Archive for 30 marzo 2011

¿DEPORTE FETICHE?

marzo 30, 2011

EN EL FUTBOL SIEMPRE PASA…

   Y son manos por todos lados.

   Insisto, ¿será deporte? Vistoso es. Caliente también. Pero hay algo, no sé exactamente qué, que hace que me pregunte…

   Si desean ver algo sobre este tipo de combate, wrestling, y cómo es que lo imagino, vayan a: EL CLUB DE LA PELEA

CULTURISTAS CALIENTES

Julio César.

NOTA: La verdad es que ya no siento ganas de escribir por ahora. Más bien llevo tiempo así. Puede ser por el trabajo que tenemos (en tiempos de virosis nos atascamos), o por la gripe que cargo, pero ando todo desanimado. Bien, hablamos luego.

LUCHAS INTERNAS… 60

marzo 26, 2011

LUCHAS INTERNAS                         … 59

NOTA: Dedicado al amigo Apolo, uno de los pocos a quienes les gustaba esta “novela”. La seguía en un blog que cerré hace más de un año, y hoy, justo ahora, llegó a un capítulo más de donde quedó en aquella oportunidad. Recuerda panita, si me encuentras, que tal vez las cosas no pasen como esperas.

   A solas… las cosas qué podrían ocurrir.

……

   Eric no recordaba donde había oído la expresión: la noche llegó anegada de agua. Creía recordar que había sido en un disco, de acetato, así de vieja era la cosa, que hablaba sobre la leyenda del Silbón, cuando era muchacho en la hacienda de los Caracciolo en Valencia, antes de que las dos familias se pelearan, por real, y Frank y él se volvieran enemigos. Pero así estaba la cosa ahora. Eran más o menos las nueve de la noche y en la televisión no había nada que ver. Echado en el sofá, recostadote, con los pies sobre una tosca mesita, Jorge mira un musical deprimente en el canal oficialista.

   No querían ver telenovelas, y eso era mejor que nada, pero apenas. Echado en un sillón, Eric mira sin ver hacia el televisor. Sam tenía unas cinco o seis horas de haberse ido y ya lo extrañaba horrores, por su presencia grande, vital, alegre y voluntariosa. Y porque con él allí, la situación entre él y Jorge parecía menos forzada, como era ahora. A Sam le costó algo irse, hablaron un rato los dos, al lado de su carro. Jorge, desde el porche, lo despidió con una sonrisa y un gesto de mano. Y mirándolo, Sam, serio, encaró a su amigo.

   -Ve con calma, Eric. No vayas a estrellarte. Sé cuánto… -eleva las cejas, incómodo.- …T e gusta Jorge, pero no corras. No creo que vayas a sacar nada de él, ni de su pantalón.

   -Oh, cállate, güevón. -se alteró Eric, molesto porque se iba; molesto porque lo dejaba solo con Jorge, quien ya debía estar calibrando la posibilidad de irse; molesto por terminar con esa vida cómoda que habían llevado los tres allí. Coño, ya lo extrañaba. Y, por ahora, jorge se quedaba. A solas. ¡Con él!

   Sam debió entender su desasosiego porque antes de irse le dio una fuerte palmada de apoyo en un hombro que casi le derribó. Y se fue. Eric se sintió mal. Asdrúbal y el otro empleado, Jacinto, los miraron. A Eric le molestaba un poco ese carajo, Asdrúbal, parecía sonreír en una forma desagradable, como gritándoles sin palabras ‘pila de maricas’. Abatido vio como desaparecía el carro de Sam. Volviéndose hacia la casa, miró a Jorge, y le dijo que ya volvía, iba por cerveza, y se alejó. Hacia el poblado, a pie, a paso lento. Quería pensar.

   Estaba molesto con Sam por irse así, pero más que por Sam, por él. Leyó en el periódico sobre el cobarde ataque a esa mujer valiente, Mara García, y leyó sobre la toma de la alcaldía. Sintió una rabia ardiente y terrible, ¡en qué manos había caído Venezuela! Qué canallas y ruines eran esos delincuentes, Isaac, Juan V. Rojas, Dagoberto Cermeño, Bermúdez, Isis, Irsia, Garcés Camacho en Caracas, Buñuel en Maracay… La galería del terror era amplia, pero esos eran los peores, los que sembraban miserias, odios y ahora muertes.

   Sam regresaba a La Torre, a Caracas, a su vida. Y Eric sabe que va con el sano propósito de enfrentar a los delincuentes donde los encuentre, y en este caso dentro de la firma, vistiendo su armadura blanca de decencia. Y él, Eric Roche, no hacía nada. Sólo quería seguir así como estaba, vegetando, viviendo del sol y del agua… y tal vez del afecto de Jorge, algo que aún no tenía.

   Acercándose ya al poblado, repara en una zona plana, de arenisca, con arbustos pequeños, y tiene una momentánea epifanía. Ve un terreno cercado, limpio, con grama verde brillante, donde se pudiera jugar béisbol y sóftbol, con unas gradas rudimentarias, con equipos de las zonas, de los distintos poblados, compitiendo entre sí. Gente como él, como Sam, como Lucas; gente que iría a pasar un buen rato, competir, sudar, drenar tensiones, tomar cervezas. Y traer a otra gente; gente que gastaría en las playas, en los negocios, en el pueblo. Le parecía ver un pueblito que vivía y vibraba. Casi puede ver negocios, turistas, autobuses llegando, gente compitiendo y pasándola bien, muy bien, soltando sus rabias y tensiones allí, sobre la grama.

   Y aunque lo ignora en ese momento, en el futuro ese sueño le unirá a dos bandos muy extraños de personas, rivales entre sí. Pero eso sería después, mucho después. La momentánea visión lo anima, casi puede ver competencias, a muchas personas bajo ese sol implacable y ese cielo azul que dejaba ciego a todo el mundo. Hablaría con Sam y…

   Recuerda que Sam ya no está. Eso lo deprimió, pero luchó contra esa maldita sensación. Compró las cervezas, tres empaques de seis unidades, en latas, y regresó hacia la casa, saludando de pasada a Cheo y a Ramón, a Roberto, a William y a Alicia. Gente de allí, gente a la que ya conocía y que le agradaban. No debía pensar en Caracas, eso quedó atrás. Para bien o para mal ya había hablado con Irene, aclarándole quién era, qué quería, qué le gustaba en verdad. Qué ella entendiera o no, ya no contaba. Era un puente que había cruzado, prendiéndole candela además, y ya no había vuelta atrás… aunque en el fondo esperaba que la mujer entendiera y le perdonara. La quería. A su manera.

   Miró la casucha, Asdrúbal y Jacinto ya estaban recogiendo sus cosas. Estaba loco porque terminaran y no volvieran más, sobre todo el tal Asdrúbal. Las reparaciones iban viento en popa. En tiempo récord, o así se lo parecía a él, habían levantado el engrandecido baño y llevaban muy adelantado el nuevo cuarto.

   Esa noche, oyendo truenos lejanos, Eric y Jorge comieron algo en la salita, silenciosos. Muy silenciosos. Ahora una pared parecía interponerse entre ellos. Y Eric no lo entendía, mientras cansado de la música algo desafinada por lo viejo del video o la grabación o lo que quién sabe que coño fuera, se pone de pie para ir por más cervezas. Se siente incómodo con Jorge así, sin hablar. Jorge lo mira salir, inmóvil, ¿esperando?

   Eric respira como aliviado en la cocina, mirando por la ventana; el cielo, negro por las nubes de tormenta, iluminado por un rayo de vez en cuando, tenía algo de sofocante, de amenazante. ¡Habría lluvia! Botando aire espera que la casa, sobre todo el techo, resista. Toma las dos cervezas y vuelve a la salita. Le tiende una a Jorge, el cual indolente levanta una mano y sus dedos caen sobre los dedos de Eric. Tanto el abogado como el joven se miran intensamente un momento. Eric confuso, Jorge como sorprendido, soltándole rápidamente, llevándose la lata. Era incómodo. Mucho.

   Cansado, no sabía si del día o por el tiempo nublado, Eric cae en su sillón, ceñudo aún por el contacto con Jorge. En los ojos del otro hombre había visto… oscuridad. No había nada claro. Bebe de su cerveza y no puede evitar ver al mecánico, joven y atractivo, musculoso y vital, en bermudas y camiseta. Mira sus brazos, sus muslos, sus piernas, y se tensa. No debía pensar en él de esa manera. Sam tenía razón, podía estrellarse. Y sin embargo esa noche… cuando aquel carro casi le mata, en la ducha de Jorge, ambos habían vivido un momento extraño.

   -Esa música es una mierda. Voy a leer algo en mi cuarto. -dice Eric ronco, parándose y deseándole buenas noches.

   Jorge le responde, viéndolo alejarse. Apura la cerveza. Siente que la necesita. Quiere aturdirse. Irá por otra. Ahora que Sam no estaba sentía que el piso se movía bajo él. Por Eric. Estaba allí, en su casa, a solas con él, quedándose cuando ya debió irse hace tiempo; aguardaba por algo que no sabía exactamente qué era, y al mismo tiempo deseaba que nada pasara. Le agradaba Eric, mucho. Tal vez… demasiado, le susurraba una vocecita molesta en su cabeza. Sabía que Eric era afeminado. No de los que se maquillaban, salían batiendo pestañas y botando plumas. Pero era un marica. De eso, estaba seguro. La noche en la que se conocieron, cuando aquel carro casi lo espatilla contra el poste, le agradó. Había algo en ese carajo, atractivo y sensible que le gustó; estas palabras acuden confusamente a su cabeza. No es de los que sienten temor de estar desnudo frente a otros carajos, desnudos también. Ni temía reconocer que otro era más guapo que él; pero aceptar que le agradaba por atractivo y sensible, lo inquietaba. E incomodaba. No era algo que pensara regularmente. Pero así fue. Ese carajo, adolorido, mojado de agua sucia y con la mano embarrada de mierda de perro, le agradó. Y mucho, vuelve a repetirse sin quererlo.

   Aunque no ocurrió nada más. Lo trató como hubiera tratado a otro cualquiera. No. No había sido exactamente así. Fue él, Jorge, quien se desnudó y se metió en la regadera con el otro. Algo que no sería muy extraño en cualquier otra ocasión; con Hernán o con Raúl, lo había hecho. Pero a ellos los conocía de toda la vida. Eran carajos simplones, brutales y ordinarios, como él mismo. Pero con ese tipo (atractivo y sensible, vuelve a repetirse en su cabeza), fue distinto. Era otro carajo, un hombre, un extraño, con quien se metió bajo la ducha. Y todavía se jugueteó con él bajo el agua. Momento cuando detectó algo en el otro. Fue en ese instante, cuando estuvieron frente a frente, mojados, desnudos, mirándose fijamente. Por un momento pensó que ese tipo iba a besarle. Y él se quedó ahí, paralizado, en lugar de alejarlo de un manotazo o salir de la regadera. Se quedó… esperando. Se revuelve inquieto en el mueble, no le gusta por dónde iban sus pensamientos, ni el molesto calor en su estómago al imaginar ese posible beso; y ahora estaba allí, a solas con Eric y debía entender qué pasaba. No, no fue normal lo que pasó bajo esa regadera. Ni el haber aceptado así, de buenas a primeras, la oferta de Sam de visitarlo en la playa. Ni aceptar el hospedaje.

   Llevaba más de tres semanas ahí, conviviendo con esos carajos que parecían ricos de cuna, sin preocupaciones, sin problemas. Uno casado, el otro comprometido, aunque él no lo hubiera creído, porque hace tiempo que había decidido que Eric era raro, y que él, Jorge, le gustaba. Lo sabía por la forma en que lo miraba, le sonreía y hasta lo tocaba ocasionalmente. No con morbo o aprovechándose, más bien de forma cálida, amistosa. Como si no pudiera evitarlo. O por la manera en que su piel ardía ligeramente cuando él lo tocaba, quedándose quieto, como no queriendo romper el contacto. Y eso debió prevenirlo, ponerlo en guardia, alejándolo y alejándose de allí. Pero nuevamente se quedó quieto. Esperando. Esperando, ¿qué? Se acomoda en el sofá, asentando el culo en el mueble y casi deseando saltar, pararse y hacer algo, algo físico que le evitara pensar.

   Se termina la cerveza y va a la cocina. Se oye un trueno lejano. Saca otra lata y da un buen trago. Quiere que la sensación de inquietud ceda con el licor. No había sido del todo… normal esa ducha. Como tampoco el estar ahí. Debió regresar, saber cómo iba la búsqueda del local, visitar a Teresita, su casi novia. Pero seguía ahí. Y le gustaba. Le encantaba ir al mar (siente que la cara le enrojece de vergüenza al admitirlo), en tanga, sentirse bello y sexy. Sintiendo la mirada admirada de Eric recorriéndolo todo, casi… palpándolo. Trabajar en la obra, sentir como lo trataban Sam y Lucas, como un colega de oficio; también era bueno estando junto a Eric, trabajar a su lado. Menea la cabeza con fuerza. No quiere seguir esa línea de pensamientos, pero debe reconocer que se siente bien, cómodo, casi alegre en compañía de Eric.

   Mientras toma un nuevo buche de cerveza, un pensamiento le llena la mente, casi impidiéndole tragar, ¿qué se sentiría ser mamado por otro hombre, ver su boca tragándose tu güevo? Con dificultad, la cerveza pasa, ya que inconscientemente la asocia con beber otras cosas. Bota aire, sintiéndose asustado, incómodo y curioso. Una vez, Hernán le contó que una noche al dejar a Lupe en su casa (la novia), fue a tomarse unas cervezas al Centro Simón Bolívar, y al salir, tarde, un carajo andaba por ahí dando y dando vueltas, mirándolo con ojos alegres, expectantes, como pidiéndole y prometiéndole cosas. El Centro era un lugar que de noche cundía de maricones. Hernán, a solas con él, le contó que comenzaron a hablar, y que el joven le hablaba de lo rico que era mamar vergas, que él lo había hecho muchas veces por ahí, a policías, marineros, guardias nacionales y gente así. A Hernán se le paró el güevo, y aunque le juró que no era de esa clase, ni maricón, confesó que le gustó la mamada que le dio el carajo. Porque se dejó. Permitió que ese tipo cubriera con su boca golosa, su miembro duro y babeante.

   Jorge siente que la piel le hormiguea, una parte de él rechaza todo eso de plano, pero otra… estaba como su tranca ahora, inquieta. ¿Se sentiría igual a cuando te la mamaba una mujer? ¿Cómo podían dos hombres meterse en una cama, piel contra piel, besándose…? Se termina la cerveza y aplasta la lata casi con rabia. Su mirada, inquieta, va hacia la puerta. Eric debía estar sobre su colchoneta… leyendo. Y la casa estaba vacía. Estaban solos. Sólo ellos dos…

……

   El regreso de Samuel Mattos a su casa, que temió se convirtiera en una pequeña y brutal batalla de los sexos, terminó en fiesta después de los gritos y lágrimas de felicidad de Linda que corrió hacia él, abrazándolo, besándolo y acunándose en sus brazos como una niña pequeña. Sam la miró con amor mientras ella le decía febril que había ido a sus terapias, al teatro con su madre, al cine con amigas, que compró ropas y cambio muebles. Mirándolo intensa, la mujer se dice que está hermoso; el bronceado lo hacía verse aún más atractivo, y el sol había clareado algo su cabello, haciéndolo ver con mechitas. Y su felicidad terrible al verlo, se eclipsa un poco, estaba muy guapo y así podía parecérselo a otras. Alguien podría intentar quitárselo.

   Sam, tal vez adivinando lo que pensaba, la alzo en brazos y la llevó a la cama. Fue un sexo bueno, salvaje y agotador. Llevaban días separados, y a Sam, fuera de Renato que lo inquietaba, no encontraba estimulante estar con otros carajos semidesnudos, conviviendo. Él amaba era esto, se dice mordiéndole un pezón a Linda, que gemía excitada y feliz.

   Rato después el hombre tomaba una ducha, pero la mujer volvió por sus fueros y allí lo atrapó, haciéndole cosas con su boca, que generalmente no hacía. Seguro estuvo pidiendo consejos de como complacer a un hombre, se dice divertido y algo  mortificado. ¡Linda era tan insegura en tantos aspectos! Terminaron haciendo el amor otra vez.

   Mucho más tarde, regresando a la tina, el agotado hombre toma un relajante baño, y piensa en todo lo que ya hizo esa tarde desde su llegada a Caracas. No era un hombre que dejara crecer la hierba bajo sus pies. Cierra los ojos, sonriendo satisfecho de lo que supo por Pedro Correa, el antiguo chofer de Norma en la casona. Era algo… sorpresivo, pero no tanto como lo hubiera sido la hipótesis de una conjura criminal con la mujer a la cabeza. Y más tarde, ella, forzada por él, tuvo que admitirlo. A él tuvo que contárselo.

   No podía evitar sentir cierta admiración por esa mujer implacable y cruel; porque Norma Cabrera de Roche era una mujer cruel. Se hunde más en la tina, sonríe burlón, ese Pedro era un caso serio… tuvo que esperar tiempo por él, frente al edificio donde vivía, aunque no estaba trabajando, ni muerto; tan sólo andaba de parranda. Y olía como quien venía de un hotel barato. Sexo, seguro que había tenido sexo.

   Pedro regresó a los apartamentos de residencias, nada del otro mundo, donde vivía, cuando notó al catirote sentado en el capote de su carro, frente al edificio, esperando. Qué carajote, se dijo, pero luego lo reconoció. Era el amigo de Eric Roche (¡ah, qué bien cogía Eric!, recordó también), el doctor Samuel Mattos. La cara abierta y franca de Pedro, deja ver mucho más de lo que quisiera y Sam notó que la sonrisa del joven vacilaba mientras fue hacia él. Lo miró con un cierto aire de superioridad, la que pone alguien como él que enfrenta al que era chofer en la casa del amigo.

   -Pedro Correa, ¿verdad? Te estaba esperando desde hace una hora. -le dijo sonriendo en forma serena. Como un buen abogado.

   -Doctor Mattos, ¿no? -le tendió una mano, sonriendo, pero en sus ojos había cautela.- ¿Qué hace por aquí?

   -Quiero preguntarte una sola cosa, Pedro. -respondió con serenidad y seguridad.- Vine a que me digas exactamente por qué fue que Norma de Roche te sacó de su casa. -lo desconcertó por lo directo del enfoque. Pedro dudó.

   -Hubo… quejas de mí. A ella no le gustaban algunas cosas mías y… -Sam botó aire ruidoso.

   -No me vengas con maricadas, Pedro. Sé que eres un bichito al que le encanta que le den por el culo. Eric me contó la pequeña aventura entre ustedes. Y no me importa. Es tu vida, y tu culo. Como es la vida de Eric. Yo lo que quiero saber es la verdadera razón del despido. Conozco a Norma, es una mujer conservadora, moralista… sí es que en alguien como ella, tan dúctil y pragmática puede usarse ese concepto. Estoy seguro que tu condición sexual podía molestarle, incomodarla, pero no llegaría a despedirte. Aún en este país alejado de la mano de Dios existen leyes contra ciertas discriminaciones y ella lo sabe bien. -lo miró a los ojos.- Por eso imagino que la verdadera razón de tu ida, fue un acuerdo entre ella y tú. Te ofreció mucha plata, otro empleo y la imposibilidad de quedarte allá. Es lo que creo que pasó, amigo. -Pedro tragó saliva.

   -Doctor Mattos…

   -Por favor, dime Sam. Creo que los dos sentimos estima por Eric, de distinta índole, pero lo apreciamos.

   -No fue muy amable la última vez que lo vi, Sam. -rezongó, sintiéndose incómodo.- Esas son cosas de la señora y…

   -Por favor, habla. No te pido que violes el cuarto secreto de la Virgen de Fátima. Sólo quiero que ayudes a Eric y a los Roche todos. Están en un buen lío, pero son tan necios y orgullosos que van a dejarse destruir sin hacer nada con tal de que nadie sepa. ¿No te parece terrible? -sonó claro y enfático. Pedro lo miraba dudando.

   -Yo… -percibía que aquel hombre decía la verdad, o cree eso; pero no quería problemas.- La señora puede llegar a ser implacable. Y no hablo de la Señora de Fátima.

   -No te preocupes. Yo me encargaré de Norma. -aseguró, mirándolo intenso a los ojos, poniendo cara de gente honesta. Un truco de abogados.

   -La señora quiso salir de mí por lo que sabía, no por lo que hacía. -lo miró fijamente.- Supe muchas cosas de ella, de ellos, de lo que tramaban, en esos días de abril. Y de antes. Yo la vi reuniéndose… -sonó tenso. Sam sintió inquietud, ¿tendría razón Eric sobre Norma y Germán después de todo? ¿Serían unos delincuentes?

   Sumergido en agua tibia y perfumada, Sam repasa todo lo que Pedro le contó. Algo que más o menos encajaba en el orden natural de las cosas que había imaginado. Eric no lo vio, cegado como estaba por el horror de sus descubrimientos. Le faltó frialdad. Echando la cabeza hacia atrás, recostándola del borde de la tina (necesitaba instalar un jacuzzi, aunque la idea de que Linda se electrocutara allí, lo frenaba, aunque también podía hacerlo en esa tina), recuerda su reciente encuentro con Norma. La mujer lo recibió muy fríamente…

   Al terminar su charla con Pedro, quien olía como a… pecado, quién sabe en que andaba, fue directamente a la casona de los Roche. Jaime lo hizo entrar rápidamente en el despachito de Norma, el lugar donde la mujer, según se decía, recibía a las amigas con las que planeaba caridad, juegos de cartas y sus tés beneficios. Él no lo creía. Norma no era de esas. Seguro que allí (sí se dedicara a eso), traficaría con armas y mercenarios. Ese pensamiento le provocó una sonrisa divertida. No reparó en la elegante mujer que entró, mirándolo altiva.

   -Te ves muy bien, Sam. El sol de la playa te ha prestado mucho. -fue suave, pero censuradora, le reprochaba dejar sus obligaciones y escapar. Sam lo entendió, y sonrió más.

   -Y deberías ver a Eric. Parece un negrito de Curiepe. -se encaminó hacia ella besándola en la fría mejilla.- Se ve fantástico.

   -No puedo entender tus ligerezas, Sam. -lo reprendió con majestad.- ¿Cómo pueden abandonarlo todo así? ¡Sobre todo él!

   -Sabes bien por qué se fue Eric. -la miró fijamente, y ella elevó el mentón.- Y yo me fui porque me arrechó el que me cercaran, minimizaran y me vieran la cara de pendejo. No sirvo para hacer comparsas, Norma. No sirvo para cabrón, me arrecho en seguida. -enfatizó.

   -Y huiste. -él elevó un dedo y puntualizó.

   -Tomé distancia para recapacitar. Lo hice y aquí estoy, de vuelta. Y no seas tan altiva conmigo, recuerda que toda esta cagada fue producto de tus maquinaciones y apetitos de poder. -la impactó feamente, y eso provocó una leve sonrisa interior en el joven.

   -Entonces, ¿compartes la creencia de Eric, de que soy una delincuente?

   -No. No al menos en lo que él cree. -sonrió del puchero molesto que hace ella.- Te conozco, Norma. Eres una mujer dura, implacable. Pero cuidas tu patronímico, tu nombre, tu casa, tus empresas. Sé que jamás te aliarías con basura como esa para hacer algo así. Creo que también tú eres víctima de una trampa.

   -Qué alivio, alguien que me cree inocente…

   -…De esto, al menos. -ella continuó, sin oírle el comentario.

   -…A diferencia de mi hijo. -Sam la encaró.

   -En eso, tú tuviste la culpa. Debiste hablarle claro y no rodearte de misterios como hiciste.

   -Samuel… -se le ve turbada.- ¿Él me odia?

   -¡Mucho! Y de poder, creo que iría contra ti.

CONTINUARÁ … 61

Julio César.

LA TALANQUERA… ¿UN ARMA DE LA OPOSICIÓN?

marzo 26, 2011

EL PAPELÓN DE LA LEY DE UNIVERSIDADES

   -Lo vamos a chinglar con tanta jaladera de bolas…

   Caí por casualidad. Venía de Globovisión y lo sintonicé sin querer (hubo un apagón y el DIRECTV volvió a su programación original, como todo el mundo, tengo la mayoría de esos canales bloqueados, o uno cae por accidente y pasa arrechera). Era el canal de la Asamblea Nacional (¡nada más y nada menos!) y aparecían dos venerables ancianos (lo parecían en un primer momento) hablando; como uno de ellos tenía un tapaboca me detuve, creí que era algo médico, tal vez un reporte sobre la AH1N1, una de las pestes bíblicas que se pasea por Venezuela. Pero no, el del tapaboca, con paso vacilante dijo que iba a revisar la estrategia, y haciendo como que se ocultaba comenzó a comerse un pan. Ahí fue cuando supe que era el programa ese, La Talanquera, y parodiaba la huelga de hambre de los estudiantes que exigían presupuesto para las universidades. La verdad es que debió ser indignante tanta bajeza, ni en Cuba que son tan miserables han llegado a esos extremos de bajeza personal. ¿Pero la verdad?, me reí. ¡Qué par de viejos más patéticos, Dios mío!

   Comentándolo luego, nadie supo decirme cómo se llamaban (Batman y su Robin no creo que sean en verdad sus nombres), nadie les ve jamás, tan sólo se refieren a ellos con un vago, y me parece que muy bien ganado (¡sus familias deben estar tan orgullosas!) “los viejos maricones esos”. Pero les juro, daba risa. Qué mal debe estar el Gobierno que recurre a esos ancianos temblorosos, llenos de machas que parecen tumorcitos, con algo de saliva siempre en las barbillas, para que salgan con esos chorros de babas. Me quedé un rato sintonizándoles porque no podía dejar de reír, además, esperaba que como los huelguistas “hacen trampa, porque ellos los han visto” ya iban a mostrar una foto o un video donde se les viera comiéndose un cachito o algo. ¡Ni eso! Nada. Ni un mal montaje. ¡Qué viejos más inútiles! Lo que explica porqué jamás llegaron a nada.

   Cuando el más repugnante de los dos (lo sé, los dos son muy parecidos, pero uno parece más vil que el otro, el más viejo, debe ser por eso mismo el más sucio), se puso de pie con paso vacilante (parecía como intoxicado) agachándose para recoger el pan detrás de una tarima, se le veía algo como el ala de un pañal desechable. ¡Y se reía! Dios mío, el pobre imbécil se reía de sus propias necedades.

   ¡Las cosas que dicen de ellos! Y de Chávez por ponerlos en ese predicamento. Aunque esta última parte la dudo; uno les oye hablar por diez minutos y se da cuenta que son dos hombre frustrados y resentidos, llegados a viejos (y descuidados, hay personas que se ven bien a esa edad, como gente, pero estos se ven como sádicos a las puertas de un colegio), sin jamás haber sobresalido (¿cómo?, con semejante mentalidad sólo sirven para comprobar si un candado está bien cerrado o una llave no gotea en un baño mientras la gente con talento ya se ha marcado a sus casas), y ahora se desquitan. Debe ser excitante para ellos. Como no hay ética, ni ley de responsabilidad para ellos, pueden dejar salir esa bajeza moral y ética que no les permitió prosperar nunca, y de la que seguro culpan a todo el mundo menos a ellos mismos.

   Si, lo confieso, me hizo mucha gracia, aunque sentí un deje de pena por ellos. Pobres viejitos seniles, ¿no hay nadie, un alma caritativa, que les diga: “bisabuelito, contrólese, no sea tan sucio por esa boca, ni se parta tanto en cámara, que para jalar bola no hace falta llegar a esos extremos tan extremos”?

   Aunque ya hay quienes sostienen, Cicerón, que esos dos están en la jugada del chavismo sin Chávez, esa cofradía que busca salir del líder extraviado para ver si no terminan todos perdiendo la cabeza en los tribunales internacionales. Aparentemente la jugada es hacerle creer a Chávez que todo está bien, que esos huelguistas no están haciendo huelga un carajo y que no les va a pasar nada (y el Presidente hace tanto que se desconectó de la realidad que a lo mejor se lo cree), para que cuando alguno muera se arme la de Egipto y Libia. Saben que no será únicamente a la ministro de Educación a la que se le acusará de asesinato, sino a su jefe inmediato, el que no la deja hacer o resolver nada.

MARCIANO Y LA DEFENSA DE LA FISCAL GENERAL

Julio César.

NOTA: Y lo del presupuesto para las universidades es tan serio que en la misma Central (UCV), cuyo sindicato obrero es chavista, estos cerraron los portones exigiendo sus reales, ya no creen en el cuento de que el Contralor General de la República, Russián, y la rectora se roban los recursos y lo maquillan cuando el Contralor audita las casas de estudio, como en efecto las audita. Ahora unen sus voces a la de la rectora Cecilia García Arocha que lleva tiempo exigiendo eso mismo (debe darles tanta vergüenza comprobar que fueron tontos útiles), igual que los estudiantes en huelga de hambre. Saben estos obreros que Chávez todo los años aumenta la partida de gastos para sus ropas, comidas y viajes mientras a ellos sólo le dan muela. Pero, en cierta forma, se lo tienen bien merecido, el Gobierno lleva doce año, ¿qué alguien se deje engañar todavía? Sólo pendejos. Y el destino del pendejo es ese, ser usado, abusado y luego botado como ropa fea y barata. Como dicen por ahí, sarna con gusto no debería picar.

LUCHAS GAY

marzo 26, 2011

DOS MUNDOS

   Muerde, pero no clava los dientes. Se nota porque el otro abre las piernas y parece concentrado en… comprender lo que ocurre.

AL CALOR DEL MOMENTO

Julio César.

MUERTO DE LA RISA

marzo 26, 2011

DOS MUNDOS

   …Porque creía que era la novia. ¡Las cosas que pasan en las excursiones con gente tan juguetona!

LUCHAS GAY

Julio César.

INOCENTE

marzo 20, 2011

BICIMAN

   El pobre cree que le miran los bíceps.

MUESTRA

Julio César.

JENSEN Y JARED, TAN SÓLO UNA NOCHE… 6

marzo 20, 2011

JENSEN Y JARED, TAN SÓLO UNA NOCHE                         … 5

   Me gusta presentar en estas páginas trabajos que NO SON MÍOS, como este, porque es fácil. Ya están pensados y sólo hay que subirlos. Pero en los casos donde no hay una traducción real, me toca bregar duro con el Google. Y sospecho que no quedan igual.

   Este relato es bueno, aunque más que uno de realidad alterna, es ciencia ficción. Ya sabrán por qué. Llevado por un gran estrés, un hombre conoce a otro y terminan en una cama. Será algo de una noche, piensa, se marchará con la mañana y la vida seguirá su camino. Qué equivocado está. Comienza lento, pero más adelante resulta ameno. Disfrútenlo.

……

LARGA Y ARDIENTE ESPERA

By Marriangelic.

Jared/Jensen

CN-17

   La Land Rover se detiene bruscamente al lado de la vieja camioneta. Jared, que se había tranquilizado un poco tras la charla con Chad, recupera su mala leche. Dios, ¡odia tanto a Jeff Dean Morgan! ¿Cómo se atrevía ese gusano a vender La Marqueseña sin comunicárselo? ¿Acaso creía realmente que era suya toda esa tierra?

   Con rostro congestionado de rabia, una que ahora siempre estaba allí, se dirige a la vieja vivienda. Chad exhala ruidosamente, rascándose las desordenadas mechas amarillas que tiene por cabello. Tirar, a Jared le hacía falta una buena tanda de sexo rico y caliente con una, o varias nenas. Esa amargura que mostraba en los últimos tiempo sólo podía deberse a una mala cama. A una pésima cama, a decir verdad.

   -¡Buenas! –grita el castaño deteniéndose frente a la fea puerta de madera.- ¡Buenas! -repite cuando transcurren los segundos sin que ocurra nada. Aprieta las mandíbulas, la camioneta está ahí, la puerta esta cerrada por dentro, no con el enorme candado por fuera, oye un apagado chirrido que parece una radio.- ¡Buenas! –grita con más fuerzas mientras comienza a llamar a la puerta.

   ¡Qué…! ¡Mierda!, jadea Jensen sobre la cama. Le cuesta abandonar el sopor cálido, uno que le había apartado por un momento de los dolores y calambres que recorrían su cuerpo. Oye la airada voz que llama, nota los fuertes golpes ahora contra la puerta que resiste estoicamente la golpiza. Intenta sentarse, cabreado por esa manera de llamar, pero una ola dolorosa lo recorre de pies a cabeza, dejándole sin aliento, obligándole a dejar caer la cabeza nuevamente sobre las almohadas.

   Ahora los golpes son de campeonato.

   -¡Dejen de aporrear la puta puerta! -grita, exasperado entre el dolor y la intrusión que había terminado con esa corta calma entre pesares.

   -¡Abra! Necesitamos hablar.

   -Yo… no puedo en estos momentos. –replica, contrayéndosele el rostro con un espasmo doloroso.- ¿Quién es y qué carajo quiere?

   -¡Soy el dueño de estas tierras! –¿Qué? Se desconcierta el rubio, antes de recordar lo que Jeff le contó de la disputa por la propiedad.

   -Lo siento, está equivocado. Estas tierra y esta casa son mías, váyase.

   -¡No! –escucha el estallido de rabia y le embestida contra la puerta. Desde la cama el rubio mira hacia ella, ¿acaso intentaba derribarla?- Estas tierras no son de Morgan. Ni tuyas. Él no podía venderlas. –y golpea otra vez. Jensen, ya saltado todos los tapones, toma asiento sobre el colchón. Tal vez demasiado rápido, le duele tanto que casi grita.

   -Por Dios, ¿quieres irte al carajo y dejar de joder? –es lo único que deja escapar de sus labios, tragándose el jadeo.

   Del otro lado, Jared enrojece violentamente de rabia. Pero ¿qué se creía ese desgraciado?

   Desde la camioneta, abriendo su portezuela, Chad voltea los ojos cuando le ve echar el cuerpo hacia atrás, el rostro amarrado, realmente furioso. Jared iba a derribar la puerta e irrumpir en esa casa como un gorila bajando de un árbol furioso por un dolor de muelas, y quien quiera que estuviera dentro de la casa iba a lamentarlo.

   Le toma dos segundos bajar, extender el brazo para tomar algo y llegar junto a Jared, atrapándole por un hombro cuando ya el más alto parecía a punto de embestir contra la vieja puerta de madera. Jared le mira furioso.

   -¿Qué haces, Chad?

   -Inténtalo con esto. –Chad le mira fijamente a los ojos, mostrándole una pequeña mandarria.- También te servirá para hacerte cargo del tal Collins.

   -¡Cara de culo! –es todo lo que expresa, furioso y frustrado. En verdad estuvo a punto de derribar esa puerta y atrapar a quien fuera, por el cuello. Mira hacia la mal pintada puerta y grita.- Debemos hablar. –insiste aún.

   -Lárgate, coño. –es la réplica ronca y baja.

   Oh, Dios, no fue su culpa, señor juez, si terminó convertido en asesino. ¡Ese tipo…!

   -¡Jared! –Chad ya suena aburrido y rueda los ojos.

   -Bien. –le ruge el más alto, luego da un último puñetazo a la puerta mientras grita.- Esto no se quedará así.

   -Claro que no, seguro tengo que salir a alinear la maldita puerta. –es la ahogada respuesta.

   Y Chad casi debe arrojarse sobre Jared para contenerle y llevarle de vuelta al auto. Y en todo el trayecto, el más alto maldice y ruge con ese vozarrón que tiene.

   Mierda, ¿por qué todo le salía mal ese día?, se preguntó mientras entra en la Land Rover y cierra casi volcando de lado la camioneta. La manera en que arranca, levantando polvo y tierra que llegará hasta la atmosfera más alta, es indicativo de su furia contra ese sujeto a quien todavía ni conoce.

……

   Terminando de ponerse de pie, un colérico Jensen mira hacia la puerta, sobresaltando por el chillido del auto alejándose. ¡Cara de culo!, le dedica con verdadero disgusto al otro sujeto, ese de quien sabe únicamente que es el vecino más cerca de la propiedad. Jeff se lo había contado todo. Aparentemente el abuelo del sujeto, un tipo con un apellido que ya no recuerda bien, cree que Kammer, en una apuesta de cartas con el padre de Jeff, había perdido las tierras. El anciano las entregó pero luego el hijo y más tarde el nieto, desconocieron la apuesta. Eso no había obligado a lo Morgan a devolverla, aunque sabía que el nieto finalmente había recurrido a los tribunales.

   -Si alguien te pregunta quién eres, dí que el nuevo dueño. Que te vendí todo. –rió el apuesto hombre, ojos brillantes de malicia.- Me encantaría verle la cara al muchacho ese cuando se entere.

   Como era su amigo, y le estaba prestando lo que creyó sería una rustica y apartada casita de campo (no una choza impactada por rayos y meteoritos), Jensen había accedido. Ahora se arrepiente. Ese tipo parecía de armas tomar. Saca de un morral una botellita de agua y bebé copiosamente. ¡Qué calor hacía! Busca el teléfono móvil para ver la hora y le disgusta verlo apagado. Las baterías. Rebusca y encuentra el cargador, antes de recordar que no hay electricidad.

   Aunque todavía le duele todo el cuerpo, Jensen ya espabilado, sabiendo que le costaría recuperar el agradable e indoloros duermevela que tuvo antes de la llegada del vecino (¡muchas gracias!), se decide por revisar el cableado. Le lleva un rato revisar toma corrientes y enchufes, incluso bajó los bombillos, pero el problema de electricidad no parecía ser interno. Sale de la vivienda, a paso lento, camina siguiendo el tendido eléctrico y maldice con desaliento. Estaba desconectado del transformador. Y el poste era bastante alto. Su ceño se frunce de manera espectacular. No podía pasar la noche a oscuras y sin teléfono. Morgan le había hablado de un generador portátil. Lo encuentra detrás de la casa, casi a la salida de la cocina. Lo revisa, le da desconfianza que se vea tan viejo, pero lo prueba, enciende y sonríe, para terminar con una mueca cuando se apaga. Diablos, le falta combustible.

   Sabiendo que es una tontería dada su suerte últimamente, toma un sifón para unos ocho o diez galones. No le cuesta nada. Está vacío. Deja salir una exhalación que suena a maldición. Botando aire lo carga hasta la camioneta, cierra la vivienda con el candado externo y va rezando mientras sube al vehiculo. Uno que no enciende… Prueba y prueba, con animosos “vamos nena, no dejes botado a papi”, pero nada. Al final, rojo de cara, le grita un final “muérete, pedazo de mierda inservible”. Baja sintiéndose frustrado y solitario, casi abandonado a su suerte. Por un momento piensa en regresar a la casucha, tenderse en la cama y dormir hasta el otro día. Pero no puede. En su condición no puede arriesgarse a que algo ocurra durante la noche y no pueda avisarle a nadie. Tomando el sifón y aspirando aire, se dice que al menos si muere, alguien le encontrará, ese vecino que no conoce y ya le odia.

   ¡Gracias, Jeff Dean Morgan!

……

   Nada más regresar a su rancho, una bonita construcción de dos plantas, llena de detalles un tanto crudos y masculinos, Jared Padalecki se encerró en su despacho, no tanto porque deseara revisar el informe presentado por su contadora, Samantha Smith (había algo maternal en la mujer que le encantaba), para el fisco (¡esos hijos de perra!), sino para no encontrarse con nadie. Regresar de La Marqueseña había sido realmente desagradable (le dolían las mandíbulas de tanto chocar los dientes con chirridos audibles), y la manifiesta incomodidad de Chad, quien nada más llegar tomó una ducha que duró menos de cinco minutos y se fue rumbo a San Antonio, a parrandear sin él. Sabía el rubio que no convencería a su amigo de salir de juerga, no con el mal genio con el que regresó.

   A Jared le gusta su despacho. Es una habitación amplia, con bonitos libros forrados en cuero, algunos de los cales había manoseado alguna vez. Amplios ventanales que mantenía abiertos (oír las faenas del rancho le calmaba los nervios que últimamente siempre tenía a flor de piel), brindaban una buena iluminación. Su escritorio era de madera oscura y gruesa. Sobre la misma algunas fotografías familiares le sonríen y le hace sentir menos mal. Bota aire diciéndose que era una pena que Megan se hubiera llevado a Sadie y Harley. Sus niños siempre le brindaban consuelo. Como necesitaba en esos momentos.

   Sabe que exagera la rabia que siente contra el nuevo y desconocido dueño de La Marqueseña, que la venta sería investigada a fondo cuando llevara al pillo de Morgan a los tribunales, sin embargo…

   Arroja lejos un lapicero que mordisqueaba, echándose hacia atrás, tomando aire ruidosamente por la boca. Tenía que calmarse. No era la cerca. No se trataba de Morgan, La Marqueseña o ese tipo. Era… ¡era un idiota!, eso era lo que era. Todavía recordaba y suspiraba, cuando se dejaba llevar, con algo que sólo existió en su mente. Le distrae oír unas voces sosegadas fuera de la ventana. Bota aire, seguramente alguna tontería. Hoy todo el mundo parecía propenso a ellas, incluyéndole a él. Llaman a su puerta, esta se abre y el rostro del viejo Jim Beaver, el capataz, se asoma.

   -Jared, muchacho… -parece algo cortado.- Un vecino necesita ayuda y pensé que… -Jared vuelve la mirada a las cifras.

   -Jim, para ayudar a alguien no necesitas que yo…

   -Es un tal señor Collins, creo que el nuevo dueño de La Marqueseña.

   -¿Cómo? –se pone de pie, recorrido por la rabia, pero se controla.- ¿Viene a pedir un favor? Es curioso, parecía muy ocupado hace cuarenta minutos, tanto que no podía recibirme. ¿Qué quiere? –ladra, tomando asiento. No era bueno salir en esos momentos.

   -La Marqueseña está sin electricidad. Está el generador pero no tiene combustible.

   -¡No tenemos!

   -Jared…

   -¡No! –estalla.

   Jim parece que va a agregar algo más, mirándole molesto, pero Jared compone un puchero de desafío. El hombre sale y regresa casi en seguida, viéndose más mortificado todavía, su rostro es de un alarmante color rojo.

   -¿Qué?

   -Pregunta… si podemos acercarle a San Antonio. Parece que su camioneta sufrió una avería y… -toma aire.- Jared, creo que deberíamos ayudarle. No es sólo un forastero recién llegado en problemas, alguien que no está acostumbrado a estas distancias y al calor, sino que parece algo adolorido por…

   -No. No podemos llevarle y no, no hay combustible.

   -¡Jared, necesita ayuda! –se molesta.

   -Dijiste que la cerca estaría terminada para esta tarde pero no has estado supervisando y yo tuve que hablar con los hombres.

   -Si, sé lo que les dijiste y fue innecesario. Vives molesto y…

   -Déjame en paz, Jim. Supervisa que terminen ese trabajo y deja que el señor Collins-estoy-muy-ocupado-y-soy-el-nuevo-dueño resuelva sus asuntos, como tú deberías ocuparte de los tuyos.

   -¡Bastado! –se le escapa, y no parece arrepentido.- No sé qué te está pasando, pero estás mal.

   -Tengo mucho trabajo y nadie me colabora como debería. –reprocha bajando la mirada a los números.

……

   Maldiciendo por lo bajo, Jim Beaver sale al sol, entendiendo por el rostro enrojecido y contraído por la furia, aunque contenido, que aquel hombre había escuchado bastante. Jared no se cuidó a pesar de los ventanales abiertos. Le molesta que un muchacho tan buena gente y de gran corazón como Jared se comportara de esa forma tan horrible.

   -Lo siento, señor Collins, yo…

   -No se preocupe. Escuché todo. Gracias por intentarlo. –toma nuevamente el sifón, comenzando a alejarse. Se detiene sintiéndose tonto.- Saliendo por esa carretera, ¿en qué dirección está San Antonio?

   -Por allá, como a… -Jim brama.- Espere, iré por la camioneta y…

   -No, no quiero crearle problemas… ni deseo ya ayuda de esta casa. Estaré bien. –se las arregla para sonreír.- Creo que me servirá de ejercicio, e imagino que será una carretera transitada. Alguien se detendrá.

   Y aunque Jim insiste en socorrerle a pesar de Jared, Jensen, terco, se aleja mientras se despide. Maldito hijo de puta, piensa el rubio, lanzando todavía una mirada hacia esos ventanales de donde partió la desagradable voz.

……

   Jared intenta llevar algunas sumas… pero no puede. Mira y mira las cifras pero no puede concentrarse. Lanzando un seco maldita sea, cierra la carpeta y mira hacia una de las ventana. Luego al hermoso reloj de pared (bueno, le parece hermoso sólo a él, el enorme gato sonriente que movía la cola a forma de péndulo no agradaba a nadie, ni a Chad que tenía el peor gusto del mundo). Han transcurrido casi veinte minutos desde que el tal Collins vino en busca de ayuda. Veinte minutos desde que le negó auxilio a alguien que no conocía y contra quien no tenía nada como no fuera la herencia de una vieja pelea. Bueno, y el que no le abrió la puerta cuando intentó hablar con él (gritándole y golpeando la puerta como un salvaje, pero no quiere recordarlo así). Y ahora que lo piensa, tal vez había una buena razón para que no abriera. Jim había insinuado que parecía enfermo. ¡Mierda!

   Ahora siente culpa. Se pone de pie, se frota el cuello. Se siente fatal. Como un grandísimo hijo de puta. Dios, qué dirían sus padres sí…

   Sale, el sol de las dos de la tarde no es el mejor para echarse a caminar si uno se sentía mal. Busca a Jim con la mirada, pero (sintiéndose peor) recuerda que lo envió a supervisar lo de la cerca. Y de muy malos modos. Genial, ahora también tendría que disculparse con el viejo capataz. Piensa en llamarle y que envíe a alguien por si el tipo todavía andaba por ahí. Pero le parece terrible, es como revivir su falta. Meneando la cabeza, sintiéndose un completo imbécil, sube a la Land Rover y parte. Y vuelve a estar furioso. Consigo mismo por lo que hizo, con ese sujeto, con Morgan, con la vida. Con todos. Los nombra a todos mientras toma la carretera, pero obviando un nombre que jamás ha pronunciado otra vez en voz alta.

   El sol sabe lo que hace. El asfalto frente a él baila un poco con el vaho. No ve al sujeto a lo largo de la larga y solitaria carretera. Tal vez alguien le recogió. O regresó a La Marqueseña. Podría ser. Sin embargo continúa un poco más y casi lo pasa por alto. Bajo un viejo anacua, a unos cuarenta metros de la vía, sentado a la poca sombra sobre lo que parece un tronco caído, se encuentra alguien, respirando pesadamente. Se detiene, baja y su mirada recae sobre el sifón caído. Mira al sujeto que está medio de espaldas, respirando con ansiedad, casi con esfuerzo. Y Jared siente una punzada horrible de remordimientos.

   Jensen no pudo avanzar mucho. Fue una locura intentar el viaje, debió saberlo, pero se había enfurecido tanto con el fulano del rancho que se cegó. Menos mal que encontró ese viejo árbol, y el tronco caído, o habría tenido que echarse en la arena. O sobre el asfalto. El dolor era terrible.

   -¿Se encuentra bien, amigo? –preguntan a sus espaldas.

   Tan ido estaba que no oyó la camioneta, aunque se había prometido estar atento. Se vuelve, rojo de cara, ojos empañados, transpirado, labios entre abiertos, y Jared siente que la tierra se hunde bajo sus pies mientras gira y gira. Por un segundo cree que se engaña.

   -¿Jensen? –grazna, incapaz de apartar sus ojos de él, imposibilitado hasta de parpadear.

   ¡Jensen! Jensen Ackles estaba ahí. En San Antonio. ¡¡¡Embarazado!!! Muy, muy, muy embarazado.

CONTINÚA … 7

Julio César.

¿CONTROLARÁ ISRAEL A LIBIA?

marzo 20, 2011

NCIS… ¿NOS TRAERÁ ROMANCE?

   En este mundo de locura hay dos cosas que no se entendían en lo referente al padecimiento del pueblo libio a manos del Carnicero de Trípoli. Uno es que algunos aberrados, fuera de Libia, le apoyaran y justificaran. Lo otro era la inacción del mundo, comenzando por la ONU y la Comunidad Europea (más cercanos geográficamente al problema), la Liga Árabe y Estados Unidos. La Liga tiene sus propios problemas, el pedir intervención internacional no debe ser fácil para ellos, cultural y políticamente hablando, pero la demencia de Gaddafi, sólo superada por su sed de sangre, ya rebosó la paciencia hasta de esa gente.

   En cuanto al primer punto, los que apoyan al Carnicero, algunos lo hacen por la vieja maña de cobrar para ello, hay que recordar a los “intelectuales” europeos en las nóminas de China y Rusia, puestos ahí para despedazar a quienes escapaban y relataban el horror bajo el comunismo; los otros son almas extraviadas, esos no cobran, aborrecen a Occidente de gratis (Dios, qué perdida de tiempo). Gente que en su odio irracional a Estados Unidos (hay un leve olor a envidia en tanto rencor), ríen con histeria cuando el asesino se sostiene un día más en el poder desafiando a Occidente.

   En lo referente a la inacción del mundo, tampoco es nuevo. Los políticos hacen cálculos a espaldas del sentir de sus gobernados. Puede que en Italia y España, italianos y españoles, griten de rabia contra esos crímenes, pero sus gobiernos sacan otras cuentas. Y son simples, Rafael Poleo siempre lo cita: los países no tiene amigos sino intereses. Y es aquí donde entra en juego el título de la presente nota: Israel en Libia a punto de coronar su mayor éxito.

   La falta de decisión, de valentía de Occidente para encarar al monstruo de Libia, no es tomado por muchos como una muestra más de esa diplomacia incompetente y estúpida que mete a Cuba a presidir organismos de Derechos Humanos, o que no ven asesinatos de disidentes o la politización de la justicia utilizada contra un pueblo que pide y exige libertad de conciencia. No, tras todo esto se ve algo más siniestro: la avanzada de los imperios. Cuando Estados Unidos, Francia e Inglaterra logran imponer su tesis contra Gaddafi en la ONU, Rusia y China se abstienen. No se oponen, lo que habría impedido la medida. Tan sólo callan. Y es ahí el quid de la cuestión. A Gaddafi se le ha permitido sobrevivir todo este tiempo, porque convenía a Occidente. O más específicamente a los traficantes del poder occidental.

   La tesis absurda de que Israel, los judíos, los sionistas, manejan la política norteamericana y la usan como brazo armado en el Oriente Medio, encuentra eco en muchas partes. En Libia estallan unas protestas y Gaddafi las quiere ahogar en sangre. Los alzados quieren resolver ellos mismos sus asuntos, sin tropas internacionales y enfrentan a los tarifados que gritan son maniobras extranjeras cuando lo que quieren es sacudirse a un tirano que lleva más de cuarenta años sometiéndolos. Resisten con gallardía, pero fusiles no pueden con tanques y aviones; cuando es evidente la demencia de Gaddafi, la gente en todas partes grita indignada… pero los gobiernos, la Comunidad y la Liga nada hacen… porque están ganando tiempo para que la fruta madure y caiga sola.

   Dan tiempo a que Gaddafi sea tan odiado por sus crímenes, todos de lesa humanidad, que cualquier intervención militar de fuerzas extranjeras sea no sólo justificada sino exigida por quienes miran horrorizados tal carnicería… y al mismo tiempo se obliga a los alzados, a esa gente valiente que se lanzó a las calles a pedir cambio, a pactar con los “liberadores”. Hoy piden ayuda, los están asesinando… hoy los libios tienen la vista es puesta en Occidente, esperando por aviones y barcos que ayuden. Fuera de las mariqueritas de la diplomacia y el lenguaje de la comunidad internacional, la vista está puesta en Estados Unidos, que vayan los americanos. Y ellos irán. Y se les ayudará, qué dudas caben, pero a un precio. Ahora se les deberá como a libertadores.

   Esa es la tesis de la conjura movida por los sionistas norteamericanos: la crisis se dejó llegar para que Estados Unidos debiera intervenir, por exigencia de un mundo asqueado por la masacre del pueblo libio, y una vez allí iniciar un protectorado. Ya la señora Clinton, hábil y carismática aliada del sionismo internacional, está en El Cairo ofreciendo ayuda y asistencia, y es muy posible que se logre un estado Pro Occidente, como el de antes pero legalizado con elecciones reales; total, del otro lado están los aberrados santones del terrorismo, que tienen plata y privilegios, pero mandan a los pendejos a matarse con una bomba al cuello. Ni bobos que fueran los egipcios para salir de un presidente vitalicio para caer en la órbita de la pila de vividores esa.

   Se supone que en su jugada para el Oriente Medio, una vez estabilizado Egipto, intervenida Libia donde un loco mata gente a diestra y siniestra, Israel pondrá en la mira a Irán. E irán sabe que un triunfo popular en Libia, aunque diga aprobarlo, tan sólo envalentonará a los grupos propios que ya no se calan a la casta retrógrada y metastásica de los santones. Y lo peor que podría ocurrirle al Líbano, Siria y la misma Palestina, donde se asientan grupos que han hecho del odio y la violencia la única forma de vida, es que ocurra un real reparto de riquezas y oportunidades en Egipto y Libia, que sus jóvenes tengan futuro y sean libres de decidir cómo quieren vivir, porque ¿quién continuará apostando por los hacedores de la violencia y la miseria si se puede vivir moderadamente bien? Y mientras todo esto ocurre, las torres de metal continuaran extrayendo el petróleo, manejadas por ciertas y determinadas compañías que se frotarán las manos satisfechas. Bueno, aunque rapaces y crueles, siempre serán preferible a los dictadores pedestres y dementes, con estos sólo ellos viven bien y para nadie más alcanza. Ahí está el chavismo.

   La pregunta es, ¿qué tajada se llevarán Rusia y China? Los imperios son así, parecen pelear a vista del pueblo, pero en secreto se dan la mano y se besan, excitados por las ganancias. Es como una vez dijo Rafael Poleo, al que siempre cito, el imperio norteamericano, por ejemplo, sí existe y sí es bien maluco. Existe y triunfa porque tiene la capacidad para hacerlo, la inteligencia y los recursos; del otro lado sólo quedan quienes les odian, quedando mal parados a ojos de todo el mundo mientras glorifican la locura de Muammar Gaddafi y aplauden sus matanzas, también están los gobiernos en salsa como pichones de dictaduras, y esa vieja y envidiosa rama de la izquierda, la autonombrada intelectualidad, desfasados y perdidos en el túnel tiempo (¿saben que sí fue cierto que un grupo de estos boicoteó y censuró a Mario Vargas Llosa en la Argentina por sus creencias políticas?, aunque en este caso creo que fue más envidia por la capacidad del otro, tanto en la oratoria y hasta literariamente hablando; debe ser tan triste ser un intelectual y que nadie sepa un carajo de ti).

EN TELEVEN SE PONEN LAS PILAS

Julio César.

NOTA: Imagino que saben que nada de esto es cierto. O no totalmente serio. No creo que Occidente halla estado alargando el asunto para sacar provecho (todo el mundo se habría dado cuenta, comenzando por quienes les odian, ¿no, Crisol del tiempo?); pero si creo que al final la gente pedirá a grito que el demente Carnicero de Trípoli sea detenido, desarmado, encerrado y juzgado. Con todos sus colaboradores. Y el mundo respirará aliviado cuando ocurra. ¡Si ya hasta la Liga Árabe lo pide!

   Lo de la conspiración judía también es tontería, lo usé de título para molestar a tantos que ven en este pueblo un grupo de súper genios perversos, muy inteligentes, siempre a punto de tomar el control del mundo. Aunque sí fuera verdad que están tras el plan a largo plazo para apoderarse de los recursos del Oriente Medio y salir de los gobiernos satélites del terrorismo islámico, habría que quitarse el sombrero frente a los judíos. Serían tan hábiles que lograron que incluso aquellos que los odian, trabajaran a su favor, cuando reían, glorificaban y esperaban que se prolongara la matanza ordenada por Gaddafi, felices de que resistiera otro día, creyendo que le hacían daño a Estados Unidos y a Israel, cuando, desde el principio, ese era el plan. Ah, gente para malvada.

LO MEJOR DE DOS MUNDOS

marzo 20, 2011

 DESAFIANTE

   Lo peor, o mejor, que puede pasarle a un carajo es que su mujer le engañe con un gañan. Se meten en todas partes sin pedir permiso.

Julio César.

MUERTO DE LA RISA

UN VECINO LO CONVIERTE EN SU PERRA… 4

marzo 17, 2011

 …LO CONVIERTE EN SU PERRA                           … 3

   Este relato, que NO ES MIO, enviado por un amigo, estaba en ingles. El Google lo traduce, pero raro, así que seguramente perderá algo de su esencia mientras lo transcribo. La historia es buena. Encontramos a un treintón formal, casado, prudente y discreto, quien de pronto es abordado por un joven vecino que lo transforma en su puta. Disfrútenlo:

……

El nacimiento de una nueva parte Sissy

Por DarkPrince67 (también conocido como AltErik)

EL NACIMIENTO DE UNA PERRA

   Usarla le calentaba…

……

   -Ah, ya veo… -gimió bombeando aún sobre mí su verga.- Te gusta sucio, ¿no? Mira como tienes tu clítoris, tan duro y palpitante. Te encanta sentirte cubierto con la leche de un hombre, ¿verdad? Si, todas ustedes sueñan con eso.

   Sin poder evitarlo asentí. Era cierto, y mi verga (o mi clítoris), se estremecía con cada pulsación de mi corazón. Bajé una mano para tocármelo. Necesitaba correrme o me reventaría. Pero él me atrapó de las muñecas tirando de mis manos por encima de mi cabeza.

   -No puedes jugar con tu clítoris. Te quiero así como estás, perra. Toda caliente.

   -Oh, por favor, déjame correrme. –lloriqueé.

   Le suplicaba con urgencia. Una parte de mi mente estaba horrorizada por aquello que salía de mi boca. ¿Cómo pude llegar a esta situación? Apenas una hora antes estaba jugando al tenis con este hombre al que nunca había tratado, y ahora estaba de espaldas en el piso de su casa, los pantalones en los tobillos, con su semen fresco secándose en mi cara, rogándole como si fuera mi amo. ¡Y me había encantado! Y de cierta manera me encantó el que no me dejara terminar, eso me hacía sentir que este calor de lujuria que ahora me quemaba duraría y duraría. Todo mi cuerpo hormigueaba, sintiéndome vivo como nunca antes en mi vida. En ese momento supe que haría cualquier cosa que él me ordenara. Su verga flácida colgaba ahí, por encima de mi rostro, aún mojada de semen y mi saliva. Y yo tan sólo deseaba que él me permitiera mamársela otra vez y que me bañara nuevamente con su esperma caliente.

   -Te quedarás aquí y no te moverás. –me ordena.- ¿Está claro?

   -Si. –asentí con la cabeza. Me miraba fijamente. Serio. Y enrojecí.- Si, señor.

   -Muy bien… Erica. Aprendes rápido. –sonrío complacido mientras se ponía de pie. Sentí mi piel arder al oírme llamar por ese nombre.

   Respirando pesadamente, cerré los ojos intentando controlarme. Pero quería más. Deseaba ser humillado y sometido por él. A él. ¿A dónde habría ido?, me pregunté.

   No podía sospechar que había ido por las prendas que terminarían por transformarme en su muy caliente y deseosa perra…

   Jeff se ausentó por tan sólo unos minutos, cuando regresó traía algo de ropa en sus manos. Me puse de pie, expectante.

   -Quítatelo todo. Zapatos y calcetines incluidos. –me ordenó, tomando entre sus dedos algo que parecía una pantymedia a medio muslo, de naturaleza sedosa.- Póntelo…

   -Pero… -temblé, totalmente desnudo ya, pero todavía resistiéndome un poco.

   -¡Vamos! –ordena, sonriendo luego.- Sabes que te mueres por usarlo.

   Con manos temblorosas tomé la fina prenda, metiendo mis piernas dentro de ella, estremeciéndome mientras me acariciaba al subirla y acomodarla sobre mis muslos, caderas, pelvis y nalgas. Mi verga endureció inmediatamente, y sentirla apretada y frotada por esa tela parecía excitarme cada vez que me rozaba al hacer el mejor movimiento.

   Tomando unas tijeras, Jeff cortó un pequeño redondel al frente de la tela, obligándome a dejar fuera mi verga erecta y mis bolas. Pareció complacido.

   -Ahora bien, Erica, debes usar esta prenda todos los días, cuando vayas al trabajo o cuando salgas con compañeros de trabajo… Cuando yo te autorice a ello, claro. –aclara.- No puedes quitártelo hasta que vayas a la cama.

   Ahora entre sus dedos, tomándolo por sus tirantes, se veía un pequeño bikini negro, una pantaleta de nylon, sensual y putona. Sus ojos brillaban mientras veía de la pantaleta a mí, y note que sus manos temblaban un poco cuando lo acercó a mis caderas, como comprobando cómo me quedaría.

   Mi verga temblaba obscenamente al frente, y más cuando la suave pantaleta tipo bikini la rozó, pero no podía prestarle realmente atención. Mis manos recorrían la suave pantymedia casi con obsesión. Sentía mi piel erizase bajo el toque de mis manos sobre la tela. Pero había algo que me molestaba, y cuando le miré, supe que me adivinó.

   -No te sientes lista todavía, ¿verdad, putica? Toma… -me tendió una botellita de algo, era una crema depiladota, y mientras señalaba hacia el cuarto de baño, me ordenó.- Tienes veinte minutos para deshacerte de todos esos pelos de hombre. No tienes derecho a llevarlos, ya no eres uno de nosotros. No quiero ver nada de ellos del cuello para abajo, ¿está claro?

   -¿Depilarme todo? Pero, ¿qué le diré a Laura…?

   El bofetón no fue fuerte, pero sí consistente. La mejilla me hormigueó y mi verga sufrió un espasmo.

   -¡Depílate! ¡Toda! También aplícate un enema. Encontrarás todo dispuesto bajo el lavamanos.

   Quise resistir, decir algo. Pero vi el brillo perverso de sus ojos. Me calibraba. ¿Resistiría como hombre y me marcharía? ¿O me sometería… en la esperanza de ser sometido por un macho?

   -Si… si, señor. –respondí mansamente, tomando la botella depiladota.

   -Ya sabes, depílate y usa el enema. Tienes dieciocho minutos ya. Cuando estés listo podrás usar esta pantaletica que te tiene tan caliente. Antes no.

   -Si, señor. –repetí mientras iba al cuarto de baño.

   Salí del mismo diecisiete minutos más tarde. Era tan extraño, no podía dejar de pasar las manos sobre mi cuerpo sin pelos. En especial sobre la pantymedia que volví a ponerme. Él no quería verme sin ella. ¡Y estaba totalmente erecto otra vez!

   Sentado en su silla, Jeff, todavía desnudo, miraba las imágenes en su computadora. Sin levantar la vista se medio volvió en su silla.

   -Acércate, Erica. –me ordenó. Y claro que fui.- De rodillas, como una buena perra. –seguí sus instrucciones.

   Me fijé en lo que hacía. Jeff continuaba su paseo a través de las imágenes, y estas eran asombrosamente obscenas. Hermosos travestis atados, sometidos, con sus bocas y culos muy bien taponeados con güevos largos y gruesos, mientras parecían gozar de lo lindo. Mi respiración se iba espesando mientras las imágenes se sucedían, hasta que llegó a una que me hizo temblar todo. Un chico travesti, parecía un joven escolar, colgaba del aire suspendido en algún tipo de arnés. Su pequeña pero erecta verga colgaba fuera de una tanga roja de mujer, sus senos grandes también colgaban de una manera seductora. Detrás, un muy bien constituido semental, negro como la noche, le clavaba un muy grueso güevo en su pequeño y rojo culo, mientras otro sujeto, también negro, le llenaba la boca con un buen pedazo de verga. Era una imagen tan caliente que creo que comencé a sudar.

   -Apuesto que te encantaría ser tú el que estuviera suspendido en el arnés, ¿verdad? –ronroneó Jeff, mientras una de sus manos bajaba por mi espalda, cálida y fuerte, haciéndome estremecer otra vez, antes de caer sobre mis nalgas, apretando y sobando, reclamando lo que era suyo.- Aquí hay otra imagen de la misma serie. –en esa había un tercer hombre, de rodillas debajo del transexual, con los brazos rodeándole la cintura, tragándose con hambre el erecto güevo del muchacho.

   -Ahhh… -debí tragar saliva.

   -Te encantaría cambiar de lugar con el travesti, ¿cierto? Respóndeme, erica.

   -Si, me encantaría. –respondí casi en sueños.

   Jeff, metiendo su mano dentro de la pantymedia, pasaba su mano grande sobre mis nalgas, dirigiendo la punta de sus dedos a la raja entre ellas. Dios, se sentía tan bien sentir esos dedos deslizándose arriba y abajo dentro de mi raja, rozado con sus dedos la entrada de mi culo, que sin ser plenamente conciente de ello comencé a mecer de adelante atrás mi culo. En el monitor se sucedían las escenas del transexual joven colgado del arnés. A veces el tercer hombre lamía la verga del joven, a veces mordía y chupaba sus buenas tetas.

   -Ya me lo imaginaba. Realmente necesitabas esto, ¿no? Debes llevar tanto tiempo deseando ser controlado y utilizado por los verdaderos hombres que casi siento pena. –y sus dedos frotaban y medio rascaban en la entrada de mi culo, llenándome de calor.

   -Hummm…. Hummm… -no pude evitar que brotara de mis labios, ronco y bajo. No sabía cómo pero él estaba llevándome otra vez a ese estado de semi aturdimiento sexual. Mis nalgas continuaban frotándose de su mano, buscando esos dedos cálidos.

   -Dime, Erica, ¿deseas algo? –se ríe entre dientes.

   Retirando la mano de mi culo, me indica que vea el monitor, donde hace una ampliación de la cara lujuriosa del joven transexual. Luego su mano vuelve a mis nalgas, metiéndose entre ellas, y exhalé un suspiro de felicidad, se sentía tan bien tenerla metida allí… aunque le noté algo húmedo, viscoso y frío entre los dedos, mojando la raja del culo.

   -¡Contéstame, puta! Quieres algo? –su mano se desliza suavemente entre mis nalgas, cepillando suavemente contra mi sensible culo que ya titilaba. Y lo empujé, contra esos dedos, mientras echó mi cuerpo hacia delante al mismo tiempo.

   -¡¡¡Si!!!

   -¡Habla, puta! Dímelo, ¿qué quieres que te haga? –sus dedos masajeaban la entrada de mi culo otra vez, la punta de uno casi entrando. No podía pensar, cada vez que me llamaba puta, me sentía recorrido por un cosquilleo de lujuria. Quería ser una puta. Quería ser su puta.

   -Yo quiero… -intenté darme a entender empujando mi culo, deseando que esos dedos me penetraran, que se me metieran… pero él los retiró y casi quise gritar de frustración.- Quiero tus dedos…

   -Sé especifico, perra. ¿Qué quieres? Debes decirle a tu macho lo que deseas para que te lo den, para que te sacien. –ladró, perdiendo la paciencia.

   ¡Era tan humillante!

   -Quiero que metas tus dedos en mi culo. Por favor. –la parte de mi mente que se resistía a todo eso, a que me tratara de esa manera, estaba gritando de rabia tanto por mis gemidos como por lo que pedía a viva voz. Pero no podía evitarlo. Su burla, tanteándome y retirando sus dedos, sus juegos, me enloquecían. Sin previo aviso, enfilándolos contra mi entrada, Jeff deslizó dos de sus dedos largos, gruesos y calientes en mi culo, hasta los nudillos.

   -¿Así, puta? ¿Lo quieres así?

   -¡Ay…! Ohhh… Hummm… -la rápida sacudida de dolor desapareció casi inmediatamente, sustituido ahora por una poderosa oleada de placer.- Hummm… ¡Sí! Hummm… -murmuraba y gemía, retorciéndome, cayendo sobre mis manos, incapaz de resistir tanto placer, quedando sobre manos y rodillas, con mi culo al aire, abierto por los gruesos dedos de Jeff. Dedos que se retiraron un poco y volvieron a entrar.- Ahhh… -y salieron casi totalmente para volver, rudos, hasta el fondo.- Ohhh… Dios… -cogiéndome con ellos.

   -¿Te gusta esto, Erica? ¿Es lo que tanto deseabas? ¿Tener el coño bien mojado por las atenciones de un hombre? ¿Tanto has soñado con ser poseída, usada, humillada y cubierta de leche? –exigía saber, sardónico, sonriente mientras yo gemía y mecía mi culo al vaivén de sus dedos incapaz de controlarme.

   Quería humillarme, rebajarme, quería oírmelo decir, que si, que era su perra, porque así sabría a ciencia cierta que estaba completando su control sobre mí, convirtiéndome en su juguete. En su perra.

CONTINÚA … 5

Julio César.

NOTICIAS Y MUJERES

marzo 17, 2011

 ¿UNA ENCUESTA DE FE?

   Han sido estos unos días revueltos, el mundo anda caliente. Ahora quisiera hablar de algunas personas y de su relación con algunos hechos.

GRISEL CORONEL EN JAPON: Esta mujer es una venezolana. Seguro nadie sabe quién es. Yo mismo lo ignoraba hasta el día viernes. El despertar de ese día fue extraño, siempre tengo sintonizado el canal de noticias Globovisión para escuchar el programa “Del dicho al Hecho”, de Chuo Torrealba, luego paso a Unión Radio para sintonizar a Marta Colomina. El viernes no estuvo Chuo Torrealba en su horario habitual, había ocurrido algo impactante: un feroz terremoto en tierras japonesas.

   Algo que debió ser feo, se hablaba de un 8.9 en la escala de Richter, y como todo el mundo sabe, Japón en una tierra blanda para tales sismos. Pero no era el terremoto lo único increíble, fue ver retroceder el mar y luego regresar en un muro oscuro y amenazante. Un tsunami. Al caos de carreteras caídas, trenes paralizados y la destrucción de poblados enteros, se sumaba un nuevo miedo, una central nuclear estaba en problemas porque no había manera de enfriar el reactor. Pero como si todo eso no fuera suficiente para dejarle a uno con la boca abierta, se hablaban de tsunami que podían impactar parte de Rusia, las islas del Pacifico, Australia y Filipinas (una gente que está como empavada con estos fenómenos), y estaba amenazada toda la costa que da al Pacifico en America, desde Canadá a Chile.

   Ya para las cinco y cuarenta de la mañana, la prensa internacional llamaba a Chile y Costa Rica para saber qué harían. Sonaba tan extraño, una calamidad total, casi exagerado. Pero debemos recordar el terremoto del año pasado en Chile, cuando algo que no se esperaba con tanta intensidad, el tsunami, cobró la vida de más de quinientas personas. Para los que recuerdan era un temor muy real. Fue impresionante ver dos pablados costeros en Ecuador, que a pesar de que las autoridades hablaban de mantener la calma y estudiar el fenómeno, la gente se echó a las carreteras de manera febril, alejándose del mar, montándose en camiones y autobuses, como una escena de una película catastrofista. Por suerte para este lado del mundo, la cosa pasó. No para el Japón.

   Dos reactores daban problemas, ya se habla de fusión y fugas en el orden de lo mortal. El eje de la Tierra ha vuelto a desplazarse, en diez centímetros; Japón mismo parece estar dos metros más alejado de la masa continental. Y es cuando recuerdo a Grisel Coronel.

   El mismo día viernes, Globovisión hizo contacto con una venezolana en Japón. La mujer, con voz realmente serena, contaba su experiencia. Ella iba por sus niños al colegio, ya había recogido al varón y esperando la niña, comenzó el fenómeno. Como reacción primaria, algunas de las personas que esperaban, se dirigieron al colegio, pero fueron detenidos. Relata ella que eso fue comenzando la tierra a moverse y en la escuela se oyó una señal, segundos después los niños comenzaron a salir en filas ordenadas, guiados por los maestros, igual que en esos ensayos que hacen una vez al mes cuando practican tales evacuaciones. Cada niño con un casco y una manta de material resistente al fuego. Y directivos al frente, se dirigieron todos a una ancha plaza dispuestas en muchos puntos de la ciudad para tal fin, lejos de edificios y sin cableado eléctrico pasando sobre ellos.

   La verdad es admirable, pero hay que recordar que en el Japón la gente ya está acostumbrada a lidiar con ese problema, sin embargo la preparación, la planificación sensata e inteligente sirve de herramienta para ahorrase nuevos problemas. Aquí, aunque sabemos que todos los años lloverá, la cosa siempre nos agarra de sorpresa, siempre hay muertos y damnificados; aunque siempre hay alguien a quien culpar.

   En estos momentos la pasan mal los japoneses, como venezolano no puedo ni imaginar lo que habría sido de nosotros de pasarnos todas esas cosas; pero el pueblo nipón es diligente y trabajador, sabrán superar este momento, por doloroso, cruel y terrible que sea. Tan sólo queda tenderles una mano y lamentarnos nosotros también con aquellos que lloran a sus muertos.

……

KEIKO FUJIMORI Y EL PERU: La hija del ex presidente Alberto Fujimori (lo de ex dictador pertenece a esa fácil leyenda negra que se inventan y luego la gente repite sin detenerse en análisis), aparece bien posicionada para las próximas elecciones presidenciales peruanas. Tan sólo superada claramente por el ex presidente Alejandro Toledo, de quien tantas imbecilidades se hablaron a nivel del ALBA, pero a quien sus conciudadanos reconocen su tesón para el trabajo. Se supone que la Fujimori, de superar a Luis Castañeda, podría pelear una segunda vuelta con el candidato Toledo.

   Pero muchos no apuestan por ello. O que de llegar a la segunda vuelta, perderá. Me parece, y es sólo una opinión mía, conste, no es la verdad absoluta (no soy un ayatolá, ni Gaddafi o Chávez), que tal parecer es peregrino, porque esas consultas y encuestas no toman en cuenta un factor importante, el Perú real que no responde a encuestas, el Perú mayor de cuarenta años y el Perú rural, de gente que sabe una cosa: antes la vida era dura y miserable, sazonada con la violencia insensata de la guerrilla terrorista, el Sendero Luminoso, pero un día apareció un “chino” que dijo que acabaría con ellos, y lo hizo (hoy se le acusa de abusos y desmanes, porque en las mentes blandas de tantos, las guerrillas pueden hacer lo que le de la gana, por monstruoso que sea, pero el hombre decente no tiene derecho a defenderse).

   Ese Perú puede serle fiel a ella, el de la miseria de ayer, el que repara en que la situación mejora, como dijo el “chino” Fujimori, con trabajo, trabajo y más trabajo, sabiendo que no pueden creer o esperar por orates que gritan soy el Mesías, ni fórmulas mágicas, como no sea estudiar, prepararse e industrializarse. Hoy Perú, un pueblo pobre, da lecciones de economía a un país como Venezuela, rico en petróleo y en entrada de dólares, pero anárquico y destruido institucionalmente, robado por su casta dirigente. Peor, con un gobierno que persigue al que sabe leer y escribir.

   Me temo que los tiempos del señor Ollanta Umala ya pasaron, el descalabro económico de regímenes autoritarios, seudo de izquierda, empujan el péndulo hacia el centro, y de ahí a la derecha sólo resta un pequeño impulso.

   ¿Qué pasará con Keiko Fujimori? De no verse atascada en un escándalo personal, puede dar la sorpresa, porque el otro Perú, el que conoció a su padre y ahora le presta oídos a ella, está ahí, como lo estuvo el colombiano sensato cuando el mundo, especialmente el llamado intelectual y liberal, se maravillaba con el señor Antanas Mockus en Colombia, seguros de que los colombianos, presas de un ataque de modas y encuestas que nada significan, iban a traicionar a Álvaro Uribe Vélez y a su candidato (cosa que, creo, Manuel Santos tampoco le perdona a Uribe). Lanzaron campañas tan feas y contundentes contra Uribe, que terminaron creyendo que ellos decidirían por los combinaos. Y se llevaron su chasco.

   Ahora pasa con Keiko. Si yo fuera ella, explotaría más la imagen de lo que era el Perú y en lo que terminó convirtiéndose. ¿Qué el “chino” pecó cuando quiso ser eterno? Esa enfermedad recorre el mundo, ahí están Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador, con mandatarios que sin detenerse en artículos o leyes, cambian o violan aquello que no les gusta o les estorba para mantenerse en el poder. Ahí está la eterna satrapía de los Castro en cuba.

……

MARI PILI HERNANDEZ, GOBIERNO E INFORMACIÓN: Cuando se crea la televisora continental (pagada casi únicamente por Venezuela) TELESUR, se pensó en una alternativa valida frente a la poderosa CNN. Pero al poco tiempo cayeron en desgracia, y es porque los regimenes autocráticos no comulgan con noticias reales. No pueden con verdades no controladas. CNN puede tirarle piedras a Al Qaeda como lo haría contra el presidente Obama, cosa que el grupo autocrático (o el sometido a él) nunca ve. Al Yazira es un ejemplo de ello, criticada por todo el mundo cuando hizo aparecer en pantalla a Osama Bin Laden (cuando era noticia), ahora se restea para mostrar la realidad en imágenes de lo que ocurre en el Oriente Medio, molestando a los príncipes de la zona (porque es noticia). El único afán para quienes gustan de los privilegios, y desean conservarlos a toda costa, es que no se sepa nada que les perjudique, por lo tanto ocultan, disimulan o contradicen abiertamente los hechos. Es decir, la información se vuelve política.

   Al menos en Venezuela es posible, en las llamadas radios y medios de comunicación revolucionarios, notar en toda su crudeza el sesgo informativo. Se ataca un gobierno criminal de la derecha como Pinochet, pero no se dice nada de un aberrado de izquierda como Fidel Castro. Se grita “injerencia”, con histerismo cuando una comisión de Derechos Humanos dice algo de la violencia contra la Oposición en el país, pero se crean comandos, financiados por Venezuela, en gobiernos satélites como Bolivia y Nicaragua para defender “el proceso”, por no hablar de lo que se intentó en Honduras, donde todos salieron con el culo al aire, especialmente Lula Da Silva cuando amenazó militarmente a los hondureños si no se sometían.

   Antes, el que los bachilleres salieran a tirarle piedras al gobierno de Carlos Andrés Pérez era algo revolucionario, hoy que protesten con una huelga de hambre contra Chávez es un acto de traición. Que alguien secuestrara gente y cobrara por ello, fuera apresado y saliera libre al ser electo diputado y reconocido como tal, era lucha, un derecho, la ley; hoy que alguien acusado de usar fondos de algo para pagar otra cosa, salga electo diputado, no significa nada y debe continuar preso porque el Presidente de la República de Quinta así lo quiere. Son esas cosas las que alejan a la gente medio sensata de los medios de comunicación oficial, y por lo cual se arrechan tanto, ya que controlando tantos medios, tienen menos sintonía que Globovisión.

   Mari Pili Hernández se cuenta dentro del funesto grupo. Al crearse el Canal i, como alternativa frente a Globovisión, ella se encargó de perseguir y sacar de allí a todo el que le molestara. Idania Chirinos y Vladimir Villegas pueden echar el cuento. En Unión Radio, la mujer ha torpedeado a muchos colegas, aunque su segmento es, minuto a minuto, el menos sintonizado en la cadena. Sé que esto ya lo he dicho, pero quien se sienta a escuchar a Mari Pili Hernández tiene que oír necedades como que en el Oriente Medio se libra una batalla del pueblo libio contra el Imperio, por petróleo, por codicia. Qué contra Irán van porque son soberanos y los judíos norteamericanos desean destruirlos. Y de esas dos simplezas no salen.

   La gente que tiene más de dos dedos de frente ve algo extraño y duda, el que no se preocupa ni por leer la etiqueta de una medicina, no, ese siempre será pastoreado como rebaño. Qué Irán diga que Estados Unidos está tras las revueltas, y Gaddafi culpe a Al Qaeda, es, cuando menos, maravilloso. ¿Estados Unidos y Al Qaeda de acuerdo para desestabilizar y repartirse el Oriente Medio? No, eso no lo explica Mari Pili. No dice que Gaddafi es un fiel exportador de gas y petróleo para Occidente, y enemigo jurado de los grupos radicales, prestando otra ayuda a Occidente en la región (siendo que para Estados Unidos, Israel y Europa el que pueda caer es un problema mayor porque no saben quién llegará). Escucharla es entender que ni por un segundo pasa por la mente de esta mujer que se llama a sí misma periodista, que la gente de Libia, los jóvenes libios, simplemente se cansaron de la larga dictadura del demente ese; que cuarenta años si son muchos y ya quieren salir de él.

   Qué el pueblo de Libia quiera sacudírselo, porque ya son más de cuarenta años, carajo, porque ya está bueno ya, no tiene cabida en las verdades revolucionarias. O lo sabe y lo calla, o ella misma cree en sus propia confusión, esa donde mezcla lo que desea con lo que está ocurriendo, siendo esta una clase de loquitos muy patéticos y a la vez peligrosos.

   Como digo, nada de eso se habla, nadie lo menciona en los llamados medios alternativos, porque torcerlos, cambiarlos, responde a la necesidad de usar los hechos, por deforme que queden, para convencer a su gente. Es política. Y de una simpleza que asusta. Es algo burdo, mal hilado, totalmente interesado… es decir, información para esas entelequias que llamó la basura de la seudo izquierda.

……

   Qué broma, esto me quedó demasiado largo, y no quería irme sin nombrar a la señorita María Corina Machado y el candidato unitario de la Oposición; a la sexy pero malvada Sarah palín y el descalabro neo conservador; la partida de la comandante Lina Ron, a quien adversé de corazón, y aún ahora, aunque espero que descanse en paz; y a la también bonita pero inquietante Marine Le Pen, una ultra derechista, o al menos eso dicen, que puede ganar el poder en Francia (lo dicho, el desastre liberal está empujando el péndulo de la historia). Quedará para otra oportunidad.

LIBIA, EUROPA Y LA OTAN

Julio César.

LA SANCIÓN

marzo 17, 2011

 RACIONAMIENTO

ETERNAS DUDAS MASCULINAS

Julio César.

DURAS REGLAS LABORALES

marzo 14, 2011

EMPLEO NECESITADO

   Le daban bastante.

   Cuando comenzaban a trabajar en ese taller mecánico, les explicaban lentamente las reglas, y las reglas eran claras: quien se atrasara en el trabajo, recibía tabla. Claro que nadie lo tomaba en serio hasta que una tarde, al cerrar, un infractor era llamado al centro de un círculo conformado por los compañeros de trabajo, y le daban tabla, duro, mientras le recitaban sus faltas. A Marcelo siempre le daban. Al menos una vez a la semana. Y siempre gemía, se estremecía y lloriqueaba mientras gritaba que sí, que se lo merecía. Nadie dice nada, pero ya les parece que al joven realmente no se le castigaba. Pero callan. Si tienen que ver la azotaina del joven de buenas nalgas, la miraban. A cierto nivel, verle estremecerse y oírle gemir mientras esas nalgas echaban candela (como decía el encargado cuando le pasaba la mano entre tabla y tabla), entretenía al final de un día sin sueños ni gratificaciones.

LADRÓN QUE ROBA A LADRÓN…

Julio César.

VIEJOS EXITOS

marzo 14, 2011

FAVORITY

   ¿Para prosperar?: abrirse a lo nuevo.

   ¿Se imaginan el éxito de un gimnasio donde la gente vista así?

   El duro trabajo de un entrenador nunca acaba. Tiene tanto que enseñarle a los jóvenes novatos…

POR QUÉ SERÁ

Julio César.

SABOR

marzo 14, 2011

BICIMAN

   ¿Quién no gusta del chocolate oscuro, fuerte y caliente?

INOCENTE

Julio César.