Archive for 28 mayo 2011

UN BOCADO EN LA PLAYA

mayo 28, 2011

METIENDO MANO

   A los chicos se les hacía agua la boca…

   Perezoso se muestra mientras come, aunque parecía demasiado indolente, ¿qué pasa sí un muchacho tropieza y cae de culo sobre esa vainota? ¡Qué se ensartaría! Habló del palillo del pincho que tiene en la mano, ¿eh?

HABILIDADES

Julio César.

NOTA: ese tipo, ¿estará modelando una foto especial o realmente va y se muestra así de sabrosote en las playas? ¿A qué playa irá?

JOSE VICENTE RANGEL, SIN NINGÚN TINO POLÍTICO (COSAS DE LA EDAD), ATRAE LA ATENCIÓN SOBRE LO QUE EL PRESIDENTE CHÁVEZ “HACE” POR EL PUEBLO…

mayo 28, 2011

 EL CONTRALOR, CHUO Y EL NUEVO PAÍS

   Para mí que le aterra el que, definitivamente, ya nunca llegará a ser Presidente dela República, obsesión que junto al “resolverse” económicamente (obligando a su familia a los desmanes más terribles), ha dominado su ya muy laaaaarga vida política. Y no lo será, señor José Vicente, el mostrarse en toda su vileza y cinismo le ha hecho indeseable aún a los chavistas. Pero veamos que dice de sus opositores políticos en ese cada vez menos leído diario VEA, bajo el seudónimo de Marciano.

   -Hoy amanecí más desvergonzado que nunca…

RAMÓN GUILLERMO AVELEDO, el coordinador dela MUD, es un personaje típico dela Cuarta República.Cómodo y medio pendejón. O se hace. Pero en todo caso no es mala persona, sólo que como no sabe manejarse en ese tremedal dela Mesay está rodeado de cuaimas, le da por pontificar. Y lo que es peor, por decir bolserías. El otro día, por ejemplo, se le salió algo que ningún político de unos pocos dedos de frente puede decir: nada más y nada menos quela Mesadela Unidad Democrática–la inefable MUD– tenía que lanzar un candidato presidencial que fuera menor en edad al presidente Chávez. ¿Por qué incurrió Aveledo en semejante banalidad? ¿Por ingenuo o por pasado de vivo? Este escribidor considera que lo hizo por ambas. Pero, además, por cinismo. Porque si se cumpliera su propuesta estaría eliminando sin vaselina de la competencia presidencial a Rosales, a Fernández, a Álvarez Paz, a Ramos Allup, a Ledezma, e, incluso, se estaría eliminando él mismo.

Otra aveledada: El día 2 de este mes, es decir, el día siguiente del carajazo que le propinó el chavismo con su espectacular marcha del Primero de Mayo a la oposición, con una mezcla de cinismo y pendejería, el coordinador dela MUDdeclaró que Chávez, en vez de andar en campaña debería ocuparse del pueblo. Este cronista de lo cotidiano piensa que si de algo no se puede acusar a Chávez es que no se ocupa del pueblo. Porque si alguien que ha estado en Miraflores, desde la independencia hasta ahora, se ha ocupado del pueblo, del pueblo raso, del pueblo relegado durante siglos, de ese ciudadano invisible para el poder, ese ha sido Chávez. Toda su política, y durante las 24 horas de cada día, no ha hecho otra cosa que estar pendiente de los humildes, de los condenados de la tierra. Por eso su arraigo popular. Su fortaleza en el seno del pueblo que le es fiel por esa razón. Porque sabe que en Miraflores no está un burócrata acartonado, un vulgar demagogo, sino alguien que vive la misma angustia de los que nunca tuvieron gobierno y que ahora lo tienen. Esto para Aveledo, para su concepción de la política, es incomprensible, y de ahí la manera cínica y al mismo tiempo despalomada como declara respecto a estos temas.

Cinismo

……

   A José Vicente Rangel, fervoroso exponente de lo peor de la vieja política (los apátridas de la izquierda libia y rusa) le parece cinismo que el país, o un representante de ese país, pueda considerar el salir de una buena vez de la vieja guardia política que en sus últimos años, todos degenerados, no han dado pie con bola, comenzando por el presidente Chávez, fiel exponente de lo peor dela Cuarta, corrupción e incompetencia, sin ese barniz nacionalista que existió antes que hizo que a los cubanos se les parara el trote cuando nos invadieron en los sesenta y finalmente a las transnacionales se les quitara el petróleo, cosa revertida por el gobierno entreguista de Hugo Chávez, desesperado como está por llenarse de dólares vaya uno a saber para qué. Pero creo que lo que le fastidia al peligroso personaje, José Vicente Rangel, es que una propuesta llamando a futuro le dejaría a él finalmente fuera de la carrera. Toda su vida este viejo vividor ha querido llegar a Miraflores. Una vez se le creyó decente, tuvo chance, por suerte ya no puede engañar a nadie.

   Por otro lado, el tener las ciudades destruidas, sin electricidad, sin agua corriente, con carreteras cundidas de huecos, puentes caídos, sin posibilidad para el venezolano de acceder a viviendas nuevas, fuentes de trabajo, a los alimentos básicos o la atención primaria de salud, así como a la merced de una pavorosa delincuencia violenta al viejo sátrapa le parece un gran éxito del presidente Chávez. Sí eso es lo que el presidente Chávez puede ofrecerle al pueblo como el “miren lo que hago por ustedes”, entonces a Hugo Chávez y a José Vicente Rangel debe dejárseles definitivamente solos, porque no son más que un par de dementes a quienes la edad a uno, y le megalomanía del otro ya no les deja distinguir entre lo que es provechoso para el país y lo únicamente bueno para ellos dos (meter las dos manos en el erario nacional y hacerlo desaparecer).

MARCIANO Y EL NARCOTRAFICANTE WALID MAKLED

Julio César.

CEBADO

mayo 28, 2011

EL REGALO

   Esa lengua en su culo fue su perdición…

   -Ahhh… ahhh… ¡Ohhh, Dios….! Hummmm… -era todo lo que Tomás podía gemir, temblando violentamente, mientras el mariquito de Mariano le pasaba la lengua por el culo, abriéndoselo y clavándosela, cogiéndolo con ella.- Cómete mi culo, mariconcito de mierda… -chillaba alzándolo, meneando el culo que daba gusto.

   Mariano obedece, sonriendo cruel. Lo hace porque le encanta saborear los culos de esos machos heterosexuales y viriles. Y le encanta ver como se calientan y consumen por las ganas de más que su lengua despertaba en ellos. Como el mariquito del taller, así le decían todos, había pasado algo de trabajo, mucho de ello por culpa de Tomás. Sus broma sexistas eran terribles. Hasta que una tarde, que le vio armado y caliente, se ofreció a mamarle el güevo.

   Y Tomás aceptó. La cosa no le llamaba la atención, pero una boca comiéndote el güevo nunca se despreciaba. Bastaba cerrar los ojos. Pero Mariano le mamó tan rico que repitieron la dosis. Más tarde se metió sus bolas en la boca. Luego le comió el culo por primera vez. Y esa lengua le hizo gritar, despertándosele una urgencia nueva. A la lengua siguieron los dedos. Finalmente, Tomás, ese hombrezote masculino, probó la dicha de tener su culo lleno con la herramienta palpitante y caliente de un hombre de verdad. Y para su desgracia, para horror de ese hombre grande, cuando está a solas en su casa fue que entendió cuánto le gustaba que…

   -Oh Dios… -gemía agónico Tomás, atrapándole la nuca y frotándole el rostro contra su culo, quería esa lengua más adentro. El culo le ardía…

   -Calma, papá… Siempre tan caliente… -gemía Mariano, sonriente, las mejillas llenas de saliva, el peludo culo temblando. Cuando el primer dedo entró, Tomás gritó, arqueándose. Ese dedo entró rápido y le frotó una vaina por dentro que le hizo ver estrellas.

   -Ahhh… -gritó rojo de cara y bañado de sudor. Y casi se desmaya, como siempre, cuando Mariano le coge con dos dedos.

   -¿Te gustan mis dedos en tu culo?

   -¡Si, si me gustan! –grita, volviéndose a mirarle, grande y viril, masculino, temblando de gusto por esos dedos en tu culo.- Cógeme con ellos, por favor…

   -Lo deseas mucho, ¿verdad? Sentir tu culo abierto y lleno. –sonríe metiéndole, con esfuerzo, tres dedos y agitándolos en sus entrañas haciéndole gritar.

   -Oh si… -gimió.

   Y gritó echando la cabeza hacia atrás cuando el muchacho subió al mesón, enfilo su güevote y lo enculó. Era grande, grueso, palpitante y caliente… y totalmente increíble. Tomás casi parecía en trance, gritando, temblando, meneando el culo ahora contra esa barra que le cogía y llenaba.

   -Cógeme duro, métemela toda, lléname el culo con tu leche…

   -¡Verga! –se oye una voz.

   -¡Era verdad! –chilla otra.

   -¡Mira cómo le gusta! -agrega una tercera.

   Tomás grita asustado, reparando en varios compañeros de trabajo que les miran desde la entrada, cada uno sonriendo burlón, sobándose los toletes bajo sus ropas.

   -Lo siento, papá… -aclara con una sonrisa Mariano.- …Pero tienes un culo demasiado hambriento. Para saciarlo hace falta ayuda.

   Así comenzó en gang bang, todos contra Tomás. Y Tomás alcanzó la gloria en medio de toda aquellas vergas duras que se le metieron.

ESCAPE A DOS VIAS

Julio César.

OMG CHAVISTA PIDE QUE SE IMPIDA LA TRANSMICION EN VENEZUELA DE CANALES COLOMBIANOS

mayo 25, 2011

VARGAS LLOSA Y LOS MALOS DIAS

   -Pero que fuerte… la razonada.

   Qué falta de clase. Como a TELESUR no la ve nadie, nadie la pide a su cablera de confianza y nadie paga por esa basura (es gratis, pero aún así es cara), una OMG chavista, Periodistas porla Verdad, o con algún otro nombre totalmente improcedente para semejante fauna, exige que en Venezuela dejen de transmitirse los canales colombianos, con CARACOL a la cabeza. Como TELESUR es basura y nadie la ve, la solución no es mejorarla, hacerla menos basura (no, qué va, eso sería muy difícil), sino cerrar otras señales en la esperanza de que no habiendo nada más, TELESUR sea vista (más simple). Así piensan los revolucionarios de izquierda, por eso lo que tocan lo joden. Y la famosa OMG también se pasa; qué idiotas se vieron con la “genial” idea para subir los ratings de TELESUR, ¿acaso ahí no hay nadie que le tema un poco al ridículo?

EL PRESIDENTE Y EL SEÑOR JAUA…

Julio César.

NOTA: Si, OMG, no hay errores de escritura. Es Organización Muy Gubernamental. Por cierto, otra de esas en las que nadie cree.

ESTOS HOMBRES…

mayo 24, 2011

NO HAY ÁNIMOS

EXPECTATIVAS

Julio César.

LA PALIZA QUE RECIBIÓ EL PSOE

mayo 24, 2011

GEORGETOWN ATACA A URIBE VELEZ

   Qué noche… la de anoche.

   Se puede decir que en estas elecciones municipales el Partido Popular barrió el piso, merecidamente, con los socialistas, cosa que no debe sorprender ya que estos estaban liderados por ese genio del desatino, Rodríguez Zapatero. Aunque es un tanto injusto simplificar tanto, todo el otrora gran partido socialista, el PSOE, fue protagonista de ese desastre. Fue este un gobierno extraño. Manejándose a lo interno de una manera salvajemente neoliberal (y lo que hará falta para corregir los daños de ocho años de insensatez), de cara al exterior no había régimen autocrático y delictivo que no apoyara si enviaba comisiones, o colocaba el alias de socialista esto, socialista aquello, o revolucionario. Así pasó España de sentarse con los grandes del mundo para discutir las políticas globales, incluido lo económico, a velar al pie de la mesa de los tiranillos del Tercer Mundo. Quienes les trataron como debían, groseros y maleducados. Pero en fin, a lo que iba, la barrida que les dieron…

   Con los más de diez puntos que le sacaron de ventajas, porcentajes que en los anteriores comicios estuvieron más parejos,  Rodríguez Zapatero reconoce que perdieron (todavía allí se puede confiar en el conteo de votos y que el que perdió lo reconozca), achacándolo todo a la crisis económica que atraviesa el país. Le faltó asumir su responsabilidad en ello pero sospecho que los españoles están al tanto del detalle.

   Así, mientras en la sede del PSOE todo eran caras largas, Ana Mato, secretaria de organización del Partido Popular festejaba en la sede del partido en Madrid, lo que ella denominaba un triunfo histórico. Es que los socialistas como que perdieron hasta en las casas de las familias.

   Ahora las caras…

   Los vencedores… Y así de mal lo hizo Rodríguez Zapatero que los españoles optaron por el antipático, aunque paciente y metódico, señor Rajoy.

   Rodríguez Zapatero (no, estoy seguro; no es Mister Bean), aunque de cara a Latinoamérica faltan dos de sus secuaces más reconocidos, Miguel Ángel Moratinos, alcahuete de cuanto régimen autócrata hay por estos lados del mundos, y la señora Trinidad Jiménez quien llegó a calumniar a una venezolana en prisión (la juez Afiuni) para defender y complacer al único aliado comercial que el señor Rodríguez Zapatero pudo conseguir… y para lo que les sirvió. Se asegura que el hombre no adelantará los comicios presidenciales y es hasta lógico, alguien que hace lo él que le hizo a España para satisfacer su proyecto personalista, bien puede tomarse el tiempo que haga falta para destruir totalmente al PSOE y que nadie se levante con fuerzas de esas cenizas y comience una cacería en su contra.

  La celebración de las caras risueñas, animosas y hermosas.

   Y más celebración. ¿Lo sorpresivo para mí? Tanta gente joven feliz. Siempre creí que el Partido Popular era cosa de gente más vieja y formal. También que este grupo de la población andaría en la onda escapistas de quienes no se sienten representados por nadie. Pero de eso hablaré después.

   Qué lo disfruten quienes triunfaron en buena lid; y que el PSOE también disfrute lo que recibió y bien merecía… Con todo cariño, de parte de una venezolano.

EL RODEO, INGOBERNABILIDAD Y PRENSA

Julio César.

CASTIEL, ¿ERES EL VILLANO?

mayo 24, 2011

 SERIE: SUPERNATURAL                         SAM ES MALO CON DEAN

   -¿Que mi Cass, qué?

   Apenas acabo de verlos. Los dos últimos episodios de esta sexta temporada, Let It Bleed y The Man Who Knew Too Much. Algo le pasaba a mi computadora y no podía entrar al portal SERIES 21. Pero los he visto al fin. ¡Y qué capítulos! Qué grande y maravilloso se muestra Dean en Let it Bleed, toda esa rabia y luego ese dolor. Daba pena. Incluso el sacrificio que hace, que su recuerdo sea borrado para siempre de las mentes de Lisa y Ben. Qué le olviden como si nunca hubiera existido para ellos. Así les salva de él mismo. Y Castiel ahí, pidiéndole que entienda lo que tiene que hacer, que vea todo lo que hace por él, que note todo lo que le importa (casi dice: todo lo que te quiero; voy a terminar por darle la razón a las amantes del Destiel).

   Luego llega el final. Comparado con la muerde de Dean en la tercera, Sam dejando salir a Lucifer en la cuarta, o Sam arrojándose al abismo para detener el Apocalipsis en la quinta, este pareció menos apoteósico… y sin embargo fue más sorpresivo e intenso. Castiel se alza con soberbia, “soy Dios, el nuevo Dios, y seré un mejor Dios que el otro”. Cuando mira a todos (en especial a Dean) y ordena que se arrodillen y le adoren o les destruirá, uno queda con la boca abierta. Y ahí termina. ¿Cómo carajo podremos esperar todo lo que falta para ver la continuación? El cómo escaparán por los pelos. Porque todos sabemos que algo ocurrirá, que Dean no se arrodillará. Ah no, él no.

   ¿Realmente terminará Castiel como el nuevo supervillano? Sería algo digno de verse, aunque los castielistas están que gritan, lloran y ofenden. Pero a mí me parece genial. ¿Imaginan a Dean enfrentando una y otra vez a Castiel y este resistiéndose a matarle? Algo así esperaba con Ruby cuando la mataron al final de la cuarta temporada. Que regresara y en batalla enfrentara a Sam (ella le quería, a pesar de todo).

   Y el capítulo tuvo algo para todos, eso de Sam no recordando nada y al ver en un flash a Bobby y Dean, contándole a la chica que “vio” a dos hombres, uno parecía un modelo masculino de revistas y el otro un hombre viejo, hizo reír a las wincestistas como tontas; como eso de que tenía que atravesar los recuerdos del Infierno para poder regresar con Dean.

   Pienso hablar más adelante de la temporada toda, pero es que o decía esto o me atragantaba. ¿Un secreto? ¡Me gustó mucho! Aunque lo que en verdad deseo es que Castiel recapacite y regrese a ser el dulce ángel de la guarda de Dean, siguiéndole y mirándole como tonto (porque es el ángel de Dean, ¿okay?). Y que no vayan a matarle la temporada que viene.

   ¿Cuánto falta ya?

JENSEN Y JARED EN LA MONTAÑA…

Julio César.

DEAN TIENE UN FETICHE

mayo 20, 2011

SERIE: SUPERNATURAL                         EL NOBLE Y EL PLEBEYO

   Esta historia totalmente ficticia, que NO ES MÍA ni traducida por mí, es algo obscena, ¿okay? No hay un ligero erotismo, ni suave sensualidad ni nada de eso. Es porno.  Sé que ya llevo varias historias que no he terminado, pero es que con tantas otras cosas que sí me interesan (hablar mal del Régimen), no me queda tiempo para nada más. Y esto no es trabajo tampoco. Una amiga que gusta del Wincests, Sonia, encontró esta historia y se comprometió a traducirla y que yo redondeara algunas cosas (¿saben lo difícil que es una buena traducción de las partes porno?). Pobre, ella cree que es fácil o divertido traducir. Qué sorpresa se llevará. Esto es lo que me ha enviado hasta ahora. ¿Ya dije que NO ES MÍA?

……

Título: Dean’s Ass

Autor: Damnlady62

Wincests: Dean Winchester tiene un punto débil y Sam, con sorpresa, lo descubre… y usa.

damnlady62 @yahoo.com

Traducido por: Sonia S.

   -¡Eres un cerdo! Cierra esa bocota. –ladra Sam, totalmente molesto consigo mismo, por insultar así a los pobres cerdos comparándoles con su hermano (los cerdos tenían más educación y clase, en todo caso) y por dejarse arrastrar al mal humor tan fácilmente. Dean disfrutaba molestándole.

   Hace rato que, sentados a esa mesa de cafetería anónima, Dean le insiste en que debe buscarse una mujer ya que lleva como dos meses que no tiene nada de acción y los espermatozoides yéndosele al cerebro le tienen insufrible. Lo que era mucho presumir, rumia el más alto mirando por entre sus cabellos, disgustado, al mayor. Dean se pasaba cinco de cada siete días en una cama ajena, aunque siempre regresaba antes del amanecer, ¿qué podía saber de lo que hacía él durante ese tiempo? Bien, no había estado con nadie, pero ese no era el punto. El punto era que Dean es un cabrón.

   -Debes ser menos tímido, Sam. Es todo lo que digo. –continúa Dean, comiendo a dos carrillos, de una manera que casi repugna al menor (¿cómo no se atragantaba hasta ponerse morado al menos?).-Búscate a una nena, maréala con tus cuentos de la universidad, y métele mano. Haz como yo cuando necesito artillería pesada para convencerlas, las echo de espalda sobre el impala, le meto dos dedos en la vagina, y mientras me como una de sus tetas y pellizco duro la otra, les bato el chocolate allí abajo. Oh, Sammy, y cómo gritan: “ahhh ahhh…”. Y se estremecen y lloriquean. Y el coño se les moja todo y…

   -¡Cállate! –repite a punto de sofoco, mirando en todas direcciones las mesas vecinas… algo inquieto bajo sus pantalones.

   Porque si, bien puede imaginar al pecoso rubio haciéndole todo eso a una pobre y desprevenida mujer y llevándola prácticamente al borde de la locura, una donde le rogaría que hiciera lo que deseara con ella. Y Dean lo sabe, sabe que el menor le reconoce sus dones, y por eso ríe a mandíbulas batientes, mostrando una asquerosa mezcla de hamburguesas con papas fritas; ¡disfrutaba tanto molestándole! Porque si, la mayor satisfacción para el gilipollas de su hermano era joderle la paciencia.

   -Hummm… todo estaba bueno. –eructa, para colmo y le guiña un ojo mientras se pone de pie.- Iré al tocador y…

   -No necesito los detalles. –le corta con malas pulgas.

   Es cuando ocurre. Mientras se pone de pie y se tiende para replicarle algo mordaz, la camarera se acercó y sus ojos fueron al culo del rubio. Dean, notándolo, se queda como está y Sam juraría que sacó más culo, mirándola, y la mujer le sonrió de forma oscura. Casi tan oscura como la mirada que Dean le lanzó antes de seguir hacia el cuarto de baño.

   Pero ¿qué diablos…? A Sam todo eso le desconcertó. La mesera era, evidentemente, una pieza que no figuraba en las listas de su hermano, y eso que tenía varias. Aunque Dean se había revolcado con una que otra cuarentona (como era la mujer), siempre eran mujeres de tetas grandes y rostro arregladitos (“unos labios llenos, Sam, y húmedos; así los tienen la cuarentonas que chupan vergas para divertirse un rato”, explicaba el guarro de Dean). Pero esta no era así. Era una cuarentona delgada, de tetas algo flácidas, rostro sin pintar y labios secos. ¿Por qué Dean la miró de esa manera?

   -Vuelvo al rato. –oye más que mira, echado en su cama gemela de hotel, cuando Dean sale rato más tarde.

   Y arruga la frente, el tono de voz indicaba que Dean estaba caliente (lo que no era ninguna novedad), y vaya que conocía ese tono. Pero ¿con quién iba? No se había cruzado con nadie… Huh, ¿acaso la mesera cuarentona de tetas caídas? Imposible. Pero entonces… Y como nada de provecho tiene que hacer en esos momentos, Sam se pone de pie, abre la puerta del cuarto y se medio asoma, viendo como Dean se detiene frente a una puerta a la mitad del pasillo. El motel era tipo condominio, así que las piezas parecían apartamenticos, y el pasillo daba por un lado hacia los cuartos y del otro lado, con una baranda a medio cuerpo, a un estacionamiento interno. Ve como Dean llama a la puerta, abre y entra.

   Todo era tan extraño…

   Mirando en todas direcciones y hacia el estacionamiento, Sam sale y se dirige hacia esa puerta. Pega la oreja. Oye voces bajas. Risitas de mujer. Y un gemido ronco y bajo que parece un maullido. Uno que le eriza la piel, por lo erótico y caliente que es… Y porque sabe que sale de la boca de Dean.

   Más curioso todavía se dirige a la pequeña ventana, cuya cortina está semi corrida (algo inaceptable en semejante lugar, piensa mortificado pero no sorprendido del descuido de Dean en lo referente al sexo), y se medio agacha. Su mandíbula casi se fractura contra el piso cuando cae y sus rasgados ojos multicolores no pueden creer lo que ve. Sí, allí está la camarera, y desnuda era menos atractiva de lo que había imaginado (las tetas le colgaban con algo de tristeza), manoseando el erecto, rojizo y voluminoso tolete de su hermano (aunque no tan grande como el suyo, pensó con un deje de satisfacción). Pero era Dean quien atrapaba toda su atención.

   Dean Winchester, el gran cazador, el tío más rudo que conocía… desnudo era un espectáculo distinto, su cuerpo joven, dorado y fornido era armonioso, esbelto. Hermoso. Pero fue verle el rostro ferozmente enrojecido, los verdes ojos nublados de lujuria y placer, así como sus labios carnosos y rojos siendo recorridos por su propia lengua, abriéndose y dejando escapar un gemidito de gusto total, lo que le hizo hormiguear la piel… Así como lo otro. Dean se encontraba apoyado sobre rodillas y codos, la cabeza ladeada en una almohada al tiempo que ella, sentada casi contra su trasero, le acariciaba con una mano el tolete y con la otra le recorría una de las redondas y firmes nalgas… mientras le mordía y chupaba la otra. Y Dean gemía cuando esa lengua recorría su nalga, cuando los dientes atrapaban su piel y halaban.

   Santa mierda, ¡Dean le estaba ofreciendo su culo a esa mujer!

   Con la boca repentinamente seca, Sam vio como la mujer se acercaba más, mirándole el rostro al rubio quien fijaba sus pupilas en ella, sacando la lengua y recorriendo lentamente la raja entre las nalgas. Y a su paso, Dean gimió, mordiéndose su delicioso labio inferior. Esa lengua iba de los testículos a la espalda baja, lenta, acariciante, pasando sobre el culo de Dean, quien se estremece y debe apretar los nudillos sobre las sábanas.

   A Sam le falta capacidad visual para concentrarse en los desconcertantes y detalles detalles. Como la forma en la que Dean se muerde los labios y jadea cuando la mujer cierra la boca sobre su culo, chupando, frotándose, seguramente (y Sam se estremece todo mientras siente como el tolete le hormiguea bajo las ropas), metiéndole la lengua. Dios, ¡Dean con una lengua caliente y babosa en su culo…! Penetrándole, cogiéndolo, provocándole cosquillas. Era demasiado.

   Pero la cosa se puso peor… o mejor.

   -Ahhh… -el pecoso y hermoso rostro se contrajo en una mueca de agónico placer cuando un delgado y largo dedo de la mujer comenzó a frotar la entrada de su culo ensalivado. La yema se frotaba de la lisa entrada, estirándola, calentándolo más.

   Sam tragó en seco y el corazón casi se le sale del pecho cuando la mujer fue clavándoselo lentamente. Falange a falange fue penetrándole, y Dean se tensaba sobre la cama, los dedos de su pie se agitaban y cerró con fuerza los ojos. Y Sam entendió que una muy poderosa emoción recorría a su querido hermanito mientras la mujer le metía todo ese dedo por el tembloroso culo, dejándoselo allí.

   Fue cuando todo se jodió, pensó Sam, con la verga erecta y temblorosa bajo sus ropas, mirando como Dean se estremecía y se tensaba en cuatro patas sobre esa cama mientras la cuarentona le metía el dedo una y otra vez, cogiéndole con él ahora, llamándole niño travieso. Aunque el momento exacto sería ese cuando se agarró su propia erección, que le palpitó violentamente en la mano, y Dean abrió los ojos mirando hacia la ventana. ¡Pillándole! ¡Mirando y sobándose!

   -Pero ¿qué coño…? –ladra Dean, rojo de mejillas, ojos brillantes de furor, mientras Sam se acojona y emprende una rápida retirada hacia la habitación.

   ¡Jesús! Una vez allí, el menor debió resistir la tentación de asegurar la puerta. Dean iba a matarle, pero debía enfrentarle. Todavía tembloroso y caliente, su verga parecía más dura aún, se deja caer sobre una de las camas. Sobre la de Dean, encima de su almohada, una de las cosas que el rubio más odia en la vida. Con un estrépito la puerta se abre y un muy cabreado Dean hace su entrada.

   -¡Sam! –estalla, con un aura roja de peligro rodeándole.

   Pero Sam no puede responderle, vaya, que ni pensar puede en esos momentos. El cretino de su hermano atravesó todo el pasillo desnudo, con una sábana alrededor de su cintura, bastante baja por ciento, dejando ver algunos pelos púbicos castaños, y a Sam le costó mucho apartar sus ojos de allí, preguntándose de pasada si serían suaves al roce de los dedos. El dorado pecho del mayor sube y baja, molesto, su cara enrojecida hace que destaquen sus pecas, labios y ojos. Y Sam no puede dejar de mirarle; joder, ¿su hermano ha sido siempre así de guapo y calienta braguetas? Cualquiera se recrearía horas tan sólo mirándole. Y pensar en gente mirando a Dean…

   -¡Cierra la puerta o te verán el culo! ¿O eso es lo que deseas? –el castaño no puede contenerse, poniéndose de pie. Dean alza la barbilla; sin inmutarse alza un pie y sin mirar cierra de un portazo.

   -¿Se puede saber qué hacías espiándome?

   -¿Se puede saber qué hacías ofreciéndole el culo de esa manera a esa mujer? –ataca, porque eso era terriblemente importante saberlo. Dean endurece la expresión.

   -A ella le gustó mi culo. –así, de simple. Sam intenta decir algo pero no encuentra qué.- Y a mí me gusta que… -por primera vez parece algo cortado.- …Jueguen con él.

   -¿Te gusta que jueguen con tu culo? ¿Tú? –no puede terminar de asimilarlo, parpadea e intenta alejar la imagen de manos y dedos ansiosos frotándose contra el botoncito cerrado que era el culo de su hermano.- ¿Te gusta que te… toquen el culo?, ¿a ti, Dean el-macho-mea-piedras-y-caga-cemento Winchester?

   -Hay cosas que no sabes de mí, y deja de juzgarme. –es frío. Sam tiembla.

   -¿Qué no sé de ti?

   -Me gustan… algunas cosas, Sam. He estado con muchas mujeres. Mujeres lujuriosas que me han mordido y arañado, otras remilgadas que luego lloran para que las haga acabar, fieras que han lamido y chupado cada parte de mi cuerpo, otras a quienes les encanta que se les cabalgue durante horas. Están las que gustan de las nalgadas, otras prefieren que te corras entre sus tetas mientras te la aprisionan con ellas. Están aquellas que desean ser tratadas como vírgenes, otras como putas… Y todo era bueno, satisfactorio y suficiente hasta que conocí a Lisa.

   -¿Lisa?

   -Si, una instructora de yoga. –ríe como si fuera la cosa más caliente del mundo.- ¡Yoga, ¿puedes imaginártelo?! Era como de goma. Flexible hasta los extremos… Y también ocurrente…

   -¿Ocurrente? –Sam siente que la boca se le seca otra vez y se deja caer nuevamente sentado sobre la cama.

   -Si. Ella… desarrolló una fijación con mi culo. Decía que era hermoso, que mis nalgas eran tan duras, redondas y turgentes… Sus manos vivían tocándomelas, sus dedos clavados en ellas. Le encantaba que se la metiera por el culo, y era tan apretado, Sam, tan… torturantemente delicioso. Y me gustaba. Y cuando estaba sobre ella, en una pose clásica, sus manos no soltaban mis nalgas, acariciándolas, arañándolas, recorriendo con sus yemas la raja entre ellas, frotando una y otra vez la entrada de mi culo. Era extraño al principio, pero sentir la caricia de sus dedos, cómo empujaba a veces un dedo de manera circular sobre mi anillo… -relata mirando al piso, sonriendo halagado y excitado todavía al recordarlo, y a Sam se le seca la garganta y la verga le da un salto salvaje bajo el jeans.

   Joder, ¡ahora quería tocar esas nalgas! Tenía que tocarlas y saber sí eran tan maravillosas como esa Lisa parecía creer y ahora él se lo imagina.

CONTINUARÁ … 2

CASTIEL, ¿ERES EL VILLANO?

Julio César.

LUISA ESTELA DE MORALES (TSJ), LES LANZA UN SALVAVIDAS A LOS PERSEGUIDOS POLITICOS

mayo 20, 2011

VARGAS LLOSA Y LOS MALOS DIAS

   En qué paquete se metió…

   Hay gente que parece que no la piensa. Una de ellas es la presidente del Tribunal Supremo Chavis… digo, de Justicia. Ya había dado muestras de ello en diciembre de 2007 cuando el presidente Chávez llamó a una reforma constitucional para perpetuarse en el poder, y ella no sólo va y vota que NO, sino que alegremente deja que la gente lo viera y la fotografiaran. Qué vaporón pasó. Aunque continuó de Presidente del TSJ porque de todos ellos, ella es “la mejorcita que hay”. Dios, suena tan triste.

   Pero ahora, mientras el Gobierno gasta millones y millones de dólares comprando a los viejos e inútiles palangristas de la izquierda en el mundo para que hablen de “las bondades del Régimen acosado por delincuentes que debe meter presos aunque no quiere” (es decir, que es mentira que sean presos políticos encerrados porque a Chávez le da la gana), la mujer va para Cuba y dice que todavía tienen mucho que aprender de la “justicia” cubana en lo referente a cómo tratar ala Oposición. Caramba, ¿nadie pudo aconsejarle que era mejor que pasara agachada y en silencio? Ahora el mundo sabrá que lo que dicen los perseguidos políticos es verdad.

OMG CHAVISTA Y LOS CANALES COLOMBIANOS

Julio César.

ANGEL CASALLAS, ¿ANGEL O DIABLILLO?

mayo 19, 2011

FANTASÍAS CON GERARD PIQUÉ

   A simple vista es posible verle las aptitudes.

   En el trabajo siempre me toca oír hablar a las mujeres (y uno que otro tipo) de cómo van las telenovelas. Todas dicen que están fatales, pero no se las pierden. Hace poco comenzaron a nombrar gente cuyos nombres nada me dijeron, esos galanes de ahora. Uno sabe quien es Scarlet Ortiz o Gaby Espino, pero ¿esos tipos que se dan como la verdolaga cada vez que hay un concurso de belleza masculina? Sin embargo me intrigó el nombre de este, Ángel Casallas, porque todo el mundo parecía haber visto esta foto del muchachote vestido de “Ángelo” (no se puede negar que se ve bien, pero no tiene carita de ángel, al contrario). Lo busqué y supe que era, oh, sorpresa, modelo y actor salido del Mister Venezuela…

   Bueno, con esa facha ojalá sepa aprovechar su momento y llegue lejos. Aunque ahora que lo pienso… nadie dijo que fuera buen actor. Bueno, eso ya llegará, porque cuando Jorge Reyes comenzó no sabía ni hablar y ahora convence. Supo capear el temporal de video aquel y del dedo travieso de su compañera, Roxana Díaz.

RONALDO CRISTINO PASEA LA BUENA FACHA

Julio César.

JENSEN Y JARED, TAN SÓLO UNA NOCHE… 9

mayo 17, 2011

JENSEN Y JARED, TAN SÓLO UNA NOCHE                        … 8

   Me gusta presentar en estas páginas trabajos que NO SON MÍOS, como este, porque es fácil. Ya están pensados y sólo hay que subirlos. Pero en los casos donde no hay una traducción real, me toca bregar duro con el Google. Y sospecho que no quedan igual.

   Este relato es bueno, aunque más que uno de realidad alterna, es ciencia ficción. Ya sabrán por qué. Llevado por un gran estrés, un hombre conoce a otro y terminan en una cama. Será algo de una noche, piensa, se marchará con la mañana y la vida seguirá su camino. Qué equivocado está. Comienza lento, pero más adelante resulta ameno. Disfrútenlo.

……

LARGA Y ARDIENTE ESPERA

By Marriangelic.

Jared/Jensen

CN-17

   -Jensen… ¿en verdad no me buscabas? –le es imposible contenerse. Necesita saber. Y aguarda con el corazón en vilo. Estaba convirtiéndose en una nena, pensó con amargura.

   -¿Cómo, Jared? Ni siquiera sabía que eras de por estos lados de Texas. –replica algo agresivamente, ojos cerrados otra vez. No quería ser duro, pero es que le dolía tanto el abdomen.- Necesitaba unos días para estar en paz. Descansar… de todos. Para pensar. –aclara, callándose aquello de que no sabe qué será de su vida más allá del parto. No puede ni desea mirar tan lejos.- Y un amigo, Jeff, me recomendó este lugar.

   -Pero estás solo. ¡Y embarazado!

   -Gracias, Capitán Obvio. –es ligeramente mordaz.

   -A lo que me refiero, rubio listo que olvidó su ácido fólico… -se gana un ojo abierto, uno sólo, de Jensen.- …Es que no estás en una casa real. La propiedad de Morgan es más como una cueva. Y ni eso, las cuevas no gotean y es posible bloquear la entrada; estoy seguro que el viento, la lluvia y cierta clase de animales que no desearías sentir paseando sobre tu frazada cuando duermes a las tres de la madrugada, tienen acceso libre en la covacha esa.

   -Yo… -traga, ¿animales? No había pensado en eso. Oh, genial, algo más de qué preocuparse.- Estaré bien, Jared. No te preocupes. Lo tengo todo bajo control.

   -¿Cómo controlaste lo del auto, la electricidad o las pastillas olvidadas? –es algo severo. Y Jensen oprime los labios enrojeciendo violentamente, y a Jared, que obviamente está enloqueciendo, le parece que se ve hermoso.

   -Estaré bien, en serio. –responde sin fuerzas, y su rostro se crispa mientras se soba la barriga. Le dolía.

   Y a Jared esa certeza le llena de profunda incomodidad. No hablan más, tan sólo le observa. Debería continuar molesto con él, por desaparecer al otro día (Jensen lo metió a su cama, él se entregó como una virgen enamorada y el rubio se fue sin decir adiós; bueno, no fue en la cama de Jensen pero la idea era esa), por toda esa rabia, depresión y tristeza que no le dejaron en paz durante semanas. También por mentirle. Jamás le dijo que era casado… y Dios, esa idea dolía tanto. Pero ahora estaba ahí. La vida, el destino o el universo le había llevado a San Antonio, a su patio, y recuerda las palabras del rubio hace poco, “Misha era…”, en pasado.

   ¿Dónde estaba el fulano Misha? ¿Cómo podía dejar que Jensen partiera así en auto y se alejara de todo el mundo con semejante barriga, una que, era evidente, le causaba tantas molestias? Y ahora que reparaba en ello, ¿por qué necesitaba alejarse Jensen? No, no debía tomar esa vía, sabe que es peligrosa, pero cuando llega a San Antonio, deteniéndose frente al centro comercial, volviéndose y encontrándole dormido, subiendo y bajando lentamente el ancho pecho, con las manos en los muslos, la boca algo entreabierta, Jared desea con todas sus fuerzas ser “alguien” en la vida del rubio, que Jensen fuera suyo, que pudiera tocarle, besarle y aún más, recorrer con su mano ese vientre prominente.

   Sabe que es una locura, que tiene compromisos, otra vida que le espera… pero entiende que, diga lo que se diga, hará la guerra. Qué sí se le presenta la más leve posibilidad de entrar en la vida de Jensen Ackles, la tomará.

   -Jensen… llegamos. –le llama levantando una mano y recorriendo con el dorso de los dedos esa mejilla hermosa, pecosa, enrojecida y algo abultada.

   Jensen abre los ojos, no sobresaltado, con calma. Por un momento parpadea confuso, pero tranquilo. Extrañamente esos segundos de reposo fueron gratos. Repara en Jared y sonríe, perdido en su burbuja de falta de malestar. Y esa mirada hermosa pero nublada, esa sonrisa de agrado al encontrarle provocan que el corazón del más joven lata con fuerza. Hasta que Jensen parece enfocarle bien, reconociéndolo, recordando dónde está y quién es (prácticamente un desconocido con quien se acostó una noche), apartándose.

   -Yo… gracias. –desata el cinturón, abre la portezuela y toma el envase.

   -¿Te espero?

   -¡No! –es tajante, traga e intenta sonreír.- No sé cuánto me tardaré. Creo que iré a la consulta de la doctora Gamble. Jeff me la recomendó. –se siente obligado a explicar, y antes de que Jared pueda insistir, sonríe.- Gracias por todo, vecino. –cierra y se aleja.

   -Cabezotas… -susurra Jared, algo molesto.- Bien, si no quieres mi ayuda…

……

   A Jensen le agrada la doctora Sera Gamble, aunque le encontró algo agitado con la tensión… y pasado de peso. Le insistió, cómo no, que las molestias eran comunes en gente primeriza y que todo marchaba bien. Le acompañó a la salida, sonriente, agradable, servicial… recordándole lo del peso. Eso, y la forma en que tanta gente le miraba, le deprimió un poquito, por lo que, obviamente, terminó en aquella cafetería bajo una amplia sombrilla, comiéndose un delicioso aunque pequeño tarro de helado. Intentando por todos los medios no notar las miradas curiosas, otras un tanto censuradoras, de la gente que pasaba por allí. Mira el tarro vacío y casi hace un puchero. Necesitaba cariño y por ahora sólo podía encontrarlo en esos helados.

   No quiere pensar en Jared. Pero debe hacerlo. Recordar su postura, tamaño, sonrisa y ojos, le acelera el corazón, calentándole las mejillas y asustándole un poco. Debió contarle todo. Que era casado pero enviudó, que aquella noche necesitaba sentirse vivo y lo logró en sus brazos… y que ahora cargaba una barriga que debían compartir. Debió hablar pero…

   Siente miedo, del futuro; todo era incierto. Jared parecía un buen hombre, pero tal vez no le agradecería el que se presentara por ahí diciéndole que se había embarazado, tal vez pesando que Jensen deseaba que “cumpliera con su deber”. O, peor, que Jared no le creyera y debiera pasar por el horrible momento de sentirse juzgado como un tramposo. O que Jared le quitara el bebé en un absurdo juicio. O…

   Le duele un poco la cabeza. Y la barriga, el feto estuvo un rato en paz pero ahora comienza a molestarle otra vez. Se la soba, compungido.

   -¿Por qué torturas a papi? ¿No sabes que ahora sólo somos tú y yo? –le susurra.

   -Seguro no quiere incomodarte. Al menos no a propósito. –se sobresalta cuando la joven, alegre y amistosa voz se deja escuchar. Alza la mirada y encuentra a la bonita joven de cabellos oscuros, de buenas tetas y caderas, de rostro franco y bonito que le atendió en la barra. Con un nuevo tarro de helado en sus manos, el cual le lo ofrece.

   -Yo no…

   -Invito yo. Pareces necesitarlo.

   A Jensen le enseñaron a no tratar o aceptar cosas de extraños, pero la joven se ve dulce… y él ya se acostó y embarazó de un tipo al que no conocía. Además, ¡era helado! ¡Helado gratis! Le sonríe y toma el tarro.

   -Gracias. –y se lleva rápidamente una cucharada a la boca, casi gimiendo de gusto. Ella toma asiento.

   -¿Un mal día?

   -Una mala época. –un sujeto pasa y le mira feo.- Y esto no ayuda.

   -Es Texas, cariño. Un hombre embarazado no es extraño en estos días, pero aquí es como un letrero fluorescente en tu cabeza que anuncia atronadoramente “soy gay”. Y ya sabes cuánto temen los tejanos el que se sospeche que no son tan machos. –la joven mira los récipes sobre la mesita.- ¿Es una receta médica? ¿Todo bien con el bebé?

   -Si, en lo que cabe. –su ceño se frunce.- Hace que me duela todo, siento calorones horribles, y ahogos y sofocos. Los pezones me arden y duelen, las piernas se me hinchan y las caderas… -bota aire bufando y compone una sonrisa.- Lo peor son las patadas… parece clavármelas directamente en las costillas y duele como el infierno. –mira el helado, deprimido.- No entiendo por qué me lo hace.

   -Oh, vamos, seguro que cuando nazca serás el hombre más feliz del mundo. –intenta animarle, apretándole una mano.

   -Claro que lo seré… ¡ya no me pateará! –gruñe y ella ríe de forma abierta y agradable.

   -Digas lo que digas no me asustarás.

   -¿Qué? ¿Estás pensando en embarazarte a propósito? –se le escapa, reparando en que tal vez contó demasiado.- Yo… no quise…

   -Pues sí, pienso casarme algún día, pasar un tiempo retozando como conejos, embarazarme y tener tres o cuatros bebés.

   -Suena… ¿Piensas tenerlos todos en una camada o en varios partos? Como sea es aterrador. –se burla y ella ríe de nuevo. Eso alivia un tanto el humor del rubio.

   Humor que empeora rápidamente en cuanto intenta encontrar un taxi que le regrese aLa Marqueseña. Discutecon dos taxistas, uno le mira con franca incomodidad el vientre, el otro se queja de lo alejado del lugar. Rojo de furor, otra vez molestándole la barriga y cargando el peso del envase de combustible lleno, así como la bolsa de compras, decide cambiarse de esquina. Quien sabe, tal vez estaba en la zona cero de los idiotas y en otra calle la gente fuera más asequible.

   -¡Jensen, ¿qué haces cargando eso?! –ladra una voz que le sobresalta. Casi grita y deja caer el bidón cuando se vuelve. Allí está la camioneta de Jared. Y Jared, quien le mira ceñudo.

   -Jared… -deja escapar el aliento, sintiendo tanto alivio que sus ojos parecen humedecerse. Ignora que no es casual. Jared, desde que le dejó en el poblado estuvo dando vueltas por ahí, esperándole.

   -¿Ocurre algo? –sale del auto y llega frente a él.

   -No puedo conseguir un taxi que me lleve… -y Jensen odia sentirse frágil, así como la expresión suplicante que seguramente hay en su mirada, o las mejillas enrojecidas. Se siente débil, agotado y muy vulnerable. No lo entiende, nunca es así, sospecha que puede tratarse de un  cambio hormonal.- La gente sólo me mira y nadie quiere hacer el viaje, creo que no desean ni que esté aquí. –le alarma el tono roto de su propia voz.

   -Shhh… -Jared sisea, callándole; imposibilitado de alejar sus manos le atrapa las mejillas, alzándole la mirada, acariciando con los pulgares esos pómulos hermosos y salpicados de pecas doradas.- No hay problema, Jensen. No necesitas nada de nadie, aquí estoy yo. –se ofrece con voz suave como para no asustarle, tragando saliva y algo ronco. Dios, desea abrazarle, acunarlo y borrarle a fuerza de besos esa expresión dolida. Como aquella noche.

   -Yo… no quiero molestarte, pero… -traga saliva.- Sé que me has ayudado mucho, pero en verdad necesito salir de San Antonio y llegar a la casa y poder sentarme y… -la voz se le atropella.

   -Te repito, no hay problema. En serio. –le sonríe suave, bajando un poco el rostro, buscando su mirada. Y cuando esas bellas esmeraldas se fijan en él, agradecidas, con una leve sonrisa extendiendo esos labios carnosos, no puede evitar el escalofrío que recorre su columna.

   -Gracias… -y le parece que lleva toda la vida diciéndole eso. Ahora repara en la mirada extasiada de Jared, fija, en su enorme sonrisa.- ¿Qué ocurre? –se incomoda, está muy consiente de sus mejillas abultadas, su vientre prominente, su figura algo redondeada.

   -El helado era de chocolate, ¿verdad, niño goloso? –pregunta mirándole fijamente los labios, atrapado por la leve mancha.

   Cuando su dedo pasa, acariciante, llevándosela, el más alto es consiente de varias cosas, del temblor de su propia mano, de las ganas que tuvo de quitarle esa manchita con la lengua… y el jadeo contenido que lanza Jensen, apartándose al fin.

   Y Jared no entiende por qué le parece tan adorable en esos momentos.

……

   El viaje es cómodo. Jared quiere saber sí habló con la médico y qué dijo esta, cómo le encontró. A Jensen le hace gracia como vuelve sobre un punto e interroga como sí en verdad quisiera o le interesara saber. No puede saber que a Jared realmente le interesa.

   -No fue agradable saberlo. Sabrás que soy… algo dormilón. Me encanta dormir. No soy una persona mañanera, pero en esos días… -comenta el rubio mirando por la ventanilla.- …Vivía cansado, y caer en mi cama me parecía la mejor idea del mundo. A veces despertaba a las nueve y media de la mañana y sencillamente no podía salir de la cama. Era abrir y cerrar los ojos, adormilándome, hasta que el hambre me hacía poner de pie. Cuando comenzaron los malestares, las nauseas y vómitos… creí que estaba enfermo. Fui al médico… y lo supe.

   -Embarazado. Guao.

   -Dímelo a mí. Mi familia lo tomó de forma mixta. A papá no le hizo ninguna gracia. –se siente impulsado a decir, y Jared intuye que Jensen no suele ser tan abierto nunca con nadie, así que tal vez necesita hablar (o él le despierta confianza, teoría que le gusta más).

   -Jensen… -duda, y Jensen le mira, fijamente, retándole por tres segundos antes de sonreír.

   -No, Jared, no quiero hablar más de mí. Es complicado.

   Luego pasan a discutir amigablemente de futbol, béisbol y baloncesto. Gritan en medio de sonrisas mientras cada uno defiende su punto de vista. Al parecer son seguidores de equipos opuestos en todo. Más tarde Jensen deja caer la cabeza en el asiento y oye a Jared hablar y hablar. Para el castaño parece fácil, así como para el rubio parece muy natural el oír. Habla de su familia, de su casa, de su niñez alegre, del colegio y de la universidad. Habla de sus amigos locos, someramente pasa sobre el tema de las novias. Y mientras conduce (ni el mismo sabe porqué tan lentamente), le mira y nota que Jensen va adormilándose. Y parece buscar eso, verle descansar un poco.

……

   -Jensen… Jensen… -oye que le llaman suavemente, mientras siente el cálido roce sobre su mejilla (aparentemente el método favorito de Jared para despertar gente, pensará más tarde). Es grato… hasta que recuerda que no se trata de Misha, ¿quién…? Abre los ojos inquieto, es Jared.- Hola.

   -Lo siento. Me dormí. –sonríe turbado.

   -Lo noté. Y justamente cuando contaba la parte más emocionante de mi vida. Ah, la historia de esa rubia misteriosa y el científico loco que construía ese rayo de la muerte será algo que jamás volveré a contarte. Me pasó el verano pasado.

   -Tonto. Y no quise dormirme. ¡Es por el embarazo! –gime a la defensiva, enrojeciendo, frunciendo el ceño cuando Jared ríe.

   -Bromeaba. Llegamos. –abre la portezuela y sale.

   Jensen igual, el cálido aire le golpea el rostro. Con una mueca mira hacia la vieja casa. Se vuelve y del asiento posterior saca el envase con combustible. Pesa.

   -¿Qué diablos hace? Déjame a mí. –ladra Jared casi corriendo a su lado.

   -Puedo llevarlo. No soy una chica. -se mortifica, y más cuando Jared recorre, con intención, su barriga.- Idiota. –pero suelta el envase y se vuelve para no ver la sonrisa de Jared, quien le sigue rumbo a la casa.

   -¿Dejaste la puerta sin seguro? –oye la recriminación. Jensen enrojece otra vez.

   -Cuando fui a pedirte combustible no creí… que tardaría tanto. –le mira, turbado, deseando encontrar palabras para expresarle su gratitud, una verdadera; le ha dicho gracias infinidad de veces desde que se conocen, pero eso no esbozaba lo que en verdad sentía.- Lamento haberte causado tantos problemas…

   -Déjame meter esta bolsa… -le muestra las medicinas, sonriendo, dejando el envase en la entrada.- La dejaste en la camioneta. Luego pondré en funcionamiento el generador. –le empuja a un lado, suave, pero empujón al fin y al cabo, y entra en la pequeña, destartalada y agobiante casucha.- Por Dios, ¡esto es una pocilga!

   -No está tan mal. Debiste ver mi primer apartamento en… -defiende la propiedad, pero calla cuando Jared le mira desagradablemente impresionado, viéndose autoritario.

   -Esto es una ruina, ¿en qué pensaba Morgan enviándote aquí en tu estado? ¡Y tu marido! –acusa.

   -Estaré bien. –es frío.

   -No, Jensen, esto es una verdadera ruina, seguro que no hay agua corriente ni calefacción, ¿sabes que a veces la temperatura es casi helada durante las noches? Y eso que cae en mi ojo es un enorme rayo de sol que se filtra por uno de los seguramente mil agujeros en el techo. ¡No puedes quedarte aquí! –da un paso hacia él, resuelto.- Toma lo que necesite; tú vienes conmigo… a mi casa.

CONTINÚA… (no continúo, es una historia que muere por falta de interés).

DEAN TIENE UN FETICHE

Julio César.

VAYA SUEGRO… 3

mayo 17, 2011

 VAYA SUEGRO                         SUEGRO… 2

   -Bueno, yerno, ¿qué le pasa? Comienza a quitarme la ropa con los dientes y después se detiene. Sea un hombrecito serio y termine lo que comenzó.

   -Esta bien, suegrito…

   -Me pasó la lengua otra vez por la nalga, yerno, siga así y le voy a meter otra vaina en esa bocota, ja, ja, ja… -bromea el hombre con el marido de la hija.

   -Seguro que me ahoga, pero la lucha hago, ja, ja, ja… -¿bromeaba el joven?

ESE SUEGRO… 4

Julio César

LUCHAS INTERNAS… 65

mayo 17, 2011

LUCHAS INTERNAS                         … 64

   Le gustaban de todos los colores y sabores.

……

   Mientras afuera había todo un país y un mundo que luchaba por sobrevivir con cierta dignidad, defendiendo ciertos valores que al faltar hacían imposible la vida de la gente decente, tanto en el cerro como en la urbanización, Arcadio Bittar, general dela República, tenía sus propias prioridades.

   El hombre estaba arrodillado de cuclillas sobre su amplio escritorio, sudando a chorros, jadeando con agónicos gemidos que escapaban de sus labios apretados mientras sus nalgotas blancas y musculosas, algo flácidas ya, subían y bajaban lentamente sobre un largo, nervudo y grueso dildo rojo chillón, de los que tienen una base como con dos bolas y una pequeña ventosa tipo chupón que lo adhería a superficies planas. Con los ojos cerrados, la cara empapada, así como el pecho y los hombros, con las manotas sobre sus muslos, el carajo sube y baja, como en éxtasis, sus caderas, llevando y trayendo su culote dilatado y vicioso sobre el rígido tolete de goma que le arrancaba oleadas de cálidos deseos. Su culo lo tragaba, lo amasaba, lo chupaba, cerrándose y abriéndose espasmódicamente sobre el instrumento. Su espalda brilla, sus músculos se contraen bajo la piel cuando las nalgas suben, cerrándose un poco, dejando escapar el tolete del culo, para luego descender, abriendo otra vez las nalgotas, empalándose.

   Mientras lleva y trae su culo sobre el grueso consolador, el hombre vive un momento de paz nirvánica, alcanzando el equilibrio. Ese güevo le produce placeres que lo calman y deseos que lo encienden y enloquecen. Recuerda como era a los trece años, fornido y alto, practicaba deportes, mostrándose bonito, rudo y viril; pero cómo le encantaba meterse en los vestuarios para ver a los otros chicos desnudarse. Recordar sus torsos sin franela, sudados, tetoncitos, lo excitaba aún ahora. Sentía que el güevo le ardía un poco, por esos años aún se le paraba. Verlos en calzoncillos lo enloquecía, y mientras todos iban a las duchas, él se rezagaba, tomaba los calzoncillos y los olía, pegándolos a su cara, sintiendo el aroma a sudor, bolas y hasta semen. Estaban calientes y húmedos, y él se corrió más de una vez, solo oliéndolos; hasta que Tulio, uno de cuarto año lo descubrió, obligándolo a quedarse después de que todos se fueron.

   El rojo culo sube y baja sobre la aún más roja tranca de goma, tragándola lentamente, bajando bastante, sintiéndola muy adentro en sus entrañas; mientras recuerda como Tulio, en toalla, con una erección al frente, le obligó a arrodillarse, restregándole su calzoncillo en la cara. A él eso le enloqueció y calentó; lo olió, lo mordió, chupando la sudada tela con ansiedad nacida del hambre. Eso calentó tanto a Tulio que sacándose el rojizo güevo lo obligó a mamar. Le costó, lo ahogó y casi vomita. Pero el cálido tolete, rígido y duro como sólo puede estar a los dieciséis años, le bajaba caliente por la garganta despertándole más la ansiedad. Su garganta lo atrapaba, lo halaba, lo mamaba.

   Gimiendo, el niño Arcadio mamaba y mamaba ese güevo, sintiendo como Tulio le atrapaba la nuca, obligándolo a quedarse empalado ahí, cogiéndole la boca con fuerza, corriéndose dentro y forzándolo a tragarse su leche caliente. Dos días más tarde perdió la virginidad en esos baños, de rodillas en el piso, a cuatro patas, sintiendo como el culo le ardía, se le desgarraba y dolía, pero sintiéndolo rico. Cuando el güevo se clavaba todo, su apretado culo lo halaba feroz, sorprendiendo a Tulio, desnudo tras él, fascinado con ese hueco caliente. Arcadio se estremecía en el suelo, sintiendo ganas de gritar. Ese güevo le provocaba sensaciones nunca antes conocidas, todo su cuerpo estaba erizado. Sus caderas se agitaban y su culo iba y venía, joven, caliente, frenético, contra el pubis del otro, empalándose, gozándolo; hasta que los dos gritaron al sentir la explosión de leche en su interior. Arcadio, el general, jadea, sintiendo como pesadas gotas de cálido sudor bajaban por sus sienes, mientras su culo bajaba más y más, clavándose todo la rica barra de goma.

   Su fama creció rápidamente dentro del colegio, y en cuanto su culo se alivió, se encontró mamando a dos muchachos de quinto, para estar pronto en cuatro patas, con uno cogiéndolo rudamente por el culo y el otro clavándosela en la garganta. Para un chico que iba para los catorce, fue la locura. Algún tiempo después, una tarde, saliendo del liceo, recostado del autobús escolar, sintió que alguien se le pegaba atrás, era Rufino, el chofer del vehículo, un tipo de unos treinta años, de rostro pícaro, bigote rojizo y ojos amarillentos. Él debió molestarse, pero notó tras sus nalgas una barra granítica, larga, gruesa, no como la de los muchachos. Y ese carajo la frotaba sabroso contra su culo. Esa tarde, después de terminar el recorrido del autobús escolar, el tipo lo llevó a las afueras de la ciudad, y sentado tras su volante se quitó el pantalón y una pequeña tanga blanca, sucia, que excitó mucho al muchacho de quince años. El tipo le bajó la ropa y lo obligó a sentarse sobre sus piernas, cogiéndolo con su propio peso al estar sentado sobre él. Arcadio gritó y jadeó, y lo gozó como nunca. Ese güevo lo rasgó, cagó sangre, pero lo hizo gritar de pasión.

   El rumor también corrió rápido en el pueblo, y ya para los dieciséis, casi todos los choferes de bus y de camiones, que tenían una verga grandota, lo conocían. Una tarde se fue con uno de los choferes, amigo de su casa, Jacinto, quien lo desnudó y apoyó del capote, como si fuera a cachearlo como un policía, sacándose él el güevo de los pantalones, frotándolo contra sus nalgas, hasta clavárselo así de pie, cogiéndolo con fuerza, con rudeza, con ganas, estremeciéndolo todo con sus embestidas y pasión. Arcadio lo gozaba una barbaridad hasta que oyó un: ‘¿Qué pasa aquí?’, y aterrorizado vio a su hermano, César, dos años mayor que él y amigo de Jacinto. César era inteligente y pronto comprendió de qué pata cojeaba su hermanito, y verlo así, cogido por Jacinto, lo calentó. Nuevamente Arcadio terminó en cuatro patas siendo sodomizado por Jacinto, mientras su boca golosa subía y bajaba sobre un güevo nuevo y a la vez viejo, el de su hermano, tragándolo con lujuria. Ya era un ser amoral, y saber que era su hermano lo excitaba todavía más.

   Con el rostro echado hacia atrás, bañado en un aceitoso sudor, el tipo se encula sobre el enorme dildo, sintiendo como lo penetra, frotándolo, calentándolo más, y sin embargo su propio tolete continuaba solo medio erecto. Recuerda como esa noche su hermano entró a su cuarto, donde él lo esperaba, sabía que iría, asustado y anhelante. Aunque lo mamó, su hermano no estaba para eso, muy pronto lo tuvo desnudo, boca abajo, con las piernas y nalgas muy abiertas, mientras él se le montaba encima, enfilando su güevo hacia el culito de su caliente y maricón hermano menor. Lo penetró, y tal vez saber quién era, provocó turbulentas y angustiosas oleadas de deseo en el joven que gemía y se retorcía bajo el peso del otro, que le martillaba el culo con su porra, cogiéndolo hondo, abriéndole las nalgas al bajar el tolete, cogiéndolo más. Y desde esa noche, César tomó la costumbre de visitarlo y cogérselo a fondo, diariamente.

   Pero un día pasó lo inconcebible, su hermano se casó y se marchó, no sólo de la casa, sino del país, con su mujer; y la criatura egoísta, disipada y depravada que ya iba creciendo dentro de un cuerpo fuerte y musculoso, se rebeló. Los odió por irse, pero sobre todo a ella, a la puta que le había quitado a su hermano, y por extensión a todas las putas que les quitaban a sus amigos. ¡Como odiaba a las mujeres! Golpearlas era lo menos que podía hacer. Su primera mujer no lo soportó y lo botó en seguida; la segunda era una mujer de baja calaña, como él, sabía en qué se metía, pero le gustaba la buena vida que ese enfermo podía ofrecerle con sus delitos.

   El cabello corto, grisáceo ya en muchos puntos, castaño en otros, está oscuro y pegado a la nuca por la transpiración, su espalda, ancha, que sube y baja, brillante de sudor, deja ver los músculos tensándose, su cadera muestra una pequeña franja de grasa, no mucha, y sus nalgotas blancas y abiertas, algo flácida, suben y bajan, utilizando las caderas y las rodillas, cayendo y saliendo del grueso dildo. El culo lo traga todo, engulléndolo, metiéndoselo en sus cálidas entrañas, hasta que del tronco del instrumento queda solo un centímetro afuera, y eso porque las nalgas mismas frenan la entrada del resto al chocar del mesón, ¡así de clavado está! Y allí menea sus caderas de adelante atrás, frotándose con ese tronco adentro, gruñendo y gimiendo ante las olas de placer que siente.

   Nuevamente recuerda las cosas que le planteó Ricardo Gotta, que se convirtiera de frente en un general del Proceso, de cara al público, que tratara con manos dura a los manifestantes y sobretodo a las mujeres, que las agrediera, que las golpeara, así sabrían que nadie sería respetado o estaría a salvo, y por otra parte, intimidarían a una gente que salía y salía a enfrentarlos. A Bittar la cosa le atrajo un poco (poder golpear a todas las malditas putas que le quitaban a sus machos); pero era una locura. Su nombre, su reputación que no era muy buena de por sí, quedaría destruida. Y eso alcanzaría a sus hijos y a su familia toda. Eleva las caderas y la ventosa del dildo cede, levantándose. El hombre cierra los ojos, mórbido, gozándolo y gruñe, pujando, y lentamente el enorme instrumento va saliendo de su culo, resbalando, y eso lo excita mucho.

   -Disculpe, general, pero necesitaba hablar con usted. -oye una ruda y varonil voz en la puerta.

   Con un alarido, Arcadio Bittar casi se cae de la mesa, sintiendo como el culo se cierra sobre el dildo, pero aún así tirándose un peo, aterrado al ser descubierto en semejante escena ¡Allí estaba su edecán!, boquiabierto, imposibilitado de creer lo que ve; y un tipo al que no conoce, alto, joven, recio, de cabellos claros levantados en puntas, con una sardónica sonrisa en sus labios y unos lentes oscuros cubriendo sus ojos.

   -¿Qué coño hacen aquí? ¡Fuera! -ruge asustado pero intentando parecer rudo.

   -Si grita puede venir mucha gente a ver qué le están haciendo. -es la réplica burlona del carajo.- Creo que su ayudante y yo debemos atender este asunto en privado. -dice rudo, tomando al joven por un brazo y obligándole a entrar, cerrando la puerta tras ellos, con la maldad en mente.

……

   Ignorante de lo que se le venía encima, Frank paladeaba por primera vez desde su llegada al país y a la firma, las mieles del éxito. Las cantidades de dinero que se movían, en negociaciones chucutas, trácalas, fugas de capitales y las justificaciones de bienes, que venían a ser poco menos que legitimación de capital, lo estaban enriqueciendo aún más. ¡Esos eran negocios! Tratos donde se captaban cantidades obscenas que la gente del Régimen, corrupta y voraz como no recordaba otra, robaba del erario público. Y las conexiones que se tejían eran poderosas. El Gobierno recibía golpes y ataques de todas partes, pero era gente capaz de resistir. Eran delincuentes armados, y lo más importante, no se les aguaba el ojo a la hora de agredir o disparar contra la población. Si fuera necesario, intentarían sostenerse a base de terror puro, matar y matar…

   El abogado no se lo planteaba en esos términos tan crudos, pero sabe que así es. Esas conexiones podían servir más tarde para resolver el juicio pendiente que tenían contra los Roche. Al iniciarse la firma, ambas familias, Roche y Caracciolo, invirtieron capital propio para las oficinas, sueldos, contrataciones, y las remesas bajo mesa con las que se compraba o agradecía la ayuda de policías, comisarios, escribientes, fiscales, abogados y algunos jueces. Venezuela era un país donde un juez no veía nada de malo en recibir un pequeño presente.La Torrecreció, poderosa e importante, y era lógico que se conformaran pequeñas dependencias en otros estados, lo que gradualmente llevó a la tribu de Alcalá, un antiguo diputado demócrata-cristiano que arrimaba esos casos al bufete. Y todos ganaban plata.

   Poco a poco las familias fueron separándose, había mucho dinero, prestigio y poder de por medio y, a veces, un grupo defendía intereses que el otro condenaba. Germán y Manuel parecían no entenderse ya, dos hombres amigos, hermanados de toda la vida, fueron separándose por los auxiliares, ayudantes, asistentes y familiares. Dos cosas pesaron terriblemente a la hora de la despedida amarga entre los dos hombres; por un lado, a la caída del presidente Téllez, Venezuela vivió lo que se conoció como el derrumbe del sistema financiero, el desastre bancario. Los bancos, y los banqueros, se lanzaron a jugar a Falcon Crest o Dinastía, acorralando a rivales, comprando acciones del enemigo, forzando fusiones y bajas de ganancias, soñaban con ser reyes o emperadores que todo lo avasallaban. El bufete apoyó en una de esas guerras al Banco Solidaridad contra el Venecia, al cual finalmente aniquiló y anexó; pero todo el sistema financiero, y esos bancos, quedaron enfermos y arruinados por las insensatas luchas y los incompetentes que los dirigían. Los banqueros utilizaron el dinero de los depositantes como algo personal, algo que era de ellos para tomar y jugar al titán de las finanzas, auspiciando negocios que fracasaron y comprando acciones que nada valían, con plata que no era de ellos.

   Y como decía la canción, todo se derrumbó; los bancos cerraron y la mayoría de los banqueros, que al final se entrevieron como vulgares delincuentes a pesar de los apellidos y las conexiones, huyeron con el dinero dado por el Estado para paliar la crisis, ¡para colmo de males! Poca gente, entre ellos el viejo periodista Rafael Poletto, lo previó; con boca de sapo dijo que el sistema financiero iba a caer sobre el gobierno del doctor Calderón, como una casa apolillada y que muchos banqueros se robarían los auxilios prestados. Tal vez fue él quien metió esas malas ideas en cabezas tan ilustres, que ahora no eran más que ladrones escapados por todo el mundo. Germán, llevado por Norma, actuó. Sacaron su dinero del Venecia cuando pudieron, los Caracciolo no. Perdieron millones, lo que mermó su poder dentro deLa Torre, y Frank siempre los culpó de actuar a escondidas y no advertirles a ellos sobre lo que pasaba.

   Lo otro que motivó el odio fueron los terrenos donde se construyó la mansión Roche. Originalmente fueron adquiridos por la firma, más tarde Germán los compró. Pero el administrador de la época, un hombre de Manuel, escapó con una fuerte suma de dinero, muchos papeles legales, y hasta el día de hoy nadie había vuelto a verle. Los Caracciolo no quisieron aceptar la legalidad de la compra, pero los Roche se negaron a negociar. Antes del ataque que le obligó a retirarse, Manuel intentó una acción legal contra Germán, aduciendo competencia desleal en lo referente a los capitales depositados en los bancos sacados por los Roche y la compra ‘fraudulenta’, algo más parecido a un robo, de los terrenos. Utilizó los tribunales, en la persona de su ficha más conspicua, un hombre que le había y le haría aún un daño terrible al sistema judicial, Manuit Quijaranda, el comisionado para la reforma judicial, para presionar a los Roche y al bufete a negociar. Negociaban, o se arriesgaban a perderlo todo en medio de una decisión absurda, pero muy posible en un país de justicia muy envilecida.

      -Todo esto es una locura, papá. -dice Frank en estos momentos, hablando por teléfono, tras su escritorio, sonriendo satisfecho.- Si. Lo convertiré todo en dólares y los enviaré a Niza. Este país es una mierda. -se ríe.- Todo se va a ir al coño. Para cuando esta gente termine, cada hombre y mujer de este país va a estar comiendo basura, viviendo en la calle y vendiendo el culo para sobrevivir, igualito que en Cuba. -lo dice con frialdad.- No. No creo que nada cambie. Hay quienes se oponen, pero no son suficiente. Hay paros, pero el transporte funciona. -ríe divertido.- Si, les permitieron aumentar cien bolos los pasajes y vendieron hasta a sus madres. Y para colmo todas las semanas matan dos o tres choferes y aún así lo siguen. Son unos pobre lambucios. -ríe tanto que tiene que secarse los ojos con el pañuelo.- No. Creo que lo mejor es liquidar todo lo que tenemos y largarnos. Ya quiero irme. Aquí sólo hay violencia y basura. Si vieras como está Caracas de horrible. -no lo dice, pero piensa: te daría otro patatús.- No. Hay que sacar lo que podamos e irnos a otra parte, donde se pueda vivir como gente. -oye un largo rato.- Nos vemos. Tal vez viaje este fin de semana…

   Se despide colgando. Sonriendo. Esa noche no verá a Marina. Se citó con dos puticas que le presentó Ricardo. No se siente culpable; le gusta Marina, pero no tanto como para no fijarse en otras, más jóvenes, con más tetas y más bonitas. No es un hombre estúpido, sabe que Ricardo lo esta halagando; lo… engorda para él. Ese pensamiento le desagrada, porque entrevé lo que puede haber detrás; pero Ricardo estaba fumándose una lumpia si pensaba que él era idiota. Se siente contento, realizado. Sabe que Norma le teme, que teme lo que él pueda hacer en los tribunales. Y Aníbal ni le habla. Pobre imbécil… sirvió bien, mientras fue de utilidad. No sentía remordimientos, ni pena, ni desasosiego. Hasta iba olvidando ese rato de calenturas y fiebres palúdicas que le produjo el conocer a Nicolás Medina.

   Y sin embargo, todo su mundo iba a ser convulsionado por el ataque de Las Chicas Superpoderosas…

……

   A lo largo de su vida, Bittar había pasado momentos muy horribles, como cuando su padre supo que era el marica mamagüevos de todos en el barrio, y lo jodió; o en el cuartel, donde un teniente lo descubrió, de soldado raso, mamando a un sargento y  luego tuvo que mamarlo a él y dejar que los dos lo cogieran. O cuando hizo desaparecer la primera droga que luego comerció, y la gente lo comentó. Pero esto… El consolador que tenía en el culo se deslizó un poco, quedándose allí. Arrodillado sobre su escritorio, mira, estúpidamente, a su edecán y a un tipo que no conoce.

   -¿Cómo entran así a mi oficina? -intenta gritarle al edecán.

   -Lo siento, mi general, pero oí gritos y…

   -Deja al muchacho en paz, Bittar. -dice el tipo.- Tenemos que hablar, los dos. Y más… -estando al lado del edecán, baja una mano y la cierra sobre su bragueta, apretándolo.

   El joven chilla y casi da un salto atrás, pero ese tipo, lo retiene por el tolete que siente debajo de la tela, apretándolo más, sintiendo como se revolvía en su mano experta. Bittar mira eso, mórbido, ¡como que tendría acción! El güevo del joven comienza a crecer, aunque el chico estaba rojo como un ladrillo, y muy asustado.

   -Vamos a darle lo que tanto quiere al viejo marica… -le dice el tipo al joven, sonriéndole burlón, y casi halándolo por el güevo hacia Bittar, que los espera jadeante, expectante, perdido ya en su lujuria.

   El edecán mira al general que jadea, y siente asco y excitación. Llegan junto a él y carajo tomándole la sudada nuca a Bittar le baja el rostro, restregándoselo contra la entrepierna del joven, frotándolo allí, donde descubre la dureza del tolete. Ese rostro se frota con rudeza, con ganas, por voluntad del hombre, que olisquea, chupa y mordisquea sobre la tela verde. Al inclinarse así, su culo sube un poco, ya que el hombre casi está en cuatro patas al apoyar las manos en el mesón. La mirada oculta tras los lentes, aún así notándose burlones, caen sobre las nalgotas de Bittar, donde algo emerge grande y cilíndrico de su culo, el dildo de goma. El tipo de los lentes lo toma por la base, calibrándolo, empujando un poco, sonriendo al ver como la firme textura gomosa va entrando, empujando el culo.

   Bittar jadea, apretando los dientes, sorbiendo aire, excitado, gozando eso. Mira al edecán con una mueca de odio y deseo asquerosa, que estremece al joven. Con manos febriles le abre la bragueta, metiendo sus manos grandes allí, sacándole el güevo erecto, que le hace jadear de deseo. Como le encanta eso, ¡cuantas locuras y ruindades había cometido por su ambición de plata y por su debilidad por los machos! Golosamente su boca cae sobre el joven güevo, tragándoselo todo sin ningún problema; lo atrapa hasta la base, donde sus labios se curvan, apretándose contra su peludo pubis, metiéndose dentro del pantalón. Ese tolete palpita tan caliente, salino y poderoso, que enloquece. Su boca sube lentamente, lamiéndolo, mamándolo, queriendo sacarle sus jugos secretos y deliciosos.

   Mientras su boca va y viene, comiéndose ese joven tolete, Bittar gruñe y ruge al sentir como su culo es penetrado por el dildo. Alex, que de él se trata, mira como ese culote se abre tragándolo, siendo empujado lentamente por el voluminoso tronco, para luego dejarlo salir suave. Sonríe más y saca el dildo, y el culo queda abierto, como un pequeño agujero que titila y tiembla hambriento. El tipo extiende sus dedos índice y medio de la mano derecha y los lame con lujuria, para luego llevarlos hacia ese culo, que frota externa y rudamente, en forma circular, haciendo gemir a Bittar. Esos dedos empujan, calientes, rígidos. Lo penetran, profundo, quedándose quietos, muy clavados. El hombre sonríe al notar como esas caderas se agitan y como ese culo le hala los dedos apretándoselos con ansiedad.

   -Hummm, sí, métemelos… cógeme con tus dedos, papi… -gruñe Bittar viciosamente, chorreando saliva por su mentón. Y los dedos entran y salen, rígidos y rudos.

   Excitado a pesar de los negocios que maneja, Alex saca sus dedos del hambriento culo y va al lado del edecán, sobándose el güevo sobre el oscuro jeans, librándolo al fin, dejando al descubierto su hercúleo miembro, que hace que Bittar jadee. Su boca cae sobre la roja y enorme cabeza, besándola y chupándola cálidamente, antes de sacar su lengua voraz que lame cada lado del tronco, de arriba abajo, degustándola, sintiendo su dureza, su calor y su sabor. Esa lengua lame la roja cabeza, con ganas, queriendo sus jugos de hombre. Finalmente la boca baja, tragándola lentamente, con algo de esfuerzo. Traga una buena porción, sube y baja lentamente, mamándola, haciendo gruñir a Alex.

   -Quítate la ropa. -le ordena rudamente al edecán, quien miraba, hipnotizado, cómo Bittar mamaba esa tranca.

   No pasa mucho tiempo antes de que el joven esté tan desnudo como Alex, ambos mirados en forma lujuriosa y voraz por Bittar, quien en cuatro patas sobre el mesón, meneaba el culo con expectación. Alex lo obliga a bajar de allí, arrodillándolo en cuatro patas sobre el piso, casi bajo el escritorio, con la cabeza metida allí y las nalgas al aire. El catire le ordena al edecán que se acuesta boca arriba sobre el escritorio, pero el chico duda, inquieto, y casi es acostado de un empujón, quedando de espaldas, con sus piernas muy abiertas, siguiendo la misma dirección sobre el mesón que el culo de Bittar bajo el mismo.

   Alex, lujurioso, se arrodilla tras Bittar, mirándole el culo. El carajo lo encuentra sudado y expectante, quiere eso, quiere ser cogido duro, sodomizado con fuerza. Su ano palpita en forma violenta, tanto así lo desea. Alex sonriendo burlón, le soba con una mano abierta una nalga, el pulgar rueda sobre ella y frota la entrada del culo que casi sufre un espasmo, queriendo que algo se le meta ya.

   La roja cabeza de su güevo se apunta contra el culo, y entra, deslizándose suavemente, sin dificultades a pesar de lo grueso de la barra. Ese culo lo atrapa todo y Bittar se cimbra en el suelo, gimiente, apretando las nalgas y el círculo de su culo sobre la dura y caliente porra que le palpita en las entrañas, provocándole oleadas de lujuria y placer. Su hueco se pone aguaito y muy caliente sobre ese tolete, halándolo, apretándolo, masturbándolo con sus músculos. Alex jadea, ese culo se sentía bien, el general sabía sacarle música de la buena. Mira al edecán, que acostado sobre el mesón y con las piernas abiertas, lo mira elevando un poco el rostro.

   La lengua de Alex sale y su punta cae sobre la dura barra, lamiéndola,  haciéndolo gemir. El güevo del joven se estremece ante la cálida, húmeda y experta lamida que ahora ocurre con toda la lengua, de abajo arriba. Esa boca cae golosa sobre el ojete del tolete, chupándolo ruidosamente. El joven gime al sentir como la boca se traga su güevo, mamándolo y chupándolo lentamente. Bittar y el edecán jadean y gruñen, sudando a mares. Uno cogido, el otro mamado. El güevote del tipo sale casi todo del culo, viéndose enrome y largo, para luego volver a enterrarse con ganas, todo, hasta la empuñadura. Mientras sus caderas van y vienen con fuerza, con rudeza, aplastándose contra esas nalgas que bailotean, Alex baja su lengua por el tolete del gimiente joven, lengüeteándole las bolas que se agitan y retraen en el saco, para bajar más y lamer los pliegues que llevan al culito, y lamerlo directamente en forma ansiosa y hambrienta.

   Dios, era un joven, delicioso y virgen culo que se estremecía bajo el paso de la lengua hábil…

CONTINUARÁ … 66

Julio César.

EL CONTRALOR, CHUO TORREALBA Y EL NUEVO PAÍS

mayo 17, 2011

 

  Con mala leche, como dirían los españoles…

EL PAPELÓN DE LA LEY DE UNIVERSIDADES

   Como sabrán, el hasta ayer Contralor General dela República, doctor Clodosvaldo Russian, se encuentra hoy retirado de su cargo al caer víctima de un accidente cerebro vascular (ACV). Yo pensaba no decir nada al respecto (cuando no se puede decir algo bueno de alguien mejor es callar), como sí dije cuando lo de Danilo Anderson; pero por comentarios de un comunicador social que sigo todas las mañanas por televisión, Jesús Torrealba (Del Dicho al Hecho, por GLOBOVISION), refiriéndose a un periódico del que soy fanático, EL NUEVO PAIS, me veo obligado a romper el silencio.

   Clodosvaldo Russian era un hombre poco conocido aunque tenía toda una vida enla ContraloríaGeneraldela República. Salíapoco, investiga muchos menos y sólo se le veía cuando el Gobierno le usaba como brazo ejecutor contra algún opositor político. Entonces sí aparecía el hombre, sancionaba, inhabilitaba y volvía a su ataúd. No por nada se le conocía también como Ruffian. Pero no es por esta modesta función de chavista de uña en rabo que se fingía Contralor General por lo que siempre le desprecié, a pesar de que hizo mucho, mucho daño y de que encerró gente en cárceles siendo inocentes; fue por su complicidad necesaria en tanto dolor, llanto y muerte en las calles de Venezuela. No era la suya una culpa etérea, como la de un Ministro de Educación, por decir algo. Sus manos y su conciencia, lamentable es decirlo, estaban manchadas de sangre.

   De la sangre de hombres, mujeres y niños que murieron ruleteados de hospital en hospital en busca de atención médica, cuando estos estaban desasistido de todo por la corruptela Gobierno-Cuba, estafando a los más humildes con módulos chimbos y misiones que jamás son pisados por un jerarca chavista cuando se enferman. Mientras los hospitales, los presupuestos, eran robados descaradamente como nunca antes se había visto en la historia de este país lleno de corrupción, centavo a centavo, él se pavoneaba y cerraba sus ojos claros un tanto saltones, con esa sonrisita de desprecio cuando alguien hacía un señalamiento al respecto. Tantas denuncias de robo, de triangulaciones, de medicamentos desechados, tanta gente agonizando y él tan tranquilo.

   Mientras las policías eran desmanteladas y despojadas hasta de lo más básico para funcionar ya que los presupuestos engordaban las cuentas de los “compañeritos y camaradas” (ahora se sabe de la penetración del narcotráfico), y las personas eran asesinadas con total impunidad en calles, escaleras y aún dentro de su casas, él dormitaba pensando alegremente en cómo inhabilitar a otro político de oposición. El robo del dinero del Metro, el asalto a los presupuestos de vivienda, el pillaje colosal al dinero que le entraba ala República(un millón de millones de dólares), el endeudamiento con países peligrosos como China y Rusia para seguir despilfarrando y robando… nada de eso vio este señor a quien no se le puede adjudicar un adjetivo que no sea mal sonante, pero merecido.

   Cuando se supo que la enfermedad le había deteriorado bastante, EL NUEVO PAIS tituló esa mañana: inhabilitado el inhabilitador. Pues, eso pareció ofender al señor Chuo Torrealba. Lo creyó de mal gusto. Lo dejé pasar, aunque personalmente pensé que era el único y digno tributo que se le podía brindar al funcionarillo falaz y detestable. Pero cómo hoy dijo otra cosa sobre EL NUEVO PAÍS (lunes 16 de mayo), me veo obligado a responderle. Ese titular era necesario porque lo que ese hombre era, lo que representaba para vergüenza de este país, jamás debe ser olvidado. Ni él ni su gente, que le alentaban en sus tropelías, deben caer en el olvido, porque siempre he creído que cuando las autoridades vayan tras un atracador y detengan a la mujer o a la mamá si vive con ella y les quiten todo lo que tengan y que no puedan justificar su procedencia, se acabará la cabronería de la complicidad; nadie ocultará a un malandro y este se quedará sin conchas. Realmente cuesta mucho mostrar consideración con una gente que jamás dijo, “padre (o esposo), modérese, cuide las formas”; al contrario, felices eran mientras disfrutaban sin recato o vergüenza del Festín de Baltazar.

   Uno lo recuerda, con esa catadura sórdida, ese rictus de jódanse, su caradurismo al sostener sus aberraciones ilegales, su docilidad para con los desmanes del Poder, la burla contra quienes aseguraban que tal o cual decisión se la iban a revocar. Actuaba con soberbia, con desprecio, seguro de que mandaría mil años y que sería feliz para siempre… Ahora está atrapado en su cuerpo. Encerrado. Y sí, suena horrible, pero en su caso, él levantó esos muros.

   Sólo queda decir, parafraseando un dialogo de la miniserie Jesús de Nazaret, de Franco Zefirelli, a la muerte de Herodes después de ordenar la matanza de los inocentes: Herodes el Grande ha muerto; en el apogeo de sus pecados, en la cúspide de su maldad, el Señor le ha derribado…

 JOSE VICENTE RANGEL Y LO QUE CHÁVEZ “HACE” POR EL PUEBLO…

Julio César.

¿DE QUÉ HABLA?

mayo 17, 2011

MACHOTE

   -Cuando me emociono se me pone de este tamaño…

NEGROTE

Julio César.