JENSEN Y JARED, TAN SÓLO UNA NOCHE

SERIE: SUPERNATURAL                         LECHE TIBIA…

   No se me malinterprete, me gusta presentar en estas páginas trabajos que NO SON MÍOS, como este, porque es fácil. Ya están pensados y sólo hay que subirlos. Pero en los casos donde no hay una traducción real, me toca bregar duro con el Google. Y sospecho que no quedan igual.

   Sé que tengo pendiente dos de Supernatural, pero algo pasa. O tengo un virus, o soy más torpe de lo que imaginaba. No puedo encontrar esas páginas; una la tenía en favoritas y ahora aparece un chivo llorando diciendo sorry. Dios, cómo lo odio. Seguiré buscando.

   Este relato es bueno, aunque más que uno de realidad alterna, es ciencia ficción. Ya sabrán por qué. Llevado por un gran estrés, un hombre conoce a otro y terminan en una cama. Será algo de una noche, piensa, se marchará con la mañana y la vida seguirá su camino. Qué equivocado está. Comienza lento, pero más adelante resulta ameno.

   ¿Por qué presento un Padackles tan pronto? Primero, como dije, es fácil, llena un espacio y casi no tengo que esforzarme. Segundo, es un “regalo” para una amiga. No daré muchos datos por ahora. Disfrútenlo.

……

LARGA Y ARDIENTE ESPERA POR TI

By Marriangelic.

Jared/Jensen

CN-17

   Había sido una mala idea, piensa Jensen Ackles sentado a la barra del bar del hotel. Bueno, no era como si hubiera tenido muchas opciones. Simplemente no podía quedarse en ese cuarto de hotel. Solo. Recordando todo lo que Misha Collins, su marido, y él, habían peleado con aquella maldita enfermedad. Se estremece con dolor mientras eleva el vaso corto y bebe. Tantos tratamientos, tantas esperanzas en nuevos métodos, tantos “ahora si, Jensen, me han dicho que esto funcionará”. Y nada funcionó. Misha estaba muerto.

   Y tiene que morderse en labio inferior para contener un temblor y un sollozo. Oyendo voces, viendo a la gente ir y venir, es más fácil tolerar el recuerdo del rostro macilento en una cama, o dentro de aquel traje serio en aquel ataúd reducido a cenizas. Todo tan distinto a ese hombre joven y guapo que fue vestido de payaso, con flores y globos, a declararle su amor en plena aula de clases en la universidad. “Ámame, Jensen, estoy loco por ti. Sin ti soy un pobre payaso”.

   Habían tenido una bonita vida juntos, una relación estable, cómoda. Amar a Misha era fácil, tan sólo estar. Dormir acurrucados. Tocarse sobre la mesa y decir te amo.

   -Hola, puedo invitarte… -una voz masculina, modulada, se acerca. Jensen no levanta la mirada del ambarino líquido para saber que se trata de un sujeto atractivo, de sonrisa fácil.

   -No, gracias. Estoy… esperando a alguien. –es la respuesta que lleva tres tragos dando a todo el que se acerca.

……

   Cuando Jared Padalecki entra al bar, tampoco le mira. Al principio Jared tampoco repara en él. Revisa el lugar, bajo su maraña de cabellos castaños cubriéndole los ojos, con esa alegre curiosidad que siempre siente por todo. Desea una copa. También ver si hay suerte. Con una gran sonrisa todo hoyuelos pide un trago. Dios, ninguna nena, ¿dónde estaban todas esas bellezas que copaban los bares de hoteles en convenciones?, se pregunta. Al menos el Chad le dijo que así eran esos eventos. Es cuando repara, de pasada, en un sujeto de cabello rubio oscuro sentado un poco más allá. Y le intriga y desconcierta. Vaya tipo más guapo.

   El pensamiento mismo no parece suyo. Aunque de mente amplia, y sin complejos para admitir que otros hombres pueden ser más atractivos que él (muy pocos en verdad, se dice alegremente), este es distinto. El rubio de cabellos alzados, ojos verdosos y apagados, labios rojizos y carnosos… tanto que se sorprendió pensando que debía besar muy bien (o dar chupadas de campeonatos a una verga, un pensamiento más extraño), era bello. Posiblemente uno de los hombres más bellos que ha visto nunca.

   Pero si es su atractivo lo primero que llama su atención, hay otras dos cosas que ocupan su mente. Lo primero es notar como el rubio es abordado de rato en ratos por alguien, y como este, con gestos apagados, le rechaza (haciéndole bailar algo en el estómago de ¿alivio?). Lo otro era la profunda tristeza del rubio. Era un aura de dolor, de corazón sangrante, que salía de él y le llegaba y molestaba. Ceñudo toma de su vaso, preguntándose si le habrían vendido algo adulterado, porque sentir que debía ir y abrazar al rubio hasta que este dejara de sentirse tan triste, no era normal.

   Olvidado de su plan original, Jared rechaza a una bonita morena menuda que parece desear entablar conversación. Porque ahora el castaño no puede dejar de ver al rubio, cuya mirada triste parecía vidriosa. Verle frotarse los ojos con cansancio, tomar aire por a boca, sacar la cartera y dejar unos billetes sobre la mesa con manos temblorosas, le indicaron que tan mal está.

   Cuando Jensen cruza a sus espaldas, Jared baja la mirada, como temeroso de que el otro lea algo en sus ojos. Termina su copa y…

   ¡El rubio dejó su billetera sobre la barra!

   Sin pensar que pudo ser mal interpretado, moviéndose por instinto, Jared paga por su trago, toma la billetera olvidada y parte tras el bonito rubio. Recorre con la mirada el salón de entrada y no le encuentra. Repara en las escaleras que dan al estacionamiento y se da prisa nuevamente. Necesita encontrarle… para entregarle su billetera, claro está.

   Y lo encuentra. El rubio está de pie, apoyado de un hombro y una cadera de una columna. Tenso.

   -Amigo, olvidaste tu… -informa después de aclararse la garganta, a dos pasos de distancia.

   Jensen se vuelve, sorprendido y avergonzado, su rostro está muy rojo, sus ojos cuajados de lagrimas que ruedan por sus mejillas. Dios, quiere controlarse, dejar de ser tan débil y patético, pero…

   -¿Estás bien? –pregunta Jared, con un hilo de voz, sintiéndose horriblemente mal. “No, no llores chico rubio”, eso fue lo que quiso decirle. Y tal vez lo habría hecho, pero Jensen se movió primero.

   Dio un paso al frente, luego otro, intentando contener los sollozos todavía, tenso, y oculta el rostro en su pecho, los brazos rígidos a los lados de su cuerpo.

   Jared contiene la respiración al sentirlo, joven, tibio,  fuerte. Lloroso contra su pecho. Es automático, sus manos suben, sus brazos lo rodean y lo acuna contra sí. Y su corazón se dispara a toda máquina al sentirlo estremecerse contra su cuerpo.

   Jensen siente los brazos acunándolo, y piensa que es perfecto. Es un extraño, un perfecto desconocido que le demuestra algo de consuelo. Alguien que no sabe ni dirá que todo pasará ni intentará animarle. El aliento en su cabello, el corazón palpitante, las manos grandes y firmes en su espalda, todo eso se siente bien. Le calma y alivia ese horrible pesar.

   -Lo… lo siento. –hipa, bajito, contra su pecho. Y se sorprende cuando esos brazos lo rodean con más fuerza y la barbilla del otro se apoya en su nuca.

   -No hay problema. –la voz se oye ronca.

   -Yo… no suelo… -quiere explicarse, separando el rostro y mirándole. Intenta una sonrisa que parece la mueca del niño al que le gritan que no le quieren. Quiere contarle que viene de un funeral y…

   Jared le mira transfigurado. Qué rostro tan bello, surcado de lágrimas y todo. Sus manos suben y enmarcan el dorado rostro. Sus pulgares limpian las lágrimas. Jared se estremece mientras lo hace, despejando a su vista las hermosas pecas. Jensen enrojece más y sus labios llamativos parecen querer decir algo… Pero son silenciados por Jared cuando baja el rostro y los cepilla con los suyos.

   Jensen le mira todo ojos. Jared traga saliva, asustado y excitado. ¡Era una mierda!, allí estaba ese chico sufriendo por algo y él con una erección que estaba levantándosele dentro de los pantalones. ¡Y a él ni siquiera le gustaban los hombres! Al menos no de esa manera. Dios, ese chico iba a golpearle y…

   El rubio le rodea el cuello con una mano cálida y Jared se estremece. Jensen le obliga a bajar el rostro y es su boca la que sube. Esos labios caen sobre los suyos, la lengua del otro tantea sobre ellos, de una manera que hace gemir a Jared. Momento que Jensen aprovecha y mete su lengua, de manera ansiosa, degustándolo, cubriendo cada pedazo. Y Jared se marea, esa lengua sabe deliciosa.

   El beso se profundiza, los chasquidos de lengua se dejan oír, porque puede que nunca halla besado a un hombre, pero algo se desconecta en el cerebro de Jared y lo único que oye es quiero, quiero, quiero… Sus dientes atrapan y halan la lengua del rubio, lentamente, como rayándola, y el rubio gime, temblando todo, de una manera que logra que su erección palpite sin remedio.

   Jared ladea el rostro y sigue besándole, lamiéndolo todo, lentamente, chupando y mordiendo, pero casi grita y se siente a punto de correrse cuando su verga erecta pega y se frota de la del rubio. Y estaba caliente, palpitante; y esa verga debía estar conectada a una batería, porque cada pasada sobre las ropas le producía un toque eléctrico por todo el cuerpo.

   -No, yo… -el rubio gime, respirando pesadamente, metiendo las manos entre ellos, mirándole de forma triste, pero también lujuriosa (y no era fácil estar tan alicaído y excitado).

   Jared le rodea la cintura con sus manos, reteniéndolo, impidiéndole alejarse, o que separe la erección de la suya. Lo mira de forma franca y abierta, suplicándole por más.

   Jensen lo entiende, todo rojo de cara, su propio corazón desbocado. No estaba bien, Misha…  Pero se lanza a besarle nuevamente, y cuando su lengua entra, golosa, siente como el más alto se estremece todo. Las erecciones chocan, se frotan, y gruñendo, Jared, responde, mordiendo esos labios que lo enloquecen.

   -Ven conmigo y te juro que borraré tu tristeza por esta noche. Y si me dejas…

   -Eso… no es posible. –y los ojos verdes brillan de llanto otra vez. Una mano de Jared le enmarca la cara.

   -Por favor…

   Jensen duda, con el corazón palpitándole dolorosamente. Había amado a Misha, y Misha estaba muerto. Esa misma tarde sus restos fueron cremados. Volver al apartamento que compartieron fue una pesadilla. Por los amigos que no deseaban dejarle solo cuando únicamente deseaba eso. Se duchó, cambió y salió sin que nadie lo notara. Desconectó su móvil cuando Chris y Steve insistieron en comunicarse. Ir a ese hotel en busca de un cuarto, de un trago (bueno, cuatro) y soledad, le había parecido una buena idea.

   Pero estaba rabioso. ¡Era tan injusto!, ¿por qué coño tuvo que enfermar y morir alguien como Misha? No, eso estaba mal. La vida era una mierda. No era justo que cualquiera pudiera caer y morir, y menos apagándose poco a poco, con tanto dolor.

   Esa desesperación y rabia, esa frustración que temió le haría gritar a todos en su apartamento que se fueran al carajo y le dejaran solo, había despertado ahora de otra manera: deseo carnal. Quería morder, lamer y chupar. Quería ser amado, tomado, dominado, llenado y saciado. Necesitaba gritar en medio de un orgasmo. Sentirse vivo. Por eso besó a ese dulce chico alto, porque era gentil, se veía amable. Y guapo. Pero una cosa era querer…

   -Por favor…

   Cuando el chico le pide acompañarle, tomándole la mano, cubriéndola con su enorme palma, dejó de pensar. Mirar esas manos unidas fue decidirse. Y se dejó llevar. Se entregaría a ese joven desconocido. Una aventura de una noche. Un polvo en la nada. Mañana ya no estaría. Y estaría bien.

   No podía imaginar en ese momento las consecuencias que traerían sus actos.

CONTINÚA … 2

Julio César.

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