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JENSEN Y JARED, TAN SÓLO UNA NOCHE… 3

febrero 25, 2011

JENSEN Y JARED, TAN SÓLO UNA NOCHE                         … 2

   Me gusta presentar en estas páginas trabajos que NO SON MÍOS, como este, porque es fácil. Ya están pensados y sólo hay que subirlos. Pero en los casos donde no hay una traducción real, me toca bregar duro con el Google. Y sospecho que no quedan igual.

   Este relato es bueno, aunque más que uno de realidad alterna, es ciencia ficción. Ya sabrán por qué. Llevado por un gran estrés, un hombre conoce a otro y terminan en una cama. Será algo de una noche, piensa, se marchará con la mañana y la vida seguirá su camino. Qué equivocado está. Comienza lento, pero más adelante resulta ameno. Disfrútenlo.

……

LARGA Y ARDIENTE ESPERA

By Marriangelic.

Jared/Jensen

CN-17

   Jared, con ojos nublados de lujuria, le mira un segundo antes de atrapar esos labios deliciosos otra vez, mientras una de sus manos recorre el corto y suave cabello rubio oscuro y la otra baja por el tórax, erizando a Jensen, erizándose él mismo al acariciarle el plano abdomen. Pero necesita más. Sus labios caen sobre una de las orejas, mordiendo el lóbulo, sintiéndolo temblar, oyéndole gemir con esa ronca voz que envía oleadas de deseos que van directamente a su verga.

   No quiere detenerse nunca, desea morder esa orejita para siempre, pero necesita más. Baja por su cuello olfateándolo, sintiéndole la yugular palpitar con fuerza cuando pasa los labios. Incapaz de contenerse, de forma abierta y elocuente, saca la lengua y la pega de esa piel que le quema, recorriéndola de forma hambrienta. Y no era posible, Dios, pero sabía tan deliciosa que sabe que está mojando de manera copiosa su ropa interior. Y oírle gemir echando la cabeza hacia atrás, exponiendo más de ese cuello delicioso, era demasiado. Casi tiene miedo. No, nada en este mundo podía ser tan perfecto y maravilloso. No era concebible. ¿Estaría drogado? O tal vez estaba a punto de un aneurisma, pero ¿quién se preocupaba de eso ahora?

   No quiere detenerse a pensar. No cuando puede… sus dientes caen sobre la clavícula del rubio, mordisqueando, una y otra vez, porque Jensen lloriquea prácticamente como un niño cada vez que lo hace. Y si él pudiera elegir dónde quedarse y qué hacer para toda la eternidad, sería aquí y así, mordiéndole y oyéndole gemir. Pero esos gemidos eran peligrosos, cada uno de ellos era seguido de un espasmo en su verga, y no era cosa de terminar antes de comenzar, así que cubre la hermosa boca con la suya y se funden en un beso apasionado, mientras continúa recorriéndole el torso con la mano.

   Cuando los dedos pellizcan uno de los pezones erectos, Jensen se tensa todo. No pasan ni tres segundos cuando la boca del castaño cubre esa tetilla y lengüeta, sin apartar la mirada del rostro del rubio, antes de atraparlo con sus labios y succionar. Dios, todo era tan caliente y excitante que le dolía. Mordisquea el pezón y Jensen se arquea contra él…

   Hasta que el rubio le atrapa la cabeza apartándole…

   Por un segundo Jared siente miedo… y le mira suplicante. Pero Jensen toma asiento, le atrapa el rostro y lo besa suavemente, susurrándole luego contra los labios.

   -Necesito probar tu piel…

   Jared asiente con una expresión que él mismo considera como de lelo, mientras le mira con ojos brillantes como los del niño a quien le prometen todos las golosinas del mundo (lo que para él sería realmente un gran premio). Jensen, con manos febriles le aparta el saco, lucha con la corbata, sin dejar de mirar a los ojos multicolores del castaño, y para cuando llega a los botones de la camisa los dedos casi no le responden de las ganas que tiene de tocarle. Jared le ayuda.

   La camisa cae y Jared se sonroja un tanto, totalmente halagado cuando Jensen le mira con complacencia. Ese cuerpo es firme, musculoso, tostado por el sol. Hermoso. Sus manos, aunque grandes, no tanto como las de Jared, son firmes pero suaves cuando recorren sus hombros. Le gusta lo que ve, y tal vez se note en su mirada brillante y dilatada, o en el nuevo sonrojo de sus mejillas, pero el castaño sonríe, y esa sonrisa honesta, amable y amigable es lo mejor de todo.

   Jared gime contenido cuando la boca de Jensen cae en su hombro, cerca de su cuello, y mordisquea y chupa en su piel. Es una sensación tan intensa que los dedos de los pies se le doblan aún dentro de los zapatos. Pero no es nada comparado a lo que siente cuando esa boca recorre su cuello, esos labios carnosos acariciándole, la lengua mojándolo. Jensen estaba saboreándolo y a Jared el cerebro a duras penas le continuaba funcionando. Le muerde la horquetilla external, baja y atrapa entre sus blancos dientes uno de sus pezones, mordiéndolo. Y Jared tiene que gemir y cerrar los ojos cuando esa boca le chupa, mientras las manos del rubio se mueven, una hacia su tetilla contraria, la otra bajando, cálida y enloquecedora hacia su abdomen marcado.

   Jensen succiona de una tetilla a la otra cuando la mano baja finalmente, recorriendo sutilmente (demasiado para el gusto de Jared) sobre la silueta de su verga bajo las ropas. Esta palpita de manera visible y Jensen medio ríe mientras baja el rostro recorriéndole el pecho y la panza con la lengua. La mano se cierra alrededor del tronco, y el rubio tiene que enfocar la mirada, primero hacia su puño, luego hacia el rostro del castaño, sorprendido, ¡qué tamaño!

   -¿Qué puedo decirte?, soy tejano cien por ciento. –sonríe como un chicuelo, Jared.

   -Ya veremos, vaquero. –el rubio le guiña un ojo.

   Y esa boca de labios que ya le obsesionan, cae sobre la silueta de su verga, apretando con ellos, y Jared gruñe, inclinando el rostro, mirándolo con la boca abierta. Cuando Jensen mordisquea el tronco, las oleadas de temblores que lo recorren son alarmantes. Deja caer la cabeza, sin fuerzas, cuando Jensen comienza a dar lengüetazos sobre la cabeza del miembro, totalmente visible bajo la tela, así como pequeños mordiscos y chupadas. Dios, sí así era sobre los pantalones, cómo sería… Pero antes.

   Desde que le vio sin camisa deseó hacer aquello, se recuerda alzando al rubio con él. Jensen parece algo desconcertado, pero no tiene tiempo para decir nada antes de que el castaño le rodee un hombro y un costado con sus brazos, uniendo sus cuerpos, piel cálida contra piel ardiente. Y era como lo había imaginado; jadeó apoderándose otra vez de la boca del rubio. Cada célula de su cuerpo que entraba en contacto con la de Jensen parecía recorrida por orgasmos propios. Lo besa con pasión, su lengua busca, atrapa y traga con gula, sus manos recorren la lisa piel, y era increíble.

   Allí estaba abrazando a otro hombre, comiéndole la lengua y deseando más a cada segundo, reparando en lo plano de tu torso, lo ancho de sus hombros, la firmeza de su musculatura… y más abajo la verga palpitante de Jensen contra la suya, cada uno frotándola de la del otro casi sin darse cuenta. Era un hombre, estaba que se corría por un hombre a quien no tenía ni veinte minutos de conocer. Pero no importaba. Era algo tan excitante, tan ardientes que se pregunta, de manera confusa ya que el cerebro no le daba para mucho, sí siempre sería así con otro hombre. Sospechaba que no. Que toda esa gama de sensaciones que le hacían sentirse vivo como nunca antes, se debía al hermoso rubio de ojos verdes y piel pecosa cuyos dedos se enredaban en su cabellera larga y desordenada.

   Se besan y las manos luchan con los cinturones y botones de los pantalones. Jensen gime echando la cabeza hacia atrás y Jared recorre ese delicioso cuello con su lengua mientras sus manos van a la baja espalda del chico y atrapan las nalgas aún bajo el suave boxer. Tiembla, sus manos parecen estallar en llamas de pronto cuando puede sentir, sobar y apretar los duros músculos. No aguanta y las yemas de sus dedos entran dentro del boxer, y baja. Jensen se arquea contra él cuando las enromes manos recorren sus nalgas, apretando, casi alzándolo.

   Jared sonríe. ¡Lo tiene! Sus manos suben y bajan, apretando, las yemas de sus dedos entran en la raja entre los glúteos, recorriéndola, tocando suavemente la entrada, frotando y empujando con la punta de un dedo sin entrar, torturándole; y lo siente temblar y gemir. ¡Ese chico era suyo! ¡Jensen le pertenecía ahora! Y lo tenía en las palmas de sus manos, se dice sonriendo por el juego de palabras.

   Tal vez Jensen sintió su autocomplacencia por las sensaciones que despertaba en su cuerpo, pero joder, él no era una dulce virgen y ese castaño iba a descubrirlo muy pronto.

   -Ahhh… -grazna Jared abriendo mucho los ojos y la boca, casi bizqueando cuando el rubio actuó.

   La lengua de Jensen aleteó un segundo sobre el pabellón de su oreja antes de intentar abrirse camino por su conducto auditivo, era cálido, suave y pegajoso. Y si alguien llegaba a decir que tal cosa era desagradable, él le golpearía entre los ojos por ignorante. Esa lengua húmeda entraba y salía lentamente, como si deseara penetrarle el oído, dejándolo sin fuerzas, todo tembloroso y blandito, excepto entre sus piernas.

   Tan débil está que cae fácilmente de espaldas cuando Jensen, un Jensen sonriendo con dominio, le empuja por el pecho, para caer al segundo siguiente sobre él. Después de un dolorosamente rápido beso en los labios, Jensen se fue por el premio mayor, la escandalosa erección que adornaba el boxer gris de Jared, boxer bastante mojado ya por cierto. La roja boca cae nuevamente sobre él, dándole un cálido beso en la punta, mordiéndolo juguetonamente, recorriéndolo a lo largo con su mentón mientras le mira con picardía y lujuria.

   -Sí esto no te agrada… -bromea y Jared casi llora.

   -Por favor… por favor… -suplica.

   El rubio sonríe y lentamente baja el boxer hasta medio muslo, sorprendiéndose de la larga, gruesa y erecta verga casi roja de tanta sangre. La atrapa, y esa mano suave y grande hace gemir al castaño. Jensen la masturba dos o tres veces, mirando fijamente el liso glande algo mojado ya. Centrando las pupilas en Jared, lleva la punta de la lengua y aletea sobre el ojete (y ese leve azote casi hace saltar al castaño), recogiendo y paladeando aquellas espesas y claras gotas de líquidos pre eyaculares. Y es tan terriblemente erótico, que Jared sabe que sí el rubio sigue mirándole así, aunque no haga nada más, se correrá. Y no quiere hacerlo. Desea durar y durar. Sabe que esa será la noche.

……

   Es tarde, no cenaron, entre el segundo y tercer polvo se tomaron aquellas botellitas de licor y Jared abrió un paquete de galletas (está bien, el rubio era delicioso, pero su panza gruñía por algo más especifico), y no se han detenido. Los cuerpos brillan de transpiración, tan sólo se oyen los gemidos ahogados mientras las bocas se buscan, así como las respiraciones pesadas.

   Sentado sobre sus talones, en la cama, Jared aferra aún la dorada espalda de Jensen, quien de frente a él, sube y baja sobre su verga, cabalgándolo. Es un ritmo que le enloquece. Jensen pesa, Jensen quema, su culo sube halando y baja apretándolo de una manera realmente increíble. Y si no fuera porque llevan rato en eso, a Jared le parecería imposible creer que su miembro pudiera ser atrapado así, halado con tal fuerza, casi derretido por el calor de las entrañas del rubio.

   Jensen aumenta el ritmo y Jared casi le mira salpicar saliva mientras grita arqueando la espalda hacia atrás, totalmente sentado sobre sus muslos, las nalgas rojizas muy abiertas, totalmente empalado, manteniendo su verga bien enterrada. Lo siente temblar y estremecerse, y jadea abrazándole más, dejando el tolete del rubio atrapado entre sus abdómenes. Lo siente palpitar y quemar cuando se corre, estallando en semen una dos veces (ya llevan rato en eso). La sensual boca deja escapar un largo jadeo, desfallecido, todo su cuerpo tenso y la mirada perdida mientras el orgasmo lo recorre… Una visión que es más de lo que Jared puede soportar.

   Con brios comienza a medio saltar sobre la cama, penetrándole aún, mientras le lame ese cuello que ya conoce, y muerde su barbilla gritando su nombre mientras se corre a su vez. Y eyacular teniéndola bien clavada dentro del rubio, cuyas entrañas continuaban amasándolo, era una locura. También él tiembla sin fuerzas, sosteniéndose de Jensen en ese abrazo de coito satisfecho, pero aún sonríe del gemido ronco del rubio cuando este siente la esperma inundar su interior.

   Se quedan quietos, abrazados, jadeando para recuperar el aliento. Jared sonríe sintiéndose en la gloria. Es cuando Jensen baja la mirada, buscando la suya, sus enormes y hermosos ojos parecen vidriosos.

   -Gracias, Jared… -susurra, abrazándole aún, aún penetrado como está por su verga ya menos dura. Y una lágrima, tan sólo una, perfecta y llena de sentimientos, escapa de su ojo derecho.

   -No, no, por favor… -Jared se alarma, rompiendo el abrazo, atrapando esa lágrima que cuelga de la barbilla, recogiéndola, bebiéndola sin quitarle los ojos de encima.

   No es tonto, aunque a primera vista mucha gente lo supone. Sabe por qué Jensen le agradece. Sea lo que fuera que le atormentaba, le agobiaba tanto que se sentía atrapado, y ese cuarto de hotel, esas dos o tres horas, habían sido un escape. Una ventana abierta por donde el mundo se vio menos angustiante. Pero él no deseaba su gratitud, sentir que le hizo un favor. Una acostada y ya. No puede decirlo, no todavía al menos, piensa mientras recorre con su pulgar el hermoso rostro, pero él desea más. Quiere cuidarle, protegerle. Alejar de Jensen toda tristeza y amargura. Dios, se muere por decirle que está bien, que ya nada le lastimaría. Pero no puede. No todavía.

   -Debo decirlo. Eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo. –le sonríe con gratitud, pero también con ese pesar reapareciendo en su mirada.

   Jared no desea ver más y le besa, enmarcándole el rostro con sus manos, y es un beso suave. Dulce. Un beso con el que expresa cosas que ni él mismo entiende aún, o se ha dado cuenta. Pero quiere saber.

……

   -Dios, estoy… agotado. E irritado. –medio ríe Jensen, deshaciendo el abrazo con el cual Jared le atrapa a su regreso del cuarto de baño. Baja la mirada, sintiéndose incómodo ahora.

   -No sé tú… -bosteza Jared con elocuencia y Jensen intenta controlar uno, pero también bosteza. El castaño sonríe.- Deberíamos descansar un poco.

   -Tengo una habitación y…

   -No, no, Jensen, quédate aquí. –gruñe medio adormilado ya, arrastrando consigo a Jensen, primero caen sentados y luego acostados, casi envolviéndolo en sus brazos.- Es muy tarde. Y tendrías que tomar una ducha o todos notarían que apestas a sexo, y vestirte luego, ir al ascensor y… -bosteza.

   Jensen iba a protestar, pero finalmente sonríe adormilado. Estaba tan cansado y la cama era tan cómoda. Y los brazos de Jared eran fuertes, cálidos y gentiles. El ritmo acompasado de su respiración le invitaba a cerrar los ojos y dejarse llevar. A descansar contra ese otro cuerpo que le ofrecía un punto de apoyo. Con los ojos cerrados, bosteza otra vez, bañando con su aliento el cuello y mentón de Jared que sonríe, ojos cerrados también. No lo dirán porque no sabrían cómo, pero sentir el latir del otro corazón, era increíblemente grato. Era como si acabaran de regresar de un largo viaje para reencontrarse con la vieja y conocida cama en una casa que era el hogar, donde todo estaba en su lugar y era perfecto, la textura de las almohadas, la suavidad del colchón, la tibieza de las sábanas. Jensen sonríe levemente, sintiéndose realmente a gusto, y eso provoca algunas cosquillas en Jared.

   -¿Sabes? No conozco bien Nueva York. Y eso que he estado ya tres veces aquí. Me gustaría recorrerla, ir a todos esos sitios increíbles. No solamente a donde van los turistas, sino la gente que ya la conoce. Pero sobretodo llegarme al Museo de Arte Moderno, me dicen que las exposiciones fotográficas te transportan a otro mundo. Me encanta la fotografía. –comenta, con voz queda, el castaño.

   -Es un lugar hermoso. Uno de mis preferido. –responde Jensen, borracho de sueño.

   -Podríamos… -ahora abre los ojos, inquieto y levemente ansioso, pasándose la lengua por los labios.- Tal vez podríamos desayunar… aquí. Y… -se encoge de hombros.- …Hablar. Podríamos salir luego a almorzar y llegarnos al museo. –bizquea para mirar el rostro pecoso casi oculto por el cabello.- ¿Qué te parece? –y sí, ahora suena totalmente suplicante y ansioso. Repara en el leve tensar del cuerpo del rubio, la resistencia.- Podríamos… tan sólo salir y hablar. Nada más. Quiero ver Nueva York a través de tus ojos y… -comienza a hablar con rapidez.

   -Me encantaría, Jared. –concede el rubio.

   Y Jared casi jadea, ahogando con esfuerzo una carcajada de dicha, una ancha sonrisa se pinta en sus labios y su cara es todo hoyuelos. Es tanta la emoción que se ahoga. Lo que más desea es halar al rubio y montarlo sobre su cuerpo y apretarlo de pura felicidad, intuyendo que dormir así sería la experiencia más sublime en esta vida. El “me gustas tanto”, casi escapa de sus labios, pero lo contiene con esfuerzo. Ya podrá decírselo mañana, tal vez (buscaría la ocasión), después de hacerle vivir un día bueno, cuando el rubio comprobara lo maravilloso que podía ser como persona.

   Y ese pensamiento, dulce y estimulante, lo evocaría, lleno de amargura y resentimiento, mucho tiempo después.

CONTINÚA … 4

Julio César.

NOTA: Quien halla traducido algo con el Google sabrá que si el texto es muy largo, a veces se corta al final. En esta historia creí, al principio, que había ocurrido algo parecido; la escena de sexo pasa de una lamida a casi terminar. Me tocó regresar en la entrada, pero no, así era. Al parecer la autora lo desarrolla más adelante. Y es difícil, sin saber inglés, buscarle sentido a algunas frases.

NOTA 2: ¿Leyeron por ahí de qué va el episodio de esta semana de Supernatural? Los Winchester son enviados a una realidad paralela, y Dean termina llamándose Jensen Ackles, actor de televisión. Y Sam se transforma en Jared Padalecki, ya no su hermano sino su colega y mejor amigo. ¿No son el diablo en esa seria? Y creo que ya había leído un fanfic muy bueno al respecto. También sobre el hechizo de la verdad, aunque en aquel relato era Dean el obligado a decir siempre la verdad, cosa de la que se aprovechaba Sam. Se nota que esa gente lee en fandom.

EL PARTIDO COMUNISTA Y LA MINISTRO DE EDUCACION PIFIARON POR ADULANTES

febrero 25, 2011

EL PAPELÓN DE LA LEY DE UNIVERSIDADES

   Hasta hace poco un grupo numeroso de estudiantes venezolanos, y de otras personas, sostuvieron una de las protestas más duras que existen: una huelga de hambre. Y no pedían que destituyeran al Presidente de la República o que se investigara la escandalosa corrupción en Barinas (es pedir milagros), tan sólo libertad para los presos políticos de Hugo Chávez, esa gente encarcelada y padeciendo por su real gana. A esa protesta le salieron voces airadas de reclamo.

   Sorprendió la del Partido Comunista de Venezuela que tildó a los jóvenes de ganado arreado por el Imperio. Ellos, que de tanta juventud liceísta se valieron en los setenta para sus manifestaciones. “Antes era bueno. Ahora es malo porque nos protestan a nosotros en el poder”, se olía en el PCV, sin rubor ni vergüenza. No es extraño, hace sesenta años no vieron los tanques rusos aplastando gente ni la cruda dictadura comunista en la ex Unión Soviética, ahora tampoco ven razones de descontento. Por ello jamás llegaron a nada, y los pocos comunistas de corazón que quedaban (no los que cobran de la teta del Estado, los comunistas clientelares), se acabaron. Era lógico, no hubo renovación intelectual ni moral. Hasta el difunto señor Machado renegaría de tantos crápulas, tal vez inscribiéndose en AD hoy día.

   Por su parte, la ministra de Educación, Maryann Hanson, también salió a la palestra. Con comentarios infelices, porque, aparentemente, en el Gobierno no hay quien coordine dos ideas que medio sirvan. Estalló la mujer: Esos muchachos deberían estar estudiando y no metiéndose en política. Argumento parecido al del canciller Nicolás Maduro, la plana mayor del régimen y del mismo PCV. No importa que Hugo Chávez se quiera meter a economista quebrando a la nación, o a constructor dejando caer viaductos y ordenando robar casas ajenas para ocultar su fracaso. Él sí puede hablar de lo que le da la gana y meterse a brujo sin conocer las hierbas. Los demás no, o se convierten en apátridas.

   Para desgracia de la patética ministro, Hanson, y del PCV, el mismo día que declaraban salía una sentencia “judicial”, una de esas sólo vistas antes en la Alemania nazi, que otorga al Gobierno la potestad de adoctrinar y politizar a los niños desde la escuela, con las llamadas Guerrillas Comunicacionales (nombre dado por ellos, no es que lo estoy inventando yo). Y la pobre ministro, así como el deforme y aberrado PCV, guardaron silencio. ¿Pueden o no los jóvenes meterse en la política y opinar sobre lo político? ¿O sólo un grupo y otro no? ¿O sólo sí es para hablar bien del régimen? Pero sobre todo, ¿los niños pueden hacerlo? ¿Tienen la capacidad de discernir lo que es noticia de propaganda, los hechos de las habladurías de pistoladas y lo que es falso de lo cierto enfrentando una campaña propagandística? No, no lo creo. Lo peor es que un día más tarde chavez pacta con los estudiantes y milagrosamente la justicia “ve” que tal vez puede dejar en libertad a algunos de esos presos. ¿Hay o no intgerencia del Presidente en el Poder Judicial? A eso no puede responder el PCV, tan bueno para insultar estudiantes.

   Son tan hipocráticas, queriendo fingir ecuanimidad cuando no son más que mercenarios a buen sueldo. Es como siempre digo, qué despreciable es toda esta basura seudo socialista.

LA TALANQUERA… ¿UN ARMA DE LA OPOSICIÓN?

Julio César.

GENTE INOPORTUNA

febrero 25, 2011

 OFERTA

   Verle tomar el sol era… estimulante.

   A Roberto le encanta llevar sol en el patio de su casa cuando no está en el instituto dando clases de matemáticas. Allí se relaja dejándose envolver por los cálidos rayos del sol que acarician y miman cada músculo de su cuerpo… pero a esa hora, justo cuando se “vestía” con su tanga para llevar sol, llegaban sus alumnos, esos mocetones de cachetes rojos buscando tutorías. Lo que más le molesta, e intriga, es que sólo le buscan cuando lleva sol. Nunca llegan antes o después. Aunque, al menos, se ofrecen a aplicarle el bronceador. Vaya sincronía, ¿no?

LA PRÁCTICA

Julio César.

MEMORIAS DE DESGRACIADOS… (14)

febrero 25, 2011

…DESGRACIADOS                         … (13)

   Lo bueno estaba por llegar…

……

   El muchacho casi llora de decepción cuando esa boca sube, lenta, deformada por su verga, hasta dejarla libre, brillante de saliva y jugos, pero rápidamente es atrapada en un puño que lo masturba, mientras ese aliento cae sobre sus bolas que se contraen en el saco, de gozo anticipado. Esa lengua las recorre, las moja, esa boca las besa y chupa, y es casi doloroso de lo delicioso que es. Martín gime que sí, que se coma sus bolas, mientras agita sus caderas para lograr una masturbada más a fondo. Sin embargo su cerebro se congela.

   -Épale… -lanza un gemido de advertencia.

   La boca de Valente deja sus bolas, y esa lengua flexible, semi enrollada, choca de la entrada de su culo. Eso es tan prohibido para un heterosexual, que Martín casi logra ponerse de pie. Pero tan sólo puede gritar, agónico, sorprendido… y excitado, cuando esa boca se cierra sobre su culito, besándolo, chupándolo, metiéndole esa lengua caliente y móvil que repta como una serpiente. Grita cuando siente que su esfínter, tembloroso, deja pasar la calida, babosa y enloquecedora lengua. Sentir ese calorcito húmedo le hace ver estrellas.

   Esa lengua lo coge una y otra vez, y se estremece. No debería dejarle hacerle eso. Está mal. No es de hombres… ¡pero se sentía tan bien! Estaba tan excitado que únicamente podía estremecerse. Las mejillas del otro rozan sus nalgas, la lengua entra y sale, golosa. Martín siente que su culo arde como nunca, que palpita y titila sobre esa lengua. Es cuando, sin retirar del todo la lengua, un dedo se frota de su ensalivada entrada, metiéndose lentamente.

   -¡No! ¡Eso no! –grita a pesar de la excitación y del mareo, intentando bajar el pie, cerrar las piernas y ponerse de pie, todo al mismo tiempo.

   Pero Valente no ha sido un desgraciado únicamente por un año. O sólo ese año. Lleva años disfrutando del sexo caliente y rico, desde que a los catorce sedujo a un profesor. Su boca sube rápida y atrapa el palpitante güevo, tragándolo de forma ruda, dándole una succionada de campeonato, mientras ese dedo largo y grueso, que lastimó al muchacho mientras entraba, se curva hacia arriba, en sus entrañas, buscando, encontrando y sobando la próstata. Sabía dónde localizarla. En todos.

   Ese dedo entra y sale rítmicamente mientras todo su güevo es comido y chupado. Su próstata es tocada una y otra vez, haciéndole temblar las piernas, cayendo desfallecido contra el mueble, dejando escapar un gritico agónico cuando dos dedos se abren paso ahora y tijerean sobre su próstata, haciendo que mil luces estallen frente a sus ojos. Tiembla sin control… y Valente, subiendo su boca sobre el tolete, dejándolo afuera, hinchado y duro, sonríe mientras sus dedos van y vienen, cogiéndolo, mirándolo sudar, enrojecer y estremecerse… sabiendo que poco a poco estaba conduciéndolo a lo que deseaba… convertirlo en uno de sus putitos…

   Martín no piensa, no repara en esos momentos en lo extraño e inconveniente de sus actos, porque no puede. Tan sólo le quedan neuronas para moverse. Y lo hace. Alzando sus nalgas, va y viene, descaradamente, contra esos dos dedos que lo cogen, que entran y se mueven en sus entrañas que arden, y lo frotan hondo. Su mente intenta gritarle “párate, coño, que no eres un marica”, pero su culo sólo gime “si, si, si. Ay, qué rico”. Pero de pronto…

   Mareado, Martín mira a Valente, quien le sonríe socarrón, como diciéndole “así que muy machito, ¿eh?”. Y una cálida ola de vergüenza lo recorre. Porque Valente ya no le mama el güevo. Y si no le mamaban el güevo, tan sólo era un carajo que se dejaba meter dos dedos en el culo. Y que lo disfrutaba como una puta barata en fiesta de marineros.

   -Vecino… -jadea ronco, su pecho agitado, rojo de cara, bañado en transpiración. No sabe qué pide.

   -¿Te gusta sentir mis dedos en tu culo? –le pregunta, y Martín enrojece ferozmente, pero calla.- Oh, sí, veo que te encanta, tu culo late sobre mis dedos… -se burla cuando ese culito atravesado por los gruesos dedos aún va y viene. Un poco. Pero va y viene.

   Los dedos salen, los hombres se miran, Martín, con los labios rojos de lujuria, Valente con la mirada brillante de maldad. Tres dedos se apoyan y Martín jadea esperando. Valente sabe que es el momento de la verdad, si el muchacho tiene aguante de macho, escapará… Pero si quiere esos dedos…

   Se van metiendo, lentamente, forzándolo, le duele… hasta que las yemas, hábilmente, encuentran su próstata otra vez. Esos dedos caliente parecen abrirse y cerrarse en sus entrañas, y Martín jadea, afincando los pies, alzando el culo, cerrándolo con fiereza sobre esos dedos. Quiere huir, correr y gritar y bañarse y caer muerto por la vergüenza a su masculinidad… pero su culo va y viene nuevamente. Y las cosas qué le dice Valente…

   No quiere oírlas, son terribles, pero también suciamente atractivas. Y no es como si pudiera evitarlo tampoco, no estando como está, caliente, jadeante, empalándose de esos dedotes y temblándole todo el cuerpo con las ganas de correrse.

   -Eso es, nene. Mueve ese culo como te gusta. Métete hondo esos dedos que tanto placer te dan. ¿Te gusta así? ¿Te gusta cuando los meto todo y giro un poco mi puño así? –le oye gemir mientras lo hace.- ¿Te gusta cuando lanzo tijerazos dentro de tu culo hambriento?

   Dios, ¡está tan caliente! Y su güevo tiembla, babea… y necesita atenciones. Su mano sube y quiere atraparlo, pero un manotazo de Valente se lo impide. Dos veces más, frustrado en lugar de molesto (no tiene fuerzas para ello), gimotea al no conseguirlo. Necesita masturbarse o se morirá. Eso cree realmente. Pero Valente, sonriendo, no deja de cogerlo con sus dedos, pasando una sola vez la lengua a lo largo del duro y palpitante tronco que se estremece todo, mientras se masturba él mismo.

   -Por favor… déjame que… -suplica Martín, olvidada toda vergüenza, deseando tocarse cuando Valente aparta su lengua caliente y viciosa.

   -Nada de eso, señorito. –se burla el hombre mayor.

   El hombre lo mira estremecerse, agitarse sobre el mueble recorrido como está por el placer y la necesidad de tocarse. Para correrse a chorros, unos que Valente ya desea saborear sobre su lengua, paladeándolos bien y luego tragarlos (irse a trabajar después de tragar una buena carga de semen caliente era lo mejor del mundo); pero no le dejará tocarse. Martín tiene que llegar sin tocarse, sólo así se amariconearía más rápido. Lo siente tensarse, hervir, apretar los dientes y cerrar los ojos mientras los dedos van y vienen, se clavan todo y medio se revuelven. De la verga de Martín manan chorros de líquidos blancos, temblando en el aire mientras los dedos siguen cogiéndolo.

   -¡Ahhh…! –grita el joven, tensándose más, echando la cabeza hacia atrás.

   Y sin sacarle los dedos del culo, al contrario, moviéndolos más, Valente apresura su propia paja mientras se coloca frente al hermoso güevo babeante, abriendo mucho la boca, recibiendo el primer trillazo, mitad dentro de su boca, la otra cruzándole sobre la nariz y la ceja izquierda. Se acomoda mejor y, casi ronroneando de gusto, atrapa los otros tres disparos de hirviente leche de macho con su boca. Esta es espesa, salina y cubre su lengua, donde la saborea con morbo y deleite, mirando fijamente a Martín, quien ahora también le observa. Y se la traga casi gimiendo de gusto mientras él mismo estalla en semen.

   Y en cuanto se corre, Martín se llena de pánico, de rabia, y casi salta del mueble. Tiembla de furia y vergüenza cuando le parece notar que al hacerlo, su culo deja oír un plop cuando los dedos salieron. Tanto así los chupaba con sus entrañas. Valente, sentándose en el piso, lo mira. No sonríe, al menos no con los labios. Los ojos son otro cuento.

   -Yo… yo… -el joven, tembloroso, incapaz de mirarle, recoge sus cosas. Valente ahora si se permite una sonrisa.

   -De nada. Vuelve cuando quieras.

……

   La sede central de la policía científica en Parque Carabobo, estaba llena como siempre. Venezuela era un país cundido de problemas de seguridad, por decirlo caritativamente, y de la mayor incompetencia gubernamental a la hora de enfrentar dichos problemas. Mucha gente ya sospechaba una estrecha complicidad entre varios santones del régimen y las fuerzas del hampa. De otra manera era incomprensible tanta imbecilidad y mal manejo. Y no porque las policías fueran totalmente ineptas, de tarde en tarde, cuando se lo proponían y la víctima del delito era más o menos conocida, resolvían un caso, para sorpresa de todo el mundo.

   Valente Fernández, elegantemente trajeado, viéndose realmente alto, fuerte, varonil y sensual, cruza la recepción, seguido por miradas de interés, tanto de féminas como de chicos un tanto… delicados, que aunque nunca habían enfrentado ciertos asuntos, intuían que ese carajo era capaz de darles lo que necesitaban. Cosa en la que no se equivocaban.

   El hombre encuentra, sentado sobre su escritorio, con aire ausente, a la persona que busca. A su amigo Salvador Gutiérrez.

   -Un centavo por tus pensamientos. –dice al acercarse, sobresaltándole.

   -Épale. –el otro compone una sonrisa, tendiendo la mano, sonriendo. Pero Valente le estudia.

   -¿Ocurre algo en la cueva con la leona? –nunca ha sentido muchas simpatías por Nora, y de corazón piensa que el peor error que ha cometido Salvador en su vida fue casarse con ella.

   -No, todo bien. –sonríe más, encogiéndose de hombros. Sin engañar al abogado. Lo sabe, ¡era Valente un carajo tan difícil! Con una mano señala un mesón donde una cafetera vieja se deja ver. Se encaminan hacia ella.

   -¿Qué haces por aquí? –se intriga Salvador después de servir dos vasitos plásticos con el negro brebaje.

   -Carajo, ¿no pueden encontrar vasos más chicos? –se queja Valente. Como buen venezolano le encanta el café. Negro y algo amargo. Y definitivamente no en ese vasito que parece dedal de uña.

   -Economías, Fernández, ¿no has oído que el país está quebrado? –sonríe Salvador, mirándolo. Valente prueba el café. Malo, por supuesto, y le sonríe.

   -¿No puede un carajo llegar donde un amigo y saludarle?

   -No si ese amigo que visita, eres tú.

   -Idiota. –medio ríe Valente, formándosele arruguitas alrededor de los ojos, y de una manera totalmente no gay, Salvador reconoce que ese sujeto es peligrosamente atractivo.- Bien, si, estoy interesado en cierta información. Un chico que apareció muerto. Rosendo Murzi. –Salvador le mira fijamente.

   -¿Es personal o laboral?

   -¿Habría diferencia?

   -Ese chico parece que se involucró en algo malo. De entrada te digo que no fue suicidio, a menos que fuera uno particularmente complicado e imaginativo. Estaba de cabeza en un bote de basura y le dispararon cuando estaba allí.

   -Vaya. Debió estar bien asustado.

   -Mucho. Se ensució encima. Cómo maldijo el forense. El, o los asesinos, se divirtieron antes… encontramos impactos de balas en el bote que no le alcanzaron. O era para interrogarle…

   -O para torturarlo. O una mezcla de ambas cosas. –frunce el ceño Valente. Una imanten peligrosa va conformándose en su mente. Un psicópata.

   Y el idiota de su sobrino estaba metido en todo ello.

CONTINUARÁ … (15)

Julio César.

GRANDES NEGOCIOS

febrero 25, 2011

 DESAFIANTE

   Así era el mundo de los grandes negocios, los de altura entre empresarios… el ganador se lo cogía todo.

GUSTOS

Julio César.

…AL SOL

febrero 22, 2011

…AL SOL

   Cuando se echaba así, abierto, entregado, y pasaban carajotes en tangas, deseaba que se la metieran así como se le metía el agua por ese culo.

   Le encanta el polo acuático. Nada más entrar al agua un dedo se le metía, y otro y otro hasta que medio culo se le veía… y si el entrenador no estaba, por todos lados, güevos tragaba.

   -Esta playa, en lugar de llamarse Pantaleta debería llamarse Mamadera. Uno, un carajo serio, un respetable padre de familia no puede echarse a tomar sol sin que un carajito quiera tocártela y chupártela en plena arena.

…AL SOL

Julio César.

NOTA: Todas las imágenes han sido tomadas de portales gratuitos; me aseguran que estás también (no las encontré yo). Qué nadie se moleste, por favor. Aunque con esas pintas… seguro que esos carajos se divierten bastante, ¿no?

CUIDADO CON LOS ENCANTOS

febrero 22, 2011

LOS REYES MAGOS…

   Recorre mis parajes… -susurra la noche.

   Siendo un muchacho conocí a un señor de apellido Primitivo. Trabajaba con papá. Era increíblemente escandaloso, borrachín y mentiroso; se le conocía especialmente por eso. Recuerdo que una tarde nos contó como había ido de cacería a una montaña, y que como no encontró nada le disparó a un mono en una rama alta. El mono cayó y fue a buscarlo, dejando la escopeta en el suelo. No lo encontró, y que cuando se volvió, el mono estaba allí, apuntándole. Llegó al extremo de decir que el mono gruñó algo que sonó como un: ajá, coño’e tu madre, ahora me toca a mí.

   Yo reí mucho. Y no le creí. Como no le creía nadie aunque él juraba por su madre que era cierto. Pobre señora. Pues bien, un día el señor Primitivo subió a lo que llaman El Norte, camino a Las Pailas, en la región de Guatire… y desapareció. Se le buscó y encontraron cerca de una poza de agua fría, su escopeta, ropas y cosas, pero no a él. Se hablaba de un accidente de caza, pero el cuerpo no aparecía. Fue cuando se comenzó a decir: A Primitivo se lo llevaron los encantos.

   ¿Qué son los encantos? Nadie ha sabido explicármelo a ciencia cierta, pero por lo que entiendo, parecen ser un tipo de duendes mañosos y peligrosos, que se le aparecen a las personas en lugares solitarios, cuando más desprevenidos están, o a los más vulnerables, como a los niños, llevándolos a zonas apartadas donde desaparecen. ¿Qué ocurre con la gente? Tampoco se sabe. Se dice simplemente “se los llevaron”; en el caso del señor Primitivo y la poza, es de suponer que los encantos lo atraparon en la orilla, o dentro del agua, y lo arrastraron fuera de este mundo o esta realidad.

   Al oír sobre los encantos, me estremecí, no contaba yo más de ocho años, pero ya tenía dos referencias aparte. De niño pasé mucho tiempo en casa de mis abuelos, y cuando mis tíos, carajos jóvenes, salían a pescar de noche, o a cazar “al monte”, mi abuela, preocupada, les advertía: tengan cuidado con los encantos. Para ella era algo real, un peligro cierto de fuerzas que no se entienden pero que acechan, como lo es en todo ambiente rural.

   Pero de antes, y de la otra rama familiar (por parte de mamá), también supe de un cuento. La casa donde creció mamá era grande, más un grupo de casas unidas por los patios. Cuenta ella que cuando era pequeña, su prima Elsa, hablaba de tres niños (dos niñas y un niño) que le hacia señas más allá de la empalizada del patio y la invitaban a jugar. Nadie los veía, excepto ella que lloraba porque no la dejaban ir, y se molestaba cuando no le creían. Una tarde escapó y costó encontrarla; lo hicieron al lado de una vieja laguna hecha por areneras, donde, según ella, vivían los niños que la llamaban para que conociera su casa. La abuela de mamá dijo que a esa niña había que “ensalmarla” (una especie de rezos con ramas y cruces de palma bendita que se emplea para alejar el mal de ojo y otras “dolencias”), porque los encantos querían llevársela.

   Suena siniestro, ¿verdad? Criaturas astutas y repugnantes, con malas intensiones, que encuentran a una niña inocente y crédula, y sola, y se fingen niños, y la llaman para jugar, para que vaya con ellos… y luego la atrapan.

   No sé qué fue del señor Primitivo. Creo, ahora, que debió sufrir algún extraño accidente de caza. O fue víctima de algún delito y fue sepultado en esos montes. Pero a veces… me imagino a un hombre mayor, obeso, asechando en el monte, con la escopeta entre sus piernas, tomando un trago de una botella ya semi vacía, cerca de la poza, esperando por venados u otros animales, mirando de pronto alguna forma, una luz flotando en la nada, imaginando los llamados ‘entierros’ (cuentos de luces que señalan el lugar donde se enterró dinero o joyas), o tal vez oyendo un sonido que lo intriga, de susurros o risas, que lo obliga a moverse y acercarse al agua… donde es atrapado. Aferrado con fuerza.

   Uno casi puede ver manos delgadas, blancas, implacables. Lo imagino debatiéndose, con el miedo que seguramente sentiría cualquiera al verse atrapado por los miedos ancestrales de las creencias, el horror a lo que se oculta en lo oscuro; o tal vez como dormido, siendo halado a las aguas, desapareciendo de nuestra realidad, como si de un habitante de Macondo se tratara.

   Puedo imaginar el agua quieta, el paisaje sereno… la trampa montada por algo perverso, malo, esperando que llegue algún otro incauto.

PROFECIAS DEL FIN DEL MUNDO… QUE FALLAN

Julio César.

JENSEN Y JARED, TAN SÓLO UNA NOCHE… 2

febrero 22, 2011

JENSEN Y JARED, TAN SÓLO UNA NOCHE

   Me gusta presentar en estas páginas trabajos que NO SON MÍOS, como este, porque es fácil. Ya están pensados y sólo hay que subirlos. Pero en los casos donde no hay una traducción real, me toca bregar duro con el Google. Y sospecho que no quedan igual.

   Este relato es bueno, aunque más que uno de realidad alterna, es ciencia ficción. Ya sabrán por qué. Llevado por un gran estrés, un hombre conoce a otro y terminan en una cama. Será algo de una noche, piensa, se marchará con la mañana y la vida seguirá su camino. Qué equivocado está. Comienza lento, pero más adelante resulta ameno. Disfrútenlo.

……

LARGA Y ARDIENTE ESPERA

By Marriangelic.

Jared/Jensen

CN-17

   -Ven conmigo y te juro que borraré tu tristeza por esta noche. Y si me dejas…

   -Eso… no es posible. –y los ojos verdes brillan de llanto otra vez. Una mano de Jared le enmarca la cara.

   -Por favor…

   Jensen duda, con el corazón palpitándole dolorosamente. Había amado a Misha, y Misha estaba muerto. Esa misma tarde sus restos fueron cremados. Volver al apartamento que compartieron fue una pesadilla. Por los amigos que no deseaban dejarle solo cuando únicamente deseaba eso. Se duchó, cambió y salió sin que nadie lo notara. Desconectó su móvil cuando Chris y Steve insistieron en comunicarse. Ir a ese hotel en busca de un cuarto, de un trago (bueno, cuatro) y soledad, le había parecido una buena idea.

   Pero estaba rabioso. ¡Era tan injusto!, ¿por qué coño tuvo que enfermar y morir alguien como Misha? No, eso estaba mal. La vida era una mierda. No era justo que cualquiera pudiera caer y morir, y menos apagándose poco a poco, con tanto dolor.

   Esa desesperación y rabia, esa frustración que temió le haría gritar a todos en su apartamento que se fueran al carajo y le dejaran solo, había despertado ahora de otra manera: deseo carnal. Quería morder, lamer y chupar. Quería ser amado, tomado, dominado, llenado y saciado. Necesitaba gritar en medio de un orgasmo. Sentirse vivo. Por eso besó a ese dulce chico alto, porque era gentil, se veía amable. Y guapo. Pero una cosa era querer…

   -Por favor…

   Cuando el chico le pide acompañarle, tomándole la mano, cubriéndola con su enorme palma, dejó de pensar. Mirar esas manos unidas fue decidirse. Y se dejó llevar. Se entregaría a ese joven desconocido. Una aventura de una noche. Un polvo en la nada. Mañana ya no estaría. Y estaría bien.

   No podía imaginar en ese momento las consecuencias que traerían sus actos.

……

   Jared tampoco razona muy bien mientras esperan el ascensor. La verdad es que no esperaba terminar la noche con un desconocido… o más específicamente con un hombre. Pero todo él está tenso como cuerda de violín y tan sólo quiere apretar y acariciar esa mano cálida entre la suya. No entiende qué tiene, pero le duele todo de lo mucho que desea tocar y recorrer nuevamente el rostro de ese rubio del que no sabe ni su nombre.

   Es una suerte que el ascensor esté solo, porque en cuanto sus puertas se cierran tras ellos, Jensen empuja a Jared contra una pared y aplasta su cuerpo con el suyo, besándole otra vez, mordiéndolo y chupando de su lengua, tomando saliva y aliento, mientras sus manos le separan las solapas del traje y recorren su torso musculoso y ancho sobre la camisa.

   Ese beso y esas manos enloquecen a Jared, quien necesita atrapar al rubio por las caderas, frotándose como perro en celo de su cuerpo. Se mueve por instintos, nunca había besado así a nadie. Chico o chica. Pero debe soltar las caderas del rubio y atrapar con una mano su nuca para intensificar el beso, recorriendo con la lengua esa boca ahora, jugueteando con la del rubio, quien no deja de moverse ni un minuto, mientras que la otra le cubre una mejilla  …

   A pesar de ser un poco más bajo, Jensen no se amilana. Una de sus piernas se mete entre las del castaño, su muslo firme se pega de su entrepierna y casi grita en la boca del otro al sentir la dura y palpitante verga dentro de los pantalones.

   Pero no es nada comparado con lo que gime Jared cuando siente, contra su muslo, la verga erecta del rubio. Y es que sabe moverse, el chico del bar comienza a frotarse, su muslo sube y baja lentamente, masajeándolo, masturbándolo, y a cada pasada, el más alto teme correrse como un chiquillo en su primera vez.

   Las puertas se abren, Jared sabe que programó ir a su piso, pero lo ha olvidado, le cuesta hasta recordar su nombre en esos momentos, y gime con pesar cuando Jensen intenta alejarse, deshaciendo el abrazo, terminando el beso.

   -No… No… -gimotea atrapándole el adorable rostro, cubriéndolo de besos húmedos con sus labios rojos e hinchados.

   -El cuarto… -intenta aclararle Jensen, con el corazón latiéndole en los oídos, con un peso y una opresión de las buenas en su entrepiernas. Él quiere eso. Lo quiere y mucho.

   Sin dejar de tocarlo, de robarle besos, Jared y el otro se encaminan por el pasillo. A decir verdad el castaño no cree tener fuerzas como para soportar el soltarle. ¡Se sentía tan bien el tocarle! Pero también teme que el rubio, después de excitarlo a límites de psicópata lujurioso, le diga que como que mejor no. No puede olvidar, ni aún ahora aunque otras cosas sí, que algo acongojaba al más bajo.

   Finalmente entran en la pequeña habitación. La cama es grande (menos mal, piensa Jared), hay un balcón, una nevera pequeña, un cuarto de baño, un closet y poco más. Pero estaba bien, Jared planeaba pasar cada hora de esos días en la convención y luego salir a conocer Nueva York. Tal vez encontrar a una nena bajita, morena, de senos grande y enorme sonrisa. Ahora, mientras sus manos atrapan el pecoso rostro, ¡porque tiene pecas!, sonríe internamente pensando en las vueltas que daba la vida.

   Por suerte no está solo en eso de quemarse de ganas. El rubio le responde todos y cada uno de los besos. Cuando el jadeante castaño atrapa ese sensual labio inferior, halándolo un poco, embriagado de tanto rubio, le mira con ojos intensos, reteniéndole por la cintura, listo para el siguiente paso.

   -Me llamo Jared… Jared Padalecki.

   -Pada… ¿qué? –sonríe el otro, pero no es algo grande y luminoso como el castaño imagina que pueden ser sus sonrisas.

   -Padalecki. Es polaco.

   -Pada… le… cki. –repite lentamente. Y Jared le mira fijamente.

   -Es aquí cuando me dices tu nombre.

   -¿Es necesario?

   -¿Cómo voy a gritarlo cuando esté alcanzando el clímax? –bromea… pero quiere saber. Desea saber cómo se llama ese chico hermoso de mirada triste, aunque ahora parece más calmado. O menos triste, al menos.

   -Jensen… Jensen Ackles.

   -¿Jensen Ackles? –sonríe algo serio.- ¿Lo inventaste? ¿O eres estrella de cine?

   Mirándole desconcertado, Jensen se suelta de él, sacando algo de un bolsillo de su traje. Es la olvidada billetera y muestra su permiso de conducir.

   -¿Suficiente?

   -Yo… lo siento. No te molestes. –se disculpa con una dulce mirada de cachorrito apaleado, tan efectiva que logra poner una sonrisa en el rostro del pecoso. De Jensen. Pero necesitaba saberlo. Tener la certeza de que sí se llama Jensen Ackles, porque…- ¿Una copa? –va hacia la neverita.

   -Claro. –concede Jensen, tomando aire ruidosamente.

   -Veamos que tenemos aquí. ¿No te extraña siempre lo caro que son estas botellitas de licor? Y nunca parecen considerar conveniente dejar una botella real. Estas parecen muestras de colonias y… -toma dos botellitas, divagando, cuando está nervioso le ocurre, volviéndose con una sonrisa. Y casi se le caen las dos botellitas.

   Jensen, con ojos brillantes como los de un gato a quien le dan de frente los faros de un auto, se ha despojado del saco del traje, de la corbata, ha desabotonado su camisa (y Jared se pierde en ese torso esbelto, musculoso, de tetillas marrones, donde espera que hallan más pecas) y ahora lucha con los puños. Al castaño se le cierra la garganta, no puede emitir ningún sonido, tan sólo mover los labios, recorrido como es por un fuerte espasmo de deseo. Desea, con una urgencia que le sorprende, saltar hacia el rubio (¡Jensen!) y recorrer esa dorada y lisa piel con sus manos, enterrar la nariz en su cuello, bajar y atrapar con su boca esas tetillas que…

   Jared tiene que dejar las botellitas por ahí y caerle encima. O se muere. Está convencido de ello. La piel es suave, casi sedosa a pesar de la firmeza de los músculos masculinos. Y la recorre, sus manos ruedan por los costados, suben por la espalda aún bajo la camisa, recorre los hombros anchos y… le besa, tiene que hacerlo, porque no puede tocarlo lo suficiente, necesita más y más, y besarlo ayuda a aliviar esa urgencia. Los dedos se cierran sobre los hombros y nada más imaginar que dentro de poco esa piel dorada estará en contacto la suya, sin nada en medio, le hace babear el miembro.

   Esas manos grandes y rudas, queman. Y Jensen jadea, permitiéndole a Jared que invada totalmente su boca. El rubio gime cuando esa lengua lame la suya de forma obscena, mientras los brazos le atraen y las manos amasan con rudeza. No sabe que sus gemidos, así como son tragados por Jared, ponen a este la piel de gallina. Las piernas le tiemblan, y tal vez a Jared también, porque este le guía sin dejar de besarle, haciéndole caer sentado en la cama y luego de espaldas.

   Jared, con ojos nublados de lujuria, le mira un segundo antes de atrapar esos labios deliciosos otra vez, mientras una de sus manos recorre el corto y suave cabello rubio oscuro y la otra baja por el tórax, erizando a Jensen, erizándose él mismo al acariciarle el plano abdomen. Pero necesita más. Sus labios caen sobre una de las orejas, mordiendo el lóbulo, sintiéndolo temblar, oyéndole gemir con esa ronca voz que envía oleadas de deseos que van directamente a su verga.

   No quiere detenerse nunca, desea morder esa orejita para siempre, pero necesita más. Baja por su cuello olfateándolo, sintiéndole la yugular palpitar con fuerza cuando pasa los labios. Incapaz de contenerse, de forma abierta y elocuente, saca la lengua y la pega de esa piel que le quema, recorriéndola de forma hambrienta. Y no era posible, Dios, pero sabía tan deliciosa que sabe que está mojando de manera copiosa su ropa interior. Y oírle gemir echando la cabeza hacia atrás, exponiendo más de ese cuello delicioso, era demasiado. Casi tiene miedo. No, nada en este mundo podía ser tan perfecto y maravilloso. No era concebible. ¿Estaría drogado? O tal vez estaba a punto de un aneurisma, pero ¿quién se preocupaba de eso ahora?

   No quiere detenerse a pensar. No cuando puede… sus dientes caen sobre la clavícula del rubio, mordisqueando, una y otra vez, porque Jensen lloriquea prácticamente como un niño cada vez que lo hace. Y si él pudiera elegir dónde quedarse y qué hacer para toda la eternidad, sería aquí y así, mordiéndole y oyéndole gemir. Pero esos gemidos eran peligrosos, cada uno de ellos era seguido de un espasmo en su verga, y no era cosa de terminar antes de comenzar, así que cubre la hermosa boca con la suya y se funden en un beso apasionado, mientras continúa recorriéndole el torso con la mano.

   Cuando los dedos pellizcan uno de los pezones erectos, Jensen se tensa todo. No pasan ni tres segundos cuando la boca del castaño cubre esa tetilla y lengüeta, sin apartar la mirada del rostro del rubio, antes de atraparlo con sus labios y succionar. Dios, todo era tan caliente y excitante que le dolía. Mordisquea el pezón y Jensen se arquea contra él…

   Hasta que el rubio le atrapa la cabeza apartándole…

   Por un segundo Jared siente miedo… y le mira suplicante. Pero Jensen toma asiento, le atrapa el rostro y lo besa suavemente, susurrándole luego contra los labios.

   -Necesito probar tu piel…

CONTINÚA … 3

Julio César.

DISYUNTIVA

febrero 22, 2011

BICIMAN

   Todavía no decide si al acercarse al otro pedirá boca, culo, o las dos cosas.

MANZOTOTE

Julio César.

NOTA: El sujeto de atrás debe tener sangre de horchata. Un tipo semejante se me para al lado y seguro la policía me detiene por acosador.

LUCHAS INTERNAS… 59

febrero 22, 2011

LUCHAS INTERNAS                         … 58

   Tiembla, ¿sería ahora o nunca?

……

   La noche sobre Tacarigua de la Laguna, sobre sus playas, era tan tibia como ardientes eran las pasiones humanas. En un pequeño pedazo de playa, oscura y solitaria, tres hombres estaban gozando con algo que nunca pensaron experimentar. Al menos dos de ellos. Andrés, joven y atractivo, está acostado sobre su costado derecho, aún con su tanga puesta, con la silueta de su buen güevo que abulta y casi escapa de la pequeña tela. Tras él se encuentra Ramón, acostado de la misma forma, sin su bikini. El tipo, mientras ve a Roberto arrodillado y sentado sobre los talones frente al rostro de Andrés, desnudo también, siendo mamado por el joven, cuya boca sube y baja hambrienta sobre su tolete, sonríe.

   Ramón le mira la espaldota y la tanguita sobre las nalgas al joven; coño, como deseaba tocarlas y enterrar sus dedos en ellas. Se ven ricas y las sobas. Su mano acaricia hundiendo la telita dentro de la raja caliente. Con un gemido, loco de lujuria, agarra la telita con los dedos de la mano izquierda, apartándola de la raja, y flexionándole la rodilla de la pierna izquierda, abre el culo del chico. Con un nuevo bramido, Ramón pega la cabeza de su güevo allí, empujando y metiéndose. El tolete va entrando, largo y grueso, nervudo, centímetro a centímetro, dentro del culito prieto que se resiste. Lo mete todo, con un largo gemido. Siente que ese culo arde, mamándoselo, apretándoselo de forma que casi le provocan un desmayo. Andrés chilla, ese güevote palpita y crece dentro de su culo, provocándole oleadas terribles de placer. Su boca se cierra sobre el tolete de Roberto, casi mordiéndolo.

……

   Roberto mira con ojos vidriosos a su compañero y amigo, quien le sostiene la pierna izquierda a Andrés por la rodilla, manteniéndola alzada, para abrirle las nalgas, acostado tras él, agitando de adelante atrás sus caderas, movimiento que saca y mete su güevo erecto y caliente del pequeño, rojo y lampiño culo que se estremece ante cada nueva embestida. La escena se intensifica porque la tanga de Andrés, enrollada, le cubre las bolas, sólo deja afuera el hueco del culo, que es sodomizado. Andrés deja el güevo de Roberto y gime largamente, con los ojos cerrados, contrayendo su culo sobre la dura barra que lo coge, embistiéndolo y estremeciéndolo todo, sobre esa toalla.

   La musculosa pierna izquierda de Ramón, flexionada va y viene cuando su güevo sale unos centímetros de esa rica abertura, para luego volver a enterrarse. Lo mete todo, sintiendo los espasmos hambrientos de ese culo, halándolo, chupándolo; lo deja allí, con las bolas pegadas a las nalgas del joven, con los crespos pelos cosquilleándole contra las nalgas. El güevo nervudo, grueso y tieso sale un poco, halando el esfínter de ese culo, para luego volver a empujar, hasta lo profundo, hasta lo más rico, hasta donde siente el calor del cuerpo de Andrés. El muslo derecho de Andrés, la bifucarsión abierta de sus piernas, la tanga donde abultan sus bolas y güevo, dejando su culito afuera, donde la enorme barra de piel más oscura se clavaba con movimientos frenéticos, cogiéndolo bien, duro y a fondo. Ramón jadea, sintiendo que se muere, pegando su pubis una y otra vez de esas nalgas musculosas, sintiendo como ese culo caliente se lo tragaba todo.

   Un rato más tarde, sentado sobre la toalla, con las piernas muy abiertas, Ramón ve la musculosa espalda de Andrés, quien sentado sobre él, sube y baja sus caderas, apoyándose en las rodillas. Las manotas de Ramón lo sostienen por las nalgas, empujándolo. Andrés, chilla, echando el cuerpo hacia atrás, con la boca muy abierta, gritando a la noche, mientras su culo hambriento y goloso sube y baja tragándose toda la rígida barra que le provoca oleadas indescriptibles de placer. El joven siente que se muere cuando su culo baja, tragándosela toda, hasta quedar apoyado sobre el pubis del otro, con las manos de Ramón aplastadas allí, para luego mecer y agitar sus nalgas sobre esas caderas, sobre ese güevo.

   Roberto a su lado, con una pierna apoyada en el hombro de Ramón (que le mira el güevo), observa excitado al sudado y gimiente muchacho que salta y salta con su culo travieso sobre ese güevote. Esa boquita abierta, invitadora, lo obliga a meterle la cabeza de su tranca, y Andrés la rodea con sus labios, lamiéndola, entre jadeos pues le cuesta controlar las ganas de chillar ante lo sabroso de la cogida.

   -Quiero probar también, pana. Yo quiero cogerlo también… -brama al fin Roberto.

   Aunque Andrés sentía cierta vergüenza de estar tan disponible (nada muy grande como para que lo frenara, ya sentiría arrepentimientos y vergüenzas al otro día), jadea excitado cuando lo oye. Por su parte, Ramón comenzaba a tener unas muy malas ideas respecto a su compadre y amigo del alma, Roberto, por eso accedió rápidamente. No paso mucho tiempo antes de que Andrés, totalmente desnudo, brillante de sudor a pesar de la oscuridad de la noche y la brisa salina, estuviera en cuatro patas sobre la manta. Tras él, Roberto arrodillado, mirándole fascinado las nalgas, la raja, el culo lampiño, las bolas que cuelgan, así como el tolete de buen tamaño, sobaba los duros glúteos.

   Ramón, menos espiritual, le frota la cara al gimiente joven con su tranca, apurándola contra los rojos y húmedos labios, obligándolo a abrir la boca, tragándosela. La joven boca baja, curvando los labios, sonriendo al tragar la magnifica pieza de joder, lamiéndola, chupándola con ganas, estremeciéndose y gritando ahogado cuando siente los dedos cálidos de Roberto frotándole la raja y finalmente clavándole un dedo en su culito caliente y titilante, que se cierra sobre la larga falange, atrapándola con ganas de ser sobado y penetrado aún más. Esas nalgotas abiertas, rojizas, enmarcaban el chico culo que titilaba hambriento sobre el grueso dedo clavado, que estaba muy metido, agitándose un poco dentro del sedoso y cálido tubo.

   Caliente, muy caliente, Roberto se mete entre sus piernas, abriéndolo, y enfilando su tranca, frota la morada cabeza del güevo, penetrándolo poco a poco. El culo se resiste, el esfínter nada virgen ya después de pasar por la colchoneta de Eric, se resiste aún, pero es por lo fibroso del muchacho y la dureza de los músculos. El güevo entra, cogiéndolo, palpándolo, sintiendo los ricos calambres de ese hueco que chupa y aprieta, sobándole el güevo, masturbándolo, queriendo sacarle la leche de una vez. Roberto jadea agónico, con la boca muy abierta, alcanzando el séptimo cielo cuando toda su barra queda metida allí, hasta la empuñadura, notando las nalgas duras contra su pubis. Siente que su güevo es aprisionado y ordeñado por ese culo que se las ingenia para mecerse sobre su vientre, cogiéndose.

   El güevo entra y sale lentamente del gimiente joven, que se estremece por las embestidas en su boca y culo. Roberto y Ramón lo cogen, quieren sus güevos muy hondos dentro de él. Con un alarido, Roberto se tiende sobre Andrés, aplastándolo con su peso. Andrés tiene que plantarse firme ante ese peso caliente y maravilloso sobre él. El pecho velludo sobre su espalda produce un calor enloquecedor. Roberto parece casi desmayado, palpando ese rico culo, y son sus caderas lo único que mueve, cogiéndolo con rudeza de adelante atrás, con el simple movimiento de sus nalgas, como perro sobre una perra. Roberto mira a Ramón y su güevote largo y grueso, caliente, que entra y sale de la boca de Andrés, mojándole la barbilla y las mejillas, frotándose caliente y tieso de su cara.

   Ramón lo nota y lo mira codicioso, abriendo sus piernas y montándose casi sentado sobre la cabeza de Andrés, mostrando y agitando su tolete horizontalizado frente a Roberto que traga saliva. El güevo está muy hinchado, brillante de saliva y jugos, de su ojete mana unas gotitas de algo espeso. Roberto siente unas ganas locas de atraparlo con su boca, de probar esa carne dura que se agitaba, clavársela toda en la boca y pegarle la mamada de su vida… pero era un hombre y eso no lo hacia un macho, y menos a un compadre.

   Ramón, más vicioso, se acerca un poco. La dura y roja cabeza brilla frente a él, y con un jadeo, cerrando los ojos para no ver su derrota, la lengua de Roberto sale, posándose levemente sobre el ojete, palpando ese calor terrible y ese licor salino y agridulce que lo hace gemir. ¡Quería atraparlo en su boca, mamarlo con ganas! No puede hacerlo, y se endereza, irguiéndose tras el culo de Andrés, atenazándole las caderas con sus manos, cabalgándolo duramente. Ramón sonríe cruel. Ahora sabe lo que quería saber.

……

   Tarde esa noche hubo una reunión secreta en La Torre. La había convocado Ricardo Gotta, por petición de Isis, Cermeño y el diputado malandro, Damián Vargas, quienes parecían molestísimos. Sólo hubo otros tres invitados: el virrey Juan J. Rojas, el general Garcés Camacho y el alcalde Bermúdez. Este último, un hombrecito tartajeante que un día contó con todos los recursos provenientes del poder central, y que sin embargo los desperdició, dejando que la anarquía, el sucio, los huecos, los buhoneros, el malandraje y la inseguridad campearan en el centro de Caracas, perdiéndolo todo, ahora era sólo otro matón inútil en una galería de criminales. Muchos reconocían su capacidad para movilizar gente, tropas peligrosas de malandros armados, gente que nunca intentó progresa trabajando, esforzándose, sudándose ese culo para que ellos y los suyos conocieran otra vida, donde los hijos fueran a universidades, compraran un carrito y tuvieran a pavitas bellas como novias, no muchachitas preñadas a los doce, con el cabello oliéndoles a agua sucia; pero que, con resentimiento, creían tener el derecho de atacar a todo el que sí creó algo con sus manos.

   Sí, eso se lo reconocían al llamado alcalde infernal, pero aún la gente que seguía fanática y estúpidamente al régimen, confundiendo en sus mentes (acosadas por el hambre crónica o las pocas luces de nunca haber leído un libro o un periódico en sus vidas, conformándose con ver novelas), sabían que el hombre era un mal alcalde. Nunca como ahora la ciudad de Caracas había lucido tan vejada, dejada, sucia y humillada. Un sentimiento de rabia, de vergüenza, se agitaba en el corazón de todo el que tenía que recorrer sus avenidas y calles, llenas de miseria, basura, pedigüeños y grafitos en las paredes, defendiendo lo indefendible, a aquellos que saqueaban la botija con el régimen. Lo ocurrido con Mara García y Sonia Montero dentro de la alcaldía, recaía sobre él. Era su culpa y su fracaso, como todos los otros.

   Molesto pero callado, el hombre oyó las acusaciones de Isis, de incompetencia y de estupidez. Damián decía que había que callarlas, al igual que al concejal socialista, Laya. Ricardo Gotta, quien no invitó a Franklin para esa reunión (no lo creía preparado para algo así todavía), los escuchaba vomitar groserías e improperios por esas bocas de cañerías que tenían en las caras. No eran personas hábiles, sabían de amenazas, de ñemeos, de golpes y amedrentamiento, pero nada más. Eran incapaces de crear una política capaz de dar resultados a largo tiempo, que pudiera beneficiarlos, como sí se hizo con los cuadros medios de las fuerzas armadas cuando se les ofrecieron sobornos y coimas, como créditos para casas y carros, con tal de dejar perderse la República.

   ¡Y que rápido aceptaron! Pero claro, eso había sido ideado por dos de las mentes más astutas de la política, don Luis Maquís, y el viejo Garcés Porta, antes de que se perdiera para siempre en su degeneración mental, cosa normal cuando se llegaba a los cien años de edad, resentido por toda una vida de fracasos en todos los órdenes, como pasaba generalmente con todos los vividores de la Izquierda.

   Al final tras mucho discutir, se impuso la tesis de Damián Vargas, un hombre rufianesco, peligroso y agresivo: se iría tras Mara, la menos fuerte de las dos mujeres, y el concejal se lo dejarían a Irsia Roce. A la mención de la mujer, Ricardo lo notó, Bermúdez se molestó aunque nada dijo. La voluntariosa mujer era un problema para el alcalde, dada su incompetencia para medio manejar la ciudad de Caracas (nunca lo intentó siquiera); ahora la mujer aparecía como su rival natural, disputándole un mercado que era común a él, aquellos que querían oír que ellos nunca tuvieron la culpa de nada en lo referente a la vida que llevaron, que todo eso era responsabilidad de otros, de los que tenían trabajo, de los que pagaban una casa, de los que mandaban a los hijos a la escuela o pagaban impuestos.

   A Ricardo no le agradaron esas soluciones, en el fondo sabía que la cagarían, pero algo era algo. Él debía cubrir su espalda y punto.

………………..

   Si de algo no podía quejarse la prensa venezolana era de falta de acontecimientos, de noticias. Unos eran escandalosos, escabrosos, como cuando Las Chicas Superpoderosas llamaron a una rueda de prensa para mostrar videos donde el ejército venezolano convivía en buenos y tiernos términos con la peligrosa y dañina narcoguerrilla colombiana. Eso fue un escándalo de marca mayor, las escenas, las caras, las voces estaban ahí. Y los cientos de muertos del lado venezolano, tipo caso Cararabo, eran olvidados por un ejercito cobarde y servil, lleno de delincuentes disfrazados de militares, tipo Bittar, quien un día se convertiría en el general gases letales de osos y catiras, o de Buñuel en Maracay. ¡Páginas heroicas de las crónicas revolucionarias! La respuesta del régimen, al video, también fue típica, cinismo a la décima potencia. A las denuncias formales, que en otra parte del mundo habría movilizado una investigación de la Cancillería, el Parlamento, la Corte y la Fiscalía, todos éstos hicieron lo imposible por parecer más imbéciles e inútiles que de costumbre.

   El fiscal, Isaac Domínguez, se metía bajo su escritorio, con un fiscalito venido de un tribunal de ambiente (para coger ideas, claro está), cada vez que alguien de la prensa iba a preguntarle sobre las acciones que se emprenderían por la denuncia pública de Ercilia, Marsella, Ibis y la Colombina. Lo único que se consiguió fue que un grupito de parlamentarios del régimen, los más desacreditados por cierto, intentaran un juicio contra ellas por traición a la patria; nada más y nada menos que traición. Afortunadamente los parlamentarios, Isis, Celia, Cermeño y Tachón, eran considerados aún dentro del régimen, como basuritas mentirosas y canallescas, por lo que nada prosperó contra Las Superpoderosas.

   Ahora toda la maquinaria del Estado volvía a movilizarse, machucándolo todo en sus engranajes. Alguien, persona o personas desconocidas, dispararon contra la modesta vivienda de Mara García; y uno de sus hermanos había sido atacado en plena Cota Mil, avenida donde dos carros casi lo hacen estrellarse. Al salir del vehículo, fue abordado por unos carajos que le dieron una paliza de padre y señor mío. El mensaje era claro. Mara se asustó. Sonia Montero apareció en televisión, con una gran cantidad de personas honestas apoyándola, gritando desde las televisoras, periódicos y radios que estaban en presencia de atentados dirigidos desde el poder para amedrentar a los que denuncian. Pero sabían que nada se haría. Nada se investigaría. La Corte y La Fiscalía cerraban los ojos, cobardes o cómplices, dejando que el país todo fuera cercado por homicidas que ya habían mostrado los dientes en abril, matando desde puentes y azoteas.

   La otra noticia que conmoción a la ciudad fue la toma del Consejo Municipal Capital, Caracas, por las hordas de Los Círculos de la Muerte, dirigidos en persona por la inefable Irsia Roce, violenta, agresiva, impositiva. Nadie pudo detenerla, Bermúdez, con todo y que quedaba como un pelele incompetente, sometido a lo que dictara la mujer, tuvo que tragarse su orgullo y dejarla hacer lo que le diera la gana. La Cámara Municipal fue tomada, la gente secuestrada. Con gritos histéricos, de odio y violencia sin límites, la mujer exigía la cabeza de Manuel Laya, el concejal, y que se le juzgara como un traidor, que se le destituyera y que su suplente tomara su lugar. Era una barbaridad, pero, ¿quién iba a oponerse a la violencia de la horda cuando Policapital corría gritando y llorando de temor de ser agredidos o violados por los delincuentes?

   La noticia fue una bomba, la imagen del Estado, y de Bermúdez, quedaron por el suelo, pero nada importaba, ni apariencias o fórmulas, ellos mandaban y los demás tenían que calársela, con tal de mantener y aferrarse a un poder que de nada les servía como no fuera para llenarse los bolsillos. Nunca antes un grupo tan inútil e impreparados para una función, estuvo al frente de las instituciones. La jugada resultó; aunque Irsia y Bermúdez fueron criticados horriblemente, habían logrado inhibir al resto de los concejales.

……

   Sentado a la mesa de la cocina de Eric, Sam lee todo esto en uno de los periódicos de Las Chicas. Su frente despejada, noble, se frunce, con una rabia impotente. Molesto. Mira a Eric, sentado frente a él que come algo que preparó Jorge, quien ahora estaba fregando su plato. Todo tan casero, tan cotidiano, tan… raro. Eran tres tipos viviendo allí, como estudiantes; pero ya eran algo mayores, y estaba la tensión sexual. No sabía bien cómo terminaría todo, pero notaba que a Eric se le dificultaba cada vez más el disimular lo que sentía ante Jorge. Sus ojos se iban tras él, quien al notarlo, se turbaba. No sabía que pasaría ahora, pero algo iba a pasar. Y temía que Eric iba a estrellarse. Toma aire, profundo.

   -Voy a regresar a Caracas. -anuncia, soltando el periódico sobre la mesa.

   -¿Qué? -se sorprende Eric, mirándolo confuso. Jorge los mira, inquieto.

   -Debo volver, Eric. Anoche hablé con Cora, mi suegra. Linda me necesita, ya está en casa. Y debo volver a La Torre, a mi trabajo. -lo mira cálidamente.

   -¿Volverás a La Torre? -lo mira impactado, horrorizado; sintiéndose traicionado.- ¿Volverás allí después de todo lo que…?

   -Claro, quien la abandonó por razones éticas y morales fuiste tú. No yo. Soy un adulto y debo volver a mi casa, con mi mujer y a mi trabajo. No tengo dieciocho años, debo proseguir con mi vida. Hay cosa que deben corregirse y dese aquí no puedo. Lo primero que haré será salir de Ania, mi asistente. -es enfático.

   -Está bien. -rezonga Eric, sintiéndose mal. ¡Sam se iba!, era increíble. Siente depresión.

   -¿Te vas o te quedas? -Sam mira fijamente a Jorge. Eric lo mira asustado, ¡Jorge! El mecánico los mira incómodo, recostándose del fregador. Mira a Eric fijamente.

   -Creo… creo que voy a quedarme un poco más. El nuevo taller… aún no arranca. -siente que enrojece bajo la mirada intrigada de Sam. Eric siente cierto alivio, ¡Jorge se quedaba, pero, ¿por qué?!

……

   En el bar cerrado de Alicia, aunque era temprano en la mañana, William Bandre ya estaba despierto y también le había dado una mirada a la prensa, cosa que lo alteró, y aunque intentaba fijar su atención en lo que hacía, que también tenía su importancia, aunque a otro nivel, no puede dejar de pensar en lo que ocurre en Caracas.

   Allí dos mujeres valientes, decididas, habían salido a dar la cara, a pesar de haber sido señaladas por gente que no se detenía ante nada para lograr sus metas. Y lo que querían ahora era silenciarlas. Él los conocía, las intimidarían, las asustarían, las atacarían. Allí estaba la gente de Irsia Roce o la de Bermúdez. Mientras se les difamaba, acusándoseles de todo lo habido y por haber, las agredirían físicamente. Y si todo fracasaba, aparecían los pistoleros de puentes y azoteas. Lo hicieron una vez, podían hacerlo de nuevo. Sintiendo un feo vacío en el estómago se pregunta qué habría hecho él sí al menos tuviera un gramo del valor de esas mujeres o del concejal capitalino. Pero no lo tenía, era un sucio y cochino cobarde. Él sabía de los asesinos y de los asesinatos de abril, pero callaba. Callaba por miedo. Tenía una raya amarilla que le salía del cuello hasta el culo. El amarillo de los cobardes.

   -Hummm, oh, por Dios, William… cómeme el culo… -jadeaba Cheo, desnudo a excepción de su gorra de béisbol, echado sobre la barra boca arriba, muy abierto de piernas, que están flexionadas y los pies apoyados en las barra.

   El joven estaba totalmente brillante de sudor, gimiendo y gozando, mientras se estremecía sobre la barra, bajo la acción de la lengua de William sobre su culo ardiente. El rojizo güevo del joven estaba levantado como una lanza y el abogado lo sobaba, masturbándolo, mientras su lengua lamía, chupaba y se clavaba lentamente dentro del titilante y cálido agujero. Cuando la lengua se frotaba allí, Cheo gemía, alzando un poco las caderas, incapaz de quedarse quieto ante una caricia tan rica y enloquecedora. Ay, coño, cómo le gustaba que le comieran así el culo, pensaba el joven totalmente caliente, tensándose, temblando, sintiéndose indefenso y débil, mientras de su güevo manaba un chorrito de néctar que sabía que pronto William bebería.

   La lengua se metía hondo, sintiendo como el cálido hueco se cerraba sobre ella, oyendo los gemidos de gozo del otro, que agitaba sus caderas de arriba abajo, frotándose con ganas contra esa boca caliente que lo trabajaba a fondo. William se ve hermoso, sudando, con el cabello sobre los ojos cerrados, mientras su boca taladraba y se clavaba entre esas nalgotas jóvenes y musculosas, y su lengua lo cogía lentamente, lamiéndolo muy profundamente. Y aunque era increíblemente delicioso catar un joven culo así, lamiéndolo y saboreándolo, gozando su calor, disfrutando los gemidos de placer del otro, la mente de William estaba lejos, en Caracas, pensando en la malvada Torre.

   -Ay, coño, con ganas… -jadea exasperado Cheo, mirándolo comer su culo bajo sus bolas, atrapándole la nuca y empujándolo más contra sí, impaciente por su falta de entusiasmo.

   William sonríe, aunque no puede verse al tener el rostro incrustado entre esas nalgas. Su boca cubre el culito, y chupa y sopla, haciendo que Cheo grite de placer, tirándose sobre la barra, con cada músculo brillando de sudor y tensándose de placer y de lujuria. Carajo, a los dieciocho esos muchachitos eran insaciables, querían sexo a cada hora. Siempre andaban prestos a masturbarse, a ser mamados o mamar, o a coger o ser cogidos. A los hombres les encantaba el sexo… y a los dieciocho era peor.

   Casi suspira al pensar que tendría que cogerlo. Cheo no lo dejaría ir con menos; tendría que trabajarle ese culo a conciencia. Y volver a Caracas, eso también tendría que hacerlo. Para enfrentar lo que dejó atrás. Con ímpetu, casi sin retirar la lengua del titilante culo, William lleva un dedote allí y lo entierra, con facilidad, ese culo estaba caliente y mojado, listo para la cogida final. Cheo lanzó un gozoso y agónico alarido ante el dedo cálido, duro, que se deslizaba dentro de él, curvándose, moviéndose… cogiéndolo.

………………..

   Eric no recordaba donde había oído la expresión: la noche llegó anegada de agua. Creía recordar que había sido en un disco, de acetato, así de vieja era la cosa, que hablaba sobre la leyenda del Silbón, cuando era muchacho en la hacienda de los Caracciolo en Valencia, antes de que las dos familias se pelearan, por real, y Frank y él se volvieran enemigos. Pero así estaba la cosa ahora. Eran más o menos las nueve de la noche y en la televisión no había nada que ver. Echado en el sofá, recostadote, con los pies sobre una tosca mesita, Jorge mira un musical deprimente en el canal oficialista.

   No querían ver telenovelas, y eso era mejor que nada, pero apenas. Echado en un sillón, Eric mira sin ver hacia el televisor. Sam tenía unas cinco o seis horas de haberse ido y ya lo extrañaba horrores, por su presencia grande, vital, alegre y voluntariosa. Y porque con él allí, la situación entre él y Jorge parecía menos forzada, como era ahora. A Sam le costó algo irse, hablaron un rato los dos, al lado de su carro. Jorge, desde el porche, lo despidió con una sonrisa y un gesto de mano. Y mirándolo, Sam, serio, encaró a su amigo.

   -Ve con calma, Eric. No vayas a estrellarte. Sé cuánto… -eleva las cejas, incómodo.- …T e gusta Jorge, pero no corras. No creo que vayas a sacar nada de él, ni de su pantalón.

   -Oh, cállate, güevón. -se alteró Eric, molesto porque se iba; molesto porque lo dejaba solo con Jorge, quien ya debía estar calibrando la posibilidad de irse; molesto por terminar con esa vida cómoda que habían llevado los tres allí. Coño, ya lo extrañaba. Y, por ahora, jorge se quedaba. A solas. ¡Con él!

CONTINUARÁ … 60

Julio César.

RODEADO POR EL ENEMIGO

febrero 22, 2011

 DESAFIANTE

   Cercado por esos soldados invasores, el joven campesino sacó un tarro de grasa de oveja, jadeando ya, listo para hacerles frente a todos.

GRANDES NEGOCIOS

Julio César.

CELEBRACION BICENTENARIA

febrero 22, 2011

RADIO COMUNITARIA

   Todavía quedaba algo oculto.

   -¿Cómo va la cosa en Egipto? ¿Ya cayó ese tirano perpetuado en el poder? –pregunta con su vozarrón, contento, el Comandante.

   -Ya está a punto de melcocha, mi Comandante en Jefe y luz de los días de la República. –contesta, no jalando bolas sino guindándose, el cortesano… digo, el ministro.

   El comandante Takín comienza a reír, batuquea los hombros, le lloran los ojos y baña de saliva a todo el mundo.

   -Esto es maravilloso. Se le acabaron los treinta años en el poder a ese monstruo. E Israel se queda sin aliados. –y ríe más.

   El ministro, inquieto, mueve los ojos hacia el edecán que parece asustado. Debía recomendarle al Comandante, con mucha cautela o podría perder la cabeza, que no se riera así, como un demente escapando de un manicomio en medio de la noche, cuando saliera en cadena nacional. Todo eso lo piensa mientras alisa un traje que el militar en jefe usará para conmemorar los cien años en el poder del viejo y sanguinario Emperador, allá en la isla. Eso le recuerda…

   -Comandante… ¿cree prudente hacer tanto ruido por sus doce años en el poder? Digo, sí la gente protesta contra los vitalicios…

   Y el Comandante estalla en improperios y sospechas de su lealtad. Sin embargo, aconsejado por el perverso Emperador, no hubo fiesta por los doce años mandando. A pesar de eso, Egipto había caído. Viva la revolución. Seguro que el panita iraní estaba en la gloria de tanta dicha.

   Sin embargo, la alegría no dura mucho cuando los locos… cuando la gente es nerviosa, se dice el ministro mientras va con su tacita de te de hojas de coca rumbo al dormitorio del Comandante. El hombre, macilento en su cama, grita.

   -¿Cómo pueden hacerle esto a mi amigo del alma, Ahmadineyadcito, un pan de Dios? ¿Cómo sale el pueblo a protestarlo? ¿Y lo que le hacen a esa alma de Dios, Gaddafito en Libia? Esto es una villanía. Una suciedad… ¡¡¡El Norte debe tener sus manos metidas en esto!!!

   -Tome su te de coca.

   -Te lo digo, no es justo. Mira que salir pidiendo libertad… ¿qué van a querer después? ¿Justicia? –con un mohín se toma su te de coca, tal vez así lograra llegar a un nuevo día… para seguir jodiendo.

GIORDANILLO Y SU HIJA BASTARDA

Julio César.

SU PRIMERA VEZ…

febrero 22, 2011

SE LES PASÓ LA MANO

   …Y como chillaba de gusto.

   Gustavo y Rafael llevan aquel taller mecánico como un bar para encontrar con quien tirar. Tal vez eran sus tamaños, caras o manos engrasadas, pero muchos carajitos caían como clientes y después al piso mientras tragaban güevos o les daban el culo. Y gritaban tanto que Rafael se llenó de curiosidad, y como buen amigo que es, Gustavo le llenó de conocimiento… y ese culo de verga. La cosa era que cómo que le había gustado, y mucho, a decir por la manera en la que restregaba el culo y como apretaba con él. A Gustavo la cosa no le gustó mucho al principio, eso de perder a un camarada de peleas, bebidas y juergas… Pero, pensándolo bien, mejor era un culito apretado donde meterla cuando quisiera.

ANTOJOS

Julio César.

EL RECIEN CASADO, DE TOM OF FINLAND

febrero 22, 2011

   -Lo quiero todo…

   Era yo tan sólo un muchacho, tal vez doce o trece años, cuando una revista erótica cayó en mis manos. No era la primera, pero esta era… distinta, hasta ese momento nunca había visto algo así. Se llamaba Sexo Extraño, y una buena parte estaba conformada por un cómics con argumento. Era de temática gay. Y qué imágenes y qué trama. El cerebro de vaina no me estalló. Estuve duro por días, y toda la tira regresaba una y otra vez a mi mente en lo que caía en mi cama, alimentando mil pajas. De hecho me hizo desarrollar cierto fetiche por este tipo de cómics.

   Era un tiraje de Tom of Finland, ese dibujante de porno gay de tipos todo estilizados, enormes, masculinos y bien dotados. En la trama en cuestión un tipo catire llega a un hotel para su luna de miel, y mientras la mujer se cambia en el cuarto de baño, él se desviste y comienza a tomarse una botella de champaña; pero mientras más toma, la mente le trabaja más y más de una forma extraña. Desnudo, catire y guapo (se veía) gime en esa cama que él tan sólo es un buen marica que necesita un macho y no una esposa. Su voz atrae a alguien en el pasillo.

   Dos marineros, uno moreno de cabello ensortijados, y un negro, se paran en el marco y lo encuentran de espalda mostrando el culo hacia la puerta gimiendo que quiere un macho. Los marineros entran, se quitan las ropas, uno dice que un culo como ese era el que su verga pedía, el otro replica que no esperaba encontrarse con tan rico manjar. Lo ponen en cuatro, el negro atrás, el moreno delante. El negro dice que por lo que toca, el carajo es virgen. El otro sonriendo dice que con ellos seguro que pierde la virginidad.

   Y comienzan a cogerlo por boca y culo. Unas escenas increíbles. La puerta se abre otra vez y aparece un joven, un botones, reclamándole que tienen que salir y esas vainas. El marinero moreno salta de la cama, lo somete, desviste y lo acerca a la cama, donde el catire comienza a mamarle el güevo. En uno de los cuadritos, el botones esta mirando a alguien mientras tres toletes enormes se frotan de su cara. El muchacho dice que tiene una idea, que llamará a un amigo. Asomándose a una ventana que da a la piscina mira a otro catire, enorme, y le grita algo como ven súper verga, aquí hay un buen bocado para tu masculinidad.

   El tipo entra por la ventana, se quita la ropa y pone al catire a mamar güevo mientras le pide que le cuente su historia. Más tarde hay una escena donde los cinco intervienen. El marinero negro mama al catire recién casado, mientras coge al botones que esta acostado de espaldas en la cama. Al botones, mientras lo cogen, mama al otro marinero, quien acostado sobre él, le mama a su vez. El último en llagar, súper verga, está tras ese marinero cogiéndolo duro.

   La mujer sale del baño y grita, creyó casarse con un macho y ese tan sólo es un marica. El botones salta de la cama y se la lleva diciendo que él sí es un macho pero que esos pendejos lo atraparon. Ella se va porque quiere sexo. Los marineros se besan entre ellos diciéndose lo mucho que se quieren, como hermanos, y salen desnudos al pasillo, despidiéndose de los otros dos, después de dejar colgado un cartel en la puerta que dice: no molestar, recién casados. Adentro queda en marido en brazos del otro, que piensa en todos los carajos que ha conocido, gays, con complejos de heterosexuales… hasta que él los ha curado.

   Fue realmente un buen cómics. La revista toda era buena. Hace tiempo encontré por ahí las imágenes pero con la trama variada. No importa, también fue buena. De toparme con ella otra vez, lo haré saber.

Julio César.

NOTA: Había comenzado esta parte con un largo relato sobre aquel cómics, pero lo borré. Ya llevo demasiadas cosas que dicen continúa.

FANTASÍAS CON GERARD PIQUÉ

febrero 18, 2011

MARIO LÓPEZ…?

   Pobre Piqué, la gente parece empeñada en verle una caída extraña que siendo español ya pesa, pero como jugador de futbol (muy bueno por cierto), es como plomo en las alas. Es que el chico tiene mala suerte para las fotos, y como es joven, alto, moreno, de pinta varonil y muy conocido (el muy sortudo), la receta que le pone en el ojo del huracán se da solita.

   Hay que estar claro, a todo el mundo le gusta un chisme sobre tendencias gay. A las mujeres les fascina, no entiendo muy bien por qué (ahí está el fandom de Supernatural, sueñan con una relación verdadera entre Jensen Ackles y Jared Padalecki aunque siempre “aclaran” que saben son sólo amigos); a los hombres nos entretiene también. Se puede fingir que no, hasta con disgusto, pero en secreto leemos todo lo que nos cae en sus manos, y al reunirnos con otros comenzamos con un “qué bolas, es marica”, para despertar el morbo en el grupo haciendo los mil comentarios. De hecho fui a ver Brokeback Mountain por primera vez por una reseña de prensa donde hablaban de lo mucho que les costó a los protagonistas la escena del beso. Y finalmente, por supuesto, están los que desean que sea que sí sea y que Piqué se topen con ellos algún día en la calle.

   La primera fue esta. La pose es… extraña. Porque es íntima, más de la que los hétero ibéricos se permiten. Aunque puede ser totalmente inocente. Seguramente lo es, ya que él mismo lo aclaró. Con bastante tranquilidad por cierto. Ibrahimovic, el otro en la foto, sí que se molestó más con la prensa. Recuerdo haber leído que en una entrevista se alteró tanto con la periodista que dudaba de su hombría que le gritó algo como: llama a tu hermana y vamos los tres a mi apartamento para ver si soy hombre o no. Rudo el chico. ¿Será por eso que le gusta a Gerard? Cómo amigo, claro.

   Luego el muchachón salió con esta mujer que es, como decían de la mayor de las Juana, una ráfaga. Shakira canta bien, pero en verdad uno la sigue es para verla mover esas caderas a un ritmo impresionante (las cosas que hará). Tengo una amiga que dice que es fea, que no canta, y que estaba algo mayor para el futbolista cuando comenzaron a salir (aparentemente pasaron juntos un fin de semana en un hotel y sólo pagaron una habitación, ¿quién iba a creerles lo de sólo amigos?); a lo que le respondí que si meneaba esas caderas así en todo, quién se queja. Por cierto, recuerdo a una locutora de nuestra farándula que cuando comentó la noticia sobre las salidas de estos dos, dijo “¿qué pensará Ibrahimovic?”. Lo dicho, a la gente le encanta un escándalo así.

   Ahora, al pobre Piqué, le salen al paso estas fotos de su pasado, estando con un grupo de amigos. Y los comentarios (el deseo de tantos por algo turbio, caliente y sexy) se dispararon hasta el techo. Su familia alega que son juegos de muchachos, y paso a creerlo, tanta gente se pone tonta cuando están frente a una cámara. Y las fotos siempre vuelven como caimanes capaces de morderte el culo. Te sacas una, todo el mundo tiene copias, y a un bobo se le ocurre subirlas a un espacio o página social. La cosa es que sí, podría ser bisexual o algo así, es su vida, a quién coño debe importarle; el problema es que sienta que debe esconderlo para que toda una sociedad no le condene por ello. ¿Qué suena extremo? Revisen los foros donde se habla del asunto. Algunos comentarios simplemente dan vergüenza, no por lo homofóbico, sino por lo racista y sexista. Hasta con Shakira se meten. Dios, vivir y dejar vivir.

   Aunque sí, provoca fantasear, ¿no? Esa cercanía, las pieles duras y firmes, el calorcito. La emoción de tomarse las fotos, más cerca, tal vez pasar un brazo, o abrazar, o bajar la mano y tocar duro… para encontrar lo duro… Lo dicho, la gente quiere creer y la imagen se presta.

ANGEL CASALLAS, ¿ANGEL O DIABLILLO?

Julio César.