestis. Mientras recorría las imágenes mi corazón latía con fuerza y mi verga estaba dura como una roca. Era como si aquella galería visual fuera una colección de todas mis fantasías más profundas y oscuras. Lo que también resaltaba era que en casi todas las imágenes había un joven y fornido semental, muy parecido a Jeff, quien hacía mamar o penetraba a los jóvenes y hermosos travestis, sometiéndolos a su control, volviéndolos o volviéndolas, muy sumisos a su control.

   Temblaba de deseos, con frenética rapidez, revisé todo el archivo e iba a regresar por una segunda mirada cuando me di cuenta de que el ruido de la ducha había cesado. Con manos temblorosas comencé a cerrar el directorio, cuando le oí reír.

   -Oye, no te vuelvas loco ahí. –me dijo, de pie, apoyado en el marco de la puerta, mirándome divertido, con sólo una toalla alrededor de su cintura, mostrando un cuerpo tonificado, firme.- No mantendría en mi PC esas fotografías si no me agradaran. O si me avergonzara de ellas. –con paso lento se acercó y se colocó a mis espaldas.- Bastante caliente, ¿eh? –comentó mirando la última ventana que había abierto, donde se veía a un travesti joven, una pelirroja voluptuosa, vestido/vestida de enfermera caliente, con un gran escote y una corta falda, dándole una buena mamada a una verga impresionante.

   -Es… -no podía hablar, consiente de él a mis espaldas.

   -La expresión de su rostro lo dice todo, ¿no lo crees? –lo sentí medio inclinándose sobre mí, en mi hombro izquierdo. Su voz era baja y entre cortada.- Se nota que le encanta mamar ese güevo, llenarse la boca con él y chuparlo… Mira sus labios extendidos alrededor de esa tranca dura y palpitante. –me encontré paralizado mirando esa imagen, fijándome en lo que decía.- No es únicamente el brillo del semen y de la saliva en su mentón lo que grita que lo único que le importa en este mundo es complacer a su hombre. Servirle a su macho… Es su postura. Está feliz de ser su perra…

   Y no podía dejar de estremecerme…

CONTINÚA … 2

Julio César.

CHARITO ROJAS

enero 30, 2011

LOS NIÑOS PERDIDOS PARA SIEMPRE

   Hace poco, escuchando las denuncias de agentes policiales de la metropolitana implicados en atracos, recordé el pasado no tan reciente. Este cuerpo policial siempre ha estado en la picota pública pues se le consideraba el brazo represivo más representativo de los gobiernos de turno para atajar manifestaciones. Era frecuente, en los años desdichados de Carlos Andrés Pérez, cuando pensábamos que nada peor podía haber (no soñábamos que la izquierda un día fuera gobierno), las calles estaban llenas de personas reclamando: por sueldos, contra la inflación, contra la inseguridad, contra las llamadas medidas del paquete económico que perjudicó a una cantidad enorme de personas en cosas tan delicadas y vitales como la vivienda. El ciudadano se encontró un día que las cuotas que pagaba a los bancos se habían duplicado y triplicado en una noche, sumergiendo a todos en la angustia.

   El hecho de las medidas de rectificación económicas en sí, era algo hasta comprensible y tolerable en circunstancias normales. Pero el gobierno de CAP era increíblemente corrupto, lo que exacerbaba la paciencia. Después de la explosión popular del 27 de febrero del 89, y las intentona golpistas del 92, la gente le perdió el miedo y la paciencia al Gobierno, y salía a protestar: estudiantes, partidos políticos, asociaciones civiles. Y a la Policía Metropolitana (la PM), los odiados azules, les tocó la ingrata tarea de contenerlos.

   Era frecuente oír en las calles y avenida los chillidos de la ballena, un camión tanque que arrojaba chorros fortísimos de agua contra la gente (recuerdo mi rabia cuando vi a la vieja Argelina Laya, venezolana insigne, rodar como una lata vacía por una acera bajo la presión de esa agua). También salía el rinoceronte, otro blindado con un cuerno central que arrojaba nada más y nada menos que bombas lacrimógenas. Eran días de protesta y represión, aunque Carlos Andrés jamás salió gritándole pilas de m… a nadie, y muchos menos llamaba terroristas o golpistas a los estudiantes. Eso vino después, con esta ‘democracia protagónica y participativa’. En fin, la gente odiaba a la Metropolitana. Personalmente la detestaba, ¡qué tipos, Dios mío!, y entonces apareció Charito Rojas. Esta mujer, una distinguido de este cuerpo, tuvo un encuentro con el destino un día de junio de 1996; y con ella comenzó a cambiar la percepción que se tenía de los uniformados.

   Una conocida panadería caraqueña, La Poma, era objeto de un atraco ordinario, con dos malandros blandiendo armas y amenazando a todo el mundo como perros rabiosos, cuando esta mujer, uniformada, se percató y entró, arrecha, resuelta, y los enfrentó. Al estar sola (se supone debió esperar refuerzos), llamó a un guardia nacional que estaba allí para que le sirviera de respaldo. Y mientras encaraba a uno de los malandro, ese sujeto la mató a traición. Era un delincuente disfrazado de guardia nacional. Charito Rojas había caído, cumpliendo con su deber, no en un enfrentamiento directo, de frente, sino por la espalda, porque no vio una cara, tal vez no detectó en unos ojos la ruindad, sino que se fijó en un uniforme. No vio a un tipo, vio un símbolo, a otro representante de las fuerzas del orden, como ella misma. Y bajó la guardia, le dio la espalda. Y la mataron por eso.

   La panadería fue rodeada por agentes policiales, hubo un feroz intercambio de disparos, y antes las cámaras de televisión, se dijo que los atracadores estaban heridos y sometidos. Los arrastraron, aunque caminaban por sus propios pies, y los metieron en una de las jaulas, esas camionetas cerradas con telas metálicas. Lo curioso fue que al llegar a su destino, los hampones estaban muertos. ¿Los ajusticiaron? Nunca se supo; se dijo, lo dijo el Estado, que murieron a causa de las heridas, pero ahí comenzó uno de esos debates interminables sobre cuántos ángeles caben en la cabeza de un alfiler sin que estén tan cerca que practiquen sexo.

   Cuando la historia de Charito se supo, la gente se indignó. Era la primera mujer uniformada de la Policía Metropolitana que moría, asesinada, en el cumplimiento de su deber. Yo sentí mucha rabia, la habían matado cobardemente, sin darle la cara. Para mí, su asesino era una rata. Recuerdo que por aquellos días me tocaron unas supervisiones en el hospital oncológico Padre Machado, adscrito a la Sociedad Anticancerosa, ubicado en la populosa urbanización de El Cementerio, en Caracas. De hecho el Cementerio General del Sur se localiza allí. Aquí está el camposanto y el hospital al lado, ¿a quién se le ocurre? Y ese día me tocó salir caminando varias cuadras porque aquello se llenó de gente, de gente con caras amarradas, arrechas, dolidas, seguían un cortejo fúnebre, mientras cuatro mujeres, (unos mujerones enormes, yo pensé que cualquiera de ellas era capaz de darle un buen carajazo a un hombre y derribarlo), cargaban la urna de la fémina caída. Se veía magnificas, aunque la palabra suena a frivolidad. Dos eran unas negras inmensas, de bocas rojas, cabellos malos como decimos aquí, de caras arrechas, quién sabe pensando en qué. Eso estaba lleno.

   Creo que media Caracas se había volcado a acompañar a Charito a su última morada, en silencio, con muestras de dolor, impotencia y rabia. Fue en ese momento cuando comencé a ver a esa gente de forma distinta. No eran simplemente agentes de la represión, eran gente como ella, una mujer gordita de cara, divorciada, intentando ascender dentro de la difícil jerarquía policial, que se fue de este mundo dejando un hijo al cuidado de la abuela. Era una mujer, y tal vez el policía de corazón es así, que era impulsada por motivos que yo no entiendo, que se percata de un crimen, y va. No duda, no piensa “eso no es asunto mío”. Me ha tocado oír de gente que es atacada en una calle y aunque muchos pasan y ven, nadie ayuda, nadie se mete. Pero ella no lo hizo, y creo que por eso era policía.

   Como dije, luego vino un grotesco sainete sobre la muerte de los malandros, que se llevó a tribunales. Un grupo de defensores de derechos humanos denunciaban el ‘asesinato’ de esa gente a manos de la policía. Sin entrar en ningún otro valor de índole moral, de ley de la jungla u otras, que puedo hacer y sostener ante el Tribunal Celestial y las barbas de San Pedro, sólo mencionaré un hecho: el día que los metropolitanos fueron llevados a comparecer, un grupo estaba afuera, apoyándolos. Pero para mí la farsa, la inversión de valores, la idiotez que destruye sociedades y pueblos estuvo en un titular de prensa que el mismo juez leyó dentro del tribunal. No recuerdo el nombre del periódico, pero sí su encabezado: A juicio metropolitanos asesinos de los presuntos atracadores de la panadería La Poma. Así, y créanme, la memoria no me falla. Para mí, mucho más joven en ese momento, la vaina me llenó de bilis amarga.

   Los delincuentes eran ‘presuntos’, no importaba qué dijeran los clientes atracados, o el hombre golpeado o el dueño del lugar. No, eso no era concluyente, eran ‘presuntos’. Ah, pero los policías no eran ‘presuntos asesinos’, no, ya eran asesinos. Esa ligereza causó muchas ronchas, y denunciaba un problema que carcomía la sociedad venezolana, que la ataba de manos, por mano propia además, a ser víctima. A esa gente se les dio hasta con el tobo, pero, afortunadamente digo yo, no hubo juez que los condenara. Recuerdo que quien finalmente zanjó el asunto fue el juez Arnoldo Echegaray, revocando los autos de detención contra los metropolitanos. Y no crean, no era algo simple oír testimonios de los asaltados, de los policías o que en verdad nadie viera el ajusticiamiento, un grupo los quería lapidar porque habían matado a esos pobres malandros, que sí, robaban y mataron a esa mujer, pero que esas son cosas que pasan, que no eran malos, que con amor y caricias se habrían reformado. Desde ahí le tomé idea a esos grupos defensores de derechos humanos, así que cuando el señor Tarek Saab, quien hizo vida pública defendiéndolos, resultó un represor y perseguidor de opositores ahora que es Gobierno, no me sorprendió en lo más mínimo. Siempre me pareció un ser de cuidado. Y no creo calumniar cuando me pregunto sí tanto amparo, tanto temor a la mano dura, no terminó por revolcarnos a esta cultura de muerte de hoy, de impunidad, donde delincuentes, policías y gente de la calle (un autobusero que pasa la unidad sobre gente que tranca una calle en protesta, justa o no) cree, que en verdad, se puede hacer lo que da la gana sin responder.

   ¿Que es peligroso dejar actuar al policía a su cuenta y riesgo? Claro, cuando eso pasa tenemos a los malandros que roban, matan, secuestran y violan que ahora tenemos. ¿Qué no se puede justificar la muerte de todos esos malandros en el caso la Poma? Charito Rojas estaba muerta y aparentemente, en esa época, no había forma de revivirla. Para como lo veo, hubo un atraco, los atracadores fueron vistos y reconocidos como tales, se observó cuando la mataron y luego hubo un enfrentamiento con la policía; no fue un caso sórdido en un callejón oscuro donde la policía mete a una gente que luego muere, o el muchacho que sacan de su casa y luego aparece muerto y dicen que fue en un enfrentamiento, o el militar tras una reja que se quema en la celda y luego dicen que era porque fumaba (y estos caso que ocurren ahora, ni se investigan). No, la gente ahí vio lo que sucedía. Hubo un atraco, ellos hacían lo que querían hacer y apareció esta mujer que intentó pararlos porque era su trabajo. Ella sentía que ese era su deber. Y la mataron. Eso lo relató todo el mundo ahí; bien, hubo justicia retributiva, vida por vida. Simple. Jamás sentiré pena por esta gente, mis simpatías siempre estarán del lado de la mamá de esa mujer, y del hijo que dejó; el llanto, el dolor, la pérdida de esos dos sí es importante para mí.

   Eso pasó hace mucho, pero basta que en el Metro, la calle, o en una cola uno diga Charito Rojas, para que todo el que tenga más de treinta, la recuerde. Ella, por derecho propio, se convirtió en otro nombre de referencia, como decir William Nihaus es hablar del secuestro más largo de Venezuela (“No me maten, soy Nihaus”); o Tío Simón es hablar de Simón Díaz (“¿Qué sería de la tonada si no existiera Simón?”); o de Ledesma (otro metropolitano, pero malo), para que se piense en el monstruo de Mamera; o Raisa Ruiz, y se piense en la mujer que cayó en avión en la selva y sobrevivió arrastrándose cuando se le daba por muerta.

   Charito Rojas yace en el Cementerio General del Sur, allí llegaran de tarde en tarde alguna de esas mujeres que la conocieron, muy pocas veces ya, imagino, siempre olvidamos; pero su madre, si vive, debe estar pendiente. Y su hijo. Ya debe ser un hombre, qué orgullo debe sentir para sus adentros cuando piensa u oye de ella, si es que él mismo no ha ido olvidándola. Del nombre de sus victimarios, aún de aquel que se disfrazó de militar y que colocándose a sus espaldas la mató a traición (el muy Judas), nadie se acuerda, condenados a cargar para siempre con el “las lacras esas”; pero de ella sí.

   Paz a tus restos, Charito.

OJO POR OJO, SANGRE POR SANGRE

Julio César.

JARED EL NOBLE, JENSEN EL PLEBEYO… 13

enero 30, 2011

JARED EL NOBLE, JENSEN EL PLEBEYO                        

   Esta historia, QUE NO ES MÍA, mal traducida por el Google, larga y totalmente romántica, me la hizo llegar una amiga. Es buena. Es melosa y bobamente sentimental. Sólo una mujer, como MERI, podría escribir esto. Aunque mi amiga me pasó el archivo completo (es largo), sobre el encabezado hay poco. Es un tanto picante (bueno, algo más que un poco), pero es, básicamente, una historia de amor rosa. Disfrútenla:

……

MATRIMONY W ITH HIS MAJESTY

By MERI

Jared/Jensen

CN-17

Cuando el agente de policía Jensen Ackles salva la vida del rey de Monrovia, no sabe hasta dónde llegará el agradecimiento de su majestad, Jared Primero…

   Jensen esperaba que el día de separación hubiera servido para enfriar la molestia de Bobby. Odiaba que hubiera cualquier tipo de separación entre ellos. Bobby se enfadaba a veces, especialmente cuando Jensen no le dejaba hacer algo que deseaba mucho, y podía encerrarse tras su mala cara. Aunque no estaba precisamente nervioso, tampoco era optimista respecto a que el chico aceptara fácilmente la nueva información sobre su padre.

   Al abrir la puerta de la sala de juegos, Bobby alzó inmediatamente la mirada. Antes de que Jensen pudiera hacer otra cosa que entrar en la sala, Bobby saltó sobre él, envolviéndole las piernas con sus brazos. En seguida Jensen le alza, fundiéndose en un mutuo abrazo.

   -Me dijeron que estabas bien, pero ¿es verdad? ¿Te lastimaron? Quería ir a buscarte, pero no me dejaban salir de la casa. Había guardias fuera de la ventana. –gimoteó, pequeño y vulnerable, enterrando el rostro en el cuello del rubio. Todo su cuerpo temblaba.

   Jensen lo cobijó con fuerza, aspirando su olor, sintiéndose cálidamente conmovido por toda esa preocupación y afecto.

   -Estoy bien, Bobby. Tan sólo me quedé atrás intentando saber quiénes eran los atacantes para detenerles luego. Ya sabes, mi trabajo.

   -¿Por qué tienes que hacerlo tú? ¿No es posible que alguien más lo haga? ¡No eres policía aquí! –Bobby se echó para atrás lo suficiente como para mirarle, sus mejillas estaban húmedas de llanto.

   -Aparentemente no lo hay, pequeño. Están tan desorganizados… –replicó secamente, mientras limpiaba con sus dedos las lágrimas en las mejillas del niño, sonriéndole.- Oye, no te pongas así. ¿Qué tienes? Sabes que no fui alcanzado, pedí que te lo dijeran. Fue Jared quien recibió un disparo. Ahora  todo está bien.

   -Ya lo sé. –Bobby miró hacia abajo.- Estoy bien… -suspiró.- Sólo quería verte. Para estar seguro. Y parecía que nadie lo entendía. –Jensen volvió a acunarlo con fuerza.

   -No estaba aquí. Acabo de regresar hace unos minutos y pasé a verificar cómo seguía Jared.

   -¿Fuiste a verlo primero a él? –Bobby se congeló en sus brazos, revolviéndose para ser bajado, y a Jensen le dolió mientras lo hacía, aunque no tanto como cuando el pequeño se desprendió de su abrazo.

   El hombre suspiró con pesar. Él deseaba tener a Bobby cerca, como antes, pero estaba claro que alguna puerta se había cerrado entre ellos.

   -Bobby, él fue quien recibió un disparo, así que sí, pasé primero por su habitación para ver cómo estaba. Fue herido, hijo.

   -¿De verdad te gusta mucho, no? –pregunta el niño, frunciendo sus cejas.

   Jensen no quiso engañarse, pero creyó notar cierto deshielo en su tono, no así en su expresión. Cerró los ojos, reflexivo.

   -Si, Bobby. No puedo mentirte.

   -¿Nos vamos a tener que quedar aquí? ¿Lejos de Texas?

   -No. –respondió el rubio, sintiendo que algo se retorcía en sus entrañas.

   -¿Estás seguro? Quiero decir, si te gusta tanto, y tú pareces gustarle igual, ¿por qué no? –pregunta el niño, confuso, como planteando una progresión natural de las cosas. Tal y como Jensen deseara que fuera.

   -No es así de fácil, hijo. ¿Te… te gustaría quedarte aquí?

   Bobby hizo una larga pausa, sopesando claramente la idea.

   -En realidad no. Supongo que tendría que hacerlo si tú quieres quedarte, pero yo prefiero volver a casa. Con los abuelos. A nuestra casa. –y el destino, piensa Jensen con un estremecimiento, parece estarse trazando. Por doloroso que fuera.

……

   -Kane. –dice Chris, respondiendo al primer timbrazo.

   -Es Jensen. –informa sentándose en una pared baja de ladrillos, en el jardín. No quería molestar a Jared con sus indagaciones.

   -Hijo de puta, ¿qué pasa contigo? Te pierdo de vista cinco minutos y la gente comienza a dispararte. Una vez más. –por mucho que se oyera un leve tono de burla en la voz de Chris, no podía ocultar la preocupación que estaba sintiendo.

   -Ya sabes lo querido que soy. ¿Tienes algo para mí? –pregunta Jensen, apretándose con los dedos los ojos, luchando contra un bostezo de cansancio.

   -Probablemente menos de lo que ya has oído por allá. Los federales no están cooperando, ni hablando. Creo que no tienen nada. –responde frustrado y a Jensen se le hunde el estómago.

   -¿Nada más?

   -Ese tipo que mencionaste antes, Venter, está limpio por lo que sabemos.

   -¿Estás seguro? Quiero decir, algo en él está decididamente mal.

   -Puede que no le agrade a mi nene, pero él actúa de frente, no ha hecho un secreto de que desea que Monrovia entre a formar parte de la Unión Europea. Parece decidido a que sacrifiquen mucho de la economía del reino para lograrlo, pero eso no es ningún delito. Sin embargo no hay cómo relacionarlo con grupos de asesinos. –y si alguien pudiera encontrar dicha relación, sería Chris, piensa Jensen.

   -Mierda. Sólo tengo un mal presentimiento sobre este amigo. Añade a eso que la guardia aquí es patética. No saben un carajo de nada. Son peor que el peor puñado de cuellos rojos en Texas. Si hasta ahora no han matado a Jared es porque no lo han intentado en verdad. –y le cuenta todo lo sucedido desde los disparos. Finalmente oye el suspiro de Chris.

   -Por lo menos cuentan con balística. ¿Qué estás haciendo por su seguridad?

   -En caso de que lo hayas olvidado, no estoy a cargo aquí. Pero sí, han aumentado la vigilancia. –un viento frío recorre el jardín y Jensen se estremece.

   -Probablemente lo más sensato sería llevar ese real culo de vuelta al palacio en la ciudad.

   -De hecho creo que es más seguro aquí, por los momentos; por lo menos un par de guardias parecen tener posibilidades de servir para algo… una vez que se les instruye. –mira hacia arriba, notando a dos guardias uniformados que pasan. Ambos le saludan.

   -La mayoría de ellos probablemente sólo necesitan algo de entrenamiento. Y tú sabes, el capitán Gibson es probable que te permita permanecer un poco más de tiempo en Monrovia. Cosas de estados y buena relaciones y toda esa mierda. Parece que te necesitan, ¿no?

   Alargar el viaje sólo lo haría más difícil para él, también para Bobby, cuando finalmente tuvieran que partir. El estómago se le contrajo de sólo pensarlo.

   -No pediré ningún permiso. No voy a quedarme un día de más.

   -¿Por qué no? –preguntó Chris después de una larga pausa.- ¿Acaso no te preocupa su seguridad?

   Jensen cerró los ojos. No iba a ponerse a explicarle a su mejor amigo que la vida de Jared le importaba más de lo que podía poner en palabras.

   -No sería funcional para nosotros. Para Bobby… y para mí.

   -A la mierda con eso, Jen. Hombre, yo te conozco. Si has llegado tan lejos, entregándote a él, aférrate. No dejes escapar esta oportunidad. –el suspiro que deja oír parece frustrado y preocupado.- Me dan ganas de llegarme hasta allá y golpear esa tonta cabeza. Para ver si puedo meter algo de sentido común en ti. Después me buscaría a mi propia princesa. –Jensen quiso reír, pero, maldita sea, si tan sólo su amigo no sonara tan medio en serio.

   -Si realmente quieres venir, ¿por qué no hablas con Gibson? Tal vez te permitan entrenar a estos chicos.

   -No seas idiota. Ya estas allí y…

   -No. Es decir, simplemente no puedo. No hay… mañana. Esto no es un cuento de hadas, Chris. No hay un final feliz ni un “y vivieron felices para siempre”.

   -Amigo, eres un imbécil. –acota Chris después de lanzar un juramento.

   -Seguramente. Oye, ¿nos recogerás en el aeropuerto?

   -Por supuesto. Pero déjame repetirte que estás cometiendo un error.

   -Lo que dices, no puede ser. Esta vida no es para mí. –Jensen corta la transmisión y coloca la cabeza entre sus manos. La vida era dura.

……

   Más tarde esa noche, cuando los dos niños están en sus camas y la madre de Jared, después de una última revisada de los vendajes (y una mirada apreciativa al rubio al encontrárselo en un pasillo) se fue a una habitación no muy lejana, Jensen finalmente regresó a su habitación.

   -¿Dónde estabas? -gimotea Jared.

   -Diligencias. Chris piensa que deberías volver al palacio. –responde Jensen, sentándose al borde de la cama. Tal vez todo fuera más fácil, para todos ellos, si lo hicieran.

   -Oh, genial. Chris. Para comenzar, ¿por qué tienes que consultarle nada al respecto? –frunció el ceño.

   Su tono no era hostil, pero era evidente que no estaba contento con el que llamara a Chris. ¿Celos? Eso sólo le duraría hasta que lo conociera… algo que nunca ocurriría, así que no valía la pena preocuparse por ello.

   -Él está preocupado por nuestra seguridad. Y es un buen policía.

   -Aún me quedan dos días libres del protocolo y no quiero volver.

   En realidad no debería estarle permitido a hombres adultos hacer pucheros, y Jensen no debería tener esa tendencia a desmoronarse y sentir ese suave calor en su pecho al verlo.

   -A pesar de que hay más guardias en palacio, es bastante claro que no están muy capacitados para actuar. He logrado infundir el temor a Dios en los que está aquí. Creo que es seguro quedarse.

   -Lo he notado… Hay muchas deficiencias, hay que introducir cambios y ya sabes… Podrías quedarte. Y entrenarlos bien. –lo dice ceñudo, casi de mala gana, como si realmente no deseara que se quedara, o tal vez creyera que Jensen no deseaba quedarse. Jensen forzó una risita.

   -Como sí mi jefe fuera a permitirme vivir de la gorra en la corte. Además, puedes pagar una mejor formación para ellos de la que yo puedo dar. Sólo tengo un par de cursos sobre medicina legal y un par más en tácticas de seguridad. Tú puedes conseguir a un experto que se encargue de adiestrarlos. Y creo que deberías hacerlo.

   -Supongo que es una buena idea. –respondió Jared, con voz queda, sus hombros ligeramente caídos.

   -¿Qué pasa? ¿Te duele algo? ¿Debo despertar a tu madre?

   -¡No vayas a despertar a mamá! Dios, ella es imposible. –una leve sonrisa ilumina el rostro de Jared.

   -Ella te adora.

   -Pero eso no significa que no me vuelva loco.

   -Entiendo lo que quieres decir. –Jensen se ríe con ligereza, recordando a su propia madre.

   -Jen… ¿estás considerando en meterte en la cama conmigo en algún momento de esta noche? –al rubio le encantó notar el afán en aquella petición.

   -Pero, Jay, tu hombro…

   -¡Nada de eso! No tengo muchas noches en mi futuro, y no pienso perder ninguna de las que me quedan. –su voz es algo forzada. Y Jensen cree entender.

   -Bien, tú descansarás contra la cabecera y yo haré todo el trabajo.

   -Puedo vivir con eso.

……

   El teléfono sonó por su lado de la cama, y Jensen medio gruñó negándose a abandonar el mundo de los sueños. Jared buscó a tientas el aparato, dándose media vuelta, gruñendo, y desalojando a Jensen de su pecho, para casi lamentarlo al segundo siguiente.

   -Hola. –murmuró mientras que con su mano grande regresa a Jensen a su pecho, para luego recorrer la tersa espalda con sus dedos. Escuchó durante dos segundos y contestó.- Le preguntaré. –y coloca el teléfono en espera.

   Jared se sentó y Jensen se desliza hacia abajo por sobre su cuerpo, de modo que su cara se presiona contra su muslo. Y puesto que ya está ahí, Jensen saca la lengua y lame un poco de la velluda piel.

   -Hummm…

   -Nada de eso, chico rubio. –Jared lo detiene colocando la mano en el corto cabello del otro.- Teléfono.

   -Diles que se vayan. –responde Jensen sin levantar la mirada.- Es demasiado temprano para levantarse.

   -¿Quieres hablar con el hombre que han enviado desde la sede de la guardia para investigar el atentado?

   Jensen intenta obligar a su cerebro a despertar y enfocarse en el asunto, tomando asiento.

   -Me sorprende que me pregunten al respecto. Creí que era un entrometido.

   -Les dije que debían mantenerte informado de todo. Imaginé que querrías saber. Además, te permitirá echarle un vistazo a la manera en que trabajamos.

   -Así que tengo que salir de madrugada de esta cama calentita, donde estás tú que la calientas más, para ir a trabajar. Genial. –Jensen deja escapar un gran suspiro. Jared sonrió con cariño.

   -No tienes que hacerlo.

   -Si, claro. Diles que estaré allí en diez minutos.

   Pero en verdad Jensen habría preferido quedarse allí y joder bien jodido, en el buen sentido, a Jared sobre esa cama. Toda la mañana. Y mientras se ponía de pie, sintió una punzada en el corazón, comprendiendo qué tanto se había involucrado en tan poco tiempo.

……

   Quince minutos más tarde penetró en las oficinas de Seguridad, en el sótano del albergue. Todo el mundo se puso de pie, cuadrándose. Incluso el jefe de la unidad. Era tan extraño, pensó el rubio. Por un segundo cruzó una mirada con el responsable de todo, quien, algo enrojecido, bajó la mirada.

   -Buenos días, ¿quién está a cargo de todo? –pregunta después de aclararse la garganta, mirándoles a todos.

   -Creo que ese sería yo. Mi nombre es Tom Welling, Director Asistente de Operaciones. –se presenta un hombre más o menos de la edad de Jensen, de cabello negro, alto y bastante atractivo.

   -¿Por qué no se presento el Director de Operaciones? –se intriga Jensen.- ¿Su rey casi es asesinado y el jefe de seguridad ni siquiera se molesta en saber de primera mano qué está pasando?

   -Él… me ha enviado, señor Ackles. Cree que podrá servir mejor en la capital, atendiendo reuniones. –el tono de Welling era perfectamente correcto, pero Jensen podía detectar en el tono la molestia por la actuación de su superior. Bien, tampoco era este el momento o el lugar para discutirlo.

   -Entiendo. Tranquilo, sé que no es su culpa.

   -Maldita sea si lo es. –parece escapársele. Jensen contuvo una sonrisa, por fin alguien con sangre en las venas.

   -Hablemos en la oficina.

   Welling asintió con la cabeza y comenzó a seguirle a la oficina del capitán. El capitán también comenzó a moverse, pero Jensen se detuvo, sin volverse.

   -Sólo él. –la mirada en los ojos del capitán cuando Jensen cerró la puerta en su cara, bien valía la pena. Tal vez, de ahora en adelante, ese idiota se lo pensaría bien antes de dejarles todo el trabajo a sus subordinados.

   Jensen se apoya en el borde de la mesa, cruzando los brazos sobre el pecho y mirando fijamente a Tom Welling.

   -Dos cosas. Uno, quiero saber exactamente lo que ha ocurrido con la investigación del tiroteo. Y dos, lo que están haciendo para asegurarse de que jamás vuelva a suceder.

   En posición de firme, la expresión de Welling lucía primero estupefacta y luego, sorprendentemente, aprobatoria. La estimación de Jensen por él, se elevó al instante.

   -Corrimos los casquillos por balísticas. Fue un buen trabajo el recuperarlos con los muchachos…

   -¿Por qué luce tan sorprendido? Cualquier policía razonablemente capacitado, incluso en un pequeño y apartado pueblo, sabe cómo investigar una escena del crimen.

   -No somos realmente un cuerpo policial, señor; tan sólo una guardia de origen más o menos militar. Una organización para militar. Sé que en Estados Unidos tampoco ellos se dedican a la investigación forense. –no había disculpa en su tono, tan sólo una declaración de los hechos.

   -Responda a mis inquietudes, por favor.

   -Las balas se fabricaron en Monrovia. –responde el joven enderezando los hombros.- Y coinciden con los que se utilizaron en Texas. Creemos saber quiénes son los terroristas. Esperamos lograr algunas detenciones para el final del día. La seguridad se ha reforzado alrededor del rey. Nadie pude acercarse a este lugar, o a donde sea que este Su majestad, sin la debida autorización.

   -Bien. Y gracias. –medio sonrió Jensen sintiéndose profundamente aliviado.- Dígame, señor Welling, ¿por qué todo es manejado por segundos y terceros al mando? Tengo la sensación de que la gente con la autoridad no quiere involucrarse. O no está interesada.

   -¿Su jefe sale al campo a investigar?

   -Con algo tan grande e importante como esto, por supuesto. Incluso antes del atentado a Jared… al rey, mi capitán, Gibson, fue a varias recepciones con él, así como a ruedas de prensa. ¡Era alguien de importancia!

   -Suena ideal. Pero las cosas no son así aquí, señor. Los cargos superiores, de autoridad y prestigio, son en su mayoría de origen hereditarias, y no requieren de ninguna formación profesional.

   -No lo entiendo. Incluso los cargos designados políticamente exigen que la persona hagan realmente su trabajo.

   -Es así como es aquí. –Welling se encoge de hombros.

   -Tú pareces competente.

   -Tengo una maestría en justicia criminal de una de sus universidades, pero soy de origen plebeyo. Tan sólo puedo llegar a segundo.

   -Fuera de injusto, eso suena a corta visión de futuro.

   -Es un hecho de la vida. Aquí. Hay que aceptarlo.

   Semejante estupidez hizo que Jensen deseara rechinar los dientes.

   -¿Han pensado en conformar una policía de verdad? ¿Algo separado de la guardia? –Welling se echa a reír.

   -No es la primera persona que lo sugiere, pero el sistema de seguridad actual tendría que ser totalmente reestructurado para dejar que las tradiciones dejen de ocupar espacio y… -su voz decae.

   -¿Si? –se interesa Jensen.- ¿Cómo se lograría eso? Quiero decir, ¿cómo conseguir apartar lo tradicional de lo funcional?

   -Usted podría… -el rostro de Welling enrojece, y aclarándose la garganta, continua.- …Usted podría sugerírselo a Su majestad.

   A Jensen le costó un considerable esfuerzo el mantener la mirada de Welling, pero lo logró.

   -¿Qué diferencia podría hacer…?

   -El rey podría designar un jefe de la guardia más vanguardista. A quien desee. Él o ella tendrían el poder para hacer los cambios necesarios. No sería rápido ni fácil, pero podría hacerse. Debería hacerse.

   -Una sola persona no podría hacer tanta diferencia. –a Jensen le parecía que todo aquello sonaba demasiado simplista, no imaginaba que con tan sólo comentárselo a Jared….

   -Piénselo, no sería tan complicado si fuera usted quien se comprometiera a supervisar los cambios… -Jensen le interrumpe sacudiendo la cabeza.

   -El problema es que yo sólo estaré aquí unos cuantos días más. Luego partiré para mi país. –Welling, con gesto de sorpresa, mira hacia el piso, todavía más rojo.

   -¿Qué…? Yo… Todos pensábamos que usted se quedaría y… -se corta.- Imagino que estábamos equivocados acerca del camino que tomaba la visita… -se detiene de nuevo, mirándole de frente.- Lo siento. Creí que usted se quedaría junto al rey.

CONTINÚA … 14

Julio César.

…AL SOL

enero 30, 2011

…AL SOL

   -Ya, compadre, deje los celos, todos saben que todo eso para usted. Esta noche se lo doy completito. –bromea riendo, pero con cosquillas. Ojala la metiera dentro del bañador.

   ¡Era tan cruel! Sabía que los chicos quinceañeros en la playa, nerviosos y confusos de su sexualidad, se quedaban mirándolo durante horas, con eso toletes duros y con ganas de tocar, meter mano y hasta de chupar. Si, era un tipo cruel.

   -Ah bueno, ¿pero tú vas a seguir buceándome y haciéndote la paja? –le grita al vecinito con quien comparte patio.- Ven acá y te doy una sorpresa. Claro, si me lo pides de rodillas aquí.

……

   Nota aparte, estas imágenes me las envía un amigo, Efraín, y me pregunto si no las estará sacando del Facebook. ¡La gente sube cada imagen…! Pero este carajote es uno de mis consentidos. Creo que no hay que explicar porqué.

…AL SOL

Julio César.

NOTA: Todas las imágenes han sido tomadas de portales gratuitos; me aseguran que estás también (no las encontré yo). Qué nadie se moleste, por favor. Aunque con esas pintas… seguro que esos carajos se divierten bastante, ¿no?

LENGUA AL ASUNTO

enero 30, 2011

SE LES PASÓ LA MANO

   Era como mantequilla… bajo su lengua.

   Gemía, se estremecía y se mordía los labios mientras le enterraba la lengua, hondo, abriéndolo, penetrándolo. Era tan sólo una prueba entre amigos que de tarde en tarde ven porno y se hacen una paja mientras las mujeres hablan en otra parte. Pero ver a esos carajos mamárselo a ellas, les intrigó. Era sólo eso. Entre risas y nervios lo probaron. La pasa la lengua. Estaba seguro de que sería asqueroso. Pero en cuanto la pasó y le sintió temblar, para oírle gemir todo partido al metérsela un poco, no pudo controlarse. Lo tenía bien ensalivado, le dolía la quijada, pero no podía pararse, quería seguir pasándola, una y otra vez, metiéndosela, con tal de oírle gemir así… como puta caliente. Cada gemido era un calambre en su güevo… que pronto estaría trabajando también.

SU PRIMERA VEZ…

Julio César.

VEGAS, DOMINGUEZ Y LOS LLORONES DEL CARACAS

enero 30, 2011

…DE ESTE ABRIL

   La semana pasada no pudo comenzar mejor… entre lo que cabe. Un venezolano, Jonathan Vegas, gana nada más y nada menos que el título PGA, al vencer a los norteamericanos Bill Haas y Gary Woodland, en un apretado final del play-off, adjudicándose el triunfo del torneo Bob Hope Classic.

   No vi la competencia, el golf no es mi deporte favorito, ni de lejos, pero oyendo a los periodistas deportivos echando el cuento, la cosa sonaba hasta emocionante. El compatriota amarró su triunfo en el segundo hoyo extra, en el campo Palmer Private, después de venir penalizado por haber caído en al agua. No sé qué significa, pero los narradores hablaban de un gran putt, ejecutado por el venezolano, asegurándose la meta.

   Es notable que un joven de origen humilde, de Maturín, que aprendió a jugar con una escoba y piedras antes de practicar en los campos de golf de PDVSA (cerrados ahora por caprichos de una mente extraviada), con apenas cinco eventos donde se ha presentado, alce finalmente su puño para celebrar esta victoria. Bien por él, su constancia le llevó lejos. Dicen que ahora, creo que hoy jueves, competirá en un torneo donde jugara Tiger Wood. Na’ guará.

   El también venezolano, Ramón Domínguez, fue galardonado con el premio Eclipse, en Miami, como el mejor jinete de Estados Unidos (¡qué tal!), señalado así por la Asociación Nacional de Carreras de Caballos Pura Sangres y Cronistas Nacionales de Pistas de Carrera.

   Y no ganó por un pelo de rana, el venezolano superó a su más cercano contendor, Garrett Gómez, por 64 votos (124 a 60), logrando así el galardón hípico más importante del mundo. O eso dicen, la hípica tampoco me llama la atención. Pero bien por él, por trabajar y esforzarse, tanto que es reconocido como el mejor. Sé que suena oportunista, pero me alegra de manera íntima y personal. Es bueno saber que hay venezolanos que nos dejan bien parados por donde pasan; que logran que se asocie el nombre de Venezuela a cosas buenas, no al ridículo o la demencia, para variar.

  No vi el juego el sábado y todavía me goleó la frente contra las puertas. Me perdí el duelo por el pase a la final de nuestro béisbol profesional entre Los Tigres de Aragua y Los Llorones… perdón, Los Leones del Caracas. Mi hermano me llamó preguntando si lo vería y respondí que no, que con mi suerte me sentaba a verlos y los leones no sólo ganaban sino que daban paliza, para hacerlo peor. Pero no. ¡¡¡Perdieeeeeeron!!! ¡¡¡Lero, lero, perolero!!!

   Cayeron, 5-2, y fueron eliminados. Me cuentan (no vi nada de todo esto), que el estadium universitario estaba en silencio, las miradas cargadas de angustias, la gente mordiéndose los labios. Tan mal cayó la cosa que hasta un conato de violencia hubo. Qué lamentable.

   Ya se comienzan con los análisis, las proyecciones, las argumentaciones… pero la verdad es que fueron eliminados, sacados, quedaron out, y en su propia cueva… Qué vergüenza. Bueno, al menos los salvaron de hacer un papelón como el del año pasado en La Serie del Caribe. Cosa horrible. Dio pena ajena. Recuerdo que esa vez recibí un correo de texto donde me decían más o menos esto: a las 10 llegan los campeones de Venezuela, los leones, ve a recibirlos como merecen… lleva tus piedras y palos.

   Y esto lo suscribe y firma, un magallanero alegre, riéndose desde el fondo del lago de Valencia, donde tocó piso la nave turca.

EL POBRE RONALDO

Julio César.

FALTA DE CLARIDAD

enero 30, 2011

 RACIONAMIENTO

FAMILIAS DE ACUERDO

Julio César.

CÓMO SE LE OCURRE CREER EN RADIO COMUNITARIA

enero 30, 2011

…SENADO IMPERIAL

   Por ser tremendo bolsa.

   La gente no lo entendía. ¡Era tan absurdo!

   -Pero ¿qué pasó? –pregunta doña Filomena. Elena, tomándose un vaso de agua, le mira, también ella confundida.

   -Fue algo tan idiota. Él estaba oyendo la radio comunitaria, tú sabes, esa que sólo hace propaganda del Gobierno y a las que llaman noticias. Y había un segmento sobre Miraflores, y que antes y ahora. El narrador decía que antes un presidente andaba borracho por los patios, pero que ahora no…

   -Caramba chica, ¿ahora no pasea cuando masca hoja de coca? –interrumpe Filomena.

   -Si, pero tú sabes que es una radio comunitaria, sólo dicen lo que les conviene. Bueno, la cosa es que decían: “antes a Miraflores no podía llegar el pueblo, ahora sí, se le oye y le resuelven”. Y él… él… -llora, mirando el cadáver en la urna barata comprada pidiendo entre los conocidos.- Se fue para allá con dos compadres a pedir ayuda, y les dispararon desde el puente.

   -¡Qué loco! ¡Se creyó la propaganda!

CELEBRACION BICENTENARIA

Julio César.

VIENDO LA OPORTUNIDAD

enero 30, 2011

METIENDO MANO

   Se volvieron todos, y creo que aceptarán…

   Aunque bajaba al litoral a descansar, viendo el atractivo paisaje, todo muy caliente también, se me ocurrió montar un negocio. Así que, con voz entrecortada, carraspeé llamando la atención.

   -Señores… pongo bronceador. –ofrecí.- Y los atiendo a todos al mismo tiempo.

MOTIVACIÓN

Julio César.

FORRADO

enero 27, 2011

BICIMAN

   Prometió enseñar más tarde lo que le faltaba.

FORZUDO

Julio César.

LA CORBETA CALDAS, CUANDO VENEZUELA PODÍA

enero 27, 2011

 ¿UNA ENCUESTA DE FE?

   13 de agosto de 1987. Recuerdo bien la fecha porque en mi mundo de muchacho que ya se acercaba a la edad del adulto legal, 18 años, el acto vino a inflamar mi imaginación. Fue el día que Jaime Lusinchi, presidente de la república, por transmisión de radio y televisión, en tono enérgico, categórico, alertó a la nación venezolana. Había ordenado un alerta rojo militar en todo el país por la presencia de la Corbeta Caldas de la marina colombiana en aguas territoriales de Venezuela. Lusinchi denunciaba el acto como un atropello injustificado e inaceptable de parte del gobierno de Virgilio Barco, amenazándola directamente con hundirla si no comenzaba su retirada inmediatamente.

   Qué de comentarios hubo los días siguientes. Que los F-16 había partido de Puerto Ordaz rumbo a la frontera; que el Zulia y el Táchira estaban en alerta y sus luces eran apagadas por las noches; que las tanquetas ya iban rumbo a la línea limítrofe, ya que el ejército venezolano había decidido que si Colombia persistía en su ataque las acciones se librarían en tierras colombianas. Como un solo hombre, los venezolanos, lo recuerdo bien, se pusieron del lado del Gobierno de aquel presidente adeco, todos a dar la cara a la agresión colombiana.

   De las leyendas quedan las intrigas de alcoba. Aparentemente el Alto Mando Militar había resuelto con el presidente Lusinchi, hundir la corbeta y luego rescatar a los que sobrevivieran, que aunque habían retrazado el acto todo lo que pudieron, ya no era prudente posponerlo más; es cuando, supuestamente, la amante del hombre (si, Jaime Lusinchi, presidente de la república, sostenía un romance con su secretaria, mujer que llegó a ser la más poderosa de este país, adulada y consentida por gente que luego la perseguiría: Blanca Ibáñez), se comunicó con su Colombia natal para dar el pitazo, lo que habría convencido a los neogranadinos de dar media vuelta.

   Igualmente debe ser leyenda aquello de que la marina colombiana movió su base de operaciones, porque desde la azotea de una de las cancillerías venezolanas, el embajador no perdía pista de sus movimientos, supuestamente informando a Venezuela. O que en entradas del Golfo de Venezuela, un barco nacional hundió un mini submarino colombiano.

   Lo cierto fue que en el país se desató un aire anticolombiano feroz, tanto que el presidente Lusinchi debió hacer otra transmisión en vivo advirtiendo que colombiano que fuera atacado, su persona o sus bienes, sería resarcido y todo el peso de la ley caería sobre los agresores, ya que no podía culparse a los que vivían entre nosotros de las “acciones” de sus dirigentes. Así era la gente antes, y la política y el poderío militar venezolano. Esa vez pudimos hacer frente a un desafío que buscaba ver hasta dónde podíamos llegar, o qué tanto podíamos responder. La reacción fue inmediata y contundente.

   Hace poco se quiso crear un conflicto falso, donde se acusaba a los colombianos de agresión porque no les gustaba a estos que el suelo venezolano sirviera de aliviadero a la narcoguerrilla, y a Venezuela no le gustó que un territorio tomado por esta en Ecuador fuera liberado por los neogranadinos. En esas dos ocasiones se amenazó con movilizar tropas y llamar a la gente a ponerse de lado del Gobierno. Las dos veces fracasó el intento. Primero porque la gente sentía que en el pleito de Colombia con la narcoguerrilla nada se nos había perdido (sobre todo cuando hemos sido víctimas de ella), y luego porque era materialmente imposible movilizar tropas.

   El desorden y falta de disciplina en los cuarteles convierte en quimera el controlar a las tropas, el mal estado de carreteras y autopista imposibilitan mover lo que hay, el mal estado de lo que hay hace ridículo creer que podamos enfrentar a nadie que tenga militares reales, pertrechos bélicos que funciones y un Alto Mando graduado en algo más que adular los delirios del Líder, vender pollos en un mercado o meter presos a carniceros y estudiantes desarmados. Son las verdades de la vida que a veces hacen mirar con añoranza el pasado, cuando al menos éramos capaces de defendernos como nación.

LA ESTACION ESPACIAL SIGUE EN ORBITA

Julio César.

TERNURA

enero 27, 2011

CARIÑOSO DESPERTAR

   Se querían tanto…

   -¿Pero qué…? –Vicente se ahogó mirando por la ventana, atraído por las risas. Vicente Junior reía mientras alzaba a Gregorio, ese amiguito del colegio con quien siempre andaba. Verlos jugar, empujarse, parecía más bien verles tocarse, abrazarse, como ahora, cuando las manos de Vicentico corrían sobre la otra piel.- ¡Qué coño, mira a esos muchachos! –bramó, levemente inquieto.

   -Ayyy, qué lindos. Mira como juegan. Como niños contentos. –ronroneó su mujer, a su lado. Y a Vicente ya no le cabían las arrugas en la frente.

CARAS DE FIESTAS

Julio César.

JARED EL NOBLE, JENSEN EL PLEBEYO… 12

enero 25, 2011

JARED EL NOBLE, JENSEN EL PLEBEYO                         … 11

   Esta historia, QUE NO ES MÍA, mal traducida por el Google, larga y totalmente romántica, me la hizo llegar una amiga. Es buena. Es melosa y bobamente sentimental. Sólo una mujer, como MERI, podría escribir esto. Aunque mi amiga me pasó el archivo completo (es largo), sobre el encabezado hay poco. Es un tanto picante (bueno, algo más que un poco), pero es, básicamente, una historia de amor rosa. Disfrútenla:

……

MATRIMONY W ITH HIS MAJESTY

By MERI

Jared/Jensen

CN-17

Cuando el agente de policía Jensen Ackles salva la vida del rey de Monrovia, no sabe hasta dónde llegará el agradecimiento de su majestad, Jared Primero…

   Los vehículos de emergencia se acercaban pitando a una velocidad preocupante, y Jensen esperaba sinceramente que disminuyeran antes de que pasaran por encima de su rey. Dos Broncos Ford se detuvieron por lo menos cinco metros delante de ellos, demasiado espacio no cubierto.

   -Su Majestad ha sido herido. Monten un operativo de seguridad total, ahora. –ordena Jensen tan pronto como el primero de los guardias uniformados sale del vehiculo.

   Rápidamente ayudan a Jared a ponerse de pie, lo cubren con sus cuerpos y lo introducen en uno de los autos. Es cuando Jared se inquieta.

   -Jensen, sube. –ordena, clara y directamente.

   -Debo verificar algo antes.

   -De eso puede encargarse Seguridad y…

   -Regresen a Su Majestad al albergue. –no responde a Jared, encarando a uno de los guardias.- No sabemos si los agresores continúan en la zona.

   Profundamente disgustado, Jared se ve conducido de regreso al albergue. Sin Jensen, quien queda allí con media docena de efectivos.

   -Tenemos que entrar a la izquierda de ese grupo de árboles y asegurar la zona. –señala Jensen el lugar de donde cree partieron los disparos.

   -¿Por qué? ¿Cree que aún estén ahí?

   -No lo sé. Pero aunque no sea así debemos buscar los cartuchos de las municiones disparadas para efectuar pruebas forenses y determinar qué clase de arma se utilizó. Eso, tal vez, nos lleve a los conspiradores… A la o las personas que desean herir a Jared…

   -¿Qué hacemos, señor?

   -¿Cuál es su nombre? –Jensen le pregunta al soldado.

   -Jason Preston, señor.

   -Está bien, Jason. ¿Quién es su oficial superior? ¿Y dónde está él o ella? –por la manera de vestir todos le parecían del mismo rango, y nadie mucho mayor de los veinte años.

   -Regresó al albergue, señor.

   -¿El rey es atacado aquí, de disparos, y el supervisor regresa al albergue sin investigar? –Jensen negó con la cabeza, luchando por controlar su enojo, recordando que Jason no tenía la culpa.

   -Entiendo su desconcierto, señor, pero él es el supervisor. No vio razones para quedarse un segundo más a campo abierto. Esa es tarea de nosotros, los de menor rango. –se incluye así como a sus compañeros con un gesto de la mano.

   Suspirando pesadamente, Jensen se cruzó de brazos. No tenía caso discutir el punto en ese momento.

   -Muy bien. Hoy es tu día de suerte, Jason. Vas a aprender un par de cosas nuevas acerca de qué hacer con la escena de un crimen.

    El rubio comenzó a explicar con lujo de detalles todo lo que ellos seis debían hacer. Después de responder dudas y preguntas, los envió a cumplir a cada uno su tarea.

   Fue sólo después de regresar al albergue, entrada la noche y mientras se dirigía a sus habitaciones, que comprendió cabalmente lo ocurrido. La tarea que se vio obligado a desempeñar. Y lo peor es que no supo a quién preguntarle nada, y nadie cuestionó el quién era él para ordenar nada.

   Bien, él es de Texas, se recuerda encogiéndose de hombros mientras termina de subir. Lo mejor sería hablar con Jared, para saber cómo seguía y para plantearle sus deudas sobre la manera cómo dirigían la Seguridad.

……

   Jensen comprobó, con alivio, que habían dos guardias afuera de la recamara de Jared. Desconcertándose cuando se cuadran al acercarse a ellos, uno le abre la puerta sin decir una palabra. Y aunque sus mejillas enrojecen fieramente, Jensen se recuerda que esa también era su habitación, joder.

   -Jared… -llamó nada más entrar y no verle en la salita.

   -Aquí.

   Entra en el dormitorio y encuentra a Jared en cama, acompañado de una mujer mayor que parece alborotadamente afanada sobre él. Se parecía bastante al monarca, aunque su cabello corto y castaño estaba salpicado de gris.

   -Mamá, estoy bien. ¿No hay normas que le prohíben a un médico atender parientes cercanos? –se queja Jared, pero con ese tono peculiar que adoptan los adultos cuando sus padres los hacen sentir niños otra vez.

   Jensen no puede evitar una sonrisa cargada de añoranza. Frente a su madre, él se había visto obligado a utilizar ese mismo tono muchas veces en los últimos años.

   -Silencio, Jared. Puedo tratar a quien yo quiera. –respondió con aspereza, pero no sin cierta diversión. Alguien podría llevarse a una chica de Texas, pero jamás a Texas de ella, y aún después de tantos años en Monrovia, la madre de Jared conservaba algo de su acento.

   Jared suspiró en voz alta. Jensen intentó no sonreír, tan abiertamente.

   -¿Cómo está? –pregunta al fin el rubio.

   -¿Ahora sí te interesas por mí? Creí que todo era más importante que yo.

   -Jared.

   -Tardaste demasiado. –reclama con un leve puchero.

   -Si te quejas tanto, no puedes estar tan mal.

   -Él va a estar bien. –confirma la mujer, después de recorrerlo de cabeza a pies, haciéndole enrojecer.- Revisé el apósito y está limpio. Su tobillo sufrió una torcedura, no una fractura. A ver si consigues que descanse esta noche en su cama.

   -¡Oh…! Si, claro. –Jensen odiaba enrojecer así, pero lo hizo nuevamente, bajando la mirada.

   -Bien. Bien. –ella concede, dando un paso hacia él, tendiéndole la mano.- Soy Sherry Deveraux. –él estrecha su mano.

   -Jensen Ackles. Es un placer conocerla, señora… Majestad… doctora. –se atraganta.- ¿Cómo llegó tan pronto?

   -Me gusta ser conocida mejor como médico, nada de Majestad, pero Sherry estará bien, Jensen. Y han transcurrido horas desde el tiroteo. Eso tenía a Jared trepándose por las paredes, el que no aparecieras.

   -¡Mamá!

   -En cuanto supe de lo ocurrido tomé un vuelo. Nadie se opuso. Sigo siendo la reina viuda. Fue lo que les recordé a todo el que me encontré. –termina con una amplia sonrisa que a Jensen le resulta muy familiar, y a la cual no podía dejar de responder como un reflejo.

   -Bien.

   -A ver si puedes lograr que se tome los analgésicos. El muy terco no ha querido descansar. –mira fijamente al rubio.- Imagino que ahora que estás aquí se relajará al fin. –mira a Jared.- Jensen está bien, como te dije que lo estaría, ¿conforme?

   -No. nada de analgésicos. –replica tomando asiento.- Ni voy a quedarme en la cama. ¿Has pensado en tu nieto? Debe estar muy preocupado.

   -¡Ni siquiera piensen en levantarte! –ordena ella, colocando una mano sobre su hombro y empujándole.- Hablé con los niños y se tranquilizaron cuando les dije que estabas bien. Aunque estoy segura de que tu hijo habría preferido venir y verte con sus propios ojos. –mirándola, Jared se apoltrona en la cama.

   -Envíame a Jordan, ¿bien?

   Jensen tuvo que luchar para no echarse a reír al ver la mirada de cachorrito que el poderoso rey de Monrovia lanzaba a su madre para que le complaciera.

   Tan pronto como Sherry salió de la habitación, Jensen se sentó en la cama y tomando una mano de Jared la llevó a sus labios. Era una cosa de chicas, pero él parecía no poder controlarse.

   -¿Realmente estás bien?

   -Lo sabrías si hubieras vuelto conmigo. –reprocha con un puchero.

   -Jared…

   -Estoy bien. –responde al fin, suavizando su rostro con una sonrisa.- Mi hombro duele un poco todavía, así como mi tobillo, pero eso es todo. Lo más terrible está siendo soportar a mi madre, llegó aquí casi en seguida. Ya el médico de aquí me había parcheado. –su sonrisa es más amplia.- También he recibido una denuncia del Capitán de la Guardia sobre ti.

   -¿En serio? ¿Qué dijo? –no puede evitar una sonrisa divertida. Jared se echa hacia atrás en sus almohada y parece estudiarlo mientras sonríe ampliamente.

    -Que, al parecer, estás interfiriendo con su investigación de los hechos.

   -¿Eso dijo? Me sorprende, sobre todo teniendo en cuenta que ninguno de esos niños que andaban dando vueltas por el campo tenían la menor idea sobre el qué hacer.

   -Estoy seguro, agente Ackles, que podrá dirigirlos a todos sin ningún problema. –Jared le acaricia una mejilla con su mano, antes de darle un ligero beso en los labios.

   Jensen suspiró contra sus labios, relajándose un poco más. Una de sus manos cayó sobre el tórax de Jared, percibiendo como su corazón se aceleraba con fuerza bajo sus dedos.

   -Lo hice. Me ocupé del asunto. –responde al fin cuando separan sus labios.

   -Bien. Aunque no regresé muy contento…

   -¡Jared, tenía que quedarme a investigar!

   -…Le dije al Capitán que tenías vía libre para actuar.

   -¿Y qué respondió? –Jensen se ríe entre dientes. Casi podía imaginar la cara del hombre.

   -“Si, Su Majestad”, ¿qué otra cosa podía decir? Soy el jefe aquí, ¿lo recuerdas? –Jared sonrió con esa dulzura que elevaba el pulso de Jensen en segundos.

   -¡Papa! ¡Papa! –Jordan, olvidado del rígido protocolo, entra corriendo y sube a la cama, pero teniendo cuidado al abrazarle.- Me hicieron esperar y esperar, no sabía…

   -Lo sé. Pero envié a la abuela a decirte que todo estaba bien.

   -¡Te dispararon! ¿Cómo podía esperar que todo estuviera bien si no me dejaban verte? –se vuelve hacia Jensen, dejando la cama, mohín en labios.- ¿Por qué dejaste que le dispararan? ¡Debiste protegerlo! –el rostro de Jared enrojece profundamente.

   -¡Jordan! No fue culpa de Jensen.

   -Entonces ¿de quién es la culpa? –preguntó desconfiado, como si esperara que dijeran era suya.

   -Fue la misma gente mala de antes, la que atacó a tu padre en Texas.

   -Jensen tienes que encontrarlos y matarlos. –estalló, todo malas caras y con las manos en la cintura.

   -¡Jordan! –se espanta Jared, Jensen tan sólo quiso abrazarle. El pequeño era tan adorable, a sus ojos, como su padre, y ambos compartían algo en común, el deseo de protegerle.

   -Voy a hacer todo lo posible. Te lo juro. Ahora déjenme ir a ver a Bobby.

   -Está en la sala de juegos. Y te espera. –informa Jordan, tomando asiento al lado de su padre.

……

   Jensen esperaba que el día de separación hubiera servido para enfriar la molestia de Bobby. Odiaba que hubiera cualquier tipo de separación entre ellos. Bobby se enfadaba a veces, especialmente cuando Jensen no le dejaba hacer algo que deseaba mucho, y podía encerrarse tras su mala cara. Aunque no estaba precisamente nervioso, tampoco era optimista respecto a que el chico aceptara fácilmente la nueva información sobre su padre.

   Al abrir la puerta de la sala de juegos, Bobby alzó inmediatamente la mirada. Antes de que Jensen pudiera hacer otra cosa que entrar en la sala, Bobby saltó sobre él, envolviéndole las piernas con sus brazos. En seguida Jensen le alza, fundiéndose en un mutuo abrazo.

   -Me dijeron que estabas bien, pero ¿es verdad? ¿Te lastimaron? Quería ir a buscarte, pero no me dejaban salir de la casa. Había guardias fuera de la ventana. –gimoteó, pequeño y vulnerable, enterrando el rostro en el cuello del rubio. Todo su cuerpo temblaba.

   Jensen lo cobijó con fuerza, aspirando su olor, sintiéndose cálidamente conmovido por toda esa preocupación y afecto.

   -Estoy bien, Bobby. Tan sólo me quedé atrás intentando saber quiénes eran los atacantes para detenerles luego. Ya sabes, mi trabajo.

   -¿Por qué tienes que hacerlo tú? ¿No es posible que alguien más lo haga? ¡No eres policía aquí! –Bobby se echó para atrás lo suficiente como para mirarle, sus mejillas estaban húmedas de llanto.

   -Aparentemente no lo hay, pequeño. Están tan desorganizados… –replicó secamente, mientras limpiaba con sus dedos las lágrimas en las mejillas del niño, sonriéndole.- Oye, no te pongas así. ¿Qué tienes? Sabes que no fui alcanzado, pedí que te lo dijeran. Fue Jared quien recibió un disparo. Ahora  todo está bien.

   -Ya lo sé. –Bobby miró hacia abajo.- Estoy bien… -suspiró.- Sólo quería verte. Para estar seguro. Y parecía que nadie lo entendía. –Jensen volvió a acunarlo con fuerza.

   -No estaba aquí. Acabo de regresar hace unos minutos y pasé a verificar cómo seguía Jared.

   -¿Fuiste a verlo primero a él? –Bobby se congeló en sus brazos, revolviéndose para ser bajado, y a Jensen le dolió mientras lo hacía, aunque no tanto como cuando el pequeño se desprendió de su abrazo.

   El hombre suspiró con pesar. Él deseaba tener a Bobby cerca, como antes, pero estaba claro que alguna puerta se había cerrado entre ellos.

   -Bobby, él fue quien recibió un disparo, así que sí, pasé primero por su habitación para ver cómo estaba. Fue herido, hijo.

   -¿De verdad te gusta mucho, no? –pregunta el niño, frunciendo sus cejas.

   Jensen no quiso engañarse, pero creyó notar cierto deshielo en su tono, no así en su expresión. Cerró los ojos, reflexivo.

   -Si, Bobby. No puedo mentirte.

   -¿Nos vamos a tener que quedar aquí? ¿Lejos de Texas?

   -No. –respondió el rubio, sintiendo que algo se retorcía en sus entrañas.

   -¿Estás seguro? Quiero decir, si te gusta tanto, y tú pareces gustarle igual, ¿por qué no? –pregunta el niño, confuso, como planteando una progresión natural de las cosas. Tal y como Jensen deseara que fuera.

   -No es así de fácil, hijo. ¿Te… te gustaría quedarte aquí?

   Bobby hizo una larga pausa, sopesando claramente la idea.

   -En realidad no. Supongo que tendría que hacerlo si tú quieres quedarte, pero yo prefiero volver a casa. Con los abuelos. A nuestra casa. –y el destino, piensa Jensen con un estremecimiento, parece estarse trazando. Por doloroso que fuera.

CONTINÚA … 13

Julio César.

EL COME CHORIZO

enero 25, 2011

EL MECANICO REPARA

   ¿A quién no le han invitado a almorzar una vez, para una vez allí encontrarse con un menú nuevo? Eso le ocurre a nuestro héroe; pero claro, como ya dije, eso siempre pasa.

CONTINÚA … 2

Julio César.

¿UNA ENCUESTA DE FE?

enero 25, 2011

 JUDAS ISCARIOTE… ¿EL FALSO DISCÍPULO?

   Generalmente me voy tarde a la cama cuando estoy solo en mi apartamento. Leo, navego en Internet, si tengo una buena película la veo. Siempre fui de mal dormir. Antes, al entrar en la cama, sintonizaba el canal Animal Planet, pero ahora siempre está el amansador de perros, y ese programa me molesta. Globovisión no lo dejo ni loco, si escucho la menor noticia sobre el país se me va el sueño. Así que ahora muero en el canal History. De hecho ya lo veía cuando todo era realmente sobre historia. No ha perdido mucho y ha ganado buenos programas. El tono de las voces, la música acorde y hasta las imágenes invitan a dormir. Excepto anoche.

   Debí saber que no alcanzaría fácilmente el sueño cuando lo sintonicé y comenzaba El Efecto Nostradamus, con un programa llamado nada más y nada menos que Las Armas de Satanás. Era un repaso de las profecías bíblicas sobre el fin, el libro de Revelaciones y la interpretación de los hechos a manos de eruditos y gente un tanto más extraña. Dos cosas llamaron mi atención. Lo primero era una encuesta (que da nombre a la entrada) echa en Norteamérica, mundo de gente práctica y pragmática con una gran cantidad de población media y joven. Según el programa, el setenta por ciento de los norteamericanos cree en la existencia de Satanás, como un ser real o una entidad que mal influye en la humanidad. Y de ese número, un tercio estaba convencido de que Satanás conspiraba para destruir a la gente, ahora, en este instante, reuniendo su ejército.

   Lo dicho, me sorprende que ese país aún crea en las viejas enseñanzas de la escuela dominical forjado como fue por maestros, profesores y una larga cultura científica que desdeña la idea de un Creador, encerrándose en sus dogmas, cábalas y mitos sobre el origen de la vida proveniente de la nada (pobre científicos, como definitivamente están obligados a aceptar que no tienen ni puta idea de cómo o por qué se presentó la vida, ahora arguyen que vino del espacio en forma de esporas, en meteoritos, tan sólo echado más atrás y más lejos, el problema inicial). Será como dice una amiga mía, en el fondo todos queremos creer que hay un Dios, o un poder superior, que vela e impide que desaparezcamos.

   Lo otro que me llamó la atención, fue algo dicho por un erudito, sobre el “hecho” (para él y muchos) de que ya se conformaban los ejércitos que finalmente se enfrentarían, de un lado el mal, del otro el bien; que en sana lógica todos desearemos formar parte del bando bueno, pero ¿será cierto? Alertaba el buen hombre que se supone que Satanás, el Anticristo y el Falso Profeta (la llamada trinidad infernal), recorrerían el mundo, mintiendo, mostrando falsos prodigios, llamando a una ilusoria paz y a una lucha contra los “infieles”, ¿podemos estar seguros entonces de a cuál bando  perteneceremos al final? La advertencia de que llegaran con pieles de cordero llamando a la paz mientras hacen la guerra, o que mentirán con descaro, volviendo al vecino contra el vecino y al hijo contra el padre, no es un límite muy claro que nos sirva de señalización. Hay tantos que actúan así.

LA CORBETA CALDAS, CUANDO VENEZUELA PODÍA

Julio César.