JENSEN Y JARED, TAN SÓLO UNA NOCHE… 6

JENSEN Y JARED, TAN SÓLO UNA NOCHE                         … 5

   Me gusta presentar en estas páginas trabajos que NO SON MÍOS, como este, porque es fácil. Ya están pensados y sólo hay que subirlos. Pero en los casos donde no hay una traducción real, me toca bregar duro con el Google. Y sospecho que no quedan igual.

   Este relato es bueno, aunque más que uno de realidad alterna, es ciencia ficción. Ya sabrán por qué. Llevado por un gran estrés, un hombre conoce a otro y terminan en una cama. Será algo de una noche, piensa, se marchará con la mañana y la vida seguirá su camino. Qué equivocado está. Comienza lento, pero más adelante resulta ameno. Disfrútenlo.

……

LARGA Y ARDIENTE ESPERA

By Marriangelic.

Jared/Jensen

CN-17

   La Land Rover se detiene bruscamente al lado de la vieja camioneta. Jared, que se había tranquilizado un poco tras la charla con Chad, recupera su mala leche. Dios, ¡odia tanto a Jeff Dean Morgan! ¿Cómo se atrevía ese gusano a vender La Marqueseña sin comunicárselo? ¿Acaso creía realmente que era suya toda esa tierra?

   Con rostro congestionado de rabia, una que ahora siempre estaba allí, se dirige a la vieja vivienda. Chad exhala ruidosamente, rascándose las desordenadas mechas amarillas que tiene por cabello. Tirar, a Jared le hacía falta una buena tanda de sexo rico y caliente con una, o varias nenas. Esa amargura que mostraba en los últimos tiempo sólo podía deberse a una mala cama. A una pésima cama, a decir verdad.

   -¡Buenas! –grita el castaño deteniéndose frente a la fea puerta de madera.- ¡Buenas! -repite cuando transcurren los segundos sin que ocurra nada. Aprieta las mandíbulas, la camioneta está ahí, la puerta esta cerrada por dentro, no con el enorme candado por fuera, oye un apagado chirrido que parece una radio.- ¡Buenas! –grita con más fuerzas mientras comienza a llamar a la puerta.

   ¡Qué…! ¡Mierda!, jadea Jensen sobre la cama. Le cuesta abandonar el sopor cálido, uno que le había apartado por un momento de los dolores y calambres que recorrían su cuerpo. Oye la airada voz que llama, nota los fuertes golpes ahora contra la puerta que resiste estoicamente la golpiza. Intenta sentarse, cabreado por esa manera de llamar, pero una ola dolorosa lo recorre de pies a cabeza, dejándole sin aliento, obligándole a dejar caer la cabeza nuevamente sobre las almohadas.

   Ahora los golpes son de campeonato.

   -¡Dejen de aporrear la puta puerta! -grita, exasperado entre el dolor y la intrusión que había terminado con esa corta calma entre pesares.

   -¡Abra! Necesitamos hablar.

   -Yo… no puedo en estos momentos. –replica, contrayéndosele el rostro con un espasmo doloroso.- ¿Quién es y qué carajo quiere?

   -¡Soy el dueño de estas tierras! –¿Qué? Se desconcierta el rubio, antes de recordar lo que Jeff le contó de la disputa por la propiedad.

   -Lo siento, está equivocado. Estas tierra y esta casa son mías, váyase.

   -¡No! –escucha el estallido de rabia y le embestida contra la puerta. Desde la cama el rubio mira hacia ella, ¿acaso intentaba derribarla?- Estas tierras no son de Morgan. Ni tuyas. Él no podía venderlas. –y golpea otra vez. Jensen, ya saltado todos los tapones, toma asiento sobre el colchón. Tal vez demasiado rápido, le duele tanto que casi grita.

   -Por Dios, ¿quieres irte al carajo y dejar de joder? –es lo único que deja escapar de sus labios, tragándose el jadeo.

   Del otro lado, Jared enrojece violentamente de rabia. Pero ¿qué se creía ese desgraciado?

   Desde la camioneta, abriendo su portezuela, Chad voltea los ojos cuando le ve echar el cuerpo hacia atrás, el rostro amarrado, realmente furioso. Jared iba a derribar la puerta e irrumpir en esa casa como un gorila bajando de un árbol furioso por un dolor de muelas, y quien quiera que estuviera dentro de la casa iba a lamentarlo.

   Le toma dos segundos bajar, extender el brazo para tomar algo y llegar junto a Jared, atrapándole por un hombro cuando ya el más alto parecía a punto de embestir contra la vieja puerta de madera. Jared le mira furioso.

   -¿Qué haces, Chad?

   -Inténtalo con esto. –Chad le mira fijamente a los ojos, mostrándole una pequeña mandarria.- También te servirá para hacerte cargo del tal Collins.

   -¡Cara de culo! –es todo lo que expresa, furioso y frustrado. En verdad estuvo a punto de derribar esa puerta y atrapar a quien fuera, por el cuello. Mira hacia la mal pintada puerta y grita.- Debemos hablar. –insiste aún.

   -Lárgate, coño. –es la réplica ronca y baja.

   Oh, Dios, no fue su culpa, señor juez, si terminó convertido en asesino. ¡Ese tipo…!

   -¡Jared! –Chad ya suena aburrido y rueda los ojos.

   -Bien. –le ruge el más alto, luego da un último puñetazo a la puerta mientras grita.- Esto no se quedará así.

   -Claro que no, seguro tengo que salir a alinear la maldita puerta. –es la ahogada respuesta.

   Y Chad casi debe arrojarse sobre Jared para contenerle y llevarle de vuelta al auto. Y en todo el trayecto, el más alto maldice y ruge con ese vozarrón que tiene.

   Mierda, ¿por qué todo le salía mal ese día?, se preguntó mientras entra en la Land Rover y cierra casi volcando de lado la camioneta. La manera en que arranca, levantando polvo y tierra que llegará hasta la atmosfera más alta, es indicativo de su furia contra ese sujeto a quien todavía ni conoce.

……

   Terminando de ponerse de pie, un colérico Jensen mira hacia la puerta, sobresaltando por el chillido del auto alejándose. ¡Cara de culo!, le dedica con verdadero disgusto al otro sujeto, ese de quien sabe únicamente que es el vecino más cerca de la propiedad. Jeff se lo había contado todo. Aparentemente el abuelo del sujeto, un tipo con un apellido que ya no recuerda bien, cree que Kammer, en una apuesta de cartas con el padre de Jeff, había perdido las tierras. El anciano las entregó pero luego el hijo y más tarde el nieto, desconocieron la apuesta. Eso no había obligado a lo Morgan a devolverla, aunque sabía que el nieto finalmente había recurrido a los tribunales.

   -Si alguien te pregunta quién eres, dí que el nuevo dueño. Que te vendí todo. –rió el apuesto hombre, ojos brillantes de malicia.- Me encantaría verle la cara al muchacho ese cuando se entere.

   Como era su amigo, y le estaba prestando lo que creyó sería una rustica y apartada casita de campo (no una choza impactada por rayos y meteoritos), Jensen había accedido. Ahora se arrepiente. Ese tipo parecía de armas tomar. Saca de un morral una botellita de agua y bebé copiosamente. ¡Qué calor hacía! Busca el teléfono móvil para ver la hora y le disgusta verlo apagado. Las baterías. Rebusca y encuentra el cargador, antes de recordar que no hay electricidad.

   Aunque todavía le duele todo el cuerpo, Jensen ya espabilado, sabiendo que le costaría recuperar el agradable e indoloros duermevela que tuvo antes de la llegada del vecino (¡muchas gracias!), se decide por revisar el cableado. Le lleva un rato revisar toma corrientes y enchufes, incluso bajó los bombillos, pero el problema de electricidad no parecía ser interno. Sale de la vivienda, a paso lento, camina siguiendo el tendido eléctrico y maldice con desaliento. Estaba desconectado del transformador. Y el poste era bastante alto. Su ceño se frunce de manera espectacular. No podía pasar la noche a oscuras y sin teléfono. Morgan le había hablado de un generador portátil. Lo encuentra detrás de la casa, casi a la salida de la cocina. Lo revisa, le da desconfianza que se vea tan viejo, pero lo prueba, enciende y sonríe, para terminar con una mueca cuando se apaga. Diablos, le falta combustible.

   Sabiendo que es una tontería dada su suerte últimamente, toma un sifón para unos ocho o diez galones. No le cuesta nada. Está vacío. Deja salir una exhalación que suena a maldición. Botando aire lo carga hasta la camioneta, cierra la vivienda con el candado externo y va rezando mientras sube al vehiculo. Uno que no enciende… Prueba y prueba, con animosos “vamos nena, no dejes botado a papi”, pero nada. Al final, rojo de cara, le grita un final “muérete, pedazo de mierda inservible”. Baja sintiéndose frustrado y solitario, casi abandonado a su suerte. Por un momento piensa en regresar a la casucha, tenderse en la cama y dormir hasta el otro día. Pero no puede. En su condición no puede arriesgarse a que algo ocurra durante la noche y no pueda avisarle a nadie. Tomando el sifón y aspirando aire, se dice que al menos si muere, alguien le encontrará, ese vecino que no conoce y ya le odia.

   ¡Gracias, Jeff Dean Morgan!

……

   Nada más regresar a su rancho, una bonita construcción de dos plantas, llena de detalles un tanto crudos y masculinos, Jared Padalecki se encerró en su despacho, no tanto porque deseara revisar el informe presentado por su contadora, Samantha Smith (había algo maternal en la mujer que le encantaba), para el fisco (¡esos hijos de perra!), sino para no encontrarse con nadie. Regresar de La Marqueseña había sido realmente desagradable (le dolían las mandíbulas de tanto chocar los dientes con chirridos audibles), y la manifiesta incomodidad de Chad, quien nada más llegar tomó una ducha que duró menos de cinco minutos y se fue rumbo a San Antonio, a parrandear sin él. Sabía el rubio que no convencería a su amigo de salir de juerga, no con el mal genio con el que regresó.

   A Jared le gusta su despacho. Es una habitación amplia, con bonitos libros forrados en cuero, algunos de los cales había manoseado alguna vez. Amplios ventanales que mantenía abiertos (oír las faenas del rancho le calmaba los nervios que últimamente siempre tenía a flor de piel), brindaban una buena iluminación. Su escritorio era de madera oscura y gruesa. Sobre la misma algunas fotografías familiares le sonríen y le hace sentir menos mal. Bota aire diciéndose que era una pena que Megan se hubiera llevado a Sadie y Harley. Sus niños siempre le brindaban consuelo. Como necesitaba en esos momentos.

   Sabe que exagera la rabia que siente contra el nuevo y desconocido dueño de La Marqueseña, que la venta sería investigada a fondo cuando llevara al pillo de Morgan a los tribunales, sin embargo…

   Arroja lejos un lapicero que mordisqueaba, echándose hacia atrás, tomando aire ruidosamente por la boca. Tenía que calmarse. No era la cerca. No se trataba de Morgan, La Marqueseña o ese tipo. Era… ¡era un idiota!, eso era lo que era. Todavía recordaba y suspiraba, cuando se dejaba llevar, con algo que sólo existió en su mente. Le distrae oír unas voces sosegadas fuera de la ventana. Bota aire, seguramente alguna tontería. Hoy todo el mundo parecía propenso a ellas, incluyéndole a él. Llaman a su puerta, esta se abre y el rostro del viejo Jim Beaver, el capataz, se asoma.

   -Jared, muchacho… -parece algo cortado.- Un vecino necesita ayuda y pensé que… -Jared vuelve la mirada a las cifras.

   -Jim, para ayudar a alguien no necesitas que yo…

   -Es un tal señor Collins, creo que el nuevo dueño de La Marqueseña.

   -¿Cómo? –se pone de pie, recorrido por la rabia, pero se controla.- ¿Viene a pedir un favor? Es curioso, parecía muy ocupado hace cuarenta minutos, tanto que no podía recibirme. ¿Qué quiere? –ladra, tomando asiento. No era bueno salir en esos momentos.

   -La Marqueseña está sin electricidad. Está el generador pero no tiene combustible.

   -¡No tenemos!

   -Jared…

   -¡No! –estalla.

   Jim parece que va a agregar algo más, mirándole molesto, pero Jared compone un puchero de desafío. El hombre sale y regresa casi en seguida, viéndose más mortificado todavía, su rostro es de un alarmante color rojo.

   -¿Qué?

   -Pregunta… si podemos acercarle a San Antonio. Parece que su camioneta sufrió una avería y… -toma aire.- Jared, creo que deberíamos ayudarle. No es sólo un forastero recién llegado en problemas, alguien que no está acostumbrado a estas distancias y al calor, sino que parece algo adolorido por…

   -No. No podemos llevarle y no, no hay combustible.

   -¡Jared, necesita ayuda! –se molesta.

   -Dijiste que la cerca estaría terminada para esta tarde pero no has estado supervisando y yo tuve que hablar con los hombres.

   -Si, sé lo que les dijiste y fue innecesario. Vives molesto y…

   -Déjame en paz, Jim. Supervisa que terminen ese trabajo y deja que el señor Collins-estoy-muy-ocupado-y-soy-el-nuevo-dueño resuelva sus asuntos, como tú deberías ocuparte de los tuyos.

   -¡Bastado! –se le escapa, y no parece arrepentido.- No sé qué te está pasando, pero estás mal.

   -Tengo mucho trabajo y nadie me colabora como debería. –reprocha bajando la mirada a los números.

……

   Maldiciendo por lo bajo, Jim Beaver sale al sol, entendiendo por el rostro enrojecido y contraído por la furia, aunque contenido, que aquel hombre había escuchado bastante. Jared no se cuidó a pesar de los ventanales abiertos. Le molesta que un muchacho tan buena gente y de gran corazón como Jared se comportara de esa forma tan horrible.

   -Lo siento, señor Collins, yo…

   -No se preocupe. Escuché todo. Gracias por intentarlo. –toma nuevamente el sifón, comenzando a alejarse. Se detiene sintiéndose tonto.- Saliendo por esa carretera, ¿en qué dirección está San Antonio?

   -Por allá, como a… -Jim brama.- Espere, iré por la camioneta y…

   -No, no quiero crearle problemas… ni deseo ya ayuda de esta casa. Estaré bien. –se las arregla para sonreír.- Creo que me servirá de ejercicio, e imagino que será una carretera transitada. Alguien se detendrá.

   Y aunque Jim insiste en socorrerle a pesar de Jared, Jensen, terco, se aleja mientras se despide. Maldito hijo de puta, piensa el rubio, lanzando todavía una mirada hacia esos ventanales de donde partió la desagradable voz.

……

   Jared intenta llevar algunas sumas… pero no puede. Mira y mira las cifras pero no puede concentrarse. Lanzando un seco maldita sea, cierra la carpeta y mira hacia una de las ventana. Luego al hermoso reloj de pared (bueno, le parece hermoso sólo a él, el enorme gato sonriente que movía la cola a forma de péndulo no agradaba a nadie, ni a Chad que tenía el peor gusto del mundo). Han transcurrido casi veinte minutos desde que el tal Collins vino en busca de ayuda. Veinte minutos desde que le negó auxilio a alguien que no conocía y contra quien no tenía nada como no fuera la herencia de una vieja pelea. Bueno, y el que no le abrió la puerta cuando intentó hablar con él (gritándole y golpeando la puerta como un salvaje, pero no quiere recordarlo así). Y ahora que lo piensa, tal vez había una buena razón para que no abriera. Jim había insinuado que parecía enfermo. ¡Mierda!

   Ahora siente culpa. Se pone de pie, se frota el cuello. Se siente fatal. Como un grandísimo hijo de puta. Dios, qué dirían sus padres sí…

   Sale, el sol de las dos de la tarde no es el mejor para echarse a caminar si uno se sentía mal. Busca a Jim con la mirada, pero (sintiéndose peor) recuerda que lo envió a supervisar lo de la cerca. Y de muy malos modos. Genial, ahora también tendría que disculparse con el viejo capataz. Piensa en llamarle y que envíe a alguien por si el tipo todavía andaba por ahí. Pero le parece terrible, es como revivir su falta. Meneando la cabeza, sintiéndose un completo imbécil, sube a la Land Rover y parte. Y vuelve a estar furioso. Consigo mismo por lo que hizo, con ese sujeto, con Morgan, con la vida. Con todos. Los nombra a todos mientras toma la carretera, pero obviando un nombre que jamás ha pronunciado otra vez en voz alta.

   El sol sabe lo que hace. El asfalto frente a él baila un poco con el vaho. No ve al sujeto a lo largo de la larga y solitaria carretera. Tal vez alguien le recogió. O regresó a La Marqueseña. Podría ser. Sin embargo continúa un poco más y casi lo pasa por alto. Bajo un viejo anacua, a unos cuarenta metros de la vía, sentado a la poca sombra sobre lo que parece un tronco caído, se encuentra alguien, respirando pesadamente. Se detiene, baja y su mirada recae sobre el sifón caído. Mira al sujeto que está medio de espaldas, respirando con ansiedad, casi con esfuerzo. Y Jared siente una punzada horrible de remordimientos.

   Jensen no pudo avanzar mucho. Fue una locura intentar el viaje, debió saberlo, pero se había enfurecido tanto con el fulano del rancho que se cegó. Menos mal que encontró ese viejo árbol, y el tronco caído, o habría tenido que echarse en la arena. O sobre el asfalto. El dolor era terrible.

   -¿Se encuentra bien, amigo? –preguntan a sus espaldas.

   Tan ido estaba que no oyó la camioneta, aunque se había prometido estar atento. Se vuelve, rojo de cara, ojos empañados, transpirado, labios entre abiertos, y Jared siente que la tierra se hunde bajo sus pies mientras gira y gira. Por un segundo cree que se engaña.

   -¿Jensen? –grazna, incapaz de apartar sus ojos de él, imposibilitado hasta de parpadear.

   ¡Jensen! Jensen Ackles estaba ahí. En San Antonio. ¡¡¡Embarazado!!! Muy, muy, muy embarazado.

CONTINÚA … 7

Julio César.

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